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Siempre nos quedará la duda

Selva

 

Más allá de la incertidumbre y el limbo en que se mueve y flota nuestro dinero piroclástico, siempre nos quedará la duda de si las criptomonedas de los cleptómanos virtuales (bitcoin, zerocoin, cloakcoin, dash…) que con sus ransomvirus piden hoy el rescate de sus secuestros malévolos, pertenecen al ámbito legítimo de la desregulación y de las fuerzas vivas del mercado, o son la versión 3.0 del bandolerismo de Sierra Morena.

Dicho esto sin tener nada claro si legitimidad y desregulación son entre si conceptos compatibles, o si el capitalismo salvaje hoy reivindicado es efectivamente una nueva forma de bandolerismo en que la economía más moderna hace síntesis con el casticismo armado de trabuco.

Quizás una pista esté en Esperanza Aguirre, símbolo y metáfora de tantas cosas, que es al mismo tiempo neoliberal ultra y castiza retro.

En cualquier caso, ya el hecho de que se hable de las “fuerzas” del mercado, y no de las “ideas” o de la inteligencia del mercado, nos debe orientar sobre la naturaleza de la cuestión y orientar también sobre su posible respuesta.

En este caso el lenguaje es significativo.

Al optar nuestra economía y nuestra política -que ya es sólo económica- por el término “fuerzas” en contraposición al concepto “ideas”, nos están descubriendo, los promotores de esas fuerzas ciegas, su firme decisión de descender unos cuantos peldaños en la escala evolutiva, para imitar sin complejos ni falsos pudores la naturaleza selvática de la selva, y recuperar para bien o para mal, pero sobre todo para mal, aquellos periodos de la tierra primitiva en que la vida inteligente aún no había aparecido, y el único motor de todo devenir era la fuerza bruta.
En automático, sin reflexión, por las bravas.

El interrogante que el reciente ciberataque planetario nos plantea, recae en el carácter legítimo (o no) de la desregulación, y consecuentemente también de la desregulación de la ilegitimidad, o de la ilegalidad a secas, y si todo este trabalenguas ético y jurídico es indicativo y sintomático de algún lío mental en que nos hayamos metido sin darnos cuenta.

Casi como aquel que encontrándose en un parque temático sobre paraísos fiscales, comiéndose un helado de vainilla, se pone a caminar, y así a lo tonto, a lo tonto, de palmera en palmera paradisiaca, se encuentra de repente en lo más profundo de la selva oscura de Borneo, sin brújula, sin machete, y rodeado de fieras.

Que una cosa es la teoría y otra la práctica; una cosa un parque temático, y otra cosa muy distinta una tropa de alimañas y fieras desatadas, en su ambiente y en su salsa, dentellada va dentellada viene.

O encriptación va y secuestro viene. O privatización va y saqueo viene. O recorte va y reforma no la esperes.

En todo caso, resulta paradójico y sorprendente que una de nuestras empresas más selváticas, Telefónica, buque insignia o pirata de la desregulación más descocada y cruel, no tuviera sus ordenadores protegidos contra los ataques de esa selva que explota, cultiva, y predica.

Pero es que son así: primero se ponen selváticos para arrasar con todo, más suyos y libertarios que una serpiente pitón, y luego si las cosas vienen mal dadas y se les atraganta el desayuno, piden el rescate a la cosa pública.

Inconsecuentes son un rato. O tramposos, que es otra forma de decirlo.

¿Y qué decir de Uber?
¿Nos aclaramos o no?

¿Selva o civilización?

Que si al menos fuera la selva original, podríamos decir que estamos combatiendo el cambio climático, pero es que cada vez más nuestra civilización parece una mala copia de aquella selva primera, un aborto monstruoso de aquel equilibrio.

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Estado de Deshecho y un libro

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Entenderemos mejor lo que ocurre si pensamos que Esperanza Aguirre es símbolo y sacerdotisa del Estado de derecho (¿o de deshecho?) y musa lacrimógena del neoliberalismo cañí.

O si nos preguntamos a menudo por qué razón Felipe González predica con tanta pasión la “gran coalición” con el PP, aun conociendo los mensajes vergonzantes de Rajoy a Bárcenas, y su proyecto político de liquidar el Estado del bienestar.

O por qué este mismo González utilizó una puerta giratoria para cobrar por aburrirse -como el mismo confiesa- habiendo podido utilizar una puerta normal y aburrirse como todo el mundo, gratis y sin cobrar.

O por que Esperanza Aguirre ponía la mano en el fuego por toda su tropa de colaboradores, conociéndolos a fondo, con el mismo gesto melodramático con que Felipe González la ponía por Jordi Pujol, del que desconocía muy pocas cosas.

O por qué no existe en el mundo “normal” ningún país con más aforados que España.
Eso se llama ser previsores, e ir preparando el terreno y acondicionando la cueva (de Ali Baba).

O por qué tantos compis-yoguis de la casa real acaban detenidos o en el trullo, que no son uno ni dos. Que casi los salones reales parecen la corte de Monipodio, el sevillano.

O por qué tenemos los fiscales más raros de todos los países de nuestro entorno, que cuando no hacen de abogados defensores de gente de posibles (consiguiendo imposibles), hacen de obstructores de la justicia en favor de los corruptos.

O por que los medios públicos de información son órganos de propaganda del gobierno, liberalismo puro que acostumbra a dar lecciones muy sentidas sobre la tiranía.

Si el mundo que nos rodea es tan raro (especialmente en España) es porque algo no va bien, sino que al contrario, va muy mal.

Y esto es lo que intenta explicarnos Tony Judt en su obra “Algo va mal”, de lectura imprescindible para entender el momento presente.

Dice al comienzo de su obra:
“Durante los primeros años de este siglo, el consenso de Washington había ganado la batalla. En todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacia el sector público. La doctrina de Washington era recibida en todas partes por un coro de animadores ideológicos: desde los beneficiarios del milagro irlandés (el boom de la burbuja inmobiliaria del tigre celta) hasta los ultracapitalistas doctrinarios de la antigua Europa comunista. Incluso los viejos europeos se vieron arrastrados por la marea. El proyecto de mercado de la Unión Europea -la llamada agenda de Lisboa-, los entusiastas planes de privatización de los gobiernos francés y alemán: todos atestiguaban lo que sus críticos franceses han denominado el nuevo pensamiento único“.

Una reflexión y una pregunta:

La reflexión: siempre hay que desconfiar del entusiasmo feroz, porque a menudo detrás de esa hipérbole emotiva suele esconderse el pensamiento único. Que es el más pobre de los pensamientos.

La pregunta: vista la podredumbre que rezuma por todas sus costuras la gran “revolución” ultraliberal, que se zampó a la socialdemocracia europea de un sólo bocado, como si fuera un pincho moruno (síntesis digestiva que hoy llamamos “sistema”), ¿acaso el rufián y malandrín de toda la vida –de Monipodio a esta parte- necesita algún soporte ideológico o teorizar académicamente en torno a su falta de escrúpulos?

Para mí que no.

No se sí en un libro sobre economía, sobre política, sobre la sociedad actual y sus dislates, tiene sentido hablar de sentimientos.
Sea como sea, Judt se atreve y titula uno de los capítulos de su obra: “Sentimientos corruptos”, y lo introduce con esta cita de Tolstoi (Anna Karenina):
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

En este sentido, nuestro actual presidente de gobierno es un líder de la normalidad y de la costumbre. Cuando la corrupción se indulta -como él dice y sostiene- con los votos, triunfa la normalidad y reina la costumbre. Lo mismo pensaba Hitler.

¿Alguna vez nos da por pensar, entre derbi y derbi, o entre bostezo y bostezo, que nuestra normalidad es muy anormal? ¿Que no sólo soportamos, sino que votamos y elegimos gobiernos corruptos?

Para los acérrimos partidarios de la tesis de Rajoy según la cual todo va como la seda (supongo que lo mismo les dirá a los jueces que le interroguen), sirvan de reflexión también estás otras líneas de Judt:

“Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo -miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en que basan las sociedades civiles”.

Y yo pregunto:

¿Acaso se puede confiar hoy en España en los políticos que nos gobiernan, en los fiscales que nos defienden del delito, o en los bancos que guardan nuestros ahorros?

El autobús

tramabús

 

Así como algunos han estado a punto de perder el “tramabús” (al final han llegado a tiempo), otros -muchos más- estamos en ciernes de perder, si no ponemos remedio, el autobús de la historia y de la normalidad política.

Y es que, si nuestra situación política es normal, que venga Dios y lo vea.
Salvo que consideremos normal esa normalidad que irradia Rajoy, que nunca sabe uno si es la normalidad del ciudadano medio, o la raíz cuadrada de la corrupción elevada al cubo.
A lo mejor, cuando le interroguen los jueces, nos lo aclara.

El caso es que uno visualiza, quizás cinematográficamente, al PP de Madrid, con Aguirre y toda su tropa acudiendo presurosa y billete en ristre, a la estación del tramabús -a punto de salir en su viaje concienciador- gritando desesperadamente que les esperen.

Y lo cierto es que han llegado, por los pelos, pero han llegado. Puntuales a la cita. Como era de esperar.
Y para que no sobre mi falte nada, también aparecen periodistas.
¡Qué cosas!

Ni que los hubieran visto venir.

Toca ahora Madrid como no hace tanto tocaba Murcia o Valencia.

Ahora bien, también se decía en Twitter -y no sin razón- que a este paso no va a ser suficiente un autobús, y que habría que ir pensando en un tren de mercancías, y de los largos.

¡Si fuera tan fácil librarnos de esta lacra!
Hasta les pagaríamos el billete, pero sólo de ida.

Aquí el hecho de la cantidad ofusca el hecho de la calidad, y al final tenemos un lío de magnitudes en que, sí o sí, nos pasamos tres pueblos. En la una, por arriba, y en la otra, por abajo. Y es que, efectivamente, hemos asaltado los cielos, pero ha sido la corrupción, y hemos besado el suelo, pero hemos sido los ciudadanos.

¿Somos conscientes de lo que nos está pasando?
¿Somos conscientes de en qué manos hemos puesto el destino de nuestro país, y en qué país nos estamos convirtiendo?

Ayer en RNE, una oyente argentina nos deseaba lo mejor a los españoles, e intentando hacernos un favor que nosotros mismos no nos hacemos, nos ponía sobre aviso con su propia experiencia, sobre la manera sigilosa y letal en que la corrupción corroe y acaba con un país, y hace la vida desgraciada a sus ciudadanos.

Evidentemente, a estas alturas, muchos somos conscientes de esta circunstancia, pero no está de más este tipo de advertencias que proceden de la experiencia en carne propia.
Tal como ocurrió con Argentina, hoy ocurre con España, venía a decir.

Y es que hay autobuses que, como el tren de la historia, sólo pasan una vez, y si se dejan pasar, los que tenían que irse se quedan.

A lo peor, hasta sucede que otros les ayudan a quedarse. Y no quiero mencionar a ninguna gestora.

Un acto de caridad

Sería un acto de caridad para con el PP, enviar a Rajoy, a Aguirre, y a otros cuantos inefables a su casa, facilitar que algo estallara por dentro en ese partido, el absceso drenara, y la fidelidad del militante lo fuera, a partir de ese momento, con el aire limpio, la honestidad y la decencia.

Y sería un acto de caridad con el PSOE, destetarlo de su líder prehistórico, facilitar que Felipe González se jubilara definitivamente y su monólogo tuviera alguna voz alternativa, que no sonara a rancia y gastada, a cantinela triunfal del Nodo. No nos sirve títere de ventrílocuo.

Así como ambos partidos son necesarios (o eso dicen y yo no lo creo) para reformar lo que ya no admite cura, sendos reciclajes de líderes son imprescindibles para limpiar tanta mugre y empezar a regenerar desde el tejido sano.
Mientras esto no se haga, sólo parches y cataplasmas. Poco lenitivo para tanta herida.

Aquejados como están ambos partidos de la misma polilla, por no airear a su debido tiempo la sala de máquinas y el fondo de armario, el estilo de sus decadencias los distingue.

En Rajoy destaca el deseo de pasar desapercibido, de ocultarse en la sombra, de envolverse en el manto de la inercia, a ver si escampa. En Felipe González, al contrario, el deseo de acaparar los focos, de dictar doctrina, de vigilar y controlar las disidencias, de afrontar con aplomo las tormentas y desastres que sus mismos consejos provocan.

Rajoy prefiere no hablar. Felipe González es el hombre del tiempo, el padre de todos los oráculos.
Oráculos bilingües, donde la verdad se esconde en la cara oculta de lo expresado. Siempre hay que mirar detrás. De manera que si afirma, sin lugar a dudas, que el pujolismo está limpio de toda indecencia y corrupción, ya saben a qué atenerse.
O si expresa respeto y afecto a un genocida, intenten no seguirle la corriente ni comprarle el consejo, porque este hombre lo vende casi todo, y casi nunca es buen género.

Y un acto de caridad sería, para con los investigadores de Atapuerca, aconsejarles no buscar más al hombre cavernario en aquellas prolíficas simas, pues tienen en el Cardenal Cañizares un auténtico fósil viviente, que aún no se ha informado de que Jesús de Nazaret, judío, oriental, y de niño, refugiado, era un moderno, un revolucionario, y un antisistema, como también ignora que Darwin fue uno de los padres fundadores de la civilización Occidental, que hace ya muchos siglos se destetó de los cuentos de viejas.

Sólo la caridad podría salvar a este país. La caridad, un poco de lectura, y bastante ingenio.

“IN VIGILANDO” A LO “PRO BRITÁNICA”

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Unos dicen ¡qué cansancio!, otros ¡qué trauma!, otros ¡me duele el reuma cervical de tanto contemplar este desfile!, que es algo así como que a uno le duela España pero no en el alma sino en los huesos, y no la España del 98, sino la del pelotazo postmoderno por todo el ángulo de la escuadra.
Que en esto de “in vigilando” la pasta pública, por mucho que cambien de entrenador, títere del IBEX, monarca simbólico, o dimita para volver al día siguiente sucediéndose a sí mismo el cotarro en persona, el banquillo sigue a lo suyo. De juerga en juerga. Y de saqueo en saqueo.

¡Qué cruz!

Otros dicen ¡ha llegado el invierno! y las hojas del otoño se caen con las botas puestas y sus flores vírgenes.
Que es como recibir una recesión sin que la anterior haya despachado aún a todos sus muertos. Prudencia para no confundir cadáveres con recién nacidos, o dimitidos con resucitados, o terceras vías con las mismas vías de agua, inundación y naufragio. Porque anda ya todo revuelto y sin estaciones donde apearse.

Dígame, ilustre dormido, que la vida es sueño ¿con qué estafa se despereza usted mejor? ¿Con la que aún no se ha ido o con la que ya se ve llegar pisando fuerte?
Que digo yo, sí el retraso en la edad de jubilación no será para sincronizar el fin de la crisis con el  propio fin de nuestro trayecto vital, y la victoria final con la resurrección de la carne. Muerto el perro se acabó la rabia. Y muerto el solicitante de empleo, se acabó el paro. Que el premio a tanta paciencia, como en los viejos tiempos, está en el más allá.

Nuestra clase política, que no es capaz de denunciar y resolver estafas (estructurales), ha de ser capaz por lo menos de inventar palabras que las maquillen. Ahora estamos con “in vigilando”, un intento de evitar lo penal carcelario con el sacrificio (teatral) de lo político. Pero aún no de lo ideológico.
Se van quemando barcos, pero el tesoro no se suelta ni la pasta se devuelve.

Nuestra catarsis, permítanme lo diga sin rencor, dura ya más de una legislatura, y sin embargo seguimos esperando que el somnoliento (y aburrido) colega de Freud nos deshipnotice y despierte, y extraiga la piedra de nuestra locura, el verdadero ello enquistado en nuestra mentira oficial, que contempla el mundo a través de un embudo: como la epopeya del 1% y la servidumbre del resto insignificante.

La mentira y su verdad reprimida causa neurosis en el individuo de andar por casa o a través de la oficina, pero en un conjunto de individuos constituido en país, o en un conjunto de naciones reducido a supermercado, causa la ruina de toda una civilización. ¿Y no era esto lo que queríamos salvar, la “civilización”, con la patada final al muro inhóspito de Berlín?

Y aquí es donde llegamos al origen de todo: a la doctrina.
Porque cuando la doctrina no es sana, los frutos no pueden ser saludables. Obvio es que los frutos no son saludables… ergo…

¡Puro empirismo!
Empirismo a lo “pro británico”, del tiempo de Francis Bacon y no del tiempo de Margaret Thatcher. De cartabón y regla. De saber contar con los dedos.
Por eso Aguirre incurre en contradicción al culparse de “in vigilante” y alabarse de “pro británica”, en su calculada e insincera rueda de prensa. Pues la esencia de lo pro británico -en el sentido thatcheriano en que ella lo invoca y representa- consiste en “in vigilar” a los golfos y reprimir a los que no lo son.
Y esto no es ciencia aritmética, es doctrina. Esto es de manual y evangelio de los neo libertarios, ácratas del Estado social, solidario y de derecho. Antisistemas de la civilización conseguida con sangre, sudor y lágrimas, por unos abuelos que no nos merecemos.

Y en eso consiste la amenaza del “brexit” anglo-financiero de Cameron, mejor tolerado y consentido que el “grexit” de la democracia griega: los dueños del cotarro y su City quieren seguir “in vigilando”, mangoneando, y sobre todo que los dormidos no despierten. Por eso tantos tratados que nos tratan de esclavos, se firman a oscuras y de noche.

 

Errores teleológicos

Hay errores que parecen caer del cielo para sustentar una fe, pero no caen del cielo, sino de la cúspide del poder, que aunque se parecen no son lo mismo. De la misma forma que no es lo mismo un error que una pifia (pifiar en México significa robar).

Es decir, hay tecnocracias teológicas (o teocráticas) que se fundan sobre errores teleológicos (con intención y finalidad) de la misma forma que hay religiones “reveladas” que tienen su origen en alucinaciones, en el mejor de los casos, o en el candor de los pardillos, en el peor, porque no deja de ser sugerente que el origen del sacerdocio y otros oficios levíticos esté casi siempre ligado a las ofrendas en especie que, aunque son para Dios, se las come el sacerdote.
Lo que hoy llamaríamos “comisiones” o “mordidas”.

Unos venden a Dios, sine die, con hipoteca y derecho a desahucio, y otros venden (o saquean) el patrimonio público, privatizándolo y cobrando el diezmo correspondiente. Lee el resto de esta entrada

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

El sueño de la razón produce monstruos y los trompazos electorales alucinaciones.

Dice Esperanza Aguirre, iluminada por el resplandor de las urnas, que AHORA MADRID persigue acabar con la “civilización Occidental”, operación demoledora que al parecer va a comenzar por España, y más concretamente por su capital.

Y claro, ella se postula como salvadora del Occidente amenazado, y si hace falta del Oriente también (del orto al ocaso puestos a ello), junto a Granados y otros colegas de tropelías varias, como tropa guerrera, inspirada y talentosa.
Tropa y tercios que ya nos debe orientar sobre el Occidente que la postulante tiene en mente (a la altura concreta de su cartera), y que nos debe hacer dudar del norte e intereses que guían sus pasos e “ideas” (por llamarlas de alguna forma).

Proyecto político que tiene sus señas de identidad más conocidas en los maleteros de la Púnica, y sus logros más ilustres en el saqueo y privatización de los bienes públicos, junto a otras mordidas de rigor y costumbre.

Tamaña lucidez y análisis de la realidad ya nos explica muchas cosas, incluidas las deserciones recientes de tan dudosa y malhadada cruzada “occidental”, porque cuando uno (o una) tiene una cara que se la pisa (se acaba de designar ella misma “regeneradora” oficial) acaba por tropezarse con su propio rostro y curriculum en el espejo.

En sentido opuesto muchos pensamos que AHORA MADRID y otras “mareas ciudadanas” que en un santiamén han brotado, crecido, convencido y conseguido votos en los cuatro puntos cardinales de nuestra patria, sin más apoyo que la razón y la indignación frente a los golfos y otros “profesionales” de la política, son tan razonables, saludables e imparables, como las mareas del mar azul de verdad, tan occidentales como la lógica de Aristóteles, y tan universales como la ley de la gravedad.

Y que justamente han nacido para proteger a Occidente y su democracia, del ataque orquestado, globalizado y financiado (ilegalmente), de una tropa bárbara y delincuente, cuya sociedad “abierta” viaja “encerrada” en valijas de lujo, hacia paraísos fiscales y otras patrias amuralladas que no saben de fronteras, civilizaciones, o puntos cardinales.

Y es que no hay mayor sofisma ideológico que sostener y predicar con fe ciega y fanática, que dejar las manos sueltas a los ladrones desregulados, los vuelve honrados, civilizados, y eficientes.

Cabría pensar y defender que si Occidente es un “humanismo” digno de “conservar”, tiene más que ver con Grecia, el Renacimiento, Montaigne y la conquista (incluso revolucionaria) de derechos y luces, que con los recortes y expolio de estos derechos, la crueldad con los necesitados, el saqueo del trabajo ajeno y de los bienes públicos, el oscurantismo, el ataque a la educación y el salto rociero de la verja.

Para los defensores tecnócratas de su Occidente particular y privado, que las nuevas formaciones políticas practiquen y exijan “primarias” a los demás partidos, les resulta caprichoso y novedoso, cuando no “excesivamente democrático y helénico”.
Lo cual demuestra que efectivamente no han entendido nada (o no quieren entenderlo), porque si algo tienen claro los ciudadanos españoles a estas alturas de la película, es que la corrupción que nos ha llevado al desastre actual nace en los partidos, se alimenta y ampara en sus aparatos, y se trasmite y contagia a la sociedad, que en última instancia es la que paga la factura.

¿O dónde estaban los aparatos “orgánicos” de los partidos (incluidos jueces, fiscales y voceros mediáticos), todos estos años mientras se saqueaba y corrompía el Estado?

Si de algo es consciente el ciudadano español es que se le consulta poco, y de que con mayor pecado y peores consecuencias, las decisiones importantes no pasan por sus manos.
Consultando la soberanía popular como es obligado y propio de “Occidente” ¿España habría entrado en la guerra de Irak, que al final fue decisión justificada en la mentira y guiada por intereses personales y privados?

El Tribunal Constitucional considera que las plusvalías y beneficios de los bancos (muchos de ellos rescatados con dinero público que no han devuelto) están por encima del derecho constitucional a la vivienda, y mediante reciente y sorprendente sentencia da apoyo legal al desahucio de familias enteras (incluidos niños y ancianos). Se justifica el alto tribunal en que nuestra Constitución es como es.

Muy sensatamente, un representante de Izquierda Unida concluye de esta sentencia y argumento jurídico que entonces es nuestra Constitución la que tiene un problema. Y gordo.

¿Alguien puede considerar serio hablar de la regeneración y refundación del PP sin hablar de la regeneración y refundación del PSOE, y sin acometer muy seriamente y como medida higiénica la regeneración y refundación de nuestra Constitución, que ha sido el soporte legal y político de la corrupción actual?

Marcos Benavent, yonqui del dinero y oficiante del mangue (leo en noticia de hoy mismo), tras entregar al juzgado los discos duros que otros borran, pretende servir a la verdad regeneradora describiendo y explicando el modus operandi de los “defensores de Occidente”, made in PP.

Eso, más que una “cruzada” es una cruz sobre nuestras espaldas, pero ese es (junto a la devolución del dinero) el único camino de la regeneración.

EL SEÑOR X DE LA CORRUPCIÓN

psicoanálisis

Y va Esperanza Aguirre y dice (completando frase ajena): sobresueldos en Génova 13 cobró hasta la madre superiora, “menos yo”.

Y confirma: “Exactamente”.

Y no pasa nada. Repito: no pasa nada.

Situémonos geopolíticamente para entender la inopia pasmada que implica la ausencia de respuesta fiscal: España, cosecha del 78. Añada de innumerables golfos, que cuando quieren un abogado contratan un fiscal y malogran un juez.

O compran un puñado de periódicos y media docena de medios.

Esperanza Aguirre, Mater amatísima, amor de madre y esperanza de Granados y González, no está para lapsus de saqueos. Ella va libre, independiente, desenvuelta y corruptora de multas, y aparca donde quiere y larga lo que le viene en gana.

El inconsciente y sus lapsus no le juegan una mala pasada (como a Cospedal), porque para esas traiciones del estrato bajo hay que tener un “superyo” fino que lo cubra y vele, un estrato cultural. Y ella no lo tiene.

Que gratificante sería que en vez de Joan Coscubiela de Izquierda Plural, hubiera sido Pedro Sánchez o cualquier otro líder “regenerado” del PSOE, el que hubiera motejado a Rajoy como “El señor X de la corrupción”, porque entonces, mencionando de esa forma la soga en casa del ahorcado, al señor X en casa del PSOE, podríamos dar por desatada una epidemia de lapsus administrados con método y táctica, que conceda una oportunidad a la verdad y al futuro de una democracia decente.

No nos libraremos del pasmo general que ya nos define y alimenta, sino con un atracón de verdades aliñado con retahíla de confesiones.

Hay que repeler al maligno, exorcizar el pasado, digerir el pecado, asesinar al padre. Sin eso, no hay futuro.

Unos pocos lapsus no bastan. Se necesita una catarsis, una confesión en toda regla, y sujetarse a la penitencia.

Si la mentira se nos cuela en el armario y anida como especie invasora, esta casa de todos, antes o después, se nos viene abajo.

Incluso aunque se celebren y se ganen elecciones.

AGUIRRE, UNA GANGA

tenia2En su aparente duplicidad este pequeño artículo solo trata de un tema: el mercado de la corrupción, o lo que es lo mismo, la corrupción como mercado.

Y casi podría decir para empezar que el género está barato, pues debido a la ley de la oferta y la demanda, con una relación casi erótica y de mutuo amor, entre el que demanda y el que ofrece, entre el que vota y el que gobierna, entre el que compra y el que se vende, la abundancia de género corrupto ha puesto el precio de la democracia por los suelos. Cualquiera puede comprarse un cuarto de filete bien aliñado con trampas y desfalcos, con comisiones de maletero y disparos furtivos. Esto es pura selva, y no hace falta controlar la triquinosis.

Y Aguirre, quizás por ello, vende bien, incluso sin pasar el discurso por el veterinario para que le examine la lengua. Vende, y todo lo demás sobra, que esto es el mercado.

Y excesivamente inocentes y dignos de estampita son los que aún se asombran de ello, y escandalizados se llevaron las manos a la cabeza cuando Rajoy la nombró candidata, abuela de tantos nietos deformes. Nietos “políticos”, claro está. De los que medran a la sombra del Granado y otros inventos impunes, desimputados por léxico-ley, de la Púnica.

Investigados (que no controlados), y ya es mucho decir.

Pero Rajoy, como carente de cualquier tipo de escrúpulos, en vez de llevarse las manos a la cabeza como haría un santo varón digno de crédito, o enviarle algún mensaje de ánimo y consuelo por la “Púnica” desvelada, como es su costumbre solidaria, donde se llevó las manos fue a la calculadora, como haría un astuto tratante de cabaña, y se preguntó: ¿A cuanto está el cuarto de corrupción calculado en votos?

Y decidió, oteando la calidad del cliente y la escasez de género limpio (esto se ve en la dentadura), o que no era mal negocio, o que no había mucho donde escoger, vista la epidemia de tenias chupópteras y demás platelmintos vampiros.

Con lo cual, para decirlo brevemente, que la corrupción una vez mas asome la patita por debajo de su falda, en forma de jefa de prensa o lo que fuere, es lo de menos. Aguirre es la candidata. Y probablemente las mas “representativa” de la marca.

¿Han dimitido ya los órganos de control (Aguirre incluida) encargados de que el Granado no diera frutos envenenados?

¡Que cosas tiene usted, Don Justo! ¿Acaso ha dimitido usted de su optimismo y vana esperanza?

Recuerde que por dimitir no ha dimitido ni el presidente de la Comunidad de Madrid.

Insisto: ¿Han dimitido ya los órganos de control que miraban para otro lado mientras en el Banco Madrid (tan lejos de USA) florecían y medraban los capos de la droga y demás excelsos criminales?

¡Y dale!

Pues no le habíamos dicho que la corrupción era cosa del pasado, y va usted y me viene con un caso actual y del presente más rabioso, que por definición programática y consenso bipartidario, no existe, no puede existir.

¡Haga como nosotros! ¡Mire para otro lado mientras los americanos desinfectan el corral!

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