El filósofo de los “listos”

Abascal cabalga de nuevo

 

Un filósofo que llama “tontos” a los que no piensan o votan como él, se mete en un jardín que lo aleja no solo de Epicuro y la sana filosofía, sino que lo enfila directamente al fanatismo.

Más razonable es que hubiera aplicado ese calificativo poco meditado y bastante perdonavidas, a todos los que se han dejado engañar dócilmente por las mentiras fabricadas en las cloacas del Estado. Eso sí es una inercia borrega.

Claro que si da por bueno el apoyo instrumental de VOX para sus fines superiores (salvar a la patria… otra vez… prietas las filas), a lo peor da por buena también la mafia policial, los pucherazos “liberales”, la corrupción ubicua y persistente, las cloacas y las mentiras, como medios dignos a los que los más altos fines se adaptan. Mucho estómago hace falta.

Si además ese filósofo llama “mugre” política, no a los corruptos que han saqueado y hundido al país, sino a quienes denuncian y combaten esa corrupción, demuestra que está muy alejado del sentido de la justicia y es bastante inmune a un mínimo de vergüenza.

Si abundando en el tema confiesa que una vez “limpien” el panorama de indeseables que no piensan (o votan) como él, debatirá amigable y racionalmente con VOX en ese páramo de limpieza prístina, demuestra un sentido de la higiene bastante turbio y muy próximo al totalitarismo que dice combatir.

Nunca es tarde para llevarse una decepción.

Posdata: Antón Losada y la comida de Osborne. https://www.instagram.com/p/Bv5_G-mFQF0/?utm_source=ig_web_button_share_sheet

 

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Inconsistencia

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Una cosa es la flexibilidad y otra la inconsistencia.
La primera permite adaptarse al terreno y las circunstancias sin cambiar de rumbo.
La segunda carece de rumbo y finalidad.
La primera tiene en mente unos objetivos claros, que si hablamos de política han quedado definidos en un programa y han sido propuestos y/o respaldados por una militancia. La segunda es solo un despliegue de gestos, precisamente inconsistentes y contradictorios.

Sin duda en el breve periodo de liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE, y en su aún más breve periodo presidencial, han abundado los gestos que no se han materializado en nada sólido, o en muy poco. Han abundado las contradicciones y también las renuncias a lo que parecían objetivos claros y fundamentales, por ejemplo suprimir las reformas laborales que han propiciado el precariado laboral y la desigualdad social extrema, y que el PSOE (el que precedió a Pedro Sánchez) y el PP, alumbraron conjunta y sucesivamente, inspirados por una misma ideología de raíz neoliberal.

Recientemente se ha venido a decir incluso, por uno de los colaboradores de Pedro Sánchez, que la reforma laboral no se tocará sin el permiso de la patronal. Que obviamente no lo dará. Y quién habla de reformas laborales habla de otros recortes sociales y otras políticas en la misma dirección, cuyo objetivo teórico o programático era revertirlas.

Fofa y contradictoria ha sido también la actitud y la actuación del PSOE de Sánchez en el escándalo gravísimo de las cloacas del estado y su actividad mafiosa. El Watergate de Nixon fue pecata minuta en comparación con lo que ahí se oculta y esconde.
En este tipo de encrucijadas nos jugamos la democracia, y la actitud por tanto debe ser firme y clara, llegando hasta el final, presuponiendo que la democracia nos importe, que debería ser que sí si no queremos caer de nuevo en la barbarie de los tiempos oscuros que algunos añoran.

En otra vuelta de tuerca en esta trayectoria de renuncia a lo prometido, se adivina, o incluso se anuncia ya abiertamente desde el mismo entorno de Pedro Sánchez, que un PSOE triunfante en las elecciones próximas pactará mejor y más a gusto con CIUDADANOS, partido de la derecha neoliberal (recuerden que hablamos de un extremismo), que con PODEMOS, partido surgido del 15 M y representante de la izquierda progresista, ecológica, y feminista.

No sé qué pensarán de todo esto, y sobre todo de esto último (el pacto con CIUDADANOS) los militantes socialistas que auparon a Pedro Sánchez y lo prefirieron holgadamente a Susana Díaz, representante y defensora  precisamente de esa opción de la Gran coalición de la derecha neoliberal, teorizada en el pacto de PSOE, PP, y CIUDADANOS.
El mentor de Susana Díaz e inspirador de esa estrategia neoliberal de la derecha coaligada fue Felipe González, que siempre se reconoció discípulo fiel de Margaret Thatcher, afinidad que demostró en la práctica, colaborando a la deriva neoliberal de la socialdemocracia europea, deriva que la ha llevado al declive actual y en algunos casos casi a su desaparición. Por pura lógica, también en política las acciones y decisiones equivocadas producen efectos.

En esa línea de declive de la socialdemocracia europea por traición a sus principales sociales, y a la ocupación hipócrita de un “centro” escorado a la derecha (radical en lo económico) hay que enmarcar también el declive político de Susana Díaz y el del propio Felipe González, que en el último periodo de su vida política y aunque solo sea desde el tendido o la tribuna, solo ha inspirado fracasos o estrategias contrarias al programa socialdemócrata.

Quiero pensar que muchos de los indecisos que señalan las encuestas, puedan ser ciudadanos de izquierda progresista o de centro izquierda, y que están esperando a que Pedro Sánchez aclare si sólo es un manojo de gestos que oculta lo de siempre, si se toma sus propias promesas “sociales” en serio, y si piensa pactar con un partido de la derecha neoliberal o con un partido de la izquierda socialdemócrata.

 

La mentira ante su espejo

 

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(Publicado en prensa el 11/04/2019)

Recientemente un tweet de Juan Diego Botto sobre el silencio como caldo de cultivo de nuestra mentira triunfante, ha tenido una gran acogida.
El éxito o fracaso de este tipo de mensajes en una de las redes sociales de mayor tráfico, depende claro está de la notoriedad del autor y su número de seguidores, pero también del contenido del mensaje y del estado del receptor, que puede ser más o menos sensible a lo expresado en el tweet. El número de réplicas y comentarios es por tanto un buen termómetro del interés que suscita el tema.

En este caso, el tema del mensaje (el silencio que ampara y acuna la corrupción en nuestro país) ha suscitado un evidente interés, traducido en un buen número de réplicas. Es decir, todavía hay personas (no sabemos cuántas) a las que la corrupción no les da igual.

En realidad lo que desconcierta es que aún sean tantos y tan mudos los consentidores e indiferentes. Y desconcierta porque la mayoría de ellos padecen las consecuencias de esa corrupción cada día. ¿Entonces? ¿Por qué no reaccionan?
Parece haberse perdido en nuestro país la actitud crítica y la capacidad de respuesta ante este tipo de problemas tan graves, en el convencimiento sin duda equivocado de que la razón, el argumento y la palabra, no sirven ya de nada. El silencio y el conformismo por tanto se imponen y retroalimentan. ¿El hartazgo ha conducido a la pasividad?

La beligerancia contra la corrupción parece cosa de gente minoritaria y extravagante que reclama una “pureza” imposible. Se promociona incluso este diagnóstico de rareza y extravagancia desde algunos medios afines a nuestra “normalidad” institucional. Cuando lo cierto es que lo que se reclama desde esa minoría “extravagante” y rara, y siempre desde el más frío pragmatismo, es un mínimo de honestidad.
Esta actitud crítica y vigilante, aunque incómoda, debería ser la norma en todos los ciudadanos, o al menos en la mayoría, si es que tenemos en alguna estima la sociedad en la que convivimos y su futuro.
Pero sabemos que en nuestro país no ocurre así, y todo parece indicar que no se avecinan cambios al respecto. Las raíces de este mal son antiguas y complejas. La corrupción por tanto seguirá siendo el eje de nuestra vida política y económica al igual que lo fue en los decenios anteriores. Es lo que señalan las encuestas. Y no es un buen augurio.

El nuestro es un mundo de máscaras y apariencias, es decir un mundo en el que la mentira es parte cada vez más importante de la atmósfera que se respira. Esto conduce al cinismo. Esta mentira envolvente ha sido normalizada mediante un amplio e intrincado engranaje del que participan algunos medios, es decir, aquellos instrumentos teóricamente encargados de combatir esa mentira y buscar la verdad. En este tipo de práctica, la cobardía de la razón se disfraza de discreción y prudencia institucional. De eso va el tweet de Juan Diego Botto, de la vocación y el ejercicio del periodismo.

Todos sabemos de la importancia del periodismo para una democracia, y todos sabemos que su misión es investigar la verdad y contarla. También está la opinión, sin duda versátil pero que debe intentar fundamentarse en la verdad.

Como en cualquier otra rama de la actividad humana, en el periodismo hay héroes y referentes que motivan vocaciones. Entre nosotros los ha habido muy señalados, pero Bernstein y Woodward, que pusieron en marcha la investigación del Watergate y propiciaron la caída de Nixon, han quedado como paradigma del periodismo occidental contemporáneo, es decir, del periodismo como pilar de la democracia.

El tweet de Juan Diego Boto nos habla de esa épica que es al mismo tiempo una ética, y también de esos periodistas que velaron sus armas (al menos teóricamente) a la luz del ejemplo de sus héroes, y hoy ante su propio Watergate autóctono hablan bajito y quedo, cuando no intentan estrangular a “garganta profunda”.
La tristeza que esto produce es palpable, y la soledad ante el espejo se cuece en su propio silencio.

Los niveles de corrupción que se han alcanzado en nuestro país son conocidos por todos. Tales cotas de miseria política y moral han requerido grandes dosis de mentira aliñada con grandes silencios.
Una manera de contribuir a esa mentira y a esa corrupción es confundir deliberadamente los efectos con las causas de esa corrupción.
Recientemente uno de esos periodistas que ante su propio Watergate habla bajito o calla y se pone de perfil, decía como explicación o ensayando una excusa, que Villarejo, el gran villano (y seguro que lo es) contamina y pudre todo lo que toca.
He ahí una forma torticera de contribuir a las medias verdades, y en última instancia a la mentira final, porque a Villarejo lo han utilizado todos.
Y con “todos” me refiero a todos los que han medrado y callado en esta normalidad institucional que nos enfanga desde hace ya demasiado tiempo, y que es una “normalidad” que ha hecho de la corrupción norma, santo y seña, es decir, una normalidad muy anormal.

La corrupción institucionalizada precede a Villarejo, y este ha sido solo un instrumento a su servicio. Un poco descontrolado, eso sí.
De ahí que tantos callen y explica también que no puedan desmantelar las cloacas porque se desmantelarían ellos mismos. El silencio, la corrupción, y el miedo los une.

Siendo esté el panorama, nada halagüeño, algunas de las soluciones que se nos ofrecen en forma de candidatos a presidir al gobierno, resultan cuando menos sorprendentes y sin duda contraproducentes, muy parecidas a la ocurrencia peregrina de intentar apagar un fuego echándole gasolina.

Por ejemplo ese candidato “liberal” que ha impulsado o consentido un pucherazo electoral en su partido (bien empiezan), y que lejos de dar alguna explicación creíble, ha ordenado silencio y amenazado con castigo a los militantes que protesten.

O ese otro candidato, heredero de tantas corrupciones y fraudes como olas tiene el mar (una tras otra), y del que se duda seriamente si se ha agenciado su máster en un chino. Otro que también empieza bien. Este es el futuro que se nos ofrece.

Añadan a estos -porque juntos van- esos otros que parecen sacados de una película del Oeste, que piden pistolas para todo el mundo y vociferan que la culpa de toda esta corrupción que nos ha hecho famosos en medio mundo (Gürtel, Malaya, Púnica, Noos, Palau, Fabra, Palma Arena, Acuamed, Andratx, Pretoria, Bonsai, Caballo de Troya, Campeón, Pujol, Brugal, Lezo, Rasputín, Taula, preferentes, sobresueldos, tarjetas black, los EREs andaluces, Villarejo, Bárcenas y su chófer, Fernández Díaz, las cloacas y su presidente, Urdangarin y el emérito intocable, la operación Kitchen y la mafia policial que fabrica mentiras, la amnistía fiscal de los tramposos, el rescate con dinero público -que no han devuelto- de la estafa financiera, las reformas laborales del PPSOE al servicio de la explotación y el maltrato laboral, y no sigo porque me quedo sin folio), la culpa –dicen- de todo esa retahíla de golferías que nos ha sumido en la miseria, la tienen los inmigrantes. Y se quedan tan anchos.

Eso se llama ir con la verdad por delante y la cartuchera bien cargada para defenderla.

Como John Wayne, pero en cutre.

Por poner un dato: el coste de la corrupción del PP en España se estima en unos 122 millones de euros (y seguro que la estimación se queda corta).

De ahí que CIUDADANOS y VOX hagan frente común con este partido. Todo encaja.

El señor X lo sabe y lo ordena

Las cloacas

(Publicado en prensa el 5/04/2019)

Es sabido que cuando Hitler y su partido creyeron llegado el momento oportuno de quitarse la máscara y actuar como lo que eran, una banda de fascistas en busca de un régimen totalitario, incendiaron el Reichstag y colgaron el muerto a elementos de izquierdas.
Así que el uso de la mentira para desprestigiar a rivales políticos y librarse de su concurrencia en el libre y abierto juego democrático, no es nuevo, y en muchos casos es el primer paso hacia la dictadura, declarada o encubierta.

Se fabrica un buen lote de mentiras, made in las cloacas, se les cuelga a los rivales políticos más molestos junto con el sambenito de “antisistemas”, y se les deja fuera del sistema y del juego democrático, sin los derechos que asisten a todos los ciudadanos en una democracia de verdad. La nuestra es de mentira.

Importantes cargos del gobierno de Rajoy y del PP, incluida la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, se emplearon gozosos en hacerse eco de las mentiras que ellos mismos habían ayudado a fabricar. Mentiras que después la justicia reveló como tales.

Resulta sintomático el elevado número de españoles que según algunos estudios, se creyeron esas mentiras. Mentiras que sin duda condicionaron su opinión desinformada y su voto. Así funciona su “sistema”, su normalidad institucional, su verdad posverdadera. Luego dicen de Trump y de los promotores del Brexit.

El episodio del incendio del Reichstag por los nazis, y su adjudicación falsaria a “los rojos”, recuerda bastante a lo ocurrido con PODEMOS en España y a las maniobras y mentiras para dejarlos fuera de la competición libre y abierta.
Quiénes y cuántos han participado en esas maniobras protofascistas, es lo interesante para conocer el grado de putrefacción de nuestra democracia.

Sin duda no fue solo el gobierno o el poder político el que participó en esa operación.

Todos los que participaron en esa trama vergonzosa y antidemocrática son los auténticos antisistema. Todos ellos son pirómanos de la democracia. Los hay que incluso hoy, ante el fuego no acarrean agua, sino que como PSOE y Cs se ponen de perfil.

Mientras la democracia se incendia desde sus cimientos, o si se prefiere, desde sus cloacas, ellos prefieren practicar el silencio cuando no la ocultación.

El “silencio de otros”.

Ahora ya no es sólo Jorge Fernández Díaz, exministro del interior, el que aseguraba que “el presidente lo sabe”, tal y como quedó grabado, sino que uno de los componentes de la brigada mafiosa de la policía al servicio de los intereses del PP (Fuentes Gago) lo confirma. Y también quedó grabado.
Fuentes Gago afirma en un grabación que todas sus maniobras contra PODEMOS, no solo eran conocidas por Jorge Fernández Díaz y el presidente Rajoy, sino que procedían directamente de su mandato político, y que el actuaba bajo ese mandato “político”, no como otros policías “puros y duros” que tienen la rara costumbre de no saltarse la ley.

Por lo que se ve el estaba o está en otro nivel: por encima de la ley y al servicio de una mafia con intereses partidistas indisolublemente unidos a la corrupción. Tal es nuestro “sistema”.

 

Desmantelar

Villarejo

(Publicado en prensa el 3/04/2019)

Sería cosa grave que “desmantelar” unas cloacas fuera equivalente a extender un tupido velo sobre las mismas. El riesgo de esa lábil tapadera sería volver a caer en ellas.
Sería un ejemplo más de olvido o ignorancia como preámbulo de la repetición.

Entre esclarecer y ocultar se abre todo un abismo que es difícil desmantelar. Y es que desmantelar no significa lo mismo que esclarecer. O incluso, según como se haga, el desmantelamiento puede favorecer la ocultación.
Esperemos, optimistas, que “desmantelar” no sirva solo para apartar del foco de la atención pública aquello que se dice “desmantelado”.

Sostiene Marlaska que la brigada “patriótica” (esa mafia policial) quedó desmantelada desde que el aterrizó por allí. Ese desmantelamiento ha consistido en la jubilación o prejubilación de algunos de los implicados. A otros se les ha cambiado de puesto, hacia destinos más burocráticos sin acceso a información sensible.
Que bien. Ya estamos más tranquilos.

Sabemos también, por lo que informan los medios, que varios de ellos fueron premiados con medallas pensionadas. A los “ladrones” del Watergate les pagaron en metálico con fondos del partido republicano.

Entre las tramas supuestamente desmanteladas asoma también la cabeza el espionaje a Bárcenas y el fichaje de su chófer, que acabó con un puesto en la policía (¿como premio?). Se menciona a un colaborador de Cospedal.

Estas tramas solo se desmantelan con el conocimiento completo de lo ocurrido, y no cambiando de sitio a los pensionados.
Por otra parte, la aspiración firme y decidida de lograr el esclarecimiento, requiere de una democracia sana y medianamente normal.

Mientras se intentaba desactivar el escándalo del Watergate, se maniobró desde la presidencia de Nixon para que la CIA parara los pies al FBI. Se pretendía que la investigación no ascendiendo en la cadena de mando. En la cúspide de esa cadena estaba el presidente.

En nuestro caso, aún resuenan como un eco las palabras de Jorge Fernández Díaz en la profundidad de las cloacas: “El presidente lo sabe”.
Imaginemos esto en el contexto del Watergate y de una sociedad que no tolera que la timen.

La reacción habría sido inmediata y enérgica en forma de preguntas (directamente al presidente):
Si lo sabe, señor presidente, ¿es porque lo impulsó?
Si lo sabe, pero no lo impulsó ¿por qué no no lo denunció?

Y junto a la incógnita presidencial se mantiene también la incógnita sobre los motivos que llevaron a PSOE, PP, y Cs (la gran coalición del silencio) a rechazar que Villarejo declarara ante el Congreso.
¿A qué obedece esa promoción de la ignorancia?

Es como si en USA todo estuviera apañado por Nixon, y la verdad y la democracia no tuvieran ninguna oportunidad. Watergate nunca existió. La Historia de Occidente sería distinta.
Triste y deprimente.

Con el caso Watergate se hizo historia. Con nuestro silencio también la estamos haciendo. En un caso para el orgullo (democrático). En el otro (el nuestro) para el descrédito.

 

Watergate

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(Publicado en prensa 1/04/2019)

Según los test que miden la calidad de los sistemas democráticos, o al menos según algunos de esos test, nuestra democracia es de primera.

Según los test que miden y midieron la solvencia y honestidad de nuestras instituciones financieras, estas eran solventes, honestas y fiables. No solo las nuestras sino algunas más.
Poco tiempo después de ese dictamen, descubrimos de sopetón que lo que nos tenían preparado, empaquetado, y listo para servir esas instituciones solventes, honestas y fiables (según opinión experta de los organismos calificadores) era una estafa financiera que hizo historia y diseñó nuestro presente, tanto en el plano político, como en el social y el económico.

Es lo que los más finos llaman “crisis” o asépticamente “Gran recesión”. Los profanos lo siguen llamando estafa.

De tal despiste calificador de los expertos se alimentan aún nuestros recortes de derechos y el empoderamiento imparable de los que nos estafaron. Lejos de ser penalizados han sido premiados con el premio gordo. De momento nadie ha explicado esa paradoja.

Esta experiencia traumática sobre la fiabilidad de los test y la credibilidad de sus calificaciones, introduce muchas dudas sobre la naturaleza o intereses de los órganos vigilantes y/o de los expertos. ¿Vigilan invigilando?
Algunos incluso sospechan que colaboraron (o aún colaboran) en el engaño.

Deberíamos ser más escépticos, sobre todo cuando los hechos palpables y cotidianos apuntan de manera reiterada en la dirección contraria: una democracia de escasa calidad y empeorando.

Mas allá de la corrupción política y económica prodigada a raudales durante décadas en nuestro país, los diversos episodios conocidos hasta ahora sobre el turbio funcionamiento de nuestras “cloacas” institucionales, con implicados del más alto nivel político, daría en una democracia efectivamente “normal” (de aprobado raso) para media docena Watergate.

Para que tal respuesta normal y homologable fuera posible, se necesitaría que determinadas instituciones fundamentales en el funcionamiento de una democracia sana, cumplieran su cometido. También que la historia del Watergate fuera un aliciente de emulación, por ejemplo.

En el presente caso no puede tildarse de especulación lo que quedó grabado:
Un ministro del interior aparece animando (desde la sombra entrevista de esos tugurios) a elaborar expedientes tóxicos contra sus rivales políticos, y confiesa (en esa grabación) que “el presidente lo sabe”. Esa es la trama registrada.

Una policía “patriótica” (en realidad una mafia incrustada en la policía) que según todo parece indicar se esforzaba por desviar la acción de la justicia contra la corrupción del partido en el gobierno, y que no contentos con esa labor mercenaria y antipatriótica, obstructiva y delincuente, se empleaban también en fabricar informes falsos para desacreditar a PODEMOS y sus dirigentes, incluido el robo de material personal y un posible uso de fondos reservados (públicos). Y esto en connivencia con algunos medios económicos y de comunicación.

Está claro que esos comportamientos son más propios de un régimen totalitario y corrupto que no de una democracia que merezca un diez. Digan lo que digan los test calificadores.

Con la quinta parte de esos detritus, que ya se acumulan en estratos, el caso Watergate se puso en marcha y Nixon acabó en el basurero de la Historia.

Hay un dato alentador: las matriculaciones en las escuelas de periodismo (USA) alcanzaron en 1974 un máximo histórico. He ahí una respuesta sana frente a una patología morbosa que amenaza con destruir la democracia.

La pregunta es: ¿Por qué PSOE, PP, y CIUDADANOS (la “Gran coalición”) se opusieron a que Villarejo compareciera en el Congreso para dar cuenta de lo que sabe o dice saber? ¿Por qué el silencio actual?

 

La máquina del dinero

La máquina del dinero

 

Es curioso porque cuando muchos expertos denuncian, con datos en la mano, que los únicos que han “salido” de la crisis, sin haber estado nunca en ella, son los que la provocaron, y que por tanto toda esa publicidad sobre lo bien que nos ha ido con los recortes y el austericidio no se sostiene y es falsa de cabo a rabo, pues los perjudicados y paganos de la “crisis” (estafa) han sido la gran mayoría, y así siguen, sin salir del agujero y pagando la fiesta y las trampas de los otros, ya se nos anuncia y sin apenas tiempo para tomar aliento un nuevo precipicio económico a la vista, que traducido en política de derechas (es decir neoliberal) supone más pobreza, más brecha social, mas recorte de derechos, y menos esperanza en el futuro. Es decir, nos seguimos hundiendo. Ya peligran hasta las pensiones -esa línea roja- y VOX, fiel a su programa cavernario y antisocial, propone abiertamente desmantelarlas, al tiempo que pide rebajar o suprimir los impuestos a los que más tienen. En esto como en tantas otras cosas no se distingue del PP o CIUDADANOS.

Si este nuevo bache que se avecina es el resultado, como es obvio, de la política aplicada hasta ahora, que es la inspirada por el dogma neoliberal ¿podemos decir que ese catecismo ha sido un éxito si lo que se nos presenta como resultado final es un fracaso estrepitoso?
Ese empecinamiento en tropezar dos y hasta tres veces en la misma piedra, solo puede ser obra de dogmáticos fanatizados. No lo decimos nosotros, lo dicen algunos premios Nobel de economía y muchas de las mentes más lúcidas del momento.

Claro está que si dejamos a un lado la realidad de los hechos y nos regodeamos en la ficción inventada, podemos seguir creyendo que todo nos ha ido muy bien, y que se impone utilizar las mismas fórmulas radicales aplicadas hasta ahora, que han enriquecido a los que ya eran ricos y han empobrecido a los trabajadores y la clase media, dando como resultado final una brecha de desigualdad que no es de recibo, y que es fuente de inestabilidad y conflicto (incluso territorial).

Esta brecha que se ahonda cada día en ciego cumplimiento de un catecismo insensato, se traduce en pobreza infantil, pobreza energética, precariedad laboral, incremento imparable de la factura de los servicios esenciales privatizados (por ejemplo la energía), deterioro de los servicios públicos, como la sanidad y la educación, y riesgo cierto para las pensiones. Es decir, se traduce en desorden social y económico. De hecho nos lleva a una nueva “crisis” inminente, según vaticinan los expertos.

Todo ello es síntoma inequívoco de que las cosas no se han hecho bien, y que las fórmulas a aplicar en el futuro no pueden ser las mismas que ya hemos aplicado en el pasado. El dogma neoliberal solo conduce al fracaso, la desigualdad, y el desorden. No cabe empecinarse.

Sin embargo, hay quien insiste, y para eso nada mejor que falsear la realidad.
Por ejemplo tratando de convencer a los crédulos que bajando los impuestos (¿a quien?) todo nos va a ir mejor, y vamos a tener más y mejores servicios públicos, que precisamente se pagan con esos impuestos.

Recuerden lo que decía Leona Helmsley, producto típico de la “revolución” de los ochenta: “Nosotros (los ricos) no pagamos impuestos. Solo la gente común los paga“. Toda una declaración de intenciones de aliento neo feudal. Algo que podrían suscribir Casado, Rivera, y Abascal, que también quieren reconquistar aquellos tiempos caducos del feudalismo. No se pierdan, si quieren conocer mejor las raíces de nuestro presente retrógrado, el capítulo “la codicia” de la serie “Los ochenta”, de los productores ejecutivos Tom Hanks, Gary Goeztman, y Mark Herzog.

Cuando la derecha que roba a mansalva quiere desacreditar a la izquierda que lleva sin gobernar varias décadas (ya todo es neoliberalismo, incluido el del malogrado PSOE), suele decir que esos desaprensivos “progres” le dan con mucha alegría a la “máquina del dinero”. Y con ello se refieren a la aspiración nunca cumplida (pues no han gobernado) de respetar los principios constitucionales de igualdad y progresividad en los impuestos, por ejemplo.

En realidad la “máquina del dinero” que ha funcionado con mano suelta y desde hace tiempo en nuestro país, es otra. Y es que podemos decir que la derecha que nos ha tocado en suerte (las hay más civilizadas), representada unas veces por el PP y otras veces por el PSOE, ha puesto al máximo de revoluciones, sin importar que temblaran las bielas, la “máquina del saqueo de lo público”, hasta que las calderas han reventado. Que es a lo que unos llaman crisis, otros gran recesión, tiempos difíciles, reformas laborales urgentes y necesarias (en realidad recortes de derechos), etc., etcétera. Nube retórica para ocultar la verdad de una “desregulación” que ha abierto las puertas (también las giratorias) de par en par al delito económico y el saqueo del Estado. Este es el germen de la desigualdad y el desorden actual. El latrocinio ha sido descarado y sistemático hasta vaciar las arcas estatales.

Cuando se han privatizado los beneficios y socializado las pérdidas de esos experimentos descocados de la codicia privada, se ha abusado de la “máquina del dinero” público y se ha saqueado el Estado. Y esto lo ha hecho la derecha (PPSOE) no con la irresponsabilidad de los insensatos, sino con el ánimo ideológico de asfixiar y destruir nuestro Estado “social”. Las bases legislativas para la privatización de la sanidad son obra del PSOE y fueron apoyadas por el PP. De las reformas laborales, instrumento para la explotación y el maltrato laboral, una es obra del PSOE y la otra del PP. En cuanto a la corrupción económica, si bien el PP sobresale con mucho en Europa, el PSOE le va a la zaga. Los “favores” a los poderes financieros que los sostienen y acomodan después (puertas giratorias), en contra de los intereses de los ciudadanos, se los reparten a partes iguales.

Cualquier medida de control que pueda coartar su tendencia natural a meter la mano en la caja del dinero público, o que pueda articular procedimientos para en cumplimiento de los principios constitucionales, dotar de mayores fondos a esa caja, por ejemplo a través de la progresividad en los impuestos, como señala la Constitución (artículo 31), les causa urticaria y les parecen cosas de “progres” e izquierdosos, cosas de “antisistema”.

Pues no, el artículo 31, que establece la progresividad de los impuestos, no es “antisistema”, está en la Constitución española, lo mismo que su artículo 1 que bebe del mismo espíritu, y quien los defiende es “constitucionalista”, y quien remueve Roma con Santiago para que esos principios constitucionales no se cumplan, es anticonstitucionalista, es decir, “antisistema”. Como que de hecho no creen en el Estado ni en lo público. ¿Y luego piden unidad y centralismo?

Muy señores míos, la selva que ustedes propugnan no une, disgrega, y a las pruebas me remito. Su programa político es disolvente y anima al separatismo. Los que defienden que los ricos no paguen impuestos y la gente común si, son “separatistas” en el sentido más profundo y radical del término. Son enemigos de la unidad que representa lo público. Es inconsecuente que quieran pegar luego con el pegamento de un nacionalismo centralista, feroz y retrógrado, lo que previamente han roto con una política antisocial contraria a la Constitución.

Este tipo de aspiraciones de justicia y progresividad en los impuestos era lo más normal del mundo hasta no hace mucho en una Europa sin duda mejor que la de hoy, rendida a la moda de los extremismos del mercado.

Lo que no era normal, hasta hace poco, era la desregulación del delito, el saqueo del Estado, y la persecución de lo público, que es el futuro sin futuro (y sin pensiones) que esa derecha reaccionaria quiere imponernos.

El hecho de que como decía doña Leona Helmsley, ideóloga hortera del neoliberalismo, haya un sesgo aceptado por el cual los que más tienen no pagan impuestos o no los pagan en la proporción progresiva que establece la Constitución española, es un torpedo en la línea de flotación de la democracia, y una demostración de que algunos que se autonombran alegremente “bloque constitucional”, respetan la CE solo cuando les conviene, es decir a ratos y a trozos.
Esa ofensiva antidemocrática de algunos de nuestros dirigentes que se dicen “constitucionalistas” y de “centro”, ya se puso de manifiesto con la llamada “amnistía fiscal”, un hito más de nuestra vergüenza reciente que sólo cabe calificar de acción “golpista” contra nuestra Constitución.
Y acción golpista contra esos mismos principios constitucionales fue también lo ocurrido con el artículo 135 en tiempos de Zapatero.

Quien no comprenda que quien le ha abierto la puerta de par en par al populismo de extrema derecha que hoy asedia a Europa (y también a España) ha sido el “extremo centro” que ha gobernado España y gran parte de Europa en las últimas décadas, y que ese populismo de extrema derecha es el penúltimo coletazo de un neoliberalismo extremista que hemos importado y padecido desde los años ochenta, no será capaz de unir los efectos con las causas en una secuencia lógica que nos ilustre sobre el presente. Esa relación de causa-efecto se nos aparece hoy clara y transparente en el frente común que ha unido a PP, CIUDADANOS, y VOX.
Por lo mismo, la unión de PSOE y CIUDADANOS, no significaría algo muy distinto. Únicamente una forma distinta (el plan B) de vender el mismo producto.

Una explicación plausible para todo este cúmulo de disparates y retrocesos que nos han traído hasta el presente declive social (desaparición de la clase media) y que es también declive político y económico, de hecho estamos a las mismas puertas del finiquito de las pensiones (algo impensable no hace tanto), es que muchos de nuestros “representantes” políticos se deben a “sus dueños”, que no son otros que los grandes poderes financieros.
A esos poderes financieros que mandan e imponen su criterio sin pasar por las urnas, el interés general les resbala, son cortos de miras (entre una crisis y la siguiente cada vez transcurre menos tiempo), y es esta política, neoliberal de extrema derecha, desregulada y antisocial, la que ordenan aplicar a sus hombres de paja, nuestros “representantes”.

Así mueren las democracias. También organizando desde el Ministerio del interior mafias policiales para perseguir a rivales políticos, o impidiendo hablar libremente y sin coacciones a los candidatos en una campaña electoral. El debate libre, basado en la palabra y el argumento, está en la base de la democracia.

Lamentablemente son muy pocos los representantes políticos en nuestro país que se puedan decir hoy independientes y autónomos de esos poderes fácticos que no pasan por las urnas. Solo se me ocurre un partido del panorama actual que no carga con esa mochila.
Es fundamental para que la democracia no muera que las formaciones políticas que lleguen al gobierno, no tengan que anteponer los intereses de esos poderes que no concurren a las elecciones a los intereses de los ciudadanos que les votan.

DETERIORO DE LA ATENCIÓN PRIMARIA: “Descanso” posguardia SI, “Libranza” posguardia NO.

centro de salud SESCAM

 

En el año 2008 los servicios de salud (incluido SESCAM) tuvieron que encajar en su Atención primaria las sentencias que impedían trabajar más de 24 horas seguidas.

Realizar una consulta (jornada ordinaria) de 7 horas y realizar a continuación una guardia (jornada complementaria de 17 horas) ya suman 24 horas seguidas de trabajo, y por tanto ese profesional (de consulta) no podía abrir su consulta al día siguiente a las 8:00 horas, es decir, tenía que hacer un “descanso” entre jornadas llamado “descanso” posguardia.

Interesadamente en algunos servicios empezó a cambiarse el nombre y la interpretación o gestión de este hecho, y en vez de “descanso” empezó a llamarse y a gestionarse como “libranza”, lo cual es una irregularidad grave pues conlleva el incumplimiento de la jornada legal (de consulta) que se retribuye, el incumplimiento de las instrucciones o decretos de jornada, y el incumplimiento de la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo (recurso 4848/2000) sobre el descanso posguardia, jurisprudencia que dejó claro que el descanso posguardia es un DESCANSO, y no exime de cumplir y completar la jornada legal (ordinaria de consulta). Es decir, no es una LIBRANZA, es un descanso.

El SESCAM afrontó este problema (el del descanso posguardia en atención primaria) en una normativa de 2008 sobre DESCANSOS EN ATENCIÓN PRIMARIA (resolución de 28-02-2008 / D.O.C.M número 55 de 13 de marzo de 2008).

Sobre la letra de esa norma siempre se ajusta a la legalidad de las jornadas y a la jurisprudencia, y por ello siempre utiliza el término DESCANSO y nunca el de LIBRANZA. Deja claro en su redacción que aún respetando el “descanso” posguardia, la jornada ordinaria de consulta tiene que completarse, porque además de que es obligatorio y preceptivo, se retribuye.

Como los modos y mecanismos para respetar todo esto quedan (deliberadamente) en esa norma en un plano de ambigüedad, luego en la práctica y desde el mismo año 2008, el incumplimiento de la jornada legal de consulta por sus titulares, y la gestión del DESCANSO posguardia como LIBRANZA posguardia, fue la regla. La legalidad de las jornadas y la jurisprudencia firme del TS, no se tuvieron en cuenta y ambas se incumplieron o aún se incumplen.

El deterioro de la atención primaria, la desnaturalización de la medicina de familia y sus objetivos (continuidad, prevención, seguimiento, educación sanitaria…) ya comenzaron a sentirse en ese momento con base en esa irregularidad. Comienzan a cerrarse consultas, a incumplirse la jornada legal ordinaria, a dispararse las listas de espera para el médico de cabecera, que actualmente pueden llegar a ser incluso de 10 días o 2 semanas.

Ante este fracaso fruto de aquella irregularidad, comienzan a saturarse (y por tanto a desnaturalizarse también) los servicios de urgencias, tanto los de Atención primaria en los PAC de los centros de salud (a veces hay colas de pacientes esperando a que se abra el PAC a las 15:00 horas) como los de los Hospitales.

Al mismo tiempo y en base a esa falsa “libranza” posguardia, el personal de consulta de Atención primaria puede llegar a sumar a su mes reglamentario de vacaciones, otro mes (en cómputo anual) de “libranzas”. El “descanso” posguardia se computa como tiempo de trabajo y se retribuye (falsamente) como trabajado.

Animados por este mecanismo-chollo, algunos responsables-irresponsables de nuestra Atención primaria dieron todo tipo de facilidades para que ese personal de consulta que hacía guardias y “libraba”, explotaran el procedimiento: acúmulo de guardias a tutiplén (en la misma medida incumplen su jornada legal de consulta) seleccionándolas, por ejemplo, de lunes a jueves para maximizar el número de libranzas.

Mientras el aporte de recursos económicos fue generoso, todo este cúmulo de irregularidades y agujeros quedó oculto y tapado. Al sobrevenir una mayor escasez de recursos con la crisis, todo quedó al descubierto.

¿Ha cambiado de “chip” la atención primaria de nuestros servicios de salud ante la vista de su deterioro rampante?

Pues algunos servicios de salud han reconocido esas irregularidades, han comprendido y experimentado sus consecuencias, en forma de listas de espera y deterioro, y han introducido correcciones: la legalidad de las jornadas y la jurisprudencia del TS son de obligado cumplimiento.

La Atención primaria del SESCAM sigue mirando para otro lado, como si nada hubiera ocurrido. No ha importado tampoco que merced a este cúmulo de irregularidades, algunos profesionales (PEAC) se vean obligados a realizar 65 horas seguidas de trabajo en los PAC de nuestros centros de salud.

Leamos el pequeño artículo de Yurss Arruga (más abajo) para comprobar que el respeto de las jornadas de trabajo y de la jurisprudencia del TS es compatible con el respeto de los “descansos” (que no libranzas) pertinentes.

Posdata:

  1. Alternativas a la falsa “libranza” posguardia (artículo de Yurss Arruga): https://www.calameo.com/read/005719043258c9effb56b
  2. Sentencia del Tribunal Supremo sobre el “descanso” posguardia: https://www.calameo.com/read/005719043bada47965fe8

 

 

SOFISTICACIONES PLATÓNICAS

reagan-trump

 

En un determinado aunque amplio sentido nunca me gustaron los años ochenta, he de confesarlo. Un especie de fobia intuitiva. Quizás porque dieron lugar a los años noventa, quizás porque dejaron atrás los años sesenta.

En contraste con los años sesenta, siempre me parecieron esos ochenta un periodo de retrocesos e involución, y despiden (al menos ante un olfato sensible) un hedor tóxico como de cosa malsana y pocha. Empezando por la música, y siguiendo por la codicia como eje cultural de su “revolución”. Creo incluso que algunos de los aspectos más tétricos y preocupantes de nuestra actualidad, proceden de ese hálito y derivan de aquella intoxicación, aún en curso.

De hecho, y como a nuestro país siempre llegan las modas culturales prefabricadas en serie para su consumo masivo con un cierto retraso, todavía hacen su agosto aquí entre nosotros los programas de telebasura, las tele compras cochambrosas, y otros logros culturales de aquella época “revolucionaria” (dicen), que tuvo su inicio en USA.
El día menos pensado tenemos presidiendo a nuestro país un yupi teñido de rubio dorado, a un telepredicador con yate y montado en el dólar, o a un estafador de viudas.

No excluyan del todo que esas tres personalidades exitosas puedan coincidir en una sola persona presidenciable.

Hay una serie documental que se titula “Los ochenta“, de los productores ejecutivos Tom Hanks, Gary Goeztman, y Mark Herzog, que explora los distintos aspectos, políticos, sociales, y culturales, que caracterizaron aquella época, desde la música hasta la televisión basura, pasando por los problemas sanitarios (el SIDA) y la economía salvaje (o “bestial”) que alumbró la religión revelada del mercado desregulado.

Que el mercado (desregulado) se convirtiese en una religión en aquella época de entusiasmos (religión que después ha dado tantos monaguillos obedientes), no tiene nada de extraño, porque Reagan fue el presidente por antonomasia de la fe, y enfocaba el SIDA, por ejemplo, como una peste divina enviada por Dios para la corrección por las bravas, pero sobre todo para la eliminación drástica, de los pecadores. Con esa misma fe, impulsó también la desregulación del mercado, con los resultados posteriores que ya sabemos, y distinguió “sin complejos” (todo un profeta) el imperio del bien y el imperio del mal, los buenos de los malos, lo correcto de lo incorrecto. Reagan se adelantó a su tiempo y preparó el camino a Trump y Bolsonaro.

Quizás uno de los capítulos más impactantes de esa serie televisiva, “Los ochenta”, es el titulado “La codicia“, que se inicia con el presidente de la fe única, Ronald Reagan, dando un sermón a los agentes de bolsa desde la altura de un balconcito interior de la Bolsa de Nueva York, dónde pronunció aquella famosa frase, premonitoria y programática: “Vamos a liberar a la bestia”, mientras una jauría de yupis entusiastas, delincuentes en potencia, aplaudía a rabiar haciendo chascar sus fauces.

En resumen, una especie de misa negra en la que el sermón del maestro de ceremonias, desde la altura de aquel balconcito rococó de Wall Street, es la imagen invertida y especular del sermón de la montaña campestre que inauguró el cristianismo.

En ese capítulo, “La codicia”, que como digo creo que es el que mejor define la época, aparece ya como ejemplo de yupi triunfador y personaje principal de la comedia, Donald Trump, magnate del mercado inmobiliario y hoy famoso presidente yupi de Estados Unidos.

Y es que fue en USA donde se inició todo lo que vino después y hoy define nuestra posmodernidad, un estado de cosas que ha hecho realidad los más ansiados objetivos de nuestras élites: la televisión basura para aborregar a las masas, la política basura para institucionalizar la corrupción, y las finanzas basura y desreguladas para robar a mansalva.

A lo que habría que añadir los telepredicadores casposos maquillados de colorines, que birlan el dinero a la gente crédula, vendiéndoles una mercancía intangible e inagotable: a Dios mismo.

Ese es el origen de nuestra cultura actual, que podríamos llamar de la posverdad y la posilustración, cuyo motor principal es esa bestia que liberó Reagan con su sermón de New York, telepredicado sin complejos desde los más altos púlpitos y minaretes de nuestra nueva academia platónica.

Pero además de Donald Trump, otros personajes circulan por esta comedia de enredos, dando ese tono peculiar a los ochenta, y ayudando a alumbrar con tintes sombríos los tiempos que habían de venir.
Leona Helmsley, por ejemplo, hotelera hortera, con un aire a madrastra de Blancanieves jugando al Monopoly, y que disfrutaba buscando felpudos humanos que despreciar y pisar desde su inmensa riqueza:

“Nosotros (los ricos) no pagamos impuestos. Solo la gente común los paga”, dijo en una ocasión.

¿Les suena esto a algo?

Tal y como en este documental se sugiere, la telecompra de productos basura mantiene una relación íntima y muy coherente con la telepredicación y la venta de Dios a plazos.

En ambos casos se vende a distancia productos en principio intangibles, y ambas prácticas comerciales hicieron grandes avances en esos años marcados por la fe y el comercio desregulado. De hecho en ambas televentas se estafa a la gente y se utilizan prácticamente las mismas técnicas de sugestión y embobamiento.

Y es en este campo de acción, altamente exitoso y rentable, en el que destacaron los Bakker (Jim y Tammy), matrimonio de telepredicadores cristianos, que se hicieron multimillonarios vendiendo a Dios a cómodos trozos, al tiempo que estafaban a la gente con los paraísos artificiales más característicos de nuestra época: parques temáticos, paquetes vacacionales y demás.
Acabaron vendiendo una cabaña con 8 plazas vacacionales a veintitantos mil compradores ilusos. Debieron pensar que si se puede vender a Dios a un número infinito de compradores, el mismo razonamiento sirve para unas plazas vacacionales. La fe mueve montañas. Nunca el paraíso cristiano estuvo tan cerca de un parque temático, y nunca (o casi nunca) la fe ciega rindió tantos dividendos.

A este negocio de la venta divina y las plazas vacacionales, le sacaron como digo un rendimiento estupendo el desacomplejado matrimonio, traducido en un buen número de mansiones lujosas ubicadas en los sitios más caros, y elegantes coches, tipo Rolls Royce. Y es que como la propia Tammy justifica ante las cámaras en este documental sobre los revolucionarios ochenta: que ella fuese cristiana de la rama telepredicadora, no estorbaba que se hiciese inmensamente rica, aunque fuese mediante el fraude sistemático y sin escrúpulos.

Cuando les destaparon -al avispado matrimonio- los muchos fraudes con los que se habían hecho inmensamente ricos e inmensamente cristianos, Tammy acabó cantando ante las cámaras una especie de salmo bíblico, en plan mártir, pero permaneció inmune a cualquier clase de arrepentimiento sobre sus hazañas.

¿Por qué iba arrepentirse si su presidente y su época habían “liberado a la bestia”, y ellos, los Bakker, no eran otra cosa que el producto de aquella magnífica rebelión del Averno?

Sigamos con la época. En unas instrucciones corporativas redactadas a modo de protocolo de actuación para la venta de bonos basura, destinados a viudas de centros de jubilados, se lee:

Aprovecharos de ellos…”, les dicen a los diligentes vendedores de los bonos basura, “los débiles, los dóciles, y los ignorantes, son buenos objetivos“.

Estas instrucciones que aparecen tal cual por escrito en un protocolo de actuación de los tiburones de las finanzas, vendedores de bonos basura y demás bestias liberadas que tanto admiran nuestros liberales (y socialistas) posmodernos (¡Ah, la libertad!), representan la quintaesencia del catecismo de la religión del mercado desregulado. Algo así como su “Credo”.

Y en medio de este maremágnum de “libertad” que define esos años gloriosos, aparecen también cinco prestigiosos senadores del magnífico Senado de los Estados Unidos, protegiendo “por detrás” a uno de esos tiburones de las finanzas que vendieron bonos basura a infinidad de viudas débiles, dóciles, e ignorantes, las cuales perdieron en un santiamén todos los ahorros de su vida. De haber existido Don Quijote en aquella época, aquel tiburón de mares caribeños habría mordido el polvo de secano de la vieja Castilla, porque Don Quijote no podía soportar que se maltratara a las viudas, es sabido. Pero claro, aquello eran los años ochenta, y maltratar y estafar a las viudas era lo más normal del mundo, lo “correcto”.

Charles Keating, Jr. promotor inmobiliario, era el tiburón asalta-viudas. Y los “5 de Keating“, como se les conoció después, senadores compinchados que le protegían y le cepillaban los dientes afilados (a cambio de una contraprestación económica en forma de sobornos) eran: John McCain, Alan Cranston, Dennis Deconcini, John Glenn, y Donald Regan, que recibieron del tiburón por su eficaz protección, 1.200 millones de dólares. El oficio de estos señalados senadores, consistió en parar los pies a los “reguladores” que iban tras la pista de Keating. Para que te fíes de los senadores del mundo libre.

Precisamente a Donald Regan (una especie de primer ministro dentro de la presidencia imperial de Ronald Reagan), le debemos la siguiente confidencia sobre el mundo privado y oculto de Reagan:

Prácticamente todos los movimientos y decisiones importantes que tomaron los Reagan durante mi tiempo como Jefe de Estado Mayor de la Casa Blanca se aprobaron de antemano con una mujer en San Francisco [Quigley] que hizo horóscopos para asegurarse de que los planetas estuvieran en una alineación favorable para la empresa”.

Como vemos, en ese periodo, no solo la bestia fue liberada mediante un sermón en Wall Street, sino que la fe fue exaltada y fanática. Se retornó a la astrología de la misma forma que se volvió al espíritu feudal: los ricos y señores de castillos no pagan impuestos, solo los siervos apechugan. Esa era la idea bendecida por Dios y la astrología.

Sigamos con el asunto Keating. Como lo que le estorbaba a Keating para sus fraudes emprendedores sobre las débiles, dóciles, e ignorantes viudas eran los “reguladores”, además de las presiones ejercidas por aquellos cinco senadores para que los reguladores no regularan a su tiburón, el propio presidente Reagan (cowboy de opereta en sus tiempos jóvenes) le echó un cable al asaltante de las viudas, nombrando “regulador” del asunto a un socio del propio Keating. Y tan ricamente. Sin complejos. Aunque eso sí, todo esto “por detrás” y mediante maniobras “invisibles”.

A muchos todo esto les sonará a economía “libre”, a mí me suena a platonismo “puro”, siempre en busca de un tirano de Siracusa.

Curiosamente el áureo Platón encarnaba en sí mismo su idea del mundo, el hombre de barro y su arquetipo ideal, el filósofo etéreo y el político distópico, el mundo del alma razonable y la dictadura bestial.

 

Tocata y fuga de la Atención primaria

 

También podríamos haber titulado este artículo: DEL INCUMPLIMIENTO DE LA JORNADA DE CONSULTA AL DESASTRE DE LA ATENCIÓN PRIMARIA.

Y es que efectivamente, el desastre de nuestra atención primaria, que parece ya irreversible, procede principalmente de la fuga y la huida de las consultas, y en muchos casos del incumplimiento de la jornada legal que a ellas corresponde.

Los primeros que han huido de las consultas han sido sus profesionales, los del EAP, para acumular guardias y sus correspondientes retribuciones, atraídos por un tentador modelo de peonadas, que en otros ámbitos profesionales fueron extirpadas hace ya tiempo, por su efecto tóxico. Se les ha permitido a estos profesionales incumplir su jornada legal de consulta mediante una gestión irregular del “descanso” posguardia como “libranza”, contraria a la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo sobre dicho “descanso” (no “libranza”) posguardia.

Tras huir los profesionales de sus propias consultas (una fobia inexplicable) para atiborrarse de guardias (esto si tiene una explicación, de orden pecuniario), después han huido de las consultas los pacientes al encontrar esas consultas cerradas (por ausencia de los titulares) y unas listas de espera insensatas e inabordables.

Son esos mismos pacientes que hoy acuden en masa a los servicios de urgencias de los centros de salud y de los hospitales, que desconocen en tantos casos quien es su médico de cabecera, y que ya ni se molestan en pedir la cita correspondiente con su médico de familia, porque saben que la espera puede oscilar entre 1 o 2 semanas. Un absurdo.

Ha llovido mucho desde aquel médico rural que pasaba su consulta y luego permanecía “de guardia” en su pueblito, dónde vivía y era “fuerza viva”. Es el mismo médico de cabecera, de familia, de Atención Primaria, cuya función se cumplía y se cumple con toda su riqueza de matices y toda su efectividad en la consulta ordinaria, y para el que la actuación asistencial durante la guardia era una contingencia, una eventualidad, una excepción.

El sistema ha evolucionado desde aquellos principios épicos y heroicos del médico rural, a otros modos de organizarse más avanzados, modernos, y eficaces, centrando y coordinando la atención primaria en los centros de salud. Eran estos el centro de operaciones de una nueva filosofía de trabajo con el objetivo puesto en la atención familiar y comunitaria, cuyo papel se cumplía netamente en el trabajo de la consulta ordinaria, y cuyos instrumentos asistenciales difieren de los que pueden implementarse en el horario de atención continuada o de guardias.

Tras aquella evolución positiva, tras aquella mejora tan esperanzada, el modelo o su gestión ha degenerado, por múltiples motivos, dónde lo económico con sus tensiones y tentaciones ha tenido mucho que ver. El desastre que hoy vemos, el que está hundiendo nuestra Medicina de familia y nuestra atención primaria, procede de una inversión de papeles y de un cambio bastante insensato y contraproducente en las prioridades. Hoy los EAP de nuestros centros de salud acumulan guardias para cerrar consultas. Así dicho parece un cuento de Kafka, pero es que a veces el absurdo preside nuestras vidas y nuestras acciones. Se incumple la jornada ordinaria de consulta para acumular jornada complementaria y hasta “especial” de guardias. Cuantas más guardias se acumulan, más consultas se incumplen. Y ello bajo la atenta mirada indiferente e irresponsable de nuestros gestores y sindicatos.

¿El objetivo es acabar con nuestro servicio público de salud empezando por nuestra Atención primaria? ¿Quizás por eso, PP y PSOE consensuaron “sin complejos” las bases legislativas para la privatización de nuestra sanidad? ¿Primero el deterioro y después la privatización?

Estos días habrán leído o escuchado muchas noticias sobre el grave estado de nuestra Atención primaria, y sin embargo no habrán encontrado en esas noticias ni en esos diagnósticos alarmados por la situación, muchas referencias a las irregularidades y vicios de gestión que aquí se describen y se denuncian. Sin duda hay una política de ocultamiento de estos hechos en la que participan muchos, demasiados.

Como el diagnóstico que hacen esos ámbitos profesionales no son fidedignos al cien por cien, y participan en gran medida de estas maniobras de ocultación, no se extrañen si las soluciones que proponen no solucionan a la larga nada, y la gran revolución de la atención primariaque prometen tenga más de paripé y de explotación inmisericorde de profesionales en precario, que de abordar los problemas reales, uno de los cuales es en muchos servicios el incumplimiento de la jornada legal de consulta al contravenir la jurisprudencia del Tribunal Supremo sobre el descanso posguardia (Sentencia sobre el recurso 4848/2000).

Se habla desde esos ámbitos profesionales, que han propiciado y se han beneficiado del modelo fracasado, de la necesidad de “adecuar” los Equipos de atención primaria, para solventar los problemas graves que el propio modelo ha provocado. Sin duda la primera medida de adecuación urgente es que esos EAP que incumplen su jornada legal de consulta, la cumplan. Es decir, ir a un modelo en el que las consultas, tal como dice la Ley y la jurisprudencia del TS, se abra todos los días laborables, justificando por tanto la retribución que por ese trabajo de consulta se recibe.

Hay que recuperar el orden natural de las cosas y restablecer las prioridades que determinan tanto la naturaleza de la medicina de familia como el interés general del paciente. Hay que priorizar, también sin complejos, las consultas sobre las guardias. Anteponer el cumplimiento de la jornada legal de consulta al acúmulo de jornadas complementarias.

En otras circunstancias de menor ofuscación y menor interferencia de intereses creados, no sería necesario decir algo tan obvio: para hacer jornada complementaria (de guardias) primero hay que completar la jornada ordinaria (de consulta). Basta leer el Estatuto Marco, que define el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso, y basta leer la jurisprudencia firme del TS que establece la naturaleza del “descanso” posguardia. Resulta obvio. El actual modelo contraviene toda lógica.

Con este objetivo de sensatez razonable y buena gestión, se pueden barajar distintas alternativas o modelos.

Desde el modelo en que la asistencia de consulta y la asistencia de atención continuada de nuestra Atención primaria están disociadas y corresponden a colectivos profesionales diferenciados, EAP y PEAC, hasta un modelo de “microguardias” en que el EAP asume rotativamente “microguardias” de 15:00 a las 20:00 horas y a partir de esa hora inicia su turno el profesional PEAC.

La ventaja de estos modelos alternativos es que se respetan escrupulosamente los descansos entre jornadas, unos y otros (EAP y PEAC) cumplen su jornada legal (lo cual es un imperativo), y las consultas se abren todos los días laborables como señala la ley, lo cual reduce las listas de espera y beneficia al paciente, es decir, nos beneficia a todos.

Lo que no se puede ni se debe es seguir falseando la realidad.

 

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