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Entre gerifaltes y patriotas

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Entre gerifaltes y patriotas se consumen tres partes de nuestra Hacienda, que diría Cervantes.

Los gerifaltes ultra liberales, es decir, todos nuestros gerifaltes del momento, afirman, sostienen, e imponen, no en balde les hemos otorgado el poder, que ellos, por ser quién son, tan distintos de todos nosotros, son muy libres de no pagar impuestos, ya que cobran poco, roban solo de lunes a jueves, y a la vista de todos está que se marchitan, pobres, a dos velas.

Dada su precaria situación de monarcas parlamentarios del mundo anglosajón y aledaños (o familia de los mismos), así por la jeta como por la sangre azul, o su empinada condición de estrellas del deporte y la música en lata, ex cancilleres alemanes muy serios y estirados, estadistas ultra patriotas y demás retahíla de próceres solemnes, necesario es que reciban un trato diferencial y entre todos les paguemos a escote los impuestos.

Y dado que tienen prisa y la vida es corta, y como en resumen el personal ni se entera, ellos mismos se toman con total libertad (adorada palabra) ese derecho, casi un deber, de no contribuir como los demás del común a la cosa pública, que a ellos ni les va ni les viene, ya que solo usan carreteras privadas y aeropuertos privados, playas privadas y fiestas privadas donde corre la coca, y nunca visitan una biblioteca pública, no sea que se les pegue alguna enfermedad, física o moral.

Nada más lógico que el padre o la madre de una nación por derecho divino o de pernada, o el deportista galáctico que eleva la cabeza al cielo cuando suena el himno nacional, lleno de arrobo místico, o el estadista prestigioso al que todo el mundo otorga el título solemne y vitalicio de “hombre de Estado”, estafen al Estado.

Dicen los analistas de la barra anti demagógica y anti populista, que todo esto que suena raro y extraño, aunque no es ético es sin embargo legítimo. De lo cual debemos deducir que la ley de esa legitimidad que ellos mismos se guisan y se comen con papas, es legal pero indecente, algo que ya barruntábamos de un tiempo a esta parte.

Estimados compatriotas, en cualquier caso, que duda cabe que el público adora a quien le desprecia, y que por una extraña necesidad masoca de la mente colectiva, eleva siempre a un Olimpo inalcanzable a los rufianes más bajos y oscuros.
Generosos como somos con los monarcas y sus caprichos, hasta financiamos Corinnas.

Allí veréis a la cantante fashion que sale en todas las revistas del corazón de colorines, o al cantante vocinglero que levanta el puño solidario a poco que le enfoque la cámara, llevarse los dineros lo más lejos posible del fisco que a todos nos une y obliga.

Aunque lo cierto es que sin tanto esfuerzo y sin necesidad de recorrer muchos kilómetros, en el propio corazón de la Europa democrática, neoliberal y cristiana, espejo de naciones, encontrarán fácilmente numerosos y florecientes tugurios que no tienen más oficio ni beneficio que reírse de todos nosotros y dar cobijo al delincuente, y donde el más refinado jurista o el más enervado patriota, alternan codo con codo con el peor capo de la mafia.

 

 

Censuras

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Como el ataque feroz, no contra la corrupción sino contra la moción de censura contra la corrupción (un auténtico delirio), roza ya la histeria, si no es que roza la campaña mediática por tierra, mar, y aire, es preferible tocar, aunque sea de pasada, temas tangenciales, o si se prefiere paralelos a la corrupción gobernante, que nos permitan orearnos de tanta tensión como produce la represión de la verdad y del ello.

Por ejemplo, podemos abordar para oxigenarnos y desconectar un poco, el caso del fiscal anticorrupción, que tiene -según dicen- un asunto medio turbio en Panamá, asunto que al parecer y como suele ocurrir en estos casos es producto de una herencia y de una acción totalmente involuntaria.

De la misma manera que los que logran una poltrona personalizada dispuesta ex profeso tras una puerta giratoria, premio a su esforzada labor entre los pobres, suele ser sin motivo alguno y un imprevisto regalo del destino, así también los que tienen un dinero u otro patrimonio extraviado en algún paraíso fiscal suele ser de forma involuntaria o por delegación.
Es sabido.

No debe extrañarnos por tanto que Celia Villalobos argumente, con una insensatez supina, que el que no tiene algún patrimonio en un paraíso fiscal es que es pobre de solemnidad o monja de clausura.

Qué duda cabe que esta manera de justificar el extravío de bienes y herencias, producto de un patriotismo de quita y pon, sirve de sólido pegamento indisoluble a la unidad nacional.
Y es que la unidad de la patria, que de suyo es sagrada, no hay que predicarla en Cataluña o Castilla, sino que hay que cultivarla con esmero y abono de primera en los fértiles y patrióticos campos de los paraísos fiscales.

Y todo ello unido y dispuesto en fila india, día tras día, capítulo tras capítulo, de este folletín interminable de fina trama, no puede sino abocarnos a un descreimiento generalizado y universal, a un pitorreo sonoro, y a un cinismo omnipresente, que al final nos conduzca a todos al sosiego y la ataraxia.
Sosiego no fruto en este caso de la fe, sino de la falta absoluta y ya irreversible de ella.

Y es que al nirvana se puede llegar por dos vías: o bien por iluminación trascendente, o porque definitivamente los plomos saltan y se funden.

En cualquier caso esto de Panamá y sus papeles, es un pozo sin fondo que no se da drenado. O pozo o fosa séptica, pero insondable.

Vistas las cantidades que se manejan, de corrupción, y las ganas que se ponen en perseguirla a través de fiscales panameños y ministros a juego, políticos fofos y medios compinchados, cabe vaticinar que tenemos tarea por delante, y que en algún momento de esta larga travesía del desierto que todavía nos aguarda, descubriremos que no por mucho escurrir el bulto amanece más temprano.

Al menos los géneros en los que cabe encajar nuestra extraña y descocada peripecia civil, están ya inventados: el esperpento y la tragicomedia.

No necesitamos inventar una nueva “narrativa” -como se dice ahora- para intentar dar forma a tanta locura y brillo literario a tanta insensatez.

VELOCIDAD ISLANDESA

 

P: ¿Cuánto habría durado Rajoy en Islandia?

R: Menos que un caramelo en la puerta de un colegio. La frase “Luis, sé fuerte” le habría convertido en géiser y evaporado de la escena política.

¡Qué envidia la velocidad en la respuesta cívica y ciudadana de los islandeses!
En menos de 24 horas han fulminado al golfo que tenían de presidente. Les ha durado -una vez descubierto- un visto y no visto. Son lo bastante sensatos y tacaños como para no mantener en nómina del dinero de todos, a mentirosos, corruptos, o ladrones, ni un minuto.
Hay que cuadrar las cuentas, y quienes más las descuadran y desbaratan son los corruptos y los mangantes.
No le han dado lugar ni a borrar los discos duros. Los ciudadanos le han borrado directamente a él.

Tan blancos y rubios, y son más flamencos y gitanos que nosotros. No hay payo que les coloque género averiado.

Da gusto ver cómo unos periodistas, dignos de tal nombre, se van a su primer ministro, y le preguntan, directamente, sin andarse por la ramas, sin reverencias ni genuflexiones cortesanas (de esas que tanto abundan en las cuevas borbónicas). Y cuando ante la sofocante verdad, el gerifalte pretende huir a la habitación de al lado como si traspasara la frontera entre la casta y los tontos, allá que se van estos periodistas diligentes, que de tontos no tienen un pelo, detrás de él, como Pedro por su casa, que para eso ellos son ciudadanos además de periodistas, y el que se escaquea un servidor público que cobra de sus impuestos, además de evadirlos.

Hace un tiempo, cuando parecía que la ciudadanía española estaba despertando de un sueño bastante lerdo, a base de recortes, despidos, tortazos y EREs, paro, miseria laboral, y hambre, a base de estafas y timos de la estampita en resumen, tuvo bastante éxito en YouTube un vídeo (¿Cómo viven los diputados en Suecia?) que describía el modo de vida, casi espartano, de los diputados de aquel país. Quizás por compartir aquel espíritu, lo ocurrido con el primer ministro islandés estos días, me ha traído a la memoria aquel vídeo.

En él se explicaba cómo los diputados suecos se lavaban su ropa, se preparaban su comida… Sin empleados domésticos, ni choferes, ni coches oficiales, tenían que sudar la camiseta. Hasta el primer ministro se limpiaba su casa. Nada de lujos ni privilegios. Como uno más en todo lo referente a la común condición de ciudadanos, ocupaban para el desempeño de su labor apartamentos funcionales de escasos metros cuadrados, con cocina comunitaria, como los que pudieran ocupar y compartir estudiantes pobres o becarios.
Acostumbrados a los nuestros, aquella vida austera y de servicio de los políticos suecos, nos dejaba boquiabiertos y con los ojos como platos.

No sé qué parte de verdad habrá en ese video, pero ¿no es lo que plantea y describe lo más coherente con una democracia auténtica?

Y ahí están los ciudadanos islandeses, resolviendo con diligencia que un golfo (o un mentiroso) no pueda presidir su gobierno. Debe ser que con el frío y el hábito de la lectura, allí toda la nación se ha vuelto populista.
Los estudios dicen que los islandeses son unos auténticos campeones de la lectura de libros. Rompen todas las estadísticas y leen unos 40 libros al año (per cápita), y también les gusta mucho escribir y publicar libros.
¿Tendrá esto algo que ver con ese modo tan popular y populista de comportarse con sus políticos y banqueros?
¿Será todo cuestión de educación?

POSDATA:

“Panamá Papers”: La reacción del primer ministro de Islandia al ser consultado por su empresa

Qué son los Panamá Papers y qué revelan

PanamaPapers Carmen Aristegui La Mas grande investigación

LA CUEVA DE TODOS Y EL REINO DE NADIE

Paraisos-fiscales prescriben los delitos paraiso fiscal

Monipodio no creía en el Estado, iba por libre; igual que los bucaneros y los piratas del mar Caribe. Y aunque el halo romántico de estos personajes es indudable, no se debe a la realidad de las cosas, sino a la luz irradiada por genios como Cervantes y Robert Louis Stevenson.

Cuando los ves más de cerca y en primera persona, sin cicatrices en la cara y con corbatas elegantes, el panorama cambia.

Quiero decir que esos ladrones son además “gente de orden”, hombres de Estado, padres de la patria, y padrinos de familia predispuesta a todo. Hipócritas redomados que con una mano roban y con la otra sostienen una mascarada caritativa, una sociedad pantalla, una bandera nacionalista, o un burdel donde alternan los genios de las finanzas con los capos de la mafia y los señores de la droga.

Tiene que venir el Tesoro de USA (ya tiene guasa) a decir a nuestros prohombres y eminencias constituyentes, que cuiden sus amistades y desinfecten su dinero, porque en nuestros paraísos fiscales (infiernos de nuestra democracia), en las cuevas donde veranean, hay mucho criminal y delincuente. Y esa compañía los delata. Lee el resto de esta entrada

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