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Disneylandia

 

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Escuchamos ayer en RNE a Iván Espinosa de los Monteros, representante de VOX.

Si nos hemos de guiar por sus palabras que sus actos confirman, siguen instalados en la pura insensatez, en una especie de burbuja prehistórica y precientifica más propia de una secta que de un partido político.

Viene a decir poco menos (pero muy poco menos) que la pandemia COVID-19 es un invento “español” (como la gripe de 1918), y que todo lo que ha ocurrido en el mundo es un plan deliberado del gobierno “español” para arruinar el planeta y hacerse con él, en un nuevo intento de imperio donde nunca salga el sol.

Y que el medio más rápido para ese objetivo último era arruinar primero a España mediante el confinamiento, confinamiento que también ha sido decretado en los demás países del mundo global y pandémico por Pedro Sánchez y sus socios de Podemos, abusando del estado de alarma y de su influencia en el mundo, influencia tan potente como indiscutible. Es sabido.

Tal que por ejemplo, los más de 106.000 muertos en USA por COVID-19 y sus 40 millones de nuevos parados; los 29.000 muertos en Francia y su caída del PIB de un 11%; lo ocurrido en el mismo orden de cosas en Italia o en China; o los muchos muertos en Brasil, donde dice gobernar un tal Bolsonaro, maestro del disparate, son en última instancia responsabilidad directa del gobierno de España, al que cabe pedir responsabilidades por todo ello desde todos esos frentes y países.

Las preguntas que procede hacerse ante este despliegue de inteligencia interpretativa por parte del dirigente de VOX, son:

¿Cómo es posible que planteamientos tan fabulosos tengan un hueco en el mundo de los adultos?

¿Tanto ha degenerado el mundo? ¿Tanto se ha infantilizado? ¿Tanto ha fracasado la educación posmoderna?

¿Tiene esto algo que ver con el éxito de la telebasura y ese régimen diario de idiotez gratuita que desde hace décadas los televidentes españoles (pero no solo ellos) soportan y engullen con paciencia bovina?

¿O tiene todo ello alguna relación con que en USA, uno de los países más importantes del mundo, gobierne un tipo tan inclasificable como torpe, además de violento, como Trump, al que tanto admiran, por cierto, e intentan imitar los dirigentes de VOX?

Aunque quizás lo más sorprendente de todo es que así como los televidentes engullen grandes cantidades de telebasura, el PP, dirigido por Aznar, engulle sin vacilar generosas raciones de VOX.

Dieta made in Disneylandia.

Pura dispepsia.

Sorpresa ninguna

 

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Ya en los mismos albores de esta legislatura un europarlamentario de VOX pidió la intervención del ejército para interrumpir la democracia en España.

Así, a bote pronto.

Han oído bien: un “europarlamentario”.

No sabemos a ciencia cierta si en Europa esa manifestación de golpismo latente y tercermundista se considera normal o se considera algo exótico, una suerte de rareza que brota espontánea en ciertos climas, como las chumberas.

Espero que en Europa no cometan ese error fatal: las chumberas no tienen la culpa y el clima tampoco. De hecho Hitler brotó en un clima más frío.

¿Se imaginan a un europarlamentario francés, alemán, o inglés, pidiendo la intervención golpista de su ejército?

Ya puestos y habiendo marcado el objetivo golpista desde el principio de la legislatura, ahora un grupo de intelectuales de esa facción, numeroso (en realidad poco más de 30), y de un modo más “técnico” aunque no menos golpista, presuponiendo que el Coronavirus debe ser algo así como la criatura malévola de un laboratorio del gobierno, piden que este gobierno legítimo surgido de las urnas y respaldado por una mayoría de españoles sea inmediatamente sustituido por un grupo de “técnicos”.

Por supuesto quienes son esos “técnicos” que nos han de gobernar lo deciden ellos, no las urnas.

Digamos, por decirlo suavemente, que en todo esto hay mucha nostalgia cavernaria y muy poco respeto a los procedimientos usuales y legales de la democracia.

Hace más de cuarenta años que en España acabó la dictadura franquista, muerta de involución senil, y parece que fue ayer. Cuarenta años de ilegalidad dejan sus secuelas.

Siendo este el contexto ¿A alguien puede sorprenderle que la derecha y la ultraderecha de este país se opongan a que las reformas laborales del PPSOE, que tanto daño han hecho a los trabajadores y las clases medias, sean revertidas?

Recuerden que tras su prolongada y rigurosa aplicación contra las clases activas de este país aún no habíamos logrado despegar y dejar atrás la penúltima estafa, la que otros llaman, en un intento de camuflaje, crisis financiera del 2008.

Lo que habíamos hecho en realidad con esas reformas laborales, más que salir de la crisis, era cronificar el desastre, dar por buena la estafa, y acostumbrar al maltrato y la precariedad laboral a los trabajadores. Algo que queda claro y perfectamente descrito en el último informe sobre nuestro país del relator de la ONU contra la pobreza extrema.

Ese informe independiente del relator la ONU, ajeno a las mentiras oficiales, es muy claro sobre la situación en que nos ha pillado la actual pandemia. En uno de sus párrafos dice así:

“La recuperación después de la recesión ha dejado a muchos atrás, con políticas económicas que favorecen a las empresas y a los ricos, mientras que los grupos menos privilegiados han de lidiar con servicios públicos fragmentados que sufrieron serios recortes después del 2008 y nunca se restauraron”.

Recortes. En el vocabulario de los pájaros de mal agüero, la palabra “ajustes” esconde el concepto “recortes”. Es parte esencial de su jerga de camuflaje.

A estos pájaros algunos los llaman “halcones”, otros los llamamos “buitres”. Este término zoológico es más apropiado. De hecho suelen concentrarse en grandes bandadas cuando otean gente en apuros, y no es precisamente para ayudarlos sino para rematarlos y darse un festín.

Solo copian de la naturaleza lo más siniestro. La cooperación y la ayuda mutua, que tanto abunda también en la naturaleza, no les importa, no les inspira. La simbiosis no les dice nada como no sea en forma de parasitismo.

Tras la crisis COVID, o en medio de ella si hemos de ser más exactos, estos pájaros de mal agüero que no guardan luto empiezan a revolotear y a graznar, llenando el horizonte de oscuras sombras.

Ya los vimos actuar en la estafa financiera de 2008, a la que tanto contribuyeron y de la que tanto se beneficiaron. Incluso vestían de negro, como los cuervos.

Esos “hombres de negro” traían consigo esa barbarie civilizada que vive de la muerte y la depreciación.

Primero suministran la estafa, y luego administran la muerte que la estafa provoca. Esta es su “ética de catástrofes”.

Incluso se hacen con países enteros, como ocurrió con Grecia y también con España.

Pero aquí ahora los votos y las urnas les han puesto en su sitio. Y ese sitio no les gusta porque implica el respeto de los procedimientos legales de la democracia.

Titular de hoy: “Los halcones europeos ofrecen préstamos a cambio de ajustes”.

Como vamos conociendo su jerga (que es de buitres y no de halcones), ya sabemos lo que esto significa. Y también sabemos qué significa y a que obedece que Nadia Calviño se oponga al pacto previo para suprimir las reformas laborales. Se debe a sus dueños, que no son otros que los dueños del dinero.

Qué sepamos, y aún no lo sabemos todo, la crisis COVID es un desastre natural.

O antinatural si nos atenemos a la explicación que dan algunos científicos sobre la aceleración del ritmo de las pandemias en los últimos años (SARS, MERS, COVID…), provocadas según estos estudiosos por nuestra invasión descontrolada y “desregulada” de todos los ámbitos de la Naturaleza. No hay rincón donde no llevemos nuestro propio desequilibrio e histeria consumista, y nuestro ánimo institucionalizado de saqueo.

Y luego están esos detalles que tanto dicen sobre la seriedad y responsabilidad de nuestros dirigentes y candidatos a ejercer el poder.

Un dirigente de VOX, lleno de júbilo por las caceroladas recientes, ha manifestado que las sensaciones de alegría y estruendo en esa marcha le han recordado mucho a lo experimentado cuando fuimos “campeones del mundo” de fútbol.

No sé si este dirigente, que no cabe en sí de alegría, ha caído en la cuenta de que estamos de luto y están recientes aún (y no han cesado) los casi 30.000 muertos por COVID en nuestro país. Que los sanitarios se siguen jugando la vida en cada jornada laboral de su servicio recortado y expoliado. Y que esto no es una competición de fútbol, ni una confabulación, ni una fiesta de la “libertad”, sino un virus, concretamente un Coronavirus que produce la COVID-19, aquí, en China, y en el resto de países de este castigado planeta, con especial incidencia y mortandad en USA, patria de Reagan y Trump, y cuna de ese neoliberalismo que tanto les gusta a los dirigentes de VOX, ideología extremista que fue aplicada con especial fanatismo en nuestro país, y ahora vemos los resultados.

Ya lo dijo Federico Mayor Zaragoza en una entrevista en RNE en el año 2013:

“Vivimos en un sistema que se inventaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y ya vemos como nos va”.

Porque efectivamente, el desastre ha sido mayúsculo, y si en algo hemos sido campeones en esta crisis es en la escasez de medios para combatir esta desdicha, como antes fuimos campeones de los recortes y casi de los más fanatizados papanatas del mundo a la hora de aplicar la tijera a las víctimas de la estafa financiera de 2008, pero no a sus autores. Con esos no nos atrevemos.

Aquí, En Castilla-La Mancha, tenemos una idea bastante aproximada de cuál es el proyecto sanitario de la derecha. Por eso el gobierno de Cospedal duró tan poco.

Básicamente se dedicaron con todas sus fuerzas a despedir sanitarios y deteriorar los servicios públicos para favorecer el negocio y el lucro privado de sus amigos.

Cuando el consejero Echaniz, ya embalado, intentó cerrar los PAC, los puntos de urgencias de los centros de salud, los jueces tuvieron que pararle los pies e imponer medidas cautelarísimas porque tal recorte ponía en riesgo la vida de las personas.

Esta es su idea de salud pública, y lo que les importa la salud de los demás, es decir, la salud de todos. Al menos a los jueces, esa salud si les importó.

Este es el panorama y la disyuntiva que se presenta ante nuestros ojos: por una parte unos sanitarios que se juegan la vida cada día (la suya y la de sus familias) sin medios de protección adecuados debido a los recortes, pero comprometidos con una vocación de servicio público, y que aún están de luto por el gran número de muertos, incluidos en esa cifra nefasta un gran número de compañeros (y quién dice personal sanitario dice celadores, personal de limpieza, fuerzas de seguridad…), y por otra parte están estos “futbolistas de salón” que se manifiestan en descapotable y creen estar ganando ahora mismo, en medio del desastre, la Copa del mundo de futbol o celebrando la fiesta de la libertad, por exigir a voz en grito que se derribe, por los medios que sea, a un gobierno recién elegido y que cuenta con el respaldo legítimo de los votos.

Conspiranoia

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Dentro del escenario de confusión e incertidumbre al que bien o mal, unos y otros, intentamos adaptarnos, la cosecha conspiranoica hace su agosto estos meses.

No digo que toda conspiranoia esté fuera de lugar como respuesta preventiva o incluso prudente, de autodefensa, en tiempos en que todo es confuso e imprevisto. Así mientras un Nobel de Medicina especula sobre el origen artificial del coronavirus SARS-CoV-2, otros lo niegan y aportan pruebas científicas irrefutables. Al tiempo que unos terceros, también expertos, sostienen que ese origen artificial no parece probable pero sí posible. Como además nos precede una dilatada historia de investigación y manipulación microbiológica con fines bélicos, y de experimentación de posibilidades un tanto extrañas en laboratorios casi secretos que no son del todo seguros, como no lo es nada humano, pues esta conspiranoia tiene en este caso un punto de apoyo en una racionalidad no necesariamente dislocada. USA, la antigua Unión Soviética, China, y otros países tenidos por serios y responsables, trabajaron y trabajan mucho este campo que da mucho miedo.

La que sí parece fuera de lugar y bastante pueril es la actual conpiranoia en curso según la cual el gobierno de España intenta prolongar el estado de alarma con fines ocultos y perversos. Algo así como el guión simple y a medio rumiar de las películas de Fu Manchú que nos tragábamos con palomitas en la inmadurez pre-adolescente.

¿Pero a quién se le ocurre pensar que el gobierno de España tenga algún interés, ni oculto ni declarado, en prolongar el estado de alarma? ¿En qué le beneficia este estado de cosas? ¿No será más sensato pensar que si prolonga o pide prórrogas para prolongar y estirar un poco más esta situación de prevención epidemiológica, no es porque sea grato, sino más bien porque el riesgo grave de retroceso es muy cierto? ¿No será porque intenta, dentro de sus capacidades, que no se pierdan más vidas humanas, que debe ser el objetivo prioritario, al menos entre gente que no ha perdido del todo el norte y ese fondo último de humanidad tan castigado con las últimas revoluciones políticas, económicas, e intelectuales?

Para algunos catecúmenos del posmoderno neoliberalismo reaccionario lo prioritario es conocer el nombre de los expertos que asesoran al gobierno o el de los funcionarios y técnicos que deciden ciertas cuestiones técnicas. Y así como la transparencia es exigible en toda democracia que se precie y en casi todas sus gestiones, más dudoso es si a la vista de los hechos de la presente pandemia, con su dosis generosa de sorpresas, descubrimientos, sustos y desastres, no solo en nuestro país sino en casi todos ellos, habrá muchos conocedores de este campo dispuestos a calificarse y reconocerse como “expertos” en SARS-CoV-2, un virus que sigue siendo todavía una incógnita con piernas.

No debe perderse de vista tampoco las amenazas de todo tipo que algunos asesores en esta materia están recibiendo en otros países.

Nos debería intrigar mucho más, creo, el comportamiento de este virus, aún por desvelar en gran parte. Lo raro y lo que nos debe llamar la atención es lo claro que lo tienen algunos, si nos hemos de guiar por sus actitudes y propuestas, y por las prisas que meten para pasar de fase. Ya lo dijo un político experto de la nueva hornada reaccionaria (no nos consta que sea microbiólogo ni inmunólogo): “Los españoles tenemos anticuerpos especiales frente a este virus chino”. Acertó de lleno.

Si en vez de intentar adivinar las intenciones ocultas de unos expertos perversos, que beben de la mala leche de Fu Manchú (según barruntan estos nuevos conspiranoicos), nos fijamos en el colectivo sanitario, que si no es experto del todo es el más dispuesto a aprender y sacar conclusiones razonables sobre los hechos palpables enfrentados durante esta pandemia, veremos que en general la mayoría de estos sanitarios (salvo que sean comisarios políticos de un poder constituido) ven con buenos ojos extremar la prudencia y prolongar el confinamiento con el fin último de salvar vidas. Y en tanto en cuanto ciertos parámetros e incógnitas no estén bajo control, consideran prudente e imprescindible avanzar con tiento y casi palpando el terreno que se pisa.

Original ha sido también la valoración del expresidente del gobierno Felipe González que muy en su línea ha señalado la “inexperiencia” del actual gobierno central en la gestión de esta crisis COVID, en comparación con otros como el gobierno autonómico de Madrid, porque es sabido que todos los años tenemos en nuestro país una pandemia de COVID-19, y de esa experiencia repetida año tras año unos aprenden más y otros menos. Siendo el gobierno de Madrid el que más aprende y el gobierno central el menos aplicado. Bien se ve el objetivo de su campaña política. Al menos se digna recordar otros países donde los hechos han transcurrido de forma parecida, sin duda por una “inexperiencia” en COVID-19 muy similar de sus propios gobiernos respectivos.

No se qué le sugerirá al expresidente Gonzalez, apóstol del neoliberalismo rampante y sus privatizaciones anexas, el dato flagrante del último estudio de seroprevalencia según el cual el índice de contagio de las provincias adyacentes a Madrid es muy superior y casi dobla a la media nacional.

No sabemos tampoco si algunos sectores políticos que promueven una irresponsabilidad epidemiológica desaforada y gamberra, con destrozo de mobiliario público con palos de golf, son conscientes del retrato indeleble que de esta actitud suya ha de quedar.

Entre manifestaciones descontroladas de abanderados ultra patrióticos, y botellones pre-púberes, este país está dando la nota.

Así como este ha sido el tiempo de las sorpresas y de las interpretaciones conspiranoicas de esas sorpresas (sorpresas virológicas y epidémicas), también ha sido el tiempo de las grandes amnesias.

Si bien el gobierno actual tiene poca historia a sus espaldas, algunos ciudadanos tenemos muy buena memoria. Recordamos a la perfección los recortes practicados en los servicios públicos, quién o qué gobiernos los llevó a cabo, y bajo qué inspiración ideológica esos recortes de lo “público” fueron considerados el no va más, un rasgo distintivo de la posmodernidad más rabiosa. Y esto de “rabiosa” en sentido literal.

Pero hay a quien, voluntaria o involuntariamente, le falla la memoria y rellena esos huecos de amnesia deliberada- como en el síndrome de Korsakoff- con fabulaciones y confabulaciones.

COVID-19 Y LA “NUEVA” ATENCIÓN PRIMARIA

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En un escenario de gran confusión motivado por la pandemia COVID-19 surgen estos días desde todos los frentes propuestas de cambio y de innovación.
Una de las propuestas que más se promociona y publicita en el ámbito de la asistencia sanitaria es la que ha dado en llamarse la “Nueva atención primaria”.

Esta idea surge de lo experimentado estos días de crisis en que la Atención primaria se ha recogido en sus cuarteles de invierno por necesidades estratégicas (tampoco es que hubiera muchas corazas) y ha tirado de las llamadas “agendas telefónicas”, un instrumento asistencial que está aún por analizar.
Es decir, el 80% o más de la asistencia clínica se ha hecho por teléfono, quedando la asistencia presencial reducida a lo mínimo.

Obviamente en gran medida esa postura y actitud tenía su razón de ser y no intentaba otra cosa que conjugar en un difícil equilibrio las necesidades epidemiológicas del confinamiento con las necesidades insoslayables de la asistencia clínica.

Efectivamente muchas demandas asistenciales pueden ser resueltas eficazmente por teléfono, pero otras muchas no. No hay que olvidarlo.
De hecho lo que más preocupaba a los profesionales de atención primaria estos días era esa asistencia sanitaria necesaria que debido a las circunstancias epidémicas que hemos vivido y estamos aún viviendo, se estaba postergando. 
Y lo que más temen ahora es que esa asistencia sanitaria retenida demande su atención acumulada de golpe.

Lo que no se comprende muy bien es que habiendo tenido esa asistencia (preferentemente telefónica) ese efecto pernicioso de retención de una asistencia necesaria, no se dude sin embargo ahora en que hay que seguir con igual sistema como novedad (“nueva” Atención primaria) y atendiendo mayoritariamente por teléfono las demandas en este nivel: atención primaria. Parece claro que todo dependerá de la incidencia de COVID-19 (dato desconocido) y del riesgo de contagio, para unos y para otros.
¿Se ha hecho un estudio serio y detallado de los beneficios y perjuicios derivados de esa práctica eminentemente telefónica en nuestra atención primaria durante estos meses de crisis COVID, antes de decidir si procede o no continuar con ella?
Esa asistencia que efectivamente no se ha prestado en las consultas ordinarias ¿Se ha retenido con eficacia y sin efectos adversos, o se ha evacuado por otros circuitos asistenciales paralelos: PAC, SUAP, hospital, y en ocasiones con los pacientes en un estado de deterioro ya avanzado?
Son preguntas y análisis que conviene hacer antes de dar por bueno el novedoso sistema, en el que se presume que el fonendoscopio puede ser sustituido por el teléfono.

Vamos a poner el ejemplo de un caso suponemos que infrecuente pero real: el caso de un paciente que es visto, presencialmente, hasta 4 veces en días distintos en el PAC de su centro de salud, y ninguna por su médico de cabecera en la consulta diaria. Este paciente es al final derivado al Hospital (desde el PAC) donde ingresa diagnosticado de COVID-19.

De la misma manera, y dado que hubo en los primeros momentos del estado de alarma un movimiento considerable de personas que huían desde una Comunidad muy afectada por COVID-19 hacia su segunda residencia en una Comunidad adyacente, desde órganos gestores se planteó la estrategia de poner trabas a su asistencia en consultas ordinarias, como pacientes “desplazados”, estrategia que tuvo el efecto de que se acumularan a las puertas de los PAC (puntos de urgencias).

Preguntémonos ahora a la vista de estos hechos que tiene de “vieja” esta “nueva” atención primaria.

En los últimos lustros, y al menos en nuestra Comunidad Castilla-La Mancha, la atención primaria ha estado definida por un hecho característico: las listas de espera.

Estas listas de espera para el médico de cabecera pueden ser de hasta 1 y 2 semanas (hablamos de la “normalidad” pre-COVID).
Lo normalizado y característico también de esta situación es que esas listas de espera no son asumidas por los pacientes, sino que se alivian sobrecargando unos servicios de urgencias infradotados de personal: PAC, SUAP de la atención primaria, y secundariamente servicios hospitalarios de urgencias..
¿Qué puede y debe esperarse por tanto de esta “nueva” Atención primaria basada en el teléfono que piden algunos profesionales?
Pues cabe esperar lo mismo que llevamos experimentando desde el año 2008.

Muchos de esos pacientes a los que no se les facilita una consulta presencial con su médico de cabecera, atareado con su agenda telefónica y demás tareas burocráticas, irán a buscar dicha asistencia clínica y presencial a los servicios de urgencias, tanto a los de atención primaria (PAC, SUAP) como a los hospitalarios. Llegaremos a observar por tanto en esta “nueva” Atención primaria lo que ya veníamos observando como vicio de mala gestión en la vieja: que muchos pacientes muy frecuentadores y muy conocidos en estos servicios de urgencias no saben quién es su médico de cabecera porque nunca lo han tenido enfrente.

Que esta “nueva” atención primaria que se propone es bastante vieja lo demuestra la propuesta reciente de un presidente de colegio de médicos de nuestra comunidad, Castilla-La Mancha, para hacer del “personal de área”, resucitándolo de la niebla del pasado, el pilar fundamental de esta “revolución”. Personal “de Área” que como muy bien dice este presidente colegial, data de principios de este siglo (en torno al año 2008) aunque entonces recibía el nombre de “Correturnos”, y que no tenía otro objeto que tapar las irregularidades (o ilegalidades) de la falsa “libranza” posguardia, en cuanto que desde ese año 2008 se incumple en nuestra atención primaria el estatuto marco, los decretos de jornada, y la jurisprudencia firme del Tribunal Supremo referida al “descanso” posguardia, según quedó establecida dicha jurisprudencia de forma clara y meridiana en la sentencia sobre el recurso 4848/2000.
¿Van por ahí los tiros de la “nueva” atención primaria? ¿La basaremos en una figura laboral ilegal o alegal quintaesencia del maltrato laboral, el llamado también y por más de un motivo “chico para todo”?

El personal de área, Correturnos, o “chico para todo”, es la solución de la que echan mano aquellos gestores torpes de nuestra atención primaria que no saben resolver un problema sin crear otro más grande. Es decir, no resuelven el problema (o la ilegalidad) sino que lo tapan, y que allí en lo oscuro fermente.

Y esto nos lleva a esa otra cara de esta crisis sanitaria que es la crisis económica.
¿Con la crisis económica que hay que afrontar consentiremos que en nuestra atención primaria “nueva” siga habiendo profesionales del EAP que no completan la jornada que se les retribuye, debido a la falsa y mal llamada “libranza” posguardia?
¿Seguiremos computando y retribuyendo como trabajadas jornadas de consulta que no se trabajan sino que se “libran”, aunque no haya soporte legal para esa “libranza” como sí lo hay sin embargo para el “descanso” entre jornadas?
Esas horas así mal gestionadas vienen a ser unas 65.000 horas de consulta ordinaria, según cálculos, en un solo semestre y en una sola gerencia.

Incluso ¿Para salir del paso y del apuro en que el incumplimiento de la jornada ordinaria nos mete, recurriremos al “doble pago” de una sola jornada: a su titular responsable que la incumple y la “libra” (sin licencia legal conocida para ello) y al Correturnos-personal de área-chico para todo, que efectivamente la trabaja?

¿Y esto durante una crisis económica como no se ha conocido en muchas décadas? ¿Dobles pagos de una sola jornada, y sin que medie sustitución legal?

Opinamos que ha llegado el momento de que esta “nueva” Atención primaria se renueve de verdad, en base a modelos que ya existen y funcionan en otras Comunidades. Y así, el primer imperativo legal es que todos los profesionales de atención primaria completen la jornada laboral que se les retribuye. Y por tanto una medida eficaz de “renovación” sería ir a un nuevo modelo de atención primaria donde el personal de consulta pueda abrir su consulta “todos los días laborables” (como es de ley) sin el impedimento de la falsa libranza posguardia (listas de espera), en coordinación con dispositivos asistenciales autónomos de atención continuada de nuestra atención primaria: PAC-SUAP.

CONCLUSIONES:

Para una “renovación” de nuestra atención primaria se hace imprescindible:
1. Que todo el personal de atención primaria complete la jornada legal que se le retribuye. No ponemos ningún impedimento a que se implementen sistemas fiables de registro de la jornada.
2. Por ello mismo y con ese fin, el personal de las consultas ordinarias (EAP) debe abrir su consulta todos los días laborables, y solo accederá a las horas de jornada complementaria que ese imperativo legal previo le permita.
3. Cuando esos imperativos legales se cumplen, no son necesarias figuras laborales de maltrato como Correturnos, personal de área, chicos para todo.. que solo conducen a un “doble pago” de una misma jornada en un contexto de crisis económica en la que no hay dinero para afrontar esos “dobles” pagos. Por otra parte, esa figura solo contribuye a promocionar la precariedad laboral.
4. Lo que si se hace imprescindible para esta renovación es constituir un cuerpo de profesionales de atención continuada (PEAC), médicos y enfermeros, suficiente para cumplir tanto con los imperativos legales de jornada (Normativa europea), como para obtener los beneficios asistenciales correspondientes: EAP que abre su consulta todos los días laborables y la consiguiente reducción o desaparición de las listas de espera. La forma en que la Atención primaria afronte esta crisis dependerá mucho de los medios con los que cuente, hasta ahora precarios e insuficientes (EPIs, test, etcétera).

 

FÁBULA

Es sabido (es evidente) que PP y PSOE, o lo que es lo mismo, PPSOE, sobre todo en los últimos tiempos, desde la revolución neoliberal para acá -por fijar fechas- y guiados por un mismo entusiasmo “privatizador”, han tratado a cuerpo de rey a los servicios públicos y sus trabajadores, entre ellos a los sanitarios, médicos y enfermeros que cuidan nuestra salud, los cuales no teniendo otra cosa mejor que hacer, y casi por puro capricho, les daba por huir a otros países. Desagradecidos.

También es sabido que con este tándem político (PPSOE) en el gobierno de España durante las últimas décadas, todo fue bien en nuestra sanidad pública, los profesionales estaban contentos y bien tratados, nadie se quejaba, los medios materiales y humanos no solo eran suficientes sino boyantes, incluso excesivos de cara a una posible contingencia improbable (verbigracia una catástrofe, una epidemia, etc.), y nuestra sanidad no solo era la mejor del mundo sino que gozaba de una salud a prueba de bomba y de virus.

La temporalidad laboral, como abuso y fraude de raíz neoliberal, era completamente desconocida en nuestro país. Las puertas giratorias estaban prohibidas en el ámbito sanitario, y la salud siempre se anteponía al negocio o incluso el pelotazo. Todas estas virtudes nos han sido reconocidas mundialmente, incluso en Europa.

La atención primaria, sin ir más lejos, primer nivel y fundamento de todo lo demás, estaba que no cabía en sí de dicha y autosatisfacción. Sus listas de espera (de hasta 1 o 2 semanas) eran solo una suerte de espejismo beodo y no se debían tanto a una mala gestión a cargo de gestores pésimos (la mayoría comisarios políticos bastante necios), como a vicio incorregible del usuario. Un poco de todo, pero mucho más de lo primero, cabe decir.

Este estado de cosas de nuestra sanidad triunfante se parecía mucho al estado de cosas de nuestras residencias de la tercera edad, todo un ejemplo. El negocio es el negocio, y entre el negocio y la salud pública…. ya saben. No hay discusión posible.

En fin, que todo iba como la seda, y el medio institucional chisporroteaba de felicitaciones mutuas, condecoraciones, etcétera, una especie de meteorismo flatulento y autocomplaciente. Flatus vocis, decían los clásicos.

Pero ha bastado que llegue PODEMOS al gobierno (hace cinco minutos en términos históricos) para que en un santiamén, recién aterrizados, casi en lo que dura un suspiro, incluso sin tener responsabilidad directa ni indirecta sobre el Ministerio de sanidad, haya destrozado (eso dicen los amigos del cuento) todo este cuadro bucólico, y se ha liado (como es obvio) a recortar respiradores, mascarillas, EPIs, gafas y buzos protectores, sanitarios incluso, y nos ha dejado a base de tijera afilada (la herramienta preferida de Mariano Rajoy) con el culo al aire en nuestra primera línea de frente de cara a la tremenda batalla contra el dichoso COVID-19.

¡SI LES CUENTAN ESTA FÁBULA…. USTEDES MISMOS!

Llévate el chubasquero a la guardia

Cutre y tercermundista

Nos informan (así estamos y este es el nivel) que los EPIs, incluso los más rudimentarios y fofos se están acabando, y que cuando se acaben (de aquí a nada) hay que utilizar la bata blanca para asistir a pacientes sospechosos de Coronavirus. Supongo que para los confirmados será igual.

Han oído bien: la bata blanca. Esa bata de los tiempos de paz, tan bucólica que con un poco de imaginación nos recuerda al médico de cabecera de nuestra infancia que fumaba como un descosido pero era buena gente. Bata de los tiempos de paz.

Esta gente gestora, política e irresponsable, con sus mandos intermedios y sus comisarios políticos, funesta cadena, aún no se han enterado que estamos en guerra, y en guerra microbiológica, para más inri.

Situemos la acción. Hablamos de la atención primaria del SESCAM, área de Toledo, que incumple de forma sistemática todos sus protocolos de seguridad, pero como los cambia todos los días, no se nota.

Nos transmiten los compis de consulta que ha dicho el “jefe” que los EPIs se acaban, si no hoy mañana, y que a partir de ahora hay que ir a la guerra (microbiológica) en bata. En bata bucólica y naif (me parece estar escuchando de fondo el balido de los borregos).

Ir en pelotas, si de virus penetrantes se trata, sería lo mismo. La moqueta de despacho debe ser más impermeable.

Así que no hay más remedio que hacer de la necesidad virtud y tirar de imaginación.

Una idea para suplir la carencia (tercermundista) sería llevarse a la guardia un chubasquero de montaña con capota, a lo cual puede añadirse unas gafas protectoras de Leroy Merlin o un casco de motorista y bajar la visera.

Tribulaciones de un turista

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Lo malo de un turista en España es que sea también relator de la ONU y puesto a su oficio levante la alfombra y mire debajo.

La sorpresa que este cambio de perspectiva puede acarrear al observador imparcial (turista y relator a un mismo tiempo) no está descrita, o quizás sí.
Es lo que le ha ocurrido a Philip Alston, relator de la ONU para la pobreza extrema, que tras haberse construido mentalmente una idea de España como turista (bastante placentera por otra parte) ha visto arruinado ese espejismo ilusorio tras observar más de cerca a nuestro país, a pie de obra y en su papel de relator de la ONU.
Relator de la pobreza extrema, para ser más exactos, y pobreza que al parecer abunda en nuestro país, pero que no siempre es visible o sencillamente se prefiere no ver.

Por un momento, nuestro turista encandilado primero y relator de la ONU desengañado después, creyó estar viendo doble sin haber bebido: una España oficial y turística en primer plano, como primera impresión, y luego en duro y crudo contraste, una España real que subyace a la primera y que no se le parece en nada. De ahí la sorpresa.

Esto nos lleva a reflexionar sobre lo falso de las generalizaciones que hacemos unos y otros, cuando afirmamos que España es de esta o aquella otra manera, o que se sale o que no llega, sin percatarnos que todo depende del punto de vista y del terreno que se pisa. Sobre todo si donde se pisa y se camina es a nivel de tierra.
No se ve la misma España desde un sillón de la Real academia de la lengua que desde un andamio inestable y precario, como es hoy en día casi todo el trabajo en España.
Ni tampoco es el mismo país el que se contempla desde un tren turístico de juguete que desde esas chabolas de jornaleros que viven en régimen de explotación esclava.

Philip Alston nos cuenta que el país que estaba acostumbrado a ver como turista enamorado no es el mismo que ha visto como relator profesional y analítico de la ONU. Incluso sospecha que el primero desvanece su realidad cuando se compara con el segundo, al lado del cual el primero parece una performance trucada, o al menos una antología poco fiel.
Es más, sospecha que no pocos españoles desconocen esa realidad y dudarían si se les dijera que esa realidad habita y es frecuente en su país.
Esta revelación en tiempos de posverdades hormonadas por el autobombo oficial, debería llevar a preguntarnos si la España macroeconómica que se vende tiene algo que ver con la España real que las pasa canutas.

“En España hay familias que tienen un dilema: o poner la calefacción o comprar comida”.

“Las autoridades hacen la vista gorda con las condiciones de los jornaleros inmigrantes”.

“Las ventajas de quienes tienen contratos fijos y la precariedad extraordinaria de los demás que no los tienen, es insostenible”.

Dice Alston, y todos sabemos que dice la verdad.  He aquí una síntesis de sus alarmantes conclusiones:

 “España debería mirarse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la mayoría de españoles, ni lo que muchos responsables de formular políticas tenían planeado: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que proporciona muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas”.

Suele ocurrir que algunos países muy turísticos lleven una doble vida: una aparente, que es la que se enseña o ve el turista, y otra real, que es la que discurre por debajo, en segundo plano, al nivel del ciudadano indígena.
Hay oficios más expuestos a conocer el país real, tan distinto del país oficial y aparente. Uno parece ser este: relator de la ONU para la pobreza extrema. Otro puede ser experto del grupo GRECO del consejo de Europa contra la corrupción. El país que ellos ven e informan parece muy diferente del país que ven la mayoría de nuestros medios de comunicación, y también del que ven la mayoría de nuestros políticos.

Otro oficio privilegiado para ver el país de cerca, sin filtros publicitarios, es el de médico o enfermero de la sanidad pública, sobre todo los que desarrollan su labor en el ámbito de la atención primaria. En cuanto que la atención domiciliaria se hace (cuando se sigue haciendo pese a los recortes) de manera muy frecuente en domicilios de extrema pobreza, podemos llegar a dudar que eso que vemos, ocurre en nuestro país. Y sin embargo es ahí donde ocurre, y no precisamente como una excepción, sino más bien con una frecuencia inusitada y poco conocida.
Y esta es la misma impresión que sacó el relator de la ONU, Philip Alston, cuando se apeó de la nube turista y puso pie a tierra.
Más difícil es que se bajen de la nube muchos de nuestros políticos y sus lumbreras macroeconómicas, espectros alucinados en sus cielos bursátiles.

No sé si esta duplicidad de realidades tiene algo que ver con la posverdad y el poder de distracción de los medios de masas. Sin duda se lee poco y se mira menos.
El caso es que esta visión doble (diplopía) se tiene no solo ante la percepción de la pobreza extrema versus el éxito macroeconómico, sino también ante las calificaciones de sesudos organismos que elogian nuestra democracia, versus la corrupción real y las cloacas del Estado que conocemos todos.
Y así vemos que al mismo tiempo que un experto del Instituto Elcano -por poner un caso-  hace una apología desatada de nuestra democracia como lo mejor de lo mejor, la fiscalía anticorrupción sospecha que el espionaje a PODEMOS fue un encargo directo del gobierno de Rajoy. Hecho gravísimo en cualquier democracia normal, pero que en una democracia sobresaliente como la nuestra no tiene la más mínima importancia.
Intenta la fiscalía anticorrupción averiguar, del propio comisario Villarejo, quién dio la orden de ese espionaje y de la falsificación subsiguiente, si Fernández Díaz, ministro del Interior, ducho en cloacas, o si la orden procedía de Cosidó, experto en tugurios subterráneos. Este Cosidó es por cierto el mismo senador del PP que afirmaba ufano y sin complejos que en nuestra democracia de primera a los jueces del Tribunal Supremo se les toquetea por detrás, dóciles y obedientes.
La otra opción que baraja la fiscalía es que la orden procediera del mismo Rajoy, según indicios muy sólidos, lo cual concuerda con lo que afirma el DAO Eugenio Pino, que sostiene ante el juez que Fernández Díaz intercedió por Villarejo a petición de Rajoy.

En fin, que efectivamente batimos todos los récords. Y no solo eso, sino que unos récords (los de la corrupción) nos llevan a los otros (los de la pobreza).

 

Laissez faire

wall-street

 

Así dicho hasta suena bien: dejad hacer. Liberad las ataduras. Soltad amarras. No te entrometas en aquello que no te incumbe. Dejad hacer, pero dejad hacer ¿Qué?

No es lo mismo permitir y alentar que el individuo explote su creatividad y sus talentos (¿Qué mejor instrumento para ello que una educación pública sólida y bien financiada?) que dejar que unos cuantos golfos estafen a la gente. Y esto al por mayor, en plan global. La estafa y la corrupción como paradigma de la globalización. Bien, pues esto es lo que ha ocurrido con el laissez faire.

¿Hay algo más bello que la libertad y algo más turbio que la estafa?
El problema de nuestra época (y esto viene de atrás) es que los amigos de la estafa invocan en falso el nombre de la libertad para dignificar sus indignas operaciones. Y esto -que solo es farsa e hipocresía- es lo que respiramos cada día como alimento espiritual.¿Comida basura? Eso parece. ¿Nos hemos acostumbrado a ese aire?
¿Ya no percibimos su impureza?

En los años ochenta el dinero, es decir, los dueños del dinero, cogieron la sartén por el mango y comprobaron perplejos y agradecidos que no había nadie más en la cocina. Cosa extraña. O quizás no tanto.
El poder político no existía o sólo en grado mínimo y como testaferro amistoso de los dueños del dinero.
La mayoría de “representantes” políticos, merced a una involución gestada a conciencia, estaba en nómina, y se limitaba a obedecer las órdenes que recibía del poder financiero. Las puertas giratorias, perfectamente engrasadas, funcionaban a pleno rendimiento, su tráfico era continuo y fácil además de moralmente irreprochable, según la moral de entonces, que más o menos es la misma de ahora. Los académicos de la cosa y de la casa bendecían la situación. Amén.

Ronald Reagan, testigo “amistoso” del macartismo (esa insidia contra las libertades civiles), bendecido además por los favores de la mafia, que le ayudó a pagar sus deudas (hoy por ti y mañana por mí), pudo decir aquello tan liberal y digno de “Vamos a liberar a la bestia”. Y Margaret Thatcher, Felipe González, Tony Blair (el mejor legado de la dama de hierro), con los demás pupilos aplicados y representantes de las terceras vías, “dejaron hacer”, claro que sí, mirando para otro lado pero pringando del plato.

Básicamente la filosofía de la época consistía en que los delincuentes económicos (y políticos) de alto rango, los delincuentes educados en las mejores escuelas de negocios para delinquir impunemente, pudieran hacerlo fácilmente sin demasiadas trabas o mejor ninguna.
Fue la época del pelotazo, del espejismo colectivo, de las grandes fiestas universales, de las performances trucadas que acababan siempre en el estercolero, en la que todo el mundo se sentía con licencia para timar.
Y no hablamos de pequeños hurtos sino de timos a gran escala, de timos en última instancia con consecuencias epidémicas y globales.
Se abrió la veda del saqueo del patrimonio público, que luego hizo imposible el mantenimiento de un mínimo Estado del Bienestar, o simplemente el mantenimiento de un Estado soberano como instrumento del bien común y del sentido de ciudadanía.
El paisaje tras el saqueo era muy similar, si no el mismo, en Chicago y en Ciudad Real, lograda así una globalización del fiasco y del vacío político merced a un pensamiento único, dócil, y colaborador.

Esto tuvo consecuencias inmediatas, y no fue la menor de ellas el descrédito de la democracia representativa, parasitada y llevada a su quiebra por los timadores profesionales y los políticos corruptos en simbiosis perfecta. Y es que cada día que pasaba se ponía de manifiesto que el poder no residía en las urnas ni en los votos, sino en los dueños del dinero y su potestad para imponer sus órdenes.

Este proceso por todos conocido y que en España conocemos de primera mano, está descrito en múltiples ensayos al alcance de cualquiera que quiera informarse, y en muy serios y entretenidos documentales sobre el tema. Imagen real, Historia viva, y palabras lúcidas que comentan la jugada.
Por ejemplo en esa estupenda serie documental: “Los ochenta”, de los productores ejecutivos Tom Hanks, Gary Goetzman y Mark Herzog, cuyo capítulo “La codicia” es toda una lección avanzada de Historia posmoderna. O incluso no solo de Historia sino de psicología y mentalidad al uso de una época desnortada.

Como también ese otro gran documental: “Generación riqueza”, sobre la fotógrafa estadounidense Lauren Greenfield, que desnuda y deja en pelotas las consecuencias psicopatológicas de la propuesta neoliberal. Propuesta y modelo que con tanta constancia e interés se promueve en los medios de comunicación masas que el dinero explota y controla. La basura ofusca y da dinero.

Esa normalización y socialización de la neurosis y el absurdo, y con ello de la angustia, es lo que de forma tan magistral Lauren Greenfield registra en sus fotos. Un auténtico estudio antropológico sobre una cultura salvaje. Casi diríamos, sobre una cultura degenerada.

“Espíritu de época” que también ha quedado reflejado en varias películas interesantes, como “Wall Street”, de Oliver Stone.

Aún así, y a pesar de la percepción clara de lo que ha pasado, de los análisis lúcidos sobre la naturaleza y causas del mal, muy poco ha cambiado en las últimas décadas. El triunfo de esa propuesta anómala ha sido posible porque enfrente solo ha encontrado desidia o ceguera, más allá de una mínima y limitada resistencia en la que han sobresalido, paradójicamente, pensionistas: el pasado (¿recuerdan aquella otra Europa?) iluminando el futuro, y el futuro propuesto por este capitalismo salvaje como involución y vuelta a un pasado más lúgubre.

Una vez que el poder político representativo perdió las riendas de su destino, que es el destino de todos, no las ha vuelto a recuperar. Todos –parece- nos deslizamos arrastrados por una misma inercia sin fe en nuestra capacidad de acción frente al poder omnímodo del dinero, concentrado además en muy pocas manos.
Fruto de esa desidia, estamos ante un escenario donde se barajan, ya sin complejos, ya sin escrúpulos, distintas alternativas totalitarias, más o menos tecnócratas, pero decididamente plutócratas y antidemocráticas.

Si Europa fue fundada por mercaderes y un cierto humanismo democrático inspirado en los griegos cultos, luego ha sido refundada por políticos neoliberales al servicio de los intereses económicos de una minoría descerebrada. Plutocracia en vez de democracia.

El humanismo europeo amenaza ruina y puede acabar como una pieza de museo. El orgullo en la defensa los derechos del hombre y las libertades civiles, parece ya cosa de un pasado glorioso. En la globalización del disparate y la involución competitiva no queremos quedarnos atrás. Ante todo pragmatismo.

Vamos por tanto hacia una Europa ferozmente neoliberal, supuestamente unida, donde casi nadie está a gusto (de ahí las fugas), y en la que los españoles se jubilan a los 67 años y los franceses, menos dóciles o más combativos, a los 62. Parece una broma pesada esto de la unidad europea.
Una Europa donde la competencia y el mérito consiste en ver quién explota de forma más salvaje a sus trabajadores, o quién soporta de forma más ruin a unos gobernantes corruptos. Gobernanza lo llaman a esto, creo.

En los años ochenta el mundo se volvió más inestable, más injusto, más peligroso, más inhumano, más violento, más supuestamente feliz y rico, y sin embargo más falso, más lúgubre y menos civilizado. Es también la época en que la crisis medioambiental marca un punto de inflexión y se baten todos los récords de un deterioro progresivo que amenaza con hacerse irreversible.
Dicho en pocas palabras, a aquellos que dirigen y han dirigido el mundo en su último periodo neoliberal, les importa el planeta un comino, víctimas de su propio espejismo, consumidores de su propia burbuja artificial, víctimas de su ignorancia.

Como en los años treinta, y como vacuna ante la posible reacción de una ciudadanía estafada pero ya despierta, el dinero no quiso perder privilegios ni ceder un ápice del poder adquirido tan rápido y con tanta facilidad. Y como en los años treinta las iniciativas fascistas han recibido un gran impulso económico con este fin. El dinero está siempre detrás de ese instrumento siempre dispuesto para acabar con la democracia.
Laissez faire, si, pero reprimir cualquier intento de libertad y respuesta ante la injusticia. Cualquier gobierno surgido de esa respuesta será declarado inmediatamente ilegítimo, o lo que es lo mismo, antisistema.

¡Ah, el “sistema”!

Escucho en RNE unas reflexiones de Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO), al que entrevistan porque recientemente ha publicado un libro: “Adiós a los bancos”. Y es que al parecer este antiguo gobernador del Banco de España se ha enterado de cómo funciona el “sistema” ya de mayor, y eso que trabajó para el sistema, en el mismo corazón del sistema, y ateniéndose a los mandamientos sagrados del “sistema”.
Viene a decir ahora -como un Saulo caído del caballo- y tras leer a los que de ello saben, que el dinero es frágil, que lo que usted cree que tiene en el banco, en realidad no lo tiene, y como resumen que todo el “sistema” es una gran mentira. La voz de la experiencia.

Es lo que tiene la lectura sosegada: que uno aprende.
Preocupante pero a estas alturas de la historia, ya sabido.

¿Se han dado cuenta que los principales protagonistas de este periodo oscuro dicen ahora que no saben o no entienden lo que ha ocurrido? Nada más incierto. Estaban perfectamente informados.

Apocalipsis “Low cost”

El día del juicio final será una convención de negocios en la que todos llevaremos mascarilla por si las moscas.

Hay quien hace gala de una fe tan ciega en el capitalismo que diríamos se somete a sus designios con una sumisión religiosa. A “dios” no se le discute, ni se le explica, ni se le comprende. Únicamente se le obedece.

Si la bestia desbocada en su automatismo ciego anuncia la extinción de todo aquello humano y bello que conocemos, a través del cambio climático, posibilidad hoy por hoy cada vez más cercana, hay que obedecer y no ponerse a escrutar los misterios de la creación y las certezas de la destrucción. Las cosas son como son, y cómo Dios y el capitalismo han decidido.

El juego libre de las fuerzas del mercado, manifestación visible de la omnisciencia divina, inaccesible por otro lado a cualquier comprensión o intervención humana, ya tiene trazado el camino a nuestra especie y especies anexas: la extinción, si Dios, liberado de su sosias, el capitalismo desregulado, no lo impide.

Quizás lo más cómico de nuestra situación actual (síntoma de una locura ya avanzada) es interpretar también el Apocalipsis en términos de eficiencia económica.
Llevados de su fe y de su monomanía, los fanáticos del capitalismo desregulado interpretan que si las fuerzas sabias del mercado nos llevan de bruces a la extinción global, como antes nos han llevado a otras crisis mayores y menores, pero sobre todo mayores, es porque sin duda esta, la destrucción de todo lo humano y divino (los bosques, los ríos, las especies que nos acompañan), resulta más eficiente en términos económicos que mantener la vida humana y simbiótica en pie.

O dicho de otro modo, en una carrera alocada por ahorrar costes, quedarnos sin planeta resulta más barato que salvarlo.
Esta verdad económica, dogma increíble  de una fe tan extraña, sólo podrá ser comprobada por aquellos (si los hay) que queden flotando en una nave espacial a la deriva y sin puerto al que amarrar.

Esto digamos es, poco más o menos, lo que subyace a la polémica Borrell, dignatario europeo que ha venido a decir (y algunos le elogian por ello) que intentar salvar el planeta tiene un coste inasumible, y que ese coste lo tendrán que pagar además, no esa minoría exigua que atesora casi toda la riqueza mundial, merced a esos flujos grandiosos de dinero de las últimas décadas, sino los mineros polacos y los atolondrados jóvenes inspirados por Greta Thunberg.
Como ven, la asignación de costes y responsabilidades es un tanto peculiar y extraña: ¿Síndrome Borrell, podríamos llamarlo?

Esta distribución de costes y responsabilidades, se corresponde bastante con el paradigma dado por bueno y asumido sin rechistar tras la última gran estafa.
Salvo algún caso aislado ofrecido al cretinismo general como símbolo y cabeza de turco (quien la hace la paga), los principales responsables de la gran estafa fueron premiados con mayores beneficios tras ella.
Resulta ilustrativa la escena real de ese documental (no recuerdo ahora el título) en que unos agentes de la Bolsa de Wall Street están pendientes de unas pantallas donde los representantes políticos de USA deciden si rescatan o no rescatan a los golfos de las finanzas desreguladas tras la catástrofe global que han provocado.
Al mismo tiempo que ellos saltan de júbilo y gritan ¡Nos han rescatado! cuando los políticos estadounidenses deciden que sí se les rescata, en la calle las víctimas de esos estafadores profesionales, jóvenes, y suficientemente rescatados (listos los llamamos en nuestro idioma) ya saben que ellos van a pagar el pato de la fiesta neoliberal. Y entonces exhiben grandes pancartas pidiendo que también se les rescate a ellos. ¿Qué menos?
Este es nuestro mundo de hoy y sus modelos éticos que tanto nos empieza a recordar al mundo de ayer, cuando esos valores hicieron quiebra.

O sea, dado que el coste de intentar salvar el planeta es francamente costoso, euro arriba, euro abajo, y además no hay forma de que lo pague (¿o sí?) quién puede y tiene que pagarlo (los que tienen la pasta), mejor no intentarlo.

Mejor (¡dónde va a parar!) que el Apocalipsis siga su curso.
Lejos de cambiarlo todo, como piensa Naomi Klein, la amenaza que tenemos encima no cambia nada.

Sigamos pues mirando para otro lado, falseando la realidad, y ganando elecciones como las gana Trump: que prometió a los mineros del carbón que abriría las minas cerradas por Obama, y al parecer así lo hizo.

Así se ganan elecciones. Así y también echando la culpa de todo a los inmigrantes.
Populismo capitalista al poder.

Que la extinción sale más barata, ya no lo discute nadie desde que el pensamiento único es más único que nunca.

 

Trumbo

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El mundo es una trama de sucesos conectados, o eso creemos. Aunque quizás esto solo sea un espejismo útil para nuestra mente.

Otra forma de verlo es como un laberinto de opciones, algo parecido al jardín de los senderos que se bifurcan del que habló Borges. No sabemos a ciencia cierta si cada una de esas elecciones entre alternativas distintas inaugura un universo paralelo para cada uno de nosotros.

Si en el mundo posmoderno de nuestros días el cine de Ingmar Bergman se considera indigesto, por poner un ejemplo, quizás sea porque el popular “Masterchef” televisivo se considera un bocado ligero y apetitoso. Alta cocina y comida basura (adivinen quien es quien). Son los dos platos de una misma balanza: cuando uno sube el otro baja. Intenten subir.
Opciones que marcan la diferencia, y que en muchos casos son determinantes, van trazando la ruta.
Esos hilos que conectan los sucesos, a veces son tenues o incluso invisibles, pero ahí están, uniendo en segundo plano lo que parece inconexo y distante. En otros casos, la conexión entre los hechos es todo un mensaje que se impone por su coherencia.

Por ejemplo:
El hecho comprobado de que McCarthy, el famoso senador de la “caza de brujas”, dirigiera algunos de sus interrogatorios bajo los efectos del alcohol, instrumento por tanto de una justicia beoda ¿Qué significa? ¿Era un síntoma de algo?

Y anécdota significativa nos parece el hecho de que cuando algunas de las víctimas del macartismo cumplían pena de prisión en la cárcel, J. Parnell Thomas, uno de los más activos inquisidores de aquel comité de actividades “antiamericanas”, acabara entre rejas (junto a sus víctimas) por corrupción y evasión de impuestos.
¿Nos recuerda esto en algo a ese patriotismo de opereta de algunos de nuestros más furibundos patriotas constitucionalistas?

En la película “Trumbo”, del director Jay Roach, esta anécdota se resume en una breve escena que otorga significado a la trama. Cuando Parnell, el feroz  inquisidor, que bajo el disfraz de patriota era en realidad un político corrupto y evasor de impuestos, se cruza como un presidiario más con su víctima (en  la película el guionista Dalton Trumbo), le dice: “Míranos aquí, un par de presidiarios”.
A lo que Trumbo, víctima de la caza de brujas, y hombre de talento y enorme paciencia, le contesta: “Sí, la diferencia es que usted si ha cometido un delito”.

En su laberinto de opciones, Trumbo había escogido ser honesto y defender su libertad de conciencia hasta el final. Parnell había escogido ser tramposo y corrupto.

También nos parece significativo el hecho de que Richard Nixon, al que observamos en las películas de archivo formando parte de la tropa gris que dirigía aquellos interrogatorios inquisitoriales, acabara luego expulsado de la presidencia estadounidense, por tramposo y mendaz. Son hilos que se conectan y forman un dibujo coherente.

Este tipo de relaciones, de hilos que se cruzan en la trama del mundo, le otorgan por tanto un cierto sentido al caos aparente. Y en este caso en concreto, el de la acción inquisitorial del Comité de actividades antiamericanas, solo hay que mirar un poco, sin necesidad de escarbar: los que dirigían aquella infamia eran unos tipos bastantes impresentables. Suele ocurrir.

Quienes más “antiespañoles” ven hoy por metro cuadrado en nuestro país, son probablemente los que más defraudan al fisco español. He aquí un ejemplo actualizado. Y quiénes mayor número de casos de corrupción han perpetrado contra el patrimonio español, son los que más patriotas (y constitucionalistas) se declaran en el escenario teatral. He ahí también todo un despliegue de significado.

La película “Trumbo”, del director Jay Roach, es sin duda una magnífica película que además de informarnos sobre el ambiente de fanatismo e histeria de aquellos tiempos (histeria calculada y administrada por políticos corruptos y venales), nos devuelve al mundo, encarnada en hechos reales, una historia personal (la de Dalton Trumbo) que nos recuerda mucho a la fábula bíblica de Job.
No conviene pasar por alto tampoco el importante componente antisemita de aquella campaña persecutoria del macartismo, circunstancia que queda también reflejada en la película de Jay Roach. Y es que al fin y al cabo, Hollywood fue creado por judíos.

Además de la película de Jay Roach, hay un documental, “Dalton Trumbo y la lista negra”, basado en algunas de las muchas cartas escritas por el atribulado guionista de Hollywood.

Atribulado pero de una fortaleza de ánimo y un humor a prueba de bomba. Aunque era perseguido sin piedad por esos falsos patriotas impulsores de la caza de brujas, se ríe a conciencia de su situación personal y de sus perseguidores, como puede comprobarse en este documental en el que un elenco de grandes actores y actrices ponen voz a Dalton Trumbo mediante la lectura de sus cartas, llenas de un humanismo en ocasiones hilarante.

Entre los actores lectores de la correspondencia de Trumbo, está Michael Douglas, el hijo de Kirk Douglas. Como saben, Kirk Douglas ha fallecido hace pocos días a la avanzada edad de 103 años, y tuvo mucho que ver con el final de la lista negra de Hollywood al exigir que en los créditos de la película Espartaco, que él protagoniza, apareciera el verdadero guionista: Dalton Trumbo.

Dalton Trumbo también era Espartaco, y también luchaba por la libertad. Hilos que se conectan.

Claro que otro tanto hizo Otto Preminger al colocar en los créditos de su película Éxodo (basada en la novela de Leon Uris) a su auténtico y proscrito guionista: Trumbo.

Sin duda el cine al final dio una respuesta a la altura de aquella vergüenza.

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