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Tragicómico

El nacimiento de nuestra mejor literatura hunde su raíz más potente y vigorosa en el terreno de la tragicomedia.

Si un pueblo ha padecido de manera más trágica y persistente (y sin perder el humor) la opresión de nuestra patria, ese ha sido el de los judíos españoles.
Ocurre sin embargo que ese pueblo, ilustrado y acostumbrado a leer desde la más tierna infancia (tenemos el ejemplo de Santa Teresa, la santa oficial de la raza aunque ella misma de raza judía), siempre ha dominado el arte de la broma y ha sobresalido en el ejercicio de lo cómico. Y por otra parte nuestra historia siempre ha proporcionado materia abundante para tales desenfados humanísticos.

En la tragicomedia de Calixto y Melibea, o en las aventuras y desventuras del Lazarillo de Tormes, lo jocoso y alegre de la vida se mezclan con lo trágico y deprimente de su condición, con una maestría y autenticidad que nos ha dado estilo y carácter.
Así en nuestra patria, el fanático más fanático y grosero, ignaro superlativo, se cruza fácilmente con el librepensador más fino y resabiado, de cuya mezcla el esperpento se constituye por derecho propio en nuestra salsa habitual, casi desde Fernando de Rojas hasta Buñuel.

En nuestros caminos se cruzan los hijos de las universidades más antiguas y afamadas de Europa, con los arrieros de las peores fondas castellanas, y si no se entra en debates sublimes, entre unos y otros están garantizadas las risas.

Por eso mismo nuestros momentos trágicos se mezclan fácilmente con momentos irrisorios, de manera que de un modo o de otro las lágrimas siempre están justificadas, ya se llore de risa o de pena.

Cuando ahora se dice por ejemplo que el gobierno de Rajoy va a intervenir la TV3 catalana para proteger la libertad de expresión y promover la pluralidad de opiniones, se supone que siguiendo el ejemplo glorioso de RTVE (también intervenida), aparte de reírnos o llorar ¿que más podemos hacer?

O cuando se habla con aplomo independiente, de los intelectuales “orgánicos” catalanes, recién descubiertos, como si los que medran al arrimo del poder central fueran inorgánicos, puros y sublimes ¿nos lo deberemos tomar en serio o en broma?

Y algo parecido ocurre cuando hablamos de adoctrinamiento de infantes y demás feligreses indefensos, como si los púlpitos del fanatismo solo alimentaran necios en Cataluña.

Recientemente El País, ese órgano oficial del neoliberalismo adinerado que mientras rinda dividendos todo lo consiente y desregula, ha despedido a John Carlin por un artículo en que este opinaba con excesiva libertad sobre Cataluña.
Bien. Pues ese liberalismo nuevo es el que hay que considerar más viejo que Matusalén y muy poco de fiar, además de excesivamente plano en su visión del mundo, de manera que cada día se acerca más al modelo rancio de la RTVE de Rajoy. De ahí los errores de apreciación y pronóstico en que incurre una y otra vez.

He leído estos días que algunos corresponsales extranjeros están hasta el moño de la contrapropaganda oficial de nuestro gobierno, con la que este intenta hacer frente a la propaganda independentista. Se quejan de que los encargados de dichos menesteres no salen de la cantinela un tanto espesa y desgastada de los reyes católicos. Así no vamos a ningún sitio, como no sea a los ejercicios espirituales y las flores de María. Lo cual me recuerda aquellos tiempos gloriosos de nuestro adoctrinamiento escolar.

Lo dije y lo repito: falta la coherencia, falla el ejemplo.

Los mismos que nos han hundido en la crisis económica más severa y prolongada, los que han llevado a la miseria y a la pérdida de derechos a tantos españoles ¿Pretenden dar ahora lecciones de economía y democracia al prójimo en fuga?
Los mismos que han amnistiado a los defraudadores fiscales, los que han rescatado con dinero público a los banqueros tramposos y ahora les condonan (se supone que en nuestro nombre) esa deuda, dando por bueno que nos roben dos veces ¿Sostienen sin embargo que el nuestro es un Estado social y de derecho?
Ni cómico ni trágico, directamente patético es que que el gobierno de la Gürtel, de las cloacas del Estado y los amiguitos del alma, y de la amnistía fiscal y los recortes sociales, exija a otros el cumplimiento de la ley en nombre del Estado social y de derecho.

Se repite con tanta insistencia que nuestra democracia es ejemplar y modélica, se implora con tanta ansiedad a dirigentes europeos que así lo pregonen, entre otros al más que dudoso Juncker, que da la impresión de que los mismos que lo proclaman no se lo creen. En cuanto a Juncker, recordemos: “Los presidentes de la Comisión y del Eurogrupo crearon la trama de fraude fiscal masivo para las multinacionales”.

Esta mañana, despertándome con las ondas hipnóticas de RNE para constatar una vez más la falta unánime de variedad en las opiniones, me ha parecido entender entre líneas y sueños que el ministro Catalá (otro que tal) no tiene ni idea de por donde puede salir esto del artículo 155. Es decir, que están improvisando y cualquier cosa es posible, desde la más cómica a la más trágica, siendo por tanto potencialmente posible la catástrofe total.
Y en el mismo sentido y con la misma seriedad el ministro del interior (otra lumbrera) desconoce si el artículo 155, ese misil tan poco inteligente, se podrá ya frenar en su vuelo trágico, salga por donde salga y explote como explote.

Tras toda esta niebla tóxica de insensatez supina el mensaje que relumbra como el metal frío de una guadaña es el mismo que iluminó nuestra caída allá por la infausta pero fácil violación del artículo 135 de nuestra Constitución (que rima con el 155).

El mensaje es nítido y claro: son los dueños del dinero, los plutócratas, los que no creen en la democracia ni pasan por las urnas, los que dictan a nuestros políticos más señeros lo que hay que hacer en cada momento. Esos políticos llevan su recompensa, nosotros solo la pagamos.

Y en este hecho que ya casi nadie discute (la democracia quedó atrás ¡viva la plutocracia!) no hay ni pizca de gracia ni asomo de comedia. Aquí ya solo hay tragedia pura y dura.
Y a partir de aquí podemos hacer juegos florales y retórica vacua sobre lo impecable de nuestra democracia, sobre el modelo (exportable) de la libertad de pensamiento que irradia nuestra RTVE, o sobre la insignificante casualidad de que algunos jueces fraternicen, cenen y compadreen con los gerifaltes políticos de turno y partido.
No menos chistoso es que el gobierno de la Gürtel y los sobresueldos, de la amnistía fiscal y los favores a los amigos, exija indignado a otros el cumplimiento de la Ley.

No consintamos que nos pasen una y otra vez, en sesión continua, la vieja película de la naturaleza sublime de nuestra transición y del carácter impecable de nuestra democracia modélica, sin albergar alguna duda razonable o sin esbozar una sonrisa entre escéptica y socarrona. Es cuestión de salud.

 

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Abstenciones preocupantes

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El triunfo de Pedro Sánchez ha supuesto una inyección de ilusión para muchos militantes socialistas. Me refiero a los militantes que no abandonaron, decepcionados, ese proyecto, porque lo cierto es que han sido muchos los que sí lo hicieron, y o bien perdieron todo interés por la política o recalaron y prestaron su apoyo a otras formaciones. Por ejemplo Podemos.

La ilusión es el combustible que lo mueve todo, y sin ella la maquinaria primero se gripa y luego se para.

Esto es lo que les ha pasado a muchas maquinarias socialistas de Europa, que mientras sus aparatos marchaban a todo gas en la dirección neoliberal que imponía el mercado, sus maquinarias militantes, más cerca de la realidad, con más sentido común y bastante más sentido histórico, se iban gripando.

En algunos de estos casos la catástrofe ha sido inevitable porque el mal estaba ya muy avanzado. En otros, una reacción a última hora ha salvado los muebles de momento y los supervivientes aspiran a habitar de nuevo en el territorio de la izquierda, que pese a quien pese tiene más sentido y futuro que nunca, y esto por distintos motivos: humanitarios (que es lo mismo que decir de civilización), de defensa de la democracia como sistema irrenunciable, y de urgencia medioambiental.

Moscovici es un comisario de esa Europa que degenera a toda prisa y sin remedio a la vista.

Si hace apenas unas semanas, el susto y la congoja de los gerifaltes europeos ante posibles derivas electorales que confirmaran el malestar general, determinaba que el neoliberalismo rampante que hoy intoxica a Europa recogiera velas y se hablara incluso de una “refundación social” de Europa, hoy, apenas transcurridas esas pocas semanas, aquella lección de humildad que decían haber aprendido en medio de aquellas turbulencias (Brexit incluido), se les ha olvidado, y lo social acaba de nuevo postergado frente a los imperativos de la desregulación y las exigencias del mercado.

Se trata desde luego de una desmemoria veloz.

Es así que el comisario Moscovici, socialista a beneficio de inventario, ha podido llamar a capítulo al socialista Pedro Sánchez para conminarle a que obedezca y entre por el aro, aconsejándole que suscriba con entusiasmo positivo el pacto comercial entre Canadá y la UE, tratado comercial que llaman CETA por sus siglas en inglés. Tratado que según opinión bastante extendida pone más acento en la desregulación y la explotación humana, que en los derechos laborales y el medio ambiente. O dicho de otro modo, pone los intereses financieros muy por encima de casi todo lo demás, incluida la calidad democrática.

Afea Moscovici a Sánchez que sea renuente y dubitativo ante el CETA, quizás lastrado -el nuevo líder socialista- por escrúpulos sociales o socialdemócratas que hoy ya no forman parte -según Moscovici y compañía- del canon de la posmodernidad salvaje que se quiere para Europa.
Y le anima severamente a que no contradiga con sus peros el “patrimonio común europeísta”, patrimonio que a todas luces sigue siendo neoliberal, es decir, radical e insolidario, y en última instancia bastante ajeno a los controles propios de una democracia.

¡Hay que ver que giros retóricos y que frases rimbombantes y solemnes se utilizan hoy para condimentar y vestir de príncipes a los sapos que nos tenemos que tragar!

“Patrimonio común europeísta” dice el comisario para patrocinar una globalización que deja fuera mucho de aquello que precisamente define a Europa, que es -o era- su sensibilidad social y su defensa de los derechos humanos.

Luego los animadores ideológicos de esta cosa que está causando tanto “orden” mundial, se pondrán estupendos y archimodernos, y dirán que los que nos oponemos a este tipo de tratados, somos enemigos del comercio y cosas más horrendas. O que en la Edad Media habríamos perseguido judíos, como representantes que eran en aquel tiempo -o incluso en este- de la iniciativa comercial y el espíritu moderno.
Pues ni una cosa ni la otra: ni somos enemigos del comercio, ni mucho menos antisemitas, ni nos comemos crudos a los erasmistas de hoy.

Otros son los que llenos de incoherencia hacen compatible el comercio desregulado a favor de las finanzas -esa gran y escueta libertad- con la xenofobia que levanta muros por doquier.

La escena consiste por tanto en un socialista europeo conminando a otro socialista europeo a que dé el visto bueno a una globalización “ultra” y “radical” que podían haber suscrito con euforia y entusiasmo esos adalides del socialismo y de los derechos sociales que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Pero lo preocupante es que el nuevo PSOE sigue en el limbo de la indefinición, y a lo más que llega es a decir -ante la oportunidad de censurar un gobierno corrupto hasta el fondo del armario, o de rechazar un tratado antisocial y antiecológico- “me abstengo”.

Del no es no a una abstención doble, desdibujada y pusilánime, en muy poco tiempo: ¡preocupante!

Ya sabemos que Pedro Sánchez y el PSOE vienen de su infierno particular y de una falta de credibilidad ganada a pulso, pero el limbo no es el mejor sitio para recuperar el tiempo perdido y la credibilidad.

Y es que es mucho lo que hay que recuperar, porque es mucho lo que se perdió.

Y seguimos perdiendo a toda prisa. Así que abstenerse ante esa pérdida hace que las segundas oportunidades caduquen muy rápido.

Más claro lo tiene el PP, núcleo duro de la “gran coalición” propuesta por González, que una vez que ha cogido el carril de la corrupción, ni duda, ni se distrae, ni da bandazos. Es de una idea fija que impresiona; robar a tutiplén y negar la mayor.

Frente a este despliegue de autoayuda y confianza en sí mismos, cuyo apoyo teórico no es precisamente Montesquieu sino Celia Villalobos, sobre todo cuando dice inspirada que quien no arrambla con todo y se lo lleva a un paraíso fiscal es que es monja de clausura o pobre de espíritu, mostrando directamente a los ciudadanos -para que sutilezas- cuál es el camino a seguir y la filosofía que triunfa, este otro dudar del PSOE entre el “no” y la “abstención” quizás debido al miedo a irritar a los que mandan sin pasar por las urnas, nos indica que la unión de la izquierda sigue un poco cruda, de lo cual -qué duda cabe- se beneficiará Rajoy y la corrupción que ampara y patrocina.

No me iré de aquí sin tu cabeza

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“No me iré de aquí sin tu cabeza” dicen que dijo Susana la costurera a Pedro el Bautista, la noche de los cuchillos largos.

Y efectivamente, se fue de Ferraz con la cabeza del Bautista debajo del brazo, y sin la suya propia sobre los hombros.

Coser lo que se dice coser, no ha cosido mucho, pero vaya degollina.

Subamos de nivel, que a mí la violencia, aunque sea orgánica, me causa repelús. Lee el resto de esta entrada

Golpe de mano pensado con los pies

Es lógico que tengamos un cierto respeto a los políticos veteranos (como a los de cualquier otro oficio) porque los creemos sabios y astutos, sobre todo esto último. Han visto mucha historia y mucha sangre. Además han sobrevivido, mientras que otros (a los que quizás ellos han enterrado) no.

Esto de sobrevivir da mucho prestigio, porque nos remite a Darwin y a la ley de la selva, y en definitiva al Caín primate que llevamos dentro y aún sin reciclar.
Así que el sobreviviente tiene no sólo mucho mérito, sino también mucho peligro.

¡Cuídate de los idus de marzo!
Y de los sobrevivientes.

Esto es así por ley natural, pero toda fe ciega peca de ilusa, y no toda fama está plenamente justificada, además de que toda fama tiene su parte de artificial y retórica, se deteriora con el uso, y sobre todo con el mal uso.

Como casi todo en este mundo.

El saber retirarse a tiempo es arte que casi nadie domina, salvo los que desde el principio vivieron retirados, como predicaba Fray Luis de León en su huerto de La Flecha, del monte en la ladera, ni envidiado ni envidioso.

¡Pero qué distinto es el mundo!

El poder, sobre todo si es giratorio, de va y viene, a veces se pega entre los dedos como un chicle, y marea tanto como un tiovivo, cuando no nubla hasta las mentes más despiertas y privilegiadas, que acaban por no distinguir el yo del superyó, la realidad de la fama, la forma del fondo, los medios del fin, expresado esto en términos freudianos de autoengaño y en términos maquiavélicos de estrategia política.

Es entonces cuando el Ello, libre de todo tipo de prudencias y trabas, toma la voz cantante y empieza a desafinar.

Así como en otros oficios la veteranía incrementa, por lo general, los méritos y las habilidades, no siempre ocurre esto en la política, donde se dan casos (y no son pocos) en que el paso del tiempo y el continuo roce con el poder y sus cloacas, el halago fácil y el servilismo mendaz de los satélites, estropean mucho.

Cuando en el balance final, los destrozos actuales empiezan a pesar más que los logros pasados, hasta esos logros pasados empiezan a mirarse con lupa, y bajo una nueva luz: la del presente a la vista de todos.

Porque pudiera ser que aquellos logros, más que fruto del genio individual y el designio mesiánico, fueran el resultado del momento y del esfuerzo colectivo, que sin embargo no tiene nombre ni recibe recompensa. Ni siquiera en forma de puerta giratoria.

Quizás los héroes no sean tan héroes, ni los genios tan genios, ni los villanos tan villanos. Todo despotismo ilustrado peca, en cualquier caso, de excesiva prepotencia, madre de todas las desgracias y ruindades. Y todo culto a los héroes peca de infantilismo mamado en los comics.

Ahora bien, cuando nos da por pensar que nuestro criterio vale más (no sólo subjetivamente sino ejecutiva y políticamente) que el de la mayoría de nuestros prójimos expresado con libertad, hemos iniciado un camino de no retorno, en el que sin duda no debimos adentrarnos.

A partir de ahí, ya no nos importará recortar dignidades humanas, según la escala social y el vano dictamen de la fama.

En cuanto a los héroes de los idus de este marzo de otoño:
Si lo que querían era aumentar las opciones de gobierno de Rajoy, y fortalecer las opciones de la política austericida que ordena y ordeña Merkel, lo han conseguido.

Si lo que querían era acallar a los militantes y maniatar su voluntad, dar por bueno lo que en esencia es impresentable, lo han intentado, pero no lo han conseguido.

Aparte de eso ¿han conseguido algo bueno?

A este paso voy a acabar creyéndome que González es un agente de la TIA (Merkel), y no quería llegar a tanto. Más que nada por higiene mental.

Padres patrones

Inanes e imberbes, los ciudadanos adultos de nuestro país, hasta cuando peinan canas están sujetos al dictamen y permiso de los padres de la patria, tal que -por ejemplo- un incombustible e insaciable Felipe González.

Cualquiera comprende que con esta especie de eterna adolescencia, una democracia nunca pueda alcanzar la mayoría de edad, ni ingresar por mérito propio en la edad adulta.

Al menos a mí, siempre me sorprendió que tras prolongadas décadas de corrupción y cotarro, nuestra democracia siguiera recibiendo, impertérrita, el calificativo de “joven”, que es como si a un varón talludito al que se le ha pasado el arroz, y que ha conocido mil y una miserias, le siguieran llamando “Pepito”. Sobre todo las tías-abuelas.

Y lo más penoso de este caso es que a ese “Pepito” se le paseaba -cual monstruo de feria- por medio mundo, como botón y muestra de la más preclara y excelsa madurez.

Y el motivo debía ser este: debido a oscuras genealogías y viejas taras congénitas, nunca se considerará a nuestra democracia capaz de valerse por sí misma. Siempre necesitará de una libertad vigilada bajo el tutelaje de los dueños de la patria. O sea, de los padres patrones.

Sostiene ahora el Padre que el hijo le ha defraudado, porque no ha seguido el guion (o las órdenes).

¿Y cuál era el guion?
Pues prolongar y estirar la farsa para hacerla creíble.
Una forma como otra cualquiera de tomar el pelo al personal, y de paso hacerle perder el tiempo, que para eso le sobra, estando la mitad en paro.

Que los votantes, o incluso los militantes, se sientan engañados y estafados, no importa. Eso importaría en una democracia. Lo que importa aquí es que el patrón se siente defraudado en el cumplimiento de sus órdenes. Y lo hace saber con un ordeno y mando, y agitando la vara en la derecha mano.

Se queja el Padre también de que el hijo “dijo que iba a hacer una cosa y luego fue otra”, cosa que a él nunca le ha ocurrido (ya era perro viejo cuando joven), ni siquiera con el ambiguo asunto de la OTAN.

Experto en farsas de varios actos, con entremeses y postre, domina el escenario como ninguno, y sabe de lo que habla cuando dice ¡Ya!

Siervo de sus dueños y patrón de sus esclavos, su sentencia va a misa.
Donde hay patrón no mandan militantes, y donde hay padres de la patria no mandan ciudadanos.

¡Qué país!

Sobreentendidos en la era postverdad

Hay especies vegetales que por el vigor y la rapidez de su crecimiento son las más adecuadas para la función de ocultación: setos, pantallas, y todo tipo de barreras densas y opacas contra la luz y el aire.
Por ejemplo los leylandis. Aunque sobre los leylandis habría mucho que discutir, pues aunque rápidos y veloces, luego, en muchos casos, todo lo conseguido se viene abajo en un instante y nos quedamos a la intemperie y con el culo al aire (perdonen la bárbara expresión). Lee el resto de esta entrada

Ethos y Pathos

Al final hay que concluir que el problema de España no es político, ni territorial, ni de mística identidad incomprensible, ni de inefable destino en lo universal, ni de enigma histórico, sino ético.
A pesar de ser abanderados de la fe, y cruzados de la ortodoxia (cualquier ortodoxia nos viene bien, la que se tercie; ahora lo somos, porque así cuadra, de la ortodoxia neoliberal y austericida), eso no oculta el problema esencial: tenemos un problema moral como la copa de un pino.

¿Ustedes se imaginan este país sin corruptos?
¿Dónde podríamos estar ahora si no se hubiera robado tanto dinero público y durante tanto tiempo?
Hagan cuentas y echen a volar la imaginación. Crean, por un momento, en un destino mejor.
Quizás nuestros jóvenes no tendrían que emigrar. Quizás tendríamos dinero para nuestra sanidad, nuestra educación, y nuestras pensiones. Bastaría no robar tanto para poder dar una vida más digna a nuestros dependientes.

Porque además, a este nivel al que nos referimos, no se roba por necesidad, se roba para el lucro y el exceso. Y además se roba a lo grande, en cantidades industriales, mediante cifras que al ciudadano medio causan vértigo.

Rajoy, al que le interesa mucho mirar para otro lado y quitar hierro al asunto, echa balones fuera diciendo que la corrupción está en la condición humana (ayer mismo se lo volví a escuchar, intentando explicar, así, su impotencia ante Rita Barbera, última etapa de una serie dilatada y flácida de impotencias). Esto le hace irrecuperable como político, porque pareciera que la condición humana va por barrios, y aquí en España (y sobre todo en su partido) más que condición humana es afición gozosa y perversa.

¿Cuántos aforados hay en Alemania?
¿No hay países en nuestro entorno donde un político dimite por copiar una tesis doctoral?

Así que esta corrupción que nos hunde, no es una corrupción a salto de mata. Es una corrupción organizada, planificada, gregaria, corporativa, tejida de complicidades y silencios, donde la condición humana no ha sido víctima de un arranque pasional, sino que se ha tomado su tiempo en elaborar un plan, en diseñar un clima, en entronizar un régimen.

¿De dónde procede la impotencia de Rajoy ante tanto corrupto como le acompaña en su dudoso y sinuoso camino?
Háganse esta sencilla pregunta.
¿Por qué en esta materia tan triste vamos del PP al PSOE, y del PSOE al PP, y vuelta a empezar?
Sigan preguntándose mientras les quede un hilo de voz, un resto de aliento cívico.

Lo que de verdad nos devolvería y nos reconciliaría con la condición humana, sería pensar en los dependientes, en los enfermos, en los niños que se tienen que educar, en los ancianos que recorren su última etapa ya sin fuerzas, antes de meter la mano en la caja del dinero de todos. Esa caja que se llena con tanto esfuerzo y se vacía tan rápido cuando se roba a manos llenas.

No es este un tiempo en que debamos buscar pasar página a toda velocidad. Es este un tiempo en que debemos leer la lección con parsimonia y detenimiento: este régimen está acabado.

Este país necesita echar nuevas raíces, más sanas, y eso sólo puede hacerse desde las urnas, expulsando de las instituciones mediante el voto a los corruptos.

Lealtad

Dentro de la lealtad de los militantes de un partido, está decir a sus dirigentes lo que piensan; no contribuir al silencio servil que hace que los errores crezcan y se multipliquen.

En un partido democrático, sobre todo si se dice socialista, la libertad de expresión debe hacerse extensible a todo el conjunto de los militantes, y es la voluntad y el criterio de estos los que deben dictar las acciones del partido.

No es coherente con el carácter democrático y socialista de un partido, atemorizar a la militancia con favores y castigos, con enchufes y ostracismos, o con la antidemocrática admonición de que el que abre la boca no sale en la foto. Lee el resto de esta entrada

El candidato

Frankenstein

El candidato “viable” del PP, el candidato de consenso, de las derechas de derechas y de las izquierdas de derechas (al final todo queda en casa) sería sin duda Felipe González.

González sería el candidato ideal del dogma oficial, para salir de este marasmo inane que nos atenaza, rematando la faena de embalsamar, esta vez definitivamente, el socialismo residual y agónico (por socialismo entiéndase la tenue y desvirtuada sombra que suele llamarse socialdemocracia), y dar una nueva oportunidad de saqueo y triunfo a ese capitalismo radical y salvaje, desatado y sin control, para el que las pensiones son una golosina y la salud un negocio, y que el doctor Frankenstein (de los laboratorios Rubalcaba) quiere de nuevo resucitar y promover, para alegría de sus dueños. Lee el resto de esta entrada

Huida hacia adelante (publicado en prensa 5/08/16)

Decía Bernard Shaw que la conversión de un negro del Congo a la fe de Cristo es la conversión de la fe de Cristo en un negro del Congo.

De forma parecida, la conversión de la corrupción en un gobierno posible es la conversión de ese gobierno posible en un gobierno corrupto. Puro sincretismo.

Las huidas hacia adelante son más fáciles cuando toca irse de vacaciones y el calor aprieta. En ese sentido, puede que nos encontremos con retenciones, pero serán pasajeras. En los escrúpulos morales de antaño no hay pájaros hogaño. Lee el resto de esta entrada

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