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El caballero de la mano extraviada

Uno piensa con esa lógica profana y virgen de los ciudadanos de a pie que lo primero que debería haberse preguntado a Rajoy cuando ayer fue a declarar como testigo ante la Audiencia Nacional es por su mano izquierda, si la llevaba encima o si la había dejado en casa.
Y en caso de que no la hubiera olvidado en casa, si su mano izquierda había pasado sin dificultad el escáner de la puerta de acceso a los juzgados y demás controles de seguridad.

Lo digo porque en la conversación grabada al ex ministro Jorge Fernández Díaz en su submundo de las cloacas estatales (concretamente en conversación con el director de la Oficina antifraude en Cataluña), Rajoy es descrito como ambidiestro a la par que manco, y anfibio a la par que presidente, sabe de las cloacas pero no por ello pierde el color. Sabe y dice no saber.

Si hemos de creer al ex ministro de las catacumbas, Rajoy vive desdoblado, y su mano derecha ignora lo que hace su mano izquierda, a pesar de que duermen juntas.

La frase grabada al vuelo en ese tugurio antidemocrático donde se cocinaban informes que apestan fue en concreto:
“El presidente del gobierno lo sabe…. pero…. vamos a ver…. su mano derecha no sabe lo que hace su mano izquierda”. Es decir, el presidente sabía y sabe lo que se cocinaba allí.

Palabra de ex ministro.

Evidentemente todos sabemos que la frase de Jorge Fernández Díaz en relación a su presidente es una forma de hablar, que traducida significa que Rajoy sabe de sobra y un poco más, pero se hace el tonto. Y al mismo tiempo el listo, o incluso el gracioso.
Y todos sabemos que cuando Rajoy le escribía a Bárcenas: “Se fuerte, hacemos todo lo que podemos”, no se estaba refiriendo a un mal catarro y a que el fiel amigo presidencial estuviera preparando a toda prisa una tisana para su infiel tesorero constipado.

Sin embargo, la impunidad da mucha seguridad y empaque en las respuestas a un juez, o incluso deja un resto para la ironía (he ahí a un presidente del gobierno riéndose del resto de los ciudadanos). Por eso sobre esos mensajes intercambiados con su protegido y amigo Bárcenas, ha podido decir en su declaración: respondí a sus mensajes, “eso es todo”.
Que no es poco, diríamos nosotros, dado el carácter de la respuesta y lo que ya se sabía.

Siendo todo esto grave y síntoma inequívoco de una fatal enfermedad, lo que ya definitivamente empeora el pronóstico es que cuando ese submundo aflora a la superficie (y lo hace con inusitada frecuencia, dada la plétora de inmundicia) se acepta ya con total normalidad y sin demasiados escrúpulos, porque de algún modo estamos convencidos de que no damos para más ni nos merecemos otra cosa.

Con cada una de estas patéticas manifestaciones de anormalidad (y llevamos unas cuantas) vamos sumando puntos hacia no se sabe qué premio final.

Yo diría que estamos ya en una fase depresiva y avanzada del mal que sin remedio conduce a la resignación y la ironía como lenitivo opiáceo.

Mal asunto.

POSDATA: LAS CLOACAS DE INTERIOR

Academias del decoro

Academia

Uno de los mayores logros intelectuales de nuestro tiempo, sin contar con el hallazgo del bosón de Higgs, es la recuperación del término “populismo”. Ha tenido tanto éxito que aparece hasta en la sopa de letras. Recuperación muy oportuna porque el término “rojos” había caído en desuso por falta de credibilidad y sustancia.
Y es que hasta los bosones de Higgs (una especie de olas en el campo invisible del mismo nombre) tienen más realidad que algunos fantasmas aparentemente sólidos.

Desde aquello de “Un fantasma recorre Europa”, la Europa decorosa y bien pensante siempre se ha considerado asediada.

Al caer el muro de Berlín por implosión espontánea de aquel otro mundo, descubrimos de forma no menos explosiva lo que había en este.
Para atemperar este hallazgo, que devino bastante traumático y remató en crisis supina, aún no resuelta, hubo que inventar nuevos enemigos, a poder ser malísimos. De ahí el resurgir de la nueva etiqueta universal, “populista”, que lo mismo vale para un roto que para un descosido.

El término “populismo” no cabe confundirlo con el término “popular”, que si utilizáremos sin reparos y como adorno imprescindible asociado a distintos conceptos poco recomendables o nada creíbles como “monarquía popular” o “partido popular”, y no nos estamos refiriendo al partido popular (PP) de España, al que encajaría mejor que “popular” el calificativo de filo-soviético, dado que según ha constatado una reciente comisión parlamentaria, ha utilizado durante estos últimos y larguísimos años a la policía de todos contra sus adversarios políticos. Es decir, lo mismísimo que la GESTAPO o la KGB, y como si tal cosa. No por ello nos han echado de Europa.

Y eso nos enseña que hay que quitar hierro a ciertos asuntos y meterles caña.

Queda claro que al ex ministro Jorge Fernández Díaz, que con tanta soltura se movía en las cloacas del Estado, nunca se le podrá tildar de “populista”, concepto vaporoso, sino en todo caso de algo mucho más real y concreto, aunque sea envuelto en el vapor mefítico de los pantanos.
Es tal la seriedad y el decoro de algunos engranajes de nuestro Estado democrático que se inventaron el informe PISA (Pablo Iglesias sociedad anónima). Lástima que no se sacaran también de la manga el informe RISA (Robos Integrales sociedad anónima, pero suficientemente conocida).
Como vemos, nuestra estabilidad institucional no se tambalea sino que se afianza sólidamente echando raíces profundas en los estratos más bajos y oscuros.

Y es que el mundo de las etiquetas es francamente imaginativo, y a todas luces más elástico que un chicle. Y es aquí precisamente donde juegan su papel las Academias del decoro.

No quiero entrar en el análisis de las variantes semánticas con que los académicos del decoro intentan atrapar ese ente ambiguo y de contornos borrosos, al que han dado en llamar de forma amplia y para ahorrar energías “populismo”. Me perdería en ese bosque.

En el fondo, todo se reduce a construir una jaula con conceptos vacíos (flatus vocis) para intentar meter en ella, aunque sea a empujones, a todo aquel que nos disgusta porque es distinto, no nos obedece como dicta la tradición, o no le baila el agua a la corrupción y el poder (que en nuestro país es casi la misma cosa). O simplemente porque tiene su manera propia, libre, y personal de ver las cosas.
Y esta práctica es tan vieja como el senador McCarthy y su paranoia brujeril. El truco está en no hacer distingos y meter todo en un mismo saco. “Rojos” eran todos los que no le gustaban al infame senador, y “Populistas” son todos los que no piensan como el poder ordena y manda.

Tiene algo de medieval y escolástico este intento de construir cárceles de palabras que se sueltan con la misma ligereza con que vuelan los arcángeles y los tronos. En realidad se trata de grilletes y mazmorras, y los celebrados maestros que las diseñan, no pasan de esbirros chusqueros del señor del castillo.

Fuere por lo que fuere, uno se imagina (probablemente sin ninguna razón sólida) la Edad Media en blanco y negro y en un eterno e inacabable invierno. Aunque parece demostrado -y no sería entonces una fantasía- que en ese periodo gris y mortecino hubo un cambio climático y una pequeña edad del hielo.
Lo que no cabe la menor duda es que el mundo era entonces menos complejo: había cielo e infierno, buenos y malos, creyentes y paganos, santos virtuosos y horrendos pecadores.
Todo era más fácil y venía rodado. Y de este modo, si de una anciana mujer se decía que recogía hierbas y otros engendros del bosque para preparar filtros y bebedizos que ella pudiera considerar -por puro empirismo- medicinales (una de estas ancianas ilustró a William Withering sobre el eficaz uso de la droga digital), estaba claro que era bruja, y entonces lógicamente se la quemaba. A ella y a su extraviada ciencia.

Si estudiamos la casuística de algunos tratados antiguos sobre este asunto de los heterodoxos (no hay nada como leer a Menéndez Pelayo para sentir preferencia por los herejes), tendremos la impresión de estar ante un bosque de conceptos tan tupido y denso como el bosque de los males imaginados.
Aunque el campo académico donde encontraremos una imaginación más exultante y florida, es en el ramo de los instrumentos de tortura. Una auténtica tecnocracia con toda la tecnología del mundo puesta al servicio del dolor y del terror.

Yo, como mi gramática no pasa de parda, y casi no llego ni a bachiller (aunque del Fray Luis de León), tengo buen ojo para los académicos del decoro que ven un populista en cada bruja que vuela fuera del redil y un portento macroeconómico en cada instrumento de tortura.

Y es que hoy, la santa madre iglesia se llama globalización del modelo único y del pensamiento abstracto, si no ¿cómo se entiende que los “futuros” intangibles coticen en bolsa y los “presentes” de carne y hueso miserable no?
Y de la misma manera que entonces se precisaba de una academia daltónica de corifeos que describieran con pelos y señales a los arcángeles y su sexo, hoy se necesita una corporación equivalente que describa el séptimo cielo macroeconómico y sus enemigos naturales: los populistas.

Porque hay que decir que en este modo daltónico y gris de ver el mundo no hemos avanzado mucho. Es más, son los sofisticados inventores de palabras nuevas que no dicen mucho sino lo mismo que otras más viejas y usadas, los que achacan simplicidad de conceptos a los rebeldes. Como si sacarse de la chistera palabras novedosas para disfrazar viejos conceptos y acostumbradas mafias, fuera toda una revolución lingüística o incluso espiritual.

Estoy seguro de que el cardenal Bertone, secretario de estado con Benedicto XVI, cuyo ático de lujo (mármoles, maderas nobles, detalles exquisitos…) fue sufragado con fondos del Hospital infantil del Bambino Gesú, reza cada noche a un confuso y oportuno Maynard Smith, y ve un “populista” rabioso en su actual jefe, al que este tipo de cosas parece ser que disgustan.
Y “populistas” serían entonces cada uno de los atolondrados rebeldes que claman -incluso al cielo- por la poca vergüenza de tan estilizado cardenal.

En resumen: señores académicos apóstoles de la servidumbre voluntaria, hay muchos, cada vez más, que no se presentan voluntarios a ese mundo feliz de la servidumbre borreguil.
Y que ustedes, para variar, los llamen “populistas” no cambia mucho el asunto.

El camarote de los gestores del SESCAM

 

 

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Cuando los profesionales de un ámbito de trabajo, en este caso el sanitario, que son los que palpan cada día la realidad de los hechos y conocen de primera mano los problemas y las posibles soluciones, no son consultados por la Administración para abordar cambios importantes en él, sino que son dejados al margen, como un cero a la izquierda o un cuerpo muerto, elástico, y moldeable, y todo se hace a la sombra de los despachos, con su aire acondicionado y su servicio de seguridad, la realidad queda tan lejana y filtrada por datos y estadísticas que los resultados probablemente serán nefastos, y ni siquiera con propaganda póstuma se podrá maquillar el color del muerto.

Cuando ante un primer borrador para un cambio en la organización de la atención continuada de nuestros Centros de salud, los profesionales afectados no dan crédito y no salen de su asombro, es que algo se ha hecho muy mal y el rechazo y el malestar que se va a generar, no puntual sino mantenido en el tiempo, no se ha calibrado suficientemente.

El gobierno de Cospedal empezó a cavar su tumba aquí mismo, en los PAC, los puntos de atención continuada de los centros de salud, por la ocurrencia de un consejero de sanidad, Echaniz -de ingrato recuerdo- según la cual cerrar los PAC para utilizar ambulancias más baratas era una idea genial.
El gobierno del PP no pudo sobreponerse a ese error. Fue un error tan grave que resultó fatal.

Las ideas geniales a los gestores economicistas suelen salirles por la culata. Y es que hay cosas con las que no se juega, una de ellas es la salud, la otra la educación.

La sanidad, como la educación, es verdaderamente importante en el sentir de los ciudadanos. Un gobierno si quiere tener éxito y perdurar en el tiempo tiene que ser muy prudente en las decisiones que toma en estos ámbitos del servicio público.

Arrastramos aún hoy decisiones tomadas en el 2008 sobre la forma de organizar las guardias (atención continuada) en atención primaria, que empezaron por alentar y acabaron por consolidar definitivamente las listas de espera para el médico de cabecera y la progresiva ausencia de este de su consulta. Añadido a ello el despilfarro económico que supuso pagar un mismo trabajo de consulta dos veces. Todo ello no ha llevado sino al deterioro de la atención primaria.

Cuando ahora se ofrecía en Castilla-La Mancha una oportunidad para corregir aquel  error de 2008, y eso era lo que se esperaba del buen juicio y la sensatez de los gestores del SESCAM, salen con una solución absurda que potencia aún más dicho error.

Si se pretende que una parte de la jornada del PEAC se desarrolle en consulta (puro parche, sin efectividad real que no recompone la continuidad asistencial rota del médico de cabecera) es que a su vez la atención continuada que deja de hacer el PEAC la va a hacer el profesional de consulta (sin más objeto que engordar nómina), y por ello mismo faltará aún más a su puesto natural de trabajo: la consulta. Es como echar gasolina a un fuego. Pura insensatez.

Es -para describirlo de otra forma- como si en un equipo de fútbol pusiéramos al portero a jugar de delantero centro, y al delantero centro a jugar de portero (obra de un Mister inspirado), y nos sorprendiera que no metiéramos ningún gol y a nosotros nos los metieran todos.

Si esas ausencias del médico de cabecera ya constituían el fundamento real de las listas de espera para el médico de cabecera, la nueva ocurrencia de los gestores del Sescam alimentará ese círculo vicioso donde la atención primaria entra en un torbellino acelerado hacia su propia desintegración, que ya se intuye en el ambiente. Y si no se cree, léase este artículo.

Al parecer, en el camarote de los gestores del Sescam, que cada vez se parece más al camarote de los hermanos Marx, ni siquiera se plantean los modelos alternativos que resuelven de un plumazo todo esto, e incluso ahorran dinero.

Y los hay. Pero no quieren.

Ya dijimos en un artículo previo como para el SESCAM el profesional PEAC (médico o enfermero) que cumpla 55 años, o 58, o 62, debe seguir actuando como si esto no hubiera ocurrido y aún tuviera 54.
Lo cual diríamos que introduce un factor surrealista y cómico en un ámbito aparentemente racional y serio, si no fuera porque al mismo tiempo constituye una burla consumada a la salud laboral ejecutada por un ente que dice promover la salud.

Si a ello unimos los casos en que estos profesionales (sea cual sea su edad porque no cumplen años) hacen 48 o 65 horas seguidas de trabajo con el visto bueno del ente en cuestión, estaríamos ante situaciones que claman al cielo y que ponen al descubierto que quien dice promover la salud en realidad la machaca.

Creo que fue Groucho Marx el que en “Una noche en la ópera” dijo algo así como “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”, cláusula que tanto nos recuerda a las cláusulas infumables que el SESCAM suele prodigar en sus prodigiosas normas.

Y no es broma porque en nuestro ámbito de trabajo la parte contratada de la primera parte (EAP) hace de parte contratante de la segunda parte contratada (PEAC), de tal forma que a todos los efectos la parte contratada de la primera parte (EAP) decide los turnos y retribuciones cada mes y sin conocimiento previo de la segunda parte contratada (PEAC).

Y es que ese arte de aportar seriedad formal a lo que no pasa de ser un chiste, sólo pueden lograrlo dos colectivos: los hermanos Marx o los gestores del SESCAM.

A vueltas con la novisima propuesta del SESCAM

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La opinión en el wasap PEAC (cosas de la modernidad) era explosiva, generalizada, unánime. La tensa espera de algún fruto y recompensa por tan prolongado esfuerzo y trabajo, no sólo del trabajo en el puesto asistencial (que en algún caso supera las dos décadas, entre pitos y flautas, entre refuerzos y neo-refuerzos) sino del trabajo reivindicativo de tantos compañeros y durante tantos años, ante sindicatos poco receptivos y ante una administración, la del SESCAM, que se mantiene en la inopia y cree que con “propaganda” todo se arregla, se esperaba con impaciencia. Se esperaba un nuevo estatuto laboral al que poder calificar por primera vez de “decente”.
Y fue como el parto de los montes. Y la opinión fue unánime: “Esto es una mierda”. Perdonen el vocablo escatológico, pero la criatura no merece otro nombre,

Me refiero, claro está, al proyecto, borrador, u ocurrencia (que todos estos nombres se le puede dar) del SESCAM para “regularizar” la mala vida del Personal Estatutario de Atención Continuada (PEAC), médicos y enfermeros, y hacer su vida si cabe un poco más desagradable, y la del paciente un poco más complicada.

¿Pues no dice el paciente que le gustan las listas de espera? Pues toma tres cuartos. Y para ello no hay nada mejor que lo que estaba ambiguo dejarlo claro, declarando blanco sobre negro y a voz en grito que el personal de consulta no hace guardias los festivos ni fines de semana, ni tampoco pre festivos ni viernes, porque es de pata negra, y que la mejor manera de sacar la atención primaria adelante es que falten a la consulta, cuanto más mejor, y para ello que escojan las guardias de lunes a jueves según su real capricho y a mayor gloria de las libranzas que no lo son, en el orden legal, y las listas de espera, que sí lo son, en el orden efectivo, y que sin duda con tanta ocurrencia seguirán engordando ad libitum.

Un detalle particular de esta propuesta (aún bodrio en confección o aborto avanzado) que da idea del carácter general y de la extraña lucidez de la susodicha, es donde dice -literalmente- que la exención de guardias por edad no le es aplicable al PEAC o personal estatutario de atención continuada, es decir que a diferencia de cualquier otro español no es español per se con igualdad de derechos ante la ley, y que a diferencia de cualquier otro personal asistencial estatutario y por orden superior no cumple años y cuando cumpla los 55 seguirá teniendo 54, eternamente, como es eterna su condena, y por arte de magia, pero de magia negra, sus circuitos neuronales no se ofuscarán nunca, la arterioesclerosis no avanzará en sus vasos, la melancolía de la edad no hará presa en él, su mirada siempre será trasparente nunca velada, y sin quererlo habrá descubierto la fuente de la eterna juventud, que consiste en firmar un contrato de PEAC con el SESCAM, que es como venderle el alma (y el cuerpo también) al diablo.

Y este tipo de cosas las proponen y legislan “socialistas”. Ojo al dato.

Desde luego, el ente que firme este bodrio se retrata.
Pero será como quien se retrata en un funeral.

¡Qué cutre! ¡Qué triste!

SESCAM: Reciclando errores

Sescam

 

Al parecer, el SESCAM del PSOE no aprende de los errores del pasado. Tropieza dos y hasta tres veces en la misma piedra.

La actual Dirección parece inmune a cualquier tipo de actitud razonable, e impermeable a la enmienda sobre los errores de otro tiempo. Que fueron errores del PSOE y vuelven a ser errores del PSOE. ¿Qué opina PODEMOS de CLM sobre estos errores “voluntarios” de su nuevo compañero de viaje?

En vez de gestionar de cara al futuro y la eficiencia sanitaria, reciclan errores viejos (que llevaron a la bancarrota) de cara a la conservación de privilegios ilegítimos, con un evidente tufo a corrupción.

Veamos algunas preguntas básicas:

¿Qué preferirá el usuario y el ciudadano en general? ¿Qué un mismo y solo trabajo se pague una o hasta dos veces? Recuerden que estamos hablando del dinero de todos, de dinero público. ¿Cómo es posible que se diga que no hay dinero al mismo tiempo que se ampara, y ahora incluso se alienta esta irregularidad?

¿Preferirá que su médico de cabecera se encuentre dentro de la consulta o ausente de ella? ¿Cuál de estas dos opciones favorece la continuidad asistencial y el éxito de la atención primaria?

¿Por qué en vez de inspirarse en el modelo “navarro”, que es más eficiente y ajustado a la legalidad, quiere imitar al modelo “extremeño” que es directamente cochambroso?

En un pasado no muy lejano, el SESCAM del PSOE casi entró en quiebra, no porque la sanidad pública resulte cara, si tenemos en cuenta los beneficios de todo orden y los rendimientos económicos que produce tener una población sana (no hay mejor negocio para un país que tener una ciudadanía saludable), sino porque la gestión muchas veces es penosa y comete errores de bulto.

Con la presentación estos días a los sindicatos (y por tanto a sus afiliados) de una nueva propuesta para organizar la atención continuada y la función del personal PEAC, el SESCAM parece querer reincidir en errores del pasado, que casi nos costaron –y no hace tanto- la bancarrota de la sanidad pública,

Si en aquel entonces el error (que consiste en pagar un mismo trabajo dos veces) se cometió sacándose de la manga, contra legalidad, jurisprudencia, y eficiencia económica, la figura elástica del correturnos, para hacer un trabajo que ya cobraba otro (personal de consulta) ahora se quiere que el personal de atención de continuada (PEAC), que tiene su propia área estructural de trabajo desde hace más de dos décadas, haga funciones similares al correturnos, y baile de un sitio para otro, de un turno al contrario, de la atención continuada a la consulta, y de la noche a la mañana, haciendo su propio trabajo y además el que legalmente corresponde hacer a otro (ya que lo cobra), que no es otro que el personal de consulta.
Y esto, se mire por donde se mire, es reciclar un error y reincidir en un despilfarro. Volvemos a las andadas.

No por nada, sino por su ilegalidad constitucional,  la figura del “correturnos” se disolvió como un azucarillo en las primeras turbulencias de la crisis. Es la diferencia entre los “inventos” nacionales y las enmiendas europeas que los corrigen. No paran las instituciones europeas de corregir los pufos de nuestros gestores y según qué sindicatos.

Hay una manera más sencilla de ver las cosas.
Tanto el Estatuto Marco como la jurisprudencia del Tribunal Supremo dicen que el trabajo que se cobra (y estamos hablando de la jornada ordinaria) hay que trabajarlo. Y que no se puede interpretar como licencia (posguardia) lo que no es más que un descanso entre jornadas.
Es fácil percatarse -y bastaría con observar el ejemplo ajeno de otros servicios de salud, tal que el servicio navarro- de que no es difícil hacer que la legalidad vigente y las piezas de la organización encajen, de manera que el personal de consulta cumpla la jornada que está obligado a cumplir y el personal de atención continuada cumpla la suya que, dos décadas después, debería considerarse suficientemente consolidada, y que es -como el nombre lo indica-, atención continuada y no labores de sustitución o de colaboración en la estafa.

Porque esa es otra pregunta que surge al hilo del borrador y la nueva propuesta: Cuándo al personal PEAC se le ofrezca o se le obligue a cubrir un “saliente” de guardia de una consulta ¿se le estará induciendo a colaborar en una estafa? ¿Puede ante esta circunstancia negarse a contravenir el EM y la jurisprudencia del TS, y denunciarlo en el juzgado o la fiscalía?

¿Por qué se rechaza el modelo navarro? ¿Puede el SESCAM o según qué sindicatos explicarlo de cara al público?

Resulta que este “encaje” entre legalidad y funciones distintas que propicia el modelo navarro, no sólo cumpliría con la legalidad vigente sino que tiene la ventaja añadida -y no es moco de pavo- de que produce espontáneamente y de manera inmediata una mejor prestación del servicio al ciudadano, con reducción drástica de las listas de espera para el médico de cabecera, y una mayor presencia continuada de este en su consulta.

¿Por qué entonces el SESCAM se empeña en reciclar un viejo error, incumplir la legalidad y la jurisprudencia vigente, y hacer un mal uso del dinero público, pagando por duplicado un trabajo que ya cobra el titular y último responsable de esa obligación?

Para muchos profesionales de este ámbito (atención primaria) esta sigue siendo una pregunta sin respuesta, donde entran en juego privilegios a todas luces no aclarados.

Con este borrador y esta propuesta el SESCAM del PSOE vuelve a las andadas y carga directamente contra la legalidad, contra los intereses del usuario y la sanidad pública, y contra los derechos de todo un colectivo profesional.

Ermua

 

Fueron momentos que rompieron con la inercia de un hartazgo. La gran mayoría de españoles sentimos el asesinato de Miguel Ángel Blanco como una tragedia cruel y próxima, para nada distante, para nada ajena.

Lo que ocurrió y como ocurrió desencadenó una reacción en cadena, y cargó de significado y de consecuencias ese crimen. Aquella cuenta atrás de la que pendía indefensa la vida de un hombre, se desgranó al compás del horror en el corazón de muchos ciudadanos.
Fue una cuenta atrás terrible y también definitiva. Fue una cuenta atrás que marcó el final de ETA.

Es difícil olvidar aquella espera de un veredicto sobre alguien a quien no se le conoce culpa. Podemos suponer la confusión y la angustia de sus familiares, y recordar el estupor de todos ante el asesinato ya consumado.
Y del otro lado, del lado de los autores del crimen, sólo indiferencia, frialdad, inhumanidad, esa barbarie en que culmina todo totalitarismo.

Ya antes ETA había desplegado su violencia terrorista de manera indiscriminada, y acumulábamos todo un repertorio de imágenes siniestras de muertos, heridos, y mutilados, de toda edad y condición, imágenes que lo decían todo y no necesitaban de más explicación.
Fanatismo, violencia, y muerte. No había más mensaje. Y el instrumento para ese mensaje era el terror, la inhumanidad total.

Durante el transcurso de aquellas horas en que todo aconteció tan rápido (apenas 48 horas), sin embargo el tiempo se hizo denso, frío y espeso como el plomo, suficiente para la reacción colectiva, pero envuelto en un espanto contenido que con el desenlace final hizo crisis, y convocó rápidamente a la unanimidad de la protesta, del dolor, y de la rabia.

El hartazgo hacia ETA y su violencia colmó su medida con ese acto.

Tanto el asesinato de Miguel Ángel Blanco, como los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha, fueron perpetrados por un mismo fanatismo. Aquel que roto todo escrúpulo de inhumanidad y todo límite moral, cree acaparar toda la razón y converge en una misma tiniebla.

Ambos crímenes y la respuesta colectiva ante ellos, adquirieron una carga simbólica y un significado histórico de lucha contra el totalitarismo, que hace que su recuerdo sea necesario.

Uno de los abogados asesinados en el despacho de Atocha era salmantino y hermano de una conocida mía. Y en Salamanca ocurrió el atentado terrorista de ETA que más cerca he vivido, a unos 80 metros de donde yo me encontraba, muy cerca de la plaza de toros de esa ciudad, y muy cerca de donde vivían mis padres.
La bomba que arrancó las piernas del capitán Aliste me despertó aquella mañana, y enseguida se supo el origen del estruendo. Una bomba-lapa colocada en los bajos de su coche y activada con temporizador, hizo explosión dos minutos después de que el militar dejara a su hija de doce años y a otras dos compañeras en el colegio. El vehículo había parado en el trayecto para recoger a una de esas niñas. Si hubiera explotado dos minutos antes de cuando lo hizo, habría ocasionado una matanza entre los niños que a esa hora concurrían al colegio.

El rector más ilustre de Salamanca, Miguel de Unamuno, advertía sobre la deriva inquietante del nacionalismo vasco en un artículo publicado en el periódico El Sol el 30 de junio de 1932, y que tituló sin palabras mediante un símbolo: la esvástica nazi. O el Lauburu vasco. Este artículo puede encontrarse también en su libro “Visiones y comentarios” publicado en la colección Austral.

Hacia burla discreta Unamuno en ese artículo del apego que mostraban algunos de sus paisanos vascos nacionalistas al símbolo en cuestión, “de significación tan agorera y fatídica en países de Centroeuropa”, decía ya Unamuno.
Y aunque intentaba reconducir afectuosamente, como maestro prudente, a sus paisanos y apartarlos de ese error y de esa ostentación simbólica, cargada ya de significado tan siniestro, no dejaba de advertir más severamente de a que extremos de barbarie racista  y “zootecnia” inhumana podía llevar todo aquello.

Tras esos disparates folclóricos, en gran medida pueriles, no tardan en venir otros más dañinos, sentando doctrina excluyente y xenófoba sobre grupos sanguíneos, distingos RH, y quizás -por qué no- superioridades de la raza.
Racismo, xenofobia, y totalitarismo, siempre andan cerca y acostumbran a ir juntos de la mano. Y en este ámbito, también el fascismo español ha jugado frecuentemente a ese juego con una clara vertiente antisemita sustentada en nuestra tradición más negra.

Miguel Ángel Blanco, los abogados laboralistas de Atocha, y tantos otros inocentes cuyas vidas fueron segadas por el fanatismo ciego y la intolerancia, son perdidas crueles que debieron evitarse, pero sobre esas tragedias, nosotros y nuestra democracia pudimos seguir adelante.

Y con ese sacrificio y con esas víctimas hemos contraído una gran deuda: la de combatir y rechazar el fanatismo venga de donde venga, y la de un esfuerzo continuo e infatigable por mejorar y regenerar nuestra democracia, librándola de las lacras que la entorpecen, la limitan, o la asfixian, una de las cuales es la corrupción, que no es sino otra forma de terrorismo que causa miles de víctimas.

POSDATA:

Artículo de Miguel de Unamuno / El Sol 30 de junio de 1932 http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0000477103&search=&lang=es

Utilización de la esvástica por el nacionalismo vasco antes del año 1936 http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/23/67/09esparza.pdf

 

Arbitrariedad

carcoma

Decía con acierto Felipe VI en un discurso reciente que “fuera de la ley sólo hay arbitrariedad”. Ahora bien, cuando es la misma ley la que establece la arbitrariedad y el privilegio como axioma principesco, entramos en una lógica confusa capaz de desmadejar cualquier edificio moral o jurídico.

Que la ley sea la fuente de la legitimidad no significa que sea el remate acabado de la justicia. Por tanto hay que contar con que es revisable y mejorable. Las Constituciones son como los seres vivos: o evolucionan o mueren.

Aun cuando el término “arbitrariedad” nos recuerde a “árbitro” y por tanto pueda inducirnos a pensar equivocadamente en los conceptos de equilibrio y justicia, sobra decir que significa todo lo contrario: desequilibrio e injusticia, protagonizada por quien es juez y parte, dueño y señor.

Arbitrario: sujeto a la libre voluntad o al capricho antes que a la ley o a la razón, dice el Diccionario de la lengua española.

De la afirmación, ni siquiera arriesgada, de que la transición española está como levitando y suspensa en el tiempo, nos da idea el hecho de que la arbitrariedad más obscena corona nuestra Constitución cuando ordena y legítima que la figura del rey es irresponsable e inviolable (Título II, artículo 56), es decir, legítima que el rey, una persona de carne y hueso, como usted y como yo, con sus afectos y sus pasiones, al que puede acontecer cualquier deseo, desde el más atinado al más extraviado, no responde ante nadie y está por encima de la ley.

Lo cual convierte al monarca en un ente metafísico que entra en competencia directa con Dios.

En Europa y en pleno siglo XXI.

Y esto que nos sitúa directamente en el mundo de la irracionalidad y el medievo, y que podía ser aceptable cuando un gran número de siervos famélicos, analfabetos, y adoctrinados por sus respectivas Iglesias, creía que el rey era de pata negra pero con sangre azul y el representante más digno de Dios sobre la tierra, ya no lo es hoy que sabemos empíricamente que es un residuo evolutivo de una jerarquía simiesca basada en la fuerza bruta.

La figura del monarca sería así el equivalente al macho alfa en un grupo de monos antropoides, que desde su trono selvático ejerce su control y su real capricho, y que por imperativos genéticos absolutamente entendibles pero ciegos, trasmite ese privilegio a sus más próximos (hijos, yernos, y demás), como lo ha explicado muy bien Jaume Matas en un documental que desde aquí recomiendo.

Estamos pues ante una circunstancia etológica frecuente y suficientemente conocida que se describe casi a diario en esos documentales magistrales de la BBC sobre la vida salvaje, que dirige tan brillantemente David Attenborough.

Lo sorprendente es que así como ya no tenemos rabo al final del coxis y hemos perdido el pelo de aquella dehesa (somos monos desnudos), aún tenemos reyes que coronan nuestra vida social y política.

Lo normal sería -al hilo del avance de los tiempos y la civilización- que así como ya no tenemos cola prensil, tuviéramos representantes electos por los ciudadanos, que sujetos a su misma ley respondieran ante ella sin privilegios especiales de aforamiento y mucho menos de irresponsabilidad, y no como ocurre en este caso, que parece que estuviéramos ante semidioses puestos ahí por carambola hereditaria o designación divina. Un auténtico “dedazo”.

Pero esto, que sería lo deseable y lo coherente con el mundo que nos rodea, nos llevaría a un escenario de racionalidad ática y laicismo social, y hoy Grecia y su significado están de capa caída, triunfan Hollywood y sus criaturas, y los Popes y magos Rasputines han resucitado de nuevo. La posmodernidad no es sino el triunfo de los zombis.

Cuando la posmodernidad se parece tanto a la prehistoria, y la posverdad se parece tanto a la mentira, debemos sospechar que estamos en medio de un enorme timo.

Quizás tiene su lógica que hoy que han entrado en proceso de acoso y derribo tantas cosas estimables, logradas con encomiable esfuerzo (la democracia, los derechos humanos, las conquistas sociales, la igualdad ante la ley, la luz de la razón, la dignidad del hombre proclamada por el Humanismo, por el simple hecho de ser hombre y no por ser multimillonario, jerarca político, o monarca), arrastremos aún este vestigio rancio de tiempos pretéritos, no sólo como espectáculo que fascina y atrapa a las masas con sus ceremonias solemnes, sino como condicionante psicológico efectivo de rango y servidumbre, privilegio y arbitrariedad, sometimiento y resignación.

Y todo ello respaldado por las más altas  Instituciones.

Cuando hablo de condicionamientos psicológicos (pensemos en Pavlov y sus perros obedientes) hablo de esa sustancia invisible pero pegajosa, de esa rémora pertinaz que inadvertidamente se pega al alma de un hombre o de un pueblo, y convierte su acción en pura inercia, y su libertad en un espejismo.

Vivimos rodeados de condicionamientos de todo tipo, muchas veces envueltos bajo el ropaje de lo festivo, casi siempre disfrazados con el disfraz de lo correcto, fortalecidos por sistema con el peso de la masa, que hacen que la libertad, no ya sólo de acción sino incluso de pensamiento, sea una tarea difícil.
Si uno quiere intentarlo -ser libre- casi siempre tendrá que hacerlo nadando a contracorriente.

Si por lo general el condicionamiento está oculto, a veces es tal su osadía o su indiferencia, que se manifiesta explícitamente en una ley escrita y hasta en una Constitución, o en frases rotundas de ambiguo significado.

Por ejemplo: “no muerdas la mano que te da de comer”, que parece alabar una actitud virtuosa y agradecida, pero que también puede estar aconsejando una actitud servil y resignada. Y todo ello envuelto en un paternalismo tramposo.

Los perros también son alimentados por sus dueños, y no por salivar mecánicamente al toque de corneta son más libres ni más virtuosos. Nunca olvidemos que el cerebro es una víscera a la que se puede amaestrar tan eficazmente como a una pulga de circo.

Hay quien justifica todo esto como una concesión al espectáculo y la ceremonia, como una concesión a las necesidades espirituales del pueblo llano, que en su nostalgia de una autoridad suprema e irresponsable, siempre precisa de símbolos fuertes que coloquen cada cosa y a cada cual en su sitio.
O argumentan que dado que es un símbolo inoperante, metafísico, de adorno, sin poder real (lo cual no es cierto), no supone ningún inconveniente su permanencia como reliquia de otro mundo menos justo, ni es incompatible con el mundo moderno pues incluso saber hacer negocios poco claros, y ha tenido la prudencia de adaptar el derecho de pernada al glamour y los códigos de la jet society.

Yo no lo veo igual -permítaseme esta licencia- porque a menudo los símbolos resultan no ser tan metafísicos e inoperantes como se pretende, y tienen la mala costumbre (a pesar de la neutralidad que se pregona) de aliarse con otros símbolos igual de rancios y escorados, y al final esa coalición de símbolos teóricamente obsoletos constituye una atmósfera que oprime y condiciona, muy lejos de aquella inocencia simbólica que se dice incolora, inodora, e insípida.

Puestos a escoger símbolos y a costearlos con el presupuesto público ¿no sería mejor escoger aquellos símbolos más próximos a nuestro tiempo y a nuestro modo de ver las cosas?
Por ejemplo, el lema simbólico y programático de la revolución francesa: libertad, igualdad, y fraternidad.

POSDATA:

Documental Monarquía española https://www.youtube.com/watch?v=lkc5EGZTKzE&t=181s

El modelo “Navarro” frente al escándalo de las “peonadas” de primaria (SESCAM)

Centro-Salud-Urgencias

 

A veces dudo si conviene tratar en un artículo periodístico temas laborales específicos de un sector (en este caso el sanitario) porque no está claro sí llegará en su sentido último o en su interés al lector general.

Sin embargo, cuando me decido finalmente a abordar el tema es porque entiendo que además de poder interesar a los propios profesionales implicados, o a los sindicatos, o a los gestores, puede ser también de interés del usuario, ya que el problema de que se trata repercute en gran medida sobre él.

Así, en el mundo laboral de la sanidad se conjugan o entran en conflicto los intereses de los trabajadores asistenciales, los intereses y las querencias de los sindicatos, los imperativos y alternativas de la gestión, y las necesidades y derechos del usuario que recibe la asistencia.
Es por esto último que el tema tratado puede ser de interés general.

El primer prejuicio y error que hay que eliminar es pensar que los sindicatos lo son de todos los trabajadores, o que el interés último de la Administración es la asistencia prestada, o que unos y otros tienen por norte la mejora de la sanidad pública. No es así.
Al contrario, en este ámbito del servicio público y debido a vicios que arrastra la Administración pública española (vicios que están dejando al descubierto las sentencias europeas, y hablo por ejemplo de la España “interina” como una vergüenza nacional en la que tienen su parte de responsabilidad unos y otros), muchas veces los sindicatos lo son sólo de una parte específica de los trabajadores, y la Administración obra con la misma parcialidad, dejando ambos muy en segundo plano el interés general de todos o las prioridades y necesidades de la asistencia.

A mayor abundancia cabe decir que frecuentemente se conculca la ley con el mayor desparpajo. Por ejemplo el Estatuto Básico del empleado público en los pazos que establece para ciertas convocatorias de plazas. O la legalidad sobre jornadas y descansos y sobre salud laboral. Y esto ante la vista de todos y la pasividad de muchos. Incluso de los que tienen la última responsabilidad, lo cual es sorprendente, y de pura sorpresa puede llevarnos al mutismo y la resignación.

Si nos dijeran que un piloto de avión (con pasajeros a bordo) pilota durante 48 horas seguidas, o 64 horas, no nos lo podríamos creer. O que se concentran irracional y peligrosamente sus turnos de vuelo por intereses espurios o crematísticos tampoco sería muy creíble. Pues créanse que cosas de este tipo pasan en el mundo sanitario de nuestra Comunidad con la mayor normalidad, por sistema, o incluso de manera programada en calendarios que alguien ha decidido y firmado (en ocasiones sin contar con los protagonistas).
Es tal la desidia y la “costumbre”, fortalecida en la inoperancia de sindicatos y controles de salud laboral, que algunos no tienen empacho en firmar o aparecer como responsables últimos de esos desmanes.

Que un servicio público de sanidad no dé ejemplo de salud laboral, sino que acoja en su seno barbaridades que ningún otro ámbito laboral permitiría, deja en muy mal lugar a los sindicatos del sector y nos ilustra sobre una Administración pública que ha copiado los peores modos y vicios de la empresa privada.

En la atención primaria (y esto no afecta sólo a nuestra Comunidad sino que es un modo de organización que está generalizado) hay profesionales (médicos de familia y enfermeros) que ejercen labores de consulta en su jornada ordinaria, y profesionales (médicos de familia y enfermeros) que en su jornada ordinaria realizan labores de atención continuada o urgencias.
En algunas comunidades (ej. Madrid) ambas funciones y colectivos están disociados. En otras muchas no.

La manera de coordinar una y otra función tiene consecuencias importantes, y así ha podido verse que desde 2008, no sólo en nuestra Comunidad sino también en otras, la atención primaria se ha deteriorado por un incremento de las listas de espera para el médico de cabecera perfectamente evitable. Basta con cambiar el modelo de organización de la atención continuada, que es lo que hizo la Administración Navarra en el año 2014.

Históricamente los profesionales de atención continuada, con su origen en los refuerzos, vienen estando sujetos a una situación de discriminación laboral que ha dado cabida (y todavía ocurre hoy) a toda clase de atropellos.
Las barbaridades (ilegalidades) de jornada que mencionábamos de pasada más arriba, les afectan directamente a ellos. Y así ocurre con toda una serie variopinta de derechos laborales que resultan pisoteados a diario.

Siendo este el escenario de partida en que los privilegios y las discriminaciones están marcados tan nítidamente pero sin ningún fundamento legal, no debe extrañarnos que se acabe en modelos de organización de la asistencia donde el receptor de esa asistencia -el usuario- cuenta muy poco.

El “modelo de Navarra” a que hace referencia el título de este artículo y que nos remite a una forma de organizar la atención continuada en atención primaria, es un ejemplo muy claro de un debate en el que entran en colisión intereses legítimos (y en algún caso privilegios ilegítimos) de los profesionales, sesgos y parcialidades de los sindicatos, y vicios de la Administración. Pero lo que le confiere interés “general” y trascendencia (al modelo de Navarra) es lo que supone para el usuario y el servicio público, porque al uno lo beneficia enormemente al acabar con las listas de espera para el médico de cabecera, y al otro le lleva a cumplir con su auténtica misión, que es prestar un servicio público eficiente.

Efectivamente el modelo de Navarra contradice el modelo actual que “arrastramos” y lima el exceso o la irregularidad de algunos “privilegios” (la jornada complementaria no es derecho, es deber que hay que administrar y gestionar con criterios superiores), y a la vez es más coherente con la legalidad vigente (el actual no lo es ni con la legalidad ni con la jurisprudencia), multiplica los beneficios para el usuario y la eficiencia del servicio público, y equilibra en el trato a los profesionales de atención primaria en los que actualmente se establece un sesgo y una discriminación.

En este mes de julio las mesas de negociación del SESCAM con los sindicatos es muy probable que aborden este tema.
Desde aquí quiero pedirles que se guíen por el interés general y tengan en consideración los aspectos que aquí se han mencionado, y que los intereses estrechos no pueden superponerse a ese interés general y tampoco a la legalidad vigente.

En Navarra este debate ya se hizo y el modelo fue cambiado en beneficio de todos, gracias a unos sindicatos (no todos) que supieron ver las prioridades que deben caracterizar a un servicio público.
Cuando un servicio público adopta los mecanismos insolidarios y los modos corruptos y desregulados de ciertas empresas privadas, y pone el interés general (en este caso la salud pública) muy por debajo de intereses particulares y corporativos, está falseando su naturaleza y equivocando sus objetivos.
Los intereses profesionales y corporativos son legítimos, aquí como en cualquier otro ámbito de trabajo, pero en un servicio público siempre deben estar supeditados al interés general, y nunca imponerse hasta ocasionar grave perjuicio de aquel.
Y aquí el interés general queda lesionado y la asistencia al paciente postergada por el incumplimiento de la jornada ordinaria (de consulta) que establece la ley.

Computar como trabajado y pagar como trabajado, un trabajo (de consulta) que no se trabaja -y eso es lo que está ocurriendo con el modelo actual- es contrario a lo que dicta el Estatuto marco y la Sentencia del Tribunal Supremo en el recurso 4848/2000.  Además de suponer un manejo dudoso del dinero público que puede incurrir en malversación, es el principal factor determinante de las listas de espera para el médico de cabecera.

Vuelvo a pedir una auditoría independiente sobre lo que supone esta irregularidad en el manejo del dinero público y en la prestación sanitaria comprometida y presupuestada.

Al no cumplir su jornada ordinaria (que como decimos se computa y se paga sin trabajarla), el personal de consulta puede afrontar con importante margen de beneficio sus “peonadas” de jornada “complementaria” o incluso de jornada “especial”. Esto unido a que pueden escoger las guardias “a la carta” para maximizar el número de libranzas (esto supone más o menos un mes más de vacaciones al año que se suma al mes reglamentario), constituye el vicio germinal que explica las listas de espera, el abandono de las consultas, y el deterioro de la atención primaria que acaba repercutiendo directamente en el nivel hospitalario. Las libranzas posguardia no son tales libranzas según ley, sino descansos entre jornadas sin perjuicio de la jornada que se tiene que cumplir.

Si lo analizamos bien, supone también una burla y una estafa a la creación de puestos de trabajo (amparada por los sindicatos) porque si un trabajo se computa y se paga sin trabajarlo no es necesario contratar más profesionales.

Hay que decir igualmente que consentir y amparar los casos en los que se hacen 48 horas seguidas de trabajo, o 65, sin el descanso preceptivo y sin la alternancia de profesionales obligada, va en contra también de esa creación de puestos de trabajo.

POSDATA: ¿Qué es el modelo Navarro?

Modelo de Atención Continuada del Servicio Navarro de Salud (una alternativa para la eficiencia de la atención primaria en el SESCAM) / https://www.iberley.es/convenios/empresa/convenio-colectivo-empresa-servicio-navarro-salud-osasumbidea-equipos-atencion-primaria-servicios-urgencias-rurales-5000404

Las ‘microguardias’ impiden el consenso en la reforma de las urgencias rurales / https://drive.google.com/open?id=0BwQt9a02mce6bS1oeXZVUEJaODA

Atención Continuada y Urgente Rural / Artículo de José Ignacio Yurss Arruga (Director de Atención Primaria del Servicio Navarro de Salud) / http://www.smnavarra.org/wp-content/uploads/2014/03/Diario-de-Noticias-26-de-febrero-de-2014.-carta-Yurss.pdf

 

Alaridos y omertá

Évole y Villarejo

 

Yo estoy seguro, en la medida de mis dudas, de que la ruina final de nuestra democracia acontecerá oscurecida entre alaridos de triunfo deportivo y grandes cifras macroeconómicas. El tamaño y el ruido impresionan mucho.

El ruido de cascotes y taladradoras que minan esos cimientos civiles cada día, son apenas un murmullo amortiguado por los grandes espectáculos de masas.

Nuestra normalidad es tan ruidosa que nuestra anormalidad medra y se hace fuerte entre algodones.

No es sin una razón sólida que el fraude millonario de los futbolistas galácticos a nuestra Hacienda nos importe un pito (al mismo tiempo que se agostan nuestras pensiones y encogen nuestros derechos sociales), o que nuestro modelo vital sea tan pueril como las cabriolas que Cristiano Ronaldo se marca junto al palo del córner.

A la hora de afrontar la vida civil y política como circo, este es un buen entrenamiento que además requiere muy poco esfuerzo.

Es coherente con este escenario que algunos gobernantes -a los que incluso votamos- excusen y justifiquen esas faltas fiscales como un culto a los héroes, necesario en toda sociedad primitiva, y que los hilos, las ondas, y las cámaras de los medios de masas, oficien ese culto amplificándolo desde sus tóxicos minaretes, en una llamada a la oración colectiva.
Fe y propaganda son como las dos caras de una misma y falsa moneda.

Entre futbolistas galácticos y políticos extraterrestres no puede haber sino buen rollo. Que compartan paraísos se considera de buen tono y signo de modernidad.

Esa es la atmósfera que lo inunda todo, y la deslumbrante y mefítica luz que irradia hace que no veamos más allá de nuestras narices. Vivimos en un flash. Intoxicándonos.

Eucaristía mediática y profana que Platón –el áureo- habría proclamado como idea suya y Goebbels –el nazi- suscrito en el papel de discípulo aventajado.

No será sin consecuencias palpables y duraderas que el cine hollywoodiense más patético y hortera triunfe por doquier, y que entre zombis pegajosos y superhéroes hormonados, se consuman tres cuartas partes de nuestro olimpo mitológico. El resto lo consumen duelos y quebrantos.

La única duda geoestratégica que me intriga y aún no he resuelto, es si en este carrusel de despropósitos que la posmodernidad ha acelerado como un tiovivo, estamos solos -tan diferentes como siempre- o navegamos ahora ya todos juntos e iguales en la misma nave de los locos.

Posmodernidad y corrupción como fórmula globalizada.

Ni se me ocurre preguntar:
¿Tendrá alguna vez, en un futuro inmediato (más tiempo no hay), la ecología tanto interés y eco como las cabriolas de Cristiano Ronaldo?

Y no lo pregunto porque dada la diligencia que ponemos en este tema, la respuesta “empírica” me puede llegar allá por los últimos coletazos de la sexta extinción.

Que dicen que será antropogénica o antropocénica.

Del discurso del Rey -aprovechando que hablamos de extinciones y simios poderosos- con ocasión del cuarenta aniversario de nuestra transición suspensa en el tiempo, como el Espíritu Santo lo está en el espacio, se destacan dos hechos: que la corona calificara por primera vez de “dictadura” al régimen de Franco, y que dijera que “fuera de la ley todo es arbitrariedad”.

En cuanto a lo primero es un gran avance cuarenta años después, tan sorprendente en su retraso como si ayer mismo Merkel hubiera revelado a los alemanes que el régimen de Hitler era poco liberal.

En cuanto a lo segundo todos le dan  la interpretación obligada por el momento y la razón de Estado, y así coinciden que es una “indirecta” muy directa del monarca al independentismo catalán.

Sin tantas anteojeras institucionales como nos obcecan y ciegan podría pensarse que es un ejercicio arriesgado este de mencionar la soga en casa del ahorcado (se echó en falta al rey emérito), ya que la propia casa real tiene experiencia dilatada en este tipo extravíos que conducen al terreno de la arbitrariedad.

No digamos el partido del gobierno en lo que se refiere a colocarse fuera de la legalidad vigente o al despliegue libérrimo de toda suerte de arbitrariedades (pongamos la amnistía fiscal como ejemplo sintético).
Arbitrariedades que en su punto más álgido y desatado han llegado a atascar las cloacas del Estado.

Al menos Jordi Évole, aprovechando que esas cloacas atestadas regurgitan, sigue apuntándose hitos periodísticos importantes a la vez que saludables -véase su entrevista al comisario Villarejo– en beneficio de nuestra edad adulta y de nuestra vapuleada democracia.

Para mí que seguimos muy lejos de la normalidad.

Ahora bien, no me cabe la menor duda tampoco de que no hay más salida a esta situación tan extraña que la que nos lleve hacia esa normalidad de una vez por todas, porque ya es raro que cuarenta años después parezca aún inalcanzable.

Y en eso estamos según la versión más optimista.

 

POSDATA:

Comparecencia íntegra de la periodista de ‘Público’ Patricia López en la Comisión de Investigación sobre la Operación Catalunya

http://www.publico.es/politica/comparecencia-integra-periodista-publico-patricia.html

Salvados / La versión de Villarejo

http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-12/capitulo-21-versin-villarejo_2017062401332.html

Abstenciones preocupantes

sanchezmoscovichi

 

El triunfo de Pedro Sánchez ha supuesto una inyección de ilusión para muchos militantes socialistas. Me refiero a los militantes que no abandonaron, decepcionados, ese proyecto, porque lo cierto es que han sido muchos los que sí lo hicieron, y o bien perdieron todo interés por la política o recalaron y prestaron su apoyo a otras formaciones. Por ejemplo Podemos.

La ilusión es el combustible que lo mueve todo, y sin ella la maquinaria primero se gripa y luego se para.

Esto es lo que les ha pasado a muchas maquinarias socialistas de Europa, que mientras sus aparatos marchaban a todo gas en la dirección neoliberal que imponía el mercado, sus maquinarias militantes, más cerca de la realidad, con más sentido común y bastante más sentido histórico, se iban gripando.

En algunos de estos casos la catástrofe ha sido inevitable porque el mal estaba ya muy avanzado. En otros, una reacción a última hora ha salvado los muebles de momento y los supervivientes aspiran a habitar de nuevo en el territorio de la izquierda, que pese a quien pese tiene más sentido y futuro que nunca, y esto por distintos motivos: humanitarios (que es lo mismo que decir de civilización), de defensa de la democracia como sistema irrenunciable, y de urgencia medioambiental.

Moscovici es un comisario de esa Europa que degenera a toda prisa y sin remedio a la vista.

Si hace apenas unas semanas, el susto y la congoja de los gerifaltes europeos ante posibles derivas electorales que confirmaran el malestar general, determinaba que el neoliberalismo rampante que hoy intoxica a Europa recogiera velas y se hablara incluso de una “refundación social” de Europa, hoy, apenas transcurridas esas pocas semanas, aquella lección de humildad que decían haber aprendido en medio de aquellas turbulencias (Brexit incluido), se les ha olvidado, y lo social acaba de nuevo postergado frente a los imperativos de la desregulación y las exigencias del mercado.

Se trata desde luego de una desmemoria veloz.

Es así que el comisario Moscovici, socialista a beneficio de inventario, ha podido llamar a capítulo al socialista Pedro Sánchez para conminarle a que obedezca y entre por el aro, aconsejándole que suscriba con entusiasmo positivo el pacto comercial entre Canadá y la UE, tratado comercial que llaman CETA por sus siglas en inglés. Tratado que según opinión bastante extendida pone más acento en la desregulación y la explotación humana, que en los derechos laborales y el medio ambiente. O dicho de otro modo, pone los intereses financieros muy por encima de casi todo lo demás, incluida la calidad democrática.

Afea Moscovici a Sánchez que sea renuente y dubitativo ante el CETA, quizás lastrado -el nuevo líder socialista- por escrúpulos sociales o socialdemócratas que hoy ya no forman parte -según Moscovici y compañía- del canon de la posmodernidad salvaje que se quiere para Europa.
Y le anima severamente a que no contradiga con sus peros el “patrimonio común europeísta”, patrimonio que a todas luces sigue siendo neoliberal, es decir, radical e insolidario, y en última instancia bastante ajeno a los controles propios de una democracia.

¡Hay que ver que giros retóricos y que frases rimbombantes y solemnes se utilizan hoy para condimentar y vestir de príncipes a los sapos que nos tenemos que tragar!

“Patrimonio común europeísta” dice el comisario para patrocinar una globalización que deja fuera mucho de aquello que precisamente define a Europa, que es -o era- su sensibilidad social y su defensa de los derechos humanos.

Luego los animadores ideológicos de esta cosa que está causando tanto “orden” mundial, se pondrán estupendos y archimodernos, y dirán que los que nos oponemos a este tipo de tratados, somos enemigos del comercio y cosas más horrendas. O que en la Edad Media habríamos perseguido judíos, como representantes que eran en aquel tiempo -o incluso en este- de la iniciativa comercial y el espíritu moderno.
Pues ni una cosa ni la otra: ni somos enemigos del comercio, ni mucho menos antisemitas, ni nos comemos crudos a los erasmistas de hoy.

Otros son los que llenos de incoherencia hacen compatible el comercio desregulado a favor de las finanzas -esa gran y escueta libertad- con la xenofobia que levanta muros por doquier.

La escena consiste por tanto en un socialista europeo conminando a otro socialista europeo a que dé el visto bueno a una globalización “ultra” y “radical” que podían haber suscrito con euforia y entusiasmo esos adalides del socialismo y de los derechos sociales que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Pero lo preocupante es que el nuevo PSOE sigue en el limbo de la indefinición, y a lo más que llega es a decir -ante la oportunidad de censurar un gobierno corrupto hasta el fondo del armario, o de rechazar un tratado antisocial y antiecológico- “me abstengo”.

Del no es no a una abstención doble, desdibujada y pusilánime, en muy poco tiempo: ¡preocupante!

Ya sabemos que Pedro Sánchez y el PSOE vienen de su infierno particular y de una falta de credibilidad ganada a pulso, pero el limbo no es el mejor sitio para recuperar el tiempo perdido y la credibilidad.

Y es que es mucho lo que hay que recuperar, porque es mucho lo que se perdió.

Y seguimos perdiendo a toda prisa. Así que abstenerse ante esa pérdida hace que las segundas oportunidades caduquen muy rápido.

Más claro lo tiene el PP, núcleo duro de la “gran coalición” propuesta por González, que una vez que ha cogido el carril de la corrupción, ni duda, ni se distrae, ni da bandazos. Es de una idea fija que impresiona; robar a tutiplén y negar la mayor.

Frente a este despliegue de autoayuda y confianza en sí mismos, cuyo apoyo teórico no es precisamente Montesquieu sino Celia Villalobos, sobre todo cuando dice inspirada que quien no arrambla con todo y se lo lleva a un paraíso fiscal es que es monja de clausura o pobre de espíritu, mostrando directamente a los ciudadanos -para que sutilezas- cuál es el camino a seguir y la filosofía que triunfa, este otro dudar del PSOE entre el “no” y la “abstención” quizás debido al miedo a irritar a los que mandan sin pasar por las urnas, nos indica que la unión de la izquierda sigue un poco cruda, de lo cual -qué duda cabe- se beneficiará Rajoy y la corrupción que ampara y patrocina.

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