Archivos Mensuales: octubre 2017

Tragicómico

El nacimiento de nuestra mejor literatura hunde su raíz más potente y vigorosa en el terreno de la tragicomedia.

Si un pueblo ha padecido de manera más trágica y persistente (y sin perder el humor) la opresión de nuestra patria, ese ha sido el de los judíos españoles.
Ocurre sin embargo que ese pueblo, ilustrado y acostumbrado a leer desde la más tierna infancia (tenemos el ejemplo de Santa Teresa, la santa oficial de la raza aunque ella misma de raza judía), siempre ha dominado el arte de la broma y ha sobresalido en el ejercicio de lo cómico. Y por otra parte nuestra historia siempre ha proporcionado materia abundante para tales desenfados humanísticos.

En la tragicomedia de Calixto y Melibea, o en las aventuras y desventuras del Lazarillo de Tormes, lo jocoso y alegre de la vida se mezclan con lo trágico y deprimente de su condición, con una maestría y autenticidad que nos ha dado estilo y carácter.
Así en nuestra patria, el fanático más fanático y grosero, ignaro superlativo, se cruza fácilmente con el librepensador más fino y resabiado, de cuya mezcla el esperpento se constituye por derecho propio en nuestra salsa habitual, casi desde Fernando de Rojas hasta Buñuel.

En nuestros caminos se cruzan los hijos de las universidades más antiguas y afamadas de Europa, con los arrieros de las peores fondas castellanas, y si no se entra en debates sublimes, entre unos y otros están garantizadas las risas.

Por eso mismo nuestros momentos trágicos se mezclan fácilmente con momentos irrisorios, de manera que de un modo o de otro las lágrimas siempre están justificadas, ya se llore de risa o de pena.

Cuando ahora se dice por ejemplo que el gobierno de Rajoy va a intervenir la TV3 catalana para proteger la libertad de expresión y promover la pluralidad de opiniones, se supone que siguiendo el ejemplo glorioso de RTVE (también intervenida), aparte de reírnos o llorar ¿que más podemos hacer?

O cuando se habla con aplomo independiente, de los intelectuales “orgánicos” catalanes, recién descubiertos, como si los que medran al arrimo del poder central fueran inorgánicos, puros y sublimes ¿nos lo deberemos tomar en serio o en broma?

Y algo parecido ocurre cuando hablamos de adoctrinamiento de infantes y demás feligreses indefensos, como si los púlpitos del fanatismo solo alimentaran necios en Cataluña.

Recientemente El País, ese órgano oficial del neoliberalismo adinerado que mientras rinda dividendos todo lo consiente y desregula, ha despedido a John Carlin por un artículo en que este opinaba con excesiva libertad sobre Cataluña.
Bien. Pues ese liberalismo nuevo es el que hay que considerar más viejo que Matusalén y muy poco de fiar, además de excesivamente plano en su visión del mundo, de manera que cada día se acerca más al modelo rancio de la RTVE de Rajoy. De ahí los errores de apreciación y pronóstico en que incurre una y otra vez.

He leído estos días que algunos corresponsales extranjeros están hasta el moño de la contrapropaganda oficial de nuestro gobierno, con la que este intenta hacer frente a la propaganda independentista. Se quejan de que los encargados de dichos menesteres no salen de la cantinela un tanto espesa y desgastada de los reyes católicos. Así no vamos a ningún sitio, como no sea a los ejercicios espirituales y las flores de María. Lo cual me recuerda aquellos tiempos gloriosos de nuestro adoctrinamiento escolar.

Lo dije y lo repito: falta la coherencia, falla el ejemplo.

Los mismos que nos han hundido en la crisis económica más severa y prolongada, los que han llevado a la miseria y a la pérdida de derechos a tantos españoles ¿Pretenden dar ahora lecciones de economía y democracia al prójimo en fuga?
Los mismos que han amnistiado a los defraudadores fiscales, los que han rescatado con dinero público a los banqueros tramposos y ahora les condonan (se supone que en nuestro nombre) esa deuda, dando por bueno que nos roben dos veces ¿Sostienen sin embargo que el nuestro es un Estado social y de derecho?
Ni cómico ni trágico, directamente patético es que que el gobierno de la Gürtel, de las cloacas del Estado y los amiguitos del alma, y de la amnistía fiscal y los recortes sociales, exija a otros el cumplimiento de la ley en nombre del Estado social y de derecho.

Se repite con tanta insistencia que nuestra democracia es ejemplar y modélica, se implora con tanta ansiedad a dirigentes europeos que así lo pregonen, entre otros al más que dudoso Juncker, que da la impresión de que los mismos que lo proclaman no se lo creen. En cuanto a Juncker, recordemos: “Los presidentes de la Comisión y del Eurogrupo crearon la trama de fraude fiscal masivo para las multinacionales”.

Esta mañana, despertándome con las ondas hipnóticas de RNE para constatar una vez más la falta unánime de variedad en las opiniones, me ha parecido entender entre líneas y sueños que el ministro Catalá (otro que tal) no tiene ni idea de por donde puede salir esto del artículo 155. Es decir, que están improvisando y cualquier cosa es posible, desde la más cómica a la más trágica, siendo por tanto potencialmente posible la catástrofe total.
Y en el mismo sentido y con la misma seriedad el ministro del interior (otra lumbrera) desconoce si el artículo 155, ese misil tan poco inteligente, se podrá ya frenar en su vuelo trágico, salga por donde salga y explote como explote.

Tras toda esta niebla tóxica de insensatez supina el mensaje que relumbra como el metal frío de una guadaña es el mismo que iluminó nuestra caída allá por la infausta pero fácil violación del artículo 135 de nuestra Constitución (que rima con el 155).

El mensaje es nítido y claro: son los dueños del dinero, los plutócratas, los que no creen en la democracia ni pasan por las urnas, los que dictan a nuestros políticos más señeros lo que hay que hacer en cada momento. Esos políticos llevan su recompensa, nosotros solo la pagamos.

Y en este hecho que ya casi nadie discute (la democracia quedó atrás ¡viva la plutocracia!) no hay ni pizca de gracia ni asomo de comedia. Aquí ya solo hay tragedia pura y dura.
Y a partir de aquí podemos hacer juegos florales y retórica vacua sobre lo impecable de nuestra democracia, sobre el modelo (exportable) de la libertad de pensamiento que irradia nuestra RTVE, o sobre la insignificante casualidad de que algunos jueces fraternicen, cenen y compadreen con los gerifaltes políticos de turno y partido.
No menos chistoso es que el gobierno de la Gürtel y los sobresueldos, de la amnistía fiscal y los favores a los amigos, exija indignado a otros el cumplimiento de la Ley.

No consintamos que nos pasen una y otra vez, en sesión continua, la vieja película de la naturaleza sublime de nuestra transición y del carácter impecable de nuestra democracia modélica, sin albergar alguna duda razonable o sin esbozar una sonrisa entre escéptica y socarrona. Es cuestión de salud.

 

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Vuelo

 

Primero taparon la palabra corrupción con la palabra populismo. Luego taparon la boca que decía con la mordaza que acallaba. Después taparon la palabra populismo con la palabra odio. Más tarde alimentaron la palabra odio con la palabra patria, que engorda mucho pero nutre poco, y que a su vez oculta muy bien la palabra corrupción.

Poco después los enemigos de la corrupción eran ya los enemigos de la patria, y luego vinieron a por mí, pero yo no estaba en casa. Estaba en el campo haciendo novillos, respirando como respiran los grillos, y frotando unas alas resecas.

La espiral es la metáfora visual de quién ha caído en el vértigo –un individuo o todo un pueblo- y gira y gira sin encontrar la salida.

Nada más fácil sin embargo. Solo hay que abrir la puerta.

Pero la espiral es también la metáfora visual del vuelo, de la altura, del camino, del viaje. La forma de nuestra galaxia.

Salgan al campo, respiren, sientan el sol o la lluvia, el vuelo nupcial de las hormigas que desde la tierra más profunda se elevan al aire más ligero, y todo les parecerá lejano, ajeno: las banderas, las sombras, los agujeros que en la tierra se cavan.

Luego esperen a que llegue la noche y miren al cielo, lejos de la luz artificial que todo lo oculta.

Observen las estrellas, las galaxias infinitas, las mil y una vidas que allí pululan sin que las veamos. Tómense su tiempo para pensar y la distancia necesaria para ver. Busquen allí las fronteras de alguna patria o el himno de alguna nación. Si no las encuentran es que tienen buen oído y gozan de una vista excelente.

Pero sobre todo, aléjense para empezar a ver y para escuchar una música distinta.

El camino a la insensatez es muy corto. Empieza en la desidia y acaba en el entusiasmo.

EL “CHICO PARA TODO”: UN INVENTO LABORAL

 

 

 

La sombra de Cospedal -cual ciprés funerario- es alargada. No da cobijo a pájaros cantarines sino a tijeras de afilado vuelo, que no cantan pero cortan ¿Estamos hablando del pasado? Pues no.

Aunque de cara a la galería el progresismo oficial dice y proclama que reniega de aquellos recortes letales de la dama de hierro hispánica, lo cierto es que tras darles una capa de purpurina y remozarlos con retórica hueca, los aplican con igual rigor, si no más.

Tras el alivio de ver perderse por el horizonte a Mª Dolores de Cospedal y sus tijeras mortíferas, que tanto mal hicieron al servicio público y tanto bien al lucro privado, a uno, la verdad, le entraron ganas de dar la voz de alarma y gritar a los cuatro vientos: ¡Ojo! ¡Que vienen los progresistas!

Y es que los progresistas, de un tiempo a esta parte, sobre todo desde la tercera vía de Tony Blair y desde que Felipe González confesara que Margareth Thatcher era la niña de sus ojos y maestra sapientísima en artes marciales, no digamos desde la violación impúdica del artículo 135 de la Constitución por obra y gracia del inefable Zapatero, ya no son lo que eran.

El problema es que han dejado de serlo de tal manera que han amanecido plantados en el extremo opuesto. Un salto hacia la derecha en el espacio, y en el tiempo hacia el siglo XIX, que obliga a poner el prefijo de neo a todo el progresismo que ejecuten: neoprogresismo. Es decir, hacia atrás.

Por tanto no debe extrañarnos que quien puso las bases legislativas para la privatización de la sanidad en nuestro país, no fuera el PP sino el inefable PSOE. Aunque como es sabido en esta dura labor de desmantelar el Estado del bienestar (que es el único Estado que estabiliza al Estado) están muy compenetrados o incluso se hacen la competencia.

Paradojas de los nuevos tiempos y del nuevo desorden global, que antes que nada es un tiempo de máscaras y camuflajes, que lo que ocultan es un pensamiento monótono, y por ello mismo retrógrado.

Leo un artículo de prensa que da la voz de alarma sobre la escasez de médicos, y ve la solución en “inventarse” algo.

Inventarse algo para intentar solucionar un problema que en gran medida ha sido generado deliberadamente, es inventar dos veces: la primera, creando el problema, la segunda, patentando in extremis la solución. El invento que propone el SESCAM progresista se llama “chico para todo” y ya está inventado en otras comunidades menos progres, como Castilla y León. El nombre lo dice todo: flexibilidad, disponibilidad, elasticidad, y silencio. ¿Recuerdan aquella imagen de Charlot en su película “Tiempos modernos” cuando su cuerpo de maltratado currante se adaptaba como un chicle a los inhumanos engranajes de la maquinaria laboral? Pues de eso se trata.

Si el tal invento sale adelante, será la segunda oportunidad perdida -esta vez con muy difícil justificación- para adecentar la condición laboral de un personal sanitario esencial en la atención primaria desde hace más de 12 años, y al que se le deben servicios prestados en las peores condiciones (12 años como interinos y previamente un número variable de años como refuerzos), colaborando al sostén de una atención primaria que sin ellos se vendría abajo. Y es que el PP de Cospedal y Echániz ya intentó cerrar los PAC, pero lo que es imposible es imposible.

El personal PEAC  de la atención primaria del SESCAM, si hemos de seguir las indicaciones y la jurisprudencia de Europa (que creo es obligado) hace mucho tiempo que debería estar ocupando un puesto de trabajo decente. En vez de eso vemos que algunos de estos profesionales hacen guardias no de 24 horas, sino de 65 horas seguidas. ¿Cómo sobreviven?

Pues supongo que sobreviven pensando que viven en Europa y en el primer mundo, que siempre es un consuelo.

Estudios hay que describen lo que esto supone para la salud. Nada bueno. ¿Es normal que sanitarios que tienen que cuidar la salud de los demás, trabajen 65 horas seguidas perjudicando seriamente su salud? ¿Dónde está la Administración del SESCAM y el gobierno “progresista” de Castilla-La Mancha, que incluye a PODEMOS? ¿Dónde están los sindicatos o es que solo defienden los derechos de una clase de trabajadores? ¿Dónde está la Inspección de trabajo y los servicios de salud laboral? ¿Explicaría esto que muchos trabajadores abandonen el puesto de trabajo al límite de su resistencia, el exilio de muchos ante el maltrato, y la escasez de profesionales que tanto nos duele, o eso dicen?

A veces, cuando uno expone este tipo de vergüenzas o cualquiera otra distopía y maltrato laboral ante los sindicatos del sector, te contestan algo así como: ¿Y no será que el tal trabajador (maltratado) es “eventual”? Como si tal circunstancia fuese suficiente justificación para la indiferencia sindical ante el maltrato. ¿Es esto progreso? ¿Es esto progresista?

Y claro, siguiendo con esa lógica tan pedestre y tercermundista no debería extrañarnos que sea razonable estafar al sanitario interino, el cual, manteniéndolo en ese régimen de interinidad eterna (12 años al PEAC), cobra menos y tiene menos derechos que el fijo. ¡Negocio redondo!

Claro, esto visto desde la distancia de Europa parece cutre, no muy presentable, y casi delictivamente injusto. También es cierto que tras cada abuso suele esconderse un privilegio.

El actual modelo de organización de la atención primaria y de su atención continuada, que hoy hace aguas, intenta mantener a la desesperada un privilegio, que es la falsa libranza posguardia, computada y abonada como tiempo trabajado, pero solo al personal de consulta. Dado que no hay ni habrá nunca suficientes sustitutos (ni es sustituible legalmente esa ausencia) para cubrir las miles de nuevas libranzas que por este motivo se producen, se impone inventarse un parche, maltratar a alguien para conservar un privilegio. ¿Y quien más a mano que el médico o enfermero PEAC que ha soportado con resignación cristiana 12 años de discriminación y maltrato y aún soporta guardias de 65 horas?

Por lo general, se llega a situaciones irreversibles cuando tras cada crisis se patenta un parche. Los parches no solucionan las crisis, las prolongan.

Ahora, Comunidades como Extremadura, Castilla y León, o Castilla-La Mancha, donde el personal de atención continuada, desde siempre ha recibido un trato “diferenciado”, quieren “inventarse” algo y coordinadamente están imponiendo a toda prisa una metamorfosis casi kafkiana.

Te acuestas PEAC y te levantas “chico para todo”, con tus seis patitas al aire, boca arriba y atrapado, un híbrido entre el antiguo refuerzo y el ilegal correturnos, nocturno y diurno, de consulta (aunque sea la responsabilidad legal de otros) y de atención continuada, siempre disponible, para salir corriendo a cualquier lugar del Área, sin agenda laboral ni conciliación familiar posible, sin derechos de persona humana, ni siquiera la exención de guardias por cumplir los años (55) que a todos, más tarde o temprano, nos caen. Todo un invento.

¡Enhorabuena SESCAM! ¡Enhorabuena sindicatos!
Todavía estáis a tiempo de evitarlo.

 

Modelos de atención continuada en Atención primaria

Os invitamos a conocer a unos profesionales (médicos y enfermeros) imprescindibles desde hace más de 12 años en la atención primaria del SESCAM.

Asociación PEAC

https://www.youtube.com/watch?v=NZA_-cL2nHQ

 

 

Berlanguiano: el humor como antídoto.

Luis-García-Berlanga

 

Sin quitar un ápice de seriedad al asunto, cuyas consecuencias ni unos ni otros han sabido calibrar con acierto (y cuando hablo de “unos y otros” y tiro del hilo de la madeja hacia su cabo lo que encuentro son unos políticos corruptos a los que conviene tapar sus fechorías), creo que el humor es siempre el mejor antídoto contra situaciones que han superado el umbral del mal rollo.

Después de todo, la carcajada y la risa no son sino la explosión de un aire atrapado entre pecho y espalda, que pone a prueba el vigor del diafragma, y que se emite casi como una ventosidad que nos libera de un aire retenido y malsano.

Lo mejor que uno puede hacer con todo lo que tenga que ver con nacionalismos, patriotismos, supremacías raciales y banderas, es reírse de ello.

Lamentablemente nuestra vida nacional siempre ha abundado en momentos aciagos y deprimentes (así el de ahora) que requieren, por una parte de humor para soportarlos con paciencia cristiana, y por otra de esfuerzo para corregirlos con ánimo civil. En este caso, el humor y el esfuerzo son compatibles.

Nuestros padres y abuelos tuvieron que bregar con lo suyo. Ahora nos toca a nosotros, pero sin humor todo intento de corrección puede volverse demasiado serio, o incluso traumático.

Hay un misticismo insano de la patria y la mejor manera de contrarrestar ese delirio místico es con el laicismo apátrida de la risa.

Por ello el humor de Berlanga, Gila, o Forges, que aplican a los guisos más indigestos un fino licor de hierbas, puede servirnos de ejemplo y guía para afrontar situaciones que tomadas en serio echarían a perder nuestra salud.

Vienen estás reflexiones a cuento de un artículo de El País (“La urna nacional: 9 escenas sobre Cataluña que podía haber filmado Berlanga”) en que para contrarrestar la información más tétrica y actual, se aborda el espíritu “berlanguiano” de ciertas situaciones vividas estos días. La rústica comicidad de estas anécdotas nacionales nos recuerdan tiempos pretéritos y escenas cinematográficas del gran director valenciano. Parece que el tiempo no pasa por nosotros.

Y dentro de esas anécdotas podemos ver por ejemplo esa cohorte disciplinada de fruteros extremeños (algunas de las disciplinantes con el mandil puesto) desfilando en fila india y besando la bandera, e intentamos no emocionarnos demasiado hasta el punto de no aguantarnos la risa.
Ellos mismos, que seguro son buena gente y nos proveen de sabrosa y rica fruta, al final estallan también en risas y vivas a todas las fuerzas de orden público. Y porque no había más.
El hecho llamativo de que muchos de ellos vistan de rojo no significa que no sean extremeños.

Vemos también -no sin sorpresa- la llegada marcial de la Benemérita a un pueblo catalán de 176 vecinos, y a los paisanos del lugar que con tranquilidad mediterránea y buena educación les dan a los agentes las buenas tardes (“bona tarda”), y a punto están de invitarles a merendar sentándolos a su mesa. Pero ellos, muy profesionales, empiezan por acordonar la zona, un tanto vacía, al parecer con intención de confiscar los votos emitidos. Entre cordón y cordón policial me parece ver qué queda atrapado un señor gordo que espatarrado en su silla se está comiendo un helado, o quizás esté durmiendo la siesta tras habérselo zampado.

Avancemos y veamos esta otra escena, entre clerical y leninista, mitad y mitad, en la que en medio de la celebración de una misa que no sabemos si es válida para ganarse el cielo, unos interventores-monaguillos hacen, al pie del párroco y casi bajo su casulla, recuento de votos de unas urnas semiclandestinas. Quizás son los mismos votos que buscaba la benemérita en la escena anterior.

Vemos también una imagen de unos antidisturbios, imponentes en su attrezzo, que vigilan y controlan a pie de mesa una partida de dominó. ¿Será un cruce cuántico de universos paralelos?

¿Hay algo mejor que estas escenas cómicas y epatantes para combatir, sin perder el humor, la influencia nociva de las patrias?

Busco en el diccionario de la RAE el término “berlanguiano” y no lo encuentro. Al parecer en 2009 el periódico “Las Provincias” puso en marcha una campaña para su inclusión en el Diccionario, pidiendo a “actores, eruditos, y usuarios de la web” una definición del mismo.

El actor Juanjo Puigcorbé dijo: «Dícese de la situación coral aparentemente caótica o esperpéntica donde los caracteres muestran o ponen en evidencia su monstruosidad sin categoría moral pero de una forma vitalista». No está mal.

Marta Sanz lo definió así: “Una mezcla de ironía, sal gorda y picante”. Salvador Sánchiz dijo: “Vocablo usado en el imperio austro-húngaro que significa valenciano escéptico y socarrón”.

 

Pat Metheny & Jim Hall – The Great Guitars

Pat Metheny & Jim Hall – The Great Guitars

https://www.youtube.com/watch?v=kpXsgiv0Jw0&feature=share

EL ESTADO MÍNIMO

Estado del bienestar

De vez en cuando el Estado mínimo da un discurso. Y hasta parece de verdad, de carne y hueso, casi lo puedes tocar frente a ti, a dos palmos de tu sopa de fideos.

Como si no supiéramos que en el fondo no existe, que solo es un espejismo, una entelequia de la distancia, una distorsión óptica de la realidad. Quizás el Estado mínimo nos habla desde la cálida playa de un paraíso fiscal, reconvertida mediante la tramoya y el truco audiovisual en un frío y serio despacho oficial.
De esta forma nos hacen creer que el Estado ha viajado desde las Bahamas a nuestro salón para hacernos una visita, o que nosotros hemos viajado hasta la luna en primera clase.

El Estado fue un invento de otro tiempo, que desapareció un viernes por la tarde sin avisar, y no de muerte lenta sino de un día para otro, por libre disposición de los que mandan. Un capricho de nuevos ricos.

Como quien se levanta una mañana con un deseo inconfesable entre ceja y ceja, y dice “hágase la luz”, confundiendo quizás las últimas hebras de un mal sueño con las primeras grietas de una realidad inverosímil.

“El problema es el Estado”, se decía con total seguridad, casi con arrobo de novicio. El Estado nos roba, el Estado nos cobra impuestos, se predicaba desde cada Tertulia abonada a la tarifa única del pensamiento plano.
Por tanto la solución no podía ser otra que acabar con el Estado, y el Estado mínimo no era sino el paso previo a la victoria final del Estado ausente. Una vez ausente el Estado, los problemas se resolverían por sí solos. Ese era el planteamiento escatológico de los fanáticos. Como ven, una nueva religión, una auténtica fe que la realidad empírica no ha confirmado.

¿Demagogia? ¿Populismo? ¿Posverdad?
No. Alta teología de las escuelas de negocios. Populismo si, pero de alto standing. Borrachera si, pero de whisky caro.

Pensaron los obispos de la nueva religión -quizás sin ninguna razón sólida- que tras desmantelar hospitales, y desmantelar colegios, y desmantelar pensiones y becas, comedores escolares y demás, las banderas del Estado permanecerían indemnes, en eterna erección patriótica. Pero no. En cuanto la gente piensa un poco y une los cabos sueltos, las banderas se desinflan o se enredan con el cable por el que baja el rayo.

Cuando se saquea un Estado y solo se deja la cáscara del protocolo, tiene más bulto que masa, y más apariencia que realidad.

Cuando a un Estado se le amputan las piernas se cae de culo, como todo hijo de vecino, y ya es difícil que se tenga en pie.
 

Como decíamos ayer

Rajoy corrupción

 

Como decíamos ayer, tras un breve paréntesis menos ancho que profundo (casi un abismo), estamos donde estábamos. Es decir, al principio.

Tras intentar el más allá estamos de nuevo en el más acá, o en todo caso no hemos avanzado mucho. Al menos en el sentido horizontal de quién persigue un horizonte, todo lo más en el sentido vertical de quién cae en picado. ¿Y esto por qué?

Habrá quien hable de “rémora” y de “lastre”, en todo caso de un peso muerto adherido a nuestra espalda y con el que no es posible avanzar. No hemos hecho del todo la transición de la dictadura, y ni siquiera hemos intentado la transición de la corrupción.

En cuanto a esta última, muchos pensaron que una vez más el tiempo haría su labor, y tras el olvido vendría la impunidad, el eterno retorno de lo mismo, la inevitable desidia de quien consiente. Pero no. Cada vez se consiente menos, y muchos ya no colaboran en la desidia. Esa falta de colaboración en la estafa es lo algunos se empeñan en llamar populismo. Que lo hay, pero no está ahí. Está en todo caso en determinadas Instituciones y en determinados medios manipulados.

Amén de otros asuntos. Dice Inés Arrimadas (entrevistada hoy por El País) que “el nacionalismo crece en los países enfermos, en los países que no funcionan”. Pues eso.
Pero ocurre que son ellos (junto al PSOE) el principal sostén de ese morbo, y el principal alimento para esa enfermedad.

El nuevo equilibrio del desorden global sigue sin echar raíces, ni siquiera en lo local. Más que reunión hay disolución. Nuevos átomos de soledad, repetidas ráfagas de violencia. No todos ven el futuro de la misma forma, ni comulgan en el  pensamiento único del capitalismo salvaje.

Como si el nuevo sistema fuera eso: violencia con intención de unificación. O de clasificación. Un nuevo feudalismo. Y lo que produce, paradójicamente, es disgregación. Una nueva confrontación. Un nuevo desorden a escala global.

Los efectos de la corrupción prevista (una constante inevitable del sistema, según algunos) son cada vez más duraderos y están más presentes. Quizás porque esta vez la corrupción y la miseria que arrastra fue gestada con intención de futuro, de epílogo de la historia, de solución final. Y al final no hubo solución ni tampoco hubo final, sino un presente siempre inestable, asfixiado bajo su peso muerto, y agitado por su falta de futuro.

Cargamos con un pasado inmediato (mas otro que viene de atrás) poco recomendable, como quien carga con un saco de patatas echadas a perder. Intentamos ventilar el almacén e intentamos desconocer lo que sabemos. Pero es imposible.
No conseguimos homologarnos. Seguimos diferentes.

Se dice que todo depende de la dosis. Y esta vez la dosis se ha superado con creces.

Intentar digerirla es intoxicarse.

 

 

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