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Sorpresas

monos sordos

 

Si hay algo que hoy ya no sorprende a nadie es la propia sorpresa.

Vivimos un tiempo en que las sorpresas se suceden y se fecundan unas a otras. En que la sorpresa es ya costumbre infalible, y también impredecible.

Y sin embargo todavía, los atrapados en su rutina y sorprendidos en su inopia son (o somos) multitud. De hecho no hacen (o hacemos) más que aumentar.

Los analistas no dan ni una. Las encuestas aciertan de guindas a brevas. Los tratados fundacionales duran dos días. Las Historias muertas y enterradas, resucitan.
Los muros derribados tienen hijos, si no peores muy parecidos a los padres.

Sobre todo se confirma -es la única certeza- que aquellos que decían que la Historia ya no tenía nada nuevo que ofrecernos, y que habían dado con la clave de su mecanismo y desactivado a tiempo su bomba de relojería, esa misma Historia desentrañada y anulada, se los ha llevado por delante de la noche a la mañana.

No es buen tiempo para profetas.

Heráclito tenía razón.

Si lo pensamos bien, el último periodo político en nuestro país, marcado definitivamente por la convulsión del 15M, fruto de tantas convulsiones soterradas, se caracteriza por una secuencia acelerada de hechos extraordinarios recorridos por un mismo hilo rojo que les sirve de eje: que no es otro que el retraso y la torpeza de sus protagonistas en comprender lo que les estaba ocurriendo.

El número de bajas experimentado en poco tiempo es el propio de un cambio climático, inaparente pero dramático.

Da igual que nos refiramos a la monarquía o a los barones territoriales, al PSOE o a la burbuja ideológica de la penúltima socialdemocracia, a la justicia corrupta o a los ministros reprobados, a los independentistas catalanes o a los nacionalistas xenófobos.

Su mirada ha sido demasiado lenta o demasiado turbia y condicionada para captar el curso acelerado de los hechos, o para preverlos siquiera.
Su capacidad de reacción estaba y está gripada. Caído el muro y abierta la compuerta, el agua baja en tromba, y cuando quieren reaccionar (si es que reaccionan) es tarde y mal.

Por ejemplo, ciertos y muy concretos independentistas catalanes, que se acostaron corruptos y se levantaron separatistas.
O los socialistas socios fieles de los neoliberales, que en su último estertor lo único que han sabido hacer es traicionar el voto y atacar a la democracia interna.

Demasiado tarde y demasiado mal.

Cabe preguntarse: ¿sin corrupción sistémica (española y catalana) se habría producido este último brote independentista en España?

O en un plano más universal: ¿sin aquella estafa globalizada que adoptó el nombre de “crisis” y sus contraproducentes remedios austericidas, se habrían producidos los actuales brotes de racismo y xenofobia?

O ya directamente en el plano cavernícola: ¿sin aquellas guerras insensatas decididas por tres pijos y cuatro negociantes se habría producido la actual avalancha de terrorismo criminal?

Y como consecuencia de todo ello ¿sin los éxodos masivos y a la desesperada, con miles de muertos y ahogados inocentes, producto de aquellas “hazañas bélicas” de la “buena sociedad”, estaría hoy Europa de nuevo embrutecida por un fascismo larvado y maquillado, que busca apoyo en muros de alquiler y en regímenes liberticidas?

Tarde y mal, lo único que se les ocurre es aumentar el presupuesto de defensa, incluso allí donde hay hambre infantil y trabajadores pobres.

Como en relación al último brote separatista algunos no se han hecho aún aquella pregunta básica sobre la corrupción -ni siquiera lo han intentado-, establecen mal sus prioridades. O al menos sus prioridades y sus preocupaciones no coinciden con las del común de los mortales, hartos ya de tantas cosas.

Al penúltimo monarca español, la Historia -a la que se daba por muerta y enterrada- le pilló en un cementerio de elefantes. A Pujol en su honorable y episcopal poltrona. A Felipe González en su desastrada y estirada decadencia.

¿Y qué de decir de Rajoy y del PP sordo, ciego, y mudo que le hace los coros, y que intentan refugiarse en su propia ceguera como el avestruz en su agujero, sino que están empeñados en una huida hacia adelante a la que arrastran, solidaria y patrióticamente –sobre todo esto último- a todo el país?.

Pero será en vano.

Los que suscriben pactos con ese PP cuyo único plan de futuro es la huida, hacen un pésimo negocio. Como lo hizo la gestora socialista que patrocinó su continuidad en el gobierno.

Europa, en el último asalto recobró la vista y redescubrió el encanto y la virtud de lo “social”, casi palpando ya la profundidad del abismo que se abría a sus pies.
Su Nomenklatura autista vio, como en un destello, las orejas al lobo. O eso dicen.

El tiempo, que hoy corre deprisa, lo dirá.

En todo caso, en Bruselas me han escuchado (es un decir) y nos llaman al orden, aunque un poco tarde, censurando en su último informe-rapapolvo a España y su gobierno por una corrupción que ya abruma y hiede, no sólo en España sino allende sus fronteras.

¿Pues no decíamos, como si fuera cosa sabida, que Europa era un club de democracias homologadas?
¿Adónde vamos con nuestra corrupción a cuestas y con nuestra triste parodia de Estado de derecho?

Si Montesquieu levantara la cabeza y no viera otra cosa que a “Rafa” ministro español de justicia, se volvería a la tumba con la cabeza un tanto confusa.

Cómo envidio a esos países libres y democráticos, capaces de echar sin despeinarse ni esperar a que den las cinco, a un ministro o a un presidente de gobierno ante la más mínima evidencia de corrupción.

A eso es a lo que aspirábamos.

Y cómo admiró también a esos países honestos y valientes que no se plantean como disyuntiva cruel -ni siquiera es motivo de debate- elegir entre estabilidad política y la nula tolerancia a la corrupción, porque saben (lo aprenden en la escuela primaria) que con una corrupción consentida (cuando no consensuada) no hay estabilidad política que valga ni tampoco democracia, ni mucho menos futuro. Y que cualquier retraso en actuar con diligencia contra esa lacra, engorda la factura que luego habrá que pagar (unos más que otros), con sus respectivos intereses.

A esta diligencia -de momento minoritaria en nuestro país- contra la corrupción censurable, los más responden con esa parsimonia desgarbada y también cómplice que Rajoy les ha contagiado, y que nos trae a los demás por el camino de la amargura. Esa negligencia nos llevará a todos, en un futuro inevitable, de sorpresa en sorpresa.

REGULADORES REGULARES, TIRANDO A MALOS

El regulador que regule a los reguladores, buen regulador será.

Y es que, efectivamente, tal como nos temíamos, el Banco de España hizo la vista gorda, miró para otro lado, no fuera a darse el caso de pillar a algún “desregulado” con las manos en la masa. Cosa que era fácil y probable, pero que convenía evitar a toda costa.

Así nos lo cuentan ahora, en reciente noticia de prensa, para confirmar una sospecha bastante extendida en la población, en cuanto a la dudosa actuación de ese órgano vigilante durante la crisis de marras.

Y es que al propio Banco de España -vigilante oficial- no le vigilaba nadie. Era en definitiva un regulador desregulado, un vigilante sin vigilar, que es tan absurdo como un policía metido a ladrón, o un guardia civil metido a traficante. Lee el resto de esta entrada

Populismo

Gustan los estrategas del socialfelipismo, hoy convertido en socialneoliberalismo transversal, de usar el término populismo para marcar distancias y etiquetar a los demás. En esto no se distinguen demasiado de sus acostumbrados socios, los acólitos de Rajoy, y en definitiva de los poderes que como una piña defienden el establishment.

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Un fantasma recorre Europa

Europa

Un fantasma recorre Europa y desde entonces Europa está kaput, zombi pérdida. El tufo a cadáver es ya insoportable, por mucho esmoquin que se ponga el fantasma o chanel 5 para distraer las miasmas.

Al fantasma en cuestión lo llaman neoliberalismo para abreviar, o liberalismo junior que queda muy fino y vip. El pimpollo de la saga usa sábana de marca sobre cadenas viejas, y al decir de muchos es el vivo retrato de su padre en sus peores tiempos, cuando de librepensador ilustrado y progresista degeneró en explotador de seres humanos, sin distinción de razas, edades o géneros (que no hay color en el rendimiento del negocio).

Hubo un tiempo en que el liberalismo fue pecado como Dios manda, que fueron los mejores tiempos de la familia, cuando el liberalismo librepensaba sin controles de troikas ni bendiciones de Papas. Pero estamos en la postmodernidad y se nota, donde no reina el pensamiento libre sino el dinero esclavista y la modorra servil.

Erasmo, Montaigne y Cervantes ¿eran unos ilusos? ¿unos pardillos? Eran, a efectos prácticos y según todos los indicios, unos insensatos, unos manirrotos de la utopía que perdían el tiempo leyendo a los clásicos, en plan humanista. En resumen y a efectos de sistema y orden, unas moscas cojoneras.
Para qué hablar de Giordano Bruno, si como poco era leninista y del gremio masón, que hasta repartía la vida entre los planetas, como si no hubiera clases ni pueblo escogido, jerarquía ni reyes. De ahí que el Vaticano no lo incluyera en el mea culpa concedido (a regañadientes y demasiado tarde) a Galileo. Ni siquiera a título póstumo.

Y a mí que esa infalibilidad del Papa a la hora de condenar o quemar sabios me recuerda a la infalibilidad de Merkel y la troika a la hora de organizar la prosperidad y el futuro de Europa. ¿Se nos habrá infiltrado por ese lado un virus teocrático y geocéntrico (o germanocéntrico)?

El Junior pollopera hizo su primera comunión en la escuela de Chicago vestido de almirante con esvástica incluida en medio del bigote aún precoz. Contrajo nupcias en Wall Street según contrato e hizo sus primeras prácticas en una funeraria de postín y maquillaje, marca “California”, aunque la despedida de soltero la corrió en el yate del Correa y el Bigotes, rumbo al fin de los tiempos (que cae cerca de El Escorial) como todo zombi que se precie de necrófago.

En sus correrías por el flácido mundo que hoy nos cuelga de la papada, no le faltaron vientos a favor, enchufes, padrinos y apoyos, tal que un Reagan, Thatcher, Aznar, Blair, Merkel o Felipe González. O incluso un Pinochet, Menen y demás compadres en el tráfico de guerras, armas y muertes.
Con lobbys y contactos de tal calibre y siniestra condición, y el viento en popa, el muerto viviente volaba como en un cuadro de Chagall, aunque no era la mística del alma ni el hambre del cuerpo lo que le hacía flotar sino un viento más potente y fatuo: la especulación. Que es como llamarle a usted tonto y primo en idioma macroeconómico, ininteligible pero eficaz cuando de llevarse la pasta gansa se trata.

Experto el mozo en puertas giratorias y fronteras afiladas como cuchillos, donde juega su juego no crece la hierba. Alambradas dispuestas para atrapar y masacrar seres humanos, incluidos niños y huidos de la guerra, es capaz de rematar al que escape de la muerte.

No importa. Es de lo que vive mientras va matando. El capitalismo mata, dijo Francisco y hablaba de él.

Crisis cocinadas y estafas de diseño, alfombran su camino. Goebbels y los medios de masas le besan los pies. Saqueo, pobreza, xenofobia y fascismo… esa es su salsa. A efectos de historia reciente es revisionista, no cree en el holocausto. Por eso quiere volverlo a intentar.

Que en Turquía el gobierno interviene periódicos críticos y respondones… ¿Qué le importa a Europa la libertad de expresión?
Que el reino de España naufraga y se hunde (corona incluida) en una balsa de corrupción… ¿Qué le importa a Europa España y los españoles, la democracia coronada y con cuernos, la corrupción, la ética o la decencia?
Que a Grecia, condenada a la miseria por pasarse de demócrata, se le conceden todos los esfuerzos y gastos de acogida y hospitalidad… ¿Qué le importa a Europa Grecia y la hospitalidad?

Por cierto ¿Quién es Europa? ¿Un fantasma con plaza de tecnócrata en Bruselas? ¿Un Cameron que entra, pilla, y sale por piernas como aplicado pupilo de Drake?

El Derecho internacional, el antiguo derecho de gentes, la caridad cristiana, la simple solidaridad humana de los viejos socialistas, la razón o los derechos humanos de cualquier proyecto de humanidad decente y con futuro, se los pasa por el arco del triunfo.
Él es más del príncipe de las tinieblas. Está más allá del bien y del mal, aunque prefiere el mal, que es más ortodoxo según la escuela de Chicago y el ejemplo de Al Capone.

Para su peste no hay alambradas. Para su infección no hay antibióticos ni debate. Unanimidad en las alturas del poder, silencio en las profundidades de la tierra y ahogados en los abismos del mar. ¡Y tantos niños!

Estamos haciendo historia al revés, de la mala. Y ese será nuestro retrato.

Respaldo y asiento en todos los Consejos de Estado, que trasmiten serviles las ordenes de los bancos.
Los que no acaten su epidemia serán declarados ilegales o antisistema, y devueltos en caliente a donde reinan el frío y el invierno. Nuevo Gulag.
Desde que triunfa su contagio, baja cada día la temperatura de la humanidad (fiambres por doquier) y sube la temperatura del planeta. Vamos camino del infierno.

Las trompetas del Apocalipsis ¿serán comentadas por el Bigotes?
Grandioso y hortera fin para una civilización que mereció la pena conocer.

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