CATALANES

 

Es una cuestión de palabras y afectos.

Si al escuchar la palabra CATALANES una mayoría de españoles, merced a sus reflejos condicionados, solo siente antipatía y odio, todo está perdido. No hay nada que hacer, o muy poco.

Si por otra parte son mayoría los incapaces (merced a esos reflejos inducidos en la jaula del Gran Hermano) de relacionar la actual crisis de “separatismo” (que no es sólo territorial) con el mal gobierno y la corrupción de nuestro país, fruto de la irresponsabilidad del poder, las soluciones tardarán en llegar, si es que tienen alguna oportunidad.
No hay nada más “separatista”, ni nada nos ha roto tanto, como la corrupción institucional que hemos padecido todo este tiempo. Unos y otros.

Pero una corrupción institucionalizada, consentida y sistémica, aquí y allí, en Cataluña y en el resto de España, que nos ha llevado a unos recortes sociales insensatos e injustos y a una pérdida de derechos conquistados durante siglos ¿Se soluciona pidiendo la independencia? ¿La independencia de quien? ¿De Pujol y compañía? ¿Del PPSOE, eje del bipartidismo corrupto?

Eso no se soluciona con independencia. Como no se soluciona con “grandes coaliciones” de corruptos turnantes (y tunantes) que secunden la represión de las protestas ante el desastre que ellos mismos han provocado.
Eso se soluciona echando a los corruptos de las Instituciones. A los de aquí y a los de allí. A los de Cataluña y a los del resto de España.

Es cierto que una democracia que lo es solo a medias y de manera imperfecta, donde la independencia de poderes brilla por su ausencia (no es lo mismo ser Botín el banquero que Mario el fontanero), donde el jefe del Estado es irresponsable e impune, donde se mantienen las cloacas del Estado de origen fascista, donde se condecora a torturadores del franquismo, no pone fáciles las cosas y dificulta gravemente lograr esas reformas necesarias para acceder a una democracia aceptable, social y de derecho, como dice la Constitución. Pero no es imposible, y debe hacerse así, democráticamente, a través de las urnas, uniéndonos todos para echar a esos corruptos irresponsables de nuestras Instituciones y lograr esas reformas. Ellos son los verdaderos separatistas y los impulsores de la desunión.

Solo la fortaleza de lo público y el buen hacer de unas Instituciones honestas al servicio del bien común y no de su propio privilegio pueden unir a una sociedad. Y sin embargo lo “público” ha sido atacado de frente y con inquina desde el mismo poder por una ideología extremista -el neoliberalismo- que opera con ánimo de revancha contra los derechos sociales conquistados durante siglos, ideología a la que muchos de nuestros poderosos y privilegiados por el sistema (bipartidista y turnista, como en tiempo de caciques) se han apuntado.
Para mayor desastre, esa ideología, que ensucia y desprestigia el término “liberal”, se nutre habitualmente de la corrupción como de una placenta malsana que solo produce abortos.
La depresión económica y social, la estafa de la que aún no hemos salido y de la que tardaremos en salir, tiene esos orígenes: neoliberalismo y corrupción, que han acabado por ser casi sinónimos.

En este contexto es inútil pedir a los griegos o a otros europeos del sur que sientan entusiasmo por una entidad superior -Europa- que les estafa y maltrata a diario, y que por tanto les repele. Una Europa que tan poco se parece a aquella Europa de lo “público” y la democracia social que admirábamos no hace tanto. Una Europa que es neoliberal, y por tanto extremista, por catecismo fundacional, y que para recuperar su atractivo debe refundarse.

Nadie permanece allí donde se siente incómodo y sin expectativas de corregir su malestar. Y nadie será capaz de controlar y sujetar esas fugas, esos exilios (incluso interiores) sin recurrir a instrumentos de dictadura.
Lo que vimos en Grecia (pero no solo allí) fue el ejercicio descarado de la dictadura adaptado a las formas tecnócratas de nuestro tiempo. Retrocedemos por tanto.

Vencer no es convencer, conquistar no es convertir, imponer lazos y afectos no es recomponerlos y cultivarlos, como ya advirtió Unamuno en el acto del Paraninfo de la universidad de Salamanca aquel 12 de octubre de 1936, día de la “raza”,  que estos días rememoramos sin esfuerzo, dado el carácter repetitivo de muchos aspectos de nuestra actualidad. Deja vu.

Día de la “raza”.
Palabra de resonancias ganaderas que Unamuno, tan abstemio de rebaños, y tan contrario a nacionalismos, no digería bien, y que criticó en su utilización ignorante (ignorante de ciencia e ignorante de humanidades) y en su utilización anticristiana, en un artículo de EL SOL de 30 de junio de 1932, titulado sin palabras y sólo mediante un símbolo funesto: la esvástica.
En ese artículo el rector vasco de Salamanca criticaba al nazismo, pero al mismo tiempo alertaba sobre la posible deriva de todo nacionalismo, en este caso el vasco.

Unamuno, tantas veces contradictorio, degustador de paradojas, y que se supo, como Pessoa, habitado por varios heterónimos, todos ellos orgullosamente subjetivos, tuvo sin embargo la suficiente clarividencia objetiva para anticipar muchas veces el futuro. Y si ya en 1922, en su artículo titulado IRRESPONSABILIDADES, se atrevió a llamar a Millán Astray “aspirante a Mussolini español”,  y también a criticar a nuestros irresponsables supremos, incluido el rey, en este otro articulo de 1932 titulado con el símbolo nazi, adivinó todo el mal que arrastraría consigo la ideología racista y totalitaria de la esvástica.
Su diagnóstico fue certero.

Cuando en los discursos del acto del Paraninfo de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, día de la “raza”, se atacó con odio y con ánimo de imponer (y no de convencer) a vascos y catalanes, llamándolos la “Anti España”, por parte de fanáticos gerifaltes fascistas y filo nazis, Unamuno, él mismo vasco y tan español como el Quijote, ya no pudo callar.
A su alrededor la inteligencia, la palabra y la razón, eran infamadas, silenciadas, y fusiladas.

García Lorca, el poeta dulce, el poeta andaluz y español, defensor y cantor de los oprimidos y distintos, ya había sido asesinado. Profesores y catedráticos, algunos conocidos y amigos de Unamuno, eran encarcelados, o fusilados, o desaparecidos, a diario. A su alrededor todo era matanza, represión y limpieza. En Salamanca básicamente lo que hubo fue represión.
En su bolsillo había ese día un papel con una súplica desesperada de intermediación de la mujer de un amigo suyo, Atilano Coco, pastor protestante, en un último intento de salvar su vida.
Unamuno no pudo salvar aquella vida que como tantas otras vidas inocentes (incluida la suya) eran arrastradas en un torbellino.
Pero en ese último acto universitario Unamuno intentó poner a salvo la dignidad humana del naufragio de la barbarie. Y como un anciano Quijote que en un instante de lucidez recobra la locura, arremetió contra aquellos gigantes que antes le habían parecido molinos. No eran molinos, eran gigantes. No eran libertadores, eran fascistas. No eran cristianos ni agentes de “civilización”, eran admiradores y seguidores de Hitler y Mussolini, y por tanto portadores de barbarie y totalitarismo.

“En una fiesta universitaria que presidí dije toda la verdad, que vencer no es convencer ni conquistar es convertir, que no se oyen sino voces de odio y ninguna compasión. ¡Hubiera usted oído aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histrión que es Millán Astray!“, dice Unamuno en una carta de 1 de diciembre a su amigo bilbaíno Quintín de Torre.

Millán Astray azuzaba a esos “dementes de falangistas”, dice Unamuno (sin duda testigo de los hechos), y esos dementes llevaban pistolas.
Que en estas circunstancias, cuando a su alrededor todo era represión y asesinatos sin juicio previo, un anciano, que no tenía previsto hablar, se levantase y dijera unas palabras que contradecían el fanatismo y el odio de aquellos fascistas armados del Paraninfo (¿qué pintaban allí?), tiene su mérito.
Y sus palabras no debieron ser leves, puesto que esos pistoleros fascistas “aullaban”, azuzados por el histriónico Millán.

En una carta a Francisco de Cossío (de 27 de noviembre) se manifiesta así: “Claro está que aún siendo hoy ya toda la Falange algo inmundo, de verdugos demenciados, no comparo lo de aquí, la castellana con la andaluza”.

Y yo me pregunto: ¿Puede importar mucho en este escenario “aullador” -tal como lo describe el propio Unamuno- la variable de si Millán Astray dijo “Muera la inteligencia” o sólo dijo “Mueran los intelectuales”?
No sé qué será peor, si decir que muera la inteligencia, que es un ente abstracto, o decir que mueran los intelectuales, que son personas de carne y hueso, Unamuno como ejemplo de todos ellos.
¿O puede cambiar el significado de los hechos y el valor de las palabras de Unamuno que tras decir el “histriónico” Millán “Mueran los intelectuales” y advirtiendo alguna molestia y signos de queja en profesores que allí había, aclarara Millán Astray que se refería a los “falsos intelectuales traidores”, como describe Pemán, testigo también de los hechos?.
Sobre todo sabiendo que después vinieron cuarenta años de dictadura fascista y que ya en 1922 Unamuno había adivinado la jugada que se preparaba y motejado a Millán Astray de “aspirante a Mussolini español”.
He ahí un Unamuno solo, ni de unos ni de otros, contrario a los nacionalismos y defensor de catalanes y vascos ante el fascismo en ciernes.

Tras ese acto del Paraninfo de Salamanca Unamuno fue destituido de su cargo de rector (como ya lo fue antes por la República) y condenado al ostracismo, y así acabó su vida unos meses después. Solo.

El fascismo se basa y toma fuerza en el odio al que es diferente, maneja otra lengua o se nutre de otra cultura. Aspira al pensamiento único e intenta aniquilar al que piensa de forma distinta. A ese aniquilamiento a veces lo llama “cruzada”, pero es cruzada de cruz gamada, anticristiana y espuria, cruz disimulada, que diría Unamuno.

El fascismo no se acabó de una vez por todas al finalizar la segunda guerra mundial sino que está presente en nuestras Instituciones y crece en nuestros días.
Que permaneciera en el poder en nuestro país durante cuarenta años con Franco, no es una simple anécdota, es un hecho grave. Que aún hoy haya resistencia en nuestro país (supuestamente demócrata) a derrocar sus símbolos, es un mal síntoma y de peor augurio. Que funcionen en nuestro país cloacas del Estado que tienen esa raíz, o que se condecore a torturadores al servicio del régimen fascista, no tiene nombre.
Ayer como hoy, el fascismo es instrumento de la plutocracia que mediante fórmulas demagógicas y populistas intenta enseñorearse de toda una sociedad para que sea dócil a sus intereses y a sus órdenes.

Cultivar y fortalecer lo público es cultivar y fortalecer afectos y lazos, y es defender la democracia. ¿Habrá que redescubrir esta verdad tan obvia?

En todo caso habrá que cultivar afectos.
Estos días leía un artículo lleno de afecto y admiración para los catalanes publicado por Francisco Umbral, escritor “mesetario”, el 09-06-1976. Se titula así: CATALANES.
Más allá de las hipérboles poéticas que despliega Umbral en ese texto, lo que subyace es un ánimo no solo de entenderse o de conllevarse, sino de admiración y por tanto de afecto. Pues eso.
Léanlo y así nos vamos entrenando a querernos un poco. Unos a los otros, y los otros a los unos, porque si no no hay futuro. O si lo hay es uno que ya conocemos: el de los Hunos y los Hotros.

Posdata: Comentario (La Esvástica) Unamuno: EL SOL 30 de junio de 1932

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0000477103&search=&lang=es

Unamuno republicano (La Esvástica) https://unamunorepublicano.blogspot.com/2017/08/comentario-svastica.html

 

 

Anuncios

MILITANCIA SOCIALISTA: COMO GATO ESCALDADO

Pedro Sanchez y Albert Rivera

Page y Rivera

La militancia del PSOE, que en la misma noche electoral, oliéndose la tostada, se adelantó a su líder y gritó enfáticamente “Con Rivera no” (toda una declaración de intenciones “preliminar” contra el neoliberalismo rampante), era una militancia escaldada que venía de años, si no décadas, de pasarlas canutas y vergüenza a raudales.

Entre otras cosas por la corrupción impúdica y amplia de su partido, que en alternancia fácil con el PP y otros amiguetes nacionalistas, venían repartiéndose sin ningún control, más bien aforados y a resguardo de todo (ellos se lo guisan y ellos se lo comen) el botín del saqueo de lo público.

El régimen bipartidista, que tanto daño ha hecho a nuestra democracia (el mismo régimen que pretenden entronizar de nuevo), facilitó todas esas operaciones más propias de la delincuencia común o de la mafia que de partidos serios y “constitucionalistas”, como algunos de ellos se proclaman hipócritamente.

Esa militancia venía también de contemplar estupefacta acciones incomprensibles desde una perspectiva progresista. Fue el PSOE y no otro el que con el fiel apoyo del PP, al que también interesaba ese nicho de negocio, sentó en nuestro país las bases legislativas para la privatización de la sanidad. Y también el padre de una de esas reformas laborales feroces inspiradas por el neoliberalismo radical, que han hecho de la precariedad laboral parte sobresaliente de la “marca España”, y motivo de exilio de muchos jóvenes españoles. Hoy en día el PSOE protagoniza una actitud de indiferencia y ausencia de respuesta justa ante el fraude de Ley del que han sido víctimas cientos de miles de interinos de los servicios públicos, contribuyendo de ese modo y por otros medios al deterioro de lo público.

Venía también de comerse con patatas el marrón de los GAL, terrorismo de Estado que allí donde existe y se le hace hueco o se le da excusa, acaba con la democracia hecha unos zorros. Luego es más fácil tener unas “cloacas del Estado” perfectamente asentadas, que al margen de la ley, la decencia, y las reglas democráticas, fabrican mentiras contra los adversarios políticos, o ponen en marcha otras operaciones de tinte mafioso, siempre al servicio de ese bipartidismo que ha confundido el poder con un cortijo heredado de sus ancestros.

Venía de contemplar atónita como entre los principales usuarios de las “puertas giratorias” de la corrupción triunfante se encontraban algunos de sus más señalados gerifaltes “socialistas”, incluso históricos y padres de la patria.
Venía de constatar cómo su partido, antaño progresista, demócrata y republicano, es hoy uno de los principales valedores y defensores de una monarquía corrupta, impune ante la ley, cuyos delitos no se pueden investigar. Esto nos recuerda el estado de cosas de Arabia Saudí. Menudo ejemplo a imitar.

Venía de constatar que, legislatura tras legislatura, su partido hacia el trabajo sucio a la derecha radical, y esta se limitaba a decir amén y dar las gracias por tan eficaz como despiadado servicio.
Pero venía también de derrocar –en un amago de resistencia- a la vieja guardia neoliberal del PSOE, de Felipe González y secuaces, tras el golpe interno protagonizado por esa facción. Es decir, venía como gato escaldado, de encajar con silencio militante (un error) una traición tras otra, acabando como epílogo coherente de esa deriva involucionista con la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución, hecha por Zapatero “el progre” a espaldas de los españoles y que “constitucionaliza” la ideología neoliberal y sus métodos, es decir aquella que propiciaron progresistas tan señalados como Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Reforma que fue perpetrada, todo sea dicho, con nocturnidad y alevosía y que determinó (y aún determina) que los paganos de la estafa neoliberal sean sus víctimas y los beneficiarios sus autores.

Lo último que ha tenido que encajar la militancia del PSOE, tras ese amago frustrado de regeneración, es que al día siguiente de pedir a su líder que “Con Rivera NO”, Sánchez, imitando en esto a sus barones regionales de la barra neoliberal, se desviviera por llegar a un acuerdo con el líder naranja para suscribir los deseos, casi órdenes, de la CEOE.

Una de las primeras órdenes que recibió y acató fue vetar al líder legítimo de PODEMOS, bloqueando así deliberadamente cualquier posibilidad de acuerdo para un gobierno progresista.

Tal y como se pregunta Josep Ramoneda en un artículo reciente (El País, 21-SEP-2019): “¿Ganar una decena de escaños da derecho a obligar a la gente a volver a votar y poner en riesgo el futuro de la izquierda en este país?”.

Aún compartiendo la preocupación de Ramoneda, si nos atenemos a la deriva involucionista y desnaturalizada del PSOE en los últimos lustros, nada de esto debe sorprendernos. Recordemos que el “aliado naranja” (preferente para el PSOE de Sánchez) es a su vez aliado de VOX (preferente para Albert Rivera). Es decir, por ese lado progresismo puro y voto “útil” donde los haya.

Si esto ocurre con la militancia de base, más atada por sus servidumbres y canales de adoctrinamiento (véase la reciente carta de Sánchez a la militancia para un lavado de cerebro general de los más próximos: familia y amigos), que diremos de aquellos otros, más libres, que llevados de un deseo de “concentrar” el voto progresista y hacerlo “útil” se han tapado las narices (y los ojos) ante este panorama desolador. Diremos que esto nunca funciona. Hay concentraciones y mezclas que no cuajan, y quién se acuesta con la corrupción ya sabe como se despierta.

¿Habrán comprobado ya que lo barato sale caro, que lo que se proclama “útil” resulta inútil, y que de la corrupción no se puede esperar juego limpio ni el cumplimiento de las promesas electorales?

Hemos sido y somos campeones del paro (comprendamos de una vez que un paro crónico facilita la exploración laboral). Somos por tanto también campeones de la precariedad laboral, y ejemplo ante el mundo de docilidad y sumisión ante las medidas más radicales del extremismo neoliberal, que han impuesto en nuestro país un cambio de paradigma: la revolución reaccionaria ha sentado sus reales entre nosotros.

Aún así, todo eso puede cambiar.

Digamos algo en cuanto al adoctrinamiento: hoy en día el poder del Gran Hermano es inmenso y todos conocemos ya la sofisticación, las proezas y alcance de los algoritmos que nos manipulan o lo pretenden. A pesar de ello debemos pensar –optimistas- que el ser humano sigue siendo un ser esencialmente libre. Esa libertad de juicio requiere sin embargo un esfuerzo. Gracias a Dios (o a los demócratas) aún gozamos de prensa libre.
El desastre actual ha provocado todo un despliegue de análisis y ensayos que han descrito con rigor y acierto sus orígenes, procesos, y responsables. Son estudios serios hechos por autores de prestigio y están a nuestro alcance. No hay más que ponerse a ello.
De esos estudios se desprende que en este proceso involutivo, en esta revolución reaccionaria hacia atrás (como el cangrejo), han jugado un papel protagonista los partidos “socialistas” (así llamados) de la tercera vía. Fue una operación de camuflaje para el acoso y derribo de los principios clásicos de la socialdemocracia, que son los que inspiran y soportan nuestro Estado del bienestar y el “estilo de vida europeo”, es decir, nuestro Estado moderno. También es cierto que la mayoría de esos partidos supuestamente “socialistas”, efectivamente neoliberales, ha acabado, en justo pago y tras pasar por las urnas, en la papelera de reciclaje (al menos en el resto de Europa) esperando a que alguien los saque de allí y los recicle. Va para largo.

Se pensó, quizás precipitadamente, que Pedro Sánchez había aprendido de esa lección y era en nuestro país el llamado a realizar ese reciclaje y recuperar un partido que sin rubor ni cinismo pudiese llamarse “socialista”, o mínimamente “progresista”.
Resultó ser que no.

Enseguida traicionó sus promesas más publicitadas de cara al voto “útil” (reforma laboral, etc.) y ya con el voto “útil” en la faltriquera, se puso a las órdenes de los poderes fácticos, que son los que con dinero corrupto financian a los partidos febles que colaboran bien pagados con la plutocracia.

La alternativa ante estado de cosas, a todas luces deprimente, no es deprimirse y abstenerse de votar. La alternativa es informarse antes de votar, y también aprender de la experiencia.

Ensayo y error, es decir, ser la base racional de toda democracia.

 

A BUENAS HORAS MANGAS VERDES

 

“Algo va mal”, que diría Tony Judt. Todo lo que parecía sólido se está derrumbando, nos advierte Muñoz Molina. “Estos años bárbaros” sólo conducen a la barbarie, opina Joaquín Estefanía. La palabra de moda es “colapso”. Y lo más preocupante: los bárbaros que propician ese colapso somos nosotros.

Comienza a ser frecuente toda una literatura sobre el colapso que se avecina, y las reflexiones sobre el desconcierto general se postulan ya como una nueva rama de la filosofía, quizás la más importante y sin duda la más urgente.

Nos pilla mal porque el apocalipsis tiene mala prensa, como si fuera cine barato de serie B, de ínfima calidad y poco creíble, además de repetitivo, pudiendo encuadrarse despreciativamente y desde una perspectiva “olímpica” en el género “paranoide”.

Sin embargo los nuevos autores son gente preparada, académicos de prestigio, premios nobel, científicos de primer nivel, y el panorama que nos presentan –poco halagüeño- no parece ya una ficción gratuita inspirada por una mala digestión o un fracaso amoroso, sino que se apoya en datos contrastados y estudios serios. Esto lo cambia todo.

Como consecuencia, las dudas y el estupor sobre nuestro presente y nuestro futuro se extienden como una mancha de aceite que asfixia el horizonte; los problemas se empujan y retroalimentan unos a otros, y si hemos de dar crédito a pesimistas bien informados, como James Lovelock (el autor de “Gaia” y “La venganza de la Tierra”), tendremos que asumir que el mecanismo del desastre puesto en marcha es ya irreversible, y que hemos entrado en la fase desagradable y poco digna del sálvese quien pueda.

Las soluciones ordinarias, las soluciones locales, las soluciones de costumbre ante este naufragio general, ante este nuevo desorden mundial, fuera de control, son ya inútiles.

De la misma forma que las tormentas de polvo del Sahara llegan cada vez con más insistencia e intensidad a nuestras latitudes, debido al desorden climático, rebasando cualquier frontera, así las riadas de seres humanos desesperados, comienzan a ser una constante de nuestro tiempo y síntoma principal de la crisis global.

Y todo ha ocurrido muy deprisa, como si la burbuja que nos nublaba la vista nos hubiese reventado en la cara. Estábamos entretenidos -ciegos, sordos y mudos- ante la pantalla del Gran Hermano. De ahí la sorpresa, de ahí la incertidumbre, de ahí el desconcierto.

Ahora el camino se ha llenado de Pablos derribados del caballo. Cuando no se han tirado de él en marcha, viendo que galopaba veloz y sin freno hacia el precipicio.

Solo a unos botarates, con bastante parte de fanáticos, se les podía ocurrir que la economía podía desplegarse sin regulación alguna, sin límites ni frenos, “sin complejos” y al margen de las consecuencias sobre el planeta y las vidas que lo habitan.

Todo parece indicar que esta nueva crisis, diferente a las anteriores y que coincide con una “sexta extinción” ya en marcha, es de origen antropogénico, y por tanto tiene una relación directa con el modelo económico y social por el que hemos optado, guiados además por un dogma poco meditado, cuyo principal motor es el “egoísmo”, aspirando incluso a su “globalización”. No tenemos abuela.

En este tipo de iluminación repentina sobre el desastre provocado, iluminación a destiempo, con su toque de farsa y oportunismo, habría que situar las reflexiones recientes de Felipe González, según aparecen en una sorprendente entrevista de “El País”: El capitalismo triunfante está destruyéndose a si mismo”.
La habilidad de este político para caer siempre de pie, situándose al margen de los fracasos propios y a la cabeza de los éxitos ajenos, falseando si fuera necesario para ello los hechos, es inaudita. Tanto él como el sector del PSOE que inspira, son incapaces de autocrítica.
González fue colaborador necesario y entusiasta del modelo capitalista que ahora critica, y respecto a la revolución reaccionaria que impulsaron y pilotaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la actitud de nuestro “socialista” no fue la de impotente y simple seguidismo, sino la de convencido acólito, bien recompensado -como tantos de sus corifeos- por algunos de esos mecanismos giratorios de pago de favores que caracterizaron y aún caracterizan a esa “revolución” hacia atrás.

Esa supuesta revolución “liberal”, con su postizo anexo de la “tercera vía”, además de no considerar el planeta y su equilibrio ni siquiera como variable de la ecuación, ha permitido y alentado en última instancia el secuestro del poder político por los dueños del dinero, determinando la actual decadencia de las instituciones libres y democráticas. El “mercado” es nuestro “Gran Hermano”, y sus apóstoles son los “Padres de la patria”.

Es muy fácil ahora colgar el muerto a Trump, como hace González en esa entrevista, pero Trump es el digno heredero de Reagan, de Thatcher, y de los “socialistas” postizos de la tercera vía.

Sobresale y sorprende en esa entrevista la queja sobre la falta de reglas, sobre la ausencia de normas, también dentro de Europa, pero es que el dogma principal del neoliberalismo, tan grato a González (que ahora se queja), es ese: la ausencia de normas, la falta de escrúpulos, la selva como objetivo y paradigma, y la recompensa infame de la trampa. A la estafa la hemos embellecido llamándola crisis, para no desacreditar el catecismo neoliberal.

En cuanto a las tensiones centrífugas del desorden, con sus Brexit y demás huidas, González, el experimentado político ¿esperaba que un modelo cuyo paradigma es la selva, que promueve la desigualdad extrema, y transfiere la riqueza económica desde los más pobres y la clase media a los superricos, era coherente, estable?

Sin duda la crisis del 2008 se resolvió mal, como dice González, pero quien reformó el artículo 135 de la Constitución sin pedir permiso a los españoles fue su partido. Y quién rescató a los autores de la estafa dejando en la estacada a sus víctimas, fue también su partido “socialista”, el cual también puede presumir de que perpetuó el engranaje de la estafa sin ningún amago de autocrítica. Y todo ello en perfecto tándem con el PP, uno de los partidos más corruptos de Europa.

Si de privatizaciones y oligopolios subsiguientes se trata, con su abuso en la facturación y promoción del maltrato laboral, González se arriesga a mentar la soga en casa del ahorcado. No le importa. Y es que la precariedad laboral y el abuso tomó especial impulso durante sus gobiernos, a rebufo de la revolución reaccionaria de los ochenta, con la que siempre comulgó y dijo amén.

Claro que sabemos lo que pasa ¿Por qué no se reacciona? pregunta retóricamente González (pregunta retórica porque conoce de primera mano la respuesta). No se reacciona porque el poder político se ha vendido al poder del dinero; porque nuestros “representantes” frecuentan las puertas giratorias y traicionan el mandato democrático; porque se ha dado un golpe mortal a la democracia.

Antes de las elecciones los políticos dicen una cosa, al día siguiente se ponen a las órdenes de sus amos: los dueños del dinero.

¿Recuerdan lo que prometía en un pasado no tan remoto Pedro Sánchez sobre la reforma laboral? ¿Y recuerdan quienes son los fautores de las reformas laborales (sendas) en nuestro país, cuyo principio guía es el maltrato y la precariedad laboral?

Como ustedes saben, para los neoliberales (el “capitalismo triunfante”) el problema es el Estado. Sin embargo ahora el Estado resulta ser –y de ello nos informa González- “un espacio público compartido que se llama España”. ¿Pero se puede compartir un espacio público llamado España desde la desigualdad extrema y el ataque a lo “público”? Parece que no. De esas incoherencias, de esas imposturas, procede el fracaso actual.

Aún hoy, con lo que ha llovido y todo un desierto por delante que atravesar, los apóstoles de ese modelo fracasado (entre ellos González) nos quieren vender una vez más su principal instrumento: la “gran coalición”, esa inefable alianza entre los políticos corruptos y el dinero desregulado.

Y ya saben cual es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

 

Incertidumbre

Grecia y pobreza

 

Nos han inculcado -despacio pero profundo- que si respiramos, como hacían antes los animales sanos, o si alzamos la mano para preguntar, como hacían antaño los griegos clásicos -que no paraban de hacer preguntas al mundo-, se puede generar incertidumbre en los mercados.

Convencidos estamos, a fuerza de adoctrinamiento, que los mercados son entes de salud delicada y enfermizos para cuya comodidad no debemos escatimar esfuerzos y en los que cualquier amago de duda (punto de arranque de todo pensamiento libre) puede desencadenar un constipado.

Y en ese sentido, lo que más los perjudica (más que una corriente de aire) es que el personal se permita dudar, pensar, o imaginar más de una alternativa, que no sea la que se contempla y se permite con la venia de los amos. Es decir, que se plantee como hipótesis no desmesurada, ser libre y pensar distinto.

Los mercados necesitan de certidumbres, como los pueblos de religión y los rebaños de guías.

Más de la mitad de los españoles no entienden la factura de la luz, pero si expresan abiertamente sus dudas, al mercado se le puede relajar algún esfínter. Mejor no lo hagan. O si lo hacen, diríjanse al ex ministro Soria cuando vuelva de Panamá.

¡Ah! ¡Que ya ha vuelto!

Y tan ricamente.

Y así el mundo, que siempre estuvo gobernado por religiones y cabritos, hoy está gobernado por mercados, que unen en un solo ente los dos conceptos: el teológico y el ganadero.

De lo que se trata es de ordeñar.

En el fondo los mercados no son tan delicados, presentan una inmunidad selectiva. Hay agentes tóxicos que no les afectan.

Por ejemplo, la querencia de nuestro país por votar a políticos corruptos, sean estos del PP o del PSOE es lo de menos, el requisito imprescindible es que sean corruptos y poco de fiar (en realidad se van alternando amigablemente en el reparto de dividendos), no afecta a los mercados, o incluso les favorece.

Que no haya médicos ni enfermeros en las residencias de ancianos, tampoco les causa mayor disgusto ni les tuerce el gesto. Que no haya personal de guardia suficiente en los centros de salud tampoco les amarga el día. Si los médicos de cabecera arrastran una lista de espera de dos semanas, ellos -los mercados- lo perciben como un balón de oxígeno, experimentan un subidón, e interpretan que el futuro de ese mercado es suyo.

Que el futuro sea suyo no significa que sea de los demás, es decir, de las personas corrientes, de carne y hueso. No cabe confundirse en esto, aún hay clases.

El abuso de la temporalidad laboral -en España somos expertos y campeones en esta materia- le engrasa las bielas a los mercados. Recuerden a Charlot en sus “Tiempos modernos”, lubricante va, lubricante viene. Ni los sindicatos ponen pegas a este abuso. Su política “social” es: a los interinos estafados que les den.

Que haya muchos parados y gente desesperada por encontrar trabajo, es algo que regocija a los mercados, si es que no lo promueven con la colaboración “social” correspondiente. Esto tiene muchas ventajas: reduce los costes laborales y las ganas de defender derechos.

Esto último, defender derechos, los mercados y sus “capataces” (también los hay en la administración pública y la representación sindical más “enrollada”) lo consideran una idea extravagante, anticuada, poco posmoderna, que no está a la altura de los tiempos.
Date con un canto en los dientes y “confórmate” si alcanzas el estatus de trabajador pobre sin derecho a jubilación ni a caerte muerto en horario laboral.
¿Para qué los derechos? Con lo que estorban.

Últimamente, y a pesar de la incertidumbre, a los mercados se les ve sueltos, sin complejos, desregulados. Han vislumbrado una gran verdad: no tienen a nadie enfrente.
Los políticos que gobiernan los tienen en nómina y acatan sus órdenes; el personal explotable abunda y es dócil; los sindicatos –la mayoría- son de adorno; las facilidades para delinquir y robar nunca fueron tan grandes ¿Entonces? ¿Por qué la incertidumbre? ¿Por qué el miedo?

En realidad los mercados se asustan de sí mismos. Temen -y con razón- que se han pasado de frenada, que se han pasado de listos, que se han equivocado de catecismo. Que incluso la mayor infamia, la alianza del poder político y el dinero, tiene los días contados, porque solo produce catástrofes. Esa es la única certidumbre. Todo tiene un límite, y el planeta también.

Fíjense en Argentina, cobaya de experimentos neoliberales, que va de corralito en corralito. Fíjense en Grecia, vapuleada entre el neoliberalismo y la corrupción. Fíjense en España, tres cuartas partes de lo mismo.

Hoy leo en “El País” confesar a un economista (José Luis Escrivá): “La soberbia de los economistas limita su eficacia”, titula, y luego se explica: “Nuestra arrogancia nos dificulta tener una buena percepción de los límites de la disciplina que desarrollamos, romper con inercias metodológicas, y asumir paradigmas más abiertos”.

Lo verdad es que no creo mucho en esta “ceguera”, más bien lo que parece que ha habido es una deliberada colaboración en la catástrofe. El pensamiento único era además de poco digno, contraproducente.

En resumen y como diría Joaquín Estefanía: “Estos años bárbaros”.
Bárbaros, radicales, y extremistas, aunque eso sí… de centro.

En el futuro contemplaremos aquella época del pasado en que los trabajadores y ciudadanos supieron conquistar y defender sus derechos como algo excepcional, improbable, irrepetible, casi un milagro.
En la dictadura tecnócrata del mercado que se avecina, aquellos tiempos viejos nos parecerán nuevos.

 

 

BENDIGAMOS LA MESA (Sobre la Mesa sectorial del SESCAM de 1 de julio de 2019)

centro de salud SESCAM

 

 

Sobre la Mesa sectorial del SESCAM de 1 de julio de 2019 nos ha llegado información de dos sindicatos, bastante coincidente, y por tanto entendemos que dicha Mesa transcurrió más o menos como en esa información se describe.

Lo primero que se observa es que el tema central son las oposiciones y el negocio que propician (cursos y demás). Bienvenidas sean siempre que sean a su debido tiempo y respetando los plazos legales. En las últimas décadas no ha sido así, y eso ha conducido a un hecho REAL de abuso, estafa, y fraude.
Sobre el hecho indiscutible de que las administraciones públicas (y con ellas el SESCAM) arrastran un problema monumental de FRAUDE de LEY (según normativa europea de obligado cumplimiento), del que han sido víctimas miles de interinos en nuestra región, cientos de miles en todo el Estado, ni una palabra, silencio total en esa Mesa que dice representar a los trabajadores.

Obviamente esos miles (o cientos de miles) de trabajadores interinos estafados, no están representados en esa Mesa.

Sobre el deterioro de nuestra ATENCIÓN PRIMARIA y el fracaso del modelo actual, basado en un incumplimiento de la jornada legal de consulta que toma excusa en la “falsa” libranza posguardia (una auténtica fábrica de listas de espera), ni una palabra. Conviene recordar que si nos atenemos a la legalidad vigente (Estatuto Marco) y a la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo (sentencia sobre el recurso 4848/2000), tal “libranza” posguardia no existe, es una entelequia, sino que se trata de un descanso entre jornadas. Confundir un “descanso” que no exime de cumplir la jornada anual establecida con una “libranza”, es impropio de gente barbada.
Si una irregularidad de este calibre, cuyas consecuencias pagamos muchos profesionales y todos los ciudadanos, no merecen unas palabras de reproche, o al menos de análisis, por parte de los representantes sindicales, que también son agentes sociales, apaga y vámonos. Bendigamos la Mesa.

Tampoco interrogan nuestros agentes sociales sobre la sobrecarga asistencial y la violencia asociada que se vive en los PAC de nuestra región, fruto del modelo erróneo que mencionamos más arriba, semillero de listas de espera. Conviene recordar que a este paso vamos a acabar siendo los campeones a nivel nacional de los episodios de violencia grave en los puntos de urgencias de nuestros centros de salud.

Durante la última semana santa en la que toda la Atención primaria de nuestra región estuvo al cargo de nuestros PAC durante 4 días seguidos, los episodios de violencia volvieron a ser frecuentes, y en la mayoría de los casos fallaron los botones antipánico de seguridad. El SESCAM está incumpliendo el deber que le compete de proteger a sus trabajadores (Estatuto Marco artículo 17-d).

El número tan elevado de episodios de violencia en estos puntos de urgencias de nuestra AP es la consecuencia directa de la sobrecarga asistencial inhumana e irracional que padecen. Las asociaciones de profesionales lo han denunciado en múltiples ocasiones.

Sobre la actitud del SESCAM respecto al pago de la CARRERA PROFESIONAL, contraria también a la legalidad vigente y a la jurisprudencia ya sólida tanto a nivel nacional como europeo (una tendencia que ya debe preocuparnos), que obliga al pago de esa CARRERA PROFESIONAL al personal interino (cosa que ya hacen otros servicios sanitarios más respetuosos con la legalidad), parece que se ensaya por parte de los representantes sindicales un cierto reproche ambiguo con aire de lucha, pero ninguno pregunta directamente y con voz clara y nítida, como es posible que el SESCAM esté recurriendo ante el Tribunal Supremo las sentencias que están dando la razón al personal interino sobre este tema en el TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE CASTILLA-LA MANCHA.

Nadie pregunta tampoco, de los representantes sindicales, como es posible que el personal PEAC, que cumple todas las definiciones legales de PERSONAL NOCTURNO, no tenga ya reconocido este carácter a todos los efectos, tanto de salud laboral, como de jornada anual y su distribución, como de retribuciones justas, y que al día de hoy este personal tenga que reclamar este reconocimiento en los juzgados.
El sumo de la hipocresía es que existen normas de salud laboral, editadas y publicadas con membrete del SESCAM, que establecen las precauciones a tener en cuenta con el personal PEAC como PERSONAL NOCTURNO (protocolo o norma número 11), pero que luego quedan en papel mojado y se incumplen por la misma Administración que las edita.
Si ante esa falta de reconocimiento del carácter NOCTURNO del personal PEAC (según las definiciones legales de tal circunstancia) tuviera lugar un hecho lesivo o incluso lamentable sobre uno de estos trabajadores “nocturnos” abusados ¿asumirá el SESCAM la responsabilidad y la indemnización correspondiente? Cada dia que transcurre en esta situación es un riesgo.
He aquí una pregunta que podrían haber planteado los representantes sindicales.

Y ya puestos podrían haber preguntado cómo es posible que en nuestra atención primaria (del SESCAM) todavía haya médicos y enfermeros que trabajan 65 horas seguidas en los PAC de nuestra región. Y la misma pregunta se impone: ¿Ante un hecho lamentable, quién es responsable o quién indemniza?
Y en relación con este tema, una cuestión a debate, desde la perspectiva de una acción sindical sana, habría sido valorar la oportunidad de introducir SISTEMAS DE REGISTRO DE LA JORNADA (fiables) en nuestro ámbito laboral, casi casi como si fuéramos “europeos”. Ya nos falta menos.

Como viene siendo habitual, tras cortar el bacalao, con el verano encima, y ya en el furgón de cola de los RUEGOS Y PREGUNTAS, se vuelve a mencionar en esta Mesa tan bendecida por el silencio, al personal PEAC. Mejor una mención que nada, se pensará.
Lo que pasa es que esas menciones ya empiezan a ser una especie de juegos florales en los que ensayar la retórica y la lírica, mientras que la discriminación y los abusos que soporta este personal ya duran décadas. Es decir, más que rogativas y preguntas, o juegos florales, lo que se necesitan YA son acciones firmes.

ENVEJECER

Pablo y Pedro

 

De repente hemos envejecido cincuenta años, así, sin comerlo ni beberlo.
Hemos dado un salto cuántico en el tiempo y nos miramos en el espejo de la vejez rotunda.

El milagro (si es que puede llamarse milagro a esta cabriola) lo logra una app, es decir uno de esos artilugios informáticos, tipo software para móviles, de los que tanto dependemos y que tanto nos espían.

Se llama FaceApp, y de hecho los demócratas de USA ya han pedido al FBI que lo investigue por sus “lazos rusos”, ante la sospecha (parece ser que confirmada) de que nos espía y roba los datos. En esto los rusos no se diferencian demasiado de los  estadounidenses, unos y otros nos espían a diestro y siniestro.
Yo por si acaso no lo uso, además de porque no tengo datos que merezcan la pena, porque no le veo la gracia al asunto este de adelantar lo inevitable, o lo que es peor, lo contingente.

Siendo esta una forma moderna de envejecer (valga el oxímoron), por obra y gracia de una App del móvil con funciones de retoque fotográfico, estos días asistimos también a otras formas más burdas de involución, no física sino política y cultural. Y todo ello dentro de un contexto de descivilización y barbarie que progresa inmersa en el seno de un gran desarrollo de la inteligencia artificial, que avanza en la misma medida en que la natural retrocede por atrofia.

No quisiera preocuparles demasiado porque estamos en verano y algunos de vacaciones, pero esto de la barbarie posmoderna y la descivilización que arrastra consigo, empieza a ser una realidad palpable, contundente, y agresiva.

¿Pero de qué tipo de descivilización estamos hablando?
Sirva como comparación:
Es sabido por los amantes del cine que en las películas de Pasolini podemos encontrar todo un catálogo de claves y códigos de nuestra civilización, que en gran parte hunde sus raíces en el Mediterráneo y su cultura.

De la misma manera en las películas de Paolo Sorrentino podemos encontrar muchas de las claves de la descivilización posmoderna que nos acecha, o que ya tenemos encima, la cual empezó dando por buena la “cultura” del pelotazo (made in el PSOE de la tercera vía) y ha acabado dando por buena la cultura del racismo y la xenofobia, envuelta en la liturgia y los artículos de fe de la tecnocracia posdemócrata.
Neoliberalismo y neofascismo en síntesis perfecta y yendo de la mano, incluso a la hora de decidir los órganos de Gobierno de Europa. Se veía venir. Eso que llaman “gobernanza”, más que nada por darse el gusto de hablar raro.

Sobre las características de esta nueva barbarie y el comportamiento de este proceso de descivilización se ha escrito mucho. Por recomendar un par de lecturas recientes:
“Contra todo esto” de Manuel Rivas, o “Estos años bárbaros” de Joaquín Estefanía. Pero podríamos remitirnos a “Algo va mal” de Tony Judt, o a los ensayos de John Gray.

¿Pero hablamos de un pronóstico o de un diagnóstico?
Las dos cosas al mismo tiempo. El presente y el futuro de la distopía ya están aquí. Ocurre lo mismo que con el cambio climático. Estábamos intentando definir un diagnóstico y el pronóstico se nos ha echado encima.

Por ejemplo, no han sido pocas las voces, y además autorizadas, que han protestado por la forma antidemocrática de elección de los nuevos órganos de gobierno en Europa, procedimiento que ha confirmado el diagnóstico previo de que al día de hoy es imposible (está prohibida) una política distinta  (verbigracia socialdemócrata) en esta Europa reaccionaria, que sigue teniendo en el neoliberalismo su catecismo de cabecera, su rémora fundacional, y su dogma perverso. Tolerancia cero, es lo que prodiga a manos llenas este liberalismo rupestre.
Ni siquiera la “tercera España” de otro tiempo pudo imaginar una Europa tan estrecha de miras, de catecismo y tentempié.
¿Pero Europa no era el ámbito de la democracia y la libertad?

Para rematar la operación parece ser que Úrsula von der Leyen, sucesora del corrupto Juncker (de ahí venimos), ha contado con el apoyo de los votos de la ultraderecha europea para hacerse con el cargo. Una ultraderecha que por una parte no respeta el Estado de derecho (ejemplo Polonia) y por otra es promotora descarada del racismo y la xenofobia.
Los que no han votado a la candidata han sido los verdes (el futuro) y algunos socialistas (que aún quedan). Y no hablo de los nuestros porque da grima. Fueron por lana y salieron trasquilados, aunque sarna con gusto no pica.

Así están Europa y su “gobernanza”.

Entre nosotros también cunde este tipo de vejez acelerada que prepara el camino a la involución.
Si hace apenas una semana eran los neoliberales del PSOE los que enviaban una carta de amor -tipo Corin Tellado- a los neoliberales del PP, para convencerles de que apoyen un gobierno neoliberal de Pedro Sánchez de la misma manera que ellos apoyaron en su día un gobierno neoliberal claro está de Rajoy (a pesar de la corrupción conocida y de que tres cuartas partes de los ciudadanos estaban en contra), apenas hace un par de días un manifiesto de intelectuales de “izquierdas” llamaba a proteger la civilización occidental (concretamente la de Bárcenas y los EREs andaluces) de las asechanzas de PODEMOS y otros populistas, que amenazan con acabar incluso con la Ilustración de Voltaire. Con lo divertido que es leer a Voltaire.
Si no se ha convocado a esta nueva cruzada a los 100.000 hijos de San Luis (L’expédition  d’Espagne) es porque ya no están entre nosotros. O quizás sí.

Uno mira la lista de firmantes y le asaltan las dudas. No seré yo quien niegue la libertad que tiene cada cual de autodenominarse como quiera, pero ¿Era necesario poner el énfasis en eso precisamente: de “izquierdas”? ¿A cuento de qué? ¿No habría bastado con “intelectuales” o “personalidades de la cultura”, calificativo muy digno y justificado en este caso, para evitar la sospecha de que estamos ante una broma de verano en forma de manifiesto de invierno?
El caso es que parece que va en serio, tan en serio como el senador McCarthy en su caza de brujas.
Y ante la falta de brujas que echar al brasero, ahí está PODEMOS y quienes les votan (3,73 millones de españoles en las últimas elecciones), que según todos los indicios tienen cuernos y rabo y conviene marcar con una estrella morada. Y es que es sabido que estos desaprensivos quieren acabar con la civilización occidental neoliberal, empezando por lo más sagrado: la corrupción.

Creo que en cuanto a la cuestión de quienes son los “populistas” y quiénes crean “división y exclusión” (según se predica en ese manifiesto), va a ser difícil ponerse de acuerdo. Los firmantes lo tienen claro. Otros no lo vemos igual. Porque yo me pregunto: las brechas de desigualdad creciente, la pobreza infantil y la precariedad laboral que abunda en España, fruto de la política neoliberal aplicada ¿Crean división y exclusión en la sociedad o una comunidad de destino en lo universal donde reina la armonía?

Estas cruzadas en rescate de la civilización occidental y del canon europeo en peligro (al día de hoy neoliberal y xenófobo), nos empiezan a recordar a otros salvadores históricos que sin duda no echamos de menos.
A lo mejor urge más salvar a los que se se están ahogando en el Mediterráneo huyendo de la guerra o la miseria, hombres, mujeres, y niños como nosotros; o a los que en nuestra misma sociedad se hunden por una política despiadada e inhumana.

Y el  caso es que el pueblo español descarriado sigue apoyando en las encuestas una coalición entre PSOE y PODEMOS, y así no hay manera de salvar la civilización occidental, porque no se deja. El veto a Pablo Iglesias es un veto a esa opinión mayoritaria de los españoles (según se refleja en repetidas encuestas) y también constituye un veto a una representación política legítima. Con ese gesto de intolerancia hacia Pablo Iglesias, Pedro Sánchez ha envejecido en pocas semanas varios lustros, y se ha igualado a ese Albert Rivera que le veta a él.
Aún recuerdo (eran otros tiempos) en los debates televisivos previos a las últimas elecciones, cuando Albert Rivera atacaba de forma histérica e histriónica a Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias salió en su defensa llamando educadamente a Ribera “maleducado”, al tiempo que Pedro Sánchez agradecía a Pablo Iglesias el logro común de la subida del salario mínimo.

Entre los firmantes de “izquierdas” de este extraño manifiesto de verano, medio en broma medio en serio, abundan los promotores y simpatizantes de CIUDADANOS, que como todo el mundo sabe es un partido de izquierdas.
El caso es también que alguno de estos firmantes (de “izquierdas” como es obvio) ya defendieron en vísperas de las últimas elecciones una alianza con VOX como la mejor estrategia electoral y política, al final fallida, en eso que de forma poco original podemos llamar alianza Frankenstein.
Lo cual tiene su lógica porque como todo el mundo sabe VOX es también un partido de izquierdas que defiende la civilización occidental a caballo, camino de Covadonga, y retirando bustos de Abderraman III, a ver si hay suerte y cae del cielo otra Reconquista en que matar el tiempo ocho siglos.

Después de este manifiesto ha salido otro a la palestra, entiendo yo que más razonable y mejor argumentado, a hacerle democrática competencia al primero, y es este último el que virtualmente suscribo.
Ahí se aboga por un gobierno progresista constituido sobre el núcleo de PSOE y PODEMOS (que según las encuestas es el que prefieren la mayoría de los españoles), que de manera efectiva sea un freno a la barbarie neoliberal en marcha. Es decir, ese manifiesto aboga por un gobierno progresista como defensa contra la “actual” política neoliberal, la cual habría que cambiar.

Si bien debería preocuparnos que los poderes fácticos puedan imponer en nuestro país un veto a un representante elegido democráticamente, Pablo Iglesias ha preferido dar un paso atrás de forma generosa para no entorpecer la constitución de ese posible gobierno progresista.
Como dice Antón Losada en un twitt: ¿A ver qué excusa se inventan ahora?

Ahora bien, aceptar un veto tan grave conlleva una contraprestación clara e irrenunciable: un programa de gobierno auténticamente socialdemócrata (el gobierno de Sánchez se define como “socialista y de izquierdas”), que por una parte envíe las reformas laborales de la derecha (PPSOE) a la papelera de reciclaje; que exija la devolución del dinero público prestado a los bancos de la estafa financiera (entre otras cosas para combatir la pobreza infantil y ayudar al mantenimiento de los servicios públicos); que acabe con la precariedad laboral, y dentro de esta, que dé solución justa a los cientos de miles de interinos de los servicios públicos estafados por un fraude de Ley; que acabe con las puertas giratorias; que reduzca drásticamente el número de aforados (al nivel de Alemania por ejemplo); que haga de la ecología y el cambio climático eje principal de sus preocupaciones; que avance en la defensa de los derechos de las mujeres; que nacionalice los servicios esenciales (ej. energía) que con la actual privatización se han convertido en un artículo de lujo, donde reina el desorden y uno intuye que el saqueo, etcétera, etcétera.

La verdad está muy repartida y habita en todos los sitios y en ningún parte. Esto lo aceptamos, pero si hablamos de política y de política económica, hay que reconocer que en los años ochenta se produjo un desplazamiento salvaje hacia la extrema derecha que al día de hoy (vistos los efectos sociales catastróficos y las repercusiones climáticas) conviene corregir. Esa es la misión perentoria de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, o de PSOE y PODEMOS.

En todo caso, si no es ese el camino en el que va a colaborar PODEMOS, yo no apoyaría al candidato Pedro Sánchez. Es una opinión.

Posdata: El testamento político de Tony Judt

https://elpais.com/diario/2010/10/23/babelia/1287792763_850215.html

 

 

 

El síndrome de la urna fantasma

votos

 

Quién nos iba a decir a nosotros, salidos de un periodo abstemio de 40 años sin votar, que íbamos a acabar hartos de las urnas. O eso dicen.

Yo no. A mí me encanta votar, y que me consulten ni te digo.

Peor me iría, pienso, si no pudiera votar o dar mi opinión, como un cero a la izquierda, o como un siervo de la gleba.
De hecho tengo comprobado que cuando peor me va es cuando gobiernan aquellos a los que nunca he votado.

Así que uno coge las urnas con ansia, con ganas locas, aunque luego venga la decepción postelectoral.

Al fin y al cabo siempre salen los mismos y hacen las mismas cosas, y para los mismos dueños. Porque del programa político con el que enredan y cazan el voto “útil”, se olvidan al día siguiente.
Aún así. A mí que no me quiten las urnas.

Este hambre democrática constituye en nuestro país un síndrome, que podríamos comparar con el del “miembro fantasma”. Se parece también al de aquellos que pasaron hambre de comida (y de justicia) en la posguerra. Que se juntaba con el hambre de votar.

Cuarenta años sin catar la democracia, a palo seco, famélicos en medio de una Europa de la abundancia.
Incluso satisfechos hoy en día, queda en ellos (o en nosotros a través de ellos) un hambre residual, un hambre fantasma, que no se sacia nunca o teme con pavor nuevas hambrunas. De pan y de urnas.

Que estratégicamente no convenga tal o cual convocatoria electoral, no significa hartazgo de las urnas. Hay que pensarlo dos veces antes de manifestar ese empacho y de protestar molestos porque nos consulten tanto. El mal uso de la herramienta no la desprestigia.

Y hoy en día quien peor la está usando es Pedro Sánchez, que parece vigilar las encuestas cada mañana y preguntarles cuánto falta para el sorpasso hacia el poder absoluto. ¿Para qué lo querrá?

Alentado, además, por una CEOE mefistofélica a la que más de uno vende el alma, y que le anima a aprovechar el viento favorable de popa para ir a nuevas elecciones, casi sin tiempo de digerir las últimas, jugándose el tipo y poniendo en riesgo un gobierno progresista.

Lo demás son falsas excusas y fabricar una distinta cada día para no concluir un pacto de izquierdas.

Sin duda la CEOE quiere a un PSOE con poder absoluto para eso de las “reformas estructurales” que no admiten demoras. Ya saben. Más neoliberalismo de recortes, y lloviendo sobre mojado.

¿O piensan que la CEOE va a pedirle a Pedro Sánchez una política socialdemócrata?

Y Pedro parece que no quiere fallarles, una vez que les ha fallado Ribera. He ahí la madre del cordero.

Recuerdo de niño, cuando merendábamos pan con chocolate y nos sobraba un poco de pan (que ya no nos pasaba por el gaznate), antes de tirarlo, de forma inconsciente reflexionábamos sobre el hecho, casi un pecado, de tirar el pan. Entonces en un gesto simbólico de respeto a lo sagrado y a lo que cuesta ganar el pan (sangre, sudor, y lágrimas), le dábamos un beso y pronunciábamos una frase ritual que nos eximía de tamaño pecado: “Porque es de Dios” decíamos, y nuestra conciencia culpable se relajaba al tirar ese resto de comida.

En algún momento de nuestra más tierna infancia, alguien que conocía las penurias del hambre y la virtud de la sobriedad nos había enseñado a hacerlo así, y lo repetíamos como un gesto mecánico pero plenamente conscientes, aunque niños, de su significado.

Pues algo parecido ocurre con la oportunidad de votar y ser consultados. Hay que valorarlo como el pan el hambriento. Sobre todo en nuestro país.

Tengo entendido que hay países en Europa, más avanzados que el nuestro, que acuden al referéndum como quien va al dentista, y para los temas más variados. Y no se cansan. Es más, se consideran unos privilegiados.
Yo no sé la dentadura, pero la democracia estos ciudadanos parece ser que la tienen más sana que la nuestra y que les funciona mejor.

Ya sé que en nuestro caso no es igual (nos falta tradición y práctica) y que según defienden algunos, los tiempos ya no son blancos ni negros, sino grises, del color del metal, del “vil metal”, visto esto desde la perspectiva y altura noble de otros tiempos. Y esta grisura desalienta el noble ejercicio del voto.
Que los programas políticos, en coherencia con este desánimo general y esta devaluación de la democracia, ni se muestran ni se respetan (no todos obran igual y esto es lo que molesta a muchos). Que estando todo el pescado vendido, antes incluso de desembalar las urnas, deberíamos desistir de votar, gesto inútil, perder la esperanza y la confianza en nosotros mismos, y permitir que otros (los que saben o dicen saber) decidan en nuestro lugar.

Pero a mí eso me parece comida sintética, que no tiene sabor ni sacia el hambre. Un simulacro de democracia, una birria de comida. Tecnocracia al servicio de la plutocracia. Comida basura.

Hay que pensar por otra parte que así como los demócratas tenemos “representantes”, los tecnócratas tienen “jefes” y dueños que les pagan, y muy bien por cierto. Y uno nunca (o casi nunca), sobre todo si eres tecnócrata, muerde la mano que le da de comer. Mientras que nosotros podemos dejar de votar a quien nos ha decepcionado.

Esa es la diferencia entre “representantes” y “jefes”.

Opinamos algunos que no es que todo sea gris (como se nos quiere convencer), sino que las zonas oscuras no salen en la película. Y también opinamos que si se promueve tanto el “centro” no es por volteriana tolerancia (que esa está garantizada en una democracia sana y  bien constituida), sino porque hay mucha necesidad de disfraz. Otro día hablaré de esa topografía política del disfraz.

Y desde luego lo que no es sano es que unos partidos legales se declaren “constitucionales” frente a otros también legales que según los primeros no lo son: constitucionales. O que algunos partidos legales se consideren dignos de conocer los “secretos de Estado”, mientras que a otros partidos, también legales, los consideran indignos de tal privilegio, como si los primeros fueran los dueños (y además vitalicios) de ese Estado. No parece democrático. Y menos cuando todos sabemos qué partidos han sido condenados en los tribunales y pillados en flagrante corrupción, y cuáles no.

Y es que, como decimos, no todo es gris.

Por uno o por otro motivo, o por varios al mismo tiempo, no nos libramos de los términos clásicos de la topografía política: derecha e izquierda.

Aunque hay quien no le parece bien que haya “tantas” opciones, y prefiere que todo sea “centro”, una suerte de democracia orgánica, desecada y comprimida, en forma de cápsula, tan parecida al poder inamovible del viejo dictador como a la comida sintética e insípida de los astronautas.

De momento seguimos en tierra y con problemas terrestres. Es decir, con apetito.

Derecha e izquierda son términos que ya tienen unos cuantos trienios encima, más viejos que Matusalén, pero ahí siguen: útiles, con sentido y significado.
Esto es síntoma de que incluso en plena vorágine digital y en medio de una economía virtual que menudea estafas reales (cuando no acarrea depresiones económicas funestas), los problemas siguen ahí, a pesar de la posmodernidad, la inteligencia artificial, y el supuesto fin de la Historia.

El hecho de que términos con tanta solera sirvan para definir nuestra condición actual, sugiere que nuestra posmodernidad alberga en su seno un importante componente de antigualla. De hecho hay quien piensa que en lo esencial (los valores) hemos retrocedido al siglo XIX. Que mientras la inteligencia artificial avanza, la ética social y política así como el humanismo, retroceden.

¿Pero puede extrañar a alguien que hablemos aún de izquierda y derecha, cuando las brechas de desigualdad se hacen cada día más anchas y profundas y se le ha abierto la puerta de par en par al fascismo y la xenofobia? ¿O cuando hablamos de pobreza infantil y amnistía fiscal a un mismo tiempo, de precarios en vez de proletarios, y de pobreza energética en el Occidente inteligente y artificial del siglo XXI?

A mí no me extraña. Por eso me parece bien que me pregunten.

Por ejemplo, si me preguntan (pregunten, pregunten..) qué me sugiere esta noticia: “Bruselas detecta que el Supremo evitó elevar al TJUE más de 60 causas de interinos que piden plaza fija”, contestaría que lo que me sugiere es que vivimos en un escenario de inseguridad jurídica donde la independencia de poderes brilla por su ausencia, y dónde las estafas laborales se intentan camuflar. Y ya saben que la inseguridad jurídica es una de las características de los Estados fallidos.

También me sugiere que la empresa pública, llamada Administración, utiliza las mismas técnicas salvajes de explotación laboral que la empresa privada. Es lo que tiene el neoliberalismo, que se contagia.

Ahora bien, esa es mi hipótesis. Que luego cada cual tenga la suya, es lo normal y democrático.

¿QUIÉN MATÓ A LA IZQUIERDA?

Patronal

 

Ir a nuevas elecciones supone embarcarse en una lotería, dado lo impredecible de la jugada, y mucho más considerando que las encuestas aciertan bastantes menos veces de las que fallan. Hasta aquí todos estamos de acuerdo.

Se abriría también -qué duda cabe- un periodo de indagación sobre el responsable de este disparate, es decir, el autor del crimen, casi como en una película de suspense. Lo cual contribuiría a la incertidumbre del resultado, aunque lo cierto es que se cuenta con algunas pistas sólidas para aclarar el misterio. Veamos.

Así como en el fútbol todos somos “míster” (desde la barrera), y en las obras a pie de calle, “ingenieros” expertos, en este tipo de crímenes políticos todos somos un poco detectives.
Así que yo, en mi papel de un agnóstico y escéptico padre Brown (en homenaje veraniego al gran Chesterton), voy a dar mi propia versión de los hechos.

¿Quien ha puesto más difícil el pacto de izquierdas? O dicho de otro modo: ¿Quién ha matado con más saña esta oportunidad?

Tiremos del hilo de una de esas pistas fundamentales sobre el autor del despropósito:

A poca memoria que se tenga se recordará que Pedro Sánchez, tras escuchar disgustado y con mala cara las recomendaciones de su militancia (“con Rivera no”), con quién primero intentó pactar fue precisamente con Albert Rivera, y esto siguiendo la recomendación (casi una orden) de los poderes fácticos y sus medios de comunicación.

Entre la recomendación de su militancia votante, y la recomendación de los poderes fácticos, que no votan pero tienen dinero, prefirió lo segundo.

Pero Albert Rivera estaba duro de pelar, y en ello sigue, de momento. Se intentó la cocción a fuego lento, pero como si hablases con una tapia. Lo cual ha disgustado a los poderes fácticos que lo diseñaron y financiaron para ese propósito precisamente. Tal ha sido el fiasco que ha habido un cierto intento -poco disimulado- de hacerle la cama, y él se ha enrocado a la defensiva con sus más fieles.

Visto que por ahí no había mucho que rascar, Pedro Sánchez lo intentó con la otra derecha (si es que cabe discernir entre las tres o cuatro derechas que al día de hoy hay en nuestro país), la de Casado, pupilo de Aznar y socio de VOX (vaya mezcla), en eso que los más retrógrados de los neoliberales post-socialistas llaman “la gran coalición”. La cual alianza equivale a “todo para la plutocracia, nada para los demás”. O en símil futbolístico: “plutocracia 10, democracia y mundo del trabajo 0”.

Tampoco cuajó ese intento porque Casado estaba contento en su papel de líder de la oposición y aliado de VOX, así que ya a la desesperada Pedro Sánchez intentó pactar con la izquierda real, es decir, con PODEMOS. Lo cual se acerca más al deseo expresado por la militancia, que aunque no tenga el poder económico de los poderes fácticos, son los que sostienen los partidos políticos, base de la democracia.

Así como está claro que PP y CIUDADANOS son derecha-derecha que hace buenas migas con la ultraderecha de VOX, también está claro que PODEMOS es izquierda socialdemócrata y la única que puede introducir algún cambio en la deriva reaccionaria del neoliberalismo en boga. No cabe perderse en esa encrucijada si lo que se pretende es llegar a un pacto de “izquierdas”.

Pero estábamos en el interrogante clave de la cuestión: ¿Quién puso más difícil el pacto de izquierdas una vez comprobado que pactar con la izquierda era la última opción (por descarte de todas las demás) de Pedro Sánchez, pero no su principal deseo?

Analicemos someramente la oferta sanchista.

Lo primero que llama la atención en esa oferta “generosa” es que quisiera dejar fuera del acuerdo a Pablo Iglesias (vetado por los poderes fácticos, como es sabido). De hecho parece un chiste, porque ello equivale a despreciar el voto democrático y la legítima representación política. Se quiera o no, el líder de PODEMOS, democráticamente electo, es Pablo Iglesias.
Obviamente, para aceptar esa condición de veto que el PSOE quería imponer si o si, habría que haber dejado fuera también a Pedro Sánchez (en justa equivalencia), sustituido en el protagonismo representativo por un cargo intermedio o un “independiente” de la órbita del PSOE, pero no del PSOE.

La pretensión parece absurda, en uno y otro sentido, y solo indica que Pedro Sánchez seguía sin ganas de pactar con la izquierda, ya plenamente imbuido de las recomendaciones sectarias de los poderes fácticos.

PODEMOS intentó que el pacto no se malograse, y se comprometió a dejar constancia por escrito de que en determinadas cuestiones de Estado (ejemplo problema catalán) se sometía a la decisión del gobierno. Había voluntad de acuerdo.

El núcleo reivindicativo de PODEMOS tiene más que ver con la cuestión social y económica: derechos laborales perdidos en relación con las reformas laborales consecutivas (dos) de derechas (en esto coinciden con los sindicatos principales), derechos humanos, feminismo, ecología y cambio climático, etcétera.
Y así vemos que una de las consecuencias del paso fugaz de PODEMOS por el gobierno fue la subida del salario mínimo, uno de los más bajos de Europa, para vergüenza nuestra.

Por ahí va la propuesta de acción de gobierno de PODEMOS: fiscalidad progresiva (y no regresiva) en cumplimiento de nuestra Constitución; recuperación de derechos laborales perdidos; garantizar las pensiones como derecho indiscutible e inalienable; recortar las horas de trabajo para que trabaje más gente, sin merma retributiva; un mercado de trabajo más digno y humano; repartir las cargas de la crisis de forma más equitativa una vez que los autores de la misma (en realidad una estafa) no han sido penalizados, sino que se han beneficiado de sus fechorías; mantenimiento de los servicios públicos y defensa del Estado del bienestar, dentro de una política social contraria a las privatizaciones y a la socialización de las pérdidas de la empresa privada; no poner los servicios básicos y esenciales (ej.: energía) al albur de los tahúres del mercado, que además hacen trampas y constituyen monopolios, etcétera.

En definitiva una acción de gobierno progresista y socialdemócrata, es lo que propone PODEMOS, y lo que molesta a los poderes fácticos cuyos cantos de sirena son música celestial para los oídos de este PSOE, cuando no órdenes que no se pueden contradecir.

Intentando otra excusa más, el PSOE de Pedro Sánchez argumentó que eran necesarios otros socios incompatibles con PODEMOS. Lo cual se demostró falso.

Otra pista:
En perfecta sincronía con los globos sonda del PSOE, las especulaciones optimistas del CIS, y la amenaza estratégica de nuevas elecciones, la patronal retrógrada de la CEOE dijo estar muy ilusionada con esa posibilidad de nueva convocatoria electoral, ante la perspectiva de que el PSOE ganara votos y escaños, y en el convencimiento (basado en la experiencia) de que para el PSOE los deseos de la patronal son órdenes de obligado cumplimiento. Aquí ya las pistas y los indicios sobre el autor del crimen empiezan a quemar.

Con esto creo que ya se adivina que yo ya tengo mi candidato preferido y una cierta sospecha sobre el autor de este crimen.

En función del reparto de esas sospechas (cada cual es muy libre de sospechar lo que quiera y de escoger candidato), las posibles elecciones futuras pueden resultar bien, regular, o fatalmente para aquellos que las propicien. Nada hay escrito. Sin duda no hay interés en que la izquierda gobierne.

No solo es que no haya interés, sino que no le dejan. Ya dijo John Gray, apesadumbrado, que la socialdemocracia no es bien recibida en nuestro actual sistema plutócrata. Recuerden también que la plutocracia no es demócrata.

No debe olvidarse tampoco que un componente importante de ese resultado electoral impredecible es que en tan breve marejada como la que estamos recorriendo, postelectoral y preelectoral al mismo tiempo, ha habido tiempo y espacio suficiente para ver muchas promesas rotas y muchos votos traicionados. Con las urnas aún calientes.

Sin duda esto también influye.

 

BARBARIE: PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO

 

Grecia y pobreza

La palabra “barbarie” impresiona y asusta porque pensamos en un Atila desmelenado y una hierba agostada para siempre.

Sin embargo, y a pesar de sus lúgubres resonancias, “barbarie” empieza a ser palabra de uso común y muy útil. Ello es así porque los tiempos cambian, y con ellos los bárbaros.

Al hilo de esta posmodernidad nuestra tan extraña los bárbaros han cambiado de aspecto, son diferentes a los de otros tiempos, y casi parecen gente normal. No está fuera de lugar verlos como una suerte de funcionarios de la barbarie, tecnócratas del desastre, que acarrean malas noticias y peores acciones.

Que los bárbaros de hoy día no se parecen a los de antaño se demuestra en que ya no maltratan la hierba sino que la usan para jugar al golf. Aunque eso sí, la riegan con un agua cada vez más escasa. Es el contraste entre el hartazgo y la sed.

Este cambio de paradigma y de aspecto puede llegar a confundirnos.

Si nuestros antepasados pensaban en Atila, rey de los hunos, al escuchar este vocablo terrible, algunos ciudadanos civilizados de esta Europa nostra (sobre todo si esos ciudadanos habitan el sur) piensan en la “troika” y los “hombres de negro” cuando escuchan decir que vienen los salvajes. Entonces dan la voz de alarma (los más despiertos), ponen a buen recaudo a sus hijos más pequeños e intentan salvar algunos de los pocos bienes que les quedan, porque como es sabido esta no es la primera ni será la última razia de los burócratas del desastre. Una vez que los bárbaros le han cogido el gusto al saqueo, no paran hasta convertirlo todo en un enorme campo de golf lleno de agujeros al inframundo.

A los bárbaros de hoy día no hay que esperarlos, ya los tenemos dentro. ¿Cómo se les reconoce?

Son los que anteponen el imperio del dinero a la democracia legítima, la fuerza bruta a la fuerza de la razón. Lo cual, a poco que se piense, es una constante histórica de la barbarie, simple en sus acciones y directa en sus objetivos.

Pero como digo -y esto conviene no olvidarlo- pueden confundirnos las apariencias y las formas, porque los bárbaros de hoy día, que se duchan y perfuman con esmero, no siegan cabezas -al menos directamente-, pero niegan la mano a quien se está hundiendo, y sobre todo le ayudan con un empujoncito en la dirección del abismo que cavan bajo sus pies.
Como los más brutos de los brutos de antaño fabrican esclavos y les dan el nombre de trabajadores, declaran guerras estratégicas y reparten hambrunas tras marchitar el terreno. Va todo en el mismo paquete desolador. También por esto se les reconoce.

Es tal su poder destructor y la fuerza de su tóxico que hasta el equilibrio ecológico del planeta se tambalea. Nuestro punto azul en el universo empieza a dibujar unos puntos suspensivos. Esto ya son palabras mayores.

Levantan muros contra los huidos de la pobreza y los rigores del clima, lo cual demuestra que la barbarie no está reñida con la estupidez. ¿Qué altura deberían tener esos muros para contener y frenar la necedad de sus actos? Aunque mantienen la hierba de sus campos de golf impoluta, por donde ellos pasan crece la deforestación. En esto sí nos recuerdan a Atila.

Lo que hacen hoy igual que siempre (esto tampoco ha cambiado) es saquear y robar al por mayor. Arruinan regiones y naciones enteras de un día para otro, pero lo hacen sin necesidad de usar el caballo, lo hacen vía telemática, desde la poltrona o el yate, mediante movimientos desregulados del dinero virtual, que viaja obediente desde la cabaña de los pobres al palacio de los ricos. La técnica, otrora liberadora, se ha puesto a su servicio.

Otras veces compran políticos que se prestan, que al precio del mercado salen bastante baratos. A través de ellos el poder legítimo viaja (como el dinero) con las orejas gachas desde la confiada casa de los ciudadanos que votan a los consejos de administración de los altos emporios, que ni votan ni pagan impuestos.

Barbarie es por tanto palabra muy útil y necesaria, y de uso frecuente entre los analistas de nuestra situación (casi podríamos decir de nuestra revolución, política, social y cultural). Suele venir acompañada de otra palabra con la que hace juego, que es “descivilización”.

La gente que así se expresa y lucha por encontrar en el idioma apoyo para su perplejidad en un intento casi desesperado por describir la situación anómala que vivimos, suele ser gente despierta que ha dado muestras suficientes de inteligencia y perspicacia, lo cual nos mete a algunos aún más el miedo en el cuerpo, como cuando el que hace un diagnóstico y pronóstico de gravedad es un médico de prestigio.

También porque esas conclusiones preocupantes sobre nuestro presente y posible futuro, lejos de ser una especulación etérea, al hilo de un mal humor pasajero, vienen refrendadas por análisis lúcidos, razonamientos sólidos y datos consistentes, y en última instancia por los hechos. En este caso los diagnósticos de “barbarie” y “descivilización” corresponden a una perplejidad informada que acierta bastante.

Y tiene su mérito porque cada vez es más difícil diferenciar la realidad de su sombra. La fábrica de la  apariencia es cada vez más potente y sofisticada. Empezando por la distancia que mantenemos respecto de la Naturaleza y su deterioro, que es el ámbito de la auténtica y última realidad. El confort mientras existe, aísla. Y cuando deja de existir, caemos en la realidad. Hasta los bárbaros en ocasiones se ven sorprendidos por las consecuencias de sus actos: primero era solo un viento molesto, luego un huracán que todo lo barre.

Tenemos la sospecha de que si en un momento dado la capa fina de nuestra normalidad, que nos impide ver la realidad que subyace, tuviese el descuido de una grieta, la escena vislumbrada nos dejaría hondamente preocupados, tanto en términos de civilización como en términos de futuro. La distopía empieza a ser el futuro más probable.

Es esta facilidad para el engaño que embrutece y ciega lo que debe hacernos huir de los medios que controlan los bárbaros. Debemos diversificar nuestras fuentes de información y acometer aquellas que exigen un mayor esfuerzo, y también emplear en esta tarea un poco más de tiempo. Hay que leer más sobre lo que está ocurriendo, y afortunadamente hay un gran número de ensayos que despliegan ante nosotros, con todo lujo de detalles y datos, la realidad que se nos oculta.

Propongo para empezar dos ensayos de autores nuestros: “Contra todo esto” de Manuel Rivas, y “Estos años bárbaros” de Joaquín Estefanía, el que fuera director de El País.

Cambiemos de tercio sin cambiar de protagonistas.

En estos días de calor distópico hemos asistido al detalle tierno de una carta de amor.
Como los “bárbaros” también son presa de ternuras recónditas y afectos opacos, los neoliberales del PSOE han escrito una carta de amor (perfumada) a los neoliberales del PP, recordándoles todo aquello que les une: los viejos tiempos, las viejas corrupciones, las puertas giratorias, los secretos compartidos, el mismo catecismo, los mismos dueños, y en definitiva los servicios prestados en suave alternancia bipartidista a los que de verdad mandan.

En esa misiva platónica que tanto nos recuerda a Corín Tellado, no les piden que les devuelvan el rosario de sus respectivas madres, sino que traigan a la memoria los antiguos besos y las antiguas caricias, las mordidas apasionadas y las comisiones fogosas, y más concretamente -y ya bajando al plano de lo pragmático- les reclaman que así como ellos apoyaron e hicieron posible (sin ninguna necesidad de hacerlo) el gobierno de Rajoy, a sabiendas del pozo de corrupción que se ocultaba bajo sus pies, y a sabiendas también de la política feroz que ese gobierno quería llevar a cabo, siempre a favor de los poderes fácticos y en contra de los ciudadanos (a lo cual llaman ellos en su jerga particular y con solemnidad inflada “ética de la responsabilidad”), se impone ahora que ellos (los del PP del PPSOE), hagan lo mismo con el mismo fin, porque siendo ese el fin único y verdadero, no importa quién lo haga. Y es que al final el amor todo lo funde en un solo cuerpo místico.

El Pedro Sánchez de ese momento (como quien dice hace dos días) no quiso participar en ese contubernio, lo cual le honra y le valió el favor de la militancia, todavía socialista, porque en resumen aquella movida consistía en dar apoyo y sostén a un gobierno y a un programa rechazado por la mayoría de los ciudadanos (tres cuartas partes) e impulsado por uno de los partidos políticos más corruptos de Europa, condenado por ello en nuestros tribunales.

Sin embargo, poco después (qué rápido cambia la gente) pocos dudan que el candidato a presidente en apuros, Pedro Sánchez, ha dado el visto bueno a esta sorprendente y vergonzante misiva de amor. Ver para creer. Se tiran los tejos y ya sabemos quien es la Celestina.

A la voz alarmada de la militancia “con Ribera no”, Pedro Sánchez con sus gerifaltes en pleno responde con voz enérgica: “con la derecha si”. Como siempre.

 

LA ECUACIÓN

Pedro Sanchez y Albert Rivera

 

Al día de hoy la ecuación política que se presenta ante nuestros ojos asombrados (aunque curados de espanto) es la siguiente:

Pedro Sánchez intenta por activa y por pasiva traicionar el voto de sus militantes (“Con Rivera no”) y busca apoyos en la derecha-derecha (hasta tres), primero para su investidura, y luego para mantener y afianzar la política que le “sugieren” los poderes fácticos. Política que sería –obviamente- de carácter antisocial y de inspiración netamente neoliberal, para mí que un tanto desviada de la que el candidato prometió en su día a la militancia, cuando conseguir el voto (útil) era un poco más caro.

No es necesario decir lo que esto implica desde el punto de vista laboral y fiscal, o incluso desde el punto de vista del mantenimiento de los servicios públicos, cuya privatización y recorte fue impulsada por el PSOE en un pasado no tan remoto, en fácil y alegre concurrencia con el PP. Era el momento (con un nuevo PSOE) de reparar aquel pecado, pero parece que no es ese el futuro que alumbra.

En el otro extremo de esta ecuación equilibrista, casi un duelo que nos recuerda al western, tenemos a un Pablo Iglesias en horas bajas pero sereno ante la muerte, enemigo público número uno del establishment, liderando a un PODEMOS reducido en potencia, que intenta ser fiel a sus votantes (un clásico en su forma de actuar) y que defiende a capa y espada los postulados y objetivos de la socialdemocracia clásica, con todo lo que ello implica desde el punto de vista laboral y fiscal, y en clara oposición al pensamiento único de la barbarie en curso.

Y esto es lo que preocupa a los poderes fácticos, promotores y beneficiarios de esa barbarie única e insoslayable: que la defensa que se hace desde este partido maldito de una política social o socialdemócrata, es de verdad y no de mentira, es decir no se trata de un postureo preelectoral en busca del voto “útil”, sino del convencimiento firme y razonado de que en una democracia de verdad, el interés general de los ciudadanos debe anteponerse a las imposiciones e intereses de los poderosos que no pasan por las urnas.

Acostumbrados al doble lenguaje, la farsa, y la traición inmediata del voto (con las urnas aún calientes), esa actitud segura e impertérrita de los podemitas sobre el sentido y la dignidad del voto recibido, sorprende y molesta a muchos.

Para mayor agobio de dichos poderes fácticos, acostumbrados a mandar, el partido morado sigue mostrándose independiente de sus órdenes e inmune a sus regalos. Vaya por Dios, todo un contratiempo.

De hecho ya apunta maneras toda una corriente nostálgica del bipartidismo, que al ser fácilmente manipulable mediante corrupción, regalos, y prebendas (puertas giratorias incluidas), no daba tantos disgustos.

Así las cosas, para la mayoría de los medios (en manos de quién tiene el  poder económico de financiarlos) el malo malísimo de esta película es Pablo Iglesias, como era de esperar, y el bueno buenísimo es Pedro Sánchez. Lo cual a la vista de los hechos es cuando menos sorprendente además de opinable.

En medio de una operación de lavado de cerebro cada vez más burda y carente de matices, los ataques “personales” a Pablo Iglesias, a cual más retorcido y extravagante, rozan ya la histeria y acaban despertando incluso la hilaridad. Muchos al menos nos divertimos bastante ante tanto esfuerzo coordinado por dejar al líder de PODEMOS a la altura del betún. Es como volver al pasado. Todo un muestrario clásico de invectivas nefandas. Ya no saben que inventarse, y lo de la coleta ya cansa porque incurre en inquina infantiloide y pasada de rosca.

Todas estas campañas mediáticas perfectamente engrasadas, me recuerdan a aquellos tiempos rancios y deprimentes (de electroencefalograma plano) en los que a los adversarios políticos y diferentes de fe (pongamos que demócratas o judíos) se les pintaba con cuernos y rabo, o se les achacaba un olor especial, tal como explica lleno de crédula fe y torvo olfato el padre Francisco de Torrejoncillo en su imperdonable obra “Centinela contra judíos, puesta en la Torre de la Iglesia de Dios”, un monumento histórico de nuestro antisemitismo ancestral y de nuestra tontería beata.
Tan crédulos eran estos padres y curas nuestros, que le buscaban el “rabillo” a los tales judíos antes de quemarlos, y es que “Ravi” viene de “rabillo”.

Para nota. Alta teología.

Como respuesta ante tal despliegue de prejuicio y odio prospectivo, el partido morado sigue sensatamente en su sitio, es decir, defendiendo a sus votantes, y tan alejado (o eso parece) de la traición que se apresura a consultar a su militancia lo que haya de hacerse respecto a la investidura de este Pedro Sánchez, que nos lo han cambiado.

En esa ecuación desequilibrada (de momento) habría que buscar un punto de equilibrio, y así como el líder de PODEMOS parece dispuesto a consultar a la militancia sobre que hacer de cara a la investidura de Pedro Sánchez, “socialista de izquierdas”, este a su vez debería consultar a la suya con quién pactar para un proyecto de futuro “socialista” y de “izquierdas”, si con el CIUDADANOS de Albert Rivera y VOX, o con el PODEMOS de Pablo Iglesias.

Extraño dilema que alguna explicación oculta ha de tener.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: