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SUPONGAMOS

Supongamos que en Europa (y al nombrar a Europa nombramos un ente mítico que quizás no se corresponde del todo con la realidad) leen con detenimiento los mensajes del wasap de ciertos policías de Madrid.

Supongamos que averiguan que quien destapó esa cloaca de ideas e intenciones malsanas, tan favorables a la ideología y al régimen nazi, y tan alejadas de la democracia y la simple decencia, debe ser protegido al día de hoy con escolta porque sobre el pesan amenazas.

Supongamos que saben, como lo sabemos todos (“el presidente del gobierno lo sabe” también), que el penúltimo ministro del interior del reino de España tuvo que hacer mutis por el foro, por frecuentar y trabajar en esas cloacas, tan ajenas a la democracia como características de todo régimen cutre y totalitario.

Supongamos que tras la España aparente subyace una España profunda que trajina a todo gas alimentada con el combustible del silencio, que junto al miedo es la base de todo sistema corrupto.

Supongamos que todo esto coincide en el tiempo con circunstancias de todos conocidas que dibujan un panorama enrarecido y un ecosistema a punto de irse a pique, donde el partido en el gobierno (pero no solo ese partido) rezuma corrupción y hasta el presidente del gobierno sale en los papeles (de Bárcenas).

Añádase a esto que bajo la acción disolvente de tales ácidos corrosivos el país ha entrado en quiebra y vive del rescate, al tiempo que una parte de él intenta la fuga, no se sabe si huyendo del sistema o de sí mismo.

Supongamos que pese a todo, este escenario deprimente que dibuja un sistema tóxico se mantiene porque otros partidos aledaños e indistinguibles le prestan oxigeno y apoyo en forma de “gran coalición”, manifiesta o disfrazada. Una “gran familia” que entre ellos mismos se apadrinan.

Podríamos decir entonces que en Europa (en la mítica no en la real) tienen motivos suficientes para estar preocupados, y aquí argumentos suficientes para hacernos la siguiente pregunta:

¿Que  nos está pasando?
¿Seguiremos ciegos, sordos, y mudos?

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Autoridad moral

Bárcenas y Rajoy

Era de suponer, visto el derrotero que han ido tomando nuestra política, nuestra economía, y demás altas instituciones a juego (decorosas por supuesto), que llegaría un momento, como de hecho ha llegado, en que allí arriba, en la estratosfera del poder, no habría nadie con autoridad moral para inspirar una pizca de confianza.

Del rey abajo ninguno, y del rey arriba tampoco.

Algunos hemos ido descreyendo en la misma medida en que nuestros representantes abusaban de nuestra buena fe, y así, paso a pasito, episodio tras episodio nacional, hemos ido cayendo en un agujero de negro escepticismo, quizás reversible, quizás no. Todo depende de si se toma conciencia del mal y hay intención de resolverlo. De momento ni una cosa ni la otra.

Entre pelotazos, saqueos, rescates bancarios, amnistías fiscales, y demás crisis sobrevenidas de repente que ¿seguro? nada tienen que ver con los actuales “recortes” de la “la cosa pública” (“cosa” que es la única cosa que nos une), nos hemos quedado sin “referentes” y sin “autoridad moral” que nos inspire confianza o un resto de esperanza en el buen hacer de los que tienen que velar por el bien público.

Y sin confianza no hay unión ni unidad, y sin esperanza no hay ánimo civil, de la misma manera que sin coherencia solo hay desbarajuste social y político.

Habrá otro tipo de autoridad, legal, política, policial o militar, habrá incluso miedo, pero sin la autoridad moral, sin la verdad de los comportamientos como referente compartido, dicha autoridad, por muy trabajado y trabado que sea su mecanismo, quedará envuelta en una niebla de mentiras que la desvirtúa y la torna fofa.

Ni Rajoy, colega de Bárcenas and company, ni una monarquía costosa y entregada a negocios poco claros, ni una clase política afectada gravemente por la corrupción y el privilegio (incluso cuando para los demás ciudadanos todo son recortes), inspiran el respeto de quien debe su  “autoridad moral” a sus comportamientos coherentes.

Llegan las crisis (de todo orden) y pedimos a los ciudadanos un esfuerzo, una unión, una unidad, un sacrificio, un patriotismo, en resumen un comportamiento digno que no hemos sabido fomentar y cuyo ejemplo no hemos dado.

Y cuando hablamos de moral (de la que hoy, por cierto, está muy mal visto hablar) no hablamos de moralina y aparato, ni de moral religiosa en el orden judeo-cristiano, ni de ninguna otra moral que no sea la relativa, cambiante, compartida y civil, en la que lo que se exige a los demás, en cumplimiento de las leyes, es lo mismo que uno se exige a sí mismo.

¿Pueden reclamar el cumplimiento de la Ley los mismos que la incumplen?

Pongamos como ejemplo la amnistía fiscal y preguntémonos: ¿irradia autoridad moral?

Sigo opinando que el descrédito intencionado de “lo público” (eso que nos une), junto a su deterioro via recorte, están en el origen de la actual crisis multiforme por la que atraviesa España, e insisto en que el egoísmo antisocial y suicida de los radicales de la neolibertad, une más bien poco y está fomentando, junto a la corrupción, el deterioro de la trama social que nos mantenía unidos.

La corrupción, el saqueo, la estafa, la mentira (tan difícil de mantener hoy), son un pésimo pegamento para una sociedad, y lo único que hacen es incrementar las tensiones centrífugas y las tendencias disolventes.

¡Recordemos!

En el origen del 1-O está la corrupción, y esa no se resuelve con banderas, de la misma forma que el patriotismo no se promociona llevándose la pasta de todos a un paraíso fiscal.

 

Estado de Deshecho y un libro

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Entenderemos mejor lo que ocurre si pensamos que Esperanza Aguirre es símbolo y sacerdotisa del Estado de derecho (¿o de deshecho?) y musa lacrimógena del neoliberalismo cañí.

O si nos preguntamos a menudo por qué razón Felipe González predica con tanta pasión la “gran coalición” con el PP, aun conociendo los mensajes vergonzantes de Rajoy a Bárcenas, y su proyecto político de liquidar el Estado del bienestar.

O por qué este mismo González utilizó una puerta giratoria para cobrar por aburrirse -como el mismo confiesa- habiendo podido utilizar una puerta normal y aburrirse como todo el mundo, gratis y sin cobrar.

O por que Esperanza Aguirre ponía la mano en el fuego por toda su tropa de colaboradores, conociéndolos a fondo, con el mismo gesto melodramático con que Felipe González la ponía por Jordi Pujol, del que desconocía muy pocas cosas.

O por qué no existe en el mundo “normal” ningún país con más aforados que España.
Eso se llama ser previsores, e ir preparando el terreno y acondicionando la cueva (de Ali Baba).

O por qué tantos compis-yoguis de la casa real acaban detenidos o en el trullo, que no son uno ni dos. Que casi los salones reales parecen la corte de Monipodio, el sevillano.

O por qué tenemos los fiscales más raros de todos los países de nuestro entorno, que cuando no hacen de abogados defensores de gente de posibles (consiguiendo imposibles), hacen de obstructores de la justicia en favor de los corruptos.

O por que los medios públicos de información son órganos de propaganda del gobierno, liberalismo puro que acostumbra a dar lecciones muy sentidas sobre la tiranía.

Si el mundo que nos rodea es tan raro (especialmente en España) es porque algo no va bien, sino que al contrario, va muy mal.

Y esto es lo que intenta explicarnos Tony Judt en su obra “Algo va mal”, de lectura imprescindible para entender el momento presente.

Dice al comienzo de su obra:
“Durante los primeros años de este siglo, el consenso de Washington había ganado la batalla. En todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacia el sector público. La doctrina de Washington era recibida en todas partes por un coro de animadores ideológicos: desde los beneficiarios del milagro irlandés (el boom de la burbuja inmobiliaria del tigre celta) hasta los ultracapitalistas doctrinarios de la antigua Europa comunista. Incluso los viejos europeos se vieron arrastrados por la marea. El proyecto de mercado de la Unión Europea -la llamada agenda de Lisboa-, los entusiastas planes de privatización de los gobiernos francés y alemán: todos atestiguaban lo que sus críticos franceses han denominado el nuevo pensamiento único“.

Una reflexión y una pregunta:

La reflexión: siempre hay que desconfiar del entusiasmo feroz, porque a menudo detrás de esa hipérbole emotiva suele esconderse el pensamiento único. Que es el más pobre de los pensamientos.

La pregunta: vista la podredumbre que rezuma por todas sus costuras la gran “revolución” ultraliberal, que se zampó a la socialdemocracia europea de un sólo bocado, como si fuera un pincho moruno (síntesis digestiva que hoy llamamos “sistema”), ¿acaso el rufián y malandrín de toda la vida –de Monipodio a esta parte- necesita algún soporte ideológico o teorizar académicamente en torno a su falta de escrúpulos?

Para mí que no.

No se sí en un libro sobre economía, sobre política, sobre la sociedad actual y sus dislates, tiene sentido hablar de sentimientos.
Sea como sea, Judt se atreve y titula uno de los capítulos de su obra: “Sentimientos corruptos”, y lo introduce con esta cita de Tolstoi (Anna Karenina):
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

En este sentido, nuestro actual presidente de gobierno es un líder de la normalidad y de la costumbre. Cuando la corrupción se indulta -como él dice y sostiene- con los votos, triunfa la normalidad y reina la costumbre. Lo mismo pensaba Hitler.

¿Alguna vez nos da por pensar, entre derbi y derbi, o entre bostezo y bostezo, que nuestra normalidad es muy anormal? ¿Que no sólo soportamos, sino que votamos y elegimos gobiernos corruptos?

Para los acérrimos partidarios de la tesis de Rajoy según la cual todo va como la seda (supongo que lo mismo les dirá a los jueces que le interroguen), sirvan de reflexión también estás otras líneas de Judt:

“Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo -miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en que basan las sociedades civiles”.

Y yo pregunto:

¿Acaso se puede confiar hoy en España en los políticos que nos gobiernan, en los fiscales que nos defienden del delito, o en los bancos que guardan nuestros ahorros?

Vibrante… camelo

En una cosa si tuvo razón Pedro Sánchez, acotado dentro de la estrategia de propia amnesia que tenía que articular con imposible equilibrismo: en cualquier país del occidente reconocido y homologado vía ilustración y luces, el caso Bárcenas, con sus papeles, sus discos duros pulverizados al mazo, y el mensaje presidencial de apoyo y “control” al esbirro intercepto, hubieran supuesto ipso facto la dimisión del presidente del gobierno (por no avergonzar y desprestigiar al conjunto de los ciudadanos españoles) y la caída en desgracia de toda la nomenklatura del partido Popular (por no avergonzar y desprestigiar al conjunto de los militantes anexos).

Pero eso habría ocurrido, como digo, en un país normal (lo cual no es el caso) con ciudadanos, militantes, periodistas, fiscales y jueces, capaces de exigir las explicaciones debidas, y la devolución del dinero robado, así como la restitución del prestigio democrático y la honorabilidad civil. Justamente en el polo opuesto de lo que defiende Celia Villalobos, que sostiene que ellos -los políticos corruptos- no tienen más remedio (pobrecitos) que ser corruptos porque todo el pueblo español lo es. He ahí un argumento que podemos llamar “de camuflaje”.

¿Dónde está hoy Bárcenas? ¿Camuflado y esquiando sobre la nieve? ¿Y el dinero?

Es obvio que pudo pensarse, por parte de Rajoy, que su mensaje a Bárcenas nunca sería conocido, fiado en la cara oculta de su luna triste, pero a veces me pregunto qué abismos de porquería y qué insondables pozos de indecencia nos ocultan, cuando no les importó afrontar la destrucción urgente de los discos duros (guiada sin duda por el pánico) sabiendo como sabían que la investigación estaba en marcha, y la justicia podía, a pesar de toda la instrumentalización y mendacidad de la que hace gala, reclamarlos en cualquier momento. Pudo más la necesidad de ocultar, que la seguridad de que quedarían en evidencia por esa destrucción de pruebas. Tal es el amplio margen de confianza y descontrol con que se mueven en este “sistema” que dicen defender, pero que no les importa enlodar.

Pero como la parte contraria está en lo mismo, nuestro deprimente presidente de gobierno le recordó al deprimente líder opositor (y tu más), su créditos “especiales” (bonificados) con entidades bancarias, y la golfería descomunal de los ERE, como podía haberle sacado los colores por las primeras reformas laborales inspiradas en la esclavitud y el maltrato laboral, la primera amnistía a corruptos y delincuentes fiscales, los favores “desinteresados” al banquero Botín y otros potentados de altura, y demás lindezas del estilo en el que coinciden al cien por cien.

Sin duda, este no fue un combate dialectico por las ideas o los proyectos de sociedad, esta fue una trifulca despiadada por cuotas de poder y porcentajes de mordidas. En el engranaje para ese lucro, están básicamente de acuerdo.

Sin embargo, había que jugar a la diferencia. Para uno hubo rescate, para el otro no lo hubo, para nosotros opinen ustedes mismos, pero el caso es que hoy mismo nos cuenta la prensa, que el ingente dinero público (de cada uno de nosotros) que se dio a los bancos como premio y recompensa por sus prácticas delictivas, se da por perdido, sin esperanza de reintegro a sus verdaderos dueños: ustedes y yo.

Es decir, que según se dijo en el mismo debate, ese rescate a los tramposos, determina que hoy cada español tenga contraída (a lo peor ni lo sabe) una deuda personal de veintitantos mil euros por cabeza, que si al menos pensara, habría esperanza de respuesta contundente y definitiva vía votos.

El debate fue “vibrante” en cuanto que se llenó de temblores y espasmos, pero muy sintomático de la vieja política que se bate en retirada (Dios lo quiera por el bien de todos), y un marco crispado que por su significación negativa, dibujó con perfiles claros y más luminosos a los ausentes, a los que no estaban.

Ya que a nosotros -a los ciudadanos- no nos rescataron de la estafa (de hecho, nosotros pagamos esa juerga), esperemos que al menos las urnas nos rescaten de estos políticos.

ESCUELA, DESPENSA Y DOBLE LLAVE A LA CUEVA DE ALÍ BABÁ

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“No robarás” dice el séptimo.

Uno de los espectáculos más lamentables y que mejor disecciona la carne muerta de nuestra democracia aspirante, es la crisis de histeria que sufrieron los dueños del asunto cuando comprobaron que aquellos recién llegados empezaban a tomar cuerpo y forma en las encuestas.

El susto fue tan monumental, que muchos perdieron los papeles y extraviaron las tarjetas black.

Causó tanto espanto el hecho de que aquellos novatos (que no conocían ni respetaban las leyes no escritas del cotarro) pidieran abrir las ventanas y airear los sótanos, que a toda prisa se diseñó el contraataque bajo el mal consejo del pavor pánico.

Desde entonces, la tomadura de pelo y el comecocos filo patriótico se articula en torno a cuatro ejes nerviosos: el exotismo, la extrañeza, el miedo, y la negación.

Para quien desde la cuna a la sepultura vive rodeado de ladrones, encontrar un puñado de hombres y mujeres decentes que no meten la mano en la caja ni se apropian de lo ajeno, no sólo debe resultar exótico sino también motivo de profunda angustia. Como sí de repente nos faltara la tierra nativa debajo de los pies, y en el vértigo de la caída aspiráramos un aire demasiado limpio, corrosivo para los pulmones acostumbrados al fango primigenio.

De ahí que en los rebaños entumecidos por la costumbre y el pienso mediático, y adoctrinados por la patrística de los padres de la patria, la descalificación de lo desconocido sea previa a su análisis y valoración. Una suerte de xenofobia paleta que se aprende en el primer curso de corral.

Aprovechándose de ello, los que están al cabo de las cosas y en el intríngulis de los misterios sibilinos, iniciaron su campaña de desprestigio perfectamente orquestada y distribuida en sucesivas ondas de choque, ráfagas de improperios varios y disformes, y otros eructos balísticos de corto y medio alcance, con el objetivo de anular al recién llegado y distraer al personal.

Fue un error bastante incompetente, iniciar aquella campaña de intoxicación mediática echando mano del término “bolivariano” para motejar con ánimo xenófobo y pintar con  trazas libertadoras, a los que amenazaban con orear los cadáveres insepultos del armario familiar. No sólo porque el tema bolivariano en sí ni nos va ni nos viene, sino porque lo más que puede provocar es un interés renovado por la vida y hechos de Simon Bolívar, que quizás no fue mal tipo.

Más sensato hubiera sido y acorde con nuestra tradición histórica, calificar de “regeneracionistas” o émulos del 98, a los que se manifestaban indignados con la nueva hornada de golfos y decadencias que al día de hoy ensombrece nuestro presente y reblandece nuestro futuro, como oscureció y licuó nuestro pasado.

El conocido lema de Joaquín Costa: “Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid”, podemos remozarlo y darle nuevo uso, aplicándolo a los nuevos caciques de nuestra carcoma postmoderna.

Ya en esta línea de marcar fronteras y levantar cortijos, no es de extrañar que se acabe, como Rajoy, por auto coronarse  uno mismo (a lo Napoleón) máximo exponente de la “normalidad humana”, lo cual deja a quien no coincide en aplaudir sus golferías, la triste condición de exiliado de la inopia institucional.

Otro error de bulto de esa campaña un poco “goda” y gruesa, fue fijar los criterios de “profesionalidad” política (frente a los “amateurs”) a la vera y de la mano de Granados, Camps o Rato (por no llenar la página de nombres ilustres y listas secretas de amnistiados), porque lo más que podía producir esa insensatez supina, era un ataque de risa relajante. Como así ha sido.

La risa es el último refugio de la decencia exiliada.

Es como si nos constituyéramos en epitomes de la ciencia tesorera, de la mano ágil de Naseiro, Sanchis, Barcenas y Lapuerta, cuya simple mención hace que nos echemos la mano prudente al bolsillo. Ya me entienden.

Que digo yo que entre golfo y golfo de esa saga, podían haber descansado un poco y hecho penitencia con propósito de enmienda. Pero no. Misterios de la tesorería.

Añádase la nula renovación y alternancia del parque de tertulianos filo partidarios en los medios intervenidos, lo cual además de una sensación de “dejá vu”, causa una malísima impresión incluso en los más impresionables (canta demasiado).
Como que el contraste de criterios y opiniones no conviene, y se tiende al monopolio y maquillaje de la verdad. Algo bastante feo y muy poco liberal.

Un fallo más que sumar en el haber de tan desafortunada estrategia, fue repetir a diestro y siniestro que aquellos amateurs de la política carecían de programa, cuando cualquiera (y fueron muchos) entraba cada día en Internet para leer y consultar sus esperadas y pragmáticas propuestas, o incluso para decidir las mismas mediante el voto libre.

Pero claro, cuando se carece de programa propio y de intenciones honestas de explicarlo, algo hay que decir para excusar esa desidia y la alergia al voto ciudadano.

Como a pesar de ello, nuestros inefables gendarmes de la patria si lo han leído (el programa al que niegan la existencia), al igual que los estudiantes más torpes y menos aplicados, todo lo copian.
Y si un día hablan, sin demasiada convicción, de disminuir el número de aforados para parecernos a Alemania (que no tiene ninguno Y NOSOTROS 10.000), al siguiente proponen excluir los delitos de corrupción de la acomodable figura del indulto, después de prodigar su mal uso partidista y colega.

O se inventan la trasparencia (ocultando listas, borrando discos duros y bombardeando comisiones de investigación) y quieren patentar las primarias (flor de un día), ya frecuentadas mas correcta y tempranamente por los otros.

Malos estudiantes que todo lo copian, van a la rastra, y son merecedores de suspender la reválida o de coronarse con orejas de burro.

Lo dije y lo mantengo: sin ninguna cuota de poder y por indirecto influjo, los recién llegados han causado ya más beneficios a esta nación que todos los apoltronados de los últimos lustros.

EL ÁRBOL QUE MECE SUS RAMAS

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Es lo que tiene la cronología: fija en el tiempo los sucesos y los actos.
No se sí fija y da esplendor, pero ilumina la escena del crimen.
La cronología es importante. Como saben todos los agentes del CSI, incluidos Mortadelo y Filemón.

El borrado de los discos duros de los ordenadores de Barcenas-PP, se produjo “después” de conocerse el turbio asunto, publicados los famosos papeles. Es decir, sin pausa pero con prisa.
Dato cronológico que no cabe despreciar, y que a cualquier fiscal o juez independiente daría que pensar cual mosca cojonera detrás de oreja voluntariamente sorda y ciega.

Si yo estuviera cargado de razones y sin cargo de conciencia, y además en plenas facultades de mi inocencia (y de todo ello presume el PP), habría conservado el contenido de los discos duros del amigo Bárcenas como oro en paño, en vez de borrarlos cual alma que lleva el diablo.

¿Por qué privarme así, mediante el borrado de la verdad limpia y fehaciente, de un instrumento tan útil para demostrar mi inocencia, cuando mi objetivo principal es demostrar a la gente que soy un partido como Dios manda, trabajador y honrado, un partido “de estado”, y no una ramificación de la mafia?
¡Vade retro!

Si Rajoy, todo un presidente de gobierno “europeo” (esto antes significaba algo) manda mensajes de consuelo y ánimo a su amigo Luis, que parecen a todas luces una invitación al silencio prietas las filas de la omertá, “después” (y no antes) de conocidas las famosas cuentas de Suiza, la cronología, que como los niños no sabe mentir, nos tira de la manga y quiere susurrarnos algo en el oído.
Es lo que tiene la cronología.

Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.

El árbol que mece sus ramas no las dejara caer, porque de las ramas caídas no conviene hacer leña que queme al tronco o asuste a los nidos.

Un árbol así, sólo puede calificarse como el baluarte más alto de la mentira y la horca más negra de la democracia. O si utilizamos el lenguaje taurino diremos que el tal tronco esta podrido desde los cuernos hasta el rabo.

En el esclarecedor documental “TERMITAS” promovido por el Observatorio DESC, aparte de ilustrarnos sobre el pernicioso efecto de tan malhadados insectos en el tronco del Estado de derecho, el fiscal Villarejo, casi en voz baja, dice refiriéndose a las golfas termitas lo que todos comprobamos cada día desde hace décadas, y es que actuaban “con la conciencia de que no iba a ocurrir nada. Y es que –seamos realistas- ocurre poco”.
Palabra de fiscal.

Básicamente lo que se dilucida en las próximas citas electorales es si nos conformamos con mafia o queremos democracia.
Y esto, no es cualquier cosa.

Artículo en prensa

Artículo en prensa

Documental TERMITAS

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Documental “Termitas. El Observatorio DESC contra Bárcenas”
Premio al mejor largometrage en el XI Festival de Cine de Derechos Humanos de Barcelona

http://observatoridesc.org/es/documental-termitas-observatorio-desc-contra-barcenas

LA TENTACIÓN

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15M

La tentación es mirar para otro lado. Traicionar nuestra conciencia.

La tentación es incorporarnos a las maneras y usos de los otros. Esos usos y maneras que denunciamos y que consideramos responsables de la pérdida de nuestra autonomía política y de la corrupción de nuestra democracia.

La tentación también es ceder a un ejercicio de comparación que nos justifique o disculpe, en un equilibrio o desequilibrio de grados (por otra parte, evidente), considerando nuestra falta un pequeño desliz, un lapsus (no lo se), al lado de lo que representa una “lista Falciani”, una “amnistía de Montoro”, “unos ERE” o un “caso Barcenas” con destrucción de discos duros y omertá, casos sintomáticos que en definitiva y sin sorpresas no hacen otra cosa que perpetuar tradiciones de “familia”, bien arraigadas y representadas en las sagas Naseiro-Lapuerta-Barcenas o Filesa.

Todos sabemos que no es casual que Rajoy aún no haya comparecido en ninguna comisión de investigación sobre Barcenas (a pesar de exigir la comparecencia de Mas en el caso Pujol), como tampoco debe ser casual que la vicepresidenta Soraya, a la que no se le cae Monedero de la boca, aún no haya mencionado para nada a “Los Botín” o a los “Luca de Tena”. Como tampoco debe ser casual ni carente de motivo que tanta gente sospeche que Montoro esta utilizando todo un Ministerio de Hacienda como arma política a favor de su partido. Sin mayor sonrojo, sin mayor cargo de conciencia.

Y el mayor combustible para esa tentación en la que no debemos caer, el mayor impulso para traicionarnos a nosotros mismos, es soportar el espectáculo nauseabundo (que define nuestro nivel de derrumbe ético y moral) de los que, al mismo tiempo que hacen lo imposible para ocultar sus delitos, y cuyos armarios más bien parecen cámaras frigoríficas huérfanas de autopsia, apuntan todos sus focos a una sola falta o sospecha que disculpe, por inmersión y contagio del mal, su régimen, su mafia de décadas.

Los mismos que con la Lista Falciani delante, la tapan, la ignoran, la silencian y la ocultan, para centrar todo su ímpetu justiciero en PODEMOS.

Los nuevos instrumentos políticos, nacidos del 15M al servicio de un pueblo hundido en la decepción y la pobreza por las prácticas corruptas (13 millones de pobres) nacen libres y sin miedo, y sabiendo que juegan en desventaja porque los corruptos no los financian ni los apadrinan.
Pero eso otorga la impagable fuerza de la independencia, de la  incondicionada posibilidad de ser honestos y coherentes, de ser “radicales” precisamente en esto.

Sobre todo en materia fiscal, pilar fundamental del Estado de bienestar, todo debe quedar perfectamente claro y explicado, no olvidando nunca que este movimiento imparable, que intenta financiarse de sus militantes y simpatizantes, que extrae su fuerza de sus ideales y de su razón, no debe estar supeditado a personas concretas, y que más tarde o más temprano, recuperará una democracia decente en nuestro país.

Son otros los que negocian resultados judiciales con Botín, los que rompen la Constitución al servicio de los bancos, o los que se financian con el dinero de los magnates (mangantes) que hacen patria y marca España en Suiza.

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