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Austeridades e independencias

Según cuentan, cuando Heidegger volvía cabizbajo de la pesadilla siniestra del nazismo, con el cual había colaborado, le preguntaron aquello de ¿Qué tal por Siracusa?, recordándole con ironía el paralelismo histórico de su caso con otro episodio similar acontecido a su colega Platón. Y es que el filósofo griego, discípulo de Sócrates, tampoco hizo ascos a un régimen liberticida, justificando su conformidad y buena índole con aquel mal por la aspiración a un sumo bien y elevado ideal.

Excusas nunca faltan en estos casos, y siempre hay varias a mano, como el noble intento de hacer realidad humana la fórmula geométrica de la ciudad ideal, o el gobierno técnico y tecnócrata de los sabios, o la perfecta clasificación de los ciudadanos en la escala social mediante categorías supra e infrahumanas, o defender el orden tradicional e inmutable de las cosas, que tiene su exacta correspondencia ideal en el cielo, o preservar la unidad sagrada de la patria, que lo es desde y para la eternidad, con un destino en lo universal del que el mismo cosmos es consciente en su ciega expansión. Lee el resto de esta entrada

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