Archivos Mensuales: octubre 2016

Melasudismo

U268418

Es término afortunado y nuevo, que intenta explicar la extraña paradoja de Rajoy, que acabará siendo –si Dios no lo remedia- más rara y celebrada que la paradoja de Olbers. Dice esta última que aunque la luz es infinita, el cielo es oscuro. Dice la primera que aunque el tiempo tiene un principio y un fin, se nos hará eterno.

Me río yo de las paradojas matemáticas en las que consumen sus cerebros los más estrambóticos  genios, y de las aporías de Zenón que demuestran que el movimiento no existe.
Aquí los quería yo ver, como nuevos Aquiles, intentando dar alcance a la tortuga en que cabalga Rajoy, porque aunque él no se mueve, nadie le alcanza, ni siquiera la justicia.

Con más conchas que una galápago tuneado, como el acorazado Potemkin de la involución triunfante, como la demostración viva de que el tiempo es reversible (basta con quedarse quieto y dejarse llevar por la corriente que retrocede desde el fin de la historia a su principio) todo lo resiste, todo se la suda.

Zombi viviente, o como decía  el otro vivo, animal inanimado, ha inventado una nueva filosofía política y un nuevo movimiento ético: el Melasudismo.
Ante su magnetismo animal de animal inacabado, hasta la justicia se queda fascinada y quieta, presa de su mal de ojo.

¿Qué hay que acabar con la sanidad pública? Pues se acaba.
¿Qué hay que acabar con las pensiones? Pues se finiquitan.
¿Qué hay que organizar una caza de brujas desde el ministerio del interior? Pues se hace, que para eso están las cloacas.

¿Qué hay que poner los chorizos a curar en el Senado? Pues se cuelgan del techo, que para algo tiene que servir una casa tan fresca. ¿Qué hay que ordenar silencio y firmeza de carácter a un cómplice que flaquea y pide auxilio? Pues se le ordena, tranquilidad y silencio, y aquí no ha pasado nada.

¿Qué los cómplices confiesan? Pues se compra el confesionario.

Todo eso y mucho más, se la suda. Hasta el mismo rey se la trae floja.

¿Será republicano?

Sobrado y más que sobrado, melasudado y fresco como una lechuga, se le ha visto en esta nueva investidura que desnuda todas nuestras vergüenzas juntas (hasta ahora sólo ha sido un desmaquillarse), y deja a nuestro país a la altura del betún.

Porque yo me pregunto: ¿En que otro país del mundo civilizado podría un aspirante a presidente de gobierno (y repitiendo) permitirse el lujo de chotearse de la justicia en su propia cara e investidura? ¿Hacer chiste y broma –delante de todas sus señorías- de un SMS de apoyo y recomendación de firmeza cómplice, al titular de un botín oculto en Suiza (y digo botín y no plusvalía) que ya era en ese momento de dominio público?

No lo busquen porque no lo hay. Sólo aquí esas cosas suceden. Pero suceden sin suceder, sin movimiento aparente ni consecuencias definidas, salvo que sus señorías se ríen y lo encuentran gracioso.
Lo cual viene a abundar y coincidir con el diagnóstico del informe GRECO (nos tienen calados), según el cual la independencia judicial, uno de los requisitos fundamentales para doctorarse de democracia occidental, aquí brilla por su ausencia. Ergo…

En otros tiempos más calamitosos de católica severidad e incendiaria inquisición, Rajoy habría acabado en la hoguera ardiendo como una queimada.
En primer lugar por “quietista” recalcitrante (nefanda y descansada herejía), y en segundo lugar por contumaz y relapso, que ya no sólo hace alarde y chiste de sus fechorías, sino que se mea en las mismas llamas de la justicia.

El cable que le ha echado el PSOE es tubería tan generosa e infecta, que Rajoy se ha vuelto danzarín y va sobrado por el mundo. Este país se le queda chico, no lo duden. Que se prepare la globalización en marcha, que en menos que canta un gallo la pone a levitar en hipnosis inescrutable.

El partido de Antonio Hernando y Susana Díaz, mientras tanto, al que por ese cable amigo, Rajoy le va chupando la poca savia que le quedaba (y sin levantarse del sillón), camina exangüe y sin rumbo, desactivado y desangelado, rumbo a su invierno perfecto. No digo que no se lo merezcan.

Han investido a la corrupción. Nunca una boda se pareció tanto a un funeral, ni un muerto a otro muerto.

¡Ah de la justicia, allí donde habite! ¡Ah del fiscal, perrito faldero!
¡El candidato, que ya es presidente de gobierno, ha confesado, aunque disfrazado de chiste!
Figura en el Diario de sesiones. Sólo falta el dibujo de Mingote o la gracia de Forges.

El debate presente debería ser, por tanto y ya poniéndonos serios, si el melasudismo es lo que más nos conviene en esta encrucijada histórica tan difícil, o si es el mejor antídoto contra la decepción y la frustración fofa que ya empiezan a inundar el país de cabo a rabo.

Desde la más fría reflexión, y desde la más impávida esperanza, cabe preguntarse -aunque sin prisas- si es posible algo así como un “entusiasmo melasudista” que nos señale el futuro con ilusión y empuje, o si ante un futuro que nos la suda es preferible quedarse en dique seco y leyendo el Marca.

Ósea, la incógnita es si el Melasudismo, constituido en santo y seña de la nueva era, nos llevará a algún sitio positivo más allá del horizonte; si mangando por doquier, y luego contando un chiste al respecto, nos ganaremos un lugar en la historia y un hueco entre las naciones grandes.

Aunque sea en la historia de la infamia, que todo sirve cuando no sirve nada.

Anuncios

Javier Paxariño

Javier Paxarino “Amanecer En La Sabika”

 

DeAngel – Javier Paxariño – Pangea.MP4

 

 

Vergonzoso

discurso-de-hernando

Indultos vergonzosos (de amiguitos del alma), amnistías fiscales (de delincuentes privilegiados), aforamientos vergonzosos… de nosotros mismos, recriminó en su discurso Hernando a Rajoy, sin despeinarse y sin pasar vergüenza (al menos sus gafas no viraron del azul al rojo, permanecieron azules).

Símbolo, como pocos, de la hipocresía reinante, de la mentira política como forma de medrar, y mecanismo de promoción en esas agencias de colocación y pesebres que gobiernan España, Hernando es de los que sobreviven porque vale para un roto y para un descosido, pura forma sin contenido, es el comodín de todas las salsas, sus convicciones tienen más colores que un muestrario de retales, y vayan por donde vayan los tiros, el siempre cae de pie y sin un rasguño.

Si tuviera que concretarse la metáfora de un partido en un personaje, Hernando sería el mayor síntoma y signo de un PSOE que puede ser PP o PSOE (PPSOE) según la circunstancia y le convenga al aparato.
Hasta ha tenido la divertida fortuna de llamarse igual que el otro Hernando (el del PP), intercambiables en casi todo, como sus respectivas marcas políticas.

Le ha tocado defender la abstención, como le ha tocado ser metáfora de esta España disciplinada y disciplinante.
Arrestos no le faltan. Igual le dan cinco que cincuenta. Tiene madera de hombre de estado. Le auguro un largo futuro en la España del pasado.

Por eso su discurso de ayer en la investidura de Rajoy no desmereció, y fue inevitable escucharlo con bastante retranca, ya que fue pronunciado con sobrado cinismo.

En este tipo de discursos, donde el orador no se cree lo que cuenta a los demás, es donde se nota el oficio y la esforzada educación orgánica, que aunque orgánica no crea otra cosa que autómatas mecánicos. Una especie de golem con carnet.

Los hilos mentales del orador y del escuchante avisado, aunque discurren paralelos, se disocian a cada momento de mentira y trampa, y se vuelven a unir un poco más tarde para retomar la perorata (aunque sin fe) en una extraña danza de la verdad con la mentira. Es parte inevitable de nuestra ceremonia de la confusión y su doble lenguaje.
Pero es mentira que ya cansa, porque no está el horno para bollos ni timos de la estampita.

Es un esfuerzo inútil -opino yo- que a estas alturas el PSOE intente marcar distancias con el PP, porque más allá de la catequesis que tenga que propinar a su parroquia, está la realidad. Así que en cada uno de esos intentos, se encuentra en un brete y hace bastante el ridículo, porque cada vez que recrimina los vicios al partido corrupto, menciona la soga en casa del ahorcado.

Y es que esta soga ata mucho, porque -y retomo el principio de mi argumentación- la primera amnistía fiscal a delincuentes de postín e influencia, la hizo el PSOE.
Indultos escogidos de gente poderosa y amiga, los hizo el PSOE.
Y aforamientos vergonzantes, los gozan todos, salvo los que por vergüenza torera y un resto de dignidad, a ellos han querido renunciar.

El dedo de la dedocracia, en este caso, se vuelve contra el que señala como un boomerang.

Por no adentrarme en otros asuntos de todos conocidos, como que las bases legislativas para la privatización de la sanidad son obra del PSOE, y los contratos basura con otros recortes a juego, fueron la especialidad y empeño personal de Felipe González, con quien empieza esta retahíla involutiva de recortes de derechos y este desfile que ahora quiere acabar con las pensiones.

En esta investidura que pasara a la historia, la abstención del PSOE reducida a abstención “técnica”, es mentira reducida a mentira “técnica”. Pero mentira entera.

No es el bien de España el que les empuja a esta abstención, es el mandato superior de los que en realidad mandan (aquí ya no decide nadie de los que la Constitución señala como soberanos), y el previsible y casi seguro batacazo electoral de las terceras pero legítimas elecciones.

Alquimia

Se nos propone una alquimia dudosa: trasmutar en esperanza ilusa la decepción que procede de hechos comprobados; creer, por el bien de España, que el partido que ha presidido el saqueo del Estado cree en el Estado; que el partido que ha robado lo propio y lo ajeno, respetará nuestros bienes, y que en sus manos el patrimonio público está a salvo; creer que un partido corrupto nos va a sacar del atolladero; creer que va a proteger y fortalecer nuestra sanidad pública, cuando ha intentado estrangularla y destruirla en beneficio de sus amiguitos del alma -los del carrito del helado- y del negocio privado (no pudo gracias a las movilizaciones en la calle y la lucha en los juzgados, pero seguirá intentándolo); que va a salvar nuestra educación, cuando la ha hundido; que va a proteger nuestras pensiones, cuando las está saqueando; que va a revitalizar nuestra fuerza productiva, cuando expulsa a nuestros jóvenes del país, y propone que los pensionistas sigan trabajando después de jubilarse (eso es progreso); que va a revolucionar nuestro aparato productivo, cuando no ha hecho ninguna reforma en ese sentido, sólo recortes de posibilidades y derechos, que nos han llevado al austericidio; que va a dignificar la vida de los trabajadores, cuando su ideología extrema y radical dicta lo contrario, y de la teoría en la que cree ha pasado a los hechos que consuma: ahí están los trabajadores, como nuevos esclavos y nuevos pobres, que no avanzan, sólo sobreviven (en muchos casos gracias a las pensiones de sus mayores); creer que va a haber mayor igualdad entre los españoles, cuando los privilegios de muchos (incluidos los políticos) no se han tocado, y los servicios públicos sobreviven gracias a los contratos basura y la explotación y discriminación de los interinos (somos el país de los interinos, gracias al PPSOE); creer que los delitos económicos y la corrupción que dilapidan nuestra riqueza van a ser perseguidos, cuando hasta ayer y hoy mismo se les protege y ampara; creer que va a haber más y mejor democracia, cuando cada vez hay menos y peor, incluso dentro de los partidos (ahí está el golpe en el PSOE), y de ello se alegra el gobierno en funciones, que mientras ha estado en funciones no ha hecho tanto daño; y en este sentido, creer que somos un ejemplo para el mundo, cuando el informe GRECO 2016 duda incluso de que seamos una democracia; creer que nuestros privilegiados representantes han entendido el mensaje y trabajarán por la regeneración de España, cuando no han entendido nada (o si) y se agarran con uñas y dientes a un sistema corrupto, con el adorno retórico de llamarse constitucionalistas. Y con esa finalidad, la rendición sin condiciones del PSOE es en realidad una colaboración entusiasta, pero estas cosas se saben en los niveles en que estas cosas se deciden, de ahí que no se convoque a la militancia.

Esa alquimia que proponen, se llama “comecocos”. Medios no les falta.

Pero es mucho creer. Digan lo que digan, el plomo nunca se trasmutó en oro, ni el corrupto se regeneró a sí mismo.

La esperanza existe, pero está en otra parte.

Dalí, ese desconocido — Espacio de Cristina

Hace años compartí este pequeño documental sobre una parte de la vida de Dalí, para mí era un desconocido y me sorprendió. Un saludo para todos vosotros

a través de Dalí, ese desconocido — Espacio de Cristina

Cambio y hojarasca

hojarasca-de-otono

Como viene siendo la tónica habitual del cambio climático, septiembre cae y llueve en octubre. Y como viene siendo la tónica habitual del cambio político, no cambia nada.

Los mangantes de siempre repiten.

Nada nuevo bajo el sol. Lo que fue será. Lo viejuno disfrazado de post modernidad y desbloqueo. Desempolven el palio y el catecismo del padre Astete, que a lo peor se usa para presidir este nuevo desfile hacia al interior de la caverna. Un pase de modelos hecho de retales. Un nuevo Frankenstein resucitado, aunque corrupto. Sólo ha hecho falta coser una mentira con otra. Un Rajoy con una Susana.

Ya lo anunció la profetisa, hilo y guadaña en mano.

Caído el telón, muchos militantes y votantes socialistas, cuyo voto ha servido para aupar y dar talla histórica a Rajoy (un fraude al parecer legítimo, valga la contradicción), en su desorientación y cabreo están esperando que alguien se acerque a ellos, e indicándoles con la mano extendida que miren hacia una cámara hasta ahora invisible, les confirme que todo ha sido una broma pesada, un mal sueño.
O que ha sido uno de esos falsos documentales de extremado verismo, fraguado durante meses, con el que nos convencen de que nunca hemos llegado a la luna, y que todo fue un montaje cinematográfico. Así, ahora intentan convencernos de que el PSOE y sus votantes nunca apoyaron a Rajoy y sus trampas, que todos los participantes eran actores (incluidos los militantes gritones enjaulados entre vallas), y el escenario de Ferraz, pura tramoya.

Pero la alarma del despertador ha sonado y toca abrir los ojos. De la misma forma y por las mismas razones que ahora tantos socialistas despiertan, hace ya tiempo otros muchos despertaron. Y los despiertos empiezan a ser multitud.

En el “aparato” lo saben. Por eso ayer, en un rincón especifico de Ferraz, mientras trascurría una votación ya previamente decidida e informada al rey, los paraguas contra la lluvia y las maletas de mano, las carteras y demás enseres, se apelotonaban en cerrada formación y disciplinada mentira para salir por piernas hacia el AVE liberador.

El cambio climático, dicen los que saben de estas cosas, es obra del hombre. Y la falta de cambio político -una oportunidad para alejarse de la corrupción y la indignidad- también.

Aquí rige la física de las grandes masas, de los grandes bultos, de los grandes miedos, de las grandes coaliciones, de los grandes fraudes, de los grandes poderes, una física newtoniana. Que sólo es verdad en apariencia. Sólo un milagro cuántico -un golpe de suerte que oponer al golpe de mano- podría desviarnos de nuestra carrera cerril hacia ninguna parte. Esa es nuestra gravedad: orbitar el vacío y el espacio saqueado. En pleno otoño despertamos al invierno, y la hojarasca caída deja ver las ramas desnudas.

El desierto como horizonte que ya se vislumbra, no es un espejismo: es lo que tenemos delante.
Ya empieza a faltar el agua de las pensiones, de la que tantos -grandes y pequeños- beben para no morir.

Nos guían, sedientos, hacia pozos secos los becerros de oro que nunca pasan sed. Cada vez más dentro de la boca del lobo, cada vez más ciegos.

 

Alberto Rodriguez

Decía Correa en su declaración del otro día -con la circunspección de un mangante disfrazado de hombre de negocios- que el juez Garzón le había “pillado con el carrito del helado”  mientras en el PP se comían los helados en cucurucho para no mancharse las manos.

Una frase breve –dicha por un experto- que sintetiza como pocas nuestra historia reciente.

Y en la actualidad, la clave de nuestro destino político está en averiguar si, más allá de la sonrisa pícara de Fernández, las caras de los miembros de la gestora golpista reflejan susto o mala conciencia. En cualquier caso, son un poema, y malo.

Frases breves y rostros sincopados que lo dicen casi todo.

En cuanto a la gestora infusa descendida del elevado cielo platónico, hay quien se siente aliviado con la llegada de esos “hombres fuertes “, no se sí con el mismo alivio de los que llamaban “caballeros” a Videla y camaradas, esos que secuestraban niños y organizaban vuelos para despachar a sus padres.

Esos “caballeros”, además de “hombres fuertes” suelen ser “salva patrias” en sus tiempos libres, para completar el currículum.

Ver las películas de Alberto Rodríguez es como mirar el envés de una máscara, como darle la vuelta al calcetín de la marca España, una patada en los mismísimos del triunfalismo oficial y de la publicidad barata.
Ese triunfalismo y vanagloria que nos llevan vendiendo desde la misma transición sacrosanta, como antes se le paseaba prepotente y bendecido bajo palio, con un destino tan universal como limitado y cutre.

Cuarenta años de régimen fascista (único caso en Europa) seguidos de cuarenta años de corrupción política y económica (caso raro también en Europa, salvó la anomalía italiana de la democracia cristiana simbiótica de la mafia), constituyen el terreno fértil sobre el que crece y se marchita la España real que Alberto Rodríguez nos muestra, sin contemplaciones y sin necesidad de escarbar demasiado.
No hace falta bisturí, basta con pasar la bayeta.

Aquí lo frágil y transitorio, hojarasca que el viento arrastra, es ese barniz institucional que en menos que canta un gallo se va al garete, dejando un rastro ruinoso de fastos de oropel y saqueos consumados: EXPOS de cartón piedra abandonadas a su suerte como la cascara de una gamba chupada con codicia; megalomanías de relumbrón y escaparate invadidas por las malas hierbas; y autopistas que no llevan a ninguna sitio, constituyen el mapa del tesoro que nunca tuvimos y nunca encontramos.

Así no es extraño que de las películas de este director se salga dolorido y con agujetas, pero reconociéndose.
Tomando, con el dolor, conciencia de nuestro cuerpo mortal. Una ventana abierta a la introspección y a la España real, tantas veces silenciada: corrupción, pobreza, y un pasado enquistado que gripa cualquier intento de conquistar el futuro y una democracia decente.

Fastos oficiales y realidad social mantienen en sus películas un diálogo enfrentado y hostil que nos atrapa desde el primer momento y nos hace testigos fascinados por esa desnudez con que se nos desvela la endeblez y doblez de la retórica publicitaria de las instituciones, la máscara infame de un poder constituido en pesebre y guarida.

El Consejo de Europa a través del último informe GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción) 2016 sobre España, viene a preguntarse y a preguntarnos si no nos da vergüenza llamar democracia a este bodrio, y que sin independencia judicial no hay tal cosa, sino en todo caso un sistema constituido ad maiorem gloríam de la corrupción y el cotarro. Este organismo considera que España desoye en gran medida sus recomendaciones.
O dicho de otro modo, que tras el examen se nos devuelve al parvulario de la transición a leer a Montesquieu.

Parece claro que hasta los grupos de estudio y análisis donde se deciden estos informes rigurosos, no llega el poder de nuestro comecocos nacional y su falsa retórica. Retorica que no falta en todo régimen inseguro de sí mismo, y cuyo conflicto con los hechos se manifiesta en un conflicto permanente con las palabras y con la verdad, un culto al silencio cómplice, y un exceso de ceremonias, genuflexiones, recepciones, discursos, y desfiles.

Y entre desfile y desfile saqueamos las pensiones.

Así que optimismo claro que sí, pero después de resolver estas pequeñas cosas. No veo yo a Unamuno tragando con lo que hoy tragamos.

El relato y el espejo que Alberto Rodríguez nos pone delante, nos devuelven una imagen dura pero fiel de nosotros mismos. Y esa imagen tiene muy poco que ver con los cuentos infantiles que nos venden al por mayor. Su realismo no hace concesiones. Hasta faltan esos momentos de humor y calor humano, que alivian el rigor de la denuncia social -también dura- de un Ken Loach, por ejemplo.

La “La isla mínima” y “Grupo 7”, dos películas ubicadas en el escenario de nuestro “sur”, feudo por antonomasia de ese “socialismo” oficial tan alabado por la derecha, que es cifra y clave de nuestra estafa histórica, son especialmente duras y deprimentes. Probablemente ese escenario de su cine más duro no es casual. Clientelismo y populismo de la espórtula barata, corrupción y demagogia, campan aquí a sus anchas, y la vieja esclavitud se mezcla con las fiestas de siempre.

Las historias desengañadas de nuestro director transcurren en un marco oficial que se descubre falso, y tras la primera capa, tan endeble como una burbuja, muestra su contenido, más real y mucho más crudo.
Sus historias son la historia de una democracia abortada y de una oportunidad perdida. También la historia de un fraude.

Y en ello seguimos.

Animales

“También he sabido que en Alejandría, Egipto, un elefante compitió con Aristófanes de Bizancio por los favores de una mujer que era tejedora de guirnaldas”.

“Si me viera en la ocasión de exponer ante alguien la excelente predisposición para la obediencia y el aprendizaje que tienen los elefantes indios, etíopes o libios, esa persona podría pensar que me excedo en la pintura de la realidad, que trasmito consejas y que con rumores falsos pretendo cambiar el natural verdadero de esos animales, cosa que debe evitar todo hombre que guste del saber y se adhiera con ahínco a la verdad”.

“Yo, con mis propios ojos, vi cierta vez a un elefante que escribía con la trompa letras romanas en una tablilla, manteniendo un trazo recto y definido”. (CLAUDIO ELIANO / Historia de los animales).

 

Animales no son “los otros”, somos nosotros, es decir, todos los que somos animales. Todo bípedo implume debiera saber esto.

Claudio Eliano nos cuenta como los delfines, movidos de su buen corazón, salvaban náufragos, y como los hombres –algunos- respetaban a los delfines y les daban sepultura.

Sin remontarnos a nuestro compartido código genético con las plantas, nuestro íntimo y comprobado parentesco con todo ser vivo, debiera producirnos a nosotros que podemos -pues somos conscientes de ello- una cierta veneración, y determinadas reflexiones. Lee el resto de esta entrada

De palabras y falsos mártires

De palabras. Estamos hechos de palabras. Palabra interior o palabra expresada, pero esa es nuestra condición, las palabras van –y vienen- siempre con nosotros: cuando soñamos, cuando imaginamos, cuando callamos, cuando nos hacen callar… o lo intentan.

El Ulises de Joyce es palabra que ni ceja ni se detiene, corriente de conciencia que fluye a borbotones como la sangre y la vida, imparable. Somos el animal que habla hasta el último suspiro.

Por eso cuando nos prohíben hablar, es como si nos prohibieran respirar, están violentando nuestra misma condición humana. Por ejemplo, con leyes mordaza, con inquisiciones, con fanatismos, con el control y el monopolio de los medios de comunicación. Lee el resto de esta entrada

Contradicciones

A veces el nerviosismo hace que incurramos en contradicciones. Nos pasa a todos cuando la verdad inconsciente no coincide con la verdad declarada.

Viene esto a cuento de las frecuentes y evidentes contradicciones que últimamente observo en los medios en relación con PODEMOS, y en las que parece que la música va por un lado y la letra o los datos por otro, pero -y esto es lo incongruente- brotando de la misma fuente, del mismo lobby.
Quizás por una debilidad de la memoria inmediata o una excesiva avidez del mensaje a vender, se incurre en contradicción.

¿Esta dicotomía se debería a algún tipo de nerviosismo en que el deseo incontrolado de manipular la realidad ofusca la mente, y afirma lo que al mismo tiempo desmiente?

Veamos un ejemplo: casi al mismo tiempo y el mismo día que a los simpatizantes o votantes de PODEMOS se les calificaba de “lumpen” en un medio muy señalado de nuestra prensa nacional, se describe y demuestra con datos, pelos y señales, que este nuevo partido emergente se nutre en sus votos y simpatías principalmente de las clases urbanas, modernas, y cultas (con estudios superiores) que han abandonado, frustradas y desengañadas, al PSOE.
Así ese “lumpen” que un poco antes se menciona coincidiría con los “sectores de la sociedad que son muy representativos de los valores de progreso”, “muy representativas de la modernidad”, es decir “los sectores más avanzados de la sociedad”.

Otro ejemplo: al mismo tiempo que se nos describe, como si fuera la primera lección del parvulario civil, que es “Populismo” (ese intento de conseguir el poder diciendo a la gente lo que quiere escuchar, haciendo pasar las mentiras por verdades, aspirando a cosas tan imposibles como molestar a los que roban, etc., etc. ), y se trae como botón de muestra de ese fenómeno siniestro a PODEMOS (no sin antes ponerlo junto a Donald Trump, en un alarde de la técnica milenaria del lavado de cerebro), se explica un poco más adelante que la formación política que ha demostrado especial lucidez y perspicacia al hacer el diagnóstico correcto de nuestra triste situación política y social es justamente PODEMOS.

¿No es el diagnóstico certero la primera etapa de una terapéutica idónea?

Cierto es que otros tienen a los podemitas como expertos en la denuncia de los vicios, e imberbes en aportar y explicar las soluciones. En definitiva, cosa de jóvenes, como si la corrupción fuera cosa de viejos y experimentados sabios, y las “soluciones” veteranas que nos han traído hasta aquí fueran el síntoma más claro de la mayoría de edad.
Cabe pensar que quien así respira, no se ha leído los programas, ni ha mirado lo que tiene delante.

Tanta contradicción sólo puede provenir de nerviosismo. Y el nerviosismo es una emoción que se contagia mucho.
Hasta los más nobles ideales no están libres de ese contagio.

A lo que voy: no es deseable para un político o un partido político dar miedo, salvo que nos refiramos a la prevención que el delincuente de forma natural debe tener hacia la investigación del delito y actos consecuentes de la justicia. Pero eso son cosas de la justicia, que esperemos que en un futuro no muy lejano tenga vida propia en nuestro país, como en las democracias de verdad.

Si nos referimos a otro tipo de situaciones, regímenes, mafias, o cotarros de todos conocidos, también está de más el miedo que podamos provocar, porque los que están en ellos implicados hasta las cachas, ya se dan miedo a sí mismos, no hace falta ayudarles.
Obvio es y sobra decir que a quien más miedo tienen algunos de nuestros prohombres más señalados  y pringados, es a sus “amiguitos del alma”, antiguos camaradas de inconfesables saqueos.

Un partido político lo que tiene que provocar es ilusión y esperanza, y trabajar con honestidad por las causas que considera justas. Con la conciencia limpia y los objetivos claros se llega a todos los sitios, aunque se tarde en llegar. No siempre va a estar el mundo al revés, como ahora. De vez en cuando el mundo recobra la cordura, y hay que trabajar en esa dirección y para ese momento. Con paciencia y sin desanimo. El miedo y el desánimo es el juego de aquellos que no tienen la conciencia tranquila, no el de los políticos honestos.

A %d blogueros les gusta esto: