Archivos Mensuales: enero 2017

CONTRA NATURA

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Pareciera que el socialismo europeo viene de recorrer un largo camino contra natura. Exhausto y despistado se encuentra en una situación nueva: es completamente prescindible, y además no se reconoce en el espejo.

Jugando al juego del partido único y el turnismo inane, se ha quedado sin sitio. Partidos de derechas que representen y defiendan los intereses del dinero y la plutocracia pura y dura, ya los había y con rancia historia. Ese palco ya tenía dueño. Sin embargo, los socialismos europeos, y sobre todo sus “aparatos”, jugaron a compartirlo con la derecha más extrema, y contemplar el espectáculo de la posmodernidad desde un lugar privilegiado. Lee el resto de esta entrada

“El temporal”, un artículo de Carlos Merchán (mi primo).

Estos días de atrás, estos días de perros, de paraguas volanderos, nieve, desprendimientos, frío como tenazas, lluvias eternas a lo García Márquez (léase “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, recomendable), viento helador como cuchillo al que hemos llamado temporal o alerta roja, antes lo llamábamos invierno. Mis inviernos en mi tierra de nación, en […]

a través de El temporal — carlosmerchan

Cannonball Adderley – One for Daddy-O

Democracia turbia

Al parecer somos de los países menos transparentes de Europa, según el último informe de “Transparencia Internacional (TI)”. Este tipo de récords no muy brillantes en el que nos hemos especializado (la electricidad más cara de Europa, etc.), si ustedes caen en la cuenta, ya no nos llaman demasiado la atención, por repetitivos y acostumbrados, y se han convertido en una especie de dolor de estómago larvado, en una cenestesia deteriorada e incómoda, que no mata de un día para otro, pero que ahoga a largo plazo muchas ilusiones y muchas energías.

Algo va mal cuando tantas estadísticas rigurosas y tantos estudios objetivos nos conducen al pesimismo, que ya no es visceral o por falta de yodo, sino argumentado racionalmente, basado en datos, y motivado por una insistente mala política, actividad humana y civil que en nuestro caso casi se ha hecho ya sinónimo de corrupción. Lee el resto de esta entrada

Lluvia radiactiva

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Lástima que hayamos perdido el sentido crítico, y que a estas alturas del fin de la historia nos conformemos con mitos y cavernas.

Quizás sea una forma de unir el fin con el principio, la infancia con la vejez, y de confundir –una vez más- el regreso con el progreso. Lee el resto de esta entrada

Blanca y del Sur

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La marea blanca hoy arrecia desde el sur, contradiciendo con su viveza y vigor el rigor invernal.

Quizás allí abajo pasan menos frío y los ciudadanos reivindicativos no están aún “hibernados”.

Nos recuerdan tiempos no tan lejanos en que esas mareas bullían por las calles de toda España, aún con fe y esperanza de sacudirse la pesadilla de encima, un último fulgor antes del coma profundo.

Pero ¿quién sabe?
Quizás ese último resto de vida sea contagioso y resucite al muerto entero. O eso, o la primavera. Una primavera parecida a la de Praga, por ejemplo, eso es lo que necesitamos.

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La sorpresa de la tiranía triunfante

El problema está en actuar como si no hubiera pasado nada, como si el tiempo presente no tuviera un pasado, ni los sucesos unos motivos, es decir, el problema está en no reconocer los hechos, y al mismo tiempo manifestar sorpresa, en confundir los efectos con las causas y el culo con las témporas.

Señores sorprendidos por el extraño derrotero de los hechos, me sorprende que se sorprendan. Y no es cuestión de clarividencia, pero uno se despierta por la mañana con un nudo de realidad en la garganta, antes de abluciones, muy difícil de obviar y que le aleja de cualquier tentación de aducir ignorancia.

Este es el mundo que hemos parido, por libre decisión de los contrayentes, en base -eso si- a un mandato superior y un catecismo impuesto. Casi diría, en base a una violación. Lee el resto de esta entrada

PICO (GRIPAL) NO, CORDILLERA

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Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni nos informan en su libro “Estado de crisis”, que la crisis del capitalismo que estamos viviendo no es una crisis más, similar a otras que la precedieron, sino que a lo que nos enfrentamos ahora -quizás por no haber sacado conclusiones y remedios perdurables de las crisis anteriores- es a un “Estado de crisis” que amenaza perpetuarse como un cáncer, y provocar como metástasis una crisis subsidiaria de la democracia y el estado de derecho, es decir, de los valores propiamente occidentales.

Esta crisis no se trataría ya de un pico o cumbre que hay que sobrepasar, sino de toda una cordillera en la que debemos resignarnos a sobrevivir y malvivir, con muy poco oxígeno.
Salvo que -y esto es una opción más sensata- nos demos media vuelta y reencontremos el camino perdido, y recuperemos nuestros valores democráticos.

Pues esto que podemos decir, en forma de metáfora geológica, de nuestra circunstancia económica, política, y social, podemos decirlo también del deterioro  -ya desastre- de nuestra sanidad, cuya actual crisis no se debe a un “pico” gripal, sino que en todo caso enlaza con todo el malestar precedente y nos conduce, sin remedio, al malestar subsiguiente. Malestar de los usuarios y malestar de los profesionales.

Ocurre que los “picos” gripales les vienen muy bien a los gestores economicistas y desregulados (también recortados) para justificar y enmascarar un estado de cosas que a poca memoria que tengamos, reconoceremos que no es nuevo ni puntual, sino que se arrastra desde hace demasiado tiempo: las listas de espera en atención primaria (para el médico de cabecera) y para el especialista, las urgencias hospitalarias con sus pasillos repletos de pacientes que esperan su turno en condiciones inhumanas, falta de camas, recorte y explotación de medios y profesionales que cada día se ganan a pulso una enfermedad laboral (¿dónde están los sindicatos y los servicios de salud laboral?), y que además sufren la agresividad o incluso las agresiones del usuario que no sabe orientar su descontento, y que sin embargo evita el gestor en su despacho, donde, por cierto, está protegido por servicios de seguridad, mientras que muchos o casi todos los puntos de urgencia de atención primaria (PAC), donde se dan mayoritariamente estas situaciones de violencia, están totalmente desprotegidos (no hay ni celadores).
Recientemente hubo que reducir a un individuo armado con escopeta en el CS de la Solana, que amenazó a los profesionales en el servicio de urgencias, que es mayoritariamente el tipo de servicio donde se suelen producir estos episodios de violencia.

De los políticos lo más que se puede decir (al menos de muchos de ellos) es que viven en su mundo y todo les importa un carajo. Sólo así se puede explicar que algunos representantes del PP en nuestra comunidad, descubran ahora que hay listas de espera infumables en nuestra atención primaria, la del antiguo médico de cabecera, ignorando que es una situación que arrastramos hace ya más de una década, y a la que Cospedal como el PSOE que la precedió tanto contribuyeron con sus recortes y su mala gestión. Las listas de espera para el médico de cabecera a veces son de entre 7 y 14 días. Luego explicaremos algunos de los motivos de este absurdo, inconcebible en otros tiempos.

Adelantemos ya una reflexión: aunque todo este cúmulo de despropósitos tiene fundamentalmente su origen en los recortes (que sin embargo no sufre el “aparato” político, por otra parte tan estéril), cabe también una gran responsabilidad a los malos gestores, que en gran número de casos debe su nombramiento a factores políticos.
De los profesionales lo que se debe decir y denunciar es que no dan más de sí, y en algunos casos, como ocurre con los profesionales PEAC de los servicios de urgencias de atención primaria, están sometidos a explotación y condiciones laborales infrahumanas, que ni en el tercer mundo darían por buenas, y que ni los sindicatos ni los servicios de salud laboral -salvo honrosas excepciones- vigilan ni les importa.
De malos gestores estamos sobrados. Lo que nos faltan son trabajadores, habiendo, sin embargo, tanto paro.

Desde el momento que hay listas de espera en atención primaria (para el médico de cabecera) ya hemos fracasado. Desde el primer peldaño nos hemos quedado sin escalera. A partir de aquí viene todo lo demás, y sin solucionar esto, no solucionaremos nada en nuestra sanidad.

La única manera de acabar con las listas de espera para el médico de cabecera, es acabar con el ingente número de consultas que no se pasan y se pierden (pero se retribuyen) cada mes, en cada centro de salud de nuestra comunidad. Más allá de las licencias reglamentarias, que están perfectamente establecidas, y que nunca provocaron ese deterioro, porque además se cubrían con sustitutos (ya no o muy poco), la causa hay que buscarla en la gestión del llamado “descanso posguardia”, que se organiza y gestiona como una “licencia reglamentaria y retribuida”, cuando en realidad es un “descanso entre jornadas sin derecho a retribución”. Si esto se confirma (como yo creo), y no solo lo parece sino que lo es, estaríamos ante un fraude de dinero público. La jornada ordinaria no se cumple pero se paga.
Dada esta situación, digamos “alegal”, la acumulación y el coleccionismo de descansos posguardia se ha convertido en un “chollo” y en una aspiración guiada por la codicia. Como las legendarias “peonadas”.
Como los gestores deben creer que no han hecho suficiente destrozo de nuestra sanidad y de nuestro presupuesto con permitir esto, además ponen la organización del calendario de guardias y sus “libranzas” en manos de quien más se beneficia de este orden de cosas.

Como a su vez esos gestores -que no son tontos- son conscientes de esta chapuza con tintes de ilegalidad, intentan compensarla poniendo a los profesionales que se benefician de tan peculiares “libranzas” a hacer, cuando toca, el papel de sustitutos de sus propios compañeros, para lo cual, de un modo u otro, parcial o totalmente, tienen que abandonar su propia consulta, pues no incrementan su horario, sino que lo solapan. Se desnuda un santo para vestir otro.
Ese mecanismo de sustitución muchas veces es solo teórico, sobre el papel (aunque el papel sea un Plan Funcional), porque en realidad esa sustitución en bastantes casos ni se lleva a cabo. Las órdenes de la Gerencia no se obedecen, el Plan funcional no se cumple, y las consultas quedan vacías.

¿Resultado?: Como el número de consultas que se pierden (pero se retribuyen) cada mes en cada centro de salud es ingente, se producen (en atención primaria) las listas de espera que ya hemos comentado, listas de espera que los pacientes no asumen, y que desembocan en la saturación de los servicios de urgencias. Los PAC (servicios de urgencia de atención primaria) se desbordan con consulta ordinaria que no se pasa en su lugar natural (las consultas), y quedan inútiles para su auténtica función, asistir las verdaderas “urgencias” actuando de filtro eficaz del hospital (¿cómo abandonas un servicio con 20 o 25 pacientes “urgentes” en la sala de espera para salir al exterior?).  Y luego ya toda esa mala gestión de la atención primaria se desborda hacia el hospital y el especialista. No en forma de “pico gripal”, sino en forma de picos y situaciones cochambrosas que se suceden, apenas sin solución de continuidad, desde hace ya mucho tiempo.

¿Propuestas de solución?:
Primera: cumplir la legalidad de las jornadas, descansos, y retribuciones. Por ejemplo, la legalidad dice que los turnos del calendario de guardias tienen que ser “rotativos”(Decreto 137/1984 de Estructuras básicas de salud, artículo 6, punto 3). Ahora se deja hacer (laissez faire) sincopado y a gusto de quien lo confecciona para coleccionar descansos posguardia. Hacerlo rotativo, aminora las consultas perdidas y aumenta la eficiencia asistencial. Viene exigido también por imperativos de salud laboral y una distribución más “fisiológica” de los turnos (el agotamiento de los profesionales, como hoy se vive, no conduce a nada bueno).

La jornada “ordinaria” que se cobra hay que trabajarla. No hacerlo es fraude de dinero público.

Los calendarios de guardias los decide el gestor, de cara a una mayor eficiencia asistencial, no quien es juez y parte, de cara a su propio beneficio personal.

Segunda: hay que recortar a los políticos y a los gestores, no al servicio público. Daría para pagar a los sustitutos que legalmente hay que poner para cubrir las licencias “reglamentarias”. El descanso postguardia es un descanso entre jornadas, no una licencia reglamentaria con derecho a retribución. Las licencias reglamentarias deben sustituirse todas. En su defecto el plan funcional tiene que cumplirse en sus términos exactos.

Tercera: Es un imperativo insoslayable la distribución clara, fehaciente (blanco sobre negro y firma debajo) y racional de las funciones. Poner al personal de consulta a pasar consultas, y al personal de atención continuada (guardias) a hacer atención continuada, que no es pasar consulta porque además este personal carece de los instrumentos –incluso administrativos- y del mandato legal para ello. Estos servicios tienen que actuar de filtro eficaz de las urgencias que acuden al hospital, y ahora mismo esto no es posible. Nos encontramos ante una disyuntiva: o el personal de consulta cumple la jornada ordinaria que cobra, o hay que contratar más personal de atención continuada. Es urgente dotar de “doble equipo” a todos los PAC y en todo su horario de guardia, única forma de acudir a las urgencias del exterior cuando en la sala de espera hay pacientes, cosa que ocurre constantemente.

Y en relación con este último punto: ¿para cuándo unas instrucciones claras, blanco sobre negro y con firma debajo, sobre cómo hay que actuar cuando nos demandan asistencia en el exterior y la sala de espera está llena de pacientes sin la posibilidad de triaje, y el equipo que se va es el único que hay? ¿Se echa a la gente? ¿Se cierra la puerta o se deja abierta? Recientemente, en un PAC (doy fe), cuando el equipo que había salido a una urgencia exterior volvió, se encontraron con una persona tirada en el suelo, delante de la puerta del servicio de urgencias, rodeada de sus familiares. Así de triste y cochambroso. ¡Doble equipo ya en todos los PAC!

En resumen, con la nueva administración (PSOE) las cosas no han mejorado, sino que incluso han empeorado. Y ya es difícil, porque el objetivo del PP era y es cargarse la sanidad pública para hacer negocio privado. Su lema es ¡la salud para quien se la puede pagar!

Unos y otros emplean las mañas de la empresa “desregulada” en un servicio público. Y los sindicatos mudos y ausentes.

¡Aunque sea, carbón!

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Qué duda cabe que estar vivo, aunque filosóficamente no se sostiene, es un privilegio.

Y digo que no se sostiene, porque aunque pensemos -con otros muchos-  que de la nada, nada viene, cabe preguntarse ¿por qué hay algo y no nada? ¿Acaso hay mayor dispendio o licencia creadora?

Ya sé que a los poetas todo les está permitido, pero… una cosa es una poesía y otra cosa es un cosmos.
¿Qué necesidad había?

Ya saben: aquello de que si el diablo se aburre… inventa la curiosidad, que por naturaleza siempre es rebelde, o incluso irreverente.

Si siempre hubiéramos permanecido dóciles y reverentes ante nuestros maestros, sacerdotes, jefes políticos, y dioses, fieles a la tradición -como suele decirse- aún estaríamos vegetando en las cavernas.
Aunque también hubo allí artistas, y el ocio suficiente para buscarle tres pies al gato, entre fogata y fogata. El fuego -que es muy prometeico- ayuda a pensar.
Y quien piensa está perdido, porque corre el riesgo de encontrar lo que busca.

Partimos de una realidad contundente: hay “algo” y no “nada”, y este “algo” es algo con lo que hay que contar, algo dado, un imperativo, que diría Kant, que se nos impone sin pedir permiso y nos impone sus reglas sin consultarlas con nosotros.

Y como parte de ese “algo” imperioso, la vida también nos arrastra poderosa en su fluir. Levitábamos en un tiempo sin tiempo, en una siesta perpetua y dulce, y de repente abrimos los ojos, si o si, a la vida. Y ¡Voilà!
Aquí no piden voluntarios. Te alistan a la fuerza, aunque lo tuyo sea la retaguardia y la ensoñación.

Se la ha comparado (a la vida) con un cristal, a pesar de que el cristal, “prima facie”, parece algo rígido (rigor), frío (frigor), y muerto (mortis). Mientras que la vida (incluso la que es de sangre fría) es cálida, dúctil, y animosa. Y sobre todo adaptativa. Va limando sus esquinas y rebabas a fuerza de coscorrones y codazos, hasta encajar en el medio. ¡Qué maravilla esto de la evolución!

La comparan (a la vida) con el cristal por la cosa del “orden”, en cuanto que el cristal atrapa y asume la materia desordenada y la ordena en una estructura sorprendentemente bella, o incluso simétrica, que parece aspirar a la perfección matemática.

Pues algo parecido hace la vida. Con barro y agua -como dirían los antiguos alfareros de Nínive- construye un ser vivo, y da forma a lo informe. Atrapa en su red creadora la materia inorgánica, y nos organiza con nombre y apellidos, pasiones, instintos, y curiosidad. Llenos, sin embargo, de imperfección. ¡Esa es su gracia!

La curiosidad, por otra parte, es una facultad extraordinaria, durante la cual se suspenden o se oscurecen otras instancias más primitivas. Es una especie de lujo y regalo que se concede a sí misma la maquinaria de la vida. Pareciera que durante su ejercicio (cuando se dirige hacia el mundo exterior, porque también puede dirigirse hacia el propio yo) uno se eleva sobre su propia individualidad, sobre su propia persona. Ajenos, ciegos, y sordos a nuestros propios instintos y requerimientos, como enajenados y casi a punto de lograr la “objetividad”, nos transmutarnos en animales observadores e inteligentes.

Y es que la objetividad supone una renuncia un tanto forzada, porque como decía Unamuno, en principio y casi por instinto, “yo no soy objetivo, sino subjetivo, porque no soy un objeto, sino un sujeto”. Luego la “objetividad” supone casi un acto antinatural, una disciplina auto impuesta, y quizás por ello sea uno de los gérmenes y fundamentos de la civilización.

Veo un video en que un orangután joven (quien se mantiene curioso se mantiene joven) da una muestra espléndida y muy “humana” de curiosidad, y por tanto de inteligencia.
Un pollo de pájaro ha caído al agua, quizás desde su nido, y de momento flota en la superficie del líquido elemento antes de -previsiblemente- ahogarse y hundirse.
El joven orangután se vale de una hoja a modo de herramienta (homo faber) para “rescatarlo” acercándolo a la orilla, luego lo coge delicadamente con los dedos y lo saca a tierra.
A partir de ahí, el orangután adopta una relajada y cómoda postura sobre sus codos (solo se aprende hincando los susodichos), en su improvisado laboratorio, y a pesar de los recortes en investigación que sufre su departamento, escruta al pollo con una concentración curiosa que sólo cabe calificar de científica. Estos son nuestros ancestros.

Cierto es que luego la grabación se interrumpe y no se sabe muy bien como acaba la aventura del pollo y el primate, pero durante un gran e intenso momento impera la curiosidad, el hambre de conocimiento.
Que es la misma curiosidad que puede vencer a algunos niños el día de reyes, si se despiertan cuando no deben.

Otras veces no es la curiosidad la que derriba los mitos, sino que ellos mismos se van y ya no vuelven.

En mi caso, un año no hubo reyes ¿Dios había muerto, como anunciaba Nietzsche?
No exactamente, sino que “la naturaleza de las cosas” se despliega y respira, indiferente a nuestros mitos y prejuicios sobre ella.
Y la naturaleza de las cosas y su rotunda realidad dictaban que ese año no había dinero para reyes.

Mis padres se habían cambiado de casa (a una mejor) y había que apretarse el cinturón, aunque sufrieran los mitos.
A cambio aquel invierno no fuimos pasto de los sabañones que se agazapan en el borde del brasero, bajo la mesa-camilla, último refugio contra el frío helador.
Es más, nos sobraba toda la ropa, desacostumbrados a la potencia calorífica de los radiadores de una calefacción central.
¡Qué razón tenían los griegos al decir que en el medio está la virtud!

En mi biografía, la era adulta y objetiva se inaugura este año que no hubo reyes. Nada de nada. Ni siquiera aquel carbón negro que se comía y que acompañaba en ocasiones a otros regalos más brillantes, o hacia mezcla equilibrada con doblones de oro y chocolate.

Adenda: Orangután científico

https://www.youtube.com/watch?v=k7UnPEAEvzk

Pulsiones y razonamientos

galileo

En la insistente (e interesada) confusión sobre el uso indiscriminado del término populismo, hay quien ya barrunta que soltando la palabreja de moda una y otra vez, cual cortina de humo semántica, o cual mantra litúrgico, no vamos a dar con las auténticas causas del mal.
Aunque estos mismos que ya empiezan a ver claro, y a sentirse incómodos con simplificaciones tan groseras, aún hablan de las “razones” que asisten a los de arriba (la elite), y las “pulsiones” que empujan a los de abajo (la plebe). Demasiado simple, de nuevo. Lee el resto de esta entrada

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