ESTOLIDEZ

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Hay actitudes vitales que parecen proceder de la raíz profunda de la filosofía, y unir a las virtudes del escepticismo la fortaleza de la paciencia.

Pero esa actitud serena, que sin duda muchas veces nace de la experiencia y de una visión profunda de la realidad, otras no es más que una “pose” que esconde un miedo cerval o una encogida prudencia fruto del autoconocimiento.
Es en esta segunda modalidad de ataraxia en la que hemos de colocar a nuestro virtuoso y enigmático presidente Rajoy.

Sólo así cabe explicarse su actitud de ceguera voluntaria, la negación estólida y muda de los hechos, la huida imposible de la realidad y de su propia conciencia, la prohibición de preguntas y criminalización de manifestaciones que desde el principio de su mandato traban su lengua, corrompen su discurso, y embadurnan sus pasos. Acabarán reconociendo que, efectivamente, los “antisistema” eran ellos.
Ellos eran los auténticos enemigos de la democracia y de Occidente. Las termitas del Estado de derecho.

Esa huida hacia delante es una huida sin futuro, es una huida hacia ningún sitio, y aunque inclinado y tambaleante camina en busca de su eje de gravedad, impelido por los zurriagazos electorales y el miedo a ser descubierto, su marcha se acelera cada vez más, atraída por el suelo y amenazando trompazo.

Hay quien confunde su inercia y deseo de invisibilidad con “estabilidad”, y aunque nuestro presidente de gobierno mantiene la habilidad de apilar víctimas sobre las que empinarse para intentar un salto en el vacío, al otro lado sólo le aguarda su propio rostro en el espejo.

De esta crisis no están sacando sus victimas y los muertos que van quedando en el camino. Y una de esas victimas es la verdad.

Más sensato, virtuoso e inteligente, hubiera sido limpiar la cueva desde el principio, pero quizás la certeza de que el agua los arrastraría a todos, con parecida y merecida culpa, por el desagüe, los inhabilitó para librarse de la inmundicia. Hoy ya es demasiado tarde. Y “apesta”, que diría el Papa.

De la misma manera que el zumbido creciente de las moscas es anuncio de detritus, el zumbido constante de corruptos que orbitan su corona, señalan la fuente primera y última de la descomposición.

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Publicado el 30 mayo, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Pues como dice el refrán, “a enemigo que huye, puente de plata”, de oro no, que ya no queda tras el saqueo.

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  2. Reblogueó esto en Opus bayy comentado:
    Poquito de agua pa´ el sofocón electoral

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  3. Cadaveres políticos…

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