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Un mal menor

Trump es un mal menor, grande y pelirrojo (peligroso, quise decir). Su peluquín de fuego amenaza crear un incendio donde ya existe un infierno.

Por eso es un mal menor (creen), porque un fuego con fuego no se apaga, y el infierno oficial tiene garantizada, así, su rutina diaria.

Tras un breve aspaviento, las bolsas volverán a inflarse, los “trading” a hincharse, los mercados a comprar seres humanos y vender almas al maligno (en España hemos pasado en los últimos años de tener un exorcista a tener trece), y el establishment soltará un eructo, una vez digerida la extraña y aciaga noticia.

Es de los nuestros, pensarán. Y con razón.

¡Qué es xenófobo!
También lo es el cardenal Cañizares.
¡Qué quiere levantar un muro!
También aquí tenemos vallas y los echamos a patadas y pelotazos de goma, hasta hundirlos en el mar.

Y eso que allí no son mayoría los refugiados de guerra que intentan salvar la vida para perderla a miles en el intento. Son más los refugiados del hambre y la miseria, o de gobiernos tan anómalos como consentidos. Allí no va Felipe González, a cantarle las cuarenta al establishment de su patrono, Carlos Slim.

El PP y nuestro gobierno son de los que mejor y más rápido han digerido la noticia (si hubiera salido Bernie Sanders ya estarían cargando las baterías antiaéreas), porque perro no come perro. Y menos con el mismo collar.

Los del distinto collar pero el mismo perro, tienen que hacer un poco de teatro (lo que hacen siempre), y hubieran preferido a Clinton (la corrupción andante), ciertamente, pero antes que Sanders -el rebelde y socialista- no está mal Trump -el bárbaro y filonazi-.

¿Hasta cuándo gestora golpista que siga manifestando opiniones y gustos tan extraños?

¿No está ya investido -como querían- el gobierno de los recortes y con el hacha de Conan a punto de soltar el tajo? ¿Por qué Fernández y colegas siguen en la poltrona, como si ir de golpe fuera quedarse de tertulia, y tomando decisiones que no les competen?

En resumen, nada nuevo bajo el sol, y todo ha cambiado de nuevo para que no cambie nada, como siempre.
Allí ha salido Trump, ayudado entre todos, para que no salga Sanders.
Aquí ha salido Rajoy, ayudado por el PSOE y otros cuantos, para que no salga una opción progresista. Y en Francia, si un resto de lucidez no lo remedia, saldrá Marine Le Pen, sin demasiado escándalo, ni sorpresa, ni disgusto, por parte de los que hoy practican los recortes más inhumanos para consumar la estafa más tramposa.

¡Y a mí que esto me recuerda a otros tiempos!

En definitiva, un nuevo capítulo de esta novela que podemos ya ir titulando “Neoliberalismo y barbarie”, con el subtítulo “De como Felipe Gonzalez se enamoró de Margaret Thatcher cuando tomaba el te con Pinochet”.

Y es que les debemos mucho: por ejemplo, a Donald Trump.

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Incertidumbre

“Argentina, desde su acuerdo con los detentadores de los llamados “fondos buitre” ha recuperado el crédito internacional y la desaparición del cepo ha devuelto a su moneda…etc., etc.”.

“Macri, en conferencia de prensa, explicando con claridad, sencillez y franqueza que desembalsar una economía paralizada por el constructivismo demagógico tiene un alto precio que no hay manera de evitar y que, sin ese saneamiento que es volver de la quimera a la realidad…etc., etc.”.  (Vargas Llosa, El País, 15 May 2016).

Nos han inculcado -despacio pero profundo- que si respiramos, como hacían antes los animales sanos, o si alzamos la mano para preguntar, como hacían antaño los griegos clásicos -que no paraban de hacer preguntas al mundo-, se puede generar incertidumbre en los mercados.

Convencidos estamos, a fuerza de adoctrinamiento, que los mercados son entes de salud delicada y enfermiza, para cuya comodidad no debemos escatimar esfuerzos, aunque nos duelan, y en los que cualquier amago de duda (punto de partida de todo pensamiento libre) puede desencadenar un constipado.
Y en ese sentido, lo que más los perjudica (más que una corriente) es que el personal se permita dudar, pensar, o imaginar más de una alternativa que no sea la que se contempla y permite con la venia de los amos. Es decir, que se plantee como hipótesis no desmesurada, ser libre y pensar distinto.

Los mercados necesitan de certidumbres, como los pueblos de religión y los rebaños de guías.
Más de la mitad de los españoles no entienden la factura de la luz, pero si expresan abiertamente sus dudas, al mercado se le puede relajar algún esfínter. Mejor no lo hagan.
O si lo hacen, diríjanse al ex ministro Soria cuando vuelva de Panamá.

Son estos tiempos, en que la única certidumbre cierta es la defunción confirmada de los derechos civiles, y con ella la del modelo Occidental. Y no sólo confirmada, sino bendecida.

Dado que los asiáticos son capaces de encajar mayores dosis de barbarie, y hemos de ser competitivos en barbarie, no podemos permitirnos el lujo de mantener el humanismo que inventaron los griegos.
Y junto a esta certidumbre, otra: la de que al planeta le estamos sacando de sus quicios. Aquí sería Epicuro el que les habría soltado una filípica ecologista y sensata a los teóricos del mercado y a los apóstoles del progreso y la explotación sin fin, que para decirlo de una vez, son unos auténticos orates. Entre otras cosas, porque ni les importa, ni entienden, ni creen en el futuro, que solo puede ser sostenible.

Ambas certidumbres, en comandita, no se sí dibujan un futuro halagüeño y deseable.
¿Los jóvenes y menos jóvenes deberían estar preocupados?
Creo que sí. Unos por la falta de perspectivas que no sean seguir avanzando en esa línea hacia el precipicio; y los otros porque ya la hucha de las pensiones se saquea, descaradamente, para parchear los expolios y pelotazos de los que nos representan (o eso dicen).

Una reciente encuesta desvela que el voto al PSOE (uno de los elementos fundamentales de la gran coalición, ese engranaje) ha envejecido, y aquellos que aún tienen esperanza instintiva -o biológica- en el futuro, prefieren otras opciones políticas.

Cuando ya no hay ideas de futuro y cambio, ni hambre para conquistarlos, es que se ha caído en la esclerosis y la polilla. Y sin embargo, esta ecuación cronológica no siempre es exacta. Hay muchos jóvenes rancios, y muchos ancianos jóvenes que han mantenido encendido el fuego de la esperanza y la lucha.
Sampedro, Saramago, Hessel, Anguita, y con ellos todos los abuelos -flauta- que acamparon junto a sus nietos el 15M. Me quito el sombrero.

El 15M ocurrió en primavera. Gracias a esa brisa fresca, hoy tenemos una ventanita abierta -aunque pequeña- al cogollo del sistema, y lo que vemos es pura y desalmada corrupción.

En política hay distintos grados de pérdida de la esperanza: la autoinculpación transferida e inducida por los que mandan, el mal llamado voto útil, y el convencimiento de la inutilidad del voto. Es decir, la certidumbre de la desesperanza. Y esa incertidumbre y depresión del ciudadano, le sienta muy bien al sistema, en cuanto que produce lo que mejor le engrasa: el miedo.

Tantos siglos cultivando la civilización para liberarnos del miedo, y ahora resulta que el desideratum es puro terror.

De ahí que el recurso ahora novedoso y desacostumbrado de solicitar frecuentemente el voto y la opinión del militante o ciudadano, sea un entrenamiento tonificante, un ejercicio saludable. Esos músculos que sostienen la dignidad y soberanía civil, estaban atrofiados. Ahora bien, no olvidemos que hay quien en política sigue al peor Platón, y prefiere no dejar en manos de la democracia lo que interesa hacer a la oligarquía. En función, claro está, de sus propios intereses.

Por principio categórico y catecúmeno del estatus quo, para evitar la incertidumbre de los mercados, el ciudadano medio (que ya no pertenece a la clase media) debe maximizar su condición servil, y renunciar a cualquier aspiración de cambio o soberanía. Debe encajar torturas que le rediman de sus pecados (por ejemplo: buscar comida en los contenedores). Debe militar en el conformismo y renunciar a la libertad y la esperanza que no se conjuguen con los requerimientos macroeconómicos del mercado. Y a pesar de esa buena disposición de muchos para encajar torturas que no se merecen y derivadas de culpas ajenas, ahora resulta que –después de tantos recortes- estamos peor que al principio, que debemos más dinero que nunca, y que los intereses de esta estafa que llaman deuda, nunca se acabarán de pagar. Lo cual implica que nuestra democracia, y por ende nuestra soberanía, ya no existen. Desaparecieron, como nuestro patrimonio, por los sumideros de los paraísos fiscales.

Los “seres” humanos hemos degenerado en “recursos” humanos, al servicio de engranajes inhumanos y –en nombre de la libertad- rígidamente  mecanicistas. A lo que más recuerda la rígida disciplina que el mercado aplica a sus víctimas (pero no a sus verdugos), es a la teología medieval: cielo para los que mandan, infierno para los demás, y purgatorio para los que no obedezcan. Hoy los filántropos más populares, populistas, y aplaudidos, intentan colocar sus fortunas en Panamá, detrás de una pantalla, como homenaje a la verdad y a la solidaridad con la Humanidad y el Planeta. Por supuesto, a estos panameños de los papeles, a estos paladines de la libertad, a estos filántropos de la evasión de impuestos (tal que un Macri, tal que una Kirchner, tal que los apólogos del primero), la corrupción y los derechos humanos en España, o en México, o las terribles torturas grabadas en video por las mismas fuerzas de “orden público” mejicanas que las perpetran, les importa un bledo, y ni alzarán la voz por ello estos “liberales a la violeta”, ni viajarán los expresidentes “socialistas”, porque lo que importa es el engranaje, y sobre todo la doctrina “sana” que lo mantiene. Y para eso hace falta “saneamiento”. Siempre estamos “saneando”, y siempre en el mismo sentido, y siempre con el mismo resultado. Quizás por eso nuestra democracia está cada vez más enferma y corrupta, y nosotros debemos cada vez más dinero. Sencillamente, nos están ordeñando.

No interesa a ese engranaje (mafioso) criticar el régimen de Méjico o el hambre en España, sino a todo el que ponga en duda el catecismo.

Hay quien concibe el egoísmo personal (sin desdeñar trampas y fraudes) como la flor más hermosa de la libertad y el motor de todos nuestros lujos y glorías. El Planeta nos unirá en el desengaño de esta falsa verdad.

Así como en la puerta de los campos de concentración podía leerse -paradójicamente- “el trabajo os hará libres”, en la puerta a este nuevo mundo libre se lee ya “la neolibertad de los mercados y la desregulación de sus delitos, os hará esclavos”.
O como decía Dante a la puerta del infierno: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.
Derechos sólo tienen los propietarios de los mercados, de la misma forma que en aquellos campos de la muerte sólo tenían derechos los guardianes y los fabricantes de jabón.

Recuerden

sibwana

 

Recuerden que…

Grandes poderes al unísono -y sin pedir cita- llamaron a Zapatero y le dijeron: hasta hoy ustedes tenían una constitución (aunque fuera un pastel), a partir de hoy tienen otra cosa. Llámenlo como quieran porque da igual.
¡Para lo que sirve! Lee el resto de esta entrada

LA IZQUIERDA ¡UY, QUE MIEDO!

Marx

Probablemente habrán escuchado ustedes últimamente (sobre todo cuando paran el tráfico intentando parar la negra estela que el capitalismo arrastra) que el clima está deslizado hacia la derecha, de forma que en diciembre hace noviembre o incluso abril, y hasta las flores del almendro se equivocan.

Pienso a veces, fantaseando, que una tectónica de placas insidiosa pero veloz, podría hacernos creer que estamos en España y Europa, cuando a lo mejor estamos flotando sobre el Pacífico y arribando a la costa Oeste de la América paleta y salvaje de Donald Trump, patria de los rifles.
O en otro plano geoestratégico, pensar que estamos en el centro cuando nuestro predio y solar hace tiempo que se perdió en los horizontes inhóspitos de la derecha, donde hasta las rosas artificiales se marchitan.

Así que algo parecido ocurre con las coordenadas políticas, y con la brújula loca de la civilización: ¿dónde está Occidente? ¿Dónde está la izquierda, el centro, el norte y el sur, en este baile de bombas y refugiados, de derechos y estafas?

Las bombas se siembran en Siria y los refugiados se recogen en Alemania, de forma que el negocio de la guerra está cada vez menos claro. Como el clima. Las estafas se siembran en los bancos y se cosechan en los presupuestos nacionales. Aquí si hay todavía negocio redondo.

Hacemos llamamientos al consumo y cosechamos catástrofes naturales.
Hacemos llamamientos a la solidaridad y levantamos alambradas. A los ecologistas los ponemos en la lista negra de los anticapitalistas. Y a los anticapitalistas en la lista negra de los anti demócratas. A lo mejor no explicamos que el capitalismo está acabando con el planeta, y la plutocracia con la democracia.

El deslizamiento de las estaciones recuerda la movilidad de las fronteras y la deriva de los continentes, que ondulan al calor de las migraciones humanas y el llanto de los niños.

Desregulados y desconvocados constitucionalmente los derechos humanos para entronizar legalmente al becerro de oro, las referencias éticas se tambalean y las palabras de antaño se evitan. Todo se mueve por debajo, y el lenguaje oficial es el que sé acuña para que el falso oro no se vea.

Cuando el PSOE se deslizó hacia la derecha (y se pasó dos pueblos), empujó al PP en el mismo sentido y dirección (hacia la derecha extrema y la extremaunción de derechos y libertades), frecuentando ambos el delito de corrupción caminaban juntos y agarraditos de la mano hacia la misma puerta giratoria, de forma que lo que quedó en el centro (derechos humanos, honestidad civil, y derechos sociales) es lo que hoy nuestro país califica de “extrema izquierda”.

En realidad se ha producido un terremoto y hemos amanecido en otro continente donde  la corrupción y el delito obtienen más votos que el hambre de justicia.
Habrá que aceptarlo, pero llamándolo por su nombre. Nos queda la palabra, que lo es todo y de donde nace el futuro.

En ese sentido Cáritas o la Cruz roja, son la antesala del Gulag según la gramática alucinada que hoy propagan los medios de masas.
Los derechos humanos y el Estado de bienestar que los realiza, no son negocio, son utopía, de ahí que solo quepa calificarlos de inventos izquierdosos.
Claro que todo esto no ocurre fuera de contexto, porque la Europa que antaño fuera vieja dama socialdemócrata, hoy es marquesona rancia y resabiada que teme que los refugiados le pisen el césped y le manchen la alfombra, atrevimiento que solo consiente a su perro.

La palabra izquierda es ignorada hoy en Europa, o vestida de coco, como si se tratase de un familiar emigrado cuyas noticias preferimos no recibir.
Claro que me refiero a la izquierda de verdad, no a la de bote que se cocina en los consejos de administración de los bancos.
Algo parecido podríamos decir de los sindicatos, cuyo silencio de todos estos años parece aspirar a un descanso eterno de ultratumba. Sin duda, lo conseguirán.

En orden a codificar nominalmente estos deslizamientos de tierras y palabras, a los que pretenden blindar en nuestra Constitución la dignidad humana, conviene calificarlos de peligrosos leninistas. Y a los que pretenden una ley electoral más justa y representativa o ignorar el imperio del dinero, solo cabe tratarlos como a rojos radicales. Hasta el humor es marxista.

Dado este nistagmos que propende al vértigo y la mentira, para comprender el mundo que nos rodea, lean ustedes las palabras de derecha a izquierda intentando recuperar el auténtico significado de las cosas, y denle la vuelta al mensaje oficial como a un calcetín viejo. Ya no está ni para remiendos.

En realidad, “La Gran coalición” es toda una academia de la lengua que limpia, fija, y da esplendor… a los sinónimos. Flatus Vocis. Pedorreta institucionalizada.
En cuanto a la reforma constitucional, permítanme un barrunto: esta vez Lampedusa y su gato por liebre no funcionará.

EL CENTRO RADICAL

Magritte - Centro geométrico

“Centralidad”, he ahí una palabra de moda.

Que casa bien con “estabilidad”, y que a la psicología de las masas sugiere, vía sugestión, paraísos artificiales, es decir, falsos.

Vestirse de centro es disfrazarse con una palabra que abre puertas y rompe corazones.
Y lo que mola y da prestigio, brillo y esplendor, es correr hacia ese punto geométrico de la política como atraídos por un imán.
El magnetismo potente de los votos. Sean para lo que sean los votos.

Y ese negocio precisa vestir de Armani y disfrazarse de centro. Es así.

Olvidamos quizás que ese punto geopolítico tan aparente ha sido el semillero de la corrupción bipartidista que hoy nos sepulta, el triángulo de las Bermudas donde han desaparecido nuestros derechos fundamentales.
Esfumados de la noche a la mañana, y sin que la caja negra del aparato constitucional se enterara del desastre, porque también la caja ha desaparecido en la noche oscura que pactaron Zapatero y Rajoy, muy centrados en su oficio, muy atentos a las órdenes superiores del dinero.

Y es que nada hay más “radical” que el epicentro de la corrupción y cogollo de la plutocracia, capaz de acabar con un país en un par de bienios, y cuyo seísmo y réplicas nos han asegurado varias décadas de penitencia estable.

¿Dónde desaparecieron los derechos laborales, las pensiones, el derecho a la sanidad y la educación, la función natural y esperada de los sindicatos?
En el centro.

El centro es el sitio al que muchos corren para esconderse, para lograr un disfraz acorde con las circunstancias, un antifaz ideológico de sus acciones extremistas.
No encontraréis allí la armonía de los contrarios, ni la moderación, ni la síntesis de Oriente con Occidente, ni el compromiso entre intereses, aunque quizás si la “ideología única” que no admite réplica, el nicho ecológico del bipartidismo monocorde, cuando no a la derecha radical parasitando el nido como un cuco.

Los que no creen en lo público, los que no creen en la sociedad, los que no creen en la cooperación, la solidaridad y la justicia, los que no creen en el Estado y en el bienestar (como no sea el suyo propio), los que sólo creen en la selva de la plutocracia, antes (hace muy poco) eran radicales facciosos. Hoy son de “centro”.

Hoy, que la geometría clásica ha sido superada por la no euclidiana, que no existe izquierda y derecha, que el mundo está encogido y colapsado en un punto, en una singularidad sin pluralismo ni alternancia posible, el caos, la desigualdad, el exilio, la explotación y la pobreza que nos rodean son síntomas, quizás, del Big Bang que esa singularidad oculta y alberga.

En este panorama de conformismo “centrista” (que no lo es), incoloro, inodoro, pero letal, la pelea de los griegos luchando por sus derechos, por sus pensiones, el sesenta por ciento de las cuales son ya de miseria incompatible con la vida (el FMI quiere reducirlas más), constituye un gesto heroico, homérico, que sostiene y defiende la bandera de la justicia y de la dignidad humana, y que enfrenta con valor a ese “centro radical”, la “moderación clásica”.

“En el medio está la virtud”, decían los griegos que parieron nuestra civilización, pero este centro del FMI, de los bancos y banqueros golfos, de la troika y de los sindicatos silenciados y ausentes, es una impostura, no una virtud.

Esos griegos, en su pobreza actual siguen haciendo historia intemporal.

Nosotros, dóciles, sin fibra moral, acabaremos como la reserva esclavista de Occidente, como el Magaluf de la juerga internacional, donde los ciudadanos tienen que hacer balconing para intentar llegar vivos a fin de mes.

CHURRAS Y MERINAS

rey-juan-carlos-de-caza-con-corruptos

Tras perder Esperanza Aguirre la poca credibilidad que le quedaba, achacando (en un intento de asustar al personal más ingenuo) un ataque avieso contra la civilización occidental (que ella en exclusiva representa), a los partidos emergentes (que deben venir de Asia procediendo de Atila), dice ahora un tertuliano gubernamental del régimen en monocultivo (que tanto nos recuerda a tiempos caducos) que así como el PC en otros tiempos, con Carrillo al frente, supo buscar la concordia, los “comunistas” de la nueva hornada 3.0 (¿PODEMOS?), quieren retrotraernos al pasado.

Lo cual dicho esto a adultos que ya no usan hombre del saco, suena no sólo increíble sino indecente.

¿O es que en el “pasado” los aspirantes a políticos (si es que existía tal cosa en aquellos gloriosos tiempos), promovían las “primarias”, se recortaban sus propios sueldos, o confeccionaban sus programas políticos mediante el voto libre en Internet?

¿O cuándo tocaban una miaja de poder, priorizaban la vivienda de los desesperados, sobre los beneficios de los bancos rescatados, como premio y recompensa, de su propia estafa?

¿Qué tendrán que ver las churras con las merinas, o buscar la justicia con impedir la concordia?
Como sí la concordia fuera posible sin justicia y sin solidaridad.

No veo yo a los “soviets” de la estepa helada manejando con soltura y libertad, la red abierta a la información libre.

Del mismo modo que imaginar al gobierno represor de Tiananmen como ejemplo de democracia (bueno para el negocio), cuesta tanto como imaginar al PP encajando la libertad de las “primarias 3.0”.

Que para mi tengo que el único ataque “asiático” a la civilización occidental, son los mecanismos y trucos de explotación laboral, cercanos a la esclavitud, importados desde el Extremo Oriente.

Que si lo miramos desde la perspectiva correcta, nuestros “liberales” más vociferantes son, sottovoce, “pro-chinos” (en el sentido de fabricas con esclavos y puertas con cerrojos).

Claro que para quien piensa que “el dinero es cobarde” y sólo florece en un ambiente de corrupción, o confunde las interacciones sociales y las relaciones humanas, con la mecánica darwinista de las bestias, todo lo que no sea funcionar mediante “mordidas”, mordiscos, sobornos, y un remanente generoso de paro que permita la explotación laboral, debe ser “trotskista”.

Estas invocaciones a la civilización occidental y a la libertad, mientras se pegan tiros desde un maletero por sí caen bolsas de dinero público del cielo libre de impuestos, es el modus operandi habitual de los tahúres.

Sea como fuere, el caso es que esos enemigos de Occidente tan denostados por su peinado y camisas mal ajustadas (radicales los llaman también), que en realidad son generadores de consenso, han logrado convencer a todos (he ahí al consenso) de que esta democracia está corrupta y apesta (convencimiento nada complicado dadas las evidencias), y hoy ya nadie discute, salvo golfos con intereses personales, la necesidad de regeneración democrática.

De lo cual cabe inferir que nos vendría muy bien y sería de gran ayuda, que algún gerifalte de la Internacional socialista o liberal (en realidad son la misma empresa) aterrizara, como caído del cielo, en nuestro solar patrio para echarnos un cable en esta operación de saneamiento democrático, siempre que no sea de los que han colaborado directamente en su corrupción (por ejemplo el señor X).

Alguien que nos ilustre como dejar de ser una nación puntera en explotación laboral, y la segunda más potente de Europa (después de Rumanía) en pobreza infantil.

Si alguien tiene un deseo irrefrenable de volver al pasado, a la tradición, a lo de siempre, son los que, recordándonos tiempos de nuestra infancia, pintan con cuernos y rabo a los que no piensan como ellos, y por desgracia para su negocio y cotarro, están indignados porque no son tontos.

¡Que viene el coco!

¡Si, pero con birrete y título universitario!

Lo único que puede consolarnos de este intento tan torpe de intoxicación, es pensar que a poco que crezca la lucidez microeconómica como se infla el espejismo macroeconómico, estos argumentos tan rústicos no sólo parecerán necios, sino malintencionados.

MAMANDURRIAS

Madre con niño muerto (I) - Picasso

Titulares de hoy:
“Uno de cada tres niños en España vive en situación de pobreza” (EL MUNDO). Y en el contenido del artículo se comenta: “Uno de cada diez es pobre severo. Sólo Rumania, con el 35%, presenta datos peores entre los países de la Unión Europea”.

“La pobreza infantil en España, amenaza con ser crónica”.
“La crisis y la falta de ayudas condenan a 840.000 niños a la pobreza crónica” (EL DIARIO MONTAÑÉS).

Así, prima facie y sin consultar el diccionario, uno podría pensar que la palabra “mamandurria” no existe. Que es un invento, una entelequia, una broma lingüística. Una creación artística fruto de la desesperación.
Una onomatopeya que se escupe cuando se pega al paladar la lengua sedienta de los estafados.

Una lengua seca, hambrienta, como esa lengua muda que una madre dispara al cielo en el Guernica de Picasso, buscando entre el humo y el fuego, una palabra que devuelva el alma a su hijo.

Pero esa palabra (mamandurria) existe, y es una palabra redonda que brota de una teta consumida. Y aunque nacida de las entrañas del asco, la Academia la reconoce como suya, como nuestra. Más nuestra que suya, o más de los que padecen sed de justicia que de los que deciden las reglas del lenguaje y la política.

Es palabra sonora y expresiva, incluso expresionista, que parece brotar por generación espontánea, sin premeditación ni pose, automática como quien respira el hedor de la ciénaga y comprime el diafragma para vomitar un concepto.

Palabras contra bombas. Palabras contra “ajustes”. Palabras contra “reformas”. Palabras contra estafas. Palabras contra la pobreza infantil.
¿Pactos?
Acabar con esto es lo primero que hay que pactar.

¿Qué son esos “ajustes” y “reformas” tan alabadas por los oráculos macroeconómicos?
Mamandurrias.

Las palabras contra las bombas, el acero, el fuego, el hambre o la injusticia, las palabras contra las divinidades tecnócratas del séptimo cielo, son especiales. Solo pueden ser gritos, expresiones guturales que nacen de la garganta, onomatopeyas, porque la antigua lógica, la vieja ética, la denostada justicia, los añorados principios, las exigibles aspiraciones que civilizaban antes a la bestia, han quedado hechas añicos por una ideología que no admite replica. Exacta, despótica, inhumana. A sueldo.

Tetas saqueadas, madres heridas, niños con hambre, y parásitos.
Todo en un sólo vocablo: mamandurria.

En un país digno de tal nombre, cualquier programa electoral que se precie debería incluir una lista de mamandurrias a eliminar, para que coman los niños. En el nuestro, tal lista,  sería significativamente larga.

Por ejemplo:
El Consejo consultivo de Leguina y Gallardón (he ahí el consenso constitucional). Sueldos borbónicos hasta para las Meninas (¿tan caras están las chuches?). Pensiones de sangre azul. Tarjetas Black. Bicocas aforadas. Sinecuras vegetantes. Indultos colegas. Retiros dorados y pensiones VIP para la Nomenklatura. Los préstamos e intereses que estrangulan y saquean las democracias…
Todo eso son MAMANDURRIAS.

Que coexisten con el hambre infantil, por ejemplo, y con el desahucio de familias.
Contrastes como estos, nos devuelven al pozo de la barbarie.

Hay flujos de datos y corrientes de ideas, que cuando se cruzan como nubes cargadas de razón y sinrazón, saltan chispas y encienden rayos que, o nos iluminan o nos abrasan. Por ejemplo: la OCDE “aplaude las reformas de Rajoy”; “La OCDE exige abaratar más los despidos en España”; “anima a España a mantener el pulso de las reformas”; “reformas” cuyo significado implícito (eufemístico)  es explícito (violento), y ya conocemos en forma de recortes y perdida de derechos.

Porque el programa de “reformas” no consiste (a pesar de las posibilidades del término) en hacer competitivo al político, al mangante, al parasito, al explotador. No.

Se da por supuesto que el programa “reformador” que se exige y se premia, solo puede consistir en apretar el cuello al famélico, y de hecho consiste en acercar el concepto “empleo” al hasta ahora proscrito estado de “esclavitud”.

Por otra parte,  la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, denuncia que España es uno de los países con más casos de explotación laboral.

Como las “reformas” tan alabadas consisten básicamente en explotación laboral, y traen de la mano pobreza y hambre infantil, uno de esos dos organismos es indecente, y promueve de hecho (como si fuera doctrina sana y de ley) un ataque directo contra derechos fundamentales.

En resumen:
Mamandurrias.

DISFRACES

Manejando los hilos

La mano del señor X es larga y duradera, y hoy gobierna Andalucía a través de Susana Díaz.

Uno barrunta que intenta también dirigir y controlar los pasos dubitativos de Pedro Sánchez, con mayor o menor éxito, con mayor o menor disimulo.
Quizás el señor X sea el eje sobre el que gira la confrontación Susana contra Pedro.
González es un Papa emérito que aún manda mucho en “su” Vaticano.
En su reino sobran las primarias.

Pedro Sánchez de partida lo tenía complicado para reivindicar y vender un partido disfrazado bajo siglas “socialistas”, pero identificado ya por muchos ciudadanos conscientes y adultos con el tándem PPSOE, motor bien engrasado de la corrupción en este país desde los tiempos del “pelotazo” hasta las últimas hazañas gloriosas.

Claro que veníamos de un sitio tan oscuro (de camisas negras), que cualquier contraste parecía  luminoso o como mínimo turbio.

Borrar del curriculum del PSOE esos hechos no es fácil, aunque cabe el giro radical de naturaleza y obras. No basta con cambiar de caras.
No obstante, la melancólica experiencia permite dudar que, una vez más, hayan “entendido el mensaje”. Se deben al guión que escriben otros.

Si aceptamos como evidente que el “régimen” organizado en forma de bipartidismo ha sido una puerta abierta a la involución y la pérdida de derechos, estaremos de acuerdo con Susana en que no es tiempo de disfraces. Aunque solo sea por respeto a los ciudadanos.

Para muchos españoles, y desde hace ya mucho tiempo, el PSOE es una de las patas fundamentales del cotarro que sustrajo decencia e ilusiones a este país. Que nos propinó reformas laborales esclavistas, y que bregó a favor de los que más tienen. Uno de los arietes más belicosos y convencidos de la plutocracia. Rajoy no ha hecho otra cosa que seguir y cultivar ese camino.

Por eso en el PP de Bárcenas y colegas, quieren tanto a González que lo aceptarían sin dudar como sustituto de Cospedal.

A un nivel más amplio, esa corriente ideológica y política ha llevado al mundo actual a un estado de tensión y caos, en el que las muchedumbres de refugiados, trabajadores explotados, civiles muertos y ciudadanos que huyen arriesgando y perdiendo la vida, tienen rostro humano, y dan realidad concreta a las frías estadísticas  de los organismos  internacionales.
Esas estadísticas dicen que se están batiendo récords de desigualdad y corrupción.

Y esto no se produce en el vacío ni por generación espontánea, ni de un día para otro: perdida de derechos, pobreza energética, privatización de sectores estratégicos, lobbys, pelotazos, y puertas giratorias con sus correspondientes premios y recompensas, son hijos de la misma madre.
La corrupción como mecanismo central  de la sociedad desregulada y desigual.
La democracia como farsa y disfraz.

En Italia se conoce como “Los impresentables” (esto se lo escucho a Lorenzo Milá en la TV) a un grupo de políticos corruptos que sin embargo son “elegibles”, y a los que el voto popular puede dar su bendición, para que regándolos con el agua bendita del voto, florezcan de nuevo sus delitos.
De lo que se desprende que cada vez nos parecemos más a Italia con nuestro jardín de cardos.

Hace tiempo que los llamados “socialistas” apostaron por el mercado sin control, e inclinaron el cuello frente al poder del dinero.

¿Y cual es la justificación para esta conversión neoliberal de los antaño progresistas?:

Hacer de los ciudadanos antes libres, esclavos competitivos con Asia, y renunciar para ello a las libertades, conquistas, y humanismos de la civilización Occidental. Por eso la democracia sobra, su socialismo es de broma, y los sátrapas (por las buenas o por las malas) dictan e  imponen su ley. Eso también lo confirman las estadísticas, los informes, y los hechos.

Tanto para unos como para otros (PPSOE), “normales” sólo son los ciudadanos que se resignan a “este sistema”. Los ciudadanos dóciles.
Los demás son indeseables, “antisistema”.

“Impresentables” frente a “antisistema”.

Al menos este conflicto tiene una dimensión antigua e intemporal, “homérica”. Puede rejuvenecernos con el recuerdo de los orígenes: allí siempre nos aguardan ética y dignidad humana.

A Maquiavelo siempre se le lee con una mezcla de admiración y asco, quizás porque une clarividencia y aceptación cínica de la realidad. Pero era un experto en disfraces y uno de los máximos ideólogos del “sistema”. Muchas mañanas se mezclaba con el pueblo para jugar a sus juegos, pero al volver a su casa, y antes de refugiarse en su estudio, se vestía una túnica talar (especialmente elegante y digna) para tratar con los “clásicos”.

La elasticidad ética que hoy permite ganar elecciones a una corrupción fehaciente y conocida (ahí está Andalucía y tantos otros ejemplos) no creo que sea fruto de las lecturas. Se sembró con la semilla de FILESA y los GAL, se regó con la GÜRTEL y los ERE, y se consolidó con una red de complicidades y favores vergonzantes que la intoxicación mediática tiene la misión de camuflar, pero que en tiempos más lúcidos causará vergüenza y sonrojo.

La maraña de favores, clientes, cargos, comisiones, dinero y corruptelas,  es tan inextricable y profunda, que sin más atrapa y define a sus beneficiarios, y los inviste con la maestría del disfraz.

González siempre estuvo más cerca de Margaret Thatcher que de Olof Palme. De la desregulación que de la solidaridad. Del capitalismo salvaje a lo yanqui, que de la socialdemocracia europea.
Reconocerlo es prescindir del disfraz, tal como pide Susana Díaz.

Se subió con entusiasmo ardiente al carro del “fin de la historia” y abrazó con fe de neófito la “ideología única” (única por mutilada y recortada).
Asumió desde el principio las “realidades” del poder, sin el menor signo de contradicción o rebeldía, para alcanzar el aplaudido y bien pagado estatus de “hombre de Estado”. Estado de iluminación que lo justifica todo sin necesidad de dar mayores explicaciones al personal de a pie.

Inició y colaboró al saqueo y privatización de lo público, y  mientras Leguina aterrizaba en un ” consejo consultivo” para pastar (8.500 euros mensuales, coche oficial, asistente, y un día de trabajo a la semana) mientras predicaba el “adelgazamiento del Estado”, su jefe remató la faena saliendo por la puerta grande (giratoria por supuesto) para gozar de recompensas estratégicas, y ponerse a las órdenes de Carlos Slim y otros héroes del socialismo.

De acuerdo con Susana.
No es tiempo de disfraces.

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

El sueño de la razón produce monstruos y los trompazos electorales alucinaciones.

Dice Esperanza Aguirre, iluminada por el resplandor de las urnas, que AHORA MADRID persigue acabar con la “civilización Occidental”, operación demoledora que al parecer va a comenzar por España, y más concretamente por su capital.

Y claro, ella se postula como salvadora del Occidente amenazado, y si hace falta del Oriente también (del orto al ocaso puestos a ello), junto a Granados y otros colegas de tropelías varias, como tropa guerrera, inspirada y talentosa.
Tropa y tercios que ya nos debe orientar sobre el Occidente que la postulante tiene en mente (a la altura concreta de su cartera), y que nos debe hacer dudar del norte e intereses que guían sus pasos e “ideas” (por llamarlas de alguna forma).

Proyecto político que tiene sus señas de identidad más conocidas en los maleteros de la Púnica, y sus logros más ilustres en el saqueo y privatización de los bienes públicos, junto a otras mordidas de rigor y costumbre.

Tamaña lucidez y análisis de la realidad ya nos explica muchas cosas, incluidas las deserciones recientes de tan dudosa y malhadada cruzada “occidental”, porque cuando uno (o una) tiene una cara que se la pisa (se acaba de designar ella misma “regeneradora” oficial) acaba por tropezarse con su propio rostro y curriculum en el espejo.

En sentido opuesto muchos pensamos que AHORA MADRID y otras “mareas ciudadanas” que en un santiamén han brotado, crecido, convencido y conseguido votos en los cuatro puntos cardinales de nuestra patria, sin más apoyo que la razón y la indignación frente a los golfos y otros “profesionales” de la política, son tan razonables, saludables e imparables, como las mareas del mar azul de verdad, tan occidentales como la lógica de Aristóteles, y tan universales como la ley de la gravedad.

Y que justamente han nacido para proteger a Occidente y su democracia, del ataque orquestado, globalizado y financiado (ilegalmente), de una tropa bárbara y delincuente, cuya sociedad “abierta” viaja “encerrada” en valijas de lujo, hacia paraísos fiscales y otras patrias amuralladas que no saben de fronteras, civilizaciones, o puntos cardinales.

Y es que no hay mayor sofisma ideológico que sostener y predicar con fe ciega y fanática, que dejar las manos sueltas a los ladrones desregulados, los vuelve honrados, civilizados, y eficientes.

Cabría pensar y defender que si Occidente es un “humanismo” digno de “conservar”, tiene más que ver con Grecia, el Renacimiento, Montaigne y la conquista (incluso revolucionaria) de derechos y luces, que con los recortes y expolio de estos derechos, la crueldad con los necesitados, el saqueo del trabajo ajeno y de los bienes públicos, el oscurantismo, el ataque a la educación y el salto rociero de la verja.

Para los defensores tecnócratas de su Occidente particular y privado, que las nuevas formaciones políticas practiquen y exijan “primarias” a los demás partidos, les resulta caprichoso y novedoso, cuando no “excesivamente democrático y helénico”.
Lo cual demuestra que efectivamente no han entendido nada (o no quieren entenderlo), porque si algo tienen claro los ciudadanos españoles a estas alturas de la película, es que la corrupción que nos ha llevado al desastre actual nace en los partidos, se alimenta y ampara en sus aparatos, y se trasmite y contagia a la sociedad, que en última instancia es la que paga la factura.

¿O dónde estaban los aparatos “orgánicos” de los partidos (incluidos jueces, fiscales y voceros mediáticos), todos estos años mientras se saqueaba y corrompía el Estado?

Si de algo es consciente el ciudadano español es que se le consulta poco, y de que con mayor pecado y peores consecuencias, las decisiones importantes no pasan por sus manos.
Consultando la soberanía popular como es obligado y propio de “Occidente” ¿España habría entrado en la guerra de Irak, que al final fue decisión justificada en la mentira y guiada por intereses personales y privados?

El Tribunal Constitucional considera que las plusvalías y beneficios de los bancos (muchos de ellos rescatados con dinero público que no han devuelto) están por encima del derecho constitucional a la vivienda, y mediante reciente y sorprendente sentencia da apoyo legal al desahucio de familias enteras (incluidos niños y ancianos). Se justifica el alto tribunal en que nuestra Constitución es como es.

Muy sensatamente, un representante de Izquierda Unida concluye de esta sentencia y argumento jurídico que entonces es nuestra Constitución la que tiene un problema. Y gordo.

¿Alguien puede considerar serio hablar de la regeneración y refundación del PP sin hablar de la regeneración y refundación del PSOE, y sin acometer muy seriamente y como medida higiénica la regeneración y refundación de nuestra Constitución, que ha sido el soporte legal y político de la corrupción actual?

Marcos Benavent, yonqui del dinero y oficiante del mangue (leo en noticia de hoy mismo), tras entregar al juzgado los discos duros que otros borran, pretende servir a la verdad regeneradora describiendo y explicando el modus operandi de los “defensores de Occidente”, made in PP.

Eso, más que una “cruzada” es una cruz sobre nuestras espaldas, pero ese es (junto a la devolución del dinero) el único camino de la regeneración.

¿TOTALITARISMO LEGAL?

regeneracion

Los que cuentan “pelas” de sobornos como si fueran trileros de barrio chino (al final el fraude es de dinero público), son los mismos que llaman perros-flauta a los ciudadanos que salieron a las plazas el 15M.

Los que dicen que a los trabajadores les sobra grasa y hay que reformarlos, y que los ciudadanos (incluso enfermos, pensionistas y dependientes) viven por encima de sus posibilidades y hay que recortarlos, son los mismos que entre risas de colegas dicen que “trabajar es de tontos” y viajan frecuentemente a Andorra o Suiza armados de un maletín con sobrepeso.

Los que piensan y dicen (por ejemplo Rajoy) que la política hay que dejársela a los “profesionales” y justifican sin rubor un cierto despotismo tecnócrata (todo el PPSOE en masa corporativa) son los mismos que se llenan la boca con el nombre de democracia, y arrean con lo de “bolivariano” al que se atreva a quejarse.

Y sin embargo ¿que dicen sus programas electorales sobre los paraísos fiscales, el número de aforados o el indulto colega entre chorizos?

Al día de hoy, muchos recortes y desahucios después, el estado sólo ha recuperado el 5% del dinero inyectado para el rescate de los bancos, los beneficios de estos siguen creciendo, pero cuatro millones y medio de ciudadanos españoles siguen en el paro, y los que trabajan no salen de la pobreza ni pueden pagar las facturas básicas.

Los que llaman “antisistema” a los que piden reformar la Constitución vistos los resultados, y que hasta ahora consideraron intocables las leyes electorales que les beneficiaban, son los mismos que a toda prisa (con el viento en contra) quieren ahora toquetear un poco (a la medida) las reglas “que nos hemos dado”, para apuntalar el cotarro bipartidista.

Cospedal, Monago, Rus, Rajoy, Pedro Sánchez…

Más de lo mismo.

Y sin embargo, los perros-flauta, los antisistema, los ciudadanos cabreados del ágora se han organizado y hoy, en Andalucía, exigen reducir altos cargos (de esos que cuentan “pelas” entre boñigas) para contratar más sanitarios y maestros.

Y Podemos exige a Susana Díaz que la junta andaluza no contrate con bancos que “desahucian a familias que no cuenten con alternativa habitacional”, “violación flagrante de varios convenios internacionales, entre ellos la Declaración universal de derechos humanos”.

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