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Daños colaterales

Entre efectos deletéreos y daños colaterales nuestra civilización, que ya es global, avanza imparable derribando todo tipo de fronteras: físicas, económicas, e intelectuales.

Si no somos supremacistas, al menos somos (y la propaganda nos convence de ello) “supremos”.

No tengo nada en contra de este optimismo cultural salvo una sola cosa: que todo progresa en la misma dirección y guiado por una sola idea, y esto reduce mucho la variedad. La variedad no es ni buena ni mala, pero al menos es prudente. Las ideas únicas suelen ser demasiado simples, y nuestra idea de hoy no supera el rango de mecanicismo ramplón, que como todos los mecanicismos, automatismos y despliegues dialécticos, peca de exceso de fe y no le vendría mal albergar alguna que otra duda.

Por doquier intenta desacreditarse la crítica que acompaña a esa duda,  el ‘activismo”, la responsabilidad cívica y la conciencia social (y ecológica).

El vivir para nosotros “solos” o nuestra  tribu (y ya es mucho compartir), como si no hubiera un mañana (que efectivamente no lo hay), es la clave del progreso, según nos cuentan.
La pereza dinámica que conlleva a veces el sosiego reflexivo, y la ausencia de entusiasmo por la aceleración económica, no están bien vistos. Parece que debe estimularse la competencia por ver quién llena más rápido el planeta de basura. Ante esta manía por llenarlo todo, un poco de quietismo no viene mal.

El egoísmo -se dice y proclama- es la varita mágica que todo lo arregla y mejora. Y efectivamente si por mejorar entendemos atiborrar el planeta de masas furibundas, vamos mejorando cantidad y el planeta menguando en la misma proporción.

Aunque muchos alaban esa varita mágica del egoísmo que todo lo soluciona, luego se extrañan de que el conejo que sale de esa chistera mágica esté rabioso.

La cooperación entre los hombres como partícipes de una misma humanidad, y la coordinación con el planeta como imperativo físico y biológico insoslayable, no se contempla en el programa. Es más, ese modo naif de ver el mundo se desacredita a diario como propio de “filántropos” y hippies.
Para los que dirigen el mundo desde los gobiernos (corruptos) y las academias que les bailan el agua, Nietzsche tenía razón: el futuro del mundo está en las manos (y casi diría en los pies) del Superhombre, cuya máxima aspiración hiperbórea es plantar los susodichos pinreles sobre la mesa del despacho oval, y jugar al golf con el dueño del mundo antes de empezar a hablar de guerras y negocios.

Sin demasiadas contradicciones hemos pasado de la civilización “cristiana”, donde todos somos hijos de Dios incluidos -en su versión franciscana- los grillos, a la civilización hobbesiana, más tecno y  “neodarwinista”, donde el hombre es un lobo para el hombre y un cordero ante los poderosos. Dóciles y rabiosos en un mix que carece de nobleza y sabiduría.

Fuertes ante los débiles, y cobardes y mudos ante los que ejercen el poder. Justo lo contrario del fundador del cristianismo.

La competencia por el dudoso privilegio de acaparar una mayor cuota de mercado y de contaminación, es el signo de nuestro tiempo, la madre de todas las virtudes oficiales y el padre de todos los vicios reales. Y es que hay algo de vicioso y de obsesivo-compulsivo en nuestro actual modelo de consumo. Lo importante no es comprender quiénes somos y donde estamos, sino eliminar la rigidez del mercado de trabajo para “acelerar” el dinamismo económico. Dinamismo, aceleración, y velocidad que demasiado a menudo nos acercan a la vida inhumana de la máquina.

Casi siempre, cuando se llega por sorpresa a situaciones de catástrofe social o geoestratégica es porque determinados extremismos con buena prensa han actuado durante demasiado tiempo y al amparo de instituciones decorosas.
O bien al hilo de guerras prefabricadas que fabrican muerte en tiempo real primero y a plazo fijo después. Guerras en todos los formatos y versiones, para el espectáculo visual y el despliegue de influencia, por ejemplo, pero también guerras disfrazadas y ocultas. En cualquier caso, siempre a favor del egoísmo y el negocio rápido de unos pocos que no sufrirán las consecuencias de sus actos.

El flujo de la acción corrosiva de estas corrientes subterráneas es inaparente pero pertinaz. Excava los cimientos día y noche, y roe las compuertas de la ruina futura.

Lo que se presenta luego como sobrevenido en forma de crisis económica o de avalancha de violencia global, es en realidad fruto de una larga gestación, alentada entre siestas modorras cuando no entre vítores y aplausos.

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y hasta entonces podemos dormir tranquilos con tal de no ser demasiado exigentes con nuestros sueños. La irresponsabilidad de nuestro silencio y de nuestra indiferencia es un buen abono para esta planta adormidera.
No hay peor radicalismo que la corrupción, ni peor populismo que el silencio que la ampara.

En esta fase de germinal carcoma, lo que se promueve y se premia sin necesidad de proclamarlo es el mutismo acomodaticio. Cualquier mosca cojonera es espantada como testigo incómodo del cadáver, y aquel que se define en contra del pastel debe ser porque padece alguna carencia emocional. Cualquier aspiración a una necesaria corrección es desacreditada como fruto de una ilusa utopía, y la prudente equidistancia entre el que estafa y el que es estafado es el signo más celebrado de la elegancia.

Cuando la carcoma completa su labor y consumido el contenido sólido empieza a agrietarse la cascara, entonces la consigna oficial cambia y los apóstoles del mutismo y la indiferencia, los beneficiarios e ideólogos del laissez faire, exigen ahora enérgicamente un control más estricto y el cumplimiento a rajatabla de las normas, amenazando incluso con la cárcel a quien no obedezca. Pero sobre todo les entran de repente las prisas y exigen perentoriamente que la gente se defina, que la gente reaccione, que el ciudadano amante de su patria, se indigne.
Demasiado tarde descubren que las causas prolongadas y silenciadas suelen acabar en efectos retardados pero explosivos.

La monótona y prolongada discordia que alimentamos desde hace tiempo y cada día respecto a la última versión de la “cuestión catalana”, suele llevarnos a olvidar que el molde en el que se fraguó esa grieta fue la corrupción política y económica, de aquí y de allí, o si se prefiere, de uno y otro falsos patriotismos. Corrupción, ruina, y después desapego.

Como ya tenemos una historia detrás, esto de que algunos erizados patriotas de última hora, antes indiferentes y mudos, exijan ahora a voz en grito que el prójimo se defina, que el ciudadano se indigne, además de incurrir en incoherencia supina no nos trae buenos recuerdos

 

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De corrupciones y endogamias

Gestora PSOE

 

Al parecer, las fuerzas de orden público exageran, la justicia que hace su trabajo y no el del delincuente, exagera, las cifras exageran, y los números no cantan, sino que están histéricos.

La corrupción en España -opinan algunos- no es para tanto, y quien se indigna ante su magnitud es porque no tiene otra cosa mejor que hacer que meterse donde no le llaman, y ocuparse de asuntos que ni le van ni le vienen.

Doctores tiene la santa madre iglesia es el principio teocrático que siempre ha dirigido y acotado nuestra vida critica, y nuestra eterna crisis de libertad de pensamiento.

¡Cualquiera se indigna con lo mal visto que está últimamente!
En tiempos de Franco estaba incluso prohibido.

¡Cuanto más diligente y sabio es aquel que ante la corrupción reinante (y nunca mejor dicho) mira para otro lado y calla!

Es sorprendente el paralelismo que existe entre los hallazgos de la psicología freudiana y los hallazgos de la UCO. Y entre los vicios del sistema y las virtudes de la hipocresía.

El extremo centro que rige nuestra vida política tiene mucho que ver con este mundo de apariencias y represiones, donde tras la virtud y la “centralidad” cacareada, se esconde un ello radical que, desatado, arrasa con todo y arrambla con lo propio y lo ajeno, pero sobre todo con aquello poco que les queda a los que menos tienen.

Y es curioso y llamativo también el paralelismo que existe entre la vida y la política, y entre los hallazgos de los biólogos y los hallazgos de los politólogos.
O quizás no sea tan sorprendente si nos atenemos al hecho de que la buena política es una parte más de la vida corriente, y los buenos políticos son como usted y como yo, con los mismos derechos y las mismas obligaciones civiles que el resto, sin especiales privilegios que los segreguen de la comunidad cuyos intereses representan y defienden. O así debería ser.

Y para ser como debería ser, tendría que empezar por no haber aforados, que en nuestro país son plaga que cría el terreno, abonado con estiércol de primera.

Sorprende que hoy, en pleno trance de las elecciones primarias socialistas, tantos aboguen por un retorno a un pasado que nos ha traído a este presente -con tan poco futuro- de corrupción omnipresente y ubicua, tóxica y paralizante.

Proliferan las consignas contra las elecciones primarias, y aumenta la presión mediática contra la democracia interna, como si la democracia pudiera ser externa a sus sujetos protagonistas, o venir del  espacio exterior en un platillo volante.

Dentro de Europa (y casi diría dentro de Occidente), esta campaña feroz y esta animadversión militante contra la democracia interna, guiada por una especie de impulso contrarreformista, se está dando sobre todo o casi exclusivamente en España, donde nuestra relación con la democracia siempre fue problemática, y donde los  tímidos y breves intentos por conquistarla siempre fueron abortados por la fuerza de las armas, en defensa de la tradición sacrosanta.

Lo más moderno y demócrata que llegamos a explorar al hilo del devenir de la historia fue el despotismo ilustrado (nuestro sueño de la razón siempre produce monstruos), hasta arribar con enormes esfuerzos y dificultades al sueño desmochado de la república.

Los que hoy claman, andanada va y andanada viene, contra el protagonismo de los militantes de base, contra la eficacia y la oportunidad de las elecciones primarias, y en definitiva contra la democracia interna, base y pilar de toda auténtica democracia, tal y como se entiende hoy en el Occidente laico, están en esa línea de pensamiento pro-despotismo (ilustrado o corrupto ya es otro tema) y pro-élite. Aunque luego esa élite cuando se la sorprende en su espontaneidad natural y en su salsa, resultan ser en muchos casos simples chorizos que se manejan con soltura en un lenguaje francamente barriobajero.

Estos que hoy lanzan anatemas contra la democracia interna, quizás inspirados por el peor Platón y el peor liberalismo (Platón, aunque ilustrado, era muy poco liberal), parecen los mismos animadores ideológicos que hoy reclaman externalizarlo todo.

¿Por qué no también la democracia?

“Externalizar” la democracia (arrebatársela a los ciudadanos) para internar y acaparar el poder en un coto cerrado y a salvo de testigos.

No olvidemos nunca, sobre todo hoy en que las modas que impone el mercado nos ofuscan la mente, que hay liberalismos muy poco liberales, y que a la escuela de Chicago nunca le importó demasiado colaborar con Pinochet y sus matanzas. El momento cumbre de ese liberalismo fue cuando Margaret Thatcher tomó el té con Pinochet sin que le temblara la mano ni la permanente. Casi igual que con los sindicatos.

La vida nos sirve de modelo para este debate, el cual cabe abordarlo tanto por deducción razonable como por inducción empírica, es decir, tanto por el encadenamiento lógico de los conceptos como a partir de los mismos hechos que padecemos y palpamos.

Sabemos por la biología que todo espacio mal ventilado tiende a la corrupción, y sabemos también que aquellas poblaciones cerradas sobre sí mismas, sin flujos ni intercambios genéticos con el exterior, degeneran en su endogamia y corren veloces hacia su propio fin, generando en el ínterin algún que otro monstruo.

Algo parecido ocurre con el poder y la política.

El hecho fundamental que caracteriza nuestro presente económico y político es la corrupción, y el hecho fundamental que caracteriza nuestro pasado inmediato -más o menos constitucional-  es la partidocracia, que es el régimen pseudodemocrático en que los intereses de los partidos, y más selectivamente, los intereses de sus cuadros y aparatos (tantas veces vendidos al poder del dinero), prevalecen sobre los intereses de los ciudadanos y del país en su conjunto.

No es difícil inferir que a aquello primero (la corrupción) hemos llegado a partir de esto último (la endogamia), y que defender la endogamia como medio es defender la corrupción como producto.

Son los cuadros y los aparatos frente a los militantes y los ciudadanos; es la partidocracia frente a la democracia; es la sociedad cerrada frente a la sociedad abierta; es el cuadrado estéril frente a la curva dinámica.

La partidocracia no se lleva bien con la democracia interna ni con el protagonismo de los militantes. Se lleva muy bien sin embargo con la corrupción, y también con el despotismo.

Ilustrado o corrupto, ya es otro tema.

Política plastilina

macron-valls

 

Así como nuestro dinero es hoy un objeto piroclástico que cuando te has querido dar cuenta ha entrado en erupción y se ha dado a la fuga, y no te queda otra que aporrear cacerolas (el aporreo de cacerolas es un síntoma ubicuo de la modernidad globalizada), nuestra política también es piroclástica, y la más avanzada incluso de plastilina volátil.

De la misma manera que nuestra economía ya sólo es financiera y va a la velocidad frenética de los trading (en su vacío virtual no hay contacto con la realidad y esto evita el rozamiento), nuestra política más post es también veloz y versátil, y se adapta dócilmente a los flujos y reflujos de los ciclos electorales.

Muy en la ortodoxia de abandonar a las fuerzas del mercado (quizás un agujero negro) toda nuestra línea de sucesos caóticos e imprevisibles, las propuestas políticas se abandonan también a un festival piroclástico y pirotécnico de destrucción creativa. O eso dicen y así la llaman.

Ser abducidos por ese horizonte de posverdad y poshistoria, es lo más moderno que le puede ocurrir hoy a uno.

Si no estás presto a la novedad superlativa -caiga quien caiga y caiga lo que caiga- eres un provinciano que no ha jugado nunca con la PlayStation.

Aparece un Napoleón con tijeras a las órdenes de Merkel (por cada reforma un tajo), y los ilusos afirman que vuelve la revolución francesa en versión manga.

Demasiadas alforjas para tan poco viaje. Y demasiada involución para tan poca revolución.

Esto no impide sin embargo que nuestro presente se parezca cada vez más a un torbellino que nadie controla, y que nuestra economía y nuestra política recuerden en su inestabilidad a las tormentas precursoras de un cambio climático.
El equilibrio ecológico se ha roto.

Y es que hoy, menos los privilegios y la injusticia, que crecen, todo lo demás se rompe o mengua. Sobre todo los derechos humanos. Destrucción creativa.

En un artículo reciente de El país se recrimina a los socialistas europeos (con el objetivo último y concreto de atacar a Pedro Sánchez y culparle -como no- de todos los males del PSOE) que se empeñen en seguir siendo socialistas y de izquierdas, una vez visto y comprobado que así no se ganan elecciones posmodernas.

Y en consecuencia, se les anima a que dejando a un lado sus convicciones y otras antiguallas intelectualoides, persigan directamente el éxito electoral.
Puro pragmatismo cuyo objeto último es estar y aparentar, no ser.

Se reprende también a Jeremy Corbyn por seguir siendo socialista (o socialdemócrata) y por mantenerse fiel a sus ideas, aun perdiendo elecciones (un mensaje para los militantes del PSOE), sin percatarse el autor de que por esa misma lógica se debería haber animado en su día a Hitler a seguir siendo nazi por haberlas ganado. Y quien dice Hitler dice Marine Le Pen.

Olvida el autor que en las últimas elecciones, un 70% de votantes, muchos de ellos socialistas (o socialdemócratas), no votaron a Rajoy. Olvida también que si hoy gobierna Rajoy es gracias a la gestora golpista del PSOE, y pasa por alto que la unión de Podemos y el PSOE, pondría muy difícil la repetición de un gobierno corrupto de derechas en España. No menciona tampoco que con Susana Díaz, esta unidad de la izquierda contra un gobierno corrupto del PP sería muy improbable.

En definitiva, el artículo en cuestión hace una apología, a mi juicio bastante irresponsable, de la virtud plástica y la indefinición cínica de la política-plastilina, cuyo mayor representante en nuestros días es Manuel Valls.
El cual, por haber querido estar en todos los sitios, hoy está en tierra de nadie y rechazado por todos. No es lo mismo estar y aparentar, que ser, y eso le ha pasado factura.

Que no se puede descartar la hipótesis de que el partido socialista francés se haya ido a pique (como otros tantos socialismos europeos) por la suma plasticidad y evidente cinismo con que en las últimas décadas le ha hecho el trabajo sucio a la derecha más radical y retrógrada.

El fracaso del socialismo europeo (y aquí incluyo el español), no viene de antes de ayer. Tiene un largo recorrido a sus espaldas y una lenta y trabajada gestación, inspirada en unos dirigentes muy poco acertados.

Obviamente, si el autor considera que ser socialista (o socialdemócrata) te invalida de aquí en adelante para obtener cualquier éxito electoral, es porque entiende que el actual “momento ideológico” es definitivo, en la línea del fin de la historia y del fin de las ideologías, salvo la suya.

Es esta una concepción muy poco liberal y muy poco generosa –además de muy poco imaginativa- de los hechos humanos, que propende al pensamiento único y al pesimismo resignado.

Yo estoy asustado -tengo que confesarlo- porque el otro día al mirarme en el espejo me vi una protuberancia en el hipocampo derecho, donde suele enredarse la memoria de izquierdas, que tenía toda la pinta de un brote de ideología, es decir, de un conjunto de ideas trabadas entre si por alguna razón oculta, de las que algunas veces soy consciente y otras no, pero a las que la memoria y la experiencia vivida (incluyo aquí las lecturas útiles y lo que otros me han enseñado con su ejemplo) les ha dado un cierto sentido y coherencia, incluso -por qué no decirlo- un aura de honestidad y también de eficacia.
¿Hay algo más eficaz que ser honesto?

Dicho esto salvaguardando un saludable relativismo y una escéptica distancia sobre lo que signifique para cada cual honestidad y lo que signifique para cada cual eficacia.

Por ejemplo, para mi es honesto y eficaz (debo estar ideologizado) no apoyar un gobierno corrupto del PP, que además pasa la factura de la crisis a sus víctimas.

Y ojo, que una cosa es ser independiente (cosa loable), o saber adaptarse a la realidad intentando mejorarla (nunca resignarse), y otra muy distinta es ser un trepa sin principios ni ideas que dirijan la acción.
Tanta ha sido la plasticidad de Valls, que tras ser instrumento de hierro de la política neoliberal más extrema, ahora en las últimas elecciones ha traicionado a su propio candidato socialista.
Si es que no lo ha vendido por treinta denarios.

¿A qué circunstancia reciente en el socialismo español nos recuerda esto?

En cualquier caso, tengo que hacérmelo mirar (digo, la protuberancia) en vista de que hoy los higienistas más expertos desaconsejan cualquier resto de grasa y sobre todo cualquier resto de ideología.
Que las ideas son tan malas para los cerebros postmodernos como el colesterol para las arterias antiguas.

Tomemos ejemplo de Manuel Valls, o de Luis Bárcenas, que no tienen ninguna. Idea.

En resumen y como síntesis: a Dios gracias aún hay descarriados que frente a la monoidea triunfante, frente al pensamiento único que todos los mercados predican (incluido el de esclavos), piensan que no es tanta perversión tener ideología, y mucho menos si esa ideología se basa en ideas.

Peores cosas hemos visto en los últimos años.

Recordando artículo: PSOE: Revolución-evolución-involución

http://www.clm24.es/opinion/lorenzo-sentenac-merchan/psoe-revolucion-evolucion-involucion/20130802194452018114.html

 

 

Mucha amnesia y un toque de hipocresía

0_       Zapatero y Botín reunidos en su banco, en Santander_

 

Todo aniversario es ocasión propicia para hacer eso que se llama “balance”, y ver de qué pie cojea el fiel de la balanza entre el triunfalismo desatado y la nostálgica congoja.
Es, digámoslo en menos palabras, un ejercicio de memoria, y ocasión para comprobar si como decía el poeta Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor en punto a ideales.

Aquí el Papa Francisco tiene su opinión propia, y ha venido a decirles a los mandatarios europeos, reunidos en ceremonia solemne, que el dinero y la codicia, madre de toda injusticia, les ha carcomido los ideales, si es que los tenían.

Yo esta escena vaticana de admonición, la enmarcaría con música del Carmina Burana de Carl Orff, y un grabado de la danza macabra de Holbein (el Joven), y personalmente opino que todo ello es un concierto para sordos, aunque les suene a música celestial.

Como ustedes saben, el Papa Francisco, gracias a Dios, ha salido humanista, ecologista, sin pelos en la lengua, y mucho más progresista que nuestros actuales socialdemócratas, cosa que no es difícil, visto donde han ido a parar los susodichos.
“El desarrollo no es el resultado de un conjunto de técnicas productivas, sino que abarca a todo el ser humano: la dignidad de su trabajo, condiciones de vida adecuadas, la posibilidad de acceder a la enseñanza y a los necesarios cuidados médicos”, ha dicho Francisco, para refrescarles un poco en la memoria los ideales de un pasado más moderno que el actual presente.

Si hemos de guiarnos por el gran número de declaraciones oficiales, discursos, y artículos de opinión de estos días en torno al 60 aniversario del Tratado de Roma, tan coincidentes todos ellos, podríamos pensar que Europa, de repente, ha recobrado la memoria, se ha curado de una amnesia fatal, y se dispone a acometer un giro radical en la dirección de su futuro, recuperando el aliento social que inspiró su origen, pero que fue tirado por la borda como trasto viejo con ocasión de la caída del muro de Berlín y el regreso de ideologías y actitudes políticas extremas, que creíamos periclitadas por decimonónicas y rancias.

Los privilegiados burócratas de Bruselas, parecen comprender ahora  -su ceguera ha sido pertinaz- que sin el acompañamiento de los ciudadanos no van a ninguna parte, y que no se va al futuro camino del pasado.

Sin embargo las ceremonias, los trajes oscuros, los golpes de pecho, las palabras huecas, la actitud atenta ante las admoniciones papales, no son prueba suficiente de que el enfermo ha curado, si no van acompañadas y refrendadas por los hechos. Y los hechos, de momento, no están en consonancia con los discursos, contraste que por sí sólo define a ese vicio tan elegante y a la vez tan anglosajón que llamamos hipocresía.

¿Es demasiado tarde? ¿Se ha adentrado Europa en exceso, por un camino equivocado, en un terreno que no le es propio? ¿Puede volver a orientarse y recuperar su ruta, su pulso, y su personalidad, o está herida de muerte?

Si ponemos en consonancia y en relación directa, esa amnesia social que ha padecido Europa todos estos años, con la dejación de funciones y el cambio de chaqueta del socialismo o la socialdemocracia europea (y también de los sindicatos), la duda está en si el enfermo puede recuperarse a partir de un estado tan deplorable y con todo en contra, visto que ese actor político hace aguas por todos los lados, arrastrado por el lastre de sus graves errores y la incompetencia de sus dirigentes, que son los que impusieron esos errores y señalaron el camino errado.

Visto con perspectiva histórica, el caso del PASOK es paradigmático y germinal, pero igualmente ilustrativo es el caso del PSOE.
Lo que llama la atención, en cuanto a la actitud de sus dirigentes de esos años, es la nula capacidad de autocrítica, a pesar del evidente fracaso de la deriva neoliberal que impusieron a sus partidos, llegando en esa falta de humildad a enmendar, mediante un golpe de fuerza de última hora, la intención correctora de los militantes, que -y esto es evidente-siempre han sido mucho más lúcidos y avisados que ellos.
Para que luego digan que los referéndums y la democracia interna son siempre perniciosos. Otro gallo les cantara si hubieran atendido a los militantes, que al menos ellos si han respirado el aire de la calle y no son producto de invernadero. Si es que los hay que nacen y hacen la primera comunión dentro del aparato, en condiciones anaerobias y con luz artificial.

El “aparato” del PSOE promociona (con la ayuda de la derecha radical y de RTVE, que es una máquina de propaganda política) la versión interesada y claramente sesgada de que los males y fracasos del PSOE comienzan con Pedro Sánchez.
Si en este país todos estuviéramos ciegos, tontos, y amnésicos, quizás podrían vendernos esa moto, pero no es el caso.
En cuanto al sesgo hipertrófico y partidista de RTVE, ese medio público, no constituye ninguna sorpresa. Es lo que suele ocurrir cuando ciertos “liberales liberticidas”, se hacen con las riendas del Estado, y tras la caída de su máscara muestran su verdadero rostro totalitario. Ya ocurrió en Castilla-La Mancha.
“El pasado 15 de febrero, miembros de los Consejos de informativos de la radio y televisión pública entregaron en el Congreso 2.225 firmas para que RTVE deje de estar al servicio del Gobierno” (El País). “Es la mayor firma colectiva de profesionales del grupo estatal de su historia… “ (El País).

La historia del fracaso y el hundimiento del PSOE (y en ello siguen), es la historia de la  imposición, por parte de un aparato endogámico y omnipotente, de los candidatos equivocados (aquellos que contaban con el respaldo de los poderes facticos), y que no eran la opción preferida o elegida por los militantes.
Hablo de Almunia, de Rubalcaba, de Susana Díaz.

Dejo como tema de reflexión y estudio –ya que hablamos de endogamias y ambientes cerrados-, la comparación del nepotismo partidocrático español (empezando por Alfonso Guerra y su hermano, por ejemplo, y siguiendo por el Tribunal de cuentas), con el nepotismo partidocrático francés, tan prolífico y tan en boga estos días. Podría incluso calificarse de un estudio de “genética política”.
Y ya puestos dejo también en el aire una reflexión sobre esa extraña aventura, según la cual una Gran Bretaña siempre incrédula con Europa y a la contra de su inspiración social, nos contagió primero el virus de su radicalismo thatcheriano, para luego salir por piernas y a toda prisa, una vez comprobado que el resultado de ese contagio se parecía mucho a una catástrofe.
Tirar la piedra y esconder la mano, como si dijéramos.

Si el giro social que ahora se pretende en Europa es sincero ¿Quién lo defenderá? ¿Quién lo llevará a cabo?

Desde luego dirigentes como Juncker (implicado en casos de corrupción), o Dijsselbloem, el burócrata lenguaraz y xenófobo, o Rajoy, cabeza visible de un partido archicorrupto, o Merkel, la que manda en esta extraña democracia-plutocracia, o Susana Díaz, que dirige -nacida desde dentro-  la Comunidad de los ERES, y patrocina el deterioro de la sanidad, entre otros servicios públicos, NO.

¿Puede venir el progreso de los que impulsaron y protagonizaron la involución?
Claro que no. O al menos yo no me lo creo.
No es sólo que sean los impulsores de esa involución negativa, es que son los actores de la corrupción positiva que la ha acompañado y que está en su origen.

Pero la amnesia es fértil en espejismos. Y además, está muy bien financiada.
No necesita “crowdfunding”.

Desde luego es que es para nota y muy cómico esto de que echen pestes del crowdfunding (de Pedro Sánchez), los que siempre fueron -y son- la voz de su amo.
Aquellos que alentaron amnistías fiscales y protegieron a cara de perro a sus banqueros de cabecera, corruptos unos y otros.

POSDATA:

Discurso completo del Papa Francisco a los líderes de la Unión Europea http://www.romereports.com/2017/03/24/discurso-del-papa-francisco-a-los-lideres-de-la-union-europea

Trabajadores de RTVE exigen al Congreso que vele por el pluralismo http://politica.elpais.com/politica/2017/02/16/actualidad/1487244182_439161.html

FAMILIAS EN EL ÓRGANO FISCALIZADOR DEL ESTADO Los lazos de parentesco en el Tribunal de Cuentas alcanzan a 100 empleados /http://politica.elpais.com/politica/2014/06/23/actualidad/1403548994_107851.html

 

El modelo

Que el modelo de referencia, la unidad de medida, y el patrón de patrones hoy para Occidente sea China, un régimen de capitalismo autoritario, ya nos indica por dónde van los tiros, por donde sopla el viento de nuestro inquietante futuro, y nos da la clave para interpretar las sorpresas y paradojas de nuestro presente confuso.

Los campeones de la libertad occidental, no sólo se llevan bien con el modelo chino, sino que intentan imitarlo, hacerlo suyo, competir con él. Es esta, obviamente, una competición por peón interpuesto y a la baja, sobre todo de derechos y salarios, o más exactamente, se intenta que los ciudadanos-siervos del Occidente libre compitan y sean competitivos con relación al modelo de referencia: los maltratados y competitivos siervos chinos.

En otros momentos de la historia, para evitar este tipo de dinámicas cuya base es el chantaje (siempre habrá algún siervo más esclavo y menos libre), los oprimidos y estafados se organizaban a nivel internacional, y hacían valer su derecho y el beneficio de muchos, sobre el privilegio y la imposición de pocos. La democracia frente a la plutocracia. Era un contagio y globalización de derechos, basado en el humanismo y la solidaridad. Hoy ocurre al revés.
Hoy este tipo de respuesta coordinada y necesaria, internacionalista y “global”, ha sido atomizada, disuelta, controlada, y cada cual se encuentra sólo y aislado frente a su propia circunstancia y opresión. Como mucho, y desde un pánico irracional e inoperante, el oprimido se hace nacionalista, egoísta en su miseria, xenófobo, racista. Ya ocurrió en otros momentos oscuros de nuestra historia.

Se ha globalizado la opresión, y también el aislamiento frente a esa opresión, pero ahora en un contexto de comunicaciones globales. Una auténtica paradoja. Si es cierto que el confort aísla, el esclavo seguirá aislado en su alienante y decreciente confort hasta el último momento.

En realidad, en los barrios periféricos de Europa (Grecia, España…), ya funciona a pleno rendimiento el modelo chino. Un modelo de capitalismo autoritario, donde los países fuertes (ejemplo de Alemania) ya imponen su lógica mercantil y capitalista, la lógica de su propio beneficio, a otros países antaño libres y soberanos. Un modelo donde lo primero es el capitalismo y el beneficio creciente de la Nomenklatura occidental-oriental (ahí está la desigualdad en su espectacular incremento), y lo secundario y prescindible es la democracia, la libertad, o el interés general.

De hecho en Grecia, la democracia, y por tanto la libertad, fue proscrita por orden del dinero, sin que los campeones de la libertad se rasgaran por ello las vestiduras. Dijsselbloem, el socialdemócrata holandés que puso cara a aquel episodio vergonzante, hoy pertenece a un partido que como resultado de las últimas elecciones, es un cero a la izquierda en la política de su país, confirmando una tendencia general de todo el socialismo europeo (un socialismo a la violeta), que se inició precisamente con el PASOK, y ha seguido pasando factura a cada uno de los “socialismos” neoliberales y corruptos que, en connivencia con la derecha radical, han ayudado a afianzar la involución.
Lo he escrito otras veces: ¿Para qué se va a necesitar en Europa un neoliberalismo que se dice (para ganar votos) socialista, progresista y de izquierdas, cuando ya hay un neoliberalismo que, sin tanto disfraz, implementa un programa de derecha radical?

Como era de esperar, la socialdemocracia holandesa se ha hundido de 38 a 9 escaños. Ese es el premio por colaborar con el neoliberalismo rapaz. Los verdes suben de 4 a 14 escaños. He ahí una luz de esperanza.

Si comparamos la actitud condescendiente que hoy se tiene hacia China y su modelo autoritario, con la beligerancia manifestada en otros casos más fáciles, deberemos dudar bastante de la coherencia, la valentía, o la honestidad intelectual de algunos de nuestros guías espirituales.

Este buen rollo que nuestros campeones de la libertad mantienen hacia el régimen liberticida chino, es el mismo buen rollo que mantienen hacia los paraísos fiscales. Que al final es el polo magnético donde suelen coincidir y encontrar su patria común todos los enemigos de la democracia, desde dictadores en retirada post saqueo, hasta liberales embozados.

Si bien la democracia “liberal” (a Miguel Delibes le disgustaban este tipo de apellidos superfluos añadidos al concepto básico) debe considerarse situada en el ámbito de la democracia occidental, la democracia “ultraliberal o neoliberal” (démosle este nombre) está más cerca del modelo asiático, pues en última instancia, la ausencia de reglas que proclama y predica conduce a la ley del más fuerte, o del más tramposo, según los casos, simultánea o alternativamente.

En el primer supuesto (la ley del más fuerte) la fuerza y el privilegio del dinero supera con mucho a la fuerza y el derecho de los votos. Y en el segundo caso, la ausencia de reglas premia la trampa, que no el mérito.
Algo que tiene muy poco que ver con la libertad, con la justicia, o con la democracia, que al menos durante un periodo de nuestra historia han definido a Occidente.

Toda ortodoxia aspirante a burbuja totalitaria ha de tener su heterodoxia contraria y enemigo útil, además de un vocabulario flexible y elástico que permita enmascarar bajo conceptos novedosos o traídos por los pelos, los hechos reales que subyacen.

Por unas u otras razones, hoy ese papel lo cumple el “populismo”, un cajón de sastre que nos permite presentar como irracional y absurdo  lo que en el fondo tiene su causa reconocible y razón de ser, o incluso ha sido un producto necesario y predecible del sistema.
Es más fácil hoy (y menos alarmante) denominar populismo lo que siempre se ha llamado fascismo (nacionalismo, xenofobia, racismo), en un contexto donde causa y efecto, semilla y fruto, pueden espabilarnos la memoria, y recordarnos otras etapas históricas en las que esa forma de barbarie política (hablo del fascismo) procedía directamente de los excesos, las incoherencias, y los fracasos del sistema capitalista.

Al optar por un nombre nuevo, el sistema cree poder evitar todo tipo de responsabilidad sobre su vástago legítimo. Impresentable, pero legítimo.
No es absurdo que el paradigma del “sistema”, USA y Gran Bretaña, sean hoy el paradigma del “populismo”, con Trump y el Brexit. Tiene toda su lógica.

En un artículo reciente, Vargas Llosa describía así algunos de los rasgos del populismo:
“Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas”.

Si no nos hubiera declarado previamente el nombre del retratado (y el retratado, dice, es el populismo),  podríamos pensar que Vargas Llosa estaba hablando del PP autoindultado y triunfante del momento presente, o del PSOE de sus mejores tiempos, es decir del PSOE de sus tiempos más corruptos y demagógicos. O incluso del partido comisionista y corrupto de Jordi Pujol, al que tanto defendía y protegía Felipe González.

Parece que cuesta calificar simplemente como mafias criminales, los abortos germinados al calor de aquel alabado y publicitado fin de la historia.
Frente a la China milenaria y amante de la poesía, frente a la Rusia literaria y espiritual, hoy se levantan triunfantes las mafias criminales de la barbarie capitalista.

Quiere uno pensar que este tipo de trampas ideológicas, acabarán desprovistas de todo disfraz en la cuneta de la marginalidad política, y arrinconadas una vez más en el pasado del que quieren volver.
Y quiere uno esperar que la solidaridad civilizada y los derechos humanos, junto a la urgente ecología, serán los principios que rijan el mundo del futuro.

El experimento

 

“La economía ha mejorado”, pero… “La pobreza ha aumentado”. Dice ahora la OCDE en relación a nuestro extraño país.

He ahí el exótico oxímoron que escupe, indefectiblemente, el experimento de marras, allí donde se aplica.
En nuestro caso, como en otros previos, las profecías -esotéricas- de tan paradójica fe (pseudociencia o falsa religión) se han cumplido. Y digo esotéricas porque esos objetivos ahora logrados no son los que abiertamente se proclaman: la desigualdad como finalidad, y no a través del mérito sino a través de la trampa.
No en vano, el neoliberalismo es el populismo de las elites que veranean en paraísos fiscales y roban al por mayor.

Obviamente, en la ecuación con que se inicia este artículo, la segunda afirmación convierte en absurda la primera, pero es que el absurdo es la materia prima de la que está hecha la fe de estos nuevos fanáticos.

Frente a una media de pobreza infantil en Europa del 13,3%, la nuestra es del 23,4%.
Ya se sabe que en todas las formas de creencias irracionales, hay catecúmenos que sobresalen por su extremismo, y a la hora de seguir con fe de carbonero cualquier catecismo, siempre hemos sido de los monaguillos más aplicados y repipis.
Hacia la virtud propia a través de la penitencia ajena. He ahí el principio hiperbóreo que rige la conducta de nuestros mandamases.

Rajoy es capaz de torear todos los toros de la austeridad que se le pongan por delante, desde la barrera y sin soltar el Marca. En diferido y por delegación. Todo un logro.

En un documental que vi recientemente, ponían a España como ejemplo (junto a otros países desgraciados y desprotegidos de la tierra, pero en este caso ya en Europa), de conejillo de Indias de un gran experimento antisocial: el del neoliberalismo desatado.
Un artefacto intelectual que, más que con la libertad, tiene que ver con el vacío de reglas que facilita el fraude.

En otros países fuera de Europa, fue necesaria la fuerza bruta de una dictadura militar para que los técnicos de la escuela de Chicago ensayaran, sin interferencias populistas ni molestias populares, sus técnicas inhumanas.

Aquí no fue necesario. Bastó con comprar -en el momento propicio y a precio de saldo- al poder político en sus dos gamas de color: el rojo desvaído y el azul intenso, para que las probetas iniciarán sus experimentos contingentes y falibles.

Hoy comprobamos que los experimentos -vistos a través de una mampara- nunca se sabe por dónde pueden salir, y las mutaciones imprevistas y los monstruos frecuentes, más que la excepción constituyen la regla.

Cuando mis padres hicieron su primer (y último) cambio de domicilio -éramos nosotros aún unos niños-, nuestra nueva casa resultó estar situada en las afueras de la ciudad, y enfrente de nuestro bloque de viviendas había una zona de antiguos chalets de veraneo, ya en decadencia, y un laboratorio abandonado y ya en ruinas.

En torno a unos y otro crecía una vegetación desmadrada, sin control, salvaje y lujuriosa, como la que luego se ha visto crecer en el área antes habitada y hoy abandonada y radiactiva de Chernóbil.
Y entre esa maleza de verde intenso, en la que de vez en cuando brillaba el cristal de una probeta abandonada, correteaban cobayas gigantes y multicolores, que hasta hacia poco no habían conocido más compañía que la que proporciona la estrechez de las jaulas experimentales.

Aparentemente aquella selva libre tenía el aspecto saludable de un paraíso, pero en el fondo hasta los niños -con nuestro sexto sentido- detectábamos un aspecto triste de enfermedad, y también de peligro. Aquellas probetas y aquellas cobayas, no eran una combinación muy natural.

Tras la huida de la gente (algunos contaminados inexorablemente con las semillas de la muerte), a Chernóbil fueron llegando los científicos atraídos por el estudio de ese experimento a gran escala: el de la coexistencia de una Naturaleza aún viva, con un veneno radiactivo que en algunos casos va a durar 24.000 años.
Es este un estudio que podría hacerse a escala global, ya que la nube radiactiva de Chernóbil, con sus isotopos venenosos y casi eternos, se extendió por toda Europa y más allá de sus límites.
Esos isótopos son agentes de contaminación y muerte, pero a la vez ellos mismos son -vistos a una escala humana- casi inmortales. Una prueba viva y mortal de que la actual civilización humana no sabe manejar las consecuencias de sus actos.

Armados con sus contadores Geiger, capturando ratones radiactivos, y estudiando todo tipo de muestras y rarezas de “La zona”, describiendo las mutaciones extrañas de las golondrinas de colas asimétricas y papada albina, los científicos empezaron a moverse por los grandes espacios abandonados, por los campos de cultivo invadidos ahora por bosques frondosos (algunos de ellos de un extraño color rojo), entre la chatarra oxidada y contaminada del progreso, entre las ruinas de edificios soviéticos y casas abandonadas apresuradamente por sus habitantes, donde los cuadernos infantiles con canciones patrióticas sirven hoy de abono a los hongos radiactivos, y donde las cuencas vacías de las muñecas sin ojos, sirven de refugio a arañas luminiscentes.

Y observaron un extraño fenómeno:
La Naturaleza, con sus plantas, con sus lobos, osos, y alces, comenzó a adueñarse de ese espacio tóxico y vacío. Los jabalíes corrían por las calles asfaltadas de la ciudad fantasma; los ciervos se asomaban a la calle a través de la ventana de un tercer piso, y desde el interior de un cuarto de estar, donde se pudría una biblioteca enmohecida, contemplaban con curiosidad la escena; los troncos empujados por su raíz rompían primero los suelos y después, subiendo por el hueco de la escalera, atravesaban los altos techos de los edificios, en busca del cielo y la luz, de tal manera que la Naturaleza parecía no sólo sobrevivir, sino adaptarse y progresar.

Para explicarse este misterio de una vida prolífica entre los efluvios de la muerte, algunos científicos concluyeron que junto al factor agresivo del veneno radiactivo, estaba el factor saludable de la ausencia humana (ese otro veneno), y de esa confrontación, quizás debido a la mayor toxicidad de este último veneno, la Naturaleza salía aparentemente triunfante.

En las viejas películas de la época (1986), rodadas en los primeros momentos tras el accidente, se observa a algunos operarios militares protegidos hasta las cejas y con mascarilla, como protagonistas de una película de ciencia ficción hecha realidad de repente, que se pasean tranquilamente por las calles de la  ciudad y se cruzan con los ciudadanos que no han sido informados aún de la catástrofe, los cuales ignorantes del veneno invisible que están respirando, siguen haciendo su vida normal, aunque algunos se paran a mirar intrigados a esos viandantes ataviados de tal guisa: las madres pasean con sus cochecitos a sus bebés en un día soleado de primavera, los niños juegan a la pelota inocentemente, o se columpian, o juegan con la tierra con sus palas y cubos de juguete (muchos morirán más tarde o padecerán cáncer de tiroides), y vemos como en la cinta que graba esa escena siniestra, los fogonazos luminosos de la radiactividad dejan impresa en la película la huella de la muerte que flota en el ambiente, inodora, incolora, inaudible. Como si los ángeles del Apocalipsis hubieran rozado con sus alas el instante inmortalizado de la muerte.

A nadie se le oculta que el experimento neoliberal está guiado por una nostalgia de la selva. Para su triunfo estorban los seres humanos. O al menos muchos de ellos.
El final de la Historia que persiguen, se parecerá, sin duda, a “La zona” que describe la inquietante película de Tarkovsky.

El siglo XXI será ecológico y solidario o no será.

El gobierno de Felipe González ocultó sus pactos con la dictadura argentina

El gobierno de Felipe González ocultó sus pactos con la dictadura argentina

http://www.publico.es/espana/gobierno-felipe-gonzalez-oculto-pactos.html

 

https://www.emaze.com/@ALCZIWRI/la-dictadura-militarc

 

Lluvia radiactiva

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Lástima que hayamos perdido el sentido crítico, y que a estas alturas del fin de la historia nos conformemos con mitos y cavernas.

Quizás sea una forma de unir el fin con el principio, la infancia con la vejez, y de confundir –una vez más- el regreso con el progreso. Lee el resto de esta entrada

Blanca y del Sur

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La marea blanca hoy arrecia desde el sur, contradiciendo con su viveza y vigor el rigor invernal.

Quizás allí abajo pasan menos frío y los ciudadanos reivindicativos no están aún “hibernados”.

Nos recuerdan tiempos no tan lejanos en que esas mareas bullían por las calles de toda España, aún con fe y esperanza de sacudirse la pesadilla de encima, un último fulgor antes del coma profundo.

Pero ¿quién sabe?
Quizás ese último resto de vida sea contagioso y resucite al muerto entero. O eso, o la primavera. Una primavera parecida a la de Praga, por ejemplo, eso es lo que necesitamos.

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