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ENTREVISTA A EMILIO LLEDÓ (UN FILÓSOFO EN PRIMERA LÍNEA)

||| Entrevista a Emilio Lledó ||| Un Filósofo en Primera Línea

REPUTACIÓN ONLINE Y DEMOCRACIA VIRTUAL

Reputación reputación… lo que se dice reputación… ¡se compra y se vende!
¡Que como ya todo es mercado…!

En el entorno de la “Púnica” y del PP de Madrid, las reputaciones (online) se compraban y vendían, o incluso se remendaban al peso y contraprestación de los cuartos contantes y sonantes.
Cuando hablamos de “cuartos” siempre hay que pensar, directa o indirectamente, en dinero “público”, y ya de paso deduzcan el motivo de tanto recorte (de derechos) y tanta austeridad “ajena” y delegada.
Los chanchullos eran con cargo al erario público, que acababa en Suiza o Singapur.

Tu primero te apañabas un soborno, por ejemplo, o te hacías una comisión, y luego, caso de que hubiera rumores, te restauraban el prestigio (incluso presidencial) vía ofimática y campaña de intoxicación. Algo así como la restauración de los virgos.

Esto no era “versión original”, esto era “versión Premium”.

Titular de prensa: “El cabecilla de la Púnica admite que el y Granados cobraron sobornos” (El País).
De lo investigado se deriva que están implicados, supuestamente, regidores del PP y del PSOE, casi igualados en el cobro de comisiones (como en tantas cosas), una especie de consenso para la “centralidad” del chanchullo.

No hay nada como el centro para que cuadren las cuentas. Más información después del verano.

El juez Velasco prohíbe a Victoria salir de España, no sea que alguna reputación se resienta. Salvador Victoria es ex consejero de Presidencia y Justicia de la Comunidad de Madrid (ex número dos del Gobierno de Madrid).

La reputación, la democracia, el voto de cada cual, los gobiernos, los programas de gobierno, los presidentes de gobierno y los líderes de la oposición, las reformas de la Constitución, la soberanía, el curriculum vitae, los títulos académicos, la independencia, el patrimonio público, las jubilaciones y las puertas giratorias, los consejos consultivos de Leguina y Gallardón, las naciones y los nacionalismos, ¿los fiscales?, los sillones, el silencio, la imparcialidad y la justicia, las campañas de intoxicación, los lavados de cara, los medios de comunicación… todo tiene un precio.

Todo eso y mucho más ¡se compra y se vende!

Y de toda esa compra-venta en el género cambalache, quizás lo más gordo fue lo de la Constitución soberana, que el PSOE de Zapatero malvendió sin ningún cauce de participación para quien en estas cosas principales tiene la última palabra: el ciudadano. No somos nadie.

También la historia, o incluso el Partenón, se compran y se venden, o directamente se confiscan como botín de guerra o de estafa.
La deuda privada se vende como pública aunque el público no la quiera comprar.
El olvido se impone aunque no se quiera olvidar.

Lo que no te perdonan es la deuda que no es tuya.

LA EMOCIÓN DEL TECNÓCRATA

Para sorpresa de todos el “engranaje” esbozó una sonrisa, exudó una emoción y enseño sus dientes lubricados por la pasta.
Pero aquella sonrisa no traducía felicidad. Con su comisura torcida hacia la derecha por finos y tensos cables de acero, era una expresión poco disimulada de sorna.

Todos estuvieron de acuerdo. Aquello se parecía mucho a una operación de castigo guiada por la única emoción de la que es capaz un mecanismo sin alma: la venganza.

Lo que ya había sido anunciado se confirmó: el Eurogrupo no perdonaría jamás que el presidente griego hubiera consultado a sus ciudadanos, como tampoco perdonaba a los ciudadanos griegos que hubieran elegido a ese presidente. Semejante osadía clamaba venganza, y reclamaba una corrección ejemplar y pedagógica que pudieran interiorizar los vasallos y sus descendientes.

No habría extrañado que Dijsselbloem, el jefe del Eurogrupo, todo un manojo de emociones monetarias y un compendio de lenguaje corporal macarra, hubiera perdido los papeles ante la libertad de los griegos, pues aunque legal, en el plano teórico, la democracia en Europa, su ejercicio sin permiso de Merkel o con un resultado que no le convenga, se sale de su guión autógrafo.

Lo preocupante fue que, en esta ocasión, no era sólo el iracundo holandés (un socialdemócrata de los de ahora, vasallo pelotas de Merkel y experto en poner zancadillas a la tasa Tobin) el que cedía a la emoción. Era todo el colegio prestamista del chiringuito plutócrata, el que perdiendo las formas y desnudando su fondo, se avino a servirse la venganza en frío después de cocinarla en caliente.

El acuerdo impuesto manu militari por Berlín (y bendecido por todos los demás vasallos segundones) era una mano amiga que portaba una orden de ejecución para el presidente griego y sus votantes.
Aparte de una expropiación usuraria de la soberanía y el patrimonio público griego, el texto del “acuerdo” incluía, entre otros mamporros, la “revisión de todo lo legislado por los griegos desde febrero”.
Era a todas luces un golpe de estado bananero practicado en el corazón de la vieja Europa de las catedrales, que, a buen seguro y al calor de las temperaturas, no tardarían en ser sustituidas por palmeras de California.

Hollande (el único que puede entrar en diálogo de tu a usted con la descontrolada Merkel), consciente de esta grave circunstancia, y en un intento desesperado por tapar la pifia golpista que tanto recuerda al palacio de la Moneda, ha pedido que se camine con rapidez y urgencia hacia un parlamento y un gobierno europeo, o dicho de otro modo,  hacia un “Gobierno económico”.

Mucho dudamos, a la luz de los hechos recientes y el estilo de los comportamientos, que tal engendro pudiera pasar más allá de chiringuito bancario-prestamista.

El único dato positivo de este desparrame de bielas tecnócratas, es que nos podemos ahorrar a Rajoy, porque ni pincha ni corta, y además cuesta dinero.

Como ya dijo Unamuno a otros golpistas: “venceréis pero no convenceréis”.
Tras la venganza completa de los dioses, la emoción que queda y permanece para mucho tiempo se llama ASCO.

EL MUNDO AL REVÉS

La vida es rara. Así, en general.
Y la vida política aún más. Particularmente.
No nos debe extrañar que la gente de pueblo, la gente honesta, cuya honradez ingénita y de fábrica es a prueba de bombas y sobres, aguante poco en ese mundillo.

Digámoslo de una vez por todas: lo “normal” es la corrupción y la falta de honestidad, y en ese ambiente hay que saber moverse. Y si no te adaptas te piras en moto, camino de provincias.
Lo más raro es lo más habitual en el mundo de la polis, y en la selva política la lógica brilla por su ausencia, de manera que la percepción ética y la escala de valores tienen que reinventarse.

Antes, cuando un prestamista te dejaba dinero, te informaba del interés y los plazos, pero no te decía como te tenías que administrar para devolver el préstamo. Ni se le ocurría entrar en tu decisión soberana sobre lo que debías hacer o deshacer, recortar o suprimir, mantener o aumentar. Allá tu.

Ahora los prestamistas son muyahidines, y con el dinero te endosan una fe política, un catecismo y un castigo. Desde luego, el infierno lo tienes asegurado en lentos e interminables plazos. El cable que te echan va con cerrojo. Por eso espanta el grado de locura que alimentan y mantienen, de un tiempo a esta parte, estos benefactores de la humanidad, porque más que datos concretos manejan conceptos teológicos. Itinerarios al cielo que siempre acaban en el infierno.

No sin razón, el préstamo y el prestamista son figuras centrales en la película “Lloviendo piedras” de Ken Loach, donde los tales son expertos mamporreros.

Fíjense en las REGLAS que dicen que hay que cumplir. Ninguna dice que haya que cerrar los paraísos fiscales, o expulsar del euro a los defraudadores y a los que ocultan sus listas, o a los que premian (amnistiándolos) a los cacos y castigan a los pensionistas, o a los presidentes de gobierno que avalan cuentas golfas en Suiza. No.

Ni lo esperen en los próximos días.
No será tema de debate en las reuniones del Eurogrupo prestamista.

De la excepción se ha hecho regla. Del vicio virtud. Del delito norma y de la desregulación negocio. Quizás por eso Rajoy invocó el voto de la gente “normal”, de la gente que no cuestiona las reglas.

Y trazado el rumbo por un líder potente que te guiña el ojo, no suele haber nadie que dé la nota.

Para eso han quedado las ruedas de molino. No para hacer pan, sino para que la gente “normal” comulgue.
Ha pasado aquí en España, donde han transcurrido décadas de corrupción y saqueo en medio de un silencio estruendoso, casi eucarístico, como el que produce el sordo vuelo de las aves de rapiña en un cielo sin una gota de agua.

Y ha pasado en Grecia, donde tras dedicar, los llamados socialistas del PASOK y los populistas radicales de derechas (colegas fraternales de Rajoy), los mejores años de su vida adulta y civil, a falsear las cuentas, a ocultar las listas de defraudadores y borrar de ellas a la familia, a llevarse el dinero, y en última instancia y como resultado de todo ello, a quebrar el país, ahora tiene la culpa de todo ello Tsipras (que acaba de llegar), y quieren pasar la factura del expolio a los pensionistas.

Como será la cosa de escandalosa para los que no somos normales, que se me viene a la mente el “expolio del Greco”, repartiéndose los verdugos la última desnudez de la víctima, para poder alcanzar imagen o símbolo de tamaño entuerto.

Y de aquí se me va el pensamiento, ya disparado, al Papa Francisco, por quien rezó todos los días a mis dioses terrenos, laicos y mortales, para que no pierda la inspiración divina ni cambie el rumbo “reencontrado”, para que siga llamando a las cosas por su nombre, y poniendo la estafa y a los estafados entre los titulares triunfantes de la macroeconomía.

¿EUROFOBIA?

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Si usted tiene cuernos y rabo, entonces usted es un “eurofobo”.
Y si usted tiene cuernos y rabo, es porque usted no piensa como dictan las REGLAS que se piense. Piénseselo dos veces antes de pensar.

Lo pensé desde el mismo momento en que Merkel reformó, sin consultarnos, nuestra Constitución:
estos de la “política única” y del “pensamiento único”, los agraciados con el premio del fin de la historia, son capaces de acabar ahora con Europa.

Aunque no lo parezca, estamos hablando de la Europa del siglo XXI, y no de la España del Licenciado Torrejoncillo, autor de un famoso libro puesto “en la torre de la Iglesia de Dios” que describía con pelos y señales el rabo de los judíos (próximo a la rabadilla), para mejor condenarlos a la hoguera.

Si usted es un ciudadano medio de Europa, es probable que no tenga ni idea de cuales son esas famosas REGLAS que hay que cumplir (sí o si) o quien las ha decidido, pero no ignorará quien manda en Europa.
Cualquier ciudadano de la “Europa de los ciudadanos” sabe que la “jefa” es Merkel, y a los demás figurantes nos los podríamos ahorrar, porque para trasmitir las órdenes decididas por “unanimidad a priori” desde la jefa a sus súbditos, basta un teléfono pinchado por los americanos, que obviamente resulta más barato que un presidente de gobierno local y florero.

Aunque todos saben quien manda en Europa, no todos se preguntan la razón, o como mucho barruntan un misterio escatológico que sólo un tecnócrata debe atreverse a intentar descifrar.
La respuesta es sin embargo más sencilla y mundana, y está al alcance de todos: Merkel es la que manda en Europa porque es la que más pasta tiene y quizás la que más pasta pone, en esta EUROPA DE LOS CIUDADANOS, que además de un invento es un negocio.

Los griegos llamaban PLUTOCRACIA al gobierno de los que más dinero tienen (no entramos a indagar como lo han obtenido, aunque lo que da carácter a “esta Europa” irreconocible, es la corrupción, los lobbys, y los paraísos fiscales).

Ellos (los griegos) sin embargo preferían la DEMOCRACIA, y esa preferencia es el germen de la civilización Occidental, que luego la TEOCRACIA (tipo Estado Islámico) oscureció durante unos cuantos siglos de humanismo anticristiano, es decir, de falta de humanismo.
La TECNOCRACIA no pasa de ser un subproducto, un mero instrumento servil al servicio de la plutocracia, que como mucho encuentra inspiración en Platón y su república inhumana de “técnicos” y “sabios”, o por mejor decir, de “listos”.
Todo esto debe ser coronado por algún símbolo potente tipo monarquía o Disneylandia que sujete la trama y dé cuerpo al soufflé.

Por concretar: socavar y derruir el Estado social y de bienestar (he ahí una de las REGLAS que hay que cumplir) es la opción irrenunciable impuesta por la plutocracia a los ciudadanos de Europa si quieren pertenecer al club europeo. Y la justificación es que este modo de obrar (o si se quiere, de destruir) es lo que mejor se atiene a las REGLAS.

Como Merkel es la única soberana que tiene soberanía, y a través de ella gobiernan los bancos, si usted se plantea la posibilidad de uno o varios referéndums para decidir cuestiones importantes que le afectan a usted como ciudadano europeo, y a sus hijos y nietos como descendientes de una deuda ajena e impagable, entonces es usted un “eurofobo” y un enemigo de la democracia.

Si lo piensa bien, la pregunta del referéndum griego en el fondo era la siguiente: ¿Quien cree usted que debe pagar la factura de la “estafa” que llaman “crisis”: sus causantes o sus víctimas?

Y si se pregunta, con toda razón, por que esa pregunta no se hizo también en España, Irlanda y Portugal, es que está incurriendo en eurofobia, y ha olvidado por un momento que quien decide lo que se pregunta o se hace en España, Irlanda o Portugal, es Merkel, lobbysta de los bancos alemanes, que no tienen nada que preguntar porque ya tienen todas las respuestas que, casualmente, coinciden con sus intereses.

Si usted tiene la tentación de pensar que la libertad, la igualdad, la fraternidad, o incluso la Declaración universal de los derechos humanos, están por encima de LAS REGLAS, entonces es usted un peligroso eurofobo, o lo que es peor, un “radical” extraviado que promueve la disidencia y el euroescepticismo.

La pregunta que al final se impone es:
dado que un grupo de políticos esta diseñando esta Europa contra los ciudadanos, una Europa que acabe con Europa, (una Europa gobernada por y para los mercaderes) ¿tendremos el talento, la lucidez, y la democracia suficiente para librarnos de ellos y cambiarlos por otros?

DEMOCRACIA, SI. PLUTOCRACIA, NO.

El desafío no era sencillo, pero el desenlace parece evidente: el pueblo griego sigue siendo soberano en una Europa que parece haber olvidado de donde viene.

Y no ha sido sólo su orgullo, su dignidad herida, su soberanía ninguneada, su valentía cívica (frente a tanto ciudadano aterrorizado), la que ha determinado el signo de su decisión. Ha sido una cuestión de “realismo”. Ha sido una cuestión de lucidez. Ha sido una cuestión de pragmatismo.

Dos premios Nobel de economía (Krugman y Stiglitz) habían apoyado estos días el NO en el referéndum griego. Hemos sabido gracias a Wikileaks la verdad que Merkel conocía y ocultaba: el pueblo griego no podía pagar su deuda (si es que era suya la deuda, es decir, del pueblo).

Ha sido una decisión complicada, con todo en contra, en la situación límite de los últimos días en la que era muy difícil no doblegarse al chantaje y resignarse a la condición de borregos. El pueblo griego sigue estando en una situación crítica después del referéndum, pero ha vuelto a dar una lección histórica, y hoy es protagonista en una Europa irreconocible, sin carácter, segundona y servil.

A pesar de los fabricantes del miedo, de los administradores del terror que convierte a las personas en peleles (a merced de imposiciones absurdas, ajenas y contraproducentes) fáciles de manejar y de engañar, dúctiles al recorte de derechos fundamentales y a la resignación, lo cierto es que la política “única” que nos quieren vender es un auténtico fracaso.
Y lo lleva siendo desde hace ya mucho tiempo, porque de hecho es la política que trajo la crisis, y que una y otra vez demuestra que es un gigante con los pies de barro, un fantasma que, como una pesadilla, recorre Europa, pero que tiene muy poco que ver con el espíritu europeo.

Hoy vuelve a quedar claro que esa política, esa jerarquía de intereses, debe tener y tiene alternativa, y la tendrá mientras siga habiendo democracia en Europa, mientras el pueblo siga siendo soberano. No sin motivo los últimos ataques (ya desembozados) han sido contra esa soberanía y contra la democracia.

Es muy difícil convencer, incluso a los más sugestionables y con todo el poder de hipnosis de los medios “oficiales”, de lo que la realidad contradice y de lo que todos los sentidos desmienten.

La austeridad no es lo mismo que el austericidio, estamos gobernados por gente fanatizada e insensata, y el interés de la mayoría no coincide con el interés minoritario de los plutócratas, cuyo único objetivo es seguir aumentando el abismo entre los que más tienen y los que apenas tienen para sobrevivir.
Esta encrucijada histórica que estamos viviendo, ha demostrado que los políticos al uso, además de corruptos (son los que han quebrado a Grecia) no nos representan.
Y en este cambalache que tiene mucho de fraude, el ataque contra las pensiones y los pensionistas tiene mucho de simbólico. Ha sido y seguirá siendo una de las chispas (junto a la sanidad y la educación) que puede incendiar y derruir toda la tramoya.

Hay que seguir peleando, con uñas y dientes (como los griegos), por la democracia y contra la corrupción.

ALIADOS

Austericidio

Mas allá de cuentos pueriles, nuestros aliados preferentes son también nuestros espías preferentes, lo cual implica que “aliado” no significa lo mismo que “amigo”, ni “competir” significa lo mismo que “cooperar”, y que con amigos como estos para que quieres enemigos.

Implica también que Maquiavelo sigue siendo un ideólogo no sólo reconocido sino reconocible, al cual muchos de nuestros gobernantes más civilizados y funcionales, realizan cada día un pragmático y sincero homenaje.

Y puesto que de sinceridad hablamos, digamos de una vez por todas que no es buena para el negocio, que la verdad sería indigerible para el ciudadano común, y sin embargo la intoxicación y la mentira le cae bien, en el sentido de que puede dormir por la noche de un tirón, con la conciencia tranquila, tras despacharse a gusto contra los ciudadanos griegos (incluidos abuelos pensionistas) porque “ellos se lo han buscado”.
Gracias a Dios, nosotros, los españoles, estamos del lado de los aliados.

Y puesto que nos administran, desde los llamados medios oficiales del sistema aliado, valeriana y otros opios en cantidades industriales para que no nos de por despertar o (lo que sería aún peor) por pensar, lo de wikileaks tiene el efecto rotundo de un tortazo deshipnotizador, que te deja como alelado pero consciente.

Aunque medicina tan fuerte precisa de dosis moderadas y prudentes (pequeñas catas en el corazón de la verdad) que no maten de un soponcio al que tiene el cerebro envenenado y hecho a las mentiras, no sea que el síndrome de abstinencia sea peor que la droga.
Que del muermo telepredicador no se sale así como así.

En el último capítulo de esta medicina amarga pero saludable, los americanos espiaban a la dueña de Europa, Doña Merkel, y la sorprendían ya en el 2011 sabiendo que los ciudadanos griegos no podían pagar la deuda, que viene a ser la misma verdad que desde hace tiempo subrayan y denuncian los “antisistema” de PODEMOS: los muertos no pagan y el austericidio es cosa de locos. Locos “normales” tipo Rajoy, pero locos de atar.

A pesar de ese convencimiento “secreto” de Doña Merkel (la imposibilidad –al menos en este mundo- de lo exigido a los griegos y otros pobres del sur), no por eso han dejado de apretar, casi hasta ayer mismo, aún más las tuercas de las condiciones draconianas impuestas al pueblo griego (y demás pueblos extraviados).

Como lo de “tecnócrata”, aunque frío, suena a “racional”, y nos imaginamos a unos tipos que se duchan y asean todos los días (al menos por fuera), buscarle una explicación “racional” a esta embestida “irracional” y salvaje de LAS INSTITUCIONES contra ciudadanos desarmados, empobrecidos, hambrientos, y muchos de avanzada edad, es difícil pero no imposible.

Ahí va una:
Esos ciudadanos, desarmados, estafados y hambrientos, han votado a un partido que, sin responsabilidad directa en esa estafa, aspira a corregir esa estafa, y a proteger los intereses y derechos de los estafados, actitud que antes de que reinara el centro urbi et orbi, podíamos llamar “de izquierdas”.

En este contexto, exigir un imposible, una cuadratura del círculo inalcanzable, una transmutación de la carne humana en dígitos contables pero incobrables, equivale a enseñar a la gente por la vía rápida y expeditiva (incluidos muertos) a quien tienen que votar.
Y sobre todo evitar que el mal ejemplo de votar libremente cunda.

Observen que la operación tiene un toque de locura que psicológicamente acojona.

¿Por quien estamos gobernados?

DOS TERCIOS

El trabajo os hará libres

En Grecia dos tercios de los jubilados viven por debajo del umbral de la pobreza.

No obstante, la creme de la creme de la civilización occidental (actualmente en riesgo por una horda de salvajes) ordena que las pensiones griegas se recorten aún más, pero de manera civilizada y guardando las formas que distinguen al civilizado del salvaje.

Nada define mejor a una civilización que el trato que da a sus ancianos.

A los nazis, que eran expertos en rendimiento y explotación laboral, no se les caía de la boca ni el concepto eficiencia ni la palabra libertad: “el trabajo os hará libres”, decían con el látigo en la mano, a la sombra alargada de las cámaras de gas.

A riesgo de que se me considere exagerado, yo sin embargo no considero excesivo decir que esa orden ejecutiva (y ejecutora) de las altas instancias europeas (recortar aún más unas pensiones de miseria letal), equivale a decretar la defunción eficiente y a poder ser rápida (vía consunción) de esos dos tercios de pensionistas, y de la civilización tal como hasta ahora la hemos conocido.

No deja de ser comprensible que el gobierno elegido por los griegos se resista a esa ejecución en masa.

En la sala de máquinas de esa civilización incivil, deciden órganos tan representativos de la soberanía popular y del humanismo cristiano como el FMI.
Así le va a la democracia, de mal, y así le va a la plutocracia, de bien.

Ya el Papa Francisco habló de una política del descarte, como síntoma mayor del régimen capitalista, considerado, sin ambages, como enfermedad peligrosa y con mal pronóstico: “El capitalismo mata”, dijo con un ojo clínico envidiable y una sinceridad impropia del puesto que ocupa.
Está a un paso de que le llamen “populista”, “progre”, rojo y radical.

En pocas palabras: “antisistema”.

Con palabras tan severas y claras (además de reiteradas), el Papa Francisco está haciendo un llamamiento a la convivencia y la concordia. Y alerta contra aquellos poderes que intentan romper esa convivencia mediante el retorno a fórmulas neofeudales y el regreso a la cueva.

También a la entrada de los campos de exterminio se practicaba el descarte.

Se descartaba desde el principio a los no susceptibles de explotar como esclavos: niños y ancianos.
Su destino estaba echado. Su dignidad no computaba macroeconómicamente.

Ocurre que los seres humanos no encajan en la geometría de Euclides, y para que cuadren las cuentas y los ángulos muertos, hay que apretujarlos un poco contra las paredes del paredón.
Por lo general, los empujados son los más débiles: niños, ancianos, dependientes, pensionistas, trabajadores explotados que no tienen sindicatos que les defiendan…

Esto de la cuadratura eficiente de las imperfecciones humanas, lo tenían muy estudiado los tecnócratas del Zyklón B, que median la eficiencia de la muerte con escuadra y cartabón.
Computaban concienzudamente cada centímetro aprovechable de la cámara de gas, cada miligramo del interés de la deuda, cada libra de carne pegada al hueso.

Es un sofisma bastante tramposo decir (en un intento de enfrentar a víctimas con víctimas de la misma estafa) que los pensionistas españoles tienen que jubilarse más tarde para que los pensionistas griegos se jubilen antes, y no preguntarse por que la Troika no discute ni persigue las amnistías fiscales de España y otros premios al delito.
¿O por que no bombardea con sus rayos jupiterinos, con igual intensidad que a los mendigos griegos, los paraísos fiscales?

Argumento más serio sería decir que los pensionistas españoles tienen que jubilarse más tarde para que puedan engordar los sobresueldos del PP, florecer  las Púnicas de Madrid, las pandémicas Gürtel, los domésticos ERE, y medrar mordidas y sobornos.
Para que haya Consejos consultivos de Leguina y Gallardón.

En definitiva, para que Rajoy pueda seguir enviando mensajes de ánimo a sus colegas golfos.

Y vuelvo al Papa.
Muchos que no comulgan con el en lo teológico, comienzan a sintonizar con el en lo estrictamente humano, tanto que casi dan ganas de leer sus encíclicas (en castellano).

Como su diagnóstico es de amplia perspectiva, ha considerado urgente denunciar la estrecha relación que existe entre capitalismo desregulado y salvaje (fuera de control) y destrucción del planeta.
Su mensaje es sencillo: restaurar la dignidad de lo humano, entender la santidad de lo ecológico.

En esas materias, el capitalismo y sus monaguillos más feroces (comandados por la troika y otros lobbys) tienen que recibir aún mucha catequesis.

EL CENTRO RADICAL

Magritte - Centro geométrico

“Centralidad”, he ahí una palabra de moda.

Que casa bien con “estabilidad”, y que a la psicología de las masas sugiere, vía sugestión, paraísos artificiales, es decir, falsos.

Vestirse de centro es disfrazarse con una palabra que abre puertas y rompe corazones.
Y lo que mola y da prestigio, brillo y esplendor, es correr hacia ese punto geométrico de la política como atraídos por un imán.
El magnetismo potente de los votos. Sean para lo que sean los votos.

Y ese negocio precisa vestir de Armani y disfrazarse de centro. Es así.

Olvidamos quizás que ese punto geopolítico tan aparente ha sido el semillero de la corrupción bipartidista que hoy nos sepulta, el triángulo de las Bermudas donde han desaparecido nuestros derechos fundamentales.
Esfumados de la noche a la mañana, y sin que la caja negra del aparato constitucional se enterara del desastre, porque también la caja ha desaparecido en la noche oscura que pactaron Zapatero y Rajoy, muy centrados en su oficio, muy atentos a las órdenes superiores del dinero.

Y es que nada hay más “radical” que el epicentro de la corrupción y cogollo de la plutocracia, capaz de acabar con un país en un par de bienios, y cuyo seísmo y réplicas nos han asegurado varias décadas de penitencia estable.

¿Dónde desaparecieron los derechos laborales, las pensiones, el derecho a la sanidad y la educación, la función natural y esperada de los sindicatos?
En el centro.

El centro es el sitio al que muchos corren para esconderse, para lograr un disfraz acorde con las circunstancias, un antifaz ideológico de sus acciones extremistas.
No encontraréis allí la armonía de los contrarios, ni la moderación, ni la síntesis de Oriente con Occidente, ni el compromiso entre intereses, aunque quizás si la “ideología única” que no admite réplica, el nicho ecológico del bipartidismo monocorde, cuando no a la derecha radical parasitando el nido como un cuco.

Los que no creen en lo público, los que no creen en la sociedad, los que no creen en la cooperación, la solidaridad y la justicia, los que no creen en el Estado y en el bienestar (como no sea el suyo propio), los que sólo creen en la selva de la plutocracia, antes (hace muy poco) eran radicales facciosos. Hoy son de “centro”.

Hoy, que la geometría clásica ha sido superada por la no euclidiana, que no existe izquierda y derecha, que el mundo está encogido y colapsado en un punto, en una singularidad sin pluralismo ni alternancia posible, el caos, la desigualdad, el exilio, la explotación y la pobreza que nos rodean son síntomas, quizás, del Big Bang que esa singularidad oculta y alberga.

En este panorama de conformismo “centrista” (que no lo es), incoloro, inodoro, pero letal, la pelea de los griegos luchando por sus derechos, por sus pensiones, el sesenta por ciento de las cuales son ya de miseria incompatible con la vida (el FMI quiere reducirlas más), constituye un gesto heroico, homérico, que sostiene y defiende la bandera de la justicia y de la dignidad humana, y que enfrenta con valor a ese “centro radical”, la “moderación clásica”.

“En el medio está la virtud”, decían los griegos que parieron nuestra civilización, pero este centro del FMI, de los bancos y banqueros golfos, de la troika y de los sindicatos silenciados y ausentes, es una impostura, no una virtud.

Esos griegos, en su pobreza actual siguen haciendo historia intemporal.

Nosotros, dóciles, sin fibra moral, acabaremos como la reserva esclavista de Occidente, como el Magaluf de la juerga internacional, donde los ciudadanos tienen que hacer balconing para intentar llegar vivos a fin de mes.

LA METALENGUA

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Así visto parece hasta sensato.

Algo que de puro matemático parece casi  divino… armonioso, musical, metempsicótico.

Me estoy refiriendo a ese previsto y amenazante factor de corrección (“factor de sostenibilidad” dice llamarse) de las pensiones saqueadas, troika mediante, que postula empeorar  las pensiones en la misma proporción en que mejoren las expectativas de vida (lo de las proporciones es algo muy pitagórico, tal que si uno se distrae puede incluso sonar a música celestial).

Obligada deducción de este silogismo tan crudo es que la vida es un vicio desatado que requiere corrección y penitencia, embridarla en las notas musicales de la matemática. Matarla una octava si crece una cuarta. Lee el resto de esta entrada

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