Archivos Mensuales: abril 2016

El chiste

El chiste

Aunque visten muy estiraos, luego se lo pasan pipa. A nuestra costa, claro.

Es sabido que les damos mucha risa.

¿Qué de quién hablo?
Pues de nuestros exquisitos mandarines, expertos en evasión fiscal, elusión fiscal, y otros fraudes finos. De Juncker y compañía. Que no hay como probar la guinda para saber de qué merengue está hecho este pastel llamado Neoeuropa.

En estos días se dirimen judicialmente las hazañas -en el ramo de la elusión fiscal- de algunos de nuestros más empinados mandatarios europeos: como Juncker, capo nuestro y responsable último del Luxleacks, perdonado de sus imperdonables fechorías por obra y gracia de “La gran coalición” (ya saben).

Gracias a esa monocorde mezcla política de contrarios siameses, se libró el susodicho estratega de la necesaria e higiénica moción de censura. Y es que no hay nada como la autoproclamada “responsabilidad institucional” de los coligados, para ocultar la colaboración consensuada en el crimen.

El tiempo transcurrido y los papeles de Panamá, han demostrado que aquellos socios contrarios a la transparencia y la visibilidad, tenían fundadas razones para hacer frente común y proteger al Boss. “Responsabilidad institucional” es lo que antes se llamaba, en la jerga del oficio, ley de la omertá.

No sé qué vena se les ha roto a nuestros gerifaltes últimamente (desde la revolución mango-liberal en adelante), pero asisten más a los juzgados que a los problemas de los ciudadanos. Y quizás es mejor así, porque cuando les prestan atención es para empeorarlos o crear otros nuevos. O para meternos en una guerra, si se levantan con resaca y ganas de negocio. Ponen los pies encima de la mesa, se toman un whisky, y luego firman la masacre.

La niña de sus ojos son las multinacionales, que aunque no votan tienen mucha pasta, y todo lo que suene a dinero fácil y evasión (o elusión) de impuestos, les pone tiernos. Que eso de pagar a Hacienda es cosa de pobres, y ellos son gente de calidad y bien relacionada. Hoy por ti, mañana por mí. Arrieros somos y en las puertas giratorias y demás favores nos encontraremos. Pagar menos del 1% en impuestos en vez de un 29%, es uno de esos favores, que pagamos con sangre los demás: “sus maniobras… han contribuido a que estados como España, Italia o Grecia tuvieran que recortar su sanidad y sus servicios” (Stuart Holland, La Vanguardia 29/04/2016).

Según un informe del Parlamento europeo de 2013, cada año deja de recaudarse en Europa un billón de euros, debido al fraude, la evasión fiscal, y otras proezas similares.
Esto al mismo tiempo que los recortes sociales causan víctimas y bajas con nombres y apellidos. Y de todas las edades. Y ahí están, como si el tema no fuera con ellos. Y no solo eso, sino que encima echan una mano. Para ayudar a los evasores, claro.

Decir estas cosas, suele descalificarse como populismo. Pues vale.
Sigan en esa línea.

Sintomático del bodrio en que ha degenerado nuestro marco político, es que el encausado por este asunto (Luxleacks) es el auditor que destapó la trama, Antoine Deltour, y otros dos informantes, y no el responsable de la fechoría, Jean-Claude Juncker.
Transparencia Internacional (TI) pide protección para los informantes de Luxleacks.
En un ámbito democrático deberían ser los informantes los protegidos, no los delincuentes. Saquen sus propias conclusiones, que no es difícil. Estos héroes civiles son los que tendrían que estar aforados, y no Rita Barberá o Juncker.

“Juncker no tiene legitimidad”, dicen con razón los que acostumbran a mirar las cosas de frente y los hechos con los ojos abiertos y limpios de legañas. Pero claro, a ver quién contradice a “la gran coalición”, que incluye las derechas rancias de siempre, junto a socialistas de pega, colaboradores “oficiales” de contrastada responsabilidad institucional, es decir, a esa izquierda que tanto ayuda y hace reír a la derecha, a De Guindos y Dijsselbloem  en sus conversaciones de amigotes:
“¿Por qué no hacéis en España una gran coalición con la “izquierda” (léase, aunque se atragante, con el PSOE)?”, pregunta con gesto pícaro y risible Dijsselbloem a nuestro ministro de la cosa.
Y se tronchan de la risa. Ambos más un tercero que se une a la juerga.
Se tronchan de la risa en coalición y de la gran coalición, por eso de que conocen de que masa está hecho el pastel. Pastel de un solo sabor.

Otro chiste es cuando dicen, muy serios y de profundis, que Pablo Iglesias en representación de Podemos (o Podemos a través de Pablo Iglesias) quiere hacerse con “las palancas del poder”. Ahí es nada.
¡Toma ya! Así expresado parece la trama de una película de Fu Manchú, de un siniestro complot retorcido, en cartón piedra pero muy logrado, todo aliñado con un claroscuro de atmósfera expresionista.

Y lo dicen -al parecer- para convencernos de que la furia y aviesa intención de los Podemitas no tiene límites, y es tal que se presentan a las elecciones para ganarlas, llegar al gobierno, e implementar su programa. ¿Se ha visto alguna vez tamaña desvergüenza?
Y ahora en serio: ¿Alguien entiende el argumento del chiste o capta el mecanismo de tan insólito delito?
Pues de ese tenor es la lluvia fina, el calabobos con que a diario nos regalan algunos medios, que por tal nos tienen.
Ínfimo estilo y deprimido nivel de la campaña en marcha, con todos los resortes y “palancas del poder” trajinando en el mismo sentido y dirección, que parece que las ha programado una lavadora de cerebros, con todas las bielas del “sistema” echando humo contra todo lo que huela a cambio, es decir, contra todo lo que pueda poner en riesgo “su cotarro”. No sabe uno si reír o llorar, aunque aconsejo lo primero, porque es más sano y porque el nivel del discurso oficial lo merece.

Discurso que da a entender que los demás agentes en conflicto, no quieren hacerse con las susodichas palancas, o lo que es peor, que según juicio implícito y que no es necesario expresar, esas palancas tienen unos dueños señalados por la tradición y amos por derecho de pernada, cuya titularidad no se discute ni está sujeta a la contingencia del voto.

Estoy por asegurar que no soy el único que cuando tratan de endilgarle este tipo de papillas pasadas por el pasa puré, más propias de niños de pañal, le queda más claro de que plato no quiere comer. Se deben creer que nacimos ayer o que no hemos hecho el bachillerato.
¡Pero hombres de Dios! ¿No se dan cuenta que estos intentos de embeleco les dejan a ustedes mismos en muy mal lugar?

En resumen, la “gran coalición” es la fórmula política idónea para que los evasores fiscales y otros malandrines, se encuentren cómodos y desregulados cometiendo sus fechorías. Esto es de primero de ciudadanía responsable.
Por eso los desreguladores que los desregulan, tienen nombres tan distintos y en el fondo tan iguales: Thatcher, Blair, Aznar, Felipe González… Suenan a lo mismo.
Tal es la proximidad y la simbiosis, que no solo establecen entre ellos relaciones crematísticas, sino incluso sentimentales: aparean sus fortunas.

Primero juegan en la división de desreguladores, y luego ascienden a la de desregulados.

¿Pero alguien esperaba que el PSOE pusiera en duda o en riesgo el programa económico marcado a fuego (incluso en nuestra Constitución) por la ultraderecha europea?
Antes el manzano dará higos.

Pedro Sánchez y Albert Rivera: un paripé desde el principio.

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Mutaciones

Ante todo debemos partir de un axioma incontestable (los axiomas son los cimientos que sostienen los edificios lógicos, que luego se caen con las crisis, los terremotos, y las sorpresas): el maletín alienígena lleno de pasta, aparecido en el altillo del suegro de Granados, lo puso algún Podemita, preferiblemente Pablo Iglesias. Lee el resto de esta entrada

Tabarra

Allá, en los tiempos épicos de la infancia, cuando nos poníamos salvajes y antisistema, y sobre todo ruidosos rayando en la algarabía, mi madre nos paraba los pies con una frase imperativa y seca: “dejad de dar la tabarra”. Y si con el lenguaje verbal no era suficiente, echaba mano del lenguaje de signos, zapatilla en mano, armada a lo godo aunque indefensa del talón de Aquiles.

Eran aquellos tiempos en que Don Atilano, el “practicante” del barrio, me buscaba para pincharme el Benzetacil de las anginas, primero debajo de la cama donde yo me acogía a sagrado, y luego, una vez huido fuera de la habitación y de casa, delegaba en mi madre, que me perseguía a la carrera por todo el barrio. Y no me estoy refiriendo a una película de Fellini, sino a la vida tal como se estilaba entonces en aquellos barrios sin asfaltar.

Hay que explicar que mi madre era y es una mujer de carácter, y aunque la bautizaron María Inocencia, prefiere que la llamen Maruchi, y nunca, nunca, nunca (ni se les ocurra), Inocencia. Cuestión de orgullo.
Para hacerse una idea: si nos poníamos suspirosos y melodramáticos (entre salvajada y salvajada), soltaba un “suspiros de España” con retintín, que te dejaba con el suspiro atragantado y a medio emitir.

Durante aquellas persecuciones terapéuticas, pasábamos a menudo por delante de la mercería que quedaba a la vuelta de la esquina, en cuyo escaparate se exponía -junto al género propio de tal negocio- el cartel que anunciaba la película que se pasaba en ese momento en el “cine Llorente”. Esa “cartelera” era un fotograma en cartón duro y color desvaído, con la mágica virtud de que si el dueño de la mercería tenía a bien regalártela una vez cumplida su misión de informar, servía a modo de entrada para entrar de gorra en el cine. Es así como vi gratis y a veces en “sesión continua” “Los Diez Mandamientos”, “Furia de Titanes”, y otras imborrables películas en tecnicolor.

Porque el cine Llorente era de los dos cines del barrio, el más moderno. El otro, que recuerdo sobre todo en blanco y negro y con la entradilla del Nodo, era el “cine Fátima”, que estaba asociado a la parroquia del barrio, muy ortodoxo en su programación, cortes y censuras (sobre todo de besos), pero muy salvaje y hereje en su gallinero, donde abundaban los pataleos, las pitadas, y los escupitajos que caían sobre la plebe del piso inferior. Una pitada que aún recuerdo como si fuera ayer, era cuando cortaban el beso largo y en la boca de Charlton Heston a Sofía Loren, en “El Cid” de Anthony Mann, cuya épica campeadora estaba muy bien vista por Franco, pero cuyo beso no encajaba en la España oficial. Claro que una cosa era la doctrina, y otra la vida y sus pasiones naturales. El gallinero, se venía abajo.

Digo que, mientras me perseguía mi madre para cumplir con el Benzetacil, yo, que no he cumplido ni con la mili, echaba un vistazo a la novedad cinematográfica de la “cartelera” confiado en mis ágiles piernas e inmaculada vista. Era rápido como una liebre, don natural que me mereció muy pronto el apodo, por parte de mi abuelo, de “mi Perdigonín”. Así que, pleno de confianza en mis capacidades innatas, corría y miraba la cartelera a un mismo tiempo. Al final mi madre se daba por vencida, y Don Atilano dejaba que la naturaleza siguiese su curso, o bien ambos me preparaban una encerrona para el día siguiente.

¡Como dolía y duele el Benzetacil!

El secreto consiste en soplar y relajar la nalga.  Y aun así, te deja cojo, pero más sano.

Otra ocasión para la carrera por el barrio, era cuando hacia novillos con mi amigo José (lo cual era a menudo), que vivía un piso por debajo del mío y cuya casa siempre se hallaba llena de retales y restos de telas varias, porque su madre cosía.
Teníamos ambos vocación de divergentes, y cuando la recua de los niños del barrio enfilaba obediente y sumisa hacia la casa de “Las Mimosas” (una pareja de hermanas solteras que nos administraron las primeras letras y las primeras orejas de burro en pelo muy logrado), nosotros abandonábamos poco a poco la fila india de los condenados a galeras, para trazar una curva elíptica que recordaba la de los cometas libres pero abducidos por el astro rey. Pasar la mañana al sol y al aire era nuestro objetivo último.
Y casi siempre lo lográbamos, salvo cuando provocando y con los bártulos de aprender (pizarra y pizarrín) ocultos debajo del jersey, nos acercábamos en nuestra odisea libertaria a nuestras propias casas, y nos paseábamos por delante de ellas mirando muy toreros al tendido, que era como acercarse a Escila y Caribdis, porque Chencha, la vecina del segundo, que avizoraba desde su balcón el mar en calma, daba al vernos navegar fuera de la escuela en aquellas intempestivas horas la voz de alarma, a la que rápido acudían mi madre y la madre de José (Escila y Caribdis), y ya todo eran carreras y gritos en pos de aquellos marineros alegres, que mientras corrían reían pero cuando los atrapaban lloraban un poco.

En aquel entonces, todas las experiencias, incluidas las palabras, conservaban toda su potencia y misterio, y se incorporaban a la sangre que baña el cerebro con la misma facilidad que el aire a los pulmones.
Con la misma naturalidad con que se estiraba nuestro cuerpo, se ensanchaba nuestro vocabulario.
Decir “tabarra”, “novillos”, “peonza”, “ajuntarse”, “gua”, era como nutrirse y aprovechar el alimento después de comer, un acto reflejo y automático. Esa primera mirada y experiencia de los hechos y las cosas, del cielo, la luz, las palabras y las nubes, es la que conserva el poeta. Niño y adulto al mismo tiempo.

No teníamos aún inquietudes etimológicas, ni meditábamos en lo que digeríamos, ni parábamos en lo que pensábamos. La vida era un juego que en su propio impulso nos arrastraba, y el pensamiento y el lenguaje que lo sostiene, participaba de ese viaje loco.

La verdad es que dábamos mucho la tabarra a nuestras madres, que además de orientarnos en la vida inculcándonos con zapatilla si era preciso los rudimentos de la ética, nos enseñaban, complementando la tarea de los maestros, a leer y hacer cuentas. Y a soñar con los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm. Es una deuda que hemos contraído con ellas (no lo olviden). “Tabarra” es una palabra sonora que sin duda aprendí de mi madre, en la que la forma parece brotar del concepto, muy parecida a otra, “Tobarra”, pueblo de Albacete en el que durante la Semana Santa tocan el tambor durante ciento cuarenta horas seguidas, que es otra forma de dar la tabarra. Pero no busquen relaciones etimológicas porque al parecer no las hay.

A tan extraña coincidencia de sonoridad y nombres se ha llegado si acaso por casualidad o convergencia, más que por divergencia a partir de una misma raíz. Como lo hacen los seres alados que vuelan por común afinidad y deseo de los cielos, y sin compartir por ello ancestros terrestres.

¡Qué paciencia tuvieron nuestros padres para sacarnos adelante!

Y los practicantes para pincharnos el Benzetacil.
Pero lo cierto es que quizás podíamos habernos pasado sin ese suplicio, sin ese pinchazo terrible y doloroso, porque al fin y al cabo todos los niños del barrio llevábamos al cuello la “gargantilla de San Blas”, una cinta de seda (cada uno de un color distinto) que no sólo nos protegía de las anginas de modo milagroso, sino también del terrible garrotillo.

De lo que no nos librábamos era de la zapatilla cuando ejercíamos de salvajes. Que era casi todos los días.
Bebo Valdes & Diego El Cigala – Suspiros de España

El Sistema… funciona

Grecia: Monte Athos © G. Jones

La verdad es que visto el panorama dan ganas de hacerse erasmista, y abismarse mediante oración mental en los bálsamos del iluminismo y del quietismo, esperando que esto se solucione sólo o lo solucionen quienes más parte e interés tuvieron en el estropicio y el saqueo. Que de eso va el negocio de la Gran coalición, y la pole es siempre para la escuadra del Ibex.

Ahora me explico la actitud contemplativa y ensimismada de Rajoy, que conoce de primera mano y en persona el vientre y los bajos fondos del iceberg; ese laissez faire tan suyo mientras se come el bocadillo. Es el que vigila a la puerta por si se acerca la pasma, el segurata de la obra saqueada. Como antes lo fueron los de la oposición y el turno. Que vigilaron mirando para otra parte y poniendo el cuenco, mientras los del gremio se llevaban el cobre, la plata, y hasta los planos. Invigilando, como confesaba a la fuerza Esperanza Aguirre.

Dan ganas ¡es humano! de exiliarse al Monte Athos, y tocar una campana más dulce y tranquila que la que agitaba, histérico de codicia, Rodrigo Rato.

Pero luego, visto que los delincuentes ellos mismos se amnistían, y hasta un premio Nobel aconseja que cuando las leyes no convengan a nuestros intereses particulares, conviene violarlas (eso es liberalismo), a uno, que de momento sigue siendo ciudadano español, le sale la vena radical, y dejando a un lado la oración mental empieza a rezar en voz alta, a lo español, a Dios rogando y con el mazo dando. Y que nos llamen radicales, que el sambenito es nuestro traje de domingo.

Que digo yo, si ese argumento de violar las leyes cuando no nos gusten o nos aprieten el zapato, vale para todos los españoles de a pie, o sólo para los que asisten a cócteles cosmopolitas y literarios.

Pero no se inquieten ni se excedan en sus reflexiones intempestivas, porque si hemos de guiarnos por algunas tertulias del Reino y de la España oficial, el sistema funciona. Y hay que ver con que paciencia.

Tanta que recortaron a dependientes y muchos se murieron esperando las ayudas; despidieron médicos, enfermeros, y maestros; cerraron hospitales, servicios de urgencias, y comedores escolares; saquearon la caja de los pensionistas y los pusieron a mantener a la familia en paro; redujeron el trabajo a la función de esclavitud y al trabajador a la condición de miserable… antes de cerrar su propia covacha, recortar sus lujos, o intentar atrapar a los tramposos que se llevaban la pasta. ¡Eso es paciencia! ¡Y austeridad!

Tendremos ya colonias en Marte para cuando se recupere el dinero público saqueado a los españoles en lo que llevamos de transición ejemplar (lo robado antes ya se da por perdido, aunque algunos descendientes del Generalísimo aparecen haciendo patria en Panamá). Quizás para entonces España ya no exista, y nosotros habremos acabado de cumplir fielmente (y sin retrasos) con Hacienda.

Habrán oído ustedes hablar estos días de Mario Conde (el fénix de los pirómanos que inventaron el miércoles de ceniza), y habrán escuchado también que nos debía dinero a los españoles (quiero decir a los hospitales, a los dependientes, a los colegios, a los pensionistas) desde hacía ya un tiempo. Honoris causa en el ramo de morosos, homenajeado por toda la corte de prohombres que nos dicta lo que hemos de hacer y pensar, y habrán sabido ahora (antes no) que aunque no vivía precisamente debajo del puente, no había forma de cobrar la deuda. Que a los palacios, cortijos y fincas de postín, donde se negocia como se caza sin sangre al ciudadano de a pie, no se acerca el cobrador del frac ni el inspector de Hacienda.

No sabría decir si un caso así (que es el microcosmos del macrocosmos) puede darse en otra nación civilizada de nuestro entorno legal, que no sea España. Quiero decir en un Estado de Derecho donde los guardianes de la Ley no sean los mismos que la violan, según advertía Platón.

Aunque visto lo diverso y variopinto del paisanaje retratado en los papeles de Panamá, hay que pensar que esta hombría de bien, esta hombría de Estado, este estar centrado en el centro y sentado sobre el botín, está muy repartido en el concierto o desconcierto de naciones.

Esto tranquiliza, porque constituye un parapeto contra el radicalismo, una defensa mística (y crematística) de la civilización Occidental en su versión más católica y repartida en paraísos fiscales. Es decir, una defensa en toda regla del derecho de pernada. Del feudalismo 3.0 que diría González (Felipe, en el viejo mundo).

Aunque para ilusos, los que no ven que este sistema está podrido y se muere de viejo, como ya anunciaron aquellos jóvenes respondones: Sampedro y Saramago, que en paz descansen.

Desapariciones y fantasmas

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Las alucinaciones organolépticas son una constante de nuestras apariciones marianas, y raro es el evento de esta naturaleza en el que no huele a flores y ambrosía, o si hay hambre, a pollo frito, como el que ocupaba el sueño obsesivo y volátil de Carpanta, cuyos atracones se componían de vaho tibio (y aún le sobraba para el día siguiente).

Maduro, que en el fondo está muy verde y le falta un hervor, también es aficionado a estos encuentros en la tercera fase, aunque quien se le aparece es Hugo Chávez en forma de pajarito locuaz, y nunca en ayunas sino bien comido.
A mí me da la impresión de que con el mantel puesto, el mandatario venezolano deviene menos metafísico y más concreto. De res extensa anda sobrado, de res cogitans intuyo que no.

A juzgar por el tono y la retórica de sus discursos, debe ser bastante bruto, y sus peroratas me recuerdan los discursos testiculares del dictador Primo de Rivera, una especie de macho ibérico en uniforme que usaba Alfonso XIII para sacudir collejas, tapar desastres marroquís, y exiliar Unamunos, mientras él se dedicaba a borbonear y vivir del cuento. “Ya tengo a mi Mussolini” le dijo Alfonso XIII a Víctor Manuel III, presumiendo de matón.

Juzguen ustedes si no es cierto que los extremos se tocan (hablo de jefes), cuando el ministro más rancio de Rajoy (el de interior) va condecorando vírgenes (como si la Virgen no tuviera otra cosa que hacer), y el heredero más rancio de Hugo Chávez recibe epístolas evangélicas de un jilguero parlanchín.

¿No sería el arcángel San Gabriel, el tal jilguero anunciador? Si es que en el fondo y en las formas, Maduro es muy español. Y místico.

He puesto antes “vírgenes” con minúscula (ustedes disculpen), porque cuando son muchas y varias, cada una con su nombre y personalidad, entramos de lleno en el campo del politeísmo y el paganismo feraz, y yo solo pongo con mayúscula a los dioses oficiales del Estado.

No me extrañaría que unos y otros, marianos y bolivarianos (hablo de gerifaltes), coincidieran en algún paraíso fiscal rezando a las sociedades pantalla, tan evanescentes y fantasmas como ellos mismos.
Que en estos oratorios dedicados al dios dinero, todos los gatos son pardos, todos los hombres de Estado, filantrópicos, y todos los traficantes de drogas y armas, hermanitas de la caridad.

Allí verán al primer ministro islandés, antes de salir por piernas abucheado por sus ciudadanos; a un Camerón tan demócrata y liberal, que se disculpa y a otra cosa mariposa; a un presidente de Argentina recién llegado (Mauricio Macri) y a una expresidenta de la misma nación, que se acaba de ir (Cristina Kirchner), que remedan la “transición” argentina “a la española” (de oca a oca, y mango porque me toca); a una hermanísima borbónica (que habrá presidido más de una filantropía floral de pegatina en la solapa) haciéndole un corte de mangas a la plebe; a un literato global y tan liberal que se libra –como puede- de los impuestos; a un cineasta rebelde  … ¡Qué sé yo!

Así como la missing mass, es la materia que falta, según los físicos, para comprender el universo tal como este se nos aparece, y ahora solo hay que buscar en sus rincones profundos para averiguar dónde se esconde, el missing money es el dinero que falta para explicar el caos actual y la desigualdad creciente, y aunque todo el mundo sabe dónde se oculta, los que mandan (y mangan) no lo quieren encontrar.

A la hora de conocer que ocurre con los derechos humanos en Venezuela (es este un tema que se trata mucho aquí), no se fíen de Rajoy o de Felipe González, porque los tales se pasan esos derechos por el arco del triunfo, y si hay intereses y pasta por medio, se vuelven daltónicos.
Ya me dirán ustedes que le importan a Rajoy los derechos humanos de los niños españoles que pasan hambre (lean el último informe de Cáritas al respecto), o que le importaban a González los derechos humanos de Venezuela en tiempos de su “amiguito del alma” Carlos Andrés Pérez, durante cuyo mandato hubo corrupciones a granel y hasta fosas con cal.

Guiémonos por AMNISTÍA INTERNACIONAL, que es gente seria. Y Amnistía Internacional informa que el respeto de los derechos humanos en Venezuela deja mucho que desear, y que hay presos políticos. Leopoldo López es uno de ellos, es un preso de conciencia:

“Los cargos contra él no se fundamentaron adecuadamente, y la pena de prisión a la que ha sido condenado se debe a motivos políticos”, informa Amnistía Internacional. Esto arroja el descrédito sobre el régimen de Maduro.

Obvio es para quien lo quiera saber y tener en cuenta, que la inmensa mayoría de los simpatizantes de PODEMOS, somos tan bolivarianos y forofos de Maduro como hinchas de Rajoy y jaleadores de Rita Barberá. Y que sin embargo, lo que si nos une e identifica es el hartazgo por la corrupción y la involución antidemocrática en España, y en el objetivo de corregir estos vicios de los que depende nuestro futuro civil y de los que pende el frágil hilo de nuestra democracia, no miramos hacia Venezuela para buscar inspiración, sino hacia nuestra patria (que es la herida que nos duele) para buscar remedio.

En ese intento se ha constituido este partido con sus raíces en el 15M, y el futuro le dará o le quitará la razón de ser, aunque de momento muchos de los que le ponen a parir, ya le han birlado gran parte de su programa.

¿Pero no era bolivariano y antisistema el tal programa?

La gran noticia sin embargo no es esta, sino que al parecer Rajoy y González se van a preocupar también -de aquí en adelante- por los derechos humanos en España, e incluso en China y en Marruecos, donde por cierto el segundo (González) tenía hasta hace poco una mansión más propia de un sátrapa oriental.

VELOCIDAD ISLANDESA

 

P: ¿Cuánto habría durado Rajoy en Islandia?

R: Menos que un caramelo en la puerta de un colegio. La frase “Luis, sé fuerte” le habría convertido en géiser y evaporado de la escena política.

¡Qué envidia la velocidad en la respuesta cívica y ciudadana de los islandeses!
En menos de 24 horas han fulminado al golfo que tenían de presidente. Les ha durado -una vez descubierto- un visto y no visto. Son lo bastante sensatos y tacaños como para no mantener en nómina del dinero de todos, a mentirosos, corruptos, o ladrones, ni un minuto.
Hay que cuadrar las cuentas, y quienes más las descuadran y desbaratan son los corruptos y los mangantes.
No le han dado lugar ni a borrar los discos duros. Los ciudadanos le han borrado directamente a él.

Tan blancos y rubios, y son más flamencos y gitanos que nosotros. No hay payo que les coloque género averiado.

Da gusto ver cómo unos periodistas, dignos de tal nombre, se van a su primer ministro, y le preguntan, directamente, sin andarse por la ramas, sin reverencias ni genuflexiones cortesanas (de esas que tanto abundan en las cuevas borbónicas). Y cuando ante la sofocante verdad, el gerifalte pretende huir a la habitación de al lado como si traspasara la frontera entre la casta y los tontos, allá que se van estos periodistas diligentes, que de tontos no tienen un pelo, detrás de él, como Pedro por su casa, que para eso ellos son ciudadanos además de periodistas, y el que se escaquea un servidor público que cobra de sus impuestos, además de evadirlos.

Hace un tiempo, cuando parecía que la ciudadanía española estaba despertando de un sueño bastante lerdo, a base de recortes, despidos, tortazos y EREs, paro, miseria laboral, y hambre, a base de estafas y timos de la estampita en resumen, tuvo bastante éxito en YouTube un vídeo (¿Cómo viven los diputados en Suecia?) que describía el modo de vida, casi espartano, de los diputados de aquel país. Quizás por compartir aquel espíritu, lo ocurrido con el primer ministro islandés estos días, me ha traído a la memoria aquel vídeo.

En él se explicaba cómo los diputados suecos se lavaban su ropa, se preparaban su comida… Sin empleados domésticos, ni choferes, ni coches oficiales, tenían que sudar la camiseta. Hasta el primer ministro se limpiaba su casa. Nada de lujos ni privilegios. Como uno más en todo lo referente a la común condición de ciudadanos, ocupaban para el desempeño de su labor apartamentos funcionales de escasos metros cuadrados, con cocina comunitaria, como los que pudieran ocupar y compartir estudiantes pobres o becarios.
Acostumbrados a los nuestros, aquella vida austera y de servicio de los políticos suecos, nos dejaba boquiabiertos y con los ojos como platos.

No sé qué parte de verdad habrá en ese video, pero ¿no es lo que plantea y describe lo más coherente con una democracia auténtica?

Y ahí están los ciudadanos islandeses, resolviendo con diligencia que un golfo (o un mentiroso) no pueda presidir su gobierno. Debe ser que con el frío y el hábito de la lectura, allí toda la nación se ha vuelto populista.
Los estudios dicen que los islandeses son unos auténticos campeones de la lectura de libros. Rompen todas las estadísticas y leen unos 40 libros al año (per cápita), y también les gusta mucho escribir y publicar libros.
¿Tendrá esto algo que ver con ese modo tan popular y populista de comportarse con sus políticos y banqueros?
¿Será todo cuestión de educación?

POSDATA:

“Panamá Papers”: La reacción del primer ministro de Islandia al ser consultado por su empresa

Qué son los Panamá Papers y qué revelan

PanamaPapers Carmen Aristegui La Mas grande investigación

Oportunidad

laocasionalciato

“La ocasión la pintan calva” y en el emblema de Alciato se representa esa ocasión fugaz con larga cabellera por delante -en la frente- y calva por detrás -en el occipucio- de manera que quien la ve venir y la reconoce, la puede asir por los pelos, y quien se despista o duda no podrá echarle mano una vez le sobrepase, rauda sobre sus alados pies. Lee el resto de esta entrada

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