La pipa de Sherlock

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Apología de los solteros

No dudo que Don Quijote, apóstol de las causas perdidas, habría visto con buenos ojos esta batalla, no en vano el también se defendió de los casamenteros.

Lo cierto es que la soltería nunca ha estado bien vista, para que nos vamos a engañar. Siempre ha tenido mala prensa. Siempre ha arrastrado un estigma moral indeleble, a pesar del progreso de los tiempos.

Duros apotegmas, recias recomendaciones, y coléricos aforismos, han intentado siempre apartar a la sana juventud inexperta de esta tentación y vicio.

Primero desde imperativos morales, y más tarde desde cálculos económicos y productivos.

Esa animadversión se refleja incluso en nuestro lenguaje: “solterón” y “solterona” se dice, aunque los tales sean canijos, como dando a entender que lo son un rato, y que ejercen, no a tiempo parcial, sino hasta hartarse y de por vida.

O se dice que han quedado para vestir santos, cuando hubiera sido más divertido desnudar diablesas. ¿Alguien lo pone en duda?

En comunidades mas encogidas, tipo pueblo, lo pasan peor, y aunque no son como el tonto el pueblo, casi. Y eso que alguno es licenciado/a en ciencias exactas, o el hidalgo del lugar, pero da igual. La tradición es la tradición, y los santos de la sacristía no pueden ir en pelotas.

Ni siquiera la superpoblación del planeta, que amenaza con destruir la capa de ozono a base de ventosidades humanas y bovinas (hay estudios muy serios al respecto), ha disminuido la inquina universal contra esta clase de pervertidos sociales, que no quieren contribuir a esa deflagración atmosférica, y que prefieren su soledad a la mala compañía. Que para mala compañía ya tienen bastante con la suya, que para esa están entrenados, al decir de algunos de estos recalcitrantes.

Así como por prejuicio ingénito, tendemos a considerar automáticamente (gregarismo de especie) que todo soltero/a es un “raro”, si nos paráramos a escrutar despacio en las selectas biografías que Rubén Darío recogió en su libro “Los Raros”, incluso si consideráramos con imparcialidad científica los fríos datos que la realidad cotidiana ofrece, tendríamos que reconocer que también entre los casados/as y padres de familia, puede haber “rarillos” y poetas simbolistas.

Término aquel (rarillo), entre cariñoso y despectivo, con el que en nuestro país, la gente bienpensante que paga sus impuestos y constituye la orgullosa mayoría natural y política, designa a un raro/a con el que se puede contemporizar a cierta distancia, o incluso convivir por la vía de lo civil, porque ni es peligroso ni resulta contagioso su mal.

Y de ser peligroso, solo lo es para el mismo o para la poesía (si es que le da por cultivar ese arte), pero nunca para los demás. “Rarillo” suelen decir los “normalillos” para tranquilizarse entre ellos.

Pero si es que algunos son unos santos.

Soltería no es misantropía, aunque pueden coincidir, ni son misóginos los más de los solteros. Ni por enemigos de la república se les debe tener.

En especies menos evolucionadas (como demuestran los documentales de la 2), el soltero tampoco es bien recibido. Nada pone mas nervioso a un macho “alfa”, nada estremece mas sus cuernos, que un soltero rondando su territorio de caza. Que a lo mejor el pobre solo estaba dando un paseo y se encontró con la berrea.

Hay solteros por vocación y solteros por necesidades del oficio. Entre los primeros están los amantes de las letras, y entre los segundos los curas.

“Bachiller”, viene de “bachelier”, que está muy cerca de “bachelor”, que significa no solo licenciado en una universidad, sino también soltero. Hay pocos bachilleres casados, pero muchos después se licencian y excusan de esta disciplina dura, aliada en muchos casos del cultivo de las humanidades y otras suertes de sublimación.

Borges, en un célebre poema, dice de Spinoza:

No lo turba la fama, ese reflejo / De sueños en el sueño de otro espejo / Ni el temeroso amor de las doncellas. / Libre de la metáfora y del mito / Labra un arduo cristal: el infinito / Mapa de Aquél que es todas Sus estrellas.

Lo cual viene a expresar, que sin un cierto alejamiento de convenciones y ritos sociales, por parte de aquel judío “excomulgado” de la propia “diáspora” sefardí (diáspora de la diáspora, éxodo del éxodo), y además soltero con tiempo libre, quizás nos habríamos perdido el edificio geométrico de su “Ética”, y su lúcida filosofía panteísta. ¡Cuánto daño puede hacer una doncella!

Desde una perspectiva política, algunos han considerado que todos los solteros son anarquistas peligrosos, y desde un enfoque moderno del negocio a la medida y de la venta a la carta y por internet, los “singles” resultan ser interesantes como clientes potenciales.

El tema del “celibato versus matrimonio”, ha sido abordado también (parece mentira) desde el punto de vista de la ciencia “termodinámica”, es decir, de la ciencia que estudia el flujo y la distribución de la energía (que ni se crea ni se destruye, pero cambia de sitio).

Así por ejemplo en la obra “Consideraciones Políticas sobre conducta entre marido y muger” publicada en M. DCC. XCII, y mas concretamente en Madrid, por Ramón Ruiz con las licencias necesarias, puede leerse lo siguiente:

“Antiguamente los Atletas y jugadores se privaban de los placeres del amor, para conservar el vigor belicoso, pero en nuestros pueblos políticos, la fuerza corporal no suele ser la mas eminente, ni la mas necesaria de las calidades guerreras. Los antiguos dividían su culto, o elegían entre Palas y Venus; y las fuerzas que la última de estas dos Diosas del gentilismo, hubiese exigido de los jóvenes, se disipaban en los exercicios de la Gymnástica.

Los que se entregaban a estos exercicios violentos, apenas sentían deseos; porque teniendo demasiado divididas las fuerzas, no podían reunirlas con facilidad, para causar las vivas agitaciones del amor”.

Lo cual traducido en términos físicos y termodinámicos significa que el soltero/a concentra su energía (aunque no siempre), y el casado/a la disipa (aunque no si le duele la cabeza). Es decir, que este último, más obediente y cabal, se somete a la Ley de la Entropía, y el primero, más rebelde y cerril, la contradice.

Freud mas adelante habló de sublimación, con más o menos fundamento empírico, pero con igual labia.

Desde luego hay sentencias sapienciales que dan canguelo, aunque no sean judiciales ni sienten jurisprudencia. Por ejemplo: “Al que come solo, el diablo se lo lleva”.
Vamos, que para sufrir un corte de digestión y salir corriendo, antes de abordar el postre, en busca del casamentero, oficio este, por cierto, muy estimado y aún institucionalizado en determinadas culturas que conservan su inocencia primitiva.

El casamentero sale mucho en los cuentos de Isaac Bashevis Singer, y celestinas y alcahuetas pululan en los relatos de nuestra sobria picaresca.

Otros dichos son más benévolos. Por ejemplo: “El buey solo, bien se lame”, que une a la idea de independencia un cierto goce epicúreo de la soledad.

En elogio también de la independencia (concepto que tiene mucho que ver con la soltería), Diógenes el Cínico se lamentaba que el hambre no pudiera calmarse (como otras necesidades) frotándose la barriga. Aprovecho para decir que de haberse conseguido esa hazaña, el mundo habría sido muy distinto, y el precio de los alimentos habría caído en picado, pero que si la evolución no inventó ese frote, sería por algo (piensen ustedes).

Este mismo sabio (un hippy de la antigua Grecia) dijo: “Para casarte, cuando joven es temprano y cuando viejo es tarde”. Y es que algunos indecisos, no ven el momento.

Pero por lo general, el tono es de condena.
¡Ay del hombre que no tiene mujer! Avisaba San Bernardino.

He aquí una descripción del estado de soltería, que no tiene desperdicio (o si, según como se interprete lo de desperdicio):

“Si es rico y tiene alguna cosa, se la comen los gorriones y los ratones… ¿Sabes a qué se parece su lecho? Yace en una zanja y cuando pone una sábana en su cama, no vuelve a quitársela hasta que está hecha jirones. Y en la sala en la que come, el suelo está cubierto de cáscaras de melón, huesos y hojas de ensalada… Y si retira los trincheros, el perro los lame y así los lava. ¿Queréis saber como vive? Igual que un animal”. (Origo, Merchant of Prato).

BLOG: La pipa de Sherlock

Artículo en prensa: http://www.elporvenirclm.es/index.php/opinion/apologia-de-los-solteros

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