Archivos Mensuales: abril 2017

Charlie Haden Gonzalo Rubalcaba Vignette

LAISSEZ FAIRE

Hay quien opina que la mejor manera y la más liberal de afrontar la corrupción, especialmente cuando esta es superlativa, como ocurre en nuestro país, es con indiferencia bovina.
Y que la manera más inteligente de enfrentar esta lacra, es con una tontez tan superlativa como la propia corrupción que se quiere combatir. Claro que no se trata de una tontez espontánea o innata, sino de una tontez aprendida o incluso predicada, un hacerse el tonto.

Lo cierto es que aunque la tontez sea tan sana, uno no puede dejar de percatarse, en los breves ratos de lucidez, que el apoyo a la investidura del gobierno de Rajoy fue el apoyo a la investidura de la corrupción. Y además, con pleno conocimiento de causa.

Lo benéfico de esta indiferencia, y lo saludable de esta tontez, es opinión muy extendida en nuestro país y de enorme éxito (de ahí el éxito de nuestra corrupción), pues incluso algunos profesores universitarios la defienden.

Argumentan estos que todo intento de corrección en esta materia peca de inmadurez (es propio de inmaduros tener buenas intenciones y altos objetivos), cuando no es fruto de la ignorancia, pues desconocer a estas alturas de la evolución antropoide el carácter incorregible del hombre, sin que medie manipulación genética, sólo instrucción moral, es propio de párvulos.

Defienden estos apologetas (o apolojetas, que diría Juan Ramón Jiménez), con indudable rigor científico, que todo intento de mejora (y los hechos parecen indicar que en nuestro país no se ha hecho ninguno) incurre en intervencionismo, en optimismo, y en algo mucho peor: en moralismo.
Moralismo que aunque sea de naturaleza laica o civil, nunca debemos dejar escapar del coto cerrado de las cátedras reglamentarias de la materia, de la misma manera que no se deben dejar escapar de los laboratorios los virus manipulados.

Proponen por tanto la indolencia y el adaptarse, como hacen los borregos, al hecho inexorable del pastor, y a la circunstancia incluso benéfica de los lobos.

Si el dinero es el dueño de la manada, es mejor aceptarlo y entrenar a los borregos para que lo sean con propiedad y con la cabeza alta… quiero decir, gacha.

Que esta actitud contemplativa fruto de una madurez avanzada que sólo la ilustración procura, agnóstica ya para cualquier ilusión civil, de lugar y rienda suelta a males (al menos en términos subjetivos) como el hambre infantil -que no es poca en nuestro país- la eliminación de derechos, el fortalecimiento de privilegios, la ruina del patrimonio público, o el desmembramiento y hundimiento del Estado, es una simple anécdota.

¿En qué consiste el “problema” catalán, al menos en su última recidiva, si no es en el triunfo de la acción disolvente de la corrupción?

Hay que decir, que esta nueva raza de hiperbóreos, de imperturbables espectadores olímpicos de las miserias humanas, no sufren ya ni padecen de perplejidad o de capacidad de escándalo, tal es su grado de adaptación al medio. Cuando no proclaman, mediante sofismas tan flácidos como sinuosos, que la corrupción debe considerarse una especie protegida que merece un esfuerzo de ocultación y camuflaje.

Decía Tony Judt en su obra “Algo va mal” (título que peca de moralista), y lo decía en 2010, con excesivo optimismo, que vamos a tardar mucho tiempo en volver a ver fanáticos del dios mercado en nuestro entorno inmediato, vistas las consecuencias de su prédica y de su práctica.

Yo diría que aquí, donde la libertad ha sido tan mal entendida que creemos que consiste en robar al prójimo, y siempre vamos con algo de retraso, vamos a tardar un poco más en dejarlos de ver.

Algún día, las cátedras de ética enseñaran, desde un punto de vista ni siquiera doctrinario ni “justiciero” (como se dice ahora para intentar acoquinar a todo el que no piense como el canon manda), que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad del otro, y que robar, estafar, evadir impuestos, o utilizar puertas giratorias, no es liberalismo, sino pura inmoralidad.

Aunque suene a moralismo trasnochado, o a optimismo inmaduro.

El testamento político de Tony Judt

http://elpais.com/diario/2010/10/23/babelia/1287792763_850215.html

Algo va mal Tony Judt

http://www.elcultural.com/revista/letras/Algo-va-mal/28264

 

Espectáculo

funambulismo 2

Que dicen los que de esto dicen saber, por ejemplo El País, que el espectáculo lo está dando “Podemos”, y que si gobierna Rajoy es gracias al apoyo que le presta esta formación radical. Así como lo oyen. Un cuento chino para occidentales libres, propalado entre adultos y a plena luz del día.

¿Estarán convencidos de que sus lectores se lo creen y no detectan el engaño?
¿O pensarán que sus lectores consienten el engaño para a su vez contagiárselo a otros?
Sin comentarios.

O mis ojos han dejado de ver claro por efecto del flash continuo, o nuestro mundo es cada vez más turbio por causa de la fotofobia administrada en dosis sucesivas, pero lo cierto es que no entiendo nada.

Si dijéramos, como suele decirse en estos casos, que el mundo está (o nos lo cuentan) al revés, nos quedaríamos cortos, no abarcaríamos ni completaríamos la descripción del caso.
O si dijéramos que esto no puede estar ocurriendo en nuestro país, sonaría demasiado melodramático, peliculero, o incluso escapista, pero lo cierto es que está ocurriendo, y ante nuestras propias narices, y no se me ocurre otra forma de traducir en pensamiento racional esa percepción incontrovertible que decir: esto no puede estar ocurriendo.

Ojiplático me estoy quedando ante este nuevo intento de transubstanciación de la realidad, ante esta renovada celebración del misterio de la fe.
Se están alcanzando tales cotas de mendacidad, que producen vértigo.

No es que esté indignado, es que empiezo a estar estupefacto. Y como demócrata, incluso asustado.

Y sospecho que no soy el único.

Que es que aunque estemos curados de espanto, cada mañana nos regalan con un espanto mayor, in crescendo propiamente, hacia no se sabe que apoteosis final, y sin etapas intermedias. Y así no hay manera, porque o nos quieren matar de un soponcio, o ya estamos muertos y no nos hemos enterado.
Que todo es posible, visto lo visto y lo que algunos afirman no ver.

Leo y vuelvo a leer, una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y ya sin ver: “El PSOE y Ciudadanos se unen frente a la corrupción del PP” (El País, 28 de abril de 2017).

¡Toma ya! ¡Funambulismo puro!
¡Y sin red!

¿Qué es lo que nos ocultan para arriesgar de esa manera en ejercicio tan impúdico de la mentira?
¿No les parece inmoral decir, ante la vista de los hechos procesales, y a estas alturas del espectáculo, que el espectáculo lo está dando Podemos?

O sea, que llevamos ni se sabe el tiempo sometidos a una corrupción política y económica en dosis de caballo, ocultando -en modo coalición- todo el estiércol y las boñigas del mundo mundial debajo de la sufrida alfombra nacional, hasta que al vecino de abajo se le ha caído del techo la lámpara junto con el propio techo recién pintado ¿y el espectáculo lo están dando estos que acaban de llegar?

¿Por haber levantado la alfombra? ¿Por querer orear?

Con decoro y formalidad -como se les pide y exige- plantean una moción de censura (¿acaso no es censurable tanta porquería?), para decir (que menos) nosotros no tragamos, ¿y les censuran a ellos?

¿Por qué? ¿Por no callarse? ¿Por no mirar para otro lado? ¿Por no resignarse? ¿Por no colaborar en la ocultación y la ignominia?

Hagan el experimento: trasplanten con la imaginación libre el caso en cuestión a cualquier otro país civilizado de nuestro entorno o a un Estado mínimamente sano y decente.

¿Lo visualizan? ¿Lo ven posible? ¿Lo entienden?
¿Se reconocen en lo que normalmente se define como Estado de derecho o democracia homologada?

Estimadas fuerzas vivas, poderes facticos, trama, o lo que ustedes sean (nada bueno, seguro): sigan en esa línea.

Cuando acaben con el país, avisen y echamos el cierre.

El coro y el decoro

El coro

Que ante la magnitud de la corrupción que rezuma por todos sus poros nuestro desgraciado país, la respuesta indignada se considere excesiva, o incluso una falta de decoro, cuando no una injustificada rabieta infantil guiada por el odio, nos da una idea de la tropa de melifluos consentidores en que nos hemos convertido.

Han bastado unos cuantos años de domesticación concienzuda, como prórroga a cuarenta años de inexistencia civil, para secar toda posibilidad de digna y justificada rebeldía, de mínima honestidad.

Es de tal calibre nuestro horror a mirar la verdad de frente, que no creo que podamos volver a vivir en un escenario social o político que no sea de mentira.
Ese es el nivel de nuestra crítica: el adorno y maquillaje del fraude y la estafa.

La hipocresía era anglosajona hasta que decidimos batir el récord.

Es de tal entidad nuestro miedo a coger el toro por los cuernos, que no me extraña que la fiesta nacional esté bajo mínimos (aparte de porque es una tortura ritual de seres inocentes).

Somos postergadores natos y crónicos de nuestras responsabilidades, y así nos va. Pelotas harapientos, siempre buscando el arrimo del sol que más calienta.

Lo que más me duele es que no haya en Europa alguien que nos quiera un poco, y por nuestro bien nos llame al orden o directamente denuncie lo que nosotros callamos.

Les da igual, mientras sigamos pagando la deuda (la deuda de una estafa) y engordando los beneficios de los bancos.

Cuando con toda la ilusión de nuestra juventud muchos vivimos el momento histórico y colectivo de dejar atrás una dictadura y empezar a vivir en una democracia, la ocasión de acabar con el aislamiento de bichos raros y conocer otros modos de estar y de pensar más abiertos, más informados, más críticos, nunca imaginé que iba a llegar a ver esta decadencia ética, y esta muerte civil fruto de un cinismo consensuado.

Somos un coro decoroso de peleles. En eso nos hemos convertido.

“No hemos vigilado lo suficiente”, dicen ahora algunos como excusa y tapadera.
Y el coro repite: “invigilando, pecata minuta, sólo era una manzana podrida. Todo lo demás era sano”.

Invigilando, parece que no. Ocultando, me temo que sí.
Robando a manos llenas y reclamando, látigo en mano, la austeridad ajena.

En esto, como en tantas otras vergüenzas de las que ya tenemos la despensa llena, la “gran coalición”: uña y carne.

ALA.NI – Le Ring – Live

Estado de Deshecho y un libro

rajoy

Entenderemos mejor lo que ocurre si pensamos que Esperanza Aguirre es símbolo y sacerdotisa del Estado de derecho (¿o de deshecho?) y musa lacrimógena del neoliberalismo cañí.

O si nos preguntamos a menudo por qué razón Felipe González predica con tanta pasión la “gran coalición” con el PP, aun conociendo los mensajes vergonzantes de Rajoy a Bárcenas, y su proyecto político de liquidar el Estado del bienestar.

O por qué este mismo González utilizó una puerta giratoria para cobrar por aburrirse -como el mismo confiesa- habiendo podido utilizar una puerta normal y aburrirse como todo el mundo, gratis y sin cobrar.

O por que Esperanza Aguirre ponía la mano en el fuego por toda su tropa de colaboradores, conociéndolos a fondo, con el mismo gesto melodramático con que Felipe González la ponía por Jordi Pujol, del que desconocía muy pocas cosas.

O por qué no existe en el mundo “normal” ningún país con más aforados que España.
Eso se llama ser previsores, e ir preparando el terreno y acondicionando la cueva (de Ali Baba).

O por qué tantos compis-yoguis de la casa real acaban detenidos o en el trullo, que no son uno ni dos. Que casi los salones reales parecen la corte de Monipodio, el sevillano.

O por qué tenemos los fiscales más raros de todos los países de nuestro entorno, que cuando no hacen de abogados defensores de gente de posibles (consiguiendo imposibles), hacen de obstructores de la justicia en favor de los corruptos.

O por que los medios públicos de información son órganos de propaganda del gobierno, liberalismo puro que acostumbra a dar lecciones muy sentidas sobre la tiranía.

Si el mundo que nos rodea es tan raro (especialmente en España) es porque algo no va bien, sino que al contrario, va muy mal.

Y esto es lo que intenta explicarnos Tony Judt en su obra “Algo va mal”, de lectura imprescindible para entender el momento presente.

Dice al comienzo de su obra:
“Durante los primeros años de este siglo, el consenso de Washington había ganado la batalla. En todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacia el sector público. La doctrina de Washington era recibida en todas partes por un coro de animadores ideológicos: desde los beneficiarios del milagro irlandés (el boom de la burbuja inmobiliaria del tigre celta) hasta los ultracapitalistas doctrinarios de la antigua Europa comunista. Incluso los viejos europeos se vieron arrastrados por la marea. El proyecto de mercado de la Unión Europea -la llamada agenda de Lisboa-, los entusiastas planes de privatización de los gobiernos francés y alemán: todos atestiguaban lo que sus críticos franceses han denominado el nuevo pensamiento único“.

Una reflexión y una pregunta:

La reflexión: siempre hay que desconfiar del entusiasmo feroz, porque a menudo detrás de esa hipérbole emotiva suele esconderse el pensamiento único. Que es el más pobre de los pensamientos.

La pregunta: vista la podredumbre que rezuma por todas sus costuras la gran “revolución” ultraliberal, que se zampó a la socialdemocracia europea de un sólo bocado, como si fuera un pincho moruno (síntesis digestiva que hoy llamamos “sistema”), ¿acaso el rufián y malandrín de toda la vida –de Monipodio a esta parte- necesita algún soporte ideológico o teorizar académicamente en torno a su falta de escrúpulos?

Para mí que no.

No se sí en un libro sobre economía, sobre política, sobre la sociedad actual y sus dislates, tiene sentido hablar de sentimientos.
Sea como sea, Judt se atreve y titula uno de los capítulos de su obra: “Sentimientos corruptos”, y lo introduce con esta cita de Tolstoi (Anna Karenina):
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

En este sentido, nuestro actual presidente de gobierno es un líder de la normalidad y de la costumbre. Cuando la corrupción se indulta -como él dice y sostiene- con los votos, triunfa la normalidad y reina la costumbre. Lo mismo pensaba Hitler.

¿Alguna vez nos da por pensar, entre derbi y derbi, o entre bostezo y bostezo, que nuestra normalidad es muy anormal? ¿Que no sólo soportamos, sino que votamos y elegimos gobiernos corruptos?

Para los acérrimos partidarios de la tesis de Rajoy según la cual todo va como la seda (supongo que lo mismo les dirá a los jueces que le interroguen), sirvan de reflexión también estás otras líneas de Judt:

“Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo -miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en que basan las sociedades civiles”.

Y yo pregunto:

¿Acaso se puede confiar hoy en España en los políticos que nos gobiernan, en los fiscales que nos defienden del delito, o en los bancos que guardan nuestros ahorros?

El autobús

tramabús

 

Así como algunos han estado a punto de perder el “tramabús” (al final han llegado a tiempo), otros -muchos más- estamos en ciernes de perder, si no ponemos remedio, el autobús de la historia y de la normalidad política.

Y es que, si nuestra situación política es normal, que venga Dios y lo vea.
Salvo que consideremos normal esa normalidad que irradia Rajoy, que nunca sabe uno si es la normalidad del ciudadano medio, o la raíz cuadrada de la corrupción elevada al cubo.
A lo mejor, cuando le interroguen los jueces, nos lo aclara.

El caso es que uno visualiza, quizás cinematográficamente, al PP de Madrid, con Aguirre y toda su tropa acudiendo presurosa y billete en ristre, a la estación del tramabús -a punto de salir en su viaje concienciador- gritando desesperadamente que les esperen.

Y lo cierto es que han llegado, por los pelos, pero han llegado. Puntuales a la cita. Como era de esperar.
Y para que no sobre mi falte nada, también aparecen periodistas.
¡Qué cosas!

Ni que los hubieran visto venir.

Toca ahora Madrid como no hace tanto tocaba Murcia o Valencia.

Ahora bien, también se decía en Twitter -y no sin razón- que a este paso no va a ser suficiente un autobús, y que habría que ir pensando en un tren de mercancías, y de los largos.

¡Si fuera tan fácil librarnos de esta lacra!
Hasta les pagaríamos el billete, pero sólo de ida.

Aquí el hecho de la cantidad ofusca el hecho de la calidad, y al final tenemos un lío de magnitudes en que, sí o sí, nos pasamos tres pueblos. En la una, por arriba, y en la otra, por abajo. Y es que, efectivamente, hemos asaltado los cielos, pero ha sido la corrupción, y hemos besado el suelo, pero hemos sido los ciudadanos.

¿Somos conscientes de lo que nos está pasando?
¿Somos conscientes de en qué manos hemos puesto el destino de nuestro país, y en qué país nos estamos convirtiendo?

Ayer en RNE, una oyente argentina nos deseaba lo mejor a los españoles, e intentando hacernos un favor que nosotros mismos no nos hacemos, nos ponía sobre aviso con su propia experiencia, sobre la manera sigilosa y letal en que la corrupción corroe y acaba con un país, y hace la vida desgraciada a sus ciudadanos.

Evidentemente, a estas alturas, muchos somos conscientes de esta circunstancia, pero no está de más este tipo de advertencias que proceden de la experiencia en carne propia.
Tal como ocurrió con Argentina, hoy ocurre con España, venía a decir.

Y es que hay autobuses que, como el tren de la historia, sólo pasan una vez, y si se dejan pasar, los que tenían que irse se quedan.

A lo peor, hasta sucede que otros les ayudan a quedarse. Y no quiero mencionar a ninguna gestora.

SESCAM: el “cambio”

centro-salud-urgencias

El “cambio” -sin demasiada sorpresa- ha consistido en empeorar lo que ya estaba mal.

Y ese empeoramiento se ha notado sobre todo en los servicios de urgencias, tanto a nivel hospitalario como en los centros de salud de atención primaria (PAC).

Esto se ha hecho evidente en mi centro de salud como en otros muchos, en los que desde el inicio del “cambio” (de Administración), se ha observado un deterioro “acelerado” por incremento de la demanda asistencial en los PAC, que ha llevado a reclamar de manera urgente y de forma insistente, refuerzos (doble equipo) en el PAC, para poder sobrellevar la masiva asistencia de pacientes, derivada no de situaciones de urgencia, sino del bloqueo o insuficiencia de las consultas ordinarias, por causa de las ya conocidas y enquistadas listas de espera.

Estas listas de espera para el médico de cabecera han roto el carácter y el sentido de la atención primaria, que hoy aparece desnaturalizada. Algunos pacientes archiconocidos en el PAC o en otros servicios de urgencias, desconocen quien es su médico de cabecera. No le han visto la cara.

¿La excusa?: la de siempre, la cita postergada.

En el origen de las listas de espera en atención primaria hay que denunciar distintas causas:

1. Por un lado, la no sustitución de las “licencias reglamentarias”. Aquí es importante subrayar que el “descanso posguardia” no es una “licencia reglamentaria” con derecho a retribución, sino un descanso entre jornadas que no computa como tiempo trabajado, y que por tanto no genera derechos retributivos. Sin embargo, sí que habría que sustituir lo que son licencias reglamentarias (vacaciones, moscosos… etc.), cosa que ha dejado de hacerse por una política de recortes.
En cuanto a la figura del “correturnos”, por lo que llevamos dicho y por lo que diremos después, siempre se utilizó como solución “imaginativa” para cubrir el expediente del descanso posguardia, al margen y en contra de la legalidad y la jurisprudencia vigente. El mismo trabajo se pagó dos veces: a quien efectivamente lo hacía (el correturnos), y a quien no lo hacía pero estaba obligado a hacerlo (el personal de consulta). Y este doble pago -auténtico despilfarro con visos de malversación- se hizo desde el 2008. Esto nos gustará más o menos reconocerlo, pero es así. Llegada la crisis se hizo evidente la bancarrota.

2. Gestión de los calendarios de guardias a favor de la promoción de las listas de espera y el coleccionismo de los descansos posguardia, a través del privilegio concedido al personal de consulta de escoger las guardias “a la carta”, de lunes a jueves, y últimamente de martes a jueves, como medio de multiplicar los descansos posguardia. Resultado: incremento de las listas de espera.
El calendario de guardias siempre debe ser “rotativo”, no “a la carta”, tal como establece el Decreto 137/1984, artículo 6, punto 3. Y no solo por razones de eficiencia asistencial, sino por razones de salud laboral y de conciliación familiar.

3. Incumplimiento de la legalidad y la jurisprudencia vigente: me refiero al Estatuto Marco (artículo 46, 2-c), a la propia legalidad del SESCAM sobre jornadas y licencias reglamentarias, y a la sentencia del Tribunal Supremo para la unificación de doctrina de 20 de mayo de 2003, recurso número 4848/2000, que establece:

“se reconoce el derecho al descanso tras el servicio de guardia de presencia física… sin perjuicio de la jornada pactada y aplicable en cómputo anual”.

“el tiempo de libranza obligatoria tras las guardias médicas ha de considerarse en principio como lo que efectivamente es, de acuerdo con el Derecho interno y el Derecho comunitario, es decir, tiempo de descanso y no tiempo de trabajo”.

Sin embargo, se está abonando como tiempo trabajado, y el numero de horas pagadas sin la contraprestación del trabajo efectivo, en cada centro de salud, es ingente. Existen estudios y cálculos en los que para una jornada ordinaria de 1762 h/año en jornadas de 7,5 h de L a V, en un centro tipo (que los hay en nuestra Comunidad) donde se realiza una guardia a la semana sin recuperar el descanso posguardia, el número de horas que se dejan de hacer (pero se pagan) por profesional, son 547. Que multiplicadas por todos los profesionales que hacen guardias en las mismas condiciones, conduce a una cantidad bastante seria, que nos explica su incidencia en las listas de espera, y refleja un manejo bastante dudoso del dinero público.

Reflexiones:
Así como una consulta de 7 horas cansa, una consulta a destajo de 17 o 24 horas (la que se pasa en los PAC) mata. Y mata en ambas direcciones. Por tanto, si no se articulan otras soluciones a las listas de espera para el médico de cabecera, que saturan los servicios de urgencias con consulta ordinaria e ininterrumpida, inasumible por un solo equipo, los PAC deben ser reforzados de manera urgente con “doble equipo” para no poner en riesgo la salud de los pacientes y la de los trabajadores.

Soluciones y alternativas contra las listas de espera en atención primaria:
Dada la íntima relación de las listas de espera con la gestión del calendario de guardias y del descanso posguardia, voy a hacer especial referencia a esta última gestión.

1. Calendario estrictamente rotatorio entre todos los profesionales implicados (PEAC Y EAP) para reducir (en vez de incrementar y promocionar) los descansos posguardia. Esta medida puede aplicarse sin modificar la duración actual de los turnos, y se complementaría con la recuperación de la jornada incumplida por el descanso posguardia, en respeto de la legalidad vigente sobre jornadas, en respeto del EM, y en respeto de la jurisprudencia del Tribunal Supremo (recurso 4848/2000). Obviamente, la jornada ordinaria que hay que cumplir no puede programarse al día siguiente de una guardia (no tiene sentido), pero si puede y debe programarse en cualquier otro momento. Las posibilidades son varias, respetando el descanso preceptivo entre jornadas.

2. Turnos partidos de la jornada complementaria, de manera que de 15 a 20 horas la guardia la cubre un miembro del EAP, y de 20 horas en adelante, un PEAC. Ventaja: no se perdería ninguna consulta por descanso posguardia, porque no se generaría ninguno. Las listas de espera caerían en picado. Turnos más cortos y menos nocivos. Se cumpliría la legalidad de las jornadas y descansos, el Estatuto Marco, y la sentencia del Tribunal Supremo.

Frente a estas alternativas, las Instrucciones para el Plan funcional de atención continuada que ha presentado recientemente la Gerencia de atención primaria de Toledo, son un auténtico bodrio que no aportan ninguna solución ni ninguna mejora respecto a lo que ya hay, y lo único que hacen es cebarse en el maltrato y discriminación de uno de los colectivos profesionales de la atención primaria, los PEAC, que al igual que los demás profesionales implicados, son personal estatutario con plaza en plantilla, con los mismos derechos que el resto de personal estatutario.

Veamos varios ejemplos de esta discriminación:

Empieza la discriminación por no haber entregado el documento con el contenido de esas Instrucciones al personal PEAC. Es un mal comienzo que no augura nada bueno.

El personal PEAC está obligado a completar su jornada ordinaria para cobrarla en nómina. El personal de consulta no necesita completarla para cobrarla.

Al personal PEAC no se le garantiza su jornada ordinaria (que es derecho derivado de su nombramiento) y si la incumple se le retrae en nómina. Al personal de consulta sí se le garantiza su cobro, aunque la incumpla. Al personal PEAC no se le garantiza su jornada ordinaria mes a mes (a la que tiene derecho), de manera que es posible que reciba nóminas en las que debido a tal circunstancia (el SESCAM no respeta su derecho de jornada ordinaria), debe dinero al SESCAM.

Kafkiano.

En el disfrute de licencias hay un orden de precedencia (un privilegio ilegal) según el cual primero se concede las licencias solicitadas por el personal de consulta, y solo subsidiariamente se valoran las licencias solicitadas por el personal PEAC.

El personal de consulta es informado con antelación suficiente sobre cuál es su plan funcional y su cronograma de trabajo, y conoce la distribución de su jornada ordinaria y complementaria (es su derecho), pero al personal PEAC toda esa información se le oculta (y también es su derecho). Esa ocultación hace más fácil algunas de las “irregularidades” en la gestión de sus nóminas y de sus licencias.

No estaría fuera de lugar pedir una auditoría externa e independiente sobre la gestión de las licencias y de las nóminas del personal PEAC. Al respecto, los sindicatos no mueven un dedo.

Las Instrucciones en cuestión dejan abierta la puerta a que las cosas se sigan haciendo -invocando no la legalidad sino la tradición- “como siempre se han hecho”, y a que unos trabajadores (personal de consulta) decidan las jornadas y los turnos de otros trabajadores (el personal PEAC). La Gerencia se limita a mirar para otro lado y a validar el hecho con un sello. Se habla, es cierto, de participación de ambos colectivos en la propuesta del calendario, pero no se exige la prueba de esa participación mediante las firmas correspondientes.

Se deja abierta la puerta a que un trabajador PEAC no libre ningún fin de semana y ningún festivo en todo el año, incluidos los de Navidad, conculcando derechos –y no solo los de conciliación familiar- que asisten a todos.

Se dice en dichas Instrucciones que el personal PEAC tendrá una distribución regular en sus turnos, pero acabo de ver en mi centro –con las Instrucciones ya en vigor- como a un enfermero PEAC (de 66 años) se le concentraban 82 horas de trabajo (casi dos tercios de su jornada mensual) en una sola semana.

Se deja abierta la puerta a que un trabajador pueda hacer más de 24 horas continuadas de trabajo (48, 72…), por causas no claramente definidas como imprevistas o catastróficas. Por ejemplo cuando concurran motivos específicos debidamente justificados (organizativos, asistenciales o funcionales).

Sobre este tema, me llamó hace poco un compañero, médico (PEAC) en Toledo, para informarme y quejarse de que está sometido a un chantaje y se encuentra indefenso: si quiere librar algún fin de semana al mes tiene que aceptar hacer más de 24 horas seguidas de guardia. Y la Gerencia (que lo sabe) consiente ese chantaje. Mira para otro lado.

Este es el estilo del “cambio”.

 

 

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