Archivos Mensuales: noviembre 2016

Desintegración

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Cuando se persigue a las Humanidades (y a la Humanidad) a mayor gloria de la tecnocracia (fabricar esclavos como bielas en serie), se acaba por desconocer hasta el principio de causalidad, que por cierto, es muy útil para el pensamiento racional y la acción empírica.

Por eso, escuchar a uno de nuestros jefes (Draghi, hoy en El País) decir que “la integración europea se ha frenado por culpa de los populismos”, es deprimente en cuanto burla grosera y casi cínica de los silogismos básicos que aprendíamos en el Instituto.

Desconozco si existe una “academia europea del doble lenguaje” donde se fabrican las mentiras oficiales y se diseñan las palabras que les son más útiles, pero lo cierto es que parece funcionar un cierto consenso en las alturas del poder cuando se trata de intoxicar. Una especie de “gran coalición” lingüística que tiene por misión fijar, distraer, y emborronar la lengua para que no prospere el pensamiento.

En un mundo inmóvil en su fe, congelado tal y como lo veía Parménides, donde la vida es una simple caricatura rígida proyectada al fondo de la caverna, da igual que los caballos tiren del carro o al revés, porque la dirección del tiempo, y la relación entre las causas y los efectos, las deciden los que mandan e imparten doctrina.
Muy distintas son las cosas en un mundo de verdad, tal y como lo veía Heráclito, donde la Historia nunca se detiene, y hasta las cosas quietas se desgastan.

Pareciera como si allí arriba se viviera el tiempo frígido de la impostura, y aquí abajo el tiempo humano de la erosión.

En cualquier caso, en el mundo sublunar que nos ha tocado en suerte habitar, son los caballos los que tiran del carro, y no al revés.
Es la desintegración de la sociedad la que produce desesperación y populismo, y no el populismo el que produce la desintegración.
Como no sea que todo se enlace en un círculo vicioso, siempre acelerado hacia su propia ruina, que tiene su origen en la extraña creencia de que la integración social -cuyos mecanismos son el Estado y la democracia- sobra y es prescindible.

Tristemente, los que denuncian la desintegración y la ruina de los “valores europeos” (Draghi dixit), son los que las han impulsado y llevado a cabo.

Ahora bien, por mucho que apretemos el corsé de la doctrina, los hechos acaban reventando las costuras. Dice Draghi: “Una de las razones principales de la crisis financiera fue la desregulación ciega que tuvo lugar en los primeros años de este siglo y los últimos de la década de los 90. Eso llevó a la creación de los activos tóxicos, a la opacidad de los mercados, a los excesos que provocaron la crisis financiera mundial y la recesión”.

Algo es algo. Y no es poca cosa reconocer que la “crisis” fue una “estafa”. Aunque no sirve de mucho consuelo saber que los pilotos de la nave que nos lleva, están “ciegos”, y que esa ceguera es de la peor especie: una ceguera hija de la fe. ¡Y en Europa!

Casi, de fe a fe, no ha hecho falta ni cambiar de monaguillos.

Y es que cuando los intereses más turbios priman sobre los silogismos más claros, todo (incluido el mundo real) se desintegra.

(Des) orden mundial

Me ha hecho pensar estos días lo dicho por Barack Obama en Grecia (¿por qué fue primero allí, en su despedida de Europa, y sólo después a Alemania?), no por declarar algo que no supiéramos, sino por decirlo el jefe del Imperio en retirada, el máximo representante del establishment occidental, que es casi decir -aunque ya no tanto- del mundo.

Obama dijo, entre otras cosas: “Hoy las reglas no son iguales para todos”. No es la primera vez que lo dice. Es una frase corta, aparentemente inocua, pero no es una frase cualquiera, pues con ella reconoció –mal que le pese- que el supuesto imperio de la ley que define a Occidente, es al día de hoy un fraude; que el estado de derecho, base y pilar de la democracia (y herencia de un pasado más brillante y lúcido), está desaparecido en combate o por imperativo geoestratégico; y que en algún momento de nuestra historia reciente más entusiasmada y lerda, comenzó la confusión y la anarquía.

Dijo bien a las claras (bastaba con esa frase), no que la tarea está cumplida, sino que nos hemos equivocado de camino y que hay que cambiar de rumbo. Quizás, incluso, que hay que empezar de nuevo desde aquel punto en que nos perdimos.
Que el orden mundial al que se aspiraba para dar carpetazo a la historia (como si esta se pudiera congelar), era en realidad un desorden, a las órdenes de intereses no muy claros.

Estas ideas y esta declaración de intenciones, no son nuevas en boca de Obama. Ya en 2011 decía respecto a su propio país: “este país tiene éxito cuando todo el mundo recibe una oportunidad, todos cumplen su parte y todos están sujetos a las mismas reglas“. “Este no es un debate político más. Es la cuestión definitoria de nuestro tiempo. Y también refiriéndose a China: “nunca podremos competir con otros países en lo que respecta a dejar que las empresas paguen los salarios más bajos o contaminen todo lo que quieran… Pero esa es una carrera que no podemos ni queremos ganar”. “La carrera que queremos ganar, la que podemos ganar, es la carrera hacia lo más alto, la carrera por empleos de calidad que paguen buenos salarios y ofrezcan seguridad a la clase media”. Y definió así el ideario republicano y lo que sus fieles piensan: ‘vivimos mejor cuando se deja que cada uno campe por su lado e imponga sus propias reglas’.

No sé cuánto tiempo llevará Obama, gestor máximo e imperial de las certezas oficiales, con la duda metida en el cuerpo, pero ahora que todo el mundo se hace preguntas en ausencia de respuestas claras, o lo que es peor, en presencia de respuestas amenazantes, deberíamos preguntarnos también nosotros donde han estado, por ejemplo, los sindicatos (y no solo ellos) durante todo este tiempo, y durante este viaje tan alegre a ninguna parte. ¿Instalados en el sistema?

Leemos hoy en la prensa datos que tienen muy poco que ver con la publicidad barata que nos venden los medios oficiales y oficiosos del reino. “España, a la cabeza en desigualdad” se lee en titulares. Los datos del último informe de la OCDE muestran que “entre 2010 y 2014, los empleados españoles con los sueldos más bajos sufrieron el mayor recorte salarial entre todos los países de la OCDE, solo por detrás de Portugal”.

“España tiene, además, la mayor proporción de trabajadores pobres solo superado por Turquía y Chile”.

Este viaje al fin de la noche habría sido imposible sin unos sindicatos neutralizados, inocuos, verticales en su conformismo y apoltronamiento. Pero no han sido solo ellos los que han actuado como convidados de piedra.

Parece, por los datos objetivos, que la España real no es como nos la cuenta Rajoy.
En realidad, todos estos datos y cifras que por su rotundidad ya claman al cielo, describen un estado de cosas que se inició hace ya mucho tiempo (allá por los años ochenta) como una lluvia fina, como un calabobos, ante el que nadie desplegó un oportuno paraguas defensivo.

Entre tanta certeza y fe triunfante, ha habido muy poca duda, y ahí Europa (la de la crítica, la de la duda metódica) empezó a perderse. Europa empezó a perderse cuando renunció a su propio modelo, que no era el de los países del Este, ni el de China, pero tampoco el de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

No se trata por tanto de “más Europa”, sino de una Europa “diferente”, más igual a sí misma.

No se trata de correr a la desesperada hacia delante, como en una estampida de irracionales miméticos, sino de volver a empezar, retomando el camino perdido, el camino propio, refundando Europa.
No es la primera vez que Europa renace a sus valores primeros, tras una época de oscuridad y sombras.

Europa necesita un renacimiento.

Quizás por eso, Obama empezó su viaje en Grecia.

La gestora

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Podría uno pensar que las gestoras deben pasar desapercibidas y ser neutrales. Pero esta no.

La “gestora” (ya saben cuál) tiene tan claro que quiere cortar cabezas, como poco claro qué quiere ser de mayor.

Y si no serlo -que eso ya sería para nota- al menos aparentarlo.

Ahora bien, ser algo de mayor, de verdad y no sólo en apariencia, requiere tener las ideas claras y un esfuerzo de coherencia, para el que esta gestora y el partido que dice representar, no están entrenados.

Justamente la peripecia pelín traumática de esta gestora, deriva de una crisis de autenticidad tras prolongado teatro, y nace de la necesidad de impedir que los militantes hablen y la verdad salga a la luz, es decir, que la realidad llegue al estrato superior de la consciencia.

Es en última instancia una gestora mordaza, que esperará el tiempo que sea necesario y aún más, hasta que los militantes cambien de opinión o se muerdan la lengua.
Un acto de represión sin Freud que lo remedie, mediante la correspondiente y liberadora catarsis psicopolitica.

El gran Padre González, sigue recortando las alas de su Edipo particular en su taller de bonsáis enanos, donde salvó el todos los demás son menores de edad.

Pero donde falta autenticidad, faltan también ideas claras, y tanto las opiniones como los principios, caducan al día siguiente.
Por eso, aunque en el manejo del hacha no le tiembla el pulso, en todo lo demás padece esta gestora el baile de San Vito.
En apenas el transcurso de unas horas, puede cambiar radicalmente de criterio político y sobre todo de principios morales, según lo que interese aparentar, o según que el personal este mirando y atento a la escena, o despistado y comiendo palomitas.

Esto explica lo ocurrido recientemente con el nombramiento de Jorge Fernández Díaz como infausto presidente de la comisión de exteriores (un pesebre), cuando la gestora cambió rápidamente de opinión en menos que canta un gallo y sin esperar a que cantara tres veces, sin más razón que sentirse observada, desnuda de máscaras, y como Dios (y Felipe González) la trajo al mundo.

Eso es trasparencia y cambio.

Efectivamente, tanto la gestora como C’s estaban dispuestos a dar el visto bueno al indigno premio de Jorge Fernández Díaz (el de la caza de brujas), votando en blanco para no romper una de las normas no escritas, más sagradas y corruptas del cotarro pesebril: la de la repartición consensuada de prebendas y pesebres.
Hasta que se encendió una lucecita roja que avisaba a todas las termitas compinchadas que estaban “en el aire”, y sintiéndose observada (y también presionada por Podemos) la veleta gestora cambió rápidamente de gesto, decisión, máscara, y discurso.

Así, de la abstención facilitadora de ese pesebre tan infame, pasó a oponerse en un santiamén, para parecer honesta y cabal a ojos de la audiencia. Y todo esto entre bambalinas y al albur de los focos, como suele ocurrir en el teatro.

Al final Rajoy se salió con la suya y premió a Fernández Díaz (y con él a las cloacas y la caza de brujas), y los demás quedaron bastante mal. No sabemos si esto es un anuncio de lo que va a ser esta triste legislatura.

Salvar al soldado Fernández y su gestora golpista es ahora la misión, como antes lo fue salvar al soldado Rajoy y su misión sagrada de proteger los intereses de la banca. Pero Rajoy -ingrato- no lo pone fácil. Sabe que el mueve los hilos, y tiene atrapada en sus garras a la inestable y frágil marioneta.
Con la soltura, el desahogo, y la falta de empatía que le caracteriza, dicta un pesebre para Jorge Fernández Díaz, y dice a sus marcas blancas: esto son lentejas y donde hay patrón no manda marinero.

Más claras tiene las ideas Felipe González, que asegura que no apoyará a Susana Díaz, porque dada la merecida fama que él tiene de dar gato por liebre, esto la puede perjudicar.

No seremos nosotros los que discutamos la solidez y lógica de su argumento, pero al decir González que no la apoya, todos entienden y dan por hecho que ya la está apoyando, porque a las palabras de González, siempre hay que darles la vuelta como a un calcetín.

Por su lado Merkel, sorprendida de que Rajoy aún sobreviva tras recortes tan feroces e inhumanos, y tras la dosis XXL de austericidio propinada a los sufridos españoles, le reconoce que tiene la “piel de elefante” (los españoles, sorprendentemente, aún le siguen votando; esa es la grandeza bifronte de la democracia), y le nombra por ello caballero de su tabla redonda, que al ser alemana, es más bien cuadrada.
Porque cuadradas son las ideas fijas de la canciller pangermana.

La reina Artura de esta Europa retrógrada y medieval, debe ser la única que aún no se ha dado cuenta de la debacle que le rodea, y de la necesidad perentoria -como clama Obama- de cambiar de rumbo, porque el neofeudalismo no funciona.

Hasta qué la nueva dama de hierro despierte de un batacazo inesperado y se venga abajo su castillo de naipes, Rajoy es urbi et orbi un gran “gestor” y un gran vasallo, y al igual que la otra “gestora socialista”, el mejor sacamantecas al servicio de la banca alemana.

Por los servicios prestados y como mercenario leal, estos días ha recibido Rajoy su espaldarazo sublime, y ha venido a ocupar el hueco de uno de los pares caído en desgracia: la Inglaterra de la City.
A Rajoy, el cruzado de la vieja y decrépita fe, se le caía la baba de puro contento.

Mientras tanto, los dos países del Occidente racista y xenófobo, que dieron a luz al neoliberalismo radical y extremo, USA y el Reino Unido (ahora se enteran algunos de que esta era una ideología de extrema derecha), han parido uno el Brexit xenófobo, y el otro al Trump racista.
Por sus obras y frutos los conoceréis.

A nivel de calle, estos días hemos conocido que los salarios de los españoles han caído en estos años de oportuna (e irreversible) crisis un 10%, y que los más castigados han sido los trabajadores públicos. Algo lógico si se considera que en la estrecha y sectaria ideología de los que gobiernan, “lo público” es el enemigo público (valga la redundancia) número uno, y el principal objetivo de su doctrina cerril es cargarse el Estado (y no sólo el de bienestar) tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Ergo el sacamantecas es eficaz. De ahí la condecoración.

Los paraísos fiscales, al contrario, al no pertenecer al ámbito de “lo público”, y requerir emprendimiento, ética floja, y coraje suicida, tienen la vida (y la amnistía fiscal) asegurada.

No se como lo verán

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No se cómo lo verán ustedes, pero yo estoy preocupado. En algún momento, incluso aterrado, aunque no sea Halloween.

Es como si los dueños del mundo prefirieran que llegara el fascismo y los cuatro jinetes del Apocalipsis, antes que soltar algún privilegio, alguna prebenda; antes incluso que rechazar alguna mordida o alguna estafa; antes que cambiar de rumbo o cambiar de secta.

Lo cual indica a que grado de insensatez ha llegado su codicia.

Parece como si desde los años treinta a esta parte, sólo hubiera pasado media hora, y todos estos años hubieran transcurrido en vano, a efectos de aprender alguna cosa útil de nuestra historia siniestra más recalcitrante.

Se me dirá: “el fascismo siempre estuvo aquí, con nosotros, en la democracia cristiana que se alió con la mafia, en los consejos de administración de las empresas salvajes, en los criminales nazis que encontraron guarida en España y refugio en Argentina, en los turnos bipartidistas del primero tú y luego yo, en el partido único y la ideología sectaria, en las finanzas desreguladas y asesinas, en el neoliberalismo de Pinochet y los Chicago boys, en los campos de fútbol y sus escupitajos al “negro”, en las cloacas del Estado”.

Incluso agazapado dentro de muchos partidos que se dicen liberales o semisocialistas.

Lo sabemos todos. Lo sabe incluso Obama, que en Grecia, donde Occidente nació y Occidente murió, confiesa que las reglas no son iguales para todos; que algunos -por su sangre azul hecha de vil metal- no pagan impuestos; que el sistema ha fabricado desigualdad e injusticia; que el 1% mangonea y manga al 99% restante; que los paraísos fiscales siguen en pie y los derechos humanos ya no; que hay que cambiar de rumbo, y que él, Obama, lo sabe porque le ha visto las orejas al lobo; y que ese lobo, que entre todos han alimentado -en medio de tanta juerga desregulada- se llama fascismo.

No hay cámaras de gas, pero hay miles de muertos en las ciudades iluminadas con luces de neón, y miles de ahogados en los mares oscuros y silenciosos.

Un anciana, pobre y vulnerable, asesinada por una vela y un corte de luz, asesinada por una cuenta de resultados, es una más de esas víctimas, casi anónimas y olvidadas al día siguiente.
O quien se quemó a lo bonzo delante de su banco, mientras sus directivos daban el pelotazo de su vida, riéndose del mundo.

No hay cámaras de gas, pero hay corrupción, puertas giratorias y paraísos fiscales que van quitando la vida a la gente. Se derribó un muro y se levantaron cientos.

En la Inglaterra de la City, las agresiones racistas van en aumento (hoy unos adolescentes han arrojado ácido a la cara de un inocente), y los emigrantes se llevan los tortazos que no se lleva la City.

Huele a fascismo redivivo, y es un tufo que apesta. Y Rajoy, que nada percibe (como tantos otros) sigue en sus trece: premiando lo más impresentable, lo más indigno, lo más corrupto.
Con Trump en su puesto y Marine Le Pen a punto de llegar.

¿Se han vuelto locos o los locos somos nosotros que les hemos votado, que les hemos consentido y dado alas para que nos las corten?

No sin motivo, la palabra del año, según el diccionario Oxford, no ha sido “populismo” sino “posverdad”.
Y es que después de tanta verdad (y liberalismo) de mentira, llega ahora el fascismo de verdad. Se niega el cambio climático, en medio de él, y se niega que el rumbo esté equivocado, en medio del naufragio.

Hessel (autor de “Indignaos”), que conoció aquella barbarie en primera persona, y fue trabajador infatigable por la justicia y los derechos humanos, advirtió, como lo hicieron Sampedro y Saramago y tantos otros, lo que se nos venía encima con aquella crisis y estafa tan oportuna.
Incluso Sarkozy y Zapatero llamaron a “reformar el capitalismo”.
Pronto se echó tierra sobre el asunto, y sobre tan buenas como falsas intenciones.

Hoy Zapatero no se sabe dónde está (probablemente apoyando a una gestora golpista), y Sarkozy, en vez de reformando el capitalismo, está copiando detalles al neofascismo emergente para parecerse un poco a Marine Le Pen.

Por eso, esta declaración de intenciones de Obama, no nos resulta nueva (ni creíble).
Se contradice Obama con lo dicho en Grecia, cuando luego en Alemania asegura que si fuera alemán votaría a Merkel. ¡Merkel! que es la que, como “jefa” de Europa (y esa “jefatura” es otro síntoma más del fascismo rampante), ha marcado el rumbo inhumano que un poco antes, en Grecia, Obama dijo que había que cambiar.
Ideas muy poco claras de dirigentes muy poco sensatos, sobre un rumbo político que a ellos les ha venido muy bien, pero que ha colocado al mundo en su situación actual.

En definitiva, Obama ha ido a Grecia (cuna de la democracia y hoy país intervenido) para dar la voz de alarma con muy poca fe, reconociendo que la democracia en Occidente ha estirado tanto sus límites, ha incrementado tanto sus desigualdades, y se ha alejado tanto de sus fundamentos, que hoy es irreconocible.

Y por esa brecha, por ese grave error, que ha propiciado el mercado desregulado y la plutocracia triunfante aliada con la política corrupta, se está colando de nuevo el fascismo.

Double Arch, Strabane, Northern Ireland — Roaming Travelers

Double Arch, Strabane, Northern Ireland

a través de Double Arch, Strabane, Northern Ireland — Roaming Travelers

En blanco

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Rajoy sigue melasudando (nadie se lo impide). Se la sudaba el caso del ministro Soria, y se la suda lo de Jorge Fernández Díaz. Es el “nuevo talante”, que no cambia de camisa aunque huela a veinte metros.

Que el caso hieda, se la trae floja. Él sabe quién mueve los hilos y quienes son las marionetas.

Gracias al apoyo “en blanco” de PSOE y C’s, el ex ministro Mc Carthy tendrá su pesebre agradecido por los servicios prestados al frente de las cloacas. Será presidente de la comisión de exteriores, para orear pestes y sumideros, otra forma de ventilar la cueva, que huele a tigre. Marca España made in Spain.

Nada más lógico, por otra parte, que premiar a quien desde un régimen que se dice democrático, organizaba la caza de brujas de sus adversarios políticos, utilizando para ello las cloacas del Estado, es decir, el patrimonio público.

¿Saben en Europa como nos las gastamos en España? ¿O sabemos en España como se las gastan en Europa?

Y es que ya se sabe que el Estado, en España, no está al servicio de los ciudadanos y su seguridad, sino al servicio de un partido (único) disfrazado de Gran coalición y sus consensuados intereses partidistas, entre los que no se excluye, sino que, al contrario, es capítulo fundamental, la repartición de pesebres y prebendas.
Como en los países del viejo Este y su apolillada Nomenclatura, o en la Italia liberal y negra de Benito Mussolini.

Pero no lo llamen partidocracia. Llámenlo directamente bodrio y cutrerío.

Un cotarro que no respeta sus normas internas (no escritas), ni es cotarro ni se respeta a sí mismo. Ante todo, camaradería y omertá.

Así que aunque sea una falta de respeto y una patada en el culo al ciudadano honesto que aún cree que vive en democracia, “hoy por ti y mañana por mí”. Es decir, la ley no escrita de los pesebres políticos, que ningún “constitucionalista” como Dios manda y el poder dicta, se atreverá nunca a tocar o incumplir.

No debe extrañar que ante este premio y otorgamiento de pesebre por los servicios prestados en tan infectos antros, PSOE y C’s se queden en blanco.
Como si les hubiera dado un aire, víctimas de una repentina tortícolis, miran hacia otro lado.

Como era de esperar y estaba pactado, cumplen con su papel de marca blanca de la “cosa en sí”.

¿Y qué es la “cosa en sí”? por ir aclarando terminología.
Pues la “cosa en sí” es el cotarro desnudo de todo su aparato fenomenológico, donde las cosas que aquí se comentan, discurren y subyacen. Es decir, el régimen verdadero que subyace al falso, y que ninguna Constitución describe o legitima, ni ningún ciudadano ha votado nunca. Algo así como la lectura real de la factura (y fractura) democrática.

En el PSOE “blanco”, por otra parte, y por seguir dentro del ámbito platónico de la “cosa en sí”, continúan las purgas estalinistas. Siguen rodando cabezas y parece que Susana-Salomé no se ha saciado aún, y continúa con estrépito de elefante en cacharrería, su danza de los sables sin velo. Ahora le ha tocado a Margarita Robles.

A través de su esbirro Fernández, con la guadaña afilada y el hacha feroz, sigue segando cabezas pensantes que sobresalen por encima de la suya, o alzan la voz con un resto de dignidad, y como una nueva Atila de las estepas del sur, por donde ella pasa no vuelve a crecer la hierba.

Tal parece que lo único “rojo” que ya queda en este remedo de partido que pierde militantes a raudales, es la sangre de los últimos de Filipinas, aquellos que intentaron salvar un resto de decencia democrática, de un naufragio tan repentino y total.

Pareciera que el partido de Susana se está entrenando para ser “un partido sin militantes”, como C’s.
¿Pero quién necesita militantes habiendo IBEX?

Y ante la luz tristísima de una vela que poco alumbra, y que quizás servía de lámpara y calefacción a un mismo tiempo, a una anciana fallecida en reciente incendio (vuelven los casos tétricos y sangrantes –con su retahíla de muertos- del invierno pasado), otros también prefieren quedarse “en blanco” y mirar para otro lado, y ni la empresa multimillonaria que le cortó la luz, ni nuestros representantes que hace mucho tiempo deberían haber parado los pies y cortado las alas a estas empresas salvajes, se dan por aludidos.
El caso es que la anciana no figuraba en la lista de “vulnerables”, y al final ha sucumbido al poder destructivo de una simple vela. Ahora ya se sabe y consta, por el parte de defunción, que era pobre, anciana, y vulnerable.

Pero no ha sido sólo la vela la que la ha matado. Ha sido toda la sombra que nos rodea y que una simple vela no puede combatir.

Como este contraste entre pesebres agradecidos y prebendas infames, empresas piratas y empresarios salvajes para las que el ciudadano es un número a exprimir, y una anciana vulnerable a la que una vela ha quitado la vida es demasiado duro y amargo, lo dulcificamos con el término “pobreza energética”. Muy técnico.

Yo diría directamente fascismo y barbarie. Y de la peor especie.

Escuchar “el parte” de noticias cada mañana, es asistir al “parte de defunción” de un sistema, que no se merece nuestro respeto ni nuestro apoyo. Ni siquiera en blanco.

Blarney Castle, Cork, Ireland — Roaming Travelers

Blarney Castle, Cork, Ireland

a través de Blarney Castle, Cork, Ireland — Roaming Travelers

Sistema

Tanto se equivocan las encuestas y las previsiones, que va a ser que no quieren acertar. Tanto se equivocan las respuestas, que va a ser que no se hacen las preguntas (correctas). La realidad se rehúye y se disfraza, y el mismo análisis que se hace desde el poder y aledaños, no es análisis, sino catequesis.

¿Pero de verdad creemos que vamos a entender y explicar lo que ocurre con esa simpleza del “populismo” o esa demonización infantil, demagógica, y espuria de los “antisistema”?
¿Metiendo en el mismo y difuso saco a todos los que hoy contraatacan movidos por el instinto de supervivencia y el espíritu de indignación, aquí y en otras partes del mundo?
¿Qué vamos a suplir la exigencia debida de responsabilidades, de explicaciones, de reconocimiento de culpas y errores, de corrupciones y horrores, y en no pocos casos de delitos, echando la culpa a los demás, que son todos unos populistas?

Pues sigan pensando que el mundo es su mundo, y el mundo les desmentirá, como ya está haciendo.
Sigan pensando que con las cifras macroeconómicas, que alcanzan el olimpo sin descender a la tierra, se come, se viste, se educa, se cura la gente, cuando para alcanzar esas cifras brillantes y metafísicas, se han destruido y saqueado todas estas otras realidades palpables.

¿Por qué en vez de preguntarse tantas veces que es el “populismo”, no se preguntan alguna vez que es el “sistema”?
Este sistema.

¿Cómo funciona? ¿Qué tiene que ver con la democracia? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quiénes son sus beneficiarios? ¿Quiénes sus justificadores y quienes les pagan? ¿Cómo resuelve sus crisis? ¿Quiénes las producen? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Con que finalidad? ¿Qué es la partidocracia? ¿Qué es el bipartidismo? ¿Qué es el partido único? ¿Cómo influye el poder ilegítimo -no democrático- de los que tienen dinero -plutócratas- en las decisiones que se toman? ¿Por qué los prestamistas nos obligan a saldar la deuda -caso de que sea legítima, que lo dudo- recortando derechos y no suprimiendo privilegios? ¿Por qué no se persiguen y cierran los paraísos fiscales, pero se saquean las pensiones? ¿Por qué los recortes de derechos –humanos- que soportan y subyacen a la falsa y sesgada “salida” de la crisis, no son reversibles, no se pueden tocar? ¿Por qué el próximo objetivo son los más desvalidos, los más indefensos, los pensionistas?

Todas estas son preguntas acuciantes y urgentes, que no se resuelven con la simpleza del “populismo”.

La gente no se indigna a humo de pajas ni se quema a lo bonzo delante de su banco porque sí.
¿O todo eso también será populismo y demagogia?

Es el sistema el que nos ha traído hasta aquí, no el populismo. Hasta aquí no hemos llegado de la mano de Donald Trump, es el sistema el que ha traído a Donald Trump, para que no llegara Bernie Sanders.
Donald Trump es parte del sistema. Es el colofón de la teoría. De una teoría equivocada, porque no está basada en la justicia, ni en la propia naturaleza humana, que en esencia es colaboradora y solidaria, sino en el interés egoísta y antisocial. En la pura codicia. En el puro miedo.

El hombre no es un lobo para el hombre, pero estamos gobernados por lobos, y su doctrina es mendaz e inhumana.

Trump es el producto lógico y consecuente de la selva que promueve el “sistema”.
Trump se entenderá muy bien con Rajoy, o con Bárcenas, o con Correa, pero no se entenderá para nada con Podemos.

Universos paralelos. La doctrina va por un lado y la realidad por otro.
La teoría de los Chicago boys no quiere encarnarse en un mundo feliz, ni los borregos quieren pastar en la granja neoliberal, pienso de pésima y envenenada calidad.

Íbamos nosotros -tan paletos como siempre- a emular las formas y modos grandiosos y salvajes del Imperio, y resulta que el Imperio, que ni una triste reforma sanitaria pudo hacer, ya está de vuelta, recogiendo velas y afrontando las tempestades de los vientos que ha sembrado.

Un mal menor

Trump es un mal menor, grande y pelirrojo (peligroso, quise decir). Su peluquín de fuego amenaza crear un incendio donde ya existe un infierno.

Por eso es un mal menor (creen), porque un fuego con fuego no se apaga, y el infierno oficial tiene garantizada, así, su rutina diaria.

Tras un breve aspaviento, las bolsas volverán a inflarse, los “trading” a hincharse, los mercados a comprar seres humanos y vender almas al maligno (en España hemos pasado en los últimos años de tener un exorcista a tener trece), y el establishment soltará un eructo, una vez digerida la extraña y aciaga noticia.

Es de los nuestros, pensarán. Y con razón.

¡Qué es xenófobo!
También lo es el cardenal Cañizares.
¡Qué quiere levantar un muro!
También aquí tenemos vallas y los echamos a patadas y pelotazos de goma, hasta hundirlos en el mar.

Y eso que allí no son mayoría los refugiados de guerra que intentan salvar la vida para perderla a miles en el intento. Son más los refugiados del hambre y la miseria, o de gobiernos tan anómalos como consentidos. Allí no va Felipe González, a cantarle las cuarenta al establishment de su patrono, Carlos Slim.

El PP y nuestro gobierno son de los que mejor y más rápido han digerido la noticia (si hubiera salido Bernie Sanders ya estarían cargando las baterías antiaéreas), porque perro no come perro. Y menos con el mismo collar.

Los del distinto collar pero el mismo perro, tienen que hacer un poco de teatro (lo que hacen siempre), y hubieran preferido a Clinton (la corrupción andante), ciertamente, pero antes que Sanders -el rebelde y socialista- no está mal Trump -el bárbaro y filonazi-.

¿Hasta cuándo gestora golpista que siga manifestando opiniones y gustos tan extraños?

¿No está ya investido -como querían- el gobierno de los recortes y con el hacha de Conan a punto de soltar el tajo? ¿Por qué Fernández y colegas siguen en la poltrona, como si ir de golpe fuera quedarse de tertulia, y tomando decisiones que no les competen?

En resumen, nada nuevo bajo el sol, y todo ha cambiado de nuevo para que no cambie nada, como siempre.
Allí ha salido Trump, ayudado entre todos, para que no salga Sanders.
Aquí ha salido Rajoy, ayudado por el PSOE y otros cuantos, para que no salga una opción progresista. Y en Francia, si un resto de lucidez no lo remedia, saldrá Marine Le Pen, sin demasiado escándalo, ni sorpresa, ni disgusto, por parte de los que hoy practican los recortes más inhumanos para consumar la estafa más tramposa.

¡Y a mí que esto me recuerda a otros tiempos!

En definitiva, un nuevo capítulo de esta novela que podemos ya ir titulando “Neoliberalismo y barbarie”, con el subtítulo “De como Felipe Gonzalez se enamoró de Margaret Thatcher cuando tomaba el te con Pinochet”.

Y es que les debemos mucho: por ejemplo, a Donald Trump.

De mal en peor

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Hemos visto estos días imágenes de nuestros hospitales que nos han recordado las situaciones cochambrosas de la era Cospedal, grabada a sangre y fuego en nuestra memoria porque durante la misma se puso dinamita, deliberadamente y con ánimo de lucro, bajo el Estado de bienestar, es decir, bajo uno de los pilares fundamentales del Estado.

Y esa operación de acoso y derribo contra esa conquista histórica que constituye el servicio público (sanidad, educación, dependencia, investigación..,) no fue consecuencia de una crisis circunstancial (aunque fue estafa que vino al pelo), sino claramente fruto de un planteamiento ideológico y de una estrategia elaborada, cuyo objetivo es el más zafio de los negocios: lucrarse y poner precio -elevado- a lo que son derechos humanos y objetivos públicos, cuyo sostén y garantía debe ser consecuencia necesaria del mismo hecho de vivir en sociedad.

En ese sentido, ese planteamiento  ideológico no está muy lejos de la barbarie, ni tampoco de la selva.

En esa etapa, el patrimonio público, resultado de tantos esfuerzos colectivos, sufrió un asalto sin precedentes, y nuestros derechos como ciudadanos fueron rodeados por una turba de antisistemas, que tenían un único objetivo en mente: revertir la Historia mediante el más despreciable de los saqueos, aquel que respeta la corrupción y arrasa con los derechos humanos.

Nadie envío en esa ocasión a las fuerzas de orden público a defender ese patrimonio y esos derechos, que el mandato constitucional protege.

Acosado, nuestro Estado de bienestar que define constitucionalmente nuestro Estado social y de derecho, sobrevivió a duras penas, casi siempre por la defensa que de él se hizo en los juzgados y las calles.
Fueron muchos los ciudadanos valientes y honestos, las mareas y los juzgados independientes -que los hay- que les pararon los pies a estos nuevos vándalos, los del jaguar y el carrito del helado. Los que querían cerrar los PAC (puntos de urgencias de atención primaria) que constituyen el filtro saturado y desbordado –pero imprescindible- de las urgencias que llegan al Hospital. Imagínense las urgencias hospitalarias sin ese filtro. Una pura insensatez.

¿Y la recompensa a esa lucha son las imágenes que ahora vemos?

Ahora con Page como entonces con Cospedal, el Estado de bienestar importa muy poco, estorba, y casi parece que molesta. Como importan poco los profesionales y sus condiciones de trabajo. No molestan sin embargo los privilegios de los políticos, incluso de los que ya no ocupan ningún cargo. De no ser así, un presidente autonómico no vería con tranquilidad dichas imágenes que revelan un apelotonamiento de personas enfermas, unas condiciones insalubres de trabajo, y en definitiva un trato inhumano de unos y otros -profesionales y enfermos- sin fulminar dimisiones.

Pasillos de Hospital cegados de enfermos maltratados por los recortes, y de trabajadores explotados por esos mismos recortes, indican que el río de nuestra democracia no fluye, y que nuestra política social y laboral hace aguas. La política social, la política laboral, todo lo que es importante en un país.
No hablo de política socialista o de política solidaria, hablo de política democrática a secas, de política constitucional.

Y esta igualdad de resultados de la política de ambos dirigentes, Cospedal y Page, que se traduce en un deterioro de lo público, viene a coincidir con un momento político a nivel nacional en que las respectivas marcas políticas de sendos  mandatarios, hacen piña y causa común para mantener una política de recortes cuyo próximo tijeretazo, ordenado por Bruselas y al servicio de los banqueros de Merkel, se baraja entre cinco mil y quince mil millones de euros, según distintos cálculos.

No sería difícil diseñar un software informático para traducir esas cifras frías y asépticas en maltrato humano y ciudadano, y por ello mismo en burla de nuestra Constitución y de nuestra democracia. Y a manos de los que se autonombran “constitucionalistas”. Los del 125.

Los que defienden esos derechos, que nuestra Constitución reconoce y protege ¿son antisistema? ¿O son antisistema los que por sistema, y por turnos, los atacan?

No salgo de mi asombro cuando escucho (o leo) al portavoz adjunto del grupo popular en las Cortes regionales, Carlos Velázquez, denunciar que está empezando a haber listas de espera en Atención Primaria” en Castilla-La Mancha, una situación que, en concreto, se ha dado en el municipio de Illescas (Toledo).

¿Está empezando? Llevamos años, si no lustros, conociendo y padeciendo (y denunciando) listas de espera en atención primaria, listas de espera para el médico de cabecera (se dice pronto), y no en un centro (Illescas), sino en casi todos, y no una espera de siete días sino en ocasiones de bastantes más.
Cierto es que no hace tantos años tal situación no se contemplaba y habría resultado inverosímil, pero hoy es el pan de cada día. Situación que es conocida tanto por los profesionales como por los pacientes.

Y por cierto, si bien con la mal llamada crisis esta situación se ha agudizado, el mal y el deterioro ya existían antes de la misma, porque las bases ideológicas del maltrato laboral, de los contratos basura, y de los recortes del estado de bienestar, no empezaron con esta última estafa.

¿Las causas? Muchas han sido señaladas en las denuncias de estos años: desde la no cobertura de las licencias reglamentarias de los sanitarios, escasez de personal (que además huye por el maltrato), hasta un calendario de guardias en atención primaria diseñado para multiplicar el número de ausencias y consultas perdidas. Si se hace un cálculo de las consultas perdidas cada mes y en cada centro de salud de nuestra comunidad por un mal diseño del calendario de guardias, nos llevaríamos un gran susto.

Bastaría respetar el calendario de guardias “rotatorio” que dicta la ley, para al menos aminorar las listas de espera en atención primaria, la saturación de los PAC, y la saturación (una vez desbordados los primeros) de los servicios de urgencias hospitalarios. Pero la administración hace dejación de funciones, no respeta el modelo rotatorio (que está en la ley), y entrega la gestión del calendario a unos pocos (a dedo) que son juez y parte.

El fracaso del modelo tradicional de médico de cabecera (sin listas de espera) conduce a que los turnos de urgencia en los PAC sean una consulta a destajo que dura 17 o 24 horas, intentando solventar las consultas ordinarias que no se han pasado (¿dónde está salud laboral?), y por rebosamiento todo ello conduce al caos asistencial en los hospitales.

¿Cómo lo explica y lo viste esto el consejero de sanidad, Jesús Fernández? Pues así: “Tenemos un 20 % más de asistencia de urgencias en Toledo y es porque nos hemos vuelto a hacer atractivos”.

Imagínense la gracia que les habrá hecho este chiste a los pacientes y a los profesionales.

 

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