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SESCAM: El gusano y la app

gusano

 

La gestión posmoderna de nuestra sanidad tiene más de postureo y performance que de realidad sólida que alimente y sacie.

Ello es lógico porque ya todos nuestros gestores son impúdicos y todos nuestros políticos son neoliberales.

Lo primero es saquear y vaciar el contenido, hasta ahora sólido, de nuestra sanidad, y disfrazar esa deriva hacia la quiebra de falso espejismo tecnológico. De ahí las fotos, las inauguraciones mediáticas, y las alharacas políticas en torno a sofisticados instrumentos tecnológicos de última generación. Esperemos que no acaben como los aeropuertos sin vuelos y las autopistas sin coches. De hecho vamos hacia una sanidad sin profesionales que la ejerzan, tal es el maltrato y la insensatez.

Un gusano basta para revelar lo cutre bajo el disfraz, y una app confirma la puerilidad del disparate en curso.

Estos días ha circulado por las redes una foto de un “gusano” en una comida precocinada y envasada de las que el SESCAM acostumbra a enviar a sus centros de guardia de atención primaria, útiles sin duda para que los profesionales de guardia no pasen hambre y no pierdan un tiempo del que carecen en andar cocinando su alimento, en esos turnos insalubres y saturados de pacientes que duran 17 o 24 horas seguidas.

En algunos PAC de la atención primaria del SESCAM algunos profesionales completan hasta 65 horas seguidas de guardia (o más), que ya es, como todo el mundo comprende, un record de sofisticación laboral y gestión avanzada, posmoderna.

El gusano ha traído miga -y nunca mejor dicho-, no solo por su tamaño (considerable) sino porque ante la falta de conocimientos entomológicos la discusión ha sido viva y animada entre los opinantes en torno a la identificación del “bicho”. ¿Gusano de seda o Procesionaria del pino?

Hay quien ha aventurado la hipótesis de que se trata de una acción deliberada de algún iluminado chef posmoderno en reivindicación de una cocina sincrética y multiculturalista, toda vez que algunas culturas ven en los insectos y otros bichos menores un auténtico manjar propio de sibaritas.

La duda surge si consideramos que el bicho en cuestión, que apareció acompañando a una tortilla de patata con pimientos verdes, pudiera ser una procesionaria del pino, que tragada inconscientemente por el sanitario de guardia (confundiéndola con un pimiento) podría haber desencadenando en este un edema de glotis de campeonato, determinando una urgencia sanitaria en el mismo sanitario de urgencias, a solas consigo mismo.

Es este un ejemplo de cómo lo cutre aflora enseguida a la superficie en cuanto se rasca un poco la capa de barniz que recubre este ámbito de gestión. Pero hay más.

Es sabido que los PAC de la atención primaria del SESCAM se han convertido en un ámbito laboral de máximo riesgo, un foco de violencia contra los sanitarios de guardia fruto de la mala educación de algunos usuarios, del mal uso de los servicios de urgencias por patología banal, pero también y en gran medida por una gestión disparatada (posmoderna o premoderna, no está claro) de nuestra atención primaria, gestión que promociona y alimenta las listas de espera en este ámbito de la asistencia primera, teóricamente inmediata, continua y accesible (todo mentira).

Aunque es un punto de asistencia (los PAC) dónde en pocos años se ha triplicado la demanda (por la mala gestión de las consultas), los recursos profesionales siguen siendo los mismos que 13 años atrás, escasos y mal dotados de material (no se les suministra o se les interrumpe con frecuencia medicación básica e imprescindible en un botiquín de urgencias).

Son servicios que con un solo equipo (médico + enfermero) tienen que cubrir una demanda cada vez más abultada durante turnos largos e insalubres.

Algunos de estos PAC con un solo equipo (1 médico + 1 enfermero) cubren hasta 6 residencias de la tercera edad que carecen de personal médico y de enfermería (es de vergüenza como se ha relajado esta cuestión de cara al negocio), asumen todas las listas de espera de todas las consultas del área, cerradas a cal y canto un día si y el otro también, y son movilizados por el 112 con demasiada frecuencia para asistencia que no es de su competencia, que no viene al caso, o que es informada sin ninguna coincidencia mínima con la realidad.

En cuanto a nuestras residencias de mayores, lo mínimo sería que dispusieran de personal médico y de enfermería. El personal auxiliar, aunque más económico, no puede suplir esa función, es obvio.

Escena cutre y sintomática es sin duda observar a estos profesionales del PAC (explotados en sus condiciones laborales) movilizados junto a los servicios de emergencias del 112 para atender accidentes de tráfico. Estos últimos con cascos y gafas protectoras, los otros sin ese material; estos con ropa adecuada, los otros de cualquier manera; estos con material suficiente y medios, los otros desprovistos de todo.

Pero retomemos el hilo de la violencia, porque los PAC de la atención primaria del SESCAM han saltado a los medios locales y nacionales de comunicación por el inusitado numero de agresiones con extrema violencia que han sufrido sus sanitarios en estos últimos tiempos. Recordemos como ejemplo entre muchos al compañero médico agredido con una barra de hierro, que sigue en coma, y a su compañera enfermera que, presa del pánico, se encerró en el vehículo oficial para salvar la vida. ¡Qué poco ha durado la atención mediática sobre este episodio terrible!

Si atendemos a las condiciones precarias y mezquinas con que se les explota (no se les reconoce nocturnidad aunque son personal nocturno), la cara dura de los gestores, cómodos y bien protegidos en sus despachos, y la gestión disparatada de la que estos son capaces, no debe extrañarnos esta epidemia que se ha acentuado con la actual administración, sedicente “progresista”.

Una medida de seguridad real y eficaz sería –como han argumentado repetidamente los profesionales del PAC- dotar a los PAC de “doble equipo” (mínimo), toda vez que se hace imprescindible esta mayor dotación por el incremento de la demanda que se ha experimentado (ya hemos analizado las causas, y entre ellas la mala gestión), y toda vez vez que está comprobado que un momento de máxima tensión y que genera violencia es el momento en que el único equipo del PAC tiene que abandonar el centro evacuando una sala de espera llena de pacientes, que en ocasiones llevan esperando más de una hora, para asistir una urgencia externa.

Los gestores posmodernos que padecemos (ellos si tienen servicios de seguridad) no se han dignado emitir unas mínimas instrucciones o protocolo sobre el modo de actuar en estos casos tan frecuentes, o los procedimientos de evacuación acordes con la deontología, la legalidad, y la preservación de la integridad física de los sanitarios que asumen el riesgo y se juegan el tipo en cada guardia. Estos gestores nuestros saben inaugurar aparatos y ponerse medallas, pero hasta aquí (emitir unas instrucciones mínimas y firmadas sobre asunto tan grave) no llegan.

Cabría proponer, si no admiten la mayor dotación de personal que exige el sentido común y la protección de los profesionales (responsabilidad de la empresa), que cedieran sus servicios y dispositivos de seguridad de que gozan en sus despachos, ámbito donde seguro la violencia no es tan frecuente como en los PAC de atención primaria, que la sufre a diario. O aconsejar que ante casos de violencia como los que hemos padecido (recordemos a nuestro compañero en coma), no solo se denuncie al agresor sino también a la empresa que no pone medios suficientes para proteger a sus profesionales, guiada por una política mezquina de recortes e incapaz de una gestión que evite tales males.

Lo que no es de recibo que es que el SESCAM diga que todo este desastre lo va a solucionar incorporando una “app” a los teléfonos de los centros, que son unos teléfonos precámbricos que se caen de viejos, o sea directamente cutres.

¡BASTA YA!

 

 

 

 

 

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ACERCA DE LAS INSTRUCCIONES PARA LA REALIZACIÓN DE CALENDARIOS DE COBERTURA DE ATENCIÓN CONTINUADA EN LA GAI DE GUADALAJARA AÑO 2019

Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM)

Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM)

 

Leídas dichas instrucciones nos remitimos a lo de siempre: dichas instrucciones se articulan en torno a una irregularidad grave que se mantiene, cual es el incumplimiento de la jornada ordinaria del EAP en contra de la jurisprudencia firme del Tribunal supremo (recurso número 4848/2000), que deja claro que el descanso posguardia es un descanso y no computa como jornada cumplida ni exime de cumplirla. Estamos por tanto ante un modelo absurdo que promueve y premia el incumplimiento de la jornada legal (ordinaria de consulta) del EAP, o dicho de otra forma, incentiva el engorde artificial y contraproducente de las listas de espera, causa de deterioro de nuestra atención primaria.

PRIMER ERROR: EL ORDEN LEGAL DE PRECEDENCIA. Consiste en maximizar la jornada complementaria del EAP (4 guardias), incluso permitiendo jornada especial, para llevar también al máximo el incumplimiento de su jornada ordinaria de consulta. O dicho de otro modo: dopar mediante trucos de gestión a las listas de espera para que crezcan y engorden. Con amigos como estos, nuestra atención primaria no necesita enemigos.

Unos rudimentos básicos de gestión implican haber leído el Estatuto Marco, donde se define con claridad (nivel de parvulario) qué es JORNADA ORDINARIA, y qué es JORNADA COMPLEMENTARIA. Con un grado de comprensión lectora que se presupone se observa en seguida que JORNADA ORDINARIA es aquella que se cumple y completa antes de abordar la JORNADA COMPLEMENTARIA. O dicho en lenguaje más sencillo y accesible, incluso para los gestores: el cumplimiento de la jornada ordinaria precede al desarrollo de jornada complementaria, y no digamos especial.

Para estas gerencias de atención primaria del SESCAM que padecemos, para las que no hay estatutos marcos ni leyes que valgan, hacer justo lo contrario de lo que dicta la Ley no supone ningún obstáculo insalvable. Por tanto, anteponen (esta es la base de estas instrucciones de Guadalajara) la realización máxima (incluso especial) de horas extraordinarias (ávida dollars) del EAP, a costa de incumplir con creces y en grado sumo la jornada ordinaria de consulta. Ya tienen ahí la base para el engorde artificial y la reproducción asistida de las listas de espera. Se trata de un sistema hormonado donde lo que subyace no es músculo auténtico sino agua, pura ficción. Y todavía les pagarán incentivos. Por cargarse la atención primaria, dopándola con jornadas de mentira.

Desde el punto de vista equipocentrista (una versión del antropocentrismo precopernicano) este desastre (porque desastre es) se justifica porque el EAP tiene DERECHO a hacer jornada complementaria, incluso la máxima. Eso dicen. No caen en la cuenta de que lo que tienen es DEBER de hacer y completar su jornada ordinaria de consulta. Esta cuestión ha quedado ya clara en varias sentencias, aunque su claridad ya se deducía de la simple lectura del Estatuto Marco. En todo caso tanto juzgados de lo contencioso-administrativo de Extremadura como el Tribunal superior de justicia de Castilla-La Mancha lo tienen claro: así como la jornada ordinaria es DEBER y DERECHO exigibles que derivan del nombramiento, la jornada complementaria solo es DEBER administrable en función del bien público, y no DERECHO, ni del EAP ni de nadie.

De esta jurisprudencia (que al final adjuntamos) se deduce también con simplicidad aplastante (no hace falta ser gestor para comprenderlo) que la jornada ordinaria del PEAC (derecho) precede legalmente a la jornada complementaria del EAP (solo deber administrable), y que a a la hora de conformar los calendarios de guardias, esta precedencia legal se debe respetar. Es más, si no se proporciona al PEAC la jornada ordinaria a la que tiene derecho, hay no obstante obligación de pagársela porque media un contrato o un nombramiento. El Decreto PEAC (63/2005) establece que el profesional PEAC debe realizar esa jornada ordinaria en su centro. Subyace a todo esto un agravio comparativo notable, porque así como el personal PEAC debe cumplir (como dicta la ley) su jornada ordinaria antes de acceder y cobrar jornada complementaria, el EAP puede incumplir, según su capricho, su jornada ordinaria de consulta para acceder y cobrar, cuanto antes y en mayor cuantía, la jornada complementaria. Es decir, cuanto más jornada ordinaria incumple más cobra.

SEGUNDO ERROR: LA DISTRIBUCIÓN. Además de maximizar la jornada complementaria (guardias) del EAP para que incumplan al máximo su jornada ordinaria de consulta y que engorden por este medio las listas de espera, nuestros gestores no descansan en su objetivo de cargarse cuanto antes la atención primaria. De ahí que hagan filigranas en la distribución de las guardias del EAP para explotar al máximo esas “libranzas” posguardia que no existen en ninguna normativa (son descansos, no libranzas). Lo mejor es dejarles “escoger” las guardias a ellos mismos (pero no al PEAC). Veremos en seguida como escogen las guardias de lunes a jueves, que es el medio más rápido para incumplir al máximo su jornada ordinaria de consulta y llegar por un atajo y cuanto antes al cobro de horas extraordinarias.

Ahora bien, además de que se supone que los gestores son los custodios del bien público y no los promotores (o cómplices) de un chiringuito, es obvio que el DECRETO 137/1984 en su artículo 6 establece que el calendario de guardias en atención primaria debe ser ROTATORIO.

TERCER ERROR: LA NOCTURNIDAD Y LA MAXIMIZACIÓN DE LA JORNADA COMPLEMENTARIA.

Partimos de dos principios elementales: el EAP es personal diurno. El personal PEAC es personal nocturno (cumple todas las definiciones del Estatuto Marco).

En cuanto que es personal nocturno, al personal PEAC no se le puede maximizar contra su voluntad su jornada complementaria, y esto por imperativos de salud laboral, salvo que los gestores quieran incurrir en una responsabilidad incluso de orden penal.

Es más, el número de noches que realiza el personal PEAC debería obligar a los gestores a ponderar su jornada ordinaria que se quedaría en unas 1450 horas anuales, más o menos. No se hace. Y es responsabilidad en que incurren los gestores.

FUNDAMENTOS DE DERECHO Y DE JURISPRUDENCIA:

  1. Estatuto Marco (Ley 55/2003)
  2. Decreto PEAC (Decreto 63/2005)
  3. Decreto 137/1984 (artículo 6)
  4. Sentencia del Tribunal Supremo sobre el recurso 4848/2000 https://www.calameo.com/read/005719043bada47965fe8
  5. Análisis experto: Sobre el supuesto derecho a jornada complementaria https://www.calameo.com/read/005719043db818e768f11
  6. Sentencia del TSJCLM sobre atención continuada https://www.calameo.com/read/0057190439ef46bd8f67f
  7. Sentencia Extremadura sobre atención continuada https://www.calameo.com/read/005719043b2e2659b5e43

 

LA NOCTURNA

Alcazar de Toledo

Si recorrer Toledo de noche es un placer en todos los sentidos del que ya gozaban Buñuel, Lorca, Dalí, Alberti, en sus escapadas golfas desde aquella Residencia de estudiantes que acogió a nuestra edad de plata (nuestra segunda edad de oro), correr a pierna suelta a través de su laberinto de calles empinadas y monumentos vetustos cargados de Historia, con ánimo noctámbulo y poético, mezclando ese ejercicio bohemio con el no menos sano ejercicio del deporte, es una experiencia inolvidable y ya una “tradición”. Una tradición benéfica que cada año cobra más fuerza y que se ha convertido en una de esas citas anuales a las que, Dios mediante y si el cuerpo aguanta, no se puede faltar.

Cada año acude más gente y en cada convocatoria resulta más festiva y cosmopolita la cita. Este año saludamos en el punto de partida a un argentino que había atravesado el Océano para correr por las calles de Toledo y absorber un poco de su magia nocturna. Que si Toledo es mágica de día, de noche ya entra en el ámbito de lo inefable.

No en vano fue en esta ciudad sincrética de tantas culturas, donde el mago Illán realizó altos estudios secretos y emprendió extraños viajes en el tiempo, cual nuncio de Einstein, y donde el sabio y heterodoxo marqués de Villena experimentó con todo y mezcló sabidurías de todos los orbes en sus adelantadas probetas.

Ya contemplar desde la misma salida, en el puente de Azarquiel (otro sabio), allá en lo alto el Alcázar, punto de destino donde se sitúa la meta, resaltado por su iluminación fulgurante y como flotando en la noche toledana, abarcando el corredor con un solo golpe de vista el Alfa y el Omega de su hazaña, da al héroe ánimos para su empresa, porque lo que allí le espera semeja una joya de plata engarzada en terciopelo negro, una alta conquista que acabará en gozo, pero también en sudor.

Y es que en estos Octubres toledanos (este un poco más invernal), si te empeñas en escalar a la carrera sus empinadas calles, se suda. Quiérase o no. Año tras año. Se suda mucho y se sonríe mucho también. Esfuerzo y gozo, y mucha alegría en el ambiente.

Amenaza una lluvia fina que no se concreta ni va más allá de un amago; los primeros vientecillos frescos del otoño hacen su aparición y tensan en su punto justo los músculos de los héroes; algunas parejas se hacen arrumacos, o se trasmiten ánimos mientras se dan un beso; suena la música marcando ya los ritmos más energéticos, antes del pistoletazo de salida, y los corredores se avienen con todo porque la ocasión lo merece y para eso están allí: para disfrutar, corriendo, de esta singular ciudad.

Si Toledo es especial por su conformación y orografía, también lo es por la misma razón esta carrera toledana, que rinde honor a sus cuestas. Pero como todo lo que sube baja, cosa que además de por intuición se sabe por experiencia empírica, el corredor que asciende con duro esfuerzo la pendiente de sus cerros, sabe que allí arriba le aguarda el alivio, aunque sea breve de la bajada, en la que aprovecha para recomponer el cuerpo, recuperar el aliento, recibir los aplausos y ánimos de la concurrencia, y empaparse, alzando la vista, de la belleza que le rodea por doquier. Porque correr la NOCTURNA de Toledo, es eso: correr rodeado de belleza y de historia, y por tanto, un lujo. Un subir y bajar que es una metáfora de la vida.

Digamos en general que no es una carrera para competir, salvo los esforzados campeones que a ello aspiran, sino para disfrutar. Las calles son muy estrechas en algunas partes, las encrucijadas diabólicas, y el ritmo necesariamente fluctuante. Sin remedio la corriente humana se remansa en ciertos embudos del casco histórico, y más de una vez se hace necesario aclimatarse a ese hecho bajando el ritmo hasta casi parar, o incluso hay que ceder el paso como gesto de caballerosidad. Eso es correr con elegancia, celebrando la urbe, la urbanidad y la ciudad. En grata y cada vez más inmensa compañía.

Tengo que decir que el recorrido de este año me ha gustado. Enhorabuena a los organizadores. Se bordea el puente de Alcántara y se sube por Gerardo Lobo, se discurre por el puente de la Cava y se vuelve por el puente de San Martín, se entra por la puerta de Cambrón y se sale por la de Bisagra, se atraviesa la plaza de toros (sin toros) y se pasa frente a la catedral y el ayuntamiento, y así hasta completar el laberinto de calles, puentes y plazas con la meta puesta en el Alcázar. En fin, se rinde  un completo homenaje a una de las ciudades más bellas de España y casi del mundo. ¿Se puede pedir más?

La próxima, si pueden, no se la pierdan. Nosotros al menos intentaremos repetir. Y esperamos encontrarnos allí también de nuevo con Carmen Vega, nuestra ilustre campeona y amiga, que tantos secretos nos ha enseñado sobre el noble arte de correr.

¡Va por ti Carmen!

 

EL CHIRINGUITO (del SESCAM)

Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM)

Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM)

 

Probablemente no hay nada más triste y deprimente que comprobar cómo unos intereses estrechos se imponen sin reparos ni demasiados escrúpulos al interés público de todos.

El chiringuito levantado en torno a la gestión anómala de nuestra atención primaria sanitaria (hablamos del SESCAM), es un ejemplo perfecto de esos espacios mal ventilados, donde el interés “comunitario” es lo de menos y la gestión persigue objetivos muy poco compatibles con el bien público.
Lastima, porque este ámbito de trabajo recibe el nombre de medicina familiar y “comunitaria”.

El modelo actual, cuyos principales logros son las listas de espera y la saturación de los PAC (donde son frecuentes los episodios de violencia contra unos sanitarios agotados y saturados de trabajo), y cuyo resultado final, tras el deterioro rampante de la atención primaria, es la sobrecarga de los servicios hospitalarios de urgencias, se basa en un chiringuito de gestión irregular, anómala y torpe (en el sentido pecaminoso del término), difícil de argumentar y aún más de defender (a poco decoro que se tenga), en la modalidad clásica de “peonadas”, sin más objeto que mantener unos niveles retributivos determinados (decentes, eso sí, y siempre inferiores a los del resto de Europa), de una parte de los profesionales de atención primaria (EAP), pero en base a dos ejes de gestión que no son de recibo y que pecan de discriminatorios y poco brillantes (para hacer trampas no hacen falta muchos másteres):

  1. Por una parte, la explotación, económica y laboral, de otros profesionales de la atención primaria, con igual rango académico y profesional, pero que conviene considerarlos “de segunda” para explotarlos mejor, y en concreto hablo (y es vox populi) de los profesionales de la atención continuada (PEAC).
  2. Por otra, el incumplimiento fraudulento de las jornadas legales y ordinarias (de consulta) por parte del EAP, para acumular jornadas extraordinarias de guardias. Es decir, un mecanismo de peonadas que no solo burla el interés público de la asistencia y defrauda dinero público, sino que frustra las expectativas de trabajo y desarrollo laboral de otros profesionales sanitarios. Un mecanismo que entra en un bucle melancólico o vicioso, porque cuánta más jornada legal de consulta se incumple (en base a acumular guardias sin control) más retribuciones se cobran. Caso único y extravagante que no merece más comentarios.

Sobra decir que el bucle es “melancólico”, sobre todo, para el buen uso del dinero público (que brilla por su ausencia), y para las expectativas de trabajo de aquellos sanitarios que quieren empezar a trabajar. Es claro que cuando unas determinadas jornadas de trabajo se computan (y se retribuyen) como trabajadas sin trabajarse, no es necesario contratar más personal. La ficción y el fraude llenan ese hueco. Todo queda en casa. A la saca.

Pero esto no es así. No se puede poner el carro delante de los caballos. Para cobrar jornada “complementaria”, primero tienes que completar tu jornada “ordinaria”, que es tu obligación, como todo hijo de vecino y todo ciudadano sujeto a la ley. Salvo que seas inviolable e impune, como el rey. O salvo que esto sea un chiringuito en vez de un servicio público.
Y dicho esto, además (conciénciate) no tienes “derecho” al máximo de jornada complementaria (a la carta y a la saca) como exiges. Ahí están las sentencias y son fáciles de leer. Todo esto huele a trampa, a peonadas, a desahogo, llámalo como quieras. El resultado es lo que importa, más que la palabra. Y el resultado es deterioro y listas de espera.

Obviamente, las listas de espera que se generan así, perjudican al usuario que pide cita y no la obtiene. Al menos en plazo razonable y eficaz. Así que el modelo chiringuito, peonadas … llámalo como quieras, es nocivo para el servicio público y para otros profesionales con los que compartes obligaciones y responsabilidad. Nada justifica que lo defiendas, salvo un egoísmo poco meditado y bastante necio, que está hundiendo la atención primaria que dices defender.

En apoyo de lo que digo y en demostración de que no es una filípica gratuita que se me antoja, dejo aquí la referencia y enlace a una serie de sentencias y análisis expertos que respaldan mis afirmaciones.

De todo ello quiero resaltar, por su importancia, la sentencia del Tribunal Supremo sobre el recurso 4848/2000, que establece el carácter del descanso posguardia, no equivalente a tiempo trabajado, y por tanto no computable de cara al cumplimiento de la jornada legal ni a su retribución, jurisprudencia firme que el SESCAM burla e incumple desde el año 2008, pues es incompatible con su modelo, tan especial.
Y por otra parte, cabe resaltar el análisis de un experto en el tema, asesor jurídico además del SESCAM, que pone al descubierto los varios fraudes de interpretación y jornada que el SESCAM implementa para mantener a flote su chiringuito.

Con una atención primaria de estas características, raíz anómala de nuestra debilitada planta sanitaria, solo podemos esperar lo que ya observamos: un deterioro creciente y una burla del interés público.

POSDATA:

 

De tercera división

carcoma

 

Abundan los motivos que justifican las dudas sobre la calidad de nuestra democracia, es sabido. Afloran cada día con claridad meridiana, y contribuyen a un descrédito de las Instituciones que no para de crecer.
La ceguera ante esta deriva, de no corregirse (y no parece haber intención), determinará un clima moral que nos devolverá a etapas que creíamos superadas, donde la falta de ilusión y el cinismo harán buenas migas, y las Instituciones que deberían dar ejemplo de lo mejor serán ejemplo de lo peor y motivo de mofa. Viviremos por ello en perpetuo estado de farsa.

Lo último en esta labor de zapa y mina de nuestro penúltimo intento democrático (viciado desde el principio), es la coincidencia de PSOE, PP, y CIUDADANOS en no investigar los delitos de la monarquía, según estos se desprenden de las declaraciones de la amiga especial del rey emérito.
El que no se quiera investigar los hechos denunciados les concede muchos visos de autenticidad, lo cual explicaría el tupido velo.
Nuestra historia reciente, es decir, desde que la corrupción y el fraude son el santo y seña de nuestro buque insignia, es una sucesión de velos, a cual más oscuro. Por decirlo mediante paradoja: nuestra opacidad es transparente y nuestra corrupción y falta de seriedad salta a la vista.

Se dirá que este contubernio trilateral de la gran coalición (PP, PSOE, y C’s), sin más finalidad que defender hasta sus últimas consecuencias el sepulcro del Cid y el rancio feudalismo del derecho de pernada, se hace en acatamiento de nuestra sacrosanta (y muy imperfecta) Constitución, que declara inviolable la persona casi divina del rey (creíamos que ya no lo era, ni rey ni divino), de manera que el derecho de pernada aparece así amparado bajo el paraguas de nuestro fofo Estado de Derecho. Sin duda un Derecho bastante torcido y protofeudal.

Uno, en su ingenuidad pueril, no acaba de comprender esta pervivencia en nuestro país, y ya en pleno siglo XXI, de los aspectos más irracionales de la Historia humana, que creíamos superados con la revolución francesa y otras conquistas del progreso. Pensábamos de hecho que este tipo de delirios ya solo podían contemplarse enclaustrados en urnas de museo, bajo siete llaves, como monstruos infames del espíritu rancio de otros tiempos, fantasmas del ayer, y no en vivo y en directo.
Es como si Joaquín Costa pudiera decirnos algo con sentido y plena vigencia mismamente mañana, merced a una degeneración casposa que aún necesita regenerarse.
Es como si a la democracia en España (eterna solicitante lacrimosa) se le siguiera diciendo con impasible modorra burrócrata: “Vuelva usted mañana”.

En fin, que nuestro régimen huele a naftalina y espacio cerrado, recinto “aforado” y sepulcro.

Esa es otra: los famosos “aforados” españoles, porque lo cierto es que en otros países de nuestro entorno no se cría con semejante lujuria este fruto transgénico. ¿Será el calor?

Comparen el número de aforados en Alemania y el número de aforados en España. Luego comparen el funcionamiento de aquel país y el desastre de este.
Y se volverá a la misma justificación del vicio: la sacrosanta Constitución lo establece. Ya huele. Quiero decir que parece imperioso renovarla con aire fresco y mayor sensatez, si algún día en el futuro queremos llamarnos democracia y Estado de derecho.

Y es que según yo lo veo nuestra Constitución se contradice. Por un lado afirma que todos los españoles somos iguales ante la Ley, y por otro sostiene que el rey es inviolable, como Dios en los tiempos de Yahvé, y que si le da por perseguir ninfas normandas o evadir impuestos allende los mares, pues está en su derecho divino.
O sea que todos los españoles somos iguales ante la Ley pero él es austrohúngaro.

Debe ser eso.

Y por el estilo lo de los aforados endémicos, autentica epidemia de aquí, de tal manera que pudiera ocurrir que Casado, líder del PP y aforado, salga con bien de las mismas acciones fraudulentas en su currículum que determinen condena en otros españoles de a pie, autores de iguales trampas.
Desigualdad ante la ley y privilegio notorio blindados por la Constitución.

Lo nuestro es un disparate que no cesa.

 

Elogio de la memoria

 

No tengo claro si la memoria es una potencia del alma o una virtud teologal, yo soy de ciencias, en cualquier caso, la memoria está hoy muy desprestigiada, esto sí que es cierto, es decir, desmemoriada, por no decir perseguida y pasando un mal rato.

Como ustedes saben hoy es cosa horrible y muy fea mirar hacia atrás, hacia el pasado, aunque sea con el mejor ánimo de interpretar y guiar con buen tino el futuro. Más que virtud, está habilidad de la mente se considera pecado.
Cosas de la posmodernidad rara (y rancia) que padecemos.

Se nos advierte incluso con el ejemplo bíblico de la mujer de Lot, que quedó hecha estatua de sal por mirar hacia atrás, curiosa como toda mujer, incluida Eva. Y por tanto, su ejemplo terrible nos reconviene no solo contra el ejercicio de la memoria, útil para no tropezar dos veces en la misma piedra, sino también contra la curiosidad, madre de la ciencia.
Ejemplo este que, como metáfora, deja mucho que desear porque la mujer de Lot miró hacia atrás en el espacio y aquí de lo que se trata es de la conveniencia o no de mirar hacia atrás en el tiempo.
Diríase que por intereses del tiempo que nos ha tocado vivir y sus protagonistas, cada día hemos de nacer nuevos e inocentes (ex novo) y de la nada (ex nihilo), sin historia ni biografía, sin causa ni efecto, o sin más efecto que la estulticia desmemoriada, lavados de cerebro.
Sin embargo conviene decir que entre los animales que pueblan la Tierra, podemos distinguir -grosso modo- animales superiores y animales inferiores.
Sin duda la memoria dúctil y flexible es facultad que aparece en los animales situados más alto en esta escala (superiores). De los animales situados en posiciones más ínfimas cabe presumir que carecen de ella, o como mucho la tienen impresa en forma de circuito rígido que cristaliza en instinto. Estarán por ello más abocados a repetir que a innovar. Una lagartija, más o menos ha hecho siempre lo mismo, sin embargo un chimpancé puede aprender y generar una cultura, porque tiene la habilidad de recordar.

El chimpancé adulto (en determinados grupos de chimpancés más despiertos) recuerda que de niño vio a su madre o a su padre romper nueces con una piedra, o pescar termitas con una rama, y registrada tal habilidad en la memoria pudo después repetirla o perfeccionarla, y compartirla con los más próximos. Y lo mismo sirve la memoria para la adquisición de los bienes que para la evitación de los males, e idénticas reflexiones podemos hacer del animal individual que del animal colectivo (la sociedad) y su historia. Una sociedad sin memoria es una sociedad desmadejada, inferior, más torpe.

Llega hasta tal punto la histeria contra la historia, que se presupone (necio prejuicio) que toda memoria, per se, es rencorosa (¿por qué?) y no el instrumento más eficaz para no reincidir en los errores de antaño, que a veces son de bulto.
José Múgica, expresidente de Uruguay, que estos días está en la Mostra de Venecia, donde se presentan dos cintas sobre su vida, incluida su etapa de cautiverio por la dictadura, ha dicho: “Lo mejor de la vida es el mañana”, y ese optimismo vital y joven asienta sobre una memoria capaz de reconocer la barbarie, la tortura, el cautiverio.
El rencor no viene de la habilidad de reconocer la barbarie, el rencor viene de la barbarie.

Y es la memoria fecunda y ágil de José Múgica la que le permite “reconocer” las trampas de la demagogia y afirmar que el término “populismo”, en su opinión, se usa “para un barrido y un fregado”, para “todo lo que molesta”.
Utilidades de la memoria, capaz de reconocer la barbarie y la demagogia. Como vemos, sus beneficios no son pocos.

Los más forofos enemigos contra esta habilidad retrospectiva de la mente, potencia superior del alma, deben suponer que el pasado es un pozo de sapos y culebras, y que no mirarlos es no verlos, lo cual es cierto, pero esto propicia también el no reconocerlos. Esto es más grave.
No reconocer los monstruos del pasado cuando se presentan en el presente, no puede ser bueno, digan lo que digan. Y además ¿que sería del esforzado pan de los historiadores si se prohíbe su trabajo, la memoria?
Los más sabios de este gremio memorioso recomiendan “enfriar la historia”, parece sensato, pero no anularla.

Esto de anular o borrar la Historia parece no solo difícil (aunque no imposible), sino que amenaza con convertirnos a nosotros en repetidores torpes del ayer, sin aprobar nunca el examen del futuro.
¿Quien no reconoce en el momento presente un esquema de hechos muy parecido al de ayer?

Pensemos en los años 30, los años del crack y la Gran depresión:
Lo que vemos allí (gracias a la memoria) es desregulación económica, impunidad libérrima del delito económico y otros fraudes anexos, especulación desatada y sin control, los dueños del dinero imponiendo sus intereses y sus prácticas mafiosas a los políticos y al gobierno, corrupción y descrédito de las instituciones, estafa global, quiebra económica, gran depresión, desigualdad extrema, pobreza, tensiones, violencia, fascismo…  y finalmente guerra. No una guerra cualquiera, una Guerra Mundial.

En aquella época, la derecha en el gobierno de Estados Unidos (durante doce años), tan parecida a la que hoy padecemos y sufrimos, adoraba y rendía pleitesía al mercado como a un dios salvaje al que un gobierno no tiene nada que decir.
En medio de la catástrofe y la miseria sobrevenida, por una ideología rancia que remozamos hoy, un grupo de chabolas en Central Park recibió el nombre -irónico- de Hooverville, en honor (léase deshonor) del último presidente “desregulador” y selvático, Herbert Hoover, del partido republicano.
En resumen, precipitada la crisis por la ideología de la desregulación y sus trampas, quedaron al descubierto y visibles para todos “los bajos fondos en las altas esferas. Hoy podríamos decir lo mismo”…. se afirma en el documental sobre la Gran depresión que adjunto a este artículo.
Luego llegó Roosevelt e intentó poner orden en la selva, quizás demasiado tarde.

Contemplemos ahora nuestro tiempo y la renovada estafa, fruto de la desmemoria y la relajación festiva ¿Que observamos?:
Desregulación libérrima del delito económico y el fraude, impunidad de los paraísos fiscales, especulación desatada y sin normas, gobiernos serviles y corruptos a las órdenes del dinero, descrédito institucional, estafa global y quiebra de muchos, miseria, desigualdad llevada al extremo, violencia, fascismo…. la caza del inmigrante.
Y lo que es peor: la misma inercia ante el desastre y la misma lentitud en la respuesta.
¡Deja vu!

El problema que hoy tenemos en España (y por extensión en Europa) es que PP, PSOE, y CIUDADANOS representan una misma cosa, que no es otra que la ideología radical que cristalizó en HOOVERVILLE y reincidió en la última estafa. Y eso deja muy poco margen para la esperanza. Esto no puede ser bueno.

Si los nuevos fascistas y los renovados xenófobos tuvieran pizca de memoria, no estarían a la caza del inmigrante (incluso en Alemania), el nuevo judío, sino que con un mínimo de sensatez y ayudados de la memoria, virtud del alma despierta, acertarían con el origen y naturaleza de sus males, que en gran medida está dentro de ellos mismos.
Lo suyo es el odio como método y doctrina. Ese es su instinto. No dan para más. Ya saben: ¡La mística de la violencia!
Claro que esto de llamar “místico” al instinto más bajo y lúgubre de la bestia no deja de ser una paradoja.

En otro orden de cosas, pero sin salirnos del tema, si tiramos del hilo del ovillo del lío catalán (en su última edición) ¿que encontramos en el otro extremo?
Pues encontramos una corrupción pactada, consensuada, constitucional y unida, casi diríamos compinchada en torno a porcentajes definidos de mordida (el 3%, etc.), de aquí y de allí, de los Hunos y los Otros, de ámbito nacional, consentida y alimentada durante décadas, sin delimitación de fronteras ni conflicto de identidades mientras duró la juerga, sin más nación ni bandera que el dinero fácil, y una huida final y precipitada hacia delante en forma de separatismo repentino y reacción central. De los Hunos y los Otros. En perfecta simbiosis disolvente.

Pero para esto, memoria. Que es tan breve que ya no recordamos que los protagonistas del conflicto presente (de aquí y de allí) eran mayormente políticos corruptos, y en otro tiempo cómplices. Como lo son de hecho, todos aquellos que dieron a la corrupción amplia excusa o permanecieron mudos.
Registremos en la memoria los inconvenientes de no atajar la corrupción a tiempo, y cómo de un hilo de desidia en este tema puede surgir todo un ovillo de problemas insolubles.

Recién sobrevenida la estafa global, siamesa de aquel otro crack, aborto del mismo catecismo, algunos gerifaltes del régimen (Zapatero, Sarkozy…) tuvieron un ataque de memoria, es decir, de remordimiento (el remordimiento es otra forma de memoria) y dijeron, un tanto asustados y remordidos, que había que reformar el capitalismo, que había que refundar Europa… cosas así.
La memoria y el susto les duró poco, y hoy, como todos los demás gerifaltes, predican la desmemoria y la austeridad, aunque no la de ellos, claro está.

Esto de llamar “austeridad” (en si una virtud) a conformarse dócilmente con la estafa repetida (en si una debilidad), es otro efecto de la desmemoria.
Donde hay desmemoria hay que inventar nuevos lenguajes, y proporcionar un nuevo sentido a palabras viejas y nobles. Estamos de estreno.

En resumen, ¡nada nuevo bajo el sol! Pero para saberlo, hay que poder recordar. Y a esto nos ayudan los historiadores, servidores de la memoria, potencia del alma. Casi diría virtud teologal, que rima con esperanza.

POSDATA: Documental “La Gran depresión”

 

Reflexiones “primarias”

Cartel centro

 

Pensar se parece a un acto pictórico mediante el cual unimos puntos sueltos para trazar un dibujo coherente dentro de una trama difusa.

Cuando los antiguos trazaban estas líneas de unión imaginarias entre las estrellas para ver deliberadamente constelaciones en el cielo, estaban guiados por un pensamiento mítico. Pero si de las estrellas distantes y las figuras mitológicas (fantasmagóricas) pasamos a los hechos reales que palpamos, y entre ellos encontramos relaciones lógicas y necesarias, o vislumbramos una estructura consistente de causas y efectos, estamos pensando con un pensamiento que ya no es mítico sino racional.

Quizás lo más sencillo y al mismo tiempo lo más complicado (si nos entorpecen los prejuicios) es encontrar esos vínculos necesarios entre hechos que aunque nítidos y evidentes en sí mismos, parecen tener poca o ninguna relación. En este sentido es sencillo y al mismo tiempo complicado establecer una relación lógica y necesaria entre la desregulación económica que propugnó determinada ideología radical y la crisis social, política, y económica que arrastramos, crisis multiforme a la que cabe añadir la crisis de valores, que quizás sea la consecuencia más nociva e invalidante de todo lo anterior.

Es sencillo percatarse de lo que ha ocurrido si atendemos a los hechos, pero complicado si nos entorpecen los prejuicios (o los intereses) que nos impiden ver la realidad manifestada, en este caso, de manera tan contundente. No menos contundentemente se presenta esa trama de causas y efectos en otros casos de ceguera deliberada.

Intentémoslo con un problema distinto y de ámbito más reducido, como es la actual decadencia de la atención primaria de nuestra sanidad, base de todo el sistema sanitario. Quiero invitar, por decirlo así, a unas reflexiones “primarias” sobre nuestra atención “primaria”, libre de prejuicios e intereses espurios.

Procede enumerar primero una serie de hechos que considero contrastables, y luego intentar establecer entre ellos una relación lógica que nos permita extraer de ese razonamiento una acción eficaz.

HECHOS:

1. Proliferan los estudios que demuestran un efecto tóxico y a la larga letal de las guardias prolongadas (17 o 24 horas) sobre la salud del personal sanitario. Deberían estar prohibidas por imperativos de higiene en toda sociedad civilizada que considere importante la salud laboral, y como hablamos de profesionales sanitarios, deberían prohibirse allí donde se considere que la asistencia sanitaria no puede ni debe ser prestada por profesionales agotados. Como caso monstruoso de este paradigma insalubre de nuestros servicios de salud cabe decir que en el SESCAM de CASTILLA-LA MANCHA hay profesionales sanitarios de atención primaria (mayormente PEAC) que hacen 65 horas seguidas de guardia, obligados –todo hay que decirlo- por el chantaje que determina su régimen de explotación.

2. El Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud (Ley 55/2003) dice que tiempo de trabajo es el tiempo que se trabaja, y tiempo de descanso es el tiempo que se descansa (perogrullada). La “libranza” (por ejemplo, posguardia) es otra cosa y no coincide con el concepto estatutario de “descanso”. En esta línea, la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo establece nítidamente que “el descanso postguardia no exime del cumplimiento de la jornada legal“, es decir, que gestionarlo como “libranza” en vez de cómo “descanso” es ilegal y un fraude (de dinero, de jornada, de asistencia debida….).

3. Hay servicios de salud (por ejemplo el SESCAM) que en el ámbito de su atención primaria incumplen los preceptos estatutarios antes dichos y la jurisprudencia señalada (Tribunal Supremo recurso 4848/2000), al optar por un modelo de guardias largas y gestionar el “descanso” posguardia como “libranza”. En pura coherencia jurídica cabe decir que se sitúa por ello en el ámbito del fraude.

4. Los servicios de salud que en su atención primaria optan por un modelo de guardias largas (con total desprecio de la salud de sus profesionales) y gestionan el descanso postguardia como libranza (fraudulentamente), favorecen un modelo viciado que podemos calificar de “peonadas” mediante el cual el médico de cabecera acumula guardias (y retribuciones) al objeto de incumplir consultas (igualmente abonadas a pesar de su incumplimiento). Se trata de un modelo viciado ejemplo perfecto de “círculo vicioso”. Propio es de este modelo viciado generar listas de espera y saturar los servicios de urgencias con asistencia que no les corresponde.

5. En otros tiempos más sensatos, los servicios de urgencias eran el ámbito de la “expectativa” de la asistencia urgente, lo cual favorecía la “disponibilidad” de los profesionales para que esa asistencia pudiera prestarse con celeridad y urgencia. Ahora son el ámbito de la consulta a destajo. Concretamente de aquella consulta que no se pasa en su lugar natural: la consulta del médico de cabecera. Como reflejo especular de este despropósito, el ámbito de la consulta programada (de cabecera) se ha convertido en el ámbito de la “cita que falla”. Proliferan los informes de los profesionales de primaria sorprendidos por el ingente número de pacientes que no acuden a la cita. Y no acuden porque ya se pasaron antes por un servicio de urgencias, que es hacia dónde ha basculado el peso de la atención primaria. Cada vez son más los tiempos muertos que así se producen en la consulta programada. Así que el fallo de la “cita” es doble y bidireccional: le falla al paciente cuando le dan una cita inasumible (7 días, 10 días, 2 semanas), y le falla al profesional que observa que el paciente no acude. De hecho se constata frecuentemente que muchos pacientes, frecuentadores y habituales de los servicios de urgencias, no saben quien es su médico de cabecera. En cuanto a las consultas a destajo de 17 o 24 horas que se pasan en los servicios de urgencias, decir que si una consulta de 7 horas (la del médico de cabecera) cansa, una consulta de 17 o 24 horas mata. También bidireccionalmente.

Los sacerdotes del dogma (el dogma de las guardias largas y la libranza consiguiente a que obliga el hecho de que las guardias sean largas e insalubres, pescadilla que se muerde la cola o círculo vicioso que anula toda virtud y eficacia del servicio) prefieren no mirar para no ver los vicios del modelo. Entre otras cosas porque esa “libranza” posguardia, innecesaria en un modelo de guardias más cortas y saludables (que es el que implementan otros servicios), conlleva el privilegio de un “segundo mes de vacaciones”, caso único dentro de las profesiones sanitarias. Claro que ese segundo mes de vacaciones (sumen “libranzas” posguardia) se obtiene a expensas del incumplimiento de la jornada legal (presupuestada y abonada) de consulta. Un caso claro de ceguera deliberada, alimentada por intereses espurios, es decir, un modelo de “peonadas”. Es preferible no mirar para no ver.

No ver, por ejemplo, el ingente número de consultas cerradas cada mes por este motivo (65.000 horas de consulta en un solo semestre y en una sola gerencia de atención primara, abonadas sin trabajarse); las listas de espera escandalosas e inasumibles del médico de cabecera que por este medio se producen; el desvío de la función natural de la medicina de familia a los servicios de urgencias, saturados irregularmente por esta cadena de irregularidades (para que unos tengan dos meses de vacaciones otros tienen que estar saturados); la ruptura de la continuidad asistencial que define la atención primaria, y en resumen el desastre que como era de esperar un modelo viciado (yo digo ilegal) ha de provocar fatalmente en el ámbito más importante de nuestra sanidad: la medicina de familia.

Todo esto podría evitarse con un modelo diferente de guardias, más cortas y saludables, que volviera innecesaria la falsa “libranza” posguardia (no es una “libranza”, es un “descanso”), lo cual conduciría a su vez a la apertura de las consultas del médico de cabecera (respetando el descanso de 12 horas entre jornadas) todos los días laborables, en cumplimiento de la jornada legal pactada, presupuestada, y abonada (lo contrario es un fraude mediante un mecanismo de desvío y distracción), y ello a su vez reduciría las listas de espera del médico de cabecera y consecuentemente la saturación de los servicios de urgencias, que deben estar en disponibilidad de asistir “verdaderas” urgencias, en vez de quedar abocados a pasarle la consulta al médico de cabecera y bloqueados para su auténtica función.

Pensemos por tanto que este vicio de origen repercute en los siguientes niveles asistenciales y deteriora todo el sistema sanitario. Con raíces maltrechas la planta no puede estar lozana, y de hecho vamos de mal en peor, cosa que reconocen casi todos los profesionales.

Las virtudes del modelo alternativo que cabe proponer al modelo viciado y fraudulento consisten en:

1. Guardias más cortas y saludables que, respetando el descanso de 12 horas entre jornadas, son compatibles con el cumplimiento (obligado) de la jornada ordinaria y legal de consulta. La salud del sanitario es importante, no solo para él sino también para el paciente.

2. Cumplimiento de la jornada legal, presupuestada y retribuida, por todos los profesionales, en igualdad de condiciones y sin privilegios especiales. La ley obliga a todos y solo debe retribuirse el trabajo realizado efectivamente. El modelo de peonadas es un fraude.
He de decir que los compañeros favorecidos por ese “segundo mes de vacaciones” que suman las repetidas “libranzas” (el modelo lo deciden otros, creo) resultan a su vez perjudicados por un estado caótico de la atención primaria que a nadie conviene, ni a los pacientes ni a los profesionales.

3. El cumplimiento efectivo de la jornada ordinaria y legal de consulta conduce (al evitar el vicio de las peonadas) a una reducción de las listas de espera, pues las consultas estarán abiertas por su titular en los días laborables que señala el calendario oficial.

4. Ello a su vez reduce la saturación de los servicios de urgencias, cuya misión no es pasar una consulta a destajo de 24 horas (o 65), permitiendo su disponibilidad efectiva para asistir urgencias. Padecemos por tanto una atención primaria distorsionada, anómala, casi podríamos decir malograda, donde es más probable que un “pie de atleta” (dermatofitosis del pie) se presente a las cuatro de la madrugada en un servicio de urgencias que, con la cita programada, en su médico de cabecera. Casos así vemos todos los días.

A lo mejor no hay que inventar lo que ya está inventado (y reflejado en el Estatuto Marco): turnos que no excedan las 12 horas (salvo catástrofe imprevista) y descanso de 12 horas entre jornadas. De hecho este modelo y otros modelos alternativos, es el que aplican algunos servicios para evitar todo ese cúmulo de disparates.

Quiero acabar este análisis recordando al compañero médico agredido en fechas recientes en el ejercicio de su labor asistencial (un servicio de urgencias saturado de atención primaria / PAC), que lamentablemente sigue grave, y pedir todo el apoyo posible del SESCAM y de la Junta de Comunidades de CASTILLA-LA MANCHA para él y su familia en su desgraciada circunstancia.

 

La calma

Que la calma sea isleña o continental, acaso peninsular, rodeada de sosiego por todas partes menos por una, o solo una quimera (y esto es lo más probable), no está del todo averiguado.

En un poético librito Santiago Rusiñol la hizo isleña y concretamente de Mallorca, “La isla de la calma”.
El libro en cuestión, lleno de buen humor, está inspirado en la estancia placentera de Rusiñol en esa isla, y es el agradecido elogio de dos cosas: el elogio de la calma y el elogio de la isla, unidas ambas en natural simbiosis bendecida por el sol y el mar azul: el Mare Nostrum.

Dicho elogio está escrito con la ternura que inspira el amor y poesía. Poesía de pintor y poesía de poeta, que quizás sean una sola y misma poesía, porque el poeta es aquel ser mutante que por azar de las estrellas ve siempre el mundo con ojos nuevos y asombrados, es decir, con ojos de niño. Y del pintor podríamos decir otro tanto.

Dicen los que de ello entienden que la vida es un desequilibrio, una rareza, y que huye a contracorriente del equilibrio “químico” de la muerte, y en un plano más general, de la entropía final del ser, en la que el tiempo cosmológico se detendrá por ausencia de movimiento, de deseo, o de angustia.
Para que el tiempo discurra y viva se necesita desequilibrio, carencia, y deseo.

Pero de lo que hablan estos sabios cosmológicos es de moléculas, cristales, y leyes termodinámicas, es decir del equilibrio molecular de la muerte como destino final del Todo, y aquí hablamos de la calma, que es un  equilibrio “anímico” intermedio que se siente vivo y palpitante, con vida concentrada y no dispersa, pleno de una esperanza que no espera sino que es.

La serenidad -que es otra forma de nombrar la calma- ha sido siempre aspiración de filosofías muy vitales, alumbradas bajo un sol jovial y alegre, el sol que hace crecer el trigo, la vid, y el olivo.
El mismo sol que alumbró a Baco alumbró a Epicuro y su jardín.

Y quizás todo ello tenga que ver con el ocio como eje de una vida grata que merezca la pena, y en la que cuanta menos pena mejor.
Aún así, que esta calma que diríamos cenestésica y vital, expectante y contemplativa, sea un bien o un mal, un lujo o una carencia, mantiene desde tiempos inmemoriales un debate inconcluso cuyo resultado no arrojará nunca verdades universales, vencedores o vencidos, porque cada uno es como es y además están las “circunstancias”.
Hacer o no hacer, esa es la cuestión, y Bartleby, el escribiente de Melville, lo tenía claro: prefería no hacerlo.

Parece razonable que dada esta variedad natural de caracteres que ofrece la especie humana, en libre combinatoria con las circunstancias que a cada uno le tocan, en los periodos de ocio oficial y administrativo unos fueran buscando agitación y otros calma, unos  moverse mucho y otros poco, estos gastar toda la energía posible hasta quedarse sin saldo, y aquellos moverse lo menos posible y ahorrar recuperando plácidamente la energía gastada.

Los primeros parecen querer imprimir a su periodo de ocio el mismo ritmo febril y acelerado del trabajo, sin lograr desprenderse de ese marco mental que impone rendimiento y eficiencia.
Los segundos quieren romper el ritmo, desconectar el reloj y la mente, parar y no hacer, o solo hacer lo que marque el impulso espontáneo de la gana. Sin proyecto y sin programa, sin contratos firmados ni reservas anticipadas, reacios a cualquier tipo de compraventa de ocio, se abandonan a lo que surja. Y si no surge no pasa nada, y si surge, tendrá más de ocio gozado con calma que de reto superado con esfuerzo o de trofeo conquistado a expensas del sosiego.

Se me dirá que esto último es propio de “contemplativos”, o lo que es peor, de “vagos” y “místicos quietistas” (seguidores de Miguel de Molinos), y no lo negaré porque de hecho el que esto escribe es las tres cosas, contemplativo, vago, y quietista, por instinto y libre albedrío inspirado por la razón.

Pero lo que quiero, en resumidas cuentas, es reivindicar un lugar de honor para ese ocio calmo de “interior” (entiéndase por “interior lo que se quiera, que en las costas también hay calas recoletas) que prefiere “no hacer”. Sobre todo cuando ese “no hacer” consiste en no hacer lo que hace todo el mundo, y a contracorriente huir de las multitudes y los lugares atiborrados y ruidosos.

Sin duda este espécimen raro que así vaga, manirroto de su tiempo y muy ajeno a la gestión eficiente de su ocio, es de los que prefiere salir al campo entre semana, cuando la Naturaleza no se esconde en su seno ni se aturde ante el ruido invasivo y multitudinario de los civilizados domingueros.
Son las islas que nos quedan:
las de los sitios poco visitados y la del tiempo sin aglomeraciones.

Así pues la calma y el ocio parecen palabras no solo sinónimas sino sincrónicas y fraternales, que parecen colaborar en una misma burla al tiempo que huye, o si se prefiere decirlo sin pizca de angustia, que fluye como un río manso hacia un mar inmenso.

Esto que es la teoría virtuosa luego permite pequeños deslices y pecados (no pasa nada), contradecirse, que es otra forma de romper las reglas, no las ajenas sino en este caso las propias. También es humano y por ello mismo saludable.

 

 

Finisterre

Academia

“Al parecer, es necesario experimentar primero la conmoción de comprobar la identidad entre la teoría platónica de la justicia y la teoría y práctica del totalitarismo moderno para poder comprender lo urgente que se torna la interpretación de esos problemas” (KARL. R. POPPER / La sociedad abierta y sus enemigos).

En tiempos más sensatos Europa se empezó a construir, y ahora, en tiempos más salvajes, se ha empezado a suicidar.

Como dice muy acertadamente Josep Ramoneda en un artículo reciente (El suicidio europeo), hoy el malestar de fondo, social y político, tiene su correspondiente “chivo expiatorio” (volvemos a las andadas): el inmigrante.
Una población obtusa y manipulada se vuelve hacia él (el culpable señalado) como el origen de todos sus males. ¿Es tan fácil convertir a una masa pensante en una masa obtusa?
Con los actuales medios de masas, si.

Lo primero es rechazar la trampa, y lo segundo preguntarse por el origen del malestar y sus patrocinadores.
Es falso que no haya estado del bienestar porque vengan inmigrantes. No hay estado del bienestar porque nos lo han birlado delante de nuestras narices mientras mirábamos embobados el “derbi” futbolero o la omnipresente telebasura. ¿Estábamos en Babia?
El bipartidismo cambalache de las últimas décadas, caballo de Troya de las tesis neoliberales, tiene mucho que ver con esa sustracción.
El neoliberalismo ha derivado en neofascismo, en xenofobia, y en odio. ¿Resulta esto extraño en un modelo de pensamiento social cuyas ideas rectoras son “todo vale” y “sálvese quien pueda”? Es decir, ¿resulta extraño en un modelo antisocial?

Dentro de la insensatez ideológica en boga todo cabe, por ejemplo el intento de convertir a una “España vacía” y envejecida en una España xenófoba. ¿Hemos olvidado que somos una nación de emigrantes, de síntesis de razas y de culturas, que de las “tres culturas” ha hecho su seña de identidad?
Hace ya unos años, mediante un estudio genético de la población española, la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Leicester arrojaron una luz distinta en las tesis defendidas por Américo Castro sobre nuestra identidad nacional “mestiza” como síntesis de las “tres culturas”. En nuestro bagaje genético -según ese estudio- sobresalía un importante componente judío (sefardí) y un importante componente del Norte de África (moro o morisco).
Cuando estos hechos no se tienen en cuenta es más fácil tener una idea distorsionada de la realidad y cometer insensateces de todo tipo en cuanto a la raza, la limpieza de sangre, y otros disparates. Así por ejemplo el antiguo régimen franquista, cuando en medio del delirio de su mística xenófoba, racista, y anticristiana, nombra a Santa Teresa la “santa de la raza”.
Insensatez supina porque Santa Teresa era de origen judío, motivo por el cual su padre (que era judío) tuvo que huir de Toledo hacia Ávila para librarse de las garras de la Inquisición. Quizás gracias a esa huida pudo nacer Teresa y hoy tenemos santa… de la “raza”. Ya sin entrar en que el uso que hizo el fascismo (en perfecta sintonía con la iglesia católica) del concepto raza era y es radicalmente anticristiano.
Hacer de un marco de pensamiento insensato algo aceptable requiere ante todo de dos cosas: ignorancia y mucho silencio.

Indignarse por injusticias y fraudes o desmitificar embaucos está hoy muy mal visto, y esto tanto por académicos serios, como por otras Instituciones medio serias y bien financiadas, entre otras cosas porque algunos de los que así se incomodan y miran con malos ojos estos impulsos básicos del progreso (la disconformidad y la queja) se creyeron -si hemos de creerles- protagonistas de un hecho insólito, espectacular, y único: habían llegado -ellos solitos- al final de la Historia, epítomes y coautores de la máxima perfección nunca lograda. Así de cándidas se manifestaron, no hace tanto, algunas mentes abiertas y “liberales”. Popper a esto lo denomina “la miseria del historicismo”.

Nos recuerdan estos titanes en su falta de imaginación a aquellos otros que al llegar al Finisterre, creyeron llegar al final de la Tierra, y claro… solo cabía retroceder para no abismarse en lo ignoto. Es más, se diría que tenían prisa por retroceder, por dejar de imaginar, por caminar como camina el cangrejo, hacia atrás, involución en marcha que ya señaló Umberto Eco, acudiendo a este mismo símbolo crustáceo.

Evidentemente quienes así interpretaron nuestro reciente devenir histórico (en realidad agitado y critico, inestable e incierto, pero sobre todo gestado en una monumental estafa) tienen una idea de la perfección, siamesa de la parálisis, que les incluye a ellos como protagonistas de ese final glorioso que coincide con la consumación de los tiempos, muy propicia a irritarse con la inquietud, la insatisfacción, o la indignación ajena, la desmitificación saludable, o el incorregible intento de mejorar las cosas. ¿Para qué si ya todo es perfecto?
O casi perfecto.. si no fuera por los emigrantes.

A sabiendas o no, estaban creando (o recreando) un mito: el del final de la Historia, de ahí quizás su alergia a los que tienen por costumbre sana hacerse preguntas, cuestionar los dogmas, desmitificar espejismos, y desvelar trampantojos.

El del final de la Historia y la consumación de los tiempos (profecía inspirada desde lo alto divino) no es sin embargo un mito nuevo sino reincidente, que con distintas variantes viene de fábrica en casi todos los totalitarismos políticos y fanatismos teocráticos, habidos y por haber, como columna vertebral de sus aspiraciones finales y definitivas, sin derecho a réplica.
Y el actual en curso (totalitarismo al fin y al cabo por muy “liberal” que se se diga y nombre) no podía ser menos.
Es un mito que como casi todos los demás implica dos cosas: pereza para ir más allá del dogma en la búsqueda de explicaciones y realidades alternativas, y comodidad adocenada y torpe: se está más cómodo en compañía del mito que en ausencia de el.

Ahora bien, albergamos la duda plausible de que se trata en realidad de un mito de diseño, de tipo imperativo, fabricado para el prójimo, en un intento deliberado de sedación, y que sus inventores no participan de el sino que, como suele decirse, están al cabo de la calle.
Es este un viejo recurso pragmático a la mentira tecnócrata (el engaño como técnica) que ya explicó Cicerón sobradamente en su obra “La naturaleza de los dioses”. Y no olvidemos que Cicerón era un admirador de Platón y de sus utopías contra natura. Es decir, contra la naturaleza de las cosas. De rerum Natura.

Hoy, como era de esperar, Platón está mejor visto en estos círculos “académicos” que Diógenes, o incluso que Epicuro y Demócrito ¿Alguna sorpresa? Ninguna.
De hecho aventuramos la hipótesis de que Cicerón es el padre y el origen de esa clase ambigua, ya definida en tiempos tan lejanos, que convive sin conflicto con dos verdades según destinatario. Otro día hablaremos de la hipocresía triunfante de nuestra posmodernidad política bajo la máscara del bipartidismo cambalache.

En realidad lo que ocurre es que tras el último arreón neoliberal, en extremo radical, salvaje, e insensato, pero que ha logrado enquistarse -tras el desastre que ha provocado-  como “normalidad” institucional, política única, y catecismo incontestable, los privilegiados con ese giro que tanto tiene que ver, no con el amor libre sino con el delito libre y desregulado, y con una ley versátil según la estirpe (de oro, de plata, de hierro, de barro… o aforado), han querido apalancarse en ese mito hecho carne (o al menos estatua) y levantarse un palacete con vistas a lo mejor del final de la Historia, así decidido, una vez recalificado el terreno.

Cuando los nuevos “liberales” decidieron que la democracia ya no les servía, y que les interesaba más volver a la plutocracia de antaño (ese es el principio del final o dicho de otro modo, el acto inaugural de nuestro presente inmóvil), no estaban inventando sino reincidiendo. Para parar la Historia primero había que retroceder. Todo el que no estuviera de acuerdo con este retroceso o manifestara su queja, podría ser tildado genéricamente de “populista”. Es esta simplificación terminológica, manipuladora y carente de matices, la que pone mejor al descubierto su ánimo totalitario y embaucador. En sus labios el término “populista” suena como en otros tiempos el de “hereje”, “judío”, o “pecador”.
En realidad el populismo antiinmigrante sale de sus filas. Poner muros a la Historia y poner muros a la Tierra, es todo uno y brota de la misma manera cerrada de pensar.

A esta aspiración “platónica” de parar el tiempo y la Historia, consumada en beneficio de un grupo, es a lo que Popper llama el “estado detenido”. Más miseria del historicismo.

Otro síntoma más de su ánimo totalitario es su intento de confundir la contestación legítima a su política única y a su catecismo salvaje, con el intento “populista” de demoler Europa. Más bien podría ser al contrario, un intento desesperado de salvar lo que queda tras la destrucción acelerada que han protagonizado.

Así como donde dicen está enterrado el apóstol Santiago, está enterrado en realidad -según dicen otros- un hereje contestatario, Prisciliano, cambio de papeles que hacía mucha gracia a Unamuno, en el Finisterre está en realidad el principio del viaje a otras tierras, quizás más luminosas y sensatas, pero sobre todo más humanas, y en el final de la Historia el inicio de una aventura que no cesa, por mucho que esto irrite a los mitómanos.
Aclaremos que Prisciliano, ejecutado (y concretamente decapitado) por la intolerancia católica, era “contestatario” en cuanto que practicaba la austeridad y criticaba el acúmulo de riquezas por parte de los clérigos, practicaba la igualdad de género y condenaba la esclavitud, y respetaba y veneraba la Naturaleza, todo ello en un intento de acercarse al mensaje original de Cristo muy mal visto por la iglesia oficial, que estaba más por los intereses políticos del imperio y por no cuestionar determinados privilegios (incluso de género).

Como conclusión:

Querer poner muros a la Historia es como querer poner puertas al campo: un acto contra natura. Claro que ni ellos mismos se lo creen. Lo que en realidad querían y aún quieren es extirpar toda opinión distinta, y promulgar como inadmisible e irritante cualquier alternativa al dogma.

 

 

La anomalía como quiste

carcoma

 

Cuando un mal se hace fuerte tras su cápsula fibrosa podemos hablar con toda propiedad de quiste. Y cuando un mal se enquista… mal asunto.

Lo dicho: no llegamos. Nuestra eterna aspiración a abandonar el ámbito de la anomalía se resolverá en frustración una vez más. Seguiremos siendo una democracia teórica que en la práctica no lo es, y así como somos normales, incluso demasiado, en la aplicación obediente del catecismo neoliberal que nos imponen los padrinos de la estafa (explosión posmoderna de fanatismo ideológico al que no le vendría mal un Voltaire con martillo para derribar los novísimos muros), en lo que tiene que ver con la democracia social y de derecho, no llegamos ni a este paso llegaremos nunca.
Y es que la anomalía a fuerza de repetirse se convierte en normalidad impostada, que tal cosa es un quiste. Un estado larvario de anormalidad profunda disfrazada de normalidad institucional, hasta que revienta.

Ni democracia social, merced al catecismo dogmático ya dicho, ni democracia de derecho, ya que no todos somos iguales ante la ley. Ni igual de eméritos ni igual de impunes.

Y es que el dogma tiene poco que ver con la libertad, como no sea con la libertad de tomarse ciertas libertades y mantenerse en el anonimato del delito. Dicho directamente y sin más circunloquios, no vivimos en una democracia sino en una trama gansteril, y como es propio de estos ecosistemas viciados, de vez en cuando el veneno se acumula y revienta. Veremos entonces a los capos mafiosos que otrora colaboraron como fieles camaradas en el delito, tirarse los trastos y regalarse con ráfagas de metralleta.

Que un delincuente, según se presupone del ex comisario de las cloacas, hasta ahora bien avenido con el ministro del ramo (Ministerio de las cloacas), pueda chantajear a un rey emérito de la España profunda, debe obedecer a una lógica accesible y que no precisa de mayores dotes de elaboración.

Que el CNI, comandado por todo un general vestido de civil, afirme que no es de su incumbencia enterarse de lo que hizo en su día (siendo rey) o hace ahora (siendo emérito) el anterior jefe del Estado, que tanto antes como ahora cobra de nuestros impuestos (para esto sí hay dinero público), puede inducirnos a la incredulidad y la risa. Que sin embargo reconozca que se entrevistó con la amiga íntima del ex rey para advertirle, con o sin amenazas, que “sobre sus hombros recaía la responsabilidad de 45 millones de españoles” aconsejándole discreción y omertá, puede hacer que se nos salten las lágrimas, porque no esperábamos menos.
Y que conste que no hablamos -por supuesto- de relaciones personales o afectivas (allá cada cual) sino de posibles delitos económicos contra el patrimonio de todos, que tan escaso y recortado está, protagonizados por el principal y más alto representante del Estado. Investíguese y se sabrá con mayor certeza. La inopia en cuanto a los asuntos públicos no es un estado aconsejable para un Estado saludable o que aspira a serlo.

Y nosotros sin saber que nuestro ser nacional pendía no de un conflicto de fronteras sino de los hombros de esta mujer cosmopolita amiga del emérito, a la que todo un servicio de inteligencia tiene que mendigar (o amenazar) silencio. Triste condición esta en la que el futuro y la estabilidad de una nación depende de la discreta ocultación de la verdad.
¿Será el nuestro un régimen infantil para enanos mentales? ¿La consumación del cuento y la farsa? ¿La adivinable síntesis del matriarcado con el patriarcado en un paraíso fiscal? ¿El triste sino de la posmodernidad que nunca fue moderna?

El caso es que lo que por estos lares llaman “socialistas” (cualquier cosa) tampoco quieren que la verdad se sepa. Acabemos. Del racionalismo y el republicanismo de antaño han pasado a encerrarse en el frasco de las esencias más rancias con sus compadres de establishment, alérgicos a la luz.

Entre las cloacas del Estado y la cúspide del Estado hay tan poca distancia como entre el poder económico y la trama gansteril que nos explota y estafa (algunos sindicatos y algunos  “socialistas” no son impedimento).
No debe extrañarnos que como intermediario en los tejemanejes del ex comisario de las cloacas aparezca un ex presidente de Telefónica que pasaba por allí. Todo un símbolo. Da para una película de los hermanos Cohen.

Y es que a las “Américas profundas” de la era Trump (era oligofrénica dónde las haya) puede llegarse por evolución involutiva y lógica del modelo oficial, o pasando de la infancia premoderna a la decrepitud posmoderna saltándose la juventud gozosa, como es nuestro caso.

En resumen, nuestra cúspide es tan profunda como nuestra crisis, y se revela -a poco que se escarbe- a nivel de la ciénaga.
Y en una ciénaga autocomplaciente el lodo adquiere carácter tan espeso que el orden y la inmovilidad son los valores que más se cotizan, además del silencio.
Curioso es que al esclarecimiento de estos enigmas de la corrupción que todo ciudadano responsable debería exigir, algunos lo llamen la quiebra del Estado. No, lo que es la quiebra del Estado es la corrupción y su ocultación. Y si a esta ocultación colaboran los servicios de inteligencia y otros órganos principales del Estado, ya estamos en el ámbito de la tiranía.

Lástima pero está comprobado que sin aire la esperanza se asfixia y el futuro se frustra.

 

 

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