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Todo va como la seda

Montoro

 

Como diría nuestro inefable y huidizo presidente del gobierno, al que desde aquí le recomendamos que sea fuerte y le aseguramos que hacemos todo lo que podemos: todo va como la seda.

Somos la vanguardia, el ejemplo a seguir, y como viene siendo tradicional, la reserva espiritual (y futbolera) de Occidente. Somos la repanocha.

En nuestros dominios no se pone el sol porque no sale. Como seremos que hemos estrenado el mecanismo europeo para liquidar bancos en dificultades, después de todo lo que nos ha llovido encima en este terreno anfibio y resbaladizo del rescate bancario.

Ya digo: la vanguardia de la posmodernidad.

Este “estreno” avant-garde de un mecanismo de liquidación debe ser algo muy parecido a ir por delante de todos los demás en I + D.

Que nadie dude que estamos abriendo caminos desconocidos, nuevas vetas de negocio, nuevos mecanismos de saqueo y liquidación, nuevas maneras de estafar a la gente, inusitadas maneras de llamar a las cosas por su falso nombre.

Nunca hemos sido rescatados y quien diga lo contrario miente.
Que a cambio de “esa cosa” que algunos insisten en llamar rescate hayamos comprometido el recorte de nuestros derechos y suspensión de todo lo que da fundamento y sentido a una sociedad: los instrumentos sociales de cohesión, la sanidad pública, la educación, las pensiones… no significa nada. Es como si no hubiera ocurrido.

Usted puede vaciar de contenido un Estado y aun así quedará una cáscara con un bonito nombre: España, Estado, Patria, Unidad nacional… lo que usted quiera.

Como animales primigenios de aquel paraíso terrenal de inocentes, tenemos el don libre y estupendo de poner nombre a las cosas.

Lo que pasa es que a veces las palabras y los nombres usados en vano se parecen mucho a las burbujas que explotan.

Leo en artículo de El País: “El 9 de junio de 2012 España pide el rescate. Rajoy y Guindos insistieron en que este préstamo sólo conllevaba condiciones para el sector financiero. Sin embargo, al poco se reconoció el contenido del memorando, que recogía un largo listado de reformas económicas. La Troika aterriza en España. Se congelan las pensiones, se recorta la prestación de paro, se ajusta la plantilla de sanidad y educación y se aprueban las mayores subidas de impuestos de la historia reciente”.

Que un montón de banqueros inútiles, y un montón de supervisores inútiles -inutilidad que en este ámbito va unida tantas veces a la delincuencia- haya hecho piña con una recua de políticos corruptos y aforados para llegar a este punto, no tiene mayor trascendencia.
Lo importante es que hemos llegado a tiempo de rescatarlos, a unos y a otros.

Aunque sea a costa de las pensiones, y de la sanidad, y de la educación, y del futuro de los más jóvenes.
Me atrevería a decir que a cuenta incluso de la unidad nacional. Pero en fin, en este terreno todo lo que se diga suena artificioso, cuestionable, metafísico.
Lo real, lo verdaderamente palpable, es que los corruptos de Cataluña se parecen como dos gotas de agua a los de Madrid, y que los recortes de allí se parecen mucho a los del resto de España.

Ahora eso sí, en lances de fútbol nos implicamos como nadie. Qué pasión ponemos, cómo lo vivimos, qué delirio colectivo y solidario, que manera de gritar todos a una -como Fuenteovejuna- ese Gooollll estentóreo que aterroriza como un trueno de tormenta a todos los perros del barrio.

Por cierto, ¡que grandes psicólogos son estos inteligentes animales!
¡Como detectan! ¡Cómo huelen el peligro!

A ellos, el desmadre futbolero y el discurso sincopado y reducido a un sólo término evacuado con doloroso espasmo de abdominales: ese Gooollll que dice tanto con decir tan poco, les produce terror.
A mi horror vacui.

El Tribunal Constitucional dicta ahora sentencia en la que establece que la amnistía fiscal del alegre  Montoro no es de recibo ni envuelta en papel de regalo. Y es que Montoro, un auténtico anti-Robin Hood que -como todo neoliberal que se precie- roba a los pobres para dárselo a los ricos, se sacó de la manga un procedimiento que a cualquiera con espíritu democrático y dos dedos de frente, ya desde el primer momento parecía cosa rara, sin pies ni cabeza. Algo así como un fraude (anticonstitucional) bendecido por altas instancias cuya finalidad era bendecir y dar por buenos otros muchos fraudes más.

¡Pero a quien se le ocurre perdonar a los defraudadores fiscales para hacer pagar el fraude y sus consecuencias a los que no defraudan!
Es decir, a los pensionistas, a los asalariados, a los trabajadores públicos, a los dependientes, a los parados, a los que menos tienen.
¿Es esta la igualdad ante la ley que pregona la Constitución?

¡Mira que tenían razón los indignados del 15M!

La crisis la están pagando sus víctimas. Los autores y fautores se van de rositas.

El invento del alegre Montoro afecta, según se lee: “a la esencia del deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos, alterando sustancialmente el reparto de la carga tributaria a la que deben contribuir la generalidad de los contribuyentes, según los criterios de capacidad económica, igualdad y progresividad”.

Por otro lado, el gobierno portugués, lleno de “extremistas de izquierdas” y de “radicales”, según la terminología al uso de los lavadores de cerebros, es al día de hoy la envidia y el ejemplo de toda Europa, y motivo de satisfacción y orgullo para sus ciudadanos.
Y todo gracias a una fórmula de coalición de izquierdas que se podría haber aplicado en España sí Felipe González y su gestora golpista no se hubieran empeñado en lo contrario.

Protección de los salarios, de los servicios públicos, de las pensiones, de una política socialdemócrata que sin complejos le ha plantado cara, en su defensa de los derechos sociales, a la barbarie neoliberal en Europa.

A ver si aprendemos.

Según dicen, ellos han aprendido mucho de nuestros errores.

 

 

POSDATA: El secreto detrás de la increíble recuperación económica de Portugal: ¿cómo hizo para reducir el déficit y al mismo tiempo aumentar los salarios http://www.bbc.com/mundo/noticias-39494514?#_=_

El milagro de la izquierda en Portugal frente al auge de la ultraderecha http://www.elespanol.com/mundo/europa/20161125/173483510_0.html

9 de junio de 2012: el día que España tuvo que pedir el rescate | Economía | EL PAÍS http://economia.elpais.com/economia/2017/06/08/actualidad/1496944711_618627.html

El Constitucional anula la amnistía fiscal y deja en evidencia a Montoro http://politica.elpais.com/politica/2017/06/08/actualidad/1496933024_470959.html?id_externo_rsoc=FB_CC

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Politburó

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Va de congresos.

Unos democráticos, otros en diferido.
Unos analógicos y bajo el dedo del amo. Otros digitales y por internet.
Unos de paja y congelados. Otros de carne y hueso, y movidos.

He ahí el horno de los partidos, que es el pan de nuestra democracia, donde se decide para un país entre la democracia y su libertad o la partidocracia y su corrupción.

El Politburó del PP, en un nuevo ejercicio de estalinismo a prueba de transiciones, ha decretado una vez más como axioma fundacional del orden que “quien se mueve no sale en la foto”, frase que nos suena de algo y no sabemos de qué. Lee el resto de esta entrada

Borrón y cuenta nueva

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“El éxito y la buena fortuna de la gente deshonesta reducen al absurdo toda la potencia y la fuerza de los dioses” (Diógenes de Sinope).

Con la llegada del invierno y las heladas, se ha desencadenado una tromba de optimismo. Nada más natural que barruntar en lo más crudo del invierno la incipiente primavera.

Existe sin embargo un pero para este renacer, y es que nadie reivindica las hojas verdes de antaño ni los acostumbrados frutos. ¿Puede uno, con las hojas caídas, disfrazarse de verano? Lee el resto de esta entrada

Salvar al soldado Rajoy

El soldado Rajoy se había quedado atrapado entre horizontes penales y colegas que sabían demasiado, es decir, en las líneas enemigas de los amiguitos del alma.

Presa del pasmo, se le veía un pelín dubitativo y parado, recalcitrante a la acción positiva y eficaz, incapaz de coordinar la verdad metafísica de su conciencia con la función mecánica de sus piernas, que ya no sentía, como aquel otro héroe del Vietnam, de escasas luces que llamaban Rambo.

Como un centauro cuyas medias verdades y mentiras enteras, no se hubieran resuelto del todo en pezuña firme y sólida para empezar a correr lejos de la justicia, boqueaba pidiendo ayuda y unos fórceps compasivos para completar su extraña y compleja metamorfosis: transitar de la pena como destino seguro al indulto garantizado como premio al delito.

Y aunque en esta guerra el sólo era un peón, para la victoria final -cuya recompensa es poder trincar a gusto y sin medida- el soldado Rajoy era una pieza clave.
Así que se organizó un comando experto en golpes de mano para salvar al soldado Rajoy, al mando de un sargento chusquero que en otros tiempos fue altivo general (en el argot de la milicia se entiende por “sargento chusquero” aquel que por un chusco de pan es capaz de cualquier cosa).

Dentro de la estrategia psicológica que acompaña a toda guerra total, era imprescindible convertir al soldado Rajoy en un símbolo, no de la impunidad triunfante, que esto no está bien visto aún del todo en nuestro país, sino de la España sufriente y doliente, de la nación en peligro, último argumento de los que no tienen ninguno.

Salvar al soldado Rajoy era salvar a España -porque lo digo yo-, aunque se hundan los españoles todos. Que el concepto “España” no necesita de españoles vivos. Y viva la muerte, como diría el otro.

¡Iros a Génova! gritaban los últimos de Filipinas.
¡Ya vendrán otros para repoblar el cuarto de esclavos! respondían los amos.

Y cuando aquel comando intrépido llego hasta su objetivo -no sin pasar antes mucha vergüenza y fatiga- el soldado Rajoy, puestos los pies a remojo en una ría gallega y ciego hasta las cejas de marisco del bueno, les saludó muy cortésmente:

¡Hola camaradas!
¡Si gustáis, el banquete está servido!

De archivo y telaraña

El breve intercambio dialéctico que mantuvieron recientemente en el congreso de los diputados Pablo Iglesias y Celia Villalobos ante la mirada expectante de los periodistas y el gesto sorprendido de los tertulianos de costumbre (todo bajo control), pasará sin duda a la historia socio política de nuestro país como una pieza de museo que entierra toda una época.

Así como hay piezas de museo que desentierran toda una visión sobre el mundo o la sociedad, y a partir de las cuales los arqueólogos como expertos forenses arrojan luz sobre una civilización perdida y la animan como si estuviera viva, la pieza Celia-Pablo, que quizás quede así consignada en las bases de datos de los archivos audiovisuales del futuro, nos brinda una defunción en directo, de manera que a partir de la escena viva podemos ya enseguida imaginar y extrapolar el cadáver.

El argumento-excusa que doña Celia Villalobos enarboló como arma de guerra en aquel breve pero intenso combate dialéctico para justificar que las instituciones españolas sean mayormente corruptas, y que esta sea la marca que exportamos a modo de fama y sello de calidad, fue el que se acostumbra: que el pueblo español es tan corrupto, y flojo consentidor de esa corrupción, que en definitiva tiene lo que se merece.

No sé si doña Celia ganó muchos votos para el PP con esas declaraciones tan publicadas, pero sin duda se ganó un lugar en la historia y los archivos, porque cuando en el futuro los estudiosos del pasado, o en el presente los aspirantes a ciudadanos (siempre que la tele basura y el fútbol permitan este tipo de metamorfosis en nuestro país) quieran entender algo sobre el momento que ahora vivimos, encontrarán sin duda en el argumento de la castiza política una pista inmarcesible e imperecedera que conduce directamente a la cámara funeraria del cotarro, donde en un porvenir más lúcido y libre, hispanistas con salacot y lupa encontrarán junto a los restos del botín los discos duros del PP. Aconsejo desde ya que entren con mascarilla.

Fue llamativa y reveladora también la alusión intempestiva (como para desviar la atención) de doña Celia a la corrupción en el fútbol, que me recordó a la tinta que expulsa con espasmo nervioso el calamar inquieto, o a aquel otro momento (un hito también del archivo audiovisual) en que un equipo de periodistas norteamericanos dirigido por Sam Donaldson de la ABC, que seguía la pista a un criminal nazi, Reinhard Kopps (alias Juan Maler), le abordó en plena calle, en la Patagonia argentina refugio generoso -como España- de criminales nazis, el cual al sentirse atrapado, llamó a un aparte confidencial a Donaldson (minuto 37) para soplarle al oído (soplo que recogen los micrófonos) el nombre de otro criminal más gordo, Erich Priebke, el verdugo de las Fosas Ardeatinas. Lo cual, dicho sea de paso, sirvió para que Kopps se zafara de la atención mediática y Priebke quedara atrapado irremisiblemente.

Susana Díaz, nacida al estrellato político de un dedazo, por cuya boca habla González, y que estuvo presente y mayor de edad -y allí permanece- en la Andalucía de los ERE, ahora refrendada (todo hay que decirlo) por los votos, invocaba el otro día la necesidad de analizar los resultados electorales del 20-D para “entender” lo que ha pasado. García-Page habla también de la necesidad de “descifrar el mensaje” de las últimas elecciones. Sin comentarios.

Y digo sin comentarios, porque esta es la frase hecha (una muletilla para entrar al engaño) que en estas fechas de “sensibilidad postelectoral” se dice siempre, por rutina. Uno en su insolencia se atrevería a decir que el PSOE no ha entendido un mensaje postelectoral en lo que llevamos de transición inconclusa, es decir en los últimos decenios, y no se espera ahora mayor sensibilidad de antenas. Y es que la vida interna de los partidos ofusca mucho. “El confort aísla”, que decía no sé si Valery o algún otro pensador ensimismado, y el tal confort, levantado sobre privilegios de clase, convierte a los partidos en un estado dentro del estado, en un quiste dentro del músculo civil, lleno de barones y Papas eméritos, viejas glorias retiradas en pesebres, y pensionistas black subidos al tren de la doble velocidad.

No es de extrañar por tanto que los políticos y sus partidos sean uno de los principales problemas a ojos de los españoles. Y es que uno duda que nuestros representantes sean conscientes de las incoherencias vergonzantes que exhiben con descarado impudor, para escándalo de los que permanecen despiertos. Claman por la unidad de la patria, y la van troceando por incontables paraísos fiscales. Vociferan que la soberanía reside en el pueblo y entregan las llaves de nuestra Constitución a los bancos para que hagan y deshagan a su antojo (sin consultar al pueblo soberano). Se declaran demócratas de cabo a rabo, pero huyen de referéndum, consultas y primarias, o diseñan leyes electorales a su medida. Se llenan la boca con la palabra libertad, y se sacan de la manga una ley mordaza. Presumen de Estado de derecho, pero manipulan y corrompen la justicia. Se declaran socialdemócratas y defensores del Estado social, pero el negocio de sus mordidas y el fracaso empresarial de sus amigos, se financia con el dinero del pueblo.

Así que al final tenemos que reconocer que los argumentos de la clásica y crónica política del PP, que debe cobrar ya un porrón de trienios partitocráticos de la estabilidad corrupta, contienen una parte de verdad incrustada en su trampa logística, aunque como excusa es de la peor calidad. Pero a algo hay que agarrarse para intentar justificar la incomprensible y descontrolada deriva de nuestro país, donde no sorprendería en absoluto que Granados, gerifalte del PP y de la Púnica, presentado (si fuera posible desde la cárcel) a las elecciones del 20-D, fuera elegido representante de los españoles por innumerables e inefables votos, y de propina sus suegros, los del millón de euros en el altillo del dormitorio, tal como ha ocurrido con su colega de Segovia.

Hace pocos días me comentaba un compañero, compungido, sus cuitas laborales, que tanto le recordaban a los usos y costumbres del antiguo régimen (que él llegó a conocer con pleno uso de razón), y que él veía como síntoma y demostración de que cuarenta años de régimen son muchos años de régimen. Como ya demostró Pavlov empíricamente, la repetición engendra reflejos condicionados que anonadan la libertad y entronizan el automatismo. Merced a este entrenamiento fruto de la costumbre impuesta, también los seres humanos originalmente libres devienen en autómatas.

A mi colega, ciertamente le parecía raro que a estas alturas del siglo en su centro de trabajo una especie de “capos” sin ningún cargo electo ni administrativo conocido (una especie de hombres fuertes del régimen), tuvieran la capacidad (por delegación de instancias superiores) de imponer a los demás trabajadores sus turnos de trabajo y sus turnos de licencias o vacaciones, sin mediar consulta o intento de acuerdo, y no le parecía tampoco demasiado normal que al final todo ello estuviera supeditado a los intereses privados de los capos en cuestión, que obviamente eran juez y parte al mismo tiempo, con el añadido pintoresco de que lo que más pesaba en el calendario laboral que así se decidía en su centro sanitario era la agenda de caza de uno de ellos, que además no soltaba prenda de cuál era el calendario decidido sino a cuentagotas (mes a mes) y en las mismas vísperas, cuando ya no había remedio ni posibilidad de avisar a la familia o amigos de que no nos esperarán para ningún proyecto en común, salvo que la carambola de la suerte nos otorgara un poco de dignidad humana y laboral.

Como digo, a mi colega, todo esto con ser raro de cojones no era lo que más le sorprendía. Lo que más le sorprendía es que NADIE PROTESTABA. Todos permanecían CALLADOS con silencio sepulcral. Como perros de Pavlov, salivaban miedo y silencio. Salvo unos pocos rebeldes en cada centro, que ya estaban hartos de pedir explicaciones en vano, y que al intentar iniciativas más contundentes vía administrativa o legal se topaban con una densa tela de araña más siniestra y pegajosa que la que atrapó al héroe de Kafka. Aquella tela de araña llena de telarañas tenía ya muchos años a sus espaldas.

Y es quizás aquí, en estos pequeños y ocultos mundos civiles (o inciviles) donde el microcosmos conecta con el macrocosmos, el presente con el pasado, y el ciudadano (o súbdito) es reflejo de su régimen, porque al contrario de lo que argumentaba con trampa doña Celia, es el régimen el que siembra el miedo y cultiva la ignorancia, que luego hace fácil la corrupción. El que hace la ley hace la trampa.

Tirando del hilo y de la manta

Tirar del hilohilo+de+ariadna

En el vídeo blog de Iñaqui Gabilondo de hoy (El País, 4 de noviembre de 2015), titulado “El escamoteo”, el veterano periodista viene a denunciar  una circunstancia que ha sido repetidamente señalada, cual es la utilidad de la “crisis catalana” para alejar el foco de la atención mediática de la “crisis española”, que incluye y es congénere de la catalana, y que a estas alturas ya nadie ignora que no es solo económica, sino política, ética, y social.

Algo de esto dije yo también en un artículo de 24 de julio de 2015 (“Centrípetos y Centrífugos”).

El ínfimo nivel democrático de nuestras clases dirigentes (políticas y económicas) se puso de manifiesto cuando muchos de ellos quisieron escamotear la naturaleza múltiple de la crisis, llegando incluso a reflexionar en voz alta que de no ser por el batacazo económico que nos pilló de lleno (y que no era otra cosa que la implosión de una mentira favorecida por la falta de controles y la desregulación) la corrupción en España (y en Cataluña) que hoy sabemos sistémica y “organizada”, cual si se tratara de bandas de criminales, habría pasado desapercibida y desconocida para la mayoría de los ciudadanos, de forma que ellos podrían haber seguido en sus rutinas de medro, corrupción y crimen sin ningún obstáculo (lo cual da una idea también del concepto en que tienen a la justicia española y sus severos controles), o en el peor de los casos habría sido disculpada y olvidada rápidamente ante el primer anuncio de superación del mal  momento económico. Y como digo, todo ello reflexionando en voz alta ante una ciudadanía cuya inteligencia y cuya ética no deben tener en gran consideración.

Por eso hemos visto todos estos años al presidente de gobierno, ensimismado en una actitud autista y misántropa (una vez descubierto que Bárcenas era su amiguito del alma), coherente con el carácter de apisonadora de su acción de gobierno, sin más objetivo al frente de sus anteojeras que lograr a costa de los más débiles y siempre sin molestar a los más fuertes, aunque solo fuera una apariencia de recuperación económica, intentando echar tierra con ese logro macroeconómico sobre las auténticas raíces del problema en vez de arrancarlas de cuajo.

No han puesto ningún empeño serio ni tienen interés en desmochar la planta frondosa de la corrupción que como mala hierba ha arraigado en nuestro país. Incluso reformar la Constitución que ha producido frutos tan amargos (ha bastado una sequía seria para descubrir sus raíces pochas), les parece pecado casi teológico. Al contrario, los que han señalado ese objetivo de regeneración como fundamental y previo a todos los demás (porque si no será pan –y escaso- para hoy y hambre para mañana) han sido calificados enseguida, con la ayuda de los medios públicos de intoxicación, en el mejor estilo goebbeliano, como “radicales” y “antisistema”. La utilización bananera o claramente antidemocrática de los medios públicos de información daría para otro capítulo entero, pero en definitiva está en consonancia con el estado de la nación. Si hoy no hay motivo para reformar la constitución ¿cuando lo habrá?

Desde hace tiempo, que ya podemos computar en años (los que van de crisis), España y Cataluña viven o malviven a la sombra del mismo monotema, y desde uno y otro lado del conflicto secesionista muchos corruptos han logrado sobrevivir -políticamente hablando- amparados bajo ese paraguas. El carácter instrumental de esa fiebre independentista tan repentina, se descubre con toda su desnudez en la actual situación política de Artur Mas, nadando entre dos aguas, a punto de hundirse como una piedra lastrada por la corrupción, pero consiguiendo flotar dejándose llevar como un corcho por la corriente, o recibiendo energía de los ataques de la parte contraria. El desencuentro que cada día abre y encabeza los medios de comunicación de masas, ha resultado extremadamente útil para que efectivamente la luz del foco no incidiera sobre las verdaderas causas y causantes del problema español y catalán.

Problema que ha sido tratado hasta la saciedad y abordado de múltiples formas, aunque se ha escamoteado, se ha esquivado sistemáticamente (en medio del vocerío patriótico) el “hilo” que lleva al origen del asunto: la corrupción y la desigualdad económica que, favorecida por el régimen, se ha enseñoreado de la nación en su conjunto. Cuando interesó, se hizo la vista gorda (incluso desde gobiernos sedicentes socialistas) con la corrupción de las clases dirigentes catalanas, en contraprestación del mutuo beneficio de la ley de la omertá. Y quizás esa complicidad (a dos bandas) en el delito es la que hoy complica la solución del tema, pues quienes tienen la responsabilidad de solucionarlo son los que antes fueron cómplices. Los que nos han degenerado son los que nos tienen que regenerar. Permítanme que no me lo crea.

De un lado y de otro, los ciudadanos estafados, inmersos en una amnesia colectiva, hacen el papel de convidados de piedra, no aciertan con las causas de sus males (para los catalanes son los españoles, para los españoles son los catalanes -como en otro tiempo fueron los judíos-) y se aprestan unos y otros a engrosar las filas de la barata “carne de cañón” patriótica.

En Cataluña, Artur Mas es un fiel representante de su partido y de la clase dirigente corrupta que se agarra al clavo de la independencia en busca, quizás, de una inmunidad autónoma y soberana para sus delitos del 3% al 7%.

En España, Mariano Rajoy es un digno representante de su partido trufado de corrupción hasta extremos difícilmente igualables (aunque el otro partido del régimen le va a la zaga), y al que la bandera patriótica le viene muy bien para cubrir sus vergüenzas gestoras o sus excursiones suizas (las de muy importantes miembros de su formación política).

Pudiendo muy bien ocurrir por la dinámica de los hechos que los corruptos de un bando se conviertan (incluso no logrando sus objetivos) en héroes de la independencia, y los corruptos del otro bando en héroes de la unidad y grandeza de la patria, incluso no anexionándose Suiza, Andorra, o Singapur, que tanto aman como destino de sus afanes y trabajos.

Un lavado de cara magistral.

UNA CATA EN EL MELÓN INSTITUCIONAL

La corrupción puede ser programada, a salto de mata, un accidente, un acto de voluntad, una invitación, una mancha, una medalla, un pecado, un delito, un signo de distinción, una lacra, un lubricante, una rémora, un rito de iniciación, una droga, un estigma, un baldón, una tarjeta de visita, un vicio, un oficio, una atmósfera, una costumbre…
Todo depende de quien opine.
Pero los interlocutores “grabados” (en su quehacer diario) de la operación Púnica lo tenían claro: el que no es corrupto es gilipollas.

En todo caso es siempre (y resumiendo) una catástrofe y un cáncer. Quizás el peor que puede asolar a un país o a una época, y del que es difícil salir entero y sin grandes cicatrices, si es que el país en cuestión logra salir vivo. Lee el resto de esta entrada

REPUTACIÓN ONLINE Y DEMOCRACIA VIRTUAL

Reputación reputación… lo que se dice reputación… ¡se compra y se vende!
¡Que como ya todo es mercado…!

En el entorno de la “Púnica” y del PP de Madrid, las reputaciones (online) se compraban y vendían, o incluso se remendaban al peso y contraprestación de los cuartos contantes y sonantes.
Cuando hablamos de “cuartos” siempre hay que pensar, directa o indirectamente, en dinero “público”, y ya de paso deduzcan el motivo de tanto recorte (de derechos) y tanta austeridad “ajena” y delegada.
Los chanchullos eran con cargo al erario público, que acababa en Suiza o Singapur.

Tu primero te apañabas un soborno, por ejemplo, o te hacías una comisión, y luego, caso de que hubiera rumores, te restauraban el prestigio (incluso presidencial) vía ofimática y campaña de intoxicación. Algo así como la restauración de los virgos.

Esto no era “versión original”, esto era “versión Premium”.

Titular de prensa: “El cabecilla de la Púnica admite que el y Granados cobraron sobornos” (El País).
De lo investigado se deriva que están implicados, supuestamente, regidores del PP y del PSOE, casi igualados en el cobro de comisiones (como en tantas cosas), una especie de consenso para la “centralidad” del chanchullo.

No hay nada como el centro para que cuadren las cuentas. Más información después del verano.

El juez Velasco prohíbe a Victoria salir de España, no sea que alguna reputación se resienta. Salvador Victoria es ex consejero de Presidencia y Justicia de la Comunidad de Madrid (ex número dos del Gobierno de Madrid).

La reputación, la democracia, el voto de cada cual, los gobiernos, los programas de gobierno, los presidentes de gobierno y los líderes de la oposición, las reformas de la Constitución, la soberanía, el curriculum vitae, los títulos académicos, la independencia, el patrimonio público, las jubilaciones y las puertas giratorias, los consejos consultivos de Leguina y Gallardón, las naciones y los nacionalismos, ¿los fiscales?, los sillones, el silencio, la imparcialidad y la justicia, las campañas de intoxicación, los lavados de cara, los medios de comunicación… todo tiene un precio.

Todo eso y mucho más ¡se compra y se vende!

Y de toda esa compra-venta en el género cambalache, quizás lo más gordo fue lo de la Constitución soberana, que el PSOE de Zapatero malvendió sin ningún cauce de participación para quien en estas cosas principales tiene la última palabra: el ciudadano. No somos nadie.

También la historia, o incluso el Partenón, se compran y se venden, o directamente se confiscan como botín de guerra o de estafa.
La deuda privada se vende como pública aunque el público no la quiera comprar.
El olvido se impone aunque no se quiera olvidar.

Lo que no te perdonan es la deuda que no es tuya.

ALIADOS

Austericidio

Mas allá de cuentos pueriles, nuestros aliados preferentes son también nuestros espías preferentes, lo cual implica que “aliado” no significa lo mismo que “amigo”, ni “competir” significa lo mismo que “cooperar”, y que con amigos como estos para que quieres enemigos.

Implica también que Maquiavelo sigue siendo un ideólogo no sólo reconocido sino reconocible, al cual muchos de nuestros gobernantes más civilizados y funcionales, realizan cada día un pragmático y sincero homenaje.

Y puesto que de sinceridad hablamos, digamos de una vez por todas que no es buena para el negocio, que la verdad sería indigerible para el ciudadano común, y sin embargo la intoxicación y la mentira le cae bien, en el sentido de que puede dormir por la noche de un tirón, con la conciencia tranquila, tras despacharse a gusto contra los ciudadanos griegos (incluidos abuelos pensionistas) porque “ellos se lo han buscado”.
Gracias a Dios, nosotros, los españoles, estamos del lado de los aliados.

Y puesto que nos administran, desde los llamados medios oficiales del sistema aliado, valeriana y otros opios en cantidades industriales para que no nos de por despertar o (lo que sería aún peor) por pensar, lo de wikileaks tiene el efecto rotundo de un tortazo deshipnotizador, que te deja como alelado pero consciente.

Aunque medicina tan fuerte precisa de dosis moderadas y prudentes (pequeñas catas en el corazón de la verdad) que no maten de un soponcio al que tiene el cerebro envenenado y hecho a las mentiras, no sea que el síndrome de abstinencia sea peor que la droga.
Que del muermo telepredicador no se sale así como así.

En el último capítulo de esta medicina amarga pero saludable, los americanos espiaban a la dueña de Europa, Doña Merkel, y la sorprendían ya en el 2011 sabiendo que los ciudadanos griegos no podían pagar la deuda, que viene a ser la misma verdad que desde hace tiempo subrayan y denuncian los “antisistema” de PODEMOS: los muertos no pagan y el austericidio es cosa de locos. Locos “normales” tipo Rajoy, pero locos de atar.

A pesar de ese convencimiento “secreto” de Doña Merkel (la imposibilidad –al menos en este mundo- de lo exigido a los griegos y otros pobres del sur), no por eso han dejado de apretar, casi hasta ayer mismo, aún más las tuercas de las condiciones draconianas impuestas al pueblo griego (y demás pueblos extraviados).

Como lo de “tecnócrata”, aunque frío, suena a “racional”, y nos imaginamos a unos tipos que se duchan y asean todos los días (al menos por fuera), buscarle una explicación “racional” a esta embestida “irracional” y salvaje de LAS INSTITUCIONES contra ciudadanos desarmados, empobrecidos, hambrientos, y muchos de avanzada edad, es difícil pero no imposible.

Ahí va una:
Esos ciudadanos, desarmados, estafados y hambrientos, han votado a un partido que, sin responsabilidad directa en esa estafa, aspira a corregir esa estafa, y a proteger los intereses y derechos de los estafados, actitud que antes de que reinara el centro urbi et orbi, podíamos llamar “de izquierdas”.

En este contexto, exigir un imposible, una cuadratura del círculo inalcanzable, una transmutación de la carne humana en dígitos contables pero incobrables, equivale a enseñar a la gente por la vía rápida y expeditiva (incluidos muertos) a quien tienen que votar.
Y sobre todo evitar que el mal ejemplo de votar libremente cunda.

Observen que la operación tiene un toque de locura que psicológicamente acojona.

¿Por quien estamos gobernados?

RADICALES

Son datos contrastados:

Los ricos son cada vez más ricos (de hecho “súper ricos”, acaparan un planeta que no es suyo), los paraísos fiscales son cada vez más golfos, y las pensiones son cada vez más pobres y miserables, tanto que según dicen han de desaparecer, de la clase media hacia abajo, en un futuro inminente y amenazante. Abuelos que deberán acomodarse a pastar hierba.

¿Se ha producido alguna revolución “radical” en el mundo mientras dormíamos la siesta?
¿Los sindicatos estaban de picnic?
¿Los socialdemócratas de centro estaban de fiesta?

Lo de la “siesta” es un decir, porque el ataque letal contra la ciudadanía ha levantado olas y mareas ciudadanas (al margen de los partidos tradicionales), como réplicas de una explosión en carne humana, cuya ola mayor aún no sabemos si ha de tragarnos a todos haciendo tabula rasa de la civilización conocida.

Que hay aprendices de brujo, radicales de laboratorio, que no saben controlar la dosis.

¿Hemos olvidado ya que algunos ciudadanos españoles se quemaron a lo bonzo, presos de la desesperación y la vergüenza, delante de los bancos que les habían estafado y robado?
¿Revisamos con asiduidad los datos estadísticos y fehacientes que describen nuestra situación social y humana, que es la única realidad viva y palpitante, la única realidad real?

Pero las cosas han ocurrido tan rápido, que parece que hubiéramos asistido a esta catástrofe desde la más absoluta inopia. Desarmados e inermes por décadas de corrupción política y moral. Pasteurizados y congelados frente a la pantalla de la tele basura.

La ideología “única”, que por definición no es “ideología” sino creencia radical y excluyente, fanática y artificial, determina de que lado han de caer siempre los palos de la injusticia y los recortes de la austeridad, es decir, las consecuencias de la estafa sucesiva que constituye la postmodernidad macroeconómica.

Los que dudan (con bastante fundamento) de la independencia de algunos fiscales de este país, se preguntan por que alguno no interpreta, con mayor o menor diligencia, con mayor o menor furor, los mensajes de aliento del presidente del gobierno a algunos colegas corruptos (tras conocerse sus fechorías), como una ofensa y humillación de las víctimas de esa corrupción.

Por ejemplo, los que se quemaron a lo bonzo delante de los bancos.
Los dependientes, los desahuciados, los que no pudieron pagar sus medicinas. Los niños que pasan hambre.

Las víctimas siempre merecen un respeto igual.

Veremos como actúa la Europa feroz de los lobbys, frente a la petición del Reino Unido para que no se vigile ni se controle a los golfos de su City. Para qué sus manos no se sientan sucias ni en peligro manipulando y administrando el delito.

Veremos si actúa, esa Europa irreconocible y secuestrada, con la misma fiereza que con los pensionistas griegos.

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