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CONTRA NATURA

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Pareciera que el socialismo europeo viene de recorrer un largo camino contra natura. Exhausto y despistado se encuentra en una situación nueva: es completamente prescindible, y además no se reconoce en el espejo.

Jugando al juego del partido único y el turnismo inane, se ha quedado sin sitio. Partidos de derechas que representen y defiendan los intereses del dinero y la plutocracia pura y dura, ya los había y con rancia historia. Ese palco ya tenía dueño. Sin embargo, los socialismos europeos, y sobre todo sus “aparatos”, jugaron a compartirlo con la derecha más extrema, y contemplar el espectáculo de la posmodernidad desde un lugar privilegiado. Lee el resto de esta entrada

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Errores teleológicos

Hay errores que parecen caer del cielo para sustentar una fe, pero no caen del cielo, sino de la cúspide del poder, que aunque se parecen no son lo mismo. De la misma forma que no es lo mismo un error que una pifia (pifiar en México significa robar).

Es decir, hay tecnocracias teológicas (o teocráticas) que se fundan sobre errores teleológicos (con intención y finalidad) de la misma forma que hay religiones “reveladas” que tienen su origen en alucinaciones, en el mejor de los casos, o en el candor de los pardillos, en el peor, porque no deja de ser sugerente que el origen del sacerdocio y otros oficios levíticos esté casi siempre ligado a las ofrendas en especie que, aunque son para Dios, se las come el sacerdote.
Lo que hoy llamaríamos “comisiones” o “mordidas”.

Unos venden a Dios, sine die, con hipoteca y derecho a desahucio, y otros venden (o saquean) el patrimonio público, privatizándolo y cobrando el diezmo correspondiente. Lee el resto de esta entrada

LA EMOCIÓN DEL TECNÓCRATA

Para sorpresa de todos el “engranaje” esbozó una sonrisa, exudó una emoción y enseño sus dientes lubricados por la pasta.
Pero aquella sonrisa no traducía felicidad. Con su comisura torcida hacia la derecha por finos y tensos cables de acero, era una expresión poco disimulada de sorna.

Todos estuvieron de acuerdo. Aquello se parecía mucho a una operación de castigo guiada por la única emoción de la que es capaz un mecanismo sin alma: la venganza.

Lo que ya había sido anunciado se confirmó: el Eurogrupo no perdonaría jamás que el presidente griego hubiera consultado a sus ciudadanos, como tampoco perdonaba a los ciudadanos griegos que hubieran elegido a ese presidente. Semejante osadía clamaba venganza, y reclamaba una corrección ejemplar y pedagógica que pudieran interiorizar los vasallos y sus descendientes.

No habría extrañado que Dijsselbloem, el jefe del Eurogrupo, todo un manojo de emociones monetarias y un compendio de lenguaje corporal macarra, hubiera perdido los papeles ante la libertad de los griegos, pues aunque legal, en el plano teórico, la democracia en Europa, su ejercicio sin permiso de Merkel o con un resultado que no le convenga, se sale de su guión autógrafo.

Lo preocupante fue que, en esta ocasión, no era sólo el iracundo holandés (un socialdemócrata de los de ahora, vasallo pelotas de Merkel y experto en poner zancadillas a la tasa Tobin) el que cedía a la emoción. Era todo el colegio prestamista del chiringuito plutócrata, el que perdiendo las formas y desnudando su fondo, se avino a servirse la venganza en frío después de cocinarla en caliente.

El acuerdo impuesto manu militari por Berlín (y bendecido por todos los demás vasallos segundones) era una mano amiga que portaba una orden de ejecución para el presidente griego y sus votantes.
Aparte de una expropiación usuraria de la soberanía y el patrimonio público griego, el texto del “acuerdo” incluía, entre otros mamporros, la “revisión de todo lo legislado por los griegos desde febrero”.
Era a todas luces un golpe de estado bananero practicado en el corazón de la vieja Europa de las catedrales, que, a buen seguro y al calor de las temperaturas, no tardarían en ser sustituidas por palmeras de California.

Hollande (el único que puede entrar en diálogo de tu a usted con la descontrolada Merkel), consciente de esta grave circunstancia, y en un intento desesperado por tapar la pifia golpista que tanto recuerda al palacio de la Moneda, ha pedido que se camine con rapidez y urgencia hacia un parlamento y un gobierno europeo, o dicho de otro modo,  hacia un “Gobierno económico”.

Mucho dudamos, a la luz de los hechos recientes y el estilo de los comportamientos, que tal engendro pudiera pasar más allá de chiringuito bancario-prestamista.

El único dato positivo de este desparrame de bielas tecnócratas, es que nos podemos ahorrar a Rajoy, porque ni pincha ni corta, y además cuesta dinero.

Como ya dijo Unamuno a otros golpistas: “venceréis pero no convenceréis”.
Tras la venganza completa de los dioses, la emoción que queda y permanece para mucho tiempo se llama ASCO.

¿EUROFOBIA?

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Si usted tiene cuernos y rabo, entonces usted es un “eurofobo”.
Y si usted tiene cuernos y rabo, es porque usted no piensa como dictan las REGLAS que se piense. Piénseselo dos veces antes de pensar.

Lo pensé desde el mismo momento en que Merkel reformó, sin consultarnos, nuestra Constitución:
estos de la “política única” y del “pensamiento único”, los agraciados con el premio del fin de la historia, son capaces de acabar ahora con Europa.

Aunque no lo parezca, estamos hablando de la Europa del siglo XXI, y no de la España del Licenciado Torrejoncillo, autor de un famoso libro puesto “en la torre de la Iglesia de Dios” que describía con pelos y señales el rabo de los judíos (próximo a la rabadilla), para mejor condenarlos a la hoguera.

Si usted es un ciudadano medio de Europa, es probable que no tenga ni idea de cuales son esas famosas REGLAS que hay que cumplir (sí o si) o quien las ha decidido, pero no ignorará quien manda en Europa.
Cualquier ciudadano de la “Europa de los ciudadanos” sabe que la “jefa” es Merkel, y a los demás figurantes nos los podríamos ahorrar, porque para trasmitir las órdenes decididas por “unanimidad a priori” desde la jefa a sus súbditos, basta un teléfono pinchado por los americanos, que obviamente resulta más barato que un presidente de gobierno local y florero.

Aunque todos saben quien manda en Europa, no todos se preguntan la razón, o como mucho barruntan un misterio escatológico que sólo un tecnócrata debe atreverse a intentar descifrar.
La respuesta es sin embargo más sencilla y mundana, y está al alcance de todos: Merkel es la que manda en Europa porque es la que más pasta tiene y quizás la que más pasta pone, en esta EUROPA DE LOS CIUDADANOS, que además de un invento es un negocio.

Los griegos llamaban PLUTOCRACIA al gobierno de los que más dinero tienen (no entramos a indagar como lo han obtenido, aunque lo que da carácter a “esta Europa” irreconocible, es la corrupción, los lobbys, y los paraísos fiscales).

Ellos (los griegos) sin embargo preferían la DEMOCRACIA, y esa preferencia es el germen de la civilización Occidental, que luego la TEOCRACIA (tipo Estado Islámico) oscureció durante unos cuantos siglos de humanismo anticristiano, es decir, de falta de humanismo.
La TECNOCRACIA no pasa de ser un subproducto, un mero instrumento servil al servicio de la plutocracia, que como mucho encuentra inspiración en Platón y su república inhumana de “técnicos” y “sabios”, o por mejor decir, de “listos”.
Todo esto debe ser coronado por algún símbolo potente tipo monarquía o Disneylandia que sujete la trama y dé cuerpo al soufflé.

Por concretar: socavar y derruir el Estado social y de bienestar (he ahí una de las REGLAS que hay que cumplir) es la opción irrenunciable impuesta por la plutocracia a los ciudadanos de Europa si quieren pertenecer al club europeo. Y la justificación es que este modo de obrar (o si se quiere, de destruir) es lo que mejor se atiene a las REGLAS.

Como Merkel es la única soberana que tiene soberanía, y a través de ella gobiernan los bancos, si usted se plantea la posibilidad de uno o varios referéndums para decidir cuestiones importantes que le afectan a usted como ciudadano europeo, y a sus hijos y nietos como descendientes de una deuda ajena e impagable, entonces es usted un “eurofobo” y un enemigo de la democracia.

Si lo piensa bien, la pregunta del referéndum griego en el fondo era la siguiente: ¿Quien cree usted que debe pagar la factura de la “estafa” que llaman “crisis”: sus causantes o sus víctimas?

Y si se pregunta, con toda razón, por que esa pregunta no se hizo también en España, Irlanda y Portugal, es que está incurriendo en eurofobia, y ha olvidado por un momento que quien decide lo que se pregunta o se hace en España, Irlanda o Portugal, es Merkel, lobbysta de los bancos alemanes, que no tienen nada que preguntar porque ya tienen todas las respuestas que, casualmente, coinciden con sus intereses.

Si usted tiene la tentación de pensar que la libertad, la igualdad, la fraternidad, o incluso la Declaración universal de los derechos humanos, están por encima de LAS REGLAS, entonces es usted un peligroso eurofobo, o lo que es peor, un “radical” extraviado que promueve la disidencia y el euroescepticismo.

La pregunta que al final se impone es:
dado que un grupo de políticos esta diseñando esta Europa contra los ciudadanos, una Europa que acabe con Europa, (una Europa gobernada por y para los mercaderes) ¿tendremos el talento, la lucidez, y la democracia suficiente para librarnos de ellos y cambiarlos por otros?

ALIADOS

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Mas allá de cuentos pueriles, nuestros aliados preferentes son también nuestros espías preferentes, lo cual implica que “aliado” no significa lo mismo que “amigo”, ni “competir” significa lo mismo que “cooperar”, y que con amigos como estos para que quieres enemigos.

Implica también que Maquiavelo sigue siendo un ideólogo no sólo reconocido sino reconocible, al cual muchos de nuestros gobernantes más civilizados y funcionales, realizan cada día un pragmático y sincero homenaje.

Y puesto que de sinceridad hablamos, digamos de una vez por todas que no es buena para el negocio, que la verdad sería indigerible para el ciudadano común, y sin embargo la intoxicación y la mentira le cae bien, en el sentido de que puede dormir por la noche de un tirón, con la conciencia tranquila, tras despacharse a gusto contra los ciudadanos griegos (incluidos abuelos pensionistas) porque “ellos se lo han buscado”.
Gracias a Dios, nosotros, los españoles, estamos del lado de los aliados.

Y puesto que nos administran, desde los llamados medios oficiales del sistema aliado, valeriana y otros opios en cantidades industriales para que no nos de por despertar o (lo que sería aún peor) por pensar, lo de wikileaks tiene el efecto rotundo de un tortazo deshipnotizador, que te deja como alelado pero consciente.

Aunque medicina tan fuerte precisa de dosis moderadas y prudentes (pequeñas catas en el corazón de la verdad) que no maten de un soponcio al que tiene el cerebro envenenado y hecho a las mentiras, no sea que el síndrome de abstinencia sea peor que la droga.
Que del muermo telepredicador no se sale así como así.

En el último capítulo de esta medicina amarga pero saludable, los americanos espiaban a la dueña de Europa, Doña Merkel, y la sorprendían ya en el 2011 sabiendo que los ciudadanos griegos no podían pagar la deuda, que viene a ser la misma verdad que desde hace tiempo subrayan y denuncian los “antisistema” de PODEMOS: los muertos no pagan y el austericidio es cosa de locos. Locos “normales” tipo Rajoy, pero locos de atar.

A pesar de ese convencimiento “secreto” de Doña Merkel (la imposibilidad –al menos en este mundo- de lo exigido a los griegos y otros pobres del sur), no por eso han dejado de apretar, casi hasta ayer mismo, aún más las tuercas de las condiciones draconianas impuestas al pueblo griego (y demás pueblos extraviados).

Como lo de “tecnócrata”, aunque frío, suena a “racional”, y nos imaginamos a unos tipos que se duchan y asean todos los días (al menos por fuera), buscarle una explicación “racional” a esta embestida “irracional” y salvaje de LAS INSTITUCIONES contra ciudadanos desarmados, empobrecidos, hambrientos, y muchos de avanzada edad, es difícil pero no imposible.

Ahí va una:
Esos ciudadanos, desarmados, estafados y hambrientos, han votado a un partido que, sin responsabilidad directa en esa estafa, aspira a corregir esa estafa, y a proteger los intereses y derechos de los estafados, actitud que antes de que reinara el centro urbi et orbi, podíamos llamar “de izquierdas”.

En este contexto, exigir un imposible, una cuadratura del círculo inalcanzable, una transmutación de la carne humana en dígitos contables pero incobrables, equivale a enseñar a la gente por la vía rápida y expeditiva (incluidos muertos) a quien tienen que votar.
Y sobre todo evitar que el mal ejemplo de votar libremente cunda.

Observen que la operación tiene un toque de locura que psicológicamente acojona.

¿Por quien estamos gobernados?

EL PRINCIPIO DEL FINAL

Hay “sistemas” que parecen transportar el germen del desbarajuste en sus mismas entrañas, o quizás sólo ocurre que el ser humano es hijo del caos primordial y la nostalgia le vence.
También el tiempo y la vejez descabalan las cosas.

En todo caso, al final se llega al principio.

En este fin de ciclo retomamos el principio de la crisis, que no es fundamentalmente económica, sino ecológica, social, política y moral, crisis de civilización, crisis global, y nos damos de bruces con cuestiones que durante todo este tiempo se quisieron camuflar y evitar:

¿Tiene esta civilización futuro? ¿Es el pueblo, aún, sujeto titular y activo de soberanía, o ya sólo sujeto pasivo de explotación, manipulación y estafa?
¿Nos creemos o no nos creemos el impacto que esta explotación y esta mentira tiene sobre el planeta?

De Grecia a Grecia pasando por un meandro.
El tiempo de Occidente ha entrado en cortocircuito.

Escucho ayer a una tertuliana decir, sin perder la sonrisa, que es muy peligroso consultar al pueblo. Vale.

Esta es la cuestión esencial que subyace a la dialéctica aparente de todos estos años en que hemos perdido soberanía, dignidad, e inocencia. Dialéctica entre el austericidio de los famélicos o el control que molesta a los golfos.
No olvidemos que en el principio de esta crisis en forma de estafa, está la desregulación. Y que esta falta de “reglas”, esta falta de control del delito y de los delincuentes (en tiempos de Don Quijote llamados malandrines) se ha justificado y maquillado con el sonoro nombre de libertad.
Flatus vocis. Baratijas ideológicas.

Pero al pueblo griego y sólo al pueblo -griego, español, portugués o irlandés- se le exige con fiera crueldad desde “Las INSTITUCIONES” que cumpla “LAS REGLAS”.

Reglas que imponen el capital en fuga, el capital desregulado, el capital defraudador, el capital desde su paraíso sin reglas.
Y que el pueblo pueda decidir, que el pueblo pueda decir NO a esta tomadura de pelo, es un escándalo que nubla la vista de los dioses.

El NO de los griegos ¿sería un NO a Europa o un NO a la plutocracia?
¿Y el SI?

Al fin y al cabo, desde el punto de vista económico, esta crisis histórica no ofrece misterios ni enigmas. Unos han cometido la estafa, unos (libres de manos) se han llevado la pasta cruda, y otros tienen que pagar (sujetos a las reglas) durante las próximas décadas los platos rotos.

Más interesante e inquietante es la verdadera cuestión que arriba menciono, y que subyace a la corriente superficial y visible de esta encrucijada histórica: ¿Interesa mantener la democracia (o su apariencia) a los dueños del dinero?

¡Qué corta ha sido, y que larga va a ser esta crisis!

Como quien dice ayer, el socialista de centro Almunia pontificaba abominando de los referéndums, coincidiendo, como no podía ser menos, con los amos del dinero y la actitud compinchada de Felipe González y Rajoy, sobre la incapacidad ingénita de los ciudadanos de a pie para decidir su destino.

Los barones de la europeidad tecnócrata (incluido Zapatero) acorralaban y presionaban al griego Papandréu en un rincón (como matones a sueldo) para que no consultara al pueblo, para que no cediera a la tentación de la democracia, e imponían en su lugar a un “tecnócrata-plutócrata”.

Hoy repiten maniobra con Tsipras, presidente electo de Grecia, como en su día se hizo con Salvador Allende.

Zapatero, más dócil y mejor mandado, aprovechaba que el pueblo español dormía el opio de la tele basura, para con nocturnidad y velocidad insólita, de la mano de Rajoy reformar al dictado de los amos invisibles nuestra Constitución.
¿Nuestra?

Ayer el emperador Obama llamó a la emperatriz Merkel (que porta en Europa el cetro de la pasta) y le ordenó retener a Grecia en su corral, no sea que se fugue con Putin, tal como piden algunos curas griegos (ortodoxos) que consideran al capo ruso tan “ortodoxo” como ellos, y quieren discutir con él de zares divinos por la gracia de Dios, y de teologías plutocráticas que justifiquen el saqueo.

El emperador Obama, que se acordó por un momento de la Europa de Merkel, no se acordó para nada de Rajoy, siervo de la gleba destinado a sujetar a otros siervos pegados al suelo.

Tras un breve interludio de luces que recuperó la “sabiduría griega”, el sueño de la razón nos devuelve al principio.
A la noche oscura de los tiempos medios. Al mundo simple de la teocracia y los monstruos.

UN CHISTE MALO

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Intentando superar el ámbito fantasmal de las palabras auto-definitorias (derecha, izquierda, centro) y pisando el terreno firme de las acciones y los hechos, hay que reconocer que la afirmación de que el PSOE es un partido de izquierdas y radical, es un chiste malo. Ese chiste lo cuenta Rajoy, que como todo el mundo sabe es un presidente con muy poca gracia.

El PP sigue sin percatarse de que la intoxicación mediática y la tomadura de pelo al ciudadano (cada vez más expectante y alerta), es cuestión de dosis. Y si te pasas de dosis y proporción, la maniobra tiene un efecto boomerang.

Y como no se enteran, siguen en esa estrategia mendaz, convencidos de que al personal criado a los pechos de la tele basura, es fácil venderle estos mensajes machacones y endosarle esos paquetes turbios.

¿El PSOE, de izquierdas? ¿Y radical?
Y claro, el PSOE encantado de que a estas alturas de la película se le consideré un partido de izquierdas, que no es precisamente una cuestión de siglas ni de banderita en la solapa. Una publicidad que le sale gratis y paga el PP.

Evidentemente, el PP tiene un problema de comunicación y estrategia.

Claro que luego va la contraparte, y a través del comité de expertos encabezado por Jordi Sevilla, viene a afirmar que el PSOE no va a dar miedo a los dueños de la plutocracia. No hace falta ser experto para esa conclusión. Y solo sirve para hacer los coros a Rajoy y seguir la estela del chiste presidencial.

En sintonía convergente (como era de esperar) con Rita Barberá cuando afirma que el dinero es cobarde y prefiere el centro, el cotarro, el soborno, el chanchullo y la corrupción, y que el interés del ciudadano y del currante no debe tener más peso que el estrictamente necesario para cubrir las apariencias. Que ese es el cambalache que rige el mundo.
Y todo así, en plan club de la comedia. Policía bueno, policía malo.

De hecho, los únicos que deben tener miedo del PSOE (que reformó el artículo 135 de la Constitución e incubó las privatizaciones, incluida sanidad) son los ciudadanos soberanos y los trabajadores honestos. No los plutócratas, para los que el PSOE es la “izquierda ideal”.

En resumen, que unos y otros siguen coincidiendo en la misma película, que se proyecta apta para todos los públicos en el cine Centro. Co-guionistas de este cuento.

Afirmar sin reírse que el PSOE es de izquierdas y radical es como sostener sin llorar que Esperanza Aguirre y su colega Rajoy son de centro. La “centralidad” pura y sobre todo dura.

Que los promotores y consentidores (fríos e indiferentes) del hambre infantil y los desahucios, son tibios moderados. Que los defensores ardientes, radicales y fanatizados de las privatizaciones, son socialdemócratas humanistas, socialistas y obreros. Que los ideólogos de la educación y sanidad como lujo, son héroes de la libertad.

Cifuentes de Madrid presume haber espabilado y puestas las antenas en onda, declara haber captado el mensaje. Enmendarse es de sabios.
Pero no basta parar las privatizaciones, como no basta a veces parar una hemorragia. Hay que recuperar lo perdido.

¿Seguirá el PP esa senda estratégica, reconociendo los enormes daños de su política y reparando el mal causado, o será un disfraz de moderación para, superado el apretón de las elecciones, volver a hacer de las suyas tal como sus colegas de la derecha radical europea le exigen?

Fácil no lo tiene.
Que los ladrones devuelvan el dinero, que los discos duros de Bárcenas resuciten de su muerte traumática, que los sobresueldos y mordidas salgan a la luz, que lo saqueado y privatizado vuelva al patrimonio público, es un mal trago incluso para los más desahogados.

Y a otro nivel, para ser una “izquierda” creíble (y sobra con ello lo de “radical”) hay que hacer una reforma de las reformas. Reformar la reforma del artículo 135. Recuperar el control soberano y social de los sectores estratégicos. Blindar la sanidad y la educación, y no la jubilación dorada de los golfos.

Y también aquí hay que devolver el dinero robado.

EL CENTRO RADICAL

Magritte - Centro geométrico

“Centralidad”, he ahí una palabra de moda.

Que casa bien con “estabilidad”, y que a la psicología de las masas sugiere, vía sugestión, paraísos artificiales, es decir, falsos.

Vestirse de centro es disfrazarse con una palabra que abre puertas y rompe corazones.
Y lo que mola y da prestigio, brillo y esplendor, es correr hacia ese punto geométrico de la política como atraídos por un imán.
El magnetismo potente de los votos. Sean para lo que sean los votos.

Y ese negocio precisa vestir de Armani y disfrazarse de centro. Es así.

Olvidamos quizás que ese punto geopolítico tan aparente ha sido el semillero de la corrupción bipartidista que hoy nos sepulta, el triángulo de las Bermudas donde han desaparecido nuestros derechos fundamentales.
Esfumados de la noche a la mañana, y sin que la caja negra del aparato constitucional se enterara del desastre, porque también la caja ha desaparecido en la noche oscura que pactaron Zapatero y Rajoy, muy centrados en su oficio, muy atentos a las órdenes superiores del dinero.

Y es que nada hay más “radical” que el epicentro de la corrupción y cogollo de la plutocracia, capaz de acabar con un país en un par de bienios, y cuyo seísmo y réplicas nos han asegurado varias décadas de penitencia estable.

¿Dónde desaparecieron los derechos laborales, las pensiones, el derecho a la sanidad y la educación, la función natural y esperada de los sindicatos?
En el centro.

El centro es el sitio al que muchos corren para esconderse, para lograr un disfraz acorde con las circunstancias, un antifaz ideológico de sus acciones extremistas.
No encontraréis allí la armonía de los contrarios, ni la moderación, ni la síntesis de Oriente con Occidente, ni el compromiso entre intereses, aunque quizás si la “ideología única” que no admite réplica, el nicho ecológico del bipartidismo monocorde, cuando no a la derecha radical parasitando el nido como un cuco.

Los que no creen en lo público, los que no creen en la sociedad, los que no creen en la cooperación, la solidaridad y la justicia, los que no creen en el Estado y en el bienestar (como no sea el suyo propio), los que sólo creen en la selva de la plutocracia, antes (hace muy poco) eran radicales facciosos. Hoy son de “centro”.

Hoy, que la geometría clásica ha sido superada por la no euclidiana, que no existe izquierda y derecha, que el mundo está encogido y colapsado en un punto, en una singularidad sin pluralismo ni alternancia posible, el caos, la desigualdad, el exilio, la explotación y la pobreza que nos rodean son síntomas, quizás, del Big Bang que esa singularidad oculta y alberga.

En este panorama de conformismo “centrista” (que no lo es), incoloro, inodoro, pero letal, la pelea de los griegos luchando por sus derechos, por sus pensiones, el sesenta por ciento de las cuales son ya de miseria incompatible con la vida (el FMI quiere reducirlas más), constituye un gesto heroico, homérico, que sostiene y defiende la bandera de la justicia y de la dignidad humana, y que enfrenta con valor a ese “centro radical”, la “moderación clásica”.

“En el medio está la virtud”, decían los griegos que parieron nuestra civilización, pero este centro del FMI, de los bancos y banqueros golfos, de la troika y de los sindicatos silenciados y ausentes, es una impostura, no una virtud.

Esos griegos, en su pobreza actual siguen haciendo historia intemporal.

Nosotros, dóciles, sin fibra moral, acabaremos como la reserva esclavista de Occidente, como el Magaluf de la juerga internacional, donde los ciudadanos tienen que hacer balconing para intentar llegar vivos a fin de mes.

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