Archivos Mensuales: mayo 2017

Sorpresas

monos sordos

 

Si hay algo que hoy ya no sorprende a nadie es la propia sorpresa.

Vivimos un tiempo en que las sorpresas se suceden y se fecundan unas a otras. En que la sorpresa es ya costumbre infalible, y también impredecible.

Y sin embargo todavía, los atrapados en su rutina y sorprendidos en su inopia son (o somos) multitud. De hecho no hacen (o hacemos) más que aumentar.

Los analistas no dan ni una. Las encuestas aciertan de guindas a brevas. Los tratados fundacionales duran dos días. Las Historias muertas y enterradas, resucitan.
Los muros derribados tienen hijos, si no peores muy parecidos a los padres.

Sobre todo se confirma -es la única certeza- que aquellos que decían que la Historia ya no tenía nada nuevo que ofrecernos, y que habían dado con la clave de su mecanismo y desactivado a tiempo su bomba de relojería, esa misma Historia desentrañada y anulada, se los ha llevado por delante de la noche a la mañana.

No es buen tiempo para profetas.

Heráclito tenía razón.

Si lo pensamos bien, el último periodo político en nuestro país, marcado definitivamente por la convulsión del 15M, fruto de tantas convulsiones soterradas, se caracteriza por una secuencia acelerada de hechos extraordinarios recorridos por un mismo hilo rojo que les sirve de eje: que no es otro que el retraso y la torpeza de sus protagonistas en comprender lo que les estaba ocurriendo.

El número de bajas experimentado en poco tiempo es el propio de un cambio climático, inaparente pero dramático.

Da igual que nos refiramos a la monarquía o a los barones territoriales, al PSOE o a la burbuja ideológica de la penúltima socialdemocracia, a la justicia corrupta o a los ministros reprobados, a los independentistas catalanes o a los nacionalistas xenófobos.

Su mirada ha sido demasiado lenta o demasiado turbia y condicionada para captar el curso acelerado de los hechos, o para preverlos siquiera.
Su capacidad de reacción estaba y está gripada. Caído el muro y abierta la compuerta, el agua baja en tromba, y cuando quieren reaccionar (si es que reaccionan) es tarde y mal.

Por ejemplo, ciertos y muy concretos independentistas catalanes, que se acostaron corruptos y se levantaron separatistas.
O los socialistas socios fieles de los neoliberales, que en su último estertor lo único que han sabido hacer es traicionar el voto y atacar a la democracia interna.

Demasiado tarde y demasiado mal.

Cabe preguntarse: ¿sin corrupción sistémica (española y catalana) se habría producido este último brote independentista en España?

O en un plano más universal: ¿sin aquella estafa globalizada que adoptó el nombre de “crisis” y sus contraproducentes remedios austericidas, se habrían producidos los actuales brotes de racismo y xenofobia?

O ya directamente en el plano cavernícola: ¿sin aquellas guerras insensatas decididas por tres pijos y cuatro negociantes se habría producido la actual avalancha de terrorismo criminal?

Y como consecuencia de todo ello ¿sin los éxodos masivos y a la desesperada, con miles de muertos y ahogados inocentes, producto de aquellas “hazañas bélicas” de la “buena sociedad”, estaría hoy Europa de nuevo embrutecida por un fascismo larvado y maquillado, que busca apoyo en muros de alquiler y en regímenes liberticidas?

Tarde y mal, lo único que se les ocurre es aumentar el presupuesto de defensa, incluso allí donde hay hambre infantil y trabajadores pobres.

Como en relación al último brote separatista algunos no se han hecho aún aquella pregunta básica sobre la corrupción -ni siquiera lo han intentado-, establecen mal sus prioridades. O al menos sus prioridades y sus preocupaciones no coinciden con las del común de los mortales, hartos ya de tantas cosas.

Al penúltimo monarca español, la Historia -a la que se daba por muerta y enterrada- le pilló en un cementerio de elefantes. A Pujol en su honorable y episcopal poltrona. A Felipe González en su desastrada y estirada decadencia.

¿Y qué de decir de Rajoy y del PP sordo, ciego, y mudo que le hace los coros, y que intentan refugiarse en su propia ceguera como el avestruz en su agujero, sino que están empeñados en una huida hacia adelante a la que arrastran, solidaria y patrióticamente –sobre todo esto último- a todo el país?.

Pero será en vano.

Los que suscriben pactos con ese PP cuyo único plan de futuro es la huida, hacen un pésimo negocio. Como lo hizo la gestora socialista que patrocinó su continuidad en el gobierno.

Europa, en el último asalto recobró la vista y redescubrió el encanto y la virtud de lo “social”, casi palpando ya la profundidad del abismo que se abría a sus pies.
Su Nomenklatura autista vio, como en un destello, las orejas al lobo. O eso dicen.

El tiempo, que hoy corre deprisa, lo dirá.

En todo caso, en Bruselas me han escuchado (es un decir) y nos llaman al orden, aunque un poco tarde, censurando en su último informe-rapapolvo a España y su gobierno por una corrupción que ya abruma y hiede, no sólo en España sino allende sus fronteras.

¿Pues no decíamos, como si fuera cosa sabida, que Europa era un club de democracias homologadas?
¿Adónde vamos con nuestra corrupción a cuestas y con nuestra triste parodia de Estado de derecho?

Si Montesquieu levantara la cabeza y no viera otra cosa que a “Rafa” ministro español de justicia, se volvería a la tumba con la cabeza un tanto confusa.

Cómo envidio a esos países libres y democráticos, capaces de echar sin despeinarse ni esperar a que den las cinco, a un ministro o a un presidente de gobierno ante la más mínima evidencia de corrupción.

A eso es a lo que aspirábamos.

Y cómo admiró también a esos países honestos y valientes que no se plantean como disyuntiva cruel -ni siquiera es motivo de debate- elegir entre estabilidad política y la nula tolerancia a la corrupción, porque saben (lo aprenden en la escuela primaria) que con una corrupción consentida (cuando no consensuada) no hay estabilidad política que valga ni tampoco democracia, ni mucho menos futuro. Y que cualquier retraso en actuar con diligencia contra esa lacra, engorda la factura que luego habrá que pagar (unos más que otros), con sus respectivos intereses.

A esta diligencia -de momento minoritaria en nuestro país- contra la corrupción censurable, los más responden con esa parsimonia desgarbada y también cómplice que Rajoy les ha contagiado, y que nos trae a los demás por el camino de la amargura. Esa negligencia nos llevará a todos, en un futuro inevitable, de sorpresa en sorpresa.

SESCAM viejo y SESCAM nuevo

CS Fuensalida

 

No es poco significativo que Pedro Sánchez, en las recientes primarias socialistas, haya ganado en todas las comunidades autónomas salvo en las dos de sus contrincantes, Susana Díaz y Patxi López.

¿Y esto que implica?

Pues implica de entrada que los dirigentes de las demás comunidades autónomas donde Pedro Sánchez ha ganado frente a esos dirigentes -que han perdido-, por ejemplo en Castilla-La Mancha, se tienen que espabilar mucho si no quieren perder el tren de la historia, que casi siempre se coge palpando el aire de la calle, y no sólo en los altos y replegados despachos.

Porque si una cosa está clara es que no siempre los fríos cálculos ni las estadísticas sesgadas reflejan la auténtica realidad de los hechos que se viven a pie de obra.

Y esta mayor o menor lejanía de la realidad, este mayor o menor autismo del gobernante, se manifiesta hoy (convencidos muchos equivocados dirigentes de que el recorte del Estado del bienestar es el único remedio contra la estafa que llaman crisis) en cómo y dónde se mete la tijera austericida y se podan derechos básicos, que es como podar las raíces a una planta esperando que florezca, y la misma insensatez que esperar que una sociedad progrese metiendo el hacha en sus cimientos básicos: la sanidad y la educación públicas.

Esperar que un país camine hacia  adelante sin una sanidad y una educación pública y de calidad, es como esperar que un peral de manzanas, o que el sol salga por poniente.

Podríamos pensar, al menos en el plano teórico, que la actitud austericida y la manera de manejar esa tijera -injusta e ineficaz donde las haya- sería distinta en un partido que se dice “socialista”.

Recientemente los profesionales de atención primaria (médicos, enfermeros, y personal administrativo) de la zona básica de salud de Fuensalida, que abarca seis localidades y seis residencias de ancianos (infradotadas o no dotadas de personal sanitario), con una población que ha crecido exponencialmente, y que así como cuenta con un número cada vez mayor de niños cuenta también con una ingente población de la tercera edad, especialmente necesitada, reclamaron por escrito al SESCAM (que ahora dirige el PSOE viejo) la solución ya impostergable a un problema que se ha convertido en una auténtica emergencia social, cual es la dotación de un “doble equipo” sanitario (2 médicos / 2 enfermeros) durante las guardias sanitarias en el servicio de urgencias del centro de salud.
Y ello porque las situaciones de riesgo por desbordamiento y escasez de personal se han vuelto frecuentes y repetitivas, y el no darles una solución implica despreciar el derecho de los pacientes a una asistencia correcta, y el derecho de los profesionales a un trabajo digno, a la integridad personal, y a que se respeten los imperativos de salud laboral.
En este sentido, comenté recientemente en otro artículo como un enfermero de urgencias de este centro de salud de Fuensalida, de 66 años, había tenido que realizar 82 horas de trabajo en una semana, en jornadas de guardia que incluían la noche.
Algo que es claramente inhumano además de ilegal.

Pues bien, el SESCAM “socialista” que consiente este tipo de cosas, hizo oídos sordos a la petición mencionada, a pesar de que los profesionales aportaron datos objetivos sobre la situación denunciada, y además demostraron que en otras zonas básicas de salud con menos demanda asistencial y menos población, el “doble equipo” se había concedido.

Ante esta respuesta irresponsable del SESCAM, los sanitarios reaccionaron reclamando el apoyo de los usuarios a su justa y argumentada petición, y también solicitaron apoyo a los respectivos ayuntamientos en sendas cartas a los alcaldes.

En reciente pleno extraordinario del ayuntamiento de Fuensalida, celebrado el 19 de mayo, se discutió la respuesta que procedía dar a la petición de apoyo realizada por los profesionales del centro de salud, solicitud respaldada por ingente número de firmas de usuarios que en poco tiempo se recogieron, síntoma de la gran sensibilidad que existe en la población ante este tema.

Pues bien, el resultado de ese pleno fue que el PP e Izquierda Unida secundaron el apoyo a la reivindicación de los sanitarios y de la población (una medida de justicia social y de emergencia sanitaria), mientras que el PSOE (el viejo PSOE) fue contrario a la misma y pasó olímpicamente de ella.

Todo ello no es sino una consecuencia del alejamiento del PSOE de sus bases electorales, síntoma claro de una evidente desconexión de la realidad social que dice defender, y nos explica también ciertas sorpresas electorales en las que los militantes de base empiezan a tomar cartas en el asunto.

Esta nula sensibilidad del viejo PSOE y del viejo SESCAM ante problemas sociales graves ¿cambiará con la victoria de Pedro Sánchez y un nuevo PSOE?

Primavera El regreso de la vida

Exhibition Run

Hide de Christian Stangl

De corrupciones y endogamias

Gestora PSOE

 

Al parecer, las fuerzas de orden público exageran, la justicia que hace su trabajo y no el del delincuente, exagera, las cifras exageran, y los números no cantan, sino que están histéricos.

La corrupción en España -opinan algunos- no es para tanto, y quien se indigna ante su magnitud es porque no tiene otra cosa mejor que hacer que meterse donde no le llaman, y ocuparse de asuntos que ni le van ni le vienen.

Doctores tiene la santa madre iglesia es el principio teocrático que siempre ha dirigido y acotado nuestra vida critica, y nuestra eterna crisis de libertad de pensamiento.

¡Cualquiera se indigna con lo mal visto que está últimamente!
En tiempos de Franco estaba incluso prohibido.

¡Cuanto más diligente y sabio es aquel que ante la corrupción reinante (y nunca mejor dicho) mira para otro lado y calla!

Es sorprendente el paralelismo que existe entre los hallazgos de la psicología freudiana y los hallazgos de la UCO. Y entre los vicios del sistema y las virtudes de la hipocresía.

El extremo centro que rige nuestra vida política tiene mucho que ver con este mundo de apariencias y represiones, donde tras la virtud y la “centralidad” cacareada, se esconde un ello radical que, desatado, arrasa con todo y arrambla con lo propio y lo ajeno, pero sobre todo con aquello poco que les queda a los que menos tienen.

Y es curioso y llamativo también el paralelismo que existe entre la vida y la política, y entre los hallazgos de los biólogos y los hallazgos de los politólogos.
O quizás no sea tan sorprendente si nos atenemos al hecho de que la buena política es una parte más de la vida corriente, y los buenos políticos son como usted y como yo, con los mismos derechos y las mismas obligaciones civiles que el resto, sin especiales privilegios que los segreguen de la comunidad cuyos intereses representan y defienden. O así debería ser.

Y para ser como debería ser, tendría que empezar por no haber aforados, que en nuestro país son plaga que cría el terreno, abonado con estiércol de primera.

Sorprende que hoy, en pleno trance de las elecciones primarias socialistas, tantos aboguen por un retorno a un pasado que nos ha traído a este presente -con tan poco futuro- de corrupción omnipresente y ubicua, tóxica y paralizante.

Proliferan las consignas contra las elecciones primarias, y aumenta la presión mediática contra la democracia interna, como si la democracia pudiera ser externa a sus sujetos protagonistas, o venir del  espacio exterior en un platillo volante.

Dentro de Europa (y casi diría dentro de Occidente), esta campaña feroz y esta animadversión militante contra la democracia interna, guiada por una especie de impulso contrarreformista, se está dando sobre todo o casi exclusivamente en España, donde nuestra relación con la democracia siempre fue problemática, y donde los  tímidos y breves intentos por conquistarla siempre fueron abortados por la fuerza de las armas, en defensa de la tradición sacrosanta.

Lo más moderno y demócrata que llegamos a explorar al hilo del devenir de la historia fue el despotismo ilustrado (nuestro sueño de la razón siempre produce monstruos), hasta arribar con enormes esfuerzos y dificultades al sueño desmochado de la república.

Los que hoy claman, andanada va y andanada viene, contra el protagonismo de los militantes de base, contra la eficacia y la oportunidad de las elecciones primarias, y en definitiva contra la democracia interna, base y pilar de toda auténtica democracia, tal y como se entiende hoy en el Occidente laico, están en esa línea de pensamiento pro-despotismo (ilustrado o corrupto ya es otro tema) y pro-élite. Aunque luego esa élite cuando se la sorprende en su espontaneidad natural y en su salsa, resultan ser en muchos casos simples chorizos que se manejan con soltura en un lenguaje francamente barriobajero.

Estos que hoy lanzan anatemas contra la democracia interna, quizás inspirados por el peor Platón y el peor liberalismo (Platón, aunque ilustrado, era muy poco liberal), parecen los mismos animadores ideológicos que hoy reclaman externalizarlo todo.

¿Por qué no también la democracia?

“Externalizar” la democracia (arrebatársela a los ciudadanos) para internar y acaparar el poder en un coto cerrado y a salvo de testigos.

No olvidemos nunca, sobre todo hoy en que las modas que impone el mercado nos ofuscan la mente, que hay liberalismos muy poco liberales, y que a la escuela de Chicago nunca le importó demasiado colaborar con Pinochet y sus matanzas. El momento cumbre de ese liberalismo fue cuando Margaret Thatcher tomó el té con Pinochet sin que le temblara la mano ni la permanente. Casi igual que con los sindicatos.

La vida nos sirve de modelo para este debate, el cual cabe abordarlo tanto por deducción razonable como por inducción empírica, es decir, tanto por el encadenamiento lógico de los conceptos como a partir de los mismos hechos que padecemos y palpamos.

Sabemos por la biología que todo espacio mal ventilado tiende a la corrupción, y sabemos también que aquellas poblaciones cerradas sobre sí mismas, sin flujos ni intercambios genéticos con el exterior, degeneran en su endogamia y corren veloces hacia su propio fin, generando en el ínterin algún que otro monstruo.

Algo parecido ocurre con el poder y la política.

El hecho fundamental que caracteriza nuestro presente económico y político es la corrupción, y el hecho fundamental que caracteriza nuestro pasado inmediato -más o menos constitucional-  es la partidocracia, que es el régimen pseudodemocrático en que los intereses de los partidos, y más selectivamente, los intereses de sus cuadros y aparatos (tantas veces vendidos al poder del dinero), prevalecen sobre los intereses de los ciudadanos y del país en su conjunto.

No es difícil inferir que a aquello primero (la corrupción) hemos llegado a partir de esto último (la endogamia), y que defender la endogamia como medio es defender la corrupción como producto.

Son los cuadros y los aparatos frente a los militantes y los ciudadanos; es la partidocracia frente a la democracia; es la sociedad cerrada frente a la sociedad abierta; es el cuadrado estéril frente a la curva dinámica.

La partidocracia no se lleva bien con la democracia interna ni con el protagonismo de los militantes. Se lleva muy bien sin embargo con la corrupción, y también con el despotismo.

Ilustrado o corrupto, ya es otro tema.

LUNAR de Christian Stangl

Lunar, un emocionante corto que nos muestra el aterrizaje en la Luna

https://www.tuexperto.com/2017/05/18/lunar-un-emocionante-corto-que-nos-muestra-el-aterrizaje-en-la-luna/

 

Birthlight de Christian Stangl

Desde fuera y desde dentro

Susana y Rajoy

 

Cuando la derecha más rancia y retrógrada (también la más corrupta) elogia y hace campaña por Susana Díaz, y parece querer llevarla en palmas hasta la victoria final en las primarias socialistas ¿le hacen un favor?

No, pero nos lo hacen a nosotros, porque si sobre lo que se debate y se decide en esas elecciones había alguna duda, esa circunstancia y ese apoyo lo deja un poco más claro.

Desde fuera del PSOE, pero desde dentro de los graves problemas a los que se enfrenta este país -el mayor de los cuales es la corrupción-, es difícil mostrarse indiferente a lo que el PSOE decide este domingo 21 de mayo, o abstraerse de la importancia que tiene para todo el país.

Creo que no somos pocos los que habiendo sido testigos del derrotero político que el PSOE ha ido tomando durante las últimas décadas (algunos hemos sido incluso votantes de ese partido), intuíamos que antes o después ese partido y esa evolución plena de contradicción y de decisiones inexplicadas, iba a entrar en crisis, y que dicha crisis no iba a ser una fiebre ligera ni un simple catarro.

Según lo vemos, la cuerda se ha ido estirando tanto, en la insensata creencia de que la elasticidad y la paciencia de los votantes socialistas son infinitas, que al final la tensión ha sido insoportable y la cuerda se ha roto.
Ahora se quiere coser, cuando algunos ni siquiera son conscientes o reconocen las causas y las responsabilidades de esa ruptura. No, ellos no tienen nada que ver con ese fracaso. Los responsables y culpables son los que acaban de llegar.

Para algunos militantes ha sido ya demasiado, y no han querido participar ni un minuto más en una mascarada que no sólo los avergonzaba, sino que los hacia fracasar en las urnas, quedando relegados al papel de lubricante fiel de la derecha.

La acción política del PSOE a lo largo de todo este tiempo ha tenido una deriva ideológica constante, pertinaz y demostrable, sesgada siempre en el mismo sentido, hacia el polo de la derecha política y económica, con hitos tan notorios como su participación en las distintas reformas laborales de carácter  retrógrado, que han hecho del trabajador el protagonista involuntario de un nuevo estatuto: el precariado; con su protagonismo incluso pionero en las vergonzosas e insolidarias amnistías fiscales; con su impulso reaccionario de las bases legislativas para la privatización de la sanidad (entre otras privatizaciones y concesiones al neoliberalismo más radical); con su decisión de someterse servilmente a la manipulación de nuestra Constitución (artículo 135), impuesta por Merkel a espaldas de los ciudadanos soberanos; y por último con su apoyo ya sin remilgos ni máscaras al gobierno de Rajoy, es decir, a un PP que ha batido todos los récords de corrupción, no sólo en nuestro país, sino en toda Europa, y cuyo único objetivo político es desprestigiar lo público, liquidar el Estado del bienestar, y aumentar la desigualdad y la injusticia. Y ahí han estado (y están), echando una mano, el viejo PSOE.

Esa es la hoja de ruta que los ha llevado hasta donde están, y esa hoja de ruta la han marcado dirigentes muy concretos, que además han hecho todo lo necesario  (y aún más) para que el criterio de los “cuadros” (como se llaman) prevalezca antidemocráticamente en su autismo suicida.

Pues bien, si esa era la ruta, ya han llegado.

Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez, como los últimos fracasos electorales de ese partido, son epígonos y herederos de esa deriva, de esa evolución en declive constante, y en definitiva de esa involución imparable.
Pero la actitud de ambos candidatos ante la misma es muy distinta.

Susana Díaz la suscribe al cien por cien y promete seguir en esa línea para ganar. Suerte para Rajoy y albricias para la derecha. Pésima noticia para la socialdemocracia y para los socialistas.

Pedro Sánchez parece haber aprendido la lección y entendido el mensaje, y se declara decidido a cambiar de rumbo. Una tenue esperanza y una última oportunidad para la unidad de la izquierda y el resurgir de la socialdemocracia, o lo que es lo mismo, última oportunidad para conservar el Estado del bienestar y la ilusión en el proyecto europeo.

Ese es el debate ideológico.

Y es que por mucho que los analistas ultramodernos nieguen que haya ya ideologías, o siquiera sólo ideas (únicamente admiten la persistencia de automatismos y fuerzas ciegas e irrefrenables), lo cierto es que haberlas haylas, y de su dinámica surgirá un nuevo progreso, más humano y sostenible, y continuará la historia por mucho que la quieran parar y dar marcha atrás.

Pero en una confrontación de candidatos, como esta, que nos afecta a todos, de dentro y de fuera del partido, no sólo tienen importancia las ideas y el debate ideológico sino también las personas.

Si la frase que achacan a Susana Díaz sobre Pedro Sánchez es cierta, no sólo define a la persona que la dijo, sino su manera de pensar, y también quizás explica ciertas actitudes prepotentes y ciertos juegos sucios, que con razón se han considerado bochornosos.

No creo que esas sean las actitudes vitales ni las aptitudes personales que convienen a un o una dirigente.
Yo al menos no me encontraría cómodo ni seguro sabiendo que una persona que piensa y actúa de ese modo dirige mi país, o mi partido.

Si es verdad que dijo:  “Ese chico no vale, pero a nosotros nos vale”, demuestra varias cosas:
primero, que es una persona imbuida de prepotencia, que siempre despreció a su compañero y anda floja en compañerismo; y segundo, que actuó de tapado, lo utilizó y nunca fue sincera con él.

Cabe aún preguntarse a quien se refería con ese “nosotros” a los que les venía bien la práctica oculta de ese juego sucio. Pero en todo caso parece indicar que no tiene un concepto demasiado amplio ni generoso, ni siquiera solidario, de los intereses colectivos.

Soy consciente de que a una persona no se la puede juzgar por una frase, pero lo cierto es que en este caso las acciones realizadas a posteriori se corresponden con el contenido y el espíritu de la frase dicha previamente.

Lo cual nos debe hacer sospechar que las acciones que se han querido hacer pasar como “reactivas” a unos hechos, estaban decididas y planificadas de antemano. Eran parte de la hoja de ruta.

Y lo mismo podríamos decir de Mariano Rajoy y sus frases.

¿Se puede juzgar a Rajoy por sus frases?
Por ejemplo, por aquellas que dirigió a su colega Bárcenas, cuando le recomendó ante los hechos que se iban descubriendo: “se fuerte”, o más directamente “hacemos todo lo que podemos” (para protegerte y protegernos, se sobrentiende).
Y efectivamente lo han hecho, y lo siguen haciendo con el apoyo cómplice de algunos.

Aquí también, de las palabras y las frases se pasó a los hechos, y por lo que vamos sabiendo en base a las informaciones que justifican la “reprobación” del ministro de justicia y sus colaboradores, efectivamente desde el minuto cero se pusieron a hacer -y en ello están- todo lo que podían para poner palos en la rueda de la justicia y para burlar uno de los principios fundamentales de la democracia, cual es la separación de poderes.

A muchos esto de la reprobación del ministro de justicia nos suena a regañina educativa que se propina –aún con esperanza- a un niño trasto.
Se le reprueba como si se hubiera hurgado la nariz, prescindido de corbata en un acto oficial, o copiado en un examen. Ligeros torcimientos en el camino de la vida que aún cabe enderezar.

Pero no estamos ante hechos de esa naturaleza ni de ese calado. Estamos ante hechos muy graves. Tan graves como los que estos días protagoniza Trump en su país. Estamos ante un ataque frontal a la democracia, ante un intento de vaciamiento de su contenido, ante un plan (supuestamente) para engañar a todos y burlar la Constitución.

Y eso no se merece sólo una reprobación o una regañina. Se merece una moción de censura en toda regla, porque si no, en el fondo y en la práctica, estamos dando amparo y sostén a esos hechos y al partido que los protagoniza.
Cosa que como todos sabemos no es una novedad, sino la causa fundamental -ese apoyo- de la actual situación.
Al parecer hay muchos a los que no les importa que nuestra democracia se vaya por el desagüe.

Tan grave como los hechos reprobados, es no actuar en consecuencia. Eso también es reprobable.

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