Archivos diarios: 5 mayo, 2018

“Fiesta del trabajo”: sobra media enfermera PEAC.

 

 

Ya de entrada llama la atención que de un colectivo de 900 profesionales sanitarios (médicos y enfermeros PEAC) de nuestra atención primaria castellano-manchega, sin los cuales la atención primaria de nuestra Comunidad se iría al carajo (aún más), nadie hable y todos guarden silencio, incluidos los sindicatos, pero no solo, también los colegios profesionales. ¿Ocultación? ¿Vergüenza?

Hablo de nuestra Comunidad y del SESCAM, pero lo mismo ocurre en otras Comunidades autónomas que en este tema se han quedado a la cola, fieles a modelos obsoletos y fracasados: Extremadura, Castilla y León…

De lo que no cabe duda es que todos son sabedores de la precariedad tercermundista o decimonónica de este colectivo sanitario, el de la atención continuada de nuestros centros de salud, de sus condiciones insalubres o ilegales de trabajo, de sus retribuciones esclavistas (una enfermera PEAC de las urgencias de nuestros centros de salud, cobra por hora de trabajo -en turnos de noche y festivos- menos que la señora de la limpieza), y quizás porque saben que es el colectivo más explotado y peor tratado de la plantilla del SESCAM, para el que la legalidad no cuenta ni en muchos casos se aplica, y al que se pone al servicio, no del paciente, sino de los intereses y privilegios de otro colectivo (como si fueran sus domésticos), es por lo que todos callan. Cómo callan que con la misma categoría  y formación académica, y realizando un trabajo similar pero en condiciones más penosas, cobren la mitad que sus compañeros del EAP.
En estas condiciones, callar es preceptivo y políticamente correcto. Pero ese silencio es estentóreo. Ese silencio es un síntoma. Sin duda ese silencio lo dice todo.

Que en algunos casos estos profesionales PEAC (sanitarios que atienden urgencias) trabajen durante 65 horas seguidas o no libren ningún fin de semana del año, no conviene que se sepa. Que la gerencia de atención primaria de Toledo saque unas Instrucciones donde ordena estimar las “necesidades de profesionales PEAC”, sin mencionar el “incumplimiento de jornada del EAP” en que esa estimación se basa, no conviene que se sepa. El silogismo es muy fácil: si el EAP puede incumplir su jornada legal de trabajo (que se le retribuye) para quedarse con la jornada del PEAC (personal estatutario de la plantilla), sobran profesionales PEAC. Pero para quedarse con la jornada del PEAC, el EAP habrá incumplido su jornada legal de trabajo (fraude de jornada), cerrado su consulta y desatendido a sus pacientes (fraude asistencial), y conculcado el derecho a su jornada que tiene el personal PEAC. Eso no solo es ilegal sino que está muy feo.

No obstante, en el ámbito de los discursos altisonantes diremos que nos importa la Medicina de familia y la continuidad asistencial en que se basa, que la atención primaria es la base del sistema sanitario, etc., etc. cuando lo evidente es que hacemos todo lo que podemos para cargarnos esa “continuidad asistencial”, entre otras cosas manteniendo un modelo de distribución de atención continuada que promueve, premia, y favorece la ausencia del sanitario del EAP de su consulta.

No hay nada más chapucero que el hecho de que una Administración pública incumpla sus propias normas. Pues esto es lo que le ocurre al SESCAM, que incumple sistemáticamente con el personal PEAC las “Normas de trabajo seguro” establecidas por el Servicio de prevención de riesgos laborales, dónde se comprueba que este personal está encuadrado en las prevenciones y cuidados que se deben observar con el personal “nocturno” y dónde se ordena que tras un turno de trabajo (penoso por nocturnidad y duración en horas) descanse varios días.
En tanto en cuanto llegan los robots, los humanos de a pie trabajan pero también descansan. De lo contrario, enferman.

El SESCAM no solo incumple esas recomendaciones de salud laboral sino que practica una política de chantaje: y así, de manera discreta, advierte a algunos profesionales PEAC que si no aceptan hacer turnos de guardia de 48 horas o 65 horas seguidas, verán sus retribuciones muy menguadas, o que incluso no tendrán opción ni siquiera a su jornada ordinaria, que es su derecho estatutario. Ahora, eso sí, para acometer esas jornadas ilegales requiere al profesional PEAC para que firme un papel (mefistofélico) de consentimiento, no sea que ocurra algo. Ese es el panorama en una administración “pública”. ¡Para echarse a temblar!

Y todo ello apunta no solo a comportamientos inadmisibles en una administración “pública” sino a la no consideración o aplicación de sentencias muy claras que ya existen: sentencia nº 165 del juzgado de lo contencioso-administrativo de Badajoz; sentencia nº 185 de 8 de julio de 2013 del TSJCLM… Sentencia del TS sobre el recurso 4848/2000, o simplemente al Estatuto Marco, de cumplimiento obligado.

Cómo muchos de estos gestores de lo público saben que incumplen la legalidad y contravienen la eficacia asistencial, buscan excusas imposibles y un tanto barrocas, y sostienen que visto el caso ante un juez, que hubiera de decidir entre la legalidad o la cobertura asistencial, el juez se inclinaría por la cobertura excusando la ilegalidad. Sofisma infumable porque oculta (y es fácil de demostrar) que en este caso el respeto de la legalidad aumentaría la cobertura y la eficacia del servicio, motivo por el cual otros servicios de salud, en otras comunidades autónomas, han abandonado un modelo no solo anticuado y fraudulento, sino ineficaz. Ahí están las listas de espera para el médico de cabecera en nuestra atención primaria y la saturación de los servicios de urgencias, para demostrarlo.

Pasó la “fiesta del trabajo” con sus alharacas de opereta y todo quedó donde estaba, atado y bien atado: los trabajadores perdiendo sus derechos (unos más que otros), los sindicatos adocenados y diciendo amén, y los explotadores (públicos o privados) más contentos que unas pascuas.

Ya dijimos en un artículo reciente que la diferencia entre la explotación en el sector privado y la misma explotación en el sector público, es que la trampa y el fraude que conduce a  esa explotación, se hace en un caso en nombre de la Administración pública (aunque contra el interés público), y en el otro a instancias de la iniciativa privada y en interés propio.

Hoy en día (y desde hace tiempo) el sector público es ámbito abonado para la corrupción, la explotación, y la estafa. Y para confirmar esto no hay más que fijarse en el escándalo de los interinos del servicio público español, explotados y estafados durante décadas, según el dictamen nítido y claro de la justicia europea, estafa sobre la que un pacto vergonzante entre la Administración y algunos sindicatos, quiere echar tierra cual si de “Ley de punto final” se tratara, pero sin reconocer ningún derecho ni indemnización a las víctimas de esa estafa: interinos de larguísima duración que han ejercido su puesto de trabajo durante 10 o 20 años sin ninguna oportunidad de consolidación.
Y esa “ley de punto final” tiene un único objetivo: lavar la cara a los chapuceros sindicales y políticos que promovieron o consintieron ese fraude, y lo promovieron y consintieron por la simple razón de que el trabajador estafado y explotado sale más barato que aquel al que se le reconocen sus derechos.

En realidad, podríamos haber titulado este artículo de la siguiente manera: “Sobra media enfermera PEAC: el modelo “progresista” del PSOE para el SESCAM”, pero como es sabido, los medios huyen de los títulos largos para sus artículos de opinión. Lo que muchos hemos constatado con los años de servicio es que así como el PP en cuanto alcanza el poder (estatal o autonómico) intenta cargarse la sanidad y demás servicios públicos, quien verdaderamente lo consigue es el PSOE. Nuestra atención primaria, al día de hoy, es un desastre.

Que sobre media enfermera PEAC (y se dice así porque corresponde a un hecho y una frase real) o tres cuartos, o un par, no tendría quizás mayor trascendencia si no coincidiera con otros hechos, también reales, que vamos a intentar explicar, y que conducen a una conclusión deprimente: la atención primaria de nuestra sanidad, la del SESCAM, está guiada por intereses estrechos que coinciden con los intereses personales de muchos “coordinadores”, despachos sindicales, y/o de gestión, aunque contradigan la eficacia del servicio, el respeto de la legalidad, y el interés del ciudadano.

Y todo ello en relación con un hecho aparentemente banal, pero en el fondo determinante del resultado del modelo asistencial en la atención primaria: la distribución de la atención continuada entre los distintos profesionales de los centros de salud: es decir, entre profesionales del EAP, responsables de la asistencia en consulta ordinaria (jornada que deben cumplir pero incumplen), y entre profesionales PEAC, encargados específicamente de la atención continuada.
Ese modelo de reparto lo decide todo o casi todo en la atención primaria: desde el número de consultas que se cierran cada mes y por tanto las listas de espera que arrastran, hasta la continuidad asistencial de cada médico hacia su cupo de pacientes, que define a la medicina de familia y sus objetivos, pasando por el cumplimiento de las jornadas legales y el correcto abono de las mismas, guiado por el correcto uso del dinero público.

Como no hay justificación posible (o presentable) de por qué esto no se tiene en cuenta, ni nada que explique (salvo los intereses mencionados) por qué esa distribución de la atención continuada se hace en contra de la eficacia asistencial y el interés del paciente, así como en contra de la legalidad de las jornadas y el buen uso del dinero público, de ahí el silencio. Ese silencio estentóreo del que hablábamos al principio.

Se acabó la “fiesta” fugaz del trabajo. Continúan la rutina de la explotación, el silencio, y la mordaza.

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