Archivos Mensuales: agosto 2017

España profunda, Larra eterno

Charlot

Si el “Vuelva usted mañana” de Larra hizo proverbial la ineficiencia de la Administración española de su tiempo, el “Vuelva usted dentro de ocho días” de la Atención primaria del SESCAM, ha hecho proverbial el fracaso de un mal modelo.

Si al hecho de que la Administración pública “progresista” le ha copiado los peores vicios y trampas a la empresa privada neoliberal (en cuanto al maltrato de los trabajadores se refiere), le sumamos ahora los recortes que como novedad decimonónica están de moda, y que generalmente se aplican donde más daño hacen, tenemos los condimentos necesarios para hacer un pésimo guiso y un mal papel.
Claro que eso no le importa a nadie salvo a los que lo sufren a diario: trabajadores y usuarios.

Los gestores chapuza suelen poner parches a situaciones que requieren un cambio de modelo. También es cierto que no suele haber enfrente nadie que se lo impida, ni a nivel político ni a nivel sindical. Esto explicaría que llevemos arrastrando en la atención primaria de nuestra Comunidad listas de espera inadmisibles en otro tiempo. Vamos de deterioro en deterioro.

Aunque los gestores tiren de parches con la facilidad con que se sacan un decreto de la manga (diga lo que diga la ley y la jurisprudencia), saben de sobra que la medicina que se requiere para esta enfermedad es un cambio de modelo.
Pero el cambio de modelo toca intereses muy particulares, y los intereses particulares en este país siempre han estado muy por encima del interés general.

Volviendo a la España profunda. Hay quien acaba curado de espanto a la segunda o a la tercera, yo no lo logro ni a la cuarta. Los relatos de horror y pesadilla que leo a diario en mi wasap corporativo (PEAC), me siguen produciendo tanto espanto como el primer día. Sobre todo en lo que se refiere a las jornadas maratonianas de trabajo que parecen programadas por un siniestro Mefistófeles.
El tal Mefistófeles se alimenta de salud humana en el ramo laboral, y engulle personas al ritmo de una máquina trituradora. Es una especie de “progresismo” inventado en el averno profundo, que progresa con la misma frialdad e indiferencia que una cadena de montaje. Entras por un extremo en forma de PEAC  (personal estatutario de atención continuada, ¡hasta suena bien!) y sales por el otro en forma de esclavo.

Y es muy propio de esclavos hacer 65 horas “seguidas” de trabajo sin rechistar. Algo de lo más normal. Hasta que se empiezan a hacer 72 horas “seguidas” de remo galeote en la bancada sanitaria de algún PAC del SESCAM (consultas a destajo), que indica que el tema ya se ha salido de madre y que algunos gestores incurren en graves faltas, quizás delitos.

En el wasap se puede leer hasta la descripción anatómica (no en balde somos sanitarios) de las lesiones que dichos calendarios de trabajo producen en unos trabajadores por otra parte indefensos. ¿Creen ustedes que esto les importa a los gestores y demás órganos anexos de prevención? Pues no.

Pero para montar un cortijo no basta una pata, de ahí que junto al remero galeote que todo lo sufre (por miedo a represalias) florezca el privilegio, o si suena mejor digamos “trato diferencial”. Pongo un ejemplo qué es la mejor forma de entender las cosas. Si un PEAC (esclavo oficial del modelo) incumple su jornada de trabajo legalmente establecida, generalmente contra su voluntad y por decisión ajena de los que des-coordinan sus turnos, tal incumplimiento (no solo involuntario sino impuesto) se le retrae en nómina como cantidad debida. Por contra, si eres de los que viajas en primera, tal incumplimiento de jornada no solo se consiente sino que se alienta. Obviamente tal incumplimiento de la jornada legalmente establecida, al ser en este caso abonada (he ahí la diferencia de trato), no tiene más remedio que degenerar en vicio y desembocar en listas de espera. ¿Entienden por que hablo de un mal modelo?

¿Faltan sustitutos o sobran falsas “libranzas”?
Ya me respondo yo mismo: las dos cosas.

Lo que no se entiende es que los mismos que apoyan un modelo nefasto que supone que se dejen de cumplir entre 300 y 500 consultas de las “obligadas” y “presupuestadas” por centro de salud y año, debido a la mal interpretada y peor gestionada “libranza” posguardia, consultas que sin embargo se abonan a su titular, se quejen de que faltan sustitutos.
¿Como no van a faltar?

Con ese modelo siempre faltarán. Ni en todo el globo terráqueo hay sustitutos suficientes para alimentar ese modelo. Lo que no es sustituible, porque es obligación presupuestada y abonada al titular, no se debe sustituir. Quizás entonces haya sustitutos suficientes para las libranzas legales (vacaciones, permisos…).

Vayan a un modelo guiado por el interés general y la razón. Vayan a un modelo que nos beneficie a todos, y sobre todo al usuario, vayan a un modelo madrileño, o navarro, o murciano, para organizar la atención continuada, pero no al extremeño que es más de lo mismo y aún peor. ¡Aprendan de la virtud ajena! ¡Desmonten de una vez por todas el cortijo!

El peligro de los gestores desatados es que no saben salir de un mal modelo si no es yendo a otro peor. Y en eso están según todos los síntomas. No dan para más. Temible septiembre nos espera.

Sentencia del Tribunal Supremo: El descanso postguardia no es libranza. 

 

 

 

 

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Correr y leer

Emil zatopek

 

Yo me inicie en el goce de la lectura con la misma falta de seriedad que en el goce de las piernas, es decir, por instinto. Guiado más por el principio de placer que por el principio de realidad.

Y esto ocurrió muy pronto, con las historietas y los cómics, o quizás debería decir, dada la generación a la que pertenezco, con los tebeos.

“Tebeo” es una palabra que aparece en el diccionario de la lengua española, el cual los define así:

“De TBO, nombre de una revista española fundada en 1917”; “Publicación infantil o juvenil cuyo asunto se desarrolla en series de dibujos”; “Serie de aventuras contada en forma de historietas gráficas”.

Ya antes de los tebeos, porque todo tiene su origen y su evolución, siendo muy pequeño, mi imaginación y deduzco que también la de mis hermanos se espabiló gracias a la literatura oral que nos administraba mi madre cuando nos narraba -a su manera- los cuentecillos de Perrault o de los hermanos Grimm.

Era la fórmula infalible para que no diéramos problemas a la hora de comer, ese acto irracional y mecánico que imitan los adultos pero que a veces repudian imitar los niños. La clave está en atraparlos y ensimismarlos con la magia del cuento y en dejarlos alelados pero con la boca abierta. Ese es el momento de meter la cuchara hasta el fondo sin dejar que el hilo del relato se interrumpa, que es la manera óptima de que la trama llegue hasta el esófago o incluso un poco más allá. Todo un arte este de hacer de la ficción una forma de alimento.

El pequeño relato era así una especie de flauta mágica con que mi madre controlaba y metía en el cesto de la costura a la inocente pero inquieta cobra que llevábamos dentro, resbaladiza pero sugestionable.

Los niños son por naturaleza y programación genética “culo de mal asiento”, y la única manera de distraerles por un momento de su movimiento perpetuo y de su curiosidad insaciable hacia el mundo exterior, es abrirles una ventana al mundo interior de la imaginación, contándoles un cuento.

Es por esa razón que así como Marcel Proust asociaba a una magdalena todo un mundo de recuerdos infantiles, yo aquellos desayunos de antes de ir al parvulario los asocio en mi memoria a las migas de pan que Pulgarcito esparcía por el bosque.

Hoy puedo decir incluso que aspecto tenía aquel bosque en mi imaginación de niño, y puedo asegurar también que por razones que se me escapan, ese bosque era igual a aquel otro que luego he visto reproducido en muchos grabados de Gustave Doré, reconociéndolo de inmediato como el mismo bosque. Casi como si fuera el bosque de un inconsciente colectivo o un bosque del que mi inconsciente brotó como lo hace una planta de su raíz.

La ceremonia que daba esplendor y sentido al mundo infantil de los tebeos era el intercambio que hacíamos de ellos con otros niños de parecidas aficiones lectoras.

Que por lo demás eran los mismos compinches con los que jugábamos a la peonza o a las canicas.

Más allá de puntuales intercambios sin protocolo, el momento glorioso y formal de este pequeño mercadeo se efectuaba los viernes por la tarde cuando ya las actividades escolares de la semana habían cesado y nos disponíamos a ser libres o incluso libertarios durante todo un fin de semana.

Era un intercambio al por mayor, en grandes tacos de tebeos, porque esta mercancía imaginativa, instrumento de nuestra fantasía, la consumíamos con gran voracidad. Nos entraba mejor que los garbanzos.

Imagínense a tres niños, por ejemplo, arrodillados sobre cualquier suelo capaz de soportar su firme voluntad de conquistar El Dorado o el salvaje Oeste. Hay que decir que en aquel barrio obrero, había en ese tiempo muy poco terreno asfaltado, así que muy bien pudieran estar realizando esa humilde operación de mercachifles, arrodillados directamente sobre la madre tierra y sin ningún miedo al tétanos, ni al tifus, ni a los piojos, sino en acostumbrada simbiosis con la materia que les era más próxima, tanto en el tiempo como en el espacio: la tierra.

Con la tierra tenían que vérselas cuando iban en busca de grillos cantores, o cuando jugaban a clavarse espigas de trigo en el jersey. Y con la tierra tenían que vérselas cuando jugaban a la peonza y al clavo, o a las canicas. Incluso algunas de estas canicas -canicas de pobre podríamos decir- las elaboraban con barro, amasado con primor de alfareros, a las que luego daban consistencia en el horno de su sufrida madre. Y digo “sufrida madre” porque todo tiene un límite y una cosa es ser creativo y otra muy distinta andar metiendo barro primero en casa y luego en el horno. O en la “chapa”, que antes, en España, siendo yo muy niño, había “chapa”.

Era aquel un tiempo prodigioso en que las heridas de “guerra” producto de las pedreas entre bandas contrarias y demás gajes del oficio de niño, tal que por ejemplo las “piteras” -que así llamábamos a las brechas en la cabeza producto de una pedrada- se curaban con vino y azúcar. Lo cual, si no eficaz era al menos divertido, y además en aquel tiempo, como en este, todo lo que no mata engorda.

Es viernes por la tarde. Cada niño se ha bajado de su casa, en la que no hay ascensor, sólo escaleras, un taco de tebeos que no tiene nada que envidiar al tocho inconmensurable y sabihondo de un orgulloso licenciado.

Allí se mezclan Jabatos y Capitanes Truenos, Taurus y Crispines, Zipis y Zapes, Mortadelos y Filemones, Hazañas Bélicas y Príncipes Valientes, con algún Superman añadido, que da variedad cosmopolita al conjunto.

De aquel intercambio siempre transitorio, reversible, y con derecho a devolución, no se levantan contratos ni actas de ningún tipo, ni quedan registros escritos ni listas que ayuden después a la memoria, porque los niños la tienen tan nueva y tan fértil, que no necesita las mismas formalidades que la exhausta memoria de los adultos.

Entre todos aquellos tebeos, recuerdo ahora uno (y lo recuerdo por una lectura reciente que luego diré) que tiene mucho que ver con mi actual afición a correr, y que narraba la vida entre tranquila y épica del gran campeón Emil Zatopek, la “locomotora checa”.

Y es que Emil Zatopek, el famoso campeón olímpico, era un hombre tranquilo al que le gustaba sonreír, y sin embargo no le gustaba correr ni en general el deporte, que consideraba una pérdida de tiempo, al menos al principio, y que según yo lo veo le habría gustado pasar discreto por la vida y llevarla tranquila y sin grandes sobresaltos.

Pero como decía Ortega, uno es uno y sus circunstancias, y las circunstancias a veces nos van llevando por caminos que no elegimos.

Y así le tocó, al joven Emil, vivir primero la ocupación nazi de su país, para luego quedar bajo el poder soviético, al otro lado del telón de acero, como luego le sucedió apoyar a los rebeldes de la primavera de Praga, que aspiraban a un socialismo más humano y democrático. Y como consecuencia de esto último, tuvo más tarde que afrontar la purga política que le llevó de campeón olímpico celebrado y admirado por todos a trabajar como castigo en una mina de uranio o incluso de humilde basurero. Aunque según parece y cuenta la historia, sus compañeros, que lo seguían admirando, no le dejaban recoger la basura, y cuando pasaban los basureros, Emil entre ellos, por la calle, los vecinos aplaudían desde sus ventanas o sus portales al gran campeón olímpico.

Todas estas peripecias vitales del gran atleta checo, que sólo aspiraba a una vida tranquila, están narradas de forma ágil y absorbente por Jean Echenoz en su libro “Correr”, que desde aquí recomiendo.

Pero antes de leer a Echenoz yo ya sabía de la “locomotora checa” por un tebeo de mi infancia, y de hecho su historia (o historieta) me inspiró y alentó en mis primeras competiciones atléticas de “alevín”. Y es que la mente influye mucho en el cuerpo y viceversa. Somos psicosomáticos. Leemos y corremos. Soñamos e intentamos que los sueños se cumplan. Yo tenía en la mente a Emil Zatopek cuando intentaba llegar el primero a la meta, o por lo menos el segundo, que tampoco está mal.

Si lo pensamos bien, leer se parece mucho a correr o caminar, y quien practica este saludable ejercicio sabe que mientras se camina o se corre se piensa mejor que cuando se está parado. Incluso la imaginación parece que respira y se oxigena mejor cuando se mueven las piernas al aire libre.

Dicen ahora que esto de correr es una moda y casi un negocio, pero yo creo que desde que el homo se puso erectus, no ha parado de caminar y de correr.

Al menos eso me pasó a mi que, recapitulando (como diría Haeckel) el camino evolutivo de la especie, primero anduve reptando, luego a gatas, pero una vez que me tuve en pie, dije allá voy.

Tengo que decir que mi abuelo, que murió cuando yo tenía tres años, me llamaba “mi perdigonin” -según me cuentan- porque con la vitalidad recién estrenada, como todos los niños, de vez en cuando y porque si, salía escopetado como esos cervatillos de los documentales de la 2 que apenas afianzados en sus extremidades frágiles y temblorosas, y ya más sueltos y confiados, nos asombran de repente con sus cabriolas de desfogue y pura alegría.

Correr, caminar, soñar.

COSAS DE LA ATENCIÓN CONTINUADA 1

ALGUNOS COMENTARIOS INTERESANTES DE COMPAÑEROS DEL SAC DE ASTURIAS (SERVICIO DE ATENCIÓN CONTINUADA) QUE A LOS PEAC DEL SESCAM NOS RECUERDAN ALGO MUY PRÓXIMO Y CONOCIDO

Asi es Carmen, en el 2012 en el Sespa se incumplía la ley. Se trabajaban voluntariamente 31 horas seguidas…Ahora, desde 2016 se promocionan guardias de 17 horas de los EAP y libranza después de la guardia, con una realidad asistencial muy parecida a la descrita

Ahora tampoco respetan la ley. Permiten mas horas complementarias de guardia de lo que marca la ley. En plena crisis económica, con recortes en sanidad, con aumentos de jornada; he oido decir a un médico de EAP que hace guardias seguidas de libranza: “nunca he trabajado menos y ganado tanto”…

Tampoco se respetan los limites legales de la jornada. Hay personal de los EAP que hacen 4, 5 o 6 guardias al mes. Por ejemplo 4 guardias al mes seguidas de libranza suponen 44 dias “libres” pagados que hay que sumar a las vacaciones y dias de libre disposición reglamentarios….A pesar de las instrucciones del Sespa la mayoría tampoco se asignan las guardias de los viernes…Cada Gerencia funciona a su aire…Esperemos que la reorganización de la Atencion Continuada respete la ley y ponga racionalidad y eficiencia asistencial. Los ciudadanos estarían mejora atendidos y se crearía empleo estable en la sanidad asturiana

Hay varios modelos organizativos pero se resumen en dos: 1. Unos profesionales deciden lo que quieren hacer según sus intereses y otros profesionales trabajan tanto y cuando los anteriores deciden. 2. Se respeta la ley y se organiza la actividad asistencial en dos tramos horarios diferenciados. Uno para los profesionales de los EAP asegurando su presencia en la consulta todos los dias y otro para los profesionales de Atencion Continuada y Urgente en los Puntos de Atencion Continuada.

Ni más ni menos Luis, pero por encima hay una legalidad de obligado cumplimiento y un deber político de gestionar con cordura el dinero público, cosa que no se está haciendo en Asturias con la aplicación de la libranza bajo el modelo elegido, que no es ni más ni menos que tirar el dinero de tod@s l@s asturian@s

https://www.facebook.com/groups/298724060320541/

Apartheid

apartheid

 

Extrañamente los distintos apartheid que en el mundo han sido se han prolongado en el tiempo de manera monótona y bastante inexplicable.

Esto demuestra dos cosas:
Que la injusticia abunda en las relaciones humanas (o laborales), y que está injusticia suele afianzarse en un cuerpo pasivo y sin criterio propio, siempre a favor de la gravedad. Somos muy buenos pegando coces hacia abajo y obedeciendo órdenes hacia arriba, y muy malos remediando injusticias.

Cualquiera que se mueva laboralmente en el ámbito de la atención primaria del SESCAM sabe que en su seno hay un APARTHEID laboral enquistado desde hace más de una década. Concretamente desde 2005. Y sabe perfectamente quienes son las víctimas de ese apartheid: el personal estatutario de atención continuada (PEAC).
También sabe quiénes han estado del lado de los victimarios, por acción, por omisión, o por interés, que no tiene nada que ver con el interés general. Y aquí los sindicatos sabrán si después de 12 años de pasividad y consentimiento están dispuestos reaccionar.

Pero como siempre ocurre en la vergonzosa historia de los apartheid llegará un momento (y está llegando) en que dicha situación nos parecerá una injusticia y hasta un escándalo. Y nos preguntaremos como hemos consentido que un médico o un enfermero trabaje durante 65 horas seguidas; o por qué sus turnos de trabajo son tan irracionales y contrarios a la salud laboral; o por qué en tantas ocasiones no libran ningún fin de semana del mes, de todos los meses del año, como si no tuvieran familia ni vida social, condenados a una vida paralela de sonámbulos perpetuos; o porqué no se les ha reconocido como personal nocturno y a turnos si efectivamente lo son; o porqué no se les ha aplicado a ellos las tablas correspondientes para la reducción de su jornada por noches realizadas, como a cualquier otro trabajador en condiciones similares; o por qué con la misma categoría profesional y la misma formación académica, cobran menos por realizar consultas​ a destajo que duran 17 y 24 horas seguidas (o 65), y cobran menos también por trabajar de noche y preferentemente en festivos y fines de semana (¿En qué otro ámbito laboral de este mundo se cobra menos por trabajar de noche y en festivos y fines de semana? Solo aquí); o por qué la gestión de sus nóminas no hay quien la entienda como no sea Ali Baba o el emérito extesorero Luis Bárcenas; o por qué sus turnos de trabajo y descanso se los impone  “el equipo”, si no son (como les recalcan) parte del “equipo”, ni son subordinados de otros compañeros de a pie, ni están contratados por el “equipo”, ni el “equipo” les paga; o por qué el disfrute de sus licencias y descansos les produce fatiga, cansancio, y sobre todo merma económica… Digamos que son cosas que tiran a raras.

Podría seguir como en realidad sigue y se prolonga en el tiempo (va para doce años) esta situación que de repente a todos nos parece un escándalo, cutre, y surrealista.

Amanece que no es poco, en Castilla-La Mancha.

 

Atención Primaria: Un modelo francamente mejorable

Cartel centro

 

La atención primaria de nuestra sanidad funciona las 24 horas del día, y esto es fundamental para el segundo nivel, el nivel hospitalario, porque si atendemos al número de asistencias que se prestan en esas 24 horas en nuestros centros de salud, todos los días del año, hay que reconocer que su labor es ingente.

Es un magnífico filtro que resuelve a un coste económico ajustado muchas demandas asistenciales que el nivel hospitalario no podría asumir. Por eso la atención primaria es una pieza fundamental e imprescindible del engranaje de nuestra sanidad, pero a veces esa rueda dentada con que se inicia todo el mecanismo se desajusta, y entonces toda la máquina chirría hasta poder llegar a descarrilar. El deterioro que observamos actualmente tiene mucho que ver con esto.

En ese “movimiento perpetuo” de las 24 horas de servicio de nuestra atención primaria hay en términos  generales dos franjas horarias definidas por una función distinta, la que atañe a la consulta ordinaria y la que atañe a la atención continuada o urgente (guardias). Cuando acaba una y se cierran las consultas, empieza la otra y se abren los PAC (Puntos de Atención Continuada).

Hay en cierto modo también un personal específico que con la misma categoría profesional y académica asumen esas dos funciones diferenciadas y esas dos franjas horarias distintas: el personal de consulta y el personal de atención continuada o PEAC (Personal Estatutario de Atención Continuada), y esto no solo por motivos de eficiencia sino también por imperativos legales respecto a la duración de las jornadas y la duración de los descansos que establece nuestro Estatuto Marco, así como la normativa europea de obligado cumplimiento. Cuando unos empiezan a descansar finalizada su franja horaria de trabajo, empiezan los otros a trabajar en su propia franja horaria. En un esquema que se presenta como ideal en el Estatuto Marco, las 12 horas de trabajo de unos se corresponden con las 12 horas de descanso del otro colectivo y viceversa.

Como vemos parece una danza coordinada que permite la “continuidad asistencial” de la atención primaria, cuyo hilo no se debería romper ya que cubre una demanda asistencial impredecible y contingente durante las 24 horas del día. Y aquí aparece ya un concepto que es clave en la atención primaria y en la medicina de familia: la continuidad. El Médico de familia es el médico de la continuidad.

La manera de coordinar estas dos funciones y franjas horarias, y a estos dos colectivos profesionales de la atención primaria (personal de consulta y personal PEAC), o dicho de otro modo, la manera de organizar y coordinar la atención en la consulta ordinaria y la atención urgente en el PAC, condiciona directamente la eficacia del primer nivel asistencial, de esa primera rueda dentada (la Atención Primaria) de la que depende todo el mecanismo de la asistencia sanitaria que presta el SESCAM. Por eso vemos cómo los distintos MODELOS que existen en las distintas Comunidades autónomas y servicios sanitarios para organizar la atención continuada y las urgencias de los Centros de salud, producen efectos tan dispares y tan importantes.

El SESCAM ha optado por el peor. El actual modelo de organización que implementa el SESCAM es altamente ineficiente tanto desde el punto de vista asistencial como desde el punto de vista económico, además de ser tóxico desde el punto de vista de la salud laboral para un amplio número de profesionales. Lo cual se paga en bajas por enfermedad y fuga de profesionales.

Al optar por romper el esquema propuesto como ideal por el Estatuto Marco y programar guardias largas de 17 o 24 horas de duración, distorsionando el equilibrio de las 12 horas de jornada máxima seguidas de 12 horas de descanso, obtiene las siguientes consecuencias:

La mayoría de las veces que los sanitarios de consulta (médicos y enfermeros) hacen guardia, y dado que la hacen en turnos de 17 y 24 horas, sin acotarse a las 12 horas de jornada máxima, al día siguiente se cierra su consulta. Esto supone que en un centro de salud donde 7 médicos y 7 enfermeros de consulta hacen guardia, se cerrarán a lo largo de un año entre 168 y 252 consultas de medicina y entre 168 y 252 consultas de enfermería, es decir que entre ambos colectivos se cerrarán entre 336 y 504 consultas, que no obstante se pagan. Esas cifras o similares habría que multiplicarlas por el número de centros de salud y PAC que constituyen la red de Atención Primaria. No hay manera más drástica e ineficiente de romper la continuidad de la Medicina de familia. Esto es lo que genera las cada vez más dilatadas listas de espera en atención primaria, clave de su deterioro, y con importantes repercusiones en las urgencias hospitalarias.

Si ustedes preguntan a los gestores del SESCAM por que organizan esto así, tan ineficazmente, tan en contra del interés general, no sabrán o no querrán darles la razón.

Esta es la opción peor y más arcaica. Luego existen otras más avanzadas y racionales.

Por ejemplo, en Madrid las consultas van por un lado con su personal de consulta específico, y las urgencias de primaria van por otro, también con su personal específico. Dado que el personal de consulta no hace guardias, las consultas no se cierran y permanecen abiertas todos los días. Comparen con las cifras de consultas cerradas que hemos puesto más arriba, y podrán intuir cuales son las consecuencias sin duda ventajosas sobre las listas de espera, la calidad de la asistencia, y el interés general.

Podemos referirnos todavía a otro modelo eficiente que podemos llamar “navarro”. En este otro modelo, el personal de consulta realiza rotativamente turnos de guardia cortos (hasta las 20 horas) tras acabar su consulta, y a partir de las 20 horas toma el relevo el personal específico de atención continuada. No solo son turnos más cortos y saludables (para unos y para otros) sino que se respeta el descanso de 12 horas que permite que el profesional de consulta al que ha tocado rotativamente ese turno de guardia corto, descanse y abra su consulta a las 8 horas del día siguiente. No se cierran consultas. Del cierre de ninguna consulta al cierre de entre 336 y 504 en cada centro de salud, hay una diferencia que se nota y repercute en las listas de espera y la calidad asistencial. Sin duda hay diferencia también en el buen uso del dinero público porque las consultas que se pagan, se han pasado de manera efectiva y real. No pasa lo mismo en el modelo arcaico del SESCAM, donde no es fácil calificar el hecho de abonar el desorbitado número de consultas que no se pasan.

No pregunten a los gestores del SESCAM por qué optan por el peor modelo, el más ineficiente y el más costoso, porque no les van a contestar. Es un enigma.

A pesar de ese enigma ellos saben que la jornada complementaria (guardias) es un DEBER que la Administración sanitaria administra, cuando tiene buen juicio, en base al interés general. Unas Administraciones administran ese deber bien y otros pésimamente. Lamentablemente el SESCAM está en este último grupo.

 

 

 

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