Archivos Mensuales: enero 2018

Los golpes y el Estado

CORRUPTOS

 

Cómo el problema es el Estado –decían los iluminados-, todos los golpes que reciba serán un para bien. Esta es la esencia y el leitmotiv de la nueva libertad, que desde que aterrizó por estos lares tan secos y poco acostumbrados a la libertad, sea a la antigua o a la nueva, y sobre todo desde que se fundió inextricablemente con la desaforada pasión por el fútbol, no ha cesado de rendir beneficios pingües. No entramos a valorar para quien.

De suyo y por tradición somos una nación golpista que se comió entera y sin rechistar una ración entera de fascismo a la plancha (40 años) mientras por ahí fuera preparaban, entre otras cosas, el viaje a la luna.
Mientras allí volaban a la velocidad del sonido, aquí seguíamos cavando agujeros con la poca vista y la gran resignación que despliega la tortuga.

Cierto es que en un momento dado y por el natural discurrir del tiempo biológico que pone a toda biografía fecha de caducidad, hubo al fin que levantar la vista del hoyo y decidir si acompañar en su viaje definitivo al muerto o comernos el bollo de los vivos.

Fue decisión sabía pero poco meritoria -dados los estándares circundantes- no caer de nuevo en aquel agujero y atreverse a probar algún pedacito de aquel contubernio universal que nos decían era el mundo.
No sabíamos sin embargo por aquel entonces que incluso para esto de catar el mundo libre hay que estar entrenados, y que dado que la experiencia es la madre de la ciencia y experiencia de libertad y democracia teníamos muy poca (o ninguna), ciencia tal aún no la teníamos estrenada. Y se nota. Pero en fin, por algún lado había que empezar. Y empezamos.

Y en ello seguimos: en los comienzos, es decir en la transición del fin, que es una especie de comienzo dubitativo que no se atreve a dejar de serlo, y que si comienza algo es un memorial del comienzo, contaminado por el indeleble fin. Y así, indefinidamente.

Cómo digo, somos una nación golpista que no tiene paciencia para las razones, ni tiempo para consultar al vecino o al ciudadano como ve las cosas y que opina, si no con la frecuencia que se estila en otros sitios, si al menos con la prudencia que exigen las cuestiones importantes (ir a la guerra, cambiar la Constitución… cosas así).
Ya sé que hay elecciones, cada cierto tiempo, no me olvido. Pero más allá de la mayor o menor corrección de las formas, sea por lo que sea la sustancia no nos cunde y el fondo no hace honor a las formas. Así que sin retrasarlo ni un minuto más emito mi humilde opinión y afirmo con derecho a equivocarme que no somos una democracia homologable, que esta es de pésima calidad, cutre, y que en cualquier caso no estamos en condiciones de dar lecciones a nadie.

Las filípicas europeas que nuestra torpeza democrática merece son ya tan reiteradas como inútiles. En el mismo Bruselas tenemos montado un circo. Padecemos un presidente del gobierno al que hay que salvar todos los días (de sí mismo y de sus actos, claro está), como esos retratos que hay ocultar en un cajón cuando llegan las visitas. En realidad, con esa operación de salvamento, lo que se intenta es evitar o retrasar el contacto del país con la verdad, hasta que la verdad prescriba.

Alentamos y patrocinamos un espíritu patriótico que nos induce a evitar males mayores, por el fácil trámite de no aspirar a ningún bien, ni siquiera menor. Una resignación a prueba de bombas que nos recuerda otros tiempos. Un futuro tan neblinoso como nuestras pensiones. Un paro crónico que se estudia como rareza en las universidades del mundo entero. Una marca de botellón. Y según los casos y las estaciones, una manada en fiesta perpetua.

Por no hablar de los golpes de nuestro golpismo irredento. Por concretar y no estirar demasiado la secuencia, he aquí los más recientes: el golpe de la guerra de Irak que tantos golpes terribles nos trajo y aún nos depara; el golpe pro-germánico y neo-socialista del 135; el golpe ejecutivo y descabezador de los generales y generalas del PSOE contra sus votantes y militantes; los golpes ambidiestros y a mansalva del 1 de octubre; el golpe mentecato y sin cabeza del 155… y lo que te rondaré morena.

Pero para golpe el que nos colaron desde el principio por la puerta de atrás: la corrupción sistémica como alma negra que todo lo infiltra y corroe. Su lema debería ser el mismo que el del averno: “El que aquí entre, abandone toda esperanza”.

Pues siendo este nuestro panorama halagüeño –Dios me perdone la ironía- El País subtitula hoy su editorial principal: “España debe liderar los esfuerzos para que la democracia vuelva a Venezuela”.

Bien vamos. No hemos ido y ya estamos de vuelta.

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La basura laboral como logro sindical

 

Basura laboral Charlot

 

Aunque la frase rima lo cierto es que tiene muy poca gracia. Y es que efectivamente tiene muy poca gracia que una organización que se define como “sindical” se dedique a fabricar y promocionar basura laboral, y a empeorar la situación de unos trabajadores (incluidos sus afiliados) que ya era reconocida como pésima.

Lo que está haciendo SATSE, sindicato de enfermería, con el personal PEAC del SESCAM no tiene nombre, o si lo tiene pero mejor no decirlo en público. Entre el personal PEAC afiliado a SATSE cunde la perplejidad y el escándalo, surgen propuestas de baja masiva de ese sindicato, y desde luego se disponen a pedir explicaciones a los dirigentes y representantes que se sientan en la Mesa de negociación sobre PEAC.

Centremos el asunto. Actualmente se están desarrollando una serie de mesas técnicas entre los sindicatos del sector sanitario y el SESCAM sobre un colectivo profesional clave en la atención primaria de nuestra sanidad, el personal PEAC, médicos y enfermeros que constituyen un colectivo de unos 900 profesionales por lo general con nombramiento interino, situación de temporalidad “longeva” que es el paradigma del fraude de ley y abuso en la contratación temporal del que la justicia europea acusa, con razón, al Estado español. Sobre ese fraude la jurisprudencia es cada vez más rotunda, algo que al parecer a algunos de nuestros sindicatos les resbala. O si no les resbala, miran para otro lado. Como mucho buscan soluciones “normales” y de urgencia a situaciones “anormales” e inveteradas, como si nada hubiera ocurrido y la justicia europea no hubiera hablado alto y claro.

Ya es anómalo -pero “normal” en algunos de los sindicatos que padecemos- que ciertos representantes sindicales que se sientan a esta Mesa de negociación sobre PEAC, entre ellos SATSE, no hayan consultado a sus afiliados PEAC sobre las propuestas que deben defender ni contrastado la opinión de los profesionales directamente afectados. No han abierto ninguna vía ni cauce para ese requisito obvio y no parece que estén dando mucha (ni poca) información a sus afiliados sobre el curso de las negociaciones. Este actuar a hurtadillas y en función de decisiones que se han tomado muy poco democráticamente, revela una actuación sindical opaca, para nada trasparente, y guiada por intereses o complicidades no declarados. Y este es, desde luego, un estilo rancio y viejuno, muy poco homologable y muy poco aceptable.

Parece ser por la información que llega al colectivo PEAC (información negada en su cauce normal) que la actitud de SATSE en esta negociación es de absoluto desprecio hacia los derechos e intereses del colectivo PEAC. Y también de desprecio por sus derechos adquiridos y el reconocimiento que se les debe por su esfuerzo notorio de todos estos largos y penosos años. Lejos de eso, parece que el objetivo de este sindicato fuera empeorar aún más la situación laboral de este colectivo en complicidad con los órganos gestores del SESCAM que siempre han dado sobradas muestras de insensibilidad hacia la situación de algunos de sus trabajadores, y especialmente del personal PEAC.

Unos y otros, sindicatos como SATSE y gestores como los que padecemos, intentan introducir con tenazas en nuestra atención primaria esa burla a la dignidad laboral (directamente basura laboral) que ha dado en llamarse “chico para todo”. Y dada su incapacidad o nula voluntad para corregir las irregularidades (ilegalidades) de un modelo donde la jornada laboral se incumple (pero solo por un grupo de beneficiados), no tienen más ocurrencia que apretar un poco más las tuercas al personal PEAC, que si cumple indefectiblemente su jornada,  como apaño para tapar esa irregularidad.

Ante este escenario solo se puede decir una cosa: quien colabore en esta operación quedará retratado, como quedó retratada la Administración Cospedal cuando intentó cerrar los PAC en nuestra Comunidad.

He aquí un sindicato, SATSE, que no solo no le ha importado una discriminación y maltrato laboral enquistado en la atención primaria de nuestra sanidad durante más de 12 años, sino que al parecer la quiere prolongar “ad vitam aeternam”.

Si al menos…

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Leo unas declaraciones de Pedro Sánchez invitando a no permanecer impávidos ante el desmantelamiento del Estado del bienestar. Y también repetidas cuñas en su discurso, más menos disimuladas, intentado convencer a propios y extraños de que ellos son la izquierda.

Cabe entender ese estado del bienestar al que se refiere Pedro Sánchez, como una cierta actitud hacía aspectos básicos de la convivencia social como son la educación, la sanidad, las pensiones, que favorecen precisamente esa convivencia social, actitud que al final de la segunda guerra mundial, cristaliza en un determinado consenso que orienta y define la realidad y personalidad europea.

Y así hemos estado todos estos largos años, conviviendo y progresando en base a esa orientación, en base a esa personalidad y ese consenso logrado tras aquella gran catástrofe bélica, hasta que aires posmodernos favorecidos quizás por el aburrimiento (que distrae mucho y aturde bastante), vinieron a neoliberarnos de ese pacto de solidaridad y democracia.

Sin duda son aires extraños y de difícil encaje en nuestro modo de ser y ver el mundo estos que durante las últimas décadas intentan cambiar la personalidad de Europa y torcer su rumbo, y el desorden que este intento provoca es evidente y toma múltiples aspectos. Pero también es cierto que la reacción contra ese intento ha sido rápida e intensa, decidida y ubicua, por lo menos en determinados sectores de la sociedad. Por eso Europa es hoy escenario de una confrontación sobre cuyo resultado es difícil hacer previsiones, pero que de alguna manera nos recuerda otras confrontaciones pasadas. Deja vu.

Probablemente nada de esto hubiera sido posible si los partidos socialdemócratas de Europa no se hubieran vendido al mejor postor, colaborando para que en el autodenominado “centro político” tomaran asiento ideas extremas y radicales importadas artificialmente de otros lares. Así, bajo esa mascara del “centro” político, pretenden vendernos la idea radical y rancia de la plutocracia. Y digo ideas “extremas” y “radicales” en referencia a aquel pacto antes mencionado.

Siendo esta una operación tan burda, por lo menos a los ojos de muchos, ha determinado la aparición de nuevas opciones políticas en un intento casi desesperado por salvaguardar aquel consenso postbelico y sus evidentes logros. Esas nuevas opciones políticas han venido a ocupar el vacío dejado por esos partidos que en otro tiempo fueron socialdemócratas, y que han acabado siendo indistinguibles de los partidos instrumento del poder omnímodo del dinero.

Por eso cuando uno escucha la invitación de Pedro Sánchez a no permanecer impávidos ante el desmantelamiento del estado del bienestar, la reflexión que surge espontáneamente es que si al menos el PSOE hubiera permanecido impávido haciéndose a un lado, y no hubiera colaborado de forma tan decidida y decisiva en ese desmantelamiento, no estaríamos donde estamos.

La estafa constitucional que significó lo sucedido con el artículo 135 de la Constitución, hito en el desmantelamiento del estado del bienestar, fue obra del PSOE (con el apoyo fiel del PP).

Las iniciativas legislativas para la privatización de la sanidad como elemento clave en el desmantelamiento del estado del bienestar fueron obra del PSOE (con el apoyo fiel del PP).

En todo lo que ha sido la de privatización de sectores estratégicos (fundamentales para un estado del bienestar) inspirada en el lucro privado y la explotación laboral, y que ha traído peores servicios y facturas más caras, PSOE y PP han ido siempre de la mano.

Siendo como era conocido que el objetivo político número uno del PP, entre corrupción y corrupción (y también de Felipe González, como pupilo entusiasta de Margaret Thatcher), era el desmantelamiento del estado del bienestar, la acción política del PSOE ha sido decisiva y decidida para mantener al gobierno de Rajoy -que no contaba con el apoyo de la mayoría de los votantes- en la dirección firme de sus objetivos. Y esos objetivos del PP no fueron votados precisamente por los votantes del PSOE. Eso se llama fraude.

Así que Pedro Sánchez debería saber que si hoy el PP desmantela el estado del bienestar es gracias al apoyo fiel del PSOE. Sus fidelidades se entrecruzan tanto que sus opciones políticas son indistinguibles.

Sin duda aquella ocurrencia de los resistentes del 15M que pusieron en palabras lo que muchos pensaban al hablar de un extraño híbrido, el PPSOE, no estaba fuera de lugar.

 

Posverdad y maquillaje

posverdad

 

Lo que no puede negarse es que el PP (el PP de sus dirigentes, claro) va con la posverdad por delante. A cara descubierta y con el sobresueldo oculto.

¿Qué es la corrupción sino la mentira absoluta, la mentira convertida en ritual?
El que se lleve a engaño con este partido es porque quiere. Su mentira es torpe pero trasparente. Su posverdad canta.
A los dirigentes del partido, que dicen más corrupto de Europa, España y los españoles les importan un bledo. Tienen más interés en las cosas de Suiza o Singapur, o de las Bahamas. Pero al menos esta verdad no la maquillan, no la ocultan, salta a los ojos. Lo sabemos. Nadie que no quiera lo ignora. La casuística en pos de esa verdad abunda y es autosuficiente.
Sabemos que su interés está muy lejos de aquí, de nuestros servicios públicos, de nuestra sanidad, de nuestra educación, de nuestras pensiones. Tienen sus ansias y preocupaciones, también sus ilusiones y esperanzas, puestas en otros antros: en el dinero sin patria, en los negocios redondos de la mordida, en el esplendoroso futuro de los paraísos fiscales.

Esa es su verdad posverdadera, sin maquillaje, no da para más, ciertamente torpe y grosera, pero a la altura del contexto. Y el contexto al día de hoy solo puede calificarse de raro. Raro en el sentido de que hace apenas una década nadie podía imaginar que llegaríamos dócilmente, flácidamente, a este estado de cosas que ilustra una ética embotada y una democracia difunta.

Otra consideración merece el PSOE, que domina el arte del maquillaje, y que de tanto maquillaje se ha quedado sin piel sensible y sin realidad profunda. Indefinido. En el limbo de lo inexistente. Al fin y al cabo, de donde no hay no se puede sacar.

Hizo fácilmente y provechosamente (para unos pocos) el camino de la pana a los consejos de Administración, pero el camino de vuelta es más difícil. O estás con los bancos tramposos y rescatados o estás con la gente estafada que ha pagado ese rescate. Acordarse de ellos ahora, en momentos de apuro “electoral” y sequía de votos, es pura retórica, falsa filigrana en el viento. No cuela y tampoco cala.

La mentira del PP es transparente, nuclear, rotunda, no le tiembla el ánimo… de mentir. La verdad del PSOE es puro maquillaje, seca cáscara. Demasiada veleta para tan poco viento.
Entre unos y otros, entre lo mismo y lo mismo, se condensa nuestra calma chicha.

Y no hay más verdad en el invento de Cs, que tanto nos recuerda la cínica sabiduría de El Gatopardo: “Hay que cambiar todo para que no cambie nada”. Es otra forma de entronizar la plutocracia.

Nuestra distopía no es solo climática, sino política. Nuestra sequía procede de un solo viento, que siempre sopla del mismo lado. Y eso solo conduce a un paisaje deforme, irreal, asimétrico.

En cuanto a Cataluña, que es la música de fondo de esta farsa, seguimos en la misma inopia. Que se presente Puigdemont a ejercer su cargo electo democráticamente, bien. Que acabe entre rejas (él y su elección democrática) como algunos desean con furor morboso e insensatez supina, bien. Sin duda habremos resuelto el problema.

Cuando se embota la ética, hasta la inteligencia padece.

 

 

 

 

La “Transición” en la Atención primaria

 

doctor measuring blood pressure of male patient

 

Describíamos en un artículo reciente las importantes consecuencias que puede tener para la atención primaria de un servicio de salud el optar por un modelo u otro de calendario de guardias, y los graves vicios de gestión que pueden derivarse de esa elección.

Cómo o de qué forma se coordinen las dos funciones básicas de la Atención Primaria, la consulta y la guardia, es determinante para el interés general y para el buen uso del dinero público, y en definitiva para la asistencia que la atención primaria presta.

Sin duda en esta asistencia la labor de la consulta es nuclear, pero en un ciclo asistencial que no se interrumpe durante las 24 horas de cada día, la guardia de los centros de salud constituye -con diferencia- el mayor tramo horario asistencial pues ocupa las 24 horas de cada festivo y fin de semana, y 17 horas de cada día laborable. Por tanto ese tramo asistencial de atención continuada que se inicia una vez que se cierra la consulta tiene gran trascendencia.

Ambas funciones, consulta y guardia, pueden coordinarse desde el peor modelo, que es el que actualmente implementa el SESCAM, al más óptimo, que es el que aplica una estrategia asistencial totalmente distinta del primero, y que ajustándose a la legalidad vigente otorga la importancia que se debe al cumplimiento de la jornada legal por parte de todos los profesionales de la Atención Primaria y a la apertura de las consultas todos los días laborables, tal y como está presupuestado.

Entre ambos modelos, el malo y el bueno, existe un modelo de “transición” del que luego hablaremos.

La razón de por qué el SESCAM ha optado por el modelo malo nunca ha sido suficientemente argumentada ni explicada, y tras mucho escarbar lo único que se encuentra son intereses estrechos y corporativos.
Como ya dijimos en el artículo previo este modelo malo consiste básicamente en un sistema por el cual se promueve el acúmulo y la selección de guardias (de lunes a jueves evitando los pre-festivos) por parte del personal de consulta, de manera que el resultado final sea que se obtengan muchas “libranzas” posguardia.
Las consecuencias de ese sistema que se constituye necesariamente en círculo vicioso no son solo el incumplimiento de la jornada legal (hasta 65.000 horas en un solo semestre y en una sola gerencia, según algunas estimaciones) sino la postergación descarada de los objetivos de la medicina de familia, los cuales se basan en la accesibilidad del médico de cabecera y la continuidad asistencial, requisitos esenciales de la relación médico-paciente en este nivel.

En el modelo malo por el que ha optado el SESCAM, el acumulo de guardias con libranza es lo principal, y la consulta, base de la Medicina de familia, pasa a segundo plano. Es el mundo al revés: se incumple jornada ordinaria de consulta para coleccionar o acumular jornada complementaria de guardias, y concretamente de guardias con libranza.
Las consecuencias de todo ello las sufrimos a lo largo de todo el año en forma de listas de espera para el médico de cabecera y su consiguiente repercusión en los servicios de urgencias (que están infradotados de personal), tanto a nivel de los centros de salud como a nivel hospitalario.

El modelo bueno, que podemos identificar con un modelo de microguardias, establece como prioritaria para los objetivos de la medicina de familia la labor de consulta, y por tanto coordina la consulta y la guardia de tal manera que la consulta se abra en cada día laborable y el profesional de consulta cumpla su jornada legal. Para ello recorta la guardia que realiza este profesional en forma de microguardias hasta las 20:00 horas, momento en que la guardia es asumida por personal específico (PEAC), también médicos de familia y enfermeros de atención primaria.
Con este modelo de coordinación todos los profesionales cumplen su jornada legal, a todos se les respeta sus descansos preceptivos, no se producen falsas “libranzas”, y la consulta, hecho básico de la Medicina de familia, se abre todos los días laborables.

Entre un modelo y otro, entre el modelo malo del SESCAM y el modelo correcto, existe un modelo de “transición” que podríamos denominar “murciano”, que aminora mediante una rotación específica del calendario de guardias el número de falsas “libranzas” y prepara el camino a su eliminación total.
Es el compromiso entre dos mundos, el de los vicios de gestión arraigados en costumbre con nefastas consecuencias, y el que se guía por el interés general y la eficiencia asistencial.
Esperemos que cuanto antes (es urgente) hagamos esa evolución y caminemos en la dirección correcta para evitar las situaciones dantescas que hoy se viven en nuestra sanidad pública.

POSDATA: Microguardias: solución para la Atención primaria.
https://www.clm24.es/opinion/lorenzo-sentenac/microguardias-solucion-atencion-primaria/20180111083050188028.html

 

Microguardias: solución urgente para la atención primaria del SESCAM

Modelo eficiente APEACCLM

 

Sobre un trasfondo de deterioro continuo y malestar unánime la gripe, tan “imprevista” como la nieve en invierno, ha hecho crisis de nuevo en nuestra sanidad y en todos sus ámbitos, desde la Atención Primaria y sus urgencias hasta las urgencias hospitalarias, que son los servicios donde esa riada de imprevistos intenta controlarse. Sus profesionales (eso si está previsto) están acostumbrados a no comer el turrón en casa, sin que por ello dicha costumbre deje de ser injusta: hay profesionales para rotar y permisos que hay que regular con más ecuanimidad y cabeza.

Dicho esto hay que destacar que nuestros gestores sanitarios al igual que los políticos que les inspiran hablan raro ¿será esperanto? Al caos le llaman perfecta armonía y al sálvese quien pueda objetivos cumplidos. Son así. Por eso en las fotos que tanto les gusta hacerse nunca sale un sanitario agotado, o una sala de espera -de un servicio de urgencias- a punto de lincharlo. No sería políticamente correcto, incluso desde la perspectiva sindical.

En estos días las redes han echado humo y especialmente activos han estado los profesionales de la Atención Primaria que según cuentan es el nivel asistencial donde la Sanidad se hunde o se levanta, y dónde desde hace tiempo el malestar abunda y el deterioro se palpa como algo espeso.
Hablemos del SESCAM.

La atención primaria del SESCAM es una “perfecta armonía”, en el lenguaje oficial, un caos en el sentir de los que la trabajan, y desde luego está cada vez más lejos de cumplir sus objetivos. Cómo otros han abundado en diversos motivos y razones que explican esta situación (el mal uso de los servicios de urgencias, la nula educación sanitaria, la no contratación de sustitutos para tanta y tanta “libranza”, las citas postergadas y las listas de espera consiguientes…), yo me voy a centrar en hechos diferentes pero concretos.

Sin olvidar que mucho de este deterioro tiene que ver con un ataque frontal al Estado del bienestar y los recortes impuestos, en la atención primaria del SESCAM ocurre lo siguiente:

Durante el primer semestre de 2017, según algunos cálculos y estimaciones, dejaron de trabajarse en la Gerencia de atención primaria de Guadalajara (por poner un ejemplo) 65.000 horas de consulta que estaban presupuestadas para trabajarse y que de hecho fueron retribuidas como trabajadas, y todo ello por una mala gestión y peor coordinación de la función de consulta y la función de guardia, y la torticera interpretación de la “libranza” (falsa libranza) posguardia. Súmese el equivalente de horas correspondiente al segundo semestre del año y luego multiplíquese por el número de gerencias de atención primaria del SESCAM, y los sucesivos años en que esto ocurre desde el 2008.

En el 2008 el SESCAM sacó una normativa sobre “descansos” en atención primaria que en el espíritu y la letra no vulneraba la legalidad pero que en la práctica lo hace continuamente según todos los indicios, determinando (al gestionar el descanso posguardia como libranza) una jornada incumplida en el número de horas que más arriba se señala y un auténtico derroche económico (de dinero público) al retribuir como trabajado un trabajo que no se trabaja. Como esto deriva de una interpretación “sui generis” de la norma (interpretación que aún no ha sido explicada) y una mala coordinación de las funciones propias de la atención primaria, consulta y guardia, hay que decir que sin cambiar esa norma de 2008 y aplicándola correctamente por la vía de urgencia, desde el minuto cero las consultas que se cierran por ese motivo (y son muchas) no se cerrarían. Y es aquí donde entra en juego el modelo de “microguardias” (o modelo navarro) que es el modelo que coordina las consultas y las guardias (más cortas y saludables) en consonancia con la legalidad vigente del Estatuto Marco y la jurisprudencia del Tribunal Supremo, cosa que no ocurre con el modelo actual que vulnera, según todos los indicios, esos referentes legales, determinando un deterioro grave y persistente de nuestra Atención primaria. El modelo es tan simple como que el tramo de guardia hasta las 20:00 horas lo cubre el EAP al finalizar su consulta, y el tramo de guardia desde las 20:00 horas hasta las 8:00 del día siguiente lo cubre personal específico (PEAC), que también son médicos de familia y enfermeros de primaria. Esto permite gestionar los descansos como lo que son, como descansos y no como libranzas, distribuir mejor y de forma más saludable los turnos, y el enorme beneficio para el paciente de abrir la consulta al día siguiente todos los días laborables, tal y como está presupuestado.

Advirtamos que estos problemas se están analizando y negociando en estos momentos, y denunciemos que hay sindicatos que no solo ocultan estos hechos sino que están proponiendo soluciones que los “refuerzan” y les proporcionan “patente de corso”. Esos sindicatos proponen mantener esa situación de jornada incumplida pero retribuida de algunos Equipos, y abortar una nueva figura laboral de “chico para todo” que “tape” esa irregularidad y haga de la precariedad laboral y del sistema de castas la norma. Se trataría de un “sustituto de cabecera” (sustituto eterno) flexible y dócil, sin turnos conocidos de antemano, para moverlo a cualquier zona del área, en cualquier momento, al servicio en definitiva del modelo (en mi opinión, corrupto) que antes se ha descrito.

Corregir estas irregularidades es urgente pues todo profesional debe cumplir la jornada legal que tiene establecida y abonada, y corregido esto se deben reforzar los servicios de urgencias de Atención Primaria (PAC) dónde se asisten “simultáneamente” urgencias graves y una consulta a destajo que dura 17 o 24 horas (en algunos PAC 48 horas o 65 horas). Ello exige dotar cómo mínimo de doble equipo (2 médicos y dos enfermeros) a casi todos los PAC no solo para atender esa enorme demanda sino para que cuando se acude a una urgencia externa (en domicilio o en la vía pública) no se abandone, sin ningún personal en el centro, una sala de espera repleta de pacientes.

Conviene decir que otros servicios de salud no cometen tales irregularidades y optan por el modelo correcto.

POSDATA: Atención continuada y urgente rural http://www.smnavarra.org/wp-content/uploads/2014/03/Diario-de-Noticias-26-de-febrero-de-2014.-carta-Yurss.pdf

Eficiencia y costes atención de la continuada en atención primaria https://drive.google.com/file/d/0Bzd2yHnEcZOtcHNEMjBKVHdua0E/view

 

No corre prisa

Si preguntáramos a un náufrago chapoteando en medio del mar que le corre más prisa, si nadar o pisar tierra firme, quizás añadiríamos a su desesperación un verdadero dilema.

El nadar o intentarlo es el gesto automático que se impone al náufrago que se está ahogando, pero lo cierto es que mientras no pise tierra firme no se librará de su condición de náufrago. Quizás incluso esté nadando en sentido contrario a la orilla próxima, adentrándose en el abismo.

Recientemente el Consejo de Europa a través del grupo GRECO (Grupo de Estados contra la corrupción) ha vuelto a dedicarnos una mención especial (y van unas cuantas) por la ínfima calidad de nuestra democracia.

La democracia española está desde hace ya demasiado tiempo en su naufragio particular, nadando (o ahogándose) en círculo, y mucho me temo que el dilema anterior ni siquiera se lo ha planteado, entre otras cosas porque no sabe que se está ahogando.

Todo esto -el naufragio y su rutina invariable- nos lo podíamos haber ahorrado si desde el principio no hubiéramos cogido el rábano por las hojas, es decir, si hubiéramos cogido la corrupción por las orejas, y con buen criterio la hubiéramos colocado con las largas de burro donde se merece: en un rincón y de cara a la pared.

La falta de interés en esta noble tarea por parte de quienes la podían haber llevado a cabo, demostró desde el principio que importaba más conservar la maquinaria que condujo a aquello, que las consecuencias que pudieran derivarse de tamaña negligencia, alguna de las cuales cada día que pasa toma más fuerza.

El futuro siempre despliega un amplio abanico de incógnitas que a los cándidos optimistas les lleva a creer que las cosas se arreglan por si solas en virtud de una inercia mecánica indistinguible del aburrimiento. O que vivimos en el mejor de los mundos posibles, donde el mero juego del azar conduce indefectiblemente al abandono de las malas prácticas, y el exceso ventajas y beneficios que atesoran los corruptos es la mejor esperanza de que algún día se sacien los pobres y se consuelen los estafados.

Esta justicia mecánica por rebosamiento, además de una idea peregrina es tan incierta como que los tramposos un día se levantarán honrados -una suerte de mutación por radiación ultravioleta- y que a partir de ese milagro, hijo de una carambola, la evolución de los hechos humanos y políticos será muy distinta.
La corrupción -como la mafia- empieza siendo una costumbre que se consiente para acabar siendo un rito que se alaba. Por tanto, esperar esos frutos tan saludables de una corrupción consentida y libérrima, es como esperar que el olivo de naranjas. Y sin embargo esa fe tan insensata, es lo que en nuestro tiempo estragado y huero de ilusiones se llama realismo político.

De aquí a considerar que el Estado es una ficción y la Ley una metáfora que no hay que tomarse demasiado en serio, hay muy poca distancia. Y sin embargo estos son los principios invisibles que rigen el comportamiento de nuestros nuevos Superhombres.
Al final, lo que ha rebosado no ha sido la riqueza sino la indignación y el hartazgo de amplios sectores de la sociedad, debiendo temerse que superado el punto de no retorno la tierra firme estará cada vez más lejos y el agua será cada vez más profunda. Algunos avisos ya tenemos que advierten que la flecha del tiempo que siempre es incierta también es irreversible.

Recientemente (5 de enero) El País, órgano oficial del IBEX, se ha desmelenado con un editorial “crítico” hacia el “sistema” donde pone en duda la calidad de nuestra democracia, introduce la sospecha de que esta no pasa de mero espejismo, y califica la situación de bochorno generalizado. Sin embargo lo más chistoso viene al final de tan corrosiva reflexión cuando augura que la solución a esta situación dramática vendrá de PSOE y CIUDADANOS, y digo que es chistoso más que nada porque dichos partidos, que junto al de Rajoy constituyen la “gran coalición”, son los que con su respaldo (o espaldarazo) al partido de la corrupción (cuyos votos eran insuficientes) han propiciado que la corrupción en nuestro país goce de espléndida salud y haga alarde de hierática indiferencia.

Y es que cuando el naufragio se contempla desde un yate, no corre prisa.

Año 2018

 

No nos tiene que sorprender que Rajoy confunda (en el lapsus de Moaña) un año con otro dentro de una larga y pesada saga -la de su propio reinado- que nos tiene a todos al borde del éxtasis o del éxitus por aturdimiento.

Esta es sin duda la “era Rajoy”, que sabemos cómo empieza pero no como acaba, ni cuándo, y que aunque no cuenta con el respaldo de la mayoría de votantes, cuenta sin embargo con el apoyo fiel de quienes traicionaron a los suyos: la “gran coalición”.

2018 se nos viene encima como se nos vino 2017, y como se nos vino 2016, en pantuflas y arrastrando los pies, envuelto en una capa de catalanitis tan gruesa y bien asentada como la capa de mugre que lo gripa todo: la de la corrupción y su acostumbrada secuela de miseria moral, civil y política. No falla.

Seguimos empeñados en digerir un bocado que nos hemos tragado sin cocinar y sin masticar. La cuestión catalana no es sino una secuela más de ese atragantamiento, pero una secuela que ya se ha hecho rutina y costumbre, y que ha venido para quedarse. Poco más o menos como todo lo demás.

La españolitis le ha hecho la réplica fiel a la catalanitis en un toma y daca lleno de banderas y banderazos, y en una dura competencia por ver quién tiene menos cabeza y descabezaba mejor al contrario, o quién cuelga más banderas por metro cuadrado de balcón. Mientras tanto, la sonda Cassini, de viaje por el espacio, dejaba entrever la posibilidad cierta de que en una luna de Saturno -Encelado- pueda haber vida. Esperemos que en caso de que la haya, no use aún banderas, porque entonces sería una pésima noticia, me temo.

En este año que se nos va, las cartas de amor han brillado por su ausencia y la inteligencia emocional se ha desplegado a golpe de porra maciza. Se echa de menos un romance entre montescos y capuletos, porque al final todos han vencido sin convencer ninguno. Algunos heridos y unos cuantos encarcelados, que al menos a mí me avergüenzan. Ahora bien, ya les anuncio, no hemos acabado de hacer el ridículo con este tema.

Hemos vuelto a comprobar que el rey no es de adorno, como nos dijeron, ni un símbolo de unidad, ni siquiera un árbitro, como nos dijeron también, sino alguien con intereses personales y familiares en según qué regeneraciones y reformas. Y además un símbolo muy útil para interiorizar una jerarquía cuasi divina, aunque en realidad tenga su origen en el comportamiento menos elaborado de los simios.

Ha sido este un año en que hemos vuelto a ser nominados por Europa por batir todos los récords en retrocesos de derechos sociales e incremento de la desigualdad. Esto se merece como poco un trocito de carbón.

Y ya que hablamos de energías, la bendita liberalización de las mismas, regalo del PPSOE, sigue rindiendo sus frutos a quien los tiene que rendir. La factura sigue subiendo para unos, los beneficios engordando para otros, y volvemos al brasero de cisco. ¿Hay algo más neoliberal y avanzado que el brasero de cisco?

Los medios públicos -es decir, gubernamentales- de desinformación siguen operando en modo catequesis, y al final de la prédica, como no podía ser de otro modo, el cielo pintado y prometido sigue sin presentarse a dar los buenos días. Las encuestas fallan y cada vez sirven para menos, como no sea de arma arrojadiza.

Dentro de la rutina que todo esto conlleva la novedad este año son “los rusos” que se nos han injerido en medio de la catequesis. Algunos “expertos” españoles han ido a dar su opinión sobre este tema trascendental ante una comisión del parlamento británico. Las caras de los parlamentarios británicos, que no daban crédito (literalmente) a lo que escuchaban sus oídos y veían sus ojos, eran todo un poema. Ya digo, no hemos acabado de hacer el ridículo, pero insistimos.

El proyecto de regeneración y reformas cuyo pistoletazo de salida fue el 15M, sigue en punto muerto. Tan muerto como todo lo demás, incluido el esfuerzo para encapsular en una urna del tiempo el brazo incorruptible de la transición. Seguimos siendo adoradores de reliquias. Y se nos van los años organizando visitas guiadas a estos despojos.

Todo sigue en su sitio, menos vivo y más viejo, pero en su sitio.
Un año más el número de “aforados” en España es incomprensible para el resto del mundo, y en eso como en tantas otras cosas seguimos dando la nota. Nada ha cambiado.

Y es que no es solo el Nodo y la catequesis lo que vuelve con fuerza, sino que como en los legendarios tiempos del Caudillo somos víctimas de nuevo de la incomprensión de Europa. En Europa no nos quieren. En Europa no nos comprenden. En Europa, donde cada vez pintamos menos, hay una campaña contra nosotros, dicen algunos. Y el culpable no es Bárcenas o Rajoy, los sobresueldos o las mordidas, las cloacas de interior o la ley mordaza. El culpable es Puigdemont. Que el partido que sigue pilotando nuestra nave sea el más corrupto de Europa, no tiene nada que ver.

Lo dicho: no sabemos reivindicarnos, ni vender nuestra Marca, y lo que nos tienen en Europa es envidia. Igualito que antes. Sería oportuno y necesario volver a armar los tercios de Flandes para expandir por el mundo -a golpe de porra- las virtudes de nuestra democracia orgánica.

¡Vale!. ¡De acuerdo! Pero antes que deje de fermentar.

Lo único que anima el cotarro y llena el alma de optimismo, en este cambio de año, es que tenemos todos los deberes por delante. Ya es algo donde agarrarse.

 

 

 

 

 

La gestión del absurdo o como la fe no mueve montañas

Modelo eficiente APEACCLM

 

El término “crisis” es sonoro y apabullante. La mejor autodefensa de toda crisis que se precie es su sonoridad al caer y su resonancia al romperse. La palabra crisis suena a inevitable y suena a imprevisible, y no hay mejor autodefensa para un hecho nefasto que este doble concepto, inevitable e imprevisible, que lo hace primo-hermano de la inocencia.

Quizás por eso, las falsas crisis suenan tan falsas y tan poco creíbles, porque ni son imprevisibles ni son inevitables.

Un ejemplo de estas falsas crisis lo tenemos en la falsa crisis sanitaria que provoca la epidemia de gripe todos los años por estas fechas.
Lo gestores ante lo “inevitable” y sobre todo lo “imprevisible” de esta crisis optan por no hacer nada. No gestionan. No sé anticipan. Se limitan a dejar que los hechos ocurran. Ni regulan los permisos de los profesionales ni prevén las sobrecargas asistenciales. ¿La excusa? La fatalidad que implica toda crisis.
¡Increíble!

Otra falsa crisis es la que afecta a nuestra Atención Primaria, y además de forma permanente. La crisis como rutina, el absurdo como método de gestión.

Una cosa es gestionar el absurdo y otra cosa es cultivarlo. Esto parece obvio pero conviene dejarlo claro desde el principio. El cultivo implica una siembra, una acción deliberada para que algo brote, en este caso el absurdo, y su consecuencia necesaria: la crisis.

El SESCAM en el ámbito de su Atención primaria hace las dos cosas: primero lo cultiva (el absurdo) y luego lo alimenta, es decir, lo gestiona. Y así desde el 2008, año de la plantación.

En ese año el SESCAM dio a luz una normativa sobre DESCANSOS en Atención primaria en orden al necesario descanso entre jornadas, intentando organizar el descanso tras una guardia. Esa organización podía haberse hecho de forma racional o de forma absurda. La primera ajustada a la legalidad, la segunda no. Se optó por cometer lo segundo.

Todo va bien y es divertido hasta que el absurdo hace crisis, generalmente por el flanco económico (pero no solo por ese) porque para permitirse el absurdo hace falta dinero con que financiarlo.

En cuanto al dinero no sé cuánto hay, pero los indicios apuntan a que no sobra.

Hacer de la gestión de los recursos públicos un absurdo es un lujo que muchos Estados no se pueden permitir, y mucho menos los Estados que chapotean en la trampa del rescate

Parece que la Administración socialista del SESCAM quiere recuperar algunos de los absurdos de gestión que caracterizaron su etapa de excesos. Y no nos estamos refiriendo a los recortes injustos que todos los servicios públicos han sufrido como consecuencia de la crisis y la política neoliberal, sino a la gestión irregular (digámoslo así) del dinero público. Retribuir, por ejemplo, una jornada incumplida ¿es de recibo, y más en tiempos de crisis?

Esperemos que sus nuevos colaboradores (me refiero a Podemos) no participen en este revival si no quieren que su crédito como defensores de lo público y del interés general quede muy devaluado.

El término absurdo sugiere algo informe. Sin embargo a veces es posible enmarcar ese absurdo, teóricamente incomprensible, en márgenes muy concretos y definidos. Es decir, se puede codificar ese absurdo y ponerle cara.

Así por ejemplo el absurdo de nuestra atención primaria tal como lo cultiva y alimenta el SESCAM, puede concretarse en los siguientes hitos:

1. El hecho sobresaliente de la gestión sanitaria en este ámbito consiste en retirar al personal de consulta de la consulta para ponerlo a hacer guardias. Cerrar la consulta para que su titular haga guardias requiere un gran esfuerzo de comprensión porque personal de guardias (o de atención continuada) hay de sobra, pero la consulta queda cerrada a cal y canto por ausencia de su titular. A efectos de los objetivos de la Medicina de Familia es como tirar el núcleo de la nuez para quedarse con la cáscara. Algo absurdo.

2. En teoría, la Medicina de Familia se basa en la continuidad asistencial y en una especial relación médico-paciente que hace del Médico de cabecera un conocido y un amigo. Esto implica como poco (o como mínimo) abrir la consulta todos los días laborables y significa a efectos legales que la jornada legal hay que cumplirla. Lejos de todo esto que parece racional y razonable, ocurre todo lo contrario. Se cierra la consulta (gran número de veces), se incumple la jornada legal (en considerable número de horas, que sin embargo se retribuyen), para que el Médico de cabecera pueda apuntarse una guardia más. Una guardia tras otra. A veces hasta entrar en el terreno pantanoso de la jornada “especial”.

3. Como no hay dos sin tres, el tercer pie de esta carambola del absurdo consiste en el intento de poner al personal de guardias (PEAC) a cubrir la consulta que su titular incumple y abandona. Puesto que aunque la incumple la cobra, este intento conduciría a un “doble pago”, que no sé qué opinión merecerá a los contribuyentes que lo pagan.

¿Qué necesidad hay? Ninguna, pero es que el absurdo no necesita razones ni motivos, aunque cabe aventurar sin embargo una explicación:

Así como la consulta cerrada (desprogramada) se abona a su titular (aunque sea, o eso parece, jornada incumplida), la guardia acumulada también. No se trata pues de una cuestión asistencial o de gestión laboral, sino de una cuestión de orden monetario. Hasta aquí todo parece lógico (como lo es todo negocio redondo) aunque dudosamente legal. Sin embargo ya vemos que se incurre en algunos absurdos e incoherencias notables, cual es, desde el punto de vista de la vocación y objetivos de la Medicina de Familia, ese deseo irrefrenable por desaparecer de la consulta para reaparecer en la guardia. Difícil que la continuidad asistencial no se rompa o que la Medicina de familia no se resienta.

Todo absurdo es por definición inconsistente, y esa inconsistencia se pone de manifiesto por las alternativas reales que existen (el ejemplo de otros servicios de salud) y por el razonamiento oportuno de que si nos guiamos por el interés general y los objetivos de la Medicina de Familia, sería preferible abonar al personal de consulta las guardias que no hagan que no las consultas que no pasen. Estamos seguros que muchos Médicos de familia lo ven así. No queremos pensar que lo que se persigue manteniendo este modelo absurdo no son guardias con “descanso” sino guardias con “libranza”. Eso estaría muy feo y sería dudosamente legal.

La Asociación PEAC de CLM ha aportado sobre estas cuestiones ingente información y sólidos argumentos para romper con este absurdo. Y los ha aportado tanto a sindicatos del sector, como a grupos parlamentarios, como a la propia Administración del SESCAM.

Esperemos que la oportunidad que se presenta con las actuales negociaciones en marcha no se desaproveche.

 

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