Archivos Mensuales: septiembre 2017

Emociones

Emociones

 

Últimamente se habla mucho de odio y no precisamente desde una actitud amorosa, ni siquiera justa.

Es este un término que ha entrado con fuerza en el lenguaje político del momento, y además con decidido ánimo diagnóstico y diferenciador.

Que el que dice amar sepa detectar y diagnosticar tan fácilmente y sin ninguna duda el odio ajeno, ya llama la atención de propios y extraños, en primer lugar porque el amor inmuniza contra diagnósticos tan exactos, y también porque las emociones son patrimonio del alma y el alma es algo muy personal.

Y esto sin entrar en otras consideraciones oportunas como que, llevados de esta manía psicoterapéutica, podemos confundir el odio con lo que es una justa reivindicación de derechos y necesaria denuncia de abusos. Lo cual, a los que tienen por costumbre pisotear esos derechos y practicar esos abusos, les viene muy bien.

¡Que hubiera sido de la humanidad si siempre los oprimidos hubieran amado pánfilamente a sus opresores! No habríamos progresado nunca y la Europa del ancien regime sería la Europa eterna de ahora mismo, tan moderna y tan rancia.

Pero así somos, todos sabemos de fútbol y todos somos psicólogos improvisados, con un inexplicable talento (sobre todo cuando la vox populi ayuda) para detectar en el prójimo los síntomas más insospechados y preocupantes. Nosotros, que siempre somos ecuánimes y libres de cualquier baja pasión, somos los más indicados para diagnosticar quien odia y quien ama, según parece y según lo que aparece en la TV oficial.

Más que está pericia repentina me preocupa lo fácil que es propagar en la sociedad determinados tics mentales que nos alejan del hombre y nos acercan al loro, o si se prefiere, me preocupa la docilidad con que encajamos determinados mensajes psico-políticos-patológicos. Porque claro, toda pasión tiene algo de “pathos”, y sin duda el que piensa de forma distinta es porque siente de forma desviada, y por tanto no es muy normal ni en sus sentimientos ni en sus preferencias políticas.

Pensar, por ejemplo, de forma inexplicable y extraña, que llevarse el dinero de todos a un paraíso fiscal no está bien, solo puede deberse a un virus, y además contagioso. En sí misma, esa desacostumbrada rareza lo dice todo.

¿Acaso lo de “podemita”, dicho con verdadero amor, no suena a “extraterrestre”?

Al parecer, cuando el ciudadano de a pie contempla estupefacto las idas y venidas de nuestra corrupción nacional (que no caduca), permanece sereno y complaciente como corresponde a un súbdito bien entrenado, y son otros los que vienen luego y mediante demagogia calculada le enardecen los ánimos y le despiertan de su letargia patriótica.

Que esta forma de ver el asunto se considere coherente y vendible, indica hasta qué grado de comedura de coco hemos llegado. Patético.

El estar sujetos a estos automatismos de rebaño, a estas modas pasajeras, en cuyas encrespadas olas se agitan y se diagnostican con extrema facilidad populismos y odios, indica que si bien la información es libre no siempre hacemos uso de esa libertad, y preferimos que nos indiquen lo que tenemos que pensar. Es más fácil y más normal.

¿En qué cabeza cabe dudar que el que estafa al prójimo es por amor fraternal y que el que saquea el patrimonio público es en un acto de heroico desprendimiento?

 

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Autoridad moral

Bárcenas y Rajoy

Era de suponer, visto el derrotero que han ido tomando nuestra política, nuestra economía, y demás altas instituciones a juego (decorosas por supuesto), que llegaría un momento, como de hecho ha llegado, en que allí arriba, en la estratosfera del poder, no habría nadie con autoridad moral para inspirar una pizca de confianza.

Del rey abajo ninguno, y del rey arriba tampoco.

Algunos hemos ido descreyendo en la misma medida en que nuestros representantes abusaban de nuestra buena fe, y así, paso a pasito, episodio tras episodio nacional, hemos ido cayendo en un agujero de negro escepticismo, quizás reversible, quizás no. Todo depende de si se toma conciencia del mal y hay intención de resolverlo. De momento ni una cosa ni la otra.

Entre pelotazos, saqueos, rescates bancarios, amnistías fiscales, y demás crisis sobrevenidas de repente que ¿seguro? nada tienen que ver con los actuales “recortes” de la “la cosa pública” (“cosa” que es la única cosa que nos une), nos hemos quedado sin “referentes” y sin “autoridad moral” que nos inspire confianza o un resto de esperanza en el buen hacer de los que tienen que velar por el bien público.

Y sin confianza no hay unión ni unidad, y sin esperanza no hay ánimo civil, de la misma manera que sin coherencia solo hay desbarajuste social y político.

Habrá otro tipo de autoridad, legal, política, policial o militar, habrá incluso miedo, pero sin la autoridad moral, sin la verdad de los comportamientos como referente compartido, dicha autoridad, por muy trabajado y trabado que sea su mecanismo, quedará envuelta en una niebla de mentiras que la desvirtúa y la torna fofa.

Ni Rajoy, colega de Bárcenas and company, ni una monarquía costosa y entregada a negocios poco claros, ni una clase política afectada gravemente por la corrupción y el privilegio (incluso cuando para los demás ciudadanos todo son recortes), inspiran el respeto de quien debe su  “autoridad moral” a sus comportamientos coherentes.

Llegan las crisis (de todo orden) y pedimos a los ciudadanos un esfuerzo, una unión, una unidad, un sacrificio, un patriotismo, en resumen un comportamiento digno que no hemos sabido fomentar y cuyo ejemplo no hemos dado.

Y cuando hablamos de moral (de la que hoy, por cierto, está muy mal visto hablar) no hablamos de moralina y aparato, ni de moral religiosa en el orden judeo-cristiano, ni de ninguna otra moral que no sea la relativa, cambiante, compartida y civil, en la que lo que se exige a los demás, en cumplimiento de las leyes, es lo mismo que uno se exige a sí mismo.

¿Pueden reclamar el cumplimiento de la Ley los mismos que la incumplen?

Pongamos como ejemplo la amnistía fiscal y preguntémonos: ¿irradia autoridad moral?

Sigo opinando que el descrédito intencionado de “lo público” (eso que nos une), junto a su deterioro via recorte, están en el origen de la actual crisis multiforme por la que atraviesa España, e insisto en que el egoísmo antisocial y suicida de los radicales de la neolibertad, une más bien poco y está fomentando, junto a la corrupción, el deterioro de la trama social que nos mantenía unidos.

La corrupción, el saqueo, la estafa, la mentira (tan difícil de mantener hoy), son un pésimo pegamento para una sociedad, y lo único que hacen es incrementar las tensiones centrífugas y las tendencias disolventes.

¡Recordemos!

En el origen del 1-O está la corrupción, y esa no se resuelve con banderas, de la misma forma que el patriotismo no se promociona llevándose la pasta de todos a un paraíso fiscal.

 

CARTA ABIERTA A LA DIRECTORA GERENTE DEL SESCAM: MODELOS

Modelo eficiente APEACCLM

 

“Cuando el río suena, agua lleva” dice el refrán, y cuando tantas voces hablan de malestar en la atención primaria del SESCAM, es que algo pasa, y lo que pasa no pasa desapercibido.

Se habla de deterioro, de desastre, de mala organización, de irregularidades, de abandono de objetivos, en lo que es la base de todo sistema sanitario: la atención primaria.

El personal PEAC del SESCAM (por mejor nombre: personal estatutario de atención continuada), que acoge en su seno a medic@s y enfermer@s de atención primaria en el ámbito de Castilla-La Mancha, está movilizado por cuestiones laborales y organizativas desde hace tres meses, y casi en pie de guerra –todavía no- desde hace uno. Tiene por bandera la defensa de la sanidad pública y la búsqueda de un modelo nuevo en el que la coordinación de las dos funciones propias de la atención primaria: consulta y atención continuada, favorezca la presencia del médico de cabecera en su consulta, evite las listas de espera, y recomponga un engranaje roto.

Dirán ustedes que les importa poco o nada (tampoco a los sindicatos) las vicisitudes laborales de un colectivo profesional (800 en Castilla-La Mancha) de nombre extraño, y que lo primero que habría que aclarar para ver si el tema merece la pena es que es eso de la “atención continuada”.

Pues ya que lo preguntan les diré que la atención continuada es la atención sanitaria que se les presta a ustedes, como usuarios, en los servicios de urgencias de los centros de salud coincidiendo con el cierre de las consultas, por parte de medic@s y enfermer@s de atención primaria (medic@s de familia y enfermer@s), y por tanto hablamos de una asistencia prestada en un horario bastante más prolongado que el propio de las consultas: 17 y 24 horas de cada día laborable y festivo, respectivamente, frente a las 7 horas de la jornada ordinaria que dura la consulta. Mientras estas están abiertas, sus titulares son los responsables de toda asistencia que demande su cupo de pacientes. Cuando estas se cierran, el PAC (servicio de urgencias) entra en funcionamiento con una responsabilidad igual pero hacia todos los cupos de pacientes de la Zona.

Si de cada día laborable en la atención primaria 7 horas son de consulta y 17 horas de atención continuada, y si en cada festivo o fin de semana las 24 horas de asistencia corresponden a atención continuada ¿importa la atención continuada?

Así visto y mientras la asistencia sanitaria nos importe, parece que la “atención continuada” soporta gran parte del peso de la atención primaria, nos toca de lleno y durante bastantes horas de cada día, y no es tema baladí. De hecho la manera en que se gestione y organice nos va a afectar directamente a todos, incluidos los sanitarios, que también somos usuarios y pacientes. Por otra parte, puede hablarse con toda propiedad de “atención continuada” porque lo que antes eran “guardias” hoy son consultas a destajo que en los malos modelos duran 17 y 24 horas seguidas (o 65 horas) a cargo de un mismo profesional.

Pues bien, resulta que más allá de un arco de matices menores que no vienen al caso, existen básicamente dos modelos para organizar la atención continuada en los servicios de urgencias (PAC) de los centros de salud: el modelo que nuestro colectivo llama modelo bueno o tipo 1, en el que los turnos de guardia son más cortos y por tanto saludables (el agotamiento de los sanitarios no es aconsejable), con una repartición de funciones o de turnos claramente definida entre el personal de consulta (EAP) y el personal de atención continuada (PEAC), de tal manera que no se generan esas falsas libranzas (en puridad legal son descansos no libranzas) del día siguiente a una guardia, cuestión esta clave pues es la que determina esas listas de espera para obtener cita en consulta que ustedes padecen, y que no son de recibo ni se corresponden con la propaganda oficial (casi euforia) del gobierno de marras.

Quieren ustedes que les vea su médico de cabecera porque tienen fiebre y se sienten mal y les responden que les dan cita para dentro de 7 días (¿dónde estará la fiebre o el enfermo que la padece para entonces?). O acuden a su consulta a las 11:00 a.m., sin cita porque es difícil obtenerla, y porque se han levantado -sin proponérselo- con un mareo extraño y cortejo vegetativo, quizás un vértigo, quizás otra cosa más grave, vete tu a saber, y allí mismo en el filtro administrativo del mostrador, donde se cría un ojo clínico que para sí quisieran los facultativos más avezados, les dicen sin dudar que se esperen a que abran las “urgencias” a las 15:00 horas, tiempo suficiente para que se confirme de manera empírica y definitiva si el mareo es leve o letal.

Lo cual quizás tiene relación con el hecho de que cuando abren las “urgencias” del PAC hay cola de pacientes y es como si se abrieran las compuertas de una presa a reventar, ya que de repente y con puntualidad británica los teléfonos de urgencia empiezan a sonar informando de casos “graves” que una o dos horas antes eran casos “leves”. Un auténtico desbarajuste y un auténtico riesgo para ese filtro administrativo que diagnostica con tanta alegría sin contar con el auténtico responsable, el médico, y cargando con una responsabilidad que no le corresponde.

Consecuencias todas ellas de un mal modelo organizativo (por eso lo llamamos modelo malo o tipo 2) que genera “libranzas” que en realidad no lo son, pues se trata de “descansos”, que sin embargo se computan y abonan –presuntamente- como trabajo realizado (no pregunten por qué, pero ya les digo que es práctica que como poco parece irregular), libranzas que se traducen en consultas cerradas y listas de espera. En resumen, deterioro de la atención primaria y distorsión, casi burla, de la función natural y objetivos de la medicina de familia.

¿Hay alguna manera de evitarlo?

Pues hay varias mientras no sean parches, y tan sencillo como querer, pero no se quiere. Al menos en nuestra comunidad de Castilla-La Mancha se prefiere el modelo malo, y sin embargo no encontrarán quien lo argumente con alguna lógica asistencial o económica. Detrás de esta sinrazón solo encontrarán intereses que no tienen nada que ver con el interés general, y una Administración y unos sindicatos que no hacen nada por evitarlo. Es triste decirlo.

Recientemente un profesional de atención primaria manifestaba su queja en un artículo que suscribo en parte pero no en su totalidad, y proponía como solución uno de esos parches imposibles para un problema mal planteado. Venía a proponer la reintroducción del “correturnos”, figura de dudosa legalidad y económicamente ruinosa (ya conocimos y padecimos esa ruina), pues ha de pagársele al correturnos (en el caso de las libranzas posguardia) la jornada ya abonada al titular (aunque no la trabaje), lo cual constituye un pago doble que maquilla una jornada incumplida.

Además, desde el punto de vista laboral esta especie de “sustituto de cabecera”, correturnos, o chico para todo, siempre disponible, es esencialmente cutre.

Otras comunidades autónomas (Madrid, Navarra…) han optado por el modelo que con optimismo de futuro llamamos bueno, entre otras cosas porque es muy difícil ocultar durante mucho tiempo la evidencia, que no es otra que la obviedad de que no se puede mantener con dinero público un modelo que pone los intereses particulares por encima del interés general, que paga un trabajo que –presuntamente- no se realiza o lo paga dos veces a través de una falsa sustitución, que incrementa las listas de espera con cierre de consultas (en mi centro se cierran 180 consultas médicas al año, que están presupuestadas para estar abiertas; 65.000 horas de trabajo no trabajadas en el primer semestre en Guadalajara), y que en resumen es todo el un disparate de gestión y despilfarro.

El modelo bueno o tipo 1, que evita todos estos males o los reduce en la proporción correspondiente, no tiene más secreto que el establecer funciones y personal diferenciado, a cargo de la consulta unos (que la abrirán todos los días laborables del año), y a cargo de la atención continuada/urgencias otros, modelo que ajustándose a la legalidad de las jornadas y los descansos no implica cierre de consultas, ni deterioro de la asistencia, ni manejo dudoso del dinero público.

Dentro de este modelo bueno está también la posibilidad de que el personal de consulta (EAP) haga guardias pero en turnos cortos (hay quien las llama microguardias), tras el cierre de las consultas, hasta las 20:00, de manera que respetando el descanso de 12 horas entre jornada y jornada, al día siguiente abrirá su consulta a las 8:00, cumplirá su jornada ordinaria de verdad, y de 180 consultas cerradas por este motivo en un año pasaremos a ninguna. Esta diferencia entre 180 consultas cerradas de medicina (habría que sumarle las propias de enfermería) a ninguna, es lo que determina que el modelo que propone nuestra Asociación profesional, PEAC de Castilla-La Mancha, sea el bueno.

En estos pocos meses nuestra Asociación ha visto como más de 300 profesionales de toda Castilla-La Mancha se inscribían en ella, prueba de que hay problemas sin resolver y tarea por delante. Lo que pasa es que enfrente tenemos un búnker de esos que recuerdan otros tiempos.

Dado que el problema que ponemos sobre la mesa es un problema a nivel nacional, donde otros profesionales homólogos de atención continuada están haciendo la misma denuncia, hemos elaborado un mapa de distribución según comunidades autónomas de los dos modelos, el bueno y el malo. Ese gráfico de modelos va en el enlace que pongo al final. Adjunto también un estudio de costes y eficiencia de la atención continuada en la atención primaria, que tiene que ver con este debate de modelos.

Llama la atención que varias de las Comunidades autónomas que han optado por el modelo malo, cuya principal característica es que pone determinados intereses particulares y estrechos por encima del interés general de la población, sin duda más importante, estén gobernadas por el PSOE, de cuyo ideario teórico cabría esperar justo lo contrario.

En este tema, los nuevos partícipes en el gobierno de CLM (los representantes de Podemos) tienen la oportunidad de intervenir como factor corrector, o como simples palmeros. Por eso desde aquí les convocamos (como al resto de partidos) a que sea en beneficio del interés general y marquen la diferencia.

¿Y los sindicatos que dicen? Pues es que los sindicatos mucho nos tememos que son juez y parte.

Dicen, eso si, que no nos falta razón, pero que es un tema complejo que va en contra de determinados hábitos y costumbres, inercias que impone la tradición, y que quizá a medio o largo plazo pueda resolverse y derive hacia el modelo bueno…. Quien sabe.

¿Paciencia?

¡Claro! ¡Paciencia y listas de espera!

 

Posdata:

Modelos de atención continuada a nivel nacional

https://drive.google.com/open?id=0Bzd2yHnEcZOtYjhYRGhDRk1JdkE

Gestores avispados defienden el modelo bueno (tipo 1)

http://www.smnavarra.org/wp-content/uploads/2014/03/Diario-de-Noticias-26-de-febrero-de-2014.-carta-Yurss.pdf

Costes y eficiencia de la atención continuada en la atención primaria

https://drive.google.com/open?id=0Bzd2yHnEcZOtcHNEMjBKVHdua0E

 

Extinciones: todo se acelera

Niños del pico-zorro-zaina

Pienso a veces que la aceleración del tiempo puede ser ilustrada y demostrada por dos hechos igualmente deprimentes: el ritmo de extinción de las especies vivas, y el ritmo de extinción de los juegos infantiles. Si lo midiéramos por estos raseros, la velocidad de los tiempos que nos ha tocado vivir, la aceleración hacia el futuro, sería una deriva decadente y más bien triste.

Podría argumentarse que los juegos infantiles que van cayendo en el olvido, a veces por desaparición del escenario natural de los mismos, son sustituidos por otros nuevos fruto de un nuevo escenario. No lo se. No se si los niños salen hoy a la calle como salíamos antes, creo que no, o si salir a la calle de aquella manera de entonces determinaba que los niños aquellos fuéramos distintos, como moldeados en un ambiente que ya no existe.

Si que recuerdo que salíamos a la calle de forma bastante autónoma y liberal, sin padres ni carabina. Creo que ahora los niños pasan más tiempo en casa, y ya no se escucha tanto aquella admonición materna -que era casi una orden- de: “iros a la calle que me tenéis hasta el moño”.

La verdad es que antes se mandaba a los niños a la calle sin demasiadas angustias ni aprensiones. Incluso los mas pequeños empezaban pronto a patearla bajo la tutoría transitoria y fugaz de algún hermano mayor, que sin embargo también era un niño. Eran otros tiempos, no muy lejanos pero si bastantes distintos.

Lo cierto es que extinciones siempre ha habido, tanto de juegos infantiles como de especies vivientes, pero lo que debe preocuparnos es el ritmo de estas extinciones, es decir la velocidad que ha atrapado y arrastra a la sustancia de la vida. Este ritmo endiablado que todo lo domina y que nos tiene a todos sin sosiego ni asidero posible.

La vida es animada, si, pero una cosa es estar animado y otra muy distinta es estar fuera de si, desintegrándose. Y es que si no estamos integrados, alma y cuerpo, ser viviente y medio ecológico, vamos a la desintegración, es decir, al desastre.

Todo se ha acelerado.

Visité no hace mucho una exposición sobre Cervantes en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Allí, detrás de una vitrina, llamaron mi atención un par de peonzas de los tiempos del gran literato, con su cuerpo de madera y sus puntas de hierro oxidado, tan parecidas a las que yo usaba de niño que me sorprendió y casi diría que me emocionó. Recordé aquellas peonzas mías de pico “cigüeña”, de pico “garbanzo”, y las franjas de colores que les pintábamos para que fueran más vistosas. Al parecer los egipcios ya las pintaban. Pensé entonces que el tiempo en que los niños han jugado a la peonza se mide en siglos, desde un niño egipcio a un niño español de los años 60 y 70, y sin embargo hoy ¿se han extinguido? ¿cuántos niños se ven hoy en la calle jugando a la peonza?

La misma emoción o sorpresa puede experimentarse cuando se lee el Satiricón de Petronio (siglo I después de Cristo), y encuentra descrito en sus páginas el juego de “pico-zorro-zaina” que jugábamos en nuestra propia infancia. Creso se sube de un salto a la espalda de Gayo Trimalción, a modo de cabalgadura, y dándole golpes en la espalda al tiempo que extiende los dedos de una mano, le pregunta ¿cuántos hay?.

Hay un hecho notable que a poco que nos intrigue no nos debe dejar de preocupar: según investigaciones bien planteadas, asistimos en el momento presente a una extinción en masa de especies vivas en el planeta, que sería la sexta de su serie. Les recomiendo la lectura de “La sexta extinción”, un libro de Elisabeth Kolbert.

Lo especial de esta sexta extinción es que asistimos a ella no sólo como testigos (y sería la primera vez, ya que no fuimos testigos de las cinco precedentes, la última y más famosa de las cuales acabó con los dinosaurios), sino como autores y protagonistas, según opinión bien fundada que merece todo crédito.

Al respecto se plantean distintas posibilidades:

Que seamos solo testigos impotentes ante ella. Que seamos autores inconscientes o irresponsables de la misma. Que en esta gran matanza en curso sólo seamos verdugos, o que también seamos finalmente y de forma irremediable víctimas.

Víctimas y verdugos al mismo tiempo, poderosos y fatalmente frágiles en un mismo y quizás último acto.

Del antropocentrismo como ejercicio del narcisismo más ciego e insensato, hemos pasado casi por necesidad lógica y evolutiva a dar nombre a una era, el antropozeno, que da cuenta de nuestros desmanes e irresponsabilidad contra la realidad viva de la que formamos parte: el planeta y la vida que alberga.

Del humanismo renacentista y liberador hemos pasado al terrorismo ecológico vía capitalismo desregulado y salvaje, que sin embargo tiene tan buena prensa que lo llaman “libertad”. Queda más bonito sin duda con ese nombre, pero su efecto tóxico es igual de letal. Si no lo remediamos la Naturaleza acabará demostrándonos que tomarse determinadas “libertades” con ella no sale gratis.

También la antigua Unión Soviética ejercía el terrorismo ecológico a gran escala desde su planificación regulada. Pensemos en Chernóbil.

¿Que cabe concluir de todo esto, y del fracaso de modelos tan dispares, aparentemente opuestos, en el fondo gestionados por una misma idea del progreso, insensata, egoísta, mecanicista, e irresponsable?

Pues que vivimos sujetos a un paradigma infantil, del que es propio no tener conciencia de los límites.

En esta relación del hombre con su medio, Occidente era una cara de la moneda, y Oriente la opuesta. ¿Puede decirse ahora lo mismo?

Si por algo se trabaja hoy a gran escala en el planeta es por un modelo único de pensamiento, por un gobierno del mundo no solo en el plano político sino en el plano ideológico.

Hemos pasado de lo prometeico desatado y la razón liberadora, a lo primitivo fetichista. Hoy nuestros fetiches preferidos son El Progreso (con mayúsculas) y la Tecnología que todo lo puede. De este poder omnímodo que se le supone a la Tecnología se espera que nos salve en el último instante de nuestras aceleradas tropelías. Porque de alguna manera si somos conscientes de que no lo estamos haciendo demasiado bien y nos dirigimos a una especie de límite o de fin. Aunque sabemos que hay que corregir la trayectoria, no tenemos demasiada prisa en hacerlo, o sencillamente no sabemos cómo hacerlo.

Por lo pronto, y en base a la evidencia de que el futuro será ecológico o no será, cabe concluir que se necesita la creación de un nuevo humanismo que antes que nada sea adulto, y sepa y comprenda qué es el hombre y cuál es su relación con todos los demás seres vivos, y en general con el planeta.

Por ejemplo que sepa que si el hombre es un animal que respira, no es por inspiración divina sino gracias a un alga verde-azulada.

Que comprenda que el conocimiento de las múltiples dependencias y relaciones que mantiene con su entorno, no lo hacen más poderoso, sino más frágil y por ello más sabio. Que asuma que es parte de un todo orgánico del que no se puede independizar, y que debe conocer, respetar, y preservar.

Somos un animal frágil y a la vez potente, capaz de cambiar el clima y padecer ese cambio.

 

POSDATA: PLANETA TIERRA 2017 Documental Completo 2 Hs en Alta calidad 1080p

 

Daños colaterales

Entre efectos deletéreos y daños colaterales nuestra civilización, que ya es global, avanza imparable derribando todo tipo de fronteras: físicas, económicas, e intelectuales.

Si no somos supremacistas, al menos somos (y la propaganda nos convence de ello) “supremos”.

No tengo nada en contra de este optimismo cultural salvo una sola cosa: que todo progresa en la misma dirección y guiado por una sola idea, y esto reduce mucho la variedad. La variedad no es ni buena ni mala, pero al menos es prudente. Las ideas únicas suelen ser demasiado simples, y nuestra idea de hoy no supera el rango de mecanicismo ramplón, que como todos los mecanicismos, automatismos y despliegues dialécticos, peca de exceso de fe y no le vendría mal albergar alguna que otra duda.

Por doquier intenta desacreditarse la crítica que acompaña a esa duda,  el ‘activismo”, la responsabilidad cívica y la conciencia social (y ecológica).

El vivir para nosotros “solos” o nuestra  tribu (y ya es mucho compartir), como si no hubiera un mañana (que efectivamente no lo hay), es la clave del progreso, según nos cuentan.
La pereza dinámica que conlleva a veces el sosiego reflexivo, y la ausencia de entusiasmo por la aceleración económica, no están bien vistos. Parece que debe estimularse la competencia por ver quién llena más rápido el planeta de basura. Ante esta manía por llenarlo todo, un poco de quietismo no viene mal.

El egoísmo -se dice y proclama- es la varita mágica que todo lo arregla y mejora. Y efectivamente si por mejorar entendemos atiborrar el planeta de masas furibundas, vamos mejorando cantidad y el planeta menguando en la misma proporción.

Aunque muchos alaban esa varita mágica del egoísmo que todo lo soluciona, luego se extrañan de que el conejo que sale de esa chistera mágica esté rabioso.

La cooperación entre los hombres como partícipes de una misma humanidad, y la coordinación con el planeta como imperativo físico y biológico insoslayable, no se contempla en el programa. Es más, ese modo naif de ver el mundo se desacredita a diario como propio de “filántropos” y hippies.
Para los que dirigen el mundo desde los gobiernos (corruptos) y las academias que les bailan el agua, Nietzsche tenía razón: el futuro del mundo está en las manos (y casi diría en los pies) del Superhombre, cuya máxima aspiración hiperbórea es plantar los susodichos pinreles sobre la mesa del despacho oval, y jugar al golf con el dueño del mundo antes de empezar a hablar de guerras y negocios.

Sin demasiadas contradicciones hemos pasado de la civilización “cristiana”, donde todos somos hijos de Dios incluidos -en su versión franciscana- los grillos, a la civilización hobbesiana, más tecno y  “neodarwinista”, donde el hombre es un lobo para el hombre y un cordero ante los poderosos. Dóciles y rabiosos en un mix que carece de nobleza y sabiduría.

Fuertes ante los débiles, y cobardes y mudos ante los que ejercen el poder. Justo lo contrario del fundador del cristianismo.

La competencia por el dudoso privilegio de acaparar una mayor cuota de mercado y de contaminación, es el signo de nuestro tiempo, la madre de todas las virtudes oficiales y el padre de todos los vicios reales. Y es que hay algo de vicioso y de obsesivo-compulsivo en nuestro actual modelo de consumo. Lo importante no es comprender quiénes somos y donde estamos, sino eliminar la rigidez del mercado de trabajo para “acelerar” el dinamismo económico. Dinamismo, aceleración, y velocidad que demasiado a menudo nos acercan a la vida inhumana de la máquina.

Casi siempre, cuando se llega por sorpresa a situaciones de catástrofe social o geoestratégica es porque determinados extremismos con buena prensa han actuado durante demasiado tiempo y al amparo de instituciones decorosas.
O bien al hilo de guerras prefabricadas que fabrican muerte en tiempo real primero y a plazo fijo después. Guerras en todos los formatos y versiones, para el espectáculo visual y el despliegue de influencia, por ejemplo, pero también guerras disfrazadas y ocultas. En cualquier caso, siempre a favor del egoísmo y el negocio rápido de unos pocos que no sufrirán las consecuencias de sus actos.

El flujo de la acción corrosiva de estas corrientes subterráneas es inaparente pero pertinaz. Excava los cimientos día y noche, y roe las compuertas de la ruina futura.

Lo que se presenta luego como sobrevenido en forma de crisis económica o de avalancha de violencia global, es en realidad fruto de una larga gestación, alentada entre siestas modorras cuando no entre vítores y aplausos.

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y hasta entonces podemos dormir tranquilos con tal de no ser demasiado exigentes con nuestros sueños. La irresponsabilidad de nuestro silencio y de nuestra indiferencia es un buen abono para esta planta adormidera.
No hay peor radicalismo que la corrupción, ni peor populismo que el silencio que la ampara.

En esta fase de germinal carcoma, lo que se promueve y se premia sin necesidad de proclamarlo es el mutismo acomodaticio. Cualquier mosca cojonera es espantada como testigo incómodo del cadáver, y aquel que se define en contra del pastel debe ser porque padece alguna carencia emocional. Cualquier aspiración a una necesaria corrección es desacreditada como fruto de una ilusa utopía, y la prudente equidistancia entre el que estafa y el que es estafado es el signo más celebrado de la elegancia.

Cuando la carcoma completa su labor y consumido el contenido sólido empieza a agrietarse la cascara, entonces la consigna oficial cambia y los apóstoles del mutismo y la indiferencia, los beneficiarios e ideólogos del laissez faire, exigen ahora enérgicamente un control más estricto y el cumplimiento a rajatabla de las normas, amenazando incluso con la cárcel a quien no obedezca. Pero sobre todo les entran de repente las prisas y exigen perentoriamente que la gente se defina, que la gente reaccione, que el ciudadano amante de su patria, se indigne.
Demasiado tarde descubren que las causas prolongadas y silenciadas suelen acabar en efectos retardados pero explosivos.

La monótona y prolongada discordia que alimentamos desde hace tiempo y cada día respecto a la última versión de la “cuestión catalana”, suele llevarnos a olvidar que el molde en el que se fraguó esa grieta fue la corrupción política y económica, de aquí y de allí, o si se prefiere, de uno y otro falsos patriotismos. Corrupción, ruina, y después desapego.

Como ya tenemos una historia detrás, esto de que algunos erizados patriotas de última hora, antes indiferentes y mudos, exijan ahora a voz en grito que el prójimo se defina, que el ciudadano se indigne, además de incurrir en incoherencia supina no nos trae buenos recuerdos

 

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