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El modelo “Navarro” frente al escándalo de las “peonadas” de primaria (SESCAM)

Centro-Salud-Urgencias

 

A veces dudo si conviene tratar en un artículo periodístico temas laborales específicos de un sector (en este caso el sanitario) porque no está claro sí llegará en su sentido último o en su interés al lector general.

Sin embargo, cuando me decido finalmente a abordar el tema es porque entiendo que además de poder interesar a los propios profesionales implicados, o a los sindicatos, o a los gestores, puede ser también de interés del usuario, ya que el problema de que se trata repercute en gran medida sobre él.

Así, en el mundo laboral de la sanidad se conjugan o entran en conflicto los intereses de los trabajadores asistenciales, los intereses y las querencias de los sindicatos, los imperativos y alternativas de la gestión, y las necesidades y derechos del usuario que recibe la asistencia.
Es por esto último que el tema tratado puede ser de interés general.

El primer prejuicio y error que hay que eliminar es pensar que los sindicatos lo son de todos los trabajadores, o que el interés último de la Administración es la asistencia prestada, o que unos y otros tienen por norte la mejora de la sanidad pública. No es así.
Al contrario, en este ámbito del servicio público y debido a vicios que arrastra la Administración pública española (vicios que están dejando al descubierto las sentencias europeas, y hablo por ejemplo de la España “interina” como una vergüenza nacional en la que tienen su parte de responsabilidad unos y otros), muchas veces los sindicatos lo son sólo de una parte específica de los trabajadores, y la Administración obra con la misma parcialidad, dejando ambos muy en segundo plano el interés general de todos o las prioridades y necesidades de la asistencia.

A mayor abundancia cabe decir que frecuentemente se conculca la ley con el mayor desparpajo. Por ejemplo el Estatuto Básico del empleado público en los pazos que establece para ciertas convocatorias de plazas. O la legalidad sobre jornadas y descansos y sobre salud laboral. Y esto ante la vista de todos y la pasividad de muchos. Incluso de los que tienen la última responsabilidad, lo cual es sorprendente, y de pura sorpresa puede llevarnos al mutismo y la resignación.

Si nos dijeran que un piloto de avión (con pasajeros a bordo) pilota durante 48 horas seguidas, o 64 horas, no nos lo podríamos creer. O que se concentran irracional y peligrosamente sus turnos de vuelo por intereses espurios o crematísticos tampoco sería muy creíble. Pues créanse que cosas de este tipo pasan en el mundo sanitario de nuestra Comunidad con la mayor normalidad, por sistema, o incluso de manera programada en calendarios que alguien ha decidido y firmado (en ocasiones sin contar con los protagonistas).
Es tal la desidia y la “costumbre”, fortalecida en la inoperancia de sindicatos y controles de salud laboral, que algunos no tienen empacho en firmar o aparecer como responsables últimos de esos desmanes.

Que un servicio público de sanidad no dé ejemplo de salud laboral, sino que acoja en su seno barbaridades que ningún otro ámbito laboral permitiría, deja en muy mal lugar a los sindicatos del sector y nos ilustra sobre una Administración pública que ha copiado los peores modos y vicios de la empresa privada.

En la atención primaria (y esto no afecta sólo a nuestra Comunidad sino que es un modo de organización que está generalizado) hay profesionales (médicos de familia y enfermeros) que ejercen labores de consulta en su jornada ordinaria, y profesionales (médicos de familia y enfermeros) que en su jornada ordinaria realizan labores de atención continuada o urgencias.
En algunas comunidades (ej. Madrid) ambas funciones y colectivos están disociados. En otras muchas no.

La manera de coordinar una y otra función tiene consecuencias importantes, y así ha podido verse que desde 2008, no sólo en nuestra Comunidad sino también en otras, la atención primaria se ha deteriorado por un incremento de las listas de espera para el médico de cabecera perfectamente evitable. Basta con cambiar el modelo de organización de la atención continuada, que es lo que hizo la Administración Navarra en el año 2014.

Históricamente los profesionales de atención continuada, con su origen en los refuerzos, vienen estando sujetos a una situación de discriminación laboral que ha dado cabida (y todavía ocurre hoy) a toda clase de atropellos.
Las barbaridades (ilegalidades) de jornada que mencionábamos de pasada más arriba, les afectan directamente a ellos. Y así ocurre con toda una serie variopinta de derechos laborales que resultan pisoteados a diario.

Siendo este el escenario de partida en que los privilegios y las discriminaciones están marcados tan nítidamente pero sin ningún fundamento legal, no debe extrañarnos que se acabe en modelos de organización de la asistencia donde el receptor de esa asistencia -el usuario- cuenta muy poco.

El “modelo de Navarra” a que hace referencia el título de este artículo y que nos remite a una forma de organizar la atención continuada en atención primaria, es un ejemplo muy claro de un debate en el que entran en colisión intereses legítimos (y en algún caso privilegios ilegítimos) de los profesionales, sesgos y parcialidades de los sindicatos, y vicios de la Administración. Pero lo que le confiere interés “general” y trascendencia (al modelo de Navarra) es lo que supone para el usuario y el servicio público, porque al uno lo beneficia enormemente al acabar con las listas de espera para el médico de cabecera, y al otro le lleva a cumplir con su auténtica misión, que es prestar un servicio público eficiente.

Efectivamente el modelo de Navarra contradice el modelo actual que “arrastramos” y lima el exceso o la irregularidad de algunos “privilegios” (la jornada complementaria no es derecho, es deber que hay que administrar y gestionar con criterios superiores), y a la vez es más coherente con la legalidad vigente (el actual no lo es ni con la legalidad ni con la jurisprudencia), multiplica los beneficios para el usuario y la eficiencia del servicio público, y equilibra en el trato a los profesionales de atención primaria en los que actualmente se establece un sesgo y una discriminación.

En este mes de julio las mesas de negociación del SESCAM con los sindicatos es muy probable que aborden este tema.
Desde aquí quiero pedirles que se guíen por el interés general y tengan en consideración los aspectos que aquí se han mencionado, y que los intereses estrechos no pueden superponerse a ese interés general y tampoco a la legalidad vigente.

En Navarra este debate ya se hizo y el modelo fue cambiado en beneficio de todos, gracias a unos sindicatos (no todos) que supieron ver las prioridades que deben caracterizar a un servicio público.
Cuando un servicio público adopta los mecanismos insolidarios y los modos corruptos y desregulados de ciertas empresas privadas, y pone el interés general (en este caso la salud pública) muy por debajo de intereses particulares y corporativos, está falseando su naturaleza y equivocando sus objetivos.
Los intereses profesionales y corporativos son legítimos, aquí como en cualquier otro ámbito de trabajo, pero en un servicio público siempre deben estar supeditados al interés general, y nunca imponerse hasta ocasionar grave perjuicio de aquel.
Y aquí el interés general queda lesionado y la asistencia al paciente postergada por el incumplimiento de la jornada ordinaria (de consulta) que establece la ley.

Computar como trabajado y pagar como trabajado, un trabajo (de consulta) que no se trabaja -y eso es lo que está ocurriendo con el modelo actual- es contrario a lo que dicta el Estatuto marco y la Sentencia del Tribunal Supremo en el recurso 4848/2000.  Además de suponer un manejo dudoso del dinero público que puede incurrir en malversación, es el principal factor determinante de las listas de espera para el médico de cabecera.

Vuelvo a pedir una auditoría independiente sobre lo que supone esta irregularidad en el manejo del dinero público y en la prestación sanitaria comprometida y presupuestada.

Al no cumplir su jornada ordinaria (que como decimos se computa y se paga sin trabajarla), el personal de consulta puede afrontar con importante margen de beneficio sus “peonadas” de jornada “complementaria” o incluso de jornada “especial”. Esto unido a que pueden escoger las guardias “a la carta” para maximizar el número de libranzas (esto supone más o menos un mes más de vacaciones al año que se suma al mes reglamentario), constituye el vicio germinal que explica las listas de espera, el abandono de las consultas, y el deterioro de la atención primaria que acaba repercutiendo directamente en el nivel hospitalario. Las libranzas posguardia no son tales libranzas según ley, sino descansos entre jornadas sin perjuicio de la jornada que se tiene que cumplir.

Si lo analizamos bien, supone también una burla y una estafa a la creación de puestos de trabajo (amparada por los sindicatos) porque si un trabajo se computa y se paga sin trabajarlo no es necesario contratar más profesionales.

Hay que decir igualmente que consentir y amparar los casos en los que se hacen 48 horas seguidas de trabajo, o 65, sin el descanso preceptivo y sin la alternancia de profesionales obligada, va en contra también de esa creación de puestos de trabajo.

POSDATA: ¿Qué es el modelo Navarro?

Modelo de Atención Continuada del Servicio Navarro de Salud (una alternativa para la eficiencia de la atención primaria en el SESCAM) / https://www.iberley.es/convenios/empresa/convenio-colectivo-empresa-servicio-navarro-salud-osasumbidea-equipos-atencion-primaria-servicios-urgencias-rurales-5000404

Las ‘microguardias’ impiden el consenso en la reforma de las urgencias rurales / https://drive.google.com/open?id=0BwQt9a02mce6bS1oeXZVUEJaODA

Atención Continuada y Urgente Rural / Artículo de José Ignacio Yurss Arruga (Director de Atención Primaria del Servicio Navarro de Salud) / http://www.smnavarra.org/wp-content/uploads/2014/03/Diario-de-Noticias-26-de-febrero-de-2014.-carta-Yurss.pdf

 

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¿Y esto es lo nuevo?

Ya dijimos recientemente (“¿Listas de espera en atención primaria?”) que en lo que hace a determinados aspectos de la gestión sanitaria en la atención primaria de nuestra Comunidad, lo nuevo se parece a lo viejo como dos gotas de agua, porque en definitiva, tras la alternancia esperada en los cargos de la administración sanitaria merced al relevo político, los vicios siguen siendo los que se acostumbraban en aquel entonces, luego, y ahora. De momento no hay sorpresas, ni nuevas formas o modos, solo relevo en los puestos del poder.

Por otra parte, en lo que aquí me quiero referir, no sirven disculpas, ni caben medias tintas, ni margen de confianza ante los primeros pasos de una nueva Gerencia, porque lo que entra en juego es la legalidad de las jornadas y la salud de los trabajadores, que se soportan en unas leyes con muchos años ya a sus espaldas, de obligado cumplimiento y perfectamente conocidas, demostrando ya desde el principio la nula sensibilidad de los recién aterrizados ante situaciones laborales que ni en el tercer mundo se darían por admisibles.

Y es más preocupante si cabe, porque dichas prácticas de gestión no provienen de una empresa fantasma, de un chiringuito desregulado cualquiera en línea de playa, sino de la administración pública y concretamente de la administración sanitaria de nuestra Comunidad, que en teoría y según ley es la que tiene por misión y objetivo velar por la salud de todos los españoles, incluidos los trabajadores sanitarios.

No deja de ser sintomático que para celebrar la fiesta de la democracia y del estado derecho, cuál son las elecciones generales, sometamos a los trabajadores de un puesto de trabajo tan sensible y responsable -como son los servicios sanitarios de urgencias- a jornadas ilegales. La forma que ha escogido la gerencia de atención primaria de Toledo para gestionar el derecho de sus trabajadores al voto es ponérselo difícil, vulnerando la legalidad vigente de las jornadas y/o no sustituyendo los puestos de trabajo de los sanitarios que tenían derecho a votar. Mal empezamos.

El artículo 51 del ESTATUTO MARCO (Ley 55 /2003 del personal estatutario de los servicios de salud), dice: “El tiempo de trabajo correspondiente a la jornada ordinaria no excederá de 12 horas ininterrumpidas. No obstante, mediante la programación funcional  de los centros se podrán establecer jornadas de hasta 24 horas para determinadas unidades o servicios, con carácter excepcional…”

A contrapelo de todo esto y en manifiesta ilegalidad, las Instrucciones que remite la Gerencia de atención primaria de Toledo con fecha 14 de diciembre de 2015 a los centros de trabajo para garantizar el ejercicio del derecho al voto de los sanitarios el día de las elecciones (20 de diciembre), dicen: “Como en ocasiones anteriores, el personal que esté designado para realizar la guardia del domingo 20, dispondrá hasta las 12 de la mañana para poder votar”. Y luego complementa: “De las 8 a las 12 de la mañana, el servicio será atendido por los profesionales que hayan realizado la guardia el día anterior”.

Hay que aclarar que la guardia del día anterior es la del sábado 19, y que por tanto el sanitario (médico o enfermero) al que se le suman (al no sustituirle en su puesto de trabajo) 4 horas más de trabajo (8 a 12 del día 20) ya lleva a sus espaldas 24 horas de duro trabajo (incluida noche), que junto con las que se le añaden hacen 28 horas de trabajo continuado y de responsabilidad sobre la salud ajena (la suya propia no cuenta ni para Gerencia, ni para sindicatos o servicios de salud laboral) en un servicio de urgencias que lo mismo puede requerirle para asistir una urgencia vital como para atender un accidente de tráfico. Sobra decir también que las elecciones generales son un evento planificado y conocido con antelación suficiente como para considerarlo un imprevisto.

Hay que considerar además que en varios de estos servicios de urgencias se precisa del trabajo coordinado de dos equipos (constituido cada uno por un médico/a y enfermero/a) en orden a cubrir la simultaneidad de las urgencias graves que sistemáticamente se producen dado el alto nivel de demanda y las listas de espera que arrastran los médicos de cabecera por la forma en que se organizan sus guardias. La manera de solventar la papeleta (del voto) que las Instrucciones mencionadas dictan, es la siguiente: “En los PAC donde presten servicio dos o más facultativos y dos o más enfermeras/os, deberán turnarse entre ellos para ausentarse con objeto de acudir a votar”. Es decir, que tampoco se sustituye ni se cubre el puesto asistencial del que va a votar, y que sea lo que Dios quiera.

Sin duda, el carácter ROTATIVO de los turnos de trabajo en el calendario de guardias de los sanitarios no responde a cuestiones estéticas de simetría como en el Arte, sino a razones más profundas, saludables, y de peso, con consecuencias evidentes no sólo en estos trabajadores sanitarios, sino también en los pacientes que son atendidos por ellos. A pesar de que el artículo 6 del Decreto 137/1984 de las Estructuras Básicas de salud impone ese carácter ROTATIVO, esta Gerencia como las anteriores se pasan dicha rotación por el arco del triunfo. La REGULARIDAD y el ritmo en la distribución de las jornadas de trabajo y periodos de descanso, es un imperativo no solo legal sino también fisiológico de salud. Clama al cielo que haya que recordar esto a una Administración sanitaria.

La DESREGULACION aplicada a la economía y las relaciones laborales tiene un olor inconfundible. Como a pesticida. La iniciativa privada y semioculta es muy forofa de este tipo de prácticas ácratas y libertarias (neolibertarias). La Administración “pública”, que es muy “suya” desde el entusiasmo neoliberal del bipartidismo triunfante en adelante, no tardó en copiarle el estilo a la empresa privada fuera de control, invocando imperativos de eficiencia, tan eficiente como fumigar un invernadero con los trabajadores (esclavos) dentro. Incluidas trabajadoras embarazadas. Para que luego digan que en España no somos emprendedores. Estamos aquejados de un progresismo a la violeta, de bastante colorín y diseño, pero en el fondo bastante revenido y cutre.

En resumen, que pensaba uno en su inocencia incurable que era personal estatutario (según Estatuto y nombramiento) y resulta ser personal de cortijo (según gestión), en un escenario que recuerda mucho a la “escopeta nacional” de Berlanga, con marqueses escopeteros y mozos ojeadores. No hay manera de quitarse el pelo de la dehesa. Por mucho que corramos, no alcanzamos la modernidad.

Tal como fuimos inventores de una figura laboral que pasara a los anales de la barbarie -los sanitarios de “refuerzo”-, le vamos ahora a la zaga a ese invento en el caso del personal sanitario PEAC, con técnicas de gestión de “High School”.

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