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Extinciones: todo se acelera

Niños del pico-zorro-zaina

Pienso a veces que la aceleración del tiempo puede ser ilustrada y demostrada por dos hechos igualmente deprimentes: el ritmo de extinción de las especies vivas, y el ritmo de extinción de los juegos infantiles. Si lo midiéramos por estos raseros, la velocidad de los tiempos que nos ha tocado vivir, la aceleración hacia el futuro, sería una deriva decadente y más bien triste.

Podría argumentarse que los juegos infantiles que van cayendo en el olvido, a veces por desaparición del escenario natural de los mismos, son sustituidos por otros nuevos fruto de un nuevo escenario. No lo se. No se si los niños salen hoy a la calle como salíamos antes, creo que no, o si salir a la calle de aquella manera de entonces determinaba que los niños aquellos fuéramos distintos, como moldeados en un ambiente que ya no existe.

Si que recuerdo que salíamos a la calle de forma bastante autónoma y liberal, sin padres ni carabina. Creo que ahora los niños pasan más tiempo en casa, y ya no se escucha tanto aquella admonición materna -que era casi una orden- de: “iros a la calle que me tenéis hasta el moño”.

La verdad es que antes se mandaba a los niños a la calle sin demasiadas angustias ni aprensiones. Incluso los mas pequeños empezaban pronto a patearla bajo la tutoría transitoria y fugaz de algún hermano mayor, que sin embargo también era un niño. Eran otros tiempos, no muy lejanos pero si bastantes distintos.

Lo cierto es que extinciones siempre ha habido, tanto de juegos infantiles como de especies vivientes, pero lo que debe preocuparnos es el ritmo de estas extinciones, es decir la velocidad que ha atrapado y arrastra a la sustancia de la vida. Este ritmo endiablado que todo lo domina y que nos tiene a todos sin sosiego ni asidero posible.

La vida es animada, si, pero una cosa es estar animado y otra muy distinta es estar fuera de si, desintegrándose. Y es que si no estamos integrados, alma y cuerpo, ser viviente y medio ecológico, vamos a la desintegración, es decir, al desastre.

Todo se ha acelerado.

Visité no hace mucho una exposición sobre Cervantes en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Allí, detrás de una vitrina, llamaron mi atención un par de peonzas de los tiempos del gran literato, con su cuerpo de madera y sus puntas de hierro oxidado, tan parecidas a las que yo usaba de niño que me sorprendió y casi diría que me emocionó. Recordé aquellas peonzas mías de pico “cigüeña”, de pico “garbanzo”, y las franjas de colores que les pintábamos para que fueran más vistosas. Al parecer los egipcios ya las pintaban. Pensé entonces que el tiempo en que los niños han jugado a la peonza se mide en siglos, desde un niño egipcio a un niño español de los años 60 y 70, y sin embargo hoy ¿se han extinguido? ¿cuántos niños se ven hoy en la calle jugando a la peonza?

La misma emoción o sorpresa puede experimentarse cuando se lee el Satiricón de Petronio (siglo I después de Cristo), y encuentra descrito en sus páginas el juego de “pico-zorro-zaina” que jugábamos en nuestra propia infancia. Creso se sube de un salto a la espalda de Gayo Trimalción, a modo de cabalgadura, y dándole golpes en la espalda al tiempo que extiende los dedos de una mano, le pregunta ¿cuántos hay?.

Hay un hecho notable que a poco que nos intrigue no nos debe dejar de preocupar: según investigaciones bien planteadas, asistimos en el momento presente a una extinción en masa de especies vivas en el planeta, que sería la sexta de su serie. Les recomiendo la lectura de “La sexta extinción”, un libro de Elisabeth Kolbert.

Lo especial de esta sexta extinción es que asistimos a ella no sólo como testigos (y sería la primera vez, ya que no fuimos testigos de las cinco precedentes, la última y más famosa de las cuales acabó con los dinosaurios), sino como autores y protagonistas, según opinión bien fundada que merece todo crédito.

Al respecto se plantean distintas posibilidades:

Que seamos solo testigos impotentes ante ella. Que seamos autores inconscientes o irresponsables de la misma. Que en esta gran matanza en curso sólo seamos verdugos, o que también seamos finalmente y de forma irremediable víctimas.

Víctimas y verdugos al mismo tiempo, poderosos y fatalmente frágiles en un mismo y quizás último acto.

Del antropocentrismo como ejercicio del narcisismo más ciego e insensato, hemos pasado casi por necesidad lógica y evolutiva a dar nombre a una era, el antropozeno, que da cuenta de nuestros desmanes e irresponsabilidad contra la realidad viva de la que formamos parte: el planeta y la vida que alberga.

Del humanismo renacentista y liberador hemos pasado al terrorismo ecológico vía capitalismo desregulado y salvaje, que sin embargo tiene tan buena prensa que lo llaman “libertad”. Queda más bonito sin duda con ese nombre, pero su efecto tóxico es igual de letal. Si no lo remediamos la Naturaleza acabará demostrándonos que tomarse determinadas “libertades” con ella no sale gratis.

También la antigua Unión Soviética ejercía el terrorismo ecológico a gran escala desde su planificación regulada. Pensemos en Chernóbil.

¿Que cabe concluir de todo esto, y del fracaso de modelos tan dispares, aparentemente opuestos, en el fondo gestionados por una misma idea del progreso, insensata, egoísta, mecanicista, e irresponsable?

Pues que vivimos sujetos a un paradigma infantil, del que es propio no tener conciencia de los límites.

En esta relación del hombre con su medio, Occidente era una cara de la moneda, y Oriente la opuesta. ¿Puede decirse ahora lo mismo?

Si por algo se trabaja hoy a gran escala en el planeta es por un modelo único de pensamiento, por un gobierno del mundo no solo en el plano político sino en el plano ideológico.

Hemos pasado de lo prometeico desatado y la razón liberadora, a lo primitivo fetichista. Hoy nuestros fetiches preferidos son El Progreso (con mayúsculas) y la Tecnología que todo lo puede. De este poder omnímodo que se le supone a la Tecnología se espera que nos salve en el último instante de nuestras aceleradas tropelías. Porque de alguna manera si somos conscientes de que no lo estamos haciendo demasiado bien y nos dirigimos a una especie de límite o de fin. Aunque sabemos que hay que corregir la trayectoria, no tenemos demasiada prisa en hacerlo, o sencillamente no sabemos cómo hacerlo.

Por lo pronto, y en base a la evidencia de que el futuro será ecológico o no será, cabe concluir que se necesita la creación de un nuevo humanismo que antes que nada sea adulto, y sepa y comprenda qué es el hombre y cuál es su relación con todos los demás seres vivos, y en general con el planeta.

Por ejemplo que sepa que si el hombre es un animal que respira, no es por inspiración divina sino gracias a un alga verde-azulada.

Que comprenda que el conocimiento de las múltiples dependencias y relaciones que mantiene con su entorno, no lo hacen más poderoso, sino más frágil y por ello más sabio. Que asuma que es parte de un todo orgánico del que no se puede independizar, y que debe conocer, respetar, y preservar.

Somos un animal frágil y a la vez potente, capaz de cambiar el clima y padecer ese cambio.

 

POSDATA: PLANETA TIERRA 2017 Documental Completo 2 Hs en Alta calidad 1080p

 

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Incertidumbre

“Argentina, desde su acuerdo con los detentadores de los llamados “fondos buitre” ha recuperado el crédito internacional y la desaparición del cepo ha devuelto a su moneda…etc., etc.”.

“Macri, en conferencia de prensa, explicando con claridad, sencillez y franqueza que desembalsar una economía paralizada por el constructivismo demagógico tiene un alto precio que no hay manera de evitar y que, sin ese saneamiento que es volver de la quimera a la realidad…etc., etc.”.  (Vargas Llosa, El País, 15 May 2016).

Nos han inculcado -despacio pero profundo- que si respiramos, como hacían antes los animales sanos, o si alzamos la mano para preguntar, como hacían antaño los griegos clásicos -que no paraban de hacer preguntas al mundo-, se puede generar incertidumbre en los mercados.

Convencidos estamos, a fuerza de adoctrinamiento, que los mercados son entes de salud delicada y enfermiza, para cuya comodidad no debemos escatimar esfuerzos, aunque nos duelan, y en los que cualquier amago de duda (punto de partida de todo pensamiento libre) puede desencadenar un constipado.
Y en ese sentido, lo que más los perjudica (más que una corriente) es que el personal se permita dudar, pensar, o imaginar más de una alternativa que no sea la que se contempla y permite con la venia de los amos. Es decir, que se plantee como hipótesis no desmesurada, ser libre y pensar distinto.

Los mercados necesitan de certidumbres, como los pueblos de religión y los rebaños de guías.
Más de la mitad de los españoles no entienden la factura de la luz, pero si expresan abiertamente sus dudas, al mercado se le puede relajar algún esfínter. Mejor no lo hagan.
O si lo hacen, diríjanse al ex ministro Soria cuando vuelva de Panamá.

Son estos tiempos, en que la única certidumbre cierta es la defunción confirmada de los derechos civiles, y con ella la del modelo Occidental. Y no sólo confirmada, sino bendecida.

Dado que los asiáticos son capaces de encajar mayores dosis de barbarie, y hemos de ser competitivos en barbarie, no podemos permitirnos el lujo de mantener el humanismo que inventaron los griegos.
Y junto a esta certidumbre, otra: la de que al planeta le estamos sacando de sus quicios. Aquí sería Epicuro el que les habría soltado una filípica ecologista y sensata a los teóricos del mercado y a los apóstoles del progreso y la explotación sin fin, que para decirlo de una vez, son unos auténticos orates. Entre otras cosas, porque ni les importa, ni entienden, ni creen en el futuro, que solo puede ser sostenible.

Ambas certidumbres, en comandita, no se sí dibujan un futuro halagüeño y deseable.
¿Los jóvenes y menos jóvenes deberían estar preocupados?
Creo que sí. Unos por la falta de perspectivas que no sean seguir avanzando en esa línea hacia el precipicio; y los otros porque ya la hucha de las pensiones se saquea, descaradamente, para parchear los expolios y pelotazos de los que nos representan (o eso dicen).

Una reciente encuesta desvela que el voto al PSOE (uno de los elementos fundamentales de la gran coalición, ese engranaje) ha envejecido, y aquellos que aún tienen esperanza instintiva -o biológica- en el futuro, prefieren otras opciones políticas.

Cuando ya no hay ideas de futuro y cambio, ni hambre para conquistarlos, es que se ha caído en la esclerosis y la polilla. Y sin embargo, esta ecuación cronológica no siempre es exacta. Hay muchos jóvenes rancios, y muchos ancianos jóvenes que han mantenido encendido el fuego de la esperanza y la lucha.
Sampedro, Saramago, Hessel, Anguita, y con ellos todos los abuelos -flauta- que acamparon junto a sus nietos el 15M. Me quito el sombrero.

El 15M ocurrió en primavera. Gracias a esa brisa fresca, hoy tenemos una ventanita abierta -aunque pequeña- al cogollo del sistema, y lo que vemos es pura y desalmada corrupción.

En política hay distintos grados de pérdida de la esperanza: la autoinculpación transferida e inducida por los que mandan, el mal llamado voto útil, y el convencimiento de la inutilidad del voto. Es decir, la certidumbre de la desesperanza. Y esa incertidumbre y depresión del ciudadano, le sienta muy bien al sistema, en cuanto que produce lo que mejor le engrasa: el miedo.

Tantos siglos cultivando la civilización para liberarnos del miedo, y ahora resulta que el desideratum es puro terror.

De ahí que el recurso ahora novedoso y desacostumbrado de solicitar frecuentemente el voto y la opinión del militante o ciudadano, sea un entrenamiento tonificante, un ejercicio saludable. Esos músculos que sostienen la dignidad y soberanía civil, estaban atrofiados. Ahora bien, no olvidemos que hay quien en política sigue al peor Platón, y prefiere no dejar en manos de la democracia lo que interesa hacer a la oligarquía. En función, claro está, de sus propios intereses.

Por principio categórico y catecúmeno del estatus quo, para evitar la incertidumbre de los mercados, el ciudadano medio (que ya no pertenece a la clase media) debe maximizar su condición servil, y renunciar a cualquier aspiración de cambio o soberanía. Debe encajar torturas que le rediman de sus pecados (por ejemplo: buscar comida en los contenedores). Debe militar en el conformismo y renunciar a la libertad y la esperanza que no se conjuguen con los requerimientos macroeconómicos del mercado. Y a pesar de esa buena disposición de muchos para encajar torturas que no se merecen y derivadas de culpas ajenas, ahora resulta que –después de tantos recortes- estamos peor que al principio, que debemos más dinero que nunca, y que los intereses de esta estafa que llaman deuda, nunca se acabarán de pagar. Lo cual implica que nuestra democracia, y por ende nuestra soberanía, ya no existen. Desaparecieron, como nuestro patrimonio, por los sumideros de los paraísos fiscales.

Los “seres” humanos hemos degenerado en “recursos” humanos, al servicio de engranajes inhumanos y –en nombre de la libertad- rígidamente  mecanicistas. A lo que más recuerda la rígida disciplina que el mercado aplica a sus víctimas (pero no a sus verdugos), es a la teología medieval: cielo para los que mandan, infierno para los demás, y purgatorio para los que no obedezcan. Hoy los filántropos más populares, populistas, y aplaudidos, intentan colocar sus fortunas en Panamá, detrás de una pantalla, como homenaje a la verdad y a la solidaridad con la Humanidad y el Planeta. Por supuesto, a estos panameños de los papeles, a estos paladines de la libertad, a estos filántropos de la evasión de impuestos (tal que un Macri, tal que una Kirchner, tal que los apólogos del primero), la corrupción y los derechos humanos en España, o en México, o las terribles torturas grabadas en video por las mismas fuerzas de “orden público” mejicanas que las perpetran, les importa un bledo, y ni alzarán la voz por ello estos “liberales a la violeta”, ni viajarán los expresidentes “socialistas”, porque lo que importa es el engranaje, y sobre todo la doctrina “sana” que lo mantiene. Y para eso hace falta “saneamiento”. Siempre estamos “saneando”, y siempre en el mismo sentido, y siempre con el mismo resultado. Quizás por eso nuestra democracia está cada vez más enferma y corrupta, y nosotros debemos cada vez más dinero. Sencillamente, nos están ordeñando.

No interesa a ese engranaje (mafioso) criticar el régimen de Méjico o el hambre en España, sino a todo el que ponga en duda el catecismo.

Hay quien concibe el egoísmo personal (sin desdeñar trampas y fraudes) como la flor más hermosa de la libertad y el motor de todos nuestros lujos y glorías. El Planeta nos unirá en el desengaño de esta falsa verdad.

Así como en la puerta de los campos de concentración podía leerse -paradójicamente- “el trabajo os hará libres”, en la puerta a este nuevo mundo libre se lee ya “la neolibertad de los mercados y la desregulación de sus delitos, os hará esclavos”.
O como decía Dante a la puerta del infierno: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.
Derechos sólo tienen los propietarios de los mercados, de la misma forma que en aquellos campos de la muerte sólo tenían derechos los guardianes y los fabricantes de jabón.

El buen salvaje

Es obvio que el mito rousseauniano del buen salvaje no goza hoy de mucho prestigio y se considera “anticuado” y fuera de lugar. Amortizado por la velocidad de los tiempos, no sale en las tertulias.

No es un mito “progresista”, como si lo es, por ejemplo, Margaret Thatcher (la amiguísima protectora de Pinochet) o incluso el “caos” neoliberal, verdaderamente libre y desatado, que hasta un Felipe González (que ayudó a desatarlo) ensalza como panacea de todos nuestros males y como única solución posible. No hay más que abrir los ojos para darse de bruces con esa falacia.

En esta ausencia de reglas, todo debería “crecer” como la espuma.
Y creciendo (sobre todo la fortuna de los menos escrupulosos), ya está todo dicho. No hay debate. El caso es crecer.
Cómo, de qué manera, y hacia dónde, no importa.
Y para ello ayuda mucho la ausencia de reglas y controles -que es la base de la ideología actual- y la velocidad que la sinrazón imprime a las “cosas” cuando el pensamiento no dirige los pasos.

A esto ayuda mucho la reducción del horizonte de ideas (una especie de efecto túnel). ¿Se han dado cuenta de que ya solo existe una ideología, la del mercado?

Por ejemplo, no podemos molestar a Volkswagen con pequeñeces, no sea que deje de fabricar coches que contaminan y estafan. Tampoco debemos extremar los controles de seguridad en los trenes de alta velocidad –en evitación de errores humanos-, no sea que no lleguemos a tiempo para la inauguración y la gloria política.
Y casi el mismo argumento vale para todas las demás actividades económicas o mercantiles (se incluye aquí la política de comisiones y mordidas).

Las reglas no son buenas para el crecimiento, y los controles (la verificación de lo que verdaderamente ocurre y sus consecuencias) pueden ralentizar su marcha triunfal.
Tampoco una excesiva democracia (que implica controles y trasparencia) es oportuna ni para la economía ni para la política, ni para la vida privilegiada de los políticos al uso.

Desde otro punto de vista, debemos crecer porque también crece el paro, y hay que dar ocupación a la gente.
Porque la gente también crece y se multiplica. Ad Infinitum. Casi como una plaga, pero se trata de una plaga buena para el negocio de hoy y el desastre de mañana. Es decir, no hay más cera que la que arde, y lo que tiene que crecer no es el crecimiento, sino el ocio creativo y la reflexión, y por supuesto  –es cuestión de vida o muerte- la responsabilidad con el planeta.
Nuestro crecimiento humano ya es inhumano, y lo que se impone es distribuir la riqueza, repartir el trabajo, aminorar la marcha, y aumentar el ocio, para ver si con tiempo y paciencia llegamos a comprendernos a nosotros mismos y el escenario que ocupamos.

Los críticos con la ideología oficial, quizás somos un poco torpes, y nos imaginamos el crecimiento (de forma poco académica) con características espacio-temporales, en un marco newtoniano, como algo que desde un tamaño determinado inevitablemente se expande, imparable con el tiempo, y llena un vacío acogedor que para eso está.
Puede incluso que pensemos que el planeta es ese vacío, y que está necesitado de nuestro crecimiento para cumplir su destino metafísico, más allá de toda lógica y de toda física.

La “planificación” que implica reflexión no está de moda, sobre todo cuando lo que quizás cabría planificar en este momento es una reducción en la velocidad del proceso que nos arrastra, no sabemos muy bien hacia donde, o incluso una parada prudente y reflexiva.
Escuchamos que “el mundo se desacelera” y nos entra el pavor. ¿No debería ser al revés?

Lo que está de moda es la velocidad, el lucro rápido, y esa ética del egoísmo que dice: “el último, que cierre la puerta”.

Suele decirse, metafóricamente, que sí la bicicleta (del capitalismo) se para se cae. No, si es una bicicleta equilibrada y apoyas los pies en la tierra (ya no sería capitalismo). En el peor de los casos, es preferible caerse en la tierra que en el abismo que hay delante.

Ahora bien, el progreso tiene muy buena prensa. Después de todo, los antibióticos (es este un ejemplo siempre muy oportuno y a mano) aunque tuvieron su origen en una rama biológica muy antigua y arcaica (los hongos), son fruto, en su forma más elaborada, del progreso humano y han salvado muchas vidas.
No será tan malo el progreso, podría defenderse como tesis aceptable.

Aunque también pocos dudan que el progreso, en algunas (o muchas) de sus manifestaciones más nocivas, se ha llevado y se lleva cada día por delante no pocas víctimas.
Y al final el balance puede no estar muy claro, sobre todo cuando se empiezan a pisar determinadas líneas rojas (como secuencia inevitable de esa película que rueda pendiente abajo) o cuando la velocidad de ese proceso adquiere caracteres de amenaza.

Quizás sea cuestión de semántica: ¿Qué significa crecer? ¿Qué significa progresar?
Pero sobre todo es cuestión de ecología.

Yo, lo confieso, siempre pensé que el objetivo del “progreso” humano (incluido el tecnológico) era un incremento del ocio creativo y feliz. ¿Ingenuo?
Está claro que los que hoy dirigen ese “progreso” no piensan igual. O incluso piensan que si no lo hacemos nosotros (lo de cargarse el planeta) lo harán otros. Maricón el último.

Es lo que se llama la libre “competencia”, la mística del lucro, la “ética” del egoísmo.

II

La vida frugal y contemplativa no vende, y el negocio necesita consumidores ansiosos como los políticos clientes pusilánimes.

Lo que da miedo, sin embargo, es el esquema mental que sostiene todo esto, que arrancando del Génesis bíblico establece la dicotomía mundo-hombre, como sujeto y objeto, como dueño y mercancía.
Tras poner nombre y precio a las cosas y a las bestias, la explotación y el crecimiento, la domesticación y mercantilización de la naturaleza se invisten como el mandato de Dios.
Axiomas tan ciegos, que nos aíslan falazmente de nuestro entorno, no pueden prever eficazmente las consecuencias sobre nosotros mismos de nuestros propios actos irresponsables sobre las “cosas”.
Incluso las élites políticas y financieras arrastran ese primitivismo que, a pesar de sus títulos verdaderos o falsos, los convierte en analfabetos funcionales y peligrosos.
En este aspecto, algunos presocráticos (el primer y auténtico “Occidente” que el Renacimiento recuperó), eran más sabios y prudentes.

Comenzar a ver claro es considerar nuestro entorno como parte de nuestra propia naturaleza.
No es lo mismo dominar, invadir, y explotar la Tierra, que adaptarse eficaz y gozosamente a lo que la Tierra es. La construcción de jardines, algo tan propio y característico de la especie humana –aunque hay un pájaro jardinero-, nos habla de la nostalgia que como animales tenemos de ese equilibrio perdido. La “nostalgia del jardín” (que es la nostalgia del Edén) nos dice que hemos errado el camino.
Ese error no es un castigo divino, es una elección humana.

Lo que da pánico también es la falta de opciones, la ausencia de matices, la fe monolítica de los nuevos iluminados que quieren su credo globalizado, “católico”, es decir, universal. Por eso es tan difícil aspirar a ese punto medio, a esa zona de equilibrio donde los griegos antiguos situaban la virtud. La maquinaria se justifica en su propio movimiento, y se sostiene en su inercia acelerada.

Hoy ya nadie cree que la palabra socialdemócrata signifique algo distinto que neoliberal. Pertenecen al mismo club. Aparentemente se ha llegado a una síntesis, que es la que actualmente dirige y acelera el mundo hacia la globalización. Felipe González y Carlos Slim.
Y sin embargo el concepto “político corrupto” o “financiero ladrón” (lo mismo da) no significa lo mismo ni es intercambiable con  “trabajador que no llega a fin de mes”. De manera que solo por arriba parece que participan de la misma fiesta, y lo mismo les da quita tú que me pongo yo. La alternancia en el poder (lo que llaman “estabilidad”) no perjudica excesivamente sus privilegios.

El modelo que propone el capitalismo neoliberal, la globalización, la desregulación, y demás zarandajas sadomasoquistas basadas en el crecimiento por el crecimiento, desaforado y sin sentido, acelerado y sin norte, al albur de lo que el destino depare, al final triunfará (si no lo evitamos in extremis) en un canto del cisne previo a la gran debacle (esta irreversible), sin tiempo para que los mecanismos de retroalimentación tiren del freno automático, e impulsados por esa inercia que nos iguala a las “objetos” sin mente, nos perderemos para siempre en una curva del espacio-tiempo poniendo fin a una aventura tan absurda como breve.

Sólo entonces podremos decir (aunque no habrá nadie que lo diga y lo escuche) que nuestra civilización basada en el crecimiento y la codicia ciega era una neoplasia, un cáncer que cuando todo lo invada encontrará su final. Y este proceso se está acelerando.

Los que ya estaban aquí antes que nosotros, cuando nosotros ya no estemos seguirán estando, fuertes en su sencillez. No nos necesitan.

No es buen síntoma que a nuestra esclerosis, a nuestra incapacidad para adoptar actitudes nuevas y caminos distintos, se la bendiga y promocione con el nombre de estabilidad. No hay peor elección que esa inercia que cabalga a lomos del Apocalipsis.

La propuesta del “decrecimiento” parece hoy utópica, marginal, en el mejor de los casos romántica, en el peor de los casos “radical”, que hoy es uno de los peores insultos que se pueden recibir, como si las copas de los árboles y las hojas que se abren al sol fueran posibles sin raíces sanas.

Y sin embargo, o las mejores mentes del planeta se ponen a diseñar y organizar, sin excesivos traumas, ese decrecimiento, o la enfermedad que nos consume y consume a la Tierra ya no tendrá cura.

Posdata: El decrecimiento como alternativa

RADICALES

Son datos contrastados:

Los ricos son cada vez más ricos (de hecho “súper ricos”, acaparan un planeta que no es suyo), los paraísos fiscales son cada vez más golfos, y las pensiones son cada vez más pobres y miserables, tanto que según dicen han de desaparecer, de la clase media hacia abajo, en un futuro inminente y amenazante. Abuelos que deberán acomodarse a pastar hierba.

¿Se ha producido alguna revolución “radical” en el mundo mientras dormíamos la siesta?
¿Los sindicatos estaban de picnic?
¿Los socialdemócratas de centro estaban de fiesta?

Lo de la “siesta” es un decir, porque el ataque letal contra la ciudadanía ha levantado olas y mareas ciudadanas (al margen de los partidos tradicionales), como réplicas de una explosión en carne humana, cuya ola mayor aún no sabemos si ha de tragarnos a todos haciendo tabula rasa de la civilización conocida.

Que hay aprendices de brujo, radicales de laboratorio, que no saben controlar la dosis.

¿Hemos olvidado ya que algunos ciudadanos españoles se quemaron a lo bonzo, presos de la desesperación y la vergüenza, delante de los bancos que les habían estafado y robado?
¿Revisamos con asiduidad los datos estadísticos y fehacientes que describen nuestra situación social y humana, que es la única realidad viva y palpitante, la única realidad real?

Pero las cosas han ocurrido tan rápido, que parece que hubiéramos asistido a esta catástrofe desde la más absoluta inopia. Desarmados e inermes por décadas de corrupción política y moral. Pasteurizados y congelados frente a la pantalla de la tele basura.

La ideología “única”, que por definición no es “ideología” sino creencia radical y excluyente, fanática y artificial, determina de que lado han de caer siempre los palos de la injusticia y los recortes de la austeridad, es decir, las consecuencias de la estafa sucesiva que constituye la postmodernidad macroeconómica.

Los que dudan (con bastante fundamento) de la independencia de algunos fiscales de este país, se preguntan por que alguno no interpreta, con mayor o menor diligencia, con mayor o menor furor, los mensajes de aliento del presidente del gobierno a algunos colegas corruptos (tras conocerse sus fechorías), como una ofensa y humillación de las víctimas de esa corrupción.

Por ejemplo, los que se quemaron a lo bonzo delante de los bancos.
Los dependientes, los desahuciados, los que no pudieron pagar sus medicinas. Los niños que pasan hambre.

Las víctimas siempre merecen un respeto igual.

Veremos como actúa la Europa feroz de los lobbys, frente a la petición del Reino Unido para que no se vigile ni se controle a los golfos de su City. Para qué sus manos no se sientan sucias ni en peligro manipulando y administrando el delito.

Veremos si actúa, esa Europa irreconocible y secuestrada, con la misma fiereza que con los pensionistas griegos.

DOS TERCIOS

El trabajo os hará libres

En Grecia dos tercios de los jubilados viven por debajo del umbral de la pobreza.

No obstante, la creme de la creme de la civilización occidental (actualmente en riesgo por una horda de salvajes) ordena que las pensiones griegas se recorten aún más, pero de manera civilizada y guardando las formas que distinguen al civilizado del salvaje.

Nada define mejor a una civilización que el trato que da a sus ancianos.

A los nazis, que eran expertos en rendimiento y explotación laboral, no se les caía de la boca ni el concepto eficiencia ni la palabra libertad: “el trabajo os hará libres”, decían con el látigo en la mano, a la sombra alargada de las cámaras de gas.

A riesgo de que se me considere exagerado, yo sin embargo no considero excesivo decir que esa orden ejecutiva (y ejecutora) de las altas instancias europeas (recortar aún más unas pensiones de miseria letal), equivale a decretar la defunción eficiente y a poder ser rápida (vía consunción) de esos dos tercios de pensionistas, y de la civilización tal como hasta ahora la hemos conocido.

No deja de ser comprensible que el gobierno elegido por los griegos se resista a esa ejecución en masa.

En la sala de máquinas de esa civilización incivil, deciden órganos tan representativos de la soberanía popular y del humanismo cristiano como el FMI.
Así le va a la democracia, de mal, y así le va a la plutocracia, de bien.

Ya el Papa Francisco habló de una política del descarte, como síntoma mayor del régimen capitalista, considerado, sin ambages, como enfermedad peligrosa y con mal pronóstico: “El capitalismo mata”, dijo con un ojo clínico envidiable y una sinceridad impropia del puesto que ocupa.
Está a un paso de que le llamen “populista”, “progre”, rojo y radical.

En pocas palabras: “antisistema”.

Con palabras tan severas y claras (además de reiteradas), el Papa Francisco está haciendo un llamamiento a la convivencia y la concordia. Y alerta contra aquellos poderes que intentan romper esa convivencia mediante el retorno a fórmulas neofeudales y el regreso a la cueva.

También a la entrada de los campos de exterminio se practicaba el descarte.

Se descartaba desde el principio a los no susceptibles de explotar como esclavos: niños y ancianos.
Su destino estaba echado. Su dignidad no computaba macroeconómicamente.

Ocurre que los seres humanos no encajan en la geometría de Euclides, y para que cuadren las cuentas y los ángulos muertos, hay que apretujarlos un poco contra las paredes del paredón.
Por lo general, los empujados son los más débiles: niños, ancianos, dependientes, pensionistas, trabajadores explotados que no tienen sindicatos que les defiendan…

Esto de la cuadratura eficiente de las imperfecciones humanas, lo tenían muy estudiado los tecnócratas del Zyklón B, que median la eficiencia de la muerte con escuadra y cartabón.
Computaban concienzudamente cada centímetro aprovechable de la cámara de gas, cada miligramo del interés de la deuda, cada libra de carne pegada al hueso.

Es un sofisma bastante tramposo decir (en un intento de enfrentar a víctimas con víctimas de la misma estafa) que los pensionistas españoles tienen que jubilarse más tarde para que los pensionistas griegos se jubilen antes, y no preguntarse por que la Troika no discute ni persigue las amnistías fiscales de España y otros premios al delito.
¿O por que no bombardea con sus rayos jupiterinos, con igual intensidad que a los mendigos griegos, los paraísos fiscales?

Argumento más serio sería decir que los pensionistas españoles tienen que jubilarse más tarde para que puedan engordar los sobresueldos del PP, florecer  las Púnicas de Madrid, las pandémicas Gürtel, los domésticos ERE, y medrar mordidas y sobornos.
Para que haya Consejos consultivos de Leguina y Gallardón.

En definitiva, para que Rajoy pueda seguir enviando mensajes de ánimo a sus colegas golfos.

Y vuelvo al Papa.
Muchos que no comulgan con el en lo teológico, comienzan a sintonizar con el en lo estrictamente humano, tanto que casi dan ganas de leer sus encíclicas (en castellano).

Como su diagnóstico es de amplia perspectiva, ha considerado urgente denunciar la estrecha relación que existe entre capitalismo desregulado y salvaje (fuera de control) y destrucción del planeta.
Su mensaje es sencillo: restaurar la dignidad de lo humano, entender la santidad de lo ecológico.

En esas materias, el capitalismo y sus monaguillos más feroces (comandados por la troika y otros lobbys) tienen que recibir aún mucha catequesis.

MAMANDURRIAS

Madre con niño muerto (I) - Picasso

Titulares de hoy:
“Uno de cada tres niños en España vive en situación de pobreza” (EL MUNDO). Y en el contenido del artículo se comenta: “Uno de cada diez es pobre severo. Sólo Rumania, con el 35%, presenta datos peores entre los países de la Unión Europea”.

“La pobreza infantil en España, amenaza con ser crónica”.
“La crisis y la falta de ayudas condenan a 840.000 niños a la pobreza crónica” (EL DIARIO MONTAÑÉS).

Así, prima facie y sin consultar el diccionario, uno podría pensar que la palabra “mamandurria” no existe. Que es un invento, una entelequia, una broma lingüística. Una creación artística fruto de la desesperación.
Una onomatopeya que se escupe cuando se pega al paladar la lengua sedienta de los estafados.

Una lengua seca, hambrienta, como esa lengua muda que una madre dispara al cielo en el Guernica de Picasso, buscando entre el humo y el fuego, una palabra que devuelva el alma a su hijo.

Pero esa palabra (mamandurria) existe, y es una palabra redonda que brota de una teta consumida. Y aunque nacida de las entrañas del asco, la Academia la reconoce como suya, como nuestra. Más nuestra que suya, o más de los que padecen sed de justicia que de los que deciden las reglas del lenguaje y la política.

Es palabra sonora y expresiva, incluso expresionista, que parece brotar por generación espontánea, sin premeditación ni pose, automática como quien respira el hedor de la ciénaga y comprime el diafragma para vomitar un concepto.

Palabras contra bombas. Palabras contra “ajustes”. Palabras contra “reformas”. Palabras contra estafas. Palabras contra la pobreza infantil.
¿Pactos?
Acabar con esto es lo primero que hay que pactar.

¿Qué son esos “ajustes” y “reformas” tan alabadas por los oráculos macroeconómicos?
Mamandurrias.

Las palabras contra las bombas, el acero, el fuego, el hambre o la injusticia, las palabras contra las divinidades tecnócratas del séptimo cielo, son especiales. Solo pueden ser gritos, expresiones guturales que nacen de la garganta, onomatopeyas, porque la antigua lógica, la vieja ética, la denostada justicia, los añorados principios, las exigibles aspiraciones que civilizaban antes a la bestia, han quedado hechas añicos por una ideología que no admite replica. Exacta, despótica, inhumana. A sueldo.

Tetas saqueadas, madres heridas, niños con hambre, y parásitos.
Todo en un sólo vocablo: mamandurria.

En un país digno de tal nombre, cualquier programa electoral que se precie debería incluir una lista de mamandurrias a eliminar, para que coman los niños. En el nuestro, tal lista,  sería significativamente larga.

Por ejemplo:
El Consejo consultivo de Leguina y Gallardón (he ahí el consenso constitucional). Sueldos borbónicos hasta para las Meninas (¿tan caras están las chuches?). Pensiones de sangre azul. Tarjetas Black. Bicocas aforadas. Sinecuras vegetantes. Indultos colegas. Retiros dorados y pensiones VIP para la Nomenklatura. Los préstamos e intereses que estrangulan y saquean las democracias…
Todo eso son MAMANDURRIAS.

Que coexisten con el hambre infantil, por ejemplo, y con el desahucio de familias.
Contrastes como estos, nos devuelven al pozo de la barbarie.

Hay flujos de datos y corrientes de ideas, que cuando se cruzan como nubes cargadas de razón y sinrazón, saltan chispas y encienden rayos que, o nos iluminan o nos abrasan. Por ejemplo: la OCDE “aplaude las reformas de Rajoy”; “La OCDE exige abaratar más los despidos en España”; “anima a España a mantener el pulso de las reformas”; “reformas” cuyo significado implícito (eufemístico)  es explícito (violento), y ya conocemos en forma de recortes y perdida de derechos.

Porque el programa de “reformas” no consiste (a pesar de las posibilidades del término) en hacer competitivo al político, al mangante, al parasito, al explotador. No.

Se da por supuesto que el programa “reformador” que se exige y se premia, solo puede consistir en apretar el cuello al famélico, y de hecho consiste en acercar el concepto “empleo” al hasta ahora proscrito estado de “esclavitud”.

Por otra parte,  la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, denuncia que España es uno de los países con más casos de explotación laboral.

Como las “reformas” tan alabadas consisten básicamente en explotación laboral, y traen de la mano pobreza y hambre infantil, uno de esos dos organismos es indecente, y promueve de hecho (como si fuera doctrina sana y de ley) un ataque directo contra derechos fundamentales.

En resumen:
Mamandurrias.

PESTES Y CORDONES SANITARIOS

Cuando el Papa Francisco dijo que la corrupción es pecado, puso en un brete a los creyentes de postín que la practican, porque no aclaró si el pecado es venial o mortal.

Uno, que es agnóstico, cuando no lo era le daba su importancia estas cosas, y a pesar del actual escepticismo no puede por menos que aplaudir esa doctrina, o incluso aventurar que el tal pecado es mortal sin duda, tanto para sus autores, que viven en muerte espiritual, como para sus víctimas, que padecen una muerte de carne y hueso.

El Papa, que al día de hoy es una pedrada caída del cielo sobre el alma chamuscada de algunos de sus fieles mas señalados, también tocó la vertiente higiénica y sanitaria del tema cuando dijo que la corrupción apesta.
No me atrevo a interpretar si estaba proponiendo ya medidas profilácticas (tipo cordón sanitario) o terapéuticas (no es saludable votar a los corruptos ni pactar con los que mangan).

Últimamente al PP le brotan corruptos y ladrones como granos de acné a un chaval en la edad del pavo. Tantos como poros tiene la piel y oportunidades da el delito.
Por no decir (más visualmente) que la corrupción le rezuma por todas las costuras del traje mortal, con una regularidad pasmosa y pasmada.

Que aunque el traje sea de Armani, lo que esconde es una auténtica gusanera. Raro es el día que no le explota una bolsa de podredumbre o le revienta un quiste.

Es como si el PP, puesto ante el espejo, se diera un aire a Dorian Gray.

Repentinamente carcomido y arrugado por su negra y oculta historia, ese rostro ya no lo remedia ni un lifting caro. Si acaso un exorcismo o un trasplante de cara, que engañe al espejo del alma.

En condiciones normales, este tipo de erupciones y síntomas suelen ser motivo de prevención y alarma para los que quieren preservar su salud, no sea que el ectoplasma de esa peste los alcance y haga suyos.
Conste que estamos hablando de política gobernada por Don dinero, que es una de las enfermedades más peligrosas y transmisibles.

En estas condiciones epidemiológicas, sellar un pacto con un beso al “padrino” o un simple apretón de manos con quien política y moralmente está podrido, no es muy presentable de cara a la galería, éticamente es poco sano, y electoralmente tiene notables riesgos. De ahí el rechinar de dientes.

Y sin embargo, ese es el deseo oculto e inconfesable de muchos. Y no quiero señalar.

Entre otras cosas porque es la orden implícita y explícita de los jefes del IBEX, y los intereses de estos señores tienen muy poco que ver con la higiene. Pero sus órdenes van a misa y dictan Constituciones.

Interpretando correctamente (como conviene) el lado oculto de las apariencias, concluiremos que el auténtico “frente” no es contra el PP, ni el cordón sanitario es frente a la corrupción, auténtico cáncer de nuestra política. Sino justamente lo contrario.
Ese cordón sanitario lo que intenta es impedir la llegada y administración de la vacuna.

Hasta la “vieja guardia” del PSOE (Leguina, Corcuera…), temen que la higiene y el pinchazo sanador no les siente bien. Ni a ellos ni a sus momios, tipo “consejo consultivo” y demás mamandurrias.

¿Qué que es un momio?
Pregúntenselo a Joaquín Leguina, que cobra 8.500 euros al mes, y dispone de coche oficial y asistente para un día de trabajo a la semana (los miércoles), de dudosa consistencia.
En una nación de pobres, parados, y trabajadores explotados, eso si que es “izquierda” y lo demás son aventuras.

No me extraña que esta “vieja guardia” de las sinecuras, toquen a rebato contra PODEMOS y los pinten con cuernos y rabo.

Todos los días hay noticias que nos centran como país y nos ubican como sistema político.
Quiero hoy llamar la atención sobre esta:
Un informe de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales denuncia que España es uno de los países con mayor número de casos de exploración laboral.

Y los que gobiernan mirando para otro lado, cuando no dando soporte legal y macroeconómico a esta barbarie.

Intenten adivinar en un par de silogismos acelerados cual de los cuatros partidos actualmente en liza, tendría interés y pondría empeño en acabar con esta situación inhumana y tercermundista.

DISFRACES

Manejando los hilos

La mano del señor X es larga y duradera, y hoy gobierna Andalucía a través de Susana Díaz.

Uno barrunta que intenta también dirigir y controlar los pasos dubitativos de Pedro Sánchez, con mayor o menor éxito, con mayor o menor disimulo.
Quizás el señor X sea el eje sobre el que gira la confrontación Susana contra Pedro.
González es un Papa emérito que aún manda mucho en “su” Vaticano.
En su reino sobran las primarias.

Pedro Sánchez de partida lo tenía complicado para reivindicar y vender un partido disfrazado bajo siglas “socialistas”, pero identificado ya por muchos ciudadanos conscientes y adultos con el tándem PPSOE, motor bien engrasado de la corrupción en este país desde los tiempos del “pelotazo” hasta las últimas hazañas gloriosas.

Claro que veníamos de un sitio tan oscuro (de camisas negras), que cualquier contraste parecía  luminoso o como mínimo turbio.

Borrar del curriculum del PSOE esos hechos no es fácil, aunque cabe el giro radical de naturaleza y obras. No basta con cambiar de caras.
No obstante, la melancólica experiencia permite dudar que, una vez más, hayan “entendido el mensaje”. Se deben al guión que escriben otros.

Si aceptamos como evidente que el “régimen” organizado en forma de bipartidismo ha sido una puerta abierta a la involución y la pérdida de derechos, estaremos de acuerdo con Susana en que no es tiempo de disfraces. Aunque solo sea por respeto a los ciudadanos.

Para muchos españoles, y desde hace ya mucho tiempo, el PSOE es una de las patas fundamentales del cotarro que sustrajo decencia e ilusiones a este país. Que nos propinó reformas laborales esclavistas, y que bregó a favor de los que más tienen. Uno de los arietes más belicosos y convencidos de la plutocracia. Rajoy no ha hecho otra cosa que seguir y cultivar ese camino.

Por eso en el PP de Bárcenas y colegas, quieren tanto a González que lo aceptarían sin dudar como sustituto de Cospedal.

A un nivel más amplio, esa corriente ideológica y política ha llevado al mundo actual a un estado de tensión y caos, en el que las muchedumbres de refugiados, trabajadores explotados, civiles muertos y ciudadanos que huyen arriesgando y perdiendo la vida, tienen rostro humano, y dan realidad concreta a las frías estadísticas  de los organismos  internacionales.
Esas estadísticas dicen que se están batiendo récords de desigualdad y corrupción.

Y esto no se produce en el vacío ni por generación espontánea, ni de un día para otro: perdida de derechos, pobreza energética, privatización de sectores estratégicos, lobbys, pelotazos, y puertas giratorias con sus correspondientes premios y recompensas, son hijos de la misma madre.
La corrupción como mecanismo central  de la sociedad desregulada y desigual.
La democracia como farsa y disfraz.

En Italia se conoce como “Los impresentables” (esto se lo escucho a Lorenzo Milá en la TV) a un grupo de políticos corruptos que sin embargo son “elegibles”, y a los que el voto popular puede dar su bendición, para que regándolos con el agua bendita del voto, florezcan de nuevo sus delitos.
De lo que se desprende que cada vez nos parecemos más a Italia con nuestro jardín de cardos.

Hace tiempo que los llamados “socialistas” apostaron por el mercado sin control, e inclinaron el cuello frente al poder del dinero.

¿Y cual es la justificación para esta conversión neoliberal de los antaño progresistas?:

Hacer de los ciudadanos antes libres, esclavos competitivos con Asia, y renunciar para ello a las libertades, conquistas, y humanismos de la civilización Occidental. Por eso la democracia sobra, su socialismo es de broma, y los sátrapas (por las buenas o por las malas) dictan e  imponen su ley. Eso también lo confirman las estadísticas, los informes, y los hechos.

Tanto para unos como para otros (PPSOE), “normales” sólo son los ciudadanos que se resignan a “este sistema”. Los ciudadanos dóciles.
Los demás son indeseables, “antisistema”.

“Impresentables” frente a “antisistema”.

Al menos este conflicto tiene una dimensión antigua e intemporal, “homérica”. Puede rejuvenecernos con el recuerdo de los orígenes: allí siempre nos aguardan ética y dignidad humana.

A Maquiavelo siempre se le lee con una mezcla de admiración y asco, quizás porque une clarividencia y aceptación cínica de la realidad. Pero era un experto en disfraces y uno de los máximos ideólogos del “sistema”. Muchas mañanas se mezclaba con el pueblo para jugar a sus juegos, pero al volver a su casa, y antes de refugiarse en su estudio, se vestía una túnica talar (especialmente elegante y digna) para tratar con los “clásicos”.

La elasticidad ética que hoy permite ganar elecciones a una corrupción fehaciente y conocida (ahí está Andalucía y tantos otros ejemplos) no creo que sea fruto de las lecturas. Se sembró con la semilla de FILESA y los GAL, se regó con la GÜRTEL y los ERE, y se consolidó con una red de complicidades y favores vergonzantes que la intoxicación mediática tiene la misión de camuflar, pero que en tiempos más lúcidos causará vergüenza y sonrojo.

La maraña de favores, clientes, cargos, comisiones, dinero y corruptelas,  es tan inextricable y profunda, que sin más atrapa y define a sus beneficiarios, y los inviste con la maestría del disfraz.

González siempre estuvo más cerca de Margaret Thatcher que de Olof Palme. De la desregulación que de la solidaridad. Del capitalismo salvaje a lo yanqui, que de la socialdemocracia europea.
Reconocerlo es prescindir del disfraz, tal como pide Susana Díaz.

Se subió con entusiasmo ardiente al carro del “fin de la historia” y abrazó con fe de neófito la “ideología única” (única por mutilada y recortada).
Asumió desde el principio las “realidades” del poder, sin el menor signo de contradicción o rebeldía, para alcanzar el aplaudido y bien pagado estatus de “hombre de Estado”. Estado de iluminación que lo justifica todo sin necesidad de dar mayores explicaciones al personal de a pie.

Inició y colaboró al saqueo y privatización de lo público, y  mientras Leguina aterrizaba en un ” consejo consultivo” para pastar (8.500 euros mensuales, coche oficial, asistente, y un día de trabajo a la semana) mientras predicaba el “adelgazamiento del Estado”, su jefe remató la faena saliendo por la puerta grande (giratoria por supuesto) para gozar de recompensas estratégicas, y ponerse a las órdenes de Carlos Slim y otros héroes del socialismo.

De acuerdo con Susana.
No es tiempo de disfraces.

RESCATANDO ESTAFADORES

trilerosCRISIS FINANCIERA/MANIFESTACION

El Estado recupera solo el 5% de los 53.553 millones en ayudas inyectadas a la banca

http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/61675-el-estado-recupera-solo-el-5-de-los-53-553-millones-en-ayudas-inyectadas-a-la-banca#

¿TOTALITARISMO LEGAL?

regeneracion

Los que cuentan “pelas” de sobornos como si fueran trileros de barrio chino (al final el fraude es de dinero público), son los mismos que llaman perros-flauta a los ciudadanos que salieron a las plazas el 15M.

Los que dicen que a los trabajadores les sobra grasa y hay que reformarlos, y que los ciudadanos (incluso enfermos, pensionistas y dependientes) viven por encima de sus posibilidades y hay que recortarlos, son los mismos que entre risas de colegas dicen que “trabajar es de tontos” y viajan frecuentemente a Andorra o Suiza armados de un maletín con sobrepeso.

Los que piensan y dicen (por ejemplo Rajoy) que la política hay que dejársela a los “profesionales” y justifican sin rubor un cierto despotismo tecnócrata (todo el PPSOE en masa corporativa) son los mismos que se llenan la boca con el nombre de democracia, y arrean con lo de “bolivariano” al que se atreva a quejarse.

Y sin embargo ¿que dicen sus programas electorales sobre los paraísos fiscales, el número de aforados o el indulto colega entre chorizos?

Al día de hoy, muchos recortes y desahucios después, el estado sólo ha recuperado el 5% del dinero inyectado para el rescate de los bancos, los beneficios de estos siguen creciendo, pero cuatro millones y medio de ciudadanos españoles siguen en el paro, y los que trabajan no salen de la pobreza ni pueden pagar las facturas básicas.

Los que llaman “antisistema” a los que piden reformar la Constitución vistos los resultados, y que hasta ahora consideraron intocables las leyes electorales que les beneficiaban, son los mismos que a toda prisa (con el viento en contra) quieren ahora toquetear un poco (a la medida) las reglas “que nos hemos dado”, para apuntalar el cotarro bipartidista.

Cospedal, Monago, Rus, Rajoy, Pedro Sánchez…

Más de lo mismo.

Y sin embargo, los perros-flauta, los antisistema, los ciudadanos cabreados del ágora se han organizado y hoy, en Andalucía, exigen reducir altos cargos (de esos que cuentan “pelas” entre boñigas) para contratar más sanitarios y maestros.

Y Podemos exige a Susana Díaz que la junta andaluza no contrate con bancos que “desahucian a familias que no cuenten con alternativa habitacional”, “violación flagrante de varios convenios internacionales, entre ellos la Declaración universal de derechos humanos”.

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