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BENDIGAMOS LA MESA (Sobre la Mesa sectorial del SESCAM de 1 de julio de 2019)

centro de salud SESCAM

 

 

Sobre la Mesa sectorial del SESCAM de 1 de julio de 2019 nos ha llegado información de dos sindicatos, bastante coincidente, y por tanto entendemos que dicha Mesa transcurrió más o menos como en esa información se describe.

Lo primero que se observa es que el tema central son las oposiciones y el negocio que propician (cursos y demás). Bienvenidas sean siempre que sean a su debido tiempo y respetando los plazos legales. En las últimas décadas no ha sido así, y eso ha conducido a un hecho REAL de abuso, estafa, y fraude.
Sobre el hecho indiscutible de que las administraciones públicas (y con ellas el SESCAM) arrastran un problema monumental de FRAUDE de LEY (según normativa europea de obligado cumplimiento), del que han sido víctimas miles de interinos en nuestra región, cientos de miles en todo el Estado, ni una palabra, silencio total en esa Mesa que dice representar a los trabajadores.

Obviamente esos miles (o cientos de miles) de trabajadores interinos estafados, no están representados en esa Mesa.

Sobre el deterioro de nuestra ATENCIÓN PRIMARIA y el fracaso del modelo actual, basado en un incumplimiento de la jornada legal que toma excusa en la “falsa” libranza posguardia (una auténtica fábrica de listas de espera), ni una palabra. Conviene recordar que si nos atenemos a la legalidad vigente (Estatuto Marco) y a la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo (sentencia sobre el recurso 4848/2000), tal “libranza” posguardia no existe, es una entelequia, sino que se trata de un descanso entre jornadas. Confundir un “descanso” que no exime de cumplir la jornada anual establecida con una “libranza”, es impropio de gente barbada.
Si una irregularidad de este calibre, cuyas consecuencias pagamos muchos profesionales y todos los ciudadanos, no merecen unas palabras de reproche, o al menos de análisis, por parte de los representantes sindicales, apaga y vámonos. Bendigamos la Mesa.

Sobre la actitud del SESCAM respecto al pago de la CARRERA PROFESIONAL, contraria también a la legalidad vigente y a la jurisprudencia ya sólida tanto a nivel nacional como europeo (una tendencia que ya debe preocuparnos), que obliga al pago de esa CARRERA PROFESIONAL al personal interino (cosa que ya hacen otros servicios sanitarios más respetuosos con la legalidad), parece que se ensaya por parte de los representantes sindicales un cierto reproche ambiguo con aire de lucha, pero ninguno pregunta directamente y con voz clara y nítida, como es posible que el SESCAM esté recurriendo ante el Tribunal Supremo las sentencias que están dando la razón al personal interino sobre este tema en el TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE CASTILLA-LA MANCHA.

Nadie pregunta tampoco, de los representantes sindicales, como es posible que el personal PEAC, que cumple todas las definiciones legales de PERSONAL NOCTURNO, no tenga ya reconocido este carácter a todos los efectos, tanto de salud laboral, como de jornada anual y su distribución, como de retribuciones justas, y que al día de hoy este personal tenga que reclamar este reconocimiento en los juzgados.
El sumo de la hipocresía es que existen normas de salud laboral, editadas y publicadas con membrete del SESCAM, que establecen las precauciones a tener en cuenta con el personal PEAC como PERSONAL NOCTURNO (protocolo o norma número 11), pero que luego quedan en papel mojado y se incumplen por la misma Administración que las edita.
Si ante esa falta de reconocimiento del carácter NOCTURNO del personal PEAC (según las definiciones legales de tal circunstancia) tuviera lugar un hecho lesivo o incluso lamentable sobre uno de estos trabajadores “nocturnos” abusados ¿asumirá el SESCAM la responsabilidad y la indemnización correspondiente? Cada dia que transcurre en esta situación es un riesgo.
He aquí una pregunta que podrían haber planteado los representantes sindicales.

Y ya puestos podrían haber preguntado cómo es posible que en nuestra atención primaria (del SESCAM) todavía haya médicos y enfermeros que trabajan 65 horas seguidas en los PAC de nuestra región. Y la misma pregunta se impone: ¿Ante un hecho lamentable, quién es responsable o quién indemniza?
Y en relación con este tema, una cuestión a debate, desde la perspectiva de una acción sindical sana, habría sido valorar la oportunidad de introducir SISTEMAS DE REGISTRO DE LA JORNADA (fiables) en nuestro ámbito laboral, casi casi como si fuéramos “europeos”. Ya nos falta menos.

Como viene siendo habitual, tras cortar el bacalao, con el verano encima, y ya en el furgón de cola de los RUEGOS Y PREGUNTAS, se vuelve a mencionar en esta Mesa tan bendecida por el silencio, al personal PEAC. Mejor una mención que nada, se pensará.
Lo que pasa es que esas menciones ya empiezan a ser una especie de juegos florales en los que ensayar la retórica y la lírica, mientras que la discriminación y los abusos que soporta este personal ya duran décadas. Es decir, más que rogativas y preguntas, o juegos florales, lo que se necesitan YA son acciones firmes.

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ENVEJECER

Pablo y Pedro

 

De repente hemos envejecido cincuenta años, así, sin comerlo ni beberlo.
Hemos dado un salto cuántico en el tiempo y nos miramos en el espejo de la vejez rotunda.

El milagro (si es que puede llamarse milagro a esta cabriola) lo logra una app, es decir uno de esos artilugios informáticos, tipo software para móviles, de los que tanto dependemos y que tanto nos espían.

Se llama FaceApp, y de hecho los demócratas de USA ya han pedido al FBI que lo investigue por sus “lazos rusos”, ante la sospecha (parece ser que confirmada) de que nos espía y roba los datos. En esto los rusos no se diferencian demasiado de los  estadounidenses, unos y otros nos espían a diestro y siniestro.
Yo por si acaso no lo uso, además de porque no tengo datos que merezcan la pena, porque no le veo la gracia al asunto este de adelantar lo inevitable, o lo que es peor, lo contingente.

Siendo esta una forma moderna de envejecer (valga el oxímoron), por obra y gracia de una App del móvil con funciones de retoque fotográfico, estos días asistimos también a otras formas más burdas de involución, no física sino política y cultural. Y todo ello dentro de un contexto de descivilización y barbarie que progresa inmersa en el seno de un gran desarrollo de la inteligencia artificial, que avanza en la misma medida en que la natural retrocede por atrofia.

No quisiera preocuparles demasiado porque estamos en verano y algunos de vacaciones, pero esto de la barbarie posmoderna y la descivilización que arrastra consigo, empieza a ser una realidad palpable, contundente, y agresiva.

¿Pero de qué tipo de descivilización estamos hablando?
Sirva como comparación:
Es sabido por los amantes del cine que en las películas de Pasolini podemos encontrar todo un catálogo de claves y códigos de nuestra civilización, que en gran parte hunde sus raíces en el Mediterráneo y su cultura.

De la misma manera en las películas de Paolo Sorrentino podemos encontrar muchas de las claves de la descivilización posmoderna que nos acecha, o que ya tenemos encima, la cual empezó dando por buena la “cultura” del pelotazo (made in el PSOE de la tercera vía) y ha acabado dando por buena la cultura del racismo y la xenofobia, envuelta en la liturgia y los artículos de fe de la tecnocracia posdemócrata.
Neoliberalismo y neofascismo en síntesis perfecta y yendo de la mano, incluso a la hora de decidir los órganos de Gobierno de Europa. Se veía venir. Eso que llaman “gobernanza”, más que nada por darse el gusto de hablar raro.

Sobre las características de esta nueva barbarie y el comportamiento de este proceso de descivilización se ha escrito mucho. Por recomendar un par de lecturas recientes:
“Contra todo esto” de Manuel Rivas, o “Estos años bárbaros” de Joaquín Estefanía. Pero podríamos remitirnos a “Algo va mal” de Tony Judt, o a los ensayos de John Gray.

¿Pero hablamos de un pronóstico o de un diagnóstico?
Las dos cosas al mismo tiempo. El presente y el futuro de la distopía ya están aquí. Ocurre lo mismo que con el cambio climático. Estábamos intentando definir un diagnóstico y el pronóstico se nos ha echado encima.

Por ejemplo, no han sido pocas las voces, y además autorizadas, que han protestado por la forma antidemocrática de elección de los nuevos órganos de gobierno en Europa, procedimiento que ha confirmado el diagnóstico previo de que al día de hoy es imposible (está prohibida) una política distinta  (verbigracia socialdemócrata) en esta Europa reaccionaria, que sigue teniendo en el neoliberalismo su catecismo de cabecera, su rémora fundacional, y su dogma perverso. Tolerancia cero, es lo que prodiga a manos llenas este liberalismo rupestre.
Ni siquiera la “tercera España” de otro tiempo pudo imaginar una Europa tan estrecha de miras, de catecismo y tentempié.
¿Pero Europa no era el ámbito de la democracia y la libertad?

Para rematar la operación parece ser que Úrsula von der Leyen, sucesora del corrupto Juncker (de ahí venimos), ha contado con el apoyo de los votos de la ultraderecha europea para hacerse con el cargo. Una ultraderecha que por una parte no respeta el Estado de derecho (ejemplo Polonia) y por otra es promotora descarada del racismo y la xenofobia.
Los que no han votado a la candidata han sido los verdes (el futuro) y algunos socialistas (que aún quedan). Y no hablo de los nuestros porque da grima. Fueron por lana y salieron trasquilados, aunque sarna con gusto no pica.

Así están Europa y su “gobernanza”.

Entre nosotros también cunde este tipo de vejez acelerada que prepara el camino a la involución.
Si hace apenas una semana eran los neoliberales del PSOE los que enviaban una carta de amor -tipo Corin Tellado- a los neoliberales del PP, para convencerles de que apoyen un gobierno neoliberal de Pedro Sánchez de la misma manera que ellos apoyaron en su día un gobierno neoliberal claro está de Rajoy (a pesar de la corrupción conocida y de que tres cuartas partes de los ciudadanos estaban en contra), apenas hace un par de días un manifiesto de intelectuales de “izquierdas” llamaba a proteger la civilización occidental (concretamente la de Bárcenas y los EREs andaluces) de las asechanzas de PODEMOS y otros populistas, que amenazan con acabar incluso con la Ilustración de Voltaire. Con lo divertido que es leer a Voltaire.
Si no se ha convocado a esta nueva cruzada a los 100.000 hijos de San Luis (L’expédition  d’Espagne) es porque ya no están entre nosotros. O quizás sí.

Uno mira la lista de firmantes y le asaltan las dudas. No seré yo quien niegue la libertad que tiene cada cual de autodenominarse como quiera, pero ¿Era necesario poner el énfasis en eso precisamente: de “izquierdas”? ¿A cuento de qué? ¿No habría bastado con “intelectuales” o “personalidades de la cultura”, calificativo muy digno y justificado en este caso, para evitar la sospecha de que estamos ante una broma de verano en forma de manifiesto de invierno?
El caso es que parece que va en serio, tan en serio como el senador McCarthy en su caza de brujas.
Y ante la falta de brujas que echar al brasero, ahí está PODEMOS y quienes les votan (3,73 millones de españoles en las últimas elecciones), que según todos los indicios tienen cuernos y rabo y conviene marcar con una estrella morada. Y es que es sabido que estos desaprensivos quieren acabar con la civilización occidental neoliberal, empezando por lo más sagrado: la corrupción.

Creo que en cuanto a la cuestión de quienes son los “populistas” y quiénes crean “división y exclusión” (según se predica en ese manifiesto), va a ser difícil ponerse de acuerdo. Los firmantes lo tienen claro. Otros no lo vemos igual. Porque yo me pregunto: las brechas de desigualdad creciente, la pobreza infantil y la precariedad laboral que abunda en España, fruto de la política neoliberal aplicada ¿Crean división y exclusión en la sociedad o una comunidad de destino en lo universal donde reina la armonía?

Estas cruzadas en rescate de la civilización occidental y del canon europeo en peligro (al día de hoy neoliberal y xenófobo), nos empiezan a recordar a otros salvadores históricos que sin duda no echamos de menos.
A lo mejor urge más salvar a los que se se están ahogando en el Mediterráneo huyendo de la guerra o la miseria, hombres, mujeres, y niños como nosotros; o a los que en nuestra misma sociedad se hunden por una política despiadada e inhumana.

Y el  caso es que el pueblo español descarriado sigue apoyando en las encuestas una coalición entre PSOE y PODEMOS, y así no hay manera de salvar la civilización occidental, porque no se deja. El veto a Pablo Iglesias es un veto a esa opinión mayoritaria de los españoles (según se refleja en repetidas encuestas) y también constituye un veto a una representación política legítima. Con ese gesto de intolerancia hacia Pablo Iglesias, Pedro Sánchez ha envejecido en pocas semanas varios lustros, y se ha igualado a ese Albert Rivera que le veta a él.
Aún recuerdo (eran otros tiempos) en los debates televisivos previos a las últimas elecciones, cuando Albert Rivera atacaba de forma histérica e histriónica a Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias salió en su defensa llamando educadamente a Ribera “maleducado”, al tiempo que Pedro Sánchez agradecía a Pablo Iglesias el logro común de la subida del salario mínimo.

Entre los firmantes de “izquierdas” de este extraño manifiesto de verano, medio en broma medio en serio, abundan los promotores y simpatizantes de CIUDADANOS, que como todo el mundo sabe es un partido de izquierdas.
El caso es también que alguno de estos firmantes (de “izquierdas” como es obvio) ya defendieron en vísperas de las últimas elecciones una alianza con VOX como la mejor estrategia electoral y política, al final fallida, en eso que de forma poco original podemos llamar alianza Frankenstein.
Lo cual tiene su lógica porque como todo el mundo sabe VOX es también un partido de izquierdas que defiende la civilización occidental a caballo, camino de Covadonga, y retirando bustos de Abderraman III, a ver si hay suerte y cae del cielo otra Reconquista en que matar el tiempo ocho siglos.

Después de este manifiesto ha salido otro a la palestra, entiendo yo que más razonable y mejor argumentado, a hacerle democrática competencia al primero, y es este último el que virtualmente suscribo.
Ahí se aboga por un gobierno progresista constituido sobre el núcleo de PSOE y PODEMOS (que según las encuestas es el que prefieren la mayoría de los españoles), que de manera efectiva sea un freno a la barbarie neoliberal en marcha. Es decir, ese manifiesto aboga por un gobierno progresista como defensa contra la “actual” política neoliberal, la cual habría que cambiar.

Si bien debería preocuparnos que los poderes fácticos puedan imponer en nuestro país un veto a un representante elegido democráticamente, Pablo Iglesias ha preferido dar un paso atrás de forma generosa para no entorpecer la constitución de ese posible gobierno progresista.
Como dice Antón Losada en un twitt: ¿A ver qué excusa se inventan ahora?

Ahora bien, aceptar un veto tan grave conlleva una contraprestación clara e irrenunciable: un programa de gobierno auténticamente socialdemócrata (el gobierno de Sánchez se define como “socialista y de izquierdas”), que por una parte envíe las reformas laborales de la derecha (PPSOE) a la papelera de reciclaje; que exija la devolución del dinero público prestado a los bancos de la estafa financiera (entre otras cosas para combatir la pobreza infantil y ayudar al mantenimiento de los servicios públicos); que acabe con la precariedad laboral, y dentro de esta, que dé solución justa a los cientos de miles de interinos de los servicios públicos estafados por un fraude de Ley; que acabe con las puertas giratorias; que reduzca drásticamente el número de aforados (al nivel de Alemania por ejemplo); que haga de la ecología y el cambio climático eje principal de sus preocupaciones; que avance en la defensa de los derechos de las mujeres; que nacionalice los servicios esenciales (ej. energía) que con la actual privatización se han convertido en un artículo de lujo, donde reina el desorden y uno intuye que el saqueo, etcétera, etcétera.

La verdad está muy repartida y habita en todos los sitios y en ningún parte. Esto lo aceptamos, pero si hablamos de política y de política económica, hay que reconocer que en los años ochenta se produjo un desplazamiento salvaje hacia la extrema derecha que al día de hoy (vistos los efectos sociales catastróficos y las repercusiones climáticas) conviene corregir. Esa es la misión perentoria de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, o de PSOE y PODEMOS.

En todo caso, si no es ese el camino en el que va a colaborar PODEMOS, yo no apoyaría al candidato Pedro Sánchez. Es una opinión.

Posdata: El testamento político de Tony Judt

https://elpais.com/diario/2010/10/23/babelia/1287792763_850215.html

 

 

 

El síndrome de la urna fantasma

votos

 

Quién nos iba a decir a nosotros, salidos de un periodo abstemio de 40 años sin votar, que íbamos a acabar hartos de las urnas. O eso dicen.

Yo no. A mí me encanta votar, y que me consulten ni te digo.

Peor me iría, pienso, si no pudiera votar o dar mi opinión, como un cero a la izquierda, o como un siervo de la gleba.
De hecho tengo comprobado que cuando peor me va es cuando gobiernan aquellos a los que nunca he votado.

Así que uno coge las urnas con ansia, con ganas locas, aunque luego venga la decepción postelectoral.

Al fin y al cabo siempre salen los mismos y hacen las mismas cosas, y para los mismos dueños. Porque del programa político con el que enredan y cazan el voto “útil”, se olvidan al día siguiente.
Aún así. A mí que no me quiten las urnas.

Este hambre democrática constituye en nuestro país un síndrome, que podríamos comparar con el del “miembro fantasma”. Se parece también al de aquellos que pasaron hambre de comida (y de justicia) en la posguerra. Que se juntaba con el hambre de votar.

Cuarenta años sin catar la democracia, a palo seco, famélicos en medio de una Europa de la abundancia.
Incluso satisfechos hoy en día, queda en ellos (o en nosotros a través de ellos) un hambre residual, un hambre fantasma, que no se sacia nunca o teme con pavor nuevas hambrunas. De pan y de urnas.

Que estratégicamente no convenga tal o cual convocatoria electoral, no significa hartazgo de las urnas. Hay que pensarlo dos veces antes de manifestar ese empacho y de protestar molestos porque nos consulten tanto. El mal uso de la herramienta no la desprestigia.

Y hoy en día quien peor la está usando es Pedro Sánchez, que parece vigilar las encuestas cada mañana y preguntarles cuánto falta para el sorpasso hacia el poder absoluto. ¿Para qué lo querrá?

Alentado, además, por una CEOE mefistofélica a la que más de uno vende el alma, y que le anima a aprovechar el viento favorable de popa para ir a nuevas elecciones, casi sin tiempo de digerir las últimas, jugándose el tipo y poniendo en riesgo un gobierno progresista.

Lo demás son falsas excusas y fabricar una distinta cada día para no concluir un pacto de izquierdas.

Sin duda la CEOE quiere a un PSOE con poder absoluto para eso de las “reformas estructurales” que no admiten demoras. Ya saben. Más neoliberalismo de recortes, y lloviendo sobre mojado.

¿O piensan que la CEOE va a pedirle a Pedro Sánchez una política socialdemócrata?

Y Pedro parece que no quiere fallarles, una vez que les ha fallado Ribera. He ahí la madre del cordero.

Recuerdo de niño, cuando merendábamos pan con chocolate y nos sobraba un poco de pan (que ya no nos pasaba por el gaznate), antes de tirarlo, de forma inconsciente reflexionábamos sobre el hecho, casi un pecado, de tirar el pan. Entonces en un gesto simbólico de respeto a lo sagrado y a lo que cuesta ganar el pan (sangre, sudor, y lágrimas), le dábamos un beso y pronunciábamos una frase ritual que nos eximía de tamaño pecado: “Porque es de Dios” decíamos, y nuestra conciencia culpable se relajaba al tirar ese resto de comida.

En algún momento de nuestra más tierna infancia, alguien que conocía las penurias del hambre y la virtud de la sobriedad nos había enseñado a hacerlo así, y lo repetíamos como un gesto mecánico pero plenamente conscientes, aunque niños, de su significado.

Pues algo parecido ocurre con la oportunidad de votar y ser consultados. Hay que valorarlo como el pan el hambriento. Sobre todo en nuestro país.

Tengo entendido que hay países en Europa, más avanzados que el nuestro, que acuden al referéndum como quien va al dentista, y para los temas más variados. Y no se cansan. Es más, se consideran unos privilegiados.
Yo no sé la dentadura, pero la democracia estos ciudadanos parece ser que la tienen más sana que la nuestra y que les funciona mejor.

Ya sé que en nuestro caso no es igual (nos falta tradición y práctica) y que según defienden algunos, los tiempos ya no son blancos ni negros, sino grises, del color del metal, del “vil metal”, visto esto desde la perspectiva y altura noble de otros tiempos. Y esta grisura desalienta el noble ejercicio del voto.
Que los programas políticos, en coherencia con este desánimo general y esta devaluación de la democracia, ni se muestran ni se respetan (no todos obran igual y esto es lo que molesta a muchos). Que estando todo el pescado vendido, antes incluso de desembalar las urnas, deberíamos desistir de votar, gesto inútil, perder la esperanza y la confianza en nosotros mismos, y permitir que otros (los que saben o dicen saber) decidan en nuestro lugar.

Pero a mí eso me parece comida sintética, que no tiene sabor ni sacia el hambre. Un simulacro de democracia, una birria de comida. Tecnocracia al servicio de la plutocracia. Comida basura.

Hay que pensar por otra parte que así como los demócratas tenemos “representantes”, los tecnócratas tienen “jefes” y dueños que les pagan, y muy bien por cierto. Y uno nunca (o casi nunca), sobre todo si eres tecnócrata, muerde la mano que le da de comer. Mientras que nosotros podemos dejar de votar a quien nos ha decepcionado.

Esa es la diferencia entre “representantes” y “jefes”.

Opinamos algunos que no es que todo sea gris (como se nos quiere convencer), sino que las zonas oscuras no salen en la película. Y también opinamos que si se promueve tanto el “centro” no es por volteriana tolerancia (que esa está garantizada en una democracia sana y  bien constituida), sino porque hay mucha necesidad de disfraz. Otro día hablaré de esa topografía política del disfraz.

Y desde luego lo que no es sano es que unos partidos legales se declaren “constitucionales” frente a otros también legales que según los primeros no lo son: constitucionales. O que algunos partidos legales se consideren dignos de conocer los “secretos de Estado”, mientras que a otros partidos, también legales, los consideran indignos de tal privilegio, como si los primeros fueran los dueños (y además vitalicios) de ese Estado. No parece democrático. Y menos cuando todos sabemos qué partidos han sido condenados en los tribunales y pillados en flagrante corrupción, y cuáles no.

Y es que, como decimos, no todo es gris.

Por uno o por otro motivo, o por varios al mismo tiempo, no nos libramos de los términos clásicos de la topografía política: derecha e izquierda.

Aunque hay quien no le parece bien que haya “tantas” opciones, y prefiere que todo sea “centro”, una suerte de democracia orgánica, desecada y comprimida, en forma de cápsula, tan parecida al poder inamovible del viejo dictador como a la comida sintética e insípida de los astronautas.

De momento seguimos en tierra y con problemas terrestres. Es decir, con apetito.

Derecha e izquierda son términos que ya tienen unos cuantos trienios encima, más viejos que Matusalén, pero ahí siguen: útiles, con sentido y significado.
Esto es síntoma de que incluso en plena vorágine digital y en medio de una economía virtual que menudea estafas reales (cuando no acarrea depresiones económicas funestas), los problemas siguen ahí, a pesar de la posmodernidad, la inteligencia artificial, y el supuesto fin de la Historia.

El hecho de que términos con tanta solera sirvan para definir nuestra condición actual, sugiere que nuestra posmodernidad alberga en su seno un importante componente de antigualla. De hecho hay quien piensa que en lo esencial (los valores) hemos retrocedido al siglo XIX. Que mientras la inteligencia artificial avanza, la ética social y política así como el humanismo, retroceden.

¿Pero puede extrañar a alguien que hablemos aún de izquierda y derecha, cuando las brechas de desigualdad se hacen cada día más anchas y profundas y se le ha abierto la puerta de par en par al fascismo y la xenofobia? ¿O cuando hablamos de pobreza infantil y amnistía fiscal a un mismo tiempo, de precarios en vez de proletarios, y de pobreza energética en el Occidente inteligente y artificial del siglo XXI?

A mí no me extraña. Por eso me parece bien que me pregunten.

Por ejemplo, si me preguntan (pregunten, pregunten..) qué me sugiere esta noticia: “Bruselas detecta que el Supremo evitó elevar al TJUE más de 60 causas de interinos que piden plaza fija”, contestaría que lo que me sugiere es que vivimos en un escenario de inseguridad jurídica donde la independencia de poderes brilla por su ausencia, y dónde las estafas laborales se intentan camuflar. Y ya saben que la inseguridad jurídica es una de las características de los Estados fallidos.

También me sugiere que la empresa pública, llamada Administración, utiliza las mismas técnicas salvajes de explotación laboral que la empresa privada. Es lo que tiene el neoliberalismo, que se contagia.

Ahora bien, esa es mi hipótesis. Que luego cada cual tenga la suya, es lo normal y democrático.

¿QUIÉN MATÓ A LA IZQUIERDA?

Patronal

 

Ir a nuevas elecciones supone embarcarse en una lotería, dado lo impredecible de la jugada, y mucho más considerando que las encuestas aciertan bastantes menos veces de las que fallan. Hasta aquí todos estamos de acuerdo.

Se abriría también -qué duda cabe- un periodo de indagación sobre el responsable de este disparate, es decir, el autor del crimen, casi como en una película de suspense. Lo cual contribuiría a la incertidumbre del resultado, aunque lo cierto es que se cuenta con algunas pistas sólidas para aclarar el misterio. Veamos.

Así como en el fútbol todos somos “míster” (desde la barrera), y en las obras a pie de calle, “ingenieros” expertos, en este tipo de crímenes políticos todos somos un poco detectives.
Así que yo, en mi papel de un agnóstico y escéptico padre Brown (en homenaje veraniego al gran Chesterton), voy a dar mi propia versión de los hechos.

¿Quien ha puesto más difícil el pacto de izquierdas? O dicho de otro modo: ¿Quién ha matado con más saña esta oportunidad?

Tiremos del hilo de una de esas pistas fundamentales sobre el autor del despropósito:

A poca memoria que se tenga se recordará que Pedro Sánchez, tras escuchar disgustado y con mala cara las recomendaciones de su militancia (“con Rivera no”), con quién primero intentó pactar fue precisamente con Albert Rivera, y esto siguiendo la recomendación (casi una orden) de los poderes fácticos y sus medios de comunicación.

Entre la recomendación de su militancia votante, y la recomendación de los poderes fácticos, que no votan pero tienen dinero, prefirió lo segundo.

Pero Albert Rivera estaba duro de pelar, y en ello sigue, de momento. Se intentó la cocción a fuego lento, pero como si hablases con una tapia. Lo cual ha disgustado a los poderes fácticos que lo diseñaron y financiaron para ese propósito precisamente. Tal ha sido el fiasco que ha habido un cierto intento -poco disimulado- de hacerle la cama, y él se ha enrocado a la defensiva con sus más fieles.

Visto que por ahí no había mucho que rascar, Pedro Sánchez lo intentó con la otra derecha (si es que cabe discernir entre las tres o cuatro derechas que al día de hoy hay en nuestro país), la de Casado, pupilo de Aznar y socio de VOX (vaya mezcla), en eso que los más retrógrados de los neoliberales post-socialistas llaman “la gran coalición”. La cual alianza equivale a “todo para la plutocracia, nada para los demás”. O en símil futbolístico: “plutocracia 10, democracia y mundo del trabajo 0”.

Tampoco cuajó ese intento porque Casado estaba contento en su papel de líder de la oposición y aliado de VOX, así que ya a la desesperada Pedro Sánchez intentó pactar con la izquierda real, es decir, con PODEMOS. Lo cual se acerca más al deseo expresado por la militancia, que aunque no tenga el poder económico de los poderes fácticos, son los que sostienen los partidos políticos, base de la democracia.

Así como está claro que PP y CIUDADANOS son derecha-derecha que hace buenas migas con la ultraderecha de VOX, también está claro que PODEMOS es izquierda socialdemócrata y la única que puede introducir algún cambio en la deriva reaccionaria del neoliberalismo en boga. No cabe perderse en esa encrucijada si lo que se pretende es llegar a un pacto de “izquierdas”.

Pero estábamos en el interrogante clave de la cuestión: ¿Quién puso más difícil el pacto de izquierdas una vez comprobado que pactar con la izquierda era la última opción (por descarte de todas las demás) de Pedro Sánchez, pero no su principal deseo?

Analicemos someramente la oferta sanchista.

Lo primero que llama la atención en esa oferta “generosa” es que quisiera dejar fuera del acuerdo a Pablo Iglesias (vetado por los poderes fácticos, como es sabido). De hecho parece un chiste, porque ello equivale a despreciar el voto democrático y la legítima representación política. Se quiera o no, el líder de PODEMOS, democráticamente electo, es Pablo Iglesias.
Obviamente, para aceptar esa condición de veto que el PSOE quería imponer si o si, habría que haber dejado fuera también a Pedro Sánchez (en justa equivalencia), sustituido en el protagonismo representativo por un cargo intermedio o un “independiente” de la órbita del PSOE, pero no del PSOE.

La pretensión parece absurda, en uno y otro sentido, y solo indica que Pedro Sánchez seguía sin ganas de pactar con la izquierda, ya plenamente imbuido de las recomendaciones sectarias de los poderes fácticos.

PODEMOS intentó que el pacto no se malograse, y se comprometió a dejar constancia por escrito de que en determinadas cuestiones de Estado (ejemplo problema catalán) se sometía a la decisión del gobierno. Había voluntad de acuerdo.

El núcleo reivindicativo de PODEMOS tiene más que ver con la cuestión social y económica: derechos laborales perdidos en relación con las reformas laborales consecutivas (dos) de derechas (en esto coinciden con los sindicatos principales), derechos humanos, feminismo, ecología y cambio climático, etcétera.
Y así vemos que una de las consecuencias del paso fugaz de PODEMOS por el gobierno fue la subida del salario mínimo, uno de los más bajos de Europa, para vergüenza nuestra.

Por ahí va la propuesta de acción de gobierno de PODEMOS: fiscalidad progresiva (y no regresiva) en cumplimiento de nuestra Constitución; recuperación de derechos laborales perdidos; garantizar las pensiones como derecho indiscutible e inalienable; recortar las horas de trabajo para que trabaje más gente, sin merma retributiva; un mercado de trabajo más digno y humano; repartir las cargas de la crisis de forma más equitativa una vez que los autores de la misma (en realidad una estafa) no han sido penalizados, sino que se han beneficiado de sus fechorías; mantenimiento de los servicios públicos y defensa del Estado del bienestar, dentro de una política social contraria a las privatizaciones y a la socialización de las pérdidas de la empresa privada; no poner los servicios básicos y esenciales (ej.: energía) al albur de los tahúres del mercado, que además hacen trampas y constituyen monopolios, etcétera.

En definitiva una acción de gobierno progresista y socialdemócrata, es lo que propone PODEMOS, y lo que molesta a los poderes fácticos cuyos cantos de sirena son música celestial para los oídos de este PSOE, cuando no órdenes que no se pueden contradecir.

Intentando otra excusa más, el PSOE de Pedro Sánchez argumentó que eran necesarios otros socios incompatibles con PODEMOS. Lo cual se demostró falso.

Otra pista:
En perfecta sincronía con los globos sonda del PSOE, las especulaciones optimistas del CIS, y la amenaza estratégica de nuevas elecciones, la patronal retrógrada de la CEOE dijo estar muy ilusionada con esa posibilidad de nueva convocatoria electoral, ante la perspectiva de que el PSOE ganara votos y escaños, y en el convencimiento (basado en la experiencia) de que para el PSOE los deseos de la patronal son órdenes de obligado cumplimiento. Aquí ya las pistas y los indicios sobre el autor del crimen empiezan a quemar.

Con esto creo que ya se adivina que yo ya tengo mi candidato preferido y una cierta sospecha sobre el autor de este crimen.

En función del reparto de esas sospechas (cada cual es muy libre de sospechar lo que quiera y de escoger candidato), las posibles elecciones futuras pueden resultar bien, regular, o fatalmente para aquellos que las propicien. Nada hay escrito. Sin duda no hay interés en que la izquierda gobierne.

No solo es que no haya interés, sino que no le dejan. Ya dijo John Gray, apesadumbrado, que la socialdemocracia no es bien recibida en nuestro actual sistema plutócrata. Recuerden también que la plutocracia no es demócrata.

No debe olvidarse tampoco que un componente importante de ese resultado electoral impredecible es que en tan breve marejada como la que estamos recorriendo, postelectoral y preelectoral al mismo tiempo, ha habido tiempo y espacio suficiente para ver muchas promesas rotas y muchos votos traicionados. Con las urnas aún calientes.

Sin duda esto también influye.

 

BARBARIE: PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO

 

Grecia y pobreza

La palabra “barbarie” impresiona y asusta porque pensamos en un Atila desmelenado y una hierba agostada para siempre.

Sin embargo, y a pesar de sus lúgubres resonancias, “barbarie” empieza a ser palabra de uso común y muy útil. Ello es así porque los tiempos cambian, y con ellos los bárbaros.

Al hilo de esta posmodernidad nuestra tan extraña los bárbaros han cambiado de aspecto, son diferentes a los de otros tiempos, y casi parecen gente normal. No está fuera de lugar verlos como una suerte de funcionarios de la barbarie, tecnócratas del desastre, que acarrean malas noticias y peores acciones.

Que los bárbaros de hoy día no se parecen a los de antaño se demuestra en que ya no maltratan la hierba sino que la usan para jugar al golf. Aunque eso sí, la riegan con un agua cada vez más escasa. Es el contraste entre el hartazgo y la sed.

Este cambio de paradigma y de aspecto puede llegar a confundirnos.

Si nuestros antepasados pensaban en Atila, rey de los hunos, al escuchar este vocablo terrible, algunos ciudadanos civilizados de esta Europa nostra (sobre todo si esos ciudadanos habitan el sur) piensan en la “troika” y los “hombres de negro” cuando escuchan decir que vienen los salvajes. Entonces dan la voz de alarma (los más despiertos), ponen a buen recaudo a sus hijos más pequeños e intentan salvar algunos de los pocos bienes que les quedan, porque como es sabido esta no es la primera ni será la última razia de los burócratas del desastre. Una vez que los bárbaros le han cogido el gusto al saqueo, no paran hasta convertirlo todo en un enorme campo de golf lleno de agujeros al inframundo.

A los bárbaros de hoy día no hay que esperarlos, ya los tenemos dentro. ¿Cómo se les reconoce?

Son los que anteponen el imperio del dinero a la democracia legítima, la fuerza bruta a la fuerza de la razón. Lo cual, a poco que se piense, es una constante histórica de la barbarie, simple en sus acciones y directa en sus objetivos.

Pero como digo -y esto conviene no olvidarlo- pueden confundirnos las apariencias y las formas, porque los bárbaros de hoy día, que se duchan y perfuman con esmero, no siegan cabezas -al menos directamente-, pero niegan la mano a quien se está hundiendo, y sobre todo le ayudan con un empujoncito en la dirección del abismo que cavan bajo sus pies.
Como los más brutos de los brutos de antaño fabrican esclavos y les dan el nombre de trabajadores, declaran guerras estratégicas y reparten hambrunas tras marchitar el terreno. Va todo en el mismo paquete desolador. También por esto se les reconoce.

Es tal su poder destructor y la fuerza de su tóxico que hasta el equilibrio ecológico del planeta se tambalea. Nuestro punto azul en el universo empieza a dibujar unos puntos suspensivos. Esto ya son palabras mayores.

Levantan muros contra los huidos de la pobreza y los rigores del clima, lo cual demuestra que la barbarie no está reñida con la estupidez. ¿Qué altura deberían tener esos muros para contener y frenar la necedad de sus actos? Aunque mantienen la hierba de sus campos de golf impoluta, por donde ellos pasan crece la deforestación. En esto sí nos recuerdan a Atila.

Lo que hacen hoy igual que siempre (esto tampoco ha cambiado) es saquear y robar al por mayor. Arruinan regiones y naciones enteras de un día para otro, pero lo hacen sin necesidad de usar el caballo, lo hacen vía telemática, desde la poltrona o el yate, mediante movimientos desregulados del dinero virtual, que viaja obediente desde la cabaña de los pobres al palacio de los ricos. La técnica, otrora liberadora, se ha puesto a su servicio.

Otras veces compran políticos que se prestan, que al precio del mercado salen bastante baratos. A través de ellos el poder legítimo viaja (como el dinero) con las orejas gachas desde la confiada casa de los ciudadanos que votan a los consejos de administración de los altos emporios, que ni votan ni pagan impuestos.

Barbarie es por tanto palabra muy útil y necesaria, y de uso frecuente entre los analistas de nuestra situación (casi podríamos decir de nuestra revolución, política, social y cultural). Suele venir acompañada de otra palabra con la que hace juego, que es “descivilización”.

La gente que así se expresa y lucha por encontrar en el idioma apoyo para su perplejidad en un intento casi desesperado por describir la situación anómala que vivimos, suele ser gente despierta que ha dado muestras suficientes de inteligencia y perspicacia, lo cual nos mete a algunos aún más el miedo en el cuerpo, como cuando el que hace un diagnóstico y pronóstico de gravedad es un médico de prestigio.

También porque esas conclusiones preocupantes sobre nuestro presente y posible futuro, lejos de ser una especulación etérea, al hilo de un mal humor pasajero, vienen refrendadas por análisis lúcidos, razonamientos sólidos y datos consistentes, y en última instancia por los hechos. En este caso los diagnósticos de “barbarie” y “descivilización” corresponden a una perplejidad informada que acierta bastante.

Y tiene su mérito porque cada vez es más difícil diferenciar la realidad de su sombra. La fábrica de la  apariencia es cada vez más potente y sofisticada. Empezando por la distancia que mantenemos respecto de la Naturaleza y su deterioro, que es el ámbito de la auténtica y última realidad. El confort mientras existe, aísla. Y cuando deja de existir, caemos en la realidad. Hasta los bárbaros en ocasiones se ven sorprendidos por las consecuencias de sus actos: primero era solo un viento molesto, luego un huracán que todo lo barre.

Tenemos la sospecha de que si en un momento dado la capa fina de nuestra normalidad, que nos impide ver la realidad que subyace, tuviese el descuido de una grieta, la escena vislumbrada nos dejaría hondamente preocupados, tanto en términos de civilización como en términos de futuro. La distopía empieza a ser el futuro más probable.

Es esta facilidad para el engaño que embrutece y ciega lo que debe hacernos huir de los medios que controlan los bárbaros. Debemos diversificar nuestras fuentes de información y acometer aquellas que exigen un mayor esfuerzo, y también emplear en esta tarea un poco más de tiempo. Hay que leer más sobre lo que está ocurriendo, y afortunadamente hay un gran número de ensayos que despliegan ante nosotros, con todo lujo de detalles y datos, la realidad que se nos oculta.

Propongo para empezar dos ensayos de autores nuestros: “Contra todo esto” de Manuel Rivas, y “Estos años bárbaros” de Joaquín Estefanía, el que fuera director de El País.

Cambiemos de tercio sin cambiar de protagonistas.

En estos días de calor distópico hemos asistido al detalle tierno de una carta de amor.
Como los “bárbaros” también son presa de ternuras recónditas y afectos opacos, los neoliberales del PSOE han escrito una carta de amor (perfumada) a los neoliberales del PP, recordándoles todo aquello que les une: los viejos tiempos, las viejas corrupciones, las puertas giratorias, los secretos compartidos, el mismo catecismo, los mismos dueños, y en definitiva los servicios prestados en suave alternancia bipartidista a los que de verdad mandan.

En esa misiva platónica que tanto nos recuerda a Corín Tellado, no les piden que les devuelvan el rosario de sus respectivas madres, sino que traigan a la memoria los antiguos besos y las antiguas caricias, las mordidas apasionadas y las comisiones fogosas, y más concretamente -y ya bajando al plano de lo pragmático- les reclaman que así como ellos apoyaron e hicieron posible (sin ninguna necesidad de hacerlo) el gobierno de Rajoy, a sabiendas del pozo de corrupción que se ocultaba bajo sus pies, y a sabiendas también de la política feroz que ese gobierno quería llevar a cabo, siempre a favor de los poderes fácticos y en contra de los ciudadanos (a lo cual llaman ellos en su jerga particular y con solemnidad inflada “ética de la responsabilidad”), se impone ahora que ellos (los del PP del PPSOE), hagan lo mismo con el mismo fin, porque siendo ese el fin único y verdadero, no importa quién lo haga. Y es que al final el amor todo lo funde en un solo cuerpo místico.

El Pedro Sánchez de ese momento (como quien dice hace dos días) no quiso participar en ese contubernio, lo cual le honra y le valió el favor de la militancia, todavía socialista, porque en resumen aquella movida consistía en dar apoyo y sostén a un gobierno y a un programa rechazado por la mayoría de los ciudadanos (tres cuartas partes) e impulsado por uno de los partidos políticos más corruptos de Europa, condenado por ello en nuestros tribunales.

Sin embargo, poco después (qué rápido cambia la gente) pocos dudan que el candidato a presidente en apuros, Pedro Sánchez, ha dado el visto bueno a esta sorprendente y vergonzante misiva de amor. Ver para creer. Se tiran los tejos y ya sabemos quien es la Celestina.

A la voz alarmada de la militancia “con Ribera no”, Pedro Sánchez con sus gerifaltes en pleno responde con voz enérgica: “con la derecha si”. Como siempre.

 

LA ECUACIÓN

Pedro Sanchez y Albert Rivera

 

Al día de hoy la ecuación política que se presenta ante nuestros ojos asombrados (aunque curados de espanto) es la siguiente:

Pedro Sánchez intenta por activa y por pasiva traicionar el voto de sus militantes (“Con Rivera no”) y busca apoyos en la derecha-derecha (hasta tres), primero para su investidura, y luego para mantener y afianzar la política que le “sugieren” los poderes fácticos. Política que sería –obviamente- de carácter antisocial y de inspiración netamente neoliberal, para mí que un tanto desviada de la que el candidato prometió en su día a la militancia, cuando conseguir el voto (útil) era un poco más caro.

No es necesario decir lo que esto implica desde el punto de vista laboral y fiscal, o incluso desde el punto de vista del mantenimiento de los servicios públicos, cuya privatización y recorte fue impulsada por el PSOE en un pasado no tan remoto, en fácil y alegre concurrencia con el PP. Era el momento (con un nuevo PSOE) de reparar aquel pecado, pero parece que no es ese el futuro que alumbra.

En el otro extremo de esta ecuación equilibrista, casi un duelo que nos recuerda al western, tenemos a un Pablo Iglesias en horas bajas pero sereno ante la muerte, enemigo público número uno del establishment, liderando a un PODEMOS reducido en potencia, que intenta ser fiel a sus votantes (un clásico en su forma de actuar) y que defiende a capa y espada los postulados y objetivos de la socialdemocracia clásica, con todo lo que ello implica desde el punto de vista laboral y fiscal, y en clara oposición al pensamiento único de la barbarie en curso.

Y esto es lo que preocupa a los poderes fácticos, promotores y beneficiarios de esa barbarie única e insoslayable: que la defensa que se hace desde este partido maldito de una política social o socialdemócrata, es de verdad y no de mentira, es decir no se trata de un postureo preelectoral en busca del voto “útil”, sino del convencimiento firme y razonado de que en una democracia de verdad, el interés general de los ciudadanos debe anteponerse a las imposiciones e intereses de los poderosos que no pasan por las urnas.

Acostumbrados al doble lenguaje, la farsa, y la traición inmediata del voto (con las urnas aún calientes), esa actitud segura e impertérrita de los podemitas sobre el sentido y la dignidad del voto recibido, sorprende y molesta a muchos.

Para mayor agobio de dichos poderes fácticos, acostumbrados a mandar, el partido morado sigue mostrándose independiente de sus órdenes e inmune a sus regalos. Vaya por Dios, todo un contratiempo.

De hecho ya apunta maneras toda una corriente nostálgica del bipartidismo, que al ser fácilmente manipulable mediante corrupción, regalos, y prebendas (puertas giratorias incluidas), no daba tantos disgustos.

Así las cosas, para la mayoría de los medios (en manos de quién tiene el  poder económico de financiarlos) el malo malísimo de esta película es Pablo Iglesias, como era de esperar, y el bueno buenísimo es Pedro Sánchez. Lo cual a la vista de los hechos es cuando menos sorprendente además de opinable.

En medio de una operación de lavado de cerebro cada vez más burda y carente de matices, los ataques “personales” a Pablo Iglesias, a cual más retorcido y extravagante, rozan ya la histeria y acaban despertando incluso la hilaridad. Muchos al menos nos divertimos bastante ante tanto esfuerzo coordinado por dejar al líder de PODEMOS a la altura del betún. Es como volver al pasado. Todo un muestrario clásico de invectivas nefandas. Ya no saben que inventarse, y lo de la coleta ya cansa porque incurre en inquina infantiloide y pasada de rosca.

Todas estas campañas mediáticas perfectamente engrasadas, me recuerdan a aquellos tiempos rancios y deprimentes (de electroencefalograma plano) en los que a los adversarios políticos y diferentes de fe (pongamos que demócratas o judíos) se les pintaba con cuernos y rabo, o se les achacaba un olor especial, tal como explica lleno de crédula fe y torvo olfato el padre Francisco de Torrejoncillo en su imperdonable obra “Centinela contra judíos, puesta en la Torre de la Iglesia de Dios”, un monumento histórico de nuestro antisemitismo ancestral y de nuestra tontería beata.
Tan crédulos eran estos padres y curas nuestros, que le buscaban el “rabillo” a los tales judíos antes de quemarlos, y es que “Ravi” viene de “rabillo”.

Para nota. Alta teología.

Como respuesta ante tal despliegue de prejuicio y odio prospectivo, el partido morado sigue sensatamente en su sitio, es decir, defendiendo a sus votantes, y tan alejado (o eso parece) de la traición que se apresura a consultar a su militancia lo que haya de hacerse respecto a la investidura de este Pedro Sánchez, que nos lo han cambiado.

En esa ecuación desequilibrada (de momento) habría que buscar un punto de equilibrio, y así como el líder de PODEMOS parece dispuesto a consultar a la militancia sobre que hacer de cara a la investidura de Pedro Sánchez, “socialista de izquierdas”, este a su vez debería consultar a la suya con quién pactar para un proyecto de futuro “socialista” y de “izquierdas”, si con el CIUDADANOS de Albert Rivera y VOX, o con el PODEMOS de Pablo Iglesias.

Extraño dilema que alguna explicación oculta ha de tener.

 

 

PAGE, EL NEOLIBERAL DISFRAZADO

Page y Rivera 2

 

Es sabido que Page es de derechas (y está en su derecho) y en lo económico resulta ser neoliberal dogmático y radical.

De ahí su preferencia por el CIUDADANOS de Rivera (aliado de VOX), aunque no por el PP (todavía), porque con este último partido compite a ver quien es más neoliberal.

Aquí lo tenemos echando pestes del servicio público (que él dirige y recorta) y alabando las bondades del negocio privado.

Nos recuerda en esta estrategia de descalificación de lo público y en la alabanza consecuente del lucro privado (vía privatizaciones o semi-privatizaciones) al antiguo consejero de sanidad del gobierno del PP en nuestra comunidad, de tan ingrato recuerdo, ECHANIZ, cuyo único objetivo durante su breve mandato fue cargarse el servicio público para favorecer el negocio privado de los amigos y financiadores del PP.

Solo a Page se le ocurre decir que recibe mejor trato (humano) como usuario en la sanidad privada que en la sanidad pública.

Y solo a él se le ocurre hablar de SALUD LABORAL mentando la soga en casa del ahorcado (los ahorcados son los profesionales que el maltrata a diario), pues en el SESCAM que él dirige hay médicos y enfermeros PEAC que trabajan 65 horas seguidas en los servicios de urgencias de sus centros de salud (con permiso del jefe Page), a los que luego exigirá un trato humano y eficaz en medio de un agotamiento suicida por incumplimiento de todos los preceptos y normativas de salud laboral.

¿Esto hemos de calificarlo de cinismo, de hipocresía, o de política disfrazada?

Ya van sabiendo para qué va a servir el “voto útil”.

POSDATA: Page propone una empresa semipública para gestionar contratos del Tercer Sector

http://www.cmmedia.es/noticias/castilla-la-mancha/page-propone-una-empresa-semi-publica-para-para-el-tercer-sector/?fbclid=IwAR0hhLYvdhewtIlQ6PrjH2QoFeMOWp_IFxVT3rbuFCsE83mr4Nk7r3Ui9fI

 

AXIOMAS ESPURIOS

 

Podríamos decir por comparación que los axiomas son las partículas elementales del pensamiento, de la misma manera que los átomos son, según la teoría atomista, los elementos básicos del edificio de la materia.
Los primeros se imponen por su evidencia y los segundos por su consistencia. Los primeros son indiscutibles y los segundos indivisibles.

Pero como el hombre es curioso por naturaleza y no todos comulgan con ruedas de molino, luego resulta en muchos casos que los primeros –los axiomas- no sólo son cuestionables sino directamente falsos, y en cuanto a los segundos, los átomos compactos, contienen en su interior toda una constelación de partículas exóticas y mucho vacío hueco.

Por ello, y porque la duda es la madre de la ciencia y los hombres de poca fe sus padres, hoy estamos familiarizados con las geometrías no euclidianas y el pensamiento avanza mostrando una realidad distinta de aquella que creíamos real.

Los sistemas de pensamiento y los andamiajes deductivos se levantan y despliegan sobre estos axiomas, casi siempre sólidos e irrebatibles, en una operación que nos recuerda a las más humildes de la albañilería.

Y digo “casi siempre”, matizando, porque no pocas veces -como he apuntado- los axiomas que sostienen el edificio resultan ser espurios y de cartón piedra, con lo cual la endeblez y transitoriedad del edificio está asegurada.
Más tarde o más temprano, según la endeblez de sus rudimentos, el muro que se levanta sobre pilares falsos, acaba besando el suelo.

Esto vale para las obras de albañilería, para los sistemas de pensamiento, y para los edificios políticos. El nuestro, nuestro edificio político, es uno de esos casos de construcción sobre pilares falsos a los que el uso y el mal uso acaba pasando factura, salen grietas por todas partes, y si no acomete reformas con urgencia, tiene asegurada la decadencia y la ruina.
El ruido de fondo que llena desde hace tiempo nuestra escena política, equivale a esos ruidos orgánicos de las estructuras deterioradas que avisan con crujido de vigas y rechinar de dientes antes de precipitarse al vacío.

Uno de esos axiomas espurios de cuya costumbre y repetición mediática se deduce erróneamente su solidez, consiste en considerar al PSOE el representante de la socialdemocracia en nuestro país. Lo mismo podríamos decir de otros partidos semejantes en otros países de Europa.

Sin embargo no son pocos los hombres de poca fe que consideran falsa esa evidencia, salvo que el concepto de socialdemocracia haya cambiado radicalmente en los últimos tiempos sin avisar y se haya vuelto indistinguible del neoliberalismo desatado y dogmático.
La diferencia es que en algunos países de Europa, ese axioma falso ya no sostiene ningún edificio, y como era de esperar esos partidos se han ido a pique, mientras que en el nuestro no ha ocurrido tal cosa y arrastramos aún una buena dosis de ficción y mentira.

Casi toda la fabulación política que hoy se nos suministra por doquier gira en torno a los conceptos de “centro” político y “socialdemocracia”. Para la rutina posverdadera la derecha es “centro” y el neoliberalismo es “socialdemocracia”.

De las cosas más graves y esclarecedoras que han ocurrido en nuestro país desde que suponemos vivir en una democracia ejemplar, sin contar con la rutinaria labor de las cloacas fascistas del Estado que nunca han cesado de operar, y dejando a un lado también el embrollo nunca esclarecido del golpe de Estado del 23F, con el papel que en ese esperpento con tiros y tanques jugó la monarquía, está sin duda la última sentencia del Tribunal Supremo sobre el traslado de los restos mortales de Franco, sobre todo por aquellos desarrollos argumentales del fallo que arrojan luz sobre los fundamentos o pilares de nuestro sistema político, de nuestro Derecho, o incluso del propio Tribunal.

Como ustedes ya sabrán el fallo del Tribunal Supremo sobre el tema en cuestión argumentó y dio por bueno que el golpista Franco era jefe “legítimo” del Estado español desde octubre de 1936.

Si esto fuera así, como el Tribunal Supremo afirma con bastante insensatez y desconocimiento, entonces nuestro Derecho hundiría sus raíces en el Derecho fascista, y de él bebería agua malsana.
Es sabido que el Derecho fascista es el derecho del más fuerte, del que más violencia despliega y de aquel que impone sus criterios con mayor represión y mortandad. No se sostiene sobre el equilibrio de poderes, la legitimidad de las leyes, y el voto ciudadano, sino sobre el número de asesinatos. Un Derecho basado en el capricho de una sola persona, el dictador, que no considera necesario consultar a sus siervos ni responder ante nadie.

El desajuste histórico, ético, y político, que esa argumentación del alto Tribunal supone lo han explicado muy bien Santos Juliá y Luis García Montero, .

Aquí solo hay dos alternativas posibles:
O el Tribunal Supremo en pleno se cogió ese día una buena cogorza, o estaba sobrio y ese es el Tribunal Supremo que corresponde a nuestro país actual. No sé qué será peor.

El estrépito de las alarmas que tendrían que haber saltado en una democracia de verdad ante este argumento desplegado a la luz del día por todo un Tribunal Supremo, debería haber sido ensordecedor, y sin embargo no ha sido así.
Salvo excepciones, calma chicha.
¿Cómo es posible?

Se mire por donde se mire, mal asunto. Y peor si lo miran desde fuera, que aquí la costumbre nos tiene embotada la sensibilidad.

Posdata:

Jefe del Estado (Santos Juliá): https://elpais.com/elpais/2019/06/13/ideas/1560442115_301096.html

El 5 a las 5 (Luis García Montero): https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/06/08/el_las_5_95813_1023.html

Los poderes fácticos y el voto “útil”

0_       Zapatero y Botín reunidos en su banco, en Santander_

 

Para los poderes fácticos el único voto útil es el que les permite implementar su programa, independientemente del resultado de las urnas. Todo lo demás sobra.

El único objetivo que guía su programa es incrementar sus beneficios, sin que el aumento de la desigualdad o el deterioro de los servicios públicos importe.
Siendo sus estrategias y sus relaciones de orden global, pero siempre determinadas y alimentadas por intereses de clase, el único patriotismo que les guía es el de su cartera.

Mantener sus privilegios es el nacionalismo que les une más allá de las fronteras y las patrias. En este sentido son cosmopolitas con una perspectiva amplia muy concreta: su ombligo.

Son los usuarios habituales de los paraísos fiscales y los que dilapidan y saquean el patrimonio público mediante mordidas infames; los que externalizan y globalizan la precariedad laboral, y los que dictan el austericidio ajeno y el lujo propio; los que manejan y controlan a nuestros representantes políticos, tan febles (aunque no a todos), y a los que el anuncio de catástrofe ecológica inminente les importa un bledo porque en la fiesta permanente en la que viven, no ven más allá del día de mañana.

Por lo general son urbanitas y no saben de qué va la Naturaleza. El ecologismo les causa risas. El planeta en el que habitan es de orden monetario o incluso virtual, y es que el confort aísla y ciega en la misma proporción en que crece y se dilata el lujo. Se trata de un caso de inflamación de la mente. En cualquier caso y en caso de catástrofe ellos creen (los muy tontos) que se salvan.

Si tuviésemos que poner cara y lema a esta “clase” dirigente y hortera, escogeríamos a doña Leona Helmsley, tan suya, que dictaminó aquello de: “Los ricos no pagamos impuestos. Solo la gente común los paga”.

Dentro de ese marco ideológico que cabe en dos neuronas, la gente “común” (la que si paga impuestos) importa tan poco como el planeta.
A todos los efectos, unos y otro son prescindibles, objetos de usar y tirar. Como los interinos de los servicios públicos españoles, víctimas de estafa inveterada, que también son objetos de usar y tirar. Aunque antes fue muy productivo explotarlos y exprimirlos.
Y es que hay que decir que esta clase de “gobernanza” descerebrada controla ya y saquea también nuestras administraciones públicas.

Es obvio que este poder extraparlamentario se lleva siempre el gato al agua, y que el bipartidismo turnante-tunante (PPSOE) ha sido en nuestro país el principal instrumento (y el mejor financiado) para imponer sus tesis y programas, es decir, sus intereses.

Tras un periodo de aprensión por la aparición de movimientos y formaciones políticas nuevas que escapaban a su control financiero (oh sorpresa), y tras improvisar como respuesta inmune ante la insólita amenaza un nuevo socio “tripartito” del bipartidismo tunante (CIUDADANOS), la tranquilidad retorna al cotarro y el agua vuelve a su cauce, es decir, se estanca de nuevo. Todo está otra vez bajo la órbita de su mandato.

Digamos algo sobre el voto útil, tan inútil en muchos casos.

El hecho de que el PSOE (instrumento imprescindible para ese tipo de gobernanza), se manifieste de izquierdas y en sintonía con PODEMOS durante el periodo de caza de votos, para acto seguido (una vez atrapado el voto “útil”) manifestarse en sintonía perfecta con CIUDADANOS y con tendencia a entenderse a las mil maravillas con el PP de las mil y una corrupciones, descartando de repente ceder a ninguna de las pretensiones sociales y progresistas de PODEMOS, nos hace ver con claridad que quien está ahí detrás -como siempre- manejando los hilos de los pactos, es la tropa de Doña Leona Helmsley y compañía. De ahí que Pedro Sánchez saliera corriendo a entenderse con Macron.

De ahí también que donde se esperaba revertir la reforma laboral (tal cual fue prometido por don Pedro Sánchez) ya no se espere tal cosa extravagante, y dónde se esperaba un “cambio” de rumbo hacia lo social y regenerador, ya solo se espere que el rumbo impuesto por los poderes fácticos se mantenga con mano firme y se lleve hasta el final sin contratiempos, sin que importe el número de bajas mientras pertenezcan a la gente “común” que paga impuestos.

No esperen tampoco de este PSOE una fiscalidad progresiva y social (como nuestra Constitución ordena) mientras los poderes fácticos no consientan ese disparate “constitucionalista”, y no parece que estén por la labor.
Ellos ordenan, y el PSOE ejecuta. Nada nuevo bajo el sol radiante de España.

En esta tesitura, aquellos que optaron por votar al PSOE, son muy libres de considerar la utilidad de su voto en la forma que estimen oportuno, y comparando los hechos reales con las promesas supuestas, pero entiendo que muchos de los votantes de PODEMOS solo tendrán una percepción de la utilidad de su voto si este no se entrega “gratis” a los poderes fácticos que mangonean a este país y al PSOE. Ese voto solo debe comprometerse con un cambio de rumbo real que revierta las políticas neoliberales.

No hay nada más deletéreo para la fidelidad de un votante que el hecho de que este perciba la inutilidad de su voto. Sobre todo cuando este voto se utiliza para respaldar unas políticas diametralmente opuestas a las que él defendió en las urnas.

 

Poco serio

 

 

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medicos-agotados

Que este país es poco serio es un hecho que se expresa de múltiples formas, unas más alegres y joviales, otras no tanto. Además no es un mal reciente, sino casi una constante histórica de nuestro devenir.

Fue poco serio, más bien trágico, que soportáramos un régimen fascista durante cuarenta años, después de la derrota de esa ideología criminal en Europa.

Una anomalía que duró cuarenta años. Se ve que a Europa le daba igual.

Es poco serio que ahora, más allá de las alharacas triunfalistas con que frecuentemente nos atufan, tengamos que hacer un sobreesfuerzo de propaganda institucional para defender en el exterior el buen nombre de nuestro régimen (no confundir régimen con país), al tiempo que damos por bueno o nos resulta indiferente que haya cloacas en el Estado que socavan los pilares de la democracia, mafia policial incluida. O que al rey emérito, campeón de la democracia, no se le pueda investigar y/o juzgar por casos de corrupción. O que del juez que ahora juzga el procés (el juez Marchena), Cosidó, senador del PP, afirmara sin inmutarse que se le “toca por detrás”, como si este toqueteo del poder judicial fuese la cosa más normal del mundo.
Y no pasa nada, más allá de que la falta de seriedad que todo esto trasluce es absoluta.

Fue poco seria también la llamada “amnistía fiscal” en un país que afirma que respeta la igualdad de todos ante la Ley. Ya vemos que no.
Y fue poco serio que Zapatero cambiara la Constitución (artículo 135) sin consultar al pueblo. En democracia, los asuntos trascendentales como este se consultan a los ciudadanos.

Es poco serio igualmente que seamos campeones en las cifras del paro (otra constante) y que nuestro Estado del bienestar sea paupérrimo en comparación con otros países de nuestro entorno, al tiempo que los bancos rescatados de la estafa (su estafa) con dinero público que no han devuelto, multiplican sus beneficios sin parar.

Es poco serio que en las cifras de Transparencia internacional estemos por detrás de Eslovenia, Lituania, o Chipre (cifras de 2018) en el ranking de países.

A veces nuestra poca seriedad adquiere un aspecto cómico e hilarante, como ocurre ahora con la Ley que establece la obligación de registrar las horas de trabajo.
Así, la ministra del ramo, Magdalena Valerio, parece respaldar nuestra opinión y afirma compungida que “nadie se ha tomado en serio” la entrada en vigor de la Ley que obliga al registro de la jornada trabajada. Empezando por la propia Administración, decimos nosotros.

No obstante lo cual, la Administración dará un margen de maduración para que la Ley, que ya ha entrado en vigor, entre en vigor de verdad, a la espera de que la seriedad en los comportamientos llegue un día o un año de estos.

Reconoce la ministra que en nuestro país se están haciendo a la semana más de tres millones de horas que no se cobran ni cotizan. Esto, como ustedes comprenderán, es poco serio, bananero, o si me apuran en el uso correcto del lenguaje, esclavista.

En la misma noticia de prensa (de 13 de mayo), la ministra avisaba que se estaba a la espera de una sentencia inminente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que le va a marcar a España las directrices para que establezca un registro de jornada. Al parecer, nuestra normativa anterior iba en contra de las directivas comunitarias.

Una de las múltiples ventajas de estar en Europa, es que la justicia europea (aunque no siempre obra con la misma firmeza) está sacando a la luz la escasa seriedad de nuestro país en esta y otras materias.

Con fecha 14 de mayo se puede leer ya otra noticia en prensa que reza: “La justicia europea ratifica que España ha de tener registro diario de la jornada”. Y en el desarrollo de la noticia puede leerse que la sentencia, que resuelve una cuestión prejudicial, afirma que sin un sistema de este tipo “no es posible determinar objetivamente y de manera fiable el número de horas de trabajo efectuadas por el trabajador ni su distribución en el tiempo, como tampoco el número de horas realizadas por encima de la jornada ordinaria que puedan considerarse horas extraordinarias”.

La sentencia también establece que los estados “deben imponer a los empresarios la obligación de implantar un sistema objetivo, fiable y accesible que permita computar la jornada laboral diaria realizada por cada trabajador”.

Confieso que no he tenido tiempo de leerme el texto de la Ley, pero la pregunta que surge inmediatamente en el revuelo de esta polémica es:

La Administración española que “ahora” (tras el empujón de Europa) se muestra exigente ante este ejercicio de transparencia y conmina por Ley a las empresas al registro de la jornada efectuada por los trabajadores ¿Tendrá esa exigencia consigo mismo como empresa pública?

Y es que la reflexión que cabe hacer es la siguiente:

Desde el giro neoliberal de los años ochenta, en gran medida protagonizado en nuestro país por el PSOE de Felipe González, la empresa pública, como aprendiz de las peores artes de la empresa privada, ha vivido en gran medida y ha abusado del maltrato y explotación de sus trabajadores. Fue a partir de aquel giro involutivo que se empezaron a aplicar contratos a tiempo parcial y otras fórmulas de trabajo basura a sanitarios y otros trabajadores públicos en una deriva imparable de precarización, que hizo del sector público un exponente claro del precariado laboral.

Esa deriva ha acabado, por ejemplo, en que nuestra Administración pública cause escándalo y perplejidad en Europa por el abuso de la temporalidad laboral en el sector público, hasta el punto de que la justicia europea trata ahora de resolver un gran embrollo legal, pues ese lío deriva de un abuso que ha durado décadas sin que sindicatos ni otros agentes vigilantes pudieran o mostraran deseo de evitarlo.

Ha sido la justicia europea la que está poniendo al descubierto el fraude de Ley del que han sido víctimas los interinos españoles del sector público, y ante la extensión y lo prolongado de ese maltrato laboral, tiene ahora difícil decidir cual es la formula adecuada para compensar a los trabajadores abusados y penalizar a la Administración abusadora.

Siendo este el escenario laboral en el sector público, sería incomprensible y sumamente injusto que los sistemas de registro de la jornada trabajada (sistemas que han de ser fiables) no se aplicaran en este sector, donde las irregularidades y el maltrato laboral campan desde hace décadas a sus anchas.

Por ejemplo: ¿No será necesario o incluso urgente aplicar estos sistemas de registro de la jornada (y su distribución) en la atención primaria del SESCAM donde hay trabajadores sanitarios de urgencias que trabajan 48 y 65 horas seguidas?

O con una perspectiva más amplia:

¿No serán imprescindibles estos sistemas de registro en un sector dónde el cumplimiento de las jornadas debe ser exigible y verificado como requisito de la buena gestión de lo público?

Esperemos que nuestra Administración y nuestros sindicatos estén a la altura y prediquen con el ejemplo.

 

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