EL “CHICO PARA TODO”: UN INVENTO LABORAL

 

 

 

La sombra de Cospedal -cual ciprés funerario- es alargada. No da cobijo a pájaros cantarines sino a tijeras de afilado vuelo, que no cantan pero cortan ¿Estamos hablando del pasado? Pues no.

Aunque de cara a la galería el progresismo oficial dice y proclama que reniega de aquellos recortes letales de la dama de hierro hispánica, lo cierto es que tras darles una capa de purpurina y remozarlos con retórica hueca, los aplican con igual rigor, si no más.

Tras el alivio de ver perderse por el horizonte a Mª Dolores de Cospedal y sus tijeras mortíferas, que tanto mal hicieron al servicio público y tanto bien al lucro privado, a uno, la verdad, le entraron ganas de dar la voz de alarma y gritar a los cuatro vientos: ¡Ojo! ¡Que vienen los progresistas!

Y es que los progresistas, de un tiempo a esta parte, sobre todo desde la tercera vía de Tony Blair y desde que Felipe González confesara que Margareth Thatcher era la niña de sus ojos y maestra sapientísima en artes marciales, no digamos desde la violación impúdica del artículo 135 de la Constitución por obra y gracia del inefable Zapatero, ya no son lo que eran.

El problema es que han dejado de serlo de tal manera que han amanecido plantados en el extremo opuesto. Un salto hacia la derecha en el espacio, y en el tiempo hacia el siglo XIX, que obliga a poner el prefijo de neo a todo el progresismo que ejecuten: neoprogresismo. Es decir, hacia atrás.

Por tanto no debe extrañarnos que quien puso las bases legislativas para la privatización de la sanidad en nuestro país, no fuera el PP sino el inefable PSOE. Aunque como es sabido en esta dura labor de desmantelar el Estado del bienestar (que es el único Estado que estabiliza al Estado) están muy compenetrados o incluso se hacen la competencia.

Paradojas de los nuevos tiempos y del nuevo desorden global, que antes que nada es un tiempo de máscaras y camuflajes, que lo que ocultan es un pensamiento monótono, y por ello mismo retrógrado.

Leo un artículo de prensa que da la voz de alarma sobre la escasez de médicos, y ve la solución en “inventarse” algo.

Inventarse algo para intentar solucionar un problema que en gran medida ha sido generado deliberadamente, es inventar dos veces: la primera, creando el problema, la segunda, patentando in extremis la solución. El invento que propone el SESCAM progresista se llama “chico para todo” y ya está inventado en otras comunidades menos progres, como Castilla y León. El nombre lo dice todo: flexibilidad, disponibilidad, elasticidad, y silencio. ¿Recuerdan aquella imagen de Charlot en su película “Tiempos modernos” cuando su cuerpo de maltratado currante se adaptaba como un chicle a los inhumanos engranajes de la maquinaria laboral? Pues de eso se trata.

Si el tal invento sale adelante, será la segunda oportunidad perdida -esta vez con muy difícil justificación- para adecentar la condición laboral de un personal sanitario esencial en la atención primaria desde hace más de 12 años, y al que se le deben servicios prestados en las peores condiciones (12 años como interinos y previamente un número variable de años como refuerzos), colaborando al sostén de una atención primaria que sin ellos se vendría abajo. Y es que el PP de Cospedal y Echániz ya intentó cerrar los PAC, pero lo que es imposible es imposible.

El personal PEAC  de la atención primaria del SESCAM, si hemos de seguir las indicaciones y la jurisprudencia de Europa (que creo es obligado) hace mucho tiempo que debería estar ocupando un puesto de trabajo decente. En vez de eso vemos que algunos de estos profesionales hacen guardias no de 24 horas, sino de 65 horas seguidas. ¿Cómo sobreviven?

Pues supongo que sobreviven pensando que viven en Europa y en el primer mundo, que siempre es un consuelo.

Estudios hay que describen lo que esto supone para la salud. Nada bueno. ¿Es normal que sanitarios que tienen que cuidar la salud de los demás, trabajen 65 horas seguidas perjudicando seriamente su salud? ¿Dónde está la Administración del SESCAM y el gobierno “progresista” de Castilla-La Mancha, que incluye a PODEMOS? ¿Dónde están los sindicatos o es que solo defienden los derechos de una clase de trabajadores? ¿Dónde está la Inspección de trabajo y los servicios de salud laboral? ¿Explicaría esto que muchos trabajadores abandonen el puesto de trabajo al límite de su resistencia, el exilio de muchos ante el maltrato, y la escasez de profesionales que tanto nos duele, o eso dicen?

A veces, cuando uno expone este tipo de vergüenzas o cualquiera otra distopía y maltrato laboral ante los sindicatos del sector, te contestan algo así como: ¿Y no será que el tal trabajador (maltratado) es “eventual”? Como si tal circunstancia fuese suficiente justificación para la indiferencia sindical ante el maltrato. ¿Es esto progreso? ¿Es esto progresista?

Y claro, siguiendo con esa lógica tan pedestre y tercermundista no debería extrañarnos que sea razonable estafar al sanitario interino, el cual, manteniéndolo en ese régimen de interinidad eterna (12 años al PEAC), cobra menos y tiene menos derechos que el fijo. ¡Negocio redondo!

Claro, esto visto desde la distancia de Europa parece cutre, no muy presentable, y casi delictivamente injusto. También es cierto que tras cada abuso suele esconderse un privilegio.

El actual modelo de organización de la atención primaria y de su atención continuada, que hoy hace aguas, intenta mantener a la desesperada un privilegio, que es la falsa libranza posguardia, computada y abonada como tiempo trabajado, pero solo al personal de consulta. Dado que no hay ni habrá nunca suficientes sustitutos (ni es sustituible legalmente esa ausencia) para cubrir las miles de nuevas libranzas que por este motivo se producen, se impone inventarse un parche, maltratar a alguien para conservar un privilegio. ¿Y quien más a mano que el médico o enfermero PEAC que ha soportado con resignación cristiana 12 años de discriminación y maltrato y aún soporta guardias de 65 horas?

Por lo general, se llega a situaciones irreversibles cuando tras cada crisis se patenta un parche. Los parches no solucionan las crisis, las prolongan.

Ahora, Comunidades como Extremadura, Castilla y León, o Castilla-La Mancha, donde el personal de atención continuada, desde siempre ha recibido un trato “diferenciado”, quieren “inventarse” algo y coordinadamente están imponiendo a toda prisa una metamorfosis casi kafkiana.

Te acuestas PEAC y te levantas “chico para todo”, con tus seis patitas al aire, boca arriba y atrapado, un híbrido entre el antiguo refuerzo y el ilegal correturnos, nocturno y diurno, de consulta (aunque sea la responsabilidad legal de otros) y de atención continuada, siempre disponible, para salir corriendo a cualquier lugar del Área, sin agenda laboral ni conciliación familiar posible, sin derechos de persona humana, ni siquiera la exención de guardias por cumplir los años (55) que a todos, más tarde o temprano, nos caen. Todo un invento.

¡Enhorabuena SESCAM! ¡Enhorabuena sindicatos!
Todavía estáis a tiempo de evitarlo.

 

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Modelos de atención continuada en Atención primaria

Os invitamos a conocer a unos profesionales (médicos y enfermeros) imprescindibles desde hace más de 12 años en la atención primaria del SESCAM.

Asociación PEAC

https://www.youtube.com/watch?v=NZA_-cL2nHQ

 

 

Berlanguiano: el humor como antídoto.

Luis-García-Berlanga

 

Sin quitar un ápice de seriedad al asunto, cuyas consecuencias ni unos ni otros han sabido calibrar con acierto (y cuando hablo de “unos y otros” y tiro del hilo de la madeja hacia su cabo lo que encuentro son unos políticos corruptos a los que conviene tapar sus fechorías), creo que el humor es siempre el mejor antídoto contra situaciones que han superado el umbral del mal rollo.

Después de todo, la carcajada y la risa no son sino la explosión de un aire atrapado entre pecho y espalda, que pone a prueba el vigor del diafragma, y que se emite casi como una ventosidad que nos libera de un aire retenido y malsano.

Lo mejor que uno puede hacer con todo lo que tenga que ver con nacionalismos, patriotismos, supremacías raciales y banderas, es reírse de ello.

Lamentablemente nuestra vida nacional siempre ha abundado en momentos aciagos y deprimentes (así el de ahora) que requieren, por una parte de humor para soportarlos con paciencia cristiana, y por otra de esfuerzo para corregirlos con ánimo civil. En este caso, el humor y el esfuerzo son compatibles.

Nuestros padres y abuelos tuvieron que bregar con lo suyo. Ahora nos toca a nosotros, pero sin humor todo intento de corrección puede volverse demasiado serio, o incluso traumático.

Hay un misticismo insano de la patria y la mejor manera de contrarrestar ese delirio místico es con el laicismo apátrida de la risa.

Por ello el humor de Berlanga, Gila, o Forges, que aplican a los guisos más indigestos un fino licor de hierbas, puede servirnos de ejemplo y guía para afrontar situaciones que tomadas en serio echarían a perder nuestra salud.

Vienen estás reflexiones a cuento de un artículo de El País (“La urna nacional: 9 escenas sobre Cataluña que podía haber filmado Berlanga”) en que para contrarrestar la información más tétrica y actual, se aborda el espíritu “berlanguiano” de ciertas situaciones vividas estos días. La rústica comicidad de estas anécdotas nacionales nos recuerdan tiempos pretéritos y escenas cinematográficas del gran director valenciano. Parece que el tiempo no pasa por nosotros.

Y dentro de esas anécdotas podemos ver por ejemplo esa cohorte disciplinada de fruteros extremeños (algunas de las disciplinantes con el mandil puesto) desfilando en fila india y besando la bandera, e intentamos no emocionarnos demasiado hasta el punto de no aguantarnos la risa.
Ellos mismos, que seguro son buena gente y nos proveen de sabrosa y rica fruta, al final estallan también en risas y vivas a todas las fuerzas de orden público. Y porque no había más.
El hecho llamativo de que muchos de ellos vistan de rojo no significa que no sean extremeños.

Vemos también -no sin sorpresa- la llegada marcial de la Benemérita a un pueblo catalán de 176 vecinos, y a los paisanos del lugar que con tranquilidad mediterránea y buena educación les dan a los agentes las buenas tardes (“bona tarda”), y a punto están de invitarles a merendar sentándolos a su mesa. Pero ellos, muy profesionales, empiezan por acordonar la zona, un tanto vacía, al parecer con intención de confiscar los votos emitidos. Entre cordón y cordón policial me parece ver qué queda atrapado un señor gordo que espatarrado en su silla se está comiendo un helado, o quizás esté durmiendo la siesta tras habérselo zampado.

Avancemos y veamos esta otra escena, entre clerical y leninista, mitad y mitad, en la que en medio de la celebración de una misa que no sabemos si es válida para ganarse el cielo, unos interventores-monaguillos hacen, al pie del párroco y casi bajo su casulla, recuento de votos de unas urnas semiclandestinas. Quizás son los mismos votos que buscaba la benemérita en la escena anterior.

Vemos también una imagen de unos antidisturbios, imponentes en su attrezzo, que vigilan y controlan a pie de mesa una partida de dominó. ¿Será un cruce cuántico de universos paralelos?

¿Hay algo mejor que estas escenas cómicas y epatantes para combatir, sin perder el humor, la influencia nociva de las patrias?

Busco en el diccionario de la RAE el término “berlanguiano” y no lo encuentro. Al parecer en 2009 el periódico “Las Provincias” puso en marcha una campaña para su inclusión en el Diccionario, pidiendo a “actores, eruditos, y usuarios de la web” una definición del mismo.

El actor Juanjo Puigcorbé dijo: «Dícese de la situación coral aparentemente caótica o esperpéntica donde los caracteres muestran o ponen en evidencia su monstruosidad sin categoría moral pero de una forma vitalista». No está mal.

Marta Sanz lo definió así: “Una mezcla de ironía, sal gorda y picante”. Salvador Sánchiz dijo: “Vocablo usado en el imperio austro-húngaro que significa valenciano escéptico y socarrón”.

 

Pat Metheny & Jim Hall – The Great Guitars

Pat Metheny & Jim Hall – The Great Guitars

https://www.youtube.com/watch?v=kpXsgiv0Jw0&feature=share

EL ESTADO MÍNIMO

Estado del bienestar

De vez en cuando el Estado mínimo da un discurso. Y hasta parece de verdad, de carne y hueso, casi lo puedes tocar frente a ti, a dos palmos de tu sopa de fideos.

Como si no supiéramos que en el fondo no existe, que solo es un espejismo, una entelequia de la distancia, una distorsión óptica de la realidad. Quizás el Estado mínimo nos habla desde la cálida playa de un paraíso fiscal, reconvertida mediante la tramoya y el truco audiovisual en un frío y serio despacho oficial.
De esta forma nos hacen creer que el Estado ha viajado desde las Bahamas a nuestro salón para hacernos una visita, o que nosotros hemos viajado hasta la luna en primera clase.

El Estado fue un invento de otro tiempo, que desapareció un viernes por la tarde sin avisar, y no de muerte lenta sino de un día para otro, por libre disposición de los que mandan. Un capricho de nuevos ricos.

Como quien se levanta una mañana con un deseo inconfesable entre ceja y ceja, y dice “hágase la luz”, confundiendo quizás las últimas hebras de un mal sueño con las primeras grietas de una realidad inverosímil.

“El problema es el Estado”, se decía con total seguridad, casi con arrobo de novicio. El Estado nos roba, el Estado nos cobra impuestos, se predicaba desde cada Tertulia abonada a la tarifa única del pensamiento plano.
Por tanto la solución no podía ser otra que acabar con el Estado, y el Estado mínimo no era sino el paso previo a la victoria final del Estado ausente. Una vez ausente el Estado, los problemas se resolverían por sí solos. Ese era el planteamiento escatológico de los fanáticos. Como ven, una nueva religión, una auténtica fe que la realidad empírica no ha confirmado.

¿Demagogia? ¿Populismo? ¿Posverdad?
No. Alta teología de las escuelas de negocios. Populismo si, pero de alto standing. Borrachera si, pero de whisky caro.

Pensaron los obispos de la nueva religión -quizás sin ninguna razón sólida- que tras desmantelar hospitales, y desmantelar colegios, y desmantelar pensiones y becas, comedores escolares y demás, las banderas del Estado permanecerían indemnes, en eterna erección patriótica. Pero no. En cuanto la gente piensa un poco y une los cabos sueltos, las banderas se desinflan o se enredan con el cable por el que baja el rayo.

Cuando se saquea un Estado y solo se deja la cáscara del protocolo, tiene más bulto que masa, y más apariencia que realidad.

Cuando a un Estado se le amputan las piernas se cae de culo, como todo hijo de vecino, y ya es difícil que se tenga en pie.
 

Como decíamos ayer

Rajoy corrupción

 

Como decíamos ayer, tras un breve paréntesis menos ancho que profundo (casi un abismo), estamos donde estábamos. Es decir, al principio.

Tras intentar el más allá estamos de nuevo en el más acá, o en todo caso no hemos avanzado mucho. Al menos en el sentido horizontal de quién persigue un horizonte, todo lo más en el sentido vertical de quién cae en picado. ¿Y esto por qué?

Habrá quien hable de “rémora” y de “lastre”, en todo caso de un peso muerto adherido a nuestra espalda y con el que no es posible avanzar. No hemos hecho del todo la transición de la dictadura, y ni siquiera hemos intentado la transición de la corrupción.

En cuanto a esta última, muchos pensaron que una vez más el tiempo haría su labor, y tras el olvido vendría la impunidad, el eterno retorno de lo mismo, la inevitable desidia de quien consiente. Pero no. Cada vez se consiente menos, y muchos ya no colaboran en la desidia. Esa falta de colaboración en la estafa es lo algunos se empeñan en llamar populismo. Que lo hay, pero no está ahí. Está en todo caso en determinadas Instituciones y en determinados medios manipulados.

Amén de otros asuntos. Dice Inés Arrimadas (entrevistada hoy por El País) que “el nacionalismo crece en los países enfermos, en los países que no funcionan”. Pues eso.
Pero ocurre que son ellos (junto al PSOE) el principal sostén de ese morbo, y el principal alimento para esa enfermedad.

El nuevo equilibrio del desorden global sigue sin echar raíces, ni siquiera en lo local. Más que reunión hay disolución. Nuevos átomos de soledad, repetidas ráfagas de violencia. No todos ven el futuro de la misma forma, ni comulgan en el  pensamiento único del capitalismo salvaje.

Como si el nuevo sistema fuera eso: violencia con intención de unificación. O de clasificación. Un nuevo feudalismo. Y lo que produce, paradójicamente, es disgregación. Una nueva confrontación. Un nuevo desorden a escala global.

Los efectos de la corrupción prevista (una constante inevitable del sistema, según algunos) son cada vez más duraderos y están más presentes. Quizás porque esta vez la corrupción y la miseria que arrastra fue gestada con intención de futuro, de epílogo de la historia, de solución final. Y al final no hubo solución ni tampoco hubo final, sino un presente siempre inestable, asfixiado bajo su peso muerto, y agitado por su falta de futuro.

Cargamos con un pasado inmediato (mas otro que viene de atrás) poco recomendable, como quien carga con un saco de patatas echadas a perder. Intentamos ventilar el almacén e intentamos desconocer lo que sabemos. Pero es imposible.
No conseguimos homologarnos. Seguimos diferentes.

Se dice que todo depende de la dosis. Y esta vez la dosis se ha superado con creces.

Intentar digerirla es intoxicarse.

 

 

Emociones

Emociones

 

Últimamente se habla mucho de odio y no precisamente desde una actitud amorosa, ni siquiera justa.

Es este un término que ha entrado con fuerza en el lenguaje político del momento, y además con decidido ánimo diagnóstico y diferenciador.

Que el que dice amar sepa detectar y diagnosticar tan fácilmente y sin ninguna duda el odio ajeno, ya llama la atención de propios y extraños, en primer lugar porque el amor inmuniza contra diagnósticos tan exactos, y también porque las emociones son patrimonio del alma y el alma es algo muy personal.

Y esto sin entrar en otras consideraciones oportunas como que, llevados de esta manía psicoterapéutica, podemos confundir el odio con lo que es una justa reivindicación de derechos y necesaria denuncia de abusos. Lo cual, a los que tienen por costumbre pisotear esos derechos y practicar esos abusos, les viene muy bien.

¡Que hubiera sido de la humanidad si siempre los oprimidos hubieran amado pánfilamente a sus opresores! No habríamos progresado nunca y la Europa del ancien regime sería la Europa eterna de ahora mismo, tan moderna y tan rancia.

Pero así somos, todos sabemos de fútbol y todos somos psicólogos improvisados, con un inexplicable talento (sobre todo cuando la vox populi ayuda) para detectar en el prójimo los síntomas más insospechados y preocupantes. Nosotros, que siempre somos ecuánimes y libres de cualquier baja pasión, somos los más indicados para diagnosticar quien odia y quien ama, según parece y según lo que aparece en la TV oficial.

Más que está pericia repentina me preocupa lo fácil que es propagar en la sociedad determinados tics mentales que nos alejan del hombre y nos acercan al loro, o si se prefiere, me preocupa la docilidad con que encajamos determinados mensajes psico-políticos-patológicos. Porque claro, toda pasión tiene algo de “pathos”, y sin duda el que piensa de forma distinta es porque siente de forma desviada, y por tanto no es muy normal ni en sus sentimientos ni en sus preferencias políticas.

Pensar, por ejemplo, de forma inexplicable y extraña, que llevarse el dinero de todos a un paraíso fiscal no está bien, solo puede deberse a un virus, y además contagioso. En sí misma, esa desacostumbrada rareza lo dice todo.

¿Acaso lo de “podemita”, dicho con verdadero amor, no suena a “extraterrestre”?

Al parecer, cuando el ciudadano de a pie contempla estupefacto las idas y venidas de nuestra corrupción nacional (que no caduca), permanece sereno y complaciente como corresponde a un súbdito bien entrenado, y son otros los que vienen luego y mediante demagogia calculada le enardecen los ánimos y le despiertan de su letargia patriótica.

Que esta forma de ver el asunto se considere coherente y vendible, indica hasta qué grado de comedura de coco hemos llegado. Patético.

El estar sujetos a estos automatismos de rebaño, a estas modas pasajeras, en cuyas encrespadas olas se agitan y se diagnostican con extrema facilidad populismos y odios, indica que si bien la información es libre no siempre hacemos uso de esa libertad, y preferimos que nos indiquen lo que tenemos que pensar. Es más fácil y más normal.

¿En qué cabeza cabe dudar que el que estafa al prójimo es por amor fraternal y que el que saquea el patrimonio público es en un acto de heroico desprendimiento?

 

Autoridad moral

Bárcenas y Rajoy

Era de suponer, visto el derrotero que han ido tomando nuestra política, nuestra economía, y demás altas instituciones a juego (decorosas por supuesto), que llegaría un momento, como de hecho ha llegado, en que allí arriba, en la estratosfera del poder, no habría nadie con autoridad moral para inspirar una pizca de confianza.

Del rey abajo ninguno, y del rey arriba tampoco.

Algunos hemos ido descreyendo en la misma medida en que nuestros representantes abusaban de nuestra buena fe, y así, paso a pasito, episodio tras episodio nacional, hemos ido cayendo en un agujero de negro escepticismo, quizás reversible, quizás no. Todo depende de si se toma conciencia del mal y hay intención de resolverlo. De momento ni una cosa ni la otra.

Entre pelotazos, saqueos, rescates bancarios, amnistías fiscales, y demás crisis sobrevenidas de repente que ¿seguro? nada tienen que ver con los actuales “recortes” de la “la cosa pública” (“cosa” que es la única cosa que nos une), nos hemos quedado sin “referentes” y sin “autoridad moral” que nos inspire confianza o un resto de esperanza en el buen hacer de los que tienen que velar por el bien público.

Y sin confianza no hay unión ni unidad, y sin esperanza no hay ánimo civil, de la misma manera que sin coherencia solo hay desbarajuste social y político.

Habrá otro tipo de autoridad, legal, política, policial o militar, habrá incluso miedo, pero sin la autoridad moral, sin la verdad de los comportamientos como referente compartido, dicha autoridad, por muy trabajado y trabado que sea su mecanismo, quedará envuelta en una niebla de mentiras que la desvirtúa y la torna fofa.

Ni Rajoy, colega de Bárcenas and company, ni una monarquía costosa y entregada a negocios poco claros, ni una clase política afectada gravemente por la corrupción y el privilegio (incluso cuando para los demás ciudadanos todo son recortes), inspiran el respeto de quien debe su  “autoridad moral” a sus comportamientos coherentes.

Llegan las crisis (de todo orden) y pedimos a los ciudadanos un esfuerzo, una unión, una unidad, un sacrificio, un patriotismo, en resumen un comportamiento digno que no hemos sabido fomentar y cuyo ejemplo no hemos dado.

Y cuando hablamos de moral (de la que hoy, por cierto, está muy mal visto hablar) no hablamos de moralina y aparato, ni de moral religiosa en el orden judeo-cristiano, ni de ninguna otra moral que no sea la relativa, cambiante, compartida y civil, en la que lo que se exige a los demás, en cumplimiento de las leyes, es lo mismo que uno se exige a sí mismo.

¿Pueden reclamar el cumplimiento de la Ley los mismos que la incumplen?

Pongamos como ejemplo la amnistía fiscal y preguntémonos: ¿irradia autoridad moral?

Sigo opinando que el descrédito intencionado de “lo público” (eso que nos une), junto a su deterioro via recorte, están en el origen de la actual crisis multiforme por la que atraviesa España, e insisto en que el egoísmo antisocial y suicida de los radicales de la neolibertad, une más bien poco y está fomentando, junto a la corrupción, el deterioro de la trama social que nos mantenía unidos.

La corrupción, el saqueo, la estafa, la mentira (tan difícil de mantener hoy), son un pésimo pegamento para una sociedad, y lo único que hacen es incrementar las tensiones centrífugas y las tendencias disolventes.

¡Recordemos!

En el origen del 1-O está la corrupción, y esa no se resuelve con banderas, de la misma forma que el patriotismo no se promociona llevándose la pasta de todos a un paraíso fiscal.

 

CARTA ABIERTA A LA DIRECTORA GERENTE DEL SESCAM: MODELOS

Modelo eficiente APEACCLM

 

“Cuando el río suena, agua lleva” dice el refrán, y cuando tantas voces hablan de malestar en la atención primaria del SESCAM, es que algo pasa, y lo que pasa no pasa desapercibido.

Se habla de deterioro, de desastre, de mala organización, de irregularidades, de abandono de objetivos, en lo que es la base de todo sistema sanitario: la atención primaria.

El personal PEAC del SESCAM (por mejor nombre: personal estatutario de atención continuada), que acoge en su seno a medic@s y enfermer@s de atención primaria en el ámbito de Castilla-La Mancha, está movilizado por cuestiones laborales y organizativas desde hace tres meses, y casi en pie de guerra –todavía no- desde hace uno. Tiene por bandera la defensa de la sanidad pública y la búsqueda de un modelo nuevo en el que la coordinación de las dos funciones propias de la atención primaria: consulta y atención continuada, favorezca la presencia del médico de cabecera en su consulta, evite las listas de espera, y recomponga un engranaje roto.

Dirán ustedes que les importa poco o nada (tampoco a los sindicatos) las vicisitudes laborales de un colectivo profesional (800 en Castilla-La Mancha) de nombre extraño, y que lo primero que habría que aclarar para ver si el tema merece la pena es que es eso de la “atención continuada”.

Pues ya que lo preguntan les diré que la atención continuada es la atención sanitaria que se les presta a ustedes, como usuarios, en los servicios de urgencias de los centros de salud coincidiendo con el cierre de las consultas, por parte de medic@s y enfermer@s de atención primaria (medic@s de familia y enfermer@s), y por tanto hablamos de una asistencia prestada en un horario bastante más prolongado que el propio de las consultas: 17 y 24 horas de cada día laborable y festivo, respectivamente, frente a las 7 horas de la jornada ordinaria que dura la consulta. Mientras estas están abiertas, sus titulares son los responsables de toda asistencia que demande su cupo de pacientes. Cuando estas se cierran, el PAC (servicio de urgencias) entra en funcionamiento con una responsabilidad igual pero hacia todos los cupos de pacientes de la Zona.

Si de cada día laborable en la atención primaria 7 horas son de consulta y 17 horas de atención continuada, y si en cada festivo o fin de semana las 24 horas de asistencia corresponden a atención continuada ¿importa la atención continuada?

Así visto y mientras la asistencia sanitaria nos importe, parece que la “atención continuada” soporta gran parte del peso de la atención primaria, nos toca de lleno y durante bastantes horas de cada día, y no es tema baladí. De hecho la manera en que se gestione y organice nos va a afectar directamente a todos, incluidos los sanitarios, que también somos usuarios y pacientes. Por otra parte, puede hablarse con toda propiedad de “atención continuada” porque lo que antes eran “guardias” hoy son consultas a destajo que en los malos modelos duran 17 y 24 horas seguidas (o 65 horas) a cargo de un mismo profesional.

Pues bien, resulta que más allá de un arco de matices menores que no vienen al caso, existen básicamente dos modelos para organizar la atención continuada en los servicios de urgencias (PAC) de los centros de salud: el modelo que nuestro colectivo llama modelo bueno o tipo 1, en el que los turnos de guardia son más cortos y por tanto saludables (el agotamiento de los sanitarios no es aconsejable), con una repartición de funciones o de turnos claramente definida entre el personal de consulta (EAP) y el personal de atención continuada (PEAC), de tal manera que no se generan esas falsas libranzas (en puridad legal son descansos no libranzas) del día siguiente a una guardia, cuestión esta clave pues es la que determina esas listas de espera para obtener cita en consulta que ustedes padecen, y que no son de recibo ni se corresponden con la propaganda oficial (casi euforia) del gobierno de marras.

Quieren ustedes que les vea su médico de cabecera porque tienen fiebre y se sienten mal y les responden que les dan cita para dentro de 7 días (¿dónde estará la fiebre o el enfermo que la padece para entonces?). O acuden a su consulta a las 11:00 a.m., sin cita porque es difícil obtenerla, y porque se han levantado -sin proponérselo- con un mareo extraño y cortejo vegetativo, quizás un vértigo, quizás otra cosa más grave, vete tu a saber, y allí mismo en el filtro administrativo del mostrador, donde se cría un ojo clínico que para sí quisieran los facultativos más avezados, les dicen sin dudar que se esperen a que abran las “urgencias” a las 15:00 horas, tiempo suficiente para que se confirme de manera empírica y definitiva si el mareo es leve o letal.

Lo cual quizás tiene relación con el hecho de que cuando abren las “urgencias” del PAC hay cola de pacientes y es como si se abrieran las compuertas de una presa a reventar, ya que de repente y con puntualidad británica los teléfonos de urgencia empiezan a sonar informando de casos “graves” que una o dos horas antes eran casos “leves”. Un auténtico desbarajuste y un auténtico riesgo para ese filtro administrativo que diagnostica con tanta alegría sin contar con el auténtico responsable, el médico, y cargando con una responsabilidad que no le corresponde.

Consecuencias todas ellas de un mal modelo organizativo (por eso lo llamamos modelo malo o tipo 2) que genera “libranzas” que en realidad no lo son, pues se trata de “descansos”, que sin embargo se computan y abonan –presuntamente- como trabajo realizado (no pregunten por qué, pero ya les digo que es práctica que como poco parece irregular), libranzas que se traducen en consultas cerradas y listas de espera. En resumen, deterioro de la atención primaria y distorsión, casi burla, de la función natural y objetivos de la medicina de familia.

¿Hay alguna manera de evitarlo?

Pues hay varias mientras no sean parches, y tan sencillo como querer, pero no se quiere. Al menos en nuestra comunidad de Castilla-La Mancha se prefiere el modelo malo, y sin embargo no encontrarán quien lo argumente con alguna lógica asistencial o económica. Detrás de esta sinrazón solo encontrarán intereses que no tienen nada que ver con el interés general, y una Administración y unos sindicatos que no hacen nada por evitarlo. Es triste decirlo.

Recientemente un profesional de atención primaria manifestaba su queja en un artículo que suscribo en parte pero no en su totalidad, y proponía como solución uno de esos parches imposibles para un problema mal planteado. Venía a proponer la reintroducción del “correturnos”, figura de dudosa legalidad y económicamente ruinosa (ya conocimos y padecimos esa ruina), pues ha de pagársele al correturnos (en el caso de las libranzas posguardia) la jornada ya abonada al titular (aunque no la trabaje), lo cual constituye un pago doble que maquilla una jornada incumplida.

Además, desde el punto de vista laboral esta especie de “sustituto de cabecera”, correturnos, o chico para todo, siempre disponible, es esencialmente cutre.

Otras comunidades autónomas (Madrid, Navarra…) han optado por el modelo que con optimismo de futuro llamamos bueno, entre otras cosas porque es muy difícil ocultar durante mucho tiempo la evidencia, que no es otra que la obviedad de que no se puede mantener con dinero público un modelo que pone los intereses particulares por encima del interés general, que paga un trabajo que –presuntamente- no se realiza o lo paga dos veces a través de una falsa sustitución, que incrementa las listas de espera con cierre de consultas (en mi centro se cierran 180 consultas médicas al año, que están presupuestadas para estar abiertas; 65.000 horas de trabajo no trabajadas en el primer semestre en Guadalajara), y que en resumen es todo el un disparate de gestión y despilfarro.

El modelo bueno o tipo 1, que evita todos estos males o los reduce en la proporción correspondiente, no tiene más secreto que el establecer funciones y personal diferenciado, a cargo de la consulta unos (que la abrirán todos los días laborables del año), y a cargo de la atención continuada/urgencias otros, modelo que ajustándose a la legalidad de las jornadas y los descansos no implica cierre de consultas, ni deterioro de la asistencia, ni manejo dudoso del dinero público.

Dentro de este modelo bueno está también la posibilidad de que el personal de consulta (EAP) haga guardias pero en turnos cortos (hay quien las llama microguardias), tras el cierre de las consultas, hasta las 20:00, de manera que respetando el descanso de 12 horas entre jornada y jornada, al día siguiente abrirá su consulta a las 8:00, cumplirá su jornada ordinaria de verdad, y de 180 consultas cerradas por este motivo en un año pasaremos a ninguna. Esta diferencia entre 180 consultas cerradas de medicina (habría que sumarle las propias de enfermería) a ninguna, es lo que determina que el modelo que propone nuestra Asociación profesional, PEAC de Castilla-La Mancha, sea el bueno.

En estos pocos meses nuestra Asociación ha visto como más de 300 profesionales de toda Castilla-La Mancha se inscribían en ella, prueba de que hay problemas sin resolver y tarea por delante. Lo que pasa es que enfrente tenemos un búnker de esos que recuerdan otros tiempos.

Dado que el problema que ponemos sobre la mesa es un problema a nivel nacional, donde otros profesionales homólogos de atención continuada están haciendo la misma denuncia, hemos elaborado un mapa de distribución según comunidades autónomas de los dos modelos, el bueno y el malo. Ese gráfico de modelos va en el enlace que pongo al final. Adjunto también un estudio de costes y eficiencia de la atención continuada en la atención primaria, que tiene que ver con este debate de modelos.

Llama la atención que varias de las Comunidades autónomas que han optado por el modelo malo, cuya principal característica es que pone determinados intereses particulares y estrechos por encima del interés general de la población, sin duda más importante, estén gobernadas por el PSOE, de cuyo ideario teórico cabría esperar justo lo contrario.

En este tema, los nuevos partícipes en el gobierno de CLM (los representantes de Podemos) tienen la oportunidad de intervenir como factor corrector, o como simples palmeros. Por eso desde aquí les convocamos (como al resto de partidos) a que sea en beneficio del interés general y marquen la diferencia.

¿Y los sindicatos que dicen? Pues es que los sindicatos mucho nos tememos que son juez y parte.

Dicen, eso si, que no nos falta razón, pero que es un tema complejo que va en contra de determinados hábitos y costumbres, inercias que impone la tradición, y que quizá a medio o largo plazo pueda resolverse y derive hacia el modelo bueno…. Quien sabe.

¿Paciencia?

¡Claro! ¡Paciencia y listas de espera!

 

Posdata:

Modelos de atención continuada a nivel nacional

https://drive.google.com/open?id=0Bzd2yHnEcZOtYjhYRGhDRk1JdkE

Gestores avispados defienden el modelo bueno (tipo 1)

http://www.smnavarra.org/wp-content/uploads/2014/03/Diario-de-Noticias-26-de-febrero-de-2014.-carta-Yurss.pdf

Costes y eficiencia de la atención continuada en la atención primaria

https://drive.google.com/open?id=0Bzd2yHnEcZOtcHNEMjBKVHdua0E

 

Extinciones: todo se acelera

Niños del pico-zorro-zaina

Pienso a veces que la aceleración del tiempo puede ser ilustrada y demostrada por dos hechos igualmente deprimentes: el ritmo de extinción de las especies vivas, y el ritmo de extinción de los juegos infantiles. Si lo midiéramos por estos raseros, la velocidad de los tiempos que nos ha tocado vivir, la aceleración hacia el futuro, sería una deriva decadente y más bien triste.

Podría argumentarse que los juegos infantiles que van cayendo en el olvido, a veces por desaparición del escenario natural de los mismos, son sustituidos por otros nuevos fruto de un nuevo escenario. No lo se. No se si los niños salen hoy a la calle como salíamos antes, creo que no, o si salir a la calle de aquella manera de entonces determinaba que los niños aquellos fuéramos distintos, como moldeados en un ambiente que ya no existe.

Si que recuerdo que salíamos a la calle de forma bastante autónoma y liberal, sin padres ni carabina. Creo que ahora los niños pasan más tiempo en casa, y ya no se escucha tanto aquella admonición materna -que era casi una orden- de: “iros a la calle que me tenéis hasta el moño”.

La verdad es que antes se mandaba a los niños a la calle sin demasiadas angustias ni aprensiones. Incluso los mas pequeños empezaban pronto a patearla bajo la tutoría transitoria y fugaz de algún hermano mayor, que sin embargo también era un niño. Eran otros tiempos, no muy lejanos pero si bastantes distintos.

Lo cierto es que extinciones siempre ha habido, tanto de juegos infantiles como de especies vivientes, pero lo que debe preocuparnos es el ritmo de estas extinciones, es decir la velocidad que ha atrapado y arrastra a la sustancia de la vida. Este ritmo endiablado que todo lo domina y que nos tiene a todos sin sosiego ni asidero posible.

La vida es animada, si, pero una cosa es estar animado y otra muy distinta es estar fuera de si, desintegrándose. Y es que si no estamos integrados, alma y cuerpo, ser viviente y medio ecológico, vamos a la desintegración, es decir, al desastre.

Todo se ha acelerado.

Visité no hace mucho una exposición sobre Cervantes en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Allí, detrás de una vitrina, llamaron mi atención un par de peonzas de los tiempos del gran literato, con su cuerpo de madera y sus puntas de hierro oxidado, tan parecidas a las que yo usaba de niño que me sorprendió y casi diría que me emocionó. Recordé aquellas peonzas mías de pico “cigüeña”, de pico “garbanzo”, y las franjas de colores que les pintábamos para que fueran más vistosas. Al parecer los egipcios ya las pintaban. Pensé entonces que el tiempo en que los niños han jugado a la peonza se mide en siglos, desde un niño egipcio a un niño español de los años 60 y 70, y sin embargo hoy ¿se han extinguido? ¿cuántos niños se ven hoy en la calle jugando a la peonza?

La misma emoción o sorpresa puede experimentarse cuando se lee el Satiricón de Petronio (siglo I después de Cristo), y encuentra descrito en sus páginas el juego de “pico-zorro-zaina” que jugábamos en nuestra propia infancia. Creso se sube de un salto a la espalda de Gayo Trimalción, a modo de cabalgadura, y dándole golpes en la espalda al tiempo que extiende los dedos de una mano, le pregunta ¿cuántos hay?.

Hay un hecho notable que a poco que nos intrigue no nos debe dejar de preocupar: según investigaciones bien planteadas, asistimos en el momento presente a una extinción en masa de especies vivas en el planeta, que sería la sexta de su serie. Les recomiendo la lectura de “La sexta extinción”, un libro de Elisabeth Kolbert.

Lo especial de esta sexta extinción es que asistimos a ella no sólo como testigos (y sería la primera vez, ya que no fuimos testigos de las cinco precedentes, la última y más famosa de las cuales acabó con los dinosaurios), sino como autores y protagonistas, según opinión bien fundada que merece todo crédito.

Al respecto se plantean distintas posibilidades:

Que seamos solo testigos impotentes ante ella. Que seamos autores inconscientes o irresponsables de la misma. Que en esta gran matanza en curso sólo seamos verdugos, o que también seamos finalmente y de forma irremediable víctimas.

Víctimas y verdugos al mismo tiempo, poderosos y fatalmente frágiles en un mismo y quizás último acto.

Del antropocentrismo como ejercicio del narcisismo más ciego e insensato, hemos pasado casi por necesidad lógica y evolutiva a dar nombre a una era, el antropozeno, que da cuenta de nuestros desmanes e irresponsabilidad contra la realidad viva de la que formamos parte: el planeta y la vida que alberga.

Del humanismo renacentista y liberador hemos pasado al terrorismo ecológico vía capitalismo desregulado y salvaje, que sin embargo tiene tan buena prensa que lo llaman “libertad”. Queda más bonito sin duda con ese nombre, pero su efecto tóxico es igual de letal. Si no lo remediamos la Naturaleza acabará demostrándonos que tomarse determinadas “libertades” con ella no sale gratis.

También la antigua Unión Soviética ejercía el terrorismo ecológico a gran escala desde su planificación regulada. Pensemos en Chernóbil.

¿Que cabe concluir de todo esto, y del fracaso de modelos tan dispares, aparentemente opuestos, en el fondo gestionados por una misma idea del progreso, insensata, egoísta, mecanicista, e irresponsable?

Pues que vivimos sujetos a un paradigma infantil, del que es propio no tener conciencia de los límites.

En esta relación del hombre con su medio, Occidente era una cara de la moneda, y Oriente la opuesta. ¿Puede decirse ahora lo mismo?

Si por algo se trabaja hoy a gran escala en el planeta es por un modelo único de pensamiento, por un gobierno del mundo no solo en el plano político sino en el plano ideológico.

Hemos pasado de lo prometeico desatado y la razón liberadora, a lo primitivo fetichista. Hoy nuestros fetiches preferidos son El Progreso (con mayúsculas) y la Tecnología que todo lo puede. De este poder omnímodo que se le supone a la Tecnología se espera que nos salve en el último instante de nuestras aceleradas tropelías. Porque de alguna manera si somos conscientes de que no lo estamos haciendo demasiado bien y nos dirigimos a una especie de límite o de fin. Aunque sabemos que hay que corregir la trayectoria, no tenemos demasiada prisa en hacerlo, o sencillamente no sabemos cómo hacerlo.

Por lo pronto, y en base a la evidencia de que el futuro será ecológico o no será, cabe concluir que se necesita la creación de un nuevo humanismo que antes que nada sea adulto, y sepa y comprenda qué es el hombre y cuál es su relación con todos los demás seres vivos, y en general con el planeta.

Por ejemplo que sepa que si el hombre es un animal que respira, no es por inspiración divina sino gracias a un alga verde-azulada.

Que comprenda que el conocimiento de las múltiples dependencias y relaciones que mantiene con su entorno, no lo hacen más poderoso, sino más frágil y por ello más sabio. Que asuma que es parte de un todo orgánico del que no se puede independizar, y que debe conocer, respetar, y preservar.

Somos un animal frágil y a la vez potente, capaz de cambiar el clima y padecer ese cambio.

 

POSDATA: PLANETA TIERRA 2017 Documental Completo 2 Hs en Alta calidad 1080p

 

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