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Estado de Deshecho y un libro

rajoy

Entenderemos mejor lo que ocurre si pensamos que Esperanza Aguirre es símbolo y sacerdotisa del Estado de derecho (¿o de deshecho?) y musa lacrimógena del neoliberalismo cañí.

O si nos preguntamos a menudo por qué razón Felipe González predica con tanta pasión la “gran coalición” con el PP, aun conociendo los mensajes vergonzantes de Rajoy a Bárcenas, y su proyecto político de liquidar el Estado del bienestar.

O por qué este mismo González utilizó una puerta giratoria para cobrar por aburrirse -como el mismo confiesa- habiendo podido utilizar una puerta normal y aburrirse como todo el mundo, gratis y sin cobrar.

O por que Esperanza Aguirre ponía la mano en el fuego por toda su tropa de colaboradores, conociéndolos a fondo, con el mismo gesto melodramático con que Felipe González la ponía por Jordi Pujol, del que desconocía muy pocas cosas.

O por qué no existe en el mundo “normal” ningún país con más aforados que España.
Eso se llama ser previsores, e ir preparando el terreno y acondicionando la cueva (de Ali Baba).

O por qué tantos compis-yoguis de la casa real acaban detenidos o en el trullo, que no son uno ni dos. Que casi los salones reales parecen la corte de Monipodio, el sevillano.

O por qué tenemos los fiscales más raros de todos los países de nuestro entorno, que cuando no hacen de abogados defensores de gente de posibles (consiguiendo imposibles), hacen de obstructores de la justicia en favor de los corruptos.

O por que los medios públicos de información son órganos de propaganda del gobierno, liberalismo puro que acostumbra a dar lecciones muy sentidas sobre la tiranía.

Si el mundo que nos rodea es tan raro (especialmente en España) es porque algo no va bien, sino que al contrario, va muy mal.

Y esto es lo que intenta explicarnos Tony Judt en su obra “Algo va mal”, de lectura imprescindible para entender el momento presente.

Dice al comienzo de su obra:
“Durante los primeros años de este siglo, el consenso de Washington había ganado la batalla. En todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacia el sector público. La doctrina de Washington era recibida en todas partes por un coro de animadores ideológicos: desde los beneficiarios del milagro irlandés (el boom de la burbuja inmobiliaria del tigre celta) hasta los ultracapitalistas doctrinarios de la antigua Europa comunista. Incluso los viejos europeos se vieron arrastrados por la marea. El proyecto de mercado de la Unión Europea -la llamada agenda de Lisboa-, los entusiastas planes de privatización de los gobiernos francés y alemán: todos atestiguaban lo que sus críticos franceses han denominado el nuevo pensamiento único“.

Una reflexión y una pregunta:

La reflexión: siempre hay que desconfiar del entusiasmo feroz, porque a menudo detrás de esa hipérbole emotiva suele esconderse el pensamiento único. Que es el más pobre de los pensamientos.

La pregunta: vista la podredumbre que rezuma por todas sus costuras la gran “revolución” ultraliberal, que se zampó a la socialdemocracia europea de un sólo bocado, como si fuera un pincho moruno (síntesis digestiva que hoy llamamos “sistema”), ¿acaso el rufián y malandrín de toda la vida –de Monipodio a esta parte- necesita algún soporte ideológico o teorizar académicamente en torno a su falta de escrúpulos?

Para mí que no.

No se sí en un libro sobre economía, sobre política, sobre la sociedad actual y sus dislates, tiene sentido hablar de sentimientos.
Sea como sea, Judt se atreve y titula uno de los capítulos de su obra: “Sentimientos corruptos”, y lo introduce con esta cita de Tolstoi (Anna Karenina):
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

En este sentido, nuestro actual presidente de gobierno es un líder de la normalidad y de la costumbre. Cuando la corrupción se indulta -como él dice y sostiene- con los votos, triunfa la normalidad y reina la costumbre. Lo mismo pensaba Hitler.

¿Alguna vez nos da por pensar, entre derbi y derbi, o entre bostezo y bostezo, que nuestra normalidad es muy anormal? ¿Que no sólo soportamos, sino que votamos y elegimos gobiernos corruptos?

Para los acérrimos partidarios de la tesis de Rajoy según la cual todo va como la seda (supongo que lo mismo les dirá a los jueces que le interroguen), sirvan de reflexión también estás otras líneas de Judt:

“Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo -miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en que basan las sociedades civiles”.

Y yo pregunto:

¿Acaso se puede confiar hoy en España en los políticos que nos gobiernan, en los fiscales que nos defienden del delito, o en los bancos que guardan nuestros ahorros?

En blanco

pobreza-energetica

Rajoy sigue melasudando (nadie se lo impide). Se la sudaba el caso del ministro Soria, y se la suda lo de Jorge Fernández Díaz. Es el “nuevo talante”, que no cambia de camisa aunque huela a veinte metros.

Que el caso hieda, se la trae floja. Él sabe quién mueve los hilos y quienes son las marionetas.

Gracias al apoyo “en blanco” de PSOE y C’s, el ex ministro Mc Carthy tendrá su pesebre agradecido por los servicios prestados al frente de las cloacas. Será presidente de la comisión de exteriores, para orear pestes y sumideros, otra forma de ventilar la cueva, que huele a tigre. Marca España made in Spain.

Nada más lógico, por otra parte, que premiar a quien desde un régimen que se dice democrático, organizaba la caza de brujas de sus adversarios políticos, utilizando para ello las cloacas del Estado, es decir, el patrimonio público.

¿Saben en Europa como nos las gastamos en España? ¿O sabemos en España como se las gastan en Europa?

Y es que ya se sabe que el Estado, en España, no está al servicio de los ciudadanos y su seguridad, sino al servicio de un partido (único) disfrazado de Gran coalición y sus consensuados intereses partidistas, entre los que no se excluye, sino que, al contrario, es capítulo fundamental, la repartición de pesebres y prebendas.
Como en los países del viejo Este y su apolillada Nomenclatura, o en la Italia liberal y negra de Benito Mussolini.

Pero no lo llamen partidocracia. Llámenlo directamente bodrio y cutrerío.

Un cotarro que no respeta sus normas internas (no escritas), ni es cotarro ni se respeta a sí mismo. Ante todo, camaradería y omertá.

Así que aunque sea una falta de respeto y una patada en el culo al ciudadano honesto que aún cree que vive en democracia, “hoy por ti y mañana por mí”. Es decir, la ley no escrita de los pesebres políticos, que ningún “constitucionalista” como Dios manda y el poder dicta, se atreverá nunca a tocar o incumplir.

No debe extrañar que ante este premio y otorgamiento de pesebre por los servicios prestados en tan infectos antros, PSOE y C’s se queden en blanco.
Como si les hubiera dado un aire, víctimas de una repentina tortícolis, miran hacia otro lado.

Como era de esperar y estaba pactado, cumplen con su papel de marca blanca de la “cosa en sí”.

¿Y qué es la “cosa en sí”? por ir aclarando terminología.
Pues la “cosa en sí” es el cotarro desnudo de todo su aparato fenomenológico, donde las cosas que aquí se comentan, discurren y subyacen. Es decir, el régimen verdadero que subyace al falso, y que ninguna Constitución describe o legitima, ni ningún ciudadano ha votado nunca. Algo así como la lectura real de la factura (y fractura) democrática.

En el PSOE “blanco”, por otra parte, y por seguir dentro del ámbito platónico de la “cosa en sí”, continúan las purgas estalinistas. Siguen rodando cabezas y parece que Susana-Salomé no se ha saciado aún, y continúa con estrépito de elefante en cacharrería, su danza de los sables sin velo. Ahora le ha tocado a Margarita Robles.

A través de su esbirro Fernández, con la guadaña afilada y el hacha feroz, sigue segando cabezas pensantes que sobresalen por encima de la suya, o alzan la voz con un resto de dignidad, y como una nueva Atila de las estepas del sur, por donde ella pasa no vuelve a crecer la hierba.

Tal parece que lo único “rojo” que ya queda en este remedo de partido que pierde militantes a raudales, es la sangre de los últimos de Filipinas, aquellos que intentaron salvar un resto de decencia democrática, de un naufragio tan repentino y total.

Pareciera que el partido de Susana se está entrenando para ser “un partido sin militantes”, como C’s.
¿Pero quién necesita militantes habiendo IBEX?

Y ante la luz tristísima de una vela que poco alumbra, y que quizás servía de lámpara y calefacción a un mismo tiempo, a una anciana fallecida en reciente incendio (vuelven los casos tétricos y sangrantes –con su retahíla de muertos- del invierno pasado), otros también prefieren quedarse “en blanco” y mirar para otro lado, y ni la empresa multimillonaria que le cortó la luz, ni nuestros representantes que hace mucho tiempo deberían haber parado los pies y cortado las alas a estas empresas salvajes, se dan por aludidos.
El caso es que la anciana no figuraba en la lista de “vulnerables”, y al final ha sucumbido al poder destructivo de una simple vela. Ahora ya se sabe y consta, por el parte de defunción, que era pobre, anciana, y vulnerable.

Pero no ha sido sólo la vela la que la ha matado. Ha sido toda la sombra que nos rodea y que una simple vela no puede combatir.

Como este contraste entre pesebres agradecidos y prebendas infames, empresas piratas y empresarios salvajes para las que el ciudadano es un número a exprimir, y una anciana vulnerable a la que una vela ha quitado la vida es demasiado duro y amargo, lo dulcificamos con el término “pobreza energética”. Muy técnico.

Yo diría directamente fascismo y barbarie. Y de la peor especie.

Escuchar “el parte” de noticias cada mañana, es asistir al “parte de defunción” de un sistema, que no se merece nuestro respeto ni nuestro apoyo. Ni siquiera en blanco.

Sescam: sin novedad en el frente

“La situación laboral de miles de médicos en España es indigna, abusiva e irregular, temporal y de mala calidad”.

“El Presidente de los médicos, el Dr. Rodríguez Sendín, ha descrito al Sistema Nacional de Salud como la mayor empresa de trabajo temporal en España”.

“El gobierno dedica a sanidad un 15% menos que hace siete años”.

“Entre 2011 y el 2013 han emigrado 7.000 médicos, pero lo que es más alarmante, en los últimos cinco 15.000 médicos han pedido el certificado de idoneidad para emigrar”

(Dra. Mónica Lalanda / https://medicoacuadros.wordpress.com/2016/08/29/batas-blancas-pinochos-y-pepitos-grillo/).

Nos hartamos de pelear contra los recortes insensatos  de la anterior administración (la del PP), cuya opción política no era precisamente la sanidad pública, sino el negocio privado.

Cambió la Administración sanitaria (ahora del PSOE), pero ¿dónde está el cambio?

Las listas de espera siguen siendo el elemento clave que define a la atención primaria de nuestra sanidad, antes con el PP, y ahora con el PSOE. Listas de espera para el médico de cabecera, que constituyen un auténtico absurdo funcional, casi un oxímoron en la cadena asistencial, y la base por la que hace aguas todo el edificio. Lee el resto de esta entrada

UNA CATA EN EL MELÓN INSTITUCIONAL

La corrupción puede ser programada, a salto de mata, un accidente, un acto de voluntad, una invitación, una mancha, una medalla, un pecado, un delito, un signo de distinción, una lacra, un lubricante, una rémora, un rito de iniciación, una droga, un estigma, un baldón, una tarjeta de visita, un vicio, un oficio, una atmósfera, una costumbre…
Todo depende de quien opine.
Pero los interlocutores “grabados” (en su quehacer diario) de la operación Púnica lo tenían claro: el que no es corrupto es gilipollas.

En todo caso es siempre (y resumiendo) una catástrofe y un cáncer. Quizás el peor que puede asolar a un país o a una época, y del que es difícil salir entero y sin grandes cicatrices, si es que el país en cuestión logra salir vivo. Lee el resto de esta entrada

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