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Conjuntivas y Disyuntivas

Las razones (o las sinrazones) por las que el PSOE o su gestora han tenido a bien apoyar -de manera incluso violenta contra sus propias filas- al gobierno de Rajoy, sólo pueden articularse de manera conjuntiva o disyuntiva, aunque siempre con un fondo de oscura y recóndita motivación.

O lo han apoyado por sintonizar con su proyecto político y prácticas neoliberales, con su ideología y logros en materia de recortes, o lo han apoyado huyendo de un test electoral en el cual se temen no lograr el aprobado. O por una cosa “y” la otra al mismo tiempo, opción esta última que parece la más probable, dados los antecedentes simbióticos y de compadreo mutuo. Lee el resto de esta entrada

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La gestora

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Podría uno pensar que las gestoras deben pasar desapercibidas y ser neutrales. Pero esta no.

La “gestora” (ya saben cuál) tiene tan claro que quiere cortar cabezas, como poco claro qué quiere ser de mayor.

Y si no serlo -que eso ya sería para nota- al menos aparentarlo.

Ahora bien, ser algo de mayor, de verdad y no sólo en apariencia, requiere tener las ideas claras y un esfuerzo de coherencia, para el que esta gestora y el partido que dice representar, no están entrenados.

Justamente la peripecia pelín traumática de esta gestora, deriva de una crisis de autenticidad tras prolongado teatro, y nace de la necesidad de impedir que los militantes hablen y la verdad salga a la luz, es decir, que la realidad llegue al estrato superior de la consciencia.

Es en última instancia una gestora mordaza, que esperará el tiempo que sea necesario y aún más, hasta que los militantes cambien de opinión o se muerdan la lengua.
Un acto de represión sin Freud que lo remedie, mediante la correspondiente y liberadora catarsis psicopolitica.

El gran Padre González, sigue recortando las alas de su Edipo particular en su taller de bonsáis enanos, donde salvó el todos los demás son menores de edad.

Pero donde falta autenticidad, faltan también ideas claras, y tanto las opiniones como los principios, caducan al día siguiente.
Por eso, aunque en el manejo del hacha no le tiembla el pulso, en todo lo demás padece esta gestora el baile de San Vito.
En apenas el transcurso de unas horas, puede cambiar radicalmente de criterio político y sobre todo de principios morales, según lo que interese aparentar, o según que el personal este mirando y atento a la escena, o despistado y comiendo palomitas.

Esto explica lo ocurrido recientemente con el nombramiento de Jorge Fernández Díaz como infausto presidente de la comisión de exteriores (un pesebre), cuando la gestora cambió rápidamente de opinión en menos que canta un gallo y sin esperar a que cantara tres veces, sin más razón que sentirse observada, desnuda de máscaras, y como Dios (y Felipe González) la trajo al mundo.

Eso es trasparencia y cambio.

Efectivamente, tanto la gestora como C’s estaban dispuestos a dar el visto bueno al indigno premio de Jorge Fernández Díaz (el de la caza de brujas), votando en blanco para no romper una de las normas no escritas, más sagradas y corruptas del cotarro pesebril: la de la repartición consensuada de prebendas y pesebres.
Hasta que se encendió una lucecita roja que avisaba a todas las termitas compinchadas que estaban “en el aire”, y sintiéndose observada (y también presionada por Podemos) la veleta gestora cambió rápidamente de gesto, decisión, máscara, y discurso.

Así, de la abstención facilitadora de ese pesebre tan infame, pasó a oponerse en un santiamén, para parecer honesta y cabal a ojos de la audiencia. Y todo esto entre bambalinas y al albur de los focos, como suele ocurrir en el teatro.

Al final Rajoy se salió con la suya y premió a Fernández Díaz (y con él a las cloacas y la caza de brujas), y los demás quedaron bastante mal. No sabemos si esto es un anuncio de lo que va a ser esta triste legislatura.

Salvar al soldado Fernández y su gestora golpista es ahora la misión, como antes lo fue salvar al soldado Rajoy y su misión sagrada de proteger los intereses de la banca. Pero Rajoy -ingrato- no lo pone fácil. Sabe que el mueve los hilos, y tiene atrapada en sus garras a la inestable y frágil marioneta.
Con la soltura, el desahogo, y la falta de empatía que le caracteriza, dicta un pesebre para Jorge Fernández Díaz, y dice a sus marcas blancas: esto son lentejas y donde hay patrón no manda marinero.

Más claras tiene las ideas Felipe González, que asegura que no apoyará a Susana Díaz, porque dada la merecida fama que él tiene de dar gato por liebre, esto la puede perjudicar.

No seremos nosotros los que discutamos la solidez y lógica de su argumento, pero al decir González que no la apoya, todos entienden y dan por hecho que ya la está apoyando, porque a las palabras de González, siempre hay que darles la vuelta como a un calcetín.

Por su lado Merkel, sorprendida de que Rajoy aún sobreviva tras recortes tan feroces e inhumanos, y tras la dosis XXL de austericidio propinada a los sufridos españoles, le reconoce que tiene la “piel de elefante” (los españoles, sorprendentemente, aún le siguen votando; esa es la grandeza bifronte de la democracia), y le nombra por ello caballero de su tabla redonda, que al ser alemana, es más bien cuadrada.
Porque cuadradas son las ideas fijas de la canciller pangermana.

La reina Artura de esta Europa retrógrada y medieval, debe ser la única que aún no se ha dado cuenta de la debacle que le rodea, y de la necesidad perentoria -como clama Obama- de cambiar de rumbo, porque el neofeudalismo no funciona.

Hasta qué la nueva dama de hierro despierte de un batacazo inesperado y se venga abajo su castillo de naipes, Rajoy es urbi et orbi un gran “gestor” y un gran vasallo, y al igual que la otra “gestora socialista”, el mejor sacamantecas al servicio de la banca alemana.

Por los servicios prestados y como mercenario leal, estos días ha recibido Rajoy su espaldarazo sublime, y ha venido a ocupar el hueco de uno de los pares caído en desgracia: la Inglaterra de la City.
A Rajoy, el cruzado de la vieja y decrépita fe, se le caía la baba de puro contento.

Mientras tanto, los dos países del Occidente racista y xenófobo, que dieron a luz al neoliberalismo radical y extremo, USA y el Reino Unido (ahora se enteran algunos de que esta era una ideología de extrema derecha), han parido uno el Brexit xenófobo, y el otro al Trump racista.
Por sus obras y frutos los conoceréis.

A nivel de calle, estos días hemos conocido que los salarios de los españoles han caído en estos años de oportuna (e irreversible) crisis un 10%, y que los más castigados han sido los trabajadores públicos. Algo lógico si se considera que en la estrecha y sectaria ideología de los que gobiernan, “lo público” es el enemigo público (valga la redundancia) número uno, y el principal objetivo de su doctrina cerril es cargarse el Estado (y no sólo el de bienestar) tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Ergo el sacamantecas es eficaz. De ahí la condecoración.

Los paraísos fiscales, al contrario, al no pertenecer al ámbito de “lo público”, y requerir emprendimiento, ética floja, y coraje suicida, tienen la vida (y la amnistía fiscal) asegurada.

Un mal menor

Trump es un mal menor, grande y pelirrojo (peligroso, quise decir). Su peluquín de fuego amenaza crear un incendio donde ya existe un infierno.

Por eso es un mal menor (creen), porque un fuego con fuego no se apaga, y el infierno oficial tiene garantizada, así, su rutina diaria.

Tras un breve aspaviento, las bolsas volverán a inflarse, los “trading” a hincharse, los mercados a comprar seres humanos y vender almas al maligno (en España hemos pasado en los últimos años de tener un exorcista a tener trece), y el establishment soltará un eructo, una vez digerida la extraña y aciaga noticia.

Es de los nuestros, pensarán. Y con razón.

¡Qué es xenófobo!
También lo es el cardenal Cañizares.
¡Qué quiere levantar un muro!
También aquí tenemos vallas y los echamos a patadas y pelotazos de goma, hasta hundirlos en el mar.

Y eso que allí no son mayoría los refugiados de guerra que intentan salvar la vida para perderla a miles en el intento. Son más los refugiados del hambre y la miseria, o de gobiernos tan anómalos como consentidos. Allí no va Felipe González, a cantarle las cuarenta al establishment de su patrono, Carlos Slim.

El PP y nuestro gobierno son de los que mejor y más rápido han digerido la noticia (si hubiera salido Bernie Sanders ya estarían cargando las baterías antiaéreas), porque perro no come perro. Y menos con el mismo collar.

Los del distinto collar pero el mismo perro, tienen que hacer un poco de teatro (lo que hacen siempre), y hubieran preferido a Clinton (la corrupción andante), ciertamente, pero antes que Sanders -el rebelde y socialista- no está mal Trump -el bárbaro y filonazi-.

¿Hasta cuándo gestora golpista que siga manifestando opiniones y gustos tan extraños?

¿No está ya investido -como querían- el gobierno de los recortes y con el hacha de Conan a punto de soltar el tajo? ¿Por qué Fernández y colegas siguen en la poltrona, como si ir de golpe fuera quedarse de tertulia, y tomando decisiones que no les competen?

En resumen, nada nuevo bajo el sol, y todo ha cambiado de nuevo para que no cambie nada, como siempre.
Allí ha salido Trump, ayudado entre todos, para que no salga Sanders.
Aquí ha salido Rajoy, ayudado por el PSOE y otros cuantos, para que no salga una opción progresista. Y en Francia, si un resto de lucidez no lo remedia, saldrá Marine Le Pen, sin demasiado escándalo, ni sorpresa, ni disgusto, por parte de los que hoy practican los recortes más inhumanos para consumar la estafa más tramposa.

¡Y a mí que esto me recuerda a otros tiempos!

En definitiva, un nuevo capítulo de esta novela que podemos ya ir titulando “Neoliberalismo y barbarie”, con el subtítulo “De como Felipe Gonzalez se enamoró de Margaret Thatcher cuando tomaba el te con Pinochet”.

Y es que les debemos mucho: por ejemplo, a Donald Trump.

De cadáveres políticos y otras fiestas de guardar

Hay quien afirma que Pedro Sánchez es un cadáver político. Y lo dicen intentando extender una cortina de humo para tapar el mal olor que desprenden – sobre todo cuando sopla viento del sur- otros cadáveres presentes, y ya sin futuro.

En aquella tétrica jornada que podemos llamar de la degollina cainita, de la muerte anunciada del cordero (que se resistió a ser borrego), o de los cuchillos largos, por lo que tuvo de masacre y purga interna (no en balde mediante una sola acción se acabó con un secretario general y con toda una militancia), hubo dos clases de protagonistas: los descabezados, a los que se purgó, y los descerebrados, que organizaron el golpe.

Al final todos perdieron la cabeza, aunque unos con más dignidad y futuro que otros. Entre estos últimos no se encuentra Susana Díaz.
La dirigente andaluza, que no sabemos si actúa en nombre propio o bajo las órdenes de Felipe González y su lobby de ricachones, en una sola acción malgastó todas sus oportunidades y todas sus máscaras, y de ser ciertas las frases que se le atribuyen, la dejan en muy mal lugar porque revelan una catadura moral muy poco fiable para dirigir destinos ajenos. Lee el resto de esta entrada

Cambio y hojarasca

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Como viene siendo la tónica habitual del cambio climático, septiembre cae y llueve en octubre. Y como viene siendo la tónica habitual del cambio político, no cambia nada.

Los mangantes de siempre repiten.

Nada nuevo bajo el sol. Lo que fue será. Lo viejuno disfrazado de post modernidad y desbloqueo. Desempolven el palio y el catecismo del padre Astete, que a lo peor se usa para presidir este nuevo desfile hacia al interior de la caverna. Un pase de modelos hecho de retales. Un nuevo Frankenstein resucitado, aunque corrupto. Sólo ha hecho falta coser una mentira con otra. Un Rajoy con una Susana.

Ya lo anunció la profetisa, hilo y guadaña en mano.

Caído el telón, muchos militantes y votantes socialistas, cuyo voto ha servido para aupar y dar talla histórica a Rajoy (un fraude al parecer legítimo, valga la contradicción), en su desorientación y cabreo están esperando que alguien se acerque a ellos, e indicándoles con la mano extendida que miren hacia una cámara hasta ahora invisible, les confirme que todo ha sido una broma pesada, un mal sueño.
O que ha sido uno de esos falsos documentales de extremado verismo, fraguado durante meses, con el que nos convencen de que nunca hemos llegado a la luna, y que todo fue un montaje cinematográfico. Así, ahora intentan convencernos de que el PSOE y sus votantes nunca apoyaron a Rajoy y sus trampas, que todos los participantes eran actores (incluidos los militantes gritones enjaulados entre vallas), y el escenario de Ferraz, pura tramoya.

Pero la alarma del despertador ha sonado y toca abrir los ojos. De la misma forma y por las mismas razones que ahora tantos socialistas despiertan, hace ya tiempo otros muchos despertaron. Y los despiertos empiezan a ser multitud.

En el “aparato” lo saben. Por eso ayer, en un rincón especifico de Ferraz, mientras trascurría una votación ya previamente decidida e informada al rey, los paraguas contra la lluvia y las maletas de mano, las carteras y demás enseres, se apelotonaban en cerrada formación y disciplinada mentira para salir por piernas hacia el AVE liberador.

El cambio climático, dicen los que saben de estas cosas, es obra del hombre. Y la falta de cambio político -una oportunidad para alejarse de la corrupción y la indignidad- también.

Aquí rige la física de las grandes masas, de los grandes bultos, de los grandes miedos, de las grandes coaliciones, de los grandes fraudes, de los grandes poderes, una física newtoniana. Que sólo es verdad en apariencia. Sólo un milagro cuántico -un golpe de suerte que oponer al golpe de mano- podría desviarnos de nuestra carrera cerril hacia ninguna parte. Esa es nuestra gravedad: orbitar el vacío y el espacio saqueado. En pleno otoño despertamos al invierno, y la hojarasca caída deja ver las ramas desnudas.

El desierto como horizonte que ya se vislumbra, no es un espejismo: es lo que tenemos delante.
Ya empieza a faltar el agua de las pensiones, de la que tantos -grandes y pequeños- beben para no morir.

Nos guían, sedientos, hacia pozos secos los becerros de oro que nunca pasan sed. Cada vez más dentro de la boca del lobo, cada vez más ciegos.

 

Alberto Rodriguez

Decía Correa en su declaración del otro día -con la circunspección de un mangante disfrazado de hombre de negocios- que el juez Garzón le había “pillado con el carrito del helado”  mientras en el PP se comían los helados en cucurucho para no mancharse las manos.

Una frase breve –dicha por un experto- que sintetiza como pocas nuestra historia reciente.

Y en la actualidad, la clave de nuestro destino político está en averiguar si, más allá de la sonrisa pícara de Fernández, las caras de los miembros de la gestora golpista reflejan susto o mala conciencia. En cualquier caso, son un poema, y malo.

Frases breves y rostros sincopados que lo dicen casi todo.

En cuanto a la gestora infusa descendida del elevado cielo platónico, hay quien se siente aliviado con la llegada de esos “hombres fuertes “, no se sí con el mismo alivio de los que llamaban “caballeros” a Videla y camaradas, esos que secuestraban niños y organizaban vuelos para despachar a sus padres.

Esos “caballeros”, además de “hombres fuertes” suelen ser “salva patrias” en sus tiempos libres, para completar el currículum.

Ver las películas de Alberto Rodríguez es como mirar el envés de una máscara, como darle la vuelta al calcetín de la marca España, una patada en los mismísimos del triunfalismo oficial y de la publicidad barata.
Ese triunfalismo y vanagloria que nos llevan vendiendo desde la misma transición sacrosanta, como antes se le paseaba prepotente y bendecido bajo palio, con un destino tan universal como limitado y cutre.

Cuarenta años de régimen fascista (único caso en Europa) seguidos de cuarenta años de corrupción política y económica (caso raro también en Europa, salvó la anomalía italiana de la democracia cristiana simbiótica de la mafia), constituyen el terreno fértil sobre el que crece y se marchita la España real que Alberto Rodríguez nos muestra, sin contemplaciones y sin necesidad de escarbar demasiado.
No hace falta bisturí, basta con pasar la bayeta.

Aquí lo frágil y transitorio, hojarasca que el viento arrastra, es ese barniz institucional que en menos que canta un gallo se va al garete, dejando un rastro ruinoso de fastos de oropel y saqueos consumados: EXPOS de cartón piedra abandonadas a su suerte como la cascara de una gamba chupada con codicia; megalomanías de relumbrón y escaparate invadidas por las malas hierbas; y autopistas que no llevan a ninguna sitio, constituyen el mapa del tesoro que nunca tuvimos y nunca encontramos.

Así no es extraño que de las películas de este director se salga dolorido y con agujetas, pero reconociéndose.
Tomando, con el dolor, conciencia de nuestro cuerpo mortal. Una ventana abierta a la introspección y a la España real, tantas veces silenciada: corrupción, pobreza, y un pasado enquistado que gripa cualquier intento de conquistar el futuro y una democracia decente.

Fastos oficiales y realidad social mantienen en sus películas un diálogo enfrentado y hostil que nos atrapa desde el primer momento y nos hace testigos fascinados por esa desnudez con que se nos desvela la endeblez y doblez de la retórica publicitaria de las instituciones, la máscara infame de un poder constituido en pesebre y guarida.

El Consejo de Europa a través del último informe GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción) 2016 sobre España, viene a preguntarse y a preguntarnos si no nos da vergüenza llamar democracia a este bodrio, y que sin independencia judicial no hay tal cosa, sino en todo caso un sistema constituido ad maiorem gloríam de la corrupción y el cotarro. Este organismo considera que España desoye en gran medida sus recomendaciones.
O dicho de otro modo, que tras el examen se nos devuelve al parvulario de la transición a leer a Montesquieu.

Parece claro que hasta los grupos de estudio y análisis donde se deciden estos informes rigurosos, no llega el poder de nuestro comecocos nacional y su falsa retórica. Retorica que no falta en todo régimen inseguro de sí mismo, y cuyo conflicto con los hechos se manifiesta en un conflicto permanente con las palabras y con la verdad, un culto al silencio cómplice, y un exceso de ceremonias, genuflexiones, recepciones, discursos, y desfiles.

Y entre desfile y desfile saqueamos las pensiones.

Así que optimismo claro que sí, pero después de resolver estas pequeñas cosas. No veo yo a Unamuno tragando con lo que hoy tragamos.

El relato y el espejo que Alberto Rodríguez nos pone delante, nos devuelven una imagen dura pero fiel de nosotros mismos. Y esa imagen tiene muy poco que ver con los cuentos infantiles que nos venden al por mayor. Su realismo no hace concesiones. Hasta faltan esos momentos de humor y calor humano, que alivian el rigor de la denuncia social -también dura- de un Ken Loach, por ejemplo.

La “La isla mínima” y “Grupo 7”, dos películas ubicadas en el escenario de nuestro “sur”, feudo por antonomasia de ese “socialismo” oficial tan alabado por la derecha, que es cifra y clave de nuestra estafa histórica, son especialmente duras y deprimentes. Probablemente ese escenario de su cine más duro no es casual. Clientelismo y populismo de la espórtula barata, corrupción y demagogia, campan aquí a sus anchas, y la vieja esclavitud se mezcla con las fiestas de siempre.

Las historias desengañadas de nuestro director transcurren en un marco oficial que se descubre falso, y tras la primera capa, tan endeble como una burbuja, muestra su contenido, más real y mucho más crudo.
Sus historias son la historia de una democracia abortada y de una oportunidad perdida. También la historia de un fraude.

Y en ello seguimos.

Entre pedagogías y relatos

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Sorprende y casi asusta el distanciamiento o incluso el cinismo con que en estos días se defiende la oportunidad de confeccionar “relatos” y propinar “pedagogías” a la medida de unos ciudadanos (o militantes) a los que se considera párvulos e inmaduros (lean algunos artículos de El País).

Y no sorprende que el impulso que guía esa apología del “relato”, no sea literario o filosófico, en relación con el arte o la verdad, sino directa y fríamente  mercadotécnico, en relación con el mercado y la compraventa.
De lo que se trata es de venderles la moto.

Se ha llegado a tal grado de asunción del vacío de esas gestiones, que la estrategia y la forma es lo que importa, y el contenido, aunque viciado y espurio, se da por bueno. El mejor vendedor es el que vende, por un buen precio, una mercancía sin ningún valor.

Es el retorno de la retórica y la sofística en su sentido peor, como instrumento al servicio de cualquier cosa. Relato falaz. Relato mercenario. Abortamos un muñeco y después lo vestimos.

Durante los últimos años, el PSOE ha intentado confeccionar, casi desesperadamente, el “relato” de sus diferencias -al parecer insalvables- con el PP de Rajoy y Aznar, para así no perder turno y su puesto oficial en la alternancia del régimen bipartidista.
Objetivo que se antoja ahora casi imposible, porque los hechos son mostrencos y conocidos por todos, y los últimos sucesos, con el golpe de mano a su recién estrenada democracia interna, han venido a confirmarlo. Los hechos son los hechos y se mantienen en el tiempo. Las excusas son cada vez más flojas y envejecen mal.

Felipe González fue ya un gran muñidor y vendedor de contratos basura.
Desde la corrupción política y económica a la precariedad laboral; desde el distanciamiento de las instituciones de la realidad de los ciudadanos, al ahondamiento de las desigualdades; desde el sometimiento a poderes ajenos a la soberanía legítima, a la inquina contra los mecanismos legítimos de democracia directa, el PSOE de los últimos tiempos ha empujado el mismo carro que el PP, guiado por un mismo convencimiento, unos mismos intereses, y una misma ideología.

Hemos vivido en régimen de bipartidismo, que no ha sido otra cosa que la máscara del partido único (tan denostado por todo el que se dice liberal). Hasta ahora los militantes han tragado. El hecho nuevo es que según parece ya no.

Y esto les honra, si comparamos su rebeldía con otras militancias que hacen los coros a la corrupción de sus jefes.

El partido único

“Es la tendencia totalitaria de la filosofía política de Platón lo que trataré de analizar y criticar” (Karl R. Popper / “La sociedad abierta y sus enemigos”)

Aunque esto ya empezó con Platón (un pionero de la sociedad cerrada), últimamente la democracia no goza de buena prensa.

La fobia al referéndum -aunque en algunos países avanzados y envidiables de Europa lo que hay es una auténtica filia- es un capítulo más de la tendencia actual a desprestigiar el criterio de los ciudadanos, y con ello dejar cada vez menos margen de decisión a los mismos. O en su caso específico y concreto, a los militantes.

Y esto es así porque para un grupo de expertos que a veces se eligen a sí mismos o son elegidos a dedo, “la cosa esta clara”, y por tanto no tiene sentido contrastar o consultar opiniones distintas. Lee el resto de esta entrada

No me iré de aquí sin tu cabeza

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“No me iré de aquí sin tu cabeza” dicen que dijo Susana la costurera a Pedro el Bautista, la noche de los cuchillos largos.

Y efectivamente, se fue de Ferraz con la cabeza del Bautista debajo del brazo, y sin la suya propia sobre los hombros.

Coser lo que se dice coser, no ha cosido mucho, pero vaya degollina.

Subamos de nivel, que a mí la violencia, aunque sea orgánica, me causa repelús. Lee el resto de esta entrada

El gestor pedagogo

A nadie se le oculta –ni siquiera a sus causantes- que lo que se ha producido estos días en nuestro escenario político, es un hecho “grave” (Luena dixit) que no pasará desapercibido a los historiadores en el futuro, y que en pocas palabras consiste en que la primera puerta abierta a la democracia interna en el PSOE, se ha cerrado de golpe y con una patada en el pomo, similar a las que propugnaba Corcuera para abrirlas por las malas y sin permiso del dueño.

Más allá de que dicho golpe ha hecho inútil todo el trabajo de los últimos años para intentar desvincular a esa formación política del ominoso anagrama PPSOE, la brillantez y rapidez de la operación bélica vivida en estas jornadas trepidantes está a la altura de expertos contratistas, esos profesionales de la guerra. Nada de novatos.

La gravedad del hecho, junto a la división interna que ha producido en el seno del PSOE, se ha traducido en la creación ipso facto de una “gestora”. Suena a medida aséptica y tecnócrata, aunque en el fondo es traumática y falaz. Lo cierto es que no era lo que procedía, según los principios del buen juicio y el recto proceder.

En el plan consensuado en secreto por los comandos, estaba que una gestora, como ente metafísico, difuso, e irresponsable, carente de nombre y apellidos, se comiera el marrón de aupar a Rajoy. Una forma como otra cualquiera de ningunear y estafar a los militantes.

Ahora bien, uno se imagina a un “gestor”, frío como un témpano de hielo y tieso como un lápiz, y sobre todo neutral (en el sentido técnico del término).

Por eso no cuadra que el recién estrenado gestor de un PSOE suicidado voluntariamente y a conciencia por unos cuantos, se ponga a gesticular desde el minuto cero para llamar la atención del personal sobre lo que tiene que anunciarles y decirles, en nombre de todos, y que nadie le ha pedido, democráticamente, que anuncie y diga.

Mal empezamos. O si se quiere, mal acaba lo que mal empieza.

Uno se imagina a un gestor revisando las cuentas y pagando los recibos del agua y la luz, poniendo orden en los asuntos de la fontanería, y animando a los morosos a que cumplan con sus obligaciones, pero no decidiendo por su cuenta y riesgo lo que a la asamblea de vecinos corresponde decidir.
Al menos así era cuando yo formaba parte de uno de esos contubernios asamblearios y no se sí también antisistema, que se fraguan en torno a un patio de luces en el que la luz entra poco y los problemas a raudales.

Ayer escuché a un opinante decir que esto que hace el gestor Fernández al gesticular tanto y tan pronto se llama “pedagogía”, que es como tachar de párvulos y pardillos a los militantes de un partido tan viejo, después de birlarles la soberanía y el mismo partido en su propia cara.
En mis tiempos se llamaba lavado de cerebro. En fin.

El despotismo ilustrado (“La autoridad soy yo”), por llamar de alguna manera a algo tan torpe y tan poco fino, tiene una parte de pedagogía (pero menos que de negocio) que le auto exime de cualquier culpa y responsabilidad.

En cualquier caso, en una comunidad de vecinos, los propietarios son los propietarios, y el gestor es el gestor.
Y en un partido, los propietarios son los militantes. Esto también es pedagogía y primeras letras para instrucción de gestores ilustrados.

Dicho esto, no le envidio a Fernández (que no dudo que sea un buen hombre) el papelón que le ha tocado representar en tamaña performance: suministrador de obleas de molino a palo seco, de esas que se pegan en el velo del paladar y se atraviesan en el gaznate.

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