Archivos diarios: 7 marzo, 2018

Radicalismos y vendavales

Populismo - Forges

 

Cuando nos da por pensar que la realidad se ha vuelto loca, urge mirarse al espejo y preguntarse quién está más fuera de sí, si nosotros o la realidad. Y cuando nos da por concluir que el pueblo votante se ha vuelto extremista y poco dócil, urge volver la mirada sobre nosotros mismos, la gente de orden, y preguntarse quién es más radical y genera más desorden, si nosotros o el pueblo.

En la ristra de “batacazos” electorales, ha tocado ahora el turno de Italia y sus elecciones, pero ¿Cuántos años y elecciones llevamos ya con el resultado de un mismo mensaje, claro y nítido, dirigido a un establishment sordo y ciego, que considera la revolución neoliberal -extremista y radical donde las haya- cosa de coser y cantar?

¿Habrá servido la caída del muro de Berlín solo para sustituir el totalitarismo del Este por el totalitarismo del Oeste, y una Nomenklatura apolillada por otra no menos obscena?

“Un vendaval de cabreo ha barrido…”. Así se manifiestan algunos análisis sobre el reciente episodio italiano. Aún están recogiendo los restos del naufragio.
La socialdemocracia sedicente y “oficial”, sin más función ya que la de insípido condimento de guiso ajeno, sigue apuntando a la puerta de salida tras abusar de la puerta giratoria.

Según editorial de El País, en Italia se ha venido abajo “… la histórica capacidad de su sistema para generar estabilidad mediante pactos y componendas entre las élites”. Así, literalmente. Como reconociendo el quid de la cuestión.

Hace ya años, cuando algunos de nuestros dirigentes empezaron a mostrar los primeros síntomas de fanatismo insensato declarando finiquitada la Historia (con ellos se rompió el molde, debieron imaginar) recuerdo haber pensado: estos se cargan Europa. Y en ello están.

Ellos a lo suyo: que es ponerlo todo patas arriba. Y nosotros a lo nuestro, que es decirles: patas arriba caminará usted, pero no cuente conmigo ni con mi voto, ni tampoco con mis pies. Aún tengo una cabeza sobre los hombros y le gusta ir por encima de los pies.

En realidad arrastramos o renovamos con este invento neoliberal un conflicto clásico, que es el que existe entre algunos esquemas ideológicos y la naturaleza humana. De ello ya teorizó Platón. Este conflicto fue el que llevó al fracaso del comunismo ruso, y es el que está llevando al fracaso de la pretendida revolución neoliberal, que de liberal tiene poco y de nueva menos aún.

Un viejo liberal y republicano, con sus contradicciones, Salvador de Madariaga, que solo volvió a España cuando murió Franco, en un intento de explicar el liberalismo en el que creía y por el que se exilió, estableció un orden de preeminencia en sentido ascendente que en el peldaño más bajo situaba lo económico, luego lo político, y por encima de esos dos y en el peldaño más alto lo humano.
Quizás esa había sido la evolución del propio liberalismo histórico, desde los tiempos difíciles e inhumanos que describió Dickens al modelo europeo surgido después de la segunda guerra mundial: un “contrato social” y liberal, en el sentido humano, del que hemos vivido hasta este triste momento.

Hoy, imitando al cangrejo, algunos sedicentes liberales de nuevo cuño (más corruptos que liberales), parecen querer desandar el camino hecho, y sitúan en el peldaño más alto lo económico (lo macro-económico desregulado) y en el peldaño más ínfimo lo humano (lo micro-humano estafado y explotado), desprovisto ya de toda dignidad. En cuanto al peldaño intermedio de lo político, tentaciones no les faltan cada día de prescindir de él tomando un atajo, porque para llegar a la plutocracia que ansían la democracia les estorba. De ahí que opinen cada vez con más descaro que los votantes se han vuelto locos, y su pertinaz campaña por desacreditar la democracia. Acabarán diciendo que la democracia es una forma de “populismo”.

En este sentido, su neoliberalismo sería un neoplatonismo de verdades universales e intereses canijos, made in Chicago pasando por el tirano de Siracusa. Tirano que sin duda debía darse un aire a Berlusconi, incluso tras la máscara de Tajani.

Los locos son ellos que creen que lo humano -sin dignidad- es mero instrumento de lo económico dogmático, y que la naturaleza humana puede supeditarse y doblegarse a su esquema ideológico.

Repetidamente las elecciones en distintos países de Europa vienen confirmando el batacazo que se da el esquema y el molde dogmático contra la realidad y su substancia viva. Esto demuestra dos cosas: que nuestros dirigentes han perdido la capacidad de crítica, y segundo, que ofuscado su principio de realidad han perdido el contacto con lo humano.

No sería arriesgado vaticinar que si ellos prescinden de lo humano, lo humano, con nombre y apellidos, de carne y hueso, y con voto, prescindirá de ellos. Es más, parece que ya lo está haciendo.

Europa sí, pero no con estos. La Europa que nos han querido vender, no es la Europa que amamos ni la que necesitamos.

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