Archivos Mensuales: mayo 2018

El golpe metafísico

Europa de las personas

El mercado no tiene quien le escriba, claro que tampoco le importa. Pasa de los ciudadanos escribientes y en general de todos los ciudadanos. Pero sobre todo pasa de los ciudadanos votantes, que son los peores.
El mercado vive su vida autónoma, volátil y virtual, muy alejada del rumor de la calle, donde se vierte, como la sangre en las arterias, el auténtico latido de los hogares, un concepto que el mercado desconoce.

Puede que esos hogares vivan en un ritmo perpetuo de taquicardia, de desesperanza, de angustia. Qué más da. Esos latidos no llegan a su palacio de invierno, que flota inane en una balsa de bilis negra y helada, una fábrica de melancolía exacta, a salvo de cualquier emoción remotamente humana.

En el centro de su gran telaraña solo emite órdenes certeras y criminales, pero no recibe las vibraciones de sus víctimas. La matanza ocurre en otro barrio.

Así visto podríamos pensar –para aflojar el desconcierto que nos atenaza- que el mercado es un ente metafísico, cristalino e infalible, que no sufre ni padece, sin ninguna responsabilidad moral ni plena consciencia de sus actos. Sin embargo, si aplicamos una lente más potente a los entresijos de este engranaje, aparentemente perfecto y automático, distante y frío, veremos unos hombrecillos de carne y hueso, que se mueven por allí debajo, o por allí arriba, que se tiran pedos y eructan después de cada mariscada: son los tecnócratas, los hombres perfectos, los hombres “neutrales”, los humildes operarios de los políticos corruptos.

¿Por qué los políticos corruptos y grandes delincuentes son los principales patrocinadores del neoliberalismo? es una incógnita a despejar.
¿Por qué el neoliberalismo es la “política” “económica” única y sectaria, extremista y radical, que ha escogido Europa para su suicidio en diferido? es otra incógnita a despejar.

Una hipótesis plausible como respuesta combinada y concurrente a ambas incógnitas es que en realidad son los políticos corruptos y grandes delincuentes los que más peso han tenido en la fundación de “esta” Europa última y póstuma, giro radical y extremista respecto a la que conocíamos previamente, brillante y plena de historia, hasta que la Historia se acabó. Y que a esos políticos, ni Europa ni la democracia les importan seriamente, porque su reino no es de este mundo. Ellos habitan en el plano metafísico del mercado, bien como grandes y exclusivos beneficiarios, bien como humildes operarios tecnócratas bien pagados.

Siendo todo ello grave, lo más preocupante es la rapidez y facilidad con que la democracia ha sido secuestrada y conculcada en esta Europa nuestra -madre de la criatura- por ese mercado de los delincuentes de nuevo cuño.
Si el voto democrático es del gusto del mercado (delincuente), es un voto responsable y se da por bueno. Si el voto democrático contradice la política única del mercado delincuente, es un voto populista y se anula la votación.
Se nombra un tecnócrata neutral y se continúa con la política “neutral” y delincuente que impone el mercado.
Esto es lo que ha vuelto a ocurrir -una vez más- en Italia, como ya ocurrió en Grecia.

Se habla estos días de golpe de Estado de Europa en Italia, de golpe de Estado financiero, de golpe de Estado del mercado.
Se dice que el mercado ha impuesto un tecnócrata (del FMI) contra el resultado del voto popular. Se dice que este tecnócrata solo es apoyado por el partido que ha perdido las elecciones. El mismo se describe como tecnócrata, neutral, y perfecto, una solución extraña a nuestros hábitos democráticos, sí, pero una solución obligada y de urgencia hasta que los votantes italianos aprendan a votar según dicta la santa madre iglesia del mercado.

Otrosí se dice:
“Italia no es una democracia, no se respeta el voto popular. Los poderes fuertes quieren una Italia esclava, pobre y precaria”.
“Inútil que se vote en Italia. Los gobiernos los deciden los lobbies financieros”.
“Es un golpe de Estado financiero”, titula un diario, que añade: “se ha arrojado a la basura el voto de 17 millones de italianos”.

Cuando la estafa financiera global se camufló de crisis se dijo que había que refundar el capitalismo. Un cuento para infantes propalado por los políticos corruptos de la cosa.
Cuando el Brexit dio el primer portazo al invento se dijo que había que refundar Europa. Un cuento para incautos propalado por los tecnócratas fieles de la casa.

No son los maoístas de antaño, libro rojo en ristre, los que quieren imponer un Estado totalitario. Son los (neo) liberales de hogaño, llenos de furor apologético y delitos que proteger, los que lo están haciendo.

Entre tanto, la prohibición de la democracia, reacia aceptar el delito como sistema, ha entrado en el ámbito de la normalidad y demasiados callan.

 

 

Actualizando el chiste

http://lacronicadelpajarito.com/blog/lorenzosentenac/2018/05/actualizando-chiste

Dhafer Youssef

Dhafer Youssef – Mezcla de almas y sombras (a Shiraz) – Réquiem de aves

https://www.youtube.com/watch?v=Jw1Y3t1vtzI

Dhafer Youssef- Blending Souls & Shades (to Shiraz) – Birds Requiem

https://www.youtube.com/watch?v=Jw1Y3t1vtzI

Dhafer Youssef – Soupir Eternel

https://www.youtube.com/watch?v=eJwSZIajEvI

 

Inventando la pólvora

Dangerously playing with firecrackers

 

Cuando viejos gestores (conocidos) sacan “nuevas” instrucciones de gestión, podemos asegurar que de “nuevas” tendrán poco y dar por hecho que arrastrarán consigo más de una telaraña.

Algo de esto es lo que ha ocurrido con las Instrucciones que la gerencia de atención primaria de Toledo sacó recientemente para la elaboración del Plan funcional de Atención Continuada (PFAC), que solo son un salto hacia atrás después un tímido intento de la anterior Administración para poner algo de orden en el cortijo “autónomo” de los EAP, en el cachondeo (también autónomo y libérrimo) de las libranzas posguardia, y en la necesaria -aunque incumplida- rotación de turnos.

De nuevo -y es una vuelta “progresista” al pasado- prima el modelo de cortijo que se contrapone a la eficacia asistencial, al interés del ciudadano, y lo que es más grave, a la legalidad. Es sabido que eso de la “legalidad”, en nuestra Administración pública, no pasa de mera figura retórica.

Cuando se dice en dichas Instrucciones que el personal PEAC hará “preferentemente” las guardias de fines de semana y festivos, no solo se está dando un golpe de Estado a lo Puigdemont (por utilizar la jerga oficial) a la normativa del propio SESCAM (Decreto PEAC) donde tal cosa no aparece por ningún sitio, y al Decreto 137/1984 donde se ordena un calendario rotatorio durante todos los días de semana, sino que queda muy claro (negro sobre blanco) que el cumplimiento de las jornadas de unos (EAP) y el respeto de los descansos de otros (PEAC), a pesar de ser imperativos legales, les importa a esos gestores menos que nada, que es lo mismo que decir que los imperativos de salud laboral y de conciliación familiar, depende de para quién, y no son iguales -a pesar de la igualdad ante la ley-para todos los trabajadores de la plantilla. De manera que como resumen o epitome de dicha gestión (retrógrada) de una Administración que se dice progresista, cabe concluir que atender a la eficacia asistencial, a la salud laboral, o al interés público, nunca se les ha pasado -ni antes ni ahora- por la cabeza, ni está entre sus objetivos.

Como dichos viejos gestores ya llevaron en su día a nuestra atención primaria al desastre (inolvidable logro), podemos vaticinar sin mucho riesgo de error, que de nuevo nos llevan paso a pasito al mismo sitio.

Primero crean el problema (incumplimientos de jornada, falsas libranzas posguardia) y luego buscan soluciones extravagantes para camuflarlo.

Y la pregunta es: ¿Cómo es posible que gestores de la atención primaria que ya fracasaron en su día vuelvan a ocupar hoy los mismos o parecidos despachos?

Interinos: el fraude y la Ley

Interinos usar y tirar

 

En uno de los primeros párrafos del ensayo de Manuel Rivas “Contra todo esto”, se lee:

“El primer paso para detectar una injusticia es que comparezca el sentido de la vergüenza. Es lo que va a hacerla visible como injusticia. Hay un sensor muy especial que transforma ese golpe óptico de la vergüenza en partícula de conciencia. Ese desequilibrio eficaz que Víctor Hugo vislumbró como <<la posibilidad de una lágrima en los ojos de la ley>>, en una de esas épocas miserables, distópicas, en que la tarea de la verdadera justicia no es cumplir la ley, sino liberarla de ella misma”.

En ocasiones -y no pocas- la Ley es muy suya, entre otras cosas porque no atiende a razones, aunque estas sean muy justas y evidentes. Y es que la ley es una cosa, y la justicia otra muy distinta.

La Ley a veces padece de inercia mecánica, una suerte de esclerosis que la vuelve rígida y ciega.
Que sea ciega se considera una virtud, pero esa ceguera se refería sin duda a una prevención contra el sesgo que podía introducir en sus decisiones el poder político o económico de los implicados, no al contexto que podía explicar la justicia o injusticia del caso.

A veces es difícil saber en qué encrucijada del camino se pierden de vista la ley y la justicia. Más triste es -y esos casos no son raros- cuando nunca llegan a coincidir, es decir cuando la ley y la justicia recorren caminos paralelos que nunca convergen, Estados fracasados en que la Ley es instrumento de la injusticia.

Incluso en aquellos casos en que la Ley aspira al mismo fin que la justicia, ocurre en ocasiones que se embarulla en tales vericuetos “legales” que si bien cumple con la letra, traiciona el espíritu.
Por ejemplo, el hecho de que Europa incorporara a sus tratados el capitalismo salvaje del neoliberalismo como pensamiento único y oficial, puede que sea legal pero carece de justicia, o incluso de sensatez. El desorden actual procede de aquella insensatez, ni corregida ni metabolizada.

Caso ya notable y superlativo de esta esquizofrenia entre la legalidad y la justicia es el fraude de Ley del que han sido víctimas durante años los interinos de los servicios públicos españoles, al no ofrecerles -a veces durante décadas- la Administración española ninguna oportunidad de consolidar su puesto de trabajo, faltando así la Administración Pública a su propia Ley.
Es por ello que asistimos a la paradoja según la cual los sindicatos que firmaron recientemente un pacto vergonzante con Montoro para dar carpetazo a este asunto (extendiendo un tupido velo sobre dicho fraude), se declaran hoy guardianes de la legalidad y sus esencias, cuando hasta ayer mismo fueron consentidores de la estafa, Europa dixit.
He aquí otro vericueto legal por el que el respeto mecánico y a destiempo de la ley (ahora sí, pero no antes) consuma la injusticia.

Con indudable sentido común, los interinos estafados reclaman que antes de acometer (con fraudulento retraso) el cumplimiento de la legalidad vía OPE (ahora sí, pero no antes), habrá que dar una respuesta al fraude que le precede y a la situación que ha creado, no solo legal, sino humana y laboral, la cual afecta a miles de trabajadores, interinos longevos que tendrán evidentes dificultades para recolocarse o rehacer sus vidas en caso de cese. Algunos se han jubilado ya como interinos estafados. ¿Quién les indemniza?

Es de cajón.
Si en un silogismo que intenta llegar a una conclusión lógica nos saltamos una de las proposiciones, la inferencia no tiene ni pies ni cabeza y queda coja.
Cuando los sindicatos firmantes del pacto sobre los interinos (un ERE masivo para ahorrar al gobierno de Rajoy gastos en derechos legalmente adquiridos durante toda una vida laboral) excusan su actitud en el cumplimiento de la legalidad, se dejan en la sombra y fuera de foco (deliberadamente) el fraude de ley del que fueron víctimas, a veces durante toda su vida laboral, esos interinos de los servicios públicos. Escamotean de forma torticera una proposición a su silogismo, y este se cae de culo. Esto equivale a sustraer de un plato de la balanza de la Ley un hecho que pesa mucho: el fraude del que han sido víctimas esos interinos.

Uno de los eslóganes que manejarán las plataformas de interinos (en este como en otros casos, las plataformas de afectados están sustituyendo a los sindicatos, a los políticos, y a otras “Instituciones” que se están manifestando como inoperantes) en sus concentraciones previstas para el 17 de mayo será: “Primero soluciones, luego oposiciones”. Recuperan así una de las proposiciones escamoteadas del silogismo incompleto, que los sindicatos y la Administración recortan torticeramente y contra toda justicia. Es decir, hay un fraude pendiente de resolver, y no hay otra forma de hacerlo que mediante el reconocimiento del derecho y la realidad de los estafados. Son reales, no son un espejismo. Cómo son reales los pensionistas y son reales las mujeres que reclaman sus derechos, por mucho que las Instituciones (incluidos sindicatos) vivan una vida paralela y autista.
Con más razón cuando en esos meandros que la ley encierra en su seno, no solo son transitables los que cumplen la letra matando la justicia, sino otros que conjugan el espíritu con la letra y hacen coincidir la legalidad con la justicia. Nos referimos a la transitoria cuarta del Estatuto Básico del empleado público, por ejemplo. Véase TREBEP artículo 61.6 y 61.7 que demuestra que si se quiere y hay intención, la legalidad también puede ser justa, además de legal.

La aspiración de toda legalidad debe ser la justicia, y si no tiene en cuenta el contexto -que en el presente caso es un fraude prolongado al que no se ha dado ninguna respuesta- ya no lo es. No basta con decir voy a consolidar “plazas” porque en este caso precede un fraude a las “personas”, a las que se trata como simples “objetos” de usar  y tirar, pero que sin embargo no son kleenex sino ciudadanos con derechos, al menos en Europa, de la que dicen formamos parte.

Hay que consolidar a los interinos estafados que ocupan esas plazas, falsamente eventuales, estructurales desde hace 10-20-25 años, y sacar  “plazas” nuevas. Esa es la respuesta justa al fraude de los interinos y a la “crisis”. Nuevas plazas que se necesitan como agua de mayo. Es hora de recuperar lo perdido en aquella otra estafa global que llamaron crisis.

Con toda razón y contra la propaganda oficial de camuflaje, los interinos estafados denuncian que estamos ante una “falsa oferta de creación de empleo”. Los puestos ya existen y hay trabajadores en ellos, en ocasiones desde hace 10-20-25 años. “No se crea empleo, se cambian personas”. Sale más barato consumar la estafa y no reconocer los derechos legítimamente adquiridos por esas “personas”, obedeciendo no a criterios de justicia, sino a una política de recortes, fruto de aquella otra estafa global.

Los pensionistas, las mujeres, los interinos (como paradigma de trabajadores estafados)… y las Instituciones: he ahí las “vidas paralelas”, cuando no divergentes, de nuestra democracia posmoderna.

En Castilla-La Mancha, como en otras capitales autonómicas, los interinos de los servicios públicos se concentrarán en Toledo, en la plaza Zocodover, el 17 de mayo, a las 18:30. Denunciando el fraude. Reclamando Justicia.

 

 

“Fiesta del trabajo”: sobra media enfermera PEAC.

 

 

Ya de entrada llama la atención que de un colectivo de 900 profesionales sanitarios (médicos y enfermeros PEAC) de nuestra atención primaria castellano-manchega, sin los cuales la atención primaria de nuestra Comunidad se iría al carajo (aún más), nadie hable y todos guarden silencio, incluidos los sindicatos, pero no solo, también los colegios profesionales. ¿Ocultación? ¿Vergüenza?

Hablo de nuestra Comunidad y del SESCAM, pero lo mismo ocurre en otras Comunidades autónomas que en este tema se han quedado a la cola, fieles a modelos obsoletos y fracasados: Extremadura, Castilla y León…

De lo que no cabe duda es que todos son sabedores de la precariedad tercermundista o decimonónica de este colectivo sanitario, el de la atención continuada de nuestros centros de salud, de sus condiciones insalubres o ilegales de trabajo, de sus retribuciones esclavistas (una enfermera PEAC de las urgencias de nuestros centros de salud, cobra por hora de trabajo -en turnos de noche y festivos- menos que la señora de la limpieza), y quizás porque saben que es el colectivo más explotado y peor tratado de la plantilla del SESCAM, para el que la legalidad no cuenta ni en muchos casos se aplica, y al que se pone al servicio, no del paciente, sino de los intereses y privilegios de otro colectivo (como si fueran sus domésticos), es por lo que todos callan. Cómo callan que con la misma categoría  y formación académica, y realizando un trabajo similar pero en condiciones más penosas, cobren la mitad que sus compañeros del EAP.
En estas condiciones, callar es preceptivo y políticamente correcto. Pero ese silencio es estentóreo. Ese silencio es un síntoma. Sin duda ese silencio lo dice todo.

Que en algunos casos estos profesionales PEAC (sanitarios que atienden urgencias) trabajen durante 65 horas seguidas o no libren ningún fin de semana del año, no conviene que se sepa. Que la gerencia de atención primaria de Toledo saque unas Instrucciones donde ordena estimar las “necesidades de profesionales PEAC”, sin mencionar el “incumplimiento de jornada del EAP” en que esa estimación se basa, no conviene que se sepa. El silogismo es muy fácil: si el EAP puede incumplir su jornada legal de trabajo (que se le retribuye) para quedarse con la jornada del PEAC (personal estatutario de la plantilla), sobran profesionales PEAC. Pero para quedarse con la jornada del PEAC, el EAP habrá incumplido su jornada legal de trabajo (fraude de jornada), cerrado su consulta y desatendido a sus pacientes (fraude asistencial), y conculcado el derecho a su jornada que tiene el personal PEAC. Eso no solo es ilegal sino que está muy feo.

No obstante, en el ámbito de los discursos altisonantes diremos que nos importa la Medicina de familia y la continuidad asistencial en que se basa, que la atención primaria es la base del sistema sanitario, etc., etc. cuando lo evidente es que hacemos todo lo que podemos para cargarnos esa “continuidad asistencial”, entre otras cosas manteniendo un modelo de distribución de atención continuada que promueve, premia, y favorece la ausencia del sanitario del EAP de su consulta.

No hay nada más chapucero que el hecho de que una Administración pública incumpla sus propias normas. Pues esto es lo que le ocurre al SESCAM, que incumple sistemáticamente con el personal PEAC las “Normas de trabajo seguro” establecidas por el Servicio de prevención de riesgos laborales, dónde se comprueba que este personal está encuadrado en las prevenciones y cuidados que se deben observar con el personal “nocturno” y dónde se ordena que tras un turno de trabajo (penoso por nocturnidad y duración en horas) descanse varios días.
En tanto en cuanto llegan los robots, los humanos de a pie trabajan pero también descansan. De lo contrario, enferman.

El SESCAM no solo incumple esas recomendaciones de salud laboral sino que practica una política de chantaje: y así, de manera discreta, advierte a algunos profesionales PEAC que si no aceptan hacer turnos de guardia de 48 horas o 65 horas seguidas, verán sus retribuciones muy menguadas, o que incluso no tendrán opción ni siquiera a su jornada ordinaria, que es su derecho estatutario. Ahora, eso sí, para acometer esas jornadas ilegales requiere al profesional PEAC para que firme un papel (mefistofélico) de consentimiento, no sea que ocurra algo. Ese es el panorama en una administración “pública”. ¡Para echarse a temblar!

Y todo ello apunta no solo a comportamientos inadmisibles en una administración “pública” sino a la no consideración o aplicación de sentencias muy claras que ya existen: sentencia nº 165 del juzgado de lo contencioso-administrativo de Badajoz; sentencia nº 185 de 8 de julio de 2013 del TSJCLM… Sentencia del TS sobre el recurso 4848/2000, o simplemente al Estatuto Marco, de cumplimiento obligado.

Cómo muchos de estos gestores de lo público saben que incumplen la legalidad y contravienen la eficacia asistencial, buscan excusas imposibles y un tanto barrocas, y sostienen que visto el caso ante un juez, que hubiera de decidir entre la legalidad o la cobertura asistencial, el juez se inclinaría por la cobertura excusando la ilegalidad. Sofisma infumable porque oculta (y es fácil de demostrar) que en este caso el respeto de la legalidad aumentaría la cobertura y la eficacia del servicio, motivo por el cual otros servicios de salud, en otras comunidades autónomas, han abandonado un modelo no solo anticuado y fraudulento, sino ineficaz. Ahí están las listas de espera para el médico de cabecera en nuestra atención primaria y la saturación de los servicios de urgencias, para demostrarlo.

Pasó la “fiesta del trabajo” con sus alharacas de opereta y todo quedó donde estaba, atado y bien atado: los trabajadores perdiendo sus derechos (unos más que otros), los sindicatos adocenados y diciendo amén, y los explotadores (públicos o privados) más contentos que unas pascuas.

Ya dijimos en un artículo reciente que la diferencia entre la explotación en el sector privado y la misma explotación en el sector público, es que la trampa y el fraude que conduce a  esa explotación, se hace en un caso en nombre de la Administración pública (aunque contra el interés público), y en el otro a instancias de la iniciativa privada y en interés propio.

Hoy en día (y desde hace tiempo) el sector público es ámbito abonado para la corrupción, la explotación, y la estafa. Y para confirmar esto no hay más que fijarse en el escándalo de los interinos del servicio público español, explotados y estafados durante décadas, según el dictamen nítido y claro de la justicia europea, estafa sobre la que un pacto vergonzante entre la Administración y algunos sindicatos, quiere echar tierra cual si de “Ley de punto final” se tratara, pero sin reconocer ningún derecho ni indemnización a las víctimas de esa estafa: interinos de larguísima duración que han ejercido su puesto de trabajo durante 10 o 20 años sin ninguna oportunidad de consolidación.
Y esa “ley de punto final” tiene un único objetivo: lavar la cara a los chapuceros sindicales y políticos que promovieron o consintieron ese fraude, y lo promovieron y consintieron por la simple razón de que el trabajador estafado y explotado sale más barato que aquel al que se le reconocen sus derechos.

En realidad, podríamos haber titulado este artículo de la siguiente manera: “Sobra media enfermera PEAC: el modelo “progresista” del PSOE para el SESCAM”, pero como es sabido, los medios huyen de los títulos largos para sus artículos de opinión. Lo que muchos hemos constatado con los años de servicio es que así como el PP en cuanto alcanza el poder (estatal o autonómico) intenta cargarse la sanidad y demás servicios públicos, quien verdaderamente lo consigue es el PSOE. Nuestra atención primaria, al día de hoy, es un desastre.

Que sobre media enfermera PEAC (y se dice así porque corresponde a un hecho y una frase real) o tres cuartos, o un par, no tendría quizás mayor trascendencia si no coincidiera con otros hechos, también reales, que vamos a intentar explicar, y que conducen a una conclusión deprimente: la atención primaria de nuestra sanidad, la del SESCAM, está guiada por intereses estrechos que coinciden con los intereses personales de muchos “coordinadores”, despachos sindicales, y/o de gestión, aunque contradigan la eficacia del servicio, el respeto de la legalidad, y el interés del ciudadano.

Y todo ello en relación con un hecho aparentemente banal, pero en el fondo determinante del resultado del modelo asistencial en la atención primaria: la distribución de la atención continuada entre los distintos profesionales de los centros de salud: es decir, entre profesionales del EAP, responsables de la asistencia en consulta ordinaria (jornada que deben cumplir pero incumplen), y entre profesionales PEAC, encargados específicamente de la atención continuada.
Ese modelo de reparto lo decide todo o casi todo en la atención primaria: desde el número de consultas que se cierran cada mes y por tanto las listas de espera que arrastran, hasta la continuidad asistencial de cada médico hacia su cupo de pacientes, que define a la medicina de familia y sus objetivos, pasando por el cumplimiento de las jornadas legales y el correcto abono de las mismas, guiado por el correcto uso del dinero público.

Como no hay justificación posible (o presentable) de por qué esto no se tiene en cuenta, ni nada que explique (salvo los intereses mencionados) por qué esa distribución de la atención continuada se hace en contra de la eficacia asistencial y el interés del paciente, así como en contra de la legalidad de las jornadas y el buen uso del dinero público, de ahí el silencio. Ese silencio estentóreo del que hablábamos al principio.

Se acabó la “fiesta” fugaz del trabajo. Continúan la rutina de la explotación, el silencio, y la mordaza.

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