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Desintegración

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Cuando se persigue a las Humanidades (y a la Humanidad) a mayor gloria de la tecnocracia (fabricar esclavos como bielas en serie), se acaba por desconocer hasta el principio de causalidad, que por cierto, es muy útil para el pensamiento racional y la acción empírica.

Por eso, escuchar a uno de nuestros jefes (Draghi, hoy en El País) decir que “la integración europea se ha frenado por culpa de los populismos”, es deprimente en cuanto burla grosera y casi cínica de los silogismos básicos que aprendíamos en el Instituto.

Desconozco si existe una “academia europea del doble lenguaje” donde se fabrican las mentiras oficiales y se diseñan las palabras que les son más útiles, pero lo cierto es que parece funcionar un cierto consenso en las alturas del poder cuando se trata de intoxicar. Una especie de “gran coalición” lingüística que tiene por misión fijar, distraer, y emborronar la lengua para que no prospere el pensamiento.

En un mundo inmóvil en su fe, congelado tal y como lo veía Parménides, donde la vida es una simple caricatura rígida proyectada al fondo de la caverna, da igual que los caballos tiren del carro o al revés, porque la dirección del tiempo, y la relación entre las causas y los efectos, las deciden los que mandan e imparten doctrina.
Muy distintas son las cosas en un mundo de verdad, tal y como lo veía Heráclito, donde la Historia nunca se detiene, y hasta las cosas quietas se desgastan.

Pareciera como si allí arriba se viviera el tiempo frígido de la impostura, y aquí abajo el tiempo humano de la erosión.

En cualquier caso, en el mundo sublunar que nos ha tocado en suerte habitar, son los caballos los que tiran del carro, y no al revés.
Es la desintegración de la sociedad la que produce desesperación y populismo, y no el populismo el que produce la desintegración.
Como no sea que todo se enlace en un círculo vicioso, siempre acelerado hacia su propia ruina, que tiene su origen en la extraña creencia de que la integración social -cuyos mecanismos son el Estado y la democracia- sobra y es prescindible.

Tristemente, los que denuncian la desintegración y la ruina de los “valores europeos” (Draghi dixit), son los que las han impulsado y llevado a cabo.

Ahora bien, por mucho que apretemos el corsé de la doctrina, los hechos acaban reventando las costuras. Dice Draghi: “Una de las razones principales de la crisis financiera fue la desregulación ciega que tuvo lugar en los primeros años de este siglo y los últimos de la década de los 90. Eso llevó a la creación de los activos tóxicos, a la opacidad de los mercados, a los excesos que provocaron la crisis financiera mundial y la recesión”.

Algo es algo. Y no es poca cosa reconocer que la “crisis” fue una “estafa”. Aunque no sirve de mucho consuelo saber que los pilotos de la nave que nos lleva, están “ciegos”, y que esa ceguera es de la peor especie: una ceguera hija de la fe. ¡Y en Europa!

Casi, de fe a fe, no ha hecho falta ni cambiar de monaguillos.

Y es que cuando los intereses más turbios priman sobre los silogismos más claros, todo (incluido el mundo real) se desintegra.

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“También en nuestros días podría sonar paradójica y discordante, entre el administrado horror con que se manipulan nuestros ojos y nuestros oídos, esa dulce terminología de derechos humanos, cuando, en el suelo desde el que brotan tales expresiones, se sepulta, de nuevo, al hombre y su justicia” (EMILIO LLEDÓ / El Epicureísmo).

Había un problema de fondo, un obstáculo que salvar: en algunas partes del mundo, a los hombres se les podía esclavizar y pisotear los derechos, en otras no.
Derribar ese obstáculo, ese muro, mediante la globalización en marcha, mediante una única norma y un único gobierno, podía hacerse de dos formas: que el muro cayera conquistando libertades y derechos (del otro lado), o al revés, aplastándolos (de este).
Igualando a las personas en las conquistas y libertades, o igualándolas en las servidumbres y las pérdidas.
Habiendo podido optar por lo primero, se prefirió lo segundo. Nadie podrá negar, a la vista de los hechos, que nuestras pérdidas -de derechos- no han hecho sino crecer, y que nuestra servidumbre ha ido en aumento.
¿Por qué? Lee el resto de esta entrada

No me iré de aquí sin tu cabeza

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“No me iré de aquí sin tu cabeza” dicen que dijo Susana la costurera a Pedro el Bautista, la noche de los cuchillos largos.

Y efectivamente, se fue de Ferraz con la cabeza del Bautista debajo del brazo, y sin la suya propia sobre los hombros.

Coser lo que se dice coser, no ha cosido mucho, pero vaya degollina.

Subamos de nivel, que a mí la violencia, aunque sea orgánica, me causa repelús. Lee el resto de esta entrada

Golpe de mano pensado con los pies

Es lógico que tengamos un cierto respeto a los políticos veteranos (como a los de cualquier otro oficio) porque los creemos sabios y astutos, sobre todo esto último. Han visto mucha historia y mucha sangre. Además han sobrevivido, mientras que otros (a los que quizás ellos han enterrado) no.

Esto de sobrevivir da mucho prestigio, porque nos remite a Darwin y a la ley de la selva, y en definitiva al Caín primate que llevamos dentro y aún sin reciclar.
Así que el sobreviviente tiene no sólo mucho mérito, sino también mucho peligro.

¡Cuídate de los idus de marzo!
Y de los sobrevivientes.

Esto es así por ley natural, pero toda fe ciega peca de ilusa, y no toda fama está plenamente justificada, además de que toda fama tiene su parte de artificial y retórica, se deteriora con el uso, y sobre todo con el mal uso.

Como casi todo en este mundo.

El saber retirarse a tiempo es arte que casi nadie domina, salvo los que desde el principio vivieron retirados, como predicaba Fray Luis de León en su huerto de La Flecha, del monte en la ladera, ni envidiado ni envidioso.

¡Pero qué distinto es el mundo!

El poder, sobre todo si es giratorio, de va y viene, a veces se pega entre los dedos como un chicle, y marea tanto como un tiovivo, cuando no nubla hasta las mentes más despiertas y privilegiadas, que acaban por no distinguir el yo del superyó, la realidad de la fama, la forma del fondo, los medios del fin, expresado esto en términos freudianos de autoengaño y en términos maquiavélicos de estrategia política.

Es entonces cuando el Ello, libre de todo tipo de prudencias y trabas, toma la voz cantante y empieza a desafinar.

Así como en otros oficios la veteranía incrementa, por lo general, los méritos y las habilidades, no siempre ocurre esto en la política, donde se dan casos (y no son pocos) en que el paso del tiempo y el continuo roce con el poder y sus cloacas, el halago fácil y el servilismo mendaz de los satélites, estropean mucho.

Cuando en el balance final, los destrozos actuales empiezan a pesar más que los logros pasados, hasta esos logros pasados empiezan a mirarse con lupa, y bajo una nueva luz: la del presente a la vista de todos.

Porque pudiera ser que aquellos logros, más que fruto del genio individual y el designio mesiánico, fueran el resultado del momento y del esfuerzo colectivo, que sin embargo no tiene nombre ni recibe recompensa. Ni siquiera en forma de puerta giratoria.

Quizás los héroes no sean tan héroes, ni los genios tan genios, ni los villanos tan villanos. Todo despotismo ilustrado peca, en cualquier caso, de excesiva prepotencia, madre de todas las desgracias y ruindades. Y todo culto a los héroes peca de infantilismo mamado en los comics.

Ahora bien, cuando nos da por pensar que nuestro criterio vale más (no sólo subjetivamente sino ejecutiva y políticamente) que el de la mayoría de nuestros prójimos expresado con libertad, hemos iniciado un camino de no retorno, en el que sin duda no debimos adentrarnos.

A partir de ahí, ya no nos importará recortar dignidades humanas, según la escala social y el vano dictamen de la fama.

En cuanto a los héroes de los idus de este marzo de otoño:
Si lo que querían era aumentar las opciones de gobierno de Rajoy, y fortalecer las opciones de la política austericida que ordena y ordeña Merkel, lo han conseguido.

Si lo que querían era acallar a los militantes y maniatar su voluntad, dar por bueno lo que en esencia es impresentable, lo han intentado, pero no lo han conseguido.

Aparte de eso ¿han conseguido algo bueno?

A este paso voy a acabar creyéndome que González es un agente de la TIA (Merkel), y no quería llegar a tanto. Más que nada por higiene mental.

Padres patrones

Inanes e imberbes, los ciudadanos adultos de nuestro país, hasta cuando peinan canas están sujetos al dictamen y permiso de los padres de la patria, tal que -por ejemplo- un incombustible e insaciable Felipe González.

Cualquiera comprende que con esta especie de eterna adolescencia, una democracia nunca pueda alcanzar la mayoría de edad, ni ingresar por mérito propio en la edad adulta.

Al menos a mí, siempre me sorprendió que tras prolongadas décadas de corrupción y cotarro, nuestra democracia siguiera recibiendo, impertérrita, el calificativo de “joven”, que es como si a un varón talludito al que se le ha pasado el arroz, y que ha conocido mil y una miserias, le siguieran llamando “Pepito”. Sobre todo las tías-abuelas.

Y lo más penoso de este caso es que a ese “Pepito” se le paseaba -cual monstruo de feria- por medio mundo, como botón y muestra de la más preclara y excelsa madurez.

Y el motivo debía ser este: debido a oscuras genealogías y viejas taras congénitas, nunca se considerará a nuestra democracia capaz de valerse por sí misma. Siempre necesitará de una libertad vigilada bajo el tutelaje de los dueños de la patria. O sea, de los padres patrones.

Sostiene ahora el Padre que el hijo le ha defraudado, porque no ha seguido el guion (o las órdenes).

¿Y cuál era el guion?
Pues prolongar y estirar la farsa para hacerla creíble.
Una forma como otra cualquiera de tomar el pelo al personal, y de paso hacerle perder el tiempo, que para eso le sobra, estando la mitad en paro.

Que los votantes, o incluso los militantes, se sientan engañados y estafados, no importa. Eso importaría en una democracia. Lo que importa aquí es que el patrón se siente defraudado en el cumplimiento de sus órdenes. Y lo hace saber con un ordeno y mando, y agitando la vara en la derecha mano.

Se queja el Padre también de que el hijo “dijo que iba a hacer una cosa y luego fue otra”, cosa que a él nunca le ha ocurrido (ya era perro viejo cuando joven), ni siquiera con el ambiguo asunto de la OTAN.

Experto en farsas de varios actos, con entremeses y postre, domina el escenario como ninguno, y sabe de lo que habla cuando dice ¡Ya!

Siervo de sus dueños y patrón de sus esclavos, su sentencia va a misa.
Donde hay patrón no mandan militantes, y donde hay padres de la patria no mandan ciudadanos.

¡Qué país!

Ethos y Pathos

Al final hay que concluir que el problema de España no es político, ni territorial, ni de mística identidad incomprensible, ni de inefable destino en lo universal, ni de enigma histórico, sino ético.
A pesar de ser abanderados de la fe, y cruzados de la ortodoxia (cualquier ortodoxia nos viene bien, la que se tercie; ahora lo somos, porque así cuadra, de la ortodoxia neoliberal y austericida), eso no oculta el problema esencial: tenemos un problema moral como la copa de un pino.

¿Ustedes se imaginan este país sin corruptos?
¿Dónde podríamos estar ahora si no se hubiera robado tanto dinero público y durante tanto tiempo?
Hagan cuentas y echen a volar la imaginación. Crean, por un momento, en un destino mejor.
Quizás nuestros jóvenes no tendrían que emigrar. Quizás tendríamos dinero para nuestra sanidad, nuestra educación, y nuestras pensiones. Bastaría no robar tanto para poder dar una vida más digna a nuestros dependientes.

Porque además, a este nivel al que nos referimos, no se roba por necesidad, se roba para el lucro y el exceso. Y además se roba a lo grande, en cantidades industriales, mediante cifras que al ciudadano medio causan vértigo.

Rajoy, al que le interesa mucho mirar para otro lado y quitar hierro al asunto, echa balones fuera diciendo que la corrupción está en la condición humana (ayer mismo se lo volví a escuchar, intentando explicar, así, su impotencia ante Rita Barbera, última etapa de una serie dilatada y flácida de impotencias). Esto le hace irrecuperable como político, porque pareciera que la condición humana va por barrios, y aquí en España (y sobre todo en su partido) más que condición humana es afición gozosa y perversa.

¿Cuántos aforados hay en Alemania?
¿No hay países en nuestro entorno donde un político dimite por copiar una tesis doctoral?

Así que esta corrupción que nos hunde, no es una corrupción a salto de mata. Es una corrupción organizada, planificada, gregaria, corporativa, tejida de complicidades y silencios, donde la condición humana no ha sido víctima de un arranque pasional, sino que se ha tomado su tiempo en elaborar un plan, en diseñar un clima, en entronizar un régimen.

¿De dónde procede la impotencia de Rajoy ante tanto corrupto como le acompaña en su dudoso y sinuoso camino?
Háganse esta sencilla pregunta.
¿Por qué en esta materia tan triste vamos del PP al PSOE, y del PSOE al PP, y vuelta a empezar?
Sigan preguntándose mientras les quede un hilo de voz, un resto de aliento cívico.

Lo que de verdad nos devolvería y nos reconciliaría con la condición humana, sería pensar en los dependientes, en los enfermos, en los niños que se tienen que educar, en los ancianos que recorren su última etapa ya sin fuerzas, antes de meter la mano en la caja del dinero de todos. Esa caja que se llena con tanto esfuerzo y se vacía tan rápido cuando se roba a manos llenas.

No es este un tiempo en que debamos buscar pasar página a toda velocidad. Es este un tiempo en que debemos leer la lección con parsimonia y detenimiento: este régimen está acabado.

Este país necesita echar nuevas raíces, más sanas, y eso sólo puede hacerse desde las urnas, expulsando de las instituciones mediante el voto a los corruptos.

Buscando el rumbo

El PSOE de Pedro Sánchez, que anda un poco desorientado entre Escila y Caribdis, entre Susana y González, sirenas del mar engañoso, intenta como Ulises no escuchar sus cánticos y arribar entero a buen puerto con su baldada marinería, a ese mítica Ítaca socialista (o socialdemócrata a secas) que tanto tiempo hace dejaron varada en la orilla, tejiendo y destejiendo su aburrimiento y su triste espera.

Desde las altas cumbres, los ciclopes de un solo ojo y dos lenguas (si no más), le arrojan piedras traidoras en vez de rosas donosas, como barones felones agarrados como lapas a sus respectivos peñascos, y entre unos y otros se abren profundos acantilados y enfurecidas olas, que no oscurecen el desaforado griterío.

“A mitad del andar de nuestra vida / extraviado me vi por selva oscura / que la vía directa era perdida. / ¡Ay, cuánto referir es cosa dura / de esta selva lo espeso, agreste y fuerte, / de que aún conserva el pecho la pavura!”.

Y si toda duda hamletiana es digna y dramática en sí misma, y todo extraviado viajero es digno de consuelo y hospitalidad, también es cierto que se hace camino al andar y cada uno recorre su propia senda. Lee el resto de esta entrada

Técnicos, místicos, y aprovechados

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“Me da terror la idea de que cualquier día me convierta en estrictamente contemporáneo. Así, a lo tonto”

“Si un uno por ciento de los habitantes del mundo tiene el mismo capital que el resto de la población, este mundo es una mierda. ¿Cómo alguien puede defender esto y hablar peyorativamente de los antisistema? ¿Cómo no voy a ser antisistema? Por honradez, coño, por decencia. Me parece una obviedad”. (JOSÉ LUIS CUERDA / El País, 9-sep-2016).

 

Hablar de tecnócratas sin ideología es como hablar del sexo de los ángeles.

¿Pero alguien cree que puede haber ángeles -hechos a imagen y semejanza del hombre- que carezcan de sexo, aunque sea metafísico?

¿Y alguien cree que puede haber tecnócratas, por muy bien pagados que estén -o quizás por eso mismo- que carezcan de ideas muy concretas sobre sus propios intereses y los intereses de los que les contratan?

Lo que pasa es que la alergia que hoy produce la ideología y todo lo que huela a ideas, sobre todo si estas son contrarias al catecismo oficial –que también es ideológico-, unido a la mala prensa que arrastra la incurable manía de pensar y sacar conclusiones empíricas de los hechos que la realidad nos presenta (desigualdad creciente, corrupción generalizada, migraciones masivas a la desesperada y con el agua al cuello, catástrofe ecológica que nos mete de lleno en el antropoceno), se justifican y encajan mejor si nos dejamos llevar del hocico, en el consuelo de que nos guían tecnócratas que -como los ángeles- no tienen sexo ni intereses. Lee el resto de esta entrada

El candidato

Frankenstein

El candidato “viable” del PP, el candidato de consenso, de las derechas de derechas y de las izquierdas de derechas (al final todo queda en casa) sería sin duda Felipe González.

González sería el candidato ideal del dogma oficial, para salir de este marasmo inane que nos atenaza, rematando la faena de embalsamar, esta vez definitivamente, el socialismo residual y agónico (por socialismo entiéndase la tenue y desvirtuada sombra que suele llamarse socialdemocracia), y dar una nueva oportunidad de saqueo y triunfo a ese capitalismo radical y salvaje, desatado y sin control, para el que las pensiones son una golosina y la salud un negocio, y que el doctor Frankenstein (de los laboratorios Rubalcaba) quiere de nuevo resucitar y promover, para alegría de sus dueños. Lee el resto de esta entrada

Entre fundamentalistas y tramposos

El mundo sigue mostrando su rostro más postmoderno.

En USA se enfrentan la candidata de las trampas (trampas a su propio compañero de partido), Hillary Clinton, y el candidato de la barbarie, Donald Trump. En Francia los yihadistas degüellan párrocos, mientras el presidente del ejecutivo francés impone por decreto la barbarie laboral. En España la justicia procesa al PP, a su tesorera, a su abogado, y a un informático -unos mandados-, por encubrimiento y destrucción de pruebas (discos duros de Bárcenas), y en resumen, por intentar engañar a la justicia, mientras estamos a punto de investir como presidente de gobierno a su jefe supremo. Lee el resto de esta entrada

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