Archivos Mensuales: enero 2020

El 3, el 2, …. y el 1

En cuanto al número 2, Jorge Fernández Díaz, ministro del interior con Rajoy, quedó directamente pillado y grabado en sus maniobras subterráneas contra sus adversarios políticos. Su conversación con Daniel de Alfonso, grabada en su propio despacho de ministro (lo cual ya es para nota), podrá escucharse en mp3 o en otro formato de audio, si así se prefiere, pero allí se dice lo que se dice.

Y entre otras cosas se dice que Rajoy, el presidente del gobierno, lo sabía, pero que conviene hacer como que no: “Su mano derecha no sabe qué hace su mano izquierda”, dice el ministro del interior, tras alabar la discreción y capacidad de disimulo de Rajoy. “Por supuesto”, contesta Daniel de Alfonso, acostumbrado al parecer a este tipo de tejemanejes, ocultaciones, y maniobras subterráneas.

Además, dice el ministro, una vez trasladado el asunto “a quién te puedes imaginar” (el número 1), todo quedará entre nosotros, pues “quien te puedes imaginar” “es una tumba”.

Ya acostumbrados a toquetear a los jueces del Tribunal Supremo por detrás, como dijo convencido Cosido, senador del PP (esperemos que se equivoque), no debe extrañarnos que lo mismo pueda hacerse con la fiscalía. Y así Jorge Fernández Díaz le asegura a Daniel de Alfonso que “la fiscalía te lo afina”. El tejemaneje. O lo que es lo mismo: la fiscalía como afinador.

Pocos casos hay más claros, y además registrado en audio, de utilización de las Instituciones de todos con fines partidistas, es decir, pocos casos hay más palmarios de corrupción y de cómo la democracia puede tomarse a chirigota por sus propios representantes.

Lo cual no debe extrañarnos porque los conceptos de “brigada política” o “policía patriótica” nos recuerdan otros tiempos en los que la democracia brillaba por su ausencia.

Recordemos que a la vista de los hechos (grabados) no fue solo la oposición en bloque la que pidió la dimisión del ministro, sino que también sindicatos policiales y asociaciones de la guardia civil, se unieron a esa petición. Lo cual les honra.

Sobre este episodio fue muy clara la reflexión que hizo Iñaki Gabilondo: La voz de Iñaki | 22/06/16 | Además de corrupto, inútil. https://www.youtube.com/watch?v=Lk5a60g690s

Eugenio Pino, el DAO de la policía en tiempos de Rajoy, dice ahora (El País) que el número 2 (Fernández Díaz) le ordenó que hiciese la vista gorda con Villarejo y sus tenebrosas andanzas subterráneas, y que su vez esto venía ordenado directamente desde el número 1 (Rajoy).

Ante todo orden y escala jerárquica. No importa qué ordenan, sino quién lo ordena. Un síntoma más de que a nuestra democracia le falta carácter y está aún en pañales.

Todo esto preocupa en Europa, donde en cuestión de tradición democrática nos llevan unas cuantas décadas de ventaja. En su último informe sobre nuestro país, el grupo GRECO volvía a lanzarnos una seria advertencia sobre esta materia: “El consejo de Europa reclama a España vigilar las puertas giratorias políticas y la corrupción en la policía” (El País).

Una cosa parece clara, y es que así como en las democracias de verdad no hay ningún problema en llegar al máximo responsable de un asunto turbio o poco legal, sea Nixon o quien sea ese máximo responsable, en las democracias de opereta esto es imposible, y siempre nos quedamos suspendidos de la “X”.

Cuestión de seguir entrenando.

 

PIN

En otros tiempos el PIN parental (o parroquial) lo llevábamos incorporado en el cine de barrio.
Y es que el cine de barrio era el cine parroquial, al menos al principio, porque luego con el desarrollo del barrio nació, casi como un signo de modernidad, un cine nuevo, en Technicolor, más laico en su apariencia, aunque la cinta que se pasara en colores brillantes y con enorme éxito, fueran “Los 10 mandamientos”, de Cecil B. DeMille, con Charlton Heston en el papel de héroe bíblico.

Eran los tiempos homéricos de la “sesión continua”, y es que lo mismo que la vida, llevada de su inercia natural, no para salvo obligada por la reparadora necesidad del sueño, aquella sesión continua de magia desenfrenada no parecía tener fin salvo cuando apretaba el hambre, o nuestro padre, que nos creía extraviados, pero intuía donde estábamos, nos rescataba de las butacas del cine, medio alucinados o ya medio dormidos.

Heston, amigo del rifle, ese símbolo estrafalario de la derecha americana más torpe, debía estar pluriempleado en aquel tiempo, porque aparecía también protagonizando una de las cintas en el cine de la competencia, el cine parroquial. Nos referimos a la famosa película “El Cid”, dirigida por Anthony Mann, y protagonizada por Heston y una espléndida Sofía Loren.

Como digo, en aquel tiempo, no había ningún problema ni duda legal con el PIN parental, es decir parroquial, que en eso consistía el nacional-catolicismo, en no tener dudas, ni siquiera pensamiento, y todo el mundo conocía de antemano el papel que debía representar en aquella farsa. Sucedía así:

En algún momento de la película, y no recuerdo bien si con el telón de fondo de las murallas de Ávila, Charlton Heston, llevado de un impulso bastante natural por otra parte, intentaba besar en la boca a una imponente Jimena, más imponente aún porque en vez de la Jimena real, que no sabemos qué aspecto tenía, quien aparecía en la pantalla era la italiana Sofía Loren, cuya belleza mediterránea es evidente y no es necesario explicar aquí.

Entonces, y ya con el beso a punto de caramelo (recordemos que no se trataba de un casto beso en la mejilla), y con todo el público -niños y adultos- embobado y pendiente del trance, en la pantalla se producía un salto cuántico en el tiempo y el espacio, y la íntima calidez del beso desaparecía por obra de la cuchilla del censor, para acabar en un gesto sin sentido, más mecánico que humano, dónde faltaba un trozo de vida:  besar sin beso.
En esto consistía el “PIN”, el PIN parroquial, besar sin beso, amar sin cuerpo, el cuerpo de los amantes. La realidad como pecado.

Y este es el PIN que algunos añoran, al parecer.

Lo que ocurría después del “corte” es sabido por todos los que vivimos y recordamos aquella época dorada del cine a trozos, toda una odisea: silbidos, pataletas, bronca unánime y desenfadada, que protestaba con escándalo y estruendo popular por aquella muestra suprema de la estupidez humana.
Y es que el PIN, o lo que es lo mismo, el “corte”, era la expresión más visible de la hipocresía institucionalizada en su versión más idiota. Y a otra cosa mariposa, que al fin y al cabo todo el mundo sabía lo que era un beso apasionado con una belleza. O casi.

 

A lo bestia

Villarejo

 

Parece que de momento, y a pesar de que ha iniciado ya su andadura en nuestro país un gobierno que quiere ser progresista, no vamos a hacer mucho caso del grupo “GRECO”, que en su último informe reiteraba sus advertencias sobre los males que afectan a nuestra democracia, en relación con la corrupción, y que impiden -pues no se resuelven- considerarla definitivamente consolidada.

Como saben, el grupo GRECO acoge al grupo de Estados contra la corrupción del Consejo de Europa, y en sucesivos informes nos ha indicado que arrastramos vicios sin resolver en esta materia, por ejemplo en el ámbito de lo que se considera un pilar fundamental de la democracia, como es la independencia de poderes.

Recordemos aquí algunas advertencias de su último informe sobre nuestro país:

“El Consejo de Europa avisa de que España no cumple su recomendación sobre la independencia judicial” (La Vanguardia).

“El Consejo de Europa reclama a España vigilar las puertas giratorias políticas y la corrupción en la policía” (El País).

“El Consejo de Europa exige a Sánchez que formalice la publicación de las comunicaciones con la Fiscalía” (20 Minutos).

En este contexto, el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado, será legal pero no apunta a la regeneración que este país necesita de forma urgente. Sigue sin entenderse y sin explicarse su compadreo íntimo con Villarejo, uno de los cabecillas de las cloacas del Estado y por tanto de la corrupción policial, ámbito lúgubre donde entre otras cosas se fabricaban mentiras contra PODEMOS o se interfería en la investigación del caso Bárcenas.

Añadamos para mayor bochorno (Europa y el GRECO nos miran) que la oposición en esta materia tiene que hacerla el PP (parece una broma), que a través de su senador Cosidó, se ufanaba de toquetear a los jueces del Tribunal Supremo por detrás, y que en materia de corrupción ha batido récords que va a ser difícil superar. Bien vamos.

Pedía Pablo Iglesias recientemente a los ciudadanos de a pie que siguiéramos presionando y reclamando al Gobierno, quizás porque un gobierno de coalición en las condiciones actuales, corre el riesgo de atar las manos y sujetar la lengua, en relación con objetivos que hasta ahora eran loables: luchar contra la corrupción y la precariedad laboral.

Creo que efectivamente, debemos seguir su recomendación.

Veo el documental: “El alma dividida de América”, del Director Jörg Daniel Hissen, y pienso que igual podría haberse titulado “El alma dividida del mundo”. La globalización hace que una misma imagen se refleje en múltiples espejos.

El esquema de sucesos y la moraleja que de ellos se deriva, se repite en un mundo efectivamente globalizado. Paradójicamente lo que se ha globalizado es la fragmentación, esa división o fractura social que se menciona en el título del documental.

La historia comienza con una ofensiva “bestial” del neoliberalismo y la ultraderecha política. Y digo “bestial” porque lo que Ronald Reagan dijo literalmente en Wall Street fue: “Vamos a liberar a la bestia”, y eso que era cristiano. Y efectivamente “la bestia” fue liberada.

Continúa cuando los representantes del progresismo oficial en el Occidente posmoderno se apuntan a ese pensamiento único como borregos, y lejos de combatir esa ofensiva ideológica (de núcleo duro económico y consecuencias bestiales), se suben al mismo carro y abandonan a la mayoría social que, ingenuamente, se creían representados por ellos.

Se afianza luego cuando las consecuencias de esa política salvaje y “bestial” se hacen sentir, se hace más profunda la desigualdad, la clase media desaparece, aumenta el precariado y se empobrece la mayoría, sintiéndose abandonados por unos y otros “representantes”. Representantes que solo lo son de la plutocracia triunfante. La tercera vía del socialismo oficial no era más que camuflaje.

Cunde entonces la desesperación y la sensación de abandono, de traición y de estafa, el no sentirse representados por una “elite” política tantas veces corrupta, que solo va a lo suyo, y esto hace que la población busque asidero en algún “salvador” populista que también es, paradójicamente, como en el caso de Donald Trump, neoliberal y de extrema derecha, copartícipe y beneficiario por tanto de aquella deriva ideológica que propició la “liberación de la bestia”.

La desesperación conduce frecuentemente a este tipo de cegueras, y quien se deja engañar por ese espejismo, acaba atrapado en un bucle, alimentando el mismo fuego que le devora. Esto ya ocurrió en los años treinta.

Incluso la estrategia de ocultación de lo que en el fondo ocurre (esa guerra sumergida por la que el poder político ha sido usurpado por el poder económico, y la riqueza ha sido transferida en grandes magnitudes desde los que tienen poco o nada, hacia aquellos que todo les sobra), ha utilizado simulacros muy parecidos en todo este mundo globalizado y dividido.

Se ha puesto por ejemplo, ante esa población aturdida por el shock, el trampantojo de la “identidad”, las banderas y el nacionalismo, envuelto todo ello en patriotismo barato, patrocinado por aquellos que no tienen más patria que el paraíso fiscal que mejor les cuadre.
Se ha buscado un chivo expiatorio (para continuar el engaño y desviar la atención) en los inmigrantes, y se han cerrado filas en torno a la raza, la nación, la religión, etcétera, con intención de distraer la mirada del ámbito de los sucesos determinantes.

Vemos por ejemplo, como en Cataluña los padres de la corrupción (del 3%) y los recortes sociales draconianos, ponen en marcha el “procés” cuando la población se revuelve contra esos recortes injustos y contraproducentes. Y vemos cómo desde el gobierno central, donde la corrupción también medra y se practican los mismos recortes, se responde de la misma forma, con banderas y nacionalismo, ocultando así el auténtico motor de lo que pasa: aquella política salvaje que liberó a la “bestia” desde un balcón de Wall Street, y que no tenía otro objetivo que romper la sociedad en fragmentos inconexos.

 

Edward R. Murrow

Edward_R._Murrow_1947

Marcha contra la caza de brujas

 

Ahora que los años 50 se han puesto de moda y no son pocos los que llevados del espíritu de los tiempos (de los años 50) ven “comunistas” hasta debajo de las piedras, que ya es agudeza visual, con lo difícil que se ha puesto ver uno de verdad, de los de asalto al Palacio de invierno y dictadura del proletariado que en paz descanse, como no sea que del permafrost en deshielo emerja uno envuelto en una nube de metano y enredado con algún cuerno de mamut, yo aconsejaría que para meter miedo a los niños y otros santos inocentes se utilicen “cocos” más creíbles y reales, tal que un Donald Trump, que un día de estos nos administra una guerra atómica, para ir abriendo boca y marcarse un Trending topic; un Putin ex KGB, síntesis perfecta de Rasputín y Maquiavelo, que tampoco creo lo meditara mucho a la hora de darle al botón atómico; quizás un Bolsonaro con la Biblia en ristre y la mecha encendida, dispuesto a acabar con la selva entera del Amazonas, que para eso es suya; o incluso servirían para este saludable cometido de asustar a niños y adultos, la Troika y los hombres de negro (vaya susto de verdad).

Entre los que no desentonaria algún que otro de esos gánsteres económicos, expertos titulados en paraísos fiscales, que al cabo de un tiempo de meritorias y bien pagadas fechorías, acaban dirigiendo poderosos organismos de la economía global, y deciden desde esa altura moral que les caracteriza nuestras miserias cotidianas.

O también esos banqueros de la “gran coalición” que entre nosotros compran, a precio de saldo, la impunidad o el indulto.

Esos si son (según mi humilde opinión) cocos creíbles, cocos reales, cocos “actuales” que dan mucho miedo.

Esto de ver “comunistas” y “traidores” (socialistas, “progres”, socialdemócratas, todo es uno y va en el mismo paquete) hasta en la sopa, es paranoia que afectó mucho al senador McCarthy, famoso rufián. Aunque hay quien piensa que no fue paranoia ni convencimiento sincero, sino interés propio y estrategia para medrar, todo ello facilitado –eso es cierto- por el escenario gélido de la guerra fría.

Y es que según encuesta de los corresponsales de Washington, resultaba ser en su tiempo “el peor senador de los Estados Unidos” y se veía ya sin trabajo antes de dedicarse a la caza de brujas (como trampolín), es decir, a la caza de “comunistas” y de todo aquel ciudadano, honrado y trabajador por otra parte, que tuviera ideas progresistas, de izquierdas, o que no gustasen al inefable y poco meritorio senador: el peor de los Estados Unidos, según aquellos que conocían el cotarro político.

Como este tipo de furor inquisitorial le dio en poco tiempo fama mediática y éxito político, le cogió gusto a la cosa, y ya embalado se atrevió incluso con el ejército de su país y hasta con el presidente de la nación.
A su juicio, todos eran “comunistas”, o aligerando un poco la cifra, medio país. De hecho, de los dos partidos de USA (que no son muchos, ciertamente), el de los demócratas era el partido de los rojos, según los oscuros y fanáticos razonamientos de McCarthy. Con lo cual, declarando a este otro partido rojo y demócrata, antiamericano e ilegal, nos quedaríamos (hagan cuentas) con un solo partido. Escenario ideal para un régimen totalitario sin trabas ni obstáculos.

Cuando los demócratas y los defensores del Estado de derecho comprendieron la amenaza que se les venía encima y se atrevieron a reaccionar (el ambiente era de miedo rozando ya la parálisis), el mal ya estaba muy avanzado, pero el senador fue al final desenmascarado y cayó estrepitosamente, gracias a la reacción de ciudadanos comprometidos con la democracia y valientes. Poco después murió alcoholizado, que no es una buena forma de acabar.

En esa respuesta valiente y en ese esfuerzo recordatorio (¡Oigan ustedes, que vivimos en una democracia, con libertad política y de conciencia!) sobresalió Edward R. Murrow, periodista televisivo que hizo frente al senador y a su ofensiva totalitaria.
Sobre este periodista y su respuesta firme ante el miedo (emoción contagiosa y paralizante en toda caza de brujas), podemos ver la película de George Clooney, “Buenas noches, y buena suerte”, título que hace referencia a la frase con que Murrow solía despedir sus intervenciones televisivas.

Fue importante en esta defensa de los derechos civiles el caso Milo Radulovich, acusado y expulsado del ejército sin aportar pruebas, o por motivos tan banales como que su padre había leído en una ocasión un periódico favorable a Tito.

En el material de archivo que existe sobre este oscuro episodio histórico, sobresalen las imágenes grabadas de los interrogatorios a los testigos, a los que se animaba -como buenos americanos leales- a que denunciaran a sus compañeros (por su ideas), por ejemplo en el mundillo de Hollywood.

Denunciar a los compañeros y caer bien a los jefes, era fundamental para seguir trabajando. Y al contrario, quien no colaboraba o no se rebajaba a participar en aquel circo cuasi fascista, acababa sin trabajo o incluso en la cárcel. Alguno se suicidó debido a la presión. Los buenos americanos tenían que ser dóciles y sumisos ante los “jefes”.

Se hicieron famosos en este trance, por su actitud de resistencia y firmeza, “los 10 de Hollywood”. Documental: “Epidemia de miedo, McCarthy”.

Por esos interrogatorios pasaron Gary Cooper, Robert Taylor, Ronald Reagan, entre otros, con Richard Nixon (el futuro presidente tramposo) en la mesa que dirigía el interrogatorio. Se les pregunta a los testigos si conocen “comunistas” en su ambiente, y que harían si detectaran uno.
Robert Taylor dice que los mandaría a Rusia o al lugar más desagradable del mundo.
Gary Cooper dice no tener ni idea quién es Karl Marx ni haberlo leído, pero que por los rumores, no debe ser buena gente.
Otro, intentando el chiste y la gracia, dice que los mandaría a todos a Texas, porque allí los matan directamente.
¿Hubo risas ante ese chiste? ¿Hasta ese extremo llegaba el contagio de la histeria y el miedo colectivo?
¿Sugería quizás este testigo gracioso que en Texas son todos brutos a rabiar, apenas cogen un libro y no sueltan el rifle? O en coherencia con esto ¿Que en esa parte de Estados Unidos nunca ha penetrado la democracia y la ley que rige es la de Lynch?

En este contexto de inquisición y miedo, gente como Ronald Reagan eran calificados de “testigos amistosos”. Otros protestaban y hacían frente a ese intento de represión de los derechos civiles.

Al respecto de estos interrogatorios, el actor Larry Parks dijo cuando fue llamado ante el jurado: “No me ofrezcan la opción de despreciar a este comité y de ir a la cárcel o forzarme a arrastrarme por el lodo para ser un informante. ¿Con qué propósito? No creo que sea una opción en absoluto. No creo que esto sea realmente deportivo. No creo que esto sea estadounidense. No creo que sea justicia estadounidense”.

Un inciso:

Que muchos en nuestro país vieran normal (no dijeron ni pío), no hace tanto, que en las cloacas de nuestro Estado, supuestamente de derecho, se fabricaran en serie sin ningún control y con dinero público, mentiras contra un partido político: PODEMOS ¿Sugiere que las malas artes de un senador McCarthy redivivo, encontraría entre nosotros terreno fértil y abonado?

Preocupante incógnita.

Presupuestos tan presumidos y poco democráticos como que hay determinados partidos políticos, legales por otra parte, que no pueden acceder a los secretos de Estado ni a las “carteras económicas”, beben de ese espíritu del macarthismo y su vena totalitaria.

Supongo que algunos pensarán también, en esa línea retrospectiva de los años 50, que los “chalecos amarillos” y los huelguistas franceses que acaban de ganar una batalla en su país defendiendo que la edad de jubilación sea a los 62 años y no a los 64 (comparen con nuestro país), son “comunistas”. Lo único cierto es que son “ciudadanos” de un país libre y democrático que saben defender su derechos, y una vez más lo han demostrado.

Un poco antes que McCarthy, se imponía en la persecución de adversarios políticos con métodos poco convencionales (ilegales) J. Edgar Hoover, director del FBI. Fruto de aquellas actividades contra la libertad de conciencia y la libertad política, surgieron listas negras de “antiamericanos” que reunían -vistas hoy- a muchos de los elementos con más talento de la sociedad americana: Charlie Chaplin, Dashiell Hammett, Lillian Hellman, Leonard Bernstein, Aaron Copland, Arthur Miller… etc.

Se tiene a los Estados Unidos, por lo general, como ejemplo de democracia sólida y coherente cuyos engranajes van como la seda, y que esto hace imposible cualquier tipo de involución. Sin embargo la tentación fascista ha sido frecuente en la historia de ese país, el racismo ha causado estragos, y no son pocos los ciudadanos que verían normal y aceptable, incluso hoy en día, una definición teocrática y no democrática de su nación.

Si esas tentaciones son posibles en un país avanzado que es símbolo y prototipo de democracia ¿qué diremos de otros?

Que Richard Nixon, el senador McCarthy, y J. Edgar Hoover, no acabaran muy bien, precisamente, y fueran desenmascarados, nos indica que la respuesta inmune de la democracia estadounidense da muestras regulares de una fortaleza envidiable.

Muy oportuna ha sido, y alguna relación tiene con todo lo que llevamos dicho hasta aquí, una de las últimas colaboraciones de Iñaki Gabilondo en El País: (La Voz de Iñaki) “Cuando los traidores son la mayoría”.

¿Piensa la derecha (y la ultraderecha siamesa) que la mayoría que ha propiciado el actual gobierno son de hecho “traidores”? ¿Habría espacio suficiente en la cárcel para encerrar a esa mayoría de españoles motejados de “antiespañoles”? ¿Podría funcionar el país sin esa mayoría de ciudadanos que efectivamente no piensa como la derecha exige?

¿No será preferible respetar las reglas de la democracia y defender en las urnas las ideas propias y el programa que se quiera implementar?

Ya saben que en Estados Unidos son muy aficionados a las películas que giran en torno al periodismo y la democracia. Es un binomio que les fascina y eso les honra. O si lo prefieren el binomio en cuestión versa sobre libertad de expresión y democracia. Sobre esto o sobre el oscuro episodio histórico de la “caza de brujas” trata no solo la película ya mencionada de George Clooney, “Buenas noches, y buena suerte”, sino otras cintas que nos pueden ayudar a conocer ese periodo. Entre ellas están: “Caza de brujas” (Director: Irwin Winkler); “La tapadera” (Director: Martin Ritt); “The Majestic” (Director: Frank Darabont); “Trumbo” (Director: Jay Roach), etc.

La memoria y el recuerdo del pasado, como ven, es de gran ayuda para orientarse en el presente turbulento.

 

 

Consuelo

Eichmann

 

Constatar que partidos como VOX siguen ganando apoyo electoral al mismo tiempo que siguen negando “sin complejos” el cambio climático, ya nos anuncia que el futuro que nos aguarda se parecerá a cualquier cosa menos a la república de las letras.
Llegará un momento, con el transcurrir del tiempo y la normalización del disparate, en que el dictador de turno, temporada otoño/invierno, nombrará vicepresidente al caballo Babieca.

Nos sirva de consuelo que gracias al cambio climático y lo acelerado de sus avances, no hay mal que dure cien años, sino que mucho antes de que transcurra ese período de tiempo (un siglo), los incendios y las inundaciones, las sequías y el calor, y con todos ellos incluso el hambre, harán que la gente recobre el sentido común y vuelva a distinguir el disparate de la ciencia.

Otra forma de consolarse por las anomalías nacionales, es verlas replicadas a nivel global. El Tsunami nos arrastra a todos.
No niego que aún conservemos algún rasgo original, por lo general arcaico, pero dado que somos subsidiarios de tantas cosas, con una capacidad de decisión cada vez más mermada, lo habitual es que seamos condicionados por decisiones ajenas, fuera de nuestro alcance.
No olvidemos que aquí, entre nosotros, las reformas de la Constitución -la intocable– las deciden los bancos alemanes, a los que no les importa toquetear nuestra carta magna si les viene en gana y conviene a sus intereses. Una vez o las que haga falta. De día o de noche. En festivo o día laborable.

Y cuando esto ocurre ¿protestan los patriotas de la derecha y la ultraderecha? Antes al contrario: dicen sí bwana y ponen el cazo. O la espórtula.

Aún así hay campos de acción en los que todavía mantenemos una cierta autonomía, esto es cierto: por ejemplo a la hora de toquetear a los jueces del Tribunal Supremo “por detrás”, como decía con orgullo partidista Cosido, senador del PP, tan patriota que considera a los jueces de su país, febles marionetas.
¿Dónde está aquella independencia orgullosa, rasgo fundamental de toda democracia?

Y sin duda se debe a una cierta idiosincrasia el hecho de que los tribunales europeos no hagan más que darnos guantazos y sorprendernos con reveses.
Así como somos muy dóciles y hasta fanáticos a la hora de aplicar el catecismo neoliberal de la última y poco meditada refundación europea (y así nos va), nos cuesta homologarnos y somos reacios a transcribir y aplicar las Directivas europeas más sociales o que beneficien a los trabajadores.

Algo parecido nos pasa con nuestra Constitución: los artículos más sociales se pueden violar, y seguir siendo sin embargo “constitucionalistas”, o incluso patriotas. Aquí el más patriota es casi el que más paraísos fiscales usa y más defrauda al fisco, o sea a todos.
Por una parte tenemos alma de capataz feroz, y por otra somos la cabra que tira al monte. Europa sí pero no. Carta magna si, pero depende: la parte social es de adorno. Se puede violar.
Por ejemplo en casos tan notables y vergonzosos como el abuso de la temporalidad laboral.

En el ranking de la precariedad laboral nos hemos pasado, incluso para los parámetros extremistas de esta Europa neoliberal. Cientos de miles de interinos estafados en nuestros servicios públicos, y abocados en muchos casos al despido libre. Otros se jubilan como interinos. Ya digo: más papistas que el Papa.

Esto no deja de causar sorpresas e imprevistos, porque hasta que esa justicia independiente europea nos llega como agua de mayo, pero ya en julio, nos han engañado pero bien.
En demasiados casos no era esa la película que nos habían contado, ni el final anunciado de la trama. Parece como si los tribunales europeos no tuvieran otra cosa que hacer que sacudirnos el pelo de la dehesa y deshacer los entuertos que aquí fabricamos en serie. No dan abasto. Cada vez recurrimos más a ellos.

La derecha, por lo general pobre en ideas, sobre todo si se deja aconsejar por la ultraderecha que sólo tiene una, recurre al esquema clásico, tan facilón que nos lo sabemos todos. Dice así: todo gobierno que sale de las urnas, si no les gusta a ellos, es ilegítimo, precisamente por eso, porque sale de las urnas y no de un golpe militar.

Añadan a este axioma faccioso otro no menos insensato: los causantes de todos nuestros males pasados, presentes y futuros son los inmigrantes.
Antes se decía los judíos, pero conviene renovar el discurso y también el chivo expiatorio.

Si diéramos crédito a esa autoría malévola, la deducción lógica sería que los bancos que nos han timado y activado la gran estafa, estaban controlados en sus puestos claves y de mayor responsabilidad por inmigrantes subsaharianos. Y también que los órganos de control y vigilancia de la cosa económica, que tan mal vigilaron el saqueo despendolado del patrimonio público, estaban infiltrados por inmigrantes del Magreb o huidos del Sahel.
Sin embargo, si uno mira con ojos sin legañas los consejos de administración de esas entidades mafiosas, enseguida se convence de que no es así. En esos consejos de administración abundan los patriotas. Los patriotas de sus paraísos fiscales, claro.

El absurdo de esos planteamientos reaccionarios es evidente ¿Pero qué necesidad tienen de pensar con lógica, o incluso de pensar, aquellos que apoyan estas ideas disparatadas y que de partida rechazan los datos y métodos de la ciencia?

Con su primer estirón, VOX, al que muchos filósofos “liberales” aplauden a rabiar, dijo que urgía “ilegalizar partidos”. Ya dijimos entonces que ese era el deporte favorito de Stalin, Hitler, Franco, o Mussolini, y si se lee con atención “El mundo de ayer” de Stefan Zweig, se comprobará que ese tipo de iniciativas totalitarias, sólo lleva al desastre, y de “liberal” tiene muy poco.

Ahora un eurodiputado de VOX invita al ejército a que dé un golpe de estado e interrumpa el proceso democrático en España. Y de paso se llama “comunista” y “antiespañol” a todo el que proponga o aspire a una política socialdemócrata, que recordemos consiste en defender los lazos colectivos frente a las fracturas contingentes, y en respaldar una sanidad y una educación pública, además de unas pensiones dignas.

¿Nos deben sorprender estas querencias golpistas de este neo-partido de la extrema derecha apadrinado por filósofos “liberales”, y arropado por PP y CIUDADANOS?

Creo que no. No olvidemos las fuertes raíces que unen el fascismo español con el nazismo. Esa relación íntima está bien descrita en múltiples libros y ensayos. Les aconsejo leerlos. “La Auténtica Odessa”, de Uki Goñi, también es útil al respecto.

Esta paranoia que ve comunistas hasta en la sacristía o el Vaticano, y que blande la Biblia como un arma de destrucción masiva (¡Ay de los pecadores y herejes!) y para dar golpes de Estado, nos recuerda a los tiempos rancios y oscuros del senador McCarthy (un auténtico golfo) y su “caza de brujas”, por no irnos más atrás hasta el crudo medievo.

Veía estos días una película de Paul Andrew Williams, “El show de Eichmann”, que trata de la retransmisión que hizo para la televisión, del juicio del dirigente nazi (este juicio se mostró en la televisión de 37 países), el director estadounidense Leo Hurwitz. Hurwitz, nacido en Brooklyn, que estuvo durante diez años en la lista negra del senador McCarthy por tener “ideas de izquierdas”, estaba obsesionado por descubrir un “gesto” de humanidad en Eichmann, como reacción ante el cúmulo de atrocidades que se iban descubriendo en el transcurso del juicio y el testimonio directo de los que habían sobrevivido a aquel infierno. El director estadounidense quería descubrir ese gesto de “humanidad”, descartar la excepcionalidad del monstruo, porque estaba convencido de que el fascismo volvería a resurgir. No se equivocó.

Por cierto, algunas de las claves que explican por qué Eichmann estaba oculto en Argentina, nos las facilita el libro ya mencionado de Uki Goñi, “La auténtica Odessa”, muy bien documentado. Léanlo. No se arrepentirán.

Pero como digo: el tsunami nos arrastra a todos. El alma dividida de España se parece mucho al “alma dividida de América”, y así aquello que creíamos más propio y nuestro, resulta ser, al menos a día de hoy, reflejo de una realidad más amplia: el alma dividida del mundo.

Un ejemplo:

En su libro “El planeta inhóspito” y concretamente en el capítulo en que David Foster Wallace habla de los incendios de California, se lee:
“Al año siguiente, los estadounidenses asistieron a la evacuación de las Kardashian a través de sus historias en Instagram, y después supieron de los cuerpos privados de bomberos que habían contratado, mientras el resto del estado dependía de reclusos seleccionados que ganaban la miseria de un dólar al día”.

También se lee:
“Hoy en día, los árboles de la Amazonía asimilan una cuarta parte de todo el carbono que absorben cada año los bosques del planeta. Pero, en 2018, Jair Bolsonaro fue elegido presidente de Brasil, con la promesa de que abriría la selva al desarrollo; esto es, a la deforestación. ¿Cuánto daño puede hacer al planeta una sola persona? Un grupo de científicos brasileños ha estimado que entre 2021 y 2030 la deforestación de Bolsonaro liberará el equivalente a 13,12 gigatoneladas de carbono”.

Recordemos que Bolsonaro es otro de los que blande la Biblia como arma de destrucción masiva.

Duden mucho de que la haya leído.

 

Automatismos y autómatas

Hombre máquina

 

No sé si los teóricos fascistas leyeron alguna vez “El hombre máquina”, de Julien Offray de La Mettrie, pero sin duda están convencidos de que el hombre es un engranaje ciego.

Por lo general, aquellos que repiten con automatismo de loro la palabra “excelencia” o similares (otras del mismo grupo mimético son “gobernanza”, “resiliencia”, “constitucionalista”, “partidos de orden”, “reformas”, etcétera), y las sacan a colación hasta comiéndose una sopa, son los mismos que tienen fobia a la palabra “público” o a la palabra “social”. Son sociófobos, si así puede decirse. Tienen tirria a la sociedad. Sobre todo a la sociedad que no se deja explotar.

Como todo engranaje se engrasa con el uso, no paran de repetir aquellas palabras primigenias y de evitar estas últimas, palabras moribundas (según su fe).
Para ellos, todo lo social es “comunista” (palabra que también se ha puesto de moda repetir, como en los tiempos de la caza de brujas del senador McCarthy), y todo estado del bienestar es de hecho comunismo puro hecho carne, y por tanto enemigo a batir.
Pueden empezar por la sanidad pública, continuar por la educación, y acabar con las pensiones.
El caso es extinguir la especie social (o pública), aprovechando para ello la extinción del planeta y la inauguración de un nuevo paraíso artificial (que al mismo tiempo también es fiscal), donde solo entrarán los ricos por el ojo de aguja.

Son también los mismos que ven con indiferencia, o incluso con entusiasmo, que en América Latina se den golpes de estado (con la venia del mercado), cuando no gusta el resultado de las urnas, y se hace largo esperar la próxima cita electoral.

Observen que se ha puesto de moda dar golpes de Estado con una Biblia en la mano, y si esta es contundente y gruesa, mejor.

Si en vez de arrear con ella, la leyeran (con inteligencia y perspectiva histórica), a lo mejor les aprovechaba más.

Cuando doña Margaret Thatcher, que cubría con una permanente hueca un corazón de hierro, regalaba botellas de whisky a Pinochet y consejos a un entregado “Isidoro”, Felipe del PSOE, el objetivo era el mismo: la intoxicación ideológica y el coqueteo con la razón instrumental fascista.

Intoxicación ideológica en cuanto que esa razón instrumental fascista, que tantas veces pasa de la teoría a la práctica, es perfectamente compatible con la marca “liberal”. Así es nuestro mundo de hoy que tanto nos recuerda al mundo de ayer.

Por simple emulación, y asumiendo su código lingüístico, deberemos decir que el fascismo es “excelente” y tiene una enorme “resiliencia” a desaparecer entre nosotros, liberales de pro. De hecho, fascismo y posverdad siempre han hecho buenas migas, gracias a Goebbels.
Uno y otra, fascismo y posverdad, medran juntos, y viven hoy una auténtica primavera. Esa capacidad de adaptación, al parecer se llama resiliencia.

Los que manejan con labia fácil este código lingüístico del disfraz, son los mismos que llaman “reformas” a los recortes y “crisis” a la estafa financiera. Son los parias bien vestidos del pensamiento único.
Y digo parias porque efectivamente el pensamiento único es un alimento pobre que consumen a grandes dentelladas los poderosos del planeta.
Hablo, claro está, de pobreza no en el sentido material sino en el sentido espiritual del término. Tener pocas ideas, quizás solo una, permite extenderla en modo sábana y colgarla del balcón, lisa como un cerebro sin arrugas.

En Francia, y esto es lógico, las pensiones se defienden por los sindicatos en huelga y gracias al estímulo oportuno de los “chalecos amarillos”. Se entiende y les deseamos éxito con mucha envidia.
Aquí, dónde la lógica brilla por su ausencia y la posverdad triunfa, las defiende Pablo Casado (y nos lo creemos), cabeza visible del partido que saqueó la hucha de las pensiones para financiar la corrupción y los rotos de la estafa financiera.
El lobo disfrazado de Caperucita.

En este país vivimos en la inocentada permanente.

 

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