Archivo de la categoría: Artículos

Extinciones: todo se acelera

Niños del pico-zorro-zaina

Pienso a veces que la aceleración del tiempo puede ser ilustrada y demostrada por dos hechos igualmente deprimentes: el ritmo de extinción de las especies vivas, y el ritmo de extinción de los juegos infantiles. Si lo midiéramos por estos raseros, la velocidad de los tiempos que nos ha tocado vivir, la aceleración hacia el futuro, sería una deriva decadente y más bien triste.

Podría argumentarse que los juegos infantiles que van cayendo en el olvido, a veces por desaparición del escenario natural de los mismos, son sustituidos por otros nuevos fruto de un nuevo escenario. No lo se. No se si los niños salen hoy a la calle como salíamos antes, creo que no, o si salir a la calle de aquella manera de entonces determinaba que los niños aquellos fuéramos distintos, como moldeados en un ambiente que ya no existe.

Si que recuerdo que salíamos a la calle de forma bastante autónoma y liberal, sin padres ni carabina. Creo que ahora los niños pasan más tiempo en casa, y ya no se escucha tanto aquella admonición materna -que era casi una orden- de: “iros a la calle que me tenéis hasta el moño”.

La verdad es que antes se mandaba a los niños a la calle sin demasiadas angustias ni aprensiones. Incluso los mas pequeños empezaban pronto a patearla bajo la tutoría transitoria y fugaz de algún hermano mayor, que sin embargo también era un niño. Eran otros tiempos, no muy lejanos pero si bastantes distintos.

Lo cierto es que extinciones siempre ha habido, tanto de juegos infantiles como de especies vivientes, pero lo que debe preocuparnos es el ritmo de estas extinciones, es decir la velocidad que ha atrapado y arrastra a la sustancia de la vida. Este ritmo endiablado que todo lo domina y que nos tiene a todos sin sosiego ni asidero posible.

La vida es animada, si, pero una cosa es estar animado y otra muy distinta es estar fuera de si, desintegrándose. Y es que si no estamos integrados, alma y cuerpo, ser viviente y medio ecológico, vamos a la desintegración, es decir, al desastre.

Todo se ha acelerado.

Visité no hace mucho una exposición sobre Cervantes en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Allí, detrás de una vitrina, llamaron mi atención un par de peonzas de los tiempos del gran literato, con su cuerpo de madera y sus puntas de hierro oxidado, tan parecidas a las que yo usaba de niño que me sorprendió y casi diría que me emocionó. Recordé aquellas peonzas mías de pico “cigüeña”, de pico “garbanzo”, y las franjas de colores que les pintábamos para que fueran más vistosas. Al parecer los egipcios ya las pintaban. Pensé entonces que el tiempo en que los niños han jugado a la peonza se mide en siglos, desde un niño egipcio a un niño español de los años 60 y 70, y sin embargo hoy ¿se han extinguido? ¿cuántos niños se ven hoy en la calle jugando a la peonza?

La misma emoción o sorpresa puede experimentarse cuando se lee el Satiricón de Petronio (siglo I después de Cristo), y encuentra descrito en sus páginas el juego de “pico-zorro-zaina” que jugábamos en nuestra propia infancia. Creso se sube de un salto a la espalda de Gayo Trimalción, a modo de cabalgadura, y dándole golpes en la espalda al tiempo que extiende los dedos de una mano, le pregunta ¿cuántos hay?.

Hay un hecho notable que a poco que nos intrigue no nos debe dejar de preocupar: según investigaciones bien planteadas, asistimos en el momento presente a una extinción en masa de especies vivas en el planeta, que sería la sexta de su serie. Les recomiendo la lectura de “La sexta extinción”, un libro de Elisabeth Kolbert.

Lo especial de esta sexta extinción es que asistimos a ella no sólo como testigos (y sería la primera vez, ya que no fuimos testigos de las cinco precedentes, la última y más famosa de las cuales acabó con los dinosaurios), sino como autores y protagonistas, según opinión bien fundada que merece todo crédito.

Al respecto se plantean distintas posibilidades:

Que seamos solo testigos impotentes ante ella. Que seamos autores inconscientes o irresponsables de la misma. Que en esta gran matanza en curso sólo seamos verdugos, o que también seamos finalmente y de forma irremediable víctimas.

Víctimas y verdugos al mismo tiempo, poderosos y fatalmente frágiles en un mismo y quizás último acto.

Del antropocentrismo como ejercicio del narcisismo más ciego e insensato, hemos pasado casi por necesidad lógica y evolutiva a dar nombre a una era, el antropozeno, que da cuenta de nuestros desmanes e irresponsabilidad contra la realidad viva de la que formamos parte: el planeta y la vida que alberga.

Del humanismo renacentista y liberador hemos pasado al terrorismo ecológico vía capitalismo desregulado y salvaje, que sin embargo tiene tan buena prensa que lo llaman “libertad”. Queda más bonito sin duda con ese nombre, pero su efecto tóxico es igual de letal. Si no lo remediamos la Naturaleza acabará demostrándonos que tomarse determinadas “libertades” con ella no sale gratis.

También la antigua Unión Soviética ejercía el terrorismo ecológico a gran escala desde su planificación regulada. Pensemos en Chernóbil.

¿Que cabe concluir de todo esto, y del fracaso de modelos tan dispares, aparentemente opuestos, en el fondo gestionados por una misma idea del progreso, insensata, egoísta, mecanicista, e irresponsable?

Pues que vivimos sujetos a un paradigma infantil, del que es propio no tener conciencia de los límites.

En esta relación del hombre con su medio, Occidente era una cara de la moneda, y Oriente la opuesta. ¿Puede decirse ahora lo mismo?

Si por algo se trabaja hoy a gran escala en el planeta es por un modelo único de pensamiento, por un gobierno del mundo no solo en el plano político sino en el plano ideológico.

Hemos pasado de lo prometeico desatado y la razón liberadora, a lo primitivo fetichista. Hoy nuestros fetiches preferidos son El Progreso (con mayúsculas) y la Tecnología que todo lo puede. De este poder omnímodo que se le supone a la Tecnología se espera que nos salve en el último instante de nuestras aceleradas tropelías. Porque de alguna manera si somos conscientes de que no lo estamos haciendo demasiado bien y nos dirigimos a una especie de límite o de fin. Aunque sabemos que hay que corregir la trayectoria, no tenemos demasiada prisa en hacerlo, o sencillamente no sabemos cómo hacerlo.

Por lo pronto, y en base a la evidencia de que el futuro será ecológico o no será, cabe concluir que se necesita la creación de un nuevo humanismo que antes que nada sea adulto, y sepa y comprenda qué es el hombre y cuál es su relación con todos los demás seres vivos, y en general con el planeta.

Por ejemplo que sepa que si el hombre es un animal que respira, no es por inspiración divina sino gracias a un alga verde-azulada.

Que comprenda que el conocimiento de las múltiples dependencias y relaciones que mantiene con su entorno, no lo hacen más poderoso, sino más frágil y por ello más sabio. Que asuma que es parte de un todo orgánico del que no se puede independizar, y que debe conocer, respetar, y preservar.

Somos un animal frágil y a la vez potente, capaz de cambiar el clima y padecer ese cambio.

 

POSDATA: PLANETA TIERRA 2017 Documental Completo 2 Hs en Alta calidad 1080p

 

Anuncios

Daños colaterales

Entre efectos deletéreos y daños colaterales nuestra civilización, que ya es global, avanza imparable derribando todo tipo de fronteras: físicas, económicas, e intelectuales.

Si no somos supremacistas, al menos somos (y la propaganda nos convence de ello) “supremos”.

No tengo nada en contra de este optimismo cultural salvo una sola cosa: que todo progresa en la misma dirección y guiado por una sola idea, y esto reduce mucho la variedad. La variedad no es ni buena ni mala, pero al menos es prudente. Las ideas únicas suelen ser demasiado simples, y nuestra idea de hoy no supera el rango de mecanicismo ramplón, que como todos los mecanicismos, automatismos y despliegues dialécticos, peca de exceso de fe y no le vendría mal albergar alguna que otra duda.

Por doquier intenta desacreditarse la crítica que acompaña a esa duda,  el ‘activismo”, la responsabilidad cívica y la conciencia social (y ecológica).

El vivir para nosotros “solos” o nuestra  tribu (y ya es mucho compartir), como si no hubiera un mañana (que efectivamente no lo hay), es la clave del progreso, según nos cuentan.
La pereza dinámica que conlleva a veces el sosiego reflexivo, y la ausencia de entusiasmo por la aceleración económica, no están bien vistos. Parece que debe estimularse la competencia por ver quién llena más rápido el planeta de basura. Ante esta manía por llenarlo todo, un poco de quietismo no viene mal.

El egoísmo -se dice y proclama- es la varita mágica que todo lo arregla y mejora. Y efectivamente si por mejorar entendemos atiborrar el planeta de masas furibundas, vamos mejorando cantidad y el planeta menguando en la misma proporción.

Aunque muchos alaban esa varita mágica del egoísmo que todo lo soluciona, luego se extrañan de que el conejo que sale de esa chistera mágica esté rabioso.

La cooperación entre los hombres como partícipes de una misma humanidad, y la coordinación con el planeta como imperativo físico y biológico insoslayable, no se contempla en el programa. Es más, ese modo naif de ver el mundo se desacredita a diario como propio de “filántropos” y hippies.
Para los que dirigen el mundo desde los gobiernos (corruptos) y las academias que les bailan el agua, Nietzsche tenía razón: el futuro del mundo está en las manos (y casi diría en los pies) del Superhombre, cuya máxima aspiración hiperbórea es plantar los susodichos pinreles sobre la mesa del despacho oval, y jugar al golf con el dueño del mundo antes de empezar a hablar de guerras y negocios.

Sin demasiadas contradicciones hemos pasado de la civilización “cristiana”, donde todos somos hijos de Dios incluidos -en su versión franciscana- los grillos, a la civilización hobbesiana, más tecno y  “neodarwinista”, donde el hombre es un lobo para el hombre y un cordero ante los poderosos. Dóciles y rabiosos en un mix que carece de nobleza y sabiduría.

Fuertes ante los débiles, y cobardes y mudos ante los que ejercen el poder. Justo lo contrario del fundador del cristianismo.

La competencia por el dudoso privilegio de acaparar una mayor cuota de mercado y de contaminación, es el signo de nuestro tiempo, la madre de todas las virtudes oficiales y el padre de todos los vicios reales. Y es que hay algo de vicioso y de obsesivo-compulsivo en nuestro actual modelo de consumo. Lo importante no es comprender quiénes somos y donde estamos, sino eliminar la rigidez del mercado de trabajo para “acelerar” el dinamismo económico. Dinamismo, aceleración, y velocidad que demasiado a menudo nos acercan a la vida inhumana de la máquina.

Casi siempre, cuando se llega por sorpresa a situaciones de catástrofe social o geoestratégica es porque determinados extremismos con buena prensa han actuado durante demasiado tiempo y al amparo de instituciones decorosas.
O bien al hilo de guerras prefabricadas que fabrican muerte en tiempo real primero y a plazo fijo después. Guerras en todos los formatos y versiones, para el espectáculo visual y el despliegue de influencia, por ejemplo, pero también guerras disfrazadas y ocultas. En cualquier caso, siempre a favor del egoísmo y el negocio rápido de unos pocos que no sufrirán las consecuencias de sus actos.

El flujo de la acción corrosiva de estas corrientes subterráneas es inaparente pero pertinaz. Excava los cimientos día y noche, y roe las compuertas de la ruina futura.

Lo que se presenta luego como sobrevenido en forma de crisis económica o de avalancha de violencia global, es en realidad fruto de una larga gestación, alentada entre siestas modorras cuando no entre vítores y aplausos.

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y hasta entonces podemos dormir tranquilos con tal de no ser demasiado exigentes con nuestros sueños. La irresponsabilidad de nuestro silencio y de nuestra indiferencia es un buen abono para esta planta adormidera.
No hay peor radicalismo que la corrupción, ni peor populismo que el silencio que la ampara.

En esta fase de germinal carcoma, lo que se promueve y se premia sin necesidad de proclamarlo es el mutismo acomodaticio. Cualquier mosca cojonera es espantada como testigo incómodo del cadáver, y aquel que se define en contra del pastel debe ser porque padece alguna carencia emocional. Cualquier aspiración a una necesaria corrección es desacreditada como fruto de una ilusa utopía, y la prudente equidistancia entre el que estafa y el que es estafado es el signo más celebrado de la elegancia.

Cuando la carcoma completa su labor y consumido el contenido sólido empieza a agrietarse la cascara, entonces la consigna oficial cambia y los apóstoles del mutismo y la indiferencia, los beneficiarios e ideólogos del laissez faire, exigen ahora enérgicamente un control más estricto y el cumplimiento a rajatabla de las normas, amenazando incluso con la cárcel a quien no obedezca. Pero sobre todo les entran de repente las prisas y exigen perentoriamente que la gente se defina, que la gente reaccione, que el ciudadano amante de su patria, se indigne.
Demasiado tarde descubren que las causas prolongadas y silenciadas suelen acabar en efectos retardados pero explosivos.

La monótona y prolongada discordia que alimentamos desde hace tiempo y cada día respecto a la última versión de la “cuestión catalana”, suele llevarnos a olvidar que el molde en el que se fraguó esa grieta fue la corrupción política y económica, de aquí y de allí, o si se prefiere, de uno y otro falsos patriotismos. Corrupción, ruina, y después desapego.

Como ya tenemos una historia detrás, esto de que algunos erizados patriotas de última hora, antes indiferentes y mudos, exijan ahora a voz en grito que el prójimo se defina, que el ciudadano se indigne, además de incurrir en incoherencia supina no nos trae buenos recuerdos

 

España profunda, Larra eterno

Charlot

Si el “Vuelva usted mañana” de Larra hizo proverbial la ineficiencia de la Administración española de su tiempo, el “Vuelva usted dentro de ocho días” de la Atención primaria del SESCAM, ha hecho proverbial el fracaso de un mal modelo.

Si al hecho de que la Administración pública “progresista” le ha copiado los peores vicios y trampas a la empresa privada neoliberal (en cuanto al maltrato de los trabajadores se refiere), le sumamos ahora los recortes que como novedad decimonónica están de moda, y que generalmente se aplican donde más daño hacen, tenemos los condimentos necesarios para hacer un pésimo guiso y un mal papel.
Claro que eso no le importa a nadie salvo a los que lo sufren a diario: trabajadores y usuarios.

Los gestores chapuza suelen poner parches a situaciones que requieren un cambio de modelo. También es cierto que no suele haber enfrente nadie que se lo impida, ni a nivel político ni a nivel sindical. Esto explicaría que llevemos arrastrando en la atención primaria de nuestra Comunidad listas de espera inadmisibles en otro tiempo. Vamos de deterioro en deterioro.

Aunque los gestores tiren de parches con la facilidad con que se sacan un decreto de la manga (diga lo que diga la ley y la jurisprudencia), saben de sobra que la medicina que se requiere para esta enfermedad es un cambio de modelo.
Pero el cambio de modelo toca intereses muy particulares, y los intereses particulares en este país siempre han estado muy por encima del interés general.

Volviendo a la España profunda. Hay quien acaba curado de espanto a la segunda o a la tercera, yo no lo logro ni a la cuarta. Los relatos de horror y pesadilla que leo a diario en mi wasap corporativo (PEAC), me siguen produciendo tanto espanto como el primer día. Sobre todo en lo que se refiere a las jornadas maratonianas de trabajo que parecen programadas por un siniestro Mefistófeles.
El tal Mefistófeles se alimenta de salud humana en el ramo laboral, y engulle personas al ritmo de una máquina trituradora. Es una especie de “progresismo” inventado en el averno profundo, que progresa con la misma frialdad e indiferencia que una cadena de montaje. Entras por un extremo en forma de PEAC  (personal estatutario de atención continuada, ¡hasta suena bien!) y sales por el otro en forma de esclavo.

Y es muy propio de esclavos hacer 65 horas “seguidas” de trabajo sin rechistar. Algo de lo más normal. Hasta que se empiezan a hacer 72 horas “seguidas” de remo galeote en la bancada sanitaria de algún PAC del SESCAM (consultas a destajo), que indica que el tema ya se ha salido de madre y que algunos gestores incurren en graves faltas, quizás delitos.

En el wasap se puede leer hasta la descripción anatómica (no en balde somos sanitarios) de las lesiones que dichos calendarios de trabajo producen en unos trabajadores por otra parte indefensos. ¿Creen ustedes que esto les importa a los gestores y demás órganos anexos de prevención? Pues no.

Pero para montar un cortijo no basta una pata, de ahí que junto al remero galeote que todo lo sufre (por miedo a represalias) florezca el privilegio, o si suena mejor digamos “trato diferencial”. Pongo un ejemplo qué es la mejor forma de entender las cosas. Si un PEAC (esclavo oficial del modelo) incumple su jornada de trabajo legalmente establecida, generalmente contra su voluntad y por decisión ajena de los que des-coordinan sus turnos, tal incumplimiento (no solo involuntario sino impuesto) se le retrae en nómina como cantidad debida. Por contra, si eres de los que viajas en primera, tal incumplimiento de jornada no solo se consiente sino que se alienta. Obviamente tal incumplimiento de la jornada legalmente establecida, al ser en este caso abonada (he ahí la diferencia de trato), no tiene más remedio que degenerar en vicio y desembocar en listas de espera. ¿Entienden por que hablo de un mal modelo?

¿Faltan sustitutos o sobran falsas “libranzas”?
Ya me respondo yo mismo: las dos cosas.

Lo que no se entiende es que los mismos que apoyan un modelo nefasto que supone que se dejen de cumplir entre 300 y 500 consultas de las “obligadas” y “presupuestadas” por centro de salud y año, debido a la mal interpretada y peor gestionada “libranza” posguardia, consultas que sin embargo se abonan a su titular, se quejen de que faltan sustitutos.
¿Como no van a faltar?

Con ese modelo siempre faltarán. Ni en todo el globo terráqueo hay sustitutos suficientes para alimentar ese modelo. Lo que no es sustituible, porque es obligación presupuestada y abonada al titular, no se debe sustituir. Quizás entonces haya sustitutos suficientes para las libranzas legales (vacaciones, permisos…).

Vayan a un modelo guiado por el interés general y la razón. Vayan a un modelo que nos beneficie a todos, y sobre todo al usuario, vayan a un modelo madrileño, o navarro, o murciano, para organizar la atención continuada, pero no al extremeño que es más de lo mismo y aún peor. ¡Aprendan de la virtud ajena! ¡Desmonten de una vez por todas el cortijo!

El peligro de los gestores desatados es que no saben salir de un mal modelo si no es yendo a otro peor. Y en eso están según todos los síntomas. No dan para más. Temible septiembre nos espera.

Sentencia del Tribunal Supremo: El descanso postguardia no es libranza. 

 

 

 

 

Correr y leer

Emil zatopek

 

Yo me inicie en el goce de la lectura con la misma falta de seriedad que en el goce de las piernas, es decir, por instinto. Guiado más por el principio de placer que por el principio de realidad.

Y esto ocurrió muy pronto, con las historietas y los cómics, o quizás debería decir, dada la generación a la que pertenezco, con los tebeos.

“Tebeo” es una palabra que aparece en el diccionario de la lengua española, el cual los define así:

“De TBO, nombre de una revista española fundada en 1917”; “Publicación infantil o juvenil cuyo asunto se desarrolla en series de dibujos”; “Serie de aventuras contada en forma de historietas gráficas”.

Ya antes de los tebeos, porque todo tiene su origen y su evolución, siendo muy pequeño, mi imaginación y deduzco que también la de mis hermanos se espabiló gracias a la literatura oral que nos administraba mi madre cuando nos narraba -a su manera- los cuentecillos de Perrault o de los hermanos Grimm.

Era la fórmula infalible para que no diéramos problemas a la hora de comer, ese acto irracional y mecánico que imitan los adultos pero que a veces repudian imitar los niños. La clave está en atraparlos y ensimismarlos con la magia del cuento y en dejarlos alelados pero con la boca abierta. Ese es el momento de meter la cuchara hasta el fondo sin dejar que el hilo del relato se interrumpa, que es la manera óptima de que la trama llegue hasta el esófago o incluso un poco más allá. Todo un arte este de hacer de la ficción una forma de alimento.

El pequeño relato era así una especie de flauta mágica con que mi madre controlaba y metía en el cesto de la costura a la inocente pero inquieta cobra que llevábamos dentro, resbaladiza pero sugestionable.

Los niños son por naturaleza y programación genética “culo de mal asiento”, y la única manera de distraerles por un momento de su movimiento perpetuo y de su curiosidad insaciable hacia el mundo exterior, es abrirles una ventana al mundo interior de la imaginación, contándoles un cuento.

Es por esa razón que así como Marcel Proust asociaba a una magdalena todo un mundo de recuerdos infantiles, yo aquellos desayunos de antes de ir al parvulario los asocio en mi memoria a las migas de pan que Pulgarcito esparcía por el bosque.

Hoy puedo decir incluso que aspecto tenía aquel bosque en mi imaginación de niño, y puedo asegurar también que por razones que se me escapan, ese bosque era igual a aquel otro que luego he visto reproducido en muchos grabados de Gustave Doré, reconociéndolo de inmediato como el mismo bosque. Casi como si fuera el bosque de un inconsciente colectivo o un bosque del que mi inconsciente brotó como lo hace una planta de su raíz.

La ceremonia que daba esplendor y sentido al mundo infantil de los tebeos era el intercambio que hacíamos de ellos con otros niños de parecidas aficiones lectoras.

Que por lo demás eran los mismos compinches con los que jugábamos a la peonza o a las canicas.

Más allá de puntuales intercambios sin protocolo, el momento glorioso y formal de este pequeño mercadeo se efectuaba los viernes por la tarde cuando ya las actividades escolares de la semana habían cesado y nos disponíamos a ser libres o incluso libertarios durante todo un fin de semana.

Era un intercambio al por mayor, en grandes tacos de tebeos, porque esta mercancía imaginativa, instrumento de nuestra fantasía, la consumíamos con gran voracidad. Nos entraba mejor que los garbanzos.

Imagínense a tres niños, por ejemplo, arrodillados sobre cualquier suelo capaz de soportar su firme voluntad de conquistar El Dorado o el salvaje Oeste. Hay que decir que en aquel barrio obrero, había en ese tiempo muy poco terreno asfaltado, así que muy bien pudieran estar realizando esa humilde operación de mercachifles, arrodillados directamente sobre la madre tierra y sin ningún miedo al tétanos, ni al tifus, ni a los piojos, sino en acostumbrada simbiosis con la materia que les era más próxima, tanto en el tiempo como en el espacio: la tierra.

Con la tierra tenían que vérselas cuando iban en busca de grillos cantores, o cuando jugaban a clavarse espigas de trigo en el jersey. Y con la tierra tenían que vérselas cuando jugaban a la peonza y al clavo, o a las canicas. Incluso algunas de estas canicas -canicas de pobre podríamos decir- las elaboraban con barro, amasado con primor de alfareros, a las que luego daban consistencia en el horno de su sufrida madre. Y digo “sufrida madre” porque todo tiene un límite y una cosa es ser creativo y otra muy distinta andar metiendo barro primero en casa y luego en el horno. O en la “chapa”, que antes, en España, siendo yo muy niño, había “chapa”.

Era aquel un tiempo prodigioso en que las heridas de “guerra” producto de las pedreas entre bandas contrarias y demás gajes del oficio de niño, tal que por ejemplo las “piteras” -que así llamábamos a las brechas en la cabeza producto de una pedrada- se curaban con vino y azúcar. Lo cual, si no eficaz era al menos divertido, y además en aquel tiempo, como en este, todo lo que no mata engorda.

Es viernes por la tarde. Cada niño se ha bajado de su casa, en la que no hay ascensor, sólo escaleras, un taco de tebeos que no tiene nada que envidiar al tocho inconmensurable y sabihondo de un orgulloso licenciado.

Allí se mezclan Jabatos y Capitanes Truenos, Taurus y Crispines, Zipis y Zapes, Mortadelos y Filemones, Hazañas Bélicas y Príncipes Valientes, con algún Superman añadido, que da variedad cosmopolita al conjunto.

De aquel intercambio siempre transitorio, reversible, y con derecho a devolución, no se levantan contratos ni actas de ningún tipo, ni quedan registros escritos ni listas que ayuden después a la memoria, porque los niños la tienen tan nueva y tan fértil, que no necesita las mismas formalidades que la exhausta memoria de los adultos.

Entre todos aquellos tebeos, recuerdo ahora uno (y lo recuerdo por una lectura reciente que luego diré) que tiene mucho que ver con mi actual afición a correr, y que narraba la vida entre tranquila y épica del gran campeón Emil Zatopek, la “locomotora checa”.

Y es que Emil Zatopek, el famoso campeón olímpico, era un hombre tranquilo al que le gustaba sonreír, y sin embargo no le gustaba correr ni en general el deporte, que consideraba una pérdida de tiempo, al menos al principio, y que según yo lo veo le habría gustado pasar discreto por la vida y llevarla tranquila y sin grandes sobresaltos.

Pero como decía Ortega, uno es uno y sus circunstancias, y las circunstancias a veces nos van llevando por caminos que no elegimos.

Y así le tocó, al joven Emil, vivir primero la ocupación nazi de su país, para luego quedar bajo el poder soviético, al otro lado del telón de acero, como luego le sucedió apoyar a los rebeldes de la primavera de Praga, que aspiraban a un socialismo más humano y democrático. Y como consecuencia de esto último, tuvo más tarde que afrontar la purga política que le llevó de campeón olímpico celebrado y admirado por todos a trabajar como castigo en una mina de uranio o incluso de humilde basurero. Aunque según parece y cuenta la historia, sus compañeros, que lo seguían admirando, no le dejaban recoger la basura, y cuando pasaban los basureros, Emil entre ellos, por la calle, los vecinos aplaudían desde sus ventanas o sus portales al gran campeón olímpico.

Todas estas peripecias vitales del gran atleta checo, que sólo aspiraba a una vida tranquila, están narradas de forma ágil y absorbente por Jean Echenoz en su libro “Correr”, que desde aquí recomiendo.

Pero antes de leer a Echenoz yo ya sabía de la “locomotora checa” por un tebeo de mi infancia, y de hecho su historia (o historieta) me inspiró y alentó en mis primeras competiciones atléticas de “alevín”. Y es que la mente influye mucho en el cuerpo y viceversa. Somos psicosomáticos. Leemos y corremos. Soñamos e intentamos que los sueños se cumplan. Yo tenía en la mente a Emil Zatopek cuando intentaba llegar el primero a la meta, o por lo menos el segundo, que tampoco está mal.

Si lo pensamos bien, leer se parece mucho a correr o caminar, y quien practica este saludable ejercicio sabe que mientras se camina o se corre se piensa mejor que cuando se está parado. Incluso la imaginación parece que respira y se oxigena mejor cuando se mueven las piernas al aire libre.

Dicen ahora que esto de correr es una moda y casi un negocio, pero yo creo que desde que el homo se puso erectus, no ha parado de caminar y de correr.

Al menos eso me pasó a mi que, recapitulando (como diría Haeckel) el camino evolutivo de la especie, primero anduve reptando, luego a gatas, pero una vez que me tuve en pie, dije allá voy.

Tengo que decir que mi abuelo, que murió cuando yo tenía tres años, me llamaba “mi perdigonin” -según me cuentan- porque con la vitalidad recién estrenada, como todos los niños, de vez en cuando y porque si, salía escopetado como esos cervatillos de los documentales de la 2 que apenas afianzados en sus extremidades frágiles y temblorosas, y ya más sueltos y confiados, nos asombran de repente con sus cabriolas de desfogue y pura alegría.

Correr, caminar, soñar.

Apartheid

apartheid

 

Extrañamente los distintos apartheid que en el mundo han sido se han prolongado en el tiempo de manera monótona y bastante inexplicable.

Esto demuestra dos cosas:
Que la injusticia abunda en las relaciones humanas (o laborales), y que está injusticia suele afianzarse en un cuerpo pasivo y sin criterio propio, siempre a favor de la gravedad. Somos muy buenos pegando coces hacia abajo y obedeciendo órdenes hacia arriba, y muy malos remediando injusticias.

Cualquiera que se mueva laboralmente en el ámbito de la atención primaria del SESCAM sabe que en su seno hay un APARTHEID laboral enquistado desde hace más de una década. Concretamente desde 2005. Y sabe perfectamente quienes son las víctimas de ese apartheid: el personal estatutario de atención continuada (PEAC).
También sabe quiénes han estado del lado de los victimarios, por acción, por omisión, o por interés, que no tiene nada que ver con el interés general. Y aquí los sindicatos sabrán si después de 12 años de pasividad y consentimiento están dispuestos reaccionar.

Pero como siempre ocurre en la vergonzosa historia de los apartheid llegará un momento (y está llegando) en que dicha situación nos parecerá una injusticia y hasta un escándalo. Y nos preguntaremos como hemos consentido que un médico o un enfermero trabaje durante 65 horas seguidas; o por qué sus turnos de trabajo son tan irracionales y contrarios a la salud laboral; o por qué en tantas ocasiones no libran ningún fin de semana del mes, de todos los meses del año, como si no tuvieran familia ni vida social, condenados a una vida paralela de sonámbulos perpetuos; o porqué no se les ha reconocido como personal nocturno y a turnos si efectivamente lo son; o porqué no se les ha aplicado a ellos las tablas correspondientes para la reducción de su jornada por noches realizadas, como a cualquier otro trabajador en condiciones similares; o por qué con la misma categoría profesional y la misma formación académica, cobran menos por realizar consultas​ a destajo que duran 17 y 24 horas seguidas (o 65), y cobran menos también por trabajar de noche y preferentemente en festivos y fines de semana (¿En qué otro ámbito laboral de este mundo se cobra menos por trabajar de noche y en festivos y fines de semana? Solo aquí); o por qué la gestión de sus nóminas no hay quien la entienda como no sea Ali Baba o el emérito extesorero Luis Bárcenas; o por qué sus turnos de trabajo y descanso se los impone  “el equipo”, si no son (como les recalcan) parte del “equipo”, ni son subordinados de otros compañeros de a pie, ni están contratados por el “equipo”, ni el “equipo” les paga; o por qué el disfrute de sus licencias y descansos les produce fatiga, cansancio, y sobre todo merma económica… Digamos que son cosas que tiran a raras.

Podría seguir como en realidad sigue y se prolonga en el tiempo (va para doce años) esta situación que de repente a todos nos parece un escándalo, cutre, y surrealista.

Amanece que no es poco, en Castilla-La Mancha.

 

Atención Primaria: Un modelo francamente mejorable

Cartel centro

 

La atención primaria de nuestra sanidad funciona las 24 horas del día, y esto es fundamental para el segundo nivel, el nivel hospitalario, porque si atendemos al número de asistencias que se prestan en esas 24 horas en nuestros centros de salud, todos los días del año, hay que reconocer que su labor es ingente.

Es un magnífico filtro que resuelve a un coste económico ajustado muchas demandas asistenciales que el nivel hospitalario no podría asumir. Por eso la atención primaria es una pieza fundamental e imprescindible del engranaje de nuestra sanidad, pero a veces esa rueda dentada con que se inicia todo el mecanismo se desajusta, y entonces toda la máquina chirría hasta poder llegar a descarrilar. El deterioro que observamos actualmente tiene mucho que ver con esto.

En ese “movimiento perpetuo” de las 24 horas de servicio de nuestra atención primaria hay en términos  generales dos franjas horarias definidas por una función distinta, la que atañe a la consulta ordinaria y la que atañe a la atención continuada o urgente (guardias). Cuando acaba una y se cierran las consultas, empieza la otra y se abren los PAC (Puntos de Atención Continuada).

Hay en cierto modo también un personal específico que con la misma categoría profesional y académica asumen esas dos funciones diferenciadas y esas dos franjas horarias distintas: el personal de consulta y el personal de atención continuada o PEAC (Personal Estatutario de Atención Continuada), y esto no solo por motivos de eficiencia sino también por imperativos legales respecto a la duración de las jornadas y la duración de los descansos que establece nuestro Estatuto Marco, así como la normativa europea de obligado cumplimiento. Cuando unos empiezan a descansar finalizada su franja horaria de trabajo, empiezan los otros a trabajar en su propia franja horaria. En un esquema que se presenta como ideal en el Estatuto Marco, las 12 horas de trabajo de unos se corresponden con las 12 horas de descanso del otro colectivo y viceversa.

Como vemos parece una danza coordinada que permite la “continuidad asistencial” de la atención primaria, cuyo hilo no se debería romper ya que cubre una demanda asistencial impredecible y contingente durante las 24 horas del día. Y aquí aparece ya un concepto que es clave en la atención primaria y en la medicina de familia: la continuidad. El Médico de familia es el médico de la continuidad.

La manera de coordinar estas dos funciones y franjas horarias, y a estos dos colectivos profesionales de la atención primaria (personal de consulta y personal PEAC), o dicho de otro modo, la manera de organizar y coordinar la atención en la consulta ordinaria y la atención urgente en el PAC, condiciona directamente la eficacia del primer nivel asistencial, de esa primera rueda dentada (la Atención Primaria) de la que depende todo el mecanismo de la asistencia sanitaria que presta el SESCAM. Por eso vemos cómo los distintos MODELOS que existen en las distintas Comunidades autónomas y servicios sanitarios para organizar la atención continuada y las urgencias de los Centros de salud, producen efectos tan dispares y tan importantes.

El SESCAM ha optado por el peor. El actual modelo de organización que implementa el SESCAM es altamente ineficiente tanto desde el punto de vista asistencial como desde el punto de vista económico, además de ser tóxico desde el punto de vista de la salud laboral para un amplio número de profesionales. Lo cual se paga en bajas por enfermedad y fuga de profesionales.

Al optar por romper el esquema propuesto como ideal por el Estatuto Marco y programar guardias largas de 17 o 24 horas de duración, distorsionando el equilibrio de las 12 horas de jornada máxima seguidas de 12 horas de descanso, obtiene las siguientes consecuencias:

La mayoría de las veces que los sanitarios de consulta (médicos y enfermeros) hacen guardia, y dado que la hacen en turnos de 17 y 24 horas, sin acotarse a las 12 horas de jornada máxima, al día siguiente se cierra su consulta. Esto supone que en un centro de salud donde 7 médicos y 7 enfermeros de consulta hacen guardia, se cerrarán a lo largo de un año entre 168 y 252 consultas de medicina y entre 168 y 252 consultas de enfermería, es decir que entre ambos colectivos se cerrarán entre 336 y 504 consultas, que no obstante se pagan. Esas cifras o similares habría que multiplicarlas por el número de centros de salud y PAC que constituyen la red de Atención Primaria. No hay manera más drástica e ineficiente de romper la continuidad de la Medicina de familia. Esto es lo que genera las cada vez más dilatadas listas de espera en atención primaria, clave de su deterioro, y con importantes repercusiones en las urgencias hospitalarias.

Si ustedes preguntan a los gestores del SESCAM por que organizan esto así, tan ineficazmente, tan en contra del interés general, no sabrán o no querrán darles la razón.

Esta es la opción peor y más arcaica. Luego existen otras más avanzadas y racionales.

Por ejemplo, en Madrid las consultas van por un lado con su personal de consulta específico, y las urgencias de primaria van por otro, también con su personal específico. Dado que el personal de consulta no hace guardias, las consultas no se cierran y permanecen abiertas todos los días. Comparen con las cifras de consultas cerradas que hemos puesto más arriba, y podrán intuir cuales son las consecuencias sin duda ventajosas sobre las listas de espera, la calidad de la asistencia, y el interés general.

Podemos referirnos todavía a otro modelo eficiente que podemos llamar “navarro”. En este otro modelo, el personal de consulta realiza rotativamente turnos de guardia cortos (hasta las 20 horas) tras acabar su consulta, y a partir de las 20 horas toma el relevo el personal específico de atención continuada. No solo son turnos más cortos y saludables (para unos y para otros) sino que se respeta el descanso de 12 horas que permite que el profesional de consulta al que ha tocado rotativamente ese turno de guardia corto, descanse y abra su consulta a las 8 horas del día siguiente. No se cierran consultas. Del cierre de ninguna consulta al cierre de entre 336 y 504 en cada centro de salud, hay una diferencia que se nota y repercute en las listas de espera y la calidad asistencial. Sin duda hay diferencia también en el buen uso del dinero público porque las consultas que se pagan, se han pasado de manera efectiva y real. No pasa lo mismo en el modelo arcaico del SESCAM, donde no es fácil calificar el hecho de abonar el desorbitado número de consultas que no se pasan.

No pregunten a los gestores del SESCAM por qué optan por el peor modelo, el más ineficiente y el más costoso, porque no les van a contestar. Es un enigma.

A pesar de ese enigma ellos saben que la jornada complementaria (guardias) es un DEBER que la Administración sanitaria administra, cuando tiene buen juicio, en base al interés general. Unas Administraciones administran ese deber bien y otros pésimamente. Lamentablemente el SESCAM está en este último grupo.

 

 

 

PODEMOS, el SESCAM, y el ajo

Centro-Salud-Urgencias

Y se preguntarán ustedes:
¿Qué tiene que ver el SESCAM con el ajo?
Y yo les contesto:
Efectivamente el SESCAM no tiene nada que ver directamente con el ajo, pero si con la explotación laboral.

Y es que recientemente llamó mi atención una noticia en la prensa que decía: “Hallan a 59 inmigrantes en Cuenca en condiciones infrahumanas trabajando en la campaña del ajo”.
Y ya en el desarrollo de la noticia se explica que los explotados estaban sometidos a “jornadas de trabajo interminables”, y se habla de “trata de seres humanos con fines de explotación laboral y contra los derechos de los trabajadores”.

Claro que este hallazgo sólo ha podido lograrse gracias a “inspecciones preventivas en lugares donde se sospechaba que podrían existir víctimas de explotación laboral”.
Ha sido una operación de la Guardia Civil y la Inspección de trabajo.

El campo de Cuenca durante la campaña del ajo parece ser uno de esos sitios “sospechosos” que pueden ocultar casos de explotación laboral.
Pero ¿y si la guardia civil y la inspección de trabajo dirigieran sus pasos y sus investigaciones por ejemplo a un PAC (punto de atención continuada) o servicio de urgencias de un centro de salud del SESCAM durante un fin de semana o puente prolongado?

Pues se encontrarían con sorpresas desagradables, porque no faltarían, antes al contrario, los casos en que médicos y enfermeros PEAC realizan jornadas de 48, 65, o 72 horas seguidas de trabajo (se han dado casos de cinco jornadas seguidas), y claro, esto no conviene que se sepa, aunque casi “todos” lo saben. Y en ese “todos” incluyo a quien tiene la responsabilidad legal de impedir que eso ocurra.

Pero no sólo no lo impiden sino que lo ocultan o incluso lo alientan.
Estamos hablando de un servicio público asistencial de urgencias y de una Comunidad con gobierno “socialista”.

El wasap es una forma posmoderna de conversar bastante alocada y estrambótica. En grupos amplios, por ejemplo un wasap profesional o corporativo, puede ser una auténtica locura. Como todas las conversaciones, la conversación del wasap tiene un carácter ondulante o en picos, con fases de letargia y fases explosivas que son muy difíciles de controlar o seguir. Pero el wasap profesional o corporativo, y estamos hablando de un wasap PEAC (el colectivo profesional más explotado y maltratado del SESCAM), es decir, de médicos y enfermeros que trabajan para el SESCAM, tiene algo especial y es que profesionales que nunca se han visto y que quizás nunca se van a ver, empiezan a compartir en una conversación colectiva y abierta sus experiencias y más concretamente sus pesadillas laborales. Pesadillas que al SESCAM interesaría mucho que no vieran la luz y permanecieran aisladas y en la sombra, pero que por este medio tan moderno -el wasap- se comparten y se comunican precisamente a la velocidad de la luz y empiezan a revelar la auténtica naturaleza de la situación: una explotación laboral ubicua, conocida, y cuando no alentada, si consentida. Una explotación salvaje que no creeríamos posible en este medio.

Y esos mensajes y experiencias que se intercambian ya en tromba ponen también de manifiesto un cinismo de los gestores que consienten esa situación o bien la imponen con amenazas indirectas o directas, veladas o expresas, a quien creen indefenso y aislado.
Esto es posible porque “todos” los responsables de que esto no ocurra, “todos” han fallado.

Para hacerse una idea del tipo de experiencias (pesadillas) laborales que se comunican en un wasap del personal PEAC del SESCAM, quiero poner aquí el contenido literal de uno de esos mensajes, de hace dos días, y que sólo es la muestra parcial de un conjunto más amplio. Habla una compañera:

“Porque la verdad es que muchísimos hemos vivido malos tiempos, yo por ejemplo, he llegado a hacer guardias de cinco días consecutivos, y todavía hago de 65 horas, y hoy con 60 años y alguna limitación, y es lo coges o lo dejas”.

Recapitulemos: esto ocurre en SESCAM, Castilla-La Mancha, España, Europa, lo que normalmente se conoce como “primer mundo”.

Hablo hoy con un compañero PEAC que me había llamado hace un tiempo para manifestarme su situación, muy similar a la que describe la compañera más arriba, y que no es sino pura explotación y maltrato laboral. Nada ha cambiado me dice. Si no hace el sobreesfuerzo de realizar más de 24 horas seguidas de trabajo, no libra NINGÚN fin de semana al mes. Repito: NINGUNO. Ese es el chantaje. Y eso que su nombramiento es para cubrir (como médico o enfermero PEAC) una “franja horaria” y no días concretos como festivos o fines de semana.

Tal como respira el Estatuto Marco, donde se habla de jornadas y descansos de 12 horas, debe suponerse que esa “franja horaria” hace referencia a la “franja horaria” que va de 20 a 8 horas (modelo navarro).

El cinismo de los gestores en el que se envuelve el maltrato a este personal puede ir desde decirle al profesional que se queja: “A lo mejor es que no estás preparado para aguantar este tipo de trabajo”, a otro momento posterior en que el profesional con la salud ya rota comunica que abandona, y entonces el responsable de la Gerencia le dice con igual cinismo “No sé cómo aguantáis tanto”.

No debe extrañarnos por tanto que haya visto abandonar el puesto a seis compañeros en los últimos dos años.

Una de las ventajas que debe esperarse de la entrada de Podemos en el gobierno de Castilla-La Mancha es que algunos cotos cerrados empiecen a orearse y que algunos espacios oscuros empiecen a iluminarse.

La oportunidad que se le ofrece a esta formación política en nuestra Comunidad sólo será aprovechada si al final los ciudadanos sacan la conclusión de que vinieron a resolver problemas, a impedir brutalidades como las descritas, y no sólo a ocupar poder. Les invito a investigar y conocer más sobre este asunto.

En vista de que estas son las extrañas circunstancias laborales que a algunos profesionales del SESCAM les toca vivir y padecer, hago desde aquí un llamamiento a PODEMOS, a la Inspección de trabajo, y a la guardia civil, para que amplíen su radio de acción y consideren como lugar “sospechoso” de ocultar casos de explotación laboral no sólo el campo de Cuenca durante la campaña del ajo sino también los PAC de los centros de salud del SESCAM durante los fines de semanas y puentes prolongados.

El caballero de la mano extraviada

Uno piensa con esa lógica profana y virgen de los ciudadanos de a pie que lo primero que debería haberse preguntado a Rajoy cuando ayer fue a declarar como testigo ante la Audiencia Nacional es por su mano izquierda, si la llevaba encima o si la había dejado en casa.
Y en caso de que no la hubiera olvidado en casa, si su mano izquierda había pasado sin dificultad el escáner de la puerta de acceso a los juzgados y demás controles de seguridad.

Lo digo porque en la conversación grabada al ex ministro Jorge Fernández Díaz en su submundo de las cloacas estatales (concretamente en conversación con el director de la Oficina antifraude en Cataluña), Rajoy es descrito como ambidiestro a la par que manco, y anfibio a la par que presidente, sabe de las cloacas pero no por ello pierde el color. Sabe y dice no saber.

Si hemos de creer al ex ministro de las catacumbas, Rajoy vive desdoblado, y su mano derecha ignora lo que hace su mano izquierda, a pesar de que duermen juntas.

La frase grabada al vuelo en ese tugurio antidemocrático donde se cocinaban informes que apestan fue en concreto:
“El presidente del gobierno lo sabe…. pero…. vamos a ver…. su mano derecha no sabe lo que hace su mano izquierda”. Es decir, el presidente sabía y sabe lo que se cocinaba allí.

Palabra de ex ministro.

Evidentemente todos sabemos que la frase de Jorge Fernández Díaz en relación a su presidente es una forma de hablar, que traducida significa que Rajoy sabe de sobra y un poco más, pero se hace el tonto. Y al mismo tiempo el listo, o incluso el gracioso.
Y todos sabemos que cuando Rajoy le escribía a Bárcenas: “Se fuerte, hacemos todo lo que podemos”, no se estaba refiriendo a un mal catarro y a que el fiel amigo presidencial estuviera preparando a toda prisa una tisana para su infiel tesorero constipado.

Sin embargo, la impunidad da mucha seguridad y empaque en las respuestas a un juez, o incluso deja un resto para la ironía (he ahí a un presidente del gobierno riéndose del resto de los ciudadanos). Por eso sobre esos mensajes intercambiados con su protegido y amigo Bárcenas, ha podido decir en su declaración: respondí a sus mensajes, “eso es todo”.
Que no es poco, diríamos nosotros, dado el carácter de la respuesta y lo que ya se sabía.

Siendo todo esto grave y síntoma inequívoco de una fatal enfermedad, lo que ya definitivamente empeora el pronóstico es que cuando ese submundo aflora a la superficie (y lo hace con inusitada frecuencia, dada la plétora de inmundicia) se acepta ya con total normalidad y sin demasiados escrúpulos, porque de algún modo estamos convencidos de que no damos para más ni nos merecemos otra cosa.

Con cada una de estas patéticas manifestaciones de anormalidad (y llevamos unas cuantas) vamos sumando puntos hacia no se sabe qué premio final.

Yo diría que estamos ya en una fase depresiva y avanzada del mal que sin remedio conduce a la resignación y la ironía como lenitivo opiáceo.

Mal asunto.

POSDATA: LAS CLOACAS DE INTERIOR

Academias del decoro

Academia

Uno de los mayores logros intelectuales de nuestro tiempo, sin contar con el hallazgo del bosón de Higgs, es la recuperación del término “populismo”. Ha tenido tanto éxito que aparece hasta en la sopa de letras. Recuperación muy oportuna porque el término “rojos” había caído en desuso por falta de credibilidad y sustancia.
Y es que hasta los bosones de Higgs (una especie de olas en el campo invisible del mismo nombre) tienen más realidad que algunos fantasmas aparentemente sólidos.

Desde aquello de “Un fantasma recorre Europa”, la Europa decorosa y bien pensante siempre se ha considerado asediada.

Al caer el muro de Berlín por implosión espontánea de aquel otro mundo, descubrimos de forma no menos explosiva lo que había en este.
Para atemperar este hallazgo, que devino bastante traumático y remató en crisis supina, aún no resuelta, hubo que inventar nuevos enemigos, a poder ser malísimos. De ahí el resurgir de la nueva etiqueta universal, “populista”, que lo mismo vale para un roto que para un descosido.

El término “populismo” no cabe confundirlo con el término “popular”, que si utilizáremos sin reparos y como adorno imprescindible asociado a distintos conceptos poco recomendables o nada creíbles como “monarquía popular” o “partido popular”, y no nos estamos refiriendo al partido popular (PP) de España, al que encajaría mejor que “popular” el calificativo de filo-soviético, dado que según ha constatado una reciente comisión parlamentaria, ha utilizado durante estos últimos y larguísimos años a la policía de todos contra sus adversarios políticos. Es decir, lo mismísimo que la GESTAPO o la KGB, y como si tal cosa. No por ello nos han echado de Europa.

Y eso nos enseña que hay que quitar hierro a ciertos asuntos y meterles caña.

Queda claro que al ex ministro Jorge Fernández Díaz, que con tanta soltura se movía en las cloacas del Estado, nunca se le podrá tildar de “populista”, concepto vaporoso, sino en todo caso de algo mucho más real y concreto, aunque sea envuelto en el vapor mefítico de los pantanos.
Es tal la seriedad y el decoro de algunos engranajes de nuestro Estado democrático que se inventaron el informe PISA (Pablo Iglesias sociedad anónima). Lástima que no se sacaran también de la manga el informe RISA (Robos Integrales sociedad anónima, pero suficientemente conocida).
Como vemos, nuestra estabilidad institucional no se tambalea sino que se afianza sólidamente echando raíces profundas en los estratos más bajos y oscuros.

Y es que el mundo de las etiquetas es francamente imaginativo, y a todas luces más elástico que un chicle. Y es aquí precisamente donde juegan su papel las Academias del decoro.

No quiero entrar en el análisis de las variantes semánticas con que los académicos del decoro intentan atrapar ese ente ambiguo y de contornos borrosos, al que han dado en llamar de forma amplia y para ahorrar energías “populismo”. Me perdería en ese bosque.

En el fondo, todo se reduce a construir una jaula con conceptos vacíos (flatus vocis) para intentar meter en ella, aunque sea a empujones, a todo aquel que nos disgusta porque es distinto, no nos obedece como dicta la tradición, o no le baila el agua a la corrupción y el poder (que en nuestro país es casi la misma cosa). O simplemente porque tiene su manera propia, libre, y personal de ver las cosas.
Y esta práctica es tan vieja como el senador McCarthy y su paranoia brujeril. El truco está en no hacer distingos y meter todo en un mismo saco. “Rojos” eran todos los que no le gustaban al infame senador, y “Populistas” son todos los que no piensan como el poder ordena y manda.

Tiene algo de medieval y escolástico este intento de construir cárceles de palabras que se sueltan con la misma ligereza con que vuelan los arcángeles y los tronos. En realidad se trata de grilletes y mazmorras, y los celebrados maestros que las diseñan, no pasan de esbirros chusqueros del señor del castillo.

Fuere por lo que fuere, uno se imagina (probablemente sin ninguna razón sólida) la Edad Media en blanco y negro y en un eterno e inacabable invierno. Aunque parece demostrado -y no sería entonces una fantasía- que en ese periodo gris y mortecino hubo un cambio climático y una pequeña edad del hielo.
Lo que no cabe la menor duda es que el mundo era entonces menos complejo: había cielo e infierno, buenos y malos, creyentes y paganos, santos virtuosos y horrendos pecadores.
Todo era más fácil y venía rodado. Y de este modo, si de una anciana mujer se decía que recogía hierbas y otros engendros del bosque para preparar filtros y bebedizos que ella pudiera considerar -por puro empirismo- medicinales (una de estas ancianas ilustró a William Withering sobre el eficaz uso de la droga digital), estaba claro que era bruja, y entonces lógicamente se la quemaba. A ella y a su extraviada ciencia.

Si estudiamos la casuística de algunos tratados antiguos sobre este asunto de los heterodoxos (no hay nada como leer a Menéndez Pelayo para sentir preferencia por los herejes), tendremos la impresión de estar ante un bosque de conceptos tan tupido y denso como el bosque de los males imaginados.
Aunque el campo académico donde encontraremos una imaginación más exultante y florida, es en el ramo de los instrumentos de tortura. Una auténtica tecnocracia con toda la tecnología del mundo puesta al servicio del dolor y del terror.

Yo, como mi gramática no pasa de parda, y casi no llego ni a bachiller (aunque del Fray Luis de León), tengo buen ojo para los académicos del decoro que ven un populista en cada bruja que vuela fuera del redil y un portento macroeconómico en cada instrumento de tortura.

Y es que hoy, la santa madre iglesia se llama globalización del modelo único y del pensamiento abstracto, si no ¿cómo se entiende que los “futuros” intangibles coticen en bolsa y los “presentes” de carne y hueso miserable no?
Y de la misma manera que entonces se precisaba de una academia daltónica de corifeos que describieran con pelos y señales a los arcángeles y su sexo, hoy se necesita una corporación equivalente que describa el séptimo cielo macroeconómico y sus enemigos naturales: los populistas.

Porque hay que decir que en este modo daltónico y gris de ver el mundo no hemos avanzado mucho. Es más, son los sofisticados inventores de palabras nuevas que no dicen mucho sino lo mismo que otras más viejas y usadas, los que achacan simplicidad de conceptos a los rebeldes. Como si sacarse de la chistera palabras novedosas para disfrazar viejos conceptos y acostumbradas mafias, fuera toda una revolución lingüística o incluso espiritual.

Estoy seguro de que el cardenal Bertone, secretario de estado con Benedicto XVI, cuyo ático de lujo (mármoles, maderas nobles, detalles exquisitos…) fue sufragado con fondos del Hospital infantil del Bambino Gesú, reza cada noche a un confuso y oportuno Maynard Smith, y ve un “populista” rabioso en su actual jefe, al que este tipo de cosas parece ser que disgustan.
Y “populistas” serían entonces cada uno de los atolondrados rebeldes que claman -incluso al cielo- por la poca vergüenza de tan estilizado cardenal.

En resumen: señores académicos apóstoles de la servidumbre voluntaria, hay muchos, cada vez más, que no se presentan voluntarios a ese mundo feliz de la servidumbre borreguil.
Y que ustedes, para variar, los llamen “populistas” no cambia mucho el asunto.

El camarote de los gestores del SESCAM

 

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Cuando los profesionales de un ámbito de trabajo, en este caso el sanitario, que son los que palpan cada día la realidad de los hechos y conocen de primera mano los problemas y las posibles soluciones, no son consultados por la Administración para abordar cambios importantes en él, sino que son dejados al margen, como un cero a la izquierda o un cuerpo muerto, elástico, y moldeable, y todo se hace a la sombra de los despachos, con su aire acondicionado y su servicio de seguridad, la realidad queda tan lejana y filtrada por datos y estadísticas que los resultados probablemente serán nefastos, y ni siquiera con propaganda póstuma se podrá maquillar el color del muerto.

Cuando ante un primer borrador para un cambio en la organización de la atención continuada de nuestros Centros de salud, los profesionales afectados no dan crédito y no salen de su asombro, es que algo se ha hecho muy mal y el rechazo y el malestar que se va a generar, no puntual sino mantenido en el tiempo, no se ha calibrado suficientemente.

El gobierno de Cospedal empezó a cavar su tumba aquí mismo, en los PAC, los puntos de atención continuada de los centros de salud, por la ocurrencia de un consejero de sanidad, Echaniz -de ingrato recuerdo- según la cual cerrar los PAC para utilizar ambulancias más baratas era una idea genial.
El gobierno del PP no pudo sobreponerse a ese error. Fue un error tan grave que resultó fatal.

Las ideas geniales a los gestores economicistas suelen salirles por la culata. Y es que hay cosas con las que no se juega, una de ellas es la salud, la otra la educación.

La sanidad, como la educación, es verdaderamente importante en el sentir de los ciudadanos. Un gobierno si quiere tener éxito y perdurar en el tiempo tiene que ser muy prudente en las decisiones que toma en estos ámbitos del servicio público.

Arrastramos aún hoy decisiones tomadas en el 2008 sobre la forma de organizar las guardias (atención continuada) en atención primaria, que empezaron por alentar y acabaron por consolidar definitivamente las listas de espera para el médico de cabecera y la progresiva ausencia de este de su consulta. Añadido a ello el despilfarro económico que supuso pagar un mismo trabajo de consulta dos veces. Todo ello no ha llevado sino al deterioro de la atención primaria.

Cuando ahora se ofrecía en Castilla-La Mancha una oportunidad para corregir aquel  error de 2008, y eso era lo que se esperaba del buen juicio y la sensatez de los gestores del SESCAM, salen con una solución absurda que potencia aún más dicho error.

Si se pretende que una parte de la jornada del PEAC se desarrolle en consulta (puro parche, sin efectividad real que no recompone la continuidad asistencial rota del médico de cabecera) es que a su vez la atención continuada que deja de hacer el PEAC la va a hacer el profesional de consulta (sin más objeto que engordar nómina), y por ello mismo faltará aún más a su puesto natural de trabajo: la consulta. Es como echar gasolina a un fuego. Pura insensatez.

Es -para describirlo de otra forma- como si en un equipo de fútbol pusiéramos al portero a jugar de delantero centro, y al delantero centro a jugar de portero (obra de un Mister inspirado), y nos sorprendiera que no metiéramos ningún gol y a nosotros nos los metieran todos.

Si esas ausencias del médico de cabecera ya constituían el fundamento real de las listas de espera para el médico de cabecera, la nueva ocurrencia de los gestores del Sescam alimentará ese círculo vicioso donde la atención primaria entra en un torbellino acelerado hacia su propia desintegración, que ya se intuye en el ambiente. Y si no se cree, léase este artículo.

Al parecer, en el camarote de los gestores del Sescam, que cada vez se parece más al camarote de los hermanos Marx, ni siquiera se plantean los modelos alternativos que resuelven de un plumazo todo esto, e incluso ahorran dinero.

Y los hay. Pero no quieren.

Ya dijimos en un artículo previo como para el SESCAM el profesional PEAC (médico o enfermero) que cumpla 55 años, o 58, o 62, debe seguir actuando como si esto no hubiera ocurrido y aún tuviera 54.
Lo cual diríamos que introduce un factor surrealista y cómico en un ámbito aparentemente racional y serio, si no fuera porque al mismo tiempo constituye una burla consumada a la salud laboral ejecutada por un ente que dice promover la salud.

Si a ello unimos los casos en que estos profesionales (sea cual sea su edad porque no cumplen años) hacen 48 o 65 horas seguidas de trabajo con el visto bueno del ente en cuestión, estaríamos ante situaciones que claman al cielo y que ponen al descubierto que quien dice promover la salud en realidad la machaca.

Creo que fue Groucho Marx el que en “Una noche en la ópera” dijo algo así como “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”, cláusula que tanto nos recuerda a las cláusulas infumables que el SESCAM suele prodigar en sus prodigiosas normas.

Y no es broma porque en nuestro ámbito de trabajo la parte contratada de la primera parte (EAP) hace de parte contratante de la segunda parte contratada (PEAC), de tal forma que a todos los efectos la parte contratada de la primera parte (EAP) decide los turnos y retribuciones cada mes y sin conocimiento previo de la segunda parte contratada (PEAC).

Y es que ese arte de aportar seriedad formal a lo que no pasa de ser un chiste, sólo pueden lograrlo dos colectivos: los hermanos Marx o los gestores del SESCAM.

A %d blogueros les gusta esto: