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Conjuntivas y Disyuntivas

Las razones (o las sinrazones) por las que el PSOE o su gestora han tenido a bien apoyar -de manera incluso violenta contra sus propias filas- al gobierno de Rajoy, sólo pueden articularse de manera conjuntiva o disyuntiva, aunque siempre con un fondo de oscura y recóndita motivación.

O lo han apoyado por sintonizar con su proyecto político y prácticas neoliberales, con su ideología y logros en materia de recortes, o lo han apoyado huyendo de un test electoral en el cual se temen no lograr el aprobado. O por una cosa “y” la otra al mismo tiempo, opción esta última que parece la más probable, dados los antecedentes simbióticos y de compadreo mutuo. Lee el resto de esta entrada

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Sistema

Tanto se equivocan las encuestas y las previsiones, que va a ser que no quieren acertar. Tanto se equivocan las respuestas, que va a ser que no se hacen las preguntas (correctas). La realidad se rehúye y se disfraza, y el mismo análisis que se hace desde el poder y aledaños, no es análisis, sino catequesis.

¿Pero de verdad creemos que vamos a entender y explicar lo que ocurre con esa simpleza del “populismo” o esa demonización infantil, demagógica, y espuria de los “antisistema”?
¿Metiendo en el mismo y difuso saco a todos los que hoy contraatacan movidos por el instinto de supervivencia y el espíritu de indignación, aquí y en otras partes del mundo?
¿Qué vamos a suplir la exigencia debida de responsabilidades, de explicaciones, de reconocimiento de culpas y errores, de corrupciones y horrores, y en no pocos casos de delitos, echando la culpa a los demás, que son todos unos populistas?

Pues sigan pensando que el mundo es su mundo, y el mundo les desmentirá, como ya está haciendo.
Sigan pensando que con las cifras macroeconómicas, que alcanzan el olimpo sin descender a la tierra, se come, se viste, se educa, se cura la gente, cuando para alcanzar esas cifras brillantes y metafísicas, se han destruido y saqueado todas estas otras realidades palpables.

¿Por qué en vez de preguntarse tantas veces que es el “populismo”, no se preguntan alguna vez que es el “sistema”?
Este sistema.

¿Cómo funciona? ¿Qué tiene que ver con la democracia? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quiénes son sus beneficiarios? ¿Quiénes sus justificadores y quienes les pagan? ¿Cómo resuelve sus crisis? ¿Quiénes las producen? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Con que finalidad? ¿Qué es la partidocracia? ¿Qué es el bipartidismo? ¿Qué es el partido único? ¿Cómo influye el poder ilegítimo -no democrático- de los que tienen dinero -plutócratas- en las decisiones que se toman? ¿Por qué los prestamistas nos obligan a saldar la deuda -caso de que sea legítima, que lo dudo- recortando derechos y no suprimiendo privilegios? ¿Por qué no se persiguen y cierran los paraísos fiscales, pero se saquean las pensiones? ¿Por qué los recortes de derechos –humanos- que soportan y subyacen a la falsa y sesgada “salida” de la crisis, no son reversibles, no se pueden tocar? ¿Por qué el próximo objetivo son los más desvalidos, los más indefensos, los pensionistas?

Todas estas son preguntas acuciantes y urgentes, que no se resuelven con la simpleza del “populismo”.

La gente no se indigna a humo de pajas ni se quema a lo bonzo delante de su banco porque sí.
¿O todo eso también será populismo y demagogia?

Es el sistema el que nos ha traído hasta aquí, no el populismo. Hasta aquí no hemos llegado de la mano de Donald Trump, es el sistema el que ha traído a Donald Trump, para que no llegara Bernie Sanders.
Donald Trump es parte del sistema. Es el colofón de la teoría. De una teoría equivocada, porque no está basada en la justicia, ni en la propia naturaleza humana, que en esencia es colaboradora y solidaria, sino en el interés egoísta y antisocial. En la pura codicia. En el puro miedo.

El hombre no es un lobo para el hombre, pero estamos gobernados por lobos, y su doctrina es mendaz e inhumana.

Trump es el producto lógico y consecuente de la selva que promueve el “sistema”.
Trump se entenderá muy bien con Rajoy, o con Bárcenas, o con Correa, pero no se entenderá para nada con Podemos.

Universos paralelos. La doctrina va por un lado y la realidad por otro.
La teoría de los Chicago boys no quiere encarnarse en un mundo feliz, ni los borregos quieren pastar en la granja neoliberal, pienso de pésima y envenenada calidad.

Íbamos nosotros -tan paletos como siempre- a emular las formas y modos grandiosos y salvajes del Imperio, y resulta que el Imperio, que ni una triste reforma sanitaria pudo hacer, ya está de vuelta, recogiendo velas y afrontando las tempestades de los vientos que ha sembrado.

Entre pedagogías y relatos

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Sorprende y casi asusta el distanciamiento o incluso el cinismo con que en estos días se defiende la oportunidad de confeccionar “relatos” y propinar “pedagogías” a la medida de unos ciudadanos (o militantes) a los que se considera párvulos e inmaduros (lean algunos artículos de El País).

Y no sorprende que el impulso que guía esa apología del “relato”, no sea literario o filosófico, en relación con el arte o la verdad, sino directa y fríamente  mercadotécnico, en relación con el mercado y la compraventa.
De lo que se trata es de venderles la moto.

Se ha llegado a tal grado de asunción del vacío de esas gestiones, que la estrategia y la forma es lo que importa, y el contenido, aunque viciado y espurio, se da por bueno. El mejor vendedor es el que vende, por un buen precio, una mercancía sin ningún valor.

Es el retorno de la retórica y la sofística en su sentido peor, como instrumento al servicio de cualquier cosa. Relato falaz. Relato mercenario. Abortamos un muñeco y después lo vestimos.

Durante los últimos años, el PSOE ha intentado confeccionar, casi desesperadamente, el “relato” de sus diferencias -al parecer insalvables- con el PP de Rajoy y Aznar, para así no perder turno y su puesto oficial en la alternancia del régimen bipartidista.
Objetivo que se antoja ahora casi imposible, porque los hechos son mostrencos y conocidos por todos, y los últimos sucesos, con el golpe de mano a su recién estrenada democracia interna, han venido a confirmarlo. Los hechos son los hechos y se mantienen en el tiempo. Las excusas son cada vez más flojas y envejecen mal.

Felipe González fue ya un gran muñidor y vendedor de contratos basura.
Desde la corrupción política y económica a la precariedad laboral; desde el distanciamiento de las instituciones de la realidad de los ciudadanos, al ahondamiento de las desigualdades; desde el sometimiento a poderes ajenos a la soberanía legítima, a la inquina contra los mecanismos legítimos de democracia directa, el PSOE de los últimos tiempos ha empujado el mismo carro que el PP, guiado por un mismo convencimiento, unos mismos intereses, y una misma ideología.

Hemos vivido en régimen de bipartidismo, que no ha sido otra cosa que la máscara del partido único (tan denostado por todo el que se dice liberal). Hasta ahora los militantes han tragado. El hecho nuevo es que según parece ya no.

Y esto les honra, si comparamos su rebeldía con otras militancias que hacen los coros a la corrupción de sus jefes.

Padres patrones

Inanes e imberbes, los ciudadanos adultos de nuestro país, hasta cuando peinan canas están sujetos al dictamen y permiso de los padres de la patria, tal que -por ejemplo- un incombustible e insaciable Felipe González.

Cualquiera comprende que con esta especie de eterna adolescencia, una democracia nunca pueda alcanzar la mayoría de edad, ni ingresar por mérito propio en la edad adulta.

Al menos a mí, siempre me sorprendió que tras prolongadas décadas de corrupción y cotarro, nuestra democracia siguiera recibiendo, impertérrita, el calificativo de “joven”, que es como si a un varón talludito al que se le ha pasado el arroz, y que ha conocido mil y una miserias, le siguieran llamando “Pepito”. Sobre todo las tías-abuelas.

Y lo más penoso de este caso es que a ese “Pepito” se le paseaba -cual monstruo de feria- por medio mundo, como botón y muestra de la más preclara y excelsa madurez.

Y el motivo debía ser este: debido a oscuras genealogías y viejas taras congénitas, nunca se considerará a nuestra democracia capaz de valerse por sí misma. Siempre necesitará de una libertad vigilada bajo el tutelaje de los dueños de la patria. O sea, de los padres patrones.

Sostiene ahora el Padre que el hijo le ha defraudado, porque no ha seguido el guion (o las órdenes).

¿Y cuál era el guion?
Pues prolongar y estirar la farsa para hacerla creíble.
Una forma como otra cualquiera de tomar el pelo al personal, y de paso hacerle perder el tiempo, que para eso le sobra, estando la mitad en paro.

Que los votantes, o incluso los militantes, se sientan engañados y estafados, no importa. Eso importaría en una democracia. Lo que importa aquí es que el patrón se siente defraudado en el cumplimiento de sus órdenes. Y lo hace saber con un ordeno y mando, y agitando la vara en la derecha mano.

Se queja el Padre también de que el hijo “dijo que iba a hacer una cosa y luego fue otra”, cosa que a él nunca le ha ocurrido (ya era perro viejo cuando joven), ni siquiera con el ambiguo asunto de la OTAN.

Experto en farsas de varios actos, con entremeses y postre, domina el escenario como ninguno, y sabe de lo que habla cuando dice ¡Ya!

Siervo de sus dueños y patrón de sus esclavos, su sentencia va a misa.
Donde hay patrón no mandan militantes, y donde hay padres de la patria no mandan ciudadanos.

¡Qué país!

Ethos y Pathos

Al final hay que concluir que el problema de España no es político, ni territorial, ni de mística identidad incomprensible, ni de inefable destino en lo universal, ni de enigma histórico, sino ético.
A pesar de ser abanderados de la fe, y cruzados de la ortodoxia (cualquier ortodoxia nos viene bien, la que se tercie; ahora lo somos, porque así cuadra, de la ortodoxia neoliberal y austericida), eso no oculta el problema esencial: tenemos un problema moral como la copa de un pino.

¿Ustedes se imaginan este país sin corruptos?
¿Dónde podríamos estar ahora si no se hubiera robado tanto dinero público y durante tanto tiempo?
Hagan cuentas y echen a volar la imaginación. Crean, por un momento, en un destino mejor.
Quizás nuestros jóvenes no tendrían que emigrar. Quizás tendríamos dinero para nuestra sanidad, nuestra educación, y nuestras pensiones. Bastaría no robar tanto para poder dar una vida más digna a nuestros dependientes.

Porque además, a este nivel al que nos referimos, no se roba por necesidad, se roba para el lucro y el exceso. Y además se roba a lo grande, en cantidades industriales, mediante cifras que al ciudadano medio causan vértigo.

Rajoy, al que le interesa mucho mirar para otro lado y quitar hierro al asunto, echa balones fuera diciendo que la corrupción está en la condición humana (ayer mismo se lo volví a escuchar, intentando explicar, así, su impotencia ante Rita Barbera, última etapa de una serie dilatada y flácida de impotencias). Esto le hace irrecuperable como político, porque pareciera que la condición humana va por barrios, y aquí en España (y sobre todo en su partido) más que condición humana es afición gozosa y perversa.

¿Cuántos aforados hay en Alemania?
¿No hay países en nuestro entorno donde un político dimite por copiar una tesis doctoral?

Así que esta corrupción que nos hunde, no es una corrupción a salto de mata. Es una corrupción organizada, planificada, gregaria, corporativa, tejida de complicidades y silencios, donde la condición humana no ha sido víctima de un arranque pasional, sino que se ha tomado su tiempo en elaborar un plan, en diseñar un clima, en entronizar un régimen.

¿De dónde procede la impotencia de Rajoy ante tanto corrupto como le acompaña en su dudoso y sinuoso camino?
Háganse esta sencilla pregunta.
¿Por qué en esta materia tan triste vamos del PP al PSOE, y del PSOE al PP, y vuelta a empezar?
Sigan preguntándose mientras les quede un hilo de voz, un resto de aliento cívico.

Lo que de verdad nos devolvería y nos reconciliaría con la condición humana, sería pensar en los dependientes, en los enfermos, en los niños que se tienen que educar, en los ancianos que recorren su última etapa ya sin fuerzas, antes de meter la mano en la caja del dinero de todos. Esa caja que se llena con tanto esfuerzo y se vacía tan rápido cuando se roba a manos llenas.

No es este un tiempo en que debamos buscar pasar página a toda velocidad. Es este un tiempo en que debemos leer la lección con parsimonia y detenimiento: este régimen está acabado.

Este país necesita echar nuevas raíces, más sanas, y eso sólo puede hacerse desde las urnas, expulsando de las instituciones mediante el voto a los corruptos.

Lealtad

Dentro de la lealtad de los militantes de un partido, está decir a sus dirigentes lo que piensan; no contribuir al silencio servil que hace que los errores crezcan y se multipliquen.

En un partido democrático, sobre todo si se dice socialista, la libertad de expresión debe hacerse extensible a todo el conjunto de los militantes, y es la voluntad y el criterio de estos los que deben dictar las acciones del partido.

No es coherente con el carácter democrático y socialista de un partido, atemorizar a la militancia con favores y castigos, con enchufes y ostracismos, o con la antidemocrática admonición de que el que abre la boca no sale en la foto. Lee el resto de esta entrada

Buscando el rumbo

El PSOE de Pedro Sánchez, que anda un poco desorientado entre Escila y Caribdis, entre Susana y González, sirenas del mar engañoso, intenta como Ulises no escuchar sus cánticos y arribar entero a buen puerto con su baldada marinería, a ese mítica Ítaca socialista (o socialdemócrata a secas) que tanto tiempo hace dejaron varada en la orilla, tejiendo y destejiendo su aburrimiento y su triste espera.

Desde las altas cumbres, los ciclopes de un solo ojo y dos lenguas (si no más), le arrojan piedras traidoras en vez de rosas donosas, como barones felones agarrados como lapas a sus respectivos peñascos, y entre unos y otros se abren profundos acantilados y enfurecidas olas, que no oscurecen el desaforado griterío.

“A mitad del andar de nuestra vida / extraviado me vi por selva oscura / que la vía directa era perdida. / ¡Ay, cuánto referir es cosa dura / de esta selva lo espeso, agreste y fuerte, / de que aún conserva el pecho la pavura!”.

Y si toda duda hamletiana es digna y dramática en sí misma, y todo extraviado viajero es digno de consuelo y hospitalidad, también es cierto que se hace camino al andar y cada uno recorre su propia senda. Lee el resto de esta entrada

El candidato

Frankenstein

El candidato “viable” del PP, el candidato de consenso, de las derechas de derechas y de las izquierdas de derechas (al final todo queda en casa) sería sin duda Felipe González.

González sería el candidato ideal del dogma oficial, para salir de este marasmo inane que nos atenaza, rematando la faena de embalsamar, esta vez definitivamente, el socialismo residual y agónico (por socialismo entiéndase la tenue y desvirtuada sombra que suele llamarse socialdemocracia), y dar una nueva oportunidad de saqueo y triunfo a ese capitalismo radical y salvaje, desatado y sin control, para el que las pensiones son una golosina y la salud un negocio, y que el doctor Frankenstein (de los laboratorios Rubalcaba) quiere de nuevo resucitar y promover, para alegría de sus dueños. Lee el resto de esta entrada

Apolítico (publicado en prensa 18/08/16)

Uno, que siempre ha sido apolítico por instinto, naturaleza, y falta de tiempo, entiende que hay momentos históricos en un país (quizás sólo uno a lo largo de una vida, pero las vidas se suceden y esos momentos fatídicos se heredan) en que la cuestión política, abandonado el carril de la rutina, alcanza rango superior, y se barajan cuestiones casi “metafísicas”.

Claro que aquí por “cuestiones metafísicas” quiero dar a entender aquellas que revisten con algún brillo trascendente (aunque ilusorio) la torpe maquinaria humana, para que esta no galope -como es su instinto- imparable y sin freno a su propia ruina. Lee el resto de esta entrada

Entre fundamentalistas y tramposos

El mundo sigue mostrando su rostro más postmoderno.

En USA se enfrentan la candidata de las trampas (trampas a su propio compañero de partido), Hillary Clinton, y el candidato de la barbarie, Donald Trump. En Francia los yihadistas degüellan párrocos, mientras el presidente del ejecutivo francés impone por decreto la barbarie laboral. En España la justicia procesa al PP, a su tesorera, a su abogado, y a un informático -unos mandados-, por encubrimiento y destrucción de pruebas (discos duros de Bárcenas), y en resumen, por intentar engañar a la justicia, mientras estamos a punto de investir como presidente de gobierno a su jefe supremo. Lee el resto de esta entrada

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