Archivos Mensuales: noviembre 2015

La Democracia no se rinde

A.- Pero si el Estado es el peor administrador… / B.- Ya le tengo a usted dicho, señor mío, que eso es una especie gratuita. / A.- Pero si lo dicen los mismos administradores del Estado… / B.- No, señor. Eso lo suelen decir aquellos administradores, consejeros o lo que sean, de Empresas o compañías particulares que a las veces se ponen al aparente servicio del Estado, pero para servir en realidad a estas Empresas o Compañías y hasta contra el Estado…”

B.- Y esa leyenda –porque es una leyenda- la fomentan hombres públicos que en el servicio público se dedican a servir intereses particulares. Como ese sujeto a que usted aludía… “

A.- ¿Y no teme usted la tiranía? / B.- ¿Cuál? ¿La del Estado? La peor es la otra… / A.- Recuerde usted aquello de Spencer del individuo contra el Estado, recuérdelo. / B.- ¡Spenceriadas! La mejor garantía de la libertad individual, de la individual, de la personalidad, nadie puede darla mejor que el Estado…”

B.- Y yo le digo a usted y se lo sostengo que en las Empresas particulares hay aquí tanta o más rutina, tanta o más imprevisión, tanto o más descuido, que en el Estado y no más moralidad. Y que es más fácil echar tierra a irregularidades de la administración de esas Empresas que no a las de la administración del Estado. Y más, y es que si hay un pundonor de cuerpo, un sentido de responsabilidad colectiva, le hay más, con haberlo poco, en los cuerpos administrativos públicos, del Estado, que en los otros. Y siempre me ha sorprendido ese odio que ciertos sedicentes liberales y otros que se creen socialistas profesan al Estado, no a éste, o a aquél, sino a la institución política”.

B.-… esta desenfrenada lucha de egoísmos… amenaza acabar con la ciudadanía y por ende con la civilidad y con la civilización”. (“Lo Mayúsculo y lo Minúsculo / MONODIÁLOGOS / Miguel de Unamuno”)

 

Leo en los MONODIÁLOGOS de Unamuno el artículo titulado “Lo mayúsculo y lo minúsculo” (publicado en “El liberal” de 31 de diciembre de 1920), y no puedo por menos de reconocer que la batalla ideológica que hoy protagoniza la rabiosa actualidad, está ya muy trillada y es más vieja que Matusalén, como todos esos “neos” y “post” que hoy nos epatan, disfrazados de modernos.

En realidad la confrontación que hoy se vive (y no sólo hoy, como vemos por la cita de Unamuno) no es la del individuo contra el estado, sino la del dinero contra el Estado y la del particular interés contra el interés colectivo (un clásico de la condición humana), que hoy ya, y dado lo que hemos avanzado en “progreso” y velocidad, adquiere dimensiones ecológicas (y con esto quiero decir catastróficas), tal que si no ponemos remedio rápido acabarán siendo irreversibles.

No se trata ya, como antes, de una confrontación entre clases o intereses que concurren en el momento presente (o no es sólo eso), sino que ganando protagonismo la dimensión temporal dentro de un marco ecológico limitado y finito, se transforma ahora en un conflicto entre generaciones. Las del presente, que consumen y agotan ávida e irresponsablemente los últimos recursos del planeta, y las que han de venir después, si es que hay lugar (y aire respirable) para ello, y que no tendrán ya medios claros para sobrevivir, al menos de manera civilizada.
Lo cual a su vez deriva de un conflicto conceptual entre progreso y explotación frente a equilibrio y sostenibilidad, fruto de un antropocentrismo mal informado incluso desde el punto de vista teológico. Y esto no debe extrañarnos porque la teología, por su propia esencia, es irracional, de la misma forma que la teocracia (régimen que impera en las dictaduras islámicas, pero también en el Vaticano) no es democrática.

Asistimos a un caso singular dentro de la imperiosa y ciega mecánica darwinista, en que la codicia a ultranza, la mística (algunos dicen ética) del egoísmo, esteriliza y anula la progenie, incluida la propia, y acogota la esperanza en el futuro.
Y es que con tanto macho alfa metido a político beta, y con tanto mangante lerdo metido a liberal místico, tenemos garantizado el desastre general y solidario de unos y otros, no sólo como individuos o clase social (sea la que sea esta), sino más ampliamente como especie viviente.
Sobre todo porque en la guerra que actualmente sostenemos, primero contra nosotros mismos (favoreciendo la competencia frente a la colaboración) y después contra el planeta, tenemos todas las de perder.

¿Ha cambiado la lucha de clases? No lo sé. Lo cierto es que hoy vuelve a haber pobres de solemnidad y ricos de reventar, quizás con la diferencia de que cada vez más el destino de unos y otros converge, incluso en un plazo de tiempo presumiblemente no muy largo, hacia un desenlace común no demasiado halagüeño.

En las “danzas macabras” que inmortalizaron las obras de artistas como Holbein, era la muerte individual y personal la que igualaba a ricos y pobres, arrieros y Papas, labriegos y Reyes. Ahora es la muerte de nuestro espacio natural la que se prevé nos iguale a todos en un mismo destino y en una misma barbarie, que parece vislumbrarse cada vez más cercana.

Pero más acá todavía de ese negro horizonte, hoy observamos novedosos enfrentamientos, hitos de resistencia, que no se corresponden con el esquema clásico de la lucha de clases. Por ejemplo el que se vive hoy en España (y en otros países de nuestro entorno) entre los trabajadores públicos (funcionarios o no) contra los políticos corruptos, merced al impulso de una nueva épica que persigue defender el Estado frente a la selva que propugnan los acólitos del caos, y la ética pública y civil frente al laissez faire de la desregulación -que es el camino abonado y expedito a la corrupción y la debacle-. Las mareas, las únicas que  han hecho historia reciente y nueva en nuestro país, se nutren de ese impulso.

Desde esta perspectiva, los políticos corruptos vendidos al poder del dinero, son los auténticos antisistema, la auténtica quinta columna que desde dentro del Estado quieren destruir el Estado, como ya señalaba en 1920 el lúcido rector de Salamanca.

Tras las dolorosas lecciones de la crisis, muchos servidores del Estado y otros héroes anónimos, en muchos lugares y ámbitos de Occidente, y utilizando en gran medida los nuevos medios y su posición estratégica en el engranaje, le han declarado la guerra a la corrupción y al entorno que la ampara. Llamar a ese entorno “Sistema”, o lo que es peor, “Frente Constitucional”, es ridículo pero no inocente. Es, para decirlo paradójicamente, la nueva cruzada de lo laico, la nueva cruzada de lo público en defensa de la democracia, que es la base de nuestra civilización, la que está defendiendo el Sistema. El Sistema de verdad, no el cotarro de los tramposos.

Antoine Deltour, el honesto auditor que ha puesto al descubierto el carácter mafioso de los actuales dirigentes de Europa, Juncker y Dijsselbloem, es uno más y no el último de esos valientes que le han plantado cara al poder totalitario del dinero. Frente a altos y empinados cargos (fiscales generales, gobernadores del Banco de España, directores de los medios públicos de intoxicación) que son meros peleles de la política corrupta, se levantan ahora y plantan pie en tierra trabajadores públicos que no quieren formar parte de esa cadena servil que está acabando con nuestro sistema, fieles a la “cosa pública” y el interés colectivo, defensores del Estado y de la democracia.
Inspectores, auditores, funcionarios o interinos, médicos, abogados, jueces, trabajadores de a pie, catedráticos de filosofía, periodistas sin miedo, son los nuevos héroes de la libertad, el caballo de Troya que gracias al lugar que ocupan, pueden acabar, si se lo proponen, con el sistema organizado de corrupción.
En esa línea deben interpretarse algunos titulares de la prensa española:

-“La autoridad fiscal denuncia a Montoro ante la Audiencia nacional”.
-“Los presidentes de la Comisión y del Eurogrupo crearon la trama de fraude fiscal masivo”. Detrás del descubrimiento de esta trama de corrupción está un simple y joven auditor, Antoine Deltour, que nos dice: “J’agi par conviction…”.
-“Los inspectores arropan a los peritos del CASO BANKIA y critican a Linde”.
-“Los trabajadores de RTVCM explican por qué siguen las protestas de VIERNES A NEGRO” (a pesar del reciente cambio de gobierno en Castilla La Mancha).
-“Los fiscales denuncian las trabas para luchar contra la corrupción” (acusan al Gobierno de dificultar la lucha contra la corrupción).
-“Los funcionarios de Castilla y León desentierran el hacha de guerra contra la corrupción”.

Dicho en pocas palabras y al hilo de las reflexiones de Unamuno: la mecánica hinchada de lo minúsculo y la dinámica desregulada de lo privado, están acabando con el orden básico y fundacional de nuestra civilización, la ciudad Estado o el Estado como ciudad ideal. Y es que los hinchas de la ética egoísta, que siempre fueron a lo suyo (ciegos para los intereses de la cívitas), esta vez se han pasado dos pueblos y han acabado en la selva.

Kathleen Battle & Wynton Marsalis, “Eternal Source Of Light”

Kathleen Battle & Wynton Marsalis, “Eternal Source Of Light”

Kathleen Battle, Wynton Marsalis – “Pace Una Volta”

Kathleen Battle, Wynton Marsalis – “Pace Una Volta”

Pequeñeces

 

Grecia: Monte Athos © G. Jones

Grecia: Vista del interior del Monasterio de Karkallou, Monte Athos. © Guillermo Jones

 

 

Hace poco me manifesté en elogio de la vida frugal, así que en un intento de coherencia cogí hilo y aguja y la cortina a reparar (la que cuelga por fuera de la puerta de entrada en una casa de pueblo toledano, y que hace -con buen tiempo- las veces de puerta que no se cierra nunca) y me apliqué al noble arte de reparar lo roto.

Hoy ya todos saben que por decálogo del credo en boga (llamémoslo capitalismo al cubo), las cosas fabricadas vienen con trampa incorporada (trampa que pagamos junto con el IVA) de forma que en un tiempo más bien breve y ridículo, que dura menos que un suspiro, los dichos enseres se malogran y ya no sirven para nada, si no es para seguir llenando el planeta de chatarra inútil y contaminante. Si al menos sirvieran de abono, tendría un pase.

Lo asumimos y damos por hecho que así es la maquinaria que nosotros mismos ayudamos a engrasar con nuestro silencio y beneplácito.

Por contraste que da que pensar, aún conservo un tirachinas de cuando vestía de corto y no respetaba –como se debe- la vida ajena. O incluso las acacias a las que trepaba en busca de pardales, en el barrio de mi infancia, siguen produciendo pámpanos. Es otro ritmo y otra filosofía, inconsciente pero filosofía.

¿Qué tipo de revoluciones, que tipo de rebeldías, que tipo de dialécticas éticas e históricas, o que luchas de clases podemos oponer a las cosas y a los cacharros  -en sí mismos inocentes- que de este modo nos toman el pelo con total impunidad, nos roban la pureza y la pereza ingénita del alma, nos explotan y nos extraen las plusvalías, fieles sólo a su software trucado?

¿Será esta una lucha solidaria y colectiva? ¿Será una pelea a título personal? ¿O un combate impersonal contra objetos sin rostro? ¿Una guerra a cara de perro o sólo una trifulca? ¿Una batalla contra las mismas cosas o sólo contra sus malvados fabricantes sin escrúpulos?

No sabría decir al respecto ni una sola cosa sensata, porque al menos para mí es este un asunto demasiado complejo, demasiado tenebroso, y el que esté libre de artefactos que tire la primera tuerca. Sin embargo sí que puedo entender y valorar que la vida de los monjes del Monte Athos -por ejemplo- exhibe allí, en las alturas silentes de la península Calcídica, una ascética que resulta inmisericorde con toda esa estructura opresora.

Ante esa exhibición de suficiencia y rústica virtud que los monjes despliegan tocando campanas y cultivando hortalizas frescas, los más brillantes logros de la civilización que hoy nos contaminan y ofuscan, colapsan tal que si fuesen una manifestación del maligno, una tentación de San Antonio de Egipto, un espejismo del desierto.

Son, esos eremitas, la rama más dura del anticapitalismo, y su arma más feroz es saber matar el tiempo debajo de una higuera (si no aprendemos a matar el tiempo, él nos matará a nosotros). Leen con parsimonia el libro de la naturaleza, y el “sistema” se cae por su propio peso como un higo maduro que ellos se zampan.

Pecan, si acaso, de un misticismo demasiado nominal y concreto, para mi gusto.
Quizás en esto les ganan por goleada los monjes taoístas y los vagabundos poetas zen, que con sus haikus (lean a Matsuo Basho) respetan la trama inaprensible y bellísima de la naturaleza. Más difusos, y por eso mismo más sabios:

“El Tao que puede ser expresado / no es el verdadero Tao.

El nombre que se le puede dar / no es su verdadero nombre.

Sin nombre es el principio del universo; / y con nombre, es la madre de todas las cosas”.

TAO TE KING

Eremitas y vagabundos

Vagabundos y eremitas

MATSUO BASHO, VAGABUNDO Y POETA

No lo dudes

también la marea tiene flores

bahía primaveral

Matsuo Basho 8

¡De qué árbol en flor

no sé

pero qué perfume!

BashoBasho 2Matsuo Basho 4

Sólo soy un hombre

comiendo su sopa

ante la flor de asagao

Matsuo Basho

Más alto que las alondras

descanso en pleno cielo

en la garganta de la montaña

Matsuo Basho 3

Silencio

la voz de la cigarra

penetra las rocas

Matsuo Basho 2

Un cangrejito

escalando mi pierna

aguas del manantial

Matsuo Basho 7

En mi copa de sake

han dejado caer barro

las golondrinas

Matsuo Basho 9

Admirad bien la luna

antes de que corten

los juncos del río

 

En medio de la llanura

canta la alondra

de todo libre

Daily Life in Tokyo, Japan

Origen: Daily Life in Tokyo, Japan

O nosotros o nadie

Demasiadas palabras

La militancia clandestina usaba la criptografía, como lo hacían los diplomáticos y los militares, para enviar anotaciones a compañeros que los adversarios no pudieran descifrar.  No parece que ahora la izquierda envíe mensajes para ser descodificados o puede que sí y que esté alertando de su propia incapacidad. Observando cómo ha terminado el sainete de la unidad, todo es posible. Tanta palabrería sobre la necesidad de confluir y resulta que todo termina en un estrepitoso fiasco para contrariedad de unos y regocijo de otros.

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DIRIGENTES Y MALEANTES

 

Antoine Deltour

Presididos y dirigidos por MALEANTES (o delincuentes, si hacemos un uso más sincero del castellano) no es fácil que lleguemos a buen puerto. Esto es lo que por pura lógica debería pensar cualquier persona mínimamente sensata e independiente (no condicionada por interés personal de beneficiado en esta mafia institucional) al leer la información que hoy publica PÚBLICO (valga la redundancia) y que titula: “Los presidentes de la Comisión y del Eurogrupo crearon la trama de fraude fiscal masivo para las multinacionales”.

No es que no estemos acostumbrados a este tipo revelaciones, por otra parte muy frecuentes en España, pero como coincide con otro tipo de circunstancias (terribles) que atañen a Europa y a su mismo corazón (París, Bruselas) duele más, por no decir que nos deja ya definitivamente indignados con la situación de depravación y fracaso que rezuma este invento a través de tantos síntomas.

Al mismo tiempo que esta información confirma (a pesar de las trabas que los mismos delincuentes tienen el poder de decidir) informaciones previas, y ponen ya en claro el proceso de fraude y saqueo de las arcas públicas de los europeos (lo cual no impide que sigamos dirigidos por los mismos dos maleantes gracias al apoyo cómplice de “la Gran coalición” de populares, socialistas, y liberales), los investigadores del reciente atentado en París van consiguiendo una descripción fidedigna del contexto social y económico en que los terroristas de la reciente matanza de París han brotado (precisamente en Bruselas), con indudable libertad para escoger entre el bien y el mal (como todo ser humano), pero también condicionados por un escenario muy concreto, escenario que por supuesto a los amigos de lo ajeno arriba mencionados, importa un bledo, pues no en vano colaboran a él con sus fechorías, moviéndose como peces en el agua y ratas en la ciénaga, gracias a la oportuna DESREGULACIÓN.

DESREGULACIÓN Y VIOLENCIA, podría ser un buen título para la tesis doctoral de algún sociólogo en ciernes que estuviera preocupado por la marcha de los acontecimientos.

Y es que hemos pasado del “Espíritu de las Leyes” a las realidades de la desregulación tan bruscamente, que muchas veces la reflexión que se nos impone ante la explosión y proximidad de la realidad cruda y dura es que “esto no puede estar pasando”. Pero si está pasando. Incluso aunque usted no salga de casa a protestar. No necesitan su permiso. No cuentan con usted. Pero ante todo ¡UNIDAD!

“España es uno de los ocho países que más dinero ha perdido” gracias a esta trama de fraude. ¿Somos los tontos del pueblo?

En coherencia con la “sociedad abierta” de la que gracias a Dios formamos parte, el único castigado por este fraude es el honesto auditor que ha destapado el asunto: Antoine Deltour, que no tengo el gusto de conocer pero que debe ser uno de esos europeos que, a pesar de sus jefes, hacen Europa. Es además joven, lo cual alienta la esperanza.

Interesante también como detalle y síntoma, la incautación a un europarlamentario de los Verdes de una libreta en la que tomó notas tras consultar unas Actas sobre el turbio asunto. ¿Exigirá USA un bloqueo de Europa al no respetarse en su territorio los derechos humanos?
¿No les recuerda esto a otros síntomas de la herida abierta en la sociedad abierta, tal que un Edward Snowden, Assange, Manning, Falciani… etc.? ¿No empieza a configurarse ya una densa y perseguida lista de defensores y héroes de la civilización, tal como hasta ahora se había entendido la civilización en Occidente?

Juncker, Dijsselbloem… Bárcenas. Ya me dirán ustedes con que espíritu se puede acometer la defensa de la civilización con estos generales.

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