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Borrón y cuenta nueva

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“El éxito y la buena fortuna de la gente deshonesta reducen al absurdo toda la potencia y la fuerza de los dioses” (Diógenes de Sinope).

Con la llegada del invierno y las heladas, se ha desencadenado una tromba de optimismo. Nada más natural que barruntar en lo más crudo del invierno la incipiente primavera.

Existe sin embargo un pero para este renacer, y es que nadie reivindica las hojas verdes de antaño ni los acostumbrados frutos. ¿Puede uno, con las hojas caídas, disfrazarse de verano? Lee el resto de esta entrada

Sistema

Tanto se equivocan las encuestas y las previsiones, que va a ser que no quieren acertar. Tanto se equivocan las respuestas, que va a ser que no se hacen las preguntas (correctas). La realidad se rehúye y se disfraza, y el mismo análisis que se hace desde el poder y aledaños, no es análisis, sino catequesis.

¿Pero de verdad creemos que vamos a entender y explicar lo que ocurre con esa simpleza del “populismo” o esa demonización infantil, demagógica, y espuria de los “antisistema”?
¿Metiendo en el mismo y difuso saco a todos los que hoy contraatacan movidos por el instinto de supervivencia y el espíritu de indignación, aquí y en otras partes del mundo?
¿Qué vamos a suplir la exigencia debida de responsabilidades, de explicaciones, de reconocimiento de culpas y errores, de corrupciones y horrores, y en no pocos casos de delitos, echando la culpa a los demás, que son todos unos populistas?

Pues sigan pensando que el mundo es su mundo, y el mundo les desmentirá, como ya está haciendo.
Sigan pensando que con las cifras macroeconómicas, que alcanzan el olimpo sin descender a la tierra, se come, se viste, se educa, se cura la gente, cuando para alcanzar esas cifras brillantes y metafísicas, se han destruido y saqueado todas estas otras realidades palpables.

¿Por qué en vez de preguntarse tantas veces que es el “populismo”, no se preguntan alguna vez que es el “sistema”?
Este sistema.

¿Cómo funciona? ¿Qué tiene que ver con la democracia? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quiénes son sus beneficiarios? ¿Quiénes sus justificadores y quienes les pagan? ¿Cómo resuelve sus crisis? ¿Quiénes las producen? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Con que finalidad? ¿Qué es la partidocracia? ¿Qué es el bipartidismo? ¿Qué es el partido único? ¿Cómo influye el poder ilegítimo -no democrático- de los que tienen dinero -plutócratas- en las decisiones que se toman? ¿Por qué los prestamistas nos obligan a saldar la deuda -caso de que sea legítima, que lo dudo- recortando derechos y no suprimiendo privilegios? ¿Por qué no se persiguen y cierran los paraísos fiscales, pero se saquean las pensiones? ¿Por qué los recortes de derechos –humanos- que soportan y subyacen a la falsa y sesgada “salida” de la crisis, no son reversibles, no se pueden tocar? ¿Por qué el próximo objetivo son los más desvalidos, los más indefensos, los pensionistas?

Todas estas son preguntas acuciantes y urgentes, que no se resuelven con la simpleza del “populismo”.

La gente no se indigna a humo de pajas ni se quema a lo bonzo delante de su banco porque sí.
¿O todo eso también será populismo y demagogia?

Es el sistema el que nos ha traído hasta aquí, no el populismo. Hasta aquí no hemos llegado de la mano de Donald Trump, es el sistema el que ha traído a Donald Trump, para que no llegara Bernie Sanders.
Donald Trump es parte del sistema. Es el colofón de la teoría. De una teoría equivocada, porque no está basada en la justicia, ni en la propia naturaleza humana, que en esencia es colaboradora y solidaria, sino en el interés egoísta y antisocial. En la pura codicia. En el puro miedo.

El hombre no es un lobo para el hombre, pero estamos gobernados por lobos, y su doctrina es mendaz e inhumana.

Trump es el producto lógico y consecuente de la selva que promueve el “sistema”.
Trump se entenderá muy bien con Rajoy, o con Bárcenas, o con Correa, pero no se entenderá para nada con Podemos.

Universos paralelos. La doctrina va por un lado y la realidad por otro.
La teoría de los Chicago boys no quiere encarnarse en un mundo feliz, ni los borregos quieren pastar en la granja neoliberal, pienso de pésima y envenenada calidad.

Íbamos nosotros -tan paletos como siempre- a emular las formas y modos grandiosos y salvajes del Imperio, y resulta que el Imperio, que ni una triste reforma sanitaria pudo hacer, ya está de vuelta, recogiendo velas y afrontando las tempestades de los vientos que ha sembrado.

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“… el apego a la vida y a la pobre y desamparada carne de los hombres, entre cuyos sutiles y misteriosos vericuetos alentaba la alegría y la tristeza, la serenidad y el dolor, la generosidad y la crueldad. Y, sobre todo, imaginó una educación y política del amor, única forma posible y esperanzada de seguir viviendo. Esas reconstruidas ideas sobre la vida tenían que enfrentarse al interesado cultivo del horror, de la ignorancia y la falsedad que, tantas veces, se hacen con el poder del aire en el que alientan las palabras”. (EMILIO LLEDÓ / El Epicureísmo)

Hay libertad para decidir siempre que se decida lo que los dueños quieren que se decida. De no ser así se intervendrá mediante chantaje económico, golpe de mano, asonada tecnócrata, o gestora sobrevenida en platillo volante. De una u otra forma la decisión desviada (libre) es reconducida a la única decisión posible (bajo control). Por tanto hay libertad, pero sólo para obedecer.

Así como se socializan las pérdidas y los desfalcos privados (único socialismo que Europa consiente), se socializan y traspasan las consecuencias y responsabilidades de las propias culpas y errores. No a priori, sino a posteriori. Lee el resto de esta entrada

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“También en nuestros días podría sonar paradójica y discordante, entre el administrado horror con que se manipulan nuestros ojos y nuestros oídos, esa dulce terminología de derechos humanos, cuando, en el suelo desde el que brotan tales expresiones, se sepulta, de nuevo, al hombre y su justicia” (EMILIO LLEDÓ / El Epicureísmo).

Había un problema de fondo, un obstáculo que salvar: en algunas partes del mundo, a los hombres se les podía esclavizar y pisotear los derechos, en otras no.
Derribar ese obstáculo, ese muro, mediante la globalización en marcha, mediante una única norma y un único gobierno, podía hacerse de dos formas: que el muro cayera conquistando libertades y derechos (del otro lado), o al revés, aplastándolos (de este).
Igualando a las personas en las conquistas y libertades, o igualándolas en las servidumbres y las pérdidas.
Habiendo podido optar por lo primero, se prefirió lo segundo. Nadie podrá negar, a la vista de los hechos, que nuestras pérdidas -de derechos- no han hecho sino crecer, y que nuestra servidumbre ha ido en aumento.
¿Por qué? Lee el resto de esta entrada

El partido único

“Es la tendencia totalitaria de la filosofía política de Platón lo que trataré de analizar y criticar” (Karl R. Popper / “La sociedad abierta y sus enemigos”)

Aunque esto ya empezó con Platón (un pionero de la sociedad cerrada), últimamente la democracia no goza de buena prensa.

La fobia al referéndum -aunque en algunos países avanzados y envidiables de Europa lo que hay es una auténtica filia- es un capítulo más de la tendencia actual a desprestigiar el criterio de los ciudadanos, y con ello dejar cada vez menos margen de decisión a los mismos. O en su caso específico y concreto, a los militantes.

Y esto es así porque para un grupo de expertos que a veces se eligen a sí mismos o son elegidos a dedo, “la cosa esta clara”, y por tanto no tiene sentido contrastar o consultar opiniones distintas. Lee el resto de esta entrada

Populismo Popular

 

El declive o en algunos casos la implosión de los socialismos europeos responde a una enfermedad mal estudiada: la centritis.
Y aunque este mal – casi epidemia- aqueja a toda Europa, en nuestro país se ha visto reforzado por circunstancias propias.

Nosotros venimos del único fascismo al que se le dejo sobrevivir y medrar en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Y esa condonación aliada que despreciaba y condenaba a los españoles a soportar aquel régimen para favorecer una determinada geoestrategia, duró 40 años. Así que los españoles quedamos al margen de los beneficios de la victoria de la democracia durante todo ese tiempo, y nuestros opresores fueron perdonados y consentidos, incluso aunque apoyaron al nazismo en los campos de batalla y aunque fuimos refugio clave y muy importante de criminales nazis después de su derrota. Lee el resto de esta entrada

Padres patrones

Inanes e imberbes, los ciudadanos adultos de nuestro país, hasta cuando peinan canas están sujetos al dictamen y permiso de los padres de la patria, tal que -por ejemplo- un incombustible e insaciable Felipe González.

Cualquiera comprende que con esta especie de eterna adolescencia, una democracia nunca pueda alcanzar la mayoría de edad, ni ingresar por mérito propio en la edad adulta.

Al menos a mí, siempre me sorprendió que tras prolongadas décadas de corrupción y cotarro, nuestra democracia siguiera recibiendo, impertérrita, el calificativo de “joven”, que es como si a un varón talludito al que se le ha pasado el arroz, y que ha conocido mil y una miserias, le siguieran llamando “Pepito”. Sobre todo las tías-abuelas.

Y lo más penoso de este caso es que a ese “Pepito” se le paseaba -cual monstruo de feria- por medio mundo, como botón y muestra de la más preclara y excelsa madurez.

Y el motivo debía ser este: debido a oscuras genealogías y viejas taras congénitas, nunca se considerará a nuestra democracia capaz de valerse por sí misma. Siempre necesitará de una libertad vigilada bajo el tutelaje de los dueños de la patria. O sea, de los padres patrones.

Sostiene ahora el Padre que el hijo le ha defraudado, porque no ha seguido el guion (o las órdenes).

¿Y cuál era el guion?
Pues prolongar y estirar la farsa para hacerla creíble.
Una forma como otra cualquiera de tomar el pelo al personal, y de paso hacerle perder el tiempo, que para eso le sobra, estando la mitad en paro.

Que los votantes, o incluso los militantes, se sientan engañados y estafados, no importa. Eso importaría en una democracia. Lo que importa aquí es que el patrón se siente defraudado en el cumplimiento de sus órdenes. Y lo hace saber con un ordeno y mando, y agitando la vara en la derecha mano.

Se queja el Padre también de que el hijo “dijo que iba a hacer una cosa y luego fue otra”, cosa que a él nunca le ha ocurrido (ya era perro viejo cuando joven), ni siquiera con el ambiguo asunto de la OTAN.

Experto en farsas de varios actos, con entremeses y postre, domina el escenario como ninguno, y sabe de lo que habla cuando dice ¡Ya!

Siervo de sus dueños y patrón de sus esclavos, su sentencia va a misa.
Donde hay patrón no mandan militantes, y donde hay padres de la patria no mandan ciudadanos.

¡Qué país!

Sobreentendidos en la era postverdad

Hay especies vegetales que por el vigor y la rapidez de su crecimiento son las más adecuadas para la función de ocultación: setos, pantallas, y todo tipo de barreras densas y opacas contra la luz y el aire.
Por ejemplo los leylandis. Aunque sobre los leylandis habría mucho que discutir, pues aunque rápidos y veloces, luego, en muchos casos, todo lo conseguido se viene abajo en un instante y nos quedamos a la intemperie y con el culo al aire (perdonen la bárbara expresión). Lee el resto de esta entrada

Ethos y Pathos

Al final hay que concluir que el problema de España no es político, ni territorial, ni de mística identidad incomprensible, ni de inefable destino en lo universal, ni de enigma histórico, sino ético.
A pesar de ser abanderados de la fe, y cruzados de la ortodoxia (cualquier ortodoxia nos viene bien, la que se tercie; ahora lo somos, porque así cuadra, de la ortodoxia neoliberal y austericida), eso no oculta el problema esencial: tenemos un problema moral como la copa de un pino.

¿Ustedes se imaginan este país sin corruptos?
¿Dónde podríamos estar ahora si no se hubiera robado tanto dinero público y durante tanto tiempo?
Hagan cuentas y echen a volar la imaginación. Crean, por un momento, en un destino mejor.
Quizás nuestros jóvenes no tendrían que emigrar. Quizás tendríamos dinero para nuestra sanidad, nuestra educación, y nuestras pensiones. Bastaría no robar tanto para poder dar una vida más digna a nuestros dependientes.

Porque además, a este nivel al que nos referimos, no se roba por necesidad, se roba para el lucro y el exceso. Y además se roba a lo grande, en cantidades industriales, mediante cifras que al ciudadano medio causan vértigo.

Rajoy, al que le interesa mucho mirar para otro lado y quitar hierro al asunto, echa balones fuera diciendo que la corrupción está en la condición humana (ayer mismo se lo volví a escuchar, intentando explicar, así, su impotencia ante Rita Barbera, última etapa de una serie dilatada y flácida de impotencias). Esto le hace irrecuperable como político, porque pareciera que la condición humana va por barrios, y aquí en España (y sobre todo en su partido) más que condición humana es afición gozosa y perversa.

¿Cuántos aforados hay en Alemania?
¿No hay países en nuestro entorno donde un político dimite por copiar una tesis doctoral?

Así que esta corrupción que nos hunde, no es una corrupción a salto de mata. Es una corrupción organizada, planificada, gregaria, corporativa, tejida de complicidades y silencios, donde la condición humana no ha sido víctima de un arranque pasional, sino que se ha tomado su tiempo en elaborar un plan, en diseñar un clima, en entronizar un régimen.

¿De dónde procede la impotencia de Rajoy ante tanto corrupto como le acompaña en su dudoso y sinuoso camino?
Háganse esta sencilla pregunta.
¿Por qué en esta materia tan triste vamos del PP al PSOE, y del PSOE al PP, y vuelta a empezar?
Sigan preguntándose mientras les quede un hilo de voz, un resto de aliento cívico.

Lo que de verdad nos devolvería y nos reconciliaría con la condición humana, sería pensar en los dependientes, en los enfermos, en los niños que se tienen que educar, en los ancianos que recorren su última etapa ya sin fuerzas, antes de meter la mano en la caja del dinero de todos. Esa caja que se llena con tanto esfuerzo y se vacía tan rápido cuando se roba a manos llenas.

No es este un tiempo en que debamos buscar pasar página a toda velocidad. Es este un tiempo en que debemos leer la lección con parsimonia y detenimiento: este régimen está acabado.

Este país necesita echar nuevas raíces, más sanas, y eso sólo puede hacerse desde las urnas, expulsando de las instituciones mediante el voto a los corruptos.

Lealtad

Dentro de la lealtad de los militantes de un partido, está decir a sus dirigentes lo que piensan; no contribuir al silencio servil que hace que los errores crezcan y se multipliquen.

En un partido democrático, sobre todo si se dice socialista, la libertad de expresión debe hacerse extensible a todo el conjunto de los militantes, y es la voluntad y el criterio de estos los que deben dictar las acciones del partido.

No es coherente con el carácter democrático y socialista de un partido, atemorizar a la militancia con favores y castigos, con enchufes y ostracismos, o con la antidemocrática admonición de que el que abre la boca no sale en la foto. Lee el resto de esta entrada

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