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Apartheid

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Extrañamente los distintos apartheid que en el mundo han sido se han prolongado en el tiempo de manera monótona y bastante inexplicable.

Esto demuestra dos cosas:
Que la injusticia abunda en las relaciones humanas (o laborales), y que está injusticia suele afianzarse en un cuerpo pasivo y sin criterio propio, siempre a favor de la gravedad. Somos muy buenos pegando coces hacia abajo y obedeciendo órdenes hacia arriba, y muy malos remediando injusticias.

Cualquiera que se mueva laboralmente en el ámbito de la atención primaria del SESCAM sabe que en su seno hay un APARTHEID laboral enquistado desde hace más de una década. Concretamente desde 2005. Y sabe perfectamente quienes son las víctimas de ese apartheid: el personal estatutario de atención continuada (PEAC).
También sabe quiénes han estado del lado de los victimarios, por acción, por omisión, o por interés, que no tiene nada que ver con el interés general. Y aquí los sindicatos sabrán si después de 12 años de pasividad y consentimiento están dispuestos reaccionar.

Pero como siempre ocurre en la vergonzosa historia de los apartheid llegará un momento (y está llegando) en que dicha situación nos parecerá una injusticia y hasta un escándalo. Y nos preguntaremos como hemos consentido que un médico o un enfermero trabaje durante 65 horas seguidas; o por qué sus turnos de trabajo son tan irracionales y contrarios a la salud laboral; o por qué en tantas ocasiones no libran ningún fin de semana del mes, de todos los meses del año, como si no tuvieran familia ni vida social, condenados a una vida paralela de sonámbulos perpetuos; o porqué no se les ha reconocido como personal nocturno y a turnos si efectivamente lo son; o porqué no se les ha aplicado a ellos las tablas correspondientes para la reducción de su jornada por noches realizadas, como a cualquier otro trabajador en condiciones similares; o por qué con la misma categoría profesional y la misma formación académica, cobran menos por realizar consultas​ a destajo que duran 17 y 24 horas seguidas (o 65), y cobran menos también por trabajar de noche y preferentemente en festivos y fines de semana (¿En qué otro ámbito laboral de este mundo se cobra menos por trabajar de noche y en festivos y fines de semana? Solo aquí); o por qué la gestión de sus nóminas no hay quien la entienda como no sea Ali Baba o el emérito extesorero Luis Bárcenas; o por qué sus turnos de trabajo y descanso se los impone  “el equipo”, si no son (como les recalcan) parte del “equipo”, ni son subordinados de otros compañeros de a pie, ni están contratados por el “equipo”, ni el “equipo” les paga; o por qué el disfrute de sus licencias y descansos les produce fatiga, cansancio, y sobre todo merma económica… Digamos que son cosas que tiran a raras.

Podría seguir como en realidad sigue y se prolonga en el tiempo (va para doce años) esta situación que de repente a todos nos parece un escándalo, cutre, y surrealista.

Amanece que no es poco, en Castilla-La Mancha.

 

Blanca y del Sur

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La marea blanca hoy arrecia desde el sur, contradiciendo con su viveza y vigor el rigor invernal.

Quizás allí abajo pasan menos frío y los ciudadanos reivindicativos no están aún “hibernados”.

Nos recuerdan tiempos no tan lejanos en que esas mareas bullían por las calles de toda España, aún con fe y esperanza de sacudirse la pesadilla de encima, un último fulgor antes del coma profundo.

Pero ¿quién sabe?
Quizás ese último resto de vida sea contagioso y resucite al muerto entero. O eso, o la primavera. Una primavera parecida a la de Praga, por ejemplo, eso es lo que necesitamos.

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PICO (GRIPAL) NO, CORDILLERA

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Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni nos informan en su libro “Estado de crisis”, que la crisis del capitalismo que estamos viviendo no es una crisis más, similar a otras que la precedieron, sino que a lo que nos enfrentamos ahora -quizás por no haber sacado conclusiones y remedios perdurables de las crisis anteriores- es a un “Estado de crisis” que amenaza perpetuarse como un cáncer, y provocar como metástasis una crisis subsidiaria de la democracia y el estado de derecho, es decir, de los valores propiamente occidentales.

Esta crisis no se trataría ya de un pico o cumbre que hay que sobrepasar, sino de toda una cordillera en la que debemos resignarnos a sobrevivir y malvivir, con muy poco oxígeno.
Salvo que -y esto es una opción más sensata- nos demos media vuelta y reencontremos el camino perdido, y recuperemos nuestros valores democráticos.

Pues esto que podemos decir, en forma de metáfora geológica, de nuestra circunstancia económica, política, y social, podemos decirlo también del deterioro  -ya desastre- de nuestra sanidad, cuya actual crisis no se debe a un “pico” gripal, sino que en todo caso enlaza con todo el malestar precedente y nos conduce, sin remedio, al malestar subsiguiente. Malestar de los usuarios y malestar de los profesionales.

Ocurre que los “picos” gripales les vienen muy bien a los gestores economicistas y desregulados (también recortados) para justificar y enmascarar un estado de cosas que a poca memoria que tengamos, reconoceremos que no es nuevo ni puntual, sino que se arrastra desde hace demasiado tiempo: las listas de espera en atención primaria (para el médico de cabecera) y para el especialista, las urgencias hospitalarias con sus pasillos repletos de pacientes que esperan su turno en condiciones inhumanas, falta de camas, recorte y explotación de medios y profesionales que cada día se ganan a pulso una enfermedad laboral (¿dónde están los sindicatos y los servicios de salud laboral?), y que además sufren la agresividad o incluso las agresiones del usuario que no sabe orientar su descontento, y que sin embargo evita el gestor en su despacho, donde, por cierto, está protegido por servicios de seguridad, mientras que muchos o casi todos los puntos de urgencia de atención primaria (PAC), donde se dan mayoritariamente estas situaciones de violencia, están totalmente desprotegidos (no hay ni celadores).
Recientemente hubo que reducir a un individuo armado con escopeta en el CS de la Solana, que amenazó a los profesionales en el servicio de urgencias, que es mayoritariamente el tipo de servicio donde se suelen producir estos episodios de violencia.

De los políticos lo más que se puede decir (al menos de muchos de ellos) es que viven en su mundo y todo les importa un carajo. Sólo así se puede explicar que algunos representantes del PP en nuestra comunidad, descubran ahora que hay listas de espera infumables en nuestra atención primaria, la del antiguo médico de cabecera, ignorando que es una situación que arrastramos hace ya más de una década, y a la que Cospedal como el PSOE que la precedió tanto contribuyeron con sus recortes y su mala gestión. Las listas de espera para el médico de cabecera a veces son de entre 7 y 14 días. Luego explicaremos algunos de los motivos de este absurdo, inconcebible en otros tiempos.

Adelantemos ya una reflexión: aunque todo este cúmulo de despropósitos tiene fundamentalmente su origen en los recortes (que sin embargo no sufre el “aparato” político, por otra parte tan estéril), cabe también una gran responsabilidad a los malos gestores, que en gran número de casos debe su nombramiento a factores políticos.
De los profesionales lo que se debe decir y denunciar es que no dan más de sí, y en algunos casos, como ocurre con los profesionales PEAC de los servicios de urgencias de atención primaria, están sometidos a explotación y condiciones laborales infrahumanas, que ni en el tercer mundo darían por buenas, y que ni los sindicatos ni los servicios de salud laboral -salvo honrosas excepciones- vigilan ni les importa.
De malos gestores estamos sobrados. Lo que nos faltan son trabajadores, habiendo, sin embargo, tanto paro.

Desde el momento que hay listas de espera en atención primaria (para el médico de cabecera) ya hemos fracasado. Desde el primer peldaño nos hemos quedado sin escalera. A partir de aquí viene todo lo demás, y sin solucionar esto, no solucionaremos nada en nuestra sanidad.

La única manera de acabar con las listas de espera para el médico de cabecera, es acabar con el ingente número de consultas que no se pasan y se pierden (pero se retribuyen) cada mes, en cada centro de salud de nuestra comunidad. Más allá de las licencias reglamentarias, que están perfectamente establecidas, y que nunca provocaron ese deterioro, porque además se cubrían con sustitutos (ya no o muy poco), la causa hay que buscarla en la gestión del llamado “descanso posguardia”, que se organiza y gestiona como una “licencia reglamentaria y retribuida”, cuando en realidad es un “descanso entre jornadas sin derecho a retribución”. Si esto se confirma (como yo creo), y no solo lo parece sino que lo es, estaríamos ante un fraude de dinero público. La jornada ordinaria no se cumple pero se paga.
Dada esta situación, digamos “alegal”, la acumulación y el coleccionismo de descansos posguardia se ha convertido en un “chollo” y en una aspiración guiada por la codicia. Como las legendarias “peonadas”.
Como los gestores deben creer que no han hecho suficiente destrozo de nuestra sanidad y de nuestro presupuesto con permitir esto, además ponen la organización del calendario de guardias y sus “libranzas” en manos de quien más se beneficia de este orden de cosas.

Como a su vez esos gestores -que no son tontos- son conscientes de esta chapuza con tintes de ilegalidad, intentan compensarla poniendo a los profesionales que se benefician de tan peculiares “libranzas” a hacer, cuando toca, el papel de sustitutos de sus propios compañeros, para lo cual, de un modo u otro, parcial o totalmente, tienen que abandonar su propia consulta, pues no incrementan su horario, sino que lo solapan. Se desnuda un santo para vestir otro.
Ese mecanismo de sustitución muchas veces es solo teórico, sobre el papel (aunque el papel sea un Plan Funcional), porque en realidad esa sustitución en bastantes casos ni se lleva a cabo. Las órdenes de la Gerencia no se obedecen, el Plan funcional no se cumple, y las consultas quedan vacías.

¿Resultado?: Como el número de consultas que se pierden (pero se retribuyen) cada mes en cada centro de salud es ingente, se producen (en atención primaria) las listas de espera que ya hemos comentado, listas de espera que los pacientes no asumen, y que desembocan en la saturación de los servicios de urgencias. Los PAC (servicios de urgencia de atención primaria) se desbordan con consulta ordinaria que no se pasa en su lugar natural (las consultas), y quedan inútiles para su auténtica función, asistir las verdaderas “urgencias” actuando de filtro eficaz del hospital (¿cómo abandonas un servicio con 20 o 25 pacientes “urgentes” en la sala de espera para salir al exterior?).  Y luego ya toda esa mala gestión de la atención primaria se desborda hacia el hospital y el especialista. No en forma de “pico gripal”, sino en forma de picos y situaciones cochambrosas que se suceden, apenas sin solución de continuidad, desde hace ya mucho tiempo.

¿Propuestas de solución?:
Primera: cumplir la legalidad de las jornadas, descansos, y retribuciones. Por ejemplo, la legalidad dice que los turnos del calendario de guardias tienen que ser “rotativos”(Decreto 137/1984 de Estructuras básicas de salud, artículo 6, punto 3). Ahora se deja hacer (laissez faire) sincopado y a gusto de quien lo confecciona para coleccionar descansos posguardia. Hacerlo rotativo, aminora las consultas perdidas y aumenta la eficiencia asistencial. Viene exigido también por imperativos de salud laboral y una distribución más “fisiológica” de los turnos (el agotamiento de los profesionales, como hoy se vive, no conduce a nada bueno).

La jornada “ordinaria” que se cobra hay que trabajarla. No hacerlo es fraude de dinero público.

Los calendarios de guardias los decide el gestor, de cara a una mayor eficiencia asistencial, no quien es juez y parte, de cara a su propio beneficio personal.

Segunda: hay que recortar a los políticos y a los gestores, no al servicio público. Daría para pagar a los sustitutos que legalmente hay que poner para cubrir las licencias “reglamentarias”. El descanso postguardia es un descanso entre jornadas, no una licencia reglamentaria con derecho a retribución. Las licencias reglamentarias deben sustituirse todas. En su defecto el plan funcional tiene que cumplirse en sus términos exactos.

Tercera: Es un imperativo insoslayable la distribución clara, fehaciente (blanco sobre negro y firma debajo) y racional de las funciones. Poner al personal de consulta a pasar consultas, y al personal de atención continuada (guardias) a hacer atención continuada, que no es pasar consulta porque además este personal carece de los instrumentos –incluso administrativos- y del mandato legal para ello. Estos servicios tienen que actuar de filtro eficaz de las urgencias que acuden al hospital, y ahora mismo esto no es posible. Nos encontramos ante una disyuntiva: o el personal de consulta cumple la jornada ordinaria que cobra, o hay que contratar más personal de atención continuada. Es urgente dotar de “doble equipo” a todos los PAC y en todo su horario de guardia, única forma de acudir a las urgencias del exterior cuando en la sala de espera hay pacientes, cosa que ocurre constantemente.

Y en relación con este último punto: ¿para cuándo unas instrucciones claras, blanco sobre negro y con firma debajo, sobre cómo hay que actuar cuando nos demandan asistencia en el exterior y la sala de espera está llena de pacientes sin la posibilidad de triaje, y el equipo que se va es el único que hay? ¿Se echa a la gente? ¿Se cierra la puerta o se deja abierta? Recientemente, en un PAC (doy fe), cuando el equipo que había salido a una urgencia exterior volvió, se encontraron con una persona tirada en el suelo, delante de la puerta del servicio de urgencias, rodeada de sus familiares. Así de triste y cochambroso. ¡Doble equipo ya en todos los PAC!

En resumen, con la nueva administración (PSOE) las cosas no han mejorado, sino que incluso han empeorado. Y ya es difícil, porque el objetivo del PP era y es cargarse la sanidad pública para hacer negocio privado. Su lema es ¡la salud para quien se la puede pagar!

Unos y otros emplean las mañas de la empresa “desregulada” en un servicio público. Y los sindicatos mudos y ausentes.

De mal en peor

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Hemos visto estos días imágenes de nuestros hospitales que nos han recordado las situaciones cochambrosas de la era Cospedal, grabada a sangre y fuego en nuestra memoria porque durante la misma se puso dinamita, deliberadamente y con ánimo de lucro, bajo el Estado de bienestar, es decir, bajo uno de los pilares fundamentales del Estado.

Y esa operación de acoso y derribo contra esa conquista histórica que constituye el servicio público (sanidad, educación, dependencia, investigación..,) no fue consecuencia de una crisis circunstancial (aunque fue estafa que vino al pelo), sino claramente fruto de un planteamiento ideológico y de una estrategia elaborada, cuyo objetivo es el más zafio de los negocios: lucrarse y poner precio -elevado- a lo que son derechos humanos y objetivos públicos, cuyo sostén y garantía debe ser consecuencia necesaria del mismo hecho de vivir en sociedad.

En ese sentido, ese planteamiento  ideológico no está muy lejos de la barbarie, ni tampoco de la selva.

En esa etapa, el patrimonio público, resultado de tantos esfuerzos colectivos, sufrió un asalto sin precedentes, y nuestros derechos como ciudadanos fueron rodeados por una turba de antisistemas, que tenían un único objetivo en mente: revertir la Historia mediante el más despreciable de los saqueos, aquel que respeta la corrupción y arrasa con los derechos humanos.

Nadie envío en esa ocasión a las fuerzas de orden público a defender ese patrimonio y esos derechos, que el mandato constitucional protege.

Acosado, nuestro Estado de bienestar que define constitucionalmente nuestro Estado social y de derecho, sobrevivió a duras penas, casi siempre por la defensa que de él se hizo en los juzgados y las calles.
Fueron muchos los ciudadanos valientes y honestos, las mareas y los juzgados independientes -que los hay- que les pararon los pies a estos nuevos vándalos, los del jaguar y el carrito del helado. Los que querían cerrar los PAC (puntos de urgencias de atención primaria) que constituyen el filtro saturado y desbordado –pero imprescindible- de las urgencias que llegan al Hospital. Imagínense las urgencias hospitalarias sin ese filtro. Una pura insensatez.

¿Y la recompensa a esa lucha son las imágenes que ahora vemos?

Ahora con Page como entonces con Cospedal, el Estado de bienestar importa muy poco, estorba, y casi parece que molesta. Como importan poco los profesionales y sus condiciones de trabajo. No molestan sin embargo los privilegios de los políticos, incluso de los que ya no ocupan ningún cargo. De no ser así, un presidente autonómico no vería con tranquilidad dichas imágenes que revelan un apelotonamiento de personas enfermas, unas condiciones insalubres de trabajo, y en definitiva un trato inhumano de unos y otros -profesionales y enfermos- sin fulminar dimisiones.

Pasillos de Hospital cegados de enfermos maltratados por los recortes, y de trabajadores explotados por esos mismos recortes, indican que el río de nuestra democracia no fluye, y que nuestra política social y laboral hace aguas. La política social, la política laboral, todo lo que es importante en un país.
No hablo de política socialista o de política solidaria, hablo de política democrática a secas, de política constitucional.

Y esta igualdad de resultados de la política de ambos dirigentes, Cospedal y Page, que se traduce en un deterioro de lo público, viene a coincidir con un momento político a nivel nacional en que las respectivas marcas políticas de sendos  mandatarios, hacen piña y causa común para mantener una política de recortes cuyo próximo tijeretazo, ordenado por Bruselas y al servicio de los banqueros de Merkel, se baraja entre cinco mil y quince mil millones de euros, según distintos cálculos.

No sería difícil diseñar un software informático para traducir esas cifras frías y asépticas en maltrato humano y ciudadano, y por ello mismo en burla de nuestra Constitución y de nuestra democracia. Y a manos de los que se autonombran “constitucionalistas”. Los del 125.

Los que defienden esos derechos, que nuestra Constitución reconoce y protege ¿son antisistema? ¿O son antisistema los que por sistema, y por turnos, los atacan?

No salgo de mi asombro cuando escucho (o leo) al portavoz adjunto del grupo popular en las Cortes regionales, Carlos Velázquez, denunciar que está empezando a haber listas de espera en Atención Primaria” en Castilla-La Mancha, una situación que, en concreto, se ha dado en el municipio de Illescas (Toledo).

¿Está empezando? Llevamos años, si no lustros, conociendo y padeciendo (y denunciando) listas de espera en atención primaria, listas de espera para el médico de cabecera (se dice pronto), y no en un centro (Illescas), sino en casi todos, y no una espera de siete días sino en ocasiones de bastantes más.
Cierto es que no hace tantos años tal situación no se contemplaba y habría resultado inverosímil, pero hoy es el pan de cada día. Situación que es conocida tanto por los profesionales como por los pacientes.

Y por cierto, si bien con la mal llamada crisis esta situación se ha agudizado, el mal y el deterioro ya existían antes de la misma, porque las bases ideológicas del maltrato laboral, de los contratos basura, y de los recortes del estado de bienestar, no empezaron con esta última estafa.

¿Las causas? Muchas han sido señaladas en las denuncias de estos años: desde la no cobertura de las licencias reglamentarias de los sanitarios, escasez de personal (que además huye por el maltrato), hasta un calendario de guardias en atención primaria diseñado para multiplicar el número de ausencias y consultas perdidas. Si se hace un cálculo de las consultas perdidas cada mes y en cada centro de salud de nuestra comunidad por un mal diseño del calendario de guardias, nos llevaríamos un gran susto.

Bastaría respetar el calendario de guardias “rotatorio” que dicta la ley, para al menos aminorar las listas de espera en atención primaria, la saturación de los PAC, y la saturación (una vez desbordados los primeros) de los servicios de urgencias hospitalarios. Pero la administración hace dejación de funciones, no respeta el modelo rotatorio (que está en la ley), y entrega la gestión del calendario a unos pocos (a dedo) que son juez y parte.

El fracaso del modelo tradicional de médico de cabecera (sin listas de espera) conduce a que los turnos de urgencia en los PAC sean una consulta a destajo que dura 17 o 24 horas, intentando solventar las consultas ordinarias que no se han pasado (¿dónde está salud laboral?), y por rebosamiento todo ello conduce al caos asistencial en los hospitales.

¿Cómo lo explica y lo viste esto el consejero de sanidad, Jesús Fernández? Pues así: “Tenemos un 20 % más de asistencia de urgencias en Toledo y es porque nos hemos vuelto a hacer atractivos”.

Imagínense la gracia que les habrá hecho este chiste a los pacientes y a los profesionales.

 

Sescam: sin novedad en el frente

“La situación laboral de miles de médicos en España es indigna, abusiva e irregular, temporal y de mala calidad”.

“El Presidente de los médicos, el Dr. Rodríguez Sendín, ha descrito al Sistema Nacional de Salud como la mayor empresa de trabajo temporal en España”.

“El gobierno dedica a sanidad un 15% menos que hace siete años”.

“Entre 2011 y el 2013 han emigrado 7.000 médicos, pero lo que es más alarmante, en los últimos cinco 15.000 médicos han pedido el certificado de idoneidad para emigrar”

(Dra. Mónica Lalanda / https://medicoacuadros.wordpress.com/2016/08/29/batas-blancas-pinochos-y-pepitos-grillo/).

Nos hartamos de pelear contra los recortes insensatos  de la anterior administración (la del PP), cuya opción política no era precisamente la sanidad pública, sino el negocio privado.

Cambió la Administración sanitaria (ahora del PSOE), pero ¿dónde está el cambio?

Las listas de espera siguen siendo el elemento clave que define a la atención primaria de nuestra sanidad, antes con el PP, y ahora con el PSOE. Listas de espera para el médico de cabecera, que constituyen un auténtico absurdo funcional, casi un oxímoron en la cadena asistencial, y la base por la que hace aguas todo el edificio. Lee el resto de esta entrada

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