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Abstenciones preocupantes

sanchezmoscovichi

 

El triunfo de Pedro Sánchez ha supuesto una inyección de ilusión para muchos militantes socialistas. Me refiero a los militantes que no abandonaron, decepcionados, ese proyecto, porque lo cierto es que han sido muchos los que sí lo hicieron, y o bien perdieron todo interés por la política o recalaron y prestaron su apoyo a otras formaciones. Por ejemplo Podemos.

La ilusión es el combustible que lo mueve todo, y sin ella la maquinaria primero se gripa y luego se para.

Esto es lo que les ha pasado a muchas maquinarias socialistas de Europa, que mientras sus aparatos marchaban a todo gas en la dirección neoliberal que imponía el mercado, sus maquinarias militantes, más cerca de la realidad, con más sentido común y bastante más sentido histórico, se iban gripando.

En algunos de estos casos la catástrofe ha sido inevitable porque el mal estaba ya muy avanzado. En otros, una reacción a última hora ha salvado los muebles de momento y los supervivientes aspiran a habitar de nuevo en el territorio de la izquierda, que pese a quien pese tiene más sentido y futuro que nunca, y esto por distintos motivos: humanitarios (que es lo mismo que decir de civilización), de defensa de la democracia como sistema irrenunciable, y de urgencia medioambiental.

Moscovici es un comisario de esa Europa que degenera a toda prisa y sin remedio a la vista.

Si hace apenas unas semanas, el susto y la congoja de los gerifaltes europeos ante posibles derivas electorales que confirmaran el malestar general, determinaba que el neoliberalismo rampante que hoy intoxica a Europa recogiera velas y se hablara incluso de una “refundación social” de Europa, hoy, apenas transcurridas esas pocas semanas, aquella lección de humildad que decían haber aprendido en medio de aquellas turbulencias (Brexit incluido), se les ha olvidado, y lo social acaba de nuevo postergado frente a los imperativos de la desregulación y las exigencias del mercado.

Se trata desde luego de una desmemoria veloz.

Es así que el comisario Moscovici, socialista a beneficio de inventario, ha podido llamar a capítulo al socialista Pedro Sánchez para conminarle a que obedezca y entre por el aro, aconsejándole que suscriba con entusiasmo positivo el pacto comercial entre Canadá y la UE, tratado comercial que llaman CETA por sus siglas en inglés. Tratado que según opinión bastante extendida pone más acento en la desregulación y la explotación humana, que en los derechos laborales y el medio ambiente. O dicho de otro modo, pone los intereses financieros muy por encima de casi todo lo demás, incluida la calidad democrática.

Afea Moscovici a Sánchez que sea renuente y dubitativo ante el CETA, quizás lastrado -el nuevo líder socialista- por escrúpulos sociales o socialdemócratas que hoy ya no forman parte -según Moscovici y compañía- del canon de la posmodernidad salvaje que se quiere para Europa.
Y le anima severamente a que no contradiga con sus peros el “patrimonio común europeísta”, patrimonio que a todas luces sigue siendo neoliberal, es decir, radical e insolidario, y en última instancia bastante ajeno a los controles propios de una democracia.

¡Hay que ver que giros retóricos y que frases rimbombantes y solemnes se utilizan hoy para condimentar y vestir de príncipes a los sapos que nos tenemos que tragar!

“Patrimonio común europeísta” dice el comisario para patrocinar una globalización que deja fuera mucho de aquello que precisamente define a Europa, que es -o era- su sensibilidad social y su defensa de los derechos humanos.

Luego los animadores ideológicos de esta cosa que está causando tanto “orden” mundial, se pondrán estupendos y archimodernos, y dirán que los que nos oponemos a este tipo de tratados, somos enemigos del comercio y cosas más horrendas. O que en la Edad Media habríamos perseguido judíos, como representantes que eran en aquel tiempo -o incluso en este- de la iniciativa comercial y el espíritu moderno.
Pues ni una cosa ni la otra: ni somos enemigos del comercio, ni mucho menos antisemitas, ni nos comemos crudos a los erasmistas de hoy.

Otros son los que llenos de incoherencia hacen compatible el comercio desregulado a favor de las finanzas -esa gran y escueta libertad- con la xenofobia que levanta muros por doquier.

La escena consiste por tanto en un socialista europeo conminando a otro socialista europeo a que dé el visto bueno a una globalización “ultra” y “radical” que podían haber suscrito con euforia y entusiasmo esos adalides del socialismo y de los derechos sociales que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Pero lo preocupante es que el nuevo PSOE sigue en el limbo de la indefinición, y a lo más que llega es a decir -ante la oportunidad de censurar un gobierno corrupto hasta el fondo del armario, o de rechazar un tratado antisocial y antiecológico- “me abstengo”.

Del no es no a una abstención doble, desdibujada y pusilánime, en muy poco tiempo: ¡preocupante!

Ya sabemos que Pedro Sánchez y el PSOE vienen de su infierno particular y de una falta de credibilidad ganada a pulso, pero el limbo no es el mejor sitio para recuperar el tiempo perdido y la credibilidad.

Y es que es mucho lo que hay que recuperar, porque es mucho lo que se perdió.

Y seguimos perdiendo a toda prisa. Así que abstenerse ante esa pérdida hace que las segundas oportunidades caduquen muy rápido.

Más claro lo tiene el PP, núcleo duro de la “gran coalición” propuesta por González, que una vez que ha cogido el carril de la corrupción, ni duda, ni se distrae, ni da bandazos. Es de una idea fija que impresiona; robar a tutiplén y negar la mayor.

Frente a este despliegue de autoayuda y confianza en sí mismos, cuyo apoyo teórico no es precisamente Montesquieu sino Celia Villalobos, sobre todo cuando dice inspirada que quien no arrambla con todo y se lo lleva a un paraíso fiscal es que es monja de clausura o pobre de espíritu, mostrando directamente a los ciudadanos -para que sutilezas- cuál es el camino a seguir y la filosofía que triunfa, este otro dudar del PSOE entre el “no” y la “abstención” quizás debido al miedo a irritar a los que mandan sin pasar por las urnas, nos indica que la unión de la izquierda sigue un poco cruda, de lo cual -qué duda cabe- se beneficiará Rajoy y la corrupción que ampara y patrocina.

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Desde fuera y desde dentro

Susana y Rajoy

 

Cuando la derecha más rancia y retrógrada (también la más corrupta) elogia y hace campaña por Susana Díaz, y parece querer llevarla en palmas hasta la victoria final en las primarias socialistas ¿le hacen un favor?

No, pero nos lo hacen a nosotros, porque si sobre lo que se debate y se decide en esas elecciones había alguna duda, esa circunstancia y ese apoyo lo deja un poco más claro.

Desde fuera del PSOE, pero desde dentro de los graves problemas a los que se enfrenta este país -el mayor de los cuales es la corrupción-, es difícil mostrarse indiferente a lo que el PSOE decide este domingo 21 de mayo, o abstraerse de la importancia que tiene para todo el país.

Creo que no somos pocos los que habiendo sido testigos del derrotero político que el PSOE ha ido tomando durante las últimas décadas (algunos hemos sido incluso votantes de ese partido), intuíamos que antes o después ese partido y esa evolución plena de contradicción y de decisiones inexplicadas, iba a entrar en crisis, y que dicha crisis no iba a ser una fiebre ligera ni un simple catarro.

Según lo vemos, la cuerda se ha ido estirando tanto, en la insensata creencia de que la elasticidad y la paciencia de los votantes socialistas son infinitas, que al final la tensión ha sido insoportable y la cuerda se ha roto.
Ahora se quiere coser, cuando algunos ni siquiera son conscientes o reconocen las causas y las responsabilidades de esa ruptura. No, ellos no tienen nada que ver con ese fracaso. Los responsables y culpables son los que acaban de llegar.

Para algunos militantes ha sido ya demasiado, y no han querido participar ni un minuto más en una mascarada que no sólo los avergonzaba, sino que los hacia fracasar en las urnas, quedando relegados al papel de lubricante fiel de la derecha.

La acción política del PSOE a lo largo de todo este tiempo ha tenido una deriva ideológica constante, pertinaz y demostrable, sesgada siempre en el mismo sentido, hacia el polo de la derecha política y económica, con hitos tan notorios como su participación en las distintas reformas laborales de carácter  retrógrado, que han hecho del trabajador el protagonista involuntario de un nuevo estatuto: el precariado; con su protagonismo incluso pionero en las vergonzosas e insolidarias amnistías fiscales; con su impulso reaccionario de las bases legislativas para la privatización de la sanidad (entre otras privatizaciones y concesiones al neoliberalismo más radical); con su decisión de someterse servilmente a la manipulación de nuestra Constitución (artículo 135), impuesta por Merkel a espaldas de los ciudadanos soberanos; y por último con su apoyo ya sin remilgos ni máscaras al gobierno de Rajoy, es decir, a un PP que ha batido todos los récords de corrupción, no sólo en nuestro país, sino en toda Europa, y cuyo único objetivo político es desprestigiar lo público, liquidar el Estado del bienestar, y aumentar la desigualdad y la injusticia. Y ahí han estado (y están), echando una mano, el viejo PSOE.

Esa es la hoja de ruta que los ha llevado hasta donde están, y esa hoja de ruta la han marcado dirigentes muy concretos, que además han hecho todo lo necesario  (y aún más) para que el criterio de los “cuadros” (como se llaman) prevalezca antidemocráticamente en su autismo suicida.

Pues bien, si esa era la ruta, ya han llegado.

Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez, como los últimos fracasos electorales de ese partido, son epígonos y herederos de esa deriva, de esa evolución en declive constante, y en definitiva de esa involución imparable.
Pero la actitud de ambos candidatos ante la misma es muy distinta.

Susana Díaz la suscribe al cien por cien y promete seguir en esa línea para ganar. Suerte para Rajoy y albricias para la derecha. Pésima noticia para la socialdemocracia y para los socialistas.

Pedro Sánchez parece haber aprendido la lección y entendido el mensaje, y se declara decidido a cambiar de rumbo. Una tenue esperanza y una última oportunidad para la unidad de la izquierda y el resurgir de la socialdemocracia, o lo que es lo mismo, última oportunidad para conservar el Estado del bienestar y la ilusión en el proyecto europeo.

Ese es el debate ideológico.

Y es que por mucho que los analistas ultramodernos nieguen que haya ya ideologías, o siquiera sólo ideas (únicamente admiten la persistencia de automatismos y fuerzas ciegas e irrefrenables), lo cierto es que haberlas haylas, y de su dinámica surgirá un nuevo progreso, más humano y sostenible, y continuará la historia por mucho que la quieran parar y dar marcha atrás.

Pero en una confrontación de candidatos, como esta, que nos afecta a todos, de dentro y de fuera del partido, no sólo tienen importancia las ideas y el debate ideológico sino también las personas.

Si la frase que achacan a Susana Díaz sobre Pedro Sánchez es cierta, no sólo define a la persona que la dijo, sino su manera de pensar, y también quizás explica ciertas actitudes prepotentes y ciertos juegos sucios, que con razón se han considerado bochornosos.

No creo que esas sean las actitudes vitales ni las aptitudes personales que convienen a un o una dirigente.
Yo al menos no me encontraría cómodo ni seguro sabiendo que una persona que piensa y actúa de ese modo dirige mi país, o mi partido.

Si es verdad que dijo:  “Ese chico no vale, pero a nosotros nos vale”, demuestra varias cosas:
primero, que es una persona imbuida de prepotencia, que siempre despreció a su compañero y anda floja en compañerismo; y segundo, que actuó de tapado, lo utilizó y nunca fue sincera con él.

Cabe aún preguntarse a quien se refería con ese “nosotros” a los que les venía bien la práctica oculta de ese juego sucio. Pero en todo caso parece indicar que no tiene un concepto demasiado amplio ni generoso, ni siquiera solidario, de los intereses colectivos.

Soy consciente de que a una persona no se la puede juzgar por una frase, pero lo cierto es que en este caso las acciones realizadas a posteriori se corresponden con el contenido y el espíritu de la frase dicha previamente.

Lo cual nos debe hacer sospechar que las acciones que se han querido hacer pasar como “reactivas” a unos hechos, estaban decididas y planificadas de antemano. Eran parte de la hoja de ruta.

Y lo mismo podríamos decir de Mariano Rajoy y sus frases.

¿Se puede juzgar a Rajoy por sus frases?
Por ejemplo, por aquellas que dirigió a su colega Bárcenas, cuando le recomendó ante los hechos que se iban descubriendo: “se fuerte”, o más directamente “hacemos todo lo que podemos” (para protegerte y protegernos, se sobrentiende).
Y efectivamente lo han hecho, y lo siguen haciendo con el apoyo cómplice de algunos.

Aquí también, de las palabras y las frases se pasó a los hechos, y por lo que vamos sabiendo en base a las informaciones que justifican la “reprobación” del ministro de justicia y sus colaboradores, efectivamente desde el minuto cero se pusieron a hacer -y en ello están- todo lo que podían para poner palos en la rueda de la justicia y para burlar uno de los principios fundamentales de la democracia, cual es la separación de poderes.

A muchos esto de la reprobación del ministro de justicia nos suena a regañina educativa que se propina –aún con esperanza- a un niño trasto.
Se le reprueba como si se hubiera hurgado la nariz, prescindido de corbata en un acto oficial, o copiado en un examen. Ligeros torcimientos en el camino de la vida que aún cabe enderezar.

Pero no estamos ante hechos de esa naturaleza ni de ese calado. Estamos ante hechos muy graves. Tan graves como los que estos días protagoniza Trump en su país. Estamos ante un ataque frontal a la democracia, ante un intento de vaciamiento de su contenido, ante un plan (supuestamente) para engañar a todos y burlar la Constitución.

Y eso no se merece sólo una reprobación o una regañina. Se merece una moción de censura en toda regla, porque si no, en el fondo y en la práctica, estamos dando amparo y sostén a esos hechos y al partido que los protagoniza.
Cosa que como todos sabemos no es una novedad, sino la causa fundamental -ese apoyo- de la actual situación.
Al parecer hay muchos a los que no les importa que nuestra democracia se vaya por el desagüe.

Tan grave como los hechos reprobados, es no actuar en consecuencia. Eso también es reprobable.

Política plastilina

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Así como nuestro dinero es hoy un objeto piroclástico que cuando te has querido dar cuenta ha entrado en erupción y se ha dado a la fuga, y no te queda otra que aporrear cacerolas (el aporreo de cacerolas es un síntoma ubicuo de la modernidad globalizada), nuestra política también es piroclástica, y la más avanzada incluso de plastilina volátil.

De la misma manera que nuestra economía ya sólo es financiera y va a la velocidad frenética de los trading (en su vacío virtual no hay contacto con la realidad y esto evita el rozamiento), nuestra política más post es también veloz y versátil, y se adapta dócilmente a los flujos y reflujos de los ciclos electorales.

Muy en la ortodoxia de abandonar a las fuerzas del mercado (quizás un agujero negro) toda nuestra línea de sucesos caóticos e imprevisibles, las propuestas políticas se abandonan también a un festival piroclástico y pirotécnico de destrucción creativa. O eso dicen y así la llaman.

Ser abducidos por ese horizonte de posverdad y poshistoria, es lo más moderno que le puede ocurrir hoy a uno.

Si no estás presto a la novedad superlativa -caiga quien caiga y caiga lo que caiga- eres un provinciano que no ha jugado nunca con la PlayStation.

Aparece un Napoleón con tijeras a las órdenes de Merkel (por cada reforma un tajo), y los ilusos afirman que vuelve la revolución francesa en versión manga.

Demasiadas alforjas para tan poco viaje. Y demasiada involución para tan poca revolución.

Esto no impide sin embargo que nuestro presente se parezca cada vez más a un torbellino que nadie controla, y que nuestra economía y nuestra política recuerden en su inestabilidad a las tormentas precursoras de un cambio climático.
El equilibrio ecológico se ha roto.

Y es que hoy, menos los privilegios y la injusticia, que crecen, todo lo demás se rompe o mengua. Sobre todo los derechos humanos. Destrucción creativa.

En un artículo reciente de El país se recrimina a los socialistas europeos (con el objetivo último y concreto de atacar a Pedro Sánchez y culparle -como no- de todos los males del PSOE) que se empeñen en seguir siendo socialistas y de izquierdas, una vez visto y comprobado que así no se ganan elecciones posmodernas.

Y en consecuencia, se les anima a que dejando a un lado sus convicciones y otras antiguallas intelectualoides, persigan directamente el éxito electoral.
Puro pragmatismo cuyo objeto último es estar y aparentar, no ser.

Se reprende también a Jeremy Corbyn por seguir siendo socialista (o socialdemócrata) y por mantenerse fiel a sus ideas, aun perdiendo elecciones (un mensaje para los militantes del PSOE), sin percatarse el autor de que por esa misma lógica se debería haber animado en su día a Hitler a seguir siendo nazi por haberlas ganado. Y quien dice Hitler dice Marine Le Pen.

Olvida el autor que en las últimas elecciones, un 70% de votantes, muchos de ellos socialistas (o socialdemócratas), no votaron a Rajoy. Olvida también que si hoy gobierna Rajoy es gracias a la gestora golpista del PSOE, y pasa por alto que la unión de Podemos y el PSOE, pondría muy difícil la repetición de un gobierno corrupto de derechas en España. No menciona tampoco que con Susana Díaz, esta unidad de la izquierda contra un gobierno corrupto del PP sería muy improbable.

En definitiva, el artículo en cuestión hace una apología, a mi juicio bastante irresponsable, de la virtud plástica y la indefinición cínica de la política-plastilina, cuyo mayor representante en nuestros días es Manuel Valls.
El cual, por haber querido estar en todos los sitios, hoy está en tierra de nadie y rechazado por todos. No es lo mismo estar y aparentar, que ser, y eso le ha pasado factura.

Que no se puede descartar la hipótesis de que el partido socialista francés se haya ido a pique (como otros tantos socialismos europeos) por la suma plasticidad y evidente cinismo con que en las últimas décadas le ha hecho el trabajo sucio a la derecha más radical y retrógrada.

El fracaso del socialismo europeo (y aquí incluyo el español), no viene de antes de ayer. Tiene un largo recorrido a sus espaldas y una lenta y trabajada gestación, inspirada en unos dirigentes muy poco acertados.

Obviamente, si el autor considera que ser socialista (o socialdemócrata) te invalida de aquí en adelante para obtener cualquier éxito electoral, es porque entiende que el actual “momento ideológico” es definitivo, en la línea del fin de la historia y del fin de las ideologías, salvo la suya.

Es esta una concepción muy poco liberal y muy poco generosa –además de muy poco imaginativa- de los hechos humanos, que propende al pensamiento único y al pesimismo resignado.

Yo estoy asustado -tengo que confesarlo- porque el otro día al mirarme en el espejo me vi una protuberancia en el hipocampo derecho, donde suele enredarse la memoria de izquierdas, que tenía toda la pinta de un brote de ideología, es decir, de un conjunto de ideas trabadas entre si por alguna razón oculta, de las que algunas veces soy consciente y otras no, pero a las que la memoria y la experiencia vivida (incluyo aquí las lecturas útiles y lo que otros me han enseñado con su ejemplo) les ha dado un cierto sentido y coherencia, incluso -por qué no decirlo- un aura de honestidad y también de eficacia.
¿Hay algo más eficaz que ser honesto?

Dicho esto salvaguardando un saludable relativismo y una escéptica distancia sobre lo que signifique para cada cual honestidad y lo que signifique para cada cual eficacia.

Por ejemplo, para mi es honesto y eficaz (debo estar ideologizado) no apoyar un gobierno corrupto del PP, que además pasa la factura de la crisis a sus víctimas.

Y ojo, que una cosa es ser independiente (cosa loable), o saber adaptarse a la realidad intentando mejorarla (nunca resignarse), y otra muy distinta es ser un trepa sin principios ni ideas que dirijan la acción.
Tanta ha sido la plasticidad de Valls, que tras ser instrumento de hierro de la política neoliberal más extrema, ahora en las últimas elecciones ha traicionado a su propio candidato socialista.
Si es que no lo ha vendido por treinta denarios.

¿A qué circunstancia reciente en el socialismo español nos recuerda esto?

En cualquier caso, tengo que hacérmelo mirar (digo, la protuberancia) en vista de que hoy los higienistas más expertos desaconsejan cualquier resto de grasa y sobre todo cualquier resto de ideología.
Que las ideas son tan malas para los cerebros postmodernos como el colesterol para las arterias antiguas.

Tomemos ejemplo de Manuel Valls, o de Luis Bárcenas, que no tienen ninguna. Idea.

En resumen y como síntesis: a Dios gracias aún hay descarriados que frente a la monoidea triunfante, frente al pensamiento único que todos los mercados predican (incluido el de esclavos), piensan que no es tanta perversión tener ideología, y mucho menos si esa ideología se basa en ideas.

Peores cosas hemos visto en los últimos años.

Primarias

golpe en el psoe

Dentro de las cosas novedosas que ha traído la llamada nueva política a nuestro país, está el “suspense” y el interés ante el resultado de unas elecciones primarias. En este caso las del PSOE. Que la política deje de ser aburrida, siempre es un riesgo para el poder constituido. Que la política nos resbale, siempre es una garantía de que el poder se corromperá.

Se percibe el aspecto ilusionante del asunto por un lado, el de los militantes, y el envaramiento artrítico y preocupado del aparato, por el otro. Aparato que en este caso concreto del PSOE, ha dado todas las largas que ha podido a este asunto, y si no fuera porque a la fuerza ahorcan, aplazaría esa cita con las urnas sine die, contento de seguir en la vieja era del cotarro mal ventilado.

Que es la misma era antediluviana en que sigue vegetando el PP, cuyas nuevas promesas de apertura (esas juventudes añosas) nacen ya viejas y encorsetadas dentro de una armadura oxidada que es básicamente ideológica.

En esto como en tantas cosas, y si los ánimos no estuvieran tan caldeados y las experiencias tan escaldadas, como evidentemente están, el aparato del PSOE seguiría el ejemplo y las huellas del aparato del PP, y prolongaría el golpe cuartelero de septiembre en algún tipo de “solución Armada” o “golpe de timón” a la turca. Experiencia en este campo no le falta a uno de sus más veteranos y señalados dirigentes.

Si pensamos en las consecuencias que pueden tener las primarias en el PSOE, llegaremos a la conclusión de que los militantes de los partidos tienen más fuerza de la que se quiere admitir, y sobre todo más fuerza de la que se quiere conceder.
Y esto, permítanme que lo diga, me parece muy bien y motivo de alegría democrática.

Lo que se dilucida en las próximas primarias del PSOE es quienes son los dueños del partido, si los poderes económicos (y aquí incluyo también a los bancos alemanes) o los militantes socialistas.

Lo que se decide es si el PSOE va a seguir siendo muleta y palmero de la política coja y reaccionaria del PP (cómplice, por tanto, del recorte de derechos y de la involución en marcha), o parte de una opción progresista mucho más amplia, que sin duda tiene más futuro, no sólo aquí, sino también en Europa.

Lo que se decide es si persistirá en su papel -como hasta ahora- de monaguillo fiel de los principios neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, o intentará acercarse, aunque sea un poco, a la socialdemocracia Olof Palme y Pablo Iglesias.

Si fiel al proyecto del partido único, continuará ahondando en la actual dinámica de desigualdad, caos, desapegó ciudadano, y catástrofe social, o negará que este es el único modelo  posible, y participará en diseñar y construir la alternativa, que quizás es la única alternativa que le queda ya a Europa.

Se decide también si prefiere seguir formando parte del organigrama de la corrupción y de su tóxico anagrama, PPSOE, o repudiando pelotazos, EREs, y amnistías fiscales, se regenerará a sí mismo para nunca más volver a aquellas andadas.  Incluida la reforma de la reforma laboral, que como muy bien saben –no en balde ayudaron a parirla- es básicamente esclavista.

Se decide si se inclina por la dinámica partidocrática de los aparatos endiosados y corruptos, tan alejados del pulso ciudadano y de las calles, o se abre a una nueva política basada en la democracia interna.

Se decide si persistirá en el inmovilismo, rehén del pasado, o afrontará la reforma de la Constitución que debe conducirnos a un futuro más solidario y democrático.
Y por tanto, si además de conceder a Merkel el privilegio de violar nuestra Constitución a través del artículo 135, concede también a los ciudadanos españoles el derecho soberano a reformarla.

Todo esto se decide y no es poco, en esas primarias expectantes.

En resumen, una serie de disyuntivas en las que al día de hoy, tras la crisis y su gestión sectaria, las opciones están mucho más claras.

Al lado de estos dilemas, la “tercera vía” de Patxi López hoy no se la cree nadie. Aparece desvaída y desdibujada, casi como un fantasma, si es que no se trata en el fondo de un disfraz de la primera y fracasada vía, o un subterfugio para su mantenimiento postmorten.

Como lo es ya -un fantasma- Blair, padre de la susodicha “tercera vía”. Como lo es ya también Felipe González, fiel pupilo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Ese fue el origen de la actual crisis del PSOE, y por extensión, del socialismo Europeo, caído al día de hoy en un descrédito total.
Ahora los militantes tienen en su mano reparar ese gran error histórico.

CONTRA NATURA

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Pareciera que el socialismo europeo viene de recorrer un largo camino contra natura. Exhausto y despistado se encuentra en una situación nueva: es completamente prescindible, y además no se reconoce en el espejo.

Jugando al juego del partido único y el turnismo inane, se ha quedado sin sitio. Partidos de derechas que representen y defiendan los intereses del dinero y la plutocracia pura y dura, ya los había y con rancia historia. Ese palco ya tenía dueño. Sin embargo, los socialismos europeos, y sobre todo sus “aparatos”, jugaron a compartirlo con la derecha más extrema, y contemplar el espectáculo de la posmodernidad desde un lugar privilegiado. Lee el resto de esta entrada

Conjuntivas y Disyuntivas

Las razones (o las sinrazones) por las que el PSOE o su gestora han tenido a bien apoyar -de manera incluso violenta contra sus propias filas- al gobierno de Rajoy, sólo pueden articularse de manera conjuntiva o disyuntiva, aunque siempre con un fondo de oscura y recóndita motivación.

O lo han apoyado por sintonizar con su proyecto político y prácticas neoliberales, con su ideología y logros en materia de recortes, o lo han apoyado huyendo de un test electoral en el cual se temen no lograr el aprobado. O por una cosa “y” la otra al mismo tiempo, opción esta última que parece la más probable, dados los antecedentes simbióticos y de compadreo mutuo. Lee el resto de esta entrada

De cadáveres políticos y otras fiestas de guardar

Hay quien afirma que Pedro Sánchez es un cadáver político. Y lo dicen intentando extender una cortina de humo para tapar el mal olor que desprenden – sobre todo cuando sopla viento del sur- otros cadáveres presentes, y ya sin futuro.

En aquella tétrica jornada que podemos llamar de la degollina cainita, de la muerte anunciada del cordero (que se resistió a ser borrego), o de los cuchillos largos, por lo que tuvo de masacre y purga interna (no en balde mediante una sola acción se acabó con un secretario general y con toda una militancia), hubo dos clases de protagonistas: los descabezados, a los que se purgó, y los descerebrados, que organizaron el golpe.

Al final todos perdieron la cabeza, aunque unos con más dignidad y futuro que otros. Entre estos últimos no se encuentra Susana Díaz.
La dirigente andaluza, que no sabemos si actúa en nombre propio o bajo las órdenes de Felipe González y su lobby de ricachones, en una sola acción malgastó todas sus oportunidades y todas sus máscaras, y de ser ciertas las frases que se le atribuyen, la dejan en muy mal lugar porque revelan una catadura moral muy poco fiable para dirigir destinos ajenos. Lee el resto de esta entrada

Salvar al soldado Rajoy

El soldado Rajoy se había quedado atrapado entre horizontes penales y colegas que sabían demasiado, es decir, en las líneas enemigas de los amiguitos del alma.

Presa del pasmo, se le veía un pelín dubitativo y parado, recalcitrante a la acción positiva y eficaz, incapaz de coordinar la verdad metafísica de su conciencia con la función mecánica de sus piernas, que ya no sentía, como aquel otro héroe del Vietnam, de escasas luces que llamaban Rambo.

Como un centauro cuyas medias verdades y mentiras enteras, no se hubieran resuelto del todo en pezuña firme y sólida para empezar a correr lejos de la justicia, boqueaba pidiendo ayuda y unos fórceps compasivos para completar su extraña y compleja metamorfosis: transitar de la pena como destino seguro al indulto garantizado como premio al delito.

Y aunque en esta guerra el sólo era un peón, para la victoria final -cuya recompensa es poder trincar a gusto y sin medida- el soldado Rajoy era una pieza clave.
Así que se organizó un comando experto en golpes de mano para salvar al soldado Rajoy, al mando de un sargento chusquero que en otros tiempos fue altivo general (en el argot de la milicia se entiende por “sargento chusquero” aquel que por un chusco de pan es capaz de cualquier cosa).

Dentro de la estrategia psicológica que acompaña a toda guerra total, era imprescindible convertir al soldado Rajoy en un símbolo, no de la impunidad triunfante, que esto no está bien visto aún del todo en nuestro país, sino de la España sufriente y doliente, de la nación en peligro, último argumento de los que no tienen ninguno.

Salvar al soldado Rajoy era salvar a España -porque lo digo yo-, aunque se hundan los españoles todos. Que el concepto “España” no necesita de españoles vivos. Y viva la muerte, como diría el otro.

¡Iros a Génova! gritaban los últimos de Filipinas.
¡Ya vendrán otros para repoblar el cuarto de esclavos! respondían los amos.

Y cuando aquel comando intrépido llego hasta su objetivo -no sin pasar antes mucha vergüenza y fatiga- el soldado Rajoy, puestos los pies a remojo en una ría gallega y ciego hasta las cejas de marisco del bueno, les saludó muy cortésmente:

¡Hola camaradas!
¡Si gustáis, el banquete está servido!

Funambulesco

idus-de-marzo

De las conversaciones entre el Padre y el hijo, sabrá el Espíritu Santo, y de las conversaciones entre González y Sánchez sabrá algún dron de la CIA, pero el artefacto informativo puesto en pie por González con ocasión de estas vísperas sicilianas socialistas (el pistoletazo de salida para el golpe de mano), es de un funambulismo infumable y grotesco. Aquí las artes del expresidente han tocado suelo.

Me recuerda aquellas patrañas sobre crímenes rituales de niños cristianos por parte de judíos, que eran la antesala segura de carnicerías y saqueos inminentes.

Ocurre que ya antes de aquella conversación privada, en el batiburrillo mediático circulaba el rumor a voces de aquel plan como cosa segura: el plan del establishment era que, para disimular y que no se notará tanto el apoyo (del PSOE) al régimen de corrupción que representa Rajoy, y a la política austericida que ordena y le viene bien a Merkel, había que estirar la farsa un poco, porque el paso del tiempo distrae mucho al personal y todo lo cura.

Así que en una primera fase o acto de esa farsa ingeniosa y astuta se daría un No a Rajoy en la investidura, que luego se trasformaría en un Si bajo la fórmula hipócrita y vergonzante de la abstención.

Por supuesto, entre los patrocinadores de esa farsa estaba González, que incluso había propuesto y apostado por fórmulas más drásticas y directas, como la Gran Coalición.

Si estos pródromos y este contexto preparatorio los ponemos en relación con la conversación privada hecha pública indiscretamente (y de forma tan poco elegante) por González, hay que deducir que en este caso el huevo incubado por tantos fue anterior a la gallina pecadora y ponedora, y que al menos yo me imagino mejor a González (y a los que están detrás de él) intentando convencer (y no sólo en esa ocasión) a Sánchez de la oportunidad de esa farsa, tan favorable a Rajoy, que al contrario. Se dijera lo que se dijera en aquella conversación, ese era el trasfondo.

A poco que uno haya estudiado algún que otro golpe de Estado, o leído a los teóricos de su técnica, sabe que la fase preparatoria -de la que el infundio es parte esencial- es capítulo y etapa que los golpistas no se pueden saltar.

¿Motivos para la melancolía?:
En este país suelen triunfar los golpistas.

Como suele decirse en términos gráficos, en este episodio -ya histórico- muchos se han retratado.

Golpe de mano pensado con los pies

Es lógico que tengamos un cierto respeto a los políticos veteranos (como a los de cualquier otro oficio) porque los creemos sabios y astutos, sobre todo esto último. Han visto mucha historia y mucha sangre. Además han sobrevivido, mientras que otros (a los que quizás ellos han enterrado) no.

Esto de sobrevivir da mucho prestigio, porque nos remite a Darwin y a la ley de la selva, y en definitiva al Caín primate que llevamos dentro y aún sin reciclar.
Así que el sobreviviente tiene no sólo mucho mérito, sino también mucho peligro.

¡Cuídate de los idus de marzo!
Y de los sobrevivientes.

Esto es así por ley natural, pero toda fe ciega peca de ilusa, y no toda fama está plenamente justificada, además de que toda fama tiene su parte de artificial y retórica, se deteriora con el uso, y sobre todo con el mal uso.

Como casi todo en este mundo.

El saber retirarse a tiempo es arte que casi nadie domina, salvo los que desde el principio vivieron retirados, como predicaba Fray Luis de León en su huerto de La Flecha, del monte en la ladera, ni envidiado ni envidioso.

¡Pero qué distinto es el mundo!

El poder, sobre todo si es giratorio, de va y viene, a veces se pega entre los dedos como un chicle, y marea tanto como un tiovivo, cuando no nubla hasta las mentes más despiertas y privilegiadas, que acaban por no distinguir el yo del superyó, la realidad de la fama, la forma del fondo, los medios del fin, expresado esto en términos freudianos de autoengaño y en términos maquiavélicos de estrategia política.

Es entonces cuando el Ello, libre de todo tipo de prudencias y trabas, toma la voz cantante y empieza a desafinar.

Así como en otros oficios la veteranía incrementa, por lo general, los méritos y las habilidades, no siempre ocurre esto en la política, donde se dan casos (y no son pocos) en que el paso del tiempo y el continuo roce con el poder y sus cloacas, el halago fácil y el servilismo mendaz de los satélites, estropean mucho.

Cuando en el balance final, los destrozos actuales empiezan a pesar más que los logros pasados, hasta esos logros pasados empiezan a mirarse con lupa, y bajo una nueva luz: la del presente a la vista de todos.

Porque pudiera ser que aquellos logros, más que fruto del genio individual y el designio mesiánico, fueran el resultado del momento y del esfuerzo colectivo, que sin embargo no tiene nombre ni recibe recompensa. Ni siquiera en forma de puerta giratoria.

Quizás los héroes no sean tan héroes, ni los genios tan genios, ni los villanos tan villanos. Todo despotismo ilustrado peca, en cualquier caso, de excesiva prepotencia, madre de todas las desgracias y ruindades. Y todo culto a los héroes peca de infantilismo mamado en los comics.

Ahora bien, cuando nos da por pensar que nuestro criterio vale más (no sólo subjetivamente sino ejecutiva y políticamente) que el de la mayoría de nuestros prójimos expresado con libertad, hemos iniciado un camino de no retorno, en el que sin duda no debimos adentrarnos.

A partir de ahí, ya no nos importará recortar dignidades humanas, según la escala social y el vano dictamen de la fama.

En cuanto a los héroes de los idus de este marzo de otoño:
Si lo que querían era aumentar las opciones de gobierno de Rajoy, y fortalecer las opciones de la política austericida que ordena y ordeña Merkel, lo han conseguido.

Si lo que querían era acallar a los militantes y maniatar su voluntad, dar por bueno lo que en esencia es impresentable, lo han intentado, pero no lo han conseguido.

Aparte de eso ¿han conseguido algo bueno?

A este paso voy a acabar creyéndome que González es un agente de la TIA (Merkel), y no quería llegar a tanto. Más que nada por higiene mental.

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