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La calma

Que la calma sea isleña o continental, acaso peninsular, rodeada de sosiego por todas partes menos por una, o solo una quimera (y esto es lo más probable), no está del todo averiguado.

En un poético librito Santiago Rusiñol la hizo isleña y concretamente de Mallorca, “La isla de la calma”.
El libro en cuestión, lleno de buen humor, está inspirado en la estancia placentera de Rusiñol en esa isla, y es el agradecido elogio de dos cosas: el elogio de la calma y el elogio de la isla, unidas ambas en natural simbiosis bendecida por el sol y el mar azul: el Mare Nostrum.

Dicho elogio está escrito con la ternura que inspira el amor y poesía. Poesía de pintor y poesía de poeta, que quizás sean una sola y misma poesía, porque el poeta es aquel ser mutante que por azar de las estrellas ve siempre el mundo con ojos nuevos y asombrados, es decir, con ojos de niño. Y del pintor podríamos decir otro tanto.

Dicen los que de ello entienden que la vida es un desequilibrio, una rareza, y que huye a contracorriente del equilibrio “químico” de la muerte, y en un plano más general, de la entropía final del ser, en la que el tiempo cosmológico se detendrá por ausencia de movimiento, de deseo, o de angustia.
Para que el tiempo discurra y viva se necesita desequilibrio, carencia, y deseo.

Pero de lo que hablan estos sabios cosmológicos es de moléculas, cristales, y leyes termodinámicas, es decir del equilibrio molecular de la muerte como destino final del Todo, y aquí hablamos de la calma, que es un  equilibrio “anímico” intermedio que se siente vivo y palpitante, con vida concentrada y no dispersa, pleno de una esperanza que no espera sino que es.

La serenidad -que es otra forma de nombrar la calma- ha sido siempre aspiración de filosofías muy vitales, alumbradas bajo un sol jovial y alegre, el sol que hace crecer el trigo, la vid, y el olivo.
El mismo sol que alumbró a Baco alumbró a Epicuro y su jardín.

Y quizás todo ello tenga que ver con el ocio como eje de una vida grata que merezca la pena, y en la que cuanta menos pena mejor.
Aún así, que esta calma que diríamos cenestésica y vital, expectante y contemplativa, sea un bien o un mal, un lujo o una carencia, mantiene desde tiempos inmemoriales un debate inconcluso cuyo resultado no arrojará nunca verdades universales, vencedores o vencidos, porque cada uno es como es y además están las “circunstancias”.
Hacer o no hacer, esa es la cuestión, y Bartleby, el escribiente de Melville, lo tenía claro: prefería no hacerlo.

Parece razonable que dada esta variedad natural de caracteres que ofrece la especie humana, en libre combinatoria con las circunstancias que a cada uno le tocan, en los periodos de ocio oficial y administrativo unos fueran buscando agitación y otros calma, unos  moverse mucho y otros poco, estos gastar toda la energía posible hasta quedarse sin saldo, y aquellos moverse lo menos posible y ahorrar recuperando plácidamente la energía gastada.

Los primeros parecen querer imprimir a su periodo de ocio el mismo ritmo febril y acelerado del trabajo, sin lograr desprenderse de ese marco mental que impone rendimiento y eficiencia.
Los segundos quieren romper el ritmo, desconectar el reloj y la mente, parar y no hacer, o solo hacer lo que marque el impulso espontáneo de la gana. Sin proyecto y sin programa, sin contratos firmados ni reservas anticipadas, reacios a cualquier tipo de compraventa de ocio, se abandonan a lo que surja. Y si no surge no pasa nada, y si surge, tendrá más de ocio gozado con calma que de reto superado con esfuerzo o de trofeo conquistado a expensas del sosiego.

Se me dirá que esto último es propio de “contemplativos”, o lo que es peor, de “vagos” y “místicos quietistas” (seguidores de Miguel de Molinos), y no lo negaré porque de hecho el que esto escribe es las tres cosas, contemplativo, vago, y quietista, por instinto y libre albedrío inspirado por la razón.

Pero lo que quiero, en resumidas cuentas, es reivindicar un lugar de honor para ese ocio calmo de “interior” (entiéndase por “interior lo que se quiera, que en las costas también hay calas recoletas) que prefiere “no hacer”. Sobre todo cuando ese “no hacer” consiste en no hacer lo que hace todo el mundo, y a contracorriente huir de las multitudes y los lugares atiborrados y ruidosos.

Sin duda este espécimen raro que así vaga, manirroto de su tiempo y muy ajeno a la gestión eficiente de su ocio, es de los que prefiere salir al campo entre semana, cuando la Naturaleza no se esconde en su seno ni se aturde ante el ruido invasivo y multitudinario de los civilizados domingueros.
Son las islas que nos quedan:
las de los sitios poco visitados y la del tiempo sin aglomeraciones.

Así pues la calma y el ocio parecen palabras no solo sinónimas sino sincrónicas y fraternales, que parecen colaborar en una misma burla al tiempo que huye, o si se prefiere decirlo sin pizca de angustia, que fluye como un río manso hacia un mar inmenso.

Esto que es la teoría virtuosa luego permite pequeños deslices y pecados (no pasa nada), contradecirse, que es otra forma de romper las reglas, no las ajenas sino en este caso las propias. También es humano y por ello mismo saludable.

 

 

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Finisterre

Academia

“Al parecer, es necesario experimentar primero la conmoción de comprobar la identidad entre la teoría platónica de la justicia y la teoría y práctica del totalitarismo moderno para poder comprender lo urgente que se torna la interpretación de esos problemas” (KARL. R. POPPER / La sociedad abierta y sus enemigos).

En tiempos más sensatos Europa se empezó a construir, y ahora, en tiempos más salvajes, se ha empezado a suicidar.

Como dice muy acertadamente Josep Ramoneda en un artículo reciente (El suicidio europeo), hoy el malestar de fondo, social y político, tiene su correspondiente “chivo expiatorio” (volvemos a las andadas): el inmigrante.
Una población obtusa y manipulada se vuelve hacia él (el culpable señalado) como el origen de todos sus males. ¿Es tan fácil convertir a una masa pensante en una masa obtusa?
Con los actuales medios de masas, si.

Lo primero es rechazar la trampa, y lo segundo preguntarse por el origen del malestar y sus patrocinadores.
Es falso que no haya estado del bienestar porque vengan inmigrantes. No hay estado del bienestar porque nos lo han birlado delante de nuestras narices mientras mirábamos embobados el “derbi” futbolero o la omnipresente telebasura. ¿Estábamos en Babia?
El bipartidismo cambalache de las últimas décadas, caballo de Troya de las tesis neoliberales, tiene mucho que ver con esa sustracción.
El neoliberalismo ha derivado en neofascismo, en xenofobia, y en odio. ¿Resulta esto extraño en un modelo de pensamiento social cuyas ideas rectoras son “todo vale” y “sálvese quien pueda”? Es decir, ¿resulta extraño en un modelo antisocial?

Dentro de la insensatez ideológica en boga todo cabe, por ejemplo el intento de convertir a una “España vacía” y envejecida en una España xenófoba. ¿Hemos olvidado que somos una nación de emigrantes, de síntesis de razas y de culturas, que de las “tres culturas” ha hecho su seña de identidad?
Hace ya unos años, mediante un estudio genético de la población española, la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Leicester arrojaron una luz distinta en las tesis defendidas por Américo Castro sobre nuestra identidad nacional “mestiza” como síntesis de las “tres culturas”. En nuestro bagaje genético -según ese estudio- sobresalía un importante componente judío (sefardí) y un importante componente del Norte de África (moro o morisco).
Cuando estos hechos no se tienen en cuenta es más fácil tener una idea distorsionada de la realidad y cometer insensateces de todo tipo en cuanto a la raza, la limpieza de sangre, y otros disparates. Así por ejemplo el antiguo régimen franquista, cuando en medio del delirio de su mística xenófoba, racista, y anticristiana, nombra a Santa Teresa la “santa de la raza”.
Insensatez supina porque Santa Teresa era de origen judío, motivo por el cual su padre (que era judío) tuvo que huir de Toledo hacia Ávila para librarse de las garras de la Inquisición. Quizás gracias a esa huida pudo nacer Teresa y hoy tenemos santa… de la “raza”. Ya sin entrar en que el uso que hizo el fascismo (en perfecta sintonía con la iglesia católica) del concepto raza era y es radicalmente anticristiano.
Hacer de un marco de pensamiento insensato algo aceptable requiere ante todo de dos cosas: ignorancia y mucho silencio.

Indignarse por injusticias y fraudes o desmitificar embaucos está hoy muy mal visto, y esto tanto por académicos serios, como por otras Instituciones medio serias y bien financiadas, entre otras cosas porque algunos de los que así se incomodan y miran con malos ojos estos impulsos básicos del progreso (la disconformidad y la queja) se creyeron -si hemos de creerles- protagonistas de un hecho insólito, espectacular, y único: habían llegado -ellos solitos- al final de la Historia, epítomes y coautores de la máxima perfección nunca lograda. Así de cándidas se manifestaron, no hace tanto, algunas mentes abiertas y “liberales”. Popper a esto lo denomina “la miseria del historicismo”.

Nos recuerdan estos titanes en su falta de imaginación a aquellos otros que al llegar al Finisterre, creyeron llegar al final de la Tierra, y claro… solo cabía retroceder para no abismarse en lo ignoto. Es más, se diría que tenían prisa por retroceder, por dejar de imaginar, por caminar como camina el cangrejo, hacia atrás, involución en marcha que ya señaló Umberto Eco, acudiendo a este mismo símbolo crustáceo.

Evidentemente quienes así interpretaron nuestro reciente devenir histórico (en realidad agitado y critico, inestable e incierto, pero sobre todo gestado en una monumental estafa) tienen una idea de la perfección, siamesa de la parálisis, que les incluye a ellos como protagonistas de ese final glorioso que coincide con la consumación de los tiempos, muy propicia a irritarse con la inquietud, la insatisfacción, o la indignación ajena, la desmitificación saludable, o el incorregible intento de mejorar las cosas. ¿Para qué si ya todo es perfecto?
O casi perfecto.. si no fuera por los emigrantes.

A sabiendas o no, estaban creando (o recreando) un mito: el del final de la Historia, de ahí quizás su alergia a los que tienen por costumbre sana hacerse preguntas, cuestionar los dogmas, desmitificar espejismos, y desvelar trampantojos.

El del final de la Historia y la consumación de los tiempos (profecía inspirada desde lo alto divino) no es sin embargo un mito nuevo sino reincidente, que con distintas variantes viene de fábrica en casi todos los totalitarismos políticos y fanatismos teocráticos, habidos y por haber, como columna vertebral de sus aspiraciones finales y definitivas, sin derecho a réplica.
Y el actual en curso (totalitarismo al fin y al cabo por muy “liberal” que se se diga y nombre) no podía ser menos.
Es un mito que como casi todos los demás implica dos cosas: pereza para ir más allá del dogma en la búsqueda de explicaciones y realidades alternativas, y comodidad adocenada y torpe: se está más cómodo en compañía del mito que en ausencia de el.

Ahora bien, albergamos la duda plausible de que se trata en realidad de un mito de diseño, de tipo imperativo, fabricado para el prójimo, en un intento deliberado de sedación, y que sus inventores no participan de el sino que, como suele decirse, están al cabo de la calle.
Es este un viejo recurso pragmático a la mentira tecnócrata (el engaño como técnica) que ya explicó Cicerón sobradamente en su obra “La naturaleza de los dioses”. Y no olvidemos que Cicerón era un admirador de Platón y de sus utopías contra natura. Es decir, contra la naturaleza de las cosas. De rerum Natura.

Hoy, como era de esperar, Platón está mejor visto en estos círculos “académicos” que Diógenes, o incluso que Epicuro y Demócrito ¿Alguna sorpresa? Ninguna.
De hecho aventuramos la hipótesis de que Cicerón es el padre y el origen de esa clase ambigua, ya definida en tiempos tan lejanos, que convive sin conflicto con dos verdades según destinatario. Otro día hablaremos de la hipocresía triunfante de nuestra posmodernidad política bajo la máscara del bipartidismo cambalache.

En realidad lo que ocurre es que tras el último arreón neoliberal, en extremo radical, salvaje, e insensato, pero que ha logrado enquistarse -tras el desastre que ha provocado-  como “normalidad” institucional, política única, y catecismo incontestable, los privilegiados con ese giro que tanto tiene que ver, no con el amor libre sino con el delito libre y desregulado, y con una ley versátil según la estirpe (de oro, de plata, de hierro, de barro… o aforado), han querido apalancarse en ese mito hecho carne (o al menos estatua) y levantarse un palacete con vistas a lo mejor del final de la Historia, así decidido, una vez recalificado el terreno.

Cuando los nuevos “liberales” decidieron que la democracia ya no les servía, y que les interesaba más volver a la plutocracia de antaño (ese es el principio del final o dicho de otro modo, el acto inaugural de nuestro presente inmóvil), no estaban inventando sino reincidiendo. Para parar la Historia primero había que retroceder. Todo el que no estuviera de acuerdo con este retroceso o manifestara su queja, podría ser tildado genéricamente de “populista”. Es esta simplificación terminológica, manipuladora y carente de matices, la que pone mejor al descubierto su ánimo totalitario y embaucador. En sus labios el término “populista” suena como en otros tiempos el de “hereje”, “judío”, o “pecador”.
En realidad el populismo antiinmigrante sale de sus filas. Poner muros a la Historia y poner muros a la Tierra, es todo uno y brota de la misma manera cerrada de pensar.

A esta aspiración “platónica” de parar el tiempo y la Historia, consumada en beneficio de un grupo, es a lo que Popper llama el “estado detenido”. Más miseria del historicismo.

Otro síntoma más de su ánimo totalitario es su intento de confundir la contestación legítima a su política única y a su catecismo salvaje, con el intento “populista” de demoler Europa. Más bien podría ser al contrario, un intento desesperado de salvar lo que queda tras la destrucción acelerada que han protagonizado.

Así como donde dicen está enterrado el apóstol Santiago, está enterrado en realidad -según dicen otros- un hereje contestatario, Prisciliano, cambio de papeles que hacía mucha gracia a Unamuno, en el Finisterre está en realidad el principio del viaje a otras tierras, quizás más luminosas y sensatas, pero sobre todo más humanas, y en el final de la Historia el inicio de una aventura que no cesa, por mucho que esto irrite a los mitómanos.
Aclaremos que Prisciliano, ejecutado (y concretamente decapitado) por la intolerancia católica, era “contestatario” en cuanto que practicaba la austeridad y criticaba el acúmulo de riquezas por parte de los clérigos, practicaba la igualdad de género y condenaba la esclavitud, y respetaba y veneraba la Naturaleza, todo ello en un intento de acercarse al mensaje original de Cristo muy mal visto por la iglesia oficial, que estaba más por los intereses políticos del imperio y por no cuestionar determinados privilegios (incluso de género).

Como conclusión:

Querer poner muros a la Historia es como querer poner puertas al campo: un acto contra natura. Claro que ni ellos mismos se lo creen. Lo que en realidad querían y aún quieren es extirpar toda opinión distinta, y promulgar como inadmisible e irritante cualquier alternativa al dogma.

 

 

La anomalía como quiste

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Cuando un mal se hace fuerte tras su cápsula fibrosa podemos hablar con toda propiedad de quiste. Y cuando un mal se enquista… mal asunto.

Lo dicho: no llegamos. Nuestra eterna aspiración a abandonar el ámbito de la anomalía se resolverá en frustración una vez más. Seguiremos siendo una democracia teórica que en la práctica no lo es, y así como somos normales, incluso demasiado, en la aplicación obediente del catecismo neoliberal que nos imponen los padrinos de la estafa (explosión posmoderna de fanatismo ideológico al que no le vendría mal un Voltaire con martillo para derribar los novísimos muros), en lo que tiene que ver con la democracia social y de derecho, no llegamos ni a este paso llegaremos nunca.
Y es que la anomalía a fuerza de repetirse se convierte en normalidad impostada, que tal cosa es un quiste. Un estado larvario de anormalidad profunda disfrazada de normalidad institucional, hasta que revienta.

Ni democracia social, merced al catecismo dogmático ya dicho, ni democracia de derecho, ya que no todos somos iguales ante la ley. Ni igual de eméritos ni igual de impunes.

Y es que el dogma tiene poco que ver con la libertad, como no sea con la libertad de tomarse ciertas libertades y mantenerse en el anonimato del delito. Dicho directamente y sin más circunloquios, no vivimos en una democracia sino en una trama gansteril, y como es propio de estos ecosistemas viciados, de vez en cuando el veneno se acumula y revienta. Veremos entonces a los capos mafiosos que otrora colaboraron como fieles camaradas en el delito, tirarse los trastos y regalarse con ráfagas de metralleta.

Que un delincuente, según se presupone del ex comisario de las cloacas, hasta ahora bien avenido con el ministro del ramo (Ministerio de las cloacas), pueda chantajear a un rey emérito de la España profunda, debe obedecer a una lógica accesible y que no precisa de mayores dotes de elaboración.

Que el CNI, comandado por todo un general vestido de civil, afirme que no es de su incumbencia enterarse de lo que hizo en su día (siendo rey) o hace ahora (siendo emérito) el anterior jefe del Estado, que tanto antes como ahora cobra de nuestros impuestos (para esto sí hay dinero público), puede inducirnos a la incredulidad y la risa. Que sin embargo reconozca que se entrevistó con la amiga íntima del ex rey para advertirle, con o sin amenazas, que “sobre sus hombros recaía la responsabilidad de 45 millones de españoles” aconsejándole discreción y omertá, puede hacer que se nos salten las lágrimas, porque no esperábamos menos.
Y que conste que no hablamos -por supuesto- de relaciones personales o afectivas (allá cada cual) sino de posibles delitos económicos contra el patrimonio de todos, que tan escaso y recortado está, protagonizados por el principal y más alto representante del Estado. Investíguese y se sabrá con mayor certeza. La inopia en cuanto a los asuntos públicos no es un estado aconsejable para un Estado saludable o que aspira a serlo.

Y nosotros sin saber que nuestro ser nacional pendía no de un conflicto de fronteras sino de los hombros de esta mujer cosmopolita amiga del emérito, a la que todo un servicio de inteligencia tiene que mendigar (o amenazar) silencio. Triste condición esta en la que el futuro y la estabilidad de una nación depende de la discreta ocultación de la verdad.
¿Será el nuestro un régimen infantil para enanos mentales? ¿La consumación del cuento y la farsa? ¿La adivinable síntesis del matriarcado con el patriarcado en un paraíso fiscal? ¿El triste sino de la posmodernidad que nunca fue moderna?

El caso es que lo que por estos lares llaman “socialistas” (cualquier cosa) tampoco quieren que la verdad se sepa. Acabemos. Del racionalismo y el republicanismo de antaño han pasado a encerrarse en el frasco de las esencias más rancias con sus compadres de establishment, alérgicos a la luz.

Entre las cloacas del Estado y la cúspide del Estado hay tan poca distancia como entre el poder económico y la trama gansteril que nos explota y estafa (algunos sindicatos y algunos  “socialistas” no son impedimento).
No debe extrañarnos que como intermediario en los tejemanejes del ex comisario de las cloacas aparezca un ex presidente de Telefónica que pasaba por allí. Todo un símbolo. Da para una película de los hermanos Cohen.

Y es que a las “Américas profundas” de la era Trump (era oligofrénica dónde las haya) puede llegarse por evolución involutiva y lógica del modelo oficial, o pasando de la infancia premoderna a la decrepitud posmoderna saltándose la juventud gozosa, como es nuestro caso.

En resumen, nuestra cúspide es tan profunda como nuestra crisis, y se revela -a poco que se escarbe- a nivel de la ciénaga.
Y en una ciénaga autocomplaciente el lodo adquiere carácter tan espeso que el orden y la inmovilidad son los valores que más se cotizan, además del silencio.
Curioso es que al esclarecimiento de estos enigmas de la corrupción que todo ciudadano responsable debería exigir, algunos lo llamen la quiebra del Estado. No, lo que es la quiebra del Estado es la corrupción y su ocultación. Y si a esta ocultación colaboran los servicios de inteligencia y otros órganos principales del Estado, ya estamos en el ámbito de la tiranía.

Lástima pero está comprobado que sin aire la esperanza se asfixia y el futuro se frustra.

 

 

Perplejidad

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A veces uno tiene la impresión (subjetiva por supuesto) de que el mundo, según que días, gira en el sentido contrario de las agujas del reloj, gira como le viene en gana, sin orden ni concierto, y descarrila alegre de su órbita segura y razonable para embarcarse en la nave de los locos, al albur de los vientos, dando piruetas y levantando olas.
¿Será este el famoso mundo al revés, donde arriba es abajo, la derecha queda a la izquierda, o donde el acierto se estima error y viceversa?

En este mundo al revés lo “normal” debe ser -para los que así lo han decidido- que la Dirección de RRHH del SESCAM sea merecedora de un premio en reconocimiento de su labor. Nos gustaría alegrarnos alegremente de tal noticia por recaer en un servicio en el que uno labora, pero, sinceramente, no podemos. Y como uno otros, de hecho bastantes, en los que la noticia ha causado perplejidad. Y es que ¿qué se ha premiado? ¿una buena gestión de los recursos humanos? ¿y en que consiste que esa gestión se califique como buena? ¿de que estamos hablando? ¿hablamos solo de recursos “humanos” como objeto aislado de estudio? ¿tiene ello algo que ver -pues hablamos de gestión sanitaria- con la asistencia en si, con quien la recibe y con quién la presta (que recurso humano es)?

Y pregunto desde mi perplejidad profana y compartida:
¿A quién han preguntado los calificadores? ¿A los recursos humanos, sujetos pasivos de la gestión premiada? ¿A las tablas de Excel que corren veloces y asépticas de despacho en despacho pero sin pisar la calle? ¿A las graficas bien perfiladas y elegantes? ¿A las estadísticas redondas o cuadradas con escuadra y cartabón? ¿Será que el mundo digital de los “recursos” y el analógico de los “humanos” no coinciden y habitan universos paralelos?

Conviene decir que la noticia del premio ha sonado a chiste (aunque de  poca risa) en un amplio sector de recursos humanos del SESCAM. Pregunten, por ejemplo, a los 900 profesionales PEAC de la atención primaria del SESCAM, si la gestión que padecen es brillante o deprimente, inclusiva o excluyente, eficaz o nefasta, ordenada o caótica. Pregunten si les da la vida (la poca y maltrecha que les queda como trabajadores nocturnos) para tanto juzgado como tienen que frecuentar en reclamación de sus derechos naturales (entre otros el reconocimiento de esa nocturnidad) y de una mínima dignidad laboral. ¿Puede merecer premio una Dirección que a unos trabajadores, médicos y enfermeros, que cumplen todas las definiciones legales, habidas y por haber, de “trabajador nocturno”, le da la real gana de no reconocerlo?
Y más allá del colectivo PEAC, pregunten a otros profesionales, aunque basta registrar las manifestaciones públicas de unos y otros para apreciar el grado de malestar con la gestión premiada.

Señalemos, por concretar,  algunas líneas principales de gestión que no consideramos merecedoras de aplauso y menos de premio, más bien de amonestación y multa:
Refirámonos ya desde el principio a la atención primaria, como base de todo sistema sanitario, y cuya quiebra y desnaturalización parece evidente, más centrada (o descentrada) en la caza de la guardia selecta y su falsa libranza (descanso si, libranza no) que en la atención de la consulta y la familia. ¡Ay la medicina de familia!

Tantas “falsas” libranzas (posguardia) se producen como consultas se cierran. Se trata -nuestra atención primaria- de un modelo de “peonadas”, y en este modelo nefasto, desviado de los preceptos legales y de los imperativos de jurisprudencia desde el año 2008, a contrapié de cualquier eficacia asistencial o sensatez gestora, hay que buscar las causas fundamentales y fundadoras del “malestar de la atención primaria”. Una atención primaria volcada a la captación de guardias y a la explotación de la falsa libranza posguardia, que en puridad legal es un descanso, pero que irregularmente se retribuye como tiempo trabajado, sin trabajarse ¿Consecuencias?, las esperables y lógicas: consultas cerradas, listas de espera, saturación de los servicios de urgencias en reclamación de una asistencia que no se presta donde corresponde, pues ese “donde” (la consulta del médico de cabecera) asistencialmente está cerrado pero retributivamente se considera abierto. Mundo digital y mundo analógico. Mundo virtual (dónde si se cobra) y mundo real (dónde lo cobrado no se trabaja). Sin duda gestión brillante para nota y premio.

Baste un botón de muestra:

En la gerencia de atención primaria de Guadalajara, y referido a un solo semestre (1º de 2017), se computaron y se abonaron como trabajadas (virtualmente) 65.000 horas de consulta que en la vida real no fueron trabajadas. Solo se trabajaron en la imaginación, pero se cobraron efectivamente. Hagan extensivo este vicio de gestión o fraude de jornada a los sucesivos semestres desde el año 2008 hasta el presente en que se mantiene, y multipliquen por el resto de gerencias de atención primaria del SESCAM. ¿Puede extrañar la quiebra y desnaturalización de la atención primaria?

También debe merecer premio –según los calificadores- que nuestra gestión premiada haya buscado como apretar más las tuercas de la indignidad laboral como tapadera y solución “in extremis” del modelo viciado antes descrito. Más fácil y loable sería corregir el vicio.

La indignidad laboral, aplicada sin escrúpulos ni reparos, cuyo prototipo en el pasado fueron los “refuerzos” (motivo de vergüenza ante Europa) y hoy lo son los profesionales PEAC, es el mejor lubricante de la gestión incompetente. Sin indignidad laboral y profesionales estafados no podría mantenerse el actual modelo viciado e ilegal. Hablamos pues de la cara oculta de la luna, de los entresijos menos visibles del Leviatán, los que no conviene que aparezcan en la foto ni comparezcan en la entrega de premios.

Los profesionales PEAC (médicos y enfermeros) son objeto de una auténtica discriminación de “genero” desde el año 2005. Esta gestión premiada ha mantenido en el ámbito del SESCAM la antigua discriminación entre el “genero” PEAC y el “genero” EAP, dando curso libre a una desigualdad de trato (maltrato para los primeros) en todos los órdenes retributivos y laborales, discriminación que se produce entre profesionales con igual categoría profesional e igual rango académico, y que básicamente realizan una misma asistencia. Si bien la distinción de puestos (PEAC versus EAP) responde a las necesidades reales y la dinámica asistencial, el maltrato (retributivo y laboral) de los primeros no es de recibo ni resulta comprensible porque incluso realizan su trabajo en condiciones más penosas (nocturnidad, festividad, desconciliación familiar….)

Últimamente la Dirección premiada se ha embarcado en la creación de una “nueva” figura laboral, destilación del maltrato laboral y quintaesencia de todos los disparates: el ya famoso y contagioso “chico para todo”. Se ve que estos gestores no tienen ideas propias y únicamente se copian y contagian las peores y más perniciosas. Luego se aplauden y se premian entre ellos.

Ante la barrera interpuesta por algunos sindicatos entre esa mala intención (crear un “esclavo de cabecera”) y sus señaladas víctimas (los PEAC), los gestores premiados han tenido que improvisar, y así han dado luz verde, casi de incógnito, a unos contratos ¿de 8 meses? para hacer de un profesional un comodín en un juego digital de quita y pon, de trae y lleva, al que se supone carente de cualquier derecho a vida privada y familiar, y aún a vida fisiológica de ser humano, pero elástico y dócil. Se excusan diciendo que la firma del contrato es voluntaria, como la que se supone el doctor Fausto concedió a Mefistófeles, intermediario del maligno. Claro que aquello era la edad media y esto la posmodernidad. En resumen todo un logro. Para premio y nota.

Ocurre que a pesar de la elasticidad hay imposibles físicos y ni siquiera el “chico para todo” o esclavo de cabecera (al servicio de los médicos de cabecera que libran posguardia tantas veces como les viene en gana), puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Excelsos coordinadores programan los turnos como si “si” fuera posible ese imposible aunque saben de sobra que lo que no puede ser no puede ser. No importa. Los coordinadores como los gestores habitan el mundo metafísico de los dígitos. Pueden imaginarse la “coordinación” que de ahí resulte, ya que si el mundo digital de la coordinación coincide con el mundo real de los trabajadores y sus turnos, será de chiripa. No nos extrañe pues que una consulta se cierre sin avisar (ni a pacientes ni a profesionales) porque el “chicho para todo” además de humano está sujeto a las leyes de la física, y si está allí no puede estar acá. No nos extrañe tampoco -por el mismo motivo- que nadie se presente a hacer el relevo de una guardia a un profesional agotado tras un turno de 17 o 24 horas, si consideramos que los que coordinan descoordinan y los vicios y errores se premian. No hay nada más moderno que un esclavo de cabecera.

Para su desgracia, los profesionales PEAC son también prototipo (y pasamos a otro motivo de premio) de los “interinos en fraude de Ley”, utilizados y estafados durante décadas por las administraciones públicas españolas, en su caso desde el año 2005, aunque la estafa y el fraude empieza antes, cuando eran refuerzos.

¿También hacer la vista gorda ante el fraude de los interinos merece premio? ¿Será la actitud de don Tancredo –no mirar los problemas para no verlos- la más virtuosa, loable y premiada? El mundo al revés. ¿Buscar, impelidos por los tribunales europeos –después de la estafa consumada- una solución “normal” vía OPE a una situación “anormal” de estafa consumada, no es bastante anormal? ¿Aquí no ha pasado nada?

Y ya que hablamos de interinos, digamos que los derechos que los tribunales europeos y españoles reconocen a estos profesionales (estafados), verbigracia el cobro de la carrera profesional, la dirección premiada se los pasa por el forro. De ahí el premio.

Más preocupante, y aquí solo cabe una indignación absoluta, es la alta frecuencia de los episodios de violencia contra sanitarios por los que nuestro servicio es demasiado a menudo noticia a nivel nacional. Solo en los últimos meses varios profesionales PEAC (saturados en su trabajo por los vicios antes señalados) han sido víctimas de violencia extrema, que en el último caso ha colocado al profesional agredido en una situación de extrema gravedad con riesgo para su vida.

En un anterior episodio de violencia contra profesionales PEAC en el PAC de El Casar los dispositivos de seguridad (ej.: botón del pánico) no funcionaban, ya que el mantenimiento de lo estropeado brilla por su ausencia.

Celadores o seguridad privada prácticamente no existe en ningún centro de salud, pero si en los despachos. Todo ello sin duda debe ser motivo de premio.

A nosotros solo nos queda la perplejidad y la denuncia.

 

 

 

 

 

 

Una Atención primaria en caída libre

Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM)

 

 

Recuperadas las riendas de la atención primaria de nuestra sanidad (SESCAM) por la administración del PSOE, lo cierto es que las cosas no solo no han mejorado sino que se ha tomado el camino más rápido al desastre. El efecto Podemos de momento no se nota ni siquiera un poco.

Nada de esto puede sorprendernos una vez que los despachos han sido ocupados por gestores que ya llevaron a nuestra atención primaria a la quiebra, asistencial y económica, en una etapa anterior gracias a un modelo organizativo obsoleto y fracasado. Carentes de ideas nuevas estos gestores, ya conocidos, han vuelto ha reintroducir su modelo tóxico en nuestra atención primaria, que es el nivel fundamental donde todo sistema sanitario se pierde o  se salva, y las consecuencias no se han hecho esperar. No habrá profesional responsable que niegue que nuestra atención primaria está hecha unos zorros y en caída libre, perdidos sus objetivos y desnaturalizada su función.

La razón de todo esto hay que buscarla en un hecho cuyo solo enunciado sorprende: el nuestro es el único ámbito laboral donde se promueve el acúmulo de horas extras y complementarias (guardias) con el único fin de incumplir la jornada legal y ordinaria (de consulta), con el agravante de que cuántas más horas extras se acumulan más jornada de consulta se incumple (faltando a la legalidad de las jornadas), más consultas se cierran, más crecen las listas de espera, y más dinero se derrocha o se malversa. En definitiva es un sistema de “peonadas” inspirado por intereses muy estrechos y poco claros, que ya nos llevó al desastre en la anterior etapa socialista.

Cuando se pregunta a los gestores por qué se mantiene este modelo contrario al interés general, la única respuesta que se obtiene, nada razonada ni razonable, es que ese es “su modelo”. Es decir, están instalados en una actitud irracional que ellos sabrán a que intereses responden, pero que desde luego no son los de los pacientes ni los de la mayoría de los profesionales, ni por supuesto los de la medicina de familia.

Está comprobado que dicho modelo ya ensayado hasta la saciedad y fracasado una y otra vez, favorece la precariedad laboral, al requerir una figura laboral (la del correturnos o chico para todo) no homologable en Europa y que debería darnos vergüenza a todos, pero sobre todo a los sindicatos que la permiten. Y está comprobado también que dicho modelo (su modelo) es una fábrica de listas de espera, que lleva a la insatisfacción del paciente que ve rota la relación con su médico de referencia y por tanto la continuidad asistencial, a lo que acabe añadir el derroche y el mal uso del dinero público que más pronto que tarde lleva a la quiebra y a las medidas radicales que todo hundimiento económico conlleva: recortes en medicación, material y prestaciones, despido de profesionales, etc. En resumen, algo que ya vimos en la anterior etapa de esta Administración del PSOE.

Lo que hoy día vemos, gracias a ese modelo organizativo tóxico, es un paciente que satura los servicios de urgencias (extra hospitalarios y hospitalarios) al ver bloqueado el acceso a su consulta ordinaria por las listas de espera. Un paciente en el que la continuidad asistencial está rota, atendido en cada ocasión por un profesional distinto, que llega a desconocer en muchos casos quien es su médico  de  cabecera, en el que la educación sanitaria no incide y por ello hace uso indebido de los servicios (o por exceso o por defecto), o por desconocimiento o por hartazgo. Nunca hemos visto a los pacientes más abandonados que en el momento presente.

Un grupo de profesionales, poco responsables, cómodamente instalados en este sistema de “peonadas” y en el incumplimiento anexo de su jornada legal (al final los cascotes también caen sobre ellos), que en vez de reclamar un modelo más eficaz y ajustado a la legalidad (el cumplimiento de la jornada legal que se cobra es un imperativo) piden a voz en grito un esclavo de cabecera, un chico para todo, un becario para el cortijo que tape los rotos de ese modelo fraudulento y que les permita mantener “su modelo”, que es el mismo modelo de sus colegas de los despachos de gestión. Todo queda en casa.

Un ejemplo de lo que es el íntimo engranaje de este modelo perverso es ver a unos profesionales de los servicios de urgencias saturados y escasos, que no dan más de sí, quemando su salud a marchas forzadas en cada jornada de trabajo, asistiendo no solo urgencias que sería lo correcto, sino bloqueados en su acción más necesaria y urgente por una demanda asistencial ordinaria que no se atiende en su lugar natural: la consulta del médico de cabecera, y que es una demanda que llena las salas de espera de los servicios de urgencias.

Y como contrapunto a este despropósito organizativo y asistencial, vemos a unos profesionales de consulta a los que les fallan cada día gran número de citas programadas, que no saben qué hacer con ese tiempo muerto de las citas fallidas (cada vez más numerosas), aunque si saben la razón de todo ello: todos esos pacientes que no acuden a su cita ya se pasaron antes por un servicio de urgencias para salvar las listas de espera inasumibles que se les ofrecen.

Un modelo sin pies ni cabeza, destinado al fracaso y a nuestro juicio (juicio fundamentado en jurisprudencia firme del Tribunal Supremo) ilegal.
Ante esta situación vergonzosa el efecto PODEMOS de momento no aparece por ningún lado.

Actualmente hay todo un despliegue de propaganda política y autobombo sobre nuestra sanidad. Lo que no se dice es que es un modelo diseñado para acumular peonadas (guardias) incumpliendo la jornada ordinaria y legal de consulta. Lo que no se dice es que es un modelo para que una parte de los profesionales acumulen retribuciones (las de las guardias que se coleccionan y la de la jornada ordinaria que se incumple) muchas veces a costa de las retribuciones legales y presupuestadas de otros profesionales, como los de atención continuada (PEAC), y desde luego en contra del interés del paciente y de la eficacia del servicio.

El SESCAM se llena la boca con la creación de nuevas plazas. Lo cierto es que prepara un ERE masivo (con la colaboración de algunos sindicatos) de profesionales experimentados, interinos a los que se ha utilizado y explotado, y de los que se ha abusado en fraude de ley durante décadas, al camuflar el puesto “estructural” que ocupan como puesto ‘temporal”, y al no darles la oportunidad de consolidar su plaza en el plazo legal que marca la Ley. En esta estafa es la propia Administración la que ha incumplido su propia legislación.

Un puesto de trabajo que se ocupa ininterrumpidamente durante 15-20-30 años no es un puesto temporal, es un puesto estructural, pero al camuflarlo como temporal, mediante un fraude, sale más barato. Este fraude comprobado y dictaminado como tal por la justicia europea, es el motivo de las prisas repentinas para convocar OPEs, pero antes hay que solucionar el problema que ha creado dicho fraude del que han sido víctimas los interinos estafados. No pueden ser los propios interinos estafados los que paguen los platos rotos mediante un ERE masivo cuya única finalidad no es crear plazas sino cambiar a las personas de esas plazas para ahorrarse el pago de unos derechos adquiridos legítimamente (trienios, carrera profesional…).

La expulsión al paro de estos interinos longevos, algunos en la última etapa de su vida laboral, víctimas de un fraude de ley, será una vergüenza permanente que recaerá sobre los sindicatos y la Administración (PSOE) que la ejecuten. Algo parecido a lo que ocurrió con la manipulación forzada e impuesta desde fuera del artículo 135 de nuestra Constitución sin contar con el refrendo de los ciudadanos.

El SESCAM se llena la boca con la mejora de las condiciones laborales y retributivas de los profesionales sanitarios. En cuanto al personal de atención continuada (PEAC), fundamental para nuestra atención primaria, no hay ninguna mejora desde su origen (año 2005), al contrario siguen casi en las mismas condiciones penosas que en la etapa en que eran refuerzos y una vergüenza laboral ante Europa.
Al incrementar la retribución de las guardias al personal de consulta (y no su jornada ordinaria) promueven y dopan el modelo ineficaz, tóxico y fraudulento antes descrito, favoreciendo que el EAP incumpla su jornada legal de consulta (aumentando las listas de espera) para acumular guardias y horas extras (peonadas). Echan gasolina al fuego.
Al permitir y premiar ese incumplimiento de la jornada legal (establecido como incumplimiento por jurisprudencia firme del Tribunal Supremo) están cometiendo un fraude y ocultando la necesidad de los puestos de trabajo que ese fraude camufla, que son puestos de atención continuada.

Nada nuevo bajo el sol.

Y al final lo que se produjo fue la quiebra.

 

Involución

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A veces la democracia parece resucitar, aunque tal y como Nietzsche dijo de Dios, todo parece indicar que ha muerto definitivamente.

No deja de ser triste y deprimente que este instrumento clásico de la vida civilizada¸ haya caído con la facilidad e indiferencia de los que se rinden al primer embate. Aunque quizás esto solo indica que los enemigos que la han derrotado y sometido se encontraban en sus mismas filas y entre sus mismos defensores.

Quizás aquella muerte divina anunciada por el filósofo teutón, como metáfora de todo lo que la Historia dejaba atrás al comenzar el siglo XX, prometía larga vida a la democracia, además de otros avances en el orden cultural y social, confiados en que siempre la flecha del tiempo volaría a partir de entonces en el sentido ascendente del “progreso” marcado por los filósofos de la Ilustración, y que este progreso era imparable e inevitable. Sin embargo  todo eso hoy se ha ido al garete. La Historia se ha detenido para dar marcha atrás, la democracia ha muerto de muerte repentina, y quien ha resucitado ha sido Dios bajo una de sus múltiples formas: la del dios “mercado”, que como todo dios que se precie necesita de una Iglesia y de un catecismo, de una casta sacerdotal y de un rebaño de borregos.

Como la democracia es incompatible con los rebaños de borregos y con los pastores iluminados, ha habido que escoger entre una cosa o la otra: entre la religión del dios mercado o la democracia civil y laica. Como era de esperar, los que siempre se presentan voluntarios a pastores de cualquier creencia infalible fiados en sus altos méritos y acendrada fe, no han tenido la más mínima duda: han escogido al dios mercado y el culto de su fe única, fértil en mordidas y ofrendas, dejando que la democracia se pudra y se vaya por el desagüe, o como suele decirse desde esas alturas hiperbóreas ¡que se joda! de la misma manera que ya se joden los parados, los pensionistas, los trabajadores explotados y los interinos estafados por un fraude de ley, además de las mujeres discriminadas por el mero hecho de serlo.

Estos días la democracia pareció resucitar en España por breves momentos cuando fue capaz de expulsar del gobierno a un partido eficazmente organizado para el delito y el robo (según ha quedado probado), y sin embargo enseguida se hizo evidente que todo era un espejismo, una falsa fiesta, y que el haberse tardado tanto tiempo en recuperar una mínima dignidad como país al librarse de esa vergüenza y esa lacra, no era casual ni sin motivo. El nuevo gobierno asumía con estupefaciente facilidad, incluso antes de constituirse, los “presupuestos” del gobierno cadáver y del partido corrupto. Era el parto de los montes: tras la tardanza en reaccionar ante la vergüenza se asumía la herencia envenenada de ese gobierno: unos presupuestos de los recortes consecuencia de la corrupción triunfante.

Que fueran los presupuestos del gobierno cadáver y del partido delincuente tiene su lógica porque Rajoy no era más que un títere sin vida propia en manos de los bancos alemanes  y su principal operaria: Ángela Merkel, la nueva señora feudal de esta Europa pre-moderna, en la que importa poco que los gobiernos de las colonias estén controlados por partidos corruptos si obedecen dócilmente las órdenes del amo o ama.

El tancredismo de Rajoy, esa sosería aparentemente sabia gracias a la cual todo se ha ido pudriendo, indiferente a lo que no fueran las órdenes de la señora, se explica por esta cadena de mando, que también actuó con eficaz imperio en tiempos del sumiso Zapatero.

Que sean también los presupuestos de Pedro Sánchez, que los asume con igual obediencia, no nos sorprende demasiado, porque tanto Rajoy como Sánchez se limitan a obedecer órdenes, no de los ciudadanos españoles sino de los bancos alemanes y sus consejos de gestión. Son los mismos poderes para los que la democracia en Grecia o en Italia está de más y es un aparato inútil, dejando claro que los dueños de esos países son ellos.

A este estado de cosas puede llamársele involución o posmodernidad, yo prefiero llamarlo involución. A la reacción contra todo esto puede llamársele populismo, pero el hacerlo con esa insistencia obsesiva y con esa falta necia e interesada de matices, es otra forma de tomarnos por tontos y ellos de pasarse de listos. No llegan a tanto, porque de hecho muchos de esos listos acaban en la cárcel con una torpeza que deja en muy mal lugar a la “elite” sabia.

Cuando cayó el muro de Berlín se produjo una explosión de euforia civil pensando que a partir de entonces la democracia y los derechos del hombre tenían la vía expedita para su globalización. Sin embargo se comprobó enseguida que se levantaban nuevos muros y más altos, esta vez dentro de cada sociedad,  seccionando de raíz cualquier vínculo o solidaridad entre los ciudadanos en un nuevo diseño atomizado y disolvente más propio de bestias salvajes que de hombres civilizados.

Que Pedro Sánchez se saque de la manga un “alto comisionado para la pobreza infantil” mientras dice si bwana a los presupuestos salvajes de Ángela Merkel y los bancos alemanes, es una broma tétrica. Nadie apaga fuegos con una sumisión completa y absoluta a los incendiarios.

Inauguramos el “no cambio”, y gracias al “nuevo” gobierno se avecinan grandes revoluciones tremendas que tienen aterrorizada a media Europa. Es broma.

 

El golpe metafísico

Europa de las personas

El mercado no tiene quien le escriba, claro que tampoco le importa. Pasa de los ciudadanos escribientes y en general de todos los ciudadanos. Pero sobre todo pasa de los ciudadanos votantes, que son los peores.
El mercado vive su vida autónoma, volátil y virtual, muy alejada del rumor de la calle, donde se vierte, como la sangre en las arterias, el auténtico latido de los hogares, un concepto que el mercado desconoce.

Puede que esos hogares vivan en un ritmo perpetuo de taquicardia, de desesperanza, de angustia. Qué más da. Esos latidos no llegan a su palacio de invierno, que flota inane en una balsa de bilis negra y helada, una fábrica de melancolía exacta, a salvo de cualquier emoción remotamente humana.

En el centro de su gran telaraña solo emite órdenes certeras y criminales, pero no recibe las vibraciones de sus víctimas. La matanza ocurre en otro barrio.

Así visto podríamos pensar –para aflojar el desconcierto que nos atenaza- que el mercado es un ente metafísico, cristalino e infalible, que no sufre ni padece, sin ninguna responsabilidad moral ni plena consciencia de sus actos. Sin embargo, si aplicamos una lente más potente a los entresijos de este engranaje, aparentemente perfecto y automático, distante y frío, veremos unos hombrecillos de carne y hueso, que se mueven por allí debajo, o por allí arriba, que se tiran pedos y eructan después de cada mariscada: son los tecnócratas, los hombres perfectos, los hombres “neutrales”, los humildes operarios de los políticos corruptos.

¿Por qué los políticos corruptos y grandes delincuentes son los principales patrocinadores del neoliberalismo? es una incógnita a despejar.
¿Por qué el neoliberalismo es la “política” “económica” única y sectaria, extremista y radical, que ha escogido Europa para su suicidio en diferido? es otra incógnita a despejar.

Una hipótesis plausible como respuesta combinada y concurrente a ambas incógnitas es que en realidad son los políticos corruptos y grandes delincuentes los que más peso han tenido en la fundación de “esta” Europa última y póstuma, giro radical y extremista respecto a la que conocíamos previamente, brillante y plena de historia, hasta que la Historia se acabó. Y que a esos políticos, ni Europa ni la democracia les importan seriamente, porque su reino no es de este mundo. Ellos habitan en el plano metafísico del mercado, bien como grandes y exclusivos beneficiarios, bien como humildes operarios tecnócratas bien pagados.

Siendo todo ello grave, lo más preocupante es la rapidez y facilidad con que la democracia ha sido secuestrada y conculcada en esta Europa nuestra -madre de la criatura- por ese mercado de los delincuentes de nuevo cuño.
Si el voto democrático es del gusto del mercado (delincuente), es un voto responsable y se da por bueno. Si el voto democrático contradice la política única del mercado delincuente, es un voto populista y se anula la votación.
Se nombra un tecnócrata neutral y se continúa con la política “neutral” y delincuente que impone el mercado.
Esto es lo que ha vuelto a ocurrir -una vez más- en Italia, como ya ocurrió en Grecia.

Se habla estos días de golpe de Estado de Europa en Italia, de golpe de Estado financiero, de golpe de Estado del mercado.
Se dice que el mercado ha impuesto un tecnócrata (del FMI) contra el resultado del voto popular. Se dice que este tecnócrata solo es apoyado por el partido que ha perdido las elecciones. El mismo se describe como tecnócrata, neutral, y perfecto, una solución extraña a nuestros hábitos democráticos, sí, pero una solución obligada y de urgencia hasta que los votantes italianos aprendan a votar según dicta la santa madre iglesia del mercado.

Otrosí se dice:
“Italia no es una democracia, no se respeta el voto popular. Los poderes fuertes quieren una Italia esclava, pobre y precaria”.
“Inútil que se vote en Italia. Los gobiernos los deciden los lobbies financieros”.
“Es un golpe de Estado financiero”, titula un diario, que añade: “se ha arrojado a la basura el voto de 17 millones de italianos”.

Cuando la estafa financiera global se camufló de crisis se dijo que había que refundar el capitalismo. Un cuento para infantes propalado por los políticos corruptos de la cosa.
Cuando el Brexit dio el primer portazo al invento se dijo que había que refundar Europa. Un cuento para incautos propalado por los tecnócratas fieles de la casa.

No son los maoístas de antaño, libro rojo en ristre, los que quieren imponer un Estado totalitario. Son los (neo) liberales de hogaño, llenos de furor apologético y delitos que proteger, los que lo están haciendo.

Entre tanto, la prohibición de la democracia, reacia aceptar el delito como sistema, ha entrado en el ámbito de la normalidad y demasiados callan.

 

 

Actualizando el chiste

http://lacronicadelpajarito.com/blog/lorenzosentenac/2018/05/actualizando-chiste

Dhafer Youssef

Dhafer Youssef – Mezcla de almas y sombras (a Shiraz) – Réquiem de aves

https://www.youtube.com/watch?v=Jw1Y3t1vtzI

Dhafer Youssef- Blending Souls & Shades (to Shiraz) – Birds Requiem

https://www.youtube.com/watch?v=Jw1Y3t1vtzI

Dhafer Youssef – Soupir Eternel

https://www.youtube.com/watch?v=eJwSZIajEvI

 

Inventando la pólvora

Dangerously playing with firecrackers

 

Cuando viejos gestores (conocidos) sacan “nuevas” instrucciones de gestión, podemos asegurar que de “nuevas” tendrán poco y dar por hecho que arrastrarán consigo más de una telaraña.

Algo de esto es lo que ha ocurrido con las Instrucciones que la gerencia de atención primaria de Toledo sacó recientemente para la elaboración del Plan funcional de Atención Continuada (PFAC), que solo son un salto hacia atrás después un tímido intento de la anterior Administración para poner algo de orden en el cortijo “autónomo” de los EAP, en el cachondeo (también autónomo y libérrimo) de las libranzas posguardia, y en la necesaria -aunque incumplida- rotación de turnos.

De nuevo -y es una vuelta “progresista” al pasado- prima el modelo de cortijo que se contrapone a la eficacia asistencial, al interés del ciudadano, y lo que es más grave, a la legalidad. Es sabido que eso de la “legalidad”, en nuestra Administración pública, no pasa de mera figura retórica.

Cuando se dice en dichas Instrucciones que el personal PEAC hará “preferentemente” las guardias de fines de semana y festivos, no solo se está dando un golpe de Estado a lo Puigdemont (por utilizar la jerga oficial) a la normativa del propio SESCAM (Decreto PEAC) donde tal cosa no aparece por ningún sitio, y al Decreto 137/1984 donde se ordena un calendario rotatorio durante todos los días de semana, sino que queda muy claro (negro sobre blanco) que el cumplimiento de las jornadas de unos (EAP) y el respeto de los descansos de otros (PEAC), a pesar de ser imperativos legales, les importa a esos gestores menos que nada, que es lo mismo que decir que los imperativos de salud laboral y de conciliación familiar, depende de para quién, y no son iguales -a pesar de la igualdad ante la ley-para todos los trabajadores de la plantilla. De manera que como resumen o epitome de dicha gestión (retrógrada) de una Administración que se dice progresista, cabe concluir que atender a la eficacia asistencial, a la salud laboral, o al interés público, nunca se les ha pasado -ni antes ni ahora- por la cabeza, ni está entre sus objetivos.

Como dichos viejos gestores ya llevaron en su día a nuestra atención primaria al desastre (inolvidable logro), podemos vaticinar sin mucho riesgo de error, que de nuevo nos llevan paso a pasito al mismo sitio.

Primero crean el problema (incumplimientos de jornada, falsas libranzas posguardia) y luego buscan soluciones extravagantes para camuflarlo.

Y la pregunta es: ¿Cómo es posible que gestores de la atención primaria que ya fracasaron en su día vuelvan a ocupar hoy los mismos o parecidos despachos?

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