Archivos Mensuales: noviembre 2017

Sofismas

El principal sofisma que vicia los relatos al uso consiste en confundir los efectos con las causas, y viceversa.
Si en el mundo mágico de la física cuántica ese orden no importa, en el mundo prosaico de los hechos humanos, sí.

Primero hay que partir de un axioma fundamental y muy necesario para distraer al personal de cualquier intento de razonamiento lógico: la crisis económica no es causa ni efecto, sino que cayó del cielo ya criada, cual epifanía inmanente o rayo sideral.
Aceptado ese misterio de la fe, cualquier silogismo es ya posible y cualquier relato pasa por bueno.

Aunque hubo quien sugirió, al hilo de los hechos, que el capitalismo necesita reformas y que algunas prácticas de liberalismo patibulario conceden a los tramposos todas las ventajas del mundo, no por eso llegó la sangre al río ni nadie (o casi nadie) se aventuró a relacionar una cosa con la otra, ni a sugerir que quizás el sistema estaba viciado, y que de ese humus había nacido la planta, o sea la crisis.

Y cuando digo nadie o casi nadie, lo digo -es obvio- como figura retórica.

Hipótesis aquella por otra parte nada radical sino que está muy próxima a ser cierta, aunque gracias a Dios – y nunca mejor dicho- aún se cree en la inmanencia y todo lo ocurrido se explica por la inocencia del azar.
En resumen la crisis, esta crisis, que no sabemos si es eterna o procreará otra distinta y más grande, no tiene padre ni madre, pero si muchos hijos, uno de los cuáles y más famosos es el populismo.

Que el hijo proceda del padre o le preceda nos introduce en la terrible duda de si la crisis trajo el populismo o el populismo produjo la crisis. Tesis esta última que sostienen con falso candor aquellos que creen que la crisis cayó del cielo, ya hecha una moza, o que consideran oportuno que siendo los populistas los últimos culpables de casi todo, ya no es necesario pedir responsabilidades a los banqueros.
Y para no generalizar especifiquemos: los banqueros corruptos.

Que no es que quiera yo defender el populismo ni el visceral primitivismo de las consignas fáciles, pero es que ya me hincha tanta referencia culta al populismo para excusar e ignorar una responsabilidad que compete casi en exclusiva a ciertas élites.
A las élites financieras y a las élites políticas, que en su promiscuidad un tanto plebeya y bastante mercenaria son capaces de cualquier engendro, o incluso de cualquier relato.

Esta confusión nada inocente entre causas y efectos (que es la que nos desayunamos cada mañana en los medios de masas), es la que caracteriza también a la incoherencia bruselense.
No es la elección de una política equivocada, radicalmente opuesta a la que inspiró la fundación de Europa, la que ha provocado el Brexit, sino que es el Brexit (otra manifestación del populismo avieso) la que ha hecho a Europa entrar en crisis de disgregación.
No es la corrupción, el saqueo de las arcas públicas y la destrucción del Estado del bienestar lo que ha puesto en riesgo la unidad de España, sino que es un sistema que ha permitido todo eso y un gobierno de corruptos los que la van a salvar. Y así por el estilo.
Tan sencillo como darle la vuelta a la tortilla.

Hace poco, en un informe autorizado, Europa ponía a caer de un burro a España por sus retrocesos sociales y sus récords en desigualdad, sin pararse a meditar que dichas consecuencias son efecto directo de las causas y principios que Bruselas patrocina. Es decir, consecuencia de una ideología política y económica extrema que hace pocas décadas todo el mundo hubiera calificado como radical.

Así no nos debe extrañar que en un abrir y cerrar de ojos, Macron, que parecía que iba a ser causa y origen de una gran salvación o revolución europea (neoliberal por supuesto), sea ya al día de hoy el epílogo de una renovada decepción.
Desde luego esto huele a chamusquina.

¿Cambiará Europa de política, escarmentada ya de la imitación de modelos ajenos y radicales, o persistirá en el camino que la tiene desorientada y sin rumbo?
Sin duda la reconsideración de unos dogmas tan bien financiados no parece tarea fácil.

Una vez construido el molde mental o sea el paradigma, los silogismos averiados se fabrican como churros. No es la corrupción la que está en el origen de la crisis, sino que es el “populismo” de los que denuncian la corrupción o acampan en las plazas el que nos hace entrar en crisis. Matar al mensajero es siempre la forma más rápida de ocultar la realidad.

Amputar una parte importante de los hechos para que la coherencia interna (y solo interna) del relato no quede deslucida, es muy poco científico. Y es en este tipo de apaños menores donde los paradigmas vigentes empiezan a mostrar sus primeras grietas.
Ahora bien, confundir los efectos con las causas ya es un grado sumo de irracionalidad, una suerte de animismo. Lo cual nos retrotrae a tiempos ya superados en los que la ceguera estaba perfectamente codificada en un lenguaje culto y oscuro al que se le sacaba brillo en las más altas academias.

En realidad nuestro actual escenario nacional, tan ingrato como poco ilusionante, no procede del postfranquismo a secas, sino en parte también de la modernidad más avanzada, es decir, de la postmodernidad. Una mezcla extraña con aire vintage que se encarna de forma natural y armónica en “la gran coalición”. La escopeta nacional aliada con la Inmaculada transición.

Posdata: Macron, el presidente del 1% más rico.

http://ctxt.es/es/20171025/Politica/15777/Macron-Francia-politica-economica-ricos.htm

 

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SUPONGAMOS

Supongamos que en Europa (y al nombrar a Europa nombramos un ente mítico que quizás no se corresponde del todo con la realidad) leen con detenimiento los mensajes del wasap de ciertos policías de Madrid.

Supongamos que averiguan que quien destapó esa cloaca de ideas e intenciones malsanas, tan favorables a la ideología y al régimen nazi, y tan alejadas de la democracia y la simple decencia, debe ser protegido al día de hoy con escolta porque sobre el pesan amenazas.

Supongamos que saben, como lo sabemos todos (“el presidente del gobierno lo sabe” también), que el penúltimo ministro del interior del reino de España tuvo que hacer mutis por el foro, por frecuentar y trabajar en esas cloacas, tan ajenas a la democracia como características de todo régimen cutre y totalitario.

Supongamos que tras la España aparente subyace una España profunda que trajina a todo gas alimentada con el combustible del silencio, que junto al miedo es la base de todo sistema corrupto.

Supongamos que todo esto coincide en el tiempo con circunstancias de todos conocidas que dibujan un panorama enrarecido y un ecosistema a punto de irse a pique, donde el partido en el gobierno (pero no solo ese partido) rezuma corrupción y hasta el presidente del gobierno sale en los papeles (de Bárcenas).

Añádase a esto que bajo la acción disolvente de tales ácidos corrosivos el país ha entrado en quiebra y vive del rescate, al tiempo que una parte de él intenta la fuga, no se sabe si huyendo del sistema o de sí mismo.

Supongamos que pese a todo, este escenario deprimente que dibuja un sistema tóxico se mantiene porque otros partidos aledaños e indistinguibles le prestan oxigeno y apoyo en forma de “gran coalición”, manifiesta o disfrazada. Una “gran familia” que entre ellos mismos se apadrinan.

Podríamos decir entonces que en Europa (en la mítica no en la real) tienen motivos suficientes para estar preocupados, y aquí argumentos suficientes para hacernos la siguiente pregunta:

¿Que  nos está pasando?
¿Seguiremos ciegos, sordos, y mudos?

EL INTERROGANTE

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Hay interrogantes sobre el pasado (quizás presente) que lanzan un interrogante hacia el futuro.

¿Será ese M. Rajoy que aparece en los papeles de Bárcenas como receptor de sobresueldos el mismo M. Rajoy que fortalecía el ánimo deprimido de Bárcenas en un mensaje de wasap?

En esta sencilla pregunta y en la respuesta que a la mayoría de los españoles nos inspire, se cifra el ser o el no ser de nuestro país.
Sin duda una respuesta no tan importante para la Humanidad como decidir si la Tierra es plana o redonda, o si la vida extraterrestre abunda o es escasa, pero que a esta pequeña escala de lo civil y lo político, le da a un país, en este caso al nuestro, la vida o se la quita.

A la Humanidad -incluso a la Humanidad europea- le importa poco si quien encabeza el gobierno de nuestra nación, y por tanto rige sus destinos, es un hombre honesto o un político corrupto. Es esta indiferencia un hecho grave al que la rutina de nuestro “sistema” nos tiene acostumbrados, y que impide una mínima coherencia en los planteamientos éticos que se supone Europa defiende de cara a un destino común. Pero al país en concreto al que este interrogante interpela, la respuesta le importa tanto que mientras no lo resuelva se moverá en círculos, como quien perdido el norte y la brújula no va a ningún sitio.

El no ir a ningún sitio puede ser una opción válida en el mundo de la mística o incluso desde una actitud ética consecuente puede ser defendido, visto a donde va el mundo. Pero desde el pragmatismo ingenuo de la política, siempre demasiado humana y cándidamente optimista, un país debe aspirar a caminar y llegar a alguna parte: por ejemplo a la democracia, o a la justicia social, entendiendo esta como la prevalencia del interés general sobre el interés privado aliado con la corrupción. Solo con alicientes como estos se puede caminar desde el pasado hacia el futuro.

Por eso es tan importante dar una respuesta a aquel interrogante: porque la democracia y la justicia son incompatibles con la corrupción, y se repelen como el agua y el aceite.

Urge dar una respuesta a este interrogante, y no nos vale una actitud escapista como la que defendía Bartleby el escribiente de Melville, que siempre “prefería no hacerlo” y sin su rutina ciega se sentía perdido. Lo que realmente nos puede perder es la ceguera voluntaria transformada en rutina.

Si por un casual el M. Rajoy, receptor de las mordidas de la corrupción que han arruinado a este país es el mismo M. Rajoy que preside la Marca España y nuestro gobierno, vamos aviados. Es decir, en caída libre y sin paracaídas.

Podremos entretenernos, preferir no hacerlo hoy ni mañana, comer palomitas, intentar digerir el Nodo recuperado del baúl de los recuerdos y puesto al día en en el canal catequético de la RTVE, pero mientras tanto la fuerza de la gravedad y la gravedad del asunto, nos siguen arrastrando hacia el centro de un abismo de cuya sombra será muy difícil salir.

Hay gente muy inteligente, incluso catedráticos de ética y profesores de ciencias políticas, que opinan que la corrupción (incluso presidiendo un país y dirigiendo un gobierno) es pecata minuta frente a los grandes desafíos que tenemos por delante. No comprenden que con corrupción no tenemos nada por delante, ni siquiera desafíos.

Y si me apuran, ni siquiera país.

“Indignaos” decía Hessel, que luchó toda su vida contra el fascismo y en defensa de los derechos humanos y la democracia. Y lo decía hace muy poco y desde el mismo corazón de la Europa que él ayudó a fundar.
Su mensaje sigue siendo actual. Desde luego mucho más actual y moderno que la indiferencia.

Dada la íntima ligazón con que la corrupción une pasados y futuros, el crucial interrogante que da título a este artículo (¿Gobierna la corrupción nuestro país?) es una urgencia nacional para antes de ayer.

Lo cierto es que salvar al soldado Rajoy puede echarnos a perder.

SESCAM: 65 horas seguidas de trabajo

Prehistórico

 

Ni en las tribus más feroces y atrasadas del planeta (y lo de “atrasadas” es un relativismo cultural) consentirían que un operario de la tribu (cazador-recolector-hechicero sanitario) trabajase durante 65 horas seguidas sin parar, como en los trasnochados tiempos del paleolítico.

Esto de echar el resto currando 65 horas seguidas sin descanso no se vio ni en las más lúgubres cuevas prehistóricas, donde ya en germen e inspirados por la luz de una fogata nuestros antecesores alumbraron un poco de sentido común y una miaja de humanidad, siendo este un primer paso para alejarnos del reino de las fieras.

Ni los salvajes más salvajes, ni los primitivos más primitivos, ni los bárbaros más bárbaros, consienten ya y desde hace mucho tiempo una panzada semejante de trabajo, que ni los dioses más crueles ven ya con buenos ojos.

Solo en aquellos tiempos supuestamente avanzados en que una civilización engreída y teóricamente sofisticada ha utilizado el esclavismo como lubricante de su maquinaria terrible, se han consentido tales disparates.

Y sin embargo, no echen las campanas al vuelo ni estén tan seguros de que aquellos tiempos ya pasaron, porque hete aquí que vuelven si es que alguna vez se han ido.

Y la prueba está en que el SESCAM, servicio sanitario de Castilla-La Mancha, actualmente en fase PROGRESISTA, consiente y ampara tales excesos y sacrificios laborales como si a través de un túnel del tiempo hubiéramos acabado recalando en los estratos más profundos de Atapuerca.

¡Viva el progreso!

MOVIMIENTOS EN LA ATENCIÓN PRIMARIA DEL SESCAM

Cartel centro

 

Observamos que en la atención primaria del SESCAM se están produciendo últimamente “movimientos” debido a varios motivos:

1. Están saliendo a la luz determinados aspectos laborales que a muchos les gustaría que no salieran. Por ejemplo: hay profesionales (médicos y enfermeros) que hacen hasta 65 horas seguidas de trabajo. Lo sabe la Administración y lo saben los sindicatos.

2. Presuntamente se está abonando como trabajada una jornada que no se trabaja, y concretamente la que corresponde a la jornada ordinaria de algunos miembros del EAP: los que hacen guardias. Según algunas estimaciones y debido a este vicio de gestión, en el primer semestre de 2017 se abonaron como trabajadas en la gerencia de Guadalajara (por poner un ejemplo) unas 65.000 horas de trabajo que sin embargo no fueron trabajadas.

3. Este vicio de gestión (a la espera de otro calificativo), constituye una tentación y un chollo de orden económico y determina que algunos profesionales del EAP que se benefician de ese incumplimiento aspiren a una jornada complementaria (de guardias) máxima o incluso sobrepasando esta accedan a jornada “especial” (sin cumplirse los criterios legales para ello), dejando sin embargo INCUMPLIDA la jornada ordinaria de consulta que se les abona como trabajada. Esto en resumen supone un abandono de las consultas para acumular guardias por un procedimiento que recuerda a las denostadas PEONADAS. Más allá de las dudas que sugiere sobre el uso del dinero público, este es el principal factor de deterioro en la atención primaria del SESCAM a través de las listas de espera que genera.

4. En relación con el punto anterior, el SESCAM está consintiendo que la jornada complementaria (o especial) del EAP preceda y se priorice sobre la jornada ordinaria del PEAC, cuando según la legalidad vigente la jornada Complementaria del EAP no es un derecho sino un deber administrable y contingente, mientras que la jornada Ordinaria del PEAC (personal estatutario con plaza en plantilla y por tanto titular de una plaza presupuestada) es un DERECHO y una necesidad.

5. El SESCAM y sus órganos de dirección están consintiendo que el personal del EAP en algunas gerencias SELECCIONEN las guardias de lunes a jueves, que es la fórmula irregular para explotar al máximo, en beneficio propio, los vicios de gestión antes señalados. Esta laxitud administrativa es un claro ejemplo de irresponsabilidad y dejación de funciones. Ese beneficio privado cuya legitimidad es más que dudosa, se obtiene a costa del interés general y con el resultado de deterioro de la atención primaria en el ámbito de Castilla-La Mancha.

6. En un escrito reciente de un sindicato que al parecer defiende y ampara este modelo de organización, entre otros argumentos justificativos verdaderamente endebles, utiliza literalmente este otro que además de endeble es “sintomático” del escenario laboral en que estos hechos se producen. Argumento que nunca debería figurar en el argumentario de ninguna organización que aspire a la mejora y el progreso. Dice así sobre algún tímido intento de corrección por parte del SESCAM de los vicios señalados: “no responde a lo tradicionalmente realizado”. Sin comentarios.

 

Indiciariamente

Papeles de Bárcenas

 

Indiciariamente vivimos sin vivir en nosotros, pendientes de un indicio, colgados de un interrogante.

Que vivamos con una cierta normalidad homologada y en una democracia tan ajustada a derecho como la sueca, no pasa de ser un mero indicio, casi una sospecha pendiente de confirmar.

Así como la duda cartesiana fue el origen de toda una filosofía, nuestra duda metódica es el origen de toda una parálisis. O si se quiere de una crisis moral de caballo, que para el caso es lo mismo.

Leo un artículo de Bernardo Kliksberg sobre el Papa Francisco, y yo, que no creo ni poco ni mucho en la Providencia, creo sin embargo que este Papa es providencial, como caído del cielo, mitad meteorito mitad bengala luminosa.

Tras la sorpresa de escuchar por primera vez a un Papa hablar en cristiano y decir a los poderosos verdades como puños, su encíclica ecológica y franciscana “Laudato si” (Sobre el cuidado de la casa común) confirmó que este representante del cielo en la Tierra tenía los pies muy bien asentados sobre la misma, y no solo eso, sino que la ama, a esa Tierra madre, casi como a una parte del mismo cielo.

Lo cual no deja de coincidir con la verdad científica porque lo que los antiguos venían a llamar el cielo, hoy podríamos convenir que se refería a la totalidad del Cosmos, con sus misterios entrelazados de tiempo y espacio, y dónde hasta los ángeles tienen su barrio propio. Tan vasto es.

La carambola vaticana que puso al argentino Bergoglio sobre la silla de San Pedro, aparece incluso a los ojos más agnósticos o descreídos como un aviso o si se prefiere como un indicio. Como si la propia Historia hubiera adivinado su crisis o contemplado en un espejo al pasar, llena de prisas globales, su rostro deforme.

Es tanta su prisa, su rigidez dialéctica, su fe macroeconómica y su ceguera, que como el Papa Francisco ha denunciado una y otra vez, no duda en su loca carrera en “descartar” lo humano para que cuadren las cuentas de su catecismo.

Francisco pone en relación el deterioro del planeta, la pobreza, y la corrupción.

Como muchas veces son los mismos corruptos los que exigen que las cuentas cuadren, no debe extrañarnos que esa operación de pureza matemática se haga de manera indiferente a la pobreza y el deterioro del planeta, y de manera ciega ante la corrupción.

Dice Kliksberg: “Hemos perdido la ética: ha sido expulsada prácticamente de la política y ha sido expulsada formalmente de la economía, y es para los economistas un asunto de las iglesias y los poetas”.

Mal asunto cuando los poetas tienen que pararles los pies a los políticos porque los demás poderes del Estado –y el poeta no lo es- no lo hacen.

Ya que ni los políticos ni los economistas escuchan el Cántico de las criaturas, tienen que ser los poetas, los hombres religiosos, y los científicos sabios los que lo hagan, y nos recuerden lo que de verdad importa:

“Alabado seas, mi señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”. Sin ese sostén, todo carecerá de apoyo y de futuro.

Indiciariamente (o incendiariamente) vamos pasando los días, lo cual no significa que avancemos ni excluye que retrocedamos.

Esa frase de Kliksberg, que suena a resignación y consumación de los hechos, es sin embargo una denuncia y una invitación a la resistencia. Cómo lo era el breve y lucido librito de Hessel: “Indignaos”.

Nuestra democracia hoy está en suspenso y pende de un indicio, a partir del cual todo cobra sentido o deja de tenerlo.
En cuanto a la corrupción, aquella recomendación tan taurina y española de “coger el toro por los cuernos” no la hemos hecho realidad. Ni cuando correspondía, ni con la celeridad que pedía el caso.

Si ustedes analizan nuestra evolución como país desde que la gran crisis hizo caer vendas y velos, y descubrimos de la noche a la mañana quien mandaba aquí sin necesidad de pasar por las urnas, reconocerán que desde entonces vivimos colgados de un interrogante, de un malestar difuso, de una sensación crónica y desagradable, de una cenestesia torpe y carente de impulso.

Nuestro inconsciente chirria y padece de insomnio, cómo si alojara en su seno a un extraño.

Más allá de la certeza, en si misma impactante, de que algunos órganos judiciales definan al partido en el gobierno como banda criminal, lo cual ya debería dejarnos noqueados, lo cierto es que desde el inicio de la crisis y el descubrimiento de que la corrupción es la fina trama que lo impregna todo, vivimos huérfanos de todo consuelo y en busca constante de un rayo de luz.

En uno de los emblemas de Alciato se nos muestra esa “ocasión” que para hacer las cosas cabalmente se presenta solo una vez, y que si se deja pasar ya todo se embarulla y el desorden y las consecuencias indeseables de aquella desidia, solo pueden crecer cual bola de nieve ladera abajo.

Frecuentemente esa ocasión perdida tiene su origen en la pereza o en la falta de ánimo para abordar la situación que nos hiere y perjudica. No es este el caso.
Lo que aquí hubo como origen de la rémora pesada que nos gripa, del indicio letárgico enquistado en el corazón del sistema, fue un esfuerzo cerrado de resistencia frente a lo que pudiera alterar el (des) orden establecido, la trama consensuada, el privilegio aforado, y en resumen, el modus operandi de un organismo diagnosticado como enfermo y pronosticado como grave.

Si Sarkozy dijo brevemente, respaldado por un dubitativo Zapatero, que había que reformar el capitalismo vistas sus consecuencias criminales, fue en ese fugaz instante de lucidez que precede al desastre. Fue reconocer que se había llegado demasiado lejos, y que a partir de ese horizonte traspasado ya la nave iba sin remedio a la deriva.

En ese sentido, hoy España es una metáfora global de un océano encrespado dónde la justicia naufraga, y los Papeles del Paraíso del Consorcio Internacional de periodistas (un hilo de luz en medio de tanta niebla) una versión moderna del Infierno de Dante.

La democracia y la justicia deben estar al otro lado de ese purgatorio.

POSDATA: Así explicó el inspector jefe de la Gürtel los ‘indicios’ de que Rajoy cobró de la ‘caja B’ del PP http://www.publico.es/politica/explico-inspector-jefe-guertel-rajoy-cobro-caja-b-del-pp.html

 

Entre gerifaltes y patriotas

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Entre gerifaltes y patriotas se consumen tres partes de nuestra Hacienda, que diría Cervantes.

Los gerifaltes ultra liberales, es decir, todos nuestros gerifaltes del momento, afirman, sostienen, e imponen, no en balde les hemos otorgado el poder, que ellos, por ser quién son, tan distintos de todos nosotros, son muy libres de no pagar impuestos, ya que cobran poco, roban solo de lunes a jueves, y a la vista de todos está que se marchitan, pobres, a dos velas.

Dada su precaria situación de monarcas parlamentarios del mundo anglosajón y aledaños (o familia de los mismos), así por la jeta como por la sangre azul, o su empinada condición de estrellas del deporte y la música en lata, ex cancilleres alemanes muy serios y estirados, estadistas ultra patriotas y demás retahíla de próceres solemnes, necesario es que reciban un trato diferencial y entre todos les paguemos a escote los impuestos.

Y dado que tienen prisa y la vida es corta, y como en resumen el personal ni se entera, ellos mismos se toman con total libertad (adorada palabra) ese derecho, casi un deber, de no contribuir como los demás del común a la cosa pública, que a ellos ni les va ni les viene, ya que solo usan carreteras privadas y aeropuertos privados, playas privadas y fiestas privadas donde corre la coca, y nunca visitan una biblioteca pública, no sea que se les pegue alguna enfermedad, física o moral.

Nada más lógico que el padre o la madre de una nación por derecho divino o de pernada, o el deportista galáctico que eleva la cabeza al cielo cuando suena el himno nacional, lleno de arrobo místico, o el estadista prestigioso al que todo el mundo otorga el título solemne y vitalicio de “hombre de Estado”, estafen al Estado.

Dicen los analistas de la barra anti demagógica y anti populista, que todo esto que suena raro y extraño, aunque no es ético es sin embargo legítimo. De lo cual debemos deducir que la ley de esa legitimidad que ellos mismos se guisan y se comen con papas, es legal pero indecente, algo que ya barruntábamos de un tiempo a esta parte.

Estimados compatriotas, en cualquier caso, que duda cabe que el público adora a quien le desprecia, y que por una extraña necesidad masoca de la mente colectiva, eleva siempre a un Olimpo inalcanzable a los rufianes más bajos y oscuros.
Generosos como somos con los monarcas y sus caprichos, hasta financiamos Corinnas.

Allí veréis a la cantante fashion que sale en todas las revistas del corazón de colorines, o al cantante vocinglero que levanta el puño solidario a poco que le enfoque la cámara, llevarse los dineros lo más lejos posible del fisco que a todos nos une y obliga.

Aunque lo cierto es que sin tanto esfuerzo y sin necesidad de recorrer muchos kilómetros, en el propio corazón de la Europa democrática, neoliberal y cristiana, espejo de naciones, encontrarán fácilmente numerosos y florecientes tugurios que no tienen más oficio ni beneficio que reírse de todos nosotros y dar cobijo al delincuente, y donde el más refinado jurista o el más enervado patriota, alternan codo con codo con el peor capo de la mafia.

 

 

Corrupción, Constitución, Sistema.

¡No lo puedo evitar! Cada vez que se me viene a la mente la “cuestión catalana”, se me viene a la boca la palabra corrupción. Casi como una náusea.

¿Pero la corrupción de quién? Pues la respuesta parece obvia: de unos y de otros, a ambos lados de esa falsa frontera. Sin embargo es más fácil pensar que España nos roba o que los catalanes son los malos de la película, como en otro tiempo los judíos. Todo antes que reconocer que los corruptos de uno y otro bando nos han traído hasta aquí. Y no solo eso, sino que creemos ingenuamente que esos mismos corruptos, sentidos patriotas, nos van a sacar del atolladero. De momento son ellos los que siguen al mando de las naves que nos llevan al abismo.

Más allá de fronteras lingüísticas o identidades folclóricas, más allá de banderas de colorines y patrias chicas, casi enanas, los políticos corruptos en nuestro país siempre han sido grandes aliados. Siempre han aspirado a esa “Gran coalición” que predica San Felipe González, esa fórmula política de barbarie mayoritaria y corte populista (engendro de la élite que trinca) que cierra todas las puertas a la democracia y abre todas las puertas a la corrupción. Donde no hay resquicio para la oposición y la crítica no corre el aire y el agua se estanca.

¿Hemos olvidado ya el buen rollo de Felipe González con Jordi Pujol y como el poder ejecutivo ordenaba al poder judicial que no tocara al intocable?
¿Hemos olvidado la perfecta armonía de Aznar, el héroe de la guerra de Irak, semilla de tantas calamidades, con los héroes catalanistas del 3%?

En aquella liga de aforados se jugaba al robo en comandita del dinero público, que luego nos ha faltado para la educación, la sanidad, y las pensiones.
La independencia de poderes que define toda democracia era un cuento chino que cada día nos vendían gratis a la puerta del colegio, y en las cloacas del Estado social y de derecho había más tráfico y roedores que a plena luz del día.
Ese era el “consenso” que los unía: no robes tu donde robo yo, o en todo caso pide la vez y nos turnamos. Hagan cola que cada vez queda menos y no hay guarda, solo jueces venales.

Nuestra memoria es frágil. Nada extraño ya que se premia el olvido, como si los hombres o los países fueran esclavos autómatas de un presente olvidadizo, casi una realidad virtual.

Aquella gran unidad de acción, aquel cuerpo místico de lúgubres patrias, suficientemente saqueadas por los gobiernos respectivos, casi una familia, hoy se ha roto. Nuestro esperpento nacional y nuestras cloacas atestadas, nuestros pequeños Nicolases y oscuros Villarejos, han hecho crisis. Cada vez hacen menos gracia y dan más miedo.

Cada vez hay más patriotas agresivos que consintieron fofos el desmantelamiento del Estado y hoy enseñan los dientes dando dentelladas al vacío.
Y mientras agitan banderitas y atizan con el palo a todo el que se cruza por delante de sus cables hiperpatrióticos, los grandes coaligados siguen diseñando nuevos recortes a las órdenes del dinero, para un futuro que nos pillará cantando un himno marcial. Camino del matadero de borregos. Enanos de mente y cebados de odio.

Toca jugar a las diferencias, a las identidades, a las dicotomías, al enfrentamiento, a los españoles y antiespañoles, a los buenos y a los malos. Todo viene bien mientras distraiga al personal y disfrace nuestra auténtica realidad de fondo: somos una democracia de tercera división.

 

POSDATA: La caída del comisario Villarejo hará saltar en pedazos la tapa de las cloacas de Interior http://www.publico.es/politica/operacion-tandem-caida-comisario-villarejo-hara-saltar-pedazos-tapa-cloacas-interior.html

 

 

 

 

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