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Blanca y del Sur

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La marea blanca hoy arrecia desde el sur, contradiciendo con su viveza y vigor el rigor invernal.

Quizás allí abajo pasan menos frío y los ciudadanos reivindicativos no están aún “hibernados”.

Nos recuerdan tiempos no tan lejanos en que esas mareas bullían por las calles de toda España, aún con fe y esperanza de sacudirse la pesadilla de encima, un último fulgor antes del coma profundo.

Pero ¿quién sabe?
Quizás ese último resto de vida sea contagioso y resucite al muerto entero. O eso, o la primavera. Una primavera parecida a la de Praga, por ejemplo, eso es lo que necesitamos.

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Timos y estampitas

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Cuando Obama dijo recientemente en Grecia que las reglas no son iguales para unos que para otros, Al capones versus bípedos implumes (o desplumados), y que nuestro actual “sistema” (tan digno el) es esencialmente un timo que aconseja cambiar de máscara o de rumbo, debía tener en mente, entre otros, el timo de Volkswagen.

Todo lo que se diga sobre este asunto es poco, también por el contraste y la diferente actitud que la empresa timadora mantiene hacia los timados, según sean de USA o de España, rubios o morenos (no pocos de estos últimos en España).
Que hasta ese extremo llega la desigualdad en las reglas, y en las compensaciones por el perjuicio ocasionado.

De hecho en España no hay compensación alguna ni indemnización por el timo.

Pero lo que ya impone una falta de respeto total es la actitud de nuestro gobierno (y demás órganos vigilantes), que parece un pelele ante las órdenes secas y cortantes de la empresa en cuestión (que encima se crece), y el ministro del ramo dice genuflexo “si bwana”, como si fuera un sicario a las órdenes de mafiosos y mangantes, y no representante de los ciudadanos que le pagan la nómina.

Y es que en este turbio asunto, en el que al fraude confesado se une el desprecio por la contaminación ambiental y la voluntad meditada de estafa y engaño, nuestro gobierno, tan dócil al látigo como a los favores de doña Merkel, lejos de protestar y reclamar explicaciones, pone de su parte la “estampita” que completa y da color local al timo germano.

La estampita necesaria para acicalar el fraude, que es digna de enmarcarse y colgarse, para ilustración de inocentes, en el museo de la infamia, toma la forma en este caso de carta de la DGT (Ministerio del Interior) que anima a los estafados a que pasen por el aro (“… debe usted realizar la medida de servicio”), dóciles como borregos y mudos como estatuas, abusando de una autoridad institucional que estaría mejor empleada combatiendo el timo y persiguiendo a los timadores, y no acoquinando a los timados, de parte de la empresa timadora.

¿Se habrá visto alguna vez a un Ministerio del interior -no siendo el español- colaborando en semejante fregado?

Pena de país, que más bajo no puede caer.

Son este tipo de cosas las que convencen al ciudadano de que no vive bajo el imperio de la ley, sino bajo la égida del gansterismo desalmado y a dos bandas, con su brazo económico y su brazo político.

Frau Merkel tiene en Rajoy un siervo bien obediente.

Este es un mundo raro (deja vu) en el que a quien quema o rompe fotos del “líder” lo meten al calabozo, y a quien anima a un colega corrupto  -mediante mensaje telefónico- a que resista la acción de la justicia, el fiscal ni siquiera le envía una misiva en reclamación de explicaciones.

No muy distinto habría ocurrido en la Corea de Kim Jong Un, o en la España de Franco.

Y es que en la España del caudillo, este tipo de cosas (y peores) ocurrían a menudo. Recordemos el caso de Fernando Arrabal que llevado de un entusiasmo transitorio o de un dolor de muelas se cagó en la patria, y por costumbre aquilatada del régimen acabó entre rejas. Donde podría haber acabado también James Joyce por escribir el “Ulises”, épico, escatológico, y blasfemo, a partes iguales.

Tuvo suerte Arrabal que Vicente Aleixandre y otros amigos le echaron un cable, y declararon liberal y poéticamente que nuestro autor tenía una gata llamada “Patra” y a ella se había referido (trabándosele la “i”) la expresión escatológica.

Y aunque no hubiera tal gata y Arrabal dijera en verdad y con todas sus letras “patria”, obvio es que no se refería al conjunto de los españoles, ni siquiera a su propia nación (el, tan español), sino a un régimen fascista heredero y colofón de otros no mucho mejores.

Que a veces pienso si la forma extrema y llamativa de manifestarse los ciudadanos de a pie, no será el reflejo de la forma extrema de manifestarse y comportarse las instituciones.

Las consecuencias de quemar o romper la foto de un rey o de otro líder político, son bastante menos palpables que las consecuencias de desahuciar familias enteras al mismo tiempo que se amnistían defraudadores fiscales. Estas últimas acciones si son provocadoras, incívicas, y gamberras.

Si a este estado de cosas relativas a la libertad de expresión -en un país que tanto la ha maltratado- y que nos retrotrae con fuerza a un tiempo remoto, unimos también el nuevo caso Trueba (en su segunda ofensiva), comprobamos que en nuestro país se vive una apología de los modos del franquismo, que ni siquiera el post franquismo más delirante habría soñado nunca lograr.

 

La gestora

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Podría uno pensar que las gestoras deben pasar desapercibidas y ser neutrales. Pero esta no.

La “gestora” (ya saben cuál) tiene tan claro que quiere cortar cabezas, como poco claro qué quiere ser de mayor.

Y si no serlo -que eso ya sería para nota- al menos aparentarlo.

Ahora bien, ser algo de mayor, de verdad y no sólo en apariencia, requiere tener las ideas claras y un esfuerzo de coherencia, para el que esta gestora y el partido que dice representar, no están entrenados.

Justamente la peripecia pelín traumática de esta gestora, deriva de una crisis de autenticidad tras prolongado teatro, y nace de la necesidad de impedir que los militantes hablen y la verdad salga a la luz, es decir, que la realidad llegue al estrato superior de la consciencia.

Es en última instancia una gestora mordaza, que esperará el tiempo que sea necesario y aún más, hasta que los militantes cambien de opinión o se muerdan la lengua.
Un acto de represión sin Freud que lo remedie, mediante la correspondiente y liberadora catarsis psicopolitica.

El gran Padre González, sigue recortando las alas de su Edipo particular en su taller de bonsáis enanos, donde salvó el todos los demás son menores de edad.

Pero donde falta autenticidad, faltan también ideas claras, y tanto las opiniones como los principios, caducan al día siguiente.
Por eso, aunque en el manejo del hacha no le tiembla el pulso, en todo lo demás padece esta gestora el baile de San Vito.
En apenas el transcurso de unas horas, puede cambiar radicalmente de criterio político y sobre todo de principios morales, según lo que interese aparentar, o según que el personal este mirando y atento a la escena, o despistado y comiendo palomitas.

Esto explica lo ocurrido recientemente con el nombramiento de Jorge Fernández Díaz como infausto presidente de la comisión de exteriores (un pesebre), cuando la gestora cambió rápidamente de opinión en menos que canta un gallo y sin esperar a que cantara tres veces, sin más razón que sentirse observada, desnuda de máscaras, y como Dios (y Felipe González) la trajo al mundo.

Eso es trasparencia y cambio.

Efectivamente, tanto la gestora como C’s estaban dispuestos a dar el visto bueno al indigno premio de Jorge Fernández Díaz (el de la caza de brujas), votando en blanco para no romper una de las normas no escritas, más sagradas y corruptas del cotarro pesebril: la de la repartición consensuada de prebendas y pesebres.
Hasta que se encendió una lucecita roja que avisaba a todas las termitas compinchadas que estaban “en el aire”, y sintiéndose observada (y también presionada por Podemos) la veleta gestora cambió rápidamente de gesto, decisión, máscara, y discurso.

Así, de la abstención facilitadora de ese pesebre tan infame, pasó a oponerse en un santiamén, para parecer honesta y cabal a ojos de la audiencia. Y todo esto entre bambalinas y al albur de los focos, como suele ocurrir en el teatro.

Al final Rajoy se salió con la suya y premió a Fernández Díaz (y con él a las cloacas y la caza de brujas), y los demás quedaron bastante mal. No sabemos si esto es un anuncio de lo que va a ser esta triste legislatura.

Salvar al soldado Fernández y su gestora golpista es ahora la misión, como antes lo fue salvar al soldado Rajoy y su misión sagrada de proteger los intereses de la banca. Pero Rajoy -ingrato- no lo pone fácil. Sabe que el mueve los hilos, y tiene atrapada en sus garras a la inestable y frágil marioneta.
Con la soltura, el desahogo, y la falta de empatía que le caracteriza, dicta un pesebre para Jorge Fernández Díaz, y dice a sus marcas blancas: esto son lentejas y donde hay patrón no manda marinero.

Más claras tiene las ideas Felipe González, que asegura que no apoyará a Susana Díaz, porque dada la merecida fama que él tiene de dar gato por liebre, esto la puede perjudicar.

No seremos nosotros los que discutamos la solidez y lógica de su argumento, pero al decir González que no la apoya, todos entienden y dan por hecho que ya la está apoyando, porque a las palabras de González, siempre hay que darles la vuelta como a un calcetín.

Por su lado Merkel, sorprendida de que Rajoy aún sobreviva tras recortes tan feroces e inhumanos, y tras la dosis XXL de austericidio propinada a los sufridos españoles, le reconoce que tiene la “piel de elefante” (los españoles, sorprendentemente, aún le siguen votando; esa es la grandeza bifronte de la democracia), y le nombra por ello caballero de su tabla redonda, que al ser alemana, es más bien cuadrada.
Porque cuadradas son las ideas fijas de la canciller pangermana.

La reina Artura de esta Europa retrógrada y medieval, debe ser la única que aún no se ha dado cuenta de la debacle que le rodea, y de la necesidad perentoria -como clama Obama- de cambiar de rumbo, porque el neofeudalismo no funciona.

Hasta qué la nueva dama de hierro despierte de un batacazo inesperado y se venga abajo su castillo de naipes, Rajoy es urbi et orbi un gran “gestor” y un gran vasallo, y al igual que la otra “gestora socialista”, el mejor sacamantecas al servicio de la banca alemana.

Por los servicios prestados y como mercenario leal, estos días ha recibido Rajoy su espaldarazo sublime, y ha venido a ocupar el hueco de uno de los pares caído en desgracia: la Inglaterra de la City.
A Rajoy, el cruzado de la vieja y decrépita fe, se le caía la baba de puro contento.

Mientras tanto, los dos países del Occidente racista y xenófobo, que dieron a luz al neoliberalismo radical y extremo, USA y el Reino Unido (ahora se enteran algunos de que esta era una ideología de extrema derecha), han parido uno el Brexit xenófobo, y el otro al Trump racista.
Por sus obras y frutos los conoceréis.

A nivel de calle, estos días hemos conocido que los salarios de los españoles han caído en estos años de oportuna (e irreversible) crisis un 10%, y que los más castigados han sido los trabajadores públicos. Algo lógico si se considera que en la estrecha y sectaria ideología de los que gobiernan, “lo público” es el enemigo público (valga la redundancia) número uno, y el principal objetivo de su doctrina cerril es cargarse el Estado (y no sólo el de bienestar) tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Ergo el sacamantecas es eficaz. De ahí la condecoración.

Los paraísos fiscales, al contrario, al no pertenecer al ámbito de “lo público”, y requerir emprendimiento, ética floja, y coraje suicida, tienen la vida (y la amnistía fiscal) asegurada.

Terror y relax

Miedo me da que nuestros políticos se relajen. Y más que miedo, terror.
Y no es que los quiera tensos y desasosegados, en un perpetuo sinvivir, pero tampoco instalados en la indiferencia y el cómodo laissez faire.

Cómodos estaban cuando en aquella primavera del 15M, una parte de nuestra sociedad, bastante incómoda y desesperada, salió a la calle, puso pie en pared y dijo: “hasta aquí podíamos llegar”, denunciando que los políticos que les habían transferido -gratis y sin preguntar- la factura de la estafa, crisis, o liquidación de beneficios que periódicamente ejecutan los mangantes, no les representaban. Obvio.

Pero esa parte de la sociedad, que junto a la que protagonizó las posteriores mareas, es la parte más sana y consciente de ella, no constituye desgraciadamente una mayoría incontestable. Y esto aún hoy es un hecho que describe nuestra realidad, nos define como país, y que no se puede negar.

No se malinterprete mi concepto de salubridad civil. No soy para nada eugenésico. Con ciudadanía saludable me refiero a aquella parte del conjunto (con independencia de colores) que da a la ética y decencia política un lugar prioritario.
Hay quien no. Hay quien prefiere una corrupción “una, grande, e indisoluble”.

El PP, el partido de la corrupción (seguido de cerca en esa triste competición de casos por el PSOE), fue en las últimas elecciones el partido más votado, sin que esto signifique en democracia que represente la orientación política preferida por la mayoría de los ciudadanos (existe una combinatoria igualmente legítima en democracia), pero sí que la corrupción política y económica en nuestro país, apenas pasa factura en las urnas.

Aunque ya llevamos unas cuantas décadas votando, y se nos supone por tanto una mayoría de edad y cierta destreza en ejercicio tan saludable y útil, nuestras urnas son así: inconfundibles y con sello propio.
Es decir, bastante inútiles hasta ahora -y ya ha llovido- para acabar con la corrupción y la deriva disolvente que conlleva. Deriva disolvente que casi siempre acaba en anarquía, que no debe andar muy lejos de la desregulación.

Quizás esa era la esperanza que mantenía a Rajoy impávido, inmóvil, y en silencio. Aparentemente relajado y gozando de una prodigiosa inercia. Y digo gozando porque sus recortes los sufrían otros.
¿Era consciente y sabedor de esa pereza endémica del país para mantener una mínima coherencia ética y estética en las urnas?
Creo que sí, y ese era su secreto: tiene tan mal concepto de sus votantes, que sabía que le volverían a votar. Sólo había que ser fuerte, al estilo de Luis (Bárcenas).

Miedo me da, por tanto, que los demás políticos en liza, que aparentemente rechazan o reniegan de la corrupción y el crimen, saquen conclusiones equivocadas de esta indiferencia patria ante el delito organizado en mafias, y no consideren imprescindible y perentorio acabar con la corrupción, porque entonces sí que podríamos decir que España había dado el paso definitivo hacia ese agujero negro que se traga pero no devuelve los Estados fallidos y las sociedades indiferentes.

Aún estamos a tiempo, aunque es innegable que muchos de nuestros políticos son ya irrecuperables. Y no solo Rajoy.
Ahí está Felipe González, totalmente desatado, totalmente desinhibido, totalmente de vuelta de todo, pidiendo a un genocida favores para un negociante amigo suyo.

El respeto que muestra y declara  (en su carta) al genocida, es muy poco respetable y muy poco socialista, por no utilizar palabras más gruesas.
Y le dirige esa carta respetuosa y llena de afecto, seis meses después de que la Corte Penal Internacional ordenara el arresto del susodicho criminal.

Claro que nuestro ex-socialista también defendió a Pinochet.

Desregulación pura y dura. Postmodernidad de carácter siniestro.

Ante esta falta absoluta de ética ¿Tiene futuro nuestra democracia? ¿Tiene futuro Europa, donde Felipe González o incluso Juncker son líderes de opinión y de acción política?

Y al mismo tiempo que la ética chochea y se resquebraja, la coherencia también se resiente.
¿Alguien entiende que Rajoy, que lo mejor que sabe hacer es darnos la tabarra con la “herencia recibida” (herencia que no es otra cosa que el desiderátum natural del monopoly que manejan sus colegas de barra) nos deje ahora como herederos universales de un agujero que ni el más optimista de los mortales piensa vivir para tapar?

Explíquenselo a sus hijos o nietos.

Y es que cuando se relajan nuestros políticos, viven por encima de sus posibilidades. Fíjense que ya no nos presentan sus programas. Es demasiado esfuerzo. O si lo hacen, es de aquella manera. Por poner un ejemplo: Pedro Sánchez nos dice un día que va a derogar la reforma laboral, y al siguiente –sobre todo si habla ante los dueños del dinero, únicos soberanos de este país- confiesa que lo que va a cambiar es la caligrafía en que está escrita, que ahora será en letra gótica, para no disgustar a Merkel. Todo ello implica una gran flacidez en sus intenciones, fruto de una relajación incubada durante prolongados periodos de tiempo, al calor del poder bipartidista, totalmente impermeable al interés del ciudadano, totalmente inmune a su soberanía.

Y así todo.

POSDATA: Felipe González pidió por carta a un genocida favores para Zandi.

Un fantasma recorre Europa

Europa

Un fantasma recorre Europa y desde entonces Europa está kaput, zombi pérdida. El tufo a cadáver es ya insoportable, por mucho esmoquin que se ponga el fantasma o chanel 5 para distraer las miasmas.

Al fantasma en cuestión lo llaman neoliberalismo para abreviar, o liberalismo junior que queda muy fino y vip. El pimpollo de la saga usa sábana de marca sobre cadenas viejas, y al decir de muchos es el vivo retrato de su padre en sus peores tiempos, cuando de librepensador ilustrado y progresista degeneró en explotador de seres humanos, sin distinción de razas, edades o géneros (que no hay color en el rendimiento del negocio).

Hubo un tiempo en que el liberalismo fue pecado como Dios manda, que fueron los mejores tiempos de la familia, cuando el liberalismo librepensaba sin controles de troikas ni bendiciones de Papas. Pero estamos en la postmodernidad y se nota, donde no reina el pensamiento libre sino el dinero esclavista y la modorra servil.

Erasmo, Montaigne y Cervantes ¿eran unos ilusos? ¿unos pardillos? Eran, a efectos prácticos y según todos los indicios, unos insensatos, unos manirrotos de la utopía que perdían el tiempo leyendo a los clásicos, en plan humanista. En resumen y a efectos de sistema y orden, unas moscas cojoneras.
Para qué hablar de Giordano Bruno, si como poco era leninista y del gremio masón, que hasta repartía la vida entre los planetas, como si no hubiera clases ni pueblo escogido, jerarquía ni reyes. De ahí que el Vaticano no lo incluyera en el mea culpa concedido (a regañadientes y demasiado tarde) a Galileo. Ni siquiera a título póstumo.

Y a mí que esa infalibilidad del Papa a la hora de condenar o quemar sabios me recuerda a la infalibilidad de Merkel y la troika a la hora de organizar la prosperidad y el futuro de Europa. ¿Se nos habrá infiltrado por ese lado un virus teocrático y geocéntrico (o germanocéntrico)?

El Junior pollopera hizo su primera comunión en la escuela de Chicago vestido de almirante con esvástica incluida en medio del bigote aún precoz. Contrajo nupcias en Wall Street según contrato e hizo sus primeras prácticas en una funeraria de postín y maquillaje, marca “California”, aunque la despedida de soltero la corrió en el yate del Correa y el Bigotes, rumbo al fin de los tiempos (que cae cerca de El Escorial) como todo zombi que se precie de necrófago.

En sus correrías por el flácido mundo que hoy nos cuelga de la papada, no le faltaron vientos a favor, enchufes, padrinos y apoyos, tal que un Reagan, Thatcher, Aznar, Blair, Merkel o Felipe González. O incluso un Pinochet, Menen y demás compadres en el tráfico de guerras, armas y muertes.
Con lobbys y contactos de tal calibre y siniestra condición, y el viento en popa, el muerto viviente volaba como en un cuadro de Chagall, aunque no era la mística del alma ni el hambre del cuerpo lo que le hacía flotar sino un viento más potente y fatuo: la especulación. Que es como llamarle a usted tonto y primo en idioma macroeconómico, ininteligible pero eficaz cuando de llevarse la pasta gansa se trata.

Experto el mozo en puertas giratorias y fronteras afiladas como cuchillos, donde juega su juego no crece la hierba. Alambradas dispuestas para atrapar y masacrar seres humanos, incluidos niños y huidos de la guerra, es capaz de rematar al que escape de la muerte.

No importa. Es de lo que vive mientras va matando. El capitalismo mata, dijo Francisco y hablaba de él.

Crisis cocinadas y estafas de diseño, alfombran su camino. Goebbels y los medios de masas le besan los pies. Saqueo, pobreza, xenofobia y fascismo… esa es su salsa. A efectos de historia reciente es revisionista, no cree en el holocausto. Por eso quiere volverlo a intentar.

Que en Turquía el gobierno interviene periódicos críticos y respondones… ¿Qué le importa a Europa la libertad de expresión?
Que el reino de España naufraga y se hunde (corona incluida) en una balsa de corrupción… ¿Qué le importa a Europa España y los españoles, la democracia coronada y con cuernos, la corrupción, la ética o la decencia?
Que a Grecia, condenada a la miseria por pasarse de demócrata, se le conceden todos los esfuerzos y gastos de acogida y hospitalidad… ¿Qué le importa a Europa Grecia y la hospitalidad?

Por cierto ¿Quién es Europa? ¿Un fantasma con plaza de tecnócrata en Bruselas? ¿Un Cameron que entra, pilla, y sale por piernas como aplicado pupilo de Drake?

El Derecho internacional, el antiguo derecho de gentes, la caridad cristiana, la simple solidaridad humana de los viejos socialistas, la razón o los derechos humanos de cualquier proyecto de humanidad decente y con futuro, se los pasa por el arco del triunfo.
Él es más del príncipe de las tinieblas. Está más allá del bien y del mal, aunque prefiere el mal, que es más ortodoxo según la escuela de Chicago y el ejemplo de Al Capone.

Para su peste no hay alambradas. Para su infección no hay antibióticos ni debate. Unanimidad en las alturas del poder, silencio en las profundidades de la tierra y ahogados en los abismos del mar. ¡Y tantos niños!

Estamos haciendo historia al revés, de la mala. Y ese será nuestro retrato.

Respaldo y asiento en todos los Consejos de Estado, que trasmiten serviles las ordenes de los bancos.
Los que no acaten su epidemia serán declarados ilegales o antisistema, y devueltos en caliente a donde reinan el frío y el invierno. Nuevo Gulag.
Desde que triunfa su contagio, baja cada día la temperatura de la humanidad (fiambres por doquier) y sube la temperatura del planeta. Vamos camino del infierno.

Las trompetas del Apocalipsis ¿serán comentadas por el Bigotes?
Grandioso y hortera fin para una civilización que mereció la pena conocer.

LA EMOCIÓN DEL TECNÓCRATA

Para sorpresa de todos el “engranaje” esbozó una sonrisa, exudó una emoción y enseño sus dientes lubricados por la pasta.
Pero aquella sonrisa no traducía felicidad. Con su comisura torcida hacia la derecha por finos y tensos cables de acero, era una expresión poco disimulada de sorna.

Todos estuvieron de acuerdo. Aquello se parecía mucho a una operación de castigo guiada por la única emoción de la que es capaz un mecanismo sin alma: la venganza.

Lo que ya había sido anunciado se confirmó: el Eurogrupo no perdonaría jamás que el presidente griego hubiera consultado a sus ciudadanos, como tampoco perdonaba a los ciudadanos griegos que hubieran elegido a ese presidente. Semejante osadía clamaba venganza, y reclamaba una corrección ejemplar y pedagógica que pudieran interiorizar los vasallos y sus descendientes.

No habría extrañado que Dijsselbloem, el jefe del Eurogrupo, todo un manojo de emociones monetarias y un compendio de lenguaje corporal macarra, hubiera perdido los papeles ante la libertad de los griegos, pues aunque legal, en el plano teórico, la democracia en Europa, su ejercicio sin permiso de Merkel o con un resultado que no le convenga, se sale de su guión autógrafo.

Lo preocupante fue que, en esta ocasión, no era sólo el iracundo holandés (un socialdemócrata de los de ahora, vasallo pelotas de Merkel y experto en poner zancadillas a la tasa Tobin) el que cedía a la emoción. Era todo el colegio prestamista del chiringuito plutócrata, el que perdiendo las formas y desnudando su fondo, se avino a servirse la venganza en frío después de cocinarla en caliente.

El acuerdo impuesto manu militari por Berlín (y bendecido por todos los demás vasallos segundones) era una mano amiga que portaba una orden de ejecución para el presidente griego y sus votantes.
Aparte de una expropiación usuraria de la soberanía y el patrimonio público griego, el texto del “acuerdo” incluía, entre otros mamporros, la “revisión de todo lo legislado por los griegos desde febrero”.
Era a todas luces un golpe de estado bananero practicado en el corazón de la vieja Europa de las catedrales, que, a buen seguro y al calor de las temperaturas, no tardarían en ser sustituidas por palmeras de California.

Hollande (el único que puede entrar en diálogo de tu a usted con la descontrolada Merkel), consciente de esta grave circunstancia, y en un intento desesperado por tapar la pifia golpista que tanto recuerda al palacio de la Moneda, ha pedido que se camine con rapidez y urgencia hacia un parlamento y un gobierno europeo, o dicho de otro modo,  hacia un “Gobierno económico”.

Mucho dudamos, a la luz de los hechos recientes y el estilo de los comportamientos, que tal engendro pudiera pasar más allá de chiringuito bancario-prestamista.

El único dato positivo de este desparrame de bielas tecnócratas, es que nos podemos ahorrar a Rajoy, porque ni pincha ni corta, y además cuesta dinero.

Como ya dijo Unamuno a otros golpistas: “venceréis pero no convenceréis”.
Tras la venganza completa de los dioses, la emoción que queda y permanece para mucho tiempo se llama ASCO.

INFLACIÓN DE SOBRANTES

Plaza Syntagma Plaza Syntagma 2 Plaza Syntagma 3

Excesiva emisión de papel en reemplazo de monedas. Excesiva emisión de aire en reemplazo de sustancia. Excesiva emisión de políticos en reemplazo de utilidad.

“Flatus vocis”. Palabrería. Cosa huera, vacía, sin substancia, sin sentido, sin contenido sólido y sin función.
Si este concepto lo aplicamos a los políticos que dicen representarnos, cabe afirmar que sobran figurantes. Sobran sobrantes. Sobran representantes que no representan. Y si algo representan, es una farsa (donde como “partiquinos” solo hacen bulto), que además cuesta dinero. Y que además es corrupta. Lee el resto de esta entrada

ANTÍGONA REDIVIVA

Antígona Antígona y la conciencia

Hoy Grecia es escenario de un drama que no tiene nada que envidiar al de los tiempos heroicos, al de los tiempos míticos.

La LEY con mayúsculas (la de los jefes), no la democrática, impide enterrar a sus muertos, olvidar a sus golfos (bien olvidado está el PASOK), y recuperar a los heridos que aún están vivos.

La LEY con mayúsculas, ordena que sus cadáveres se pudran al sol para ejemplo y escarmiento de todos los rebeldes, de todos los que tengan aún la tentación de escuchar la voz de sus conciencias.

En las gradas duras y trágicas de su anfiteatro, hoy todos los ciudadanos occidentales somos espectadores ensimismados de su escena, pendientes de una suerte de catarsis que dilucide el dilema democrático y alivie la tensión entre mentira y verdad, entre poder del dinero y humanismo.

Hay “leyes”, hay “deudas”, que además de inhumanas y fraudulentas constituyen un insulto a la conciencia humana y una condena a ser sepultados en vida. Como la que mereció el gesto heroico de Antígona.

Hoy, el mayor síntoma de la insensatez que preside los centros de decisión europeos (es decir, alemanes), demostrativo de la profunda psicopatía que alberga el catecismo neoliberal y desregulador (muy próximo a las fantasías sado-masoquistas), es el empecinamiento en que los griegos, con una pierna quebrada y la otra amputada, le ganen la carrera de los cien metros al Carl Lewis de sus tiempos mozos.

Hasta Erasmo habría hecho con gusto y sumo placer el elogio de esta locura.

En aras de la más restringida libertad

SIBWANA

Según análisis y conclusiones de expertos en el tema, la neoliberal Doña Merkel, una especie de dama de hierro a la alemana, que a fin de cuentas sólo le importa su propia circunstancia y brillante armadura, está a punto de hundir a su propio país mediante su modelo y proyecto (efectivamente ultra liberal) en el mismo letargo y sueño eterno que ha contagiado en otros países, recibiendo con retorno e intereses su propia epidemia.

Y es que ha bastado un giro inesperado, una de esas sorpresas que cabe esperar y que a los más legos no nos sorprenden, para que la crisis la pille en pelotas blancas y sin los anticuerpos negros que desarrollan los pobres canijos del sur. Me refiero a los que han sobrevivido a la gran mortandad, que, por cierto, ella contemplaba impávida y no sabemos si con fruición desde sus altas murallas. Lee el resto de esta entrada

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