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Desde fuera y desde dentro

Susana y Rajoy

 

Cuando la derecha más rancia y retrógrada (también la más corrupta) elogia y hace campaña por Susana Díaz, y parece querer llevarla en palmas hasta la victoria final en las primarias socialistas ¿le hacen un favor?

No, pero nos lo hacen a nosotros, porque si sobre lo que se debate y se decide en esas elecciones había alguna duda, esa circunstancia y ese apoyo lo deja un poco más claro.

Desde fuera del PSOE, pero desde dentro de los graves problemas a los que se enfrenta este país -el mayor de los cuales es la corrupción-, es difícil mostrarse indiferente a lo que el PSOE decide este domingo 21 de mayo, o abstraerse de la importancia que tiene para todo el país.

Creo que no somos pocos los que habiendo sido testigos del derrotero político que el PSOE ha ido tomando durante las últimas décadas (algunos hemos sido incluso votantes de ese partido), intuíamos que antes o después ese partido y esa evolución plena de contradicción y de decisiones inexplicadas, iba a entrar en crisis, y que dicha crisis no iba a ser una fiebre ligera ni un simple catarro.

Según lo vemos, la cuerda se ha ido estirando tanto, en la insensata creencia de que la elasticidad y la paciencia de los votantes socialistas son infinitas, que al final la tensión ha sido insoportable y la cuerda se ha roto.
Ahora se quiere coser, cuando algunos ni siquiera son conscientes o reconocen las causas y las responsabilidades de esa ruptura. No, ellos no tienen nada que ver con ese fracaso. Los responsables y culpables son los que acaban de llegar.

Para algunos militantes ha sido ya demasiado, y no han querido participar ni un minuto más en una mascarada que no sólo los avergonzaba, sino que los hacia fracasar en las urnas, quedando relegados al papel de lubricante fiel de la derecha.

La acción política del PSOE a lo largo de todo este tiempo ha tenido una deriva ideológica constante, pertinaz y demostrable, sesgada siempre en el mismo sentido, hacia el polo de la derecha política y económica, con hitos tan notorios como su participación en las distintas reformas laborales de carácter  retrógrado, que han hecho del trabajador el protagonista involuntario de un nuevo estatuto: el precariado; con su protagonismo incluso pionero en las vergonzosas e insolidarias amnistías fiscales; con su impulso reaccionario de las bases legislativas para la privatización de la sanidad (entre otras privatizaciones y concesiones al neoliberalismo más radical); con su decisión de someterse servilmente a la manipulación de nuestra Constitución (artículo 135), impuesta por Merkel a espaldas de los ciudadanos soberanos; y por último con su apoyo ya sin remilgos ni máscaras al gobierno de Rajoy, es decir, a un PP que ha batido todos los récords de corrupción, no sólo en nuestro país, sino en toda Europa, y cuyo único objetivo político es desprestigiar lo público, liquidar el Estado del bienestar, y aumentar la desigualdad y la injusticia. Y ahí han estado (y están), echando una mano, el viejo PSOE.

Esa es la hoja de ruta que los ha llevado hasta donde están, y esa hoja de ruta la han marcado dirigentes muy concretos, que además han hecho todo lo necesario  (y aún más) para que el criterio de los “cuadros” (como se llaman) prevalezca antidemocráticamente en su autismo suicida.

Pues bien, si esa era la ruta, ya han llegado.

Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez, como los últimos fracasos electorales de ese partido, son epígonos y herederos de esa deriva, de esa evolución en declive constante, y en definitiva de esa involución imparable.
Pero la actitud de ambos candidatos ante la misma es muy distinta.

Susana Díaz la suscribe al cien por cien y promete seguir en esa línea para ganar. Suerte para Rajoy y albricias para la derecha. Pésima noticia para la socialdemocracia y para los socialistas.

Pedro Sánchez parece haber aprendido la lección y entendido el mensaje, y se declara decidido a cambiar de rumbo. Una tenue esperanza y una última oportunidad para la unidad de la izquierda y el resurgir de la socialdemocracia, o lo que es lo mismo, última oportunidad para conservar el Estado del bienestar y la ilusión en el proyecto europeo.

Ese es el debate ideológico.

Y es que por mucho que los analistas ultramodernos nieguen que haya ya ideologías, o siquiera sólo ideas (únicamente admiten la persistencia de automatismos y fuerzas ciegas e irrefrenables), lo cierto es que haberlas haylas, y de su dinámica surgirá un nuevo progreso, más humano y sostenible, y continuará la historia por mucho que la quieran parar y dar marcha atrás.

Pero en una confrontación de candidatos, como esta, que nos afecta a todos, de dentro y de fuera del partido, no sólo tienen importancia las ideas y el debate ideológico sino también las personas.

Si la frase que achacan a Susana Díaz sobre Pedro Sánchez es cierta, no sólo define a la persona que la dijo, sino su manera de pensar, y también quizás explica ciertas actitudes prepotentes y ciertos juegos sucios, que con razón se han considerado bochornosos.

No creo que esas sean las actitudes vitales ni las aptitudes personales que convienen a un o una dirigente.
Yo al menos no me encontraría cómodo ni seguro sabiendo que una persona que piensa y actúa de ese modo dirige mi país, o mi partido.

Si es verdad que dijo:  “Ese chico no vale, pero a nosotros nos vale”, demuestra varias cosas:
primero, que es una persona imbuida de prepotencia, que siempre despreció a su compañero y anda floja en compañerismo; y segundo, que actuó de tapado, lo utilizó y nunca fue sincera con él.

Cabe aún preguntarse a quien se refería con ese “nosotros” a los que les venía bien la práctica oculta de ese juego sucio. Pero en todo caso parece indicar que no tiene un concepto demasiado amplio ni generoso, ni siquiera solidario, de los intereses colectivos.

Soy consciente de que a una persona no se la puede juzgar por una frase, pero lo cierto es que en este caso las acciones realizadas a posteriori se corresponden con el contenido y el espíritu de la frase dicha previamente.

Lo cual nos debe hacer sospechar que las acciones que se han querido hacer pasar como “reactivas” a unos hechos, estaban decididas y planificadas de antemano. Eran parte de la hoja de ruta.

Y lo mismo podríamos decir de Mariano Rajoy y sus frases.

¿Se puede juzgar a Rajoy por sus frases?
Por ejemplo, por aquellas que dirigió a su colega Bárcenas, cuando le recomendó ante los hechos que se iban descubriendo: “se fuerte”, o más directamente “hacemos todo lo que podemos” (para protegerte y protegernos, se sobrentiende).
Y efectivamente lo han hecho, y lo siguen haciendo con el apoyo cómplice de algunos.

Aquí también, de las palabras y las frases se pasó a los hechos, y por lo que vamos sabiendo en base a las informaciones que justifican la “reprobación” del ministro de justicia y sus colaboradores, efectivamente desde el minuto cero se pusieron a hacer -y en ello están- todo lo que podían para poner palos en la rueda de la justicia y para burlar uno de los principios fundamentales de la democracia, cual es la separación de poderes.

A muchos esto de la reprobación del ministro de justicia nos suena a regañina educativa que se propina –aún con esperanza- a un niño trasto.
Se le reprueba como si se hubiera hurgado la nariz, prescindido de corbata en un acto oficial, o copiado en un examen. Ligeros torcimientos en el camino de la vida que aún cabe enderezar.

Pero no estamos ante hechos de esa naturaleza ni de ese calado. Estamos ante hechos muy graves. Tan graves como los que estos días protagoniza Trump en su país. Estamos ante un ataque frontal a la democracia, ante un intento de vaciamiento de su contenido, ante un plan (supuestamente) para engañar a todos y burlar la Constitución.

Y eso no se merece sólo una reprobación o una regañina. Se merece una moción de censura en toda regla, porque si no, en el fondo y en la práctica, estamos dando amparo y sostén a esos hechos y al partido que los protagoniza.
Cosa que como todos sabemos no es una novedad, sino la causa fundamental -ese apoyo- de la actual situación.
Al parecer hay muchos a los que no les importa que nuestra democracia se vaya por el desagüe.

Tan grave como los hechos reprobados, es no actuar en consecuencia. Eso también es reprobable.

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REGULADORES REGULARES, TIRANDO A MALOS

El regulador que regule a los reguladores, buen regulador será.

Y es que, efectivamente, tal como nos temíamos, el Banco de España hizo la vista gorda, miró para otro lado, no fuera a darse el caso de pillar a algún “desregulado” con las manos en la masa. Cosa que era fácil y probable, pero que convenía evitar a toda costa.

Así nos lo cuentan ahora, en reciente noticia de prensa, para confirmar una sospecha bastante extendida en la población, en cuanto a la dudosa actuación de ese órgano vigilante durante la crisis de marras.

Y es que al propio Banco de España -vigilante oficial- no le vigilaba nadie. Era en definitiva un regulador desregulado, un vigilante sin vigilar, que es tan absurdo como un policía metido a ladrón, o un guardia civil metido a traficante. Lee el resto de esta entrada

Lluvia radiactiva

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Lástima que hayamos perdido el sentido crítico, y que a estas alturas del fin de la historia nos conformemos con mitos y cavernas.

Quizás sea una forma de unir el fin con el principio, la infancia con la vejez, y de confundir –una vez más- el regreso con el progreso. Lee el resto de esta entrada

La gestora

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Podría uno pensar que las gestoras deben pasar desapercibidas y ser neutrales. Pero esta no.

La “gestora” (ya saben cuál) tiene tan claro que quiere cortar cabezas, como poco claro qué quiere ser de mayor.

Y si no serlo -que eso ya sería para nota- al menos aparentarlo.

Ahora bien, ser algo de mayor, de verdad y no sólo en apariencia, requiere tener las ideas claras y un esfuerzo de coherencia, para el que esta gestora y el partido que dice representar, no están entrenados.

Justamente la peripecia pelín traumática de esta gestora, deriva de una crisis de autenticidad tras prolongado teatro, y nace de la necesidad de impedir que los militantes hablen y la verdad salga a la luz, es decir, que la realidad llegue al estrato superior de la consciencia.

Es en última instancia una gestora mordaza, que esperará el tiempo que sea necesario y aún más, hasta que los militantes cambien de opinión o se muerdan la lengua.
Un acto de represión sin Freud que lo remedie, mediante la correspondiente y liberadora catarsis psicopolitica.

El gran Padre González, sigue recortando las alas de su Edipo particular en su taller de bonsáis enanos, donde salvó el todos los demás son menores de edad.

Pero donde falta autenticidad, faltan también ideas claras, y tanto las opiniones como los principios, caducan al día siguiente.
Por eso, aunque en el manejo del hacha no le tiembla el pulso, en todo lo demás padece esta gestora el baile de San Vito.
En apenas el transcurso de unas horas, puede cambiar radicalmente de criterio político y sobre todo de principios morales, según lo que interese aparentar, o según que el personal este mirando y atento a la escena, o despistado y comiendo palomitas.

Esto explica lo ocurrido recientemente con el nombramiento de Jorge Fernández Díaz como infausto presidente de la comisión de exteriores (un pesebre), cuando la gestora cambió rápidamente de opinión en menos que canta un gallo y sin esperar a que cantara tres veces, sin más razón que sentirse observada, desnuda de máscaras, y como Dios (y Felipe González) la trajo al mundo.

Eso es trasparencia y cambio.

Efectivamente, tanto la gestora como C’s estaban dispuestos a dar el visto bueno al indigno premio de Jorge Fernández Díaz (el de la caza de brujas), votando en blanco para no romper una de las normas no escritas, más sagradas y corruptas del cotarro pesebril: la de la repartición consensuada de prebendas y pesebres.
Hasta que se encendió una lucecita roja que avisaba a todas las termitas compinchadas que estaban “en el aire”, y sintiéndose observada (y también presionada por Podemos) la veleta gestora cambió rápidamente de gesto, decisión, máscara, y discurso.

Así, de la abstención facilitadora de ese pesebre tan infame, pasó a oponerse en un santiamén, para parecer honesta y cabal a ojos de la audiencia. Y todo esto entre bambalinas y al albur de los focos, como suele ocurrir en el teatro.

Al final Rajoy se salió con la suya y premió a Fernández Díaz (y con él a las cloacas y la caza de brujas), y los demás quedaron bastante mal. No sabemos si esto es un anuncio de lo que va a ser esta triste legislatura.

Salvar al soldado Fernández y su gestora golpista es ahora la misión, como antes lo fue salvar al soldado Rajoy y su misión sagrada de proteger los intereses de la banca. Pero Rajoy -ingrato- no lo pone fácil. Sabe que el mueve los hilos, y tiene atrapada en sus garras a la inestable y frágil marioneta.
Con la soltura, el desahogo, y la falta de empatía que le caracteriza, dicta un pesebre para Jorge Fernández Díaz, y dice a sus marcas blancas: esto son lentejas y donde hay patrón no manda marinero.

Más claras tiene las ideas Felipe González, que asegura que no apoyará a Susana Díaz, porque dada la merecida fama que él tiene de dar gato por liebre, esto la puede perjudicar.

No seremos nosotros los que discutamos la solidez y lógica de su argumento, pero al decir González que no la apoya, todos entienden y dan por hecho que ya la está apoyando, porque a las palabras de González, siempre hay que darles la vuelta como a un calcetín.

Por su lado Merkel, sorprendida de que Rajoy aún sobreviva tras recortes tan feroces e inhumanos, y tras la dosis XXL de austericidio propinada a los sufridos españoles, le reconoce que tiene la “piel de elefante” (los españoles, sorprendentemente, aún le siguen votando; esa es la grandeza bifronte de la democracia), y le nombra por ello caballero de su tabla redonda, que al ser alemana, es más bien cuadrada.
Porque cuadradas son las ideas fijas de la canciller pangermana.

La reina Artura de esta Europa retrógrada y medieval, debe ser la única que aún no se ha dado cuenta de la debacle que le rodea, y de la necesidad perentoria -como clama Obama- de cambiar de rumbo, porque el neofeudalismo no funciona.

Hasta qué la nueva dama de hierro despierte de un batacazo inesperado y se venga abajo su castillo de naipes, Rajoy es urbi et orbi un gran “gestor” y un gran vasallo, y al igual que la otra “gestora socialista”, el mejor sacamantecas al servicio de la banca alemana.

Por los servicios prestados y como mercenario leal, estos días ha recibido Rajoy su espaldarazo sublime, y ha venido a ocupar el hueco de uno de los pares caído en desgracia: la Inglaterra de la City.
A Rajoy, el cruzado de la vieja y decrépita fe, se le caía la baba de puro contento.

Mientras tanto, los dos países del Occidente racista y xenófobo, que dieron a luz al neoliberalismo radical y extremo, USA y el Reino Unido (ahora se enteran algunos de que esta era una ideología de extrema derecha), han parido uno el Brexit xenófobo, y el otro al Trump racista.
Por sus obras y frutos los conoceréis.

A nivel de calle, estos días hemos conocido que los salarios de los españoles han caído en estos años de oportuna (e irreversible) crisis un 10%, y que los más castigados han sido los trabajadores públicos. Algo lógico si se considera que en la estrecha y sectaria ideología de los que gobiernan, “lo público” es el enemigo público (valga la redundancia) número uno, y el principal objetivo de su doctrina cerril es cargarse el Estado (y no sólo el de bienestar) tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Ergo el sacamantecas es eficaz. De ahí la condecoración.

Los paraísos fiscales, al contrario, al no pertenecer al ámbito de “lo público”, y requerir emprendimiento, ética floja, y coraje suicida, tienen la vida (y la amnistía fiscal) asegurada.

No se como lo verán

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No se cómo lo verán ustedes, pero yo estoy preocupado. En algún momento, incluso aterrado, aunque no sea Halloween.

Es como si los dueños del mundo prefirieran que llegara el fascismo y los cuatro jinetes del Apocalipsis, antes que soltar algún privilegio, alguna prebenda; antes incluso que rechazar alguna mordida o alguna estafa; antes que cambiar de rumbo o cambiar de secta.

Lo cual indica a que grado de insensatez ha llegado su codicia.

Parece como si desde los años treinta a esta parte, sólo hubiera pasado media hora, y todos estos años hubieran transcurrido en vano, a efectos de aprender alguna cosa útil de nuestra historia siniestra más recalcitrante.

Se me dirá: “el fascismo siempre estuvo aquí, con nosotros, en la democracia cristiana que se alió con la mafia, en los consejos de administración de las empresas salvajes, en los criminales nazis que encontraron guarida en España y refugio en Argentina, en los turnos bipartidistas del primero tú y luego yo, en el partido único y la ideología sectaria, en las finanzas desreguladas y asesinas, en el neoliberalismo de Pinochet y los Chicago boys, en los campos de fútbol y sus escupitajos al “negro”, en las cloacas del Estado”.

Incluso agazapado dentro de muchos partidos que se dicen liberales o semisocialistas.

Lo sabemos todos. Lo sabe incluso Obama, que en Grecia, donde Occidente nació y Occidente murió, confiesa que las reglas no son iguales para todos; que algunos -por su sangre azul hecha de vil metal- no pagan impuestos; que el sistema ha fabricado desigualdad e injusticia; que el 1% mangonea y manga al 99% restante; que los paraísos fiscales siguen en pie y los derechos humanos ya no; que hay que cambiar de rumbo, y que él, Obama, lo sabe porque le ha visto las orejas al lobo; y que ese lobo, que entre todos han alimentado -en medio de tanta juerga desregulada- se llama fascismo.

No hay cámaras de gas, pero hay miles de muertos en las ciudades iluminadas con luces de neón, y miles de ahogados en los mares oscuros y silenciosos.

Un anciana, pobre y vulnerable, asesinada por una vela y un corte de luz, asesinada por una cuenta de resultados, es una más de esas víctimas, casi anónimas y olvidadas al día siguiente.
O quien se quemó a lo bonzo delante de su banco, mientras sus directivos daban el pelotazo de su vida, riéndose del mundo.

No hay cámaras de gas, pero hay corrupción, puertas giratorias y paraísos fiscales que van quitando la vida a la gente. Se derribó un muro y se levantaron cientos.

En la Inglaterra de la City, las agresiones racistas van en aumento (hoy unos adolescentes han arrojado ácido a la cara de un inocente), y los emigrantes se llevan los tortazos que no se lleva la City.

Huele a fascismo redivivo, y es un tufo que apesta. Y Rajoy, que nada percibe (como tantos otros) sigue en sus trece: premiando lo más impresentable, lo más indigno, lo más corrupto.
Con Trump en su puesto y Marine Le Pen a punto de llegar.

¿Se han vuelto locos o los locos somos nosotros que les hemos votado, que les hemos consentido y dado alas para que nos las corten?

No sin motivo, la palabra del año, según el diccionario Oxford, no ha sido “populismo” sino “posverdad”.
Y es que después de tanta verdad (y liberalismo) de mentira, llega ahora el fascismo de verdad. Se niega el cambio climático, en medio de él, y se niega que el rumbo esté equivocado, en medio del naufragio.

Hessel (autor de “Indignaos”), que conoció aquella barbarie en primera persona, y fue trabajador infatigable por la justicia y los derechos humanos, advirtió, como lo hicieron Sampedro y Saramago y tantos otros, lo que se nos venía encima con aquella crisis y estafa tan oportuna.
Incluso Sarkozy y Zapatero llamaron a “reformar el capitalismo”.
Pronto se echó tierra sobre el asunto, y sobre tan buenas como falsas intenciones.

Hoy Zapatero no se sabe dónde está (probablemente apoyando a una gestora golpista), y Sarkozy, en vez de reformando el capitalismo, está copiando detalles al neofascismo emergente para parecerse un poco a Marine Le Pen.

Por eso, esta declaración de intenciones de Obama, no nos resulta nueva (ni creíble).
Se contradice Obama con lo dicho en Grecia, cuando luego en Alemania asegura que si fuera alemán votaría a Merkel. ¡Merkel! que es la que, como “jefa” de Europa (y esa “jefatura” es otro síntoma más del fascismo rampante), ha marcado el rumbo inhumano que un poco antes, en Grecia, Obama dijo que había que cambiar.
Ideas muy poco claras de dirigentes muy poco sensatos, sobre un rumbo político que a ellos les ha venido muy bien, pero que ha colocado al mundo en su situación actual.

En definitiva, Obama ha ido a Grecia (cuna de la democracia y hoy país intervenido) para dar la voz de alarma con muy poca fe, reconociendo que la democracia en Occidente ha estirado tanto sus límites, ha incrementado tanto sus desigualdades, y se ha alejado tanto de sus fundamentos, que hoy es irreconocible.

Y por esa brecha, por ese grave error, que ha propiciado el mercado desregulado y la plutocracia triunfante aliada con la política corrupta, se está colando de nuevo el fascismo.

Sistema

Tanto se equivocan las encuestas y las previsiones, que va a ser que no quieren acertar. Tanto se equivocan las respuestas, que va a ser que no se hacen las preguntas (correctas). La realidad se rehúye y se disfraza, y el mismo análisis que se hace desde el poder y aledaños, no es análisis, sino catequesis.

¿Pero de verdad creemos que vamos a entender y explicar lo que ocurre con esa simpleza del “populismo” o esa demonización infantil, demagógica, y espuria de los “antisistema”?
¿Metiendo en el mismo y difuso saco a todos los que hoy contraatacan movidos por el instinto de supervivencia y el espíritu de indignación, aquí y en otras partes del mundo?
¿Qué vamos a suplir la exigencia debida de responsabilidades, de explicaciones, de reconocimiento de culpas y errores, de corrupciones y horrores, y en no pocos casos de delitos, echando la culpa a los demás, que son todos unos populistas?

Pues sigan pensando que el mundo es su mundo, y el mundo les desmentirá, como ya está haciendo.
Sigan pensando que con las cifras macroeconómicas, que alcanzan el olimpo sin descender a la tierra, se come, se viste, se educa, se cura la gente, cuando para alcanzar esas cifras brillantes y metafísicas, se han destruido y saqueado todas estas otras realidades palpables.

¿Por qué en vez de preguntarse tantas veces que es el “populismo”, no se preguntan alguna vez que es el “sistema”?
Este sistema.

¿Cómo funciona? ¿Qué tiene que ver con la democracia? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quiénes son sus beneficiarios? ¿Quiénes sus justificadores y quienes les pagan? ¿Cómo resuelve sus crisis? ¿Quiénes las producen? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Con que finalidad? ¿Qué es la partidocracia? ¿Qué es el bipartidismo? ¿Qué es el partido único? ¿Cómo influye el poder ilegítimo -no democrático- de los que tienen dinero -plutócratas- en las decisiones que se toman? ¿Por qué los prestamistas nos obligan a saldar la deuda -caso de que sea legítima, que lo dudo- recortando derechos y no suprimiendo privilegios? ¿Por qué no se persiguen y cierran los paraísos fiscales, pero se saquean las pensiones? ¿Por qué los recortes de derechos –humanos- que soportan y subyacen a la falsa y sesgada “salida” de la crisis, no son reversibles, no se pueden tocar? ¿Por qué el próximo objetivo son los más desvalidos, los más indefensos, los pensionistas?

Todas estas son preguntas acuciantes y urgentes, que no se resuelven con la simpleza del “populismo”.

La gente no se indigna a humo de pajas ni se quema a lo bonzo delante de su banco porque sí.
¿O todo eso también será populismo y demagogia?

Es el sistema el que nos ha traído hasta aquí, no el populismo. Hasta aquí no hemos llegado de la mano de Donald Trump, es el sistema el que ha traído a Donald Trump, para que no llegara Bernie Sanders.
Donald Trump es parte del sistema. Es el colofón de la teoría. De una teoría equivocada, porque no está basada en la justicia, ni en la propia naturaleza humana, que en esencia es colaboradora y solidaria, sino en el interés egoísta y antisocial. En la pura codicia. En el puro miedo.

El hombre no es un lobo para el hombre, pero estamos gobernados por lobos, y su doctrina es mendaz e inhumana.

Trump es el producto lógico y consecuente de la selva que promueve el “sistema”.
Trump se entenderá muy bien con Rajoy, o con Bárcenas, o con Correa, pero no se entenderá para nada con Podemos.

Universos paralelos. La doctrina va por un lado y la realidad por otro.
La teoría de los Chicago boys no quiere encarnarse en un mundo feliz, ni los borregos quieren pastar en la granja neoliberal, pienso de pésima y envenenada calidad.

Íbamos nosotros -tan paletos como siempre- a emular las formas y modos grandiosos y salvajes del Imperio, y resulta que el Imperio, que ni una triste reforma sanitaria pudo hacer, ya está de vuelta, recogiendo velas y afrontando las tempestades de los vientos que ha sembrado.

Un mal menor

Trump es un mal menor, grande y pelirrojo (peligroso, quise decir). Su peluquín de fuego amenaza crear un incendio donde ya existe un infierno.

Por eso es un mal menor (creen), porque un fuego con fuego no se apaga, y el infierno oficial tiene garantizada, así, su rutina diaria.

Tras un breve aspaviento, las bolsas volverán a inflarse, los “trading” a hincharse, los mercados a comprar seres humanos y vender almas al maligno (en España hemos pasado en los últimos años de tener un exorcista a tener trece), y el establishment soltará un eructo, una vez digerida la extraña y aciaga noticia.

Es de los nuestros, pensarán. Y con razón.

¡Qué es xenófobo!
También lo es el cardenal Cañizares.
¡Qué quiere levantar un muro!
También aquí tenemos vallas y los echamos a patadas y pelotazos de goma, hasta hundirlos en el mar.

Y eso que allí no son mayoría los refugiados de guerra que intentan salvar la vida para perderla a miles en el intento. Son más los refugiados del hambre y la miseria, o de gobiernos tan anómalos como consentidos. Allí no va Felipe González, a cantarle las cuarenta al establishment de su patrono, Carlos Slim.

El PP y nuestro gobierno son de los que mejor y más rápido han digerido la noticia (si hubiera salido Bernie Sanders ya estarían cargando las baterías antiaéreas), porque perro no come perro. Y menos con el mismo collar.

Los del distinto collar pero el mismo perro, tienen que hacer un poco de teatro (lo que hacen siempre), y hubieran preferido a Clinton (la corrupción andante), ciertamente, pero antes que Sanders -el rebelde y socialista- no está mal Trump -el bárbaro y filonazi-.

¿Hasta cuándo gestora golpista que siga manifestando opiniones y gustos tan extraños?

¿No está ya investido -como querían- el gobierno de los recortes y con el hacha de Conan a punto de soltar el tajo? ¿Por qué Fernández y colegas siguen en la poltrona, como si ir de golpe fuera quedarse de tertulia, y tomando decisiones que no les competen?

En resumen, nada nuevo bajo el sol, y todo ha cambiado de nuevo para que no cambie nada, como siempre.
Allí ha salido Trump, ayudado entre todos, para que no salga Sanders.
Aquí ha salido Rajoy, ayudado por el PSOE y otros cuantos, para que no salga una opción progresista. Y en Francia, si un resto de lucidez no lo remedia, saldrá Marine Le Pen, sin demasiado escándalo, ni sorpresa, ni disgusto, por parte de los que hoy practican los recortes más inhumanos para consumar la estafa más tramposa.

¡Y a mí que esto me recuerda a otros tiempos!

En definitiva, un nuevo capítulo de esta novela que podemos ya ir titulando “Neoliberalismo y barbarie”, con el subtítulo “De como Felipe Gonzalez se enamoró de Margaret Thatcher cuando tomaba el te con Pinochet”.

Y es que les debemos mucho: por ejemplo, a Donald Trump.

Contradicciones

A veces el nerviosismo hace que incurramos en contradicciones. Nos pasa a todos cuando la verdad inconsciente no coincide con la verdad declarada.

Viene esto a cuento de las frecuentes y evidentes contradicciones que últimamente observo en los medios en relación con PODEMOS, y en las que parece que la música va por un lado y la letra o los datos por otro, pero -y esto es lo incongruente- brotando de la misma fuente, del mismo lobby.
Quizás por una debilidad de la memoria inmediata o una excesiva avidez del mensaje a vender, se incurre en contradicción.

¿Esta dicotomía se debería a algún tipo de nerviosismo en que el deseo incontrolado de manipular la realidad ofusca la mente, y afirma lo que al mismo tiempo desmiente?

Veamos un ejemplo: casi al mismo tiempo y el mismo día que a los simpatizantes o votantes de PODEMOS se les calificaba de “lumpen” en un medio muy señalado de nuestra prensa nacional, se describe y demuestra con datos, pelos y señales, que este nuevo partido emergente se nutre en sus votos y simpatías principalmente de las clases urbanas, modernas, y cultas (con estudios superiores) que han abandonado, frustradas y desengañadas, al PSOE.
Así ese “lumpen” que un poco antes se menciona coincidiría con los “sectores de la sociedad que son muy representativos de los valores de progreso”, “muy representativas de la modernidad”, es decir “los sectores más avanzados de la sociedad”.

Otro ejemplo: al mismo tiempo que se nos describe, como si fuera la primera lección del parvulario civil, que es “Populismo” (ese intento de conseguir el poder diciendo a la gente lo que quiere escuchar, haciendo pasar las mentiras por verdades, aspirando a cosas tan imposibles como molestar a los que roban, etc., etc. ), y se trae como botón de muestra de ese fenómeno siniestro a PODEMOS (no sin antes ponerlo junto a Donald Trump, en un alarde de la técnica milenaria del lavado de cerebro), se explica un poco más adelante que la formación política que ha demostrado especial lucidez y perspicacia al hacer el diagnóstico correcto de nuestra triste situación política y social es justamente PODEMOS.

¿No es el diagnóstico certero la primera etapa de una terapéutica idónea?

Cierto es que otros tienen a los podemitas como expertos en la denuncia de los vicios, e imberbes en aportar y explicar las soluciones. En definitiva, cosa de jóvenes, como si la corrupción fuera cosa de viejos y experimentados sabios, y las “soluciones” veteranas que nos han traído hasta aquí fueran el síntoma más claro de la mayoría de edad.
Cabe pensar que quien así respira, no se ha leído los programas, ni ha mirado lo que tiene delante.

Tanta contradicción sólo puede provenir de nerviosismo. Y el nerviosismo es una emoción que se contagia mucho.
Hasta los más nobles ideales no están libres de ese contagio.

A lo que voy: no es deseable para un político o un partido político dar miedo, salvo que nos refiramos a la prevención que el delincuente de forma natural debe tener hacia la investigación del delito y actos consecuentes de la justicia. Pero eso son cosas de la justicia, que esperemos que en un futuro no muy lejano tenga vida propia en nuestro país, como en las democracias de verdad.

Si nos referimos a otro tipo de situaciones, regímenes, mafias, o cotarros de todos conocidos, también está de más el miedo que podamos provocar, porque los que están en ellos implicados hasta las cachas, ya se dan miedo a sí mismos, no hace falta ayudarles.
Obvio es y sobra decir que a quien más miedo tienen algunos de nuestros prohombres más señalados  y pringados, es a sus “amiguitos del alma”, antiguos camaradas de inconfesables saqueos.

Un partido político lo que tiene que provocar es ilusión y esperanza, y trabajar con honestidad por las causas que considera justas. Con la conciencia limpia y los objetivos claros se llega a todos los sitios, aunque se tarde en llegar. No siempre va a estar el mundo al revés, como ahora. De vez en cuando el mundo recobra la cordura, y hay que trabajar en esa dirección y para ese momento. Con paciencia y sin desanimo. El miedo y el desánimo es el juego de aquellos que no tienen la conciencia tranquila, no el de los políticos honestos.

Europa

Gobiernos fuertesDonald Trump

 

Salió Europa con ojeras a decir (y Europa era un señor con cara de vinagre) que nuestro continente necesita gobiernos fuertes para hacer ajustes fuertes (viñeta de la República).

Y ya saben que los ajustes fuertes sólo pueden hacerse contra ciudadanos débiles, es decir, inocentes de toda culpa, mayormente porque no tienen forma de defenderse, pacifistas como son, y huérfanos como están -al menos hasta ahora- de toda representación política eficaz. Lee el resto de esta entrada

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