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Amnistía fiscal

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Síndrome de Estocolmo

Todo va como la seda

Montoro

 

Como diría nuestro inefable y huidizo presidente del gobierno, al que desde aquí le recomendamos que sea fuerte y le aseguramos que hacemos todo lo que podemos: todo va como la seda.

Somos la vanguardia, el ejemplo a seguir, y como viene siendo tradicional, la reserva espiritual (y futbolera) de Occidente. Somos la repanocha.

En nuestros dominios no se pone el sol porque no sale. Como seremos que hemos estrenado el mecanismo europeo para liquidar bancos en dificultades, después de todo lo que nos ha llovido encima en este terreno anfibio y resbaladizo del rescate bancario.

Ya digo: la vanguardia de la posmodernidad.

Este “estreno” avant-garde de un mecanismo de liquidación debe ser algo muy parecido a ir por delante de todos los demás en I + D.

Que nadie dude que estamos abriendo caminos desconocidos, nuevas vetas de negocio, nuevos mecanismos de saqueo y liquidación, nuevas maneras de estafar a la gente, inusitadas maneras de llamar a las cosas por su falso nombre.

Nunca hemos sido rescatados y quien diga lo contrario miente.
Que a cambio de “esa cosa” que algunos insisten en llamar rescate hayamos comprometido el recorte de nuestros derechos y suspensión de todo lo que da fundamento y sentido a una sociedad: los instrumentos sociales de cohesión, la sanidad pública, la educación, las pensiones… no significa nada. Es como si no hubiera ocurrido.

Usted puede vaciar de contenido un Estado y aun así quedará una cáscara con un bonito nombre: España, Estado, Patria, Unidad nacional… lo que usted quiera.

Como animales primigenios de aquel paraíso terrenal de inocentes, tenemos el don libre y estupendo de poner nombre a las cosas.

Lo que pasa es que a veces las palabras y los nombres usados en vano se parecen mucho a las burbujas que explotan.

Leo en artículo de El País: “El 9 de junio de 2012 España pide el rescate. Rajoy y Guindos insistieron en que este préstamo sólo conllevaba condiciones para el sector financiero. Sin embargo, al poco se reconoció el contenido del memorando, que recogía un largo listado de reformas económicas. La Troika aterriza en España. Se congelan las pensiones, se recorta la prestación de paro, se ajusta la plantilla de sanidad y educación y se aprueban las mayores subidas de impuestos de la historia reciente”.

Que un montón de banqueros inútiles, y un montón de supervisores inútiles -inutilidad que en este ámbito va unida tantas veces a la delincuencia- haya hecho piña con una recua de políticos corruptos y aforados para llegar a este punto, no tiene mayor trascendencia.
Lo importante es que hemos llegado a tiempo de rescatarlos, a unos y a otros.

Aunque sea a costa de las pensiones, y de la sanidad, y de la educación, y del futuro de los más jóvenes.
Me atrevería a decir que a cuenta incluso de la unidad nacional. Pero en fin, en este terreno todo lo que se diga suena artificioso, cuestionable, metafísico.
Lo real, lo verdaderamente palpable, es que los corruptos de Cataluña se parecen como dos gotas de agua a los de Madrid, y que los recortes de allí se parecen mucho a los del resto de España.

Ahora eso sí, en lances de fútbol nos implicamos como nadie. Qué pasión ponemos, cómo lo vivimos, qué delirio colectivo y solidario, que manera de gritar todos a una -como Fuenteovejuna- ese Gooollll estentóreo que aterroriza como un trueno de tormenta a todos los perros del barrio.

Por cierto, ¡que grandes psicólogos son estos inteligentes animales!
¡Como detectan! ¡Cómo huelen el peligro!

A ellos, el desmadre futbolero y el discurso sincopado y reducido a un sólo término evacuado con doloroso espasmo de abdominales: ese Gooollll que dice tanto con decir tan poco, les produce terror.
A mi horror vacui.

El Tribunal Constitucional dicta ahora sentencia en la que establece que la amnistía fiscal del alegre  Montoro no es de recibo ni envuelta en papel de regalo. Y es que Montoro, un auténtico anti-Robin Hood que -como todo neoliberal que se precie- roba a los pobres para dárselo a los ricos, se sacó de la manga un procedimiento que a cualquiera con espíritu democrático y dos dedos de frente, ya desde el primer momento parecía cosa rara, sin pies ni cabeza. Algo así como un fraude (anticonstitucional) bendecido por altas instancias cuya finalidad era bendecir y dar por buenos otros muchos fraudes más.

¡Pero a quien se le ocurre perdonar a los defraudadores fiscales para hacer pagar el fraude y sus consecuencias a los que no defraudan!
Es decir, a los pensionistas, a los asalariados, a los trabajadores públicos, a los dependientes, a los parados, a los que menos tienen.
¿Es esta la igualdad ante la ley que pregona la Constitución?

¡Mira que tenían razón los indignados del 15M!

La crisis la están pagando sus víctimas. Los autores y fautores se van de rositas.

El invento del alegre Montoro afecta, según se lee: “a la esencia del deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos, alterando sustancialmente el reparto de la carga tributaria a la que deben contribuir la generalidad de los contribuyentes, según los criterios de capacidad económica, igualdad y progresividad”.

Por otro lado, el gobierno portugués, lleno de “extremistas de izquierdas” y de “radicales”, según la terminología al uso de los lavadores de cerebros, es al día de hoy la envidia y el ejemplo de toda Europa, y motivo de satisfacción y orgullo para sus ciudadanos.
Y todo gracias a una fórmula de coalición de izquierdas que se podría haber aplicado en España sí Felipe González y su gestora golpista no se hubieran empeñado en lo contrario.

Protección de los salarios, de los servicios públicos, de las pensiones, de una política socialdemócrata que sin complejos le ha plantado cara, en su defensa de los derechos sociales, a la barbarie neoliberal en Europa.

A ver si aprendemos.

Según dicen, ellos han aprendido mucho de nuestros errores.

 

 

POSDATA: El secreto detrás de la increíble recuperación económica de Portugal: ¿cómo hizo para reducir el déficit y al mismo tiempo aumentar los salarios http://www.bbc.com/mundo/noticias-39494514?#_=_

El milagro de la izquierda en Portugal frente al auge de la ultraderecha http://www.elespanol.com/mundo/europa/20161125/173483510_0.html

9 de junio de 2012: el día que España tuvo que pedir el rescate | Economía | EL PAÍS http://economia.elpais.com/economia/2017/06/08/actualidad/1496944711_618627.html

El Constitucional anula la amnistía fiscal y deja en evidencia a Montoro http://politica.elpais.com/politica/2017/06/08/actualidad/1496933024_470959.html?id_externo_rsoc=FB_CC

De corrupciones y endogamias

Gestora PSOE

 

Al parecer, las fuerzas de orden público exageran, la justicia que hace su trabajo y no el del delincuente, exagera, las cifras exageran, y los números no cantan, sino que están histéricos.

La corrupción en España -opinan algunos- no es para tanto, y quien se indigna ante su magnitud es porque no tiene otra cosa mejor que hacer que meterse donde no le llaman, y ocuparse de asuntos que ni le van ni le vienen.

Doctores tiene la santa madre iglesia es el principio teocrático que siempre ha dirigido y acotado nuestra vida critica, y nuestra eterna crisis de libertad de pensamiento.

¡Cualquiera se indigna con lo mal visto que está últimamente!
En tiempos de Franco estaba incluso prohibido.

¡Cuanto más diligente y sabio es aquel que ante la corrupción reinante (y nunca mejor dicho) mira para otro lado y calla!

Es sorprendente el paralelismo que existe entre los hallazgos de la psicología freudiana y los hallazgos de la UCO. Y entre los vicios del sistema y las virtudes de la hipocresía.

El extremo centro que rige nuestra vida política tiene mucho que ver con este mundo de apariencias y represiones, donde tras la virtud y la “centralidad” cacareada, se esconde un ello radical que, desatado, arrasa con todo y arrambla con lo propio y lo ajeno, pero sobre todo con aquello poco que les queda a los que menos tienen.

Y es curioso y llamativo también el paralelismo que existe entre la vida y la política, y entre los hallazgos de los biólogos y los hallazgos de los politólogos.
O quizás no sea tan sorprendente si nos atenemos al hecho de que la buena política es una parte más de la vida corriente, y los buenos políticos son como usted y como yo, con los mismos derechos y las mismas obligaciones civiles que el resto, sin especiales privilegios que los segreguen de la comunidad cuyos intereses representan y defienden. O así debería ser.

Y para ser como debería ser, tendría que empezar por no haber aforados, que en nuestro país son plaga que cría el terreno, abonado con estiércol de primera.

Sorprende que hoy, en pleno trance de las elecciones primarias socialistas, tantos aboguen por un retorno a un pasado que nos ha traído a este presente -con tan poco futuro- de corrupción omnipresente y ubicua, tóxica y paralizante.

Proliferan las consignas contra las elecciones primarias, y aumenta la presión mediática contra la democracia interna, como si la democracia pudiera ser externa a sus sujetos protagonistas, o venir del  espacio exterior en un platillo volante.

Dentro de Europa (y casi diría dentro de Occidente), esta campaña feroz y esta animadversión militante contra la democracia interna, guiada por una especie de impulso contrarreformista, se está dando sobre todo o casi exclusivamente en España, donde nuestra relación con la democracia siempre fue problemática, y donde los  tímidos y breves intentos por conquistarla siempre fueron abortados por la fuerza de las armas, en defensa de la tradición sacrosanta.

Lo más moderno y demócrata que llegamos a explorar al hilo del devenir de la historia fue el despotismo ilustrado (nuestro sueño de la razón siempre produce monstruos), hasta arribar con enormes esfuerzos y dificultades al sueño desmochado de la república.

Los que hoy claman, andanada va y andanada viene, contra el protagonismo de los militantes de base, contra la eficacia y la oportunidad de las elecciones primarias, y en definitiva contra la democracia interna, base y pilar de toda auténtica democracia, tal y como se entiende hoy en el Occidente laico, están en esa línea de pensamiento pro-despotismo (ilustrado o corrupto ya es otro tema) y pro-élite. Aunque luego esa élite cuando se la sorprende en su espontaneidad natural y en su salsa, resultan ser en muchos casos simples chorizos que se manejan con soltura en un lenguaje francamente barriobajero.

Estos que hoy lanzan anatemas contra la democracia interna, quizás inspirados por el peor Platón y el peor liberalismo (Platón, aunque ilustrado, era muy poco liberal), parecen los mismos animadores ideológicos que hoy reclaman externalizarlo todo.

¿Por qué no también la democracia?

“Externalizar” la democracia (arrebatársela a los ciudadanos) para internar y acaparar el poder en un coto cerrado y a salvo de testigos.

No olvidemos nunca, sobre todo hoy en que las modas que impone el mercado nos ofuscan la mente, que hay liberalismos muy poco liberales, y que a la escuela de Chicago nunca le importó demasiado colaborar con Pinochet y sus matanzas. El momento cumbre de ese liberalismo fue cuando Margaret Thatcher tomó el té con Pinochet sin que le temblara la mano ni la permanente. Casi igual que con los sindicatos.

La vida nos sirve de modelo para este debate, el cual cabe abordarlo tanto por deducción razonable como por inducción empírica, es decir, tanto por el encadenamiento lógico de los conceptos como a partir de los mismos hechos que padecemos y palpamos.

Sabemos por la biología que todo espacio mal ventilado tiende a la corrupción, y sabemos también que aquellas poblaciones cerradas sobre sí mismas, sin flujos ni intercambios genéticos con el exterior, degeneran en su endogamia y corren veloces hacia su propio fin, generando en el ínterin algún que otro monstruo.

Algo parecido ocurre con el poder y la política.

El hecho fundamental que caracteriza nuestro presente económico y político es la corrupción, y el hecho fundamental que caracteriza nuestro pasado inmediato -más o menos constitucional-  es la partidocracia, que es el régimen pseudodemocrático en que los intereses de los partidos, y más selectivamente, los intereses de sus cuadros y aparatos (tantas veces vendidos al poder del dinero), prevalecen sobre los intereses de los ciudadanos y del país en su conjunto.

No es difícil inferir que a aquello primero (la corrupción) hemos llegado a partir de esto último (la endogamia), y que defender la endogamia como medio es defender la corrupción como producto.

Son los cuadros y los aparatos frente a los militantes y los ciudadanos; es la partidocracia frente a la democracia; es la sociedad cerrada frente a la sociedad abierta; es el cuadrado estéril frente a la curva dinámica.

La partidocracia no se lleva bien con la democracia interna ni con el protagonismo de los militantes. Se lleva muy bien sin embargo con la corrupción, y también con el despotismo.

Ilustrado o corrupto, ya es otro tema.

Desde fuera y desde dentro

Susana y Rajoy

 

Cuando la derecha más rancia y retrógrada (también la más corrupta) elogia y hace campaña por Susana Díaz, y parece querer llevarla en palmas hasta la victoria final en las primarias socialistas ¿le hacen un favor?

No, pero nos lo hacen a nosotros, porque si sobre lo que se debate y se decide en esas elecciones había alguna duda, esa circunstancia y ese apoyo lo deja un poco más claro.

Desde fuera del PSOE, pero desde dentro de los graves problemas a los que se enfrenta este país -el mayor de los cuales es la corrupción-, es difícil mostrarse indiferente a lo que el PSOE decide este domingo 21 de mayo, o abstraerse de la importancia que tiene para todo el país.

Creo que no somos pocos los que habiendo sido testigos del derrotero político que el PSOE ha ido tomando durante las últimas décadas (algunos hemos sido incluso votantes de ese partido), intuíamos que antes o después ese partido y esa evolución plena de contradicción y de decisiones inexplicadas, iba a entrar en crisis, y que dicha crisis no iba a ser una fiebre ligera ni un simple catarro.

Según lo vemos, la cuerda se ha ido estirando tanto, en la insensata creencia de que la elasticidad y la paciencia de los votantes socialistas son infinitas, que al final la tensión ha sido insoportable y la cuerda se ha roto.
Ahora se quiere coser, cuando algunos ni siquiera son conscientes o reconocen las causas y las responsabilidades de esa ruptura. No, ellos no tienen nada que ver con ese fracaso. Los responsables y culpables son los que acaban de llegar.

Para algunos militantes ha sido ya demasiado, y no han querido participar ni un minuto más en una mascarada que no sólo los avergonzaba, sino que los hacia fracasar en las urnas, quedando relegados al papel de lubricante fiel de la derecha.

La acción política del PSOE a lo largo de todo este tiempo ha tenido una deriva ideológica constante, pertinaz y demostrable, sesgada siempre en el mismo sentido, hacia el polo de la derecha política y económica, con hitos tan notorios como su participación en las distintas reformas laborales de carácter  retrógrado, que han hecho del trabajador el protagonista involuntario de un nuevo estatuto: el precariado; con su protagonismo incluso pionero en las vergonzosas e insolidarias amnistías fiscales; con su impulso reaccionario de las bases legislativas para la privatización de la sanidad (entre otras privatizaciones y concesiones al neoliberalismo más radical); con su decisión de someterse servilmente a la manipulación de nuestra Constitución (artículo 135), impuesta por Merkel a espaldas de los ciudadanos soberanos; y por último con su apoyo ya sin remilgos ni máscaras al gobierno de Rajoy, es decir, a un PP que ha batido todos los récords de corrupción, no sólo en nuestro país, sino en toda Europa, y cuyo único objetivo político es desprestigiar lo público, liquidar el Estado del bienestar, y aumentar la desigualdad y la injusticia. Y ahí han estado (y están), echando una mano, el viejo PSOE.

Esa es la hoja de ruta que los ha llevado hasta donde están, y esa hoja de ruta la han marcado dirigentes muy concretos, que además han hecho todo lo necesario  (y aún más) para que el criterio de los “cuadros” (como se llaman) prevalezca antidemocráticamente en su autismo suicida.

Pues bien, si esa era la ruta, ya han llegado.

Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez, como los últimos fracasos electorales de ese partido, son epígonos y herederos de esa deriva, de esa evolución en declive constante, y en definitiva de esa involución imparable.
Pero la actitud de ambos candidatos ante la misma es muy distinta.

Susana Díaz la suscribe al cien por cien y promete seguir en esa línea para ganar. Suerte para Rajoy y albricias para la derecha. Pésima noticia para la socialdemocracia y para los socialistas.

Pedro Sánchez parece haber aprendido la lección y entendido el mensaje, y se declara decidido a cambiar de rumbo. Una tenue esperanza y una última oportunidad para la unidad de la izquierda y el resurgir de la socialdemocracia, o lo que es lo mismo, última oportunidad para conservar el Estado del bienestar y la ilusión en el proyecto europeo.

Ese es el debate ideológico.

Y es que por mucho que los analistas ultramodernos nieguen que haya ya ideologías, o siquiera sólo ideas (únicamente admiten la persistencia de automatismos y fuerzas ciegas e irrefrenables), lo cierto es que haberlas haylas, y de su dinámica surgirá un nuevo progreso, más humano y sostenible, y continuará la historia por mucho que la quieran parar y dar marcha atrás.

Pero en una confrontación de candidatos, como esta, que nos afecta a todos, de dentro y de fuera del partido, no sólo tienen importancia las ideas y el debate ideológico sino también las personas.

Si la frase que achacan a Susana Díaz sobre Pedro Sánchez es cierta, no sólo define a la persona que la dijo, sino su manera de pensar, y también quizás explica ciertas actitudes prepotentes y ciertos juegos sucios, que con razón se han considerado bochornosos.

No creo que esas sean las actitudes vitales ni las aptitudes personales que convienen a un o una dirigente.
Yo al menos no me encontraría cómodo ni seguro sabiendo que una persona que piensa y actúa de ese modo dirige mi país, o mi partido.

Si es verdad que dijo:  “Ese chico no vale, pero a nosotros nos vale”, demuestra varias cosas:
primero, que es una persona imbuida de prepotencia, que siempre despreció a su compañero y anda floja en compañerismo; y segundo, que actuó de tapado, lo utilizó y nunca fue sincera con él.

Cabe aún preguntarse a quien se refería con ese “nosotros” a los que les venía bien la práctica oculta de ese juego sucio. Pero en todo caso parece indicar que no tiene un concepto demasiado amplio ni generoso, ni siquiera solidario, de los intereses colectivos.

Soy consciente de que a una persona no se la puede juzgar por una frase, pero lo cierto es que en este caso las acciones realizadas a posteriori se corresponden con el contenido y el espíritu de la frase dicha previamente.

Lo cual nos debe hacer sospechar que las acciones que se han querido hacer pasar como “reactivas” a unos hechos, estaban decididas y planificadas de antemano. Eran parte de la hoja de ruta.

Y lo mismo podríamos decir de Mariano Rajoy y sus frases.

¿Se puede juzgar a Rajoy por sus frases?
Por ejemplo, por aquellas que dirigió a su colega Bárcenas, cuando le recomendó ante los hechos que se iban descubriendo: “se fuerte”, o más directamente “hacemos todo lo que podemos” (para protegerte y protegernos, se sobrentiende).
Y efectivamente lo han hecho, y lo siguen haciendo con el apoyo cómplice de algunos.

Aquí también, de las palabras y las frases se pasó a los hechos, y por lo que vamos sabiendo en base a las informaciones que justifican la “reprobación” del ministro de justicia y sus colaboradores, efectivamente desde el minuto cero se pusieron a hacer -y en ello están- todo lo que podían para poner palos en la rueda de la justicia y para burlar uno de los principios fundamentales de la democracia, cual es la separación de poderes.

A muchos esto de la reprobación del ministro de justicia nos suena a regañina educativa que se propina –aún con esperanza- a un niño trasto.
Se le reprueba como si se hubiera hurgado la nariz, prescindido de corbata en un acto oficial, o copiado en un examen. Ligeros torcimientos en el camino de la vida que aún cabe enderezar.

Pero no estamos ante hechos de esa naturaleza ni de ese calado. Estamos ante hechos muy graves. Tan graves como los que estos días protagoniza Trump en su país. Estamos ante un ataque frontal a la democracia, ante un intento de vaciamiento de su contenido, ante un plan (supuestamente) para engañar a todos y burlar la Constitución.

Y eso no se merece sólo una reprobación o una regañina. Se merece una moción de censura en toda regla, porque si no, en el fondo y en la práctica, estamos dando amparo y sostén a esos hechos y al partido que los protagoniza.
Cosa que como todos sabemos no es una novedad, sino la causa fundamental -ese apoyo- de la actual situación.
Al parecer hay muchos a los que no les importa que nuestra democracia se vaya por el desagüe.

Tan grave como los hechos reprobados, es no actuar en consecuencia. Eso también es reprobable.

Catas

Las catas en un melón, por poner el ejemplo de una fruta popular, nos informan del estado del melón: si está verde o está maduro.
Es este un ejercicio de extrapolación desde la parte al conjunto que goza de cierto rigor predictivo, y que demuestra que somos animales inteligentes.

En cuanto al caso Lezo (por mencionar el penúltimo caso popular), la cata viene a coincidir con otras muchas catas más (Gürtel, Púnica… etc.), en una secuencia a la que no se le ve el fin (quizás porque no tiene uno solo), y que al sumarse elevan el rigor predictivo a grado de certidumbre, de manera que podemos decir que este melón lo tenemos calado.

Este acúmulo de casos e idénticas catas, nos informa que el contenido del melón del PP, o de parte importante de nuestra política, o de parte considerable de nuestra economía y de nuestra política económica, sin excluir sectores aún no definidos -en cuanto a su alcance y extensión- de la justicia y otros órganos fundamentales del Estado, está podrido, para decirlo de una vez y sin circunloquios.

Las frases grabadas a Ignacio González son catas en el discurso podrido del PP, o del sistema, o del statu quo. Y es que efectivamente son de tal naturaleza, y mantienen tal coherencia y ligazón, que lo que revelan y desnudan no es una madeja sino una trama. No se trata de un ovillo del que por desenvolvimiento podamos obtener un sólo extremo o un único cabo, sino que lo que se descubre en esa cata, o en esas catas, es una red difusa y ampliamente entretejida que ramificándose parásita no pocas instituciones del Estado y de la sociedad. Y ese tipo de ramificaciones o metástasis de un tejido que al final resulta tóxico y letal para el Estado y la democracia, viene a coincidir con el concepto que normalmente se tiene de mafia, una especie de moho que suele escoger para medrar, en régimen parásito, organismos débiles o debilitados.

Palabras gruesas, dirán algunos.

Pero es que hay algunos que les molesta el hecho de que el diagnóstico realizado previamente haya resultado ser tan certero; que las palabras utilizadas en ese diagnóstico fueran tan exactas, aunque se tildaran de indecorosas; y están lógicamente preocupados, pero no por lo que conlleva el diagnóstico de una patología grave para la sociedad y el Estado (que sospechó muchos ya conocían), sino porque plantea el problema de cómo justificar el prolongado silencio previo, la dilatada conformidad con tal estado de cosas, la nula iniciativa para cambiarlo, puesto todo ello ahora en evidencia por unos recién llegados.

Incluso con un ejercicio severísimo y responsable del decoro, las palabras gruesas pero exactas se imponen si queremos hacer justicia a los hechos y al idioma, y sobre todo, no pecar de hipócritas.

Son muchas las frases que estos días hemos conocido de los diálogos que Ignacio González mantenía con distintos interlocutores como si tal cosa, con expresiones que denotan claramente que sus protagonistas han pasado por la universidad, y han hecho un master en decoro y urbanidad.
Casi todas ellas podrían figurar en la película “El Padrino” de Coppola (de la que estos días se celebra el aniversario), o ser escuchadas en los bajos fondos de cualquier tugurio lúgubre.

Pero quiero centrarme en un ramillete de perlas que la periodista Berna González Harbour (El País, 1 de mayo de 2017) ha recogido para nosotros en ese estercolero, todo un ecosistema abonado a mayor gloria del delito:

Tenemos el Gobierno, el Ministerio de Justicia y un juez que está provisional. Tú lo asciendes y a ver, venga usted pa acá…” (Conversación con el exministro Zaplana).

Yo ya les he dicho: Mira yo ya estoy hasta los cojones, o sea, decidme, ¿aquí qué queda, pegarle dos tiros a la juez? ¿Qué alternativas tengo?” (Con Enrique Cerezo).

Yo no me corto en decirle a Rafa: Oye Rafa. El aparato del Estado y los medios de comunicación van a parte o los tienes controlados o estás muerto” (también con Zaplana y en aparente alusión al ministro de Justicia, Rafael Catalá).

Varias preguntas se imponen. La primera: ¿hasta dónde llega el alcance de la red y de la trama?
¿Hasta el fiscal anticorrupción? ¿Hasta el ministro de justicia? ¿Hasta el presidente de gobierno?

Y otra:
¿Qué tipo de procesos selectivos se siguen, o como hemos de valorar su representatividad directa o indirecta, para que esta clase de gente alcance las más altas responsabilidades políticas en el PP, pero no sólo en el PP?

Esto es lo que hay. O acabamos con ello, o ello acaba con nosotros y nuestra democracia.

No es sólo que por este medio no jugarán limpio en la confrontación electoral, es que además al engordar artificialmente el precio de los contratos que pagamos todos, el dinero que tendría que haber servido para la educación, para la sanidad, para la investigación, para evitar o paliar el hambre infantil, para combatir el paro, se lo llevaban crudo, y a manos llenas… en sacos, en bolsas…

En silencio y buena armonía.

Si en aplicación de la ley, si en virtud de la fuerza del Estado de derecho, no somos capaces de librarnos de esta lacra, nuestra democracia no será una realidad creíble, sino la cáscara de una mentira.

LAISSEZ FAIRE

Hay quien opina que la mejor manera y la más liberal de afrontar la corrupción, especialmente cuando esta es superlativa, como ocurre en nuestro país, es con indiferencia bovina.
Y que la manera más inteligente de enfrentar esta lacra, es con una tontez tan superlativa como la propia corrupción que se quiere combatir. Claro que no se trata de una tontez espontánea o innata, sino de una tontez aprendida o incluso predicada, un hacerse el tonto.

Lo cierto es que aunque la tontez sea tan sana, uno no puede dejar de percatarse, en los breves ratos de lucidez, que el apoyo a la investidura del gobierno de Rajoy fue el apoyo a la investidura de la corrupción. Y además, con pleno conocimiento de causa.

Lo benéfico de esta indiferencia, y lo saludable de esta tontez, es opinión muy extendida en nuestro país y de enorme éxito (de ahí el éxito de nuestra corrupción), pues incluso algunos profesores universitarios la defienden.

Argumentan estos que todo intento de corrección en esta materia peca de inmadurez (es propio de inmaduros tener buenas intenciones y altos objetivos), cuando no es fruto de la ignorancia, pues desconocer a estas alturas de la evolución antropoide el carácter incorregible del hombre, sin que medie manipulación genética, sólo instrucción moral, es propio de párvulos.

Defienden estos apologetas (o apolojetas, que diría Juan Ramón Jiménez), con indudable rigor científico, que todo intento de mejora (y los hechos parecen indicar que en nuestro país no se ha hecho ninguno) incurre en intervencionismo, en optimismo, y en algo mucho peor: en moralismo.
Moralismo que aunque sea de naturaleza laica o civil, nunca debemos dejar escapar del coto cerrado de las cátedras reglamentarias de la materia, de la misma manera que no se deben dejar escapar de los laboratorios los virus manipulados.

Proponen por tanto la indolencia y el adaptarse, como hacen los borregos, al hecho inexorable del pastor, y a la circunstancia incluso benéfica de los lobos.

Si el dinero es el dueño de la manada, es mejor aceptarlo y entrenar a los borregos para que lo sean con propiedad y con la cabeza alta… quiero decir, gacha.

Que esta actitud contemplativa fruto de una madurez avanzada que sólo la ilustración procura, agnóstica ya para cualquier ilusión civil, de lugar y rienda suelta a males (al menos en términos subjetivos) como el hambre infantil -que no es poca en nuestro país- la eliminación de derechos, el fortalecimiento de privilegios, la ruina del patrimonio público, o el desmembramiento y hundimiento del Estado, es una simple anécdota.

¿En qué consiste el “problema” catalán, al menos en su última recidiva, si no es en el triunfo de la acción disolvente de la corrupción?

Hay que decir, que esta nueva raza de hiperbóreos, de imperturbables espectadores olímpicos de las miserias humanas, no sufren ya ni padecen de perplejidad o de capacidad de escándalo, tal es su grado de adaptación al medio. Cuando no proclaman, mediante sofismas tan flácidos como sinuosos, que la corrupción debe considerarse una especie protegida que merece un esfuerzo de ocultación y camuflaje.

Decía Tony Judt en su obra “Algo va mal” (título que peca de moralista), y lo decía en 2010, con excesivo optimismo, que vamos a tardar mucho tiempo en volver a ver fanáticos del dios mercado en nuestro entorno inmediato, vistas las consecuencias de su prédica y de su práctica.

Yo diría que aquí, donde la libertad ha sido tan mal entendida que creemos que consiste en robar al prójimo, y siempre vamos con algo de retraso, vamos a tardar un poco más en dejarlos de ver.

Algún día, las cátedras de ética enseñaran, desde un punto de vista ni siquiera doctrinario ni “justiciero” (como se dice ahora para intentar acoquinar a todo el que no piense como el canon manda), que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad del otro, y que robar, estafar, evadir impuestos, o utilizar puertas giratorias, no es liberalismo, sino pura inmoralidad.

Aunque suene a moralismo trasnochado, o a optimismo inmaduro.

Espectáculo

funambulismo 2

Que dicen los que de esto dicen saber, por ejemplo El País, que el espectáculo lo está dando “Podemos”, y que si gobierna Rajoy es gracias al apoyo que le presta esta formación radical. Así como lo oyen. Un cuento chino para occidentales libres, propalado entre adultos y a plena luz del día.

¿Estarán convencidos de que sus lectores se lo creen y no detectan el engaño?
¿O pensarán que sus lectores consienten el engaño para a su vez contagiárselo a otros?
Sin comentarios.

O mis ojos han dejado de ver claro por efecto del flash continuo, o nuestro mundo es cada vez más turbio por causa de la fotofobia administrada en dosis sucesivas, pero lo cierto es que no entiendo nada.

Si dijéramos, como suele decirse en estos casos, que el mundo está (o nos lo cuentan) al revés, nos quedaríamos cortos, no abarcaríamos ni completaríamos la descripción del caso.
O si dijéramos que esto no puede estar ocurriendo en nuestro país, sonaría demasiado melodramático, peliculero, o incluso escapista, pero lo cierto es que está ocurriendo, y ante nuestras propias narices, y no se me ocurre otra forma de traducir en pensamiento racional esa percepción incontrovertible que decir: esto no puede estar ocurriendo.

Ojiplático me estoy quedando ante este nuevo intento de transubstanciación de la realidad, ante esta renovada celebración del misterio de la fe.
Se están alcanzando tales cotas de mendacidad, que producen vértigo.

No es que esté indignado, es que empiezo a estar estupefacto. Y como demócrata, incluso asustado.

Y sospecho que no soy el único.

Que es que aunque estemos curados de espanto, cada mañana nos regalan con un espanto mayor, in crescendo propiamente, hacia no se sabe que apoteosis final, y sin etapas intermedias. Y así no hay manera, porque o nos quieren matar de un soponcio, o ya estamos muertos y no nos hemos enterado.
Que todo es posible, visto lo visto y lo que algunos afirman no ver.

Leo y vuelvo a leer, una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y ya sin ver: “El PSOE y Ciudadanos se unen frente a la corrupción del PP” (El País, 28 de abril de 2017).

¡Toma ya! ¡Funambulismo puro!
¡Y sin red!

¿Qué es lo que nos ocultan para arriesgar de esa manera en ejercicio tan impúdico de la mentira?
¿No les parece inmoral decir, ante la vista de los hechos procesales, y a estas alturas del espectáculo, que el espectáculo lo está dando Podemos?

O sea, que llevamos ni se sabe el tiempo sometidos a una corrupción política y económica en dosis de caballo, ocultando -en modo coalición- todo el estiércol y las boñigas del mundo mundial debajo de la sufrida alfombra nacional, hasta que al vecino de abajo se le ha caído del techo la lámpara junto con el propio techo recién pintado ¿y el espectáculo lo están dando estos que acaban de llegar?

¿Por haber levantado la alfombra? ¿Por querer orear?

Con decoro y formalidad -como se les pide y exige- plantean una moción de censura (¿acaso no es censurable tanta porquería?), para decir (que menos) nosotros no tragamos, ¿y les censuran a ellos?

¿Por qué? ¿Por no callarse? ¿Por no mirar para otro lado? ¿Por no resignarse? ¿Por no colaborar en la ocultación y la ignominia?

Hagan el experimento: trasplanten con la imaginación libre el caso en cuestión a cualquier otro país civilizado de nuestro entorno o a un Estado mínimamente sano y decente.

¿Lo visualizan? ¿Lo ven posible? ¿Lo entienden?
¿Se reconocen en lo que normalmente se define como Estado de derecho o democracia homologada?

Estimadas fuerzas vivas, poderes facticos, trama, o lo que ustedes sean (nada bueno, seguro): sigan en esa línea.

Cuando acaben con el país, avisen y echamos el cierre.

El coro y el decoro

El coro

Que ante la magnitud de la corrupción que rezuma por todos sus poros nuestro desgraciado país, la respuesta indignada se considere excesiva, o incluso una falta de decoro, cuando no una injustificada rabieta infantil guiada por el odio, nos da una idea de la tropa de melifluos consentidores en que nos hemos convertido.

Han bastado unos cuantos años de domesticación concienzuda, como prórroga a cuarenta años de inexistencia civil, para secar toda posibilidad de digna y justificada rebeldía, de mínima honestidad.

Es de tal calibre nuestro horror a mirar la verdad de frente, que no creo que podamos volver a vivir en un escenario social o político que no sea de mentira.
Ese es el nivel de nuestra crítica: el adorno y maquillaje del fraude y la estafa.

La hipocresía era anglosajona hasta que decidimos batir el récord.

Es de tal entidad nuestro miedo a coger el toro por los cuernos, que no me extraña que la fiesta nacional esté bajo mínimos (aparte de porque es una tortura ritual de seres inocentes).

Somos postergadores natos y crónicos de nuestras responsabilidades, y así nos va. Pelotas harapientos, siempre buscando el arrimo del sol que más calienta.

Lo que más me duele es que no haya en Europa alguien que nos quiera un poco, y por nuestro bien nos llame al orden o directamente denuncie lo que nosotros callamos.

Les da igual, mientras sigamos pagando la deuda (la deuda de una estafa) y engordando los beneficios de los bancos.

Cuando con toda la ilusión de nuestra juventud muchos vivimos el momento histórico y colectivo de dejar atrás una dictadura y empezar a vivir en una democracia, la ocasión de acabar con el aislamiento de bichos raros y conocer otros modos de estar y de pensar más abiertos, más informados, más críticos, nunca imaginé que iba a llegar a ver esta decadencia ética, y esta muerte civil fruto de un cinismo consensuado.

Somos un coro decoroso de peleles. En eso nos hemos convertido.

“No hemos vigilado lo suficiente”, dicen ahora algunos como excusa y tapadera.
Y el coro repite: “invigilando, pecata minuta, sólo era una manzana podrida. Todo lo demás era sano”.

Invigilando, parece que no. Ocultando, me temo que sí.
Robando a manos llenas y reclamando, látigo en mano, la austeridad ajena.

En esto, como en tantas otras vergüenzas de las que ya tenemos la despensa llena, la “gran coalición”: uña y carne.

Mucha amnesia y un toque de hipocresía

0_       Zapatero y Botín reunidos en su banco, en Santander_

 

Todo aniversario es ocasión propicia para hacer eso que se llama “balance”, y ver de qué pie cojea el fiel de la balanza entre el triunfalismo desatado y la nostálgica congoja.
Es, digámoslo en menos palabras, un ejercicio de memoria, y ocasión para comprobar si como decía el poeta Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor en punto a ideales.

Aquí el Papa Francisco tiene su opinión propia, y ha venido a decirles a los mandatarios europeos, reunidos en ceremonia solemne, que el dinero y la codicia, madre de toda injusticia, les ha carcomido los ideales, si es que los tenían.

Yo esta escena vaticana de admonición, la enmarcaría con música del Carmina Burana de Carl Orff, y un grabado de la danza macabra de Holbein (el Joven), y personalmente opino que todo ello es un concierto para sordos, aunque les suene a música celestial.

Como ustedes saben, el Papa Francisco, gracias a Dios, ha salido humanista, ecologista, sin pelos en la lengua, y mucho más progresista que nuestros actuales socialdemócratas, cosa que no es difícil, visto donde han ido a parar los susodichos.
“El desarrollo no es el resultado de un conjunto de técnicas productivas, sino que abarca a todo el ser humano: la dignidad de su trabajo, condiciones de vida adecuadas, la posibilidad de acceder a la enseñanza y a los necesarios cuidados médicos”, ha dicho Francisco, para refrescarles un poco en la memoria los ideales de un pasado más moderno que el actual presente.

Si hemos de guiarnos por el gran número de declaraciones oficiales, discursos, y artículos de opinión de estos días en torno al 60 aniversario del Tratado de Roma, tan coincidentes todos ellos, podríamos pensar que Europa, de repente, ha recobrado la memoria, se ha curado de una amnesia fatal, y se dispone a acometer un giro radical en la dirección de su futuro, recuperando el aliento social que inspiró su origen, pero que fue tirado por la borda como trasto viejo con ocasión de la caída del muro de Berlín y el regreso de ideologías y actitudes políticas extremas, que creíamos periclitadas por decimonónicas y rancias.

Los privilegiados burócratas de Bruselas, parecen comprender ahora  -su ceguera ha sido pertinaz- que sin el acompañamiento de los ciudadanos no van a ninguna parte, y que no se va al futuro camino del pasado.

Sin embargo las ceremonias, los trajes oscuros, los golpes de pecho, las palabras huecas, la actitud atenta ante las admoniciones papales, no son prueba suficiente de que el enfermo ha curado, si no van acompañadas y refrendadas por los hechos. Y los hechos, de momento, no están en consonancia con los discursos, contraste que por sí sólo define a ese vicio tan elegante y a la vez tan anglosajón que llamamos hipocresía.

¿Es demasiado tarde? ¿Se ha adentrado Europa en exceso, por un camino equivocado, en un terreno que no le es propio? ¿Puede volver a orientarse y recuperar su ruta, su pulso, y su personalidad, o está herida de muerte?

Si ponemos en consonancia y en relación directa, esa amnesia social que ha padecido Europa todos estos años, con la dejación de funciones y el cambio de chaqueta del socialismo o la socialdemocracia europea (y también de los sindicatos), la duda está en si el enfermo puede recuperarse a partir de un estado tan deplorable y con todo en contra, visto que ese actor político hace aguas por todos los lados, arrastrado por el lastre de sus graves errores y la incompetencia de sus dirigentes, que son los que impusieron esos errores y señalaron el camino errado.

Visto con perspectiva histórica, el caso del PASOK es paradigmático y germinal, pero igualmente ilustrativo es el caso del PSOE.
Lo que llama la atención, en cuanto a la actitud de sus dirigentes de esos años, es la nula capacidad de autocrítica, a pesar del evidente fracaso de la deriva neoliberal que impusieron a sus partidos, llegando en esa falta de humildad a enmendar, mediante un golpe de fuerza de última hora, la intención correctora de los militantes, que -y esto es evidente-siempre han sido mucho más lúcidos y avisados que ellos.
Para que luego digan que los referéndums y la democracia interna son siempre perniciosos. Otro gallo les cantara si hubieran atendido a los militantes, que al menos ellos si han respirado el aire de la calle y no son producto de invernadero. Si es que los hay que nacen y hacen la primera comunión dentro del aparato, en condiciones anaerobias y con luz artificial.

El “aparato” del PSOE promociona (con la ayuda de la derecha radical y de RTVE, que es una máquina de propaganda política) la versión interesada y claramente sesgada de que los males y fracasos del PSOE comienzan con Pedro Sánchez.
Si en este país todos estuviéramos ciegos, tontos, y amnésicos, quizás podrían vendernos esa moto, pero no es el caso.
En cuanto al sesgo hipertrófico y partidista de RTVE, ese medio público, no constituye ninguna sorpresa. Es lo que suele ocurrir cuando ciertos “liberales liberticidas”, se hacen con las riendas del Estado, y tras la caída de su máscara muestran su verdadero rostro totalitario. Ya ocurrió en Castilla-La Mancha.
“El pasado 15 de febrero, miembros de los Consejos de informativos de la radio y televisión pública entregaron en el Congreso 2.225 firmas para que RTVE deje de estar al servicio del Gobierno” (El País). “Es la mayor firma colectiva de profesionales del grupo estatal de su historia… “ (El País).

La historia del fracaso y el hundimiento del PSOE (y en ello siguen), es la historia de la  imposición, por parte de un aparato endogámico y omnipotente, de los candidatos equivocados (aquellos que contaban con el respaldo de los poderes facticos), y que no eran la opción preferida o elegida por los militantes.
Hablo de Almunia, de Rubalcaba, de Susana Díaz.

Dejo como tema de reflexión y estudio –ya que hablamos de endogamias y ambientes cerrados-, la comparación del nepotismo partidocrático español (empezando por Alfonso Guerra y su hermano, por ejemplo, y siguiendo por el Tribunal de cuentas), con el nepotismo partidocrático francés, tan prolífico y tan en boga estos días. Podría incluso calificarse de un estudio de “genética política”.
Y ya puestos dejo también en el aire una reflexión sobre esa extraña aventura, según la cual una Gran Bretaña siempre incrédula con Europa y a la contra de su inspiración social, nos contagió primero el virus de su radicalismo thatcheriano, para luego salir por piernas y a toda prisa, una vez comprobado que el resultado de ese contagio se parecía mucho a una catástrofe.
Tirar la piedra y esconder la mano, como si dijéramos.

Si el giro social que ahora se pretende en Europa es sincero ¿Quién lo defenderá? ¿Quién lo llevará a cabo?

Desde luego dirigentes como Juncker (implicado en casos de corrupción), o Dijsselbloem, el burócrata lenguaraz y xenófobo, o Rajoy, cabeza visible de un partido archicorrupto, o Merkel, la que manda en esta extraña democracia-plutocracia, o Susana Díaz, que dirige -nacida desde dentro-  la Comunidad de los ERES, y patrocina el deterioro de la sanidad, entre otros servicios públicos, NO.

¿Puede venir el progreso de los que impulsaron y protagonizaron la involución?
Claro que no. O al menos yo no me lo creo.
No es sólo que sean los impulsores de esa involución negativa, es que son los actores de la corrupción positiva que la ha acompañado y que está en su origen.

Pero la amnesia es fértil en espejismos. Y además, está muy bien financiada.
No necesita “crowdfunding”.

Desde luego es que es para nota y muy cómico esto de que echen pestes del crowdfunding (de Pedro Sánchez), los que siempre fueron -y son- la voz de su amo.
Aquellos que alentaron amnistías fiscales y protegieron a cara de perro a sus banqueros de cabecera, corruptos unos y otros.

POSDATA:

Discurso completo del Papa Francisco a los líderes de la Unión Europea http://www.romereports.com/2017/03/24/discurso-del-papa-francisco-a-los-lideres-de-la-union-europea

Trabajadores de RTVE exigen al Congreso que vele por el pluralismo http://politica.elpais.com/politica/2017/02/16/actualidad/1487244182_439161.html

FAMILIAS EN EL ÓRGANO FISCALIZADOR DEL ESTADO Los lazos de parentesco en el Tribunal de Cuentas alcanzan a 100 empleados /http://politica.elpais.com/politica/2014/06/23/actualidad/1403548994_107851.html

 

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