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Reformas

Recortes

 

Hay palabras que todas las mañanas se lavan la cara para no parecer mentiras, pero ni aun así desaparece la mugre.

“Reformas”.
Habrán escuchado estos días multitud de veces esta palabra mágica, dotada de gran poder de persuasión. Incluso más veces que en ocasiones precedentes. Pero lo cierto es que ya venía teniendo mucho éxito y predicamento entre nuestros políticos más inspirados. Sobre todo en boca de aquellos que no son ni populistas, ni demagogos, ni justicieros, sino solamente mentirosos y mendaces.

Mientras no nos curemos del lenguaje no nos curaremos de nada.

Y no me estoy refiriendo a la ortografía, cuya rígida ortodoxia ha tenido incluso detractores ilustrados y eminentes, muchos de ellos poetas. Ni me refiero tampoco a la capacidad de redactar con eficacia y corrección. Me estoy refiriendo al lenguaje como instrumento al servicio del engaño, deliberadamente manipulado para la desinformación y la estafa.

Hoy vivimos un tiempo de gran inventiva en este campo. Los neolenguajes con sus neopalabras posverdaderas proliferan y nos inundan. Los diccionarios más elitistas las acogen y las nombran palabras del año. Los animadores ideológicos las promueven y las venden, casi a precio de saldo. Los dobles sentidos se cultivan con esmero y se dan por buenos. Una forma como otra cualquiera de colocar a algún primo la mercancía dañada.

Se dice, por ejemplo, “populismo” en vez de “fascismo”, para no alimentar la comparativa razonable de nuestro tiempo con el de los años 30, y así no establecer relaciones peligrosas entre aquella desregulación financiera y su estafa anexa, con las que hoy nos traen por el camino de la amargura y la involución, y que hemos de tragar cual aceite de ricino para purgar nuestros inmerecidos derechos civiles y nuestros insolentes derechos humanos.

El fascismo de entonces fue producto de aquella estafa y de un capitalismo salvaje y desmandado, y esto no es muy distinto de lo que ocurre hoy, aunque se le cambie el nombre para evitar el recuerdo, aunque se intente promover el espejismo de que, caminando a toda prisa hacia atrás, somos más modernos y tenemos más futuro que entonces.

Si recordáramos podríamos pensar que el hombre, efectivamente, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y que el capitalismo sin control es una bestia feroz que cada vez que despierta y se le deja, devora a los hombres y arrasa con todo.

Ante verdad tan cruda, se impone el doble lenguaje, la mentira ni siquiera piadosa, la posverdad sin escrúpulos.

Mentira que es más necesaria hoy, porque no se propugna -como entonces se hizo- una salida “social” a la estafa, y la creación de un Estado solidario del bienestar como solución y salvación colectiva, sino justamente lo contrario: mayor dosis de veneno que eleve los muros y profundice aún más las fronteras.
En eso consisten las famosas “reformas” que tantos “animadores ideológicos” promueven y alaban como si fuese el bálsamo de Fierabrás, y no, como ellos saben, un timo.

Una mayor definición y una más rígida distinción entre amos y esclavos.

Y para ello se impone el doble lenguaje, se impone la mentira. Y si no son suficientes, se impone el látigo.

Como venía a decir Ignacio González en sus grabaciones mafiosas para no dormir: tienen (ellos, los de su barra) la justicia, tienen los medios de comunicación, tienen el ministerio del interior … lo tienen todo. Cuando de estafar se trata, esa es una gran ventaja.
Pero aún necesitan mentir, inventar palabras o darles la vuelta como a un calcetín. Y para eso vienen bien los académicos. Académicos de la lengua bífida.

De ahí que sea posible también decir cuando aumenta el número de contratos basura, que ha disminuido el paro, sin faltar a la verdad pero sin que sea cierto.
Podría decirse con más dosis de verdad que el régimen de esclavitud va aumentando su volumen de negocio.

Podría pensarse que la política siempre ha sido eso: mentira y engaño, pero no es cierto.
En el uso de esas prácticas siempre ha habido épocas mejores y épocas peores, cuando no intermedias, épocas más críticas e ilustradas, y épocas más bárbaras y sumisas. La nuestra es de las malas.

“Viva las caenas” es un eslogan que Rajoy podría promover hoy entre nosotros con suma facilidad y contrastado éxito. Con más facilidad incluso que en el ancien regime, porque entonces no existía la televisión para contagiar la tontez.

Aunque hoy sea más fácil malograr la inteligencia natural, se requiere sin embargo de un adiestramiento pertinaz mediante las técnicas que señala Ignacio Gonzalez, otro místico que se dedicaba a la exportación de misales.
¿Necesitaremos otro siglo dieciocho para reponernos del veintiuno, ahora que los misales y las madres superioras vuelven a estar de moda, y los medios públicos (y privados) de información son el púlpito de sus teodiceas?

Por eso cuando debido a ciertos requerimientos judiciales, el pensamiento verdadero y el auténtico lenguaje de algunos de nuestros políticos más procaces salen a la luz, sufrimos una especie de epifanía, un baño de realidad, una pérdida brutal de la inocencia.

Quizás un síntoma mayor de esa mentira que ya se ha globalizado (es lo que tiene ser cosmopolita) es que Valls, supuesto socialista, apoyara a Macron en contra de Hamon, el legítimo candidato socialista.
Que se parece mucho a la traición que aquí ha alimentado y llevado a cabo Felipe González a través de Susana Díaz, para que gobierne el PP corrupto y cavernario de Rajoy. Una especie de degeneración por convergencia evolutiva de los métodos, que une a España y Francia a través de los Pirineos, para acabar quizás en la misma ruina.

Hoy un Valls insolvente y sin crédito busca desesperado un clavo ardiendo al que agarrarse, para no quedarse sin oficio, y sobre todo sin beneficio.
Pero nadie quiere ya tener nada que ver con semejante trepa.
Quiso estar en todos los sitios, y se ha quedado en tierra de nadie, pidiendo pista.

Se dice de Macron que es “exbanquero y reformista”.
Lo de exbanquero -en este mundo donde el dinero todo lo manda y ordena- lo entendemos fácilmente, pero lo de “reformista” no hay quien lo entienda mientras no se defina y se concrete. Es decir, mientras no se traduzca.

Pero no lo esperen porque a eso juegan: a que el doble lenguaje y la mentira no maten del todo la esperanza del crédulo, que sería como matar la gallina de los huevos de oro.

Para qué continúe la estafa se necesita que el engañado tenga fe. No puede haber timo de la estampita sin paleto. La polisemia posverdadera (por decirlo suavemente) es buena para este negocio.

Se habla de que con Macron podría inaugurarse “un nuevo orden narrativo” (El País), expresión con la que parecen dar a entender –sin demasiados tapujos-que nos van a contar un cuento nuevo, mejor trabado aunque igual de falso, y a fin de cuentas una mentira muy gorda. Ni siquiera piadosa.

En cualquier caso, si las reformas de Macron se parecen a las de Rajoy, ya sabemos a que atenernos y cómo hay que traducirlo: no son reformas, son recortes.
Su inteligencia política y económica no da para más. Como mucho da para unas tijeras pero nunca para un cartabón, y mucho menos para una escuadra.

El patrimonio público se saquea y se manda al garete, y si los ladrones privados fracasan o se llevan el dinero a Suiza, se les apoya y sostiene con dinero público. Esa es la receta infalible.

Hay que ser tonto para comprársela.

El pensamiento único tiene muy poca imaginación, y la ideología (y la suya es radical) estropea mucho la inteligencia.

O visto de otra forma, quizás más certera y exacta: no son ellos los que mandan (ni nosotros a través de ellos), hay que reconocerlo, y para obedecer no se necesita perspicacia ni habilidades especiales. Solamente ser dócil y saber quién es el jefe (o la jefa).

Esa es la diferencia entre nuestra crisis y la de los años 30: entonces algunos, con algo de inteligencia y al menos una pizca de coraje, le pusieron el cascabel al gato. Hoy el gato se está comiendo de una sentada a todos los ratones, animado por una tropa de corifeos.
Y Macron no viene a ponerle el cascabel al gato, sino a ayudarle en su guerra contra los ratones.

En eso consistirán sus “reformas” si el desengaño no lo remedia. Por lo pronto, echar a la calle a 120.000 trabajadores del servicio público y del Estado del bienestar, en un nuevo intento de desmocharlo. Menos sanidad, menos educación, menos dependencia. Justamente los recortes que están disolviendo y desmembrando a Europa.

¡Y esto es lo que proponen como solución, como remontada triunfal a la crisis europea!

Un Napoleón con tijeras y a las órdenes de Merkel.
Esa es toda la novedad.

En este contexto de mentira posverdadera, Rajoy, aunque gallego, no llega a inteligente, y aunque se esfuerza, muchas veces peca de cándido.

Dijo ayer que no puede hacer más “reformas”, en lo cual hizo una traducción inconsciente de su mentira y la de todos, descubriendo involuntariamente que sus llamadas “reformas” son “recortes”, que nos perjudican a todos y benefician a muy pocos. A los de siempre.

Confiesa, en forma de lapsus linguae, que ha sido tanta la tijera que se ha quedado sin tela.

Otro por lo visto que tendrá que “coser”, sin hilo ni intención, y que sabe que ya llega tarde y sin ganas.

En cualquier caso, su mensaje iba dirigido a sus jefes (o jefa), como testaferro en apuros.

Estado de Deshecho y un libro

rajoy

Entenderemos mejor lo que ocurre si pensamos que Esperanza Aguirre es símbolo y sacerdotisa del Estado de derecho (¿o de deshecho?) y musa lacrimógena del neoliberalismo cañí.

O si nos preguntamos a menudo por qué razón Felipe González predica con tanta pasión la “gran coalición” con el PP, aun conociendo los mensajes vergonzantes de Rajoy a Bárcenas, y su proyecto político de liquidar el Estado del bienestar.

O por qué este mismo González utilizó una puerta giratoria para cobrar por aburrirse -como el mismo confiesa- habiendo podido utilizar una puerta normal y aburrirse como todo el mundo, gratis y sin cobrar.

O por que Esperanza Aguirre ponía la mano en el fuego por toda su tropa de colaboradores, conociéndolos a fondo, con el mismo gesto melodramático con que Felipe González la ponía por Jordi Pujol, del que desconocía muy pocas cosas.

O por qué no existe en el mundo “normal” ningún país con más aforados que España.
Eso se llama ser previsores, e ir preparando el terreno y acondicionando la cueva (de Ali Baba).

O por qué tantos compis-yoguis de la casa real acaban detenidos o en el trullo, que no son uno ni dos. Que casi los salones reales parecen la corte de Monipodio, el sevillano.

O por qué tenemos los fiscales más raros de todos los países de nuestro entorno, que cuando no hacen de abogados defensores de gente de posibles (consiguiendo imposibles), hacen de obstructores de la justicia en favor de los corruptos.

O por que los medios públicos de información son órganos de propaganda del gobierno, liberalismo puro que acostumbra a dar lecciones muy sentidas sobre la tiranía.

Si el mundo que nos rodea es tan raro (especialmente en España) es porque algo no va bien, sino que al contrario, va muy mal.

Y esto es lo que intenta explicarnos Tony Judt en su obra “Algo va mal”, de lectura imprescindible para entender el momento presente.

Dice al comienzo de su obra:
“Durante los primeros años de este siglo, el consenso de Washington había ganado la batalla. En todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacia el sector público. La doctrina de Washington era recibida en todas partes por un coro de animadores ideológicos: desde los beneficiarios del milagro irlandés (el boom de la burbuja inmobiliaria del tigre celta) hasta los ultracapitalistas doctrinarios de la antigua Europa comunista. Incluso los viejos europeos se vieron arrastrados por la marea. El proyecto de mercado de la Unión Europea -la llamada agenda de Lisboa-, los entusiastas planes de privatización de los gobiernos francés y alemán: todos atestiguaban lo que sus críticos franceses han denominado el nuevo pensamiento único“.

Una reflexión y una pregunta:

La reflexión: siempre hay que desconfiar del entusiasmo feroz, porque a menudo detrás de esa hipérbole emotiva suele esconderse el pensamiento único. Que es el más pobre de los pensamientos.

La pregunta: vista la podredumbre que rezuma por todas sus costuras la gran “revolución” ultraliberal, que se zampó a la socialdemocracia europea de un sólo bocado, como si fuera un pincho moruno (síntesis digestiva que hoy llamamos “sistema”), ¿acaso el rufián y malandrín de toda la vida –de Monipodio a esta parte- necesita algún soporte ideológico o teorizar académicamente en torno a su falta de escrúpulos?

Para mí que no.

No se sí en un libro sobre economía, sobre política, sobre la sociedad actual y sus dislates, tiene sentido hablar de sentimientos.
Sea como sea, Judt se atreve y titula uno de los capítulos de su obra: “Sentimientos corruptos”, y lo introduce con esta cita de Tolstoi (Anna Karenina):
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

En este sentido, nuestro actual presidente de gobierno es un líder de la normalidad y de la costumbre. Cuando la corrupción se indulta -como él dice y sostiene- con los votos, triunfa la normalidad y reina la costumbre. Lo mismo pensaba Hitler.

¿Alguna vez nos da por pensar, entre derbi y derbi, o entre bostezo y bostezo, que nuestra normalidad es muy anormal? ¿Que no sólo soportamos, sino que votamos y elegimos gobiernos corruptos?

Para los acérrimos partidarios de la tesis de Rajoy según la cual todo va como la seda (supongo que lo mismo les dirá a los jueces que le interroguen), sirvan de reflexión también estás otras líneas de Judt:

“Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo -miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en que basan las sociedades civiles”.

Y yo pregunto:

¿Acaso se puede confiar hoy en España en los políticos que nos gobiernan, en los fiscales que nos defienden del delito, o en los bancos que guardan nuestros ahorros?

Primarias

golpe en el psoe

Dentro de las cosas novedosas que ha traído la llamada nueva política a nuestro país, está el “suspense” y el interés ante el resultado de unas elecciones primarias. En este caso las del PSOE. Que la política deje de ser aburrida, siempre es un riesgo para el poder constituido. Que la política nos resbale, siempre es una garantía de que el poder se corromperá.

Se percibe el aspecto ilusionante del asunto por un lado, el de los militantes, y el envaramiento artrítico y preocupado del aparato, por el otro. Aparato que en este caso concreto del PSOE, ha dado todas las largas que ha podido a este asunto, y si no fuera porque a la fuerza ahorcan, aplazaría esa cita con las urnas sine die, contento de seguir en la vieja era del cotarro mal ventilado.

Que es la misma era antediluviana en que sigue vegetando el PP, cuyas nuevas promesas de apertura (esas juventudes añosas) nacen ya viejas y encorsetadas dentro de una armadura oxidada que es básicamente ideológica.

En esto como en tantas cosas, y si los ánimos no estuvieran tan caldeados y las experiencias tan escaldadas, como evidentemente están, el aparato del PSOE seguiría el ejemplo y las huellas del aparato del PP, y prolongaría el golpe cuartelero de septiembre en algún tipo de “solución Armada” o “golpe de timón” a la turca. Experiencia en este campo no le falta a uno de sus más veteranos y señalados dirigentes.

Si pensamos en las consecuencias que pueden tener las primarias en el PSOE, llegaremos a la conclusión de que los militantes de los partidos tienen más fuerza de la que se quiere admitir, y sobre todo más fuerza de la que se quiere conceder.
Y esto, permítanme que lo diga, me parece muy bien y motivo de alegría democrática.

Lo que se dilucida en las próximas primarias del PSOE es quienes son los dueños del partido, si los poderes económicos (y aquí incluyo también a los bancos alemanes) o los militantes socialistas.

Lo que se decide es si el PSOE va a seguir siendo muleta y palmero de la política coja y reaccionaria del PP (cómplice, por tanto, del recorte de derechos y de la involución en marcha), o parte de una opción progresista mucho más amplia, que sin duda tiene más futuro, no sólo aquí, sino también en Europa.

Lo que se decide es si persistirá en su papel -como hasta ahora- de monaguillo fiel de los principios neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, o intentará acercarse, aunque sea un poco, a la socialdemocracia Olof Palme y Pablo Iglesias.

Si fiel al proyecto del partido único, continuará ahondando en la actual dinámica de desigualdad, caos, desapegó ciudadano, y catástrofe social, o negará que este es el único modelo  posible, y participará en diseñar y construir la alternativa, que quizás es la única alternativa que le queda ya a Europa.

Se decide también si prefiere seguir formando parte del organigrama de la corrupción y de su tóxico anagrama, PPSOE, o repudiando pelotazos, EREs, y amnistías fiscales, se regenerará a sí mismo para nunca más volver a aquellas andadas.  Incluida la reforma de la reforma laboral, que como muy bien saben –no en balde ayudaron a parirla- es básicamente esclavista.

Se decide si se inclina por la dinámica partidocrática de los aparatos endiosados y corruptos, tan alejados del pulso ciudadano y de las calles, o se abre a una nueva política basada en la democracia interna.

Se decide si persistirá en el inmovilismo, rehén del pasado, o afrontará la reforma de la Constitución que debe conducirnos a un futuro más solidario y democrático.
Y por tanto, si además de conceder a Merkel el privilegio de violar nuestra Constitución a través del artículo 135, concede también a los ciudadanos españoles el derecho soberano a reformarla.

Todo esto se decide y no es poco, en esas primarias expectantes.

En resumen, una serie de disyuntivas en las que al día de hoy, tras la crisis y su gestión sectaria, las opciones están mucho más claras.

Al lado de estos dilemas, la “tercera vía” de Patxi López hoy no se la cree nadie. Aparece desvaída y desdibujada, casi como un fantasma, si es que no se trata en el fondo de un disfraz de la primera y fracasada vía, o un subterfugio para su mantenimiento postmorten.

Como lo es ya -un fantasma- Blair, padre de la susodicha “tercera vía”. Como lo es ya también Felipe González, fiel pupilo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Ese fue el origen de la actual crisis del PSOE, y por extensión, del socialismo Europeo, caído al día de hoy en un descrédito total.
Ahora los militantes tienen en su mano reparar ese gran error histórico.

El gobierno de Felipe González ocultó sus pactos con la dictadura argentina

El gobierno de Felipe González ocultó sus pactos con la dictadura argentina

http://www.publico.es/espana/gobierno-felipe-gonzalez-oculto-pactos.html

 

https://www.emaze.com/@ALCZIWRI/la-dictadura-militarc

 

De palabras y falsos mártires

De palabras. Estamos hechos de palabras. Palabra interior o palabra expresada, pero esa es nuestra condición, las palabras van –y vienen- siempre con nosotros: cuando soñamos, cuando imaginamos, cuando callamos, cuando nos hacen callar… o lo intentan.

El Ulises de Joyce es palabra que ni ceja ni se detiene, corriente de conciencia que fluye a borbotones como la sangre y la vida, imparable. Somos el animal que habla hasta el último suspiro.

Por eso cuando nos prohíben hablar, es como si nos prohibieran respirar, están violentando nuestra misma condición humana. Por ejemplo, con leyes mordaza, con inquisiciones, con fanatismos, con el control y el monopolio de los medios de comunicación. Lee el resto de esta entrada

Populismo Popular

 

El declive o en algunos casos la implosión de los socialismos europeos responde a una enfermedad mal estudiada: la centritis.
Y aunque este mal – casi epidemia- aqueja a toda Europa, en nuestro país se ha visto reforzado por circunstancias propias.

Nosotros venimos del único fascismo al que se le dejo sobrevivir y medrar en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Y esa condonación aliada que despreciaba y condenaba a los españoles a soportar aquel régimen para favorecer una determinada geoestrategia, duró 40 años. Así que los españoles quedamos al margen de los beneficios de la victoria de la democracia durante todo ese tiempo, y nuestros opresores fueron perdonados y consentidos, incluso aunque apoyaron al nazismo en los campos de batalla y aunque fuimos refugio clave y muy importante de criminales nazis después de su derrota. Lee el resto de esta entrada

Salvar al soldado Rajoy

El soldado Rajoy se había quedado atrapado entre horizontes penales y colegas que sabían demasiado, es decir, en las líneas enemigas de los amiguitos del alma.

Presa del pasmo, se le veía un pelín dubitativo y parado, recalcitrante a la acción positiva y eficaz, incapaz de coordinar la verdad metafísica de su conciencia con la función mecánica de sus piernas, que ya no sentía, como aquel otro héroe del Vietnam, de escasas luces que llamaban Rambo.

Como un centauro cuyas medias verdades y mentiras enteras, no se hubieran resuelto del todo en pezuña firme y sólida para empezar a correr lejos de la justicia, boqueaba pidiendo ayuda y unos fórceps compasivos para completar su extraña y compleja metamorfosis: transitar de la pena como destino seguro al indulto garantizado como premio al delito.

Y aunque en esta guerra el sólo era un peón, para la victoria final -cuya recompensa es poder trincar a gusto y sin medida- el soldado Rajoy era una pieza clave.
Así que se organizó un comando experto en golpes de mano para salvar al soldado Rajoy, al mando de un sargento chusquero que en otros tiempos fue altivo general (en el argot de la milicia se entiende por “sargento chusquero” aquel que por un chusco de pan es capaz de cualquier cosa).

Dentro de la estrategia psicológica que acompaña a toda guerra total, era imprescindible convertir al soldado Rajoy en un símbolo, no de la impunidad triunfante, que esto no está bien visto aún del todo en nuestro país, sino de la España sufriente y doliente, de la nación en peligro, último argumento de los que no tienen ninguno.

Salvar al soldado Rajoy era salvar a España -porque lo digo yo-, aunque se hundan los españoles todos. Que el concepto “España” no necesita de españoles vivos. Y viva la muerte, como diría el otro.

¡Iros a Génova! gritaban los últimos de Filipinas.
¡Ya vendrán otros para repoblar el cuarto de esclavos! respondían los amos.

Y cuando aquel comando intrépido llego hasta su objetivo -no sin pasar antes mucha vergüenza y fatiga- el soldado Rajoy, puestos los pies a remojo en una ría gallega y ciego hasta las cejas de marisco del bueno, les saludó muy cortésmente:

¡Hola camaradas!
¡Si gustáis, el banquete está servido!

Funambulesco

idus-de-marzo

De las conversaciones entre el Padre y el hijo, sabrá el Espíritu Santo, y de las conversaciones entre González y Sánchez sabrá algún dron de la CIA, pero el artefacto informativo puesto en pie por González con ocasión de estas vísperas sicilianas socialistas (el pistoletazo de salida para el golpe de mano), es de un funambulismo infumable y grotesco. Aquí las artes del expresidente han tocado suelo.

Me recuerda aquellas patrañas sobre crímenes rituales de niños cristianos por parte de judíos, que eran la antesala segura de carnicerías y saqueos inminentes.

Ocurre que ya antes de aquella conversación privada, en el batiburrillo mediático circulaba el rumor a voces de aquel plan como cosa segura: el plan del establishment era que, para disimular y que no se notará tanto el apoyo (del PSOE) al régimen de corrupción que representa Rajoy, y a la política austericida que ordena y le viene bien a Merkel, había que estirar la farsa un poco, porque el paso del tiempo distrae mucho al personal y todo lo cura.

Así que en una primera fase o acto de esa farsa ingeniosa y astuta se daría un No a Rajoy en la investidura, que luego se trasformaría en un Si bajo la fórmula hipócrita y vergonzante de la abstención.

Por supuesto, entre los patrocinadores de esa farsa estaba González, que incluso había propuesto y apostado por fórmulas más drásticas y directas, como la Gran Coalición.

Si estos pródromos y este contexto preparatorio los ponemos en relación con la conversación privada hecha pública indiscretamente (y de forma tan poco elegante) por González, hay que deducir que en este caso el huevo incubado por tantos fue anterior a la gallina pecadora y ponedora, y que al menos yo me imagino mejor a González (y a los que están detrás de él) intentando convencer (y no sólo en esa ocasión) a Sánchez de la oportunidad de esa farsa, tan favorable a Rajoy, que al contrario. Se dijera lo que se dijera en aquella conversación, ese era el trasfondo.

A poco que uno haya estudiado algún que otro golpe de Estado, o leído a los teóricos de su técnica, sabe que la fase preparatoria -de la que el infundio es parte esencial- es capítulo y etapa que los golpistas no se pueden saltar.

¿Motivos para la melancolía?:
En este país suelen triunfar los golpistas.

Como suele decirse en términos gráficos, en este episodio -ya histórico- muchos se han retratado.

Golpe de mano pensado con los pies

Es lógico que tengamos un cierto respeto a los políticos veteranos (como a los de cualquier otro oficio) porque los creemos sabios y astutos, sobre todo esto último. Han visto mucha historia y mucha sangre. Además han sobrevivido, mientras que otros (a los que quizás ellos han enterrado) no.

Esto de sobrevivir da mucho prestigio, porque nos remite a Darwin y a la ley de la selva, y en definitiva al Caín primate que llevamos dentro y aún sin reciclar.
Así que el sobreviviente tiene no sólo mucho mérito, sino también mucho peligro.

¡Cuídate de los idus de marzo!
Y de los sobrevivientes.

Esto es así por ley natural, pero toda fe ciega peca de ilusa, y no toda fama está plenamente justificada, además de que toda fama tiene su parte de artificial y retórica, se deteriora con el uso, y sobre todo con el mal uso.

Como casi todo en este mundo.

El saber retirarse a tiempo es arte que casi nadie domina, salvo los que desde el principio vivieron retirados, como predicaba Fray Luis de León en su huerto de La Flecha, del monte en la ladera, ni envidiado ni envidioso.

¡Pero qué distinto es el mundo!

El poder, sobre todo si es giratorio, de va y viene, a veces se pega entre los dedos como un chicle, y marea tanto como un tiovivo, cuando no nubla hasta las mentes más despiertas y privilegiadas, que acaban por no distinguir el yo del superyó, la realidad de la fama, la forma del fondo, los medios del fin, expresado esto en términos freudianos de autoengaño y en términos maquiavélicos de estrategia política.

Es entonces cuando el Ello, libre de todo tipo de prudencias y trabas, toma la voz cantante y empieza a desafinar.

Así como en otros oficios la veteranía incrementa, por lo general, los méritos y las habilidades, no siempre ocurre esto en la política, donde se dan casos (y no son pocos) en que el paso del tiempo y el continuo roce con el poder y sus cloacas, el halago fácil y el servilismo mendaz de los satélites, estropean mucho.

Cuando en el balance final, los destrozos actuales empiezan a pesar más que los logros pasados, hasta esos logros pasados empiezan a mirarse con lupa, y bajo una nueva luz: la del presente a la vista de todos.

Porque pudiera ser que aquellos logros, más que fruto del genio individual y el designio mesiánico, fueran el resultado del momento y del esfuerzo colectivo, que sin embargo no tiene nombre ni recibe recompensa. Ni siquiera en forma de puerta giratoria.

Quizás los héroes no sean tan héroes, ni los genios tan genios, ni los villanos tan villanos. Todo despotismo ilustrado peca, en cualquier caso, de excesiva prepotencia, madre de todas las desgracias y ruindades. Y todo culto a los héroes peca de infantilismo mamado en los comics.

Ahora bien, cuando nos da por pensar que nuestro criterio vale más (no sólo subjetivamente sino ejecutiva y políticamente) que el de la mayoría de nuestros prójimos expresado con libertad, hemos iniciado un camino de no retorno, en el que sin duda no debimos adentrarnos.

A partir de ahí, ya no nos importará recortar dignidades humanas, según la escala social y el vano dictamen de la fama.

En cuanto a los héroes de los idus de este marzo de otoño:
Si lo que querían era aumentar las opciones de gobierno de Rajoy, y fortalecer las opciones de la política austericida que ordena y ordeña Merkel, lo han conseguido.

Si lo que querían era acallar a los militantes y maniatar su voluntad, dar por bueno lo que en esencia es impresentable, lo han intentado, pero no lo han conseguido.

Aparte de eso ¿han conseguido algo bueno?

A este paso voy a acabar creyéndome que González es un agente de la TIA (Merkel), y no quería llegar a tanto. Más que nada por higiene mental.

Padres patrones

Inanes e imberbes, los ciudadanos adultos de nuestro país, hasta cuando peinan canas están sujetos al dictamen y permiso de los padres de la patria, tal que -por ejemplo- un incombustible e insaciable Felipe González.

Cualquiera comprende que con esta especie de eterna adolescencia, una democracia nunca pueda alcanzar la mayoría de edad, ni ingresar por mérito propio en la edad adulta.

Al menos a mí, siempre me sorprendió que tras prolongadas décadas de corrupción y cotarro, nuestra democracia siguiera recibiendo, impertérrita, el calificativo de “joven”, que es como si a un varón talludito al que se le ha pasado el arroz, y que ha conocido mil y una miserias, le siguieran llamando “Pepito”. Sobre todo las tías-abuelas.

Y lo más penoso de este caso es que a ese “Pepito” se le paseaba -cual monstruo de feria- por medio mundo, como botón y muestra de la más preclara y excelsa madurez.

Y el motivo debía ser este: debido a oscuras genealogías y viejas taras congénitas, nunca se considerará a nuestra democracia capaz de valerse por sí misma. Siempre necesitará de una libertad vigilada bajo el tutelaje de los dueños de la patria. O sea, de los padres patrones.

Sostiene ahora el Padre que el hijo le ha defraudado, porque no ha seguido el guion (o las órdenes).

¿Y cuál era el guion?
Pues prolongar y estirar la farsa para hacerla creíble.
Una forma como otra cualquiera de tomar el pelo al personal, y de paso hacerle perder el tiempo, que para eso le sobra, estando la mitad en paro.

Que los votantes, o incluso los militantes, se sientan engañados y estafados, no importa. Eso importaría en una democracia. Lo que importa aquí es que el patrón se siente defraudado en el cumplimiento de sus órdenes. Y lo hace saber con un ordeno y mando, y agitando la vara en la derecha mano.

Se queja el Padre también de que el hijo “dijo que iba a hacer una cosa y luego fue otra”, cosa que a él nunca le ha ocurrido (ya era perro viejo cuando joven), ni siquiera con el ambiguo asunto de la OTAN.

Experto en farsas de varios actos, con entremeses y postre, domina el escenario como ninguno, y sabe de lo que habla cuando dice ¡Ya!

Siervo de sus dueños y patrón de sus esclavos, su sentencia va a misa.
Donde hay patrón no mandan militantes, y donde hay padres de la patria no mandan ciudadanos.

¡Qué país!

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