DIJSSELBLOEM

 

Saludo TroikaEl chiste

 

Ofender al Sur para ganarse al Norte en un momento en que su partido -símil socialdemócrata- se ha ido a pique en pago por los servicios prestados al radicalismo económico, y por tanto su goloso cargo de burócrata bruselense, pende de un hilo, era su intención última -según opinan algunos-.

La imprudencia lenguaraz de Dijsselbloem, interpretada en clave de estratagema política, o más que política, burócrata.
Que hay políticos que, más que políticos, parecen tuercas de un engranaje frío y hostil.

La xenofobia empieza por la topografía, se fortalece luego con la teología, y se remata al final con la tecnocracia, esa nueva fe que administra la austeridad ajena con mano de hierro, y la propia con blandura paradisiaca y escaqueo fiscal. Por no hablar de ese cotarro de salón que constituye la burocracia de altos vuelos, la más clasista y corrupta invención de la Europa post.

Dijsselbloem -el socialdemócrata holandés, que ya protagonizó alguna anécdota y gesto desabrido (como mirando de arriba a abajo) en Grecia que, además de cuna de la democracia, había sido también nación soberana hasta que la saquearon sus políticos, sobre todo del PASOK y de la derecha rapaz, homóloga del PP- es un paradigma de los tiempos que corren, un político símbolo de esta Europa desnortada y racista, una metáfora que por sí sola puede ilustrar no sólo el declive europeo, sino también la naturaleza del partido único que nos ha llevado a ese declive.

La situación griega era esta: unos dirigentes corruptos -mayoritariamente neoliberales, declarados o encubiertos- habían saqueado el país, y ahora los acreedores exigían que la población griega saldara la deuda contraída. Dijsselbloem -el socialdemócrata- supo enseguida de qué lado tenía que ponerse, para salvaguardar el puesto y sus contactos Vip.

Dice Dijsselbloem que en los países del sur (una circunstancia entre geológica, biológica, y moral) primero nos vamos de “fiesta” (debe escribirse en español) y luego pedimos el rescate.
Es decir, que gozando de buen clima y mucho tiempo por delante, lo nuestro es la “juerga” pertinaz, donde el sexo, las drogas, y el alcohol, no pueden faltar, para luego ya, con los ánimos más calmados, pedir financiación y auxilio a nuestros acreedores, los austeros hijos del Norte.

Pues que cada cual juzgue de la exactitud del cuadro descriptivo que propone el holandés.
Yo, de lo que si doy fe, es de que aquí el clima es mejor.

Puedo incluso decir, en nuestra defensa, que aquí en el sur no sólo hay playas y verbenas, sino también trabajadores nocturnos (bomberos, sanitarios, policías…), que no es lo mismo que vividores noctámbulos (necesarios también en orden a la poesía de la vida), y currantes que se desloman de sol a sol, sin que por eso vean amanecer antes un destino mejor, ni lleguen fácilmente a fin de mes.
Que de tradición propia nos viene la frase “pasa más hambre que un maestro de escuela”, y si de algo podemos presumir por estos lares, es de nuestros trabajos más precarios y de nuestros trabajadores más exprimidos y explotados, que casi vale por austeros. También quizás de nuestros dirigentes más golfos y corruptos, salvo honrosas excepciones. Que siempre es malo generalizar.

Admitámoslo: a trabajadores pobres, no nos gana nadie, aunque a dirigentes corruptos, tampoco.

Como decía recientemente Stanley Payne en una entrevista, los españoles lo resistimos todo. Encajadores, podríamos decir.
Otra cosa es que esto deba ser interpretado siempre y sin duda alguna como virtud, o signo de fortaleza y sobriedad. Que me temo que no.

No especifica tampoco Dijsselbloem, si este irse de picos pardos lo hace en comandita toda la nación, con coordinación de manada, o son sólo los primeros espadas y altos dirigentes (incluidos socialdemócratas y reyes borbónicos) los que han salido, por lo general, casquivanos y manirrotos.

Alguno justifica a Dijsselbloem (que culpa tiene el pobre de ser así) arguyendo que dice abiertamente lo que muchos piensan y se callan.
Pero el problema, con esta como con otras generalizaciones que intentan abarcar demasiado, es que a fuerza de laxas son inexactas.
Como si dijéramos: “todos los musulmanes son radicales”, o “todos los católicos son papistas y ultramontanos”, o “todos los españoles son juerguistas”, o “todos los occidentales son cristianos y creyentes”, o “todos los griegos viven del cuento”, o “todos los socialdemócratas son socialistas y demócratas”.

Sí que parece claro que para hablar con fundamento de austeridad, todo burócrata de Bruselas debería hacer la prueba de vivir (o sobrevivir), al menos durante un mes con un salario de currante español.

Sea lo que fuere de esta cuestión antropológica, y aunque en España nunca hemos sido rescatados (Rajoy dixit), como nunca fue vencida la Armada invencible, el caso es que De Guindos se ha picado y se ha dado por aludido y ofendido, ante las malévolas invectivas de Dijsselbloem.

No sabemos si se ha sentido aludido en lo de juerguista (no tiene cara) o en lo de rescatado, porque rescate, haberlo lo hay, pero sin haberlo.

Quizás sólo sea -el enfado de De Guindos- competición fratricida y burócrata por el puesto bruselense.

Vamos a celebrar el 60 aniversario del Tratado de Roma, no bajo el espíritu del humanismo europeo y su gran cultura, sino bajo el espíritu bancario y su gran mezquindad. Lo demás: la xenofobia, el racismo, el fascismo incipiente, viene de propina.

¿Era esto lo que buscábamos?
¿Es esto lo que nos unirá?

John Coltrane – Olé Coltrane (Álbum Completo) [Full Album]

John Coltrane – Olé

El modelo

Que el modelo de referencia, la unidad de medida, y el patrón de patrones hoy para Occidente sea China, un régimen de capitalismo autoritario, ya nos indica por dónde van los tiros, por donde sopla el viento de nuestro inquietante futuro, y nos da la clave para interpretar las sorpresas y paradojas de nuestro presente confuso.

Los campeones de la libertad occidental, no sólo se llevan bien con el modelo chino, sino que intentan imitarlo, hacerlo suyo, competir con él. Es esta, obviamente, una competición por peón interpuesto y a la baja, sobre todo de derechos y salarios, o más exactamente, se intenta que los ciudadanos-siervos del Occidente libre compitan y sean competitivos con relación al modelo de referencia: los maltratados y competitivos siervos chinos.

En otros momentos de la historia, para evitar este tipo de dinámicas cuya base es el chantaje (siempre habrá algún siervo más esclavo y menos libre), los oprimidos y estafados se organizaban a nivel internacional, y hacían valer su derecho y el beneficio de muchos, sobre el privilegio y la imposición de pocos. La democracia frente a la plutocracia. Era un contagio y globalización de derechos, basado en el humanismo y la solidaridad. Hoy ocurre al revés.
Hoy este tipo de respuesta coordinada y necesaria, internacionalista y “global”, ha sido atomizada, disuelta, controlada, y cada cual se encuentra sólo y aislado frente a su propia circunstancia y opresión. Como mucho, y desde un pánico irracional e inoperante, el oprimido se hace nacionalista, egoísta en su miseria, xenófobo, racista. Ya ocurrió en otros momentos oscuros de nuestra historia.

Se ha globalizado la opresión, y también el aislamiento frente a esa opresión, pero ahora en un contexto de comunicaciones globales. Una auténtica paradoja. Si es cierto que el confort aísla, el esclavo seguirá aislado en su alienante y decreciente confort hasta el último momento.

En realidad, en los barrios periféricos de Europa (Grecia, España…), ya funciona a pleno rendimiento el modelo chino. Un modelo de capitalismo autoritario, donde los países fuertes (ejemplo de Alemania) ya imponen su lógica mercantil y capitalista, la lógica de su propio beneficio, a otros países antaño libres y soberanos. Un modelo donde lo primero es el capitalismo y el beneficio creciente de la Nomenklatura occidental-oriental (ahí está la desigualdad en su espectacular incremento), y lo secundario y prescindible es la democracia, la libertad, o el interés general.

De hecho en Grecia, la democracia, y por tanto la libertad, fue proscrita por orden del dinero, sin que los campeones de la libertad se rasgaran por ello las vestiduras. Dijsselbloem, el socialdemócrata holandés que puso cara a aquel episodio vergonzante, hoy pertenece a un partido que como resultado de las últimas elecciones, es un cero a la izquierda en la política de su país, confirmando una tendencia general de todo el socialismo europeo (un socialismo a la violeta), que se inició precisamente con el PASOK, y ha seguido pasando factura a cada uno de los “socialismos” neoliberales y corruptos que, en connivencia con la derecha radical, han ayudado a afianzar la involución.
Lo he escrito otras veces: ¿Para qué se va a necesitar en Europa un neoliberalismo que se dice (para ganar votos) socialista, progresista y de izquierdas, cuando ya hay un neoliberalismo que, sin tanto disfraz, implementa un programa de derecha radical?

Como era de esperar, la socialdemocracia holandesa se ha hundido de 38 a 9 escaños. Ese es el premio por colaborar con el neoliberalismo rapaz. Los verdes suben de 4 a 14 escaños. He ahí una luz de esperanza.

Si comparamos la actitud condescendiente que hoy se tiene hacia China y su modelo autoritario, con la beligerancia manifestada en otros casos más fáciles, deberemos dudar bastante de la coherencia, la valentía, o la honestidad intelectual de algunos de nuestros guías espirituales.

Este buen rollo que nuestros campeones de la libertad mantienen hacia el régimen liberticida chino, es el mismo buen rollo que mantienen hacia los paraísos fiscales. Que al final es el polo magnético donde suelen coincidir y encontrar su patria común todos los enemigos de la democracia, desde dictadores en retirada post saqueo, hasta liberales embozados.

Si bien la democracia “liberal” (a Miguel Delibes le disgustaban este tipo de apellidos superfluos añadidos al concepto básico) debe considerarse situada en el ámbito de la democracia occidental, la democracia “ultraliberal o neoliberal” (démosle este nombre) está más cerca del modelo asiático, pues en última instancia, la ausencia de reglas que proclama y predica conduce a la ley del más fuerte, o del más tramposo, según los casos, simultánea o alternativamente.

En el primer supuesto (la ley del más fuerte) la fuerza y el privilegio del dinero supera con mucho a la fuerza y el derecho de los votos. Y en el segundo caso, la ausencia de reglas premia la trampa, que no el mérito.
Algo que tiene muy poco que ver con la libertad, con la justicia, o con la democracia, que al menos durante un periodo de nuestra historia han definido a Occidente.

Toda ortodoxia aspirante a burbuja totalitaria ha de tener su heterodoxia contraria y enemigo útil, además de un vocabulario flexible y elástico que permita enmascarar bajo conceptos novedosos o traídos por los pelos, los hechos reales que subyacen.

Por unas u otras razones, hoy ese papel lo cumple el “populismo”, un cajón de sastre que nos permite presentar como irracional y absurdo  lo que en el fondo tiene su causa reconocible y razón de ser, o incluso ha sido un producto necesario y predecible del sistema.
Es más fácil hoy (y menos alarmante) denominar populismo lo que siempre se ha llamado fascismo (nacionalismo, xenofobia, racismo), en un contexto donde causa y efecto, semilla y fruto, pueden espabilarnos la memoria, y recordarnos otras etapas históricas en las que esa forma de barbarie política (hablo del fascismo) procedía directamente de los excesos, las incoherencias, y los fracasos del sistema capitalista.

Al optar por un nombre nuevo, el sistema cree poder evitar todo tipo de responsabilidad sobre su vástago legítimo. Impresentable, pero legítimo.
No es absurdo que el paradigma del “sistema”, USA y Gran Bretaña, sean hoy el paradigma del “populismo”, con Trump y el Brexit. Tiene toda su lógica.

En un artículo reciente, Vargas Llosa describía así algunos de los rasgos del populismo:
“Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas”.

Si no nos hubiera declarado previamente el nombre del retratado (y el retratado, dice, es el populismo),  podríamos pensar que Vargas Llosa estaba hablando del PP autoindultado y triunfante del momento presente, o del PSOE de sus mejores tiempos, es decir del PSOE de sus tiempos más corruptos y demagógicos. O incluso del partido comisionista y corrupto de Jordi Pujol, al que tanto defendía y protegía Felipe González.

Parece que cuesta calificar simplemente como mafias criminales, los abortos germinados al calor de aquel alabado y publicitado fin de la historia.
Frente a la China milenaria y amante de la poesía, frente a la Rusia literaria y espiritual, hoy se levantan triunfantes las mafias criminales de la barbarie capitalista.

Quiere uno pensar que este tipo de trampas ideológicas, acabarán desprovistas de todo disfraz en la cuneta de la marginalidad política, y arrinconadas una vez más en el pasado del que quieren volver.
Y quiere uno esperar que la solidaridad civilizada y los derechos humanos, junto a la urgente ecología, serán los principios que rijan el mundo del futuro.

El experimento

 

“La economía ha mejorado”, pero… “La pobreza ha aumentado”. Dice ahora la OCDE en relación a nuestro extraño país.

He ahí el exótico oxímoron que escupe, indefectiblemente, el experimento de marras, allí donde se aplica.
En nuestro caso, como en otros previos, las profecías -esotéricas- de tan paradójica fe (pseudociencia o falsa religión) se han cumplido. Y digo esotéricas porque esos objetivos ahora logrados no son los que abiertamente se proclaman: la desigualdad como finalidad, y no a través del mérito sino a través de la trampa.
No en vano, el neoliberalismo es el populismo de las elites que veranean en paraísos fiscales y roban al por mayor.

Obviamente, en la ecuación con que se inicia este artículo, la segunda afirmación convierte en absurda la primera, pero es que el absurdo es la materia prima de la que está hecha la fe de estos nuevos fanáticos.

Frente a una media de pobreza infantil en Europa del 13,3%, la nuestra es del 23,4%.
Ya se sabe que en todas las formas de creencias irracionales, hay catecúmenos que sobresalen por su extremismo, y a la hora de seguir con fe de carbonero cualquier catecismo, siempre hemos sido de los monaguillos más aplicados y repipis.
Hacia la virtud propia a través de la penitencia ajena. He ahí el principio hiperbóreo que rige la conducta de nuestros mandamases.

Rajoy es capaz de torear todos los toros de la austeridad que se le pongan por delante, desde la barrera y sin soltar el Marca. En diferido y por delegación. Todo un logro.

En un documental que vi recientemente, ponían a España como ejemplo (junto a otros países desgraciados y desprotegidos de la tierra, pero en este caso ya en Europa), de conejillo de Indias de un gran experimento antisocial: el del neoliberalismo desatado.
Un artefacto intelectual que, más que con la libertad, tiene que ver con el vacío de reglas que facilita el fraude.

En otros países fuera de Europa, fue necesaria la fuerza bruta de una dictadura militar para que los técnicos de la escuela de Chicago ensayaran, sin interferencias populistas ni molestias populares, sus técnicas inhumanas.

Aquí no fue necesario. Bastó con comprar -en el momento propicio y a precio de saldo- al poder político en sus dos gamas de color: el rojo desvaído y el azul intenso, para que las probetas iniciarán sus experimentos contingentes y falibles.

Hoy comprobamos que los experimentos -vistos a través de una mampara- nunca se sabe por dónde pueden salir, y las mutaciones imprevistas y los monstruos frecuentes, más que la excepción constituyen la regla.

Cuando mis padres hicieron su primer (y último) cambio de domicilio -éramos nosotros aún unos niños-, nuestra nueva casa resultó estar situada en las afueras de la ciudad, y enfrente de nuestro bloque de viviendas había una zona de antiguos chalets de veraneo, ya en decadencia, y un laboratorio abandonado y ya en ruinas.

En torno a unos y otro crecía una vegetación desmadrada, sin control, salvaje y lujuriosa, como la que luego se ha visto crecer en el área antes habitada y hoy abandonada y radiactiva de Chernóbil.
Y entre esa maleza de verde intenso, en la que de vez en cuando brillaba el cristal de una probeta abandonada, correteaban cobayas gigantes y multicolores, que hasta hacia poco no habían conocido más compañía que la que proporciona la estrechez de las jaulas experimentales.

Aparentemente aquella selva libre tenía el aspecto saludable de un paraíso, pero en el fondo hasta los niños -con nuestro sexto sentido- detectábamos un aspecto triste de enfermedad, y también de peligro. Aquellas probetas y aquellas cobayas, no eran una combinación muy natural.

Tras la huida de la gente (algunos contaminados inexorablemente con las semillas de la muerte), a Chernóbil fueron llegando los científicos atraídos por el estudio de ese experimento a gran escala: el de la coexistencia de una Naturaleza aún viva, con un veneno radiactivo que en algunos casos va a durar 24.000 años.
Es este un estudio que podría hacerse a escala global, ya que la nube radiactiva de Chernóbil, con sus isotopos venenosos y casi eternos, se extendió por toda Europa y más allá de sus límites.
Esos isótopos son agentes de contaminación y muerte, pero a la vez ellos mismos son -vistos a una escala humana- casi inmortales. Una prueba viva y mortal de que la actual civilización humana no sabe manejar las consecuencias de sus actos.

Armados con sus contadores Geiger, capturando ratones radiactivos, y estudiando todo tipo de muestras y rarezas de “La zona”, describiendo las mutaciones extrañas de las golondrinas de colas asimétricas y papada albina, los científicos empezaron a moverse por los grandes espacios abandonados, por los campos de cultivo invadidos ahora por bosques frondosos (algunos de ellos de un extraño color rojo), entre la chatarra oxidada y contaminada del progreso, entre las ruinas de edificios soviéticos y casas abandonadas apresuradamente por sus habitantes, donde los cuadernos infantiles con canciones patrióticas sirven hoy de abono a los hongos radiactivos, y donde las cuencas vacías de las muñecas sin ojos, sirven de refugio a arañas luminiscentes.

Y observaron un extraño fenómeno:
La Naturaleza, con sus plantas, con sus lobos, osos, y alces, comenzó a adueñarse de ese espacio tóxico y vacío. Los jabalíes corrían por las calles asfaltadas de la ciudad fantasma; los ciervos se asomaban a la calle a través de la ventana de un tercer piso, y desde el interior de un cuarto de estar, donde se pudría una biblioteca enmohecida, contemplaban con curiosidad la escena; los troncos empujados por su raíz rompían primero los suelos y después, subiendo por el hueco de la escalera, atravesaban los altos techos de los edificios, en busca del cielo y la luz, de tal manera que la Naturaleza parecía no sólo sobrevivir, sino adaptarse y progresar.

Para explicarse este misterio de una vida prolífica entre los efluvios de la muerte, algunos científicos concluyeron que junto al factor agresivo del veneno radiactivo, estaba el factor saludable de la ausencia humana (ese otro veneno), y de esa confrontación, quizás debido a la mayor toxicidad de este último veneno, la Naturaleza salía aparentemente triunfante.

En las viejas películas de la época (1986), rodadas en los primeros momentos tras el accidente, se observa a algunos operarios militares protegidos hasta las cejas y con mascarilla, como protagonistas de una película de ciencia ficción hecha realidad de repente, que se pasean tranquilamente por las calles de la  ciudad y se cruzan con los ciudadanos que no han sido informados aún de la catástrofe, los cuales ignorantes del veneno invisible que están respirando, siguen haciendo su vida normal, aunque algunos se paran a mirar intrigados a esos viandantes ataviados de tal guisa: las madres pasean con sus cochecitos a sus bebés en un día soleado de primavera, los niños juegan a la pelota inocentemente, o se columpian, o juegan con la tierra con sus palas y cubos de juguete (muchos morirán más tarde o padecerán cáncer de tiroides), y vemos como en la cinta que graba esa escena siniestra, los fogonazos luminosos de la radiactividad dejan impresa en la película la huella de la muerte que flota en el ambiente, inodora, incolora, inaudible. Como si los ángeles del Apocalipsis hubieran rozado con sus alas el instante inmortalizado de la muerte.

A nadie se le oculta que el experimento neoliberal está guiado por una nostalgia de la selva. Para su triunfo estorban los seres humanos. O al menos muchos de ellos.
El final de la Historia que persiguen, se parecerá, sin duda, a “La zona” que describe la inquietante película de Tarkovsky.

El siglo XXI será ecológico y solidario o no será.

Del cabreo político a la paz campestre

¿Se han sentido ustedes alguna vez como cabalgando en la cresta de un efecto en forma de ola, cuyo encrespamiento es el resultado final de una serie interminable de olas y causas precedentes, cuya lógica y coherencia es irrebatible y nadie pone en duda, pero que en el fondo ni explica nuestro ser ni nos hace más felices?

Pues este tipo de dudas y de preguntas abismales, son las que pueden asaltar un día cualquiera a un urbanita, medio ciudadano medio salvaje, indignado y confuso, ante la grata sorpresa de un anticipo, aunque breve, de la primavera.

Los músculos se relajan, la respiración se expande y se serena, la mente se olvida, y por un momento uno cree palpar el auténtico sentido del mundo, el oculto privilegio de estar vivo, la escondida senda de los sabios.

¡Oh cristalina fuente!, la música callada, la soledad sonora, la noche sosegada, de tu suave murmullo brota.

Es en estos momentos de revelación, cuando el planeta se presenta ante nosotros sin intermediarios ni artificio alguno, directamente y sin aparatos, rota la mampara que nos aísla de él, y a través de un lenguaje simple y primitivo de sensaciones y percepciones, de luz, temperatura, sonidos y silencios, de aromas y brisas, nos aleja de aquel espacio estrecho y cerrado de los tristes y consabidos asuntos humanos.

Y nos acordamos de aquel santo varón, Epicuro, que inspiró a Horacio y a Fray Luis, y que recomendó: “Vive oculto”, como diciendo, vive tranquilo, advirtiendo así de las muchas locuras que esconde la sociedad humana. Esa humanidad extraviada que huye de la sencillez y de su auténtica fuente: la Naturaleza. Hoy, no solo no escucha su voz, sino que la está destruyendo, que es lo mismo que decir que la está destruyendo destruyéndose.

Y pienso en Fray Luis, que quiso atender a ese consejo sabio, y en su retiro salmantino de La Flecha, roto casi el navío, huyó de ese mar tempestuoso para disfrutar de un pan, aunque humilde, sabroso, y de un huerto, de su propia mano plantado en la ladera de un monte, que con la primavera se cubría de flores.

Basta respirar al aire libre, basta seguir un camino solitario, basta escuchar el silencio alto y rico de los montes y las cumbres, para encontrar, aunque sea brevemente, la explicación de todo.

Pero esa felicidad no se explica.

Beatus ille… Dichoso aquel…

 

Primarias

golpe en el psoe

Dentro de las cosas novedosas que ha traído la llamada nueva política a nuestro país, está el “suspense” y el interés ante el resultado de unas elecciones primarias. En este caso las del PSOE. Que la política deje de ser aburrida, siempre es un riesgo para el poder constituido. Que la política nos resbale, siempre es una garantía de que el poder se corromperá.

Se percibe el aspecto ilusionante del asunto por un lado, el de los militantes, y el envaramiento artrítico y preocupado del aparato, por el otro. Aparato que en este caso concreto del PSOE, ha dado todas las largas que ha podido a este asunto, y si no fuera porque a la fuerza ahorcan, aplazaría esa cita con las urnas sine die, contento de seguir en la vieja era del cotarro mal ventilado.

Que es la misma era antediluviana en que sigue vegetando el PP, cuyas nuevas promesas de apertura (esas juventudes añosas) nacen ya viejas y encorsetadas dentro de una armadura oxidada que es básicamente ideológica.

En esto como en tantas cosas, y si los ánimos no estuvieran tan caldeados y las experiencias tan escaldadas, como evidentemente están, el aparato del PSOE seguiría el ejemplo y las huellas del aparato del PP, y prolongaría el golpe cuartelero de septiembre en algún tipo de “solución Armada” o “golpe de timón” a la turca. Experiencia en este campo no le falta a uno de sus más veteranos y señalados dirigentes.

Si pensamos en las consecuencias que pueden tener las primarias en el PSOE, llegaremos a la conclusión de que los militantes de los partidos tienen más fuerza de la que se quiere admitir, y sobre todo más fuerza de la que se quiere conceder.
Y esto, permítanme que lo diga, me parece muy bien y motivo de alegría democrática.

Lo que se dilucida en las próximas primarias del PSOE es quienes son los dueños del partido, si los poderes económicos (y aquí incluyo también a los bancos alemanes) o los militantes socialistas.

Lo que se decide es si el PSOE va a seguir siendo muleta y palmero de la política coja y reaccionaria del PP (cómplice, por tanto, del recorte de derechos y de la involución en marcha), o parte de una opción progresista mucho más amplia, que sin duda tiene más futuro, no sólo aquí, sino también en Europa.

Lo que se decide es si persistirá en su papel -como hasta ahora- de monaguillo fiel de los principios neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, o intentará acercarse, aunque sea un poco, a la socialdemocracia Olof Palme y Pablo Iglesias.

Si fiel al proyecto del partido único, continuará ahondando en la actual dinámica de desigualdad, caos, desapegó ciudadano, y catástrofe social, o negará que este es el único modelo  posible, y participará en diseñar y construir la alternativa, que quizás es la única alternativa que le queda ya a Europa.

Se decide también si prefiere seguir formando parte del organigrama de la corrupción y de su tóxico anagrama, PPSOE, o repudiando pelotazos, EREs, y amnistías fiscales, se regenerará a sí mismo para nunca más volver a aquellas andadas.  Incluida la reforma de la reforma laboral, que como muy bien saben –no en balde ayudaron a parirla- es básicamente esclavista.

Se decide si se inclina por la dinámica partidocrática de los aparatos endiosados y corruptos, tan alejados del pulso ciudadano y de las calles, o se abre a una nueva política basada en la democracia interna.

Se decide si persistirá en el inmovilismo, rehén del pasado, o afrontará la reforma de la Constitución que debe conducirnos a un futuro más solidario y democrático.
Y por tanto, si además de conceder a Merkel el privilegio de violar nuestra Constitución a través del artículo 135, concede también a los ciudadanos españoles el derecho soberano a reformarla.

Todo esto se decide y no es poco, en esas primarias expectantes.

En resumen, una serie de disyuntivas en las que al día de hoy, tras la crisis y su gestión sectaria, las opciones están mucho más claras.

Al lado de estos dilemas, la “tercera vía” de Patxi López hoy no se la cree nadie. Aparece desvaída y desdibujada, casi como un fantasma, si es que no se trata en el fondo de un disfraz de la primera y fracasada vía, o un subterfugio para su mantenimiento postmorten.

Como lo es ya -un fantasma- Blair, padre de la susodicha “tercera vía”. Como lo es ya también Felipe González, fiel pupilo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Ese fue el origen de la actual crisis del PSOE, y por extensión, del socialismo Europeo, caído al día de hoy en un descrédito total.
Ahora los militantes tienen en su mano reparar ese gran error histórico.

Vasos comunicantes

 

Hay algo que causa perplejidad en el espectáculo de la furia prosistema (que no sólo de antisistemas vive la furia). Furia que hoy toma la forma de entusiasmo macroeconómico y apostolado tecnócrata, pero que en los tiempos del socialismo felipista, y expresado en términos más castizos, se traducía en un culto casi religioso al “pelotazo”. Expresión esta que hoy ha caído en desuso ante la fundada sospecha de que de tanto pelotazo como hemos dado nos hemos quedado sin pared (y también sin fondos).

Hoy más que dar el pelotazo se habla de controlar el déficit. Queda más fino y más macroeconómico. Incluso da la impresión de que ahora ya no robamos, sino que ahora recortamos. No se dejen engañar por las apariencias. En uno y otro caso, usted notará que le han sacado algo del bolsillo mientras miraba para otro lado. Es más, estoy por asegurar que ese algo, que además no era mucho, se lo había usted ganado con el sudor de su frente. Por ejemplo las pensiones. Lee el resto de esta entrada

23-f de 1981

23-f

“Los almendros florecen en febrero” era una de las consignas de los golpistas. Pero lo que tramaban no era la primavera, sino el crudo invierno, o al menos un otoño crepuscular en medio de una tierna infancia.

A la recua de guardias civiles (los autobuses de Tejero) la llamaban –también en clave-  “el tractor”, y al propio Tejero, “el capataz”. Todo muy bucólico y agrario hasta que empezaron a pegar tiros, y del neolítico descendieron en un instante al paleolítico superior, en busca de las cavernas de costumbre. Esperaban al  “elefante blanco”.

De todo ello, hoy (23 de febrero de 2017) un nuevo aniversario.

Rememorar, conmemorar, condolerse, celebrar… ¿El qué? Esa es la duda ¿Que fue el 23-F?
¿Un golpe blando? ¿Un golpe duro que no pudo ser? ¿Un golpe a medias? ¿Un golpe de timón en busca de un naufragio? ¿Una “operación De Gaulle”? ¿Una conspiración pactada por muchos, quizás demasiados? ¿Un aviso a la democracia? ¿Una operación de la monarquía? ¿Una forma, un tanto extrema, de conquistar legitimidad para un rey franquista? ¿Un “asunto interno” bendecido y promovido por los Estados Unidos? ¿Un proyecto frustrado de campos de fútbol reconvertidos en campos de concentración? ¿Una comedia? ¿Una tragedia? ¿Una revelación? ¿Un engaño? ¿Una vergüenza? ¿Un drama?

La falta de datos definitivos permite el baile de las hipótesis, entre otras cosas porque se nos han escamoteado datos muy importantes. Una de las hipótesis más precoces, según yo lo recuerdo (estudiante de medicina en aquel entonces), fue que detrás del golpe estaba el rey. Que se trataba de un autogolpe.

Se suele decir que muchos españoles recordamos lo que estábamos haciendo el 11-S, durante el atentado de las Torres gemelas, y también en el 23-F, durante el asalto de Tejero al congreso de los diputados.
Durante el 23-F yo estaba estudiando para un examen de Patología general que tenía al día siguiente con el catedrático Sisinio De Castro del Pozo. Así que me pasé aquella tarde y parte de la noche con el transistor en una mano –como tantos españoles- y con los tomos de Patología general de Sisinio en la otra. Entre tiros, sustos, e insuficiencias cardiacas, digámoslo así.

El examen no fue suspendido (no en vano los golpes en nuestro país nunca fueron raros), y Sisinio, que además de sabio era prudente y se imaginaba como habíamos pasado la víspera, fue generoso y abrió bastante la mano.
Así que, si no recuerdo mal, cuando los diputados salieron del encierro forzado de su secuestro a la mañana siguiente, yo ya había cumplido y había salido también del examen. Aprobé.

¿Había aprobado también nuestra democracia la dura prueba de aquel trance?
Pues 36 años después no lo sabemos (o yo no lo sé), porque seguimos sin saber (al menos yo) en qué consistió aquella prueba y aquel trance, o cuál era su objetivo real y último.

Hoy lo rememoramos nuevamente. Sabemos que fue, que sucedió, pero no sabemos qué fue, o al menos yo no lo sé. Hay muchos que si lo saben, pero cada uno a su manera. Incluso a la manera de quien sabe y calla.

El caso es que la España moderna o a punto de serlo una vez más por aquellas fechas, pudo presumir -y esto es un decir- de un teniente coronel pegando tiros en el congreso de los diputados, en un momento histórico tan avanzado y a la vez tan retrógrado como aquel de 1981. Ronald Reagan, Margaret Thatcher, y Carol Wojtyla, estaban ya en el poder, dispuestos a parar la Historia y a invertir su curso. De aquella patada en el culo al progreso y el esfuerzo de siglos, procede nuestro presente actual, tan moderno y tan rancio a la vez. Un presente de desigualdad extrema, guerras de religión, y muros. Neo feudal, por ponerle un título rimbombante.

Pero también pudo presumir nuestro país -y esto es una afirmación literal- de un anciano general enfrentando con sus manos desnudas, la acometida de una tropa de hombres armados, mucho más jóvenes y vigorosos que él, y a quienes sin embargo superó en espíritu y coraje.

Y ese imprevisto de los tiros, demasiado fáciles, y ese imprevisto de la zancadilla traicionera y zafia de Tejero a su superior, y ese no previsto gesto de valor del viejo general franquista, fue lo que en realidad nos salvó y mando al traste el previsto y planificado golpe, que quizás tenía como objetivo meter en vereda a nuestra incipiente democracia, y enviarla a la cloaca de las mentiras oficiales y controladas. Algo en lo que después nos hemos especializado.

Es una hipótesis. Una entre muchas. La del golpe blando, la del autogolpe.

Quizás por eso no sabemos a ciencia cierta que se perdió y que se salvó aquella noche. Quien fue el villano y quien el salvador, si es que los hubo o no fue el mismo sujeto en dos fases distintas de una misma acción.

Si no en el fondo al menos en la forma, ese gesto heroico del general Gutiérrez Mellado fue eficaz, y su estética moral siempre conservará un hilo de aliento y gloria para nuestro país, pues es un documento gráfico e insoslayable que sobresale sobre lo mucho que aún ignoramos y nos ocultan de aquellos hechos.
Ese ejemplo de valor personal y firmeza, que acabo haciendo retroceder frustrados a sus agresores (ya conscientes de su vergonzoso papel de villanos), a pesar de su aspecto decimonónico, inmortalizó ante las cámaras una metáfora visual de nuestra siempre ansiada y reprimida libertad, axioma necesario de cualquier hipótesis de democracia moderna.

Eso nos salvó y no otra cosa. Sea cual sea el grado de esa victoria, y sea cual sea el grado de aquella derrota.

De lo que no nos salvó fue de la vergüenza.
Al parecer, y según distintos testimonios, hay que decir que en algunos países, donde se nos reconoce nuestra especial habilidad para el esperpento y no se entiende de gorros raros, el golpe del tricornio tuvo al principio una interpretación extraña y bastante pintoresca, y es que se pensó que un torero (concretamente un torero loco o un loco vestido de torero) había asaltado el congreso de los diputados. Literalmente.

Esa interpretación errada pudo darse y fue posible, al confundir el tricornio del guardia civil con una montera de torero, y al no encontrar obstáculo para esa fantasía en el carácter y la tradición del país.
Fue necesario un tiempo y la evolución de los acontecimientos para deshacer ese malentendido primero.
Aquel no era un torero brindando un toro desde la tribuna de oradores, sino un golpista blandiendo una pistola y pegando tiros de verdad y no de fogueo, en un país europeo y en la segunda mitad del siglo XX.

Los americanos, mejor informados que nosotros (desde días antes del golpe, mira tú por donde) y que tenían mucho interés en que entráramos en la OTAN (Suarez no), dijeron cuando les preguntaron que aquello era un “asunto interno”. Como fue un asunto interno, para ellos (y sus aliados), Franco y su fascismo de postguerra.
En cualquier caso tuvieron un avión awacs –previsto de antemano- sobrevolando nuestro espacio aéreo para interceptar las comunicaciones y no perder detalle.

Otro dato que introduce la duda sobre la naturaleza del golpe, es que hubo muy altas instituciones de este país que no se dieron ninguna prisa en calificar públicamente los hechos. El rey sólo lo hizo cuando fracasó el general Armada (amigo personal, antiguo preceptor, exsecretario del rey Juan Carlos, y pieza clave del golpe), y este fracasó por la cerrazón inesperada de Tejero. El factor humano que puede dar al traste con cualquier plan. Claro que Armada tampoco jugó bien su papel al cometer el error de mostrar la lista de su gobierno de concentración al golpista visceral y fanático que era Tejero. Lista en la que Felipe González era vicepresidente de gobierno, a las órdenes del general Armada. ¡Qué cosas!

De no haber sido así, y si “la solución Armada” (el golpe blando, operación De Gaulle, o como lo queramos llamar) hubiera salido adelante, hoy estaríamos contando una historia distinta, pero tampoco sabemos cuál.

Pero ya que hemos hablado de esperpento, escuchen (por ejemplo en Youtube) las cintas grabadas de las conversaciones mantenidas entre Tejero (asaltante en el Congreso) y Juan García Carrés (en su domicilio particular) durante el asalto a “las Cortes”.
No tienen desperdicio, y nos dan una idea del nivel y la grandeza nacional perseguida con aquellos mimbres tan cortos como cutres, cuando los golpistas demuestran tener incluso serios problemas al no disponer (ni unos ni otros) del número de teléfono de las Cortes.
¿Tú no? ¡Coño, pues yo tampoco!
Gila lo hubiera bordado.

Y García Carrés engaña y levanta la moral con mentiras a Tejero para que siga adelante en el intento de salvar a España. Un García Carres, pícaro y mendaz con Tejero, dócil y sumiso con Milans del Bosch.

Gutiérrez Mellado con su valor, y Tejero con su fanatismo, pararon aquel golpe. El valor de Gutiérrez Mellado desencadeno los tiros demasiado fáciles (primer obstáculo y contratiempo), y las pocas luces de Tejero le incapacitaron para encajar y estar al tanto del plan auténtico del golpe, y le impidió a Armada completar su acción (segundo obstáculo, y este ya invencible, salvo masacre).

Golpe del que -es obvio- no lo sabemos todo, y que estuvo precedido por maniobras conspirativas a múltiples bandas.
Así por ejemplo, los socialistas de Felipe González (a través de Enrique Múgica y Joan Raventos) se reunieron en los meses previos con el supuesto líder de la rebelión golpista, el general Armada, y también plantearon o propusieron extraños escenarios a políticos como Marcos Vizcaya (del PNV) o a Jordi Pujol, entre otros.
Algunos de los contactados pueden decir hoy con orgullo (no sabemos si también con verdad) que no dieron el visto bueno para esa conspiración.

También el rey, fuera de su papel constitucional, quería echar a toda costa al presidente elegido democráticamente.

Según la tesis que Javier Cercas mantiene en su libro “Anatomía de un instante”, el gesto protagonizado por Gutiérrez Mellado, Adolfo Suárez, y Santiago Carrillo (un general franquista, un jefe del partido único fascista -el Movimiento-, y el enemigo público número uno de dicho régimen fascista) de no doblegarse a la orden de los golpistas de arrojarse al suelo, y el hecho de haberse mantenido en pie o sentados en sus escaños rechazando cumplir la orden amenazante, incluso entre una lluvia atronadora de balas; esa decisión casi suicida en que coinciden durante esos instantes trágicos los tres personajes, que literalmente se jugaron la vida por la democracia, marca el final de la dictadura franquista y el inicio de la democracia en España.

Pero claro, para que esa tesis optimista de Javier Cercas sea de verdad eficaz y reconfortante, se necesitaría que ni el rey, ni los principales partidos políticos (incluido el PSOE) estuvieran implicados en la fase conspirativa y preparatoria del golpe. Quiero decir que es muy difícil fundar el optimismo del futuro sobre la mentira y el engaño del pasado.
Y ese aspecto clave de todo el asunto está en duda y no del todo aclarado, a la vista de que, como el mismo Javier Cercas afirma, un español es alguien que tiene una teoría sobre el 23-F. Y por tanto hay tantas teorías sobre el 23-F como españoles hay.

En una entrevista en Nicaragua que se puede ver en Youtube, Javier Cercas afirma que “sin el rey el golpe no se hubiera producido, y sin el rey no se hubiera parado”, lo cual deja el asunto si cabe más confuso y en un plano de ambiguo misterio, porque en esa aparente paradoja caben muchas hipótesis, y casi la que mejor encaja es la del autogolpe.
La primera parte de esa frase: “sin el rey el golpe no se hubiera producido” apoya las tesis conspirativas, con la participación del rey y líderes políticos importantes en la preparación del golpe (de timón).
La segunda parte de la frase: “y sin el rey no se hubiera parado”, se contradice con otras afirmaciones y casi evidencias. El golpe (blando) se paró por su aparatoso y duro inicio, debido al gatillo fácil de Tejero, y al valor inaudito de Gutiérrez Mellado. Hechos imprevistos con los que el plan en marcha, tuvo que apechugar y en última instancia recular.

Otro “lapsus” del monarca en aquellos primeros e indecisos instantes (lo subraya Javier Cercas en su libro) es cuando el rey decide traspasar todos los poderes del ejecutivo secuestrado a la Junta de Jefes del Estado Mayor, aunque poco después tiene que corregir la decisión tomada cuando le hacen saber que eso supone de hecho relegar al poder civil en favor del poder militar.

Al general Armada le toca jugar un papel extraño en este juego. Pasa de ser el “propuesto” (reunión con los socialistas) y el “anunciado” (véase el artículo profético de Emilio Romero), a ser el “sospechoso” e inopinado líder del golpe durante la evolución del mismo. Sin duda es una transición extraña, y un acelerado cambio de papeles, o bien lleno hipocresía, o bien lleno de incoherencia.
Primero parece desempeñar un papel planificado y escrito, según guion, luego y en seguida, un papel sorpresivo e inédito, “sospechoso”. Es una transición extraña donde algo chirría.

Efectivamente, durante el golpe alegaban el nombre de Armada (como a su vez el alegaba el nombre del rey), tanto Tejero y Milans, como otros conjurados del golpe. Pero antes del golpe lo habían alegado o propuesto otros actores de este drama (partidos políticos, periodistas…), quizás, o cabe suponer, en el papel de conspiradores.

Uno supone (con razón o sin ella) que en el 23-F se esconde parte del enigma de nuestra democracia, de la misma manera que en la infancia se oculta la clave interpretativa del adulto. Sin embargo, tantos años después, aún somos menores de edad para conocer la verdad. Nos impiden crecer y hacernos adultos.

Que de las conversaciones grabadas durante el golpe sólo hayan salido a la luz (36 años más tarde) las mencionadas, de índole esperpéntica y que favorecen la versión oficial, y no todas las que se grabaron, es también un síntoma preocupante.
E introduce la duda legítima de si en aquella fatídica fecha que hoy rememoramos, triunfó o fracasó la democracia.

Quizás por ello, cada aniversario del golpe del 23-F -y este también- viene a confirmar una vez más nuestra minoría de edad civil y política.

Como ha dicho Pilar Urbano, la “caja negra” del golpe son las cintas grabadas.

Chicago boys

Chicago Boys

https://es.wikipedia.org/wiki/Chicago_Boys

La doctrina del shock

Catastroika: El Colapso Económico Planificado – HQ

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