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Abstenciones preocupantes

sanchezmoscovichi

 

El triunfo de Pedro Sánchez ha supuesto una inyección de ilusión para muchos militantes socialistas. Me refiero a los militantes que no abandonaron, decepcionados, ese proyecto, porque lo cierto es que han sido muchos los que sí lo hicieron, y o bien perdieron todo interés por la política o recalaron y prestaron su apoyo a otras formaciones. Por ejemplo Podemos.

La ilusión es el combustible que lo mueve todo, y sin ella la maquinaria primero se gripa y luego se para.

Esto es lo que les ha pasado a muchas maquinarias socialistas de Europa, que mientras sus aparatos marchaban a todo gas en la dirección neoliberal que imponía el mercado, sus maquinarias militantes, más cerca de la realidad, con más sentido común y bastante más sentido histórico, se iban gripando.

En algunos de estos casos la catástrofe ha sido inevitable porque el mal estaba ya muy avanzado. En otros, una reacción a última hora ha salvado los muebles de momento y los supervivientes aspiran a habitar de nuevo en el territorio de la izquierda, que pese a quien pese tiene más sentido y futuro que nunca, y esto por distintos motivos: humanitarios (que es lo mismo que decir de civilización), de defensa de la democracia como sistema irrenunciable, y de urgencia medioambiental.

Moscovici es un comisario de esa Europa que degenera a toda prisa y sin remedio a la vista.

Si hace apenas unas semanas, el susto y la congoja de los gerifaltes europeos ante posibles derivas electorales que confirmaran el malestar general, determinaba que el neoliberalismo rampante que hoy intoxica a Europa recogiera velas y se hablara incluso de una “refundación social” de Europa, hoy, apenas transcurridas esas pocas semanas, aquella lección de humildad que decían haber aprendido en medio de aquellas turbulencias (Brexit incluido), se les ha olvidado, y lo social acaba de nuevo postergado frente a los imperativos de la desregulación y las exigencias del mercado.

Se trata desde luego de una desmemoria veloz.

Es así que el comisario Moscovici, socialista a beneficio de inventario, ha podido llamar a capítulo al socialista Pedro Sánchez para conminarle a que obedezca y entre por el aro, aconsejándole que suscriba con entusiasmo positivo el pacto comercial entre Canadá y la UE, tratado comercial que llaman CETA por sus siglas en inglés. Tratado que según opinión bastante extendida pone más acento en la desregulación y la explotación humana, que en los derechos laborales y el medio ambiente. O dicho de otro modo, pone los intereses financieros muy por encima de casi todo lo demás, incluida la calidad democrática.

Afea Moscovici a Sánchez que sea renuente y dubitativo ante el CETA, quizás lastrado -el nuevo líder socialista- por escrúpulos sociales o socialdemócratas que hoy ya no forman parte -según Moscovici y compañía- del canon de la posmodernidad salvaje que se quiere para Europa.
Y le anima severamente a que no contradiga con sus peros el “patrimonio común europeísta”, patrimonio que a todas luces sigue siendo neoliberal, es decir, radical e insolidario, y en última instancia bastante ajeno a los controles propios de una democracia.

¡Hay que ver que giros retóricos y que frases rimbombantes y solemnes se utilizan hoy para condimentar y vestir de príncipes a los sapos que nos tenemos que tragar!

“Patrimonio común europeísta” dice el comisario para patrocinar una globalización que deja fuera mucho de aquello que precisamente define a Europa, que es -o era- su sensibilidad social y su defensa de los derechos humanos.

Luego los animadores ideológicos de esta cosa que está causando tanto “orden” mundial, se pondrán estupendos y archimodernos, y dirán que los que nos oponemos a este tipo de tratados, somos enemigos del comercio y cosas más horrendas. O que en la Edad Media habríamos perseguido judíos, como representantes que eran en aquel tiempo -o incluso en este- de la iniciativa comercial y el espíritu moderno.
Pues ni una cosa ni la otra: ni somos enemigos del comercio, ni mucho menos antisemitas, ni nos comemos crudos a los erasmistas de hoy.

Otros son los que llenos de incoherencia hacen compatible el comercio desregulado a favor de las finanzas -esa gran y escueta libertad- con la xenofobia que levanta muros por doquier.

La escena consiste por tanto en un socialista europeo conminando a otro socialista europeo a que dé el visto bueno a una globalización “ultra” y “radical” que podían haber suscrito con euforia y entusiasmo esos adalides del socialismo y de los derechos sociales que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Pero lo preocupante es que el nuevo PSOE sigue en el limbo de la indefinición, y a lo más que llega es a decir -ante la oportunidad de censurar un gobierno corrupto hasta el fondo del armario, o de rechazar un tratado antisocial y antiecológico- “me abstengo”.

Del no es no a una abstención doble, desdibujada y pusilánime, en muy poco tiempo: ¡preocupante!

Ya sabemos que Pedro Sánchez y el PSOE vienen de su infierno particular y de una falta de credibilidad ganada a pulso, pero el limbo no es el mejor sitio para recuperar el tiempo perdido y la credibilidad.

Y es que es mucho lo que hay que recuperar, porque es mucho lo que se perdió.

Y seguimos perdiendo a toda prisa. Así que abstenerse ante esa pérdida hace que las segundas oportunidades caduquen muy rápido.

Más claro lo tiene el PP, núcleo duro de la “gran coalición” propuesta por González, que una vez que ha cogido el carril de la corrupción, ni duda, ni se distrae, ni da bandazos. Es de una idea fija que impresiona; robar a tutiplén y negar la mayor.

Frente a este despliegue de autoayuda y confianza en sí mismos, cuyo apoyo teórico no es precisamente Montesquieu sino Celia Villalobos, sobre todo cuando dice inspirada que quien no arrambla con todo y se lo lleva a un paraíso fiscal es que es monja de clausura o pobre de espíritu, mostrando directamente a los ciudadanos -para que sutilezas- cuál es el camino a seguir y la filosofía que triunfa, este otro dudar del PSOE entre el “no” y la “abstención” quizás debido al miedo a irritar a los que mandan sin pasar por las urnas, nos indica que la unión de la izquierda sigue un poco cruda, de lo cual -qué duda cabe- se beneficiará Rajoy y la corrupción que ampara y patrocina.

Espectáculo

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Que dicen los que de esto dicen saber, por ejemplo El País, que el espectáculo lo está dando “Podemos”, y que si gobierna Rajoy es gracias al apoyo que le presta esta formación radical. Así como lo oyen. Un cuento chino para occidentales libres, propalado entre adultos y a plena luz del día.

¿Estarán convencidos de que sus lectores se lo creen y no detectan el engaño?
¿O pensarán que sus lectores consienten el engaño para a su vez contagiárselo a otros?
Sin comentarios.

O mis ojos han dejado de ver claro por efecto del flash continuo, o nuestro mundo es cada vez más turbio por causa de la fotofobia administrada en dosis sucesivas, pero lo cierto es que no entiendo nada.

Si dijéramos, como suele decirse en estos casos, que el mundo está (o nos lo cuentan) al revés, nos quedaríamos cortos, no abarcaríamos ni completaríamos la descripción del caso.
O si dijéramos que esto no puede estar ocurriendo en nuestro país, sonaría demasiado melodramático, peliculero, o incluso escapista, pero lo cierto es que está ocurriendo, y ante nuestras propias narices, y no se me ocurre otra forma de traducir en pensamiento racional esa percepción incontrovertible que decir: esto no puede estar ocurriendo.

Ojiplático me estoy quedando ante este nuevo intento de transubstanciación de la realidad, ante esta renovada celebración del misterio de la fe.
Se están alcanzando tales cotas de mendacidad, que producen vértigo.

No es que esté indignado, es que empiezo a estar estupefacto. Y como demócrata, incluso asustado.

Y sospecho que no soy el único.

Que es que aunque estemos curados de espanto, cada mañana nos regalan con un espanto mayor, in crescendo propiamente, hacia no se sabe que apoteosis final, y sin etapas intermedias. Y así no hay manera, porque o nos quieren matar de un soponcio, o ya estamos muertos y no nos hemos enterado.
Que todo es posible, visto lo visto y lo que algunos afirman no ver.

Leo y vuelvo a leer, una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y ya sin ver: “El PSOE y Ciudadanos se unen frente a la corrupción del PP” (El País, 28 de abril de 2017).

¡Toma ya! ¡Funambulismo puro!
¡Y sin red!

¿Qué es lo que nos ocultan para arriesgar de esa manera en ejercicio tan impúdico de la mentira?
¿No les parece inmoral decir, ante la vista de los hechos procesales, y a estas alturas del espectáculo, que el espectáculo lo está dando Podemos?

O sea, que llevamos ni se sabe el tiempo sometidos a una corrupción política y económica en dosis de caballo, ocultando -en modo coalición- todo el estiércol y las boñigas del mundo mundial debajo de la sufrida alfombra nacional, hasta que al vecino de abajo se le ha caído del techo la lámpara junto con el propio techo recién pintado ¿y el espectáculo lo están dando estos que acaban de llegar?

¿Por haber levantado la alfombra? ¿Por querer orear?

Con decoro y formalidad -como se les pide y exige- plantean una moción de censura (¿acaso no es censurable tanta porquería?), para decir (que menos) nosotros no tragamos, ¿y les censuran a ellos?

¿Por qué? ¿Por no callarse? ¿Por no mirar para otro lado? ¿Por no resignarse? ¿Por no colaborar en la ocultación y la ignominia?

Hagan el experimento: trasplanten con la imaginación libre el caso en cuestión a cualquier otro país civilizado de nuestro entorno o a un Estado mínimamente sano y decente.

¿Lo visualizan? ¿Lo ven posible? ¿Lo entienden?
¿Se reconocen en lo que normalmente se define como Estado de derecho o democracia homologada?

Estimadas fuerzas vivas, poderes facticos, trama, o lo que ustedes sean (nada bueno, seguro): sigan en esa línea.

Cuando acaben con el país, avisen y echamos el cierre.

Vasos comunicantes

 

Hay algo que causa perplejidad en el espectáculo de la furia prosistema (que no sólo de antisistemas vive la furia). Furia que hoy toma la forma de entusiasmo macroeconómico y apostolado tecnócrata, pero que en los tiempos del socialismo felipista, y expresado en términos más castizos, se traducía en un culto casi religioso al “pelotazo”. Expresión esta que hoy ha caído en desuso ante la fundada sospecha de que de tanto pelotazo como hemos dado nos hemos quedado sin pared (y también sin fondos).

Hoy más que dar el pelotazo se habla de controlar el déficit. Queda más fino y más macroeconómico. Incluso da la impresión de que ahora ya no robamos, sino que ahora recortamos. No se dejen engañar por las apariencias. En uno y otro caso, usted notará que le han sacado algo del bolsillo mientras miraba para otro lado. Es más, estoy por asegurar que ese algo, que además no era mucho, se lo había usted ganado con el sudor de su frente. Por ejemplo las pensiones. Lee el resto de esta entrada

Politburó

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Va de congresos.

Unos democráticos, otros en diferido.
Unos analógicos y bajo el dedo del amo. Otros digitales y por internet.
Unos de paja y congelados. Otros de carne y hueso, y movidos.

He ahí el horno de los partidos, que es el pan de nuestra democracia, donde se decide para un país entre la democracia y su libertad o la partidocracia y su corrupción.

El Politburó del PP, en un nuevo ejercicio de estalinismo a prueba de transiciones, ha decretado una vez más como axioma fundacional del orden que “quien se mueve no sale en la foto”, frase que nos suena de algo y no sabemos de qué. Lee el resto de esta entrada

Populismo Institucional

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Escuché hace unos días la expresión “populismo institucional” que, movido del espíritu navideño, adopto desde este momento como expresión huérfana y sin familia a la que poder sentar a mi mesa. Creo, por otra parte, que introduce un matiz muy saludable en concepto tan manoseado. Además se ajusta bastante a lo que algunos pensamos sobre la actual estrategia semántica implementada desde los poderes, la cual deseando pasar por académica es básicamente represora.

Simplificar las cuestiones complejas -se dice- es carácter esencial del populismo.
Por eso la alta academia de la lengua sistémica, que tiene por misión defender el “sistema” a través del lenguaje, lanza ahora una campaña de simplificación (demasiado evidente) que establece una dicotomía insalvable e indiscutida entre buenos y malos, es decir, entre demócratas y populistas. Demasiado simple, demasiado sesgado, demasiado populista. Lee el resto de esta entrada

Contradicciones

A veces el nerviosismo hace que incurramos en contradicciones. Nos pasa a todos cuando la verdad inconsciente no coincide con la verdad declarada.

Viene esto a cuento de las frecuentes y evidentes contradicciones que últimamente observo en los medios en relación con PODEMOS, y en las que parece que la música va por un lado y la letra o los datos por otro, pero -y esto es lo incongruente- brotando de la misma fuente, del mismo lobby.
Quizás por una debilidad de la memoria inmediata o una excesiva avidez del mensaje a vender, se incurre en contradicción.

¿Esta dicotomía se debería a algún tipo de nerviosismo en que el deseo incontrolado de manipular la realidad ofusca la mente, y afirma lo que al mismo tiempo desmiente?

Veamos un ejemplo: casi al mismo tiempo y el mismo día que a los simpatizantes o votantes de PODEMOS se les calificaba de “lumpen” en un medio muy señalado de nuestra prensa nacional, se describe y demuestra con datos, pelos y señales, que este nuevo partido emergente se nutre en sus votos y simpatías principalmente de las clases urbanas, modernas, y cultas (con estudios superiores) que han abandonado, frustradas y desengañadas, al PSOE.
Así ese “lumpen” que un poco antes se menciona coincidiría con los “sectores de la sociedad que son muy representativos de los valores de progreso”, “muy representativas de la modernidad”, es decir “los sectores más avanzados de la sociedad”.

Otro ejemplo: al mismo tiempo que se nos describe, como si fuera la primera lección del parvulario civil, que es “Populismo” (ese intento de conseguir el poder diciendo a la gente lo que quiere escuchar, haciendo pasar las mentiras por verdades, aspirando a cosas tan imposibles como molestar a los que roban, etc., etc. ), y se trae como botón de muestra de ese fenómeno siniestro a PODEMOS (no sin antes ponerlo junto a Donald Trump, en un alarde de la técnica milenaria del lavado de cerebro), se explica un poco más adelante que la formación política que ha demostrado especial lucidez y perspicacia al hacer el diagnóstico correcto de nuestra triste situación política y social es justamente PODEMOS.

¿No es el diagnóstico certero la primera etapa de una terapéutica idónea?

Cierto es que otros tienen a los podemitas como expertos en la denuncia de los vicios, e imberbes en aportar y explicar las soluciones. En definitiva, cosa de jóvenes, como si la corrupción fuera cosa de viejos y experimentados sabios, y las “soluciones” veteranas que nos han traído hasta aquí fueran el síntoma más claro de la mayoría de edad.
Cabe pensar que quien así respira, no se ha leído los programas, ni ha mirado lo que tiene delante.

Tanta contradicción sólo puede provenir de nerviosismo. Y el nerviosismo es una emoción que se contagia mucho.
Hasta los más nobles ideales no están libres de ese contagio.

A lo que voy: no es deseable para un político o un partido político dar miedo, salvo que nos refiramos a la prevención que el delincuente de forma natural debe tener hacia la investigación del delito y actos consecuentes de la justicia. Pero eso son cosas de la justicia, que esperemos que en un futuro no muy lejano tenga vida propia en nuestro país, como en las democracias de verdad.

Si nos referimos a otro tipo de situaciones, regímenes, mafias, o cotarros de todos conocidos, también está de más el miedo que podamos provocar, porque los que están en ellos implicados hasta las cachas, ya se dan miedo a sí mismos, no hace falta ayudarles.
Obvio es y sobra decir que a quien más miedo tienen algunos de nuestros prohombres más señalados  y pringados, es a sus “amiguitos del alma”, antiguos camaradas de inconfesables saqueos.

Un partido político lo que tiene que provocar es ilusión y esperanza, y trabajar con honestidad por las causas que considera justas. Con la conciencia limpia y los objetivos claros se llega a todos los sitios, aunque se tarde en llegar. No siempre va a estar el mundo al revés, como ahora. De vez en cuando el mundo recobra la cordura, y hay que trabajar en esa dirección y para ese momento. Con paciencia y sin desanimo. El miedo y el desánimo es el juego de aquellos que no tienen la conciencia tranquila, no el de los políticos honestos.

El candidato

Frankenstein

El candidato “viable” del PP, el candidato de consenso, de las derechas de derechas y de las izquierdas de derechas (al final todo queda en casa) sería sin duda Felipe González.

González sería el candidato ideal del dogma oficial, para salir de este marasmo inane que nos atenaza, rematando la faena de embalsamar, esta vez definitivamente, el socialismo residual y agónico (por socialismo entiéndase la tenue y desvirtuada sombra que suele llamarse socialdemocracia), y dar una nueva oportunidad de saqueo y triunfo a ese capitalismo radical y salvaje, desatado y sin control, para el que las pensiones son una golosina y la salud un negocio, y que el doctor Frankenstein (de los laboratorios Rubalcaba) quiere de nuevo resucitar y promover, para alegría de sus dueños. Lee el resto de esta entrada

Mochuelos y ratones (publicado en prensa 19/08/16)

Tras contarnos Pío Baroja en su novela “El árbol de la ciencia” que las costumbres de Alcolea del Campo eran “españolas puras, es decir, de un absurdo completo”, y describirnos como Mochuelos (conservadores) y Ratones (liberales) se turnaban para robar el dinero público, lo cual al pueblo robado le parecía bien y normal, de la misma manera que no le parecían ladrones los ricos que defraudaban a Hacienda (sobre este punto, Andrés no era capaz de convencer a su patrona), nos relata cómo nuestro héroe, Andrés Hurtado, protagonista de la novela y medico recién llegado a ese pueblo manchego sin árboles pero con casino, se sincera con los “jóvenes republicanos” de esa localidad, que no se conforman con ese ambiente y situación tóxica enraizada en el turnismo bipartidista, y amagan con un “partido protesta” que rompa la baraja de ese cotarro tan triste y servil. Lee el resto de esta entrada

Coco y caca

Goya El coco 1

 

Era cuestión de tiempo que Rajoy, consciente del nivel intelectual de los que aún creen en su palabra (o muy listos y con cacho en el botín de la corrupción, o tan tiernos que hay que propinarles papilla mental en lenguaje sincopado), recurriera al lenguaje infantil: coco, caca, pupa, malos…

Malos y con coleta. Más claro, leche de teta.

¡Y yo que aún prefiero una buena coleta a un mal peluquín!

Lo falso y carente de sustancia, la impostura y la corrupción que esconde, siempre acaba cayendo, a pesar de su vanidad, por su propio peso, pero hasta que eso ocurre (y es inevitable) debe intentar que la verdad no levante el vuelo, y para ello es oportuno no promover ni alentar la prosa adulta (tan discursiva), sino el lenguaje primordial de los bebés.

Y no ha sido sólo él (Rajoy y el de su plasma), quien crecido y confiado -pero también sorprendido- porque los mensajes de apoyo a sus colegas de monipodio (extesoreros y demás), en respaldo de sus acciones y en recuerdo de la noble ley de la omertá, no le pasaran factura en las penúltimas urnas, se ha lanzado ahora envalentonado al contraataque “intelectual” de alto standing, sino que otros candidatos de la barra, igualmente nostálgicos del discurso de los jardines de infancia, le secundan fervorosos en sus argumentos de peso: populista, radical, malo… malísimo, proclaman en fino análisis.

De manera que puestos a su nivel, y sin que sirva de precedente, hay que decir, que cuando los patriotas de banderita en ristre y ética en astillero, saquean el patrimonio público y lo malvenden al mejor postor, o cuando el botín de sus trueques y razias se lo llevan allende los mares, a esa patria global de los golfos en sus ínsulas bucaneras, o cuando la venta oculta y traición de nuestro interés colectivo les abre todas las puertas giratorias de su excluyente y cómodo futuro, todo eso es COCO. Para entendernos.

Y cuando saquean y expolian la hucha de los pensionistas o esclavizan a los trabajadores para pagar las “deudas de juego” de sus amigos los banqueros, y cuando esconden en el refugio tenebroso del senado y otros aforamientos indecentes a sus Ritas Barberás, para que callen, eso es CACA. Para no confundirnos.

O viceversa. Coco y caca. Caca y coco.

Duérmete niño, que viene el coco, denunciaba Goya. Duérmete niño / Duérmete ya / Que viene el coco / Y te llevará.

Parafraseando la explicación que el Museo del Prado adjunta al famoso grabado de Goya:

Abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al Coco que a su presidente de gobierno (esto es mío) y obligarle a temer lo que no existe”.

González 0.0

Hamelin

 

Leo a González decir una vez más (¿cuantas van ya?) que Podemos es el diablo en bolas, con cuernos de Lenin y rabo de Engels, todo junto.

Que recuerda aquello de Franco de la hidra marxista y la conjura judeo-masónica, para las que nuestro insigne Duce no veía más destino (a falta de la tecnología de Auschwitz) que el degüello a lo moro. Lee el resto de esta entrada

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