Archivos Mensuales: julio 2018

La anomalía como quiste

carcoma

 

Cuando un mal se hace fuerte tras su cápsula fibrosa podemos hablar con toda propiedad de quiste. Y cuando un mal se enquista… mal asunto.

Lo dicho: no llegamos. Nuestra eterna aspiración a abandonar el ámbito de la anomalía se resolverá en frustración una vez más. Seguiremos siendo una democracia teórica que en la práctica no lo es, y así como somos normales, incluso demasiado, en la aplicación obediente del catecismo neoliberal que nos imponen los padrinos de la estafa (explosión posmoderna de fanatismo ideológico al que no le vendría mal un Voltaire con martillo para derribar los novísimos muros), en lo que tiene que ver con la democracia social y de derecho, no llegamos ni a este paso llegaremos nunca.
Y es que la anomalía a fuerza de repetirse se convierte en normalidad impostada, que tal cosa es un quiste. Un estado larvario de anormalidad profunda disfrazada de normalidad institucional, hasta que revienta.

Ni democracia social, merced al catecismo dogmático ya dicho, ni democracia de derecho, ya que no todos somos iguales ante la ley. Ni igual de eméritos ni igual de impunes.

Y es que el dogma tiene poco que ver con la libertad, como no sea con la libertad de tomarse ciertas libertades y mantenerse en el anonimato del delito. Dicho directamente y sin más circunloquios, no vivimos en una democracia sino en una trama gansteril, y como es propio de estos ecosistemas viciados, de vez en cuando el veneno se acumula y revienta. Veremos entonces a los capos mafiosos que otrora colaboraron como fieles camaradas en el delito, tirarse los trastos y regalarse con ráfagas de metralleta.

Que un delincuente, según se presupone del ex comisario de las cloacas, hasta ahora bien avenido con el ministro del ramo (Ministerio de las cloacas), pueda chantajear a un rey emérito de la España profunda, debe obedecer a una lógica accesible y que no precisa de mayores dotes de elaboración.

Que el CNI, comandado por todo un general vestido de civil, afirme que no es de su incumbencia enterarse de lo que hizo en su día (siendo rey) o hace ahora (siendo emérito) el anterior jefe del Estado, que tanto antes como ahora cobra de nuestros impuestos (para esto sí hay dinero público), puede inducirnos a la incredulidad y la risa. Que sin embargo reconozca que se entrevistó con la amiga íntima del ex rey para advertirle, con o sin amenazas, que “sobre sus hombros recaía la responsabilidad de 45 millones de españoles” aconsejándole discreción y omertá, puede hacer que se nos salten las lágrimas, porque no esperábamos menos.
Y que conste que no hablamos -por supuesto- de relaciones personales o afectivas (allá cada cual) sino de posibles delitos económicos contra el patrimonio de todos, que tan escaso y recortado está, protagonizados por el principal y más alto representante del Estado. Investíguese y se sabrá con mayor certeza. La inopia en cuanto a los asuntos públicos no es un estado aconsejable para un Estado saludable o que aspira a serlo.

Y nosotros sin saber que nuestro ser nacional pendía no de un conflicto de fronteras sino de los hombros de esta mujer cosmopolita amiga del emérito, a la que todo un servicio de inteligencia tiene que mendigar (o amenazar) silencio. Triste condición esta en la que el futuro y la estabilidad de una nación depende de la discreta ocultación de la verdad.
¿Será el nuestro un régimen infantil para enanos mentales? ¿La consumación del cuento y la farsa? ¿La adivinable síntesis del matriarcado con el patriarcado en un paraíso fiscal? ¿El triste sino de la posmodernidad que nunca fue moderna?

El caso es que lo que por estos lares llaman “socialistas” (cualquier cosa) tampoco quieren que la verdad se sepa. Acabemos. Del racionalismo y el republicanismo de antaño han pasado a encerrarse en el frasco de las esencias más rancias con sus compadres de establishment, alérgicos a la luz.

Entre las cloacas del Estado y la cúspide del Estado hay tan poca distancia como entre el poder económico y la trama gansteril que nos explota y estafa (algunos sindicatos y algunos  “socialistas” no son impedimento).
No debe extrañarnos que como intermediario en los tejemanejes del ex comisario de las cloacas aparezca un ex presidente de Telefónica que pasaba por allí. Todo un símbolo. Da para una película de los hermanos Cohen.

Y es que a las “Américas profundas” de la era Trump (era oligofrénica dónde las haya) puede llegarse por evolución involutiva y lógica del modelo oficial, o pasando de la infancia premoderna a la decrepitud posmoderna saltándose la juventud gozosa, como es nuestro caso.

En resumen, nuestra cúspide es tan profunda como nuestra crisis, y se revela -a poco que se escarbe- a nivel de la ciénaga.
Y en una ciénaga autocomplaciente el lodo adquiere carácter tan espeso que el orden y la inmovilidad son los valores que más se cotizan, además del silencio.
Curioso es que al esclarecimiento de estos enigmas de la corrupción que todo ciudadano responsable debería exigir, algunos lo llamen la quiebra del Estado. No, lo que es la quiebra del Estado es la corrupción y su ocultación. Y si a esta ocultación colaboran los servicios de inteligencia y otros órganos principales del Estado, ya estamos en el ámbito de la tiranía.

Lástima pero está comprobado que sin aire la esperanza se asfixia y el futuro se frustra.

 

 

Perplejidad

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A veces uno tiene la impresión (subjetiva por supuesto) de que el mundo, según que días, gira en el sentido contrario de las agujas del reloj, gira como le viene en gana, sin orden ni concierto, y descarrila alegre de su órbita segura y razonable para embarcarse en la nave de los locos, al albur de los vientos, dando piruetas y levantando olas.
¿Será este el famoso mundo al revés, donde arriba es abajo, la derecha queda a la izquierda, o donde el acierto se estima error y viceversa?

En este mundo al revés lo “normal” debe ser -para los que así lo han decidido- que la Dirección de RRHH del SESCAM sea merecedora de un premio en reconocimiento de su labor. Nos gustaría alegrarnos alegremente de tal noticia por recaer en un servicio en el que uno labora, pero, sinceramente, no podemos. Y como uno otros, de hecho bastantes, en los que la noticia ha causado perplejidad. Y es que ¿qué se ha premiado? ¿una buena gestión de los recursos humanos? ¿y en que consiste que esa gestión se califique como buena? ¿de que estamos hablando? ¿hablamos solo de recursos “humanos” como objeto aislado de estudio? ¿tiene ello algo que ver -pues hablamos de gestión sanitaria- con la asistencia en si, con quien la recibe y con quién la presta (que recurso humano es)?

Y pregunto desde mi perplejidad profana y compartida:
¿A quién han preguntado los calificadores? ¿A los recursos humanos, sujetos pasivos de la gestión premiada? ¿A las tablas de Excel que corren veloces y asépticas de despacho en despacho pero sin pisar la calle? ¿A las graficas bien perfiladas y elegantes? ¿A las estadísticas redondas o cuadradas con escuadra y cartabón? ¿Será que el mundo digital de los “recursos” y el analógico de los “humanos” no coinciden y habitan universos paralelos?

Conviene decir que la noticia del premio ha sonado a chiste (aunque de  poca risa) en un amplio sector de recursos humanos del SESCAM. Pregunten, por ejemplo, a los 900 profesionales PEAC de la atención primaria del SESCAM, si la gestión que padecen es brillante o deprimente, inclusiva o excluyente, eficaz o nefasta, ordenada o caótica. Pregunten si les da la vida (la poca y maltrecha que les queda como trabajadores nocturnos) para tanto juzgado como tienen que frecuentar en reclamación de sus derechos naturales (entre otros el reconocimiento de esa nocturnidad) y de una mínima dignidad laboral. ¿Puede merecer premio una Dirección que a unos trabajadores, médicos y enfermeros, que cumplen todas las definiciones legales, habidas y por haber, de “trabajador nocturno”, le da la real gana de no reconocerlo?
Y más allá del colectivo PEAC, pregunten a otros profesionales, aunque basta registrar las manifestaciones públicas de unos y otros para apreciar el grado de malestar con la gestión premiada.

Señalemos, por concretar,  algunas líneas principales de gestión que no consideramos merecedoras de aplauso y menos de premio, más bien de amonestación y multa:
Refirámonos ya desde el principio a la atención primaria, como base de todo sistema sanitario, y cuya quiebra y desnaturalización parece evidente, más centrada (o descentrada) en la caza de la guardia selecta y su falsa libranza (descanso si, libranza no) que en la atención de la consulta y la familia. ¡Ay la medicina de familia!

Tantas “falsas” libranzas (posguardia) se producen como consultas se cierran. Se trata -nuestra atención primaria- de un modelo de “peonadas”, y en este modelo nefasto, desviado de los preceptos legales y de los imperativos de jurisprudencia desde el año 2008, a contrapié de cualquier eficacia asistencial o sensatez gestora, hay que buscar las causas fundamentales y fundadoras del “malestar de la atención primaria”. Una atención primaria volcada a la captación de guardias y a la explotación de la falsa libranza posguardia, que en puridad legal es un descanso, pero que irregularmente se retribuye como tiempo trabajado, sin trabajarse ¿Consecuencias?, las esperables y lógicas: consultas cerradas, listas de espera, saturación de los servicios de urgencias en reclamación de una asistencia que no se presta donde corresponde, pues ese “donde” (la consulta del médico de cabecera) asistencialmente está cerrado pero retributivamente se considera abierto. Mundo digital y mundo analógico. Mundo virtual (dónde si se cobra) y mundo real (dónde lo cobrado no se trabaja). Sin duda gestión brillante para nota y premio.

Baste un botón de muestra:

En la gerencia de atención primaria de Guadalajara, y referido a un solo semestre (1º de 2017), se computaron y se abonaron como trabajadas (virtualmente) 65.000 horas de consulta que en la vida real no fueron trabajadas. Solo se trabajaron en la imaginación, pero se cobraron efectivamente. Hagan extensivo este vicio de gestión o fraude de jornada a los sucesivos semestres desde el año 2008 hasta el presente en que se mantiene, y multipliquen por el resto de gerencias de atención primaria del SESCAM. ¿Puede extrañar la quiebra y desnaturalización de la atención primaria?

También debe merecer premio –según los calificadores- que nuestra gestión premiada haya buscado como apretar más las tuercas de la indignidad laboral como tapadera y solución “in extremis” del modelo viciado antes descrito. Más fácil y loable sería corregir el vicio.

La indignidad laboral, aplicada sin escrúpulos ni reparos, cuyo prototipo en el pasado fueron los “refuerzos” (motivo de vergüenza ante Europa) y hoy lo son los profesionales PEAC, es el mejor lubricante de la gestión incompetente. Sin indignidad laboral y profesionales estafados no podría mantenerse el actual modelo viciado e ilegal. Hablamos pues de la cara oculta de la luna, de los entresijos menos visibles del Leviatán, los que no conviene que aparezcan en la foto ni comparezcan en la entrega de premios.

Los profesionales PEAC (médicos y enfermeros) son objeto de una auténtica discriminación de “genero” desde el año 2005. Esta gestión premiada ha mantenido en el ámbito del SESCAM la antigua discriminación entre el “genero” PEAC y el “genero” EAP, dando curso libre a una desigualdad de trato (maltrato para los primeros) en todos los órdenes retributivos y laborales, discriminación que se produce entre profesionales con igual categoría profesional e igual rango académico, y que básicamente realizan una misma asistencia. Si bien la distinción de puestos (PEAC versus EAP) responde a las necesidades reales y la dinámica asistencial, el maltrato (retributivo y laboral) de los primeros no es de recibo ni resulta comprensible porque incluso realizan su trabajo en condiciones más penosas (nocturnidad, festividad, desconciliación familiar….)

Últimamente la Dirección premiada se ha embarcado en la creación de una “nueva” figura laboral, destilación del maltrato laboral y quintaesencia de todos los disparates: el ya famoso y contagioso “chico para todo”. Se ve que estos gestores no tienen ideas propias y únicamente se copian y contagian las peores y más perniciosas. Luego se aplauden y se premian entre ellos.

Ante la barrera interpuesta por algunos sindicatos entre esa mala intención (crear un “esclavo de cabecera”) y sus señaladas víctimas (los PEAC), los gestores premiados han tenido que improvisar, y así han dado luz verde, casi de incógnito, a unos contratos ¿de 8 meses? para hacer de un profesional un comodín en un juego digital de quita y pon, de trae y lleva, al que se supone carente de cualquier derecho a vida privada y familiar, y aún a vida fisiológica de ser humano, pero elástico y dócil. Se excusan diciendo que la firma del contrato es voluntaria, como la que se supone el doctor Fausto concedió a Mefistófeles, intermediario del maligno. Claro que aquello era la edad media y esto la posmodernidad. En resumen todo un logro. Para premio y nota.

Ocurre que a pesar de la elasticidad hay imposibles físicos y ni siquiera el “chico para todo” o esclavo de cabecera (al servicio de los médicos de cabecera que libran posguardia tantas veces como les viene en gana), puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Excelsos coordinadores programan los turnos como si “si” fuera posible ese imposible aunque saben de sobra que lo que no puede ser no puede ser. No importa. Los coordinadores como los gestores habitan el mundo metafísico de los dígitos. Pueden imaginarse la “coordinación” que de ahí resulte, ya que si el mundo digital de la coordinación coincide con el mundo real de los trabajadores y sus turnos, será de chiripa. No nos extrañe pues que una consulta se cierre sin avisar (ni a pacientes ni a profesionales) porque el “chicho para todo” además de humano está sujeto a las leyes de la física, y si está allí no puede estar acá. No nos extrañe tampoco -por el mismo motivo- que nadie se presente a hacer el relevo de una guardia a un profesional agotado tras un turno de 17 o 24 horas, si consideramos que los que coordinan descoordinan y los vicios y errores se premian. No hay nada más moderno que un esclavo de cabecera.

Para su desgracia, los profesionales PEAC son también prototipo (y pasamos a otro motivo de premio) de los “interinos en fraude de Ley”, utilizados y estafados durante décadas por las administraciones públicas españolas, en su caso desde el año 2005, aunque la estafa y el fraude empieza antes, cuando eran refuerzos.

¿También hacer la vista gorda ante el fraude de los interinos merece premio? ¿Será la actitud de don Tancredo –no mirar los problemas para no verlos- la más virtuosa, loable y premiada? El mundo al revés. ¿Buscar, impelidos por los tribunales europeos –después de la estafa consumada- una solución “normal” vía OPE a una situación “anormal” de estafa consumada, no es bastante anormal? ¿Aquí no ha pasado nada?

Y ya que hablamos de interinos, digamos que los derechos que los tribunales europeos y españoles reconocen a estos profesionales (estafados), verbigracia el cobro de la carrera profesional, la dirección premiada se los pasa por el forro. De ahí el premio.

Más preocupante, y aquí solo cabe una indignación absoluta, es la alta frecuencia de los episodios de violencia contra sanitarios por los que nuestro servicio es demasiado a menudo noticia a nivel nacional. Solo en los últimos meses varios profesionales PEAC (saturados en su trabajo por los vicios antes señalados) han sido víctimas de violencia extrema, que en el último caso ha colocado al profesional agredido en una situación de extrema gravedad con riesgo para su vida.

En un anterior episodio de violencia contra profesionales PEAC en el PAC de El Casar los dispositivos de seguridad (ej.: botón del pánico) no funcionaban, ya que el mantenimiento de lo estropeado brilla por su ausencia.

Celadores o seguridad privada prácticamente no existe en ningún centro de salud, pero si en los despachos. Todo ello sin duda debe ser motivo de premio.

A nosotros solo nos queda la perplejidad y la denuncia.

 

 

 

 

 

 

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