La insalud laboral

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Las “constantes” (tensión arterial, glucemia, saturación de oxígeno…) son parámetros fisiológicos que nos permiten valorar en una primera aproximación la salud de una persona.
De la misma manera hay “constantes” que nos permiten valorar la salud de un servicio de salud, valga la redundancia.

La constante insoslayable en nuestra atención primaria venida a menos (la del SESCAM), es el absurdo modelo que la constituye y la deteriora, lo cual se traduce en una salmodia y unos hechos por todos conocidos.

La salmodia o cantinela la protagoniza el paciente que acude en tromba a los servicios de urgencias (saturándolos), tanto de atención primaria como del hospital, con la excusa “constante” en sus labios -por la utilización inadecuada de esos servicios- y dice así:
“Es que no me dan cita para mí médico (de cabecera) hasta…”.

En esos puntos suspensivos pongan cualquier cifra en días o semanas, porque todo es posible y casi siempre es una cifra infumable y absurda. Esa es una “constante” de la atención primaria de nuestro servicio de salud (en este caso el SESCAM) que ya nos informa que el servicio de salud está enfermo tirando a pocho.

Otra “constante” (y esta no solo nos dice que nuestra Atención primaria está enferma sino que está grave) es que en sintonía con la anomalía anteriormente descrita (la saturación de los servicios de urgencias por consulta ordinaria) los profesionales de consulta están sorprendidos, no se si gratamente o ingratamente, por la cantidad de “citas” que quedan sin utilizar en su programación de consulta, al no acudir el paciente citado, de manera que en ese tiempo vacío, imprevisto pero cada vez más frecuente, que los tiene de brazos cruzados, el profesional se encuentra vacío de no solo de cometido sino con tiempo para meditar en busca de explicaciones. Otra cosa es que haya voluntad o deseo de encontrar esas explicaciones.

¿Que es lo que pasa?

Pues lo que pasa -y a nadie se le oculta- es que los pacientes que no acuden a la cita (cada vez más) ya se pasaron antes por el servicio de urgencias del centro de salud o del Hospital. Por supuesto no se preocuparon de anular la cita. Por supuesto ni siquiera saben, en muchos casos, quien es su médico de cabecera, porque evitar las listas de espera acudiendo a los puntos de urgencias ya se ha convertido en rutina, y esa rutina de la anomalía rompe el sentido de la Atención primaria y la relación médico-paciente. Ya harán luego los gestores posmodernos del disparate cursillos de “humanización” para aparentar algo y camuflar el roto.

Esto tiene una explicación plástica en la dinámica fluvial, y nos recuerda aquellas situaciones en que una corriente de agua, ante un obstáculo pertinaz y constante (como en este caso son las listas de espera para el médico de cabecera) se abre camino por otras vías paralelas en forma de atajo.

¿La razón de todo esto? Ya lo hemos explicado otras veces: un mal modelo de turnos de guardia carente de rotación y sobrado de incumplimientos, un incumplimiento (insistamos) de la jornada de consulta cómo consecuencia de ello, y unas listas de espera que contradicen la naturaleza y los objetivos de la atención primaria.

Por supuesto a esta mala salud del servicio de salud le corresponde un deterioro de la salud de los pacientes (el abandono y la falta de seguimiento van en aumento) y una mala de salud de los trabajadores que en esos servicios de urgencias pasan una consulta a destajo -incluidas urgencias graves-  que dura 17 o 24 horas seguidas (en la atención primaria del SESCAM puede llegar a 65 horas ininterrumpidas), y a los que no se respetan -al menos a los PEAC- los descansos que recomienda el Servicio de prevención de riesgos laborales para el personal nocturno. Y los PEAC lo son.

Propio es de un servicio público incumplir sus propias normas y deteriorar la salud de sus trabajadores. Cuando ese servicio público es de “salud”, parece que esa anomalía se nota un poco más.

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