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De corrupciones y endogamias

Gestora PSOE

 

Al parecer, las fuerzas de orden público exageran, la justicia que hace su trabajo y no el del delincuente, exagera, las cifras exageran, y los números no cantan, sino que están histéricos.

La corrupción en España -opinan algunos- no es para tanto, y quien se indigna ante su magnitud es porque no tiene otra cosa mejor que hacer que meterse donde no le llaman, y ocuparse de asuntos que ni le van ni le vienen.

Doctores tiene la santa madre iglesia es el principio teocrático que siempre ha dirigido y acotado nuestra vida critica, y nuestra eterna crisis de libertad de pensamiento.

¡Cualquiera se indigna con lo mal visto que está últimamente!
En tiempos de Franco estaba incluso prohibido.

¡Cuanto más diligente y sabio es aquel que ante la corrupción reinante (y nunca mejor dicho) mira para otro lado y calla!

Es sorprendente el paralelismo que existe entre los hallazgos de la psicología freudiana y los hallazgos de la UCO. Y entre los vicios del sistema y las virtudes de la hipocresía.

El extremo centro que rige nuestra vida política tiene mucho que ver con este mundo de apariencias y represiones, donde tras la virtud y la “centralidad” cacareada, se esconde un ello radical que, desatado, arrasa con todo y arrambla con lo propio y lo ajeno, pero sobre todo con aquello poco que les queda a los que menos tienen.

Y es curioso y llamativo también el paralelismo que existe entre la vida y la política, y entre los hallazgos de los biólogos y los hallazgos de los politólogos.
O quizás no sea tan sorprendente si nos atenemos al hecho de que la buena política es una parte más de la vida corriente, y los buenos políticos son como usted y como yo, con los mismos derechos y las mismas obligaciones civiles que el resto, sin especiales privilegios que los segreguen de la comunidad cuyos intereses representan y defienden. O así debería ser.

Y para ser como debería ser, tendría que empezar por no haber aforados, que en nuestro país son plaga que cría el terreno, abonado con estiércol de primera.

Sorprende que hoy, en pleno trance de las elecciones primarias socialistas, tantos aboguen por un retorno a un pasado que nos ha traído a este presente -con tan poco futuro- de corrupción omnipresente y ubicua, tóxica y paralizante.

Proliferan las consignas contra las elecciones primarias, y aumenta la presión mediática contra la democracia interna, como si la democracia pudiera ser externa a sus sujetos protagonistas, o venir del  espacio exterior en un platillo volante.

Dentro de Europa (y casi diría dentro de Occidente), esta campaña feroz y esta animadversión militante contra la democracia interna, guiada por una especie de impulso contrarreformista, se está dando sobre todo o casi exclusivamente en España, donde nuestra relación con la democracia siempre fue problemática, y donde los  tímidos y breves intentos por conquistarla siempre fueron abortados por la fuerza de las armas, en defensa de la tradición sacrosanta.

Lo más moderno y demócrata que llegamos a explorar al hilo del devenir de la historia fue el despotismo ilustrado (nuestro sueño de la razón siempre produce monstruos), hasta arribar con enormes esfuerzos y dificultades al sueño desmochado de la república.

Los que hoy claman, andanada va y andanada viene, contra el protagonismo de los militantes de base, contra la eficacia y la oportunidad de las elecciones primarias, y en definitiva contra la democracia interna, base y pilar de toda auténtica democracia, tal y como se entiende hoy en el Occidente laico, están en esa línea de pensamiento pro-despotismo (ilustrado o corrupto ya es otro tema) y pro-élite. Aunque luego esa élite cuando se la sorprende en su espontaneidad natural y en su salsa, resultan ser en muchos casos simples chorizos que se manejan con soltura en un lenguaje francamente barriobajero.

Estos que hoy lanzan anatemas contra la democracia interna, quizás inspirados por el peor Platón y el peor liberalismo (Platón, aunque ilustrado, era muy poco liberal), parecen los mismos animadores ideológicos que hoy reclaman externalizarlo todo.

¿Por qué no también la democracia?

“Externalizar” la democracia (arrebatársela a los ciudadanos) para internar y acaparar el poder en un coto cerrado y a salvo de testigos.

No olvidemos nunca, sobre todo hoy en que las modas que impone el mercado nos ofuscan la mente, que hay liberalismos muy poco liberales, y que a la escuela de Chicago nunca le importó demasiado colaborar con Pinochet y sus matanzas. El momento cumbre de ese liberalismo fue cuando Margaret Thatcher tomó el té con Pinochet sin que le temblara la mano ni la permanente. Casi igual que con los sindicatos.

La vida nos sirve de modelo para este debate, el cual cabe abordarlo tanto por deducción razonable como por inducción empírica, es decir, tanto por el encadenamiento lógico de los conceptos como a partir de los mismos hechos que padecemos y palpamos.

Sabemos por la biología que todo espacio mal ventilado tiende a la corrupción, y sabemos también que aquellas poblaciones cerradas sobre sí mismas, sin flujos ni intercambios genéticos con el exterior, degeneran en su endogamia y corren veloces hacia su propio fin, generando en el ínterin algún que otro monstruo.

Algo parecido ocurre con el poder y la política.

El hecho fundamental que caracteriza nuestro presente económico y político es la corrupción, y el hecho fundamental que caracteriza nuestro pasado inmediato -más o menos constitucional-  es la partidocracia, que es el régimen pseudodemocrático en que los intereses de los partidos, y más selectivamente, los intereses de sus cuadros y aparatos (tantas veces vendidos al poder del dinero), prevalecen sobre los intereses de los ciudadanos y del país en su conjunto.

No es difícil inferir que a aquello primero (la corrupción) hemos llegado a partir de esto último (la endogamia), y que defender la endogamia como medio es defender la corrupción como producto.

Son los cuadros y los aparatos frente a los militantes y los ciudadanos; es la partidocracia frente a la democracia; es la sociedad cerrada frente a la sociedad abierta; es el cuadrado estéril frente a la curva dinámica.

La partidocracia no se lleva bien con la democracia interna ni con el protagonismo de los militantes. Se lleva muy bien sin embargo con la corrupción, y también con el despotismo.

Ilustrado o corrupto, ya es otro tema.

El partido único

“Es la tendencia totalitaria de la filosofía política de Platón lo que trataré de analizar y criticar” (Karl R. Popper / “La sociedad abierta y sus enemigos”)

Aunque esto ya empezó con Platón (un pionero de la sociedad cerrada), últimamente la democracia no goza de buena prensa.

La fobia al referéndum -aunque en algunos países avanzados y envidiables de Europa lo que hay es una auténtica filia- es un capítulo más de la tendencia actual a desprestigiar el criterio de los ciudadanos, y con ello dejar cada vez menos margen de decisión a los mismos. O en su caso específico y concreto, a los militantes.

Y esto es así porque para un grupo de expertos que a veces se eligen a sí mismos o son elegidos a dedo, “la cosa esta clara”, y por tanto no tiene sentido contrastar o consultar opiniones distintas. Lee el resto de esta entrada

Desmemorias (versión prensa)

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Apenas pasan cinco días, los circuitos neuronales de nuestro hipocampo se ofuscan, y la memoria chochea. Así de rápido se olvida, sobre todo si el olvido es una droga de diseño, y los medios públicos de información son gubernamentales.

En el documental “La doctrina del shock” basado en el libro de igual título de Naomi Klein, se dice: “El primer acto de rebeldía es impedir que borren la memoria colectiva”.

La denuncia que expone Naomi Klein parte de antiguos experimentos en Estados Unidos, en los que mediante el uso libérrimo de electroshocks, se intentaba borrar la memoria de un individuo para reprogramarlo, para reconducirlo al orden social que un poder anónimo decide por él. Lo que Naomi Klein sostiene es que algo parecido se está haciendo ahora a escala colectiva con sociedades enteras (o continentes, incluida Europa), coincidiendo con momentos de “crisis”, o espontaneas o provocadas, y en orden al triunfo de la ideología neoliberal alumbrada, para nuestra oscuridad, por Milton Friedman. En eso consistiría la globalización de la desigualdad llevada a sus extremos, el fin de la historia y el triunfo sin paliativos de la plutocracia. La democracia sería una pieza de museo, y los ciudadanos, como aquellos enfermos que padecen anosognosia, serían incapaces de reconocer sus propias deficiencias funcionales, ciegos ya ante su patología. Irreversibles por falta de referentes, por falta de recuerdos.

El otro día un tertuliano de la monotonía progubernamental ponía énfasis en lo que viene siendo habitual y marca de la casa, es decir, en alimentar el miedo de quién ya vive aterrorizado y preso de la angustia, cosa que suele ocurrir cuando uno es consciente de que ha perdido el control de la situación, y su voto, opinión, decisión, o elección legítima y soberana, no sirve para nada, que es el modo de vivir y sentir habitual de todo aquel que tiene la desgracia de padecer un régimen autoritario.

Calificativo que mientras no cambie el sentido de las palabras y la tozudez de los hechos, corresponde a aquel simulacro en que el voto expresado en las urnas no decide la acción política, sino que esta viene impuesta desde fuera, como ocurre sin ir más lejos en Grecia y en algunos otros países desgraciados de esta Europa irreconocible. No olvidemos que Pinochet es un héroe para esta corriente ideológica, que puso en marcha el programa económico de Friedman y sus gánsteres de Chicago en Chile, y que la dama de hierro -a quien tanto admira y debe Felipe González- dijo de aquel asesino en serie: “es mucho lo que le debemos”.

Y una angustia similar debe sentir quien ha perdido el control de su memoria, aquel que, con los recuerdos electrocutados, se ha quedado sin biografía y sin historia, se mira y no se reconoce. Está listo para que le dicten lo que tiene que recordar, pensar, y hacer.

Que esto ocurra en la cuna de la civilización Occidental, que con tanto valor y coherencia enfrentó siempre el empuje del modelo asiático y las propuestas sátrapas, alcanza casi una significación simbólica de tragedia “griega”.
¿Y no han sido las tragedias griegas el molde precioso en que se fraguó, hace ya siglos, nuestro espíritu y nuestra libertad?

Afirmó pues, que aquellos que celebran la catástrofe griega y hacen gracia y chiste del cepo que hoy se les impone a sus ciudadanos, son los auténticos enemigos de la libertad, los esbirros de Darío el persa, que cabalga -como siempre- a lomos de su becerro de oro.

Porque además esa sumisión, extraña a toda soberanía real, es la que anuncian y vaticinan -no sé si gozosamente- también para nosotros, en este momento electoral de simulacro, como destino inevitable, confesando o aceptando sin escrúpulos ni rubor que el quid de la cuestión y el fundamento de esa capitulación tan ignominiosa, es la posesión del dinero, o lo que en Occidente, desde los griegos, siempre se llamó plutocracia.
Es decir, somos esclavos como en los viejos tiempos del vil metal y vegetamos, ya sin alma ni dignidad, bajo el imperio de sus dictados. Semihumanos. Más viejos y chochos que nuestros propios padres. Más cobardes que Antígona.

Al lado de esta franqueza para declarar abiertamente que la neolibertad que proponen es dictadura deseable y pragmática (es mucho lo que debemos a Pinochet), no dejan de echar mano del engaño y la desmemoria, tan fácil en estos tiempos tan veloces.
Y así por ejemplo, en relación a la situación griega, achacan el sufrimiento actual de los ciudadanos helenos a los recién aterrizados, a los nuevos agente políticos (a ver si cuela), a los antisistema, a los populistas, cuando es obvio y conocido que se debe al prolongado saqueo protagonizado por la “gran coalición” que los precedió bajo la forma aparente de régimen bipartidista, y que los dejó en bancarrota y sin soberanía, cuyos principales actores y dirigentes son los que hoy copan las listas de defraudadores y delincuentes económicos y fiscales, listas que un famoso “socialista” griego (Evángelos Venizelos) intentó ocultar tanto tiempo como pudo, antes de ser el mismo ocultado y casi sepultado por los votos del pueblo.

Ocurre, sin embargo, que no sirvió de nada, porque los votos del pueblo tienen menos valor que el dinero robado. Es la diferencia entre plutocracia y democracia. Entre dictadura y libertad.
Tan fácil es engañar cuando la memoria es tan frágil.

Cuando se pregunten quien puso en marcha los aforamientos y las puertas giratorias, no busquen muy lejos en sus recuerdos. Siguen ahí, y hoy les piden el voto.

Cuando se pregunten quien puso en marcha las amnistías fiscales, no rebusquen tampoco en su memoria. Siguen ahí y hoy les piden el voto. La primera es obra del PSOE. La segunda fue perpetrada por el PP.

Cuando se pregunten quienes sentaron las bases legislativas para la privatización de la sanidad. Yo se lo digo: fueron el PP y el PSOE (Ley 15/1997 y reforma del artículo 135 de la Constitución), y sobre esas bases el PP intentó dejarnos sin sanidad pública. Y casi sin educación. Fue un trabajo “en equipo” del “PPSOE”.

Cuando se pregunten quien violentó la Constitución (artículo 135) sin consultar al pueblo. Es sabido: PSOE y PP, con nocturnidad y alevosía, y con Zapatero como maestro de ceremonias.

Y todo ello es consecuencia del programa neoliberal y la obsesión desregulatoria, que PP y PSOE comparten.

Se produce sin embargo, en este juego de máscaras y eufemismos, una constante que debe hacernos pensar: muchos de los que defienden estas prácticas desregulatorias, se ven luego envueltos en asuntos criminales y de corrupción política y económica, cuando no recompensados con jugosas e indecentes poltronas. La pregunta que se impone es obvia: ¿era este el objetivo de la desregulación?

A pesar de lo cual, digo que no tiene por qué ser así, y que no siempre fue así. De ahí la importancia de la memoria y de la historia. De ahí la importancia de Antígona y Sófocles.
¿Serán Portugal o España, un nuevo capítulo de esta tragedia griega?

De momento Portugal, en su acción de gobierno (jornada laboral de 35 horas, etc.) intenta cumplir su programa y guiarse por el interés y el mandato de los ciudadanos. ¿Hasta cuándo se lo permitirán?

Sólo deseo una cosa: que gane Antígona, que ganen los ciudadanos portugueses, que ganen los ciudadanos griegos, porque será el triunfo de la justicia y de la razón sobre la ley del más fuerte, el triunfo de la democracia sobre la plutocracia, el triunfo de la civilización sobre la selva.

Posdata: La doctrina del shock; https://www.youtube.com/watch?v=yIhZjEsgsNQ

Artículo en prensa

 

 

 

ÉPICA, ASCÉTICA, Y LÍRICA

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Danza macabra

Ya se que ni las altas finanzas ni los “hombres de Estado” creen en la lírica. Ni siquiera en la épica. Sólo creen en la aritmética del poder, cuadrada mal que le pese al prójimo con la ascética ajena. Para eso son “el poder” y han estudiado en la escuela de Chicago, donde no se enseñan versos sino técnicas de tortura. Aunque lo llamen productividad.

A veces se ponen tiernos y melifluos con eso de la libertad, pero es para despistar. No se lo crean.

Es puro “postureo”, que se dice ahora.

Así que cuando entonan epinicios a la libertad sin despeinarse (con sus permanentes a la laca o sus mitras apostólicas), su pelo se estremece tan poco como sus almas, y en lo recóndito de sus cálculos solo piensan en “desregulación” (falta de reglas, manos libres).

Que es lo mismo que reclama la camorra napolitana.

Además de fiel amiga de su amigo Pinochet, la Dama de Hierro (por otro nombre “la roba leches” / ¡Mrs. Thatcher, milk snatcher!, cantaban los críos ingleses) no solo era partidaria de la abolición de las reglas en un escenario de robo a mano desregulada, sino también del “birching” (zurriagazos con vara de abedul sobre nalgas desnudas) en las escuelas.

La Dama en cuestión, amiga de sus amigos, presionó hasta cuatro veces para que se concediera un titulo nobiliario (concretamente Caballero) a su amigo Jimmy Savile, considerado por Scotland Yard como “el mayor depredador sexual de la reciente historia de Gran Bretaña”, con al menos 450 casos de abusos a menores a sus espaldas. Al final, tanto va el cántaro a la fuente que fue nombrado “Sir” (recuerden que las reglas no son para los de arriba sino para los de abajo). Doña Margaret tenía mucha mano y era cabezona.

No queriendo quedarse atrás, Juan Pablo II (muy amigo de la dama “roba leches”) nombró al mismo Sir (Savile), Caballero Comandante de la Pontificia Orden Ecuestre de San Gregorio Magno, el más alto honor de la Iglesia Católica Romana. No sabemos si tan largo título de Honor (11 palabras) corresponde a tan largos méritos (450 según Scotland Yard).

Ya es preocupante que este mismo Papa “infalible” protegiera y premiara a otro pedófilo emérito: Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, depredador de novicios, morfinómano, y campeón de la yihad antimarxista.

¡Un poco mas y el infalible acierta!

Coincide que ambos, Savile y Maciel, nadaban en dólares (Sir Jimmy está enterrado en un ataúd de oro, por eso de la ascética cristiana de los Caballeros de San Gregorio).

Para mí que entre tanto Legionario y tanto Caballero hay muy poco sitio en el cielo para la clase media. Los currantes y sindicalistas van directamente al purgatorio, hasta que asuman los principios de Milton Friedman (que es el nuevo Mesías de los ricos).

Hoy, la Cruzada Occidental (golfo-financiera) y la Yihad (islamista) coinciden en apodar a sus enemigos, por simplificar los matices, como “comunistas”. Y estamos en pleno siglo XXI. ¡Ya ha llovido desde el senador McCarthy!

Se nos dijo: “la Historia se ha acabado”. Lo que no se nos dijo es que volvía a empezar desde la Edad Media.

Con Cruzada y Yihad, feudalismo y califato, Sires pedófilos y baronesas de hierro, ataúdes de oro, mujahidines y Caballeros de San Gregorio… derecho de pernada, saqueos y degüellos.
¿Los próximos capítulos serán danza macabra, órdenes mendicantes, Voltaire y guillotinas?

No obstante lo cual los “hombres de Estado” y los “guardianes de la Estabilidad y la Virtud” (“estabilidad” de la falta de reglas, si puede decirse así) tuvieron un arranque lírico y novedoso cuando denominaron “perroflautas” (no les dieron otro título nobiliario) a una serie de ciudadanos, independientemente del corte de pelo o la edad, que hartos de que les tomaran el susodicho, se acamparon en el ágora de la pólis tal que una tribu de griegos post-socráticos, un 15M, con intención de pasar la noche y ver amanecer el día, deshilvanando la trampa y desactivando la cicuta.

¿Para qué tanta molestia?

Pues para eso, para pensar hablando. Para preguntarse de una vez por todas ¿que pasa aquí de un tiempo a esta parte? Para cerrar las tragaderas dóciles y boquiabiertas, llenándolas de ideas y planes de presente-futuro que a algunos (los de la estabilidad) les pueden parecer sueños o ideales peligrosos, pero que no son otra cosa que el estado germinal de las grandes ideas y coherentes acciones, de la misma manera que el verso precede a la prosa y la lírica a la épica. Es una cuestión de supervivencia.

Evidentemente, aquello de “perroflautas” no iba dirigido con buenas intenciones y ánimo poético, sino con manifiesto ánimo de ofender (“Ladran, luego cabalgamos” decía Goethe, que no Cervantes).

Pero entonces los abuelos de aquella acampada socrática (que no eran pocos) entraron en la trifulca como suelen hacerlo, es decir, con la dosis exacta de ironía y paciencia que da la experiencia, y se autodenominaron los “Yayo flauta”, un comando especial.
Entonces si que empezó la lírica balasera.

Porque aquellos héroes abuelos (Sampedro, Hessel…), trabajados por la experiencia y los duros golpes de la “realpolitik”, sedimentado su humanismo radical contra viento y marea (de entrada si y de salida también), con el último aliento de su vida colgándoles de la mano generosa, levantaron y auparon a la gente más joven, y enseñaron que de aquel desastre sólo se salía con ideas e ideales, con lucha y valor, con fe en la democracia y con esperanza en el futuro.

“Suerte… suerte… Y al toro”, gritaba ilusionado un Sampedro rejuvenecido por esa última batalla por la dignidad humana.
“Me habéis alegrado los últimos días de mi vida”, dijo también.

Con rocín flaco y galgo corredor, la épica del 15M se puso en marcha, y los gigantes se mostraron como lo que son: simples molinos de viento.

Tanta era su mentira. Tanta su corrupción.

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